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Texto, collage y edición por: Sarahí Aguirre Granillo.
Foto de la autora por: Raúl Ramínez “Kigra”.
Prólogo por: Nubia Abish.
16 de febrero del 2016. Chihuahua, Chihuahua, México.

SARAHÍ AGUIRRE GRANILLO nació en la ciudad de Chihuahua, el
lunes 9 de noviembre de 1987. Sensible, de ímpetu contreras y ondeada por convicción. Aspira lo inalcanzable, como ser moderada, discreta y la estabilidad emocional; le molesta encajar, obedecer y salir de la cama por las mañanas.
Su vida académica bien podría ser un mal sueño inconcluso (estudió literatura hispanoamericana) y ha dedicado los últimos años de su vida a ser reportera.
Para ella, escribir es despojarse de sí misma, de su incierta y accidentada relación
con la sociedad. Morir de a poco. Hasta volver al silencio del nido materno que
nos espera en la oscuridad de la tierra.

Solté la pluma y el papel,
para convertirme en espejismo del desierto.

Prólogo
Edificar con el sentimiento
lo que con la razón se ha abatido
Mucho antes de la publicación de la presente obra, y de que su autora pusiera bajo mi cidado la escritura de un prólogo, había llamado mi atención la disolución del mito de la mujer en la poesía de
autoras que, sin importar la época, coinciden en resaltar la importancia de la voz femenina dentro
de la ficción.

Se sabe que los mitos surgen como productos literarios en culturas ágrafas y esto, a mi parecer, los convierte en algo fascinante por una simple y nada innovadora razón; evidencian que la
mente humana posee características originadas en el cerebro del Homo sapiens y son esas mismas
características las que conducen a que dos personas en continentes distintos piensen de manera
similar, lo que explica que las imágenes estilizadas correspondientes a la mujer sean comunes en la
sociedad desde siglos atrás.

Es posible que el cúmulo de contradicciones presentes a lo largo de la historia hayan contribuido a la construcción de una visión fantasmal, una mujer imaginaria. El imperio de Eva, por
ejemplo, inicia y acaba a la sombra del árbol del bien y el mal. Ahora Eva ha perdido el favor de su
Dios e intenta recuperarlo con el poder de su palabra, contando cada historia desde el principio y la
perspectiva particular de su experiencia.

Conocer a Sarahí, quiero decir conocerla de otra manera, más allá de los encuentros breves en
los que disfrutamos más bebiendo un trago que hablando de poesía, es también descubrir a esa Eva
carnal y corpórea sobre todo caderas, cara ovalada, labios delgados y piernas largas para nadar que se
construye a sí misma y aborda mediante su yo lírico la exploración de actitudes, conflictos o pérdidas.

La toma de conciencia del sujeto femenino a través del sujeto lírico sirve como diluyente en
las construcciones tradicionales y nos permite fantasear con un principio creador hembra que se
destruye y edifica a placer, una mujer real nacida en lunes que conmueve la sensibilidad lectora al
evocar recuerdos aparentemente ordinarios que terminan por convertir al tiempo en una dimensión
insustancial incapaz de retener a una persona o a un objeto.

Obra y vida son indivisibles, a veces esta identificación se nos manifiesta de manera obvia,
otras furtivamente. Nuestra estela de ruina no es sólo un libro sobre evocación y erotismo, sino un
libro que nos muestra el camino hacia una sensibilidad moldeada para la comprensión de lo bello.

Los temas que lo vertebran oscilan entre la vida amorosa y los excesos sentimentales de su
autora, la vena íntima que fluye por cada poema tiene siempre el valor de lo vivido recuperado por
la memoria a través del tiempo.

Su lectura representa una mediación entre lo creado y lo vivido, siendo la palabra el mejor
registro para el balanceo de la memoria, el reconocimiento del pasado y la resolución del porvenir.

El tiempo tiene una importancia fundamental para la autora, ya que es ahí donde se organiza el
pensamiento poético y la experiencia creadora.

Eva es el cuerpo exiliado del paraíso que se identifica con la tierra labrada de cuyas entrañas
emana fertilidad, una mujer que batalla por subsistir y se incorpora al despertar de interrogantes
sobre el pasado, el presente y el quehacer artístico.

Los temas que lo vertebran oscilan entre la vida amorosa y los excesos sentimentales de su
autora, la vena íntima que fluye por cada poema tiene siempre el valor de lo vivido recuperado por
la memoria a través del tiempo.

