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Año III • Diciembre 2015 • № 6

La Mujer Violentada:

Aproximaciones a la macroestructura
de la violencia en razón de género

La persistencia de la violencia en razón de género nos demuestra que las acciones desde el campo
estatal están lejos de contrarrestar este fenómeno social, pues aún no han provocado transformaciones estructurales a nivel político, económico, educativo y, sobretodo, cultural.
Esta violencia deviene de un sistema ideológico, económico y político denominado Patriarcado. Éste propone un modelo desigual de organización y de relaciones de poder en el que las
mujeres, junto con otros grupos sociales, están en desventaja. Actualmente, existen políticas,
discursos y prácticas que, en apariencia, parecieran manifestarse a favor de los derechos de
las mujeres, pero que en esencia sólo camuflan nuevas formas de dominación, de ejercicio
de poder y de violencia patriarcal.
Entendemos que para el sostenimiento de la violencia hace falta un entretejido de
estructuras que cooperan entre ellas y en la que permanece instaurada la ideología
machista. Esta ideología afecta principal, pero no únicamente, a las mujeres. Otras transversales como la raza, edad, nivel educativo, posición económica, entre otras, sirven
también de indicadores que intensifican la situación de explotación y abarcan grupos
sociales heterogéneos. Así, las condiciones de desigualdad propias de este modelo
hegemónico de organización implican no sólo la vulneración de los derechos de las
mujeres, sino también los de los hombres, de las niñas y niños sometidos a una lógica
adulto-centrista, y de la naturaleza que es, probablemente, la más invisibilizada de las
víctimas.
A partir de esta reflexión, los artículos de La Mujer Violentada procuran un análisis
que se aproxima a la macroestructura que explica la latencia, legitimación y reproducción de la violencia en razón de género. Así, indagan en el Neopatriarcado, que
evidencia las nuevas máscaras de la dominación; en el Extractivismo, que devela la
explotación desmedida de la naturaleza y cuyo costo social se refleja en el aumento
de la precariedad de la vida de las mujeres; en la Urbe, que nos abre paso a reflexionar
sobre la inseguridad ciudadana y las condiciones, riesgos y efectos específicos de ésta
en la vida de las mujeres.
Por último, este nuevo número de la revista Mulier Sapiens cierra con un artículo especial que refleja parte de la compleja relación existente entre la violencia y la cultura.
Desde la literatura y el cine, el reconocido antropólogo Renato Rosaldo analiza la tensión
entre la permanencia y la transgresión de las estructuras machistas de culturas en movimiento y desde sus conflictos fronterizos y de lenguaje. Las protagonistas de su ensayo son
mujeres curvas, “malas”, amenazantes; son aquellas que se resisten a heredar ya que prefieren transformar(se).

Daniela A. Elías
Editora

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Una publicación de:

Con el apoyo de:

María Esther Pozo
Licenciada en Sociología por la Universidad Mayor de San Simón (UMSS),
Máster en Educación Superior por la misma universidad. Doctora en Historia
de América Latina y Diplomada en Estudios Avanzados por la Universitat de
Barcelona. Directora del Área de Humanidades y Género, y Docente-Investigadora del Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU) de la UMSS.
Coordinadora de las Maestrías de Género y Desarrollo y Derechos de Niños
y Niñas y Adolescentes. Consultora en temas de Género. Actualmente es docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UMSS.

Nuevas formas
de pensar la violencia:
MICROMACHISMO
y NEOPATRIARCADO
06 - 07

Violencia y Neopatriarcado

Introducción
Los diferentes análisis de la violencia hacia las mujeres han
descrito aspectos diferentes de la estructura patriarcal, la gran
mayoría a partir de las relaciones de género con el objetivo de
comprender la violencia ejercida contra las mujeres. La mayor
parte de los análisis se realizaron en el marco de la sociedad machista, son los estudios feministas que inciden en la conceptualización del patriarcado. En la actualidad, resulta difícil visibilizar
los múltiples aspectos bajo los cuales se manifiesta y se ejerce el
patriarcado; esto evidencia la necesidad de nuevas miradas sobre
las manifestaciones actuales del sistema patriarcal.

de haber medidas que van en favor de la igualdad de oportunidades de hombres y mujeres, y el rechazo al machismo, la misoginia, el feminicidio, pero no se denuncian y visibilizan las causas
que originan esa conducta del sistema patriarcal que asume una
cara de reivindicación de cambios superficiales. Y así, se tornan
más sutiles los recursos discriminatorios, sin modificar la lógica
excluyente.
Este artículo pretende, en el marco de reflexiones del patriarcado y el neopatriarcado, abordar el tema de violencia contra
la mujer, fundamentalmente ejercida por el hombre. Tomando
en cuenta que, en los últimos años, existen reflexiones teóricas
que permiten considerar diversos factores, por lo tanto, también entradas para tratar el tema. De hecho, se habla de nuevas
formas de violencia como el acoso e intimidación cibernética, la
violencia generada por la cirugía estética y la violencia contra las
mujeres políticas que resulta de mayores cuotas de participación
entre otras.

