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I M A G I N A R I O S Y
C I U D A D A N I A

Compiladoras:
María Esther Pozo
Alejandra Ramirez
Miriam Camacho
Proyecto Migración Transnacional. Inserción Laboral y Ciudadania
Primera Edición: Septiembre 2011
D.L.: 2 - 1 - 2194 - 11
I.S.B.N.: 978 - 99954 - 2 - 181 - 6
Corrección de estilo:
Benjamín Rodríguez
Diseño de dibujo tapa:
David García
Diseño, Diagramación e Impresión:
ETREUS IMPRESORES
pasaje Avelino Nogales Nº 272
Telfs.: 4409656 • 4409657 • Fax: 4241217

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Autores
Tanja Bastia. Investigadora italiana con estudios en Género y Desarrollo. Doctora en
Estudios de Desarrollo (Universidad de Wales Swansea, Reino Unido). Ganadora
de la beca del OCIM (Observatorio Control Interamericano para los Derechos
de los y las Migrantes) otorgada al primer lugar a la mejor tesis en migración y
de la beca de pos doctorado 2007-2010 de la Academia Británica, Universidad
de Manchester. Si bien sus temas de interés son el desarrollo y género, entre su
producción intelectual se cuentan diversos artículos y capítulos sobre migración
transnacional latinoamericana y boliviana. Entre sus artículos figuran “¿Tráfico
infantil o migración adolescente? Bolivianos migrantes en Argentina” (2005);
“Migrantes y ciudades en el Sur Global: migrantes transnacionales y espacio
marginal en Buenos Aires” (2010) y “¿Vidas robadas o carencia de derechos?
Género, migración y tráfico” (2006).
Jaroslava Zápotocká de Ballón. Abogada (Universidad Carolina de Praga) e
investigadora checoslovaca. Se desempeñó como docente en la Facultad
de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Mayor de San Simón
(Cochabamba), Universidad Católica Boliviana (Cochabamba) y Universidad del
Valle (Sucre). Primera Directora General del Instituto de la Judicatura de Bolivia
(Sucre, 2000 - 2001). Directora del Instituto de Investigaciones Jurídicas y
Políticas de la UMSS. Entre sus trabajos de investigación se encuentra “Función
social de la propiedad urbana y asentamientos irregulares” en “Interpelaciones
periurbanas: análisis jurídico y sociopolítico de los asentamientos humanos
irregulares” (2007).
Sergio Rodrigo Castro. Abogado boliviano (UMSS- Cochabamba). Docente en la
Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Mayor de San Simón
y de la Universidad Salesiana de Bolivia. Vicepresidente del Instituto de Estudios
Internacionales de Bolivia. Estudios de pos grado en Docencia Universitaria
(UMSS), en Gobernabilidad y Gerencia Política (UNIVALLE-CAF), en Estado
Plurinacional y Derechos de los Pueblos Indígenas (USIP). Entre sus producciones
se encuentra el informe “Aspectos jurídicos de la migración transnacional”.
Alejandra Ramírez Soruco. Socióloga boliviana (UMSS- Cochabamba). Candidata
a Ph.D. en Desarrollo Sustentable del programa NCCR- Norte-Sud de Suiza.
Magister en Estudios del Desarrollo con mención en Gestión y Evaluación de
Proyectos Sociales (CESU-UMSS 1999). Postgrado en Gestión Estratégica
del Desarrollo Local (ILPES-CEPAL). Responsable del Área de Estudios del
Desarrollo del Centro de Estudios Superiores Universitarios de la Universidad
Mayor de San Simón (CESU-UMSS). Tiene investigaciones y publicaciones
–tanto en libros como revistas- en los temas de ‘Desarrollo Humano’, ‘Cultura,
interculturalidad y políticas culturales’, ‘Identidades y políticas de identidad en
Bolivia’; ‘Descentralización, ciudadanía y agencia ciudadana’.

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Miriam Camacho Villarroel. Economista boliviana (UMSS- Cochabamba). Magister
en Estadística Aplicada (CESA-UMSS 2006) y en Matemáticas Aplicadas a la
Economía, con especialidad en Econometría (Centro de Investigación y Docencia
Económicas -CIDE- México, D.F). Postgrado en Docencia Universitaria
(UMSS) y en Demografía (CELADE-UMSS). Licenciada en Economía (UMSS).
Responsable del Área de Estadística y Demografía del Centro de Estudios
de Población de la Universidad Mayor de San Simón (CEP-UMSS). Tiene
investigaciones y publicaciones –tanto en libros como revistas- en los temas de
‘Análisis demográfico’, ‘Población y desarrollo’, ‘Género y actividad económica’
y ‘Estadística aplicada’.
Isabel Yépez del Castillo. Socióloga belga. Doctora en Sociología por la Universidad
Católica de Lovaina (UCL), donde es profesora ordinaria. Dirige el Centro
de Estudios del Desarrollo y el Grupo de Investigaciones Interdisciplinarias
sobre América Latina (GRIAL) de la UCL. Presidenta de la Asociación de
Latinoamericanistas y miembro fundadora del Observatorio de las Relaciones
Europa América Latina. Coordinadora de dos proyectos de investigación del
Consejo Interuniversitario de la Comunidad Francesa- Comisión Universitaria
para el Desarrollo (CIUF-CUD) sobre migración e interculturalidad en
contraparte de dos equipos de investigación de la UMSS. Tiene investigaciones,
tratadas desde una perspectiva comparativa y de género, sobre: comercio justo,
desarrollo durable, empleo y migración. En relación a la problemática migratoria
ha publicado libros y artículos, entre ellos “Nuevas migraciones latinoamericanas
en Europa. Balance y desafíos” (FLACSO-OBREAL-GRIAL, 2007).
Raquel Martínez Buján. Socióloga española. Doctora en Sociología. Profesora
de la Universidade da Coruña e investigadora del Grupo ESOMI. Es además,
Premio Extraordinario de Licenciatura y Premio Fin de Carrera de la Comunidad
Autónoma de Galicia. Sus ámbitos de investigación recogen las áreas de
Migración Latinoamericana, Política Social y Envejecimiento de la población,
especializándose en estos terrenos en los siguientes centros de investigación:
Oxford Institute of Ageing (Reino Unido), Centro Latinoamericano y Caribeño
de Estudios Demográficos (CELADE, Santiago de Chile), en el Centre D’Estudis
Demográfics (Barcelona), en el Departamento de Trabajo Social de la Universidad
Pública de Navarra, y en el Institut Nacional d’Etudes Demographiques (INED)
de Paris. Entre sus últimas publicaciones cabe destacar: “Mujeres inmigrantes
en el sector doméstico de cuidado. Los beneficios de la inmigración al Estado
de Bienestar” (2009); “Irregularidad y el modelo migratorio español como
palanca de exclusión social de los extranjeros” (1985-2005) y “Relación entre os
mercados laborais e os fluxos migratorios femininos” (2008)
María Esther Pozo Vallejo. Socióloga boliviana (UMSS-Cochabamba). Doctora en
Historia de América Latina y del África, Universitat de Barcelona. Cuenta con
cursos en género y cultura. Actualmente se desempeña como docente

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de la Universidad Mayor de San Simón (Facultad de Ciencias Sociales y
Ciencias Económicas). Responsable del Área de Género y Humanidades en el
Centro de Estudios Superiores (CESU-UMSS). Entre su producciones figuran:
“Confecciones y Productora de Alimentos en la Pequeña y Micro Industria”
(1992); “Estudio comparativo de la Reforma Educativa, Género y Etnia” (2000);
“Las displicencias de Género en los cruces del siglo pasado al nuevo milenio
en los Andes” (2007) y “La ciudadanía: entre el discurso hegemónico y la
deconstrucción del espacio privado. El caso de los discursos de los 50’ en las
demandas de divorcio en Cochabamba, Bolivia” (2010).
Olivia Román Arnéz. Socióloga boliviana (CIUDADANÍA). Magister en Estudios
Latinoamericanos mención en Políticas Culturales, Universidad Andina Simón
Bolívar - Sede Ecuador. Fue becaria de UASB y la Embajada de Bélgica en
Bolivia. Investigadora asociada de “Ciudadanía, Comunidad de Estudios
Sociales y Acción Pública”. Actual Coordinadora del proyecto Cultura política
y diversidad cultural: Empoderando ciudadanía en mujeres quechua hablantes.
Entre sus publicaciones están “Migración y ciudadanía. Ampliación/restricción
de la ciudadanía por la migración” (2010); “De Cochabamba (Bolivia) a España:
Migración de mujeres-madres y sus efectos” (2009) y “Mientras no estamos.
Migración de mujeres-madres de Cochabamba a España” (2009)
Yolanda Alfaro Aramayo. Socióloga boliviana (UMSS-Cochabamba). Master en
Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Ecuador.
Investigadora del Programa de Sociología de la FLACSO Ecuador. Su línea
de investigación aborda la relación entre investigación y desarrollo local. Ha
trabajado principalmente en relación al caso boliviano. Es co autora de “Migración
y perspectivas de retorno. Estado de la situación” (2010).

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Contenido

Introducción
Isabel Yépez del Castillo
¿Quedarse o volver? Migración de retorno en
tiempos de crisis
Tanja Bastia................................................................................................... 13
Nacionalidad y ciudadanía en la nueva CPE: una mirada
desde la migración
Jaroslava Zápotocká de Ballón..................................................................... 31
La migración y la extranjería en el
sistema jurídico boliviano
Instituto de Estudios Internacionales (IDEI-Bolivia)................................... 61
Migrantes de retorno
Alejandra Ramírez
Miriam Camacho.......................................................................................... 73
Inmigración y trabajo de cuidados en España.
Mujeres inmigrantes en el sector doméstico de cuidados
Raquel Martínez Buján................................................................................. 105
Migración, Ciudadanía y Calidad de Vida:
Una mirada de género al caso del municipio de Cochabamba.
María Esther Pozo
Olivia Román................................................................................................ 135
Prácticas y discursos de codesarrollo en
el valle alto de Cochabamba, Bolivia
Yolanda Alfaro Aramayo.............................................................................. 169

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Introducción

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Isabel Yépez del Castillo
Este volumen reúne un conjunto de contribuciones donde se abordan diversos
temas vinculados a las migraciones internacionales. Entre ellos destacan: la
problemática de los migrantes de retorno; la manera como las migraciones
internacionales problematizan la forma clásica de concebir a nivel del Estado-nación
el reconocimiento de la nacionalidad y el ejercicio de la ciudadanía; la inmigración
femenina y el cuidado en los países de Europa del sur; la articulación entre
migración y desarrollo vista desde la óptica del codesarrollo. Los análisis combinan
reflexión teórico-conceptual de carácter general con presentación de resultados de
investigaciones que en su gran mayoría tienen a Cochabamba como lugar de análisis
Esta iniciativa editorial se inscribe en un esfuerzo que reúne a los siguientes
centros de investigación de la Universidad San Simón: Centro de Estudios Superiores
Universitarios (CESU), Instituto de Investigaciones Jurídicas y Políticas (IIJP), el
Centro de Estudios de Población (CEP) y universidades belgas de habla francófona
(CIUF-CUD), que colaboran alrededor del tema de la migración transnacional
cochabambina.
La polisemia del concepto retorno
La migración de retorno, aparece frecuentemente -en estos tiempos de crisiscomo el punto final de un proceso en el discurso de aquellos que gestionan las
políticas migratorias (Estados, gobiernos, administraciones, organizaciones
intergubernamentales e internacionales). Visión en tensión y desfase con aquella que
tienen los migrantes, quienes viven sus experiencias migratorias como un continuum
inscrito en sus biografías individuales y familiares.
El análisis del retorno de los migrantes es un problema complejo y aún poco
estudiado, pero no es nuevo1. Gmelch (1980) a partir de una revisión importante de
la literatura disponible en Estados Unidos y Europa da cuenta de la complejidad y
diversidad de las razones del retorno. Tan importantes como los factores económicos
pueden llegar a ser factores como el deseo de reencontrar la familia y los amigos. En
muchos casos la decisión de retornar es también influenciada por aspectos negativos
en los países de acogida, como la discriminación y el racismo. Sin embargo entre los
factores que promocionan la migración de retorno, los factores ‘pull’ (factores que
tienen que ver con la atracción de los países de origen) son mucho más significativos
que los factores ‘push’ (factores negativos asociados con los países de acogida).
Para King (2000) las razones para el retorno varían desde el nivel macroeconómico
1 Sobre Migración y retorno, sugerimos consultar la excelente sintesis elaborada por Yolanda Alfaro y
Lorena Izarrigue (2010) en el marco del Convenio UMSS-CUD.

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hasta los eventos individuales del migrante. Las causas de la migración de retorno
son muchas y variadas y un migrante puede decidir retornar a su país de origen por
un conjunto complejo de razones y no solo por una razón en particular. Este autor
identifica cuatro tipos de causas principales: económicas, sociales, familiares/ciclo
de vida y políticas. Teniendo en cuenta la complejidad e imbricación de causas, los
métodos cuantitativos pueden presentar grandes dificultades para develar las causas
reales del retorno dado que ellas difícilmente pueden ser esquematizadas en un
cuestionario.
Por su parte, para Ginson y McKenzie (2009), tres son las razones principales
que motivan la migración de retorno: en primer lugar el ciclo de vida del migrante,
en segundo lugar la acumulación suficiente de ahorros así como las posibilidades de
ingreso en el país de origen y finalmente, que los ingresos en el país de instalación no
sean lo suficientemente importantes para justificar los costos de la migración.
Petit (2007) nos alerta sobre la necesidad de tener en cuenta no solo la diversidad
de situaciones alrededor del retorno, sino la necesidad de una perspectiva de mediano
plazo. La situación es muy diferente si este ha sido preparado con antelación, o
impuesto de manera brutal, es el caso de los regresos forzados, vividos como un
fracaso y humillación.
Como recuerda Michalon (2007) la idea de regreso está siempre presente en
el espíritu del migrante, evolucionando en el tiempo según las relaciones que este
mantiene con el país de origen y con la familia que se quedó en este. Los migrantes
pueden continuar a hablar del regreso sin que esta opción sea realmente viable y
prioritaria para ellos, ello permite no romper los vínculos con el país y los que se
quedaron. Es lo que King llama el mito de regreso: “un conjunto contrastado de
creencias y acciones por los cuales, cual sea su modo de instalación en destino, los
migrantes hablan y se comportan como si ellos regresarían un día”2. Siguiendo a
Michalon podemos afirmar que las significaciones sociales del regreso al país de
origen son múltiples, ellas dependen del prisma a través del cual se observan: el
Estado, el grupo migrante, el grupo circulante, la familia o el individuo.
Las idas y vueltas de los cochabambinos: estrategias para manejar el riesgo
a lo largo de la vida
Todavía son escasos los estudios sobre los migrantes de retorno en Bolivia. El
presente libro da su aporte en este campo, porque contiene varios artículos que
presentan importantes hallazgos que dan luces sobre los múltiples rostros de las y
los migrantes que retornaron a Cochabamba en años recientes, además permiten
identificar los principales países de destino de donde proceden, así como los
complejos elementos que entran en consideración para la toma de decisión del
retorno.
El tema del impacto de la experiencia migratoria en la agencia ciudadana y en
2 King 2002 : 12.

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el imaginario de los migrantes, es recurrente en varios artículos de este volumen e
invita a profundizarlo en investigaciones futuras, al igual que la re-inserción laboral
de los migrantes y el espacio de iniciativa que se abre a estos a escala local.
En las contribuciones a este volumen de A. Ramírez & M. Camacho y E. Pozo
y O. Roman, basadas en una encuesta aplicada a 421 personas y 31 entrevistas
en profundidad aplicadas a migrantes de retorno en Cochabamba, se presentan las
características socio-demográficas, los perfiles ocupaciones y la representaciones
sobre el éxito o fracaso que estos tienen de su experiencia migratoria. España,
Argentina, Estados Unidos e Italia son los principales países desde donde retornan,
donde España concierne a cerca de la mitad del total.
Si bien se trata de un colectivo heterogéneo, posee algunos elementos comunes: un
nivel educativo relativamente elevado (60% tiene por lo menos estudios secundarios),
edades que se concentran mayoritariamente entre 20 Y 34 años (promedio más
elevado para las mujeres), el poseer una importante experiencia migratoria, que puede
incluir hasta cuatro países; así un retorno a Bolivia puede transformarse rápidamente
en una nueva partida. Es el caso de los migrantes (mayoritariamente mujeres) que
dejaron Argentina luego de la crisis de 2001, regresaron por corto tiempo a Bolivia
antes de continuar con destino a España, lo que grafica la circularidad de los procesos
migratorios.
El carácter circular de la migración cochabambina es ampliamente confirmado en
la investigación de Tanja Bastia que inicia este libro. El foco de la contribución de
esta investigadora es el análisis complejo de la decisión del retorno. Los migrantes
cochabambinos que ella analiza (migrantes de retorno procedentes de Argentina y
España), evitarán cerrar puertas, buscando mantener opciones abiertas y flexibles
en diferentes países. En el caso de aquellos que migraron a España; en un contexto
de crisis y recesión estos preferirán aceptar privaciones y quedarse, que acogerse a
los programas de retorno ofrecidos por el gobierno de dicho país, dado que dichos
programas exigen como contrapartida la renuncia a un reingreso en el corto plazo.
El comparar el regreso de migrantes procedentes de países situados en contextos
geográficos y con políticas migratorias diferenciadas, permite identificar patrones
migratorios y sugerir políticas públicas en mayor concordancia con la realidad
migratoria.
El codesarrollo, una manera de articular migración y desarrollo
El análisis de las prácticas y experiencias de codesarrollo en el Municipio de
Arbieto (valle alto cochabambino) desarrollado por Yolanda Alfaro en su contribución
a este libro nos parece triplemente sugerente. En primer lugar, porque la autora
integra como parte de un mismo proceso de análisis movilidad humana, desigualdad
y ausencia de protección social. Efectivamente la migración forma parte del ‘habitus’
de los sectores populares bolivianos, se trata prácticas de movilidad de larga data
orientadas a hacer frente a situaciones de riesgo y vulnerabilidad, en contextos

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fuertemente desiguales y con ausencia de sistemas de protección universales. En
segundo lugar, esta socióloga analiza la polisemia del término codesarrollo y el
sentido y orientación que este tiene cuando es portado por actores globales, que
buscan recuperar y redefinir en sus propios términos la actoría local/transnacional
desarrollada por las redes e individuos migrantes. En tercer lugar, ella evidencia que
lo que se encuentra en disputa son concepciones diferentes sobre el desarrollo y
sobre el rol de cambio que pueden jugar los migrantes en origen y destino.
Nacionalidad y ciudadanía en el Estado plurinacional boliviano
Jaroslava Zapotocka aborda en un bien documentado artículo la manera cómo son
encarados, en la nueva Constitución del Estado plurinacional boliviano, temas como
la nacionalidad y la ciudadanía. Como telón de fondo encontramos la interrogante de
cómo ha influenciado en la regulación de la nacionalidad y la ciudadanía existente
en la constitución de 2009 el hecho de tener dos millones y medio de bolivianos en
el extranjero.
El artículo 27,I, al reconocer el derecho de los migrantes que se encuentren en
el extranjero a participar en la elección de presidente y vicepresidente constituye
sin duda una respuesta positiva a esta nueva realidad, a la vez el artículo 27,II de
la Constitución establece que los extranjeros y extranjeras residentes en Bolivia
pueden ejercer el derecho de sufragar en las elecciones municipales, en los términos
establecidos por la ley, aplicando principios de reciprocidad internacional existentes
entre Bolivia y sus países.
Un análisis retrospectivo de las reformulaciones y debates alrededor del texto
constitucional entre 2007 y 2009 permite mostrar que el tratamiento de la nacionalidad
y la ciudadanía no ha estado exento de confusiones y de idas y venidas. Estas y
otras consideraciones llevan a afirmar a la autora que hoy no es posible hablar en
Bolivia de nacionalidad y ciudadanía en términos clásicos, ya que se han convertido
en ‘instituciones complejas, multidimensionales y multifuncionales, en instituciones
intra-inter nacionales’.
Feminización de las migraciones y cuidado: la especificidad de los países de
Europa del sur
En el interesante artículo de Raquel Martínez sobre la inmigración y el cuidado
en España esta investigadora muestra cómo el trabajo doméstico de cuidado se
constituye en el sector principal que permite a las mujeres inmigrantes comenzar una
trayectoria laboral en España. Además de presentar de manera crítica la evolución
del concepto de ‘care’ en la literatura principalmente anglófona, la autora muestra la
inadecuación de esquemas analíticos basados en la experiencia de países de Europa
del norte para comprender las realidades de los países del sur de este continente,
como España, caracterizados por un Estado de bienestar de tipo familístico. Luego
de presentar en detalle cómo va ir configurándose el modelo migratorio español, el
análisis de Martínez permite entender cómo se produce progresivamente la latino
americanización de los servicios domésticos de cuidado en dicho país. Este artículo
aporta una mirada de género sobre los procesos migratorios contemporáneos, que se
encuentra igualmente presente en otros artículos de este volumen en particular en el
análisis efectuado por Esther Pozo y Olivia Román.

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Bibliografía
Alfaro e Izaguirre (2010). Migración y perspectivas de retorno. Estado de la situación, Cuaderno de
reflexión 4, Programa de cooperación inter-universitaria UMSS-CIUF (2008-2012).
Gibson J. and McKenzie D. (2009). Gibs”The microeconomic determinants of emigration and return
migration of the best and brightest : evidence from the Pacific,” Policy Research.
Gmelch G. (1980). “Retour Migration”, Annual Review of Anthropology 9: 135-159.
King R. (2000). Generalizations from the history of Retour Migration, in Ghosh B. (Ed), Retour Migration.
Journey of hope or Dispair? Ginebra, OIT: 7-55
Michalon B. (2007). “Le retour en migration : une notion polysemique, des formes migratoires multiples”
Migrations internationales de retour au pays d’origine, Les collections du CEPED: 27-46.
Petit V. (2007). “Presentation“, Migrations internationales de retour au pays d’origine, Les collections du
CEPED: 9-26.

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¿Quedarse o volver? Migración de retorno en
tiempos de crisis

Agradecimientos

Tanja Bastia

El presente trabajo ha sido publicado anteriormente en el Journal for International
Development 23(4):583-595, bajo el título “Should I Stay or Should I Go? Return
Migration in Times of Crises”. La autora agradece a los editores de la revista por
otorgarle el permiso de volver a publicar el artículo en el presente libro y a Lorena
Vallejos por la traducción. El trabajo de investigación sobre el que se basa el presente
artículo contó con el apoyo de la Academia Británica (beca de posdoctorado, 20072011), el cual se reconoce con gratitud. Se han presentado versiones anteriores del
mismo en la conferencia anual de la Asociación de Estudios sobre el Desarrollo del
Reino Unido e Irlanda (2-4 de septiembre de 2009, Universidad de Ulster, Coleraine)
y en la serie de seminarios titulada “Development in the Downturn” (desarrollo en
desaceleración) del Centro de Estudios sobre el Desarrollo de la Universidad de
Leeds (1 de diciembre de 2009). Agradezco a los organizadores por la invitación y a
los participantes por sus útiles comentarios.
Introducción
La actual crisis económica mundial tiene un profundo efecto en los trabajadores
migrantes así como serias repercusiones en la relación que existe entre la migración
y el desarrollo. La experiencia actual indica que los sectores más severamente
golpeados por la crisis económica también son aquellos en los que predominan
trabajadores migrantes (Awad, 2009; Castles y Vezzoli, 2009; OECD, 2009;
Papademetriou y Terrazas, 2009; Martin, 2009). A medida que los migrantes pierden
sus puestos de trabajo tienen menos posibilidades de enviar remesas de vuelta a sus
hogares. Esto afecta el bienestar de quienes dependen de las remesas para cubrir
gastos cotidianos o para solventar sus estrategias de movilidad social ascendente
(IOM, 2009). También es posible que los migrantes consideren adelantar el retorno a
su país de origen antes de haber logrado los objetivos que se trazaron al migrar, con
el riesgo de convertirse en una carga adicional para los hogares que ya experimentan
dificultades económicas (Van Houte y Davids, 2008).
El presente artículo centra su atención en el proceso de decisión de retorno de los
migrantes en tiempos de crisis económica, comparando cómo los migrantes de una
misma comunidad de origen sortearon la crisis argentina y la actual desaceleración
económica en España. Al incluir la migración regional sur-sur y la migración surnorte en un mismo marco, el artículo también pone en tela de juicio el supuesto
de que la migración sur-norte es de mayor relevancia (Munck, 2008). De hecho,
la migración regional sur-sur tiene la misma importancia y es potencialmente más
sostenible puesto que los costos son más bajos y hay más porosidad en las fronteras,
lo que permite mayor circulación.
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Recesiones financieras mundiales, crisis económicas regionales y el retorno
El nexo que existe entre la migración y el desarrollo es complejo y multidimensional1.
Conforme se ha demostrado en investigaciones anteriores, los más pobres entre los
pobres rara vez tienen la posibilidad de migrar puesto que para llevar adelante un
proyecto migratorio se necesitan múltiples recursos (Skeldon, 1997). Pese a que
recientemente se ha incluido a la migración en los debates sobre el desarrollo,
hay pocas pruebas concluyentes que demuestren que la migración contribuye al
‘desarrollo’ y de qué maneras. Es claro que existen tensiones relacionadas con el
nivel de análisis con que se mide el ‘impacto’ de la migración. Por ejemplo, si bien
es posible que los migrantes y los hogares que reciben remesas mejoren su posición
económica y condición social, las consecuencias a escala de comunidad no son tan
claras. Algunas investigaciones indican que la migración genera mayor desigualdad
(de Haas, 2005; Jones, 1998). En materia de políticas, por otra parte, la propuesta de
que un mayor desarrollo podría disminuir la migración es en gran medida infundada
puesto que la mayor parte de la evidencia señala que es la desigualdad, y no los
niveles absolutos de pobreza y privación, la que incentiva la migración (Black et al.,
2005). Podemos por tanto prever que la migración continuará existiendo mientras se
mantengan los actuales niveles de desigualdad mundial y regional (de Haas, 2005).
Pese a la falta de consenso sobre las consecuencias de desarrollo de la migración
en los países de origen, la migración se encuentra hoy sólidamente establecida en la
agenda mundial de políticas de desarrollo. Por otra parte, cada vez más países de origen
exaltan a la migración como una importante herramienta de desarrollo en función de
las remesas que se reciben de los ciudadanos en el exterior. Esto es particularmente
evidente en la región de América Latina, donde recientes desplazamientos del flujo
migratorio regional al transatlántico se han producido, contribuyendo a un aumento
notorio de los flujos de remesas y colocando a la migración en un lugar central dentro
de la agenda política nacional (Phillips, 2009).
La recesión mundial no hace sino intensificar el interés de quienes definen
políticas en los países de origen, en particular los de países con un gran porcentaje
de su población en el exterior y para los que las remesas representan un importante
aporte al producto interno bruto (PIB). Cerca de tres cuartos de todas las remesas en
el mundo se envían a países en vías de desarrollo (OECD, 2009:188). En 2006, la
India, México y China ocuparon los tres primeros lugares como países receptores de
las sumas más grandes de remesas, pero las mismas representaban solamente entre el
1% y 3% de su PIB. En contraposición, el aporte de las remesas fue de más del 38%
del PIB en Moldavia, del 30% en Tonga y cerca del 20% en Guyana, Haití, Líbano
y Tayikistán (MPI, 2007). Si, como la mayor parte de la evidencia indica, la crisis
está golpeando de manera desmesuradamente severa a los migrantes, los países que
dependen en gran medida de las remesas también se verán adversamente afectados.
1 Lo que significa ‘desarrollo’ también es debatible. Para una discusión en la que específicamente se
aborda la migración y su relación con una interpretación más amplia de ‘desarrollo’, ver Piper
(2009).
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El desempleo, los recortes salariales y el deterioro de las condiciones de trabajo
no sólo significarán menor capacidad de enviar remesas, sino que también supondrán
mayor probabilidad de que los migrantes opten por regresar. Y no estamos en una
posición adecuada para entender este proceso.
El retorno es la etapa menos comprendida del proceso migratorio. Gmelch (1980)
propuso tres razones fundamentales para esto: (i) la urbanización en gran escala dio
lugar a que se asumiera que la mayoría de los movimientos eran unidireccionales
y que ocurrían únicamente de zonas rurales a zonas urbanas; (ii) la mayoría de los
trabajos de campo antropológicos incluyeron investigaciones en un solo lugar y por
un periodo de tiempo limitado, lo que llevó a la percepción de que la migración era
un ‘evento estático’; y (iii) el retorno es difícil de cuantificar, puesto que la mayoría
de los países hacen un conteo de los extranjeros entrantes y no así de los ciudadanos
que regresan a su país (p.135).
Sin embargo, el retorno ha sido planteado como un factor importante,
principalmente por quienes se ocupan de la migración desde la perspectiva del
desarrollo. En su discusión del retorno a sociedades que han sufrido conflictos,
Black y Gent (2006) sostienen que el retorno está muy lejos de ser una cuestión
simple, suscitando interrogantes sobre las condiciones del mismo y sobre su carácter
voluntario así como sobre la capacidad de quienes regresan de reintegrarse, lo que Van
Houte y Davids definen como ‘re-enraizamiento’ (re-embeddedness) (2008:1414).
En ambos estudios se establece una diferencia entre la sostenibilidad individual de
los retornos y si éstos aportan al desarrollo.
La desaceleración económica que empezó en 2007 tiene el potencial de exacerbar
estos procesos de antemano complejos. La crisis económica mundial aumenta
específicamente la probabilidad de que los migrantes regresen a sus países de origen
como consecuencia del desempleo, los recortes salariales, el freno a la migración
irregular o la creciente xenofobia (Castles y Vezzoli, 2009; Papademetriou y Terrazas,
2009). Por tanto, plantea el riesgo de una disminución de los flujos de remesas, de
desilusionados migrantes retornados engrosando los niveles ya altos de desempleo y
subempleo, lo que potencialmente contribuye al malestar social y a la inestabilidad
política. Sin embargo, antes de siquiera empezar a evaluar las consecuencias del
retorno, podría ser útil comprender mejor el proceso de decisión que conduce al
mismo, especialmente en tiempos de crisis. ¿Cómo deciden los migrantes su retorno?
El presente artículo explora esta pregunta central analizando el proceso de retorno
dentro de una comunidad transnacional de migrantes en dos contextos diferentes:
la crisis argentina de 2001 y la actual desaceleración económica en España. Este
grupo de migrantes comenzó a migrar de Cochabamba a Buenos Aires a finales de
la década de 1980 y principios de la de 1990, atraídos por la considerable diferencia
en el PIB per cápita y el plan de convertibilidad que mantuvo al peso argentino
fijo con relación al dólar estadounidense. Con la crisis de 2001, muchos regresaron
a Bolivia y posteriormente migraron a España, que en ese tiempo gozaba de una
economía en plena expansión. Tanto mujeres como hombres participaron en el
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proceso migratorio pero con una diferencia importante: los hombres encabezaron
mayormente la migración a la Argentina en tanto que la más nueva migración a
España la encabezaron las mujeres. Como cabe suponer, el retorno también está
ligado al género.
Muestra y método
El proyecto sobre el que se basa este artículo incluye una investigación longitudinal
sobre migración interna y transfronteriza realizada en varios lugares con métodos
tanto cualitativos como cuantitativos. Se concentra en los migrantes de una misma
comunidad de origen, un pueblo minero en el departamento de Cochabamba y su
vecindad hermana en las afueras de la ciudad de Cochabamba. El presente artículo
se basa en entrevistas semiestructuradas efectuadas en Cochabamba en 2002 con
migrantes que regresaron de la Argentina (18 entrevistas) y en 2008 con migrantes
que regresaron de España (11 entrevistas) y, por otra parte, con bolivianos en Buenos
Aires en 2003 (18 entrevistas) y en España en 2009 (20 entrevistas). La información
sobre la crisis argentina es más completa ya que incluye una muestra de los que se
quedaron en la Argentina luego de la crisis y de quienes regresaron a Bolivia. La
muestra de España incluye a aquellos que se entrevistaron en España durante la crisis
y a aquellos que regresaron antes de que pudieran sentir los efectos de la misma.
La primera ronda de entrevistas incluyó un igual número de mujeres y hombres
pero se entrevistó un mayor número de mujeres en la última ronda para reflejar la
proporción de mujeres y hombres en la población boliviana en España. El 63% del
total entrevistado para la muestra de este artículo eran mujeres. Se registró una edad
promedio de 34 años con un rango de 17 a 50 años de edad. Más del 70% estaba
casado y la mayoría tenía hijos. Entre los que estaban en España, todos tenían hijos
con excepción de uno; la mayoría tenía de uno a tres hijos en tanto que tres tenían
de cinco a ocho hijos. Los entrevistados tenían en promedio 9,3 años de educación
pero con una brecha grande entre la generación de mayor edad, con poca o ninguna
educación, especialmente entre las mujeres, y algunos de la generación más joven,
con educación universitaria. La mayoría (el 61%) nació en el pueblo minero, el 23%,
en otras localidades del departamento de Cochabamba, y el restante, en Potosí, Oruro
u otros pueblos mineros (Llallagua, Uncía, Siglo XX). Todos tienen algún tipo de
vínculo con el pueblo y con quienes vivían allá, ya sea por nacimiento, matrimonio
o la escuela o como compañeros de trabajo. Todos se trasladaron de su lugar de
nacimiento a un centro urbano más grande, por lo general Cochabamba u Oruro,
normalmente antes pero a veces después de su primer desplazamiento transfronterizo.
Argentina 2001
Hasta que sobrevino la crisis, la Argentina era el principal polo de atracción
en lo que algunos consideraban el ‘sistema migratorio del Cono Sur’ (Marshall,
1981). La mayoría de los migrantes que llegaron tras la II Guerra Mundial eran
de países limítrofes y del Perú. Pese a la percepción de los argentinos de estar
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‘inundados’, la presencia de migrantes de países vecinos se mantuvo relativamente
estable, constituyendo entre el 2,4% y 2,9% de la población total a lo largo siglo XX
(Grimson, 2006).
La crisis argentina supuso un periodo de un año de inestabilidad política y
cambios profundos en la economía. Uno de los más importantes fue la flotación del
sistema de convertibilidad de la moneda que había mantenido al peso argentino fijo
con relación al dólar estadounidense a lo largo de la década de 1990. En la región,
esta medida popularmente se conoció como el ‘uno a uno’2 y atrajo poderosamente a
los migrantes. La crisis no produjo un cambio permanente en los flujos migratorios.
Sin embargo, suscitó algunos cambios en los patrones migratorios regionales al
estimular la migración de retorno y una re-migración hacia Europa, especialmente a
España. También provocó un cambio en la composición de los flujos migratorios en
cuanto a género, acentuando la feminización de la migración que se había iniciado
en la década de 1980. En 2005 las mujeres ya representaban el 55% de los migrantes
bolivianos en España (INE, 2005), una tendencia que se intensificó en los años
subsiguientes.
Consecuencias de la crisis en la Argentina
Casi todos fueron adversamente afectados por la crisis de 2001. Sin embargo,
los que se habían prestado dinero sintieron particularmente su impacto. Una mujer
boliviana veinteañera entrevistada en Buenos Aires en 2003 decidió expandir su
negocio de comida y abrir un restaurante poco antes de diciembre de 2001. Como
había obtenido un préstamo en dólares, su deuda se cuadruplicó de la noche a la
mañana. Además, tuvo que vender todos sus bienes como artículos de segunda mano
en pesos a un cuarto aproximadamente de su valor original. Otros vendieron sus ya
depreciadas máquinas de coser a precio regalado para comprar comida.
La crisis también tuvo un efecto negativo en los migrantes empleados, ya que
muchos perdieron su trabajo, al menos temporalmente. Los salarios en pesos con
relación al dólar disminuyeron en consonancia con la devaluación monetaria, pero
los salarios nominales en pesos también en muchos casos se redujeron al igual que
las horas extras. De los 18 migrantes entrevistados en Buenos Aires en 2003, todos
con excepción de dos señalaron la pérdida de trabajo, sueldos más bajos y peores
condiciones de trabajo. Los únicos que no se vieron adversamente afectados por
la crisis fueron, por un parte, un conductor de bus con contrato permanente en una
empresa de transporte local y, por otra, un zapatero, cuyo negocio prosperó ya que
menos gente podía comprar zapatos nuevos.
Los migrantes indudablemente no fueron los únicos que sufrieron las consecuencias
de la devaluación. Sin embargo, tenían escasas posibilidades de recurrir al apoyo
estatal y tuvieron que hacer uso de sus propios recursos para sobreponerse a las
consecuencias de la crisis. En marzo de 2003, algunos de los entrevistados todavía
2 La frase alude a que un peso era equivalente a un dólar estadounidense.
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seguían esperando que la situación general mejorara. Otros ya habían regresado a
Bolivia.
El retorno
Doce de los 18 migrantes retornados que se entrevistaron en Bolivia en 2002
estaban en la Argentina cerca de la época de la crisis (el resto había vuelto bastante
tiempo antes de que sobreviniera). De estos, cinco regresaron justo antes de la
crisis, la mayoría en su visita anual al país, y decidieron quedarse en Bolivia al
desencadenarse la crisis. Los otros siete regresaron tras la crisis por la falta de trabajo
y los saqueos. Una madre de tres hijos, cuya experiencia fuera de Bolivia no había
sido muy positiva, recordaba:
‘A lo último ya no había trabajos y hubo la devaluación del dólar y ya no nos
convenía a nosotros estar allá. [...] Entonces para qué nos íbamos a quedar. Nos
salía todavía más el alquiler, la comida, la luz, el agua, todo. Encima mi nenita
[en Bolivia] estaba cumpliendo sus dos añitos…’ (Cochabamba, 10/06/2002).
El retorno en el contexto de una crisis económica y política es sin duda excepcional.
Algunos han propuesto que en circunstancias ‘normales’ es posible identificar tres
tipos de migrantes retornados: (i) migrantes temporarios que planean retornar una
vez logrados sus objetivos; (ii) aquellos que planearon migrar permanentemente pero
se ven forzados a regresar por factores externos; y (iii) aquellos que planearon migrar
permanentemente pero deciden regresar porque no pudieron adaptarse al país de
destino (Gmelch, 1980:138).
La mayoría de migrantes en mi muestra claramente corresponde a la primera
categoría: planearon migrar temporalmente con el objetivo de ahorrar una cierta
cantidad de capital para invertir en el país de origen. A causa de la crisis, sin embargo,
su retorno no se definió en función de si habían logrado su objetivo, sino más bien
en términos de si tenían suficiente capital (financiero, social, humano) para sortear
la crisis y también por razones no económicas, como sugiere la cita líneas arriba. Si
bien la ‘ideología de retorno’ (Brettell, 1979) indudablemente fue un factor, incluso
entre los bolivianos con residencia prolongada en la Argentina, la información
presentada en el Cuadro 1 sugiere que la habilidad que tienen los migrantes para
sortear la crisis es proporcional a su nivel de éxito y movilidad social ascendente.
Entre los principales factores que influyeron en la decisión de los migrantes figuran
(i) ser propietarios de una casa, (ii) la nacionalidad de su pareja, (iii) la estabilidad
laboral y (iv) los ahorros. En el cuadro se puede observar que quienes aparecen en
ambos extremos de ‘éxito’ decidieron permanecer en Buenos Aires, a diferencia de
aquellos con un nivel moderado de éxito que regresaron a Bolivia. Pese al deterioro
general de la situación económica, los que tenían un trabajo estable e ingresos fijos
pudieron amortiguar el impacto de la crisis. Sin embargo, los menos exitosos también
decidieron quedarse, principalmente por la vergüenza que implica regresar ‘sin haber
logrado nada’. Aunque tanto los hombres como las mujeres recibieron la crítica de
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sus parientes por no haber ahorrado un capital mientras estaban fuera, la vergüenza
como razón para no volver tuvo mayor peso entre los hombres. Uno de ellos expresó:
“Como no había terminado la facultad, para terminar mi título, he dicho ‘voy a ir
a trabajar dos añitos’. Ahora también me quiero ir, me quiero ir, pero como no
hay plata” (Buenos Aires, 27/01/2003). Este factor, junto con las condiciones del
mercado laboral en España que ofrecían mayores oportunidades para las mujeres,
indican que es posible que el retorno de mujeres de la Argentina superara en número
al de los hombres (Cuadro 3). Sin embargo, es sólo una hipótesis ya que no existen
datos en un nivel macro que la sustenten y mi muestra es demasiado pequeña como
para ofrecer una respuesta definitiva sobre este aspecto de la dinámica de retorno.
Cuadro 1 Nivel de éxito y resultados
Nivel de éxito en el momento de la entrevista

Resultados

Sin éxito, del promedio
(endeudado, incapaz de
sobrellevar la situación,
sin ahorros) (%)

Promedio (algunos
ahorros, evidencia de
alguna inversión) (%)

Por encima del
promedio, exitoso
(con negocio
rentable, trabajo
estable, movilidad
social) (%)

Se quedaron (N =18)

38,9

22,2

38,9

Retornaron (N =18)

16,7

72,2

11,1

Fuente: Historias de vida seleccionadas obtenidas a través de entrevistas, Cochabamba en 2002 y
Buenos Aires en 2003.

Considerando el muestreo no aleatorio y el pequeño número de observaciones,
esta información se debe manejar con cautela. Sin embargo, el momento oportuno
en que se efectuó el trabajo de campo sí ofrece un escenario ideal para analizar el
comportamiento de los migrantes durante y después de una crisis, especialmente
respecto a sus decisiones de retorno. La gran diferencia observada en las características
de aquellos que se quedaron en la Argentina y aquellos que regresaron a Bolivia
sugiere un patrón. El nivel de éxito logrado en el país de destino puede por tanto
entenderse como importante en el proceso de decisión de retorno de los migrantes.
Esta representación también se asemeja en general al comportamiento migratorio
en el que las personas que están en mejor situación y las muy pobres y vulnerables
tienden a no migrar (Skeldon, 2003; Waddington y Sabates-Wheeler, 2003). Los más
predispuestos a moverse tienden a estar en el medio de los dos extremos, situación
que aquí se replica en condiciones de crisis severa. Los que tenían algunos ahorros
pero no estaban demasiado amarrados a Buenos Aires decidieron volver, al menos
temporalmente, a Bolivia. Muchos de los migrantes que regresaron luego de la crisis,
especialmente las mujeres, utilizaron casi inmediatamente sus ahorros para migrar a
España, que en ese momento experimentaba una economía floreciente y activamente
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reclutaba migrantes para cubrir puestos de trabajo en los sectores de la construcción,
agricultura y servicios personales. Que los bolivianos no necesitaran visa de visita
para entrar a España también facilitó su migración a ese país3.
España 2008
Junto con el Reino Unido e Irlanda, España fue uno de los primeros países en sentir
el impacto de la actual desaceleración económica. Los altos índices de crecimiento
económico en España fueron alimentados por el sector de la construcción y se
necesitaba migrantes para proporcionar la mano de obra en este y otros sectores clave
de la economía, como la agricultura y los servicios personales. España efectivamente
alentó la inmigración relajando sus normas de ciudadanía e implementando una serie
de amnistías. Sin embargo, con la actual recesión y los altos índices de desempleo, el
gobierno reformó sus políticas de migración.
Por medio de programas oficiales (contingente), España, como otros países
europeos, redujo la entrada permitida de migrantes de 15.731 en 2008 a 901 en
2009 (The Economist, 2009). También estableció un plan de retorno voluntario
para tratar de reducir su número en el país. En noviembre de 2008, un número de
ciudadanos no pertenecientes a la Unión Europea adquirieron derecho al reembolso
de una parte del total de sus prestaciones de paro, sujeto a que regresaran a su país
y prometieran no volver a España durante tres años (The Economist, 2009; Martin,
2009). Según el gobierno español, esta política no se implementó como una respuesta
de corto plazo al actual clima económico, sino como una medida complementaria al
programa de retorno que España ya tenía en marcha (Fernández de la Vega, 2008).
Sólo los migrantes regularizados con aportes al seguro social pueden acogerse al
plan. Su aceptación fue muy baja. De los 300.000 extranjeros desempleados con
documentos en España en noviembre de 2008, sólo 200 por semana se presentaron,
en parte porque los empleadores y los sindicatos se opusieron a la política de retorno
(Martin, 2009:679), pero también porque al presentarse los migrantes efectivamente
renunciaban a todo futuro retorno a España.
Las medidas que promueven la migración de retorno son preponderantes en
tiempos de recesión pero también son miopes y por general difíciles de revertir cuando
la economía se recupera nuevamente (OECD, 2009). Por otra parte, pueden estimular
actitudes xenofóbicas hacia los migrantes al dar a entender que no desempeñan una
función útil en los esfuerzos por superar la crisis. Sin embargo, España también
ha dado algunos pasos para mejorar la protección social de los migrantes durante
la recesión. Estos incluyen cambios al Reglamento de Extranjería para dar mayor
flexibilidad a los migrantes cuando cambien de trabajo y para que menos de ellos
caigan en la condición de indocumentados. Los migrantes ahora pueden cambiar de
sector, área geográfica y tipo de empleo durante el primer año de su residencia en
España, lo que antes no estaba permitido. También pueden renovar su permiso de
residencia, aunque estén desempleados, siempre que hayan efectuado aportes a la
3 Esta situación cambió cuando se introdujo el requerimiento de visa en abril de 2007.
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Seguridad Social al menos nueve meses por cada año de residencia en España. Los
que queden desempleados podrán renovar su permiso de residencia si su cónyuge
está empleado y puede mantenerlos. Esto representa una mejora frente a las políticas
anteriores bajo las cuales el cónyuge desempleado debía regresar al país de origen y
esperar a que el cónyuge empleado presentara una solicitud de reagrupación familiar
(Bárbulo, 2009).
El gobierno claramente ha hecho un esfuerzo para mejorar la protección de los
derechos de los migrantes y evitar que pasen a la clandestinidad y a la condición
de indocumentados. Sin embargo, la obligación de acatar la exigencia de la Unión
Europea de endurecer las políticas de migración y reducir las entradas significó que
el gobierno, junto con algo más de flexibilidad, también tuviera que implementar
políticas para desalentar incrementos en el número global de migrantes.
Consecuencias de la crisis en España
Hay pocas entradas recientes de Bolivia, situación que responde a la introducción
del requisito de visa para bolivianos en abril de 2007 y a los efectos de la crisis. Los
hombres de la muestra tienden a trabajar en el sector formal. Ninguno manifestó
que su salario disminuyera pero no hubo un aumento anual en 2009; por otra parte,
algunos tuvieron que atenerse a la baja temporal voluntaria. Esta particularmente
fue la situación de los que trabajaban en ingeniería civil o para empresas vinculadas
al sector de la construcción. Todos los entrevistados mencionaron que había habido
algunos despidos en las empresas donde trabajaban.
Las mujeres tienden a trabajar en sectores menos regulados del mercado laboral,
principalmente en el cuidado de ancianos o el trabajo doméstico. Para ellas, el
incremento salarial anual automático no forma parte de su contrato. Existen
diferencias importantes en las condiciones de trabajo, especialmente entre las
que tienen permisos de trabajo y las que están indocumentadas. Las trabajadoras
domésticas normalmente trabajan por hora. Las que cuidan a ancianos pueden
trabajar como ‘internas’ y reciben un sueldo mensual, más alojamiento y comida;
trabajan hasta 24 horas por día y tienen de medio día libre a dos por semana. Las
‘externas’, que trabajan sólo parte del día, reciben un sueldo mensual y normalmente
cumplen turnos de 12 horas. Una de las mujeres entrevistadas se desempeñaba como
trabajadora independiente en construcción y remodelación, pero fue la excepción4.
Todas señalaron que las condiciones de trabajo habían empeorado a raíz de la
crisis. Ya no podían negociar horarios de trabajo. Las que conservaron su trabajo
desde antes de la crisis en general pudieron mantener el mismo sueldo, pero las
que buscaban nuevos trabajos como domésticas recibían ofertas salariales más bajas,
a veces tan bajas como 3 euros por hora cuando la tarifa antes de la recesión era
de 8 a 9 euros5. La mayoría de las mujeres que buscaban trabajo indicaron que
4 Esta migrante en particular mencionó que todavía tenía bastante trabajo porque era más eficiente
que su competencia masculina.
5 El salario mínimo para trabajadoras domésticas es de 4,96 euros por hora (Gobierno de España,
2009).
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tenían mucho menos poder de negociación y que sus potenciales empleadores no
se mostraban abiertos a negociar horarios de trabajo y adoptaban una actitud de
‘tómalo o déjalo’. Esto supone que la mayor competencia hace que conseguir trabajo
y negociar las condiciones del mismo sea más difícil. Una organización para mujeres
migrantes entrevistada en Madrid señaló que varias mujeres bolivianas ofrecían sus
servicios de limpieza y de cuidado de personas por menos de la tarifa vigente. Al
verse frente a la competencia de otras trabajadoras, algunas ofrecían trabajar por 600
euros mensuales cuando el sueldo ofertado era de 700 euros mensuales6.
El retorno
El periodo durante el cual se desarrolló el trabajo de campo así como las
características de la crisis en España hace que sea difícil generalizar sobre las
decisiones de retorno de los migrantes. El trabajo de campo en Bolivia se efectuó
en 2008 mientras se estaba produciendo la crisis. Por otra parte, la crisis en España
tardó más en desarrollarse y no implicó un colapso y parálisis total como en Buenos
Aires en diciembre de 2001. Sin embargo, aún es posible aprender sobre el retorno,
especialmente si se lo combina con las entrevistas efectuadas en España durante el
verano de 2009.
De los 11 migrantes que regresaron de España, uno estaba visitando a su familia
cuando se lo entrevistó. Los demás dieron diversos motivos para explicar su retorno
(Cuadro 2).
En vez de que haya una clara representación de quienes lograron solamente un
éxito promedio entre los que regresaron a Bolivia, el cuadro indica que un mayor
número de ellos en gran medida fracasó. Por otra parte, los que regresaron de la
Argentina habían cumplido un ciclo migratorio y vuelto a Bolivia con la intención de
quedarse o migrar a España. Sin embargo, casi todos los que regresaron de España
se hubieran querido quedar más tiempo. Regresaron porque se les hizo difícil estar
separados de sus hijos o porque estaban enfermos. De hecho, el tema de los hijos es
importante ya que las seis mujeres con niños pequeños que regresaron de España
habían dejado a sus hijos en Bolivia. Una mujer joven migró soltera y sin hijos pero
su familia la hizo regresar a Bolivia cuando se quedó embarazada. De los que todavía
estaban en España en 2009, la mitad (10) tenía a sus hijos en España en tanto que
siete (tres hombres y cuatro mujeres) dejaron a sus hijos en Bolivia. Sólo cuatro
mujeres dieron a luz a uno de sus hijos en España y, de ellas, una tuvo que mandar a
su bebé de regreso a Bolivia porque no podía cuidarlo. La maternidad y la separación
de los hijos fue un factor significativo en la migración de retorno.