Su lectura representa una mediación entre lo creado y lo vivido, siendo la palabra el mejor
registro para el balanceo de la memoria, el reconocimiento del pasado y la resolución del porvenir.
El tiempo tiene una importancia fundamental para la autora, ya que es ahí donde se organiza el
pensamiento poético y la experiencia creadora.

Eva es el cuerpo exiliado del paraíso que se identifica con la tierra labrada de cuyas entrañas
emana fertilidad, una mujer que batalla por subsistir y se incorpora al despertar de interrogantes
sobre el pasado, el presente y el quehacer artístico.

Los poemas escritos en primera persona acentúan la intención de contar una historia sin distorsiones, para desandar con esto el camino milenario de la culpa ajena. Eva reconquista el paraíso
del que fue expulsada injustamente para alcanzar la Tierra prometida y completar su peregrinación
por el tiempo. La palabra poética es como la palabra de una profetisa, una invitación para reconstruir el mundo pieza a pieza.

Tengo la certeza de que cada poema tendrá su lector, alguien destinado a encontrarse en él, a
seguir sus metáforas, sus símbolos y a desentrañar significados y sentidos. Y espero que los cimientos
del pensamiento que alumbra este libro se alcen, renovando en su creadora la curiosidad y el pensamiento creativo. Porque la creación salva del olvido.
Febrero del 2015, Chihuahua, Chih.
Nubia Abish

Acercamiento I
Por más que me pese:
ancha,
de huesos y carnes,
sobre todo caderas.
Cabellos lacios,
aun rebeldes, que ondulan.
Cara ovalada,
blanca-rosa.
Labios delgados,
de olán.
Ojos grandes,
de augurio.
Piernas largas,
para nadar.
Fragmentaria:
reacomodo
borro, corrijo
siempre el mismo fondo.
Desordenada incorregible,
maníaca truenahuesos,
internauta mediocre;
malhumorada
deambulante nocturna.
Me nutre un hombre alucinógeno
que me llena la piel de colores.

Eslabones
I
Dentro del agua
una mujer observa a la araña en su burbuja:
pareciera una flor cristalizada,
un ámbar sostenido a doble presión.
Al acercarse
para regalarle algo de oxígeno,
la araña la muerde,
inyectándola de magia
que da a luz fragantes flores de azar.
II
Se detuvo un poco,
en medio de la nada
en la periferia del todo,
como araña acuática;
como la burbuja que protege a la araña;
como el agua amenaza a la burbuja de la araña.
Quise admirarlo en secreto
en caricia octagonal:
la línea madre de una celosía
y seguirnos infinitos.
III
Me pediste que no muriera.
Te expliqué que las mujeres que saben nadar
pueden clavarse profundo
en el azul de la noche
a piernas violentadas,
avanzar a corazón limpio;
sólo ellas se dejan poseer
por esa magia que invade
desde el centro puro del mundo
hasta donde no hay miedo.
Miedo;
para ellas no existe:
es la sirena sin sexo

el unicornio mutilado
la cola suelta de un dragón chino deslizando murallas.
Una mujer así de mágica
no muere tan fácil.

Acusado en rosa
Este poema no es mío,
como no lo es
este calor de verano prematuro
o el granizo de ayer por la tarde.
Cómo se nubla este cielo
en donde hace treinta años todo estaba bien.
Tu existencia
me rodea expandida cuando te llamo;
tu piel desliza por el mismo aire que me toca,
aspiro el aliento de tu risa:
esa niebla caliente que emanaron tus pulmones
ese opio de madrugada somnolienta
dilató cada uno de mis cabellos
por mi corazón que palpitaste.
Mira que parece tan fácil,
encontrarnos las manos
una noche caminando por el parque
o en un bar
ajenos y ausentes
del espectáculo etílico en fin de semana
por mirar cómo nos salían las palabras de las bocas.
Mira que si te sientes fugaz
yo vengo arrastrando las piernas
y si te he alcanzado
es porque me brindaste tu estela inmediata
de caída inminente.
Déjame regalarte un silencio;
disfruto esos momentos
cuando tu ser condensado en mis labios
corre peligro si pronuncio una palabra:
tu nombre.
Lo único que conozco de mí
eres tú.