Durante las últimas décadas, el feminismo, a través de las ciencias sociales, identificó al patriarcado intentando explicar cómo
se construyen referencias en las que se considera que las diferencias de hombres y mujeres son biológicamente inherentes y
naturales, a partir de la diferencia entre sexo y género. De esta
manera, se constató que el patriarcado se trata de una construcción histórica y social. En los años 60, las feministas inician la
Patriarcado
discusión de la ‘maternidad’ a partir de la crítica a la familia como
una institución, logrando su diferenciación de otros movimientos
Las relaciones de género se desarrollan en un ordenamiento
sociales, justamente por la priorización de sus elaboraciones en
más abarcador que es el patriarcado, conceptualizado como un
la noción de patriarcado.
sistema histórico y universal de relaciones de
El patriarcado, además, se apoya en
poder a través del cual se legitima el dominio de
dos
tipos
fundamentales
de
relaciones:
el
El patriarcado en el desarrollo de la sociedad
los hombres sobre las mujeres. De esta manera,
macho
domina
a
la
hembra
y
el
macho
actual, a inicios del siglo XXI, representa una
el patriarcado se constituye en una estructura
de
más
edad
domina
al
más
joven.
trama de pactos que mantiene el control de la
básica de las sociedades contemporáneas. Sin
sociedad en manos masculinas y permite expliolvidar que uno de los mecanismos de reprocar los orígenes de la subordinación y discrimiducción del sistema patriarcal es el de la invisibinación de las mujeres convirtiéndose en el centro medular para
lización de las formas de subordinación, el no nombrar las cosas
entender las causas de la violencia contra la mujer. De esta manepor su nombre, porque lo que no existe no se nombra.
ra, la ideología patriarcal no sólo explica y construye la diferencia
entre hombres y mujeres, y no solamente se ha naturalizado, sino
Comenzaremos definiendo el patriarcado no sin antes advertir
que se mantiene y se agudiza en otras formas de dominación
que se suele usar el término de ‘sociedad machista’ para referircomo el denominado neopatriarcado. Si bien el siglo XX marca
se a la discriminación, al menosprecio, al conjunto de actitudes,
las transformaciones en la situación de las mujeres, es en el siglo
comportamiento y dignidad de la mujer considerada injustamenXXI que se puede constatar la masificación de la presencia de
te inferior a los hombres, permitiendo describir un orden social
las mujeres en el espacio público, así como también el ejercicio
en la que la autoridad está representada y ejercida por los homde poder en ciertas posiciones que vienen acompañadas de las
bres, el jefe de familia y dueño del patrimonio. Se construye, de
reformas y cambios legales que hablan de equidad en favor de las
esta manera, culturas androcéntricas, donde los intereses y las
mujeres y que, efectivamente, tienden a mejorar sus condiciones.
experiencias de los hombres son el centro del universo.
Sin embargo, no han cambiado las raíces del patriarcado, a pesar
08 - 09

Violencia y Neopatriarcado

El patriarcado es visto como “un orden social caracterizado
por relaciones de dominación y opresión establecidas por unos
hombres entre otros y sobre todas las mujeres y criaturas. Los
varones dominan la esfera pública (gobierno, religión, etcétera)
y la privada (el hogar)” (MOIA, 1981: 231), denotando el espacio
público y privado.
Dolores Reguant (citado en Varela, Nuria, Feminismo para Principiantes) desarrolla una de las definiciones más completas, menciona que el patriarcado:
Es una forma de organización política económica, religiosa
y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón,
en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres; del marido sobre la esposa; del padre sobre la madre,
los hijos y las hijas; de los viejos sobre los jóvenes y de la línea
de descendencia paterna sobre la materna. El patriarcado ha
surgido de una toma de poder histórico por parte de los
hombres, quienes se apropiaron de la sexualidad y la reproducción de las mujeres y de su producto, los hijos, creando
al mismo tiempo un orden simbólico a través de los mitos y
la religión que lo perpetúan como única estructura posible
(REGUANT, 2005: 177)
Manuel Castells sostiene que el:
…patriarcado es una estructura básica de todas las sociedades contemporáneas. Se caracteriza por la autoridad,
impuesta desde las instituciones, de los hombres sobre las
mujeres y sus hijos en la unidad familiar. Para que se ejerza
esta autoridad, el patriarcado debe dominar toda la organización de la sociedad, de la producción y el consumo a la política, el derecho y la cultura. Las relaciones interpersonales
y, por tanto, la personalidad, están también marcadas por la
dominación y la violencia que se originan en la cultura y las
instituciones del patriarcado (CASTELLS, 200: 159).
El autor propone no olvidar su enraizamiento en la estructura familiar y en la reproducción sociobiológica de la especie,
reconociendo que éstas se modifican en la historia y la cultura,
advirtiendo que en este milenio será el fin de la familia patriarcal,
ya que ésta se ve desafiada por la transformación del trabajo y la
conciencia de las mujeres.
10 - 11

Kate Millet (1975: 34), parte de la descripción de las características del patriarcado que se aceptan en todas las corrientes en
sus enunciados; es la consideración del poder patriarcal como
una institución mediante la cual se controla a la mitad de la población, que son las mujeres, por la otra mitad que son hombres.
El patriarcado, además, se apoya en dos tipos fundamentales de
relaciones: el macho domina a la hembra y el macho de más edad
domina al más joven.
Las conceptualizaciones anteriores nos muestran que las definiciones y el análisis del patriarcado en general, por un lado,
contienen elementos comunes y muestran líneas metodológicas
e ideológicas del feminismo y del marxismo.Y, por otro, al ser una
construcción social, el patriarcado se manifiesta en las esferas
socio-económicas.

