You are on page 1of 8

EL MUELLE DE LA CALZADILLA, UNA VENTANA ABIERTA A LA

HISTORIA…

Actual muelle de la Calzadilla. Foto: J.A. Mayo.

El muelle de la Calzadilla fue construido en 1892, con motivo del IV Centenario
del Descubrimiento de América, pasando a la historia el 22 de enero de 1926 como el
muelle desde donde partió el hidroavión Plus Ultra que, al mando del comandante
Ramón Franco Bahamonde, realizó la primera travesía aérea desde España hasta
América. El pasado día 22 se conmemoró el 90 aniversario de aquella aventura
transoceánica.
La obra de este muelle y el terraplén de acceso contó con un presupuesto de
3.000 pesetas, siendo por cuenta del Ayuntamiento de Palos y de la Junta de Obras del
Puerto, la aportación de la madera para su construcción. Pero al retrasarse la entrega de
los materiales, el director de las Obras del Puerto, Luis Mª Moliní, decidió adquirir por
cuenta de la Junta toda la madera en el comercio de la localidad, quedando terminada la
obra el 2 de agosto de 1892, según señala Ana María Mojarro Bayo en su libro La
Historia del Puerto de Huelva (1873-1930).

1

Este histórico y emblemático muelle,

que

se

encuentra

inaccesible

y

prácticamente en ruinas, estuvo operativo hasta finales de los años 60, siendo una arteria
importante en la comunicación de Palos de la Frontera con Huelva, Punta Umbría y
otras localidades de la margen derecha del río Odiel, como muelle comercial y de
transporte de pasajeros, hasta la apertura de los puentes sobre el Tinto y el Odiel que
fueron inaugurados por el ministro de Obras Públicas, don Federico Silva Muñoz, el 19
de marzo de 1969. Estos dos puentes no se construyeron para comunicar a los pueblos
de uno y otro lado de los ríos con la capital, sino para fines industriales. El puente sobre
el río Tinto se construyó para comunicar Huelva con el nuevo polo de promoción
industrial, cuya carretera fue inaugurada también ese mismo día. La finalidad del
Puente Sifón o de Santa Eulalia, construido sobre el río Odiel, no era otra que la de traer
la conducción de agua procedente del embalse del río Piedras para el suministro de la
industria, a través de un acueducto que fue aprovechado como base de una carretera que
unió a estas dos localidades.

Portada del diario Odiel del 20 de marzo de 1969. Hemeroteca Diputación Provincial de Huelva.

2

Las jábegas, barcos de origen fenicio, propulsados por una vela latina, fueron los
primeros protagonistas de estas comunicaciones. Eran barcos muy veloces por su poca
manga y calado, construidos artesanalmente por carpinteros de ribera a pie de playa,
siguiendo la tradición transmitida de generación tras generación. La jábega tomó su
nombre del arte de cerco que utilizaba para pescar, una red de hilo de cáñamo embreado
que se calaba con la ayuda de un chinchorro. Originariamente estos barcos navegaban a
remo para las tareas de la pesca, pero más tarde se les incorporó un mástil y una vela
latina para ser dedicados al transporte de mercancías. Las jábegas de Palos alternaban la
pesca con el transporte de tejas y ladrillos fabricados en unos hornos próximos al
muelle, para las primeras construcciones que se hicieron en Punta Umbría, una localidad
tan cercana y al mismo tiempo tan distante. Los barcos bajaban por el Tinto hasta la
confluencia con el Odiel, para tomar rumbo a Punta Umbría a través de los esteros. La
actividad industrial de estos hornos constituyó una de las bases más importantes de la
economía de la localidad durante muchos años.
La evolución de la arquitectura naval fue desplazando a las jábegas por otro tipo
de barcos menos ligeros y de más manga y calado, propulsados también por una vela
latina, y más tarde a motor, que eran empleados para las mismas funciones, además del
transporte de frutas y verduras a Huelva y Punta Umbría. Junto al muelle se construyó
una pequeña lonja para alijar el pescado y una garita para albergar a los Carabineros que
controlaban la actividad comercial del muelle, así como el tránsito de pasajeros de las
canoas de El Potaje y El Chivo, que hacían la ruta de Huelva a Palos.
El muelle tenía muy poca capacidad de atraque, por lo que todas las
embarcaciones fondeaban en el medio del río y dependían del botero, una antigua
ocupación que era un modo de ganarse el sustento para muchos palermos que se
dedicaban al traslado de los pescadores del muelle a los barcos y viceversa. Los últimos
3