6 Entrevista con organización de mujeres migrantes, Madrid, 07/08/2009.
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Cuadro 2. Migrantes retornados de España: nivel de
éxito y motivo del retorno, Cochabamba, 2008
Sexo

Año en
que migró
a España

Años
en el
exterior

Meses
en el
exterior

Nivel de éxito con relación a
objetivo inicial

Motivo del retorno

F

2005

0

0

No tuvo éxito.
Deportada y debe $3.000 a su
familia política.

Deportada.

F

2006

0

6

Debajo del promedio*.
Cubrió su deuda; regresó con
$2.000.

Regresó porque extrañaba
a sus hijos. Su estadía fue
mucho más corta de lo que
inicialmente planeó.

M

2004

0

9

Debajo del promedio.
Introducido ilegalmente, no le
pagaron los primeros meses,
luego sí; regresó con $4.500.

Contratado por un plazo fijo.
Al vencer su contrato, pudo
haber continuado trabajando
ilegalmente pero no quiso
quedarse en España sin
permiso de trabajo.

F

2005

3

0

Debajo del promedio.
Tenía trabajo pero se quedó
embarazada y su familia la hizo
volver (era menor de edad).
Ahorró $6.000.

Regresó porque estaba en su
octavo mes de embarazo.

F

2005

N/A

N/A

¿Promedio?a Pudo ampliar su
casa e invertir en el negocio
familiar.

No dijo por qué regresó pero
había dejado a sus hijos con
su suegra y logró ahorrar un
capital.

F

2004

0

12

Promedio.
Regresó después de un año con
cerca de $12.000; construyó una
casa y compró un taxi para su
marido.

Se habría quedado más tiempo
pero extrañaba a sus hijos y
no se acostumbraba a vivir en
España.

F

2006

0

7

Promedio.
Ahorro $9.000.

Regresó
porque
problemas de salud.

F

2006

2

0

Por encima del promedio.
Ahorro $20.000.

Se habría quedado más tiempo
pero su madre ya no podía
cuidar a sus hijos.

F

2005

3

0

Por encima del promedio.
Tuvo buenos trabajos y buena
relación con sus empleadores;
regresó con ahorros que está
invirtiendo en su educación
universitaria.

Regresó para estar con su
madre y para estar ‘en su
propio país’. Ahora está
estudiando.

F

2005

3

0

Por encima del promedio.
Compró un terreno grande y
estaba construyendo una casa
grande cuando se la entrevistó.

Deportada la primera vez.
Después volvió a intentarlo y
pudo entrar. Regresó porque
tenía algunos ahorros y había
dejado a su hijo en Bolivia.

tenía

Fuente: Historias de vida seleccionadas obtenidas a través de entrevistas, Cochabamba, 2008.
*La mujer entrevistada no especificó cuánto logró ahorrar. La inversión en su casa y en
el negocio familiar sugiere un nivel promedio de éxito.

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Los datos recolectados en España también indican que, siempre que les fuera
posible, los migrantes optaban por quedarse y evitaban regresar a Bolivia, aún con
salarios más bajos o peores condiciones de trabajo. Gran parte de su reticencia está
asociada a la introducción del requisito de visa para bolivianos en abril de 2007,
que drásticamente limita sus posibilidades de un futuro retorno a España. Se puede
prever que quienes no han podido regularizar su estancia permanecerán en España
(ver también Hagan, 1994).
Sin embargo, incluso aquellos con permiso de trabajo se mostraron reacios a volver.
Una pareja que había estado en España desde 2003 inicialmente encontró trabajo en
el sector agrícola en Murcia y luego se trasladó a Andalucía. Allí, él trabaja como
conductor de camión y ella tiene trabajos temporarios como trabajadora doméstica.
Desde la crisis, los sueldos de ambos han disminuido y sus condiciones de trabajo
han empeorado. La empresa para la que él trabaja está estrechamente vinculada al
sector de la construcción y cuando se detuvieron las construcciones ocurrió lo mismo
con su oportunidad de trabajar horas extras. Como consecuencia, su sueldo mensual
se redujo de aproximadamente 2.000 euros a entre 1.000 y 1.400 euros. Ella solía
encontrar trabajo fácilmente pero desde la crisis le han ofrecido salarios tan bajos
como 3 euros por hora. También le resulta cada vez más difícil negociar horarios
con potenciales empleadores, lo que significa que con frecuencia está sin trabajo.
Al ver el cambio en el panorama laboral, ambos contemplaron regresar a Bolivia,
donde acaban de construir su casa. Sin embargo, la relativa imposibilidad de volver a
España en el futuro hizo que posterguen esa decisión. Como Hagan (1994) sugiere:
‘Incluso cuando están disponibles los vehículos legales para la radicación, los
procesos de decisión se mantienen fluidos y continúan siendo influenciados por
transformaciones tanto personales como de la comunidad. En última instancia,
las opciones de los migrantes se mantienen abiertas y flexibles hasta que se ven
forzados a tomar una decisión’ (p.94-95, traducción de la traductora).
La información proporcionada por una asociación bolivano-española con base
en Madrid muestra hasta qué punto el retorno está ligado al género. La asociación
generalmente brinda más servicios a mujeres que a hombres, lo que es indicativo
del mayor porcentaje de mujeres bolivianas en España. Sin embargo, el 61% de
las consultas relacionadas con el retorno voluntario proviene de hombres.7 Las
entrevistas cualitativas también indican que están regresando más hombres que
mujeres. El sector de la construcción prácticamente se ha paralizado y existen pocas
oportunidades alternativas para los hombres. También hay alguna indicación de que
los hombres migrantes están incursionando en sectores que dominan las mujeres,
como el cuidado de ancianos, a raíz de haber perdido su trabajo en el sector de la
construcción.8
7 Entrevista con representante de una asociación española-boliviana, Madrid, 10/08/2009.
8 Como se indica arriba.
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El retorno en tiempos de crisis: Argentina y España
La cuestión del retorno en tiempos de crisis es, por definición, excepcional.
Sin embargo, también es un proceso bastante común dada la frecuencia de crisis
mundiales y regionales. La Gran Depresión de la década de 1930, la crisis del petróleo
de la década de 1970 y la crisis asiática de la década de 1990 han desestabilizado
los flujos migratorios regionales y mundiales. En estos contextos, es importante que
comprendamos mejor el retorno. El presente artículo consideró la cuestión del retorno
en dos contextos diferentes: la crisis argentina de 2001 y la actual desaceleración
económica en España.
Las principales diferencias entre la migración de Bolivia a la Argentina y la de
Bolivia a España están relacionadas con las políticas de migración y la articulación
del propósito de migración (como muestra el Cuadro 3). La migración a la Argentina
supuso ciclos migratorios más completos (migración a la Argentina, estadía y retorno)
porque las políticas migratorias son más fluidas. La mayor facilidad para cruzar
la frontera permite a los migrantes regresar a Bolivia, aunque sea temporalmente,
evaluar si durante su estadía fuera del país lograron sus objetivos y considerar un
retorno futuro a la Argentina, con el que se constituye, en efecto, un ciclo enlazado de
migración que, no obstante, es nuevo. La migración a España no sólo es más costosa,
y por tanto implica mayores riesgos, sino que la introducción del requisito de visa en
abril de 2007 trunca a España como destino para los bolivianos en el futuro.
La anulación de futuras posibilidades de migración impone rigidez en las decisiones
de los migrantes, lo que significa que quienes hubieran regresado deciden quedarse.
Como vimos con la crisis argentina, el nivel de éxito fue un factor importante en las
decisiones de retorno de los migrantes. Los migrantes que habían logrado un nivel de
éxito promedio regresaron a Bolivia. Aquellos con niveles de éxito más bajos y más
altos decidieron no regresar. Los más exitosos habían invertido en casas y negocios
en la Argentina y por tanto pudieron sobrellevar la crisis y esperar mejores tiempos.
Los menos exitosos se mostraron reacios a volver sin haber logrado sus objetivos.
Respecto a España, aún es muy pronto para tener datos comparables pero la
información existente sugiere que quienes regresan por lo general toman la decisión
en función de responsabilidades personales, separación de los hijos o problemas de
salud. Las entrevistas efectuadas en España también confirman que los que pueden
tienden a quedarse por un tiempo más prolongado comparado al de la Argentina,
principalmente por la imposibilidad de regresar a España en un futuro cercano.

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Cuadro 3. El retorno en tiempos de crisis:
Argentina y España
País

Argentina

España

Fronteras

Porosas

Introdujo nuevo requisito de
visa en abril de 2007; entrada
sólo con contrato después de
esta fecha

Costo de migración (2007)

$100

Hasta $3.000

Ciclos migratorios

La mayoría de los ciclos
migratorios se completaron

Pocos ciclos completados

Objetivo de migración

Proyecto migratorio en función
de ‘ganar un sueldo más alto’

Proyecto
migratorio
en
función de ahorrar una suma
definida de dinero

Género

Migración
inicialmente
encabezada por los hombres; ¿el
retorno de mujeres fue mayor que
el de hombres?*

Migración
encabezada
por las mujeres; hay cierta
evidencia que sugiere que el
retorno de hombres es mayor
que el de mujeres

Fuente: Elaboración propia
*Esta es una hipótesis. Ver su discusión en el cuerpo del texto

Conclusión y recomendaciones sobre políticas
La evidencia presentada en este artículo ofrece argumentos sólidos que justifican
el diseño de un convenio que facilite la migración circular entre Bolivia y España.
Dicho convenio disminuiría los costos de migración y abriría la posibilidad del
reingreso a España en el futuro. Con esta posibilidad, una política más flexible
permitiría una circulación más fluida entre los dos países, semejante a la que hay
entre Bolivia y la Argentina. El análisis presentado en este artículo indica que si
los migrantes tuvieran la posibilidad de reingresar a España, muchos más de ellos
decidirían volver a Bolivia en vez de quedarse, como lo hacen ahora. Podrían invertir
sus ahorros, tal vez abrir negocios que, si florecieran, posiblemente disminuirían la
necesidad y deseo de futuras migraciones. La decisión de retorno es un proceso que
se ve influido por el contexto en el que se encuentran los migrantes y, por lo tanto,
rara vez depende de un sólo conjunto de políticas. Como algunos de los entrevistados
señalan, también están influidos por expectativas morales ligadas al género sobre
el cuidado y el apego a los hijos que han dejado atrás. Factores no económicos,
como extrañar a los hijos, indudablemente influyen en la decisión de retorno. Lo que
necesita subrayarse, sin embargo, es que la decisión de dejar a un hijo en el país de
origen es consecuencia misma de las políticas de migración y de las posibilidades
limitadas que tienen los migrantes de encontrar un trabajo seguro y bien pagado en
los países de destino.
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El trabajo de campo que se realizó con migrantes en proceso de sortear las
consecuencias de las dos crisis sugiere claramente que las actuales políticas, que
hacen más difícil que los migrantes puedan moverse entre países, fomentan una
mayor tendencia a quedarse en vez de ser per se un elemento disuasorio para la
migración. Los hallazgos de este artículo por tanto respaldan los argumentos a favor
de que las políticas de migración permitan mayor circulación de personas a través de
las fronteras, independientemente de su nivel de ‘competencias’ o los tipos de trabajo
que realizan.
Puede que dicha política incremente el número global de migrantes pero es muy
probable que dichos incrementos reflejen las oportunidades de trabajo en el sector
formal e informal de la economía. Es poco probable que aquellos países que no
experimenten una escasez en la demanda de mano de obra vean un incremento
importante en su población migrante. Si esta propuesta fuera aceptada, los gobiernos
de países que estuvieran experimentando un auge económico, con una demanda
probablemente mayor de trabajadores migrantes, sin duda tendrían que encontrar
nuevas formas de lidiar con una población transitoria más grande y a la vez asegurar
la protección de los derechos de los migrantes. Los acuerdos bilaterales y los
convenios, tanto regionales como mundiales, sin duda son un primer paso hacia el
logro de esto.

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Nacionalidad y ciudadanía en la nueva CPE: una
mirada desde la migración

Jaroslava Zápotocká de Ballón

El 7 de febrero de 2009 entró en vigencia la nueva Constitución Política de
Bolivia, acto que refundó al país bajo la denominación del Estado Plurinacional de
Bolivia. No se trata solamente del cambio de nombre y una versión reformada más
del texto constitucional con el cual Bolivia nació a la vida republicana independiente
en 1826. Por el contrario, existe un consenso generalizado en sentido de que con la
Constitución de 2009, se inicia un nuevo periodo político en la historia boliviana,
pues conlleva una reestructuración territorial y funcional del Estado a partir de una
concepción distinta: deja de lado el modelo del Estado nacional para adoptar el del
Estado plurinacional, con importantes repercusiones para la vida social, política,
institucional, económica, jurídica y cultural.
Uno de los aspectos habitualmente regulados en los textos constitucionales,
también en el boliviano actual, es el referido a la nacionalidad y la ciudadanía. Al
contrario de lo que habría que esperar en circunstancias del cambio de modelo del
Estado, la regulación de estos dos institutos no presenta diferencias sustanciales con
la Constitución hasta ese entonces vigente, por lo que fue calificada como “ejemplo
perfecto de la rutina estatal de crear conceptos sin contenido” (Viaña, 2010). La
crítica de este autor, como también de varios otros –por ejemplo Villaume
(2010)– está dirigida fundamentalmente a la insuficiencia de la concepción liberal o
“instrumental de la democracia” que refleja el texto de los artículos pertinentes frente
a la ciudadanía plurinacional, comunitaria y multicultural, que sería la coherente
con el tipo de Estado adoptado y los derechos reconocidos a la población. Dicho
de otro modo, la crítica está orientada principalmente hacia la dimensión que ambos
conceptos tienen para la vida interna del país y la participación de la población,
individual o colectiva, en ella.
Sin embargo, ambos conceptos se proyectan también externamente. Por un lado,
porque la nacionalidad, al establecer la pertenencia de una persona a un Estado,
determina implícitamente el status que esa persona tendrá para los demás Estados
de los que no es nacional. Este aspecto de la nacionalidad, relevante desde el punto
de vista del Derecho internacional, tiene una creciente importancia en el contexto
de la globalización y la migración, estrechamente ligada con ella. Por otra parte, la
ciudadanía también adquiere una nueva dimensión externa en ese mismo contexto,
en particular con relación al ejercicio de los derechos políticos de los ciudadanos que
residen fuera de las fronteras de su país.
A ninguna de las situaciones indicadas es ajeno el Estado Plurinacional de Bolivia.
Aunque no hay datos realmente ‘oficiales’ al respecto, se estima que aproximadamente
dos millones y medio de bolivianos (un 20 por ciento de la población) viven en el
exterior. Ello, sin duda convierte a Bolivia en un país en diáspora. ¿Cómo refleja esta
realidad la nueva Constitución al regular la nacionalidad y la ciudadanía?
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En este artículo se pretende echar una mirada a esa problemática. Para ello me
referiré, en una primera instancia, a ambos conceptos –nacionalidad y ciudadanía–
tratando de clarificar sus significados en dos momentos cruciales para la configuración
de su contenido: uno en el Estado nacional, otro en el Estado posnacional. En
segundo lugar me referiré brevemente a las versiones que se produjeron con relación
al tema durante el proceso constituyente, concretamente al texto aprobado en Oruro
en diciembre de 2007 y al texto modificado por el Congreso en octubre de 2008, que
es el texto aprobado por el referendo realizado en enero de 2009. En tercer lugar
realizaré la lectura y análisis de estas disposiciones constitucionales, llamando
atención sobre las principales novedades.
1. Nacionalidad y ciudadanía en el Estado-nación
La nacionalidad y la ciudadanía no son conceptos inequívocos. Por el contrario,
trabajan con ellos varias disciplinas científicas, principalmente sociología, ciencia
política y derecho, dotando a los significantes de distintos significados. Además,
ambos conceptos fueron sufriendo un cambio del contenido en distintos momentos
históricos: el preestatal (Antigüedad), el estatal moderno (Estado nacional) y
el posmoderno. Tal vez por esa razón existe una serie de posturas e intentos de
explicaciones no siempre coincidentes. Dejando de lado esas perspectivas, aquí
se enfocará el tema desde una mirada jurídica; a las otras se acudirá sólo para
contextualizar este tratamiento disciplinar.
En sentido jurídico clásico, forjado en la Modernidad, la nacionalidad y la
ciudadanía son instituciones referidas al vínculo jurídico y político que liga a una
persona física con un Estado. La nacionalidad es un atributo que permite reconocer a
esa persona como perteneciente a la población del Estado, mientras que la ciudadanía
es una condición en virtud de la cual esa persona participa en la vida política de su
país. Son instituciones complementarias, casi indisolubles, al extremo de confundirse
alguna vez, y en otra, concebírselas como género y especie respectivamente.
La población, cuyo status está determinado precisamente por la nacionalidad y
la ciudadanía, es uno de los tres elementos constitutivos del Estado; los otros dos
son el territorio acotado con precisión en cuanto a sus límites, y el poder público
soberano que se ejerce sobre ese territorio y esa población. Los tres componentes
están estrechamente relacionados. Así, desde el punto de vista del Derecho político,
no hay Estado sin territorio, pues es el espacio geográfico sobre el cual está asentada
la población. Tampoco hay Estado sin población o con población nómada; se requiere
una comunidad social de personas, hombres y mujeres, asentadas y conviviendo en
forma natural y más o menos permanente en ese espacio geográfico. La convivencia
natural permite la reproducción biológica de la población; la permanencia, aunque
fuese relativa, es el presupuesto de la vinculación de las personas físicas entre sí y
con el Estado. El poder público soberano, que se ejerce a través un sistema normativo
institucional, además de cuidar la convivencia pacífica interna asegura también la
existencia del Estado con relación a otros Estados, es decir su presencia internacional.
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Al constituirse los Estados modernos, lo hicieron sobre el presupuesto de que
su población es homogénea porque forma una nación, es decir una comunidad
cuyos miembros comparten unas características socioculturales particulares: raíces
históricas, valores, costumbres, tradiciones, idioma, mercados, religión, etc.; en fin,
un determinado estilo de vida que les hace ser y sentirse parte de esa comunidad.
Esta idea de la nación, que por su sentido se podría calificar como ‘nación cultural’,
es sobre la que se estructura el Estado nacional al convertirse en ‘nación política’.
Eso sucede cuando los miembros de esa comunidad cultural expresan la voluntad
de autodeterminación y autogobierno, legitimando así el surgimiento de una
organización político administrativa, con relación a la cual adquieren determinados
derechos y obligaciones. Al estar formado sobre esta base, el Estado moderno suele
ser caracterizado como Estado-nación o Estado nacional, aún cuando en una gran
cantidad de casos se trata de una ficción, ya sea porque la base social del Estado
está compuesta por varias naciones y minorías nacionales que en conjunto, bajo el
principio de autodeterminación, se organizan políticamente en un Estado unitario o
federal, ya sea porque algunas naciones no llegan a constituirse en Estado, ya sea
porque la nación es sólo un ideal en construcción.
Al referirse al Estado nacional, la teoría política suele enfatizar que éste no es un
hecho natural sino un proceso de construcción, algunas veces bastante conflictivo; las
naciones latinoamericanas pueden ser un buen ejemplo de ello. Kymlicka y Straehle
(2003) hablan de “nacionalización de los Estados” como proceso de aplicación de
deliberadas políticas de construcción nacional, es decir de promoción, difusión y
fortalecimiento de un sentido de la identidad nacional, valiéndose de estrategias
como la educación, la adopción de símbolos nacionales, leyes sobre idioma oficial,
etc. Forma parte de estas estrategias también la normativa sobre nacionalidad,
ciudadanía y naturalización.
Es recién en el momento en que la nación ‘se convierte’ en el Estado, cuando la
nacionalidad adquiere su significado jurídico. Ya no se trata de un vínculo natural
y espontáneo entre personas pertenecientes a una comunidad nacional pre-jurídica
–concepto sociológico de la nación– sino un vínculo que las liga con el Estado, una
entidad jurídica. La nacionalidad se convierte a partir de entonces en un tema de
decisión política conscientemente establecida, generalmente en la Constitución o en
la ley donde se define el modo de su atribución o concesión, así como sus alcances.
En el contexto de la existencia de Estados soberanos, son únicamente éstos los que
determinan a quiénes concederán la membrecía (quiénes serán sus nacionales), y a
quiénes no (extranjeros). Se trata de un tema privativo de derecho interno, aunque
con algunos límites que le fue imponiendo el Derecho internacional a través de los
principios adoptados en sucesivas reuniones del Instituto de Derecho Internacional y
posteriormente a través de varios convenios de derechos humanos (Trigueros, 1997).
Algunos de los principios que se fueron estableciendo desde los finales del siglo XIX
son los siguientes:
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- Atribución de la nacionalidad desde el nacimiento del individuo; trata de evitar
casos de apátridas.
- Nacionalidad única; busca evitar la doble nacionalidad y plurinacionalidad y con
ella relacionados problemas de conflicto entre legislaciones aplicables.
- Derecho a cambiar de nacionalidad; ratifica la libertad de la persona ante el
Estado que no puede obligarla a conservar la que tiene en contra de su voluntad.
- Derecho a la renuncia de la nacionalidad; pero la renuncia pura y simple de la
nacionalidad no es suficiente para perderla, debe venir acompañada de adquisición
de otra.
- La nacionalidad de origen no debe transmitirse indefinidamente en el extranjero.
- La nacionalidad adquirida puede ser revocada cuando concurran determinadas
circunstancias para ello.
- La nacionalidad perdida se puede recuperar.
- La pérdida de la nacionalidad no se debe utilizar como sanción.
La determinación de la nacionalidad se rige, en general, por dos sistemas: el
originario y el derivado. Cada uno de ellos admite, a su vez, dos modos principales
de atribuir o de adquirir la nacionalidad.
El sistema originario o nacionalidad de origen es el más extendido porque está
ligado al nacimiento de las personas. Se determina según el criterio de nacimiento en
el territorio del Estado, sea cual fuere la nacionalidad de los progenitores (ius soli),
o según el criterio de parentesco o nacionalidad de los padres (ius sanguinis). En la
mayoría de los ordenamientos se suelen combinar ambas formas, aunque hay ciertas
tendencias de privilegiar uno u otro sistema en consideración a aspectos históricos,
demográficos, políticos y económicos. Así, los países con alta emigración –que
en su momento fueron principalmente los países europeos– suelen optar por el
ius sanguinis, mientras que los países con alta inmigración –especialmente los del
continente americano– privilegian el ius soli.
El sistema derivado consiste en la concesión de la nacionalidad posterior al
nacimiento. Su primera forma, llamada naturalización, presupone la solicitud
voluntaria de la persona; está estrechamente ligada con la inmigración, pues el
solicitante, además de expresar su voluntad, debe cumplir con ciertas condiciones
como residencia en el territorio del Estado, pérdida de la nacionalidad original, etc. La
segunda forma consiste en concesión automática (ex lege) bajo ciertos presupuestos:
por ejemplo por matrimonio o por encontrarse un recién nacido en el territorio estatal
sin que se pueda establecer su filiación.
La atribución de la nacionalidad genera consecuencias jurídicas muy importantes a
nivel tanto interno como externo del Estado en cuestión; es a partir de ellas que se puede
apreciar la trascendencia de esta institución. A nivel interno, ser nacional importa
el derecho de residir en el territorio del Estado, salir del mismo y volver a ingresar.
Asimismo, es la base jurídica para el ejercicio de la ciudadanía, es decir ejercicio de
los derechos civiles, políticos y últimamente también sociales, generalmente bajo
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determinadas condiciones establecidas legalmente. En contrapartida, el nacional
debe cumplir con ciertas obligaciones con relación al Estado, principalmente de
lealtad, sujeción a las normas, deberes contributivos y militares. A nivel externo,
con relación a otros Estados, la nacionalidad conlleva el derecho de protección y
asistencia consular por una parte, y de reclamación diplomática por perjuicios
causados en situaciones de violación del Derecho internacional, por otra.
La clarificación conceptual en torno a la nacionalidad y la ciudadanía exige
aún retomar esta última para deslindarla de la primera. Así, en el Estado-nación
la ciudadanía se desprende de la nacionalidad, es su prolongación. Consiste en la
facultad del individuo de participar en la vida política del Estado, en su aptitud
legalmente reconocida de ejercer derechos políticos y participar en la gestión de
asuntos públicos. Entre los más importantes figura el derecho a elegir y ser elegido,
votar en referendos, acceder a cargos públicos, fundar y participar en partidos
políticos, presentar iniciativas legislativas, etc. Comprende también, al menos en
algunos Estados, una serie de derechos sociales de orden prestacional como el
derecho a la educación gratuita, derecho a la salud, a la afiliación en el sistema de
pensiones, apoyo en desempleo, etc.
Bajo la concepción tradicional, la nacionalidad y la ciudadanía están en estrecha
relación, pero son conceptos distintos. En efecto, todo ciudadano es nacional, pero
no todo nacional es ciudadano. La ciudadanía se adquiere con la mayoría de edad,
y esa edad fue variando con el tiempo. Además, la ciudadanía no siempre dependía
únicamente de ella. Tener una determinada instrucción o gozar de cierta renta, el ser
de sexo masculino u otros criterios semejantes constituían también condiciones para
gozar de derechos políticos. De otro lado, la nacionalidad puede perderse y cuando
ello sucede, también se pierde la ciudadanía. Pero no sucede inversamente pues, aún
cuando la ciudadanía puede quedar en suspenso en casos taxativamente establecidos
por ley, ello no afecta a la nacionalidad.
2. Crisis del Estado nacional y mutaciones de la nacionalidad y la ciudadanía
A finales del siglo XX el Estado-nación entró en crisis como consecuencia de
fuerzas externas e internas o, como dice Castells (1997), presiones de arriba y de
abajo. Las fuerzas externas, o de arriba, provienen –según este autor– de afuera
del Estado, concretamente de la globalización de la economía, de los medios de
comunicación y de las redes criminales. Estas fuerzas actúan en interrelación, lo que
potencia sus efectos disminuyendo el margen de acción de los Estados en el mercado,
en la integración social basada en la trasmisión del pensamiento nacional y en su
capacidad de hacer respetar el orden legal. Todo ello se traduce en la inoperancia
del Estado, pérdida de su legitimidad e importante afectación de la soberanía. Frente
a ello van adquiriendo una mayor importancia las instituciones supranacionales e
internacionales; se produce el reforzamiento y democratización de las existentes, así
como la creación de nuevas.
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Las fuerzas internas, o de abajo, tienen que ver con la identificación de la
sociedad o, más precisamente, su fragmentación identitaria. Cuestionan la idea de
homogeneidad supuestamente existente en la sociedad. Varias suelen ser las razones
de esa fragmentación social.
Kymlicka y Straehle (2003) llaman la atención sobre la existencia de minorías
nacionales, presentes en el seno de la mayoría de los países, si no en todos, pero que
fueron relegadas, e inclusive conscientemente debilitadas, durante la construcción
del Estado nacional. No obstante ello, estos grupos etnoculturales, “enfrentados al
nacionalismo estatal, …han resistido tradicionalmente la presión de asimilarse a la
nación mayoritaria y, en su lugar se han movilizado para formar su propia comunidad
autogobernada, ya sea como Estado independiente o como región autónoma dentro
del Estado al que pertenecen” (2003: 41).
Una segunda razón de la fragmentación social y creciente multiculturalismo
es la inmigración, principalmente de orden laboral, que se produce a los países
desarrollados y da origen a surgimiento de los colectivos de ‘extranjeros’, colectivos
‘diferentes’ de la mayoría, vulnerables e inclusive discriminados, más aún si es gente
‘sin papeles‘ que no goza de reconocimiento social ni jurídico. A esto se suma la
existencia de grupos sociales en situación de marginalidad por razones tan diversas
como la drogadicción, el maltrato, la desocupación estructural permanente, etc.,
lo que diversifica aún más la población que reclama políticas públicas capaces de
reducir las exclusiones (Borja, 2002).
Esta heterogeneización social de la población y la necesidad de satisfacción de sus
demandas exige que nuevos actores y nuevas unidades territoriales entren en escena:
las regiones, los municipios y los barrios por un lado, y los pueblos y nacionalidades
por otro, todos ellos como unidades subestatales, con algún grado de autonomía
y autogobierno, pero todos integrados en el Estado, por lo que de nacional, se
transforma en multi o plurinacional.
Todos estos cambios no significan el fin del Estado (ni aún del Estado-nación
que por inercia histórica seguirá existiendo) sino su transformación profunda y
“surgimiento de una forma superior y más flexible de Estado que engloba a las
anteriores [instituciones supranacionales, internacionales y subestatales], agilizando
sus componentes y los hace operativos en el nuevo mundo…” global-local, dice
Castells (1997). Denomina esta nueva forma política ‘Estado red’, pero existen
otras denominaciones para el mismo fenómeno: Ulrich Beck lo llama ‘Estado
transnacional’, Habermas ´posnacional’, Vallesín ´postsoberano´, Kymlicka
´multinacional’, Carbonell ‘plurinacional’.
Todos estos cambios a nivel del Estado tienen una incidencia directa en las
dos instituciones –la nacionalidad y la ciudadanía– que se analizan en la presente
ponencia. Una primera tendencia que se observa es que ambos conceptos, en su
contenido originario, se han vuelto obsoletos en el nuevo contexto. Así, Stephen
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Castles y Alastair Davidson (en Castles, 2003) plantean la necesidad de separar, en
la sociedad global, la Nación del Estado, y con ello la nacionalidad de la ciudadanía.
En ese mismo sentido Borja, examinando los alcances de la ciudadanía europea,
concluye categóricamente que “es posible separar la nacionalidad de ciudadanía”
(2002: 4).
Una segunda característica del nuevo estado de cosas es un avance, aún tímido,
en la extensión de la ciudadanía a los extranjeros, a partir del criterio de la residencia
o domicilio, completamente desvinculado del criterio de la nacionalidad. Con ello,
la ciudadanía empieza a ganarle terreno a la nacionalidad. La importancia relativa
de esta última empieza a declinar, aunque sin duda seguirá aún vigente en distintos
ámbitos.
Una otra característica del periodo es la apertura hacia la doble y múltiple
nacionalidad.
3. Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia y el tratamiento
de la nacionalidad/ciudadanía
El tema de la nacionalidad y la ciudadanía ha sido tratado durante el proceso
constituyente de manera parcialmente diferente en dos de sus momentos clave. El
primero corresponde al trabajo en el seno de la Asamblea Constituyente, aprobado
en diciembre de 2007 en Oruro (en adelante, texto de la Asamblea) y el segundo al
de revisión y consenso, cuyo texto fue aprobado en el Congreso Constituyente en
octubre de 2008, y ratificado por el referendo constitucional el 25 de enero de 2009
(texto del Congreso)1 .
El texto de la Asamblea no utiliza el concepto de nacionalidad, sino únicamente el
de ciudadanía y de derechos políticos. El proyecto en cuestión, en la Primera Parte,
Título V, bajo el nomen iuris Ciudadanía, contiene cuatro artículos que señalan lo
siguiente:
ARTÍCULO 142
I. La ciudadanía boliviana implica el reconocimiento de los derechos y los deberes
establecidos en la Constitución, y en el resto del ordenamiento jurídico.
II. La ciudadanía boliviana se adquiere por nacimiento o por naturalización.

1 Sobre las razones que dieron lugar a estas ‘etapas’ del proceso constituyente consultar, por ejemplo,
Cordero Carraffa, Carlos (2010). “Nueva Constitución, nuevo gobierno, nuevo Estado”; también
Richter Ascimani, Guillermo (2010). “Análisis crítico de la nueva Constitución Política del Estado”.
Ambos en: Miradas. Nuevo texto constitucional. La Paz: IDEA Internacional – Vicepresidencia del
Estado Plurinacional – UMSA, pp. 67 – 89 y 91 – 105 respectivamente.
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ARTÍCULO 143
Son ciudadanas bolivianas y ciudadanos bolivianos por nacimiento las personas
nacidas en el territorio boliviano, con excepción de las hijas y los hijos de personal
extranjero en misión diplomática; y las personas nacidas en el extranjero, de madre
boliviana o de padre boliviano.
ARTÍCULO 144
I. Podrán adquirir la ciudadanía boliviana por naturalización las ciudadanas
extranjeras y los ciudadanos extranjeros en situación legal, con más de seis años de
residencia ininterrumpida en el país bajo supervisión del Estado, que manifiesten
expresamente su voluntad de obtener la ciudadanía boliviana y cumplan con los
requisitos establecidos en la ley.
II. El tiempo de residencia se reducirá a tres años en el caso de ciudadanas
extranjeras y ciudadanos extranjeros que se encuentren en una de las situaciones
siguientes:
1. Que tengan cónyuge boliviana o boliviano, hijas bolivianas o hijos bolivianos
o padres sustitutos bolivianos. Las ciudadanas extranjeras o los ciudadanos
extranjeros que adquieran la ciudadanía por matrimonio con ciudadanas bolivianas
o ciudadanos bolivianos no la perderán en caso de viudez o divorcio.
2. Que presten el servicio militar en Bolivia a la edad requerida de acuerdo con
la ley.
3. Que, por su servicio al país, obtengan la ciudadanía boliviana concedida por la
Asamblea Legislativa Plurinacional.
III. El tiempo de residencia para la obtención de la ciudadanía podrá ser
modificado cuando existan, a título de reciprocidad, convenios con otros estados,
prioritariamente latinoamericanos.
ARTÍCULO 145
I. Las ciudadanas bolivianas y los ciudadanos bolivianos que contraigan
matrimonio con ciudadanas extranjeras o ciudadanos extranjeros no perderán su
ciudadanía de origen. La ciudadanía boliviana tampoco se perderá por adquirir
una ciudadanía extranjera.
II. Las ciudadanas extranjeras o los ciudadanos extranjeros que adquieran la
ciudadanía boliviana no serán obligados a renunciar a su ciudadanía de origen.
III. Las ciudadanas bolivianas y los ciudadanos bolivianos que tengan doble
ciudadanía no podrán postularse a cargos públicos electos, salvo renuncia previa
a su ciudadanía extranjera.
De otro lado, también en la Primera Parte, Título II, Capítulo Tercero, Sección II, bajo el
nomen iuris Derechos Políticos, el texto de la Asamblea establece las siguientes disposiciones:

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ARTÍCULO 26.
I. Todas las ciudadanas y ciudadanos tienen derecho a participar libremente en la
formación, ejercicio y control del poder político, directamente o por medio de sus
representantes, y de manera individual o colectiva. La participación será equitativa
y en igualdad de condiciones entre hombres y mujeres.
II. El derecho a la participación comprende:
1. La organización con fines de participación política, conforme a la Constitución
y la ley.
2. El sufragio, mediante voto igual, universal, directo individual, secreto y
obligatorio, escrutado públicamente. El sufragio se ejercerá a partir de los
dieciocho años cumplidos.
3. La fiscalización de los actos de la función pública.
4. La elección, designación y nominación directa de los representantes de las
naciones y pueblos indígena originario campesinos, de acuerdo con sus normas y
procedimientos propios.
5. Siendo residentes en el exterior a participar en elecciones de Presidente y
Vicepresidente y otros señalados por ley, de acuerdo a registro y empadronamiento
realizado por el Consejo Electoral.
ARTÍCULO 27.
I. Las bolivianas y los bolivianos residentes en el exterior tienen derecho a
participar en las elecciones a la Presidencia y Vicepresidencia del Estado, y
en las demás señaladas por la ley. El derecho se ejercerá a través del registro y
empadronamiento realizado por el Órgano Electoral.
II. Las extranjeras y los extranjeros residentes en Bolivia tienen derecho a
sufragar en las elecciones municipales, conforme a la ley, aplicando principios de
reciprocidad internacional.
ARTÍCULO 28.
El ejercicio de los derechos políticos se suspende en los siguientes casos, previa
sentencia ejecutoriada mientras la pena no haya sido cumplida:
1. Por tomar armas y prestar servicio en fuerzas armadas enemigas en tiempos de
guerra.
2. Por defraudación de recursos públicos.
3. Por traición a la patria
ARTÍCULO 29.
I. Se reconoce a las extranjeras y los extranjeros el derecho a pedir y recibir asilo
o refugio, por persecución política o ideológica, de conformidad a las leyes y los
tratados internacionales.
II. Toda persona a quien se haya otorgado en Bolivia asilo o refugio no será
expulsada o entregada a un país donde su vida, integridad, seguridad o libertad
peligren. El Estado atenderá de manera positiva, humanitaria y expedita las
solicitudes de reunificación familiar que fueran presentadas por padres o hijos
asilados o refugiados.
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En lo que se refiere al art. 142 y siguientes, hay quienes consideran que no se trata
de un reemplazo de nacionalidad por ciudadanía, sino de una verdadera confusión de
conceptos (por ejemplo Alarcón, 2008: 165; Salinas, 2008: 2).
Sin embargo, enfocando el tema desde el punto de vista de la reestructuración
del Estado que la Constitución está promoviendo, parece tratarse, mas bien, de
una solución ideada para hacer frente a la dificultad de manejar coherentemente
el concepto de nacionalidad en el contexto de reconocimiento de Bolivia como un
Estado Plurinacional, con 36 naciones y pueblos indígenas originarios campesinos
a quienes el texto constitucional –en el marco de la unidad del Estado– garantiza su
libre determinación. Ésta implica “el derecho a la autonomía, al autogobierno, a su
cultura, al reconocimiento de sus instituciones y la consolidación de sus entidades
territoriales, todo ello en los límites que establece la Constitución y las leyes” (CPE,
2009, art. 2). Aunque el texto de la Asamblea no maneja el concepto de nación
boliviana, lo que constituyó uno de los aspectos más criticados del proyecto, de su
lectura queda claro también que la pertenencia a las naciones y pueblos indígena
originario campesinos tiene carácter identitario cultural. Así se desprende de la
definición, según la cual “Es nación y pueblo indígena originario campesino toda
la colectividad humana que comparta identidad cultural, idioma, tradición histórica,
instituciones, territorialidad y cosmovisión, cuya existencia es anterior a la invasión
colonial española”. También se lo deduce de los derechos que se reconocen a estas
naciones y pueblos, siempre en el marco de la unidad del Estado, es decir, se les
atribuye el tratamiento de una colectividad subestatal. Por último, resulta asimismo
del derecho “a que la identidad cultural de cada uno de sus miembros, si así lo desea,
se inscriba junto a la ciudadanía boliviana en su cédula de identidad, pasaporte u
otros documentos de identificación con validez legal” (CPE, art. 30, II.3).
Según una otra hipótesis, el reemplazo de la nacionalidad por la ciudadanía
podría tener su explicación también en una nueva concepción de la ciudadanía como
status que hace al reconocimiento de la capacidad jurídica y al goce y ejercicio de los
derechos en general, no solamente de los derechos políticos. En esa dirección apunta
el parágrafo I del art. 142, al establecer que “la ciudadanía boliviana implica el
reconocimiento de los derechos y los deberes establecidos en la Constitución, y en el
resto del ordenamiento jurídico”. Bajo este entendimiento, Alarcón criticó la solución
constitucional propuesta, pues: “No es conveniente la limitación del reconocimiento
de los derechos, deberes y garantías únicamente a las bolivianas y bolivianos”, sino
que “toda persona, sin distinciones de ninguna naturaleza, debería tener reconocida
su aptitud para ser titular de estos derechos, deberes y garantías constitucionales…”
(2008: 167). A lo ya expresado se puede añadir que el parágrafo I del artículo 14
del proyecto de Constitución que se analiza, reconoce la “personalidad y capacidad

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jurídica” a “todo ser humano… sin distinción alguna”, lo que colisiona con el art.
142, I. en cuanto a su alcance.
También corresponde señalar que similar tratamiento del tema de la nacionalidad
y la ciudadanía, es decir la sustitución de un concepto por otro, apareció con
anterioridad en la Constitución Política de la República de Ecuador de 1998 (vigente
hasta 2008). Para evitar la confusión a la que esa sustitución se prestaba, en su primera
disposición transitoria la Constitución establecía: “Cuando las leyes o convenciones
internacionales vigentes se refieran a ‘nacionalidad’, se leerá ‘ciudadanía’, y cuando
las leyes se refieran a ‘derechos de ciudadanía’, se leerá ‘derechos políticos’. Ya
en aquel entonces, la solución por la vía de esa disposición transitoria fue criticada,
pues, como hacía notar el jurisconsulto ecuatoriano Gil Barragán Romero, los dos
conceptos no son equivalentes. Particularmente en los instrumentos internacionales
el concepto de nacionalidad tiene un significado preciso, no intercambiable por el de
ciudadanía, de modo que su utilización como sinónimo implicaba la modificación de
los tratados2; más aún, se trataba de una modificación del documento internacional por
el derecho interno (Diario Hoy, 31 de agosto de 1998). La Constitución ecuatoriana
de 2008, si bien mantiene el título referido a Ciudadanas y ciudadanos, reintroduce el
concepto de nacionalidad definiéndola como “vínculo político jurídico con el Estado,
independientemente de la pertenencia a una o más nacionalidades indígenas de raíces
ancestrales que co-existen en el Estado plurinacional.” Ello parece confirmar que el
reemplazo de los conceptos de nacionalidad y ciudadanía efectivamente tiene que
ver con las dificultades que genera la utilización en la Constitución del concepto
nación y nacionalidad en dos sentidos distintos, uno jurídico y otro antropológico.
En el caso de la Constitución Política de Bolivia, el texto constitucional aprobado
por la Asamblea y transcrito precedentemente, sufrió una modificación en el
Congreso donde se produjo el retorno a los conceptos de nación boliviana (art. 3) y
nacionalidad, en los artículos del 142 al 143. En estos últimos, el término ‘ciudadanía’
fue sustituido por el de ‘nacionalidad’, manteniéndose el sentido de las disposiciones
con excepción de algunos pequeños cambios sobre los que se llamará atención en el
sub-título siguiente. El texto del Congreso introduce además el artículo 144 referido
a la ciudadanía, que en parte repite y en parte complementa los artículos del 26 al 29
dedicados a los derechos políticos.
Para concluir el breve comentario general sobre el tratamiento del tema de la
nacionalidad y la ciudadanía, cabe mencionar que el nuevo texto constitucional, no
obstante de presentar un amplísimo catálogo –sin precedentes en nuestro país– de
derechos, deberes y garantías, no reconoce el derecho a la nacionalidad, a pesar
de que éste se encuentra consagrado en todos los instrumentos internacionales
2 Así, ejemplifica la confusión utilizando el art. 15 de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos que dice: “Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. 2. A nadie se privará
arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.” Esta disposición se
tendría que leer: “Toda persona tiene derecho a una ciudadanía 2. A nadie se privará arbitrariamente
de su ciudadanía ni del derecho a cambiar de ciudadanía.”
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de los derechos humanos3. Eso “es una grave omisión”, considera Rivera (2008:
44) citando la Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de
30 de mayo de 1999, en el caso Castillo Petruzzi y otros: “El derecho a tener una
nacionalidad significa dotar al individuo de un mínimo de amparo jurídico en las
relaciones internacionales, al establecer a través de su nacionalidad su vinculación
con un Estado determinado; y el de protegerlo contra la privación de su nacionalidad
en forma arbitraria, porque de ese modo, se le estaría privando de la totalidad de sus
derechos políticos y de aquellos derechos civiles que se sustentan en la nacionalidad
del individuo.”
4. Nacionalidad boliviana de origen
Desde la primera Constitución Política del Estado (CPE)4 aprobada en 1826,
Bolivia adopta el ius soli (derecho de suelo) y el ius sanguinis (derecho de sangre)
como criterios combinados de atribución de la nacionalidad por nacimiento.
En cuanto al ius soli, hay dos grandes periodos en su efectivización. El primero
va desde la Constitución de 1826 hasta la de 1945; durante el mismo el principio se
aplica a todos los nacidos en el territorio, incluidos los hijos de padres extranjeros,
aunque con relación a estos últimos, la CPE de 1859 exigía que se inscriban en el
registro nacional cuando lleguen a la edad de 21 años. El segundo periodo abarca
desde la Constitución de 1967 hasta la actual, del Estado Plurinacional de 2009, en el
cual se establece como excepción de la regla general el caso de los hijos de extranjeros
que se encuentren en el país al servicio de sus gobiernos. Hay una Constitución, la de
1947, que puede considerarse de transición, pues reconoce la nacionalidad boliviana
a todos los nacidos, facultando empero a los hijos de extranjeros al servicio de sus
gobiernos e hijos de extranjeros transeúntes optar por la nacionalidad boliviana o la
de sus padres al cumplir 18 años.
El ius sanguinis, igualmente vigente desde 1826 hasta la Constitución actual, se
atribuye a los hijos de padre o madre boliviana, nacidos fuera del territorio nacional;
se identifican tres periodos en cuanto al momento en que esa nacionalidad se hace
3 Declaración Universal de Derechos Humanos: “Art. 15. 1. Toda persona tiene derecho a una
nacionalidad. 2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar
de nacionalidad.” Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos: “Art. 24. 3. Todo niño tiene
derecho a adquirir una nacionalidad.” Declaración Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre: “Art. 19. Toda persona tiene derecho a la nacionalidad que legalmente le corresponda
y el de cambiarla, si así lo desea, por la de cualquier otro país que esté dispuesto a otorgársela.”
Convención Americana sobre Derechos Humanos: “Art. 20. 1. Toda persona tiene derecho a una
nacionalidad. 23. Toda persona tiene derecho a la nacionalidad del Estado en cuyo territorio nació
si no tiene derecho a otra. 3. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho de
cambiarla.”
4 Bolivia cuenta con una veintena de textos constitucionales previos a la Constitución del Estado
Plurinacional de 2009. Ellos corresponden a los años: 1826, 1831, 1834, 1839, 1843, 1851, 1861,
1868, 1871, 1878, 1880, 1921, 1938, 1945, 1947, 1961, 1967, 1994, 2004 y 2005. Para detalle y
características ver el trabajo de Carlos Böhrt Irahola, “Introducción al nuevo sistema constitucional
boliviano.” En: Miradas. Nuevo texto constitucional. La Paz, IDEA Internacional-Vicepresidencia
del Estado Plurinacional- UMSA, 2010.
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efectiva. Hasta la Constitución de 1938, la condición era domiciliarse en Bolivia;
a partir de la Constitución de 1945, hasta la de 2004, la nacionalidad también se
hacía efectiva domiciliándose en Bolivia o, alternativamente, inscribiéndose en los
consulados; en la Constitución del Estado Plurinacional no se exige condición alguna.
La aplicación del principio ius sanguinis amerita dos comentarios adicionales.
El primero se refiere al hecho de que la legislación constitucional boliviana de
la nacionalidad, en caso de hijos nacidos en el extranjero, nunca hizo diferencia
entre hijos del padre o de la madre. Esto no era común, y aún no lo es, en
muchos ordenamientos jurídicos (por ejemplo de los países árabes) que confieren
la nacionalidad sólo en caso de los hijos del padre, pero no así de la madre que
únicamente puede trasmitirla siendo soltera, o cuando el padre es desconocido o es
apátrida (Chinkin, 2003).
El segundo comentario tiene que ver con las condiciones para hacer efectiva
la nacionalidad de los nacidos en el extranjero. Estas condiciones, como fijar el
domicilio en el país de origen de los padres o realizar la inscripción en el consulado,
constituyen factores altamente restrictivos en la aplicación del ius sanguinis. Pueden
ocasionar que el nacido enfrente problemas de apátrida, es decir situación de persona
sin nacionalidad, en el lapso de tiempo en que no se haya cumplido con la condición
de residencia en el país del o los padres o no se haya efectivizado la inscripción.
Esta última situación se puede presentar en muchas circunstancias, no solamente
de conflictos bélicos o de regímenes dictatoriales que generan la huida o expulsión
de los nacionales del territorio de su país, sino también en casos de inaccesibilidad
material al registro porque el consulado no se halla en el país de residencia o, aún
encontrándose, el traslado al mismo se hace excesivamente oneroso. Hay también
motivos de orden subjetivo, como es el caso de migrantes que están en el país de
residencia en forma ilegal y temen que, al conocerse su situación, puedan sufrir las
consecuencias.
Precisamente bajo la presunción de apátrida, España estuvo reconociendo la
nacionalidad a los hijos de bolivianos nacidos en su suelo, aplicando el principio ius
soli. Ello en atención a la Convención de los Derechos del Niño, de 1989, que en
su art. 7 establece que desde su nacimiento el niño tendrá el derecho de adquirir una
nacionalidad5 y que los Estados Parte, velarán por la aplicación de tal derecho, “sobre
todo cuando el niño resultara de otro modo apátrida”. De este modo, aún cuando en
España la nacionalidad de origen se rige por el ius sanguinis, el Código Civil (art. 17
Nº 1, c) establece la excepción para “Los nacidos en España de padres extranjeros,
5 Este derecho está previsto también en la Declaración Universal de Derechos Humanos (art. 15)
y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, de 1966 (art. 24). Sin embargo, las
tres normas internacionales son muy generales e imprecisas pues no establecen a qué nacionalidad
tiene derecho la persona y/o niño: la del Estado de su nacimiento, la del Estado de su padre, o
de la madre o ambas. La Observación General 17, del Comité de Derechos Humanos establecido
para monitorear y vigilar el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
señala sin embargo, que los Estados están obligados a adoptar medidas apropiadas, tanto en el
plano nacional como en cooperación con otros Estados, para garantizar que todo niño adquiera una
nacionalidad en el momento de su nacimiento (Chinkin, 2003: 11).
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si ambos carecieren de nacionalidad o si la legislación de ninguno de ellos atribuya
al hijo una nacionalidad“.
Sin embargo, como consecuencia de la aprobación de la nueva Constitución de
Estado Plurinacional de Bolivia, España interpretó que ésta atribuye a los hijos de
padre o madre bolivianos la nacionalidad ex lege, automáticamente, sin necesidad
de ningún acto posterior al nacimiento, lo que no amerita seguir atribuyendo la
nacionalidad española con base en el ius soli. De este modo, los hijos de bolivianos,
tal como antes los de ecuatorianos, venezolanos y nicaragüenses, se vieron privados
de la posibilidad de contar con la nacionalidad española. (Ministerio de Justicia de
España, 2008).
Al producirse esta decisión española, los latinoamericanos afectados realizaron
presiones sobre sus gobiernos, considerando que las reformas constitucionales son
perjudiciales para ellos, pues sus hijos no pueden acceder a la nacionalidad del país
en el que han nacido. Las cancillerías de Ecuador como de Bolivia han realizado
negociaciones para viabilizar nuevamente el tratamiento que los hijos de sus
nacionales en España recibían con anterioridad. En Bolivia, el 22 de julio de 2009
se expidió el Decreto Supremo 216 con el objeto de “establecer el procedimiento
para formalizar la adquisición de la nacionalidad boliviana de los hijos nacidos
en el extranjero de madre o padre boliviano”. Según esta norma, la adquisición
de la nacionalidad en estos casos “se perfecciona una vez concluida la formalidad
de inscripción en los Libros de Registro de Nacimiento”, siendo “una atribución
facultativa” de los padres o tutores de los menores solicitar la inscripción y registro.
Más allá de lo discutible del caso y la solución que se acaba de comentar, la
reforma constitucional relativa a la adquisición de la nacionalidad por parentesco
sin condición alguna constituye un acto con el que el principio de ius sanguinis en
Bolivia se potencia, se le dota de una mayor fuerza de la que tenía en las constituciones
precedentes. Esto es lógico, si se tiene en cuenta el perfil demográfico de la
población boliviana, en el cual un porcentaje importante corresponde precisamente
a los migrantes.
5. Nacionalidad boliviana derivada o adquirida
El adquirir la nacionalidad boliviana a solicitud voluntaria de quienes son
originalmente extranjeros también está previsto en Bolivia desde la primera
Constitución. Sin embargo, el adquirirla no depende del solicitante sino del Estado
que la concede, en este caso el Estado Plurinacional de Bolivia, es un acto de su
soberanía.
Las distintas constituciones establecen varias hipótesis bajo las cuales la
naturalización procede, pero por regla general el requisito a cumplir es residir un
determinado número de años en el país y renunciar a la nacionalidad de origen.
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En el caso más típico se exigía –en distintos momentos históricos– entre dos a
tres años de residencia. A partir de la Constitución de 1961 y hasta la de 2004, el
tiempo exigido es de dos años, reduciéndose el tiempo de permanencia a un año en
tres casos específicos: cuando el extranjero (varón, pues la extranjera casada con
boliviano tenía tratamiento distinto) tenga cónyuge o hijos bolivianos; cuando se
dedique al trabajo agrícola o industrial en forma regular; y cuando ejerza funciones
educativas, científicas o técnicas.
A partir del mismo año 1961 está prevista también la naturalización sin la pérdida
de la nacionalidad de origen en caso de los españoles y latinoamericanos con cuyos
gobiernos el poder público boliviano ha suscrito tratados o convenios internacionales
de nacionalidad plural. Este es el caso del Convenio de Doble Nacionalidad suscrito
con España en 1961, modificado por el Protocolo Adicional en 2000.
Otra hipótesis para la concesión de la naturalización es que el extranjero, a la edad
requerida, haya prestado el servicio militar; también se aplica desde 1961, aunque
en las constituciones anteriores a esa se tenía previsto un motivo similar: haber
combatido al servicio de la República de Bolivia en guerra internacional (como la
que se libró con Paraguay) o haber luchado por la libertad e independencia.
Un último caso está referido a lo que se conoce como la naturalización por
privilegio. La concedía la Cámara de Senadores en reconocimiento a extranjeros
que prestaron al país servicios muy especiales, independientemente del sector o
actividad.
Un caso especial de naturalización lo constituye la relacionada con el matrimonio,
en particular tratándose de la mujer. Hay disposiciones al respecto a partir de la
Constitución de 1938, distinguiéndose la situación de las bolivianas y las extranjeras.
En caso de las mujeres bolivianas casadas con extranjeros, desde esa Constitución
hasta la de 1995 inclusive, se tenía previsto que no perderán su nacionalidad, estando
implícita la hipótesis de que casándose, adquirieron la nacionalidad del marido, pues
esa era la regla general en la época. Para el caso de mujeres extranjeras casadas con
bolivianos se tenía previsto que adquieren la nacionalidad del marido siempre que
residan en el país; a partir de 1961 se requería que, adicionalmente, manifiesten
su conformidad. A partir de 1945 se tenía previsto que no pierden la nacionalidad
boliviana adquirida ni en el caso de viudez o divorcio.
La principal observación con relación al tema tiene que ver con las premisas
patriarcales en el tratamiento de la nacionalidad de la mujer casada. En términos
universales se admitía, y en muchos ordenamientos aún admite, la idea de la
nacionalidad dependiente de la mujer o la unidad de nacionalidad de los cónyuges
(Chinkin, 2003). En Bolivia se puede ejemplificar este régimen en las constituciones
de 1938 y 1945, según las cuales el domiciliarse en el país era motivo suficiente para
que a la esposa se le adjudique la nacionalidad del marido; su consentimiento no se
requería.
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El tratamiento discriminatorio del que la mujer era objeto en esta materia fue
abordado en dos importantes convenios internacionales. El primero en 1933,
conocido como Convenio de Montevideo sobre la Nacionalidad de la Mujer,
donde se dispuso que no se hará distinción alguna, basada en el sexo, en materia de
nacionalidad, ni en la legislación ni en la práctica. Asimismo que ni el matrimonio ni
su disolución afectarán a la nacionalidad de los cónyuges o de sus hijos. La segunda
Convención sobre la Nacionalidad de la Mujer es de 1957 y establece la nacionalidad
independiente de la mujer casada.
En Bolivia se equipara el tratamiento de la nacionalidad de ambos esposos
recién con la reforma constitucional de 2004, aplicándose el que tenían las mujeres
también a los varones, tanto los bolivianos como los extranjeros. De ese modo, las
bolivianas y los bolivianos casados con extranjeros no pierden su nacionalidad; y los
extranjeros, hombres y mujeres, casados con bolivianas o bolivianos, adquieren la
nacionalidad boliviana siempre que residan en el país y expresen su conformidad. Y
tampoco pierden la nacionalidad, aún en los casos de viudez o de divorcio.
Volviendo a las previsiones relativas en forma general a la naturalización, en la
Constitución del Estado Plurinacional se las ha modificado sustancialmente, como lo
evidencia la lectura del art. 142.
ARTÍCULO 142
I. Podrán adquirir la nacionalidad boliviana por naturalización las extranjeras y los
extranjeros en situación legal, con más de tres años de residencia ininterrumpida
en el país bajo supervisión del Estado, que manifiesten expresamente su voluntad
de obtener la nacionalidad boliviana y cumplan con los requisitos establecidos en
la ley.
II. El tiempo de residencia se reducirá a dos años en el caso de extranjeras y
extranjeros que se encuentren en una de las situaciones siguientes:
1. Que tengan cónyuge boliviana o boliviano, hijas bolivianas o padres sustitutos
bolivianos. Las ciudadanas extranjeras o los ciudadanos extranjeros que adquieran
la ciudadanía por matrimonio con ciudadanas bolivianas o ciudadanos bolivianos
no la perderán en caso de viudez o divorcio.
2. Que presten el servicio militar en Bolivia a la edad requerida y de acuerdo con
la ley.
3. Que, por su servicio al país, obtengan la nacionalidad boliviana concedida por
la Asamblea Legislativa Plurinacional.
III. El tiempo de residencia para la obtención de la nacionalidad podrá ser
modificado cuando existan, a título de reciprocidad, convenios con otros estados,
prioritariamente latinoamericanos.