Temores
Trapeé el piso de la cocina
y espero a que seque
para hacer algo de comer.
Así nomás:
aunque no tenga hambre.
Pasar unas cuantas horas sin comer
no hace daño;
tampoco fumarse un cigarro
o tragar la verde bilis que brota
en silencio
en secreto.
Para combinar,
comeré algo verde también:
calabacitas
crema
tomate,
aunque faltarán las tortillas de maíz,
no hay quién vaya por ellas.
Él no está.
Una vez seco el piso,
que creo fue hace rato,
picaré las verduras una a una y
mientras los cubos salen de entre mis manos
escucho a Liviandad llegar al patio pidiéndome comida.
Mastico lentamente
el temor de convertirme en ama de casa.
Serviré las croquetas.
Una caricia en el pelaje gris
dejará escapar un maullido,
aunque tierno, exigente.
Me sentiré enorme en el pequeño patio,
a pesar de que él
por fin se deshizo de toda esa basura

que bien sabía cómo oprimirme
invadir el espacio de una casa
que nunca me ha pertenecido;
la lavadora me lanzará una mirada recriminatoria
exigiéndome tiempo
un lugar de mí
para hurtar algo de energía.
Vuelvo a los calabacines
con algo más de verde encima de mí.

Certidumbre
Hemos de seguir con ésta sincronía absurda
donde mi única constante
es la inconstancia.
Será cotidiano especular:
a dónde nos llevará el laberinto que son nuestras manos
cuando las voces divergen y
no atinan a señalar el camino correcto.
Consigo abstraerme de todo esto
mientras surge una bufanda
o un calcetín de entre mis manos.
Es inevitable pensar
que deshago una prenda desgastada y llena de angustia
para tejer una nueva
y luego deshacerme de ella otra vez
ad nauseam.
Por lo pronto,
puedo decir con seguridad:
aún acallo los temores de mis pesadillas durmiendo a tu lado;
es lindo caminar de noche por el centro
en silencio;
últimamente me regalas una sonrisa
con la cual espero se aleje
la sombra que le persigue.

Facetas
Hay en mi piel una marca viva que se mueve:
escorpión.
Ritmo cardíaco, sudoración
libido interrumpida/incrementada
ojos y nariz.
Hay en un espacio
desconocido y lejano
un astro que confabula:
determina cada paso que doy
cada paso que elijo.
Tengo el aguijón encarnado:
lo siento en los huesos
lo siento en las venas.
El veneno me arrastra por la noche
me hace parte de ella.
La noche está allá afuera:
avanza al presionar el interruptor.
La noche está aquí adentro:
avanza al cerrar los ojos.

El sueño
Cierro mis ojos
(cierro tus ojos),
consigo delinear el mundo de fuera
en lentos trazos de neón.
Configuro la estela del tiempo
declinando ante la puerta del sueño;
en concilio con las barreras de la consciencia
el centro de mi pupila percibe
laberintos
malezas
visiones.
El símbolo renace:
la copa de mis sentidos contiene
vigilia
inconsciencia
delirio
deja fluir, siniestra,
el impulso del ilusionista.
Encaminada hacia la noche
desde este cuerpo que toco
alcanzo aquél pre-sentido:
me reconozco íntegra
donde mi piel es más suave
mis ojos más grandes

porque pueden ver más.
Desde este cuerpo que intuyo
alcanzo el holograma del que toco
el dislocado
el infiel cuerpo terreno.
Cierro mis ojos
(cierro tus ojos)
para comenzar el sueño.

Estridente
Violentos,
sus dientes penetran
mis oídos;
ahora mis tímpanos
son más cercanos a mí.
Tres filos hierven en soledad:
todo huye de su paso.
Con cada huella levanta la vida
escapa a hurtadillas
asustada
sigilosa.
Estridente:
divertido emperador
ante coliseo sonoro
aquellos que vamos a morir
te saludamos:
es
(me)
tri
(repugnas)
dente.

Silencio
A veces, cuando nos necesitamos
un ave enfurecida decae en mis ojos;
mi mano derecha te señala
revela tu culpa
clavada en mis oídos,
como estridente;
entre éstos tan sólo circula
una leyenda de palabra única:
Imbécil.
Me descubren mis manos
temblorosas, un poco.
Nadie puede ver
el rayo de incertidumbre
con que fulmina la mirada;
la oprimida convulsión
concluye en un breve tambaleo:
cerrar los ojos,
tragar saliva.
Guardar silencio.
Nadie presencia
esas largas horas de madrugada
en las que me sumerge el insomnio y
lucho por no desesperar.
Después de todo,
aún después de ti,
aunque dirijas el dedo derecho hacia tus labios
indicando
ordenando
silencio
incluso aunque te obedezca
grito y grito:
Te me he ido.

