Carlos López Degregori, Lima, Perú

ASIMETRÍAS

1. En la calle empezó a seguir me un eco. Era o scuro y

carlos carlos carlos repet ía co mo si se t rat ara de un disparo. pregunt ó.

¿tú me dijist e?

Yo nu nca había vist o un eco. Era her mo so con sus o jos desmesurados de pozo o espejo y su gargant a descendiendo por un desfiladero.

Crecía y dis minuía y salt aba de una par ed a ot ra co mo una cabeza de mercur io:

porque si es así así así tendré que amart e amart e amart e y regresar siempre a ti. No quiero que me ames, cont est é. Nu nca me busques. Nada le pregunt es a la voz de mis pensamient os. Bást at e t ú.

Salta. Ahógate. Repítete.

2.

Un eco es un er izo que só lo dice

eri zo eri zo eri zo co mo si fuera la única palabra de amor. Un eco escar ba t úneles buscándot e en un jardín nupcia l no en un jardín de miedo no en un jardín de sueño.

3.

Una no che vino un eco a acost arse en mi cama. Era helado y hacía crujir sus dient es.

ámame ámame ámame reclamó. Ent o nces lo acar icié y co mprendí que para un eco el amor es el lugar en el que desear ía quedarse.

Dar ía t odo por besar lo con sus labio s t ransparent es y hambr ient os por arañar su pared con sus uñas met álicas co mo si fuera una espalda. Pero siempre hay una desproporción ent re un eco y su dest ino y cuando llega t iene ya que regresar. Po r eso un eco só lo puede ser

promesa inminencia desborde in qui etud es la pura ant icipació n del silencio que flo r ecerá cuando se haya perdido.

4.

Co mí u n eco de car ne. Yo lo

masti caba masti caba masti caba co mo si fuera de vidr io o de air e o de ciegos ruiseñores. Gr it aba y manchaba el mant el. torcía los cubiert os y lo s llenaba de ruido pero yo no lo escuchaba. Desp ués bebí vino y dor mí por t res días.

5 Co rt é un eco en dos. Era hueco y cont enía siet e

hirient es níveos turbios dulces milagrosos eri zos

solos ecos. Br illaban sus cabezas encendidas y u na a una las fui soplando hast a apagar las.

ESPEJO DE MI PACIENCIA

Hablo contigo desde mis labios desfigurados. Y para que nunca los veas los guardo con una secreta sonrisa en mi mano izquierda. Luego dejo que mi otra mano tome el peine y empiece indetenible su trabajo. Hablo contigo sin necesidad de ninguna palabra en este espejo de mi paciencia. Hablo con obstinación

desde las púas de este peine como si estuvieras sujeta en esta silla por las muñecas y los tobillos y colgara tu cabello desprendido hasta el suelo. Lo huelo. Me hundo en él. Lo ato y lo recojo en corrientes eléctricas. Lo suelto y miro como se precipita en una lluvia de niebla. Me gusta peinarlo y tiemblo al descubrir sus fulguraciones en la penumbra, al escuchar el roce insistente del peine que suena como sílabas. Peinarte es como hablar. Y es un hablar febril, sin remedio.

CAZAR TRUENOS

voy a cazar Truenos: las trampas son para los machos y los lazos para las hembras: voy a retorcer su carne encendida excavaré el aire para buscarlos las paredes dentadas de las montañas: aún no sé lo que es cazar y si me pidieras que te explicara por qué debo buscarlos te diría que ellos son el cumplimiento de mi pérdida: adiós: besa el espacio ausente de mi brazo y déjame tu insensibilidad: deséame Truenos ballena y mórbidos Truenos de marfil Truenos madre con sus lucinados Truenos hijos: concédeme el frío amanecer y la misericordia de los arpones

PEQUEÑO ANIMAL DE ALIVIO
Acerco mi oído al pecho para escucharte, pequeño animal de alivio. Hundo mis manos para reconocerte y la carne se abre como agua. Es dolorosa y valiente tu piel. Muerdes. Chillas en mis dedos y yo oprimo tu boca con toda la fuerza del mundo. Tratas de resistir pero es inútil. Aguardaré toda la noche si es preciso. Insistiré hasta arrancarte con tu rostro de yo mismo, el cuello corto y grueso, el hocico achatado, los ojos atravesados de turbulencias. No sé si te llevaré prendido a mi cuello como un trofeo feroz o si te encerraré en mi casa para que cumplamos juntos el tiempo de los remordimientos. Tendré que aprender a respirar contigo, pequeño animal de alivio, me acostumbraré a dormir en tu lengua mullida, a golpear con tus cascos todas las piedras y estrellas del cielo.

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