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El primer cambio que se visualiza es el aumento de exigencias que deben
cumplirse para solicitar la naturalización. Dejando de lado el requerimiento de la
manifestación expresa de la voluntad por ser consustancial a la institución de la
naturalización, cabe focalizar las modificaciones del tiempo, de las características de
la residencia previa a la solicitud, así como de los supuestos de concesión.
Desde hace casi 50 años atrás se exigía dos años de residencia en general, y un
año para casos especiales; actualmente son tres y dos años respectivamente, aunque
existe la posibilidad de modificación del tiempo de residencia, a título de reciprocidad,
en caso de existir convenios con otros Estados. Cabe aclarar, sin embargo, que el
tiempo de residencia que se comenta no es el fijado originalmente en el proyecto
elaborado por la Asamblea: según aquel se requerían seis años para la naturalización
común (art. 142.I) y tres años para la especial (142.II). La modificación fue realizada
en el Congreso.
La residencia previa que se exige debe ser legal, ininterrumpida y bajo la
supervisión del Estado. Por la legalidad de la residencia debe entenderse que ésta
haya sido autorizada por el Servicio Nacional de Migración bajo la modalidad
de permanencia temporal o indefinida (radicatoria). En cuanto a las restantes dos
condiciones, no tienen antecedentes explícitos en la normativa nacional de extranjería,
por lo que habrá que esperar la determinación de su contenido en la normativa
infraconstitucional. Sin embargo, es previsible que el carácter ‘ininterrumpido’ de
la residencia no sea el textual (‘sin interrupción alguna’), sino en su sentido más
laxo de la palabra: de residencia continuada pero con posibilidad de ausencias cortas
previstas por ley, similares a las que establece actualmente el DS 24423 de Régimen
Legal de Migración. Probable sea esta continuidad, la que deba ser supervisada por
el Estado.
El segundo cambio está referido a los supuestos en los que es posible conceder
la naturalización. Aquí, en primer lugar, fueron eliminadas dos hipótesis: la de
dedicación al trabajo agrícola o industrial, y la del ejercicio de funciones educativas,
científicas o técnicas. Se mantiene el caso del servicio militar, el de la concesión de
la nacionalidad por el servicio al país, reservada ahora para la Asamblea Legislativa
Plurinacional, y el de cónyuge, padre/madre de hijos bolivianos e hijos de padres
sustitutos6 bolivianos, exigiéndose en los tres supuestos la residencia previa de dos
años, salvo tiempo distinto por reciprocidad en virtud de convenio internacional
suscrito con otro Estado.
Con ese último caso queda eliminada la naturalización especial en caso de
matrimonio. Como se recordará, la reforma constitucional de 2004 preveía la
adquisición de la nacionalidad boliviana por parte de extranjeros, hombres y mujeres,
casados con los nacionales de Bolivia, siempre que residan en el país y expresen su
6 El término ‘padres sustitutos’ no figura en la normativa boliviana, consecuentemente no tiene un
sentido técnico jurídico propio; en lenguaje natural puede denotar un sinfín de situaciones que van
desde el padrinazgo hasta la adopción, muchas de las cuales no justifican el acceso a la nacionalidad.
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voluntad. No se requería que la residencia tenga una determinada duración previa.
Según la Constitución actual, en las tres situaciones que podrían ser caracterizadas
como situaciones de relación familiar calificada (de cónyuge, de padre o madre de
hijos bolivianos y de hijo de padres sustitutos bolivianos), el extranjero o la extranjera
debe residir en el país al menos dos años para poder nacionalizarse, manteniéndose
el requisito de expresión de la voluntad.
Las modificaciones que se acaban de introducir (exigencia de un tiempo mayor de
residencia en general y de la duración previa de la residencia en caso de matrimonio)
no son extrañas a otros ordenamientos jurídicos; pero no tienen tradición histórica
en Bolivia. Constituyen entonces un endurecimiento de las condiciones de acceso a
la nacionalidad que, según parece, no es casual. Uno de los ex asambleistas del MAS,
desde entonces ministro de Estado, declaró que ese precepto se adoptó para evitar
que los extranjeros hagan un “mal uso de la calidad de ciudadano boliviano”. Y se
justifica “porque hay muchos casos en el país en los que extranjeros que accedieron
a la ciudadanía boliviana no prestaron un real servicio al país, pues lo único que
hicieron fue servirse de él, extrayendo sus recursos naturales sin dejar nada para
Bolivia” (La Prensa 2008).
Innegablemente, debe haber algunos casos que se ajustan a lo señalado, pero el
argumento en sí, independientemente de su carga ideológica, no es convincente. La
actividad económica, en sus distintos rubros, tiene su propia regulación; y es ésta la
que resultó insuficiente o fue mal aplicada, o se prestó a la complicidad y al manejo
prebendal de las autoridades nacionales facilitando el enriquecimiento que se trata de
combatir con el endurecimiento de las condiciones de acceso a la nacionalidad. Pero
¿exigiendo un año más de residencia –o aún requiriendo seis años en vez de tres,
como se aprobó en la Asamblea Constituyente– permitirá que alguien se convierta
en un ‘buen boliviano’ cuando no existe programa alguno de integración de los
extranjeros? ¿O impedirá que los extranjeros nacionalizados no se enriquezcan, si
no se revisa la normativa de orden económico y no se transparenta su aplicación?
Por otra parte, ¿quiénes son los que inmigran a Bolivia? Para tratar de responder
esta pregunta, hay que partir del reconocimiento de que el nuestro no es un país de
inmigración aunque los distintos gobiernos, a lo largo de la historia nacional, tenían
esa pretensión (Domenech y Magliano, 2007). Por el contrario, Bolivia tiene el
perfil de un país expulsor de la población que migra por razones económicas. Los
que salen al exterior para trabajar son en su mayoría gente pobre, que en los países
de destino –Argentina, España o Brasil– ocupa nichos laborales que no interesan a la
población local. En esa condición son discriminados y frecuentemente explotados.
La mayoría de los migrantes pretende volver una vez que hayan logrado su objetivo,
y a veces lo hacen sin alcanzarlo si quiera. Pero, el vivir un tiempo prolongado
en el exterior aumenta la posibilidad de la constitución de familia con extranjeros
o extranjeras que, al término del evento migratorio, se domicilian en el país. El
cónyuge extranjero, en esa calidad pues por dos años no puede naturalizarse, se verá
restringido en el goce y ejercicio de determinados derechos (art. 14, VI), por ejemplo
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adquirir propiedades (art. 262.I, 396.II), acceder a funciones públicas (art., 234.I,
144.II.2), etc. Con ello la familia que haya constituido con boliviano o boliviana, y la
estabilidad económica y emocional de ésta, podrían verse comprometidas.
En síntesis, al proyectarse la previsión constitucional que endurece las condiciones
para la naturalización, no se tomó en cuenta a los y las migrantes bolivianos de
retorno, que hayan contraído matrimonio o hayan establecido relación conyugal
equivalente con extranjeros.
6. Pérdida de la nacionalidad
Hay tres etapas en la historia constitucional boliviana en lo que se refiere a la
pérdida de la nacionalidad, evidenciándose también en este caso una importante
transformación. La primera etapa admite la privación de este status jurídico por parte
del Estado, establecida en forma coincidente en las constituciones de 1938 y 1945
para dos situaciones concretas: “Por tomar armas o prestar servicios en ejército
enemigo en tiempos de guerra” y “Por prestar iguales servicios en ejército extranjero,
en tiempos de guerra civil o internacional, sin permiso de Gobierno.” Claramente, la
pérdida denota aquí la imposición de una sanción.
Después que en el Derecho internacional se haya consolidado el principio de
que la pérdida de la nacionalidad no debe ser utilizada punitivamente, a partir de la
Constitución de 1947 hasta la de 1995, un único motivo de pérdida que se configura
es el de adquirir nacionalidad extranjera; se establece al mismo tiempo la posibilidad
de recobrarla domiciliándose en Bolivia. En realidad se trata de una renuncia, un
acto voluntario, al que la normativa internacional reconoce derecho. En Bolivia, en
esta segunda etapa, hay dos excepciones de esta regla general. La primera referida al
régimen de la nacionalidad plural en virtud de convenios que existiesen o se firmaren
al respecto, régimen reconocido a partir de la Constitución de 1961; y la segunda
relativa a la mujer boliviana casada con extranjero, pues a partir de la Constitución
de 1938 se establece que no pierde por esa razón su nacionalidad.
Una tercera etapa se inicia con la Constitución de 2004 al implantar que: “La
nacionalidad boliviana no se pierde por adquirir nacionalidad extranjera.” En
la Constitución de 2009 se ratifica esa previsión, aunque en vez de ‘nacionalidad
extranjera’ habla de ‘ciudadanía extranjera’, lo que podría ser producto de descuido
al realizarse las modificaciones congresales al texto de la Asamblea donde el
concepto de ciudadanía se utilizó sistemáticamente en reemplazo de la nacionalidad.
Se mantiene asimismo la disposición según la cual los extranjeros, hombres y
mujeres, casados con bolivianos y bolivianos, no serán obligados a renunciar a su
nacionalidad de origen. Todas estas normas implican el reconocimiento tácito de la
doble nacionalidad en el ordenamiento boliviano.

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7. Doble nacionalidad y plurinacionalidad
La doble nacionalidad se refiere al status jurídico de aquellas personas que
ostentan simultáneamente dos nacionalidades (Carrascosa, 2008). Se habla de
plurinacionalidad o nacionalidad múltiple cuando los sujetos cuentan con más de
dos nacionalidades.
Estas situaciones eran consideradas no deseables en los Estados-nación y
consecuentemente, a tiempo de reconocerse el derecho a una nacionalidad, se
aplicaba una serie de mecanismos que eviten el fenómeno de la doble o múltiple
nacionalidad.
En la doctrina se suelen distinguir varias situaciones en las que se presenta la
nacionalidad múltiple. Trigueros (1997: 588-9), por ejemplo, distingue: a) la doble
nacionalidad de hecho; b) la doble nacionalidad tolerada; c) la plurinacionalidad
por sistema y d) la plurinacionalidad convencional. Esta clasificación tiene interés
particularmente desde el punto de vista de las soluciones que se puedan adoptar ante
algunos problemas que este fenómeno indudablemente genera.
En Bolivia, según la normativa constitucional vigente, se pueden presentar
los cuatro casos de la doble o múltiple nacionalidad. Así, la doble nacionalidad
de hecho se presenta al momento de nacimiento de un niño a quien tanto Bolivia
como el país en el que se produjo el nacimiento –es decir dos Estados distintos–,
en forma unilateral y simultánea le atribuyen la nacionalidad originaria: Bolivia
por la vía de ius sanguinis y el otro país –por ejemplo España– por la vía de ius
soli. Este nacimiento también pudo haber producido la trinacionalidad si sólo uno
de los progenitores era boliviano, mientras que otro tenía nacionalidad distinta a
la boliviana y a la española, pero que también atribuye la nacionalidad por la vía
del parentesco. Este tipo de nacionalidad múltiple puede considerarse accidental; es
resultado del conflicto de leyes de dos o más países.
Igualmente hay casos de doble o multinacionalidad por tolerancia, pues ésta se
presenta, según Trigueros, entre otros casos, “cuando no se requiere la renuncia
previa de la nacionalidad anterior para atribuir la propia”, que es precisamente el
caso de los extranjeros casados con bolivianos (hombres y mujeres – art. 143.II). Es
decir, este caso está relacionado con la naturalización que es un acto unilateral del
Estado que otorga la nacionalidad, sin que exista intervención del Estado de origen
de la persona.
Del mismo modo está presente en el ordenamiento boliviano la plurinacionalidad
por sistema, pues no se prevén las causas de pérdida de la nacionalidad; por
el contrario, se reconoce a los cónyuges bolivianos el derecho a conservar su
nacionalidad (art. 143.I) y se establece que la nacionalidad boliviana tampoco se
perderá por adquirir una ciudadanía extranjera (art.143.I in fine).
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Por último, la Constitución también prevé la doble nacionalidad convencional
–que es aquella que se produce a través de convenciones internacionales acordadas
por las autoridades de los dos Estados– cuando en el 142.III establece la posibilidad
de “convenios con otros estados, prioritariamente latinoamericanos”. Hasta ahora
se trata de un único caso, el Convenio de Doble Nacionalidad suscrito con España
el 12 de octubre de 1961 y ratificado por Ley de 28 de noviembre de 1962 y su
Protocolo Adicional de dieciocho de octubre de dos mil. Por supuesto, los convenios
de doble nacionalidad con otros países pueden suscribirse en el futuro.
El Convenio con España, tal como la mayoría de los doce suscritos por ese país
con los países latinoamericanos, responde a una concepción muy particular, hoy ya
superada, por lo que Carrascosa (2008: 157) los califica como “falsos” convenios de
doble nacionalidad. Hoy su relevancia práctica es escasa.
En lo más sobresaliente, el Convenio establece en su Artículo primero que: “Los
españoles y los bolivianos podrán adquirir la nacionalidad boliviana o española,
respectivamente, en las condiciones y en la forma prevista por la legislación en
vigor en cada una de las Altas Partes contratantes, sin perder por ello su anterior
nacionalidad.” Dicho en otras palabras, no existe un procedimiento corto y efectivo,
especial o privilegiado, para acceder a la nacionalidad del otro Estado. De ese modo el
boliviano que desee adquirir la nacionalidad española, debe seguir el procedimiento
normal, acreditando en España la residencia legal. Ello, por supuesto, no favorece a
los migrantes bolivianos que, en su mayoría, no la tienen.
Una segunda limitante del Convenio es que un sujeto en realidad no puede hacer
valer las dos nacionalidades de modo simultáneo. Obtenida la segunda, ésta se
convierte en nacionalidad dominante para efectos prácticos, quedando la original
en hibernación, es decir no efectiva. La nacionalidad latente puede ser activada
a partir del traslado del domicilio al país de dicha nacionalidad. Así se desprende
del Artículo tercero: “Los súbditos de ambas Partes contratantes, a que se hace
referencia, no podrán estar sometidos simultáneamente a las legislaciones de ambas,
en su condición de naturales de las mismas, sino sólo a las de aquélla en que tengan
su domicilio.” Esto vale para el otorgamiento de pasaporte, la protección diplomática
y el ejercicio de los derechos civiles y políticos; también rige para los derechos de
trabajo y de seguridad social, así como las obligaciones militares.
Es de hacer notar que éste es un caso sumamente particular de relacionar o,
más precisamente, desvincular la nacionalidad y la ciudadanía. Tradicionalmente
la ciudadanía es la prolongación de nacionalidad o, dicho de otro modo, no se es
ciudadano sin ser nacional. Después, la doble nacionalidad debe abrir posibilidades
para ejercer derechos –políticos entre otros– en los dos Estados. Sin embargo, los
convenios de referencia reconocen dos nacionalidades pero una sola ciudadanía,
es decir posibilidad de participar en la vida política sólo de uno de los dos países.
Esta concepción es tributaria del pensamiento sobre el carácter “patológico” de la
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doble nacionalidad, pues implica una suerte de “poligamia política” (Spiro, 2002) o
“lealtades rivales” (Bauböck, 2006) entre Estados que no solamente compiten entre
sí sino pueden tener hasta intereses contrapuestos.
Un resabio de aquella concepción “falsa” de la doble nacionalidad aparece aún
en algunas legislaciones como la obligación de renunciar a la segunda nacionalidad
para poder ocupar ciertos cargos. Una previsión similar se encontraba en el proyecto
de la Constitución boliviana aprobado por la Asamblea, cuando decía: “Las
ciudadanas bolivianas y los ciudadanos bolivianos que tengan doble ciudadanía no
podrán postularse a cargos públicos electos, salvo renuncia previa a su ciudadanía
extranjera.” Esta disposición fue eliminada durante la revisión y modificación del
texto en el Congreso, en octubre de 2008.
Se puede concluir este acápite, señalando que la apertura hacia la doble o múltiple
nacionalidad favorece a los migrantes bolivianos, pues facilita que sin ningún tipo de
temores ni represalias del que podrían ser objeto por parte del gobierno de turno en
su país de origen, puedan acceder a nacionalidad en el país de destino, con el disfrute
de los derechos con ello relacionados pues, como dice Arendt, la nacionalidad sigue
siendo “el derecho para tener derechos”.
8. Derechos políticos de los migrantes
Según ya se advirtió anteriormente, la nueva Constitución regula la ciudadanía
y los derechos políticos en los artículos 144 y 26 al 29. De éstos, solamente se
analizarán aquellas disposiciones que tienen relación directa con los migrantes, es
decir aquellos referidos al derecho al voto que la Constitución reconoce tanto a los
migrantes bolivianos en el exterior como a los extranjeros residentes en Bolivia.
Ambas disposiciones cuentan con antecedentes normativos, algunos bastante
antiguos. Así, el voto de los bolivianos en el exterior fue reconocido por primera
vez en el 1991, en la Ley Nº 1246, Código Electoral, que en su art. 97 establecía:
“Los ciudadanos bolivianos en ejercicio, residentes en el extranjero, podrán votar
para elegir a Presidente y Vicepresidente en las elecciones generales. Una ley
expresa regulará este derecho.” Sin embargo, no fue hasta 2009 que este derecho
fue reglamentado7, después de que lo haya recogido la Constitución de 2009 en su
art. 27.I: “Las bolivianas y los bolivianos residentes en el exterior tienen derecho
a participar en las elecciones a la Presidencia y Vicepresidencia del Estado, y
en las demás señaladas por la ley. El derecho se ejercerá a través del registro y
empadronamiento realizado por el Órgano Electoral.”

7 Para el análisis de los antecedentes políticos y sociales que condujeron hacia la aplicación de este
derecho y su materialización en las elecciones generales de 2009, ver el trabajo de Eduardo E.
Domenech y Alfonso Hinojosa (2009). “Emigración, Estado y sociedad en Bolivia: la reivindicación
del ‘voto en el exterior’’’. En: Roosta, Manigeh (coord.) Población y desarrollo. Bolivia y los
fenómenos de la migración internacional La Paz, CIDES-UMSA, 2009.
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La norma que hizo posible ese voto es la Ley Nº 4021 del 14 de abril de 2009, Ley
del Régimen Electoral Transitorio, que estableció el techo de 6% del padrón electoral
para la participación de los residentes en el exterior. Además, por razones de orden
técnico y logístico, la ley únicamente autorizó el empadronamiento de electores y
funcionamiento de mesas de sufragio en cuatro países (Argentina, Brasil, Estados
Unidos y España), fijando cupos de distribución.
A pesar del avance que significa el reconocimiento constitucional y concreción
legal del voto de los bolivianos en el exterior, queda aún mucho camino por recorrer.
En primer lugar, ampliar la participación a la totalidad de las bolivianas y bolivianos
que radican en el extranjero, pues el tratamiento actual es discriminatorio, no
garantiza la igualdad. En segundo lugar, ampliar el sufragio activo a otros cargos
electivos (diputados y senadores, gobernadores, magistrados del órgano judicial)
y otras situaciones como los referendos. Por último, queda pendiente el sufragio
pasivo, no solamente el derecho a elegir sino ser elegido. Ninguno es un desafío
menor, dadas las dificultades técnicas, económicas y hasta políticas, pero deben
constituir un horizonte respecto al cual hay que promover la discusión buscando
consensos y voluntades.
El voto de residentes en el exterior tiene su correlato en la regulación del voto de
los extranjeros/migrantes en las elecciones del país de acogida. Parecería que este
tema no sería necesario tocar en este ensayo, sin embargo, tiene una relación directa
con el voto de nacionales que radican en el extranjero, pues ambos –de un lado y de
otro– tienen que ver con el nuevo contenido de la ciudadanía.
El argumento es sencillo: los habitantes de cualquier país, sean nacionales o
extranjeros, están sujetos al mismo ordenamiento jurídico, a los mismos deberes;
en consecuencia, deberían también disfrutar de los mismos derechos, y entre éstos
los derechos políticos, pues sin ellos quedan excluidos de participar en decisiones
que les afectan. Pero eso únicamente es posible si se separa la ciudadanía de la
nacionalidad y se reconozca los derechos políticos sobre la base de otro criterio, el
criterio de residencia (Velasco, 2010: 597).
Hay unos primeros avances en el reconocimiento de los derechos de sufragio
activo en las elecciones locales, generalmente municipales. Así también está
previsto en Bolivia. Ya la Constitución del 2004 en su art, 220.II establecía: “En las
elecciones municipales votarán los ciudadanos extranjeros en las condiciones que
establezca la ley.” La Constitución de 2009 en su art. 27.II dispone: “Las extranjeras
y los extranjeros residentes en Bolivia tienen derecho a sufragar en las elecciones
municipales, conforme a la ley, aplicando principios de reciprocidad internacional. “
Es preciso hacer notar la exigencia de reciprocidad. Ésta se refiere al trato ajustado
a igualdad; en el Derecho internacional, a la sumisión al mismo trato que un Estado
o sus nacionales reciben de otro. Sin embargo, este principio es muy criticado en
aquellos ordenamientos donde lo establecen.
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En España, por ejemplo, se discute el tipo de reciprocidad que hay que exigir, si
una reciprocidad completa, en sentido de “una rigurosa identidad de las condiciones”
o una reciprocidad general, más laxa, en sentido de mero acceso al derecho de sufragio
(Presno, 2009: 201). Se discute también si es suficiente un reconocimiento formal
en la normativa del Estado o si se requiere además su aplicación real, lo que podría
no darse en caso de una vacatio legis o simplemente por falta de una reglamentación
adecuada, tal como sucedió por ejemplo con el voto de los bolivianos residentes en el
exterior que no se materializó por 18 años por falta de desarrollo normativo.
Surgen también cuestionamientos de cómo se tendría que proceder en caso de una
dictadura que no admite elecciones, o la capacidad del mismo Estado de generar los
acuerdos respectivos con todos los países en los cuales viven sus connacionales. Al
ser escasa esa posibilidad, el criterio de reciprocidad atenta contra el principio de
igualdad de los ciudadanos, pues se privará del ejercicio de voto a quienes residan en
los países con los cuales no se logró el acuerdo, por razones que fuesen.
Sin duda, estas observaciones son válidas también para Bolivia y su exigencia
de reciprocidad, pues con ella se restringe innecesariamente la posibilidad de sus
nacionales migrantes de ejercer los derechos políticos en los países de su residencia.
A modo de conclusión
El repaso de las disposiciones sobre la nacionalidad y la ciudadanía en la
Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia de 2009 nos aproxima a algunas
reflexiones finales, de orden necesariamente preliminar.
La primera, se refiere a la sospecha de que los conceptos de nacionalidad y
ciudadanía adquirieron un contenido distinto con el reconocimiento del carácter
plurinacional del Estado. En ese contexto, parecen no ser del todo aplicables las
comprensiones jurídicas construidas en torno a ambas instituciones a partir de una
visión del Estado nacional.
Esos entendimientos adjudican a la nacionalidad una función externa, delimitativa
del sustrato poblacional de un país y, consecuentemente, diferenciadora de ‘nosotros’
y ‘los otros’, ‘los nacionales’ y ‘los extranjeros’ en un mundo segmentado en Estadosnación; es decir, adjudican una función excluyente en un ámbito inter-nacional.
Mientras tanto, reconocen a la ciudadanía una vocación incluyente, en tanto, sobre
la base de postulados democráticos, “permite al mayor número posible de individuos
la máxima integración y participación en distintas esferas de comunicación social
jurídicamente reglada, especialmente aunque no exclusivamente en la política”
(Aláez, 2005: 34), aún sea sólo en términos formales.
La plurinacionalidad era posible, aunque no deseable, en el ámbito inter-nacional;
no era un fenómeno inexistente. Sin embargo, a partir de la nueva Constitución surge
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un fenómeno –quizá no desconocido, aunque sí ignorado– también denominado
plurinacionalidad, pero de alcance intra-nacional o, si se quiere, intra-estatal.
Paradójicamente (si lo vemos desde la perspectiva convencional, por supuesto), la
plurinacionalidad intra-estatal, de orden étnico cultural, asume el cumplimiento de la
función incluyente, es decir facilitadora de la participación, del ejercicio ciudadano
en su sentido amplio, marshalliano. Quiere decir que la nacionalidad se va solapando,
hasta confundiendo, con la ciudadanía.
Tal vez eso explica que la Constitución del 2009, en su versión de la Asamblea
prescinda del concepto de nacionalidad y sólo utilice el de ciudadanía, aunque en un
reemplazo poco feliz por mecanicista.
La recuperación del concepto de nacionalidad, en su sentido tradicional en el texto
aprobado en el Congreso y ratificado en el referendum, reintroduce la perspectiva
inter-nacional en el tema tanto de la nacionalidad como de la ciudadanía. No es que
esta perspectiva no haya estado presente en el texto de la Asamblea; sí lo estaba, pero
sin énfasis, casi como algo sin importancia. No obstante, esa perspectiva también es
necesaria, hasta imprescindible, pues los Estados-nación no sólo confrontan demandas
internas, sino que deben atender también las múltiples necesidades que genera la
migración transnacional. Y Bolivia es un país de migrantes, consecuentemente el
Estado no puede dejar de lidiar con problemas de nacionalidad de quienes nacieron
en el extranjero, doble nacionalidad, ejercicio del voto en el exterior, etc.
La combinación de ambas perspectivas sugiere que en Bolivia, hoy, no es posible
hablar de la nacionalidad y la ciudadanía en términos clásicos, pues se han convertido
en instituciones complejas, multidimensionales y plurifuncionales, en instituciones
intra-inter-nacionales. Construir su nueva conceptualización es un desafío por
abordar, pues ni sustituciones ni recuperaciones mecanicistas satisfacen.
Una segunda, es una impresión que se genera a partir de la única dimensión a la
que pudimos aproximarnos en este ensayo, la dimensión externa de la nacionalidad
y la ciudadanía, su dimensión inter-nacional. La sensación es que con el cambio del
modelo de Estado esta dimensión de las instituciones en examen no sufrió impacto tan
trascendental como su dimensión intra-nacional. Ello probablemente se deba a que las
decisiones de repercusión intra-nacional tienen mayor margen de autodeterminación
y soberanía, en consecuencia pueden ser más audaces, creativas y sustanciosas. No
sucede lo mismo con el ámbito inter-nacional donde, parafraseando a Faist y Gerdes
(2006), como si todo fuese “un proceso dependiente de la trayectoria”: con decisiones
tomadas y normas adoptadas con anterioridad, que prefijan en parte el desarrollo
subsiguiente de acontecimientos, a tiempo que disminuyen las opciones disponibles
en el futuro, estimulando así la continuidad. Esto también tiene su explicación,
pues en el ámbito inter-nacional la autodeterminación es difícil por la cantidad de
actores –Estados nacionales y organizaciones internacionales– que participan en la
especificación de esa trayectoria.
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Con esas reflexiones previas, cabe concluir que la Constitución del 2009 vigente,
esa del texto aprobado en el Congreso y ratificada en referendo:
-

Mantiene los criterios de ius soli y ius sanguinis para la adquisición de la
nacionalidad originaria, pero potencia el ius sanguinis al atribuir la nacionalidad
ex lege, sin necesidad de la residencia ni el registro consular del nacimiento;
este último se constituye en un acto meramente formal de reclamación y prueba
de una nacionalidad ya sustantivamente existente. El reforzamiento de este
criterio de trasmisión de la nacionalidad es coherente con el perfil migratorio del
país, permitiendo mantener vínculos con la población que, por una variedad de
factores, se vio obligada dejar el terruño.

-

Endurece las condiciones de naturalización común y especial, al aumentar las
exigencias relativas a la duración y características de la residencia previa en el
país. También elimina supuestos en los cuales esta forma de nacionalización
voluntaria tradicionalmente procedía y universalmente se suele exigir,
como es el de demostrar trabajo en bien del país, ya sea agrícola, industrial,
técnico, científico, educativo o de otra naturaleza lícita. Este cambio no tiene
una justificación clara. Pero, cualquier endurecimiento de los requisitos de
naturalización es contraproducente, pues al ser el ejercicio de los derechos –tanto
políticos como sociales, y aún algunos civiles– vinculado a la nacionalidad, con
hacer más difícil la naturalización, se priva por más tiempo y en más casos del
goce de esos derechos a los extranjeros que se identifican con la cultura y el
pueblo boliviano, expresando su deseo de vivir en el país.

-

También excluye de la naturalización privilegiada (basada en solo avecindamiento
y expresión de voluntad) los casos de matrimonio y otras relaciones conyugales
equivalentes con extranjeras y extranjeros, situación que frecuentemente podría
perjudicar a los migrantes que en los países de acogida constituyeron familias
mixtas, pero buscan retornar al país.

-

Reconoce implícitamente la nacionalidad doble, y eventualmente múltiple, al
establecer que la nacionalidad boliviana no se pierde por adquirir una extranjera;
ni requerir de quienes quieran adquirir la nacionalidad boliviana renuncien a
la suya original; y garantizar que la boliviana no se pierde en caso de viudez
o divorcio de quienes la adquirieron por matrimonio. Esto es importante, pues
recoge la tendencia que se caracteriza por una tolerancia creciente, en la mayoría
de los países, hacia la plurinacionalidad, lo que facilita el goce y ejercicio de
derechos de quienes, bolivianos incluidos, mantienen relaciones de residencia
con varios países.

-

Constitucionaliza el derecho a participar en las elecciones a la Presidencia y
Vicepresidencia, así como otras que señale la ley. Ese derecho se hizo efectivo
permitiendo que en 2009, en las elecciones generales de diciembre, sufrague un
número determinado de compatriotas en cuatro países. Se trata de un real
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avance en el ejercicio del derecho político más clásico de la democracia, pero
queda como desafío ampliar el sufragio activo a todos los bolivianos, ampliarlo a
otros cargos electivos nacionales, y eventualmente reconocer el sufragio pasivo
a quienes quieran postularse como candidatos.

-

Ratifica el reconocimiento del derecho al voto en las elecciones municipales a
los ciudadanos extranjeros, pero lo supedita al principio de reciprocidad que es
altamente problemático, pues exige la suscripción de acuerdos bilaterales que
no son fáciles de concertar. Queda entonces una probabilidad alta de que no
se celebren con todos los países donde residan los bolivianos, ni con todos los
países cuyos nacionales radiquen en Bolivia, lo que generará discriminación
entre quienes puedan votar y quienes no, por lo que esa condición debería
eliminarse en la futura reforma constitucional.

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La migración y la extranjería en el sistema jurídico
boliviano

Instituto de Estudios Internacionales (IDEI-Bolivia)*

1.

Antecedentes generales

El año 2010, por convocatoria del proyecto sobre migración transnacional del
Centro de Estudios Superiores Universitarios de la Universidad Mayor de San Simón
(CESU-UMSS) se solicita una consultoría para conocer, desde una perspectiva
jurídica, el alcance de conceptos como migración, ciudadanía y nacionalidad
en el contexto del sistema jurídico de la nueva Constitución Política del Estado;
en tal sentido, el Instituto de Estudios Internacionales de Bolivia (IDEI-Bolivia),
representado en esta consultoría por el Dr. Sergio Castro asume la responsabilidad y
presenta un documento de trabajo al CESU en el marco del proyecto sobre migración
antes mencionado. El trabajo que presentamos a continuación es una versión literal
de dicha consultoría realizada por el IDEI-Bolivia, redactada en este caso por Sergio
Castro, pero cuyas ideas centrales emergen del IDEI en su conjunto.
Las interrogantes que decidimos asumir en el desarrollo del trabajo son:



¿Las normas del ordenamiento jurídico boliviano establecen qué debe entenderse
por migración, nacionalidad y ciudanía? ¿Existe coherencia en la normativa
jurídica al señalar dichos conceptos?
¿Qué normas del ordenamiento jurídico boliviano regulan la situación de los
migrantes y sus familiares en Bolivia?
La regulación normativa existente ¿facilita el ejercicio de los derechos civiles de
los migrantes y los migrantes de retorno?
En el marco del nuevo Estado Autonómico Plurinacional ¿a qué nivel o niveles de
gobierno le corresponde legislar los aspectos relativos a los procesos migratorios
transnacionales? ¿Qué alternativas tienen los gobiernos departamentales para
desarrollar políticas públicas en su legislación?

Cada uno de los acápites posteriores, en el fondo, tendrá como “norte” o guía
de trabajo el intentar responder a estas interrogantes, partiendo del método jurídico
asumido por la consultoría: la teoría jurídica contemporánea, el normativizo y la
teoría de los sistemas jurídicos.

* Trabajo emergente de la consultoría denominada: Aspectos jurídicos de la migración transnacional
realizada por Sergio R. Castro en representación del IDEI-Bolivia y que contó con la colaboración de
Oscar Alba S., Luis Inarra Z. y Víctor Hugo Rodas V.
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2. Descripción del método y alcance de la investigación
La base fundamental de desarrollo de la consultoría será la perspectiva sistémica
del derecho, es decir, se partirá desde la concepción del derecho como unidad dinámica
y con determinadas reglas de funcionamiento interno; a partir de la definición del
funcionamiento y la estructura general del sistema jurídico boliviano y la concepción
de la migración como un campo especifico del sistema con reglas de funcionamiento
propia y con determinación intra y extra sistémicas propias.
A partir de ello, la concepción sobre migración en el sistema jurídico boliviano
debe tomar como base los siguientes elementos:
Primero, la predefinición de que la migración tiene que ver con los tres sectores
importantes del sistema jurídico boliviano, los cuales tienen dinámicas propias, y su
concepción pasa por ellas: la migración como parte del orden publico interno, el cual
tiene como base de trabajo fundamental a la soberanía y la autoridad administrativa
del Estado, donde los conceptos más importantes normativamente hablando son:
nacionalidad (filiación persona Estado), ciudadanía (derechos políticos) y extranjería
(el alcance de los derechos civiles y políticos de los extranjeros en Bolivia): la
migración como parte de un orden internacional, donde los derechos humanos y
los tribunales competentes para defenderlos dependen, de un modo u otro, de
normas internacionales y donde los migrantes y sus familiares gozan de protección
y amparo; y por último la migración como voluntad individual del migrante, donde
las reglas del derecho internacional privado a partir de materias específicas como el
derecho civil internacional, el derecho de familia internacional y el derecho procesal
internacional brindan un marco de regulación para las relaciones personales de los
migrantes.
Segundo, debemos estar conscientes que el desarrollo del sistema jurídico
boliviano no puede carecer de un elemento transversal en su contenido, es decir,
el concepto de pluralismo jurídico, que tiene un elemento normativo de trabajo
fundamental: la distribución de competencias entre niveles de gobierno que hace de
los departamentos, municipios y comunidades indígenas sujetos importantes en el
desarrollo del campo normativo que regula a los migrantes en Bolivia. Entonces, la
determinación del alcance de las normas en relación a las autonomías, y además, la
determinación del alcance de las competencias de las autonomías para la regulación
de la migración es fundamental y para un manejo eficiente de las competencias
privativas, exclusivas, compartidas y concurrentes establecidas en la Constitución.
Partiremos entonces del concepto de derecho de la teoría jurídica contemporánea,
el derecho es un sistema de normas; tenemos que observar entonces las características
propias de los sistemas y ver su pertinencia en el derecho: “sistema

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autónomo (independiente)1 de normas jurídicas2 dotado de una cierta permanencia3
y constituido por elementos interrelacionados que forman subsistemas estructurales
y funcionales, que se transforma dentro de ciertos límites de estabilidad gracias
a regulaciones internas que le permiten adaptarse a las variaciones de su entorno
específico”4. Bajo esta lógica, el sistema jurídico se constituye como una entidad
autónoma (utilizando el lenguaje de la teoría política: soberana) de otras entidades
de diversa índole y que además tiene forma propia de organización, lo que, en
conclusión nos lleva a corregir nuestro léxico habitual, cuando hablamos de derecho,
lo hacemos en realidad refiriéndonos a una pluralidad de entidades autónomas que
se relacionan entre sí a partir de su organización interna (los derechos de cada uno
de los Estados).
Cada ordenamiento jurídico se organiza de dos modos5: uno estático, teniendo
como principios rectores la validez, el alcance y la eficacia; y una forma dinámica,
cuyos principios son la coherencia y la completitud, este sistema tiene una forma
jerárquica de organización, que en una primera etapa de la teoría jurídica se pensaba
básicamente lineal (piramidal6), pero en debates posteriores se demuestra que puede
adoptar diferentes formas7, pudiendo reconocer inclusive subsistemas jurídicos, a
lo que Charles François denomina subsistemas estructurales y funcionales8. Estos
pueden entenderse, en Estados federales como los derechos estaduales y en el caso
boliviano como derecho autonómico; asimismo, cuando Charles François se refiere
a los límites de estabilidad en función a regulaciones internas para adaptarse al
entorno, podríamos entender que el sistema puede texturizarse en el sentido de Hart9,
y para ello utilizaremos la perspectiva de Bourdieu sobre los sistemas jurídicos y
pensaremos que, al margen de la estática y la dinámica jurídica, se yuxtapone a
1 En lenguaje de la teoría de los sistemas, autónomo; pero si utilizamos lenguaje de filosofía política
tendremos que utilizar términos como: independiente o soberano.
2 En el sentido kelseniano, comprendiendo normas independientes y dependientes, ver. Alchourrón y
Bulygin, 1987.
3 Cierta permanencia puede entenderse de diversos modos, desde el punto de vista de la teoría del
derecho, preliminarmente podría entenderse como: dinámica jurídica (Kelsen), regla de cambio
(Hart), teoría de las fuentes sociales del derecho (Raz), Relación del sistema con el entorno político
(Luhmann), incorporación al sistema de principios jurídicos emergentes de la moral (Dworkin) o
relaciones de los campos del derecho (Bourdieu).
4 Charles François citado por Ernesto Grün en Panóptica, año 1, n. 7, mar. – abr. 2007.
5 Ver. Kelsen, Teoría Pura del Derecho.
6 De ahí el problema de porque le llamaban pirámide, desde la confusión provocada por el alumno
de Kelsen, Merkl, cuestión que se arrastra en el estudio del derecho hasta ahora (Ost y Cherkove:
2001).
7 Ost y Cherkove (2001) proponen por ejemplo las jerarquías enmarañadas y los rizos extraños.
8 Pluralidad de subsistemas jurídicos no es lo mismo que pluralidad de fuentes del derecho; en Bobbio
podemos encontrar la definición que todos los ordenamientos jurídicos son complejos debido a la
pluralidad de fuentes que comprenden, pero más allá de Bobbio, no por reconocer muchas fuentes
del derecho estamos reconociendo una pluralidad de subsistemas jurídicos o el reconocimiento de
diferentes formas de ver el derecho dentro un ordenamiento jurídico.
9 Ver. El concepto de derecho, existe una textura lisa y una rugosa, la lisa implica que dentro de esa
área del derecho todos los elementos ya se encuentran regulados, pero en la rugosa no, existen
“lagunas jurídicas”, donde el juez se basa en algunos elementos extra sistémicos para resolver el
caso, convirtiendo a estos elementos como parte del sistema.
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este derecho una construcción de campos10, los cuales tienen elementos considerados
por los propios campos como neutrales (idealis), dinámicas propias de acción
(habitus), actores con intereses específicos y tensiones entre dichos campos11. Cabe
añadir también que cada sistema cuenta con determinadas reglas “secundarias”
(Hart) que dinamizan el sistema jurídico: reconocimiento, cambio y adjudicación.
El fundamento de validez del ordenamiento y el sistema jurídico boliviano es
la constitución12, por ende, bajo el principio de validez todas las normas deberán
fundarse en un forma jerárquica donde el centro sea siempre la constitución; la
constitución se constituye entonces en la fuente del derecho, es decir, la constitución
deberá decir qué es derecho y por tanto, el resto de las normas tendrán carácter
moral o ético pero no jurídico (por ello sin carácter coactivo). El principio de validez
entonces jerarquiza las normas del sistema en una relación recíproca, las normas
superiores ordenan a las inferiores y las inferiores desarrollan lo ordenado por las
superiores, determinando así la relación de pertenencia de las normas al sistema.
Este principio de la estática jurídica puede comprender a diversas instituciones con
la capacidad para reconocer este derecho como parte del sistema, tradicionalmente
es el Parlamento Nacional quien lo hace, pero también la constitución le puede dar
dicha facultad -con determinados límites- a otras instituciones, inclusive a los jueces
para que desarrollen jurisprudencia llenando lagunas jurídicas, a esta facultad se la
denomina regla de reconocimiento, norma que principalmente se encuentra en la
constitución pero no necesariamente, por eso también se denomina a la constitución
como la fuente de las fuentes del derecho. La regla de reconocimiento también le
otorga eficacia a las normas del sistema, es decir, una regla que a pesar de estar en
el sistema no se aplica, no es eficaz y no debe considerarse derecho; por medio de la
regla de reconocimiento las normas no solo son consideradas validas sino también
eficaces.
Entonces, la disposición hecha por una norma, no solo es una disposición aislada,
es una concepción de todo el derecho; por ende, las disposiciones establecidas por
el sistema pueden interpretarse en función a su interrelación horizontal o vertical,
perteneciendo no a determinadas normas, sino a todo el sistema; de este modo,
habiendo normas conceptuales en el sistema jurídico13, los conceptos que implican
son conceptos sistémicos; entonces, la nacionalidad, la ciudadanía y la migración
tienen conceptos sistémicos en el derecho boliviano.
3. El concepto sistémico de nacionalidad
Podríamos entender, desde el punto de vista sistémico, que el concepto normativo
de nacionalidad es: Derecho Humano que establece un vínculo jurídico entre el
individuo o las comunidades (naciones y pueblos indígena originario campesinos y
10 La referencia a los campos de Bourdieu, más allá del contenido de su teoría, se refiere fundamentalmente
a su metodología sistémica, la cual se matiza con una perspectiva jurídica en el contenido.
11 Ver. Bourdieu Pierre 2000.
12 En la misma jerarquía se encuentran los instrumentos internacionales sobre derechos humanos, art.
410 I. de la CPE.
13 Ver. Cita 2, en este sentido, las normas conceptuales son normas no independientes.
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comunidades interculturales) y el Estado, mediante el cual las personas pueden ejercer
plenamente sus derechos civiles y políticos; asimismo, es también una prerrogativa
de las personas ante el Estado, por ende, está obligado a reconocer esta filiación, pero
lo hará en función al orden público interno (regulación). La nacionalidad de origen
(iussoli y iussanguini) puede configurarse como nacionalidad absoluta, entendida así
desde el derecho interno y el derecho internacional; la nacionalidad encuentra una
forma relativa con la naturalización, donde el ejercicio de los derechos civiles es
pleno, pero los derechos políticos se limitan.
Este concepto emerge de la relación normativa expresada en las normas, según
su jerarquía, referidas a la nacionalidad en el plano internacional e interno, según lo
expresa en siguiente cuadro.
Gráfico Nº 1 Configuración del concepto de Nacionalidad
en los distintos niveles normativos del ordenamiento
jurídico boliviano