Micromachismo
Los abordajes al tema de violencia de género se fundamentan
en el concepto de patriarcado. En torno a esta violencia se
confirman y actualizan conceptos en razón que es, al mismo tiempo, norma y proyecto de autoreproducción
como tal, sensible a las relaciones de poder, inmensamente sensible y sutil.
Uno de los conceptos utilizados en este nuevo
siglo es el de micromachismo que, en términos
generales, se constituye en prácticas de dominación y violencia masculina en la vida cotidiana. Hace referencia, así, a una serie de estratagemas y engaños interpersonales en los que
se sumergen los comportamientos masculinos
en el espacio cotidiano. Estamos hablando de las
formas de presión de baja intensidad que, en el accionar de las relaciones, se manifiestan sutilmente
en cómo los hombres intentan ejercer poder y
violencia.
El término micromachismo se comienza a utilizar
por el terapeuta argentino Luis Bonino, en 1990, preocupado por los comportamientos masculinos que refuerzan la superioridad y el ejercicio de poder sobre las mujeres.
Violencia y Neopatriarcado

Uno de los conceptos utilizados en este nuevo siglo es el de
micromachismo que, en términos
generales, se constituye en prácticas de dominación y violencia
masculina en la vida cotidiana.

El autor indica que los micromachismos “son
prácticas de dominación y violencia masculina
en la vida cotidiana, del orden de lo ‘micro’, al
decir de Foucault, de lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia”
(BONINO 2014: 3).
En la actualidad, se puede observar que el ejercicio del machismo no es tan evidente, más bien
encontramos relaciones aparentes de equidad,
reconocedoras y respetuosas de los derechos
humanos de las mujeres, a pesar de las acciones
encubiertas para mantener el poder.

Estos tipos de micromachismos son fáciles de percibir en
las relaciones interpersonales
cuando observamos las relaciones políticas a nivel nacional y la microestructura
de autoridad; cuando examinamos las
relaciones de subordinación dentro la familia que a título de relaciones afectivas,
de una u otra manera, buscan minar el
derecho de elegir, de decidir y de ser libre
de las mujeres

Bonino (2004: 2) clasifica los micromachismos en cuatro tipos:
• Los utilitarios, que fuerzan la disponibilidad femenina usufructuando y aprovechándose de diversos aspectos “domésticos y
cuidadores”.
• Los encubiertos que abusan de la confianza y credibilidad femenina ocultando su objetivo.
• Los de crisis que son la permanencia en el statu quo desigualitario cuando éste se desequilibra, ya sea por aumento del poder
personal de la mujer o por disminución del varón.
• Los coercitivos que sirven para retener poder a través de
utilizar la fuerza psicológica o moral masculina.

Neopatriarcado y Violencia

La descripción de la organización de los fenómenos sociales de las actuales sociedades es
muy compleja. En el nuevo siglo XXI, a pesar
de mostrar avances en el tema legislativo, no se
plasman cambios en los imaginarios, en lo simbólico y lo social, ya que éstos presentan nuevas
características que exigen la confirmación y/o
la creación de nuevas categorías que permitan
acercarnos a la realidad, como es el caso del
patriarcado que constituye el origen del modelo del sistema neopatriarcal como uno de los
espacios históricos de poder masculino.
Se identifica como el origen del patriarcado moderno a la revolución liberal. Es el Estado refundado en las revoluciones decimonónicas el que legisló la minoría legal de la mujer, por lo que está
sujeta a la protección del hombre a cambio de su obediencia. De
manera que, en la actualidad, las mujeres están bajo la tutela del
Estado (cf. DEL PRADO, 2013).
Paola Melchiori denomina como Neopatriarcado a la “ofensiva
que se presenta como una guerra en contra las mujeres, con
manifestaciones en el aspecto social, principalmente en el imaginario, que justifican los roles tradicionales asignados a las mujeres. La ofensiva se manifiesta de manera violenta en contra de
las acciones y empoderamiento de las mujeres” (MELCHIORI,
2011:1), pero esta ofensiva que tiene diferentes fachadas no se
presenta de manera frontal, sino que pasa por la búsqueda de la
seguridad del sistema.

