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128 HANS.GEORG GADAMER tos espectadores de teatro, Para él, elacomtecer emico sobre la esce- ‘También Arist6teles observa era de las represent somo de algo inofensivo y benigno. Mas, 8. El juego del arte ertad estética», reside una profunda solidaridad que | EI fendmeno elemental del juego y del jugar domina el mundo animal entero, Resulta obvio que ese ser natural que es el hombre también esté determinado por él. Ya el nifo comparte muchas otras la todas las diferencias entre juego y riencia y ser. La distancia entre espectador y jugador qued: perada, igual que entre la representacién y Io representado, Noes necesario, por lo tanto, referir arti ‘mimesis, al que da expresién sas, {0 se difuminard mano? De hecho, la | habfa sido la intelecci6n determinante de Descartes, vefa en el ani- ‘mal un mero aut6mata, y slo en el hombre la criatura de Dios, que tinguia por Ia autoconciencia y por su libre albedrio. se ha disipado por completo. Desde hace un si- para el pensamiento, Mimesis, entonces, no es tanto el qt ta a otra cosa que fuc~ +a su arquetipo, sino que algo esté ahf en sf mismo como con sentido. Por ello, ninguna pauta previamente dada de lo natural decide sobre cl valor 0 el no-valor de una representacidn, Pero, probablemente, toda representacién que hable representa ya una respuesta a la pre~ ‘gunta de por qué ella es —represente algo 0 «nada»—, La experien- cia mimica originaria sigue siendo en este sentido la esencia de todo hacer figurativo, en arte y poest Se puede, entonces, sacar la siguiente conch alguien opi- nna que el arte ya no puede pensarse adecuadamente con los concep- tos de los griegos, es que no piensa en griego lo bastante. i muchas cosas que tad humana y con prenderse» mucho mejor desde los impulsos i tamiento animal. AL mano de tales de 1 despliegue vi Es verdad que constantemente creemos estar jugando ¥y nos creemos por ello muy diferentes del comportamient de los animales y de los nifios pequefios. También éstos juegan «con 129) an intencionalmente» (mei- nada mas que su jugar, su exc ego que uno comienz: in a la que uno se « comportamiento lidico queda excluido rigurosamente de cualquier otra forma de comportamiento '; mucho més rigurosamente que en nen reglas de val xpresa la clase de jel ue es peculiar d dad de la con Sin dda, ex este un momento estructural de la existencia hu- ian aura presente pda corane cosa ques propio de juego human y de a capac humana de jugar como una distincion daa Ceimo es sabi, se acostumbra a hablar del elemento lidico quc ¢s propio de toda cultura humana, Se descubren formas lodicas en ESTETICAY HERMENEUTICA 131 jidos. Resulta inmediatamente evidente que a toda forma de serie~ dad le acompafia como su propia sombra un posible comportamiento icularmente posible en todo ha- cer que no sea un mero comportamiento impulsivo, sino que se «re~ fiera intencionalmente» a algo. El «como-si» es una modificacién tan uni {que incluso el comportamiento lidico de los ar les parece a veces estar animado por una especie de todas las aparien timiento morders jcas que reemy .¢ acuerda ¢s0 con que todo en los animales obedece i6n libre? de menos de transiciGn del juego y del jugar nos pei gar las lineas hacia un émbito que ya tno es accesible de un modo inmediato, sino slo dentro de lo que él produce y opera, Me refiero al ambito del arte, Ei yémeno de transi vincente el impulso artistico ‘maciones de la naturaleza, en e ica no consiste tampoco algo de ws lidad de una belle- 10 en que el producir humano puede proponerse ta~ iversas y procede segtin planes a los que distingue un momento de libre arbitrariedad. El hacer humano conoce una po- derosa variabilidad en probar y desechar, tener éxito o fracasar. El ‘carte» comienza justamente alli donde se puede hacer algo también de un modo diferente, Sobre todo cuando hablamos de arte y de cre~ ‘acién artistica en sentido eminente, lo decisivo no es a realizacién 132. HANS.GEORG GADAMER de algo que se haya hecho, sino que lo que se ha hecho es de una pe- culiaridad muy especial. «Se refiere» a algo, y sin embargo no es es0 alo que se refiere. No es una pieza de trabajo que como toda pie- za de trabajo de la labor humana esté determinada por su utilidad para algo. Es cierto que es un producto, esto es, algo que ha sido pro- ducido por el hacer humano y ahora ésté ahi dispo uso, Pero precisamente la obra de arte rehusa toda esté hecha «para eso». Tiene algo del caricter de ci sino que esti por algo. Asf como un ges- mismo, sino que por él expresa otra sma.como eso hecho. Puede indo que no estuna «chapuza» esto es, fenémeno Gnico. Por eso, casi me parece mas correcto no am: tuna obra, sino una conformacién (Gebilde). Pues en esta palabra ‘conformacién», va implicito el que el fenémeno haya dejado tras de sf, de un raro modo, el proceso de su surgimiento, o lo haya des- midad de su esencia, quedan sup tadas a la reproducci6n. La conformacién que la obra de arte es, ne que ser reconstruida cada vez en las artes interpretativas. Esto, artes interpretativas resulta tan palpable, nos ensefa que rece y se pone en juego. ESTETICA Y HERMENEUTICA 133 ar fenémeno de transici6n puede ilustar esto: Ia lee- tura. sta no es, en sentido estricto, una produeci6n en el sentido de Tan artes reproductivas, mientras no se lea en vor alta, No produce ninguna nueva re cmibargo, etd como en mnino de hacerlo, de todos los modos ‘As siempre ha resultado el eoncepto de juego. Kant descr tad de fines y la ausencia de conceptos de str facultades i jaegan mutvamente un jue fichteana de experiencia estética ha legado.a gozar de Ja maxima cor . Pero la experiencia del arte ofrece también 'sa otra cara, en la cual el cardcter Iidico de la conformacién como jugado, pasa al primer plano. La autéi ca base para ello sigue siendo el viejo concepto griego de mimesis”. \guian dos forma: propio uso ling! ima forma de aparecer la produ cuando quere- n de alguien, sino, el comportamient ica de un «papel» por un actor. Enel sentido el que el propio cuerpo sea portador de ln expresion mimica y, como arte, eve a st represe {go.que él no es. El papel es «jugado>. Eso entafa una pes {ension ontologica. Es distinto del asombro fingido o de Iasi simulada que encontramos en el trato hos, La representacin mmica no es un juego que engatie, {oma juego, de tal modo que no sea toma- ‘uisiera ver: mera representaci6n. Esa es a diferencia. La simpatia hipécrita, por ejemplo, acim y «Poesia y mimesis 134 HANS-GEORG GADAMER crefda, ¢ incluso sigue manteniendo esta pretensiGn cuando su inau- tenticadad, su afectacién, ya ha sido advertida, La imitacién mimi- ida, no es una aparienc claro, verdadera, es «verdadera» como apariencia, Es percibida tal como es su ‘Aunque dejemos de lado e ‘munico, le pat cipade el punto que los dos lo tenemos por complet falsa apariencia que verdadera; 6s es la icluso el crea- respecto al receptor. Precisamente porque se ha mani no guarda aquél nada para sf, sino que se comunica y participa por completo. Su «obra» habla por él éste es una {i6n de la «naturaleza», esto es, de lo ente de por sf, Craso ma- lentendido naturalista del cual puede guardamnos precisamente el volver a reflexionar sobre mica originaria no es un en el que uno se esfuer- ce por acercarse todo lo posible a una imagen originaria; antes bien, 8 un mostrar. Mostrar no significa enseflar algo como un compro-