Espejo generacional I
Trato de encontrar un culpable:
regreso a mi infancia,

también un desprendimiento de la tuya;
esa niña me cuestiona
en qué versión de tu vida
en cuál de tus funciones
logro impedir el nacimiento
de nuestra estela de ruina.
Inmediatamente me respondo
que has de preguntarte lo mismo de tu padre
de quien has formado
una imagen falsa que guardar con respeto;
recordar con cariño.
Es cuestión de recuperar la calma un poco,
comprender que lo de hace unos minutos
donde busqué culpa
se encuentra con otros nombres y formas desconocidos
en las tablillas de Babilonia
en las pizarras de Borges
en una moneda dando vueltas en el aire.

Te me he ido
Ese afán solitario de idolatrarte
se me acabó hace años:
resbaló su curso violento hacia la coladera.
No entiendo la pesadez antigua de tus miembros
o la limpieza de tu rostro irreconocible
por uno o dos años de tus manos en sequía
dos o tres años de tu boca engatuñada y desértica.
Mi mente,
con su paso tranquilo, que no has tocado,
se niega a escucharte;
te convierto en un fenómeno paramnésico
contorsionado en mi sueño.
Mi corazón;
mi corazón es otra historia.
Ni siquiera barrer las hojas del otoño prematuro
o mudarme de esta ciudad
de jinetes acorazados
de santos alcoholizantes
de sangre interrumpida
bastaría para ceñirme a tu recuerdo
sin maldecirte el nombre.

Herencia
Soy una hija de la ira

de tu ira impotente y heredada.
He crecido con base en tus recuerdos
tu madurez prematura

derruida tan de pronto.
Considérame aparte, desprendida,
aunque sepamos que eso sea imposible.
Considera por un momento
que nuestro adolecer coincide

detrás de ese desierto constelado en sueños

desde donde nos llama nuestro polvo delirante.

Madre
No habrá mucho qué decir sobre mi madre,
salvo que es espléndida y hermosa.
De mí hay mucho menos qué decir,
salvo que la he amado como una loca;
tanto, como para querer absorber su dolor
como una esponja.
Una esponja sin poros
para retenerlo y
no dejarlo volver a ella.

Des-velada
Contrasté los hechos,
comparé cada escena
y eludir los resultados
dejó de ser el camino ideal.
Llegó el momento
en el que la enfermedad
me hermana con el resto del mundo
y ardo.
Descubrí también
que mi vida no se reduce a ti, como antes.
Antes de ti y mi fantasma en tu vida.
El fantasma que ahora duele.

Fiesta
Ando por ahí
fumando y bailando con alegría
despreocupada
un poco solitaria a veces.
Rostros conocidos,
cálidos,
ajenos a ti.

Aguijón
Mala, mala.
Si algo ha salido mal de nuestro encuentro
tú tienes la culpa.
Bien sabes que soy un animal ponzoñoso.

Genética
Si me dibujara un dolor

sería en el vientre.
Aquí donde nace cada incertidumbre
donde se quiebra cada minúsculo vaso sanguíneo.
Simultáneos, en silencio,
se unen mis brazos,
se doblan mis piernas y
converge un solo escalofrío
repentino
sistemático:
es todos a la vez.
El cuerpo se quiebra:
escarificado,
caníbal.
Son violentos sus procesos,
sus reacciones.
Es violenta la sangre nuestra.

A un centauro
Me separa un espejo
de las otras posibilidades.
Me aísla un muro
de la conexión infinita de encrucijadas.
Es el reflejo de mí, espejo;
yo, espejo.
Yo, que me muevo por las calles
enfebrecida bajo el sol,
en peligro de disolverme sobre el asfalto.
Yo, que trato de evadir estos contornos,
simetrías, parámetros, convenciones,
para converger con el universo.
Yo, que constituyo la prueba viviente
de un desdoblamiento milenario
y de cuyo centro aún conservo un rastro invisible.
Yo, que soy un ser caído
que ardo en el agua, el suelo y el viento
que desconozco de mí y del mundo.
Yo, que mi nombre es Sahrah
y que del otro lado del espejo
podría llamarme Sarahí.