Fuente: Elaboración Propia
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4. El concepto sistémico de ciudadanía
El concepto sistémico de ciudadanía puede entenderse como: derecho humano
que permite a su titular (ciudadano o comunidad), el ejercicio de Derechos Políticos,
garantizando su participación en los procesos de toma de decisiones del Estado,
comprende los derechos de organización con fines políticos, de sufragio y de
fiscalización de actos públicos mediante procedimientos reglados. Cuyo sentido
sistémico-normativo emerge de la siguiente relación.
Gráfico Nº 2 Configuración del concepto de ciudadanía
en los distintos niveles normativos del ordenamiento
jurídico boliviano

Fuente: Elaboración Propia.
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5. El concepto sistémico migración y extranjería
El concepto de migración, en el sistema jurídico boliviano es más genérico que los
conceptos predecesores, puede entenderse como: el movimiento de ingreso, salida
y traslado de personas que no sean nacionales o residentes permanentes del Estado
en que se encuentren. Este concepto emerge de la siguiente relación sistémiconormativa.
Gráfico Nº 3 Configuración del concepto de migración
en el ordenamiento jurídico boliviano

Fuente: Elaboración Propia

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6. El rol de los niveles autonómicos en la regulación de los proceso migratorios
La Constitución en su artículo 272 manifiesta que “la autonomía implica… el
ejercicio de las facultades legislativa, reglamentaria, fiscalizadora y ejecutiva, por
sus órganos del gobierno autónomo en el ámbito de su jurisdicción y competencias
y atribuciones” como de la misma forma lo hace la Ley Marco de Autonomías
y Descentralización (en su artículo 6. I. 9) al conceptualizar la autonomía. Estas
facultades se desarrollan de manera distinta respecto a su ejercicio por parte de
las entidades autónomas y nivel central en la distribución competencial que la
constitución prevé (art. 297); ya que, la competencia sobre las cuestiones migratorias
constituye función privativa del nivel central de gobierno, será necesario analizar qué
otras competencias pueden ser utilizadas en favor de los derechos de los migrantes
en el entendido que los derechos humanos, entre ellos los de los migrantes, poseen el
carácter de indivisibilidad, por tanto, están interconectados unos con otros, donde el
Estado tiene la obligación de garantizar su ejercicio.
Entonces, es necesario revisar las competencias (exclusivas, concurrentes y
compartidas) a ser ejercidas por el nivel central y las entidades territoriales autónomas,
referidas a desarrollar políticas y acciones dirigidas a proteger y garantizar derechos
conexos a los derechos de los migrantes con el objeto de asegurar a aquellos
bolivianos en el extranjero y a los que se encuentran en situación de retorno su
estabilidad y ejercicio de sus derechos reconocidos.
El nivel central del Estado asume las competencias exclusivas (art. 298. II) de
políticas y regímenes laborales (núm. 31), políticas generales de desarrollo productivo
(núm. 32), políticas de vivienda (núm. 36) y de turismo (núm. 37), las que pueden ser
ejercidas por las entidades territoriales autónomas siempre y cuando las facultades
reglamentaria y ejecutiva sean transferidas por el nivel central.
Dentro de las competencias exclusivas de las entidades autónomas departamentales,
estas pueden ser ejercidas por medio del Estatuto Autonómico y la legislación de
desarrollo autonómica, pudiendo tomarse en cuenta en favor de los migrantes las
competencias comprendidas en el artículo 300. I, como la promoción de empleo y
mejora de las condiciones laborales, en el marco de las políticas nacionales (núm.
4); proyectos de infraestructura departamental para el apoyo a la producción (núm.
21); promoción y desarrollo de proyectos y políticas para niñez y adolescencia,
mujer, adulto mayor y personas con discapacidad (núm. 30); comercio, industria y
servicios para el desarrollo y la competitividad en el ámbito departamental (núm. 24);
elaboración y ejecución de planes de desarrollo económico y social departamental
(núm. 32) y la promoción de la inversión privada en el departamento en el marco de
las políticas económicas nacionales (núm. 34)
Las competencias exclusivas de las ETA departamentales son ejercidas mediante
el uso de las facultades legislativa, reglamentaria y ejecutiva pudiendo transferir las
dos últimas a otras entidades autónomas o al nivel central de gobierno, a su vez, los
Estatutos pueden definir como concurrentes algunas de sus competencias exclusivas,
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con otras entidades territoriales del departamento (art. 300. II) y también ejercer las
competencias delegadas y transferidas por otros niveles.
Las competencias compartidas entre el nivel central del Estado y las ETA`s
están sujetas a la promulgación de leyes básicas nacionales donde la legislación de
desarrollo corresponde a las ETA`s, así como el ejercicio de su reglamentación y
ejecución; siendo que para el caso de la garantía del ejercicio de los derechos de los
migrantes la única competencia compartida con la que se puede desarrollar ciertas
acciones es la de relaciones internacionales en el marco de la política exterior del
Estado (art. 299. I. 5) (art. 99 de la LMAD), dada la gran cantidad de ciudadanos
cochabambinos en el exterior pueden, no solo firmarse acuerdos de distinto tipo con
entidades sub-nacionales de gobierno de otros Estados, sino que, también, efectuar
proyectos comunes donde el Gobierno Departamental de Cochabamba pueda
desarrollar las competencias arriba expuestas con carácter extraterritorial y personal,
en favor de los migrantes cochabambinos.
Al respecto, el artículo 323. IV. 2 de la constitución determina que la ETA`s
“no podrán crear impuestos que graven bienes, actividades rentas o patrimonios
localizados fuera de su jurisdicción territorial, salvo las rentas generadas por
sus ciudadanos o empresas en el exterior del país...” donde esta salvedad puede
interpretársela como una permisión o habilitación, misma que puede ser utilizada
para generar cargas impositivas para empresas de las ETA`s en el extranjero y que
estén destinadas para financiar proyectos en favor de los migrantes cochabambinos
en el exterior (fuente mundial).
La competencia sobre vivienda y vivienda social en el departamento de
Cochabamba está establecida en el artículo 299. II. 15 y en el artículo 19. II
afirmando, este último, que “el Estado, en todos sus niveles de gobierno, promoverá
planes de vivienda de interés social, mediante sistemas adecuados de financiamiento,
basándose en los principios de solidaridad y equidad. Estos planes se destinarán
preferentemente a familias de escasos recursos, a grupos menos favorecidos y al
área rural”, entendiendo que los migrantes bolivianos en el extranjero y los que se
encuentran en situación de retorno podrían entenderse en algunos casos como grupos
en situación de desventaja o grupos desfavorecidos, siendo plenamente viable
que la gobernación ejecute planes de vivienda una vez promulgada la legislación
correspondiente por parte de la Asamblea Legislativa Plurinacional.
En este mismo artículo en su parágrafo II, numeral 16 se menciona la competencia
concurrente de la agricultura, ganadería, caza y pesca desarrollándose ésta en la
LMAD en su artículo 91 en el sentido de que estas actividades son parte de un
desarrollo rural integral encaminado a asegurar la alimentación de los ciudadanos,
además complementa la constitución con la competencia exclusiva de los gobiernos
autónomos departamentales en su numeral 31, parágrafo I del Artículo 300 que
éstos deben promocionar y administrar los servicios para el desarrollo productivo y
agropecuario.
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Si entendemos que los gobiernos central y autónomos llegan a concretizar
algunos de los objetivos trazados en la planificación y ejecución de proyectos sobre
el desarrollo productivo y agropecuario, indirectamente se ira evitando que más
personas padezcan la insatisfacción de sus necesidades y decidan migrar, y para el
caso de aquellos en situación de retorno, habrá menos posibilidades que requieran
nuevamente abandonar el país.
Conclusiones
Las conclusiones generales que expondremos a continuación son las mismas que
las presentadas en el proceso de consultoría con el CESU, en tal sentido concluimos
con lo siguiente:

Primera: El concepto de nacionalidad no está explícitamente inserto en la
normativa jurídica boliviana, por lo que el ejercicio de los derechos individuales
y colectivos no se ejerce a través del desarrollo del concepto de nacionalidad.

Segunda: El concepto de ciudadanía inserto en el ordenamiento jurídico, deriva
de las convenciones internacionales, para fines prácticos se halla normado
y reglamentado en el derecho político boliviano, específicamente la ley del
órgano electoral y la ley del sistema electoral, por lo que los mecanismos de
representación, participación y control se hallan regulados y son jurídicamente
verificables y tutelables. El derecho de ciudadanía se ejerce de forma individual
y colectiva.
Tercera: El derecho migratorio en Bolivia está concebido como derecho para
los extranjeros (extranjería) y el Estado Boliviano debe generar un derecho
sistemático para los migrantes Bolivianos.

Cuarta: Del análisis de las competencias autonómicas insertas en la constitución
y en la ley de autonomías se deduce:
a) La normativa sustantiva y procesal que rije el fenómeno migratorio es de
alcance nacional.
b) Los gobiernos departamentales deben reglamentar y ejecutar las normas
nacionales facilitando a la reinserción de los migrantes bolivianos en el
exterior.
c) Por la naturaleza económica de las competencias departamentales exclusivas,
estas también pueden ser usadas en favor de los migrantes.
Quinta: Debe estudiarse la aplicación, eficacia y alcance de las normas de
conflicto y uniformes del derecho internacional privado en favor de los residentes
bolivianos en el extranjero, para de este modo dotar de seguridad jurídica a los
actos y relaciones extraterritoriales.

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Migrantes de retorno

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Alejandra Ramírez y Miriam Camacho

Cuando se aborda la problemática de la migración, el tema de ciudadanía es clave,
la accesibilidad o no, a los derechos ciudadanos de los migrantes, el cumplimiento de
sus obligaciones, las relaciones que establecen con diferentes Estados y sociedades,
son elementos decisivos que cruzan sus vidas y sus formas de enfrentar las
contingencias de la realidad.
La literatura producida hasta hoy nos muestra características de esta relación donde
se destaca: migración y derechos/obligaciones sobre todo en los países de destino,
también hay escritos sobre la dimensión económica del ejercicio ciudadano de los
migrantes, la producción promovida por las remesas, los cambios en entramados
económicos a escala local y otros.
A raíz de la crisis económica mundial, los últimos años generaron un marcado
fenómeno de retorno, especialmente desde países que recibieron mayor flujo
migratorio, que implementaron políticas migratorias más rigurosas. Las personas
están volviendo a entornos que sin duda cambiaron en su ausencia; familias
destruidas o en proceso de reconstrucción, retornos con nuevas nacionalidades o con
las mismas, retornos con dinero o sin él.
Fuera de algunos estudios y acciones concretas sobre esta problemática, existe
un gran silencio académico y político. En un estado de la cuestión sobre el tema,
Yolanda Alfaro y Lorena Izaguirre (2010) plantean que los estudios realizados
sobre los migrantes de retorno tienen características regionales. Concretamente,
en lo que se refiere a América Latina, es México donde más producción existe y
está esencialmente vinculada a los lazos entre migración de retorno y desarrollo
económico, temas trabajados desde perspectivas economicistas. En la zona andina
hay pocos estudios, salvo algunos que abordan la problemática desde la mirada del
codesarrollo (Alfaro 2010), así como algunos intentos por analizar las características
de los retornados para el caso del Perú (Cf. OIM-INEI 2009) y otros que han buscado
comprender a los factores que inciden en el retorno (Roncken y De la Torre 2009).
También se han empezado a desarrollar algunos esfuerzos desde instancias
públicas, que se traducen en propuestas o leyes estatales. Los países de América
Latina donde se tienen importantes avances sobre el tema son Perú y Ecuador, “con
distintos matices y distintos niveles de éxito” (Alfaro e Izaguirre 2010: 17).
En el caso Boliviano el proceso es mucho más lento, aunque los últimos años
muestran un mayor avance que se refleja en “reformas consulares; la extensión de
derechos políticos tales como la doble ciudadanía; el derecho del voto en el exterior
y algunas acciones políticas que buscan presentar al migrante como agente de
desarrollo para estimular la creación de micro empresas para dar un buen uso a las
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remesas de los migrantes” (Ob.Cit: 21). Sin embargo, para los migrantes de retorno no
existen medidas específicas, porque no hay información sistematizada sobre quiénes
son, cuántos son (CF. Los Tiempos 14/05/2010), cuáles son sus características,
esto dificulta la posibilidad de elaboración de políticas específicas y con mayor
incidencia1. Cambiar esta carencia se nos hace uno de los principales retos, son
necesarias investigaciones descriptivas que nos permitan comprender quiénes son
los que retornan, cuáles son sus características principales, y especialmente como
han ejercido y ejercen sus derechos ciudadanos en un determinado lugar, como es el
caso de Cochabamba, hoy en día.
Creemos que esta información puede servir de base para futuras políticas o
medidas públicas concretas, que coadyuven a una reinserción exitosa de este grupo
conformado por una pluralidad de personas. Por esto, establecer los perfiles de
los migrantes de retorno hoy en día en Cochabamba, se plantea como el principal
objetivo de este artículo.
El trabajo se divide en cuatro partes. Después de hacer una breve descripción de las
características generales de los migrantes de retorno, se indaga acerca de cómo están
ejerciendo su ciudadanía actualmente, en torno a tres dimensiones de ciudadanía:
la económica, la social y la jurídica. Posteriormente se analiza si el retorno es una
característica permanente o si es parte de un proceso mayor y siempre inconcluso.
Por último, se presenta una propuesta de clasificación de perfiles de migrantes de
retorno a manera de referencia para la profundización de estudios posteriores sobre
el tema.
1. Características de los migrantes de retorno
Como punto de partida es necesario mencionar que en Latinoamérica y en otras
partes del mundo, ya se han empezado a realizar importantes estudios para conocer
perfiles de migrantes de retorno. Así, en Perú los estudios sobre este tema, han servido
de base para la elaboración de políticas desde las esferas gubernamentales (CF.
Sánchez Aguilar y otros 2009). En México, las iniciativas de esta índole provienen
más del ámbito de investigación académica (CF. Rivera y Lozano 2009 y Aznar
Molina 2009).
En este caso, sólo se pretende presentar algunos datos descriptivos, obtenidos
a partir de las preguntas guías: ¿Quiénes son los migrantes de retorno? ¿Por qué
se fueron? ¿Por qué volvieron? ¿Cuál es su actual situación ciudadana? ¿Con que
Estados-Nación establecen relaciones? Un hecho queda claro; que el haber salido
y enfrentando otras sociedades y otros Estados, cambia la forma de comprender
los derechos y obligaciones ciudadanas, por ende transmuta las formas de ejercer
ciudadanía.
1 Se puede considerar como avance positivo el hecho que actualmente la Dirección General de
Régimen Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores, esté impulsando un diagnóstico con el
propósito de formular bases para políticas públicas para el retorno y la re-integración en Bolivia
(CF. Roncken y Céspedes 2011).
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a) Características demográficas y sociales
Los datos que se presentan a continuación se recogieron mediante una encuesta
realizada a migrantes de retorno en una muestra no aleatoria obtenida mediante el
procedimiento de bola de nieve, consistente en identificar sujetos que se incluyen
en la muestra a partir de los propios encuestados. Se recogió información sobre 421
migrantes de retorno (52% varones y 48% mujeres) incluyendo personas de diversas
características socio-demográficas y económicas. Si bien los resultados solo muestran
tendencias, dan cuenta de una realidad que permite proponer ciertas hipótesis.
Tomando en cuenta que para emprender la aventura de migrar o retornar, no es lo
mismo tener 20 años que 50; una de las preocupaciones básicas de la encuesta fue
conocer la edad durante estos emprendimientos y la edad actual, con la intención de
identificar los ciclos más sensibles de la vida que impulsan a la emigración o el reestablecimiento en los lugares de origen. Un dato que destaca en Cochabamba, es que
los migrantes de retorno partieron y volvieron en edades todavía económicamente
activas. En efecto, 63% de los migrantes de retorno son personas que actualmente
tienen edades entre 20 a 39 años, y por lo tanto tienen mayores oportunidades para
retomar un ejercicio ciudadano económico activo en el lugar de origen, enriquecido
por el capital social y humano acumulado en su experiencia migratoria. Sin duda la
actual crisis económica mundial, en particular la crisis de empleo en los principales
países receptores, se presenta como una de las causas de un retorno temprano.
Del mismo modo, es en este ciclo de la vida que la mayoría de las personas
se arriesgan a emigrar para insertarse en sociedades generalmente desconocidas e
incluso hostiles: 61% de los migrantes de retorno salió del país entre los 20 y 34 años.
En el caso de las mujeres, el fenómeno migratorio tiene sus propias características;
ellas emigran a mayores edades (29% a los 35 años o más) lo que, probablemente está
vinculado a los nichos de trabajo en los que se insertan (CF. infra), donde inclusive se
aceptan edades más avanzadas.
Otra variable que influye en las formas de inserción de las personas tanto en las
sociedades de acogida como en las de origen es el nivel educativo. La información
de la encuesta muestra cierta homogeneidad en cuanto a nivel educativo de los
migrantes de retorno; éstos tienen por lo menos una base de estudios secundarios.
Se evidencia diferencias de género en este aspecto; las mujeres presentan menores
niveles de instrucción que los hombres. Otro aspecto a resaltar es que son muy pocos
casos de migrantes de retorno con cursos de formación a nivel técnico superior
o licenciatura. Se destaca de esta información que, si bien los que han migrado y
retornado son personas con cierto nivel educativo, ellos no lo hicieron como capital
intelectual sino como mano de obra barata.

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CUADRO Nº 1 MIGRANTES DE RETORNO POR NIVEL DE
INSTRUCCIÓN SEGÚN SEXO, 2009.

CESU, CEIIJP-UMSS.

El origen migratorio es también significativo. Está claro que al realizar el
estudio en la ciudad de Cochabamba, era previsible que la mayoría de las personas
encuestadas hubieran nacido en este departamento, sin embargo, es importante
destacar que aproximadamente un 25% de los migrantes de retorno no nacieron en
Cochabamba, pero salieron y retornaron a esta ciudad. De hecho, Cochabamba es
un gran receptor de migrantes especialmente del occidente del país; existen barrios
enteros emplazados en la zona sur cuyos nombres inclusive conmemoran su lugar de
origen. Para estas personas el proceso migratorio internacional es una segunda etapa
de migración.
b) Historia Migratoria:
La encuesta abarca la población considerada emigrante nueva y la población
emigrante antigua. Aproximadamente un cuarto del total realizó su experiencia
migratoria antes del 2000. Comparando por sexo, son las mujeres las que muestran
procesos migratorios más recientes; la partida de este grupo empieza a tomar mayor
fuerza en el nuevo milenio, sobre todo a partir del 2002. Ello coincide con todo el
boom de la feminización de la mano de obra –sobre todo hacia Europa- vinculado a
la economía del cuidado2.

2 Cf. estado de la cuestión de Olivia Román (2009) y su libro sobre mujeres, madres, migrantes que
residen en España (2009)
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CUADRO Nº 2 MIGRANTES DE RRETORNO SEGÚN AÑO DE LA
PRIMERA EMIGRACIÓN POR SEXO, 2009.

FUENTE: Encuesta sobre Migración Transnacional, Inserción Laboral y Ciudadanía. CESU-CEIIJP-UMSS

La migración, parece ser una experiencia continua y de acumulación; no sólo
se trata de procesos de “migración interna – migración externa”, sino que una vez
iniciado el proceso, entra en un ciclo que se repite. Cerca del 20% de las personas
encuestadas, mencionaron haber migrado fuera del país más de una vez. Las mujeres
tuvieron menor experiencia migratoria que los varones, no sólo debido a que en su
caso se trata de un proceso más reciente, sino también porque parecen migrar cuando
se dan condiciones para realizar objetivos concretos y delimitados por alcances
temporales determinados, y también porque tienen mayores ataduras –sobre todo
sentimentales- en sus lugares de origen (hijos, padres, etc.).
Respecto al último país de residencia, nuevamente se observan importantes
diferencias de género; los destinos principales de los varones fueron Argentina y
Estados Unidos (países de atracción para la migración más antigua), mientras que
para las mujeres fueron los países europeos.

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CUADRO Nº 3 MIGRANTES DE RETORNO SEGÚN EL ÚLTIMO PAIS
DE RESIDENCIA POR SEXO, 2009.

FUENTE: Encuesta sobre Migración Transnacional, Inserción Laboral y Ciudadanía. CESU-CEIIJP-UMSS

Los migrantes encuestados residieron en el último país de destino entre 2 a 5 años.
Un 19% de los encuestados residió por períodos considerados cortos (menos de un
año), situación que está ligada al tiempo y coyuntura en que migraron, ya que después
del 2006, por ejemplo, la migración hacia Europa se daba en condiciones irregulares.
Otro grupo también importante de un 20%, ha residido en el extranjero por períodos
de 6 a más años. Este resultado, permitirá en un futuro relacionar el nivel de impacto
e incidencia que tienen las sociedades de destino sobre los migrantes tanto en sus
perspectivas de derechos ciudadanos, culturales, ecológicos y otros, así como con el
nivel de integración de los migrantes a las sociedades que los acogieron.

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GRAFICO Nº 1

Fuente: Elaboración propia

Al observar el tiempo de residencia fuera del país en relación al último país de
destino se deduce que los países con migración boliviana más antigua son Argentina
y EEUU, mientras que España es un país de migración reciente. Italia tiene una
migración un poco más antigua que España, más de 6 años, debido a que existe todo
un proyecto de la Iglesia vinculado con el proceso.

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GRAFICO Nº 2

Fuente: Elaboración propia

Otra variable importante para comprender las características de los migrantes de
retorno tiene que ver con la situación legal en el lugar de destino. Ésta depende,
por un lado, de la existencia de disposiciones y/o convenios internacionales que
Bolivia mantiene con los países receptores de migrantes, y por otro, del tiempo de
residencia de las personas en los países de destino. Respecto a la relación entre el
estatus migratorio y el tiempo de residencia, se puede notar que a mayor permanencia
en el país de destino, mayores son las posibilidades de tener un estatus migratorio
legal –incluso mayor posibilidad de adquirir ciudadanía-. Las personas que no tenían
papeles, generalmente se quedaron menos de cinco años.

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CUADRO Nº4 MIGRANTES DE RETORNO POR ESTATUS MIGRATORIO
SEGÚN TIEMPO DE RESIDENCIA, 2009.

FUENTE: Encuesta sobre Migración Transnacional, Inserción Laboral y Ciudadanía. CESU-CEIIJP-UMSS

Es interesante notar que los hombres, en general, tienen una situación más regular
que las mujeres en los países de destino: 61% de ellas no tiene papeles y entre los
hombres 51% se encuentra en la misma condición. Además una mayor proporción de
hombres (5.5%) que mujeres (3.9%) lograron adquirir la ciudadanía. Se puede inferir
que esta situación tiene que ver con el tipo de trabajo que las mujeres realizan –más
doméstico y menos público-, y con su tiempo de residencia de menor promedio.
¿Dónde tienen los migrantes mayor posibilidad de legalizar su situación? Si
tomamos como punto de referencia la situación de residencia de los migrantes
de retorno, se puede ver que los países europeos –sobre todo Italia–, parecen ser
los que más trabas ponen para la legalización de los inmigrantes, vinculado al
endurecimiento de las disposiciones migratorias. Argentina, uno de los destinos más
antiguos de la migración boliviana, es el país en el que los encuestados tuvieron
mayor facilidad para legalizar su situación (38% no tenía papeles), debido a que se
establecieron varias oportunidades para la regularización. Situación similar se dio
en Estados Unidos (donde también 38% son sin papeles), sin embargo ello tiene
que ver con la antigüedad de la migración. Si observamos los años de llegada a
la Argentina y EEUU, el 73% y 71% respectivamente, lo hicieron antes del 2005.
De hecho, son en estos dos países donde una mayor proporción de migrantes han
adquirido la ciudadanía (7.6% y 7.4% respectivamente). Mientras con respecto a la
migración hacia España cerca del 50% fue a partir del 2005 con un menor porcentaje
de ciudadanías adquiridas y 68% que no tenía papeles.
Otro aspecto importante a considerar para determinar el perfil de un migrante
de retorno, son los motivos que lo impulsaron a asumir la decisión de retornar. Los
mismos permiten, además, mostrar diferencias de género e incluso generacionales.
Si bien el retorno por motivo familiar es el más mencionado, las mujeres muestran
una mayor preocupación por el tema (75%). En referencia a la discriminación como
factor que impulsa el retorno, es bajo en general (2.6%), aunque es más fuerte entre
hombres (3.7%) que entre mujeres (1.5%). Probablemente ello se deba a que las
actividades desarrolladas por las mujeres en los países de destino se llevaban más
bien a cabo en el ámbito privado de los hogares, conllevando la creación de lazos
sentimentales más personales y profundos y menor contacto con personas de ámbitos
públicos.
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En términos generacionales, el haber retornado por la familia se da sobre todo en
las generaciones de mayor edad (81% de las personas mayores de 50 años expresan
haber retornado por ese motivo), mientras que para los más jóvenes menores de 30
años, los problemas de residencia o el hecho de tener posibilidades de trabajo en
Bolivia, han sido detonadores importantes.
Tomando en cuenta anteriores hipótesis sobre la importancia de las redes y del
capital social al momento de migrar3, se buscó conocer el tipo de apoyo recibido tanto
para salir del país como para volver. En general, los migrantes de retorno migraron
con apoyo de su entorno (72%), sobre todo en el caso de las mujeres (76% entre
ellas y 67% entre los hombres), estando más vinculado a la necesidad de organizar
familias y cuidado de hijos, al momento de migrar. Las redes a nivel local parecen
funcionar; los entornos familiares se movilizan facilitando el viaje.
En cuanto a la situación de tener que enfrentarse a la oposición del entorno tanto
para irse como para volver, ha sido la menos importante: sólo 26% de la gente tuvo
que sobrepasar la oposición familiar para irse. Si se compara oposición para migrar
con la oposición para volver, la gente muestra que hubo mayor apoyo para su retorno
(solo 15% tuvo que enfrentarse a sus familias en cuanto a su decisión de volver). Sin
embargo es importante destacar que son las mujeres las que mayor oposición tuvieron
que enfrentar en este aspecto (18% entre las mujeres y 13% entre los varones).
2. Dimensiones del ejercicio ciudadano de los migrantes de retorno:
Una vez descritas las características de los migrantes de retorno, nos interesa
analizar su ejercicio ciudadano. Es decir, comprenderlos desde su ciudadanía.
Como punto de partida, entendemos ejercicio ciudadano como un concepto
que trasciende la concepción clásica liberal o republicana, como un ejercicio que
conlleva agencia, en tanto agencia ciudadana4. Nos referimos a lo que algunos
autores denominan la ciudadanía sustantiva o desde abajo (Yepez, Bach 2008).
Concretamente, se incorporan nuevos elementos en la comprensión de agencia
ciudadana (1) la construcción de ciudadanía no se limita a la relación Estado-Nación,
implica también una relación entre ciudadanos, en la cual la conformación de redes,
la utilización de capital social, y las pugnas simbólicas, económicas y sociales, en un
espacio cotidiano, son el ingrediente principal dotándole de un dinamismo constante:
la ciudadanía siempre está en proceso de construcción. (2) La ciudadanía no se
limita a las fronteras de un Estado-Nación, se construye en un sistema mundo más
global: además de la migración, y la consecuente conformación de un ciudadano
internacional, cosmopolita o global, se añade el uso de las nuevas tecnologías de
comunicación como formas de ejercer ciudadanía. (3) Las demandas por derechos
3 Para el caso boliviano CF. los estudios de caso de De la Torre 2004, De La Torre y Alfaro 2007;
Román 2009, entre otros
4 Para una mayor comprensión de lo que vendría a ser “agencia ciudadana” CF. Ramírez 2009 y 2010.
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ciudadanos no se restringen a los tres derechos planteados por Marshall (civiles,
políticos y sociales) sino que se amplían hacia los derechos llamados de cuarta
generación que conllevan derechos de participación en ámbitos públicos5, y otro tipo
de derechos que se presentan como reivindicaciones muy fuertes entre los migrantes
(CF. Rosaldo 2003; Reguillo 2005; León Barrios 2008; entre otros): como los
culturales, a saber “desde la articulación del derecho a la organización, el derecho a
la expresión, el derecho a la participación en el mundo, a partir de las pertenencias y
anclajes culturales: el género, la etnia, la religión, las opciones sexuales, las múltiples
[y cambiantes] adscripciones identitarias, entre otras” (Rosaldo 2003: 20) y los
ecológicos - comprendidos como aquellos derechos que devienen de un ejercicio
ciudadano ecológico activo como la base fundamental para lograr un desarrollo
sustentable (CF. Melo-Escrihuela 2008).
Desde esta perspectiva, la ciudadanía de los migrantes de retorno solo puede
ser comprendida como producto de constantes dinámicas que conllevan múltiples
dimensiones manifestadas en su práctica cotidiana. Entre éstas destacan la dimensión
económica, la social y la jurídica-política-civil.
Antes de realizar la descripción de las formas en que los migrantes de retorno
ejercen estas dimensiones de ciudadanía, es necesario comprender cuáles fueron los
motivos que los impulsaron a migrar, pues ello permitirá mostrar los cambios en el
ejercicio ciudadano atribuibles a la migración. Mucho más tomando en cuenta que,
como plantea Aznar Molina, “el individuo vive la experiencia de retorno en relación
con la referencia de la migración” (2009: 7). En este aspecto también hay diferencias
de género y generacionales.
a) Motivos para migrar
En general, la razón de migración fue de orden económico (no se tenía trabajo,
se quería ganar más, o buscaba nuevas oportunidades). Se destaca que las mujeres
mencionan además, motivos vinculados a su vida familiar, entre ellos, la necesidad
de tener casa propia –ligado a un imaginario de seguridad que tal vez sea más fuerte
entre ellas que entre los hombres- y los problemas de pareja y maltrato familiar.

5 Aunque queda cada vez menos clara la frontera entre lo público y lo privado.
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CUADRO Nº 5 MIGRANTES DE RETORNO SEGÚN RAZÓN DE LA
MIGRACIÓN POR SEXO, 2009.

FUENTE: Encuesta sobre Migración Transnacional,
Inserción Laboral y Ciudadanía. CESU-CEP-IIJP-UMSS

Para salir del país, las personas tuvieron que enfrentar varios problemas. En
general, el mayor problema fue el financiamiento (41%). Se trata de una aventura
“cara”, en términos emocionales, sentimentales, y sobre todo económicos.
Lo que lleva a preguntarse: ¿Hasta qué punto valió la pena? En general, existe
una percepción positiva en cuanto el impacto económico de la migración en la vida
de las personas: el 68% de los migrantes manifiesta que la migración ha significado
un cierto mejoramiento en su situación. Asimismo, la mayoría reconoce que la
migración constituye una experiencia que le ha permitido la adquisición de mayor
conocimiento y la posibilidad de demostrar que fueron capaces de enfrentarse a
nuevos retos, y sobre todo, conocer otras realidades, otras formas de ejercer derechos
y obligaciones ciudadanas, así como otras maneras de establecer relaciones con los
Estados.
Antes de analizar las formas en que actualmente los migrantes de retorno ejercen
su ciudadanía, vale preguntarse: ¿Es el retorno el proceso final del ciclo migratorio?
Para indagar si el retorno es definitivo, o si por el contrario, la migración es un

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proceso siempre inconcluso, se preguntó a los entrevistados si aconsejarían migrar a
sus seres queridos. Al respecto, las opiniones tanto para hombres como para mujeres
son similares.
¿Cuáles son los motivos que inducen a las personas a recomendar la migración? Las
personas que aconsejan migrar argumentan sobre todo motivos de orden económico
(“allá se puede ganar más” y “existen mejores oportunidades para mejorar la calidad
de vida”). Diferenciados por sexo, los hombres tienden a argumentar por los sueldos
(se gana más, hay más trabajo); las mujeres, además de estos motivos, mencionan la
existencia de mayores oportunidades y mejores condiciones de vida allá. En lo que
se refiere a los que arguyen no migrar, son dos razones principales las que resaltan:
la discriminación y el racismo allá (25%), y el sufrimiento por la familia (19%). La
crisis económica, aparece como un motivo también importante (23%). Asimismo, es
posible encontrar diferencias de género, sobre todo en lo que se refiere a extrañar la
familia (motivo mencionado por el 13% de los hombres y 26% de las mujeres).
En términos generales, si consideramos que la crisis económica puede pasar,
y que, a la larga, el/la migrante podría llevar a su familia, los factores temporales
y contextuales pueden ser superados, por tanto los migrantes de retorno pueden
volver a emigrar con la ventaja de la experiencia y los conocimientos necesarios.
La migración de retorno queda como un proceso inconcluso y latente, depende
del momento, de las motivaciones, las posibilidades. Pero los que retornaron –aún
jóvenes y en edades laborales- ya cambiaron como personas, así como cambiaron sus
formas de enfrentar los desafíos. De ahí que, volver a agarrar maletas queda siempre
como una posibilidad abierta.
b) La dimensión económica del ejercicio ciudadano
Para comprender esta dimensión se consideran tres momentos: Las características
del ejercicio ciudadano económico antes de migrar, en el último país de residencia y
la situación actual. En el análisis de las actividades principales de los migrantes antes
de partir, se destaca que más de la mitad de ellos no eran económicamente activos;
eran amas de casa, estudiantes, o no trabajaban. Los entrevistados expresaron entre
sus motivos para migrar como el ganar más, conseguir trabajo, o la inexistencia de
trabajo en el país, lo que denota que las condiciones económicas indujeron a estas
personas a salir y a buscar sus derechos ciudadanos económicos en otros países.

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GRAFICO Nº 3

Fuente: Elaboración propia

Entre aquellos que desarrollaban actividades económicas antes de la migración, la
mayor proporción se desempeñaban como comerciantes y vendedores, y una parte
importante de ellos eran choferes. Cabe mencionar, que eran pocas las personas que
desarrollaban actividades como directivos o como profesionales.

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CUADRO Nº 6 MIGRANTES DE RETORNO SEGÚN ACTIVIDAD
PRINCIPAL EN EL PAIS DE RESIDENCIA ANTES DEL RETORNO POR
SEXO, 2009.

Por una parte, la información sobre la actividad en el último país de residencia
pone en evidencia que alrededor de 10% de las personas no desarrollaban actividades
económicas, a diferencia de lo que ocurría antes de la migración cuando el 55%
de las personas no eran económicamente activas (amas de casa, estudiantes y otras
que no trabajaban); lo que comprueba que la búsqueda de empleo como principal
motivación, fue alcanzada.
Por otra parte, se observa que los migrantes se insertan en el mercado laboral
principalmente como ‘albañiles y obreros de la construcción’, en el ‘cuidado de
ancianos o niños’, en el servicio doméstico y también como operarios de la costura;
aunque como se podrá comprobar más adelante, la importancia de las últimas tres
actividades como fuentes de empleo difieren de acuerdo al país de destino.
Asimismo, se presenta una división de género en las actividades económicas. Casi
dos terceras partes de las mujeres trabajaban en el ‘cuidado de ancianos o niños’ o
como ‘empleadas del hogar y afines’, en tanto que algo más de una tercera parte de
los varones trabajaban en actividades de la construcción (albañiles, pintores y otros),
entre ellos se presenta una mayor diversificación de ocupaciones en actividades que
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no requieren de calificación. Una baja proporción de migrantes entre hombres y
mujeres lograron insertarse en ocupaciones con elevados niveles educativos o de
mayor estatus.
Son importantes las diferencias en la inserción laboral por país. Mientras que en
la Argentina, la mayor parte de los migrantes bolivianos trabajan como comerciantes,
vendedores (22%) y operarios de la costura (29%), en España las principales
ocupaciones para los hombres son albañilería y construcción (23%), y para las
mujeres el cuidado de ancianos y niños (25%) así como el servicio doméstico (20%).
El hecho de que cerca de la mitad de los migrantes que tuvieron como destino España
e Italia se hayan insertado en actividades vinculadas al servicio en el hogar constituye
una evidencia de la feminización de la migración, sobre todo en países europeos.
En Estados Unidos, los migrantes trabajaron principalmente como obreros de la
construcción (31%), en el servicio doméstico (12%) y en la atención de restaurantes
(10%).
Al retorno una menor proporción de personas no desarrollan actividades
económicas (35%) en comparación a su situación antes de migrar. Este resultado
podría estar mostrando la modificación del ejercicio ciudadano en el ámbito
económico. ¿Se obtuvieron los recursos para el “negocio propio”? Esto es posible
puesto que la proporción de comerciantes y vendedores aumentó (24%).
La migración posibilita entonces una mayor acumulación de recursos económicos
ampliando la capacidad de ejercicio ciudadano en esta dimensión. Esta idea se
refuerza por el hecho de que aumentó la proporción de personas que actualmente
desempeñan ocupaciones de mayor estatus (directivos, profesionales y técnicos) y
se incrementó la proporción de personas con ocupaciones por cuenta propia.
GRAFICO Nº 4

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Fuente: Elaboración propia

c) La dimensión social de la ciudadanía
Para analizar la agencia ciudadana en su dimensión social, se debe partir de una
comprensión de las relaciones de poder y de la capacidad para imponer demandas y
alcanzar expectativas, que las personas adquieren en su entorno cotidiano. Para este
fin, se han priorizado las siguientes variables: estado civil, conformación de hogar,
posición del migrante en su hogar y jefatura de hogar. Además se tomaron datos que
permitan ver si los migrantes de retorno han accedido a mayores derechos sociales a
partir de la migración.
Un indicador básico para analizar la situación de una persona en un entorno
cotidiano es su estado civil. Repercute de distinta manera el ser soltero, casado,
viudo o divorciado. La relación que se puede establecer con el Estado (en el sentido
amplio), está muchas veces influida por esta condición. Los datos muestran que la
migración ocasiona cambios en el estado civil, y en consecuencia en la composición
de la familia. Parece impulsar la conformación de nuevas familias y en menor
proporción, la destrucción de antiguas familias; ya sea por la experiencia, por los
años acumulados o por el nuevo estatus adquirido.
GRAFICO Nº 5

89

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Fuente: Elaboración propia

El resultado anterior, también se corrobora en el análisis de la composición de
hogares de los migrantes a su retorno. Se observa una mayor tendencia hacia la
independización familiar, es decir, se produce una nuclearización de las familias, que
se evidencia con el aumento de jefes de hogar.
GRAFICO Nº 6

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Fuente: Elaboración propia

La migración conlleva un proceso de empoderamiento en el espacio familiar sobre
todo para los hombres que afianzan y fortalecen su jefatura de hogar, aunque también
se ve que entre las mujeres un mayor número de ellas asumen la responsabilidad de
su familia. En general tanto hombres como mujeres dejan de vivir con suegros o
padres, o se divorcian o separan.

GRAFICO Nº 7

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Fuente: Elaboración propia

Otras variables que permiten analizar cambios en el ejercicio de una ciudadanía
social, son las vinculadas con la calidad de infraestructura básica para el despliegue
de la vida cotidiana. Entre ellas, la tenencia de vivienda es fundamental –mucho más
tomando en cuenta que uno de los motivos de migración, sobre todo para las mujeres,
es disponer de una vivienda propia.

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Fuente: Elaboración propia

Al parecer la migración aumenta las posibilidades de obtener una vivienda propia
en tanto derecho ciudadano básico. La mitad de quiénes no tenían vivienda propia
lograron obtenerla, aunque se observa que entre los que sí tenían vivienda propia
un 6% ya no cuenta con ella, posiblemente debido al endeudamiento adquirido para
emprender su viaje.
Si consideramos la posesión de servicios como parte de los derechos sociales
ciudadanos, la migración parece impactar en su mejora, sobre todo en lo que se
refiere al acceso a bienes y servicios suntuarios: teléfono (aumenta de 60% a
81%), cable (de 15% a 41%), Internet (7% a 25%), esto último tiene que ver con la
necesidad de comunicación. Estos derechos se obtienen individualmente y no por
medio de la intervención estatal municipal. En cuanto a la adquisición de movilidad
propia, el 18% de los migrantes contaban con este bien antes de migrar, al retorno
este porcentaje aumentó a 55%.
d) La dimensión jurídica y política de la ciudadanía
En referencia a la ciudadanía jurídica, un indicador que destaca las diferencias
que la emigración ocasiona sobre esta dimensión, es la doble nacionalidad.
Ésta fue adquirida sólo por el 7.6% de los entrevistados y entre ellos, la mayor
parte son varones, probablemente debido a que su migración es más antigua. Las
particularidades en los países de destino en cuanto a sus disposiciones en el aspecto
migratorio influyen en este indicador. Así, los países en los que una mayor cantidad
de personas adquirieron doble ciudadanía son Argentina (13%) y España (6%).

Es interesante notar que el proceso de adquisición de doble nacionalidad es mucho
más notorio desde el 2004: 47% de estas personas la consiguieron a partir de esa
fecha probablemente debido a que marca el momento en que la Constitución Política
del Estado Boliviano (CPE) permite la doble nacionalidad. No obstante, antes de las
reformas a esa CPE, muchas personas ya tenían dos pasaportes (53%) de manera
informal e ilegal.
¿Cómo consiguieron la doble nacionalidad? Aunque la mayor parte la obtuvieron
mediante de procesos de naturalización (77%), la transnacionalización de las familias
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puede también pasar por otras estrategias de adquisición de doble ciudadanía, como
por ejemplo, el hecho de tener hijos (13%) o casarse (10%) en los países de destino.
3. Perfiles de los migrantes de retorno.
La pluralidad de migrantes de retorno descritos, desde sus características generales
como desde sus formas de ejercer ciudadanía, nos muestra que cada individuo tiene
sus propias particularidades, compuestas por sus habitus, sueños, sus propias formas
y capacidades de hacer frente a las contingencias. Se reconoce que es difícil plantear
políticas públicas individualizadas, no obstante tampoco se puede homogenizar las
medidas y obviar las diferencias pues es deseable que éstas sean consideradas. Para
ello, se necesita construir perfiles que se constituyan en referentes para la formulación
de políticas públicas que, manteniendo su generalidad, respondan a la diversidad.
¿Cómo identificar perfiles en el caso de los migrantes de retorno de Cochabamba?
Se ha tomado como punto de partida, estudios existentes sobre el tema (Cf. supra),
que proponen diversos indicadores. Retomando a Aznar Molina (2009), las posturas
existentes para la delimitación de los perfiles de migrantes de retorno son las
siguientes: (1) La Nueva Economía Clásica divide entre los migrantes de retorno
fracasados y los exitosos. Esta división estaría basada en trayectorias laborales de los
migrantes de retorno, incidiendo sobre todo en indicadores netamente económicos.
(2) Desde el estructuralismo, Cerase (<1974> en Aznar Molina 2009: 5-6), a partir
de indicadores relativos a factores sociales e institucionales, clasifica a los migrantes
de retorno en cuatro categorías que responden al tipo de retorno: (a) el retorno fallido
(b) por conservadurismo (c) por innovación (d) por retiro.
Dado que las anteriores clasificaciones no toman en cuenta elementos más
subjetivos que muchas veces influyen en la agencia más que otros, Aznar
Molina (2009) plantea la necesidad de incorporar otros elementos: históricos y
generacionales; el vínculo que mantuvieron con lo local y lo tradicional; el cambio
estructural comunitario (cambios económicos, políticos y sociales, a saber cambios
que denotan una movilidad social) así como el grado de reconocimiento social en
su país de origen que hace que muchas veces ingresen a funciones públicas; la
transmisión del imaginario que conlleva la reorganización de redes migrantes; y
las relaciones sociales en el ámbito privado familiar que también incluyen diversas
negociaciones familiares (cambios en jefaturas de hogar, etc.). Estos aspectos,
permiten dar una visión más integral y compleja de la diversidad existente entre los
migrantes de retorno.
En el informe realizado por el gobierno Peruano sobre Migración Internacional
en las familias peruanas y perfil del peruano retornante (2009) se buscan combinar
importantes indicadores tanto económicos como sociales. Entre ellos: (1) el país de
procedencia; (2) la condición de tenencia de un familiar emigrante; (3) el estrato
socioeconómico; (4) la responsabilidad familiar (qué lugar ocupa en la familia);
(5) la distribución espacial, tomando en cuenta que en Latinoamérica, el lugar de
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residencia muestra niveles y estratos socioeconómicos (¿dónde viven? ¿En área rural
o urbana? ¿En qué zona?); (6) la edad; (7) el nivel educativo; y (8) las características
de la actividad laboral al retorno (condición de actividad, ocupación, categoría
ocupacional, etc.). En base a todos estos indicadores, en el informe se identifican
diferentes perfiles de los peruanos migrantes de retorno.
A la luz de la información obtenida en la encuesta realizada en Cochabamba, se
consideraron tres momentos del ciclo migratorio para el diseño de perfiles de los
migrantes de retorno: (1) antes de migrar (2) durante la residencia en el exterior y (3)
al retorno hasta el momento de la encuesta.
En estos tres momentos se eligieron variables claves que determinan diferencias
en los perfiles de los migrantes de retorno.
(1) Antes de migrar: El estado civil, el lugar que el migrante ocupaba en la familia,
la edad al momento de migrar, el nivel de instrucción, lugar de nacimiento, el
origen migratorio (departamento de salida), el grado de urbanización del lugar de
nacimiento y de origen migratorio, el año de la primera migración transnacional,
así como la actividad principal (económica o no).
(2) Durante la migración: El año de la primera migración, los países en que vivieron,
el año de llegada al último país de destino, el tiempo de residencia, el estatus
migratorio y la actividad principal ejercida (económica o no) en este país.
(3) Al retorno: La edad en la que volvieron, el estado civil, el año de retorno, los
motivos de retorno, el lugar en la familia a la que se vuelve, y la actividad
principal (económica o no).
Para la comprobación de la importancia de los factores mencionados, que
actúan de manera interrelacionada en la determinación de las características de los
migrantes de retorno, se utilizó el Análisis Factorial de Correspondencias Múltiples
(AFCM), una técnica de interdependencia que permite estudiar las relaciones entre
variables cualitativas y conocer cómo está estructurada esta relación a través de la
representación simultánea en un espacio vectorial de dos o más dimensiones. Desde
esta perspectiva de análisis, la proximidad de dos o más modalidades o variables,
implicará que ambas se comportan de manera similar, y a su vez, que existe asociación
o similitud entre las mismas. Por el contrario, una oposición o alejamiento entre ellas
supone que tienen comportamiento diferente.
Se utilizó el análisis de conglomerados, una técnica estadística multivariante de
agrupación de individuos u objetos en base a las características que poseen (variables
cuantitativas), logrando subdividir un conjunto de individuos u objetos en un número
pequeño de grupos mutuamente excluyentes basándose en similitudes entre estos y
agrupándolos de tal manera que, al interior de cada conglomerado, éstos sean lo más
parecidos posible de acuerdo a uno o más criterios preseleccionados (variables), y lo
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más diferentes con los individuos de los otros grupos. Por tanto, si la clasificación es
acertada, en la representación gráfica, los grupos aparecerán muy alejados, en tanto
que los individuos u objetos dentro de los conglomerados estarán muy próximos entre
sí. Es posible aplicar el Análisis de Conglomerados o Cluster (CF. Hair; Anderson;
Tatham y Black 2000) utilizando el programa estadístico SPAD.N, a los factores
definidos en el AFCM. Una de las ayudas a la interpretación que proporciona el
programa SPAD es un listado de variables que, de acuerdo a su importancia, permiten
conformar los grupos (en este caso los perfiles) y caracterizarlos.
Una primera etapa del análisis multivariante consiste en su aplicación con fines
exploratorios, que tiene la finalidad de observar las variables que son importantes en
la determinación de la variabilidad (diferencias) entre los individuos. En este primer
análisis se incluyeron todas las variables mencionadas en los párrafos anteriores,
sin embargo, varias de ellas aportaban información redundante o su aporte a la
variabilidad total (a la inercia) era muy bajo y no contribuían a mostrar diferencias
entre migrantes de retorno, por lo que fueron excluidas del análisis final. En el cuadro
siguiente se muestran, en orden de importancia, las variables que tienen mayores
contribuciones en los tres primeros ejes factoriales, y por tanto, más relevancia en la

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CUADRO Nº 9 PERFILES DE LOS MIGRANTES DE RETORNO

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Fuente: Elaboración propia

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determinación de los perfiles:
CUADRO Nº 8 VARIABLES DE MAYOR RELEVANCIA EN LA
DETERMINACIÓN DE PERFILES

Fuente: Elaboración propia

Cabe aclarar, que si bien la variable ‘sexo’ era contributiva en el segundo factor,
no aparecía como variable significativa para caracterizar los perfiles de migrantes,
posiblemente porque muchas de las características son compartidas por hombres y
mujeres. No obstante, por su importancia se la utilizó para complementar el análisis
de la información de cada perfil. La variable ‘último país de destino’ (país de
procedencia de los migrantes de retorno), que inicialmente se esperaba que tendría
importancia en la determinación de los perfiles, presentó una contribución muy baja,
posiblemente porque la situación de los migrantes en cada uno de los países era
muy similar. Se eliminó las variables ‘edad a la primera migración’ y ‘edad actual’,
porque según el análisis aportaban información redundante.
Con estas consideraciones, se seleccionaron las variables que están señaladas
con color en el cuadro anterior. En base a ellas, una vez aplicadas las técnicas
estadísticas mencionadas, se obtuvieron ocho perfiles, algunos que muestran
diferencias evidentes, y otros que se diferencian por algunos criterios. La siguiente
tabla presenta un resumen de las características de cada grupo, y el nombre asignado
a cada uno de ellos:
Conclusiones:

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El estudio nos permite extraer ciertas conclusiones:
1. El proceso de los migrantes de retorno aparenta un ciclo inconcluso, la encuesta
realizada y la sistematización de sus datos han evidenciado que las personas
que retornan actualmente al país, tienen el capital de conocimiento, preparación
y disposición como recurso potencial para volver a salir del país en cualquier
momento, es decir, los migrantes que retornaron tienen mayores posibilidades
de migrar nuevamente.