boteros de la Calzadilla fueron, Juan Ramón Cerpa, su hermano Manuel Ramón Cerpa,
y Antonio Infante, el Sevillita.
En el camino de acceso a la Calzadilla, a unos doscientos metros al lado de la
marisma se encontraba la casa del guarda del muelle, Jorge Gómez, el Galápago, que
estaba contratado por el Puerto de Huelva. Desde aquella casa, Jorge controlaba el
muelle y los movimientos de los barcos que arribaban a él, los que entraban por el caño
de la Gavilla y los que fondeaban en medio del río. El Galápago dejó en Palos una
amplia descendencia marinera, pues hasta sus biznietos se siguen dedicando hoy al
mundo de la pesca. El puesto de guarda fue desempeñado más tarde por su hijo Jorge, el
de la Calzadilla.

El muelle de la Calzadilla en 1920. Foto del libro Puerto Histórico y Castillo de Palos de la
Frontera. Juan M. Campos – José Luis Gozálvez Escobar.

Los barcos más asiduos al muelle eran: La Balandra, Giralda, Hermanos
Toscano, La Niña de los Peines, El Mundo, Isabelita, El Cacharro y El Leal. Algunos
de los nombres de estos barcos respondían al sobrenombre por el que todos los conocían
en la localidad.
4

Para la carga y descarga de los barcos se utilizaba una zorrilla, una pequeña
vagoneta de tracción manual que rodaba por unos raíles desde la entrada al muelle hasta
el mismo pantalán. Pero la zona preferida por la gran mayoría de los barcos para las
cargas y descargas, era un entrante de agua en la marisma, llamado la Gavilla, junto a la
zona de poniente del muelle que llegaba hasta tierra y era de fácil acceso. Los carros,
tirados por mulas llegaban hasta allí cargados de tejas, ladrillos, grava y arena, extraída
de los campos de Palos para las construcciones de Huelva y Punta Umbría. En la
Gavilla había que entrar con la marea llena, y si no daba tiempo a cargar antes de que
comenzara a decrecer, había que esperar de nuevo a que el agua llenara el entrante y
salir ayudándose de una berlinga para despegar el barco del fango.

Cargadero de la Gavilla, junto al muelle de la Calzadilla. Foto del libro Puerto Histórico y
Castillo de Palos de la Frontera. Juan M. Campos – José Luis Gozálvez Escobar. La fotografía fue
tomada a principios de los años 50.

Por aquella época las frutas, verduras y hortalizas de Palos eran muy apreciadas
en Huelva, y era raro el día que no salía un barco cargado para su distribución y venta
en la capital. Un día hubo que hacer un transporte en estos barcos de 42 cochinos que un
vecino de Moguer había vendido a otro de Punta Umbría, y todos se negaban a meter
5

los cochinos en su barco porque la peste que iba a quedar en las sentinas durante mucho
tiempo, les impediría seguir con el transporte que habitualmente realizaban. Pero la
localidad vecina necesitaba aquellos animales para criarlos para la matanza de invierno
y guardar la carne para todo el año. Eran tiempos difíciles y había que asegurar las
provisiones para el sustento.
La normativa en el transporte de estos animales no era tan rígida como lo es hoy,
a pesar de los continuos brotes de la Peste Porcina Africana que entró a principios de los
años 60 por la frontera portuguesa con Badajoz, propagando la enfermedad en la cabaña
de cerdos de nuestro país durante más de treinta años.
Rafael Pancho Gil, un pescador que también se dedicaba a estas faenas del
transporte, además de fabricar y coser redes para los demás pescadores, llegó a un buen
acuerdo económico con el vecino de Moguer y puso uno de sus barcos, el Giralda, a su
disposición para hacer el transporte de los puercos. Lo que no sabía Pancho era lo que le
esperaba al llegar a Punta Umbría.
Vararon en la orilla de la marisma, y cuando los cochinos desembarcaron y
pisaron el fango, se sintieron en un paraíso y no había forma de sacarlos de allí. La
lucha por llevar a los cochinos a tierra firme fue en vano, pues cuando Pancho y sus
marineros trataban de cogerlos para sacarlos del fango, uno a uno, se les zafaban de las
manos para volver corriendo a revolcarse en él. Tuvieron que esperar a la subida de la
marea para que ellos mismos se fueran acercando a tierra por temor a quedarse
enterrados en el fango de la marisma.
Durante mucho tiempo estuvo atracado al muelle el pesquero Lucio, propiedad
de un armador de Bollullos, llamado Carrasco, que tenía varios barcos en Palos. Este
hombre lo compró para dedicarlo a la pesca de la almeja, pero el barco resultó
6