Estos tipos de micromachismo son fáciles de percibir en las
relaciones interpersonales cuando observamos las relaciones
políticas a nivel nacional y la microestructura de autoridad; cuando examinamos las relaciones de subordinación dentro la familia
que a título de relaciones afectivas, de una u otra manera, buscan
minar el derecho de elegir, de decidir y de ser libre de las muSilvia Federici (2014) al reflexionar sobre el trabajo asalariajeres. En el caso de Bolivia, a pesar de estar a la vanguardia resdo de las mujeres, manifiesta que estamos viviendo un nuevo
pecto a la inclusión a través de normativas que,
tipo de patriarcado, en el que las mujeres no
desde la mirada analítica de la sociedad, articuson sólo amas de casa, y donde los valores y las
En este nuevo patriarcado, las mujeres
lan las relaciones políticas a nivel nacional con
estructuras sociales tradicionales aún persisten.
las microestructuras de autoridad, aún permite deben ser dos cosas: productoras y repro- Por ejemplo, los lugares de trabajo asalariado no
y tolera el ejercicio de violencia contra las mu- ductoras al mismo tiempo, convirtiéndose han incluido lugares para el cuidado, no están
en una espiral que acaba consumiendo
jeres y legitima las relaciones de subordinación
pensados para que mujeres y hombres concisus
vidas,
por
lo
que
el
trabajo
asalariado
dentro la familia.
lien producción y reproducción. En este nuevo
es una estrategia más de poder.
patriarcado, las mujeres deben ser dos cosas:
productoras y reproductoras al mismo tiempo,
12 - 13

Violencia y Neopatriarcado

convirtiéndose en una espiral que acaba consumiendo sus vidas,
por lo que el trabajo asalariado es una estrategia más de poder.
De esta manera, los obstáculos sexistas invisibles que se encuentran en espacios públicos coexisten con la violencia a las
mujeres. A mayores indicadores de conquistas de las mujeres,
como mayor acceso en educación, derecho al voto, mayor presencia en el mercado de trabajo, mayor violencia se ejerce contra
ellas. “Lo verdaderamente inquietante es cómo la bandera de la
equidad de género, habiéndose transformado en casi un sentido
común ampliamente aceptado y en políticas públicas de los más
diversos ámbitos, aún persista en tan alto nivel de discriminación
y violencia contra las mujeres. ¿Por qué los mandatos patriarcales
persisten –aunque bajo nuevos ropajes– construyendo la jerarquía de los géneros?” (D’ATRI, 2014: 26).
Existe la necesidad de construir y reconstruir conceptos que
permitan entender la violencia hacia las mujeres, así como el
neopatriarcado. La definición
que permite un mayor avance
Una de las mayores amenazas para la salud pública es la violencia.
en la construcción del concepEl costo social de los diferentes tipos de la violencia ejercidos especíto de neopatriarcado es la que
ficamente contra las mujeres, ya sea en el ámbito privado o público,
la define como el Patriarcado
es de gran relevancia ya que las acciones de acoso, la violencia que
de Estado que se basa en la insufren, es una muestra de la falta de derechos, justicia y equidad en
ferioridad de la mujer, por tanel tratamiento de los miembros de una sociedad.
to el hombre debe protegerla
y la mujer debe obedecerle. El
neopatriarcado se basa en la
mujer como el sector más débil de la sociedad por lo que el Estado debe protegerla y, en compensación, ésta tiene la obligación
de servir incondicionalmente al Estado (cf. MORA, 2012: 1).
Una de las mayores amenazas para la salud pública es la violencia. El costo social de los diferentes tipos de violencia ejercidos
específicamente contra las mujeres, ya sea en el ámbito privado
o público, es de gran relevancia ya que las acciones de acoso, la
violencia que sufren, es una muestra de la falta de derechos, justicia y equidad en el tratamiento de los miembros de una sociedad.
La definición de violencia hacia las mujeres tiene diferentes
matices. En todos los casos denota desigualdad, injusticia e inequidad, con el objeto de reproducir y perpetuar la situación
de subordinación de las mujeres. Para el caso de las mujeres,
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en términos generales, se entiende como violencia “todo acto
de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un
daño físico, sexual o psíquico, incluidas las amenazas, la coerción
o la privación arbitraria de libertad, ya sea que ocurra en la vida
pública o en la privada” (ONU: 1995).
Asímismo, Naciones Unidas, en Beijing de 1995, define la violencia contra las mujeres como:
…una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres, que han conducido a la dominación de la mujer por el hombre, la discriminación contra la mujer y a la interposición de obstáculos contra
su pleno desarrollo. La violencia contra la mujer a lo largo
de su ciclo vital dimana especialmente de pautas culturales,
en particular de los efectos perjudiciales de algunas prácticas tradicionales o consuetudinarias y de todos los actos
de extremismo relacionados con la raza, el sexo, el idioma
o la religión que perpetúan
la condición inferior que se
Es necesario puntualizar que la relación de poder y género implica
le asigna a la mujer en la
tener presente que en las relaciones de mujeres y hombres no se
familia, el lugar de trabajo,
juegan sólo diferencias sino desigualdades, es decir, situaciones de
la comunidad y la sociedad
poder y estrategias de su ejercicio. El principio de lo que llamamos
(ONU: 1995).
violencia de género es la necesidad de los hombres de controlar a las
mujeres en el sistema patriarcal.
Ana de Miguel (2008: 129),
en su análisis del tema de la
violencia plantea definir a los
movimientos sociales como creadores de marcos de interpretación y de «marcos de injusticia». A partir de la interpretación
patriarcal de la violencia contra las mujeres, sostiene la existencia
de tres momentos claves en la construcción del nuevo marco
de interpretación de la violencia contra las mujeres. El primero,
parte de los feminismos del siglo XIX, sufragistas y socialistas,
que tiene como objetivo desarticular la ideología de la naturaleza diferente y complementaria de los sexos, reivindicando los
derechos básicos, denunciando y visibilizando las condiciones de
subordinación y violencia que rodean a la condición femenina. El
segundo lugar lo compone el feminismo radical de los años 60 (la
elaboración de un marco estructural sobre la violencia patriarcal), con su giro epistemológico con el “análisis de la esfera de lo
privado y su nuevo concepto de lo político como toda área de
la acción humana atravesada por relaciones de poder que desViolencia y Neopatriarcado