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2. La situación de estos migrantes de retorno, muestra un cambio en sus formas
de ejercer ciudadanía, tanto en términos económicos como sociales. Se ha dado
un empoderamiento que ha cambiado las formas de relacionamiento –a nivel
local e internacional- con los otros y con el Estado Boliviano. Incluso 7.2%
de esta población, ha establecido relaciones contractuales con otros Estados
(adquisición de doble nacionalidad).
3. El empoderamiento ciudadano o el ejercicio efectivo de derechos y obligaciones,
se ha dado generalmente a partir del despliegue de estrategias individuales
basadas en un fortalecimiento de la dimensión económica de ciudadanía: tienen
más trabajo, la migración les ha permitido el mejoramiento de sus condiciones
de vida, han logrado generar recursos para tener sus propios negocios al retorno.
Sólo el 14% de los migrantes de retorno expresan un empeoramiento de sus
condiciones de vida en su experiencia migratoria.
4. En referencia al ejercicio ciudadano en la dimensión social, la emigración
ha permitido un empoderamiento dentro del hogar, que se manifiesta en el
incremento de jefes de hogar, y se expresa en una mayor proporción de familias
nucleares entre los migrantes a su retorno.
5. Para muchos, la estrategia migratoria les ha permitido alcanzar derechos
ciudadanos, algunos básicos como el acceso a la vivienda y otros como la
adquisición de bienes suntuarios, derechos que quizá no hubiesen adquirido sin
mediar el sacrificio de dejar a los suyos y vivir en otros países en condiciones
generalmente adversas, donde eran tratados como ciudadanos de segunda (sin
papeles, en situación irregular, etc.).
Tomando en cuenta estos resultados, el Estado Boliviano debería empezar
a desarrollar políticas que permita a los migrantes de retorno una re-inserción
ciudadana capaz de aliviar y resolver los problemas que, por un lado, determinaron
su partida y que, a su vez, fueron causados por ella. Estos problemas no sólo son de
orden económico, sino sociales, culturales, emocionales, y otros, que dependen de
las características particulares de los migrantes. Por lo que cualquier acción o política
en este campo, debe ser multidimensional y tomar en cuenta las diferentes facetas del
ejercicio ciudadano, como también la pluralidad de los migrantes de retorno que se
agrupan de acuerdo a ciertas características comunes; pluralidad que se evidencia en
los perfiles de migrantes de retorno definidos en el presente estudio.
Creemos en la importancia de este tipo de estudios por su posibilidad de constituirse
en insumos para la formulación de políticas públicas en esta temática. No obstante
es necesario que desde las instancias gubernamentales se empiece a desarrollar
un “Sistema nacional de información continua sobre emigración internacional y
migración de retorno” que permita contar con información actualizada y oportuna.
En todo caso, este artículo no pretende ser otra cosa que un aporte descriptivo para
abrir el debate.
Bibliografía
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Inmigración y Trabajo de Cuidados en España
Mujeres inmigrantes en el sector doméstico de cuidados

Raquel Martínez Buján
Claudia Flores llegó a España en el año 2004 con 35 años de edad. En Bolivia, su país de origen,
dejó a su único hijo, Jonathan, que en el momento de su partida contaba con tan sólo siete años y
de cuyos cuidados se ocupó su hermana. El objetivo de su proyecto migratorio era comenzar una
nueva vida tras su separación y conseguir unos ahorros que asegurasen el futuro de su hijo. Entró
al país como una inmigrante indocumentada y todavía no ha conseguido regularizar su situación.
La ausencia de esta estabilidad jurídica imposibilita la convalidación de su título universitario y
no le ha permitido buscar un empleo acorde con la profesión que desempeñaba en Bolivia, donde
trabajaba como asistenta social. Sin papeles y siendo latinoamericana, la única actividad en la que
encontró un empleo fue en el servicio doméstico. Su tarea principal era la de cuidar a una anciana
de 92 años que estaba en una silla de ruedas. Su jornada laboral es de lunes a sábado en régimen
de interna y su salario es de 575 euros. La tristeza que le suponía estar separada de su hijo provocó
que a pesar de sus escasos ingresos decidiese traer a Jonathan a España en el año 2006. Este nuevo
gasto le impide regresar a Bolivia en el tiempo que ella tenía planeado por lo que permanecerá en
España unos años más. En un futuro próximo, cuando regularice su situación, convencerá a su
hermana para que se instale junto a ella.

Introducción
La experiencia de Claudia y su familia ilustra una de las características del
flujo migratorio internacional que actualmente recibe España. Las mujeres se han
convertido en actrices activas de su proyecto migratorio e incluso determinan el que
debe seguir su familia redefiniendo los roles de cada uno de sus miembros. Ellas
encabezan un nuevo modelo de migración trasnacional que comienza a gestarse en
los años ochenta y desafía al sistema migratorio de la posguerra dependiente de las
iniciativas masculinas (Morokvasic, 1984; Castles y Miller, 1993; King y Zontini,
2000).
A 1 de Enero de 2007 según los datos del Padrón Municipal de Habitantes residen
en España alrededor de 2.124.000 mujeres extranjeras. Este número triplica a la cifra
de seis años antes, en el 2001, cuando la presencia del colectivo femenino foráneo
alcanzaba las 650.000 personas. Al comienzo de la década de los noventa, momento
en el que España se instaura como un país receptor de inmigración (Izquierdo, 1992),
el número absoluto de mujeres extranjeras rondaba la cifra de 180.000 personas, que
se traducía en un peso de un 51,1% sobre el total de la población foránea (año 1991).
Curiosamente el número relativo de la presencia femenina se ha rebajado desde esos
principios de los años noventa, situándose en la actualidad en un 47,0%.
El vigor de los flujos migratorios masculinos de los últimos años ha provocado
el descenso de ese porcentaje de mujeres extranjeras. No obstante, dicha cifra, no
debe empañar el hecho de que parte de esta instalación masculina es provocada por
la reagrupación familiar llevada a cabo por los miembros femeninos que migraron
en primer lugar y se convirtieron en las cabezas de sus familias. Dicha situación es
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especialmente relevante para la población de origen latinoamericano cuya presencia
siempre ha estado muy feminizada en España. Los últimos datos recogen que
las mujeres agrupan al 54,6% de la población procedente de Latinoamérica pero
desagregadas las cifras se observa una tendencia hacia la masculinización entre
aquellas nacionalidades que llevan más tiempo instaladas en el país1.
Las mujeres extranjeras se han visibilizado como agentes activos en el
mantenimiento económico de los miembros del hogar y han sido sus decisiones las
que han arrastrado a la familia a emprender una migración. A pesar de este supuesto
“poder” como actrices de sus destinos en los países de acogida, tal y como queda de
manifiesto con la situación de Claudia, las mujeres son importadas para emplearse
como mano de obra barata en aquellas ocupaciones relegadas al sexo femenino y que
sus homólogas nativas ya no están dispuestas a desempeñar. Es así como la principal
actividad en las que se ocupan las mujeres extranjeras en España dadas de Alta en la
Seguridad Social es dentro de la rama “Hogares que Emplean Personal Doméstico”.
En esta actividad se ubican el 17,9% de las trabajadoras foráneas cuando dicha
ocupación tan sólo representa al 1,0% de las mujeres nativas ocupadas.
La inserción de las mujeres inmigrantes en el seno de una división internacional
del trabajo reproductivo debe considerarse un fenómeno global que en Europa atañe
especialmente a España y a los países situados en el sur del continente (Grecia,
Italia y Portugal). De hecho, aunque en nuestro país todavía sea un tema novedoso a
investigar, fuera de nuestras fronteras se ha desarrollado una relevante literatura que
analiza los flujos migratorios femeninos como un recurso de los países desarrollados
para ocupar aquellos huecos que la inserción laboral de las mujeres autóctonas ha
propiciado dentro de los hogares. Y no solamente para encargarse de las tareas básicas
de limpieza del hogar, sino también aquellas actividades vinculadas al cuidado de
niños, enfermos, mayores y discapacitados. Es así como han aparecido recientemente
los términos de “criadas de la globalización” (“servants of globalisation”) acuñado
por Rhacel Parreñas (2001), “cadenas globales de cuidado” (“global chains of
affection”) utilizado por Hochschild (2000), y el de “mujeres globales” para referirse
a las inmigrantes ocupadas como niñeras, enfermeras y criadas (Ehrenreich y
Hochschild, 2004).
La irregularidad del servicio doméstico y su inserción en la economía sumergida
hace pensar que las estadísticas no ofrecen datos fiables de ambas actividades2.
En España, todas las actividades relacionadas con el desempeño de las tareas
reproductivas son contabilizadas a nivel oficial como parte del servicio doméstico
1 Es el caso de Colombia que aunque hoy en día tiene una relación de sexos de 77 hombres por cada
100 mujeres, en el año 2001 ese ratio fue de 65 hombres por cada 100 mujeres.
2 Es posible que las cifras de mujeres extranjeras empleadas en el servicio doméstico sean más fiables
que las recogidas para las mujeres nativas. Las diferencias de fiabilidad estadística entre ambos
colectivos están motivadas por los escasos beneficios de protección que en España reporta el régimen
que regula el servicio doméstico (ej. no acceso a la prestación por desempleo). Ello repercute en que
la población autóctona no tenga interés en darse de alta en la Seguridad Social como Empleadas
de Hogar. Sin embargo, la población extranjera necesita su incorporación legal al mercado laboral
para poder regularizar su situación.
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sin diferenciar la variedad de ocupaciones que engloba dicho sector. Por lo tanto,
las cifras no pueden recoger que, de forma paralela a la extranjerización del servicio
doméstico se han modificado las actividades para las cuales se contrataba de forma
tradicional una empleada de hogar. El cuidado de personas dependientes se está
consolidando como la ocupación que inicia la trayectoria laboral de las mujeres
inmigrantes en España (Martínez Buján, 2006).
Dicha actividad se realiza en la mayor parte de los casos como “trabajo doméstico”
y se regula bajo las condiciones laborales, económicas y legislativas que existen para
este empleo. El sector de cuidados dentro de los hogares carece, por lo tanto, de un
marco legal propio por ser considerado como una actividad que se equipara con la
de la limpieza de la casa. Esta carencia de entidad del sector de cuidados deriva en
que no exista un nombre adecuado para denominar a esta actividad considerándose
en todos los casos como “servicio doméstico”.
Este texto avanza en el intento de dotar de contenido el sector de cuidados a
domicilio diferenciándolo del servicio doméstico y, por ello, se ha designado a este
empleo como “sector doméstico de cuidados”. La finalidad de esta denominación es
distinguir, por una parte, dentro del sector de cuidados aquella asistencia contratada
a través de empresas privadas o proporcionada por ayuntamientos que aunque se
realiza dentro del hogar de la persona afectada, tiene unas condiciones laborales
diferentes a las que se circunscriben dentro del servicio doméstico. Por otro lado, este
concepto también sirve para separar la actividad de “cuidar” de la tarea de “limpiar”,
que a pesar de ser consideradas las dos como servicio doméstico y de regularse bajo
los mismos supuestos legales, tanto la formación como la intensidad del trabajo es
diferente en ambos casos.
Para la redacción de este documento se ha realizado un estudio cualitativo de los
elementos que han incidido en la aparición del empleo de cuidados en el hogar como
un nicho laboral para las mujeres inmigrantes latinoamericanas y de las características
de esta actividad. La finalidad de entrelazar estos aspectos está relacionada con un
interés en explicar cómo dicho empleo afecta a la condición del status de residencia
de las mujeres inmigrantes, cual es la incidencia sobre su integración en la sociedad y
en qué medida repercute en su situación de vulnerabilidad. El análisis se ha centrado
en el estudio de cuidados destinados a las personas mayores por haber encontrado
en el trabajo de campo evidencias de que cerca del 90% de las ofertas de asistencia
personal en el sector doméstico de cuidados están dirigidas a este colectivo.
Además el presente capítulo se adentra en la relación entre inmigración y Estado
del Bienestar. Analizando los beneficios para las familias españolas que contratan
a domésticas cuidadoras se observa como la inmigración internacional desafía los
canales de provisión de protección social entre el estado y el mercado. Se argumenta
que el modelo migratorio que recibe España relaja las tensiones existentes en los
hogares ante la ausencia de una política social adecuada de atención personal y el
aumento de las mujeres autóctonas que participan en el mercado laboral formal.
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Metodología
El método de investigación utilizado para la redacción del presente texto se
basa en un análisis cualitativo de veinte entrevistas en profundidad y dos grupos
de discusión realizados en el período de marzo a mayo de 2007 en la ciudad de A
Coruña. Los colectivos a los que se han dirigido ambas técnicas son, por una parte,
mujeres inmigrantes que se dedican a la asistencia de personas mayores dentro del
servicio doméstico y, por otra, familias empleadoras de estas cuidadoras inmigrantes.
El número de entrevistas es de diez en cada uno de ambos colectivos y los
participantes de los grupos de discusión han sido únicamente domésticas cuidadoras.
El trabajo de campo se ha centrado en mujeres procedentes de latinoamerica que
trabajan en régimen de internas, por ser esta modalidad la que aglutina a un mayor
porcentaje de mujeres extranjeras y la que representa al colectivo más vulnerable
de las trabajadoras domésticas. También se ha recogido información cualitativa en
cinco entidades del Tercer Sector que cuentan con una bolsa de empleo destinada al
sector doméstico de cuidados.
Tanto las entrevistas como los grupos focales se han guiado a través de un
cuestionario semi-estructurado en el que se incluyeron, para las cuidadoras, preguntas
relativas al proyecto migratorio, el tipo de empleo en el país de origen, las relaciones
con la familia y la persona a la que cuida, las experiencias en otros trabajos, y la
formación recibida en el ámbito de la salud. En el caso de las familias contratantes,
los temas de la entrevista contenían aspectos relacionados con la decisión de emplear
a una cuidadora, las desavenencias que pudo provocar la decisión dentro de la familia,
cómo se estructuraban con anterioridad a la contratación las tareas del cuidado,
los costos de estas tareas sobre la cuidadora principal (materiales, psicológicos,
sociales…), el perfil de cuidadora deseado, las condiciones laborales de la empleada,
y la adaptación del anciano y de la familia a la cuidadora.
El acercamiento a las personas entrevistadas se ha realizado a través de la
Congregación María Inmaculada de A Coruña, (institución que se ocupa de la bolsa
de empleo para el sector doméstico de cuidados) y del Centro de Información de
Trabajadores Extranjeros (CITE, Comisiones Obreras). También se han utilizado las
redes sociales personales de algunas de las entrevistadas. El contacto con las familias
empleadoras ha sido realizado a través del Centro de Hogar de Cáritas (en A Coruña).
El “trabajo de cuidados” y la evolución del concepto “care”
“Care” ha sido el concepto utilizado en la literatura feminista británica preocupada
por analizar la relación entre el cuidador y el receptor del cuidado. Este término, que
aparece en los años ochenta, inaugura una nueva línea de investigación que estudia
el trabajo asistencial dirigido a aquella población que necesita la ayuda de una tercera
persona para el desarrollo de las actividades de la vida diaria. En castellano puede
traducirse como “cuidar” y representa al conjunto de actividades que tienen como
finalidad paliar el deterioro físico y/o psicológico de aquellos que no pueden valerse
por sí mismos.
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Esta nueva corriente teórica nace en el interior del debate planteado en torno a
la división sexual del trabajo y al papel que han jugado las estructuras sociales para
la permanencia de las mujeres en el hogar. Así mismo, el concepto “care” aparece
rodeado de una polémica que intenta averiguar si el “cuidado” puede ser equiparado
a un empleo formal puesto que en su interior operan vínculos de cariño y afecto
que difícilmente pueden traducirse en un salario. Es decir, esta perspectiva feminista
británica parte del planteamiento feminista-marxista de que el servicio doméstico y,
por lo tanto el trabajo de cuidado, no puede ajustarse a los cánones mercantiles del
mercado laboral ni puede considerarse como un trabajo en su sentido estricto porque
las cuidadoras familiares no tienen como objetivo un beneficio económico y, además,
no se produce un intercambio de bienes. El resultado del trabajo basado en el cuidado
de una persona dependiente no puede valorarse en términos económicos puesto que
las sensaciones de “sentirse cuidado” y “ofrecer cuidado” van más allá del ámbito
monetario (Badgett y Folbre, 1999)3.
Por ello, las académicas pioneras de esta perspectiva comenzaron sus reflexiones
teóricas buscando dos palabras que reflejasen cada una de las secciones del empleo
del cuidado, despejando las posibles confusiones de sus diferentes esferas. “Amor”
y “trabajo” fueron desplegados como conceptos diferentes aunque formasen parte
de una misma actividad. El término se repartió entre lo que en inglés se denomina
como “care about someone” y “care for someone”. Mientras que “Care about” hace
referencia a dar sentimientos de afecto, “care for” se configura como “prestar cuidado”
(Graham, 1979, 1983; Badgett y Folbre, 1999; Leira, 1993b). Hillay Graham (1979)
ha sido la primera autora en diferenciar ambos roles del “cuidado”. Utiliza este
concepto para analizar la opresión de las mujeres en la sociedad y demostrar como
las partes que operan en el interior de este concepto han sido utilizadas de forma
confusa por los diseñadores de la política social. La finalidad sería la legitimación
de la subsidiariedad del cuidado en la familia y la justificación de una ausencia de
cobertura institucional. “Care for” y “care about” se construyeron analíticamente
para clarificar la identificación realizada desde la política social e incluso desde el
seno familiar de los componentes de amor y cuidado que implica toda actividad
asistencial. Había sido precisamente la asimilación entre cuidar y dar cariño donde
surge la equiparación del cuidado como una actividad inherente e innata para la
población femenina. La delegación del cuidado a las mujeres proviene:
1) De la delegación de este trabajo por parte del estado hacia la familia, basándose
en la justificación de que querer a alguien te permite cuidarlo.
2) De la asunción de que al ser una actividad que se realiza en el hogar forma
parte del trabajo doméstico (Graham, 1983).
En realidad, esta distinción entre “care for” y “care about” opera no solamente
en el camino de diferenciar dentro del cuidado la parte de trabajo y de amor, sino
3 “Se trata de un tipo de actividad que exige una atención personal, de unos servicios que normalmente
se prestan cara a cara, en una relación de confianza mutua, y cuyos destinatarios a menudo no pueden
expresar con claridad sus necesidades, como los niños pequeños, los enfermos o los ancianos”
(Badgett y Folbre, 1999).
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que también tiene como objetivo poner de relieve la naturaleza dual del cuidado
(Graham, 1983; Finch y Groves, 1983). El solapamiento entre el afecto y el cuidado
hace que ambas esferas se confundan. Es esta superposición de la que se aprovechan
las políticas sociales para legitimar su escasa cobertura y la que dificulta la traducción
salarial del trabajo del cuidado, precisamente porque el trabajo emocional que
implica va más allá de las típicas relaciones mercantiles de producción.
Otra fuente de teorización del término “care” en la década de los ochenta, aparte
del desarrollado por la perspectiva feminista, es la enmarcada en el seno de la política
social. Su máximo exponente es Parker (1981) que utilizará el término “tending”
(=cuidar de) para hacer referencia al cuidado asistencial con la propuesta de que se
sustituya al término “care for” (“prestar cuidado”) y dejar el vocablo “care” para
hacer referencia al proceso “care about” (“dar cariño”) (Finch, 1993). Su interés se
centra en el reparto de las tareas del cuidado entre la familia y el estado y cuál será
el impacto del envejecimiento sobre la capacidad de cuidados en el seno familiar.
Otro intento de despojar los elementos de afecto del “trabajo de cuidado” es el de
Waerness (1987) quien utiliza el término “care-giving work” que define el cuidado
como aquella actividad dirigida “a miembros de la sociedad, que de acuerdo a normas
sociales comúnmente aceptadas, no son capaces de cuidar de sí mismos, y de igual
manera, no pueden establecer una relación de provisión y recepción recíproca de dartomar cuando vienen a ayudar y apoyar su vida diaria” (Waerness, 1987)4.
Pronto aparecen críticas a esta argumentación teórica de los años ochenta. La
principal controversia aparece en torno a la asunción de que el “trabajo del cuidado”
es únicamente aquel que desempeñan las mujeres en el interior de la familia,
dentro del espacio doméstico, y que está dirigido a los miembros con los cuales
se comparten unos vínculos de parentesco y sin ningún tipo de remuneración. Los
primeros intentos en definir “cuidado” asimilan el acto de “cuidar” como una labor
doméstica, que se realiza dentro del hogar y que es llevada a cabo fundamentalmente
por los miembros familiares femeninos. Eso no significa que no se reconozca la
existencia de otras relaciones de cuidado en otros contextos sociales, pero la esencia
del cuidado es realizada por y para la familia. “El punto de partida del concepto de
cuidar de Graham es la dimensión de la identidad social del cuidador” (Thomas,
1993: 654) precisamente porque su objetivo principal es analizar el “trabajo del
cuidado” para entender la posición de las mujeres en la sociedad. Como ella misma
dice es “un concepto de cuidar como trabajo de mujeres” (Graham, 1983: 27).
Carol Thomas (1993) en “De-constructing concepts of care” analiza todos estos
conceptos académicos y observa los problemas que plantean. La crítica que realiza
al “care for” y al “care about” de H. Graham, surge porque son unas categorías
analíticas muy estrechas en las que no tienen cabida otras relaciones de cuidado que
pueden desarrollarse en el interior del hogar o fuera de él. El cuidado de personas
4 La crítica a este concepto es que no tiene en cuenta ni la dimensión de género ni la diferente posición
de las mujeres en el hogar (Dwyer y Coward, 1992).
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dependientes realizado por mujeres inmigrantes, objeto de esta investigación,
no formaría parte de este estricto concepto de “cuidar”. Tampoco entrarían los
cuidados realizados por personas voluntarias ni por la política social. Al centrarse
en el cuidado efectuado por “mujeres” no se tiene en cuenta el trabajo de cuidado
realizado desde otros ámbitos institucionales. Así mismo, el concepto de “tending”
de Parker también es limitado porque aunque tiene en cuenta un rango más amplio
de relaciones de cuidado (el realizado en instituciones públicas: residencias, centros
de día, trabajadores a domicilio) únicamente se centra en el cuidado de personas
dependientes obviando aquellos cuidados que se realizan a personas autónomas en
el seno de la familia5.
Clare Ungerson (1990) señala que el problema del concepto “care” es que asume
que el cuidado realizado por las mujeres en el interior del hogar es un “cuidado”
de mayor calidad que el realizado por otros cuidadores. La naturaleza del cuidado
está vinculada a cualidades femeninas socialmente construidas y a la localización
socialmente estructurada de las mujeres en el interior del hogar. Aunque H. Graham
reconoce la existencia de “cuidado” en el trabajo pagado de la salud y de los
trabajadores de los servicios sociales, la relación entre el cuidador y el cliente no
forma parte de la esencia del “caring” por ella concebido. La ausencia de los lazos
de afecto y de la obligación social de “cuidar” que sí existe en el interior del hogar
para los miembros femeninos repercuten en que el “trabajo de cuidado” remunerado
sea totalmente diferente.
Por otra parte, algunos autores como Martínez Veiga (2004) critican la perspectiva
feminista de los años 80 sobre el trabajo del cuidado porque asume que únicamente
cuidan las mujeres. Estas investigaciones se centraron en destacar como el “cuidado
es una actividad esencialmente femenina y familiar (Martínez Veiga, 2004: 178) y
aunque de hecho esta premisa es cierta no se reconoció en esta época la existencia
de cuidadores varones” tal y como resaltaron otros estudios, como los efectuados
por Briggs (1983) o Arber y Ginn (1992). En ellos se demuestra que en el trabajo
de cuidado no influye únicamente la situación de género sino también la de clase.
Así, Arber y Ginn (1992) encontraron que los varones de clase media alta y con
cualificación no residen en el mismo domicilio de la persona que cuidan mientras
que eso sí sucede en los hombres sin cualificación o con una cualificación media
hasta el punto de que surgen con la misma frecuencia que las mujeres cuidadoras de
su misma clase social6.
El concepto de “cuidar” surgido en torno a las consideraciones pioneras del
“trabajo de cuidado” de Graham no sirven como marco teórico para esta investigación
porque:
- No permiten entender por qué se procede a una mercantilización de las tareas
asistenciales en algunos hogares privados.
5 “Tending” es el “trabajo de cuidar a aquéllos quienes, temporal o permanentemente, no pueden
hacerlo por sí mismos” (Parker, 1981: 17).
6 Celia Valiente (1997) también incorpora la dimensión de los cuidadores masculinos.
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- No ofrecen una perspectiva teórica desde la cual analizar la estructuración de
este mercado de trabajo.
- No posibilitan estudiar las implicaciones existentes entre cuidadora pagadafamilia-persona dependiente.
La reconceptualización del concepto “care” en los años 90
En los años noventa en un artículo denominado “The concept of caring in feminist
research: the case of domestic service”, Graham (1991) reconoce la existencia de
deficiencias en su concepción del trabajo del cuidado. Es consciente de que su
definición de “care” ha logrado esclarecer las pautas que operan en el interior del
cuidado familiar pero sin embargo oculta las relaciones de cuidado que pueden
existir en el interior de los hogares y no son desempeñados por miembros con
vínculos parentales. Incorporando a sus investigaciones las dimensiones de clase y
etnia, visualiza por primera vez el cuidado de personas dependientes realizado por
mujeres inmigrantes como una forma de “care”.
Se desarrollaron relevantes avances en definir el concepto de “cuidar” A lo largo
de la década de los noventa. El objetivo analítico es conseguir un término que incluya
los diferentes componentes de la actividad del cuidado y que pueda extenderse a
todos los agentes de provisión asistencial. El debate, al igual que en los años ochenta,
gira en torno a los aspectos de afecto y trabajo que se superponen en la actividad de
cuidar y se centra en averiguar si el trabajo de cuidado remunerado está desprovisto
o no de “amor”.
Comienzan así una serie de investigaciones cuyo interés es renovar el concepto
de “cuidar”. Destacan los análisis de Clare Ungerson (1990), quien al contrario de la
perspectiva feminista británica (en donde está ubicado el pensamiento de Graham),
analiza los nexos de cuidado existentes tanto en el ámbito público como en el privado
incorporando las tareas realizadas tanto por familiares como por no familiares. De
esta forma, modifica la dicotomía existente entre “amor” y “trabajo” recogida con
la clásica conceptualización del cuidado. Si las relaciones de cuidado ya no están
únicamente dominadas por vínculos familiares, el trabajo asistencial tendría que ser
despojado de la relación de amor y afecto aunque eso no significase que la atención
estuviese desprovista de lazos emocionales. Aboga por la utilización del concepto
“care-giving work” desarrollado por Waerness (1987) y por la separación de ambos
componentes del cuidado para poder analizar la asistencia efectuada desde la esfera
de los servicios sociales.
Otros autores como Carol Thomas (1993) proponen construir un concepto de
cuidado que aglutine las propuestas encabezadas tanto desde la perspectiva feminista
como desde la política social, que haga referencia al cuidado pagado como al informal,
al prestado en el hogar y en los servicios públicos y que está dirigido no únicamente
a personas dependientes (niños, enfermos y ancianos) sino el que también se efectúa
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a adultos autosuficientes (Ungerson no incluía esta categoría en sus análisis)7. Fisher
y Tronto (1990) también se adentran en este intento de conseguir un concepto global
del término “cuidar”. Asumen que el “cuidado” puede ser organizado en tres esferas:
el hogar/comunidad, el mercado y la burocracia. Utilizan una definición de “cuidar”
más abstracta8 pero aportan una interesante identificación de los componentes del
“cuidado”. Diferencian cuatro fases en esta actividad: “care about”, “taking care of”,
“caregiving” y “care-receiving”. En cada una de estas etapas operan los denominados
como “ability factors” (factores de capacidad) entre los que destacan: el tiempo, los
recursos materiales, el conocimiento y las aptitudes. El equilibrio de estos factores en
el proceso del “cuidado” dependerá de los actores implicados y del contexto histórico
y cultural en el que se encuentran (por ejemplo: los cuidadores pueden tener aptitudes
pero no tiempo para aplicarlas).
En realidad, todos estos análisis que surgen en la década de los noventa entienden
que en el trabajo asistencial remunerado existen relaciones de cariño y de afecto.
Cancian (2000) explica como el cuidado remunerado desde la perspectiva de las
teóricas feministas de los años 80 era analizado como un “cuidado” peor que el
efectuado en el seno familiar porque se mueve en los límites empresariales de
ganancia de beneficios y reducción de costos. Esta línea teórica heredaba la
concepción burocrática defendida por Max Weber que consideraba a las instituciones
y a las organizaciones empresariales como espacios dominados por la jerarquía, la
autoridad y por procedimientos rígidos orientados en base a conocimientos técnicos
bajo cualificaciones formales. Esto se considera incompatible con la realización
de un “buen cuidado” ya que este trabajo requiere de una descentralización de la
autoridad y una flexibilidad de actuación para proceder a una correcta satisfacción de
las necesidades de los receptores de asistencia. Sin embargo, esta autora resalta como
no todos los modelos de capitalismo son incompatibles con la prestación de atención
a personas dependientes como es el caso de los países nórdicos. Es más, incluso llega
a afirmar que entre las familias existen muchos procesos de autoridad y jerarquía que
pueden dar lugar a relaciones abusivas y no únicamente se mueven bajo aspectos
románticos de voluntariedad, cariño y afecto9.
En definitiva, el debate del concepto “care” en la década de los noventa
reivindica la existencia de diversas relaciones de cuidado que no son recogidas por
la perspectiva feminista británica de los años 80. Estos estudios, al centrarse en el
7 “Cuidar es tanto la provisión pagada como la no pagada de apoyo que implique actividades laborales
y estados emocionales. Es proveído principalmente, pero no exclusivamente por mujeres tanto a
adultos autónomos como dependientes y niños en la esfera pública y privada, y en una variedad
de entornos institucionales. Todas las relaciones de cuidado entran en los límites de tal concepto:
el cuidado familiar en sus diversas formas; el cuidado de niños en diferentes contextos; algunos
servicios sociales, actividades del servicio de salud y de servicio de voluntariado; y aquellos servicios
que son comercializados como aquellos que están dentro del sector estatal” (Thomas, 1993: 665).
8 “Una especie de actividad que incluye todas las cosas que hacemos para mantener, continuar y
reparar nuestro mundo para que podamos vivir en él tan bien como sea posible” (Fisher y Tronto,
1990: 40).
9 “El cuidado familiar, al igual que el cuidado remunerado, puede ser bueno o malo dependiendo de
cómo uno u otro esté organizado” (Cancian, 2000: 139).
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análisis del “trabajo del cuidado” únicamente realizado por miembros familiares,
derivaron en una definición muy estricta del acto “cuidar”, entendiendo que todo
“cuidado” mercantilizado es de “mala calidad”. Esta consideración era un resultado
de la distinción realizada entre los componentes físicos y los emocionales de las
actividades asistenciales. El “trabajo del cuidado” mercantilizado (es decir, aquél
en el que se recibe un salario por las tareas de atención prestada) es de peor calidad
porque en él fallan los vínculos afectivos. Si el trabajo de cuidar no es efectuado por
la familia la parte emocional queda desprovista de significado. Ello genera que las
relaciones formales de cuidado sean “peores” que las realizadas por las familias.
Todo trabajo debe ser cuantificado en tareas tangibles que puedan ser remuneradas
económicamente. Pero… ¿Cómo cuantificar en dinero el bienestar de un enfermo o
un discapacitado? La mercantilización de las tareas reproductivas, y entre ellas, el
cuidado de personas mayores ha reabierto este clásico planteamiento ya abordado
por las feministas-marxistas. El cuidado de ancianos une las dos esferas que fueron
separadas con la industrialización y pone en cuestión todos los límites establecidos
entre ambas. El hogar, el lugar donde se distribuyen y se enseñan las emociones,
donde se recibe y se otorga afecto y el dominio público, en donde tiene lugar la
racionalidad y la lógica de capital.
El cuidado personal dirigido al mantenimiento físico requiere de unos
conocimientos que fácilmente pueden traducirse en un salario. El trabajo emocional,
sin embargo, no se especifica como una forma de “labor especializada”, sino que se
atribuye a componentes de personalidad de la cuidadora. Hochschild (2000, 1983) ha
sido una de las primeras autoras en reconocer la existencia de un “trabajo emocional”
en las actividades del sector servicios en las que aparece implicadas personas. James
(1989) ha luchado en sus investigaciones por el reconocimiento de la labor emocional
como un “trabajo”. Eso significa, en contra del pensamiento de Graham, que existen
“emociones” (cariño, afecto, amor…) en el “cuidado” privatizado10.
El cuidado de los mayores, de los niños y de los enfermos copa un espectro más
amplio de posibilidades que el hogar, tanto desde su componente técnico como
emocional. El trabajo reproductivo no puede remitirse únicamente a la esfera
doméstica, aunque ésta siga siendo la principal fuente de provisión. El cuidado es
llevado a cabo en algunos casos por los servicios públicos del estado, en otros el
estado relega al mercado la provisión de los mismos e incluso puede suceder que sea
la propia familia la que mercantilice la actividad de “cuidar” a una tercera persona.
Desde el momento en que el mercado entra en la relación de “cuidar” su análisis
se convierte en más complejo si cabe. Si se quiere incorporar la dimensión de género,
10 “Desde que las cualificaciones en la dirección de emociones son aprendidas por las mujeres
como parte de su trabajo doméstico, éstas también son utilizadas dentro del empleo remunerado.
La dicotomía entre trabajo doméstico y trabajo remunerado está expuesta […] Aunque el trabajo
emocional parte del mantenimiento y continuidad del poder laboral y de las relaciones sociales de
producción en el lugar de trabajo y en el dominio doméstico, éste permanece invisible como una
forma de trabajo” (James, 1989:39).
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clase y etnia, la división público/privado falla. El cuidado puede ser realizado dentro
del espacio doméstico y existir una relación mercantil y un apoyo emocional. El
caso de las inmigrantes cuidadoras y el de las trabajadoras a domicilio de los SAD
municipales son claros ejemplos. Unas son contratadas por decisión de la familia,
las otras son subvencionadas por el estado. Ambas son cuidadoras. La dimensión
emocional, en contra de lo que podría considerarse en la década de los 80 sigue
vigente en las dos situaciones.
Este texto se circunscribe dentro de esta corriente teórica de los años noventa
que observa el cuidado mercantilizado como un trabajo en el que se entremezclan
fuertes lazos afectivos y emocionales. El cuidado de mayores se ha convertido en un
oficio de dar cariño, de otorgar amor y bienestar, especialmente el que se desarrolla
dentro del sector doméstico de cuidados por mujeres inmigrantes. La ausencia en
los hogares de las cuidadoras principales debido a la creciente incorporación de la
mujer al mercando laboral ha derivado en una demanda de cuidados no solamente
profesionales, sino también afectivos, llegándose a explorar incluso los límites del
trabajo emocional.
El cuidado de personas mayores: yacimiento de empleo para mujeres nativas y
nicho laboral para mujeres inmigrantes
Aunque la extranjerización del servicio doméstico comenzó en la década de los
años noventa, (Oso, 1998), en los últimos años este fenómeno se ha acentuado. Los
datos de afiliación a la Seguridad Social recogidos por el Ministerio de Trabajo
(diciembre 2007) indican que el 56,8% de las personas incluidas en el Régimen
Especial de Servicio Doméstico son extranjeras, cuando siete años antes este
porcentaje se reducía a la mitad situándose en un 31,8%. La aceleración de este
proceso aparece vinculada al rechazo de las mujeres nativas a emplearse en esta
actividad y al incremento de la demanda de empleadas de hogar. Ese aumento de
necesidad de trabajadoras domésticas está unido al envejecimiento de la población
y a la carga de cuidados en las familias con personas dependientes. Es así como al
servicio doméstico se ha incorporado el cuidado de personas mayores derivando en
lo que en esta investigación se denomina como sector doméstico de cuidados.
En muchos casos la situación de dependencia en la que se encuentran algunos
mayores no transcurre con la presencia de una mujer en el hogar dispuesta a ocuparse
de la asistencia personal. La incorporación de la mujer nativa ha seguido una
progresión tal que tan sólo en un período de diez años la cifra de población femenina
desempleada ha descendido de un 28,0% en 1997 a un 10,5% en 200711. Ello ha
supuesto la reducción de familias que cuentan con una mujer cuya única ocupación
es el desempeño de tareas reproductivas. Además el aumento de población femenina
con una carrera profesional no ha sido correspondido con una igualdad entre sexos
en el reparto de las tareas desempeñadas en el interior de los hogares, por lo que
es posible pronosticar un alza en la demanda de empleadas de hogar y domésticas
cuidadoras.
11 Datos de la Encuesta de Población Activa, 2º trimestre.
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El trabajo de campo dirigido a técnicos de diversas asociaciones indica que el
90% de la demanda existente hacia empleadas de hogar está dirigida al cuidado de
personas mayores. Esta actividad se convierte en la principal salida laboral de las
mujeres inmigrantes que están empadronadas en nuestro país. Estos entrevistados
pertenecientes a ONG’s e instituciones con bolsa de empleo para cuidadoras
extranjeras afirman que normalmente el trabajo de asistencia es ocupado por mujeres
extranjeras irregulares que acaban de llegar al país.
Una encuesta realizada por el IMSERSO en el año 2004 (IMSERSO, 2004a) sobre
“Empleados de Hogar. Apoyo a Mayores” recoge la experiencia de 200 personas
empleadas como domésticas cuidadoras y estima que el 40% de las cuidadoras de
mayores contratadas por los hogares son extranjeras, elevándose esta cifra al 81,3%
en el caso de que trabajen dentro del régimen de internas. Al ser la mayoría de las
ofertas de trabajo dentro de la modalidad de “interna”, las circunstancias vitales
de las recién llegadas indocumentadas son las que mejor se acoplan a este empleo.
La regulación jurídica y el reagrupamiento familiar condicionarán la salida de la
cuidadora del régimen de interna y su establecimiento en las modalidades de atención
que se ubican en la fórmula de “externa” (desde por horas a jornada completa).
Es así como el trabajo de cuidados se convierte en un nicho laboral para aquellas
mujeres procedentes de nacionalidades menos asentadas en el país que todavía no
han podido regularizar su situación y que, por tanto, deben acceder a empleos de
rápida inserción, tal y como es el caso del servicio doméstico y su derivación en el
sector doméstico de cuidados. Es sabido por literatura especializada (Cachón, 1995)
que los inmigrantes comienzan trabajando en el país receptor en aquellos empleos
con menor regulación laboral y, por lo tanto, con mayor arbitrariedad por parte de
los empleadores en el establecimiento de las condiciones de trabajo. La situación
de inestabilidad jurídica a la que se enfrenta un importante porcentaje de personas
inmigrantes12 obliga a este colectivo a incluirse en el lado sumergido de la economía.
La última Normalización (llevada a cabo en el año 2005) visibilizó a más de 500.000
trabajadores extranjeros (CES, 2006), un tercio de los cuales solicitaba un permiso
de trabajo en el Régimen de Hogar, constituyéndose este trabajo como aquel en el
que la incidencia de la irregularidad es más elevada.
Pero la irregularidad no es el único componente que determina la inserción de las
mujeres inmigrantes en el sector doméstico de cuidados. La nacionalidad también
es un factor importante a tener en cuenta pues existe una clara predilección de las
familias empleadoras hacia las cuidadoras procedentes de Latinoamérica. El análisis
cualitativo del trabajo de campo no muestra evidencias de que esa preferencia está
motivada por un diferente coste económico en la contratación de este colectivo,
situación que hace pensar en otros elementos relacionados con la disponibilidad,
la cercanía cultural ejemplificada en una igualdad de idioma y de religión, y
determinadas características de personalidad que se asocian a las mujeres latinas y
las hace especialmente aptas para el cuidado de personas mayores.
12 El peso de la inmigración irregular calculado como diferencia entre el número de extranjeros
empadronados y el de residentes legales se situó el 1 de enero de 2007 en un 32,5%.
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“Pedíamos que fuese latinoamericana, eso lo primero, porque si no… mi padre
ya no tiene tanta “Pedíamos que fuese latinoamericana, eso es lo primero,
porque sino... mi padre ya no tiene tanta capacidad para entender las cosas. Hay
que hablarle despacito, despacito y alto, porque no oye bien. No es que él fuese
rechazar a una negra o a una del Este, pero mejor que hablase español muy
bien, porque si no, no la iba a entender. Hombre, date cuenta de que estamos
hablando ya de casi noventa años. La capacidad de comprender ya no es muy
tal…” (Familia empleadora de una cuidadora inmigrante).
“Una Barbaridad! Yyy entonces la otra, todo lo que le decía yo le parecía bien,
pero había un problema. Me parece que era de Guinea o algo así... Le costaba
mucho hablar el español... Y entonces yo decía; mmm... Con mi madre, con
el problema que tenía... Ahora me entiendes ya, ¿no? Con la facha que tenía,
si aún encima ella no puede entender y tal... […] Papá en un principio decía:
“negra no, negra no”. Y a mamá... No es que sean racistas, pero la gente mayor
ya sabes que tal, ¿no? Y la colombiana tiene el colorcito éste y le habíamos
dicho mi hermano: “mira, tiene un poquito de color”... Porque yo me acuerdo
de que a la paraguaya le decía la negrita, y estaba yo más negra que ella en el
verano” (Familia empleadora de una cuidadora inmigrante).
Las probabilidades de permanecer en este empleo dependen en gran medida de las
circunstancias vitales. Las mujeres extranjeras “sin papeles” y sin familia directa en
el país de recepción son más vulnerables a insertarse como internas, modalidad que
hoy por hoy, está copada por el trabajo de cuidados (principalmente de ancianos).
“Estar interna” permite ahorrar, enviar dinero al país de origen y permanecer
invisible a las autoridades en caso de irregularidad. Ventajas para toda recién llegada
que quiere ahorrar el máximo de dinero posible. De ahí que se vaya realizando una
rotación de nacionalidades en las cuidadoras a medida que se van cumpliendo las
expectativas laborales de las que más tiempo llevan desempeñando esta actividad.
También influyen determinadas decisiones políticas como la obtención de papeles
o la exención de visado (una vez que se exigió el visado a Colombia, empezó a
llegar más gente de Ecuador, cuando a este país también se le pidió la visa, entonces
comienza a la afluencia de personas bolivianas) que influye en una sucesión étnica
en las nacionalidades que si incorporan al servicio doméstico interno (Raijman, R.
et al., 2003).
La mencionada encuesta del IMSERSO dirigida a empleadas de hogar que
trabajan en el cuidado de personas mayores señala que el 85% de las cuidadoras
extranjeras procedían de Latinoamérica. Entre ellas, la nacionalidad mayoritaria era
la ecuatoriana agrupando al 37,5% de los casos. Pero la dinámica de los mercados
laborales irregulares circula con rapidez. Van al ritmo de la renovación de los
flujos migratorios y de algunas decisiones políticas por lo que en la actualidad se
han incorporado a este sector nuevas nacionalidades como la boliviana. Tras la
Normalización de 2005 el 90% de las mujeres ecuatorianas tienen sus papeles en
regla y la exención de visado hasta abril de 2007 para Bolivia facilitó un reciente
asentamiento de personas procedentes de este país que no se produjo en paralelo a
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su estabilidad jurídica. De hecho, el 73,4% del colectivo femenino boliviano carece
de permiso de residencia. El trabajo de campo efectuado confirma esta tendencia de
reclutamiento de las nacionalidades de reciente instalación en el país, sobre todo,
para los trabajos que se ofertan en régimen de interna.
“Y luego, bueno, pues la gente recién llegada, por ejemplo, el trabajo de interna que estamos
solicitando… Cada vez menos gente quiere trabajar de interna, muy poquita gente, ni siquiera los
recién llegados porque bueno, tienen aquí familia, o algún amigo y se van a vivir a un piso de a lo
mejor ocho emigrantes.
Interna… ¿Que pasa? Es que internas a lo mejor están un año, están cuando llegan, están un año y
luego ya ahorran y ya ven que bueno… Porque un trabajo de interna, hombre, es muy sacrificado.
Quieras que no estas todo el día… […] Estás las veinticuatro horas a disposición de la familia, ¿no?
Y... Y están pues un año; hombre, hay gente que está más porque por fidelidad o porque mucha
gente arregla los papeles, ¿no? Porque bueno, formas parte de una familia, estás un año y la gente le
arregla los papeles. Entonces hay gente que por fidelidad… […] Se queda, ¿no? Pero mucha gente
que no... Una vez que tiene arreglados los papeles pues decide trabajar de... Decide trabajar de
externa. A mí... A nosotros nos llegan muchísimas ofertas de internas. No se pueden cubrir todas;
hay veces que tenemo... Que disponemos de personal, hay otras veces que no. Y bueno, vemos que
la gente sigue necesitando la persona interna”. (Técnico Centro Hogar).

En definitiva, el envejecimiento de la población y la inserción de la mujer nativa
al mercado laboral han desafiado la provisión pública de cuidados, hasta el punto de
que el cuidado de personas mayores es considerado como un yacimiento de empleo
dentro del colectivo femenino13. Sin embargo, este empleo aparece segmentado según
etnia puesto que las mujeres nativas prácticamente no se ocupan dentro del sector
doméstico de cuidados, sino que cuando se dedican a la asistencia lo hacen dentro de
los cánones formales de la economía. O bien como empleadas de empresas privadas
o bien como contratadas de entes públicos. Esta misma encuesta refleja como las
mujeres extranjeras se ocupan en las modalidades de trabajo en las que apenas
existe población autóctona por lo que la competencia laboral de este sector entre
nativas/extranjeras es mínima. Las mujeres foráneas se encuentran en los empleos
de cuidado que requieren jornadas laborales más extenuantes y las españolas están
ubicadas en los trabajos asistenciales de menor intensidad. Si alrededor del 80% de
las trabajadoras internas son extranjeras esa misma cifra aparece para las cuidadoras
autóctonas por horas. Las mujeres inmigrantes son reclutadas “por obligación” como
domésticas. De hecho, sólo dos de ellas tenían pensado trabajar en esto antes de
migrar y tan sólo cinco se dedicaban a este trabajo en su país de origen.

13 La Ley 39/2006 de “Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación
de Dependencia” recoge que la asistencia a personas dependientes es un yacimiento de empleo,
albergando esta normativa la creación de 300.000 puestos de trabajo.
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GRAFICO Nº 1 Modalidad de trabajo en el sector
doméstico de cuidados según nacionalidad de la
cuidadora, 2004

Fuente: Elaboración propia a partir de IMSERSO (2004b), Encuesta Empleados de Hogar. Apoyo a
Mayores, Madrid, IMSERSO.

La intensidad de las tareas en el cuidado de personas mayores
En el sector doméstico de cuidados es común que la atención personal de los
ancianos se combine con las actividades de limpieza y mantenimiento del hogar. Al
ser un trabajo que se realiza en el interior del domicilio, las cuidadoras de ancianos,
no son solamente eso, sino que se convierten en “chicas para todo”. Esta situación
es especialmente importante en el régimen de interna. El 89,4% de las cuidadoras
entrevistadas en el estudio “Empleados de Hogar. Apoyo a Mayores” (IMSERSO,
2004a), aseguran que la realización de las tareas domésticas (limpiar, planchar,
cocinar…) forma parte de su trabajo junto con la asistencia y cuidados.
“Yo tengo veinte años de enfermera. En Uruguay trabajaba en el sanatorio. Aquí lo que más me
cuesta hacer es las tareas de la casa… nunca había hecho esto. Ni cocinar, ni nada. Yo comía en el
comedor del sanatorio, no cocinaba no… Eso es lo peor. Me levanto a las nueve y media. Éste...
Preparo el zumo, le hago el desayuno... A veces se levanta, a veces no se quiere levantar. Le preparo
la comida... Después le preparo el sitio para que se levante y a las once, once y algo nos acostamos.
La baño... Y bueno, hago las tareas de la casa...” (Cuidadora uruguaya).

