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por qué irak

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¿Por qué Irak?

Joaquín Arriola

Geopolítica, Guerra, Irak, Estados Unidos Irak tiene las segundas reservas de petróleo conocidas del planeta, y es el centro geográfico de la principal región productora de crudo del mundo: Irán al oeste, Rusia al norte, Arabia Saudí y Kuwait al sur. A lo largo de su historia, Irak ha mantenido un complicado equilibrio interno cruzado por varias etnias y religiones: kurdos y asirios al norte, árabes en el centro y en el sur; cristianos en el norte, sunnitas en el norte (kurdos) y en el centro, chiítas al sur. Un mapa religioso y etnográfico que dibuja tres grandes regiones. El petróleo iraquí se encuentra concentrado en el sur, cerca del único puerto importante del país (Basora), y en el norte, en Mosul (región de los asirios) y Kirkuk (en la frontera de la región kurda). Los árabes sunnitas han sido los forjadores de la identidad iraquí, los que lucharon primero contra la dominación turca en la primera guerra mundial y luego contra los ingleses, y lograron la independencia vigilada en 1924, librándose de la tutela británica en 1932, aunque teniendo que renunciar para ello al territorio de lo que actualmente es Kuwait, que siguió bajo dominio británico. Todo ello mientras los turcos seguían reclamando la soberanía sobre el norte (Mosul), las tribus kurdas luchaban por mantener su estatus feudal y los chiítas desde el suroeste no dejaban de realizar ‘razzias’ sobre territorio iraquí desde Persia (Irán). Desde entonces, y sobre todo tras la proclamación de la república en 1958, Irak ha estado sometido a una desestabilización política interna y externa permanente. Estados Unidos es el principal consumidor de petróleo del planeta (su consumo energético es de 7.900 kilogramos de petróleo-equivalente por habitante y año, frente a 4.000 en Alemania, 3.800 en Japón, 2.400 en España, 600 en Costa Rica ó 700 en Brasil). El 20% de su enorme consumo, es decir, más de 400 millones de toneladas, lo tiene que importar, pero sólo cuenta con una influencia política directa sobre una minoría de grandes productores: Canadá, Reino Unido, México, Arabia Saudí, los Emiratos, Kuwait, y parcialmente sobre Indonesia y Nigeria. En el mundo árabe, varios de los principales productores (Irak, Argelia, Libia) no son países subordinados de Estados Unidos, como tampoco lo son los otros grandes productores: Venezuela (por ahora), Irán, Rusia o China. La intervención (abierta) norteamericana en la república de Georgia y la intervención (oculta) en Chechenia forman parte del mismo plan urdido para controlar por el norte la gran región petrolera de Asia central y Oriente Medio, que actualmente sólo controla por el sur. Entre 1935 y 1939 Irak mostró gran simpatía por la causa de los árabes palestinos, recibiendo miles de refugiados. En 1948 fue uno de los principales apoyos de la intervención de la Liga Árabe en Palestina, que se saldó con la victoria israelí, la ocupación del territorio palestino y la expulsión masiva de sus habitantes al exilio.