demasiado grande para esta faena y, a pesar de habérselo ofrecido a varios pescadores
de Palos para destinarlo a otros menesteres, nadie le dio ninguna utilidad. El Lucio
había sido un barco de arrastre y tenía un gran puente, unos 16 metros de eslora y un
motor Wolo diésel de dos cilindros; un mastodonte difícil de gobernar que supuso un
problema para su propietario que no veía la forma de deshacerse de él.
Cuando consideraron que aquel barco ya llevaba mucho tiempo estorbando en el
muelle, lo sacaron a remolque y lo dejaron fondeado a la banda de levante, es decir, en
dirección a Moguer. Más tarde el barco sufrió una vía de agua y se fue a pique. El pecio
del Lucio sirvió de atracción durante muchos años para chavales de Palos, que
aprovechaban las bajamares para sumergirse a investigar en el puente, el motor y la
bodega. Era una aventura furtiva y apasionante que repetían cada vez que lo veían
asomar a la superficie. El pecio del Lucio continúa descansando en el fondo del Tinto,
apareciendo en las bajamares como una huella imborrable del pasado.
Otro de los atractivos de la Calzadilla para los chavales de Palos era la pluma de
una grúa, un brazo que sobresalía del pantalán, de cuyo extremo se desliza un cable de
acero con un gancho para izar o arriar las mercancías de los barcos. Los chavales
trepaban hasta la pluma y desde allí se lanzaban de cabeza al agua, volviendo a practicar
continuamente aquella operación.
El estraperlo o mercado negro era una práctica generalizada por todos los
españoles carentes de recursos económicos, que se veían obligados a cruzar la línea de
la legalidad para poder subsistir. Para el resto de la gente la figura del estraperlista no
era repudiada, sino entendida como algo cotidiano y necesario; incluso las autoridades
miraban hacia otro lado, permitiendo de algún modo aquella práctica ilícita. En Palos
aún tienen muy fresco el recuerdo de aquellas estraperlistas que llegaban a la Calzadilla

7

cargadas de canastos de pescado para venderlo a los vecinos de Palos, o hacer un
trueque por chícharos o habas. Las estraperlistas ponían su puesto en la esquina de la
calle San José con las calles Rivera, Plus Ultra, y la calleja de Quintina, donde se les
agregaban dos personas de Palos que hacían de pregoneros: Antonio Molina y La
Ramona, que a cambio se llevaban algunas brecas a sus casas.
Pero en Palos también había mujeres que iban a Huelva a estraperlear con los
productos de la tierra y de la caza furtiva de aves de la laguna de Palos, además de hacer
de recaderas para todos los vecinos de Palos que les solicitaban algo de la capital. Una
anécdota muy sonada en Palos, fue la protagonizada por una estraperlista que pretendía
cargar en un barco un saco de papas, camuflado en la funda de una almohada que
llevaba abrazada a su pecho. El carabinero no tenía un pelo de tonto y se acercó a la
señora para preguntarle por aquel bulto tan sospechoso: «Es el niño, que tiene mucha
fiebre y lo llevo al médico de Huelva», respondió ella con mucha naturalidad. Aquel
carabinero, que solía pasar por alto muchas de estas trampillas, no estaba dispuesto a
que nadie le tomara el pelo de esa manera, y después de acercarse a la señora y
descubrir un poco la funda de la almohada, dijo: «Miré, señora, dé usted la vuelta para
el pueblo porque lo que tiene su niño son “paperas”».
Dentro de poco podremos volver a pasear por este muelle, asomarnos al Tinto y
recordar con nostalgia aquellos tiempos pasados, ya que el Ayuntamiento de Palos de la
Frontera contempla un proyecto de restauración del muelle de la Calzadilla, que estará
terminado antes de 2017, para la conmemoración del 525 aniversario del
Descubrimiento de América.
José Antonio Mayo Abargues
Este artículo fue publicado en el periódico Palos Punto Cero el 25 de enero de 2016.
8

Related Interests