Ello repercute en la invisibilización de su trabajo como cuidadoras, en la escasa
valoración del mismo y en la asimilación del acto del cuidado como una mera
actividad doméstica más. La limpieza y la toma de contacto con el anciano se hacen
al mismo tiempo. Bañar al mayor, responsabilizarse de las medicinas, acompañarlo
al médico e ir con él a dar un paseo para que recupere algo de su movilidad son
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las actividades más sencillas que tiene que realizar una cuidadora. La incontinencia
fecal y urinaria y la vigilancia nocturna del anciano, son los aspectos más duros que
se tienen que afrontar en este empleo.
El “cuidado de ancianos” amplía y extiende las actividades que clásicamente
desempeñaban las “sirvientas”. A la limpieza del hogar se suman las de vigilancia y
asistencia de los miembros más mayores. Ello supone tener bajo responsabilidad la
vida de personas a la que es necesario atender no únicamente desde el punto de vista
físico. La asistencia pasa por la comprensión, el cariño y la compañía. A las duras
tareas de atención personal relacionadas con el aseo, la movilidad, el suministro
de medicamentos y la vigilancia nocturna también existen actividades emocionales
conducentes a mantener el bienestar psicológico del enfermo anciano.
La trabajadora debe de mantener una posición conversadora, de comprensión y
de ánimo ante personas que quizá pierdan la vida en poco tiempo. Las cuidadoras
entrevistadas afirman que uno de los mayores problemas de las personas receptoras
de asistencia es su grado de depresión, originado no únicamente por su salud,
sino también por motivos personales, en muchos casos agudizados por ciertos
medicamentos. Las enfermedades, las patologías irreversibles, los medicamentos,
influyen en el estado de ánimo de los mayores y en sus alteraciones de carácter.
El esfuerzo físico y la implicación que suponen la custodia continua del mayor
repercuten en el estado anímico de la cuidadora, sobre todo, si trabaja de interna.
Como es bien conocido y otros estudios han recalcado el cansancio psicológico
es un referente continúo en las mujeres que trabajan como internas en el servicio
doméstico (Oso, 1998). Pero este agotamiento psicológico se agrava aún más cuando
se añade el cuidado de una persona mayor, debido, precisamente al mayor esfuerzo
y dedicación que tienen que prestar14.
“Es un señor que está mal de la cabeza y que tiene algo de Alzheimer y tiene
94 años. Y no es que se haya portado muy bien porque me pega. Es terrible, me
pega. Cuando se enfadaba o algo cuando no se quería vestir, él me pega. Pero
los seres humanos… mira está enfermo… si fuera una persona que estuviera
bien de la cabeza pero bueno, pero igual le tengo cariño. Aún me acaba de
pegar ahora. Ahora no tiene tanta fuerza pero antes sí. Uy… antes era terrible,
ahora ya no tiene tanta fuerza pero aún así, te aprieta la mano y a mí este hueso
(señala la muñeca) se me salió porque él me torció la mano. […] No, porque
él está mal, está mal de la cabeza. Está viudo, yo vine a trabajar aquí cuando
la esposa había muerto y ya estaba enfermo de aquellas, ya tenía como unos
quince años mal de la cabeza. Él era una persona muy fuerte, por eso tiene
tanta fuerza, porque él era una persona de campo, fue militar también. Era una
14 “La soledad de la empleada que ve pasar las horas de su vida “entre cuatro paredes” puede
desembocar en problemas de salud mental; las depresiones son frecuentes. La situación se agrava
si la trabajadora está en contacto con personas de edad avanzada. Los problemas psicológicos de
éstos últimos, su propia soledad y su frecuente tristeza influyen en el estado de ánimo de las mujeres
inmigrantes, entonces las relaciones sociales se limitan, al contacto con su patrón; algunos sufren de
enfermedades mentales, otras tienen enfermedades degenerativas…” (Oso, 2002: 298).
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persona fuerte y fuerte, pero aún… porque está enfermo… Y yo tengo que
atenderlo yo sola”. (Cuidadora venezolana).
La falta de espacio privado, de tiempo libre para relajarse y pensar en ella
misma, la ausencia de un lugar propio que pueda “definir como suyo” agravan las
circunstancias en las que se encuentra la inmigrante. El desarrollo vital y el trabajo
pertenecen al mismo ámbito. No es posible separar lo que pertenece a tu propia
vida y lo que es específico de tu ocupación. Ambos conceptos permanecen juntos,
inseparables. No existe una definición del tiempo de tu jornada laboral, porque es
todo el día. Estas horas no se pueden catalogar como extraordinarias, sino que es
lo que la legislación denomina como “tiempo de presencia”: “se trata de tiempos
acordados entre el empleador y la trabajadora y que no se dedican a la realización de
tareas domésticas habituales sino de tareas que exijan poco esfuerzo, como abrir la
puerta, coger el teléfono, etc...”(Martínez Veiga, 2004). Pero, estas tareas no pueden
ser definidas como de “poco esfuerzo” en la actividad del cuidado de ancianos.
Levantarse por la noche, cuidar al anciano desvelado, suministrarle sus medicinas en
horarios no “laborales” formaría parte del tiempo de presencia.
“Pero mira, con esta segunda señora me fui no por el trabajo, porque el trabajo ya estoy habituada
y porque son seres humanos, pero lo peor era el trato. Entonces ella vivía con su hija, no vivía sola,
vivía con su hija y ella no me daba ni un solo día libre. Sólo me daba un la tarde del jueves libre
que libraba a las cuatro y tenía que estar de vuelta antes de las ocho. El resto no tenía libre ni un,
ni un momento. El único momento que yo decía “estoy sola”, es cuando iba a tirar la basura. Y era
fatal ese trabajo porque no podía dormir. Esta señora se levantaba siete, ocho veces en la noche y
era imposible, yo no podía dormir. Y todos los días estaba nerviosa y mal de una manera que yo
decía: “No, esto no lo puedo aguantar”
(Cuidadora venezolana).

Nuevos requerimientos de formación en las empleadas de hogar cuidadoras
El cuidado de personas mayores requiere de una formación específica dirigida,
principalmente, en dos ámbitos. Por una parte, las actividades relacionadas con
un “cuidado físico” (levantar al mayor, asearlo, inyectarle…) que pueden ser
contabilizadas dentro de un concepto profesional del cuidado mediante la presencia
de una serie de conocimientos médicos. Por otra, el “cuidado emocional” que
implica una relación personal con el mayor que requiere de una serie de habilidades
emocionales que se traduzcan en ofrecer bienestar y consuelo.
Este ámbito afectivo de cuidados, el más difícil de cuantificar profesionalmente
porque se asocia a ciertas capacidades o habilidades personales, es el más
demandado en la mercantilización de la asistencia de mayores. Una de las actitudes
de las familias empleadoras que más centró mi atención cuando empecé a realizar
trabajo de campo es que ninguna de ellas solicitaba que la futura cuidadora fuese una
profesional, o por lo menos, que hubiese adquirido algún conocimiento médico y/o
sanitario, aunque fuera básico. La respuesta de los empleadores a la pregunta: “¿Qué
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características valora o valoró de su trabajadora para su contratación?” siempre era
la misma: “paciencia” y “cariño”. Parece que para tener éxito como cuidadoras, los
empleadores se fijan en el trato personal que la trabajadora tiene con el anciano más
que en su cualificación porque demandan a personas portadoras de cariño.
“Yo no pedía nada de nada. Solamente, claro, pues que fuese cariñosa y que
tratase bien a mi madre, pero nada más. A ver, si tenía experiencia pues mejor
y eso y si era una persona madura también, pero nada más. Porque claro, los
cuidados de mi madre… tampoco necesitaba una profesional. Yo la cuidé
siempre y entonces pues otra persona también puede cuidarla”
(Familia empleadora de una cuidadora inmigrante).
“Pido que sea cariñosa y paciente. Eso sí porque mi padre se las trae. De repente
te grita o te dice algo malo y claro… hay que tener paciencia”
(Familia empleadora de una cuidadora inmigrante).
Las familias no necesitan una enfermera. No quieren una persona especializada en
atención geriátrica, o por lo menos, no es esta formación la que se demanda en primer
lugar. Quieren una persona que con su compañía y afecto les ofrezca tranquilidad,
armonía y les haga sentirse queridos. No solicitan una enfermera profesional puesto
que los conocimientos más técnicos “se aprenden con la práctica”15. Requieren de
alguien que sustituya el lugar de la mujer que tendría que ser la cuidadora principal,
que sea capaz de desempeñar el rol de la “hija” o de la “esposa”. Se atrae a inmigrantes
hacia una actividad, en la que supuestamente no es necesaria más que la experiencia
vital y desarrollar el rol aprendido en el país de origen con su familia.
Las mujeres inmigrantes desempeñan en los países de destino aquellas tareas que
se espera que sepan hacer por su propia condición femenina sin tener en cuenta sus
capacitaciones formales laborales. Esta ausencia en la demanda de conocimientos
está relacionada con la vinculación del cuidado al ámbito doméstico. En primer lugar
supone que el cuidado sea asimilado como una actividad femenina. En segundo
lugar, conlleva que el entrenamiento necesario para su desarrollo se considere como
“innato” para las mujeres sin que se reconozcan sus capacitaciones16.
Esta consideración se aplica principalmente en las tareas emocionales. El
cuidado personal dirigido al mantenimiento físico requiere de unos conocimientos
estandarizados que fácilmente pueden traducirse en un salario. El trabajo afectivo,
sin embargo, no se especifica como una forma de “labor especializada”, sino que se
concreta en componentes de personalidad de la cuidadora.
15 Sin embargo, una investigación realizada en la ciudad de Barcelona (Gallart, 2007) demuestra que al
76% de las cuidadoras inmigrantes entrevistadas se les encargaba valorar emergencias y reconocer
alteraciones en la salud de la persona mayor, a pesar de que tan sólo la mitad de ellas habían
realizado algún tipo de formación específica a tal efecto.
16 “El cuidado es definido como trabajo de mujeres y por eso está devaluado. En suma, los buenos
salarios son justificados como una recompensa por la aplicación especializada de conocimientos y
cualificaciones. El cuidado está visto como una capacidad natural de las mujeres que no requiere
conocimientos especializados o entrenamientos” (Cancian, 2000: 140)
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Cuando los parientes del anciano observan que éste necesita unos cuidados
especializados se le envía a un Centro de Día, a una Residencia de la Tercera Edad
o se solicita el Servicio de Ayuda a Domicilio en el ente municipal correspondiente.
Estos recursos institucionalizados pueden combinarse con la permanencia en el
hogar de una cuidadora “interna” o “por horas”. Pero, esta externalización de la
asistencia profesional no se pone en las manos de las mujeres inmigrantes, sino que
se dirige hacia una vía que ofrezca “garantías en la calidad del servicio”, en donde la
presencia de trabajadoras autóctonas es la mayoritaria.
En las asociaciones de inmigrantes se han empezado a programar cursos de
auxiliar de geriatría destinados principalmente a las mujeres extranjeras que cuidan
ancianos como empleadas de hogar, en los cuales, se ofrecen entrenamientos básicos
de asistencia personal. La experiencia de tal actividad formativa ha sido muy positiva
y ha sido muy bien evaluada por ambas partes. Se trata de una formación específica
para la situación de las trabajadoras extranjeras por lo que tal actividad académica
intenta ser lo más corta posible y en horario extralaboral (con clases los fines de
semana). Las inmigrantes que han hecho un curso de este tipo declaran su gran
utilidad y aplicabilidad en el trabajo diario. Aspectos relacionados con la movilidad
de la persona mayor (hacer la cama con el enfermo en su interior) o dirigidos a
conocer las posturas corporales adecuadas para efectuar un desplazamiento del
anciano son las mejor valoradas.
Sin embargo, esta formación no está dirigida a la parte emocional de los cuidados,
sino a los elementos técnicos de la asistencia, que por otra parte, también son
necesarios. De todas formas, se trata de una formación incompleta, pues requiere
que la cuidadora se sensibilice con la persona a la que atiende y que sea capaz de
tratarla con la serenidad necesaria en momentos de conflicto, no solamente entre
la trabajadora y el anciano, sino también entre éste y su propia familia. Ésa es la
esencia de la cuidadora: una persona capaz de cuidar, vigilar, cambiar pañales, asear,
movilizar y suministrar medicamentos pero también que pueda habilitar a la persona
mayor a recuperar su autonomía y a trabajar a su lado para mejorar sus relaciones
con respecto a su entorno. Ésa es la definición clásica de la “trabajadora familiar” que
tiene el Servicio de Ayuda a Domicilio de los ayuntamientos, en donde, los aspectos
emocionales y educativos son una parte tan importante como los conocimientos
técnicos del cuidado.
El desempeño del lado afectivo puede resultar complicado para la cuidadora
contratada aunque la familia empleadora suponga que el “cariño” surge como un
sentimiento natural, inherente al colectivo femenino. El vínculo de la cuidadora con
el anciano da lugar a una situación de “cariño” ficticio, en el sentido de que, en un
principio es creado a partir de una relación salarial. Es formado bajo los principios
del mercado. Sin embargo, con el paso del tiempo, el trabajo de cuidados supone
la realización de ciertas actividades consideradas como “íntimas” acarreando una
fuerte interrelación entre la cuidadora y el mayor que puede llegar a mantenerse una
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vez concluido el vínculo laboral. Las visitas a los “abuelos” que se han cuidado es un
referente continuo en las entrevistas realizadas.
“Al principio no mucho porque no estaba tan mal. Y entonces iba sobrellevándolo
y el tiempo va pasando y una se va encariñando con él y entonces pues ya…
al final, ya no cambias. Yo ahora lo veo como mi padre y lo cuido y lo mimo
y todas esas cosas. Ay, mucha paciencia, amor por el prójimo… porque tienen
que tener… porque muchas personas lo hacen e igual trabajaban pero mira…
a mi me da mucha pena cuando tratan mal a una persona mayor o a un niño,
porque ellos son indefensos. Entonces a mí este señor me ha hecho de todo,
pegarme, cagarme, mearme, escupirme… de todo. Entonces cuando él me hace
estas cosas yo digo “yo no puedo volverme contra él. Imposible”. (Cuidadora
venezolana).
La demanda de “trabajo emocional” por parte de las familias empleadoras tiene
un importante significado subyacente. Las familias no quieren enfermeras para sus
seres queridos. No demandan a una cuidadora profesional capacitada con una serie
de conocimientos médicos para efectuar la asistencia. Las familias, y principalmente
la persona sobre la que recae la tarea de la contratación, desean a alguien que sea
capaz de cuidar a su abuelo, padre o madre tal y como ellas mismas lo harían. De ahí
la importancia del cariño, del amor y de la paciencia como principales características
a resaltar.
Ello supone que exista una fuerte relación de afecto entre la cuidadora y el
receptor de cuidados. Aunque el componente emocional siempre ha existido en el
servicio doméstico, en el cuidado de personas mayores el sentimiento de cariño es
más profundo.
En el servicio doméstico dedicado únicamente a la limpieza y mantenimiento al
no existir una vinculación personal con alguno de los miembros del hogar, la parte
emocional no está dirigida a una persona concreta. El lado emocional en ese caso
pasaría por la siempre “sonrisa” en el rostro, la continua amabilidad con los patronos
o la aceptación de la posible relación de dominación existente con ellos. En el cuidado
a niños el aspecto emocional externalizado también es diferente. En este caso, la
parte emocional del cuidado supone vínculos de afecto con los infantes pero existe
un respaldo de sus padres con quienes se comparte el cuidado a diario. La madre es
la garante del “cariño” y “amor” siendo la empleada un apoyo, un soporte que no
consentirían que reemplazase al verdadero “amor de madre”. Cuando se demanda
una cuidadora de niños el lado emocional del cuidado es guardado con celosía por
parte de la patrona. La figura de “madre” y “esposa” es insustituible. La trabajadora,
en estos casos, es únicamente un sostén de la familia, se la busca para la realización
de las tareas físicas de limpieza y para el cuidado de los infantes únicamente cuando
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ella no puede responsabilizarse de su custodia y siempre como un complemento a la
educación materna (y paterna)17.
Sin embargo, en el caso de la cuidadora de ancianos, se busca exportar el lado
afectivo. No se quiere mercantilizar el rol emocional de “madre” y “esposa”, pero
sí el de “hija”. “Ser una buena madre” es un aspecto con el que todavía las mujeres
sienten reflejada su feminidad. “Ser una buena hija” y cuidar de los padres es una dura
tarea, no elegida, y gustosamente delegan en manos de una cuidadora la atención que
requieren. El niño se considera una inversión, el mayor, una obligación.
“Venían dos horas las hermanas y esas dos horas yo me iba... Pero, llegó un
momento que las hermanas no venían todos los días. Entonces yo dije que
por lo menos tenía que salir para tomar algo el aire. Llegamos al acuerdo de
que yo salía dos horas todas las tardes vinieran o no vinieran sus hermanas.
Ella lo entendía. Al principio iba el médico, iba la hermana... Ahora arreglo yo
con el médico, traigo... Como que se descansaron mucho en mí: “bueno, éste
es el dinero del mes” y ellos siguen con su estilo de vida. Y ella eso lo sintió
muchísimo... Al principio el hijo que vive cerca, venía dos o tres veces por
semana; pero ahora pasan veinte días y ni aparece... Ella ya, ahora como que se
adaptó pero al principio le costó. Ella al principio tuvo una depresión. Y cuando
los hijos, el hijo que vivía aquí... Ha dejado de venir, la nuera y todo... Tuvo un
bajón”. (Cuidadora uruguaya).
La demanda de trabajo emocional está relacionada con la necesidad de afecto que
precisan las personas dependientes y con la imposibilidad de los hijos de otorgar
ese cariño, principalmente por una ausencia de tiempo material. Otros factores que
perjudican la dedicación afectiva de los vástagos están asociados a la distante relación
que pueden llegar a mantener padres e hijos, o el temor a dañar un matrimonio
por la inversión física y psíquica que requiere el cuidado de una persona mayor.
Además, contratar a una cuidadora dirime las discusiones familiares de quién es el
que debe cuidar, evita modificar el estilo de vida que se ha llevado hasta el momento
y amortigua los efectos de culpabilidad cuando no se realiza el cuidado.

17 “En ocasiones, este contacto estrecho en el ámbito del espacio social privado del hogar, hace que
surjan celos, por parte de las empleadoras, que ven en la chica una competidora que puede llegar
a suplantar su rol como madre y esposa. Temen que la empleada doméstica conquiste al marido y
que se apropie del cariño de sus hijos. Algunos empleadores contratan trabajadoras domésticas
como una estrategia de sustitución de una mujer por otra en las labores reproductivas del hogar,
tradicionalmente realizadas por la mujer y desvalorizadas socialmente. Algunas patronas no desean
que esta sustitución de tareas conlleve asociada la parte afectiva del rol de madre y esposa. Así, ven
su terreno emocional invadido cuando la chica se hace con el cariño de sus hijos y entabla amistad
con el marido o compañero. A la doméstica se le reserva la realización de las tareas tradicionales
del ama de casa más sucias o despreciadas; si bien, la empleadora debe guardar el dominio de las
labores que producen satisfacción personal, cuidar con esmero la propiedad del cariño y afecto de
los miembros del hogar” (Oso, 2001:107).
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Las depresiones y las cargas psicológicas que suponen el cuidado sobre los
hijos no solamente están representadas por la intensidad de las tareas asistenciales,
sino que también juega un papel importante el “factor sorpresa” de la enfermedad,
elemento que incide sobre los cambios en el ritmo de vida de los hijos. “Cuidar” a
un anciano no es un elemento añadido a una situación elegida de manera voluntaria.
Las modificaciones del tipo de convivencia en la familia están marcadas por dos
componentes: el matrimonio y el nacimiento de los hijos. Ambos sucesos modifican
los ritmos de vida y las pautas de cohabitación. Pero, normalmente, esas dos
situaciones son elegidas o por lo menos consentidas de manera voluntaria, de tal
forma, que son planificadas en el ritmo de vida de cada persona. Sin embargo,
“cuidar” a un anciano es una situación sobrevenida por un deterioro físico. Con lo
cual, puede suceder, que las circunstancias de vida de la familia no sean las más
adecuadas o deseables como para ejercer los cuidados en el momento en que el
mayor así lo necesita.
Un Estado de Bienestar y un Modelo Migratorio complementarios
El Estado de Bienestar “familista” característico de Europa del Sur introduce a
la familia como institución central que se ocupa de las contingencias personales
sufridas por sus miembros. Esta concepción de una política social centrada en el
trabajo familiar junto con la ausencia de unos niveles adecuados de servicios sociales,
supone que en aquellos casos en los que la malla de parientes no pueda afrontar las
contingencias de sus miembros, la familia decida privatizar la satisfacción de sus
necesidades. Cuando la necesidad es el cuidado de una persona mayor, la familia
puede mercantilizar la asistencia por diferentes vías, sin embargo, la más usual y
común en los países mediterráneos es la contratación de una empleada de hogar
inmigrante. Esta situación que es característica del caso español no aparece en los
países de la Europa continental y nórdica (Navarro, 2002), en donde las mujeres
inmigrantes cuidadoras ejercen como cuidadoras dentro de la red de servicios
sociales. En España tan sólo el 1,9% de las cuidadoras extranjeras desempeñan esta
actividad de forma profesional en el ámbito de la “salud y los servicios sociales”,
mientras que un 14,8% de este colectivo está incluido en tareas relacionadas con
“servicios a los hogares”. Grecia presenta una situación parecida, las cifras en este
caso varían del 1,6% al 17,2%. Sin embargo, en Noruega el 21,3% de la población
extranjera desempeña las tareas de cuidado inserta en el Estado del Bienestar.

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GRAFICO Nº 2 Población extranjera empleada en las
actividades “Servicios a los Hogares” y “Salud y
Servicios Sociales”, media 2001-2002

Fuente: OCDE (2004), Tendances des migrations internationales: rapport annuel 2003,
París, OCDE :59

La diferente organización del “trabajo de cuidados” en el seno de los regímenes de
bienestar y su delegación al servicio doméstico en el caso de los países de Europa del
Sur está determinada por la evolución histórica de cada una de estas regiones tanto en
términos políticos y económicos, como aquellos que enmarcan el mercado laboral.
Hay que tener en cuenta que mientras en los años 30 en Suecia se estaba planteando
un debate sobre la conciliación familiar y laboral, en la Europa fascista se intentaba
relegar a las mujeres a sus roles de madres y esposas. En la Europa nórdica, a medida
que las tasas de natalidad iban descendiendo ya se empezó a traspasar parte de las
tareas domésticas a los servicios de bienestar, siendo el empleador el Estado y no la
familia (Platzer, 2006). De ahí que los sirvientes domésticos en esta región fuesen
desapareciendo paulatinamente a lo largo del siglo XX. La extinción de los criados
sobre la población activa en el caso sueco puede observarse en los datos que ofrece
Sarti (2005): en 1950, el porcentaje de domésticos sobre la población activa era de un
2,9%, en 1960, un 1,3% y en 1990 tan sólo representaban al 0,05%.
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Según esta autora existe una correlación entre la incidencia del servicio doméstico
y el gasto social público, de tal forma que los trabajadores domésticos son más
numerosos en aquellos países europeos en los que la inversión pública en servicios
sociales es menor. La tabla que aparece a continuación ofrece una comparación de las
variables gasto social público, porcentaje de trabajadores domésticos sobre población
activa y ratio de empleo femenino entre diversos países del entorno europeo. El caso
de España destaca por poseer el peso de empleados domésticos más elevado (un
3,4%) y el porcentaje de gasto social público más pequeño (19,6%).
Tabla 1. Porcentaje de trabajadores domésticos, gasto
social público y ratio de empleo femenino en algunos
países europeos

Fuente: Sarti (2005); OECD, Social expenditure database (www.oecd.org/els/social/depenses); ILO,
Internacional Labour Organization (www.ilo.org)

Las cifras también indican que en algunos países nórdicos, como en Noruega,
se ha incrementado en los últimos años el recurso privado de las domésticas
debido a las tendencias privatizadoras de la política social y a las mejoras en los
beneficios salariales de las empleadas de hogar. Sin embargo, esa mercantilización
está acompañada de un elevado gasto público y se produce dentro de un mercado
laboral regulado. Sin duda, el hecho de que en Europa del Sur predomine un régimen
de bienestar mediterráneo, con servicios sociales poco desarrollados y basado en la
asunción de que las familias (madres y esposas) son las principales responsables de
satisfacer las necesidades de los individuos, ha provocado la formación al margen del
estado de un mercado laboral sumergido centrado en trabajo doméstico que también
incluye el desempeño de tareas reproductivas. El incremento de la participación
laboral femenina, y el envejecimiento de la población han repercutido en el aumento
de la demanda de domésticas, principalmente para efectuar las tareas de cuidados.
En España en concreto, el desarrollo de este sector doméstico de cuidados
destinado a la asistencia de personas mayores coincide con un contexto de relevante
intensidad migratoria en nuestro territorio. El quinquenio 2000-2005 es el de mayor
incorporación de inmigrantes en la historia de España. El número de extranjeros
se multiplica por cuatro desde el año 2000 hasta el 2005. En términos relativos
evoluciona de un peso de un 2,3% a un 8,4% (Padrón Municipal de Habitantes a
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1 de Enero). La aceleración de los flujos migratorios en los últimos años es una
de las principales características de la inmigración que actualmente recibe no solo
España, sino también, todos los países de Europa del Sur18, convirtiéndose así este
espacio geográfico en receptor de inmigración internacional. La composición de
esta inmigración destaca además por estar protagonizada por población femenina
a diferencia de la inmigración que los países centroeuropeos recibieron en los años
70, asociada al “varón cabeza de familia”. Castles y Miller (1993:8-9) identifican
ya a comienzos de la década de los noventa que la feminización de la migración
internacional es la tendencia que modela la “nueva era de la migración”.
King, R. y E. Zontini, (2000) señalan la existencia de una serie de condicionantes
geográficos, económicos y sociodemográficos que inducen a que en la Europa del
Sur se instale este modelo migratorio divergente del que se instauró tras la Segunda
Guerra Mundial y se extendió hasta los años 70. En la inmigración internacional
recibida en el período postbélico predominaba un flujo de mano de obra masculina
ocupado en las actividades industriales de la economía formal. Sin embargo, en las
migraciones actuales la mujer ocupa una posición de agente activo, no asociada
a decisiones masculinas y se emplea en trabajos tradicionalmente incluidos en la
economía sumergida. Estas autoras señalan que la conversión del Sur de Europa de
una región de emigración a otra de inmigración se debe por un lado, a la posición
geográfica estratégica de esta región para la existencia de movimientos de personas
pero por otro, también existen unos condicionantes económicos y sociodemográficos.
La economía del Sur de Europa facilita la llegada de inmigrantes porque varios de sus
sectores principales (turismo, tráfico marítimo, pesca, y en general, el sector servicios)
implican vínculos con el mundo exterior. Como elemento sociodemográfico destaca
el progresivo envejecimiento de la población. Así mismo, es imprescindible tener en
cuenta el aumento de la participación laboral del colectivo femenino autóctono junto
con las modificaciones en las formas familiares. Estos dos últimos elementos han
dado lugar a que la mujer nativa no esté en el hogar y ante el hueco de su ausencia se
mercantilice el trabajo que con anterioridad ella misma desempeñaba.
Analizando específicamente el caso de España es necesario incorporar un
elemento añadido que podría denominarse como “factor político”. Dentro del
ámbito legislativo, cabe recordar que tras los sucesos de El Ejido en el año 2001
y la fuerte dependencia que el Gobierno parecía encontrar en la mano de obra
marroquí, se propició una ardua selección migratoria con el objetivo de “elegir
otras nacionalidades” consideradas como menos “conflictivas” para el entorno de la
sociedad civil española. Los elegidos fueron los latinoamericanos que por sus nexos
con la cultura hispana se pensaba que tendrían una integración “menos problemática”.
Para ello el Gobierno desarrolló dos regularizaciones (una en el año 2000 y otra
en el 2001 denominada como “Documentación por arraigo”) de la que salieron
18 Excepto Portugal en donde la inmigración femenina es minoritaria. Oso y Catarino (1997) explican
la especificidad de este país en donde la etnización del trabajo tiene lugar principalmente en el sector
de la construcción y no en el servicio doméstico, por lo que la inmigración es predominantemente
masculina.
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ampliamente beneficiados las personas de la región Sur del continente americano.
Si bien, en las regularizaciones que habían tenido lugar con anterioridad (en el año
85, en el 91 y en el 96) se visibilizaron, sobre todo, personas originarias del Magreb,
en las del nuevo milenio, la entrada a la legalidad se dio de forma predominante
entre los latinoamericanos (para ver con más detalle este tema, leer: Izquierdo et
al., 2003; Martínez, 2003). Es así como se procedió a una latinoamericanización19
de la población inmigrante. En el reciente Proceso de Normalización de 2005 el
39,0% de las solicitudes presentadas corresponden tan sólo a cuatro nacionalidades
latinoamericanas (Ecuador, Colombia, Bolivia y Argentina).
Esa latinoamericanización ha venido acompañada de una feminización de la
inmigración, puesto que la población latinoamericana que llega a España está
compuesta principalmente por mujeres. Ello se relaciona con la necesidad de mano de
obra femenina para las actividades de la economía sumergida y del sector servicios,
entre las cuales, se encuentra el sector doméstico de cuidados. El trabajo de campo
efectuado para esta investigación refleja la preferencia de las familias empleadoras
de “sirvientas” y cuidadoras procedentes de Latinoamérica. El idioma, la religión y,
en definitiva, la cercanía cultural explican esta predilección. Y es así como la división
internacional del trabajo llega a establecerse en el interior del ámbito privado20.
Conclusiones
La principal vía de privatización de la asistencia dirigida a personas mayores es
el servicio doméstico. La empleada de hogar se erige como figura principal en la
dispensación de cuidados mercantilizados. Las ventajas que ofrece este recurso en
cuanto a disponibilidad horaria y condiciones laborales son dos aspectos que inciden
en su demanda junto con las deficiencias del sistema público de protección social y
la incorporación laboral de la mujer nativa.
El proceso de internacionalización que está experimentando el mercado laboral
español ha convertido este empleo en un verdadero nicho laboral para las personas
inmigrantes. Este servicio de hogar destinado al cuidado de personas mayores se ha
configurado para la mayoría de las mujeres extranjeras en el inicio de su trayectoria
laboral en nuestro país. Consideradas como trabajadoras domésticas, la mayoría de
ellas sin estabilidad jurídica, las necesidades asistenciales de las familias empleadoras
se invisibilizan ante la ausencia de una red adecuada de servicios sociales. Al
mismo tiempo se oculta la vulnerabilidad de estas trabajadoras bajo la frontera
que marca la privacidad del hogar. La preferencia en la contratación de cuidadoras
latinoamericanas está enraizada en un componente simbólico cultural considerado
19 El término latinoamericanización ha sido acuñado por Izquierdo et al (2003).
20 “En otras palabras, cuando la reproducción social en países desarrollados se satisface más a través
de un mercado global que a través del Estado de Bienestar, los países menos desarrollados terminan
por entregar una subvención indirecta a los países desarrollados a través del trabajo mal remunerado
o no remunerado. A largo plazo esta relación empeorará la desigualdad económica ya existente entre
los países” (Stefoni, 2002: 124).
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similar al español y en la generación de estereotipos relacionados con cualidades de
personalidad esenciales para el desempeño de esta actividad, tales como “paciencia”
y “cariño”. Se obvian los requisitos profesionales formales y se priorizan aquellos
que tradicionalmente se han asociado al carácter femenino. De esta manera, la
cuidadora inmigrante desempeña el trabajo físico (limpieza del hogar) y emocional
(dispensación de asistencia) que con anterioridad cubría el trabajo reproductivo de
las mujeres nativas.

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Migración, Ciudadanía y Calidad de Vida: Una mirada
de género al caso del municipio de Cochabamba.

María Esther Pozo
Olivia Román1
Cochabamba ha sido uno de los departamentos que reportó mayor número de
migrantes en las últimas décadas, aún así, la presencia de mujeres estuvo desde los
inicios aunque invisibilizada en las investigaciones. Sin embargo en la década del
2000 no se pudo ignorar a las mujeres migrantes por el impacto y las características
propias de su migración. Para tocar el tema de migración en Bolivia, es necesario
comenzar por la migración internacional. En un breve resumen, la migración
internacional de latinoamericanos es un fenómeno de larga data, a pesar de que
existen datos de migraciones anteriores al 50 son los años 60 y 70 que registran
mayor información e intensidad en la movilidad humana. De acuerdo a Pellegrino
hasta la década del 60 las migraciones eran casi exclusivamente fronterizas, sobre
todo se insertaban a la actividad agrícola, en los años 80, el flujo de migrantes se
orientó hacia Estados Unidos, Canadá, Europa, Australia y Japón, en los años 90,
la emigración hacia los países desarrollados se agudizó, siendo Estados Unidos el
de mayor preferencia. Así, los latinoamericanos registrados en Estados Unidos en
1960 eran un millón, mientras que en 1990 llegaron a ser ocho millones y medio
(Pellegrino, 2002). Hacia finales del siglo pasado se inicia el desplazamiento de
flujos de migración latinoamericana hacia países europeos, principalmente España
e Italia, proveniente sobre todo del Perú, Ecuador y Bolivia en los últimos años
(Pellegrino, 2003)2.
La descripción, la caracterización y el análisis de los procesos migratorios
transnacionales de los/as bolivianos/as parten de miradas históricas de matrices
culturales y dinámicas propias, fueron explicadas desde el manejo de pisos ecológicos
ancestrales que definían practicas de movilidad poblacional en las sociedades andinas
desde tiempos milenarios (Hinojosa, 2007). Es necesario también tomar en cuenta
los punto de inflexión de la historia, dejando de lado las continuidades, puesto que
la migración actual implica el traslado de una actividad a otra, por ejemplo de la
agricultura a la construcción y no solo de un piso ecológico a otro. Esta tuvo su inicio
en la “mita”, que era una actividad “obligada” para los indígenas en la extracción
de minerales. Quizá el elemento importante a rescatar, es que la mita permitió la
relación de los indígenas con los centros poblados, y por ende se incentivó el trabajo
artesanal y las nuevas relaciones como los compadrazgos y nuevas alianzas, como
uniones matrimoniales con otros sectores (Hinojosa, 2007).
1 Olivia Román es investigadora de “CIUDADANÍA, Comunidad de Estudios Sociales y Acción
Pública”.
2 Pellegrino, Adela. Migración de mano de obra calificada desde Argentina y Uruguay, Programa de
migraciones internacionales Oficina Internacional del Trabajo Ginebra. 2003.
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En este contexto, el momento de constitución de Bolivia como nación es
importante para el análisis de las migraciones. La revolución del 52, que se considera
el hecho político más decisivo del siglo XX boliviano, fue un proceso que dio
origen al Estado céntrico y al proyecto modernizador, en este hecho se observa la
mediación de imaginarios y los sistemas de representación social en los procesos de
conformación de ciudadanía. Rivera (1993) considera que la insurrección popular
del 52, creó condiciones para la eclosión de múltiples y abigarradas prácticas de
participación del sector campesino en la política, donde aparentemente se logró una
democratización sustancial de las formas de ejercicio del poder en la sociedad. Al
mismo tiempo se plantea la apertura del mercado en el que se incluye la integración
de los indígenas al mercado con su consecuente correlato: la migración interna que
se ha ido expresando en los datos poblacionales que fueron en aumento en el área
urbana –de 26% en 1950 a 62% el 2001 (Román, 2010)3– esto refleja una lógica
que primó en la migración interna, la urbanización como el modelo de desarrollo
promovió el desplazamiento de las poblaciones rurales hacia las ciudades.
Otro acontecimiento que provocó un flujo interno muy importante, además de las
transformaciones del 52, es la implantación de la política neoliberal en 1985. Aunque
existía ya una migración antes del decreto supremo 21060, con la implantación de
sucesivos ajustes estructurales, despidos masivos de trabajadores, agudización de
los problemas sociales y económicos se acrecentó la migración interna desde los
distintos departamentos hacia el llamado eje central (Vacaflores, 2003). En esta
misma línea Román (2009) relaciona la intensificación de las migraciones a partir de
la implementación de los programas de ajuste estructural.
En cuanto a las migraciones según destino, la migración de Bolivia hacia la
Argentina es una de las más representativas, existen datos que esta se inició en el siglo
XIX, y que se acrecentó a partir de la guerra del Chaco (1932-1935). Las provincias
limítrofes de Argentina, que se dedicaban a la producción extractiva tropical fueron
las principales áreas receptoras de mano de obra estacional provenientes de Bolivia
(Lopez: 1999).
En Bolivia la migración es una constante desde mediados del siglo XX, siendo uno
de los destinos preferenciales la Argentina. Sobre la migración hacia este país se han
realizado múltiples estudios que muestran las características, situación y magnitud
del fenómeno, así como los problemas que ello supone para el ejercicio ciudadano
(Dandler & Medeiros, 1991; Benencia, 1994, 1995, 1997; Hinojosa, 1999; Zalles,
2002; Cortés, 198 y 2004; De la Torre, 2006 y 2007; De la Torre et al, 2007; López,
1999; Prieto, 2007; Sassone, s/f; Giorgis, 2004; Guevara, 2004 y otros). Sin embargo
la gran mayoría de estos estudios no toma en cuenta la cuestión de género.

3 Migración y ciudadanía. Ampliación/restricción de la ciudadanía por la migración. En DECURSOS
Revista de Ciencias Sociales, Año XII, Número 21, abril 2010, Cochabamba, CESU-UMSS.
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Marcela Cerrutti (s.f.), se acerca a la migración intraregional, mostrando que la
población de migrantes bolivianos que llegaron a la Argentina hasta el año 1969
eran 51.5% hombres y 48.4% mujeres; los años 1970-1979 el 49.5% son hombres
y el 50.5% son mujeres; en el período 1980-1989 el 51.6% son hombres y el 48.4%
mujeres y para el 1990-2002 el 46.7% hombres y el 53.3% mujeres, estos datos nos
dicen que la presencia de las mujeres fue significativa hace dos décadas y fueron
subsumidas en los estudios migratorios hacia la Argentina como destino. El dato de
reunificación familiar como motivo de migración en el mismo estudio corresponde
a 8.2% de los hombres y 16.0 % de mujeres, lo cual ratifica que las mujeres también
tuvieron motivos económicos para migrar.
En cuanto a la migración a Estados Unidos, que correspondería a la segunda
mitad del siglo, en la década de 1970 se produjo la migración a ese destino se
intensificó hacia 1990 con la crisis generalizada en Latinoamérica y como producto
de la aplicación de los programas de ajuste estructural (Román, 2009, Ponce,
2007); también en este período se producen desde Bolivia flujos de migrantes hacia
Australia, Japón e Israel. En la última década, se amplía el espectro de destinos
migratorios hacia Europa, siendo destinos preferenciales España e Italia. (Hinojosa
2007, Mazzadro 2009, Román 2009, 2009b). Vale la pena también señalar que los
imaginarios de prosperidad y modernidad movilizan a un importante contingente con
destino a Estados Unidos, este grupo estaba conformado preponderantemente por los
campesinos del valle alto de Cochabamba y de la clase media que anhelaban alcanzar
el “sueño americano”.
En lo referente a la migración latinoamericana a Europa ésta cobra importancia
el periodo de los años sesenta y ochenta, tuvo un carácter político por los gobiernos
dictatoriales del Cono Sur. Los estudios de los años noventa y dos mil resaltan una
migración prioritariamente económica4.
Isabel Yépez tipifica dos momentos de procesos migratorios de europeos a
América Latina y de latinoamericanos a Europa, y concluye que la migración, como
fenómeno masivo, se desarrolla en niveles desiguales de desarrollo entre el país de
origen y el país receptor5. Los motivos de migración hacia Europa son variados,
la situación de pobreza, la falta de expectativa en los países de América Latina, el
excesivo control de ingreso a los Estados Unidos, las medidas de seguridad tomadas
a partir del 11 de septiembre del 2001, el debilitamiento del Estado de Bienestar que
exige la privatización de la economía de cuidado, y las dinámicas generadas por la
acción de las redes sociales conformadas por migrantes que permiten el arribo de
migrantes de sus países6.
4 Herrera, Gioconda. Introducción. En Nuevas migraciones latinoamericanas a Europa, FLACSO.
OBREAL.UCL. UB. Quito. 2007, p.22.
5 Yépez, Isabel. Las migraciones entre América Latina y Europa: Una dimensión de las relaciones
entre estas dos regiones. En Nuevas migraciones latinoamericanas a Europa, FLACSO.OBREAL.
UCL, UB. Quito, 2007. p.23.
6 Ibídem.
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Si partimos en nuestro análisis de la crisis económica de la década de los años
noventa, periodo en que América Latina se ubicó entre las primeras regiones
emigratorias del mundo7, CELADE anuncia que son 25 millones de personas los
migrantes latinoamericanos y caribeños8 con una diversificación de los lugares de
destino, estas cifras marcan la importancia de este proceso. Se considera a España
como el segundo país de destino de migración regional y boliviana, ya que si bien
en 1850-1950 los españoles migraron a América Latina en 3.5 millones9; 210 mil
latinos migraron a España en 1991, 840 mil en el 2001, con un registro en el Padrón
Municipal de habitantes para el 2004 de 1,2 millones de personas provenientes de
algún país latinoamericano10.
Los datos demuestran que el inicio de este nuevo siglo está marcado por una
intensificación de las migraciones, lo que se ha denominado “la era de la migración”11.
Este hecho nos exige determinar qué significa este nuevo siglo, sus características
específicas y cómo los procesos migratorios presentan transformaciones significantes,
Stephen Castles y Mark J. Miller sostienen que su caracterización se basa en cinco
fenómenos claves: i) globalización, en cuanto la migración afecta a un mayor número
de países; ii) aceleración en cuando al aumento de la cantidad de migrantes; iii)
diferenciación expresada en la presencia de variables étnicas, de clase y de género;
iv) politización en cuanto los estados asumen políticas domésticas, de relaciones
bilaterales y regionales, políticas de seguridad nacional de los Estados, políticas de
restricción respecto a los procesos migratorios y finalmente; v) feminización de la
migración es un hecho significativo en cuanto es un fenómeno social diferente a la
migración de los hombres. Así la mujer boliviana no solo personifica al migrante
sino que la protagoniza frente a la demanda del nuevo contexto laboral europeo12.
Es probable que la historia marque la primera década de este nuevo siglo como el
momento en que los bolivianos comenzaron a imaginar una comunidad que vuelve a
discutir el concepto de Nación.

7 Roncken Theo, Forsberg Alan. Los efectos y consecuencias socio-económicos, culturales y políticos
de la migración internacional en los lugares de origen de los emigrantes bolivianos. Programa de
Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) 2007. p.6.
8 CELADE. Migración Internacional de Latinoamericanos y Caribeños en Iberoamérica:
características retos y oportunidades. Santiago de Chile 2006. p.8. cepal.cl/celade/noticias/
paginas/1/…/Migración_conceptual_CELADE.pdf.
9 Araujo, Gil, 2004, citado por CELADE. Migración Internacional de Latinoamericanos y Caribeños
en Iberoamérica: características retos y oportunidades. Santiago de Chile 2006, p.9. cepal.cl/celade/
noticias/paginas/1/…/Migración_conceptual_CELADE.pdf
10 CELADE. Migración Internacional de Latinoamericanos y Caribeños en Iberoamérica:
características… op. cit.
p.9.
cepal.cl/celade/noticias/paginas/1/…/Migración_conceptual_
CELADE.pdf
11 Ver. Castles Stephen and Mark J. Miller. 1998 The Age of Migration: International Population
Movements in the Modern World. The Guilford Press, New York. 1998
12 Torre, Leonardo de la. No llores… op. cit. p.34.
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Se ha comprobado que la población migrante es una población joven, son los
hombres que en mayor proporción migran a edades tempranas, desde los 14 años y
el grupo mayoritario se encuentra entre 40 a 64 años, las mujeres se concentran en
la edad de 15 a 39 años. En términos generales alrededor del 78% de la población
migrante es menor de 35 años13.
Sin dejar de pensar que la migración tiene larga data, en los estudios podemos
encontrar que desde mediados de la década del ochenta y en los años noventa en
el país, los estudios de migración consideraban todavía el proceso migratorio casi
exclusivamente de varones al ser considerados estos como proveedores relacionando
así la migración a los fenómenos económicos. Esto no significa que haya ausencia
total de referencias a la participación de mujeres en esos flujos, es información es
referencial y no centra la mirada en ellas puesto que eran consideradas “migrantes
pasivas” en la medida que se abordaba el hecho migratorio de las mujeres bajo el
patrón asociativo, es decir ligado a la reunificación familiar y no se la piensa como
en el caso de los varones por motivos económicos. Esto nos permite afirmar que la
migración de mujeres hasta años atrás era desapercibida e invisible; el sujeto de la
migración era masculino.
Estudios recientes sobre la comunidad boliviana en España, dicen que el número
de inmigrantes bolivianos regularizados en el año 2003 era de 7.058 y el 2006
alcanzaron 52.583 esto significó un incremento significativo14. El grueso de la
comunidad boliviana está en edad económicamente productiva 26 a 35 años. Los
datos del lugar de nacimiento y del último lugar en que residió en Bolivia clarifican
que el lugar de procedencia mayoritario es Cochabamba (37.5%) seguido de La Paz
(22,7%) y de Santa Cruz (17%)15.
En cuanto a la importancia del colectivo boliviano en España se puede ver que
es significativo en comparación con el resto de los países andinos que son los más
numerosos en ese país:
CUADRO Nº 1 Registros Municipales Españoles Inmigrantes
sudamericanos. Porcentaje de mujeres migrantes a
España de cuatro países andinos al año 2007

Fuente: http://www.colectivocabildeo.org/site/vb2/docs/migra%20version%20pag%20web.pdf
13 Hinojosa Alfonso, Familia… op. Cit. p.4.
14 ACOBE, Situación General de los bolivianos en España. 2007, p.8.
15 Ibídem, p.14.
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Como se puede observar en el cuadro anterior, más de la mitad de los colectivos
migrantes son mujeres, siendo Ecuador y Bolivia quienes tienen los porcentajes más
altos de feminización de sus flujos migratorios. Estos datos no son casuales, por el
contrario, es posible observar estos resultados a partir de la inclusión de la variable
género en las investigaciones sociales y específicamente en las de migración. Permite
identificar con claridad el protagonismo de las mujeres en los flujos humanos y da
cuenta de las modificaciones y diferencias que se han producido en cuanto al patrón
migratorio hoy independiente en comparación con el asociativo de las décadas
precedentes.
Migración y Género
La identificación de género en los procesos sociales ha sido retomada en los
trabajos de investigación de migración recientes permitiendo desmitificar los análisis
del perfil migrante exclusivamente masculino, ya no es posible ignorar la presencia
masiva de mujeres migrantes y sus experiencias específicas. El concepto de género,
parte de reflexiones de su uso, sus connotaciones y sus construcciones. Scott,
propone la utilización del concepto de género, definiendo género, como “… la forma
de denotar las “construcciones culturales”, la creación totalmente social de ideas
sobre los roles apropiados para las mujeres y los hombres. Es una forma de referirse
a los orígenes exclusivamente sociales de las identidades subjetivas…”16 definición
que nos permite adentrarnos a las identidades históricamente determinadas. Es por
esta razón que es necesario partir de la incorporación de género como una categoría
de análisis y elemento de visibilidad de las estructuras subyacentes en la organización
social, ya sea la familia, el mercado laboral y la conformación de sujetos, esto nos
permite un mayor acercamiento al análisis de identidades.
En la relación migración y género es necesario utilizar el género como elemento
constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias de sexo y género,
Luna17 manifiesta que Scott va más allá de definir género como roles o relaciones
sociales, sino también como un campo primario donde se articulan relaciones de
poder y significados establecido a partir de la diferencia sexual, en esa medida la
migración de mujeres tiene que ver con la construcción de identidades de ejercicio
de poder y de ciudadanía, que generan relaciones de poder.
El aporte conceptual y metodológico del feminismo a la investigación es la
visibilización de las mujeres en los fenómenos sociales, es sin lugar a dudas relevante,
a decir de Begoña Zabala, las dificultades para hacerla visible eran los problemas
conceptuales y las variables a la hora de la medición y construcción de datos sobre
migración con una mirada de género.
16 Citado por Pozo María Esther en Femenidades…op. cit. p.35.
17 Luna, Lola G. Contextos discursivos de Género y Movimientos de Mujeres en América Latina. En
hojas de Warmi N.12 Seminario Interdisciplinar Mujeres y Sociedad. Universitat de Barcelona.
España. 2001, p. 36.
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“En algunos contextos, estos problemas llevaron a minimizar o negar la
importancia de la migración femenina, y en casi todos ocultaron su especificidad.
Entre los problemas conceptuales que dificultaron la medición se señala el
carácter masculino del concepto de migrante, la noción indiferenciada de
familia, el desarrollo de indicadores y cuestionarios basados en la experiencia
masculina, las normas culturales que subordinan las motivaciones de las
mujeres a las del esposo o el padre, la invisibilidad del trabajo remunerado
femenino, el énfasis puesto en los roles de reproductoras y amas de casa”18.
Los estudios de migración con perspectiva de género comienzan en la década de
los ochenta y hoy en día su inclusión se da sistemáticamente en las investigaciones,
producto de ello se evidencia prejuicios referidos a los roles de género los cuales
subrayan la objetividad y agresividad masculina, y la subjetividad, pasividad y
debilidad femeninas.
La movilidad espacial es diferente para los hombres, los define como viajeros y
aventureros con posibilidades de abarcar mayores distancias al movilizarse, y no así
para las mujeres que por el rol reproductivo que se les asigna están ligadas al hogar
y estáticas, pese a lo cual hubieron mujeres en los flujos migratorios aunque se ha
considerado que históricamente su desplazamiento se ha caracterizado por ser de
cortas distancias y por corto tiempo19.
Nuestras sociedades asignan un valor diferenciado por género a las actividades, las
de los hombres son consideradas como ´trabajo´ y las de las mujeres no se consideran
trabajo, debido a que son las tareas domésticas y de reproducción. Asimismo se asigna
valoración diferenciada a las posibilidades de desenvolvimiento y de protección, se
piensa que los hombres son autosuficientes para solucionar problemas y no así las
mujeres, ellas necesitan protección. Se considera que los proveedores con todo lo que
implica son los hombres y no las mujeres. Estos prejuicios van en relación a otros
prejuicios generales referidos a la población “tercermundista” o de “países del sur”
(pobres, retrasados y con fuertes componentes étnicos).
Estas valoraciones sobre la población migrante inciden significativamente
en la experiencia migratoria y en la lectura que se hace de ella, así, las miradas de
algunos medios de comunicación no permiten describir estos procesos. Por ejemplo,
la especulación expresada en un “lenguaje periodístico” en que se habla de “trata
y esclavitud” para referirse casi exclusivamente a mujeres inmigrantes, denota poca
sensibilidad al aporte laboral de estas mujeres del sur a la economía del país de destino,
puesto que el trabajo reproductivo que realizan permite la inserción de otras mujeres
18 Zabala G. Begoña. Mujeres inmigrantes. Algunas consideraciones desde el feminismo. En
Feminización de las migraciones: Sueños y Realidades de las Mujeres Migrantes en Cuatro países de
América Latina. S.f. p.9.
19 Vicente Trinidad, Importancia de los flujos migratorios de mujeres, Conferencia Migraciones,
Observación y análisis de tendencias contemporáneas, Universidad de Deusto- Observatorio Vasco
de Inmigración, http://www.ikuspegi.org/documentos/ponencias/nuevas/T_Vicente.pdf
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en otros sectores de actividad. Los países receptores tienen políticas migratorias que
no toman en cuenta la especificidad de sus aportes y exigen contratos laborales para
optar por la legalización, aunque la mayoría de los trabajos que realizan las mujeres
inmigrantes hayan sido tradicionalmente sin ese requisito (servicio doméstico,
cuidado de personas ancianas, enfermos, niños y prostitución)”20. Las mujeres
realizan el trabajo de menor paga y de menor prestigio social, que, por supuesto,
corresponde al imaginario colectivo del perfil de las migrantes ignorando quienes
son en los hechos y en su caso la formación profesional que poseen.
En esta línea Maritza Le Breton21 manifiesta que el uso del término “tráfico de
mujeres”, tiene connotaciones de victimización, de admitir que son “mercancía”,
para comercializar y venderlas. Son consideradas dóciles y dependientes, lo que
hace suponer que son incapaces de tomar decisiones y ser independientes. De esta
manera se invisibiliza el rol de los hombres a quienes solo se los percibe como
“consumidores puros” sin ninguna responsabilidad de prostituyentes, mercaderes en
el comercio de mujeres, en este sentido hace falta salir de la mirada paternalista y
patriarcal para centrarse en la percepción de la persona mujer y no asumir conceptos
generalizadores y unilaterales para explicar el fenómeno actual de la feminización
migratoria.
En cuanto las políticas sobre migración, éstas no consideran el género, no toman
en cuenta esta variable, por no querer tratar las situaciones de vulnerabilidad de las
mujeres e indígenas. Está claro que de esta manera no se las considera como actores
sociales22.
Como consecuencia de la significativa presencia de mujeres migrantes en el
mundo23, se ha producido una reciente preocupación por las particularidades que
implica la migración de las mujeres, en el último lustro se ha centrado la mirada en
este hecho desde la academia, los gobiernos, ONGs, etc., a pesar de ello existe aún un
vacío cuando se trata de las mujeres y sobre las condiciones de género que determinan
su migración, creando de esta manera un déficit analítico sobre su participación. La
inclusión de la variable de género obliga a modificar los modelos de análisis hasta
ahora utilizados y las estrategias diseñadas para la migración.