Israel es el principal aliado de Estados Unidos en la zona, y la fuerza militar ‘local’ que refuerza el ‘protectorado’ sobre los países de la península arábiga y su petróleo. Pero Israel tiene un problema no resuelto: la reivindicación de los árabes palestinos sobre su tierra y soberanía. Son estos dos factores, geoeconómico uno y geopolítico el otro, los que explican la intervención británico-norteamericana para desestabilizar Irak, que persigue destruir el régimen y colocar un gobierno subordinado a los intereses norteamericanos. Toda la literatura sobre el armamento y el peligro que representa para el mundo Sadam Hussein es pura propaganda, que no merecería mayor atención si no fuera porque logra ‘convencer’ a muchas personas que, en todo caso, prefieren ocultarse a sí mismas la razón que verdaderamente les lleva a apoyar la intervención: petróleo seguro y a buen precio. De hecho, el armamento estratégico de Irak, que sólo dispone de unos 20 misiles de largo alcance, capaces de viajar 600 kilómetros hasta su objetivo, a lo sumo puede llegar a amenazar directamente a Israel, pero de ninguna forma a Estados Unidos. Si se ha elegido Irak no es por el peligro potencial de su armamento, sino por ser el eslabón más débil de la cadena de países petroleros no controlados por los norteamericanos. Los servicios de inteligencia militar de varios países árabes están alertando de la masiva llegada de armamento norteamericano a la región, no sólo a Quatar y Kuwait, sino al golfo Pérsico, al mar Rojo y al Mediterráneo oriental. Los servicios de planificación de la guerra de Israel y de Estados Unidos ya se han reunido en diversas ocasiones en Tel Aviv para discutir los resultados potenciales de la próxima guerra. La destrucción del régimen baasista en Irak y la división del país en dos o tres estados le otorgaría a Estados Unidos el control de una parte sustancial de los recursos petrolíferos de la zona, y una base situada estratégicamente para lograr el dominio sobre los recursos energéticos del este (Irán) y del norte (mar Caspio). Dividiendo Irak, Estados Unidos se garantiza el apoyo de los grupos chiítas del sur de Irak, rompiendo por primera vez el frente antiamericano de la comunidad chiíta internacional alentado por Irán. Los intereses empresariales que se encuentran detrás de esta iniciativa están sin duda presionando, con una capacidad de influencia política que no por secreta es menos indecente desde el punto de vista de los valores democráticos. En primer lugar, las grandes empresas petrolíferas, como Chevron-Texaco (uno de sus superpetroleros tiene el nombre de la asesora para asuntos de seguridad nacional de Bush, Condolezza Rice) o Halliburton Corporation (la mayor compañía suministradora de petróleo del mundo, con un valor en bolsa de 18.000 millones de euros, cuyo presidente ha sido el actual vicepresidente norteamericano Dick Cheney, y que, desde la llegada de Bush al poder, se ha convertido en un suministrador de construcciones militares de primera magnitud). Pero también las empresas del complejo militar-industrial (McDonell Douglas, Lockheed, Westinghouse…), principales beneficiarias del enorme incremento del gasto militar en Estados Unidos. Obviamente, en este reparto participarán con las migajas (que no es poco) Repsol y la Royal Dutch Shell, tan cercanas a los jefes de gobierno de los principales aliados de Bush en esta aventura militar, el Reino Unido y España. Como Alemania no tiene grandes empresas petrolíferas, le resulta más sencillo criticar abiertamente el proyecto de invasión.

Francia, por su parte, critica pero con mayor cautela, ya que sus empresas (Elf-Aquitaine, ahora Total-Fina-Elf) participan en proyectos de explotación energética en el norte del país, ‘congelados’ por la decisión (¿de la ONU o de Estados Unidos?) de aislar al país para debilitar el régimen. Israel, por su parte, obtendrá de la invasión y fragmentación de Irak una posible ‘solución’ a su problema palestino, forzando el establecimiento de los palestinos en territorio iraquí. Hace ochenta años ya se aplicó la misma solución con la comunidad asiria, expulsada de sus territorios en Turquía y Persia (Irán), cuando recaló en el norte del territorio iraquí. Ahora se pretende dar una respuesta similar a las demandas palestinas de un territorio propio, trasladándolos al sur de Irak, legitimando así la apropiación de sus tierras por Israel. La posible desestabilización de Arabia Saudí, resultado previsible de una intervención militar en Irak, tampoco desagradaría a ambos aliados: se trata de algo con lo cual Israel siempre ha soñado, y en la propia administración norteamericana ya se han levantado voces en contra de ese incómodo aliado que financia por su cuenta –es decir, sin contar con la CIA o con la Agencia Nacional de Seguridad– redes terroristas y la expansión del fanatismo islamista por el mundo. En definitiva, estamos ante un plan más o menos estándar de lo que en otros tiempos se denominaba ‘expansionismo imperialista’. Lo asombroso es que casi nadie recuerde ya el término, cuando se muestra más vigente que nunca. Joaquín Arriola es profesor de Economía de la UPV/EHU e investigador de Bakeaz. © Joaquín Arriola, 2002; © Bakeaz, 2002. Publicado en El Correo, 13 de noviembre de 2002. http://www.escueladepaz.org/es/articulos/mostrar/135-que-irak

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