Celebrar el infortunio
Celebremos las rupturas,
los homicidios, los decesos ficticios,
los productos terrorosos de la imaginación;
el pánico colectivo, las mentiras, la corrupción,
las pesadillas, el alcoholismo;
el frío, las distancias, la melancolía,
el abandono, el desempleo,
la drogadicción,
la estrechez del respeto al propio cuerpo,
de cariño al propio cuerpo,
la enemistad;
festejemos la noche que viene a nuestros ojos,
la soledad, el silencio,
el adulterio,
la culpa,
el hartazgo;
los accidentes automovilísticos, los asaltos,
el cansancio, el desamor, la monotonía,
las amenazas, las decepciones.
Los corazones solitarios a voluntad.
Celebremos...
¡salud!

Jodida
En cartomancia me rige El Loco:
camino por las calles con un saco al hombro
lleno de metáforas, de caprichos,
ideas violentas, recuerdos enfurecidos.
Nunca te enamores de mí.
Vendré un día con mi bolsa de caza,
sacaré de entre las trampas los dramas que he capturado:
me dejaron jodida, te diré.
No puedo olvidar tanto dolor.
La ira me enloquece.
Y es que, de cierta forma, no mentiré:
a discreción me adentro en la maleza;
me confieso cada temor como un juego de niños,
suelto una moneda al aire y me marcho.
Me explico:
de mis labios no saldrán palabras dulces;
soy mutable, como las aguas con las que me rigen los astros y
la megalomanía es mi ofensiva preferida.
Me explico:
más allá de mí está el mundo, que es mi reflejo;
el mundo es frío y no te pido tu calor.

Damon Albarn
Escuchábamos el indecible universo de Damon Albarn.
Entre tus manos mi corazón, transformándose:
era mis cabellos, mi cintura,
el hilo de voz que recorre mi espina.
Halaste mi sangre también,
para acercarla a tus labios.
Háblale como lo haces conmigo, te pedí.
Dile que palpite intranquila.
Dile del peligro que corre por tus venas, tan parecido al de ella.
Quizá te diga que ese símil le aterroriza.
Quizá te diga que gozar del terror
ha sido la virtud que me asfixia.
Tu lengua habló desde mi carne:
tu humedad me pertenece como le pertenezco a la tierra;
te penetro porque eres mía
como no lo habías sido de alguien más.
A partir de mí, no tendrás otro nombre qué pronunciar
pues yo los seré todos.
Tus muslos asediados,
tu grupa violentada, me pertenecen
a medida que te aniquilo.
Ambos mentimos.

Desapego
Ese andar por las calles, encendida,
inundado el pecho con tu silencio,
obligándome a repetir el pensamiento
de que nada es lo que quisiera
y está bien.
Ese momento me recuerda
como una mujer que no desea ni exige
como una mujer cuyo centro solo
permanece inamovible.
Ese momento me enloquece;
pero es dulce pensar que me dirijo
hacia una renovada circunstancia y
su perdurable resaca emocional.
Ahora pienso
que quizá nunca he visto una piel palpitante como la tuya,
lejos de ese estar angustiado, por ser tan solo y herido,
lejos de esa desesperanza abarcándolo todo,
lejos de ese tentáculo siniestro que nos uniera
en el reclamo del escondite.
Aun armada con tu carne temblorosa,
sigo adherida a tu magnífico sentido del desapego.

Olvidar
No soy una mujer que ame para toda la vida.
Siempre he sido dispersa, distraída y me aburro fácil.
Y aunque he visto mi corazón
pender tan cerca de un pecho,
de una espalda, como un escapulario ajeno,
he de arrebatarlo con dolor
para que vuelva al interior de mi pecho:
guardarlo con envidia, rencor
y con mi única obsesión, que es la ira.
He pasado las noches investigando
la manera de olvidarlos a todos:
de reducirlos a una circunstancia absurda.
Pensar que ninguno me tocó, me forzó o me amó.
Borrar la invalidez de mis manos,
de mi cuerpo
que ha sido un objeto
penetrable y
transido por el más tierno masoquismo.

Instrumento
Ser tan sólo un receptáculo
una cavidad donde te vuelques inmisericorde y cariñoso.
Contener tu deseo y voluntad en mi cuerpo.
No importa el método:
siempre he estado dispuesta a todo y es ésta mi virtud.
Ella me permite aspirar a poseerte así.
No importa que no me ames, o que ames a otra.
De cualquier forma al tenerte cerca
podré posarme en cada resquicio para escalarte lento,
sin afán de desentrañarte
o mover alguna piedra angular.
Ser una espectadora y recibirlo todo,
sin necesidad de pedimentos o explicaciones
que sólo impedirían mi labor.
Callaré y seguiré diligente en mi misión.
Andaré por las sombras, si prefieres el secreto,
o por las calles a tu lado, hablando del sol.
Repetir un poco
eso que nos han enseñado desde niños
y finalmente
ser humilde, dulce y bella.
Llegar a tu pensamiento
como una necesidad primitiva, momentánea.
Ser un impulso de la ebriedad,
o de la comodidad de encontrarnos bajo las sábanas.
Un impulso tan sólo, para no ser tan solos y heridos.
Detectar ese miembro rastrero,
ese tentáculo que nos asfixia
antes de que el llanto, el rencor y la venganza
se disuelvan en una llamada,
en una cerveza y eventualmente en la carne.
Sabes que accederé,
mi mirada te ha dicho que ése es mi papel.

Será entonces cuando cada miembro de mi cuerpo
se moverá o permanecerá inmóvil buscando tu satisfacción.
Acudiré en silencio a todo estímulo
como una madre amorosa,
cuando busques posarte sobre mi pecho y olvidar.
Finalmente mi deseo no es ser una mujer,
quiero ser tan sólo un receptáculo:
tu instrumento de placer.
De cualquier manera,
la ficción y la mentira nunca se ausentarán y
sé cómo una palabra, un cuerpo o un momento,
logran convertirse en un placebo.
Y al final, marcharme.

Conceptos vulgares del amor
Hice un barquito de papel
con una etiqueta de cerveza Carta Blanca.
Lo estacioné en el borde de la mesa
y te busqué la mirada con la punta de los dedos.

Satisfechos
Sé que de ti
sólo me pertenecen los momentos que compartimos:
el sopor de un domingo por la tarde,
mientras nos atendemos la cruda con sexo;
el desayuno que cocino mientras duermes en mi cama;
la carretera nocturna por la que conduces
para llevarnos en busca de güisqui.
¿Qué significa tu nombre si lo pronuncio
y no tiene eco en tus oídos,
cuando me coges con sacra lentitud?
¿Qué significa mi nombre
cuando no lo pronuncias afuera de mi ventana,
a la media noche?
Somos la misma historia otra vez.
Damos vueltas sin parar.
Está muerto y en sepulcro,
esto que te une a mí.
Y hemos traído nuevamente
un par de velas sin nombre.

Jodiéndonos el corazón desde la adolescencia
Desde la banca de atrás
odiábamos al mundo.
Fumábamos cigarrillos
a escondidas del prefecto;
burlándonos de todos,
guardando un silencio para nosotros.
Mientras tú hablabas de música,
yo te hablaba de sus letras.
Y que no hemos cambiado mucho en realidad.

Morir
Llévame a morir al desierto.
Quiero que ese polvo caliente
sea lo más cercano a mis huesos.
Que las cuencas de mis ojos
no alojen otra cosa que esa tierra amarilla y estéril.
Quiero escuchar los sonidos del mundo verdadero.
Los perdidos por el fragor de las tristes sombras que somos los hombres.

Acercamiento II
(Después de las batallas)

No sufro
más allá de despertar cada mañana
e ir a trabajar.
Aprendí que ser hija
no es saber cocinar, planchar una camisa, recoger un plato sucio.
Adopté también la responsabilidad
de ser diferente
a mi abuela abandonada
a mi madre martirizada por las manchas de la ropa
o los hijos que hay que criar.
He decidido
desobedecer a mi padre.
Que una violación
no me impide disfrutar de hacer una mamada
o que me penetre un hombre
y disfrutarlo.
He resuelto
no parir el hijo de un hombre que no quiero
(no quiero ni al hijo, ni al hombre).
Decidí ser una persona, antes que mujer.

Mi polvo será lo que soy
Sólo la tierra podrá reclamarme
cuando deje este podrido mundo.
Sólo el bosque,
los barrancos,
las llanuras y
el desierto
que es esta isla que habitamos en el norte
reciben mi anhelo de pertenencia.
Allí esparciré la carne que hoy adoras.

Febrero del 2016
https://medium.com/@metadonna
sarahiaguirregranillo@gmail.com