20 Juliano Corregido Dolores, Género e Inmigración. En Mujeres migrantes, viajeras incasables.
Monográfico sobre Género e Inmigración. BFA. DFB. S.f. p.
http://edicionessimbioticas.info/IMG/pdf/mujeres_viajeras.pdf
21 Le Breton Maritza. Las causas de la migración internacional de las mujeres. América Latina en
Movimiento 1995, p.1.
22 Ver Martínez Pizarro, Jorge. El mapa migratorio de América Latina y el Caribe, las mujeres y el
género, CEPAL, Santiago de Chile. 2003.
23 Los datos de UNFPA sobre el estado de la población mundial del 2006, dan cuenta de que las mujeres
constituían casi la mitad del total mundial de migrantes internacionales (95 millones).
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En la primera década del siglo XXI, frente a la migración de madres, hijas,
hermanas, tías, abuelas, primas y vecinas, la configuración social y familiar se
está modificando en Bolivia. Este hecho hace pensar que las características de
mujeres en la migración tienen efectos significativos en el desarrollo, siendo que
la preocupación parte sobre todo desde lo económico, aunque los motivos como
la pobreza o desempleo no son condiciones suficientes para entender la intensidad
de estos flujos migratorios. Estamos de acuerdo que éstos están condicionados por
dinámicas económicas y políticas más amplias, en las que se insertan las decisiones
individuales. A decir de Acosta (cit. por Theo Ronken & Alan Forsberg 2007), la
migración se transforma en una decisión personal, pero la opción de migrar es
tomada socialmente. Sin embargo, es necesario conocer cuál es el proceso que
determina la decisión de migrar de las mujeres, así como sus motivaciones, las cuales
no solamente tienen que ver con la situación económica y el mercado de trabajo.
Este es un punto de partida incuestionable que permite a las mujeres articular un
discurso legítimo para alejarse del hogar, pero que en el fondo encubre otros temas
como la violencia de género e intrafamiliar (Román 2009)24; cuestiones culturales
e imaginarios de libertad e independencia que hacen al plano de lo simbólico, a la
individualidad y el carácter de las relaciones de género que permiten identificar la
motivaciones y variables que inciden en la toma de decisiones individuales en los
análisis macro.
Las preguntas que surgen en el caso del análisis de las mujeres son muchas,
estas interpelan los estudios de migración, el por qué no se visibiliza el tema de
la migración de mujeres, no es fácil responder “ya que esta no se debe a la falta
de preocupación por su protección ante el riesgo, ni a las carencias de las fuentes
de información, ni a la escasez de estudios empíricos, entonces puede concluir que
existe un problema de desvalorización de género”25. Se puede observar que a pesar
de que existen datos, las investigaciones en Bolivia nos dicen que existen trabajos del
2007 y 2008 que no toman en cuenta a las mujeres siendo que se estima que el 70%
de la población migrante son mujeres lo cual amerita una lectura de las diferencias
de género, ya que la feminización de los flujos en este nuevo siglo es una de las
características más relevantes que muestra la migración internacional26, aunque no
se tome conciencia de ello.
Los primeros estudios de migración y género han sido realizados por las mujeres
de los países receptores, estos análisis están ligados a la mirada del “otro”. Se abre la
oportunidad de entrar a temas como clase, etnia e identidades y sobre todo entrar a
nuevos espacios dentro la familia y la sociedad, conceptos que se están redefiniendo
por la incidencia del fenómeno migratorio. Ahora bien, el abordaje de la migración
24Román Olivia, Mientras no estamos. Migración de mujeres-madres de Cochabamba a España,
Cochabamba, CIUF-CESU-UMSS-CIUDADANÍA, 2009.
25 Plataforma Interamericana de Derechos Humanos Democracia y Desarrollo. Primer Informe Para
la Consulta Permanente sobre Migraciones y Derechos Humanos en América Latina y el Caribe.
2008, p.32
26 Ibídem.
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implica necesariamente tener en cuenta el tema de ciudadanía, en tanto ésta marca
la relación del ciudadano con el Estado Nación, el cual entra en cuestión en tiempos
de globalización con la libre circulación del capital y la constante circulación de la
fuerza de trabajo, dando lugar a reflexiones en torno a las relaciones que establecen
los migrantes con el Estado de origen y el de destino.
Más allá de los contextos societales, las definiciones políticas de un estado
confieren sentido a las políticas migratorias de los estados receptores, las cuales,
determinan las condiciones de la inmigración, dependiendo de sus intereses y
necesidades económicas y sociales (Sassen 2004, Portes & Böröcz 1998).
Existe bibliografía referida principalmente a la situación de los bolivianos en los
países de destino con respecto a la ausencia de ciudadanía, mediante la conculcación
de hecho de los derechos de las personas, la vulneración de los DD.HH., trata y
tráfico de personas (PNUD, 2000; Mostajo, 2008; ACOBE, 2007; Caggiano, 2008;
Ilief, 2007; Migueles, 2008; Mondaca, 2007; PIDHDD, 2008; Torrez, 2007). Sin
embargo, existe muy poca información acerca de la situación de los bolivianos en
cuanto a aspectos básicos de su estatus durante la experiencia migratoria, cuestión
que este artículo propone exponer.
Al respecto, Román27 señala que la ciudadanía en los migrantes bolivianos se
restringe principalmente en cuanto a la dimensión civil en la medida que no logran
regularizar su residencia y que en la mayoría de los casos encuentran déficit en
la atención consular en los países de destino; aunque este tipo de restricciones al
ejercicio de su ciudadanía son los más comunes también se han dado casos en los que
se ha conculcado incluso a la libertad de los migrantes como relata Roberto Navia28
sobre la jaula de los sueños.
“Encierro. Los que tienen algo de ´privilegio´ sacuden sus penas una vez por
semana. Los otros, piensan en la libertad en silencio […] Para los costureros
con suerte, la libertad comienza el domingo. Es el único día cuando esos
bolivianos que viven en São Paulo pueden salir de sus jaulas donde trabajan,
duermen, comen y defecan, para hacer lo que les dé la gana” (Navia, 2006).
Sobre la dimensión política de la ciudadanía, ésta estuvo restringida por completo
respecto al país de origen y recién en las elecciones generales en Bolivia en diciembre
2009 los bolivianos pudieron ejercer su derecho al voto aunque están muy lejos aún
de lograr la representación de sus intereses y de ser candidatos. Respecto a aquellos
migrantes que tienen documentos de residencia se amplían sus derechos en tanto
27 Migración y ciudadanía. Ampliación/restricción de la ciudadanía por la migración. En DECURSOS
Revista de Ciencias Sociales, Año XII, Número 21, abril 2010, Cochabamba, CESU-UMSS.
28 Roberto Navia, “Esclavos made in Bolivia”, publicado en el periódico El Deber el 22 de julio de
2006 y galardonado con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2007.
http://www.eldeber.com.bo/esclavos/esclavos3.html
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pueden votar en las elecciones municipales en el país de residencia. Sin embargo,
muchos migrantes en el extranjero ejercen su ciudadanía política en sus comunidades
de origen a través de sus organizaciones de ´residentes´ tomando decisiones respecto
a candidaturas, acciones y obras en el nivel local, cuestión que si bien no es un
ejercicio político institucionalizado en términos prácticos amplía su participación
ciudadana en origen. (Román, 2010)
Otro dato relacionado con la ciudadanía de los migrantes que se da en la
cotidianidad por la dificultad de regularizar la residencia, es la situación extrema de
tener que “prestarse” nombre de otros migrantes con residencia regularizada para
acceder a empleo y vivienda o la imposibilidad de denunciar violencia doméstica,
maltrato laboral, explotación y otros (Román, 2009).
Esto permite afirmar que en cuestión de ciudadanía, las sociedades modernas
o postmodernas, se refieren a una mayor ‘participación’ como resultado de
constituyentes sociales, culturales y tecnológicos no solo respecto a la relación del
ciudadano con el Estado y las demandas políticas de la ciudadanía sino también de
otras ciudadanías como la étnica, género, social y otras, debido a que el concepto de
ciudadanía responde a la emergencia de nuevas formas de ejercicio ciudadano, así
la construcción y el ejercicio de la ciudadanía se complejiza con el desplazamiento
humano.
Es evidente que estas nuevas formas de ciudadanía generan entre otras cosas
nuevas formas de participación, nuevas manifestaciones ya sean de pertenencia o de
resistencia que conllevan al resurgimiento de nuevos actores sociales.
Estos nuevos actores sociales si bien representan también a sectores políticos,
pertenecen a todas las categorías sociales y culturales. El nuevo contexto, nos
permite ubicarnos en lo global y lo local como espacios de construcción de proyectos
y de profundización de la ciudadanía, que se basa en la satisfacción de necesidades
haciendo que la ciudadanía no solo sea un referente normativo, sino valores
practicables como una exigencia para la resolución de problemas.
La ciudadanía ha dejado de leerse solamente desde las dimensiones civil y
política, extendiéndose su interpretación a lo social, considerando lo definido por
T.H. Marshall29. Si bien los principios rectores de la noción de ciudadanía fueron
los conceptos de igualdad ante la ley, el derecho de los individuos a participar en
el gobierno de la nación, en la actualidad como el caso de los migrantes incluye lo
cotidiano y la relación entre ciudadanos más allá de éstos con el Estado.
Si encaramos la ciudadanía desde la política podemos ver cambios substanciales,
Manuel Rodríguez se refiere cuando habla sobre la ciudadanía:
29 Marshall, Thomas Humphrey. 1998. “Ciudadanía y clase social”, en T.H. Marshall y T. Bottomore,
Ciudadanía y clase social. Madrid: Alianza, pp. 13-82.
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“A una ciudadanía basada en los principios de la obediencia a los líderes
y caudillos políticos, y en el clientelismo de los grupos ante los aparatos
organizacionales de los partidos, los movimientos y el Estado, se suceden y
los reemplazan cada vez más, la influencia de multitudes, grupos de presión y
redes horizontales de individuos y ciudadanos con intereses y demandas cada
vez más complejas”30.
La presencia de multitudes, redes y grupos de presión nos muestran nuevas vías de
ejercicio de ciudadanía a ser tomadas en cuenta también para ver que los intereses y
demandas de los migrantes, quienes en los últimos años han reivindicado su derecho
a la participación política mediante el voto en el exterior. Además hacen referencia a
otras formas de inclusión desde la vida cotidiana.
“Si la ciudadanía se definió desde el siglo XVIII como una identidad asociada
al ejercicio de ciertos derechos y deberes cívicos, ahora la ciudadanía del siglo
XXI será una identidad cotidiana asociada al ejercicio autónomo de formas
de poder capaces de incidir o de formar parte de los procesos de toma de
decisiones”31.
De tal forma que la participación no solo se convierte en una forma de injerencia
en temas públicos, sino también se da de manera participativa desde las iniciativas
sociales, políticas y económicas de las personas en espacios privados, en los que
logran determinados objetivos que responden a su realización. Esto en la práctica y
en el manejo de estructuras de poder referidas no solo a lo institucional sino también
al entorno, como diría Foucault.
Desde esta perspectiva, la ciudadanía de las mujeres migrantes, si bien es un
componente de la democracia como sistema institucional a través de la participación
dentro la relación de los/as ciudadanos/as entre sí y con el poder, se desarrolla en el
ámbito público o en la dimensión privada.
En los estudios de género, la consideración de ciudadanía se inicia con el de
participación política y las implicaciones para la distribución de derechos, recursos y
reconocimiento. Esto implicó revisar la dicotomía de lo público y privado (Pateman,
1996)32, lo visible e invisible, la igualdad desde la perspectiva liberal y la desigualdad,
participación y no participación en la representación y la toma de decisiones, con
miras a resignificar la vida cotidiana en la que se visibilizan a las mujeres.
30 Rodríguez Manuel Luis, Ciudadanía, democracia y participación en el siglo XXI – Una perspectiva
politóloga. 2009 POLITICA 2.0 DEMOCRACIA DIGITAL teodulolopezmelendez.wordpress.
com/2009/07/23
31 Ibídem
Rodríguez, Manuel Luis. Ciudadanía, democracia y participación en el siglo XXI – Una… POLICA
0.2 2009. http://enlacedigital.com.ar/i/ciudadania-democracia-y-participacion-en-el-siglo-xxi%E2%80%93-una
32 Pateman, Carole, “Críticas feministas a la dicotomía publico/privado”, en Perspectivas feministas
en teoría política, Carmen Castells (comp.), Buenos Aires, Paidós, 1996, pp. 31-52
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La condición de migrantes para hombres y mujeres es ignorada a pesar de
que la información de las investigaciones académicas dan cuenta de la población
aproximada migrante, de la composición por sexo y las remesas que ingresan al
país, ésta no ha sido lo suficientemente tratada por el Estado, como afirma Eduardo
Domenech33 Bolivia siempre se pensó como un país de inmigración, esto denota
una doble negación del fenómeno emigratorio y en ese sentido ha desarrollado su
normativa (Domenech, 2009), aunque en el último tiempo se ha empezado a pensar
en este colectivo residente en otros países por su importancia poblacional y se ha
sancionado y efectivizado el voto en el exterior.
Otro dato que aporta para la comprensión de la ciudadanía de los migrantes es la
nacionalidad, la cual se propone mostrar con base en datos estadísticos acerca de la
obtención de la nacionalidad del país de destino.
Es importante anotar la relación de ciudadanía con nacionalidad, puesto que están
íntimamente vinculadas y es en este plano que se producen cambios en cuanto a
la población migrante. Toma especial relieve esta cuestión cuando el gobierno del
Presidente Carlos D. Mesa sancionó la Ley 2631 de 20 de febrero de 2004 referida
a las modificaciones a la Constitución Política del Estado que entre otros incluye un
artículo que permite la doble nacionalidad.

Artículo 39°.- La nacionalidad boliviana no se pierde por adquirir nacionalidad
extranjera. Quien adquiere nacionalidad boliviana no será obligado a renunciar a
su nacionalidad de origen.

Esto constituye una ventaja para los emigrantes bolivianos y para sus descendientes,
así como para los extranjeros que adquieran la nacionalidad boliviana. Estos artículos
fueron recuperados en el texto de la nueva CPE.
Dentro las especificidades propias que demuestra la migración de mujeres
podemos reflexionar sobre la calidad de vida, en términos generales se entiende por
calidad de vida el acceso a un nivel de ingresos y comodidades que una persona,
familia, grupo u organización social tiene en un espacio y momento específico. Su
abordaje y atención se dio en términos estadísticos de datos cuantificables. Son
pocos los estudios que intentaron abordar el tema desde lo holístico, es decir desde
la construcción de identidades a partir del cual las personas u organizaciones sociales
construyen su calidad de vida.

33 Domenech Eduardo, “Emigración, Estado y sociedad en Bolivia: La reivindicación del voto en el
exterior”. En Manigeh Roosta (Coordinadora), Población y desarrollo Bolivia y los fenómenos de la
migración internacional. CIDES-UMSA, La Paz, 2009, pp.83-108
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Los estudios demuestran diferencias significativas en los motivos para la
migración de las mujeres, por supuesto que aparentemente y en primer lugar se
manifiesta lo económico, sin embargo los imaginarios, los procesos de migración no
solo se muestran complejos sino que abren nuevas miradas a las conceptualizaciones
tradicionales.
Calidad de vida/vida buena
Hablar de calidad de vida es hablar de los factores que hacen que esa vida sea
digna, agradable, satisfactoria, gustosa, placentera, cómoda y halagadora entre otros,
está claro que no solamente se refiere a lo económico sino también a lo sensitivo y
afectivo. Y en el caso de las mujeres tiene que ver también con el acceso a espacios
que antes le eran inaccesibles como el ejercicio de ciudadanía. En este sentido las
mujeres definen calidad de vida también y sobre todo en función de los otros, en
términos de la posibilidad de vivir de manera agradable con sus congéneres, su
familia pero también de manera inclusiva y ‘perteneciendo’ a su grupo social que
también le da identidad.
La Constitución Política del Estado del Estado Plurinacional instala el “vivir
bien” como el nuevo paradigma en respuesta a la actual crisis ambiental, económica
y civilizatoria. Podemos ver que los artículos 80, 306 y el 313 están referidos a la
educación, la organización económica y la eliminación de la exclusión social, la
pobreza y el deterioro del medio ambiente, en busca de una mejor calidad de vida. Al
igual que muchos aspectos de la vida, los conceptos y preceptos de las constituciones
han ido variando a lo largo de la historia, éstas han sido descritas desde la mirada
del hombre, en el pasado, del hombre blanco y letrado y en la actualidad incluyen
los ordenamientos de los pueblos originarios, que no necesariamente implican la
inclusión de las miradas y propuestas de las mujeres.
La preocupación por la búsqueda de la felicidad y la calidad de vida ha sido una
constante en las organizaciones humanas, la utilización reiterada de calidad de vida
comienza los años 60, así la sociología se ocupa de generar indicadores sociales para
medir el bienestar social de la población, que en un primer momento tenían como
objetivo medir las condiciones objetivas ya sea materiales o sociales, posteriormente
se incluyeron los factores subjetivos, en la actualidad el concepto pretende definirse
a través de todas las áreas de la vida.
Así, en el caso de la migración, el ejercicio de ciudadanía en una población con
características de migrantes está relacionado con el logro de una mayor calidad de
vida y de reconocimiento e integración social. Las mujeres migrantes a diferencia
de los hombres o de otras mujeres reivindican sus derechos a partir de establecerse
como ciudadanas desde el alter ego con la ciudadanía de la buena vida, mediante
los recursos y procesos migratorios a condición de estos les permitan constituirse en
sujetos sociales y políticos (Pozo: 2010)34.
34 Pozo, María Esther. Pluralismo y Ciudadanía. Ciudadanía de la “buena vida”. Decursos, N. 21
CESU-UMSS. 2010.
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Si entendemos por calidad de vida al grado de bienestar, satisfacción y felicidad
que logran las personas, tomando en cuenta que tanto la definición de la OMS como
las percepciones que los sujetos tienen de su ubicación en el contexto cultural y
el sistema de valores en relación con sus objetivos y expectativas en relación a la
salud, física, psicológica, relaciones sociales y con el entorno, en otros términos a lo
que otros autores llamarían estilos de vida, es necesario considerar la existencia de
relaciones sociales a partir de ordenadores sociales que atañen a hombres y mujeres,
los cuales están unidos a las responsabilidades que se les exige o son autoexigidas y
que tienen que ver con el ejercicio de ciudadanía.
La concepción de la calidad de vida por las mujeres está construida en base a la
búsqueda de la ‘buena vida’ a través de los ‘otros’, la búsqueda de felicidad de los
hijos, estatus, dinero, lujo, dignidad, brindar bienestar y confort a los suyos dentro
las características de lo urbano, del imaginario de ciudad se vinculan sobre todo a
la ciudadanía social y los cuidados y estos a su vez vinculados a la familia (Pozo:
2010), no olvidemos que la tendencia a la migración es de las madres.
El término de consumo está muy cercano al accionar de las mujeres migrantes
así como a otros sectores de mujeres, sin embargo es necesario mirar más allá de las
descripciones negativas de ‘consumo’ y ver las referencias que hacen a ella desde la
gran diversidad de experiencias nuevas y a nuevas maneras de entendernos a nosotros
mismos, esto exige comprender las nuevas representaciones que moldean a nuevos
sujetos sociales como son las mujeres desde las nuevas políticas de reconocimiento.
De la reflexión a los datos de los retornados a Cochabamba
Los datos que presentaremos a continuación han sido relevados por el Proyecto
“Migración transnacional inserción laboral y ciudadanía” que se desarrolla en el
marco del Programa de Cooperación Interuniversitaria UMSS-CIUF (2008-2012).
El relevamiento de la información cuantitativa se realizó en el municipio de
Cochabamba a través de 421 encuestas a migrantes de retorno, la metodología
utilizada para encontrar a los encuestados fue la de bola de nieve; la información
cualitativa se obtuvo mediante entrevistas a profundidad.
Este acercamiento a los migrantes de retorno o retornados en Cochabamba es
especialmente significativo, ya que según la OIM35, alrededor de tres millones de
bolivianos residen en el extranjero, de los cuales el grupo mayoritario es procedente
del departamento de Cochabamba (Hinojosa, 2007).
Un primer dato que surge de la encuesta es que los retornados residieron en varios
países, si se tiene en cuenta el último país de residencia podemos ver que cerca de la
mitad retornaron de España, seguidos de los de la Argentina (26%), Estados Unidos
(13.5%), Italia (8.2%) y en menor porcentaje del Brasil (2.1%), este último dato es
35 Según estimaciones de la OIM y Dirección Nacional de Migración Bolivia, citado en http://www.larazon.com/versiones/20060409_005506/nota_276_273958.htm
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llamativo, puesto que la migración a ese país también fue intensiva y se estima que
alcanzó un colectivo cercano al medio millón de personas (Ver gráfico Nº 1).
Gráfico Nº 1 Último país de residencia

Fuente: Proyecto migración transnacional, inserción laboral y ciudadanía. El caso de Cochabamba
(1985-201), CESU-IIJ-CEP-CIUF. Gráfico: Elaboración propia.

En cuanto a la recurrencia del hecho migratorio que va de una a 4 y más experiencias
y se concentra sobre todo en la población en edad económicamente activa, siendo los
hombres comprendidos entre 28 y 35 años y las mujeres entre 38 y 5036 años quienes
reportan mayoritariamente un solo destino, mientras que los hombres entre 28 y 50
años reportan en porcentaje similar dos destinos migratorios. Sin embargo se puede
encontrar que tanto hombres como mujeres en porcentajes aproximados han tenido
hasta cuatro y más experiencias de residencia en otro país (Ver gráfico 2).

36 Población que denota una clara presencia de mujeres-madres, de alguna manera representa a
familias ya sea de distinta composición.
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Gráfico Nº 2 Número de experiencias migratorias

Fuente: Proyecto migración transnacional, inserción laboral y ciudadanía. El caso de Cochabamba
(1985-201), CESU-IIJ-CEP-CIUF. Gráfico: Elaboración propia.

La información relacionada con la ciudadanía civil de los retornados en el último
país de residencia se puede apreciar en el estatus migratorio de estas personas. El
tiempo de residencia incide más en la consecución de residencia regular que la
variable de género,37 así el grupo que con menor tiempo de permanencia es el que
menor acceso reporta a documentos de residencia. La información también da cuenta
de que la cantidad de mujeres se ha incrementado notoriamente en los últimos 5 años.
(Ver Gráfico Nº3).
37 Aunque según Nancy Fraser y Linda Gordon (Contrato versus caridad: una reconsideración de
la relación entre la ciudadanía civil y la ciudadanía social) en los ensayos de Marschall cuando
se incide en la cuestión de género y raza, la periodización de la ciudadanía solo se adecua a la
experiencia de los hombres trabajadores blancos y sus distinciones conceptuales entre ciudadanía
civil, política y social presuponen la jerarquía de género y raza sin problematizar.
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Gráfico Nº 3 Estatus migratorio

Fuente: Proyecto migración transnacional, inserción laboral y ciudadanía. El caso de Cochabamba
(1985-201), CESU-IIJ-CEP-CIUF. Gráfico: Elaboración propia.

Tener hijos en el país de destino tiene relación clara con el estatus migratorio,
en el caso de los hombres el 42.8% de los retornados declara haber tenido hijos
teniendo residencia regular, de estos el 33.3% tenía papeles y el 9.5% ciudadanía;
mientras que entre las mujeres el mayor el porcentaje de quienes tuvieron hijos sin
tener residencia ni ciudadanía (23.8%), sin papeles el 14.3% y con papeles en trámite
el 9.5%.
Si bien existen mayor número de mujeres sin papeles, también hay que reconocer
que existe mayor número de mujeres que tienen los papeles en trámite, esto denota
la necesidad de que a pesar de insertarse en un trabajo privado, existe la tendencia
de adquirir un estatus migratorio regular, ya sea por una mayor valoración del
hecho migratorio, por la asimilación de los derechos o como parte de convertirse en
“proveedoras” (Ver gráfico Nº4).

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Gráfico Nº 4 Estatus migratorio y procreación durante
la migración

Fuente: Proyecto migración transnacional, inserción laboral y ciudadanía. El caso de Cochabamba
(1985-201), CESU-IIJ-CEP-CIUF. Gráfico: Elaboración propia.

La obtención de una segunda nacionalidad según sexo muestra que
mayoritariamente los hombres en la Argentina obtuvieron esa nacionalidad, dato que
está relacionado a la antigüedad del flujo migratorio a ese país, curiosamente, los
retornados de España con esa nacionalidad son más hombres que mujeres y más
mujeres en Estados Unidos que hombres, este último dato (Ver gráfico Nº 5)

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Gráfico Nº 5 Segunda nacionalidad según sexo y país

Fuente: Proyecto migración transnacional, inserción laboral y ciudadanía. El caso de Cochabamba
(1985-201), CESU-IIJ-CEP-CIUF. Gráfico: Elaboración propia.

Estas cifras dan cuenta de que entre los migrantes de retorno, son más los hombres
que han accedido a la doble nacionalidad y esto en la Argentina donde el colectivo
migrante boliviano es el mayor de todos en ese país y su trabajo es bien valorado por
la comunidad receptora. Sin embargo, existen estudios que dan cuenta de que son una
población discriminada, cuyos Derechos Humanos son cotidianamente vulnerados y
la xenofobia y el racismo vulneran sus derechos como ciudadanos (Caggiano 2008).
Es interesante el resultado obtenido respecto a las formas de acceso a la doble
nacionalidad según país, sexo y edad. Respecto al país es claro que el modo más
accesible ha sido la naturalización y se produce en mayor porcentaje en la Argentina,
España y menos en Estados Unidos, aunque con respecto a este país, habrá que
tener en cuenta que los retornados son un grupo más pequeño que los anteriores (ver
gráficos 6 y 7).

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Gráfico Nº 6 Formas de acceso a la doble nacionalidad
según país

Fuente: Proyecto migración transnacional, inserción laboral y ciudadanía. El caso de Cochabamba
(1985-201), CESU-IIJ-CEP-CIUF. Gráfico: Elaboración propia.

Con respecto a las formas de acceso a la doble nacionalidad según sexo y edad,
llama la atención que un 9.7% de los hombres entre 36 y 50 años hayan obtenido esta
condición por sus hijos y el número de mujeres que lo hizo de esta forma sea apenas
un tercio de esta cifra, en cambio se registra solamente para el caso de las mujeres la
modalidad por matrimonio (9.7%), siendo el 6.5% del rango de edad comprendido
entre los 36 y 50 años y el 3.2% mayores de 51 años (ver gráfico 7).

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Gráfico Nº 7 Formas de acceso a la doble nacionalidad
según sexo y edad

Fuente: Proyecto migración transnacional, inserción laboral y ciudadanía.
El caso de Cochabamba (1985-201), CESU-IIJ-CEP-CIUF. Gráfico: Elaboración propia.

Las mujeres retornadas son quienes reportan que obtuvieron la doble nacionalidad
por matrimonio lo hicieron en Estados Unidos y España. Por el contrario, no se
encontró en la muestra ni un solo hombre que lo hiciera por esta modalidad.
La información cualitativa (las entrevistas)
En las definiciones de hombres y mujeres retornados de España se percibe que
la actividad política desde el punto de vista de ciudadanos no está en su imaginario
y/o es inentendible y desvinculada de sus preocupaciones cotidianas. Sin embargo
se puede apreciar que existe mayor conciencia de sus derechos y de su capacidad de
comunicación y de su movilidad a través de la migración como parte de sus iniciativas
y sus aspiraciones y como forma de ser democrática, asociada a la realidad cotidiana
y no así de pertenencia a un aparato político e institucional.
En el caso de los hombres la ciudadanía es vista desde el reconocimiento de
derechos fundamentalmente, además relacionados a las obligaciones, definiciones
vinculadas a lo público y lo institucional preponderantemente, es decir desde una
ciudadanía social basada en los derechos sociales y protección social.
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Mientras que las mujeres conciben la ciudadanía como una definición mucho
más compleja ya que toman el espacio privado y el público. Desde el espacio de lo
privado a partir de la identificación del sujeto y sus deberes, como la responsabilidad
con la familia, el pago de obligaciones de servicios básicos, y las obligaciones
domésticas. Conciben al ciudadano desde los derechos, trabajo remunerado y
oportunidades, acceso a educación y salud y al cumplimiento de las expectativas de
sociedad además de la responsabilidad desde lo ético y la participación social. Existe
una integración en las definiciones de las mujeres de su realidad cotidiana, que va
más allá de la otorgación del Estado.
¿Para usted que significa ser ciudadano o que necesita una persona para
hacer un buen ciudadano?
HOMBRES
- Bueno, ser ciudadano es cumplir y también
reclamar los derechos que de igual manera se
han establecido y una mejora constante en todo
sentido y desenvolverte adecuadamente en la
sociedad.
- Para mí es tener derechos
- Un trabajo remunerado y oportunidades
- Un ciudadano para mí es una persona que
cumple las leyes y también exige digamos sus
derechos.
- Cumplir deberes y tener derechos.
- Es una persona que cumple las leyes y exige
sus derechos
- Responsabilidad social, difundiendo lo que ha
aprendido
- Tener documentos legales, tener un hogar y
aportar al país

MUJERES
- Yo creo que para ser un buen ciudadano es… creo
que parte de la misma persona, que trabaje, que
se dé a su familia, respete las áreas que tiene que
respetar, que cumplan con sus obligaciones en
Luz, Agua, Teléfono, Impuestos y cumplir las
normas y reglas.
- Informarse
- Cumplir con las normas y las reglas con las leyes.
- Cumplir con las expectativas de la sociedad
- Ser ciudadano significa vivir en un territorio,
participar también de la reglas leyes que tiene
un estado y poder ejercer tus derechos como tal
como ciudadano como persona, el estado te tiene
que dar ciertas garantías te tiene que ofrecer
condiciones para que tú te desenvuelvas y ser
ciudadano es cumplir obviamente hacer lo que
ley dice pero también exigir lo que te corresponde
por derecho, no? Construir un país transparente,
con valores, con ética.
- Hacer todo digamos hacer limpieza, cocinar todo
- Tener ciertos derechos tal vez en tu país o en el
lugar donde vives, la libertad el estudio la salud.
- Que tendría que tener economía, trabajo, y solo
eso no más.

A partir del hecho migratorio se introduce en la concepción de ciudadanía algunos
elementos que se relacionan con la experiencia adquirida, es así que en las entrevistas
encontramos la mención recurrente de garantías y el valor de la legalidad respecto
del Estado, es decir, la ciudadanía formal es altamente valorada por varios de los
entrevistados, la diferencia que marca la migración es la valoración de las mujeres
de la ciudadanía formal.
También es notable que su comprensión de ciudadanía se haya modificado
adquiriendo su discurso un tono proactivo, al señalar varios/as de ellos/as que:
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• ahora tienen más respeto entre ciudadanos,
• han aprendido a valorar su país,
• están interesados en hacer el bien de su país,
• cuidar el lugar donde viven y colaborar para que progrese
Asimismo, es importante la idea de que la ciudadanía no solamente se construye
con relación al Estado sino también se la construye desde iniciativas privadas:
“si porque creo que también para ser ciudadano no necesitas irte al Estado o a
la cosa pública, la migración me ha ayudado a ver más por la parte privada que
se puede hacer muchas cosas muy interesantes” (Lina).
Respecto a la participación social en movimientos o manifestaciones señalan que
no tenían este interés:
CUADRO Nº 3 ALLÁ ¿USTED PARTICIPÓ EN ALGUNAS ACTIVIDADES
POLITÍCAS DE ESE PAÍS? ¿CUÁLES?
HOMBRES

MUJERES

no

No, pero siempre hice el seguimiento, siempre me gustaba escuchar y
además opinar con los españoles. Allá hay dos partidos entonces siempre
a veces cuando yo estaba trabajando me ponían al tanto de todo lo que
habían hecho y el Zapatero casi todos los migrantes apoyan al Zapatero

no

no

ninguna

no

no

no

no

ninguna

no

ninguna

no

no como te digo no tenía documento y no tenía derecho a nada era
migrante sin documento

no

no

Fuente: Elaboración propia

El interés por la política no formó parte de sus prioridades durante la experiencia
migratoria, tanto hombres como mujeres coinciden en este tema, solamente una
mujer hizo seguimiento a las noticias sobre la política del país de destino y que este
era un tópico del que hablaba con los españoles, hace referencia a que otros migrantes
tenían algún interés en el tema. Y es otra migrante quien relaciona el desinterés por
este tema debido a su estatus migratorio.
Es llamativo que ninguno de los retornados mencione interés en la política de
Bolivia, más aún si se considera que existe información acerca de la participación
de las asociaciones de residentes en el extranjero en la política a nivel local como se
mencionó antes, esto nos plantea la necesidad de realizar estudios sobre este tema
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sobre todo en los municipios del Valle Alto del departamento de Cochabamba donde
claramente existe una vinculación entre la migración, los gobiernos municipales y el
desarrollo local.
Respecto a la participación social en acciones reivindicativas claramente se
percibe que tampoco es un tema que les interese, sin embargo se tiene el comentario
de una migrante retornada que recupera como una acción reivindicativa la disputa
de un espacio lúdico por parte de los jóvenes latinos en España, a la vez que pone de
manifiesto connotaciones raciales y discriminatorias de parte de algunos sectores de
la colectividad receptora como se puede ver a continuación.
CUADRO Nº 4 ¿Y EN MANIFESTACIONES, REIVINDICACIONES
PÚBLICAS PARTICIPÓ ALLÁ?
HOMBRES

MUJERES

no

No, he visto muchas, bueno lo único que he visto es que los jóvenes latinos y los
españoles hay una cierta rivalidad y se pelean por una cancha de básquet, los que
ya están allá los niños ya se sienten españoles con derechos y exigen por tanto sus
derechos. Entonces ahí es donde se han peleado así entre adolescentes y se ha armado
toda una cosa fea en Madrid estaban enojados contra todos los latinos y a cualquier
latino que veían querían masacrarlo bueno ese tipo de pelea siempre hay, no sé si serán
racistas también pero al nivel de la prensa critican mucho esto, dicen que no puede
haber esta clase de discriminación y de racismo en España, pero sí hay discriminación
como en todo lado

no

no

no

no

no

no

no

no

no

no

no

no

no

no

Fuente: Elaboración propia

Específicamente respecto al ejercicio de la ciudadanía política, casi la totalidad
de los retornados ejercía este derecho en Bolivia y en destino solamente uno lo
hizo para sentirse ciudadano de este país y una mujer por tener la nacionalidad del
país de destino (aunque en Estados Unidos el voto no es obligatorio), mientras que
algunos señalan que les habría gustado y pocos mencionan que no lo hicieron o no
les interesaba.

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CUADRO Nº 5 Comparación entre el interés en votar antes
y durante la migración
COMUNMENTE ANTES DE VIAJAR ¿VOTABA
EN ELECCIONES? ¿DESDE QUE VOLVIO HA
VOTADO EN ELECCIONES?
HOMBRES

¿VOTO ALGUNA VEZ EN ELECCIONES
MUNICIPALES O GENERALES EN EL PAIS
DONDE MIGRO? VOTASTE O TE HUBIERA
GUSTADO VOTAR EN EL PAIS DONDE ESTABAS

MUJERES

HOMBRES

MUJERES

SI

SI

NO

LO HUBIERA HECHO

NO POR LA EDAD

SI

CLARO, COMO ESTAS
VIVIENDO ALLA YO
CREO QUE SI

NO

SI

SI

NO

ME HUBIERA GUSTADO
PARTICIPAR POR QUE
LA GENTE DE ALLA
TAMBIEN
MERECE
TIENE DERECHO A
PARTICIPAR DE LAS
ELECCIONES DE SU
PAIS

SI

SI

SI, CLARO PARA SENTIR
QUE SEGUIAS SIENDO
PARTE DE ESTE PAIS

CLARO,
DESPUES
DE
CINCO
ANOS
A U TO M AT I C A M E N T E
CON
MI
ESPOSO
AMERICANO YA ME
HICE
AMERICANA
ENTONCES
TENGO
ACTUALIDAD
DE
CIUDADANIA

SI

NO

NO
PORQUE
C U A L Q U I E R
PRESIDENTE
QUE
ENTRA ES LO MISMO

SI QUERÍA

SI

SI

ARGENTINA QUE YO
ME
ACUERDE
NO
HABIA VOTACION DE
LOS EXTRANJEROS ME
HUBIERA GUSTADO

HUBIESE
SIDO
INTERESANTE CUANDO
HAN
ELEGIDO
AL
EVO YO ESTABA EN
ESPANA Y SIEMPRE
ES
INTERESANTE
POR QUE TU EXIGES
ASI TUS DERECHOS
CIUDADANOS

SI, DESDE QUE HE
VUELTO,
AHORA
ASISTO NORMALMENTE
A
TODAS
LAS
ELECCIONES PREPARO
MI DOCUMENTO PARA
PODER VOTAR

SI, NECESARIAMENTE
POR LOS TRAMITES DE
PASAPORTE

S/R

S/R

SI

SI

S/R

SI QUERÍA, PORQUE
DE ALGUNA FORMA TE
ACERCA A LO QUE ESTA
PASANDO EN EL PAIS

Fuente: Elaboración propia

Al entrar al detalle del interés que tenían mientras migraron en la política boliviana,
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se obtuvieron las siguientes respuestas:
CUADRO Nº 6 ¿CUANTO INTERES TENIA USTED EN LA POLITICA
BOLIVIANA MIENTRAS ESTABA COMO MIGRANTE?
HOMBRES

MUJERES

BUENO EN ESE MOMENTO COMO TE DECIA
NO ESTABA CASI TAN UBICADO DIGAMOS
EN LO QUE ES LA POLITICA SIMPLEMENTE
PREOCUPADO DE LO QUE PODRIA
HACER. CLARO SABIAMOS VER DIGAMOS
TELEVISION CON LOS COMPANEROS DE
TRABAJO CON LOS AMIGOS EN REALIDAD
QUE ERAN CERCANOS

TANTO EN LA POLITICA BOLIVIANA NO, MAS EN LOS
ACONTECIMIENTOS SOCIALES QUE SE HAN DADO
DURANTE LA EPOCA EN LA QUE YO ESTABA ALLA POR
LA PREOCUPACION DE MI FAMILIA

LO ELEMENTAL POR TV

SI, ME INTERESABA LOS DE ALLA PIENSAN QUE ES UN
PUEBLO MUERTO ASI QUE TE HACEN SENTIR

NO MUCHO, POR INTERNET

NO ME INTERESABA MUCHO LA POLITICA SI MAS QUE
TODO A TRAVES DE FAMILIARES POR QUE ALLA NO
HABIA TIEMPO PARA LAS NOTICIAS

CASI NADA PORQUE ME DEDICABA
INTEGRAMENTE A TRABAJAR Y PERDIMOS
TODO CONTACTO CON EL PAIS A NIVEL
POLITICO SOLAMENTE ME COMUNICABA
CON LA FAMILIA Y AHI TERMINABA TODO
A TRAVES DE LA RADIO ESCUCHABAMOS
NUESTRAS RADIO BOLIVIANA SIEMPRE QUE
SALIA EN NUEVA YORK ESPECIALMENTE
FINES DE SEMANA SINTONIZABAMOS
NUESTRA LA RADIO

MIRA YO ESTABA CON INTERES DE QUE HABIA PASADO
HACIA UN SEGUIMIENTO DE LOS PROBLEMAS QUE
HABIA HABIDO AQUI ESAS VECES QUE SE ESTABAN
ENFRENTANDO CAMBAS CON COLLAS O SEA TU
FAMILIA ESTA AQUI PUES Y MIENTRAS TU PAIS ESTA
TRANQUILO TU ESTAS TRANQUILO ALLA PERO SI
ESTAN PASANDO ESA CLASE DE COSAS TE PREOCUPAN
SIEMPRE LA TELE NO MAS QUE TODO LA TELE DONDE
TRABAJABA HABIA BASTANTE INFORMACION ADEMAS
PERIODICOS CUANDO TU ENTRAS EL METRO HAY
PERIODICOS GRATUITOS QUE SE PELEAN POR QUE TU
AGARRES O SEA SON COMO 5 PERIODICOS ENTRE LOS
LATINOS YA SON 7 QUE TU NI BIEN ESTAS ENTRANDO
OBLIGADAMENTE TIENES QUE INFORMARTE POR QUE
TE ENTREGAN ASI COMO AQUI TE PANFLETEAN

POCO LLEGABAN LAS NOTICIAS BOLIVIANAS
ALLA HABIA UNA RADIO BOLIVIANA PERO
NO INFORMABAN MUY BIEN Y POR EL
PERIODICO ME ENTERE DE LA GUERRA DEL
AGUA

TENIA MUCHO INTERES DE SABER COMO ESTABA TODO
ALLA MEJORANDO LAS COSAS HAY PERIODICOS QUE
TITULAN LATINOS UN PERIODICO LATINO QUE LLEGA
A LOS LOCUTORIOS SE LLAMAN ASI LAS CABINAS Y
AHI VAS Y TE LEVANTAS NO ES QUE UNO SE COMPRA
INFORMAN DE TODOS LOS PAISES LATINOS BOLIVIA
COLOMBIA DE TODOS

SI LEIA EN LAS NOTICIAS ESTABA EN
LA TELEVISION LAS NOTICIAS MAS
SOBRESALIENTES Y A VECES CUANDO ME
COMUNICABA CON MIS FAMILIARES ELLOS
ME CONTABAN ALGO

NO MUCHO

S/R

CASI NADA PORQUE ESTABA MAS PREOCUPADA DE
TRABAJAR SI MAS O MENOS PERO MI ESPOSO ERA EL
MAS INTERESADO POR INTERNET

NO, ERA LO QUE ME CONTABAN POR
TELEFONO

HONESTAMENTE NO TENIA TIEMPO POR QUE MIRA ME
HE IDO CON TRES HIJOS Y TENIA UN TRABAJO QUE ME
EXIGIA BASTANTE IBA A LA UNIVERSIDAD AL MISMO
TIEMPO ALLA ME INVOLUCRE TOTALMENTE

Fuente: Elaboración propia
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Respecto al acceso a la justicia durante la experiencia migratoria, las respuestas
no fueron las más optimistas, esto como es de suponer se vincula con el estatus
migratorio como se puede encontrar claramente en las respuestas de quienes estaban
indocumentados en otro país.
CUADRO Nº 7 CUANDO NECESITÓ ACUDIR A LA JUSTICIA PORQUE
ALGUNO DE SUS DERECHOS HABÍA SIDO VIOLADO ¿TUVO MIEDO
Y SE ABSTUVO DE HACERLO POR SER MIGRANTE O POR NO TENER
CONOCIMIENTO? ¿O TUVO ACCESO A LA JUSTICIA?
HOMBRES
NO

MUJERES
NO HE TENIDO NECESIDAD DE HACER
ESO PERO SI HABIAN OTRAS PERSONAS
QUE SI YO LES AYUDABA COMO YO
SE DE LAS LEYES TAMBIEN ESTABA
ACTUALIZANDOME
EN
LAS
LEYES
ESPANOLAS Y NO ES TAN DIFERENTE QUE
LA DE NOSOTROS

POR SER MIGRANTE ILEGAL ERA LO PEOR TENIA MIEDO
PARA VOS. A VECES ES MEJOR QUE NO VAYAS
Y ELLOS TE LO PAGAN POR LO MENOS TIENEN
LA OPORTUNIDAD QUE TE PAGUEN EL 70%
DE LO QUE TE DEBEN PERO SI VOS VAS Y
COMO ERES ILEGAL PIERDES TODO
NO

NO NECESITE

POR SER MIGRANTE ILEGAL NO LO HUBIERA NO
HECHO PERO NO NECESITE
ME ABSTUVE

NO

NO

NO

NO

NO

NO

NO

Fuente: Elaboración propia

Respuestas muy llamativas desde la perspectiva de género se encontraron cuando
se averiguó respecto al tipo de trabajo que realizan las y los retornados.
En la mayoría de los entrevistados varones se puede percibir que su reinserción
laboral no está alejada del rubro previo a la migración, realizan trabajo considerado
productivo, remunerado y, en algunos casos, vinculado a su profesión.
Curiosamente, si bien algunas mujeres retornadas dan cuenta de emprendimientos
económicos de tipo comercial, elaboración de alimentos y alguna iniciativa vinculada
a su profesión, se puede afirmar que sin lugar a dudas una gran mayoría ha retornado
a realizar trabajo reproductivo como se puede constatar en el cuadro siguiente, es muy
frecuente que estén nuevamente a cargo del cuidado de los miembros de la familia, lo
más llamativo sin embargo es que después de haber percibido ingresos importantes
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para su economía por el desempeño de este tipo de trabajo en el destino migratorio,
al retorno consideren que éste –el trabajo reproductivo que les permitió ganar dinero
en España— no sea trabajo cuando vuelven a Bolivia, expresiones como “me dedico
a mi familia, no estoy trabajando” son muy frecuentes.
Respecto al trabajo



Las mujeres trabajan en:
Los hombres trabajan en:
• su profesión: trabajo en
la mayoría realiza trabajo reproductivo:
mi carrera y en un bufete
- me dedico mas a mi familia no estoy
jurídico
trabajando
- no estoy haciendo nada yo creo que otra • estudio y trabajo en
construcción
vez voy a volver a mi negocio porque
propias:
tengo que estar con mi mamá porque mis • iniciativas
comerciante,
mecánico,
hermanos tienen otras ocupaciones
negocio
- estoy de ama de casa por el momento
- ama de casa
- me dedico mas a mi familia no estoy
trabajando
- solo lavar ropa
- no estoy trabajando
- me quede en mi casa
han iniciado un emprendimiento propio:
comercio, puesto de comida, empresaria
privada, consultora, abrió su laboratorio
sólo 2 señalan que trabajan como
dependientes: en una aerolínea y en
institución pública
varias señalan que están estudiando

Finalmente, se puede afirmar que existen diferencias marcadas entre lo que las
mujeres y los hombres consideran calidad de vida. El aspecto en el que coincidieron
más hombres y mujeres respecto al significado de calidad de vida es en tener lo
necesario para satisfacer las necesidades de la familia, proveer de cierta estabilidad a
sus miembros, trabajo y esfuerzo.
La gran mayoría de las mujeres entrevistadas centra el eje para alcanzar una mejor
calidad de vida en la familia, el tiempo con ellos, la participación en las actividades
y decisiones de ésta, en cambio solamente uno de los entrevistados varones señaló a
la familia y el compartir tiempo con ellos.
Las mujeres centran con mayor énfasis su idea de calidad de vida en el bienestar
y felicidad de los hijos, la dignidad y la consecución de estatus, lujo y dinero para
su familia.
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Mientras que los hombres en vivir como boliviano, cuando se indagó acerca de lo
que significa vivir como boliviano, tiene connotaciones relacionadas a comer bien,
tener libertad, atención de las mujeres en el hogar, compartir con los amigos, etc.
todas cuestiones relacionadas con la forma en que han construido su masculinidad y
en lo que ésta se sostiene, curiosamente, no se encontraron menciones a lo cultural y
al sentido del Sumaj Kawsay.

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Para concluir, si bien en las migraciones existe una motivación económica en
sentido estricto y ésta tradicionalmente ha sido considerada la más importante,
creemos que corresponde referirse más bien a una lógica económica, que no
solamente significa el beneficio monetario, sino también cualquier otro beneficio
que proporcione ganancia en la vida de los seres humanos, trátese de crecimiento
personal, búsqueda de solución a la violencia de género en el caso de las mujeres,
calidad de vida, acceso a mayor prestigio social u otros. Muchas motivaciones están
relacionadas con la búsqueda de calidad de vida con todo lo que esto significa en
tanto sujetos en relación con un Estado Plurinacional y un Estado receptor puesto
que ambos regulan su acceso, goce y ejercicio de ciudadanía. Pero también y sobre
todo, en tanto mujeres y hombres portadores de identidades de género que marcan
diferencias en las expectativas, trayectorias, logros, percepciones y alcances de sus
experiencias migratorias y de retorno.