velará la cara oculta de la familia y las
relaciones personales”. Y, finalmente, en
tercer lugar están las investigaciones de los
estudios feministas y de género basados en la
consolidación de un nuevo marco interpretativo
de “la violencia de género”, que parte de las nuevas teorías sobre los movimientos sociales, quedando demostrado que la violencia contra las mujeres
es un elemento estructural del poder patriarcal y se
constituye en un grave problema social y político.
Sin duda, el análisis desde la violencia de género tiene una
entrada desde el “poder”. Es necesario puntualizar que la relación de poder y género implica tener presente que en las relaciones de mujeres y hombres no se juegan sólo diferencias sino
desigualdades, es decir, situaciones de poder y estrategias de su
ejercicio. El principio de lo que llamamos violencia de género
es la necesidad de los hombres de controlar a las mujeres en el
sistema patriarcal.
Luis Bonico (2014:2) afirma que la palabra “poder” tiene dos
alcances popularmente utilizados: la primera es la capacidad de
hacer, el poder personal de existir, decidir y autoafirmarse. Este
poder autoafirmativo necesita para su ejercicio una legitimidad
social que lo faculte, legitimidad a la cual sólo han accedido los
hombres. La segunda facultad es la capacidad y la posibilidad de
control y dominio sobre la vida o los hechos de los otros, básicamente para lograr obediencia y todo lo que de ella procede. Éste
es el poder de dominio, que es de quien ejerce la autoridad, es
en este tipo de poder que se usa la tenencia de los recursos para
obligar a interacciones no recíprocas y, de esta manera, ejercer
control sobre cualquier aspecto de la autonomía de la persona a
la que se busca subordinar.
De este modo, es la posición de género (hombre, mujer) uno
de los ejes cruciales por donde discurren las desigualdades de
poder y los ámbitos en que se manifiesta la familia, pareja y, ahora, en la acción de los espacios políticos donde los hombres hacen uso del poder de macrodefinición de la realidad.
La preocupación de la violencia se desarrolla, por un lado, a partir de las normas de género (binario) mediante el cual somos subjetivadas y, por otro, desde la posibilidad

de una ética–política que le da sustento
a la crítica de la violencia de Estado Nación.
Esta reflexión parte de la preocupación por las incertidumbres del cuerpo como una centralidad de una
pregunta política a partir de las nociones de sedimentación,
materialización y corporeización, transformadas por las dimensiones corporales del mundo psíquico hasta “el giro en dirección
a la cuestión ética-política apuntando a la precariedad, a la violencia y a la vulnerabilidad del sujeto en tanto sujeto corporal”
(BUTLER en SABSAY, 2009:316). En síntesis, Butler nos plantea
interrogantes que parten del cuestionamiento de operaciones
de poder que visibilizan o reconocen algunos cuerpos y otros no.
La necesidad de que el género sea performativo se expresa en la
libertad, noción central e ineludible para el logro de una sociedad
fundamentalmente no violenta y ética.

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Violencia y Neopatriarcado

Marco Antonio Gandarillas Gonzáles
Licenciado en Sociología por la Universidad Mayor de San Simón. Investigador
especializado en hidrocarburos, minería, economía y medio ambiente. Actualmente es Director Ejecutivo del Centro de Documentación e Información
Bolivia- CEDIB.

y la depresión de los DERECHOS
de las MUJERES

La BONANZA extractivista

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Violencia y Extractivismo

Hace un par de años el documental Minerita ganó el renombrado premio Goya del cine español por exponer las terribles
condiciones laborales y de inseguridad de las mujeres en el emblemático Cerro Rico de Potosí. La presencia de las mujeres en
la minería se remonta a la etapa colonial y, a pesar del tiempo transcurrido, su situación, como la de la mayor parte de los
hombres dedicados a esta actividad, no parece haber mejorado
mucho(1). En pleno auge extractivista, el mérito que encuentro en
el mencionado documental es el de relatar en primera persona
(encarado por sus tres protagonistas: Lucia, Ivone y Abigail) la
chocante realidad de las jóvenes mujeres que exponen su seguridad para proteger el mineral extraído del lugar que sostuvo,
con sus recursos, la dominación colonial por más de tres siglos.
A costa de la integridad de sus cuerpos protegen el mineral. No
encuentro una mejor metáfora para el grado de sometimiento
de las mujeres en el extractivismo minero en pleno siglo XXI.

lar la entrada de la mina, cuidar el equipamiento, las herramientas
de los mineros y el mineral extraído (cf. MICHARD, 2008: 56-57);
b) en la extracción: las palliris son las que escogen manualmente
el mineral de los desmontes o residuos preconcentrados de minerales; y relaveras, que rescatan el estaño echado a los ríos por
los ingenios mineros (CEPROMIN, 1998: 4).

La terciarización precariza, externaliza e invisibiliza el trabajo de las mujeres

La terciarización es el tipo de relación laboral y forma predominante de organización del trabajo en los sectores extractivistas
de Bolivia (cf. GANDARILLAS 2013: 219-226). Este fenómeno se
caracteriza por una reducción drástica del número de trabajadoras/es directos; el desconocimiento de derechos laborales de las/
os trabajadoras/es subcontratados; su externalización en unidades o sectores formalmente desvinculados de la empresa matriz
El relato no es particular a ese yacimiento minero. De forma
sobre los que la misma no contrae obligaciones
generalizada es posible advertir una sistemática
patronales; la precarización y la elevada inseguriA costa de la integridad de sus cuerpos
depresión de los derechos de las mujeres en un
dad ocupacional en las actividades terciarizadas;
protegen el mineral. No encuentro una
momento en que, paradójicamente, este sector
y el impedimento a la formación de sindicatos
económico atravesó por una etapa de auge, con mejor metáfora para el grado de someti- u otro tipo de organizaciones de defensa de los
precios altos y grandes utilidades. El propósito miento de las mujeres en el extractivismo derechos laborales. El propósito principal es la
minero en pleno siglo XXI.
de este artículo es aproximarse a la especifireducción de los costos y la eliminación de los
cidad de la explotación y subordinación de las
derechos de las/os trabajadoras/es.
mujeres en el extractivismo boliviano.

La feminización extractivista
Abundan los relatos sobre las condiciones laborales de las mujeres mineras. Las más conocidas entre ellas, sin duda, son las
palliris. Es menos conocido que a lo largo de las últimas décadas
su presencia es notable en diversas actividades de los sectores
extractivistas. Algunos estudios establecieron que cada vez más
mujeres participan en distintos subsectores mineros. En la denominada minería mediana participan en: a) tareas de cuidados: limpieza de oficinas, enfermerías, cocina; b) administrativas: secretaría, almacén y administración; y c) extractivas: en ingenio, colas,
relaves, machacado y separado de mineral (cf. GARCÍA, 2001:
155-158). En las cooperativas mineras las mujeres desempeñan
actividades: a) de apoyo: contaduría, secretarías y personal de seguridad, entre éstas la principal es la de ser las serenas y contro(1) Un ejemplo es la esperanza de vida que, en Huanuni, ronda los 40 años de edad.

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La externalización(2), que es inherente a la terciarización, tiene
efectos directos sobre el trabajo femenino. En el sector petrolero las tareas de cuidados, denominados eufemísticamente como
servicios de alimentación y limpieza de los campamentos recaen
sobre mujeres que formalmente no son consideradas parte de la
empresa petrolera o de la subcontratista. De este modo, tareas
vitales, sin las que sería imposible el trabajo petrolero en alejados
y/o aislados campamentos, se suministra como un servicio externo (nótese que con ello se remarca la idea de ajena/o) provisto
por subcontratistas usualmente subcontratadas por las primeras
(cf. GANDARILLAS 2013: 223).
(2) “La subcontratación multiplica las asimetrías dentro del sector petrolero debido a
que externaliza áreas completas de la industria, reduciendo al mínimo indispensable al
personal de planta de la empresa, el que está generalmente concentrado en las tareas
administrativas y directivas, con mínimo personal de control y a veces inexistente personal operativo o de campo. Reduce totalmente el personal además de las actividades
de apoyo (mantenimiento, apertura de sendas, construcción de infraestructura, alimentación, seguridad, etc.)” (GANDARILLAS, 2013: 224).

Violencia y Extractivismo

En el caso minero, la externalización del trabajo femenino de
cuidados es todavía más extremo ya que gran parte del trabajo
minero (a 2013, 92% de la fuerza laboral del sector pertenecía a
las denominadas cooperativas mineras) está ya terciarizado y estas tareas son provistas a las pequeñas unidades cooperativizadas
por mujeres ajenas a las cooperativas.
Externalizar estas labores tan fundamentales para el trabajo en
las actividades extractivistas permite a las empresas, cooperativas
y a los mismos trabajadores hombres, reducir los costos laborales y productivos a costa de la depresión de los derechos laborales de las mujeres, acentuando todo tipo de discriminaciones
sexistas como, por ejemplo, la discriminación salarial en función
de sexo, lo que significa que con un similar tipo de calificación y
por jornadas con igual número de horas de trabajo, las mujeres
reciben menos salario que los hombres. En las petroleras una
mujer cocinera percibe un salario entre 7 a 13 veces más bajo
que un obrero no calificado (cf. GANDARILLAS 2013: 224)(3).
No tomar en cuenta el aporte
de las mujeres en las variadas
actividades extractivas y de cuidados en estos sectores, tiende
a reforzar una imagen estereotipadamente masculina, en la que
predomina o sólo cuentan las
tareas realizadas por hombres.

El fenómeno de la terciarización consiguió una radical disminución de los costos laborales, añadiendo mayores cargas sobre las
mujeres. Algunas feministas sostienen que se logró imponer una
triple carga:
…Las mujeres fueron encargadas de la generación de autoempleo, y de ingresar en condiciones de desigualdad al mercado laboral, donde sufrían discriminación salarial. Al mismo
tiempo, con la orientación de las economías hacia la exportación, la alimentación familiar –tradicionalmente a cargo de
las mujeres- se convirtió en una tarea cada vez más compleja.
De esta manera las mujeres asumieron una triple carga. A
pesar del supuesto que las mujeres ahora eran “incluidas en
el desarrollo”, la modificación patriarcal dentro de la familia y
en el espacio público adoptó otra forma, iniciando un nuevo
ciclo de empobrecimiento femenino y feminización de la pobreza, anclado en las economías de subsistencia (AGUINAGA et al., 2011: 63).

los hombres, la situación ha sido, de cierta forma, naturalizada(4).
Por ello, este fenómeno conlleva además a la invisibilización
y desvalorización del trabajo femenino. No tomar en cuenta el
aporte de las mujeres en las variadas actividades extractivas y de
cuidados en estos sectores, tiende a reforzar una imagen estereotipadamente masculina, en la que predomina o sólo cuentan
las tareas realizadas por hombres.
Este imaginario pretendidamente masculino de los sectores extractivistas se expresa en las estructuras de representación que
abiertamente marginan a las mujeres. De acuerdo con Michard,
a pesar de representar al menos a 10% de la fuerza laboral en
las cooperativas mineras, muy pocas mujeres acceden a cargos
directivos en éstas (cf. 2008: 57). En el sector petrolero, la invisibilización de las actividades de cuidados tolera que la Cámara
Boliviana de Hidrocarburos, entidad que agrupa tanto a las transnacionales petroleras como a las empresas de servicios petroleros o contratistas y subcontratistas, sólo tenga afiliada a una
empresa de servicios de limpieza o alimentación como parte del
sector (GANDARILLAS, 2013: 223).
En pleno auge extractivista, con precios y utilidades en alza, la
situación de las mujeres trabajadoras en estos sectores se deprimió más todavía. A la discriminación laboral, expresada en la ya
comentada inequidad salarial, se debe añadir el que las mujeres
son objeto de la violencia patriarcal de sus compañeros de trabajo: de agresiones físicas, psicológicas y sexuales. En el Cerro Rico,
de acuerdo con un informe del Defensoría del Pueblo, 60% de las
trabajadoras mineras sufre violencia laboral y psicológica(5). Más
de un centenar de mujeres que trabajan de guardas o serenas
protegen el mineral a riesgo de su propia integridad y seguridad
personal.

El rentismo extractivista y las mujeres

Debido a que el sometimiento de las mujeres resultó conveniente a las empresas y a las unidades familiares dominadas por

Si los derechos laborales de las mujeres trabajadoras en estos
sectores se han visto deprimidos, se podría argumentar que, sin
embargo, el beneficio que se genera con los ingresos o las rentas
provenientes del extractivismo tiene efectos positivos sobre las

(3) En la minería, de forma un tanto distinta, se produce también una discriminación
sexual de ingresos. De este modo, una palliri que trabaja a cielo abierto gana entre seis
a diez veces menos que un minero de interior mina (ABSI, 2009: 298).

(4) Desde esta visión machista, se trataría de mujeres “sacrificadas-abnegadas” y no
explotadas por o en beneficio de una empresa, sector o cooperativa.
(5) Tomado de La Prensa 15/12/2014. En el Cerro Rico se explota a 122 mujeres.

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Violencia y Extractivismo

Externalizar estas labores tan
fundamentales para el trabajo
en las actividades extractivistas
permite a las empresas, cooperativas y a los mismos trabajadores hombres, reducir los costos
laborales y productivos a costa
de la depresión de los derechos
laborales de las mujeres, acentuando todo tipo de discriminaciones sexistas, como por ejemplo la discriminación salarial en
función de sexo.

condiciones de vida de las mujeres, en general, y las pobres, en
particular. En efecto, las Transferencias Monetarias Condicionadas - TMC son, a pesar de su origen neoliberal(6), promocionadas
por el régimen de Morales como políticas sociales redistributivas(7) con amplios efectos positivos sobre la erradicación de la
pobreza y la exclusión social(8). Ateniéndonos a los resultados,
sobre los que existe poca información detallada(9), éstos son más
bien modestos e insostenibles como veremos a continuación.
El Bono Juana Azurduy está dirigido a mujeres gestantes y a
niñas/os hasta los dos años de edad. En total, se establece la
transferencia de Bs. 1820.- a lo largo de 33 meses(10). De acuerdo
con la información oficial, el número de beneficiarias/os, en los
6 años de implementación del Bono, han sido de 1,2 millones de
personas (505.354 mujeres y 741.502 niñas/os).
Debido a que se desconocen las cifras desagregadas, y tan sólo
se han difundido datos generales de las/os beneLa preferencia por los bonos revela una orienficiarias/os, sólo se pueden hacer estimaciones
tación clientelista y paternalista en los políticos
sobre el volumen de recursos transferidos por
del MAS que se suponía tienen un arraigo en la
persona, que da como resultado Bs. 505,6.- por
izquierda y, por tanto, una tradición vinculada con
persona promedio en los 6 años. No parece ser
la defensa de los derechos laborales y sindicales de que dicha suma saque a nadie de la extrema polas/os trabajadoras/es.
breza o que resuelva problemas estructurales
de marginación socioeconómica. De hecho, el
monto destinado a financiar este bono es ape(6) En tanto doctrina de la mercantilización, el neoliberalismo reemplazó el enfoque
universalista (en el sentido de derechos de todas/os cuyo acceso es una obligación del
Estado) al que estuvieron asociadas las políticas sociales del llamado Estado de Bienestar. En este nuevo modelo, bajo el justificativo de reducir el gasto público, se privatizaron las responsabilidades estatales en las materias sociales. La nueva doctrina social
implica “…la focalización de los subsidios del Estado hacia los sectores más pobres y el
diseño de esquemas público-privados…” (OCAMPO, 2008).
(7) En el DS. 0066 de 03/04/2009 que instituye el Bono Juana Azurduy de Padilla se
presenta al mismo como parte de una política de desarrollo de la “redistribución equitativa de los excedentes económicos en políticas sociales, de salud, educación, cultura
y la reinversión de en desarrollo económico productivo”.
(8) En la rendición de cuentas públicas del ministerio de Salud, entidad responsable
del Bono Juana Azurduy, se califica a ésta como un logro en la reducción de “…la
mortalidad materna e infantil, la desnutrición y la pobreza extrema de las bolivianas…”
(2015: 5).
(9) En el Decreto Supremo de creación se determina que al quinto año de implementación (teóricamente el 2014) se evaluarán los resultados alcanzados a nivel municipal
(Art. 3.V) y que, anualmente, el Ministerio de Planificación del Desarrollo evaluará la
aplicación y el impacto de dicho Bono en la erradicación de la pobreza extrema (Art.
6.g).
(10) De los cuales 320 se abonarán a la mujer gestante durante su embarazo hasta el
parto institucional y el resto en doce cuotas bimestrales.

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nas el 11,62% del presupuesto del ministerio de Salud en el año
2015, lo que significa que ni siquiera dentro de este ministerio es
el principal rubro presupuestario. En ese mismo año, le aventaja
la construcción de infraestructura hospitalaria(11).
Un tema que resulta especialmente provocador es la creciente
simpatía del gobierno de Bolivia hacia este tipo de políticas focalizadas en el combate a la pobreza y su alejamiento de las políticas que podrían restablecer los derechos, como los laborales
de las/os trabajadoras/es, en especial de aquellas/os terciarizadas/
os en los sectores más boyantes de la economía, como son los
de índole extractivista. La preferencia por los bonos revela una
orientación clientelista y paternalista en los políticos del MAS
que se suponía tienen un arraigo en la izquierda y, por tanto, una
tradición vinculada con la defensa de los derechos laborales y
sindicales de las/os trabajadoras/es.
El rentismo es frontalmente opuesto a aquello. Dichas medidas tienen efectos cortoplacisA la discriminación laboral, expresada en la ya
tas y son insostenibles debido a que la fuente
comentada inequidad salarial, se debe añadir el
de financiamiento es el propio extractivismo, que las mujeres son objeto de la violencia patriarque atraviesa por ciclos de auge y depresión en
cal de sus compañeros de trabajo: de agresiones
función de factores externos como los precios
físicas, psicológicas y sexuales.
internacionales de las materias primas. Los bonos no generan universalidad y progresividad en
derechos sociales, por el contrario, son entendidos como dádivas de las autoridades que usualmente los otorgan con afanes proselitistas. Por tanto, nuevamente su generalización como políticas sociales focalizadas recortan
derechos, en este caso, de las mujeres embarazadas a las que
pretendidamente les mejora sus condiciones de vida.

Opresiones: patriarcado y extractivismo
Los derechos de las mujeres, objetivamente deprimidos con el
extractivismo, se sostienen y enraízan en una espiral de violencia
mucho más profunda, de carácter cultural e ideológico. Si nos remitimos nuevamente a la cuestión del trabajo femenino minero,
como bien hace notar Absi (2009: 293-294), a lo largo de la historia hubieron momentos con una alta presencia femenina en la
minería, y ésta bordeó normalmente el 10% de la fuerza laboral.
(11) El Bono Juana Azurduy en esta gestión requerirá de 202 millones de bolivianos, la
construcción de 9 hospitales de 3er y 4to nivel de 240 millones.

Violencia y Extractivismo

La rivalidad entre hombres y mujeres por la
explotación de socavones casi agotados se trastoca
en una disputa entre mujeres y la deidad femenina,
asunto en el que las mortales difícilmente ganarán. En el fondo, se trataría de la combinación y
estructuración de una cultura, a la vez extractivista
y machista, que subordina y justifica la depresión
de los derechos de las mujeres hasta en el campo
cultural.

A pesar de esto se enraizó la creencia que este
trabajo es únicamente masculino.

A través del tiempo, los mitos machistas han
enraizado complejos