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PRÁCTICAS Y DISCURSOS DE CODESARROLLO
EN EL VALLE ALTO DE COCHABAMBA, BOLIVIA1

Yolanda Alfaro Aramayo

Introducción
Desde que Sami Nair (1997), encargado de la Misión Interministerial “Migración
Codesarrollo”, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, propone
el codesarrollo como una política consensuada entre los países que forman parte de
los circuitos migratorios (sur-norte), la Cooperación Oficial para el Desarrollo ha
asumido un rol protagónico en la gestión de las migraciones.
Una forma estratégica de llevar a cabo este propósito ha sido involucrar a las y los
migrantes y sus familias en iniciativas productivas, formativas y participativas, de
manera que la denominada «economía migratoria» sea el sustento de las políticas de
codesarrollo. En tal sentido, el codesarrollo puede ser entendido como una estrategia
de cooperación con los países de alta incidencia migratoria destinada a potenciar la
vinculación de las comunidades de inmigrantes con el desarrollo social y económico
de sus países de origen mediante la participación activa de los migrantes (Cortés,
2006).
Bajo esa conceptualización de codesarrollo la cooperación al desarrollo ha
establecido una relación inminentemente causal entre la migración y la pobreza de
manera que los objetivos del codesarrollo estén orientados a la implementación de
planes y proyectos de desarrollo en los países con altos porcentajes de población
emigrante (Marin, 2004). Es decir dirigir la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) hacia
procesos que generen mejores condiciones socioeconómicas en los países de alta
incidencia migratorias.
Así, las políticas de codesarrollo exigen a los países de origen de los migrantes se
impliquen activamente en el control de los flujos migratorios a través de acuerdos de
orden bilateral (Fauser, 2007). De modo que, desde la perspectiva de la cooperación,
el codesarrollo se presenta como la plataforma política tanto para controlar desde
origen los flujos migratorios que provienen de los países del Sur Global como para
gestionar las migraciones desde los países de destino.

1 Este artículo es un resumen sucinto de los principales planteamientos de mi tesis de maestría:
“Migración y políticas de codesarrollo. El caso del valle alto de Cochabamba”. Tesis para obtener
el título de maestría en ciencias sociales con mención en sociología. Flacso-Ecuador, 2010.
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En Bolivia el codesarrollo como tal es un tema que prácticamente no se ha
abordado; sin embargo, en el último tiempo las formas de interpretar el tipo de
vínculo que existe entre la migración y el desarrollo fueron comprometiendo los
intereses de distintos actores sociales, a tal punto que la temática migratoria empezó
a formar parte de las agendas de la cooperación al desarrollo. El surgimiento de ese
nuevo escenario se hizo más evidente cuando en el 2008 el Banco Mundial (BM)
organizó la Feria de las Migraciones y el Desarrollo “Me voy pero me quedo”, y con
ello la llegada oficial del codesarrollo.
El argumento para destacar los efectos positivos que puede tener la migración fue
que en el año 2008, dentro la región sudamericana, Bolivia y Ecuador2 fueron los dos
países que más absorbieron en sus economías el dinero de las remesas; por lo tanto,
los representantes del BM en ambos países, convinieron que la convocatoria para
financiar proyectos de codesarrollo estuviera orientada a movilizar a las instituciones
que trabajaban o querían trabajar con los migrantes; pero también a los propios
migrantes en el lugar de destino y sus familiares en el lugar de origen.
La importancia de investigar lo que a partir de entonces surgió como proyectos de
codesarrollo no se justifica solamente en la evidencia de que Bolivia está insertándose
en cambios de orden sociopolítico que necesitan ser estudiados gradualmente; sino
también en la evidencia de que a través de la intervención de diversos intereses,
actores y gestores nos encontramos en un momento en que las dinámicas migratorias
han cobrado un sentido profundamente político, por eso resulta interesante tratar de
identificar y comprender todo lo que implica hablar de las políticas de codesarrollo
en Bolivia.
Para tal propósito, he situado como estudio de caso las experiencias de codesarrollo
en el Valle Alto de Cochabamba, de manera específica en el Municipio de Arbieto.
Indagar en este caso en concreto permite comprender cómo surge esta nueva manera
de entender el vínculo entre la migración y el desarrollo, entre quiénes, cuáles son
los puntos articuladores de dicho vínculo, de acuerdo a qué procedimientos y con

2 De acuerdo a los datos del Banco Mundial, en el año 2008 el flujo de remesas en Bolivia representó
el 8,7% del PIB y el 8,7% en Ecuador (Banco Mundial, 2007).
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qué efectos3. De manera que analizar el discurso que sustenta los proyectos de
codesarrollo permite aclarar los propósitos que conllevan las políticas migratorias.
Migración, desarrollo y codesarrollo: teorías y tendencias del debate
Aunque el dilema del codesarrollo radica en desentrañar las premisas que sustentan
sus intenciones a partir de experiencias concretas, su análisis e interpretación debe
estar articulado a los lineamientos de un proyecto ligado a una política migratoria y
las contexturas políticas que ha adoptado el vínculo entre la migración y el desarrollo
a través del tiempo.
Esto significa adoptar instrumentos analíticos que correspondan a una perspectiva
teórica que integre el dinamismo de las sociedades locales y la simultaneidad —
espacio temporal— de los procesos políticos globales. De lo que se trata es de
construir un marco de interpretación que permita generar argumentos desde las
explicaciones de la economía política mundial, pero también desde la comprensión
de “[...] una realidad palpable del migrante como actor social que desarrolla su propia
lógica en referencia a su sociedad de origen” (De la Torre, 2006: 45).
Articular estas dos perspectivas teórica y metodológicamente, tiene como
propósito establecer un marco analítico que permita contrastar el discurso que
asumen los distintos actores involucrados en los procesos de codesarrollo en tres
niveles: el nivel macro, meso y micro. El nivel macro tiene como objetivo indagar en
el carácter político de la migración internacional y las perspectivas de desarrollo que
se construyen para los países de alta incidencia migratoria. El nivel analítico meso
es el que articula, a manera de bisagra, el carácter funcional de la migración hacia
perspectivas de desarrollo que promueven los distintos gestores locales en forma de
proyectos de desarrollo. Y el nivel micro es el que sitúa el estudio en un caso concreto
así como en las perspectivas de desarrollo que construyen los directos beneficiarios
de los proyectos de codesarrollo. Esta nueva entrada permite comprender que las
iniciativas de desarrollo que impulsan los migrantes a través de interconexiones
locales y vínculos sociales transnacionales se construyen a partir de los intereses
3 Para analizar de manera general el discurso de codesarrollo, y de manera particular las iniciativas de
codesarrollo en el Municipio de Arbieto, utilicé como unidad de análisis el discurso de codesarrollo
de los distintos actores involucrados en los proyectos e iniciativas de codesarrollo que se dieron
en Arbieto, a partir de la Feria de la Migración y el Desarrollo: “Me voy pero me quedo” (2008).
En tal sentido, los textos elegidos para la construcción del corpus discursivo fueron: convocatoria
del concurso de la Feria de la Migración y las Remesas Bolivia-Ecuador (2008), impulsada por
el Banco Mundial, y los proyectos de codesarrollo en el Municipio de Arbieto. Estos textos fueron
escogidos siguiendo tres criterios de comparabilidad: 1) Se trata de documentos oficiales que
reúnen, en general, las mismas características en relación a presentación de un problema, objetivos
o propósitos, motivaciones, beneficiarios, alcance geográfico, posibles resultados y alianzas. 2) Los
documentos, al mismo tiempo que son fuente de información, se reconocen como pruebas de que los
proyectos han sido ejecutados de una determinada manera, aunque no en el estricto cumplimiento
de todos los estipulados planteados en el proyecto. 3) La función predominante de estos documentos
es interpretativa, ya que habrían empleado estrategias discursivas similares para su elaboración.
Dichas similitudes responderían fundamentalmente a una forma concreta de determinar los puntos
teóricos y prácticos de la migración y el desarrollo.
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que los distintos actores involucrados en el espacio social local, nacional, regional y
mundial ponen en juego. De hecho, siguiendo los planteamientos de la perspectiva
transnacional, el vínculo entre migración y desarrollo supone el análisis de las
múltiples interconexiones locales que generan un discurso que se construye en el
ámbito global (Portes, 1995; Levitt y Glick Schiller 2004).
Así, el entramado de situaciones, factores y actores que conectan el lugar de
origen con el de destino, se convierte en el escenario propicio para comprender las
paradojas del vínculo existente entre las dinámicas migratorias y los procesos de
desarrollo que éstas construyen; es decir, las relaciones de poder que estructuran las
conexiones espaciales y las interdependencias que suceden al crear nuevos campos
sociales de interacción (Besserer y Gil, 2008; Portes, 2007; Smith y Guarnizo, 1998).
Esta perspectiva de análisis además supone la tarea de tratar de entender las
formas en que las prácticas sociales transnacionales enfocadas hacia procesos de
desarrollo se convierten en la plataforma política y económica de los proyectos
de codesarrollo, que tienen como objetivo fundamental construir las condiciones
para que los gobiernos de los países receptores diseñen políticas migratorias que
promuevan la maximización de los beneficios que las remesas provocan en los
lugares de origen de los flujos migratorios, y así logren amortiguar o minimizar los
efectos de la migración (Cortés, 2009).
Uno de los aportes más importantes en este emergente campo de debate, es que las
investigaciones realizadas han demostrado que para entender el codesarrollo como
un proceso de gestión de la inmigración es preciso indagar en el rol de los actores del
codesarrollo y en las redes de actores comprometidos —directa e indirectamente —,
así como en la incidencia de cada uno de estos actores en los procesos de diseño de
planes y proyectos de codesarrollo, puesto que son gestores de acciones y políticas
migratorias.
Los actores de carácter gubernamental y también aquellos procedentes del
asociacionismo de los propios inmigrantes (organizaciones no gubernamentales,
sindicatos, partidos políticos, empresariado, asociacionismo ciudadano o
fundaciones de carácter cultural, etc.), influyen de manera directa en el sentido que
asumen las políticas de codesarrollo, ya que en la mayoría de los casos las modifican
sustancialmente dirigiendo, impulsando o, en algunos casos, limitando los planes,
programas y proyectos de codesarrollo (Zapata y Pinyol, 2008).
Es así que, desde los propios discursos del codesarrollo, se puede deducir que el
vínculo entre migración y desarrollo es un debate que pone en escena la participación
e inclusión de nuevos actores en el ámbito local, regional, nacional e internacional
(Cortés, 2005), con el propósito definir los niveles de participación e intervención
de los mismos. Tal como señala la investigadora Sanmartín, “esta división de
competencias y ámbito de actuación además, se traduce en una tendencia a trabajar
dentro de los departamentos de cooperación al desarrollo, incluyendo al desarrollo
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como una nueva modalidad de la cooperación, supeditando pues la gestión de
los flujos a las formas de trabajo de ésta y a los intereses de la acción exterior del
Exterior” (2009: 144).
Las dinámicas migratorias en Bolivia: escenario de un proceso
Para comprender el debate que se ha venido construyendo entre la migración
y el desarrollo y, en consecuencia, el escenario en el que se están construyendo
las iniciativas de codesarrollo en Bolivia, es importante partir estableciendo que
en los distintos periodos históricos del siglo XIX y XX, las migraciones internas,
intra-regionales e internacionales que incluye la corriente migratoria entre espacios
urbanos, inmigrantes urbanos hacia las zonas rurales, migración intra e interurbana
fueron marcando gran parte de la dinámica económica y sociocultural de Bolivia
(Ledo, 2010).
Este constante movimiento de las familias bolivianas dentro y fuera del territorio
nacional es considerado por Hinojosa (2009) un “habitus”, un sistema de prácticas
que asociadas a una forma particular de encarar el tiempo y el espacio se ha venido
constituyendo como una cultura racional de la movilidad4. No obstante, las trayectorias
migratorias de las familias bolivianas se mueven en un campo mucho más amplio
que la racionalidad cultural, puesto que la decisión de emprender un proyecto de
vida articulado a la migración está necesariamente inserta en determinantes de orden
histórico estructural.
Por un lado, la migración puede considerarse un proyecto de vida individual y/o
colectivo pero; por otro lado, también es síntoma de la magnitud de las desigualdades
que han estructurado la sociedad boliviana y la inexistencia de políticas enfocadas
a reducir los niveles de precariedad en los que se encuentran las familias bolivianas
(Ledo, 2010). De manera que los patrones de la migración internacional de las y los
bolivianas/os se han ido reconfigurando de acuerdo a los procesos políticos y las
actividades económicas que se viven en cada época.
Hacia los años setenta los fuertes desequilibrios regionales que se suscitaron a partir
de las políticas aplicadas luego de la reforma agraria de 19525, fueron el detonante
para que la población boliviana, principalmente de los valles centrales, se trasladaran
hacia el norte argentino (Dandler y Medeiros, 1985; Benencia, 1997). Tras los ajustes
macroeconómicos de 1985, y en directa correspondencia con las consecuencias
4 Según Hinojosa (2009), las migraciones de las y los bolivianas/os estarían pre conformadas por
disposiciones socio-culturales que producen un sentido práctico y los hace parecer como “normales”.
En tal caso, la búsqueda de recursos fuera del lugar de nacimiento puede ser considerada como un
proyecto de vida que asegura la reproducción social de la comunidad en la que están insertos.
5 Las principales reformas que se aplicaron en Bolivia a partir de la revolución del 52 fueron: el voto
universal, la nacionalización de las principales empresas mineras apostando a construir un mercado
nacional, la reforma agraria bajo el lema de que “la tierra es de quien la trabaja”, además de
incentivarse el desarrollo productivo de la parte oriental del país (Santa Cruz) con el propósito de
articular económicamente el territorio nacional.
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que ocasionaron las reformas macroeconómicas aplicadas por el estado boliviano
bajo el modelo económico neoliberal6, se configuró un segundo desplazamiento de
población boliviana hacia Argentina y Estados Unidos configurando así el horizonte
de una nueva etapa de la migración sur-norte.
Pero mientras unos salían en busca del «sueño americano» muchas familias
que residían en Argentina iniciaron el retorno a su lugar de origen. No obstante, en
Bolivia las condiciones para el retorno de los migrantes no fueron las más favorables.
Después de 10 años de implementación del modelo neoliberal los programas de ajuste
estructural no sólo no habían resuelto los problemas del desarrollo social, sino que
los acentuaron. Tal como asevera Ledo (2010), la aplicación de medidas económicas
liberales repercutió a tal punto que hacia el año 2005 Bolivia fue presentada ante el
mundo como el país con los índices más altos de desigualdad social.
La exclusión social provocó la apertura del mercado laboral en actividades
relacionadas al cuidado (Hinojosa, 2009; Román, 2009), y las familias bolivianas
incursionaron en una decisión que empujó a las mujeres a ser las protagonistas de
los nuevos flujos de migración internacional. A partir del año 2005, la migración
de miles de mujeres se refleja en el considerable incremento de flujos hacia Italia y
España. Como señala Hinojosa (2009) “[…] en España se ha constituido la segunda
colectividad transnacional más grande de bolivianas y bolivianos en el exterior,
luego de Argentina, pero en un periodo de tiempo sumamente reducido” (Hinojosa,
2009:4).
Si bien se estima que hacia el 2009 el 70% de los bolivianas/os en el exterior se
encuentra en países de América Latina y sólo el 8% reside en países de Europa (Ledo,
2010), la migración de bolivianos hacia España en los últimos años se ha situado
en el centro de las agendas políticas de ambos países. En el año 2008 se registró
238.605 bolivianas/os (Ramírez, 2008), constituyéndose en el tercer colectivo
latinoamericano más representativo en los últimos años en dicho país. Lo cual resalta
el creciente interés por el impacto de este flujo en el desarrollo económico de España,
así como la asistencia oficial al desarrollo que destina para Bolivia7.
Recientes estudios han demostrado que a partir del 2002 más de 70 mil
personas salieron de la ciudad de Cochabamba, principalmente hacia España, y
que un importante porcentaje de este flujo migratorio procedía de la conurbación

6 De acuerdo a la tesis de Hinojosa (2009) los desplazamientos hacia Argentina se remontan hacia la
época de la colonia, debido a la demanda estacional de mano de obra para trabajos en la zafra de
azúcar.
7 Las elecciones generales del año pasado han sido motivación para tratar de cuantificar a la población
boliviana en España. Los recientes informes de la Corte Nacional Electoral (CNE) señalaron que en
Bolivia aproximadamente 4 millones de personas fueron habilitadas para ejercer su derecho al voto,
de las cuales 240 mil fueron habilitadas para votar en Estados Unidos, España, Argentina y Brasil.
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de Cochabamba que incluye algunas poblaciones del Valle Alto (Hinojosa, 2009;
Román 2009; van den Bogaardt 2009). Más allá de la preocupación por cuantificar
los montos que esta zona está recibiendo por concepto de remesas, el impacto
económico, social y político que genera el carácter inversor de las remesas en las
comunidades de esta región se ha hecho cada vez más evidente, tal es el caso del
Municipio de Arbieto.
Los estudios realizados en la subregión del Valle Alto de Cochabamba demuestran
de manera muy particular que el crecimiento económico que ha alcanzado el
Municipio de Arbieto se debe a que la migración se ha concretizado en iniciativas de
desarrollo que demuestran la complejidad del sistema de redes de intercambio en el
que están insertos las y los abieteñas/os (Cortés, 2004; Novick, 2008, De la Torre,
2007).
Siguiendo a Pries (1999), la estructura socioeconómica y política de Arbieto
se consolidó en un escenario transnacional, lo cual permitió asumir la experiencia
migratoria como algo que no se aísla de la dinámica local, sino como una forma
de vida, a tal punto que se ha construido como un imaginario colectivo. Es así que
los jóvenes, a pesar de no haber vivido directamente la experiencia migratoria,
reconocen la importancia de vincularse a esa red para conseguir mejores condiciones
de vida en el pueblo.
En consecuencia, hablar de migración en el Municipio de Arbieto significa hacer
una contextualización socio histórica de las formas en que las y los migrantes, frente
a la ausencia del Estado, han impulsado iniciativas desarrollo socio económico.

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Iniciativas de codesarrollo en el Municipio de Arbieto
Inversión de remesas en innovación de riego agrícola
Hace más de diez años que en la comunidad de Korimayo, Arbieto8 las y los
lugareños, ahora residentes en el extranjero, se han hecho cargo de obras como la
llegada de la energía eléctrica, la construcción de la plaza del pueblo y mejoras en
caminos y puentes. Estas obras, en la mayoría de los casos, han sido el producto
de recaudaciones colectivas de carácter festivo. Doña Dominga, cuenta que mucho
antes de que adquiera el status de residente, por sus constantes idas y venidas de
Virginia (USA) a Korimayo y viceversa, ella ya organizaba bailes para recaudar
fondos para obras comunitarias. “Mi sueño desde mis seis añitos ha sido tener plaza
en Korimayo. Mi compadre Román y yo hemos cedido parte de nuestros terrenos
para que se haga la plaza. El concreto [cemento] lo hemos hecho en mi primera
llegada al pueblo, después la fuente de agua y ahora último hemos puesto los bancos
y los farolitos [sic]” (Korimayo 21/03/2010).
A la par de estas prácticas de filantropía, que puede resultar un común denominador
en la vida comunitaria de las poblaciones campesinas con alto porcentaje de
migrantes, el aspecto que distingue a la comunidad de Korimayo es que a diferencia
de otras comunidades que conforman el Municipio de Arbieto ha incrementado
considerablemente los niveles de producción agrícola no tradicional. De hecho,
quizá la experiencia de esta comunidad sea muy particular dentro toda la región del
Valle Alto cochabambino, puesto que gran parte de las inversiones que se han hecho
en la zona provienen del protagonismo de los residentes en el exterior.
Y es que la inversión directa de capitales que las y los migrantes han adquirido
trabajando en el rubro de la construcción, primero en Argentina y luego en Washington
EEUU, ha cambiado gran parte de la dinámica socioeconómica de la comunidad (De
la Torre, 2006). La producción de duraznos se convirtió en el negocio por excelencia
de las familias que recibían transferencias económicas. “Primero compramos muchos
plantines y poco a poco fuimos remplazando los cultivos de maíz con huertos de
duraznos”; así recuerda don Oscar su decisión de invertir los ahorros de sus años de
trabajo en el extranjero (Korimayo 21/03/2010).
8 La traducción de la palabra quechua Korimayo corresponde a Rió de oro. Korimayo es una
población situada a tres kilómetros del centro poblado de Arbieto y es considerada una zona de alta
productividad, puesto que por cálculos que realizó la Alcaldía del Municipio de Arbieto en el año
2007, existen al menos 150 hectáreas de extensión recientemente dedicadas a la producción del
durazno del tipo Gumucio Reyes.
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Las obras orientadas al desarrollo local que las y los migrantes gestionan con sus
propios recursos han generado efectos en el crecimiento económico de la zona. Así,
en Korimayo los productores de duraznos en su mayoría son residentes en Estados
Unidos, pero su condición los ha obligado a desarrollar estrategias que les permitan
vincularse de manera activa con sus inversiones. Por lo general, suelen hacerse cargo
de la producción desde el lugar en que residen a través de contactos telefónicos que
establecen periódicamente con la familia que contratan para que cuide la producción
durante todo el ciclo9 (De la Torre, 2006). Y si las inclemencias del tiempo
no presentan excesos de frío o de calor sin lluvia los dueños de las plantaciones
complementan su trabajo al retornar un par de semanas en el mes de agosto, cuando
los arbustos afloran, ó en el mes de febrero cuando empieza la cosecha y con ella la
fiesta del carnaval, como cierre del ciclo agrícola.
Este momento resulta de vital importancia para la comunidad en su conjunto,
pues año tras año se ha ido convirtiendo en un ritual que reafirma los vínculos
transnacionales que mantienen las y los migrantes con su lugar de origen, pero
también porque la visita de los hijos de los residentes en Estados Unidos o Argentina
renueva compromisos con el desarrollo del pueblo. Tal como señala doña Dominga,
“Es bien importante que nuestros hijos vengan a ver el pueblo de sus padres porque
después va ser su pueblo también, aunque no se vengan a vivir definitivamente tienen
que empezar a trabajar por su pueblo. Aquí siempre van a tener un lugarcito para
estarse [sic]” (Arbieto 21/03/2010).
No obstante, el aspecto que parece haber convertido a la comunidad en precursora
de iniciativas de desarrollo local es la conformación de la Asociación de Productores
Agropecuarios de Korimayo10 (ASPROAGROK), puesto que el carácter asociativo
de los proyectos que vienen realizando es un aspecto que ha beneficiado también
a las familias no migrantes, fortaleciendo así las redes comunitarias locales. Doña
Alicia, una de las más antiguas productoras de duraznos en la zona, asegura que una
de las fortalezas de la zona es que, además de ser vecinos, muchos de los productores
de duraznos en Korimayo son parientes. “Trabajamos juntos en varios aspectos de la
asociación. Para apoyarnos compartimos problemas y soluciones porque queremos
crecer en la comunidad” (Korimayo, 25/03/2010).
9 La mayoría de las familias que se dedican al cuidado de las huertas de duraznos proviene de
comunidades aledañas, puesto que a raíz de las extendidas sequías que enfrenta la zona del Valle
Alto en los últimos diez años han buscado en las comunidades de Arbieto trabajo asalariado
10 La Asociación de Productores Agropecuarios de Korimayo (ASPROAGROK), fue fundada el 27 de
julio del año 2000, con el propósito de preservar y fortalecer las actividades agrícolas y pecuarias en
la región, obtener ayuda y asesoramiento técnico de las diferentes instituciones para la excavación
de pozos de riego y electrificación, obtener semillas y productos químicos de buena calidad, etc.
ASPROAGROK integra la Comisión Económica Productiva del Consejo de Desarrollo del Municipio
de Arbieto (CDEMA), máxima instancia de coordinación entre el gobierno local y la sociedad civil.
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Fue en ese repertorio de acciones que las 33 familias productoras de duraznos
asociadas a ASPROAGROK presentaron a la Feria de la Migración y las Remesas
su propuesta de codesarrollo: “Mejoramiento de la producción agrícola optimizando
el uso del agua y tecnificando riego”. Puesto que un sistema de riego es de suma
importancia para la zona, ante el inminente deterioro de los campos de cultivo en el
Valle Alto, provocadas por las intensas sequias de la última década
El proyecto de riego en Korimayo estaba enfocado a apoyar iniciativas de
desarrollo económico que dinamicen la economía local y la posibilidad de generar
modos de vida sostenibles. De acuerdo a la propuesta de los socios de ASPROAGROK
(2008), la perforación de pozos comunitarios a mediano plazo permitiría mejorar la
calidad y la cantidad del fruto, así como ampliar las opciones de comercialización y
generación de fuentes de empleo para más familias de la región.
Asimismo, a través de este proyecto de codesarrollo los socios de ASPROAGRK
proponían impulsar un proceso de acciones conjuntas entre las organizaciones
locales e instituciones, tanto públicas como privadas, de la zona para que a mediano
plazo ASPROAGROK se pueda constituir en un referente local en lo que respecta al
uso de tecnología para la producción agrícola y la gestión comunitaria y productiva
de remesas migrantes.
De acuerdo al alcance de la propuesta, los posibles efectos positivos que generaría
el proyecto de codesarrollo en la región se reflejan en una cadena de beneficiarios
que conlleva una acción-inversión respecto a la otra. Desde el punto de vista del
BM —en su rol de financiador del proyecto— el Municipio de Arbieto también es
un beneficiario indirecto, puesto que las comunidades aledañas a Korimayo, muchas
de ellas empobrecidas, podrían aprehender la experiencia para establecer alianzas
con sus residentes en el exterior ó la búsqueda de nuevos recursos y financiamiento
provenientes de la cooperación al desarrollo.
Después de dos años de ejecución del proyecto, es posible asegurar que si bien los
objetivos inmediatos se cumplieron a cabalidad, la replicabilidad de esta iniciativa
de codesarrollo dista mucho de las expectativas con que el BM impulsó iniciativas
de codesarrollo. No obstante, la propia experiencia demostró que a pesar de ser un
proyecto que plantea soluciones prácticas para tratar un problema concreto, como es
el riego para la producción agrícola, al interior de las comunidades existen problemas
que sobrepasan los intereses económicos que no sólo tienen que ver con la posibilidad
de mejorar las condiciones materiales de la vida.
Esto comprueba que cuando se pasa del plano teórico al de la implementación
de programas en el ámbito local, el vínculo de la migración y el desarrollo termina
reduciendo el desarrollo al crecimiento económico, y este enfoque va en detrimento
de los elementos políticos que se generan a partir de las dinámicas migratorias.
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Casa de la felicidad de los Adultos Mayores
“Kuraqkunaj kusikuynin Wasi” es el nombre en quechua con el que la Asociación
de Adultos Mayores del Municipio de Arbieto (AAMMA), en alianza con la Liga
de Residentes Arbieteños en Arlington, Estados Unidos, presentó su proyecto de
codesarrollo en el concurso de la Feria de la Migración y las Remesas. Según explica
don Casiano Amurrio, Presidente de AAMMA, “el nombre de dicho proyecto se
debe a que en el municipio de Arbieto los adultos mayores están prácticamente en
estado de abandono. “La casa de la felicidad es una utopía queremos hacer realidad.
Nuestro objetivo es desarrollar acciones por la defensa de los derechos humanos,
para que las leyes nacionales de respeto y apoyo a las personas adultas mayores
empiecen a cumplirse en el ámbito local” (01/03/2010).
Según los datos de la Unidad De Análisis de Políticas Sociales y Económicas
(UDAPE) en el indicador “porcentaje de pobres” el Municipio de Arbieto bajó
de 87% en 1992 a 54,4% en el 2001. Por otra parte, de acuerdo a los datos del
último Censo en Bolivia (2001) el 14,2 % de la población en Arbieto es de 60 y
más años de edad, dato que lo convierte en uno de los municipios cochabambinos
con el porcentaje más alto de adultos mayores (INE, 2002). Este cruce de datos
demuestra que existe una evidente paradoja al interior de la comunidad provocada
por la migración que a la vez se refleja en una serie de problemas generacionales.
Tal como manifiesta don Casiano, “la mayoría de los miembros de AAMMA en su
juventud migraron a Argentina y Venezuela, desde donde siempre cooperaron para
pequeñas obras comunitarias, pero ahora que son ancianos viven en situación de
abandono, soledad, vacío y marginación social” (01/03/2010).
Es por ello que AAMMA presentó su propuesta bajo cuatro tipos de acciones
concretas: 1) apoyo en la comercialización agrícola, 2) asistencia en telecomunicación
con familiares en el exterior, 3) conformación de compañerismo y entretenimiento,
además de formación estratégica y 4) asistencia para el cumplimiento de los derechos
legales de los adultos mayores. Si bien en varias comunidades de Arbieto ya existían
antecedentes de iniciativas que impulsan procesos de desarrollo local fue la primera
vez que se intentaba que las remesas se dirigieran hacia otros efectos de las dinámicas
migratorias.
De manera particular el proyecto de “La casa de la felicidad” denota en buena
medida el escenario que conlleva las dinámicas migratorias transnacionales de la
región. Familias que han tenido un vertiginoso éxito económico, pero que no están
exentas de vivir casi de manera obligada la situación de vulnerabilidad.
De los proyectos que tenían como propósito paliar los costos sociales de la
migración, en poblaciones vulnerables a sus efectos, “La casa de la felicidad” fue la
única propuesta que tenía como grupo beneficiario a los adultos mayores. A diferencia
de otras iniciativas de codesarrollo en el municipio de Arbieto, este proyecto se
basaba en actividades orientadas a resultados de impacto real en sus beneficiarios; es
decir, en el nivel más micro de los efectos e impactos de la migración.
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Al margen de los resultados obtenidos, cabe mencionar que el éxito de este
proyecto proviene de las alianzas que realizaron entre las familias transnacionales,
a través de la Liga de Residentes Arbieteños en Virginia, la Alcaldía Municipal de
Arbieto y, las ONG Fundación Horizontes y Help Age International, brindando
apoyo de asesoría externa.
Según cuentan los socios de AAMMA la alianza que consiguieron con la Liga
Deportiva de Residentes Arbieteños en Arlington, Estados Unidos, se debió a que
los hijos o nietos de la mayoría de ellos pertenecen a alguno de los clubes que están
afiliados11. Los compromisos adquiridos con las distintas alianzas fueron ratificados
una vez acabado el proyecto, al menos así lo manifestaron algunos de los hijos de los
socios que estaban en Arbieto en las fechas de carnaval: “La Asociación de Adultos
Mayores del Municipio de Arbieto (AAMMA), va seguir teniendo nuestro respaldo
porque la mayoría de ellos son padres o abuelos de los residentes arbieteños en
el exterior” (Entrevista 29c, 2010). “El apoyo de los residentes arbieteños en el
extranjero, se constituirá en una especie de apadrinamiento. Dando una cuota anual
única de 40 $US, simbólicamente que sería la “cuota para el retorno” (Entrevista 6c,
2010).
El compromiso de la Alcaldía también manifiesta posibilidades de fortalecer
AAMMA y el proyecto de codesarrollo que inició “La casa de la felicidad”, puesto
que en un discurso público el alcalde del Municipio; Diógenes Escobar, expresó su
interés por fortalecer dicho proyecto, pues en su condición de migrante retornado
conoce de cerca la importancia de gestionar las iniciativas de los residentes en el
exterior dentro del andamiaje municipal. Con el compromiso de estos dos actores,
parece más probable que la Casa de la Felicidad de los Adultos Mayores continúe su
trabajo luego del periodo financiado por el BM, y es que la propuesta tiene un común
denominador: el bienestar de los adultos mayores, puesto que en Arbieto los ancianos
están expuestos a todo tipo de vulnerabilidades provocadas por la ausencia de sus
familiares en edad de trabajar, es decir hijos, nietos y en muchos casos bisnietos. En
términos generales, esta experiencia de codesarrollo resultó altamente atractiva a los
intereses de la cooperación al desarrollo, porque está orientada a desarrollar acciones
que contribuyen a revertir algunos de los costos sociales de la migración a través del
redireccionamiento de las remesas y los vínculos transnacionales.
11 Y es que a nivel local la Liga Deportiva de Residentes en Arlington, Estados Unidos podría Y es
que a nivel local la Liga Deportiva de Residentes en Arlington, Estados Unidos podría considerarse
como la instancia asociativa más representativa de la comunidad arbieteña, no sólo por el número
de socios que aglutina, sino también por la trayectoria de gestión de remesas comunitarias que ha
venido desarrollado paralelamente a la historia de la migración laboral de las y los arbieteños en sus
distintos destinos (De la Torre y Alfaro, 2007).
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Una mirada comparativa
Las diferencias entre los proyectos de codesarrollo se pueden explicar desde la
propia historia migratoria de la comunidad, puesto que las iniciativas de desarrollo, a
partir de las dinámicas migratorias, se han ido convirtiendo en una práctica habitual
para las y los arbieteñas/os. Por otra parte, son las mismas dinámicas migratorias las
que ocasionan que los costos sociales de las desigualdades económicas y la exclusión
que vive las comunidades rurales sean aún más altos.
En ambas iniciativas de codesarrollo existe un entramado de factores que (re)
construyen el discurso de codesarrollo y los complejos procesos a través de los
cuales puede llegar a producir distintos y contradictorios efectos en el escenario
local. Es por ello que en ambos proyectos se observa una instrumentalización los
lazos comunitarios para reforzar las intervenciones de la cooperación internacional,
marcando así la estructura de desigualdad en las que se construyen los proyectos de
intervención social. En todo caso en ambos proyectos también se observa la agencia
de los actores al momento de ejecutar los planes y proyectos de cooperación, puesto
que la forma en que gestionan los recursos económicos y humanos se relaciona o está
determinada por patrones culturales tradicionales propios de la comunidad.
Un aspecto a considerar es que si bien los efectos que causaron los proyectos en
Arbieto se pueden sustentar en la particularidad de los problemas que se propuso
como iniciativas de codesarrollo, el nivel de complejidad que cada uno de los
proyectos enfrentó demuestra que sustancialmente estamos frente a unos casos en los
que los vínculos transnacionales y las interconexiones locales determinan el rumbo
de los proyectos.
En el caso del proyecto de Korimayo, se parte de la suposición de que el vínculo
con los residentes es positivo porque consiste en ofrecer la oportunidad de invertir sus
capitales en sus lugares de origen, pero desde el lugar en que residen. La experiencia
demostró que el potencial de los lazos comunitarios se minimiza frente a los intereses
individuales. A pesar que en Korimayo la asociatividad es fuerte, presentó mayores
dificultades para llevar adelante el proyecto de codesarrollo en articulación con los
distintos actores involucrados debido a que se ponían en juego intereses económicos
personales o familiares.
En el caso del proyecto de los adultos mayores los vínculos más bien se
movilizaron desde el sentido de pertenencia a un proyecto en común: la migración
internacional, lo cual fortalece los lazos comunitarios pues está relacionado con la
construcción cíclica de la migración. Tal como manifestó Zulma, en una larga y
sentida conversación en sus días de visita a Arbieto, “Todos vamos a ser viejos y
vamos a tener que regresar, qué mejor que sea a un lugar en que nos puedan atender
porque nuestros hijos no van avenir con nosotros. Va pasar igual que yo con mi
papá” [sic] (17/03/10). En ese sentido, aunque AAMMA establece una alianza con
los residentes en el exterior, los verdaderos protagonistas del éxito del proceso son
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quienes se quedan en el lugar de origen, o más bien a quienes ya les toca quedarse
en el pueblo.
Es posible señalar que los efectos que generaron cada uno de los proyectos
dependieron considerablemente de los puntos de partida en que se constituyeron,
es decir del tipo de alianzas que establecieron a nivel translocal. De ahí que sea
totalmente comprensible que en un mismo espacio los dos proyectos hayan generado
dinámicas y resultados distintos. De acuerdo al investigador Abad (2008) las
consideraciones de partida deben ser interpretadas como variables estructurales
(económicas o demográficas) e institucionales (jurídicas, políticas, culturales),
puesto que son variables que permiten incentivar o frenar los procesos que surgen
con la migración.
En ese caso, una vez más, cabe señalar que las condiciones históricas e
institucionales de Arbieto fueron las que determinaron el alcance de los proyectos
de codesarrollo. Eso nos aclara el papel que juegan los vínculos trasnacionales y las
interconexiones locales al momento de plantear planes y proyectos que establezcan
el vínculo entre la migración y el desarrollo. Aunque, por otra parte, a partir de las
iniciativas de codesarrollo se puede observar que la forma de establecer vínculos
orientados a emprender acciones e iniciativas de desarrollo ha experimentado algún
nivel de transformación.
La dimensión de este cambio puede resultar casi imperceptible a simple vista, pero
una mirada más atenta permite afirmar que algunos de estos cambios se encuentran
vinculados a la presencia de nuevos actores.
Hasta antes de la incorporación de la cooperación al desarrollo en el tema migratorio
la forma de establecer compromisos y acciones comunitarias, utilizando para ello
las redes transnacionales y los vínculos locales, era distinto porque se manejaba de
acuerdo a los intereses colectivos, es decir estaban orientadas a la consecución de
obras comunitarias en las que además las y los migrantes y sus familias se sentían
parte del crecimiento de la comunidad. A pesar de las tensiones que inevitablemente
surgen, las redes de los arbieteños fortalecían las acciones transnacionales y los
vínculos que se desprenden a partir de ellas.
Esta situación es una forma de señalar la importancia que adquieren los vínculos
locales a la hora de plantear iniciativas que canalicen las causas y los efectos de
las dinámicas migratorias hacia procesos de desarrollo, puesto que son actores que
garantizan no sólo el cumplimiento de los compromisos, sino también el sentido de
apropiación de los actores hacia sus emprendimientos.
Evidentemente, para el BM la búsqueda de relaciones estratégicas tenía como
propósito fomentar la participación de las y los migrantes para promover una
autogestión interna.
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De lo que se trataba, entonces, era de alentar los procesos internos para que
ellos mismos sean responsables de estos procesos y así aumentar el potencial de
replicabilidad de los proyectos e iniciativas de codesarrollo12. No obstante, los
proyectos en Arbieto demostraron que el codesarrollo necesita desarrollar una trama
institucional mucho más compleja que la simple alianza de los migrantes como
actores de proyectos de codesarrollo.
A manera de conclusiones: la (re) funcionalización de los vínculos transnacionales
Tal como se pudo advertir en el punto precedente, las iniciativas de codesarrollo
que se dieron en Arbieto se sustentaron en el conjunto de prácticas —económicas,
políticas y socioculturales— que las y los migrantes establecen entre sus comunidades
de origen y residencia. No obstante, en este tipo de codesarrollo es posible vislumbrar
cómo los vínculos transnacionales se instrumentalizan en un discurso que tiene como
propósito convertir a las y los migrantes en responsables de su propio desarrollo. La
forma en que se produce este reconocimiento supone la instrumentalización de su
agencia, es decir “Migran para sostener sus familias transnacionales; los sistemas
socioeconómicos de los países más ricos dependen fuertemente de su trabajo y
sus contribuciones; y, adicionalmente, se les responsabiliza del desarrollo de sus
comunidades de origen” (UN-INSTRAW, 2005).
Los proyectos de codesarrollo en Arbieto, en primer lugar, permiten constatar
que el potencial que tienen las y los migrantes de ser actores de desarrollo sobrepasa
el impulso de cualquier iniciativa de codesarrollo. Experiencias anteriores, por
ejemplo el empedrado de las principales calles del centro poblado de Arbieto, ya han
demostrado que las alianzas entre los residentes en el exterior, las familias de las y
los migrantes y el gobierno local constituyen en sí mismas el marco de referencia
para cualquier proyecto de desarrollo local para el municipio (De la Torre y Alfaro,
2007).
A pesar de que existe división de roles e intereses personales y familiares, la
adscripción comunitaria que presenta Arbieto constituye el mecanismo que ha
llevado a cabo procesos de cambio socioeconómicos y políticos a lo largo de su
historia, de tal manera que para debatir los planteamientos del codesarrollo, así
como para apreciar sus alcances y limitaciones se debe otorgar especial atención al
rol que cumplen cada uno de los actores involucrados en las dinámicas migratorias
de la región, así como el nivel de participación que tienen respecto al proceso de
integración del codesarrollo a la vida cotidiana con carácter transnacional.

12 Esta perspectiva podría adscribirse a la denominada economía institucional (Abad, 2008) que
en términos generales aseguraría el uso eficiente y sostenido de la ayuda financiera. Asimismo,
siguiendo los planteamientos de Fraser (2003), el codesarrollo es un buen ejemplo del surgimiento
de una política de niveles múltiples de gubernamentalidad puesto que se trata de una disciplina
institucionalizada y construida por los gobiernos, dirigida a racionalizar todos los aspectos de la
vida social.
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A partir de la experiencia de Arbieto también es posible vislumbrar que
indudablemente el codesarrollo forma parte de un proyecto político macro que
responde al fracaso de las políticas de ajuste estructural que fueron impulsadas por
los mismos organismos internacionales de promoción del desarrollo económicoFMI, BID, Banco Mundial- (Canales, 2006b). La contradicción que conlleva esta
puntualización se establece de manera más precisa en el enfoque de desarrollo
que conllevan los proyectos de codesarrollo, puesto que en sus lineamientos y
proyecciones a largo plazo se reconoce la intención de demostrar que las políticas de
combate a la pobreza contribuyen a frenar los flujos migratorios y, en el mejor de los
casos, a frenarlos definitivamente.
Las acciones del codesarrollo están sustentadas en una perspectiva de desarrollo
socioeconómico, de modo que es posible sostener que desde los planteamientos
de Samir Nair (1997), la apuesta del codesarrollo se ha centrado precisamente
en canalizar el dinamismo de las comunidades de migrantes a través de planes y
proyectos que potencien el crecimiento económico de los lugares de origen de los
migrantes.
En el caso de Arbieto, el aspecto que concretiza las acciones de las dos iniciativas
de codesarrollo, es la búsqueda de crecimiento económico del territorio para mejorar
la calidad de vida de los pobladores y así evitar nuevos flujos migratorios. Las
prácticas transnacionales de las y los propios migrantes y sus familias son un medio
para conseguir ese propósito. Esta manera de tratar el asunto denota que más allá de
las diversas formas que asume el codesarrollo, su especificidad proviene justamente
de ejecutar una política enfocada en un modelo de desarrollo en el que la migración
se sigue presentando como una variable dependiente, sobre todo porque se considera
consustancial al nivel de desarrollo de los países de origen de las y los migrantes
(Delgado et al 2010).
En el discurso oficial del codesarrollo, la migración se establece como un
problema de orden netamente cuantitativo, en tanto se intenta construir un vínculo
con el desarrollo a través de la asignación de recursos provenientes de la cooperación
internacional o las remesas. Lo cual significa que estamos frente a un discurso
que por una parte reconoce que para encontrar vías de soluciones prácticas a las
condiciones de pobreza y “subdesarrollo” que son causa de las migraciones, hace
falta considerar las percepciones de desarrollo propias de cada lugar; pero, por
otra parte, está fuertemente adherido a la imposición de una óptica de desarrollo
economicista que va en detrimento de los elementos políticos o socioculturales que
hacen a las dinámicas migratorias13.
13 Siguiendo la tesis de Latouche (2004) el nacimiento del concepto de desarrollo en su enfoque
economicista puede rastrearse a partir de la puesta en marcha de políticas y proyectos implementados
bajo la clasificación de regiones del mundo como subdesarrolladas que el presidente Harry Truman
dio en su discurso inaugural ante el Congreso en 1949. Desde entonces esta idea forma parte de la
promesa de la modernización occidental, en la que el acceso a la educación, la salud, la justicia, etc.
son los ejes sociales que permiten construir condiciones de desarrollo para aquellos países que se
identificaron como subdesarrollados.
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En Arbieto, por ejemplo, las iniciativas de codesarrollo responden al interés
explícito de promover el crecimiento económico de la zona a través de micro
emprendimientos; no obstante, en la complejidad actual, es necesario tomar en
cuenta que al tratarse de proyectos que tienen como beneficiarios directos a una
comunidad que está fuera del territorio, pero al mismo tiempo conectada a través de
sus prácticas cotidianas, la óptica desarrollista que se pretende instalar dista mucho
de las necesidades que permiten construir mejores condiciones de vida.
Esta es una de las grandes contradicciones del codesarrollo, y a partir de ella
es que se puede evidenciar los verdaderos propósitos de este tipo de políticas
migratorias, puesto que reconocer que las comunidades transnacionales pueden
actuar como socios potenciales del desarrollo significaría asumir que la estructura de
las redes relacionales con que se ubica a las y los migrantes cruza las fronteras de los
estados nacionales (Faist, 2000); y que, en consecuencia ,existen nuevas localidades,
nuevos actores, nuevas formas de pensar, nuevas necesidades y hasta nuevas formas
de construir desarrollo (Rivera, 2007).
Parecería lógico suponer que si la vida de las y los arbieteñas/os está
desterritorializada, los factores que ofrecen desarrollo también deberían pertenecer
a esta dimensión. La manera en que los residentes arbieteños/as, sus familias y
sus asociaciones actúan parecería acomodarse a una alternativa de desarrollo que
sustituye la concepción tradicional del espacio como simple contigüidad física,
por la de un espacio territorial de expresión social activa; es decir, de iniciativas
localmente situadas, y en consecuencia “a-espaciales” (Pries, 1999). Esta idea resulta
fundamental para demostrar cuán contradictoria puede llegar a ser una idea de
desarrollo para las comunidades que despliegan su vida entre dos o más localidades
de manera simultánea.
Asimismo, esta gran paradoja demuestra la unilateralidad de las políticas de
codesarrollo, puesto que evidencia que el enfoque de ‘desarrollo local’ con que
suelen llevarse a cabo los proyectos de codesarrollo no considera que el problema de
énfasis en lo local se produzca porque los beneficiarios de los proyectos son grupos
o poblaciones transnacionales. Tal como señala el investigador Hinojosa, “la causa
de la utilización de políticas e iniciativas locales es que el tema del codesarrollo no
es un tema en la agenda de los estados, sino de entidades de gobiernos locales. Al
menos no lo es en términos de negociaciones y conciliaciones de políticas migratorias
bilaterales o multilaterales” (La Paz, 26/03/2010).
En este contexto, y aunque se trata de una cuestión muy compleja, cabe preguntarse
en qué aspectos debe enfocarse el desarrollo local para reflejar las necesidades de una
comunidad organizada translocalmente. Y es que ciertamente en el caso de Arbieto el
conjunto de prácticas, costumbres, cosmovisiones y representaciones que despliegan
cotidianamente son acciones principalmente de carácter translocal porque confluyen
entre Arbieto, Korimayo, Arlington, West Palm Beach, Villa Verde, Murcia, Cliza,
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Buenos Aires, Barcelona, Israel, Cochabamba; por mencionar algunos puntos de
conexión de las y los arbieteños y sus familias en el mundo.
El camino hacia una respuesta podría provenir de poner en valor que lo que
interesa es cambiar y mejorar situaciones y procesos migratorios (Ibíd.). Sin duda
ese camino también nos traslada a situaciones de cambio político en las que se pone
en disputa el imaginario territorial del poder del Estado-nación, pues la lógica de
desarrollo translocal implica la desterritorialización y la reterritorialización y con
ella varios tipos de dominio: locales, regionales y globales14.
Es por ello que se hace necesario dejar de operacionalizarlo como un proyecto y
más bien comprenderlo como un discurso político que tiene como propósito sustentar
las acciones de la cooperación internacional para tratar la pobreza y el subdesarrollo
de los países con alta incidencia migratoria y así controlar los flujos migratorios. Pero
para proyectar este tipo de reflexiones se requiere más de un estudio de caso porque
si bien es cierto que a nivel micro es donde se encuentran las particularidades de los
hechos sociales y la agencia de los actores, las condiciones estructurales no pueden
ser desatendidas al discutir las sinergias entre migración y desarrollo. Mucho más
cuando se trata de encontrar explicaciones e interpretaciones a los procesos políticos,
económicos, culturales, y ambientales que siguen las dinámicas migratorias en el
contexto de la globalización.
En definitiva, a partir del análisis del discurso y las prácticas de codesarrollo en
Arbieto, se puede empezar a esbozar hipótesis en pos de construir un argumento
mucho más contundente. Esto significa construir escenarios comparativos para
empezar a construir un marco explicativo que denote la intención política con que se
construye el codesarrollo en los países de alta incidencia migratoria.
Una pregunta que podría guiar una investigación de este tipo es el por qué se siguen
promoviendo iniciativas que resaltan la potencialidad de los vínculos transnacionales
y conexiones locales que las y los migrantes han ido desarrollando a través de la
tradición y la costumbre de la movilidad, si las premisas del (co)desarrollo están
fuertemente ancladas a un desarrollo basado en el crecimiento económico del
territorio (Besserer y Gil, 2008).

14 De acuerdo al planteamiento de Kearney la desterritorialización contrasta con el concepto de
diáspora a través del cual las personas se imaginan a sí mismas como una nación fuera de su lugar
de origen (homeland)” (Kearney, 2008: 61). “Pero en el caso del Estado-nación desterritorializado,
los sujetos del Estado pueden estar en cualquier lugar en el mundo y aun así no vivir fuera del
Estado”(Bach et al, 1994 citado en Kearney, 2008)
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Pues es en cierta forma irónico que mientras que las condiciones del
transnacionalismo provocan más flujos migratorios, las instancias internacionales
reconsideren la validez del mismo para implementar políticas migratorias como el
codesarrollo. Por lo tanto, más allá de indagar en las causas que podrían provocar el
freno de los flujos migratorios o retorno de los migrantes se debe explicar los motivos
por los que las y los migrantes eligen su residencia fuera de su lugar de origen e
invierten en sus lugares de origen. Siguiendo las teorías que ponen en cuestión el
pretendido carácter unidireccional o definitivo de la migración (Cassarino, 2004) este
es un aspecto fundamental que debe ser explicado y debe ser tomado en cuenta en los
planes y proyectos de codesarrollo que se sustentan en la perspectiva transnacional.
La insistencia de las políticas migratorias para tratar a las y los migrantes como
agentes de un proceso de desarrollo económico en su lugar de origen, impide
que se les reconozcan sus múltiples pertenencias, está desfasada de los procesos
políticos. Ello equivale a decir que a pesar de su condición migratoria son sujetos
de derechos económicos, políticos, sociales, etc., delimitando claramente el alcance
de sus acciones, así como el escenario en el que son reconocidos como “agentes de
desarrollo”.
Frente a ese escenario la propuesta de Fraser (1999) se hace fundamental puesto
que una política (social, económica, cultural, ambiental, entre otras) debe considerar
las necesidades de redistribución, así como las necesidades de reconocimiento. En
el ámbito del codesarrollo ello implicaría montar un discurso capaz de llevar a cabo
iniciativas de desarrollo en las que se reconozca que las acciones e intervenciones
que realizan las y los migrantes contribuyen al desarrollo de dos o más lugares de
manera simultánea. En consecuencia, y aunque el problema del “deber ser” es que
siempre termina diluyéndose, se debería abrir un reconocimiento formal de sus
derechos en ambos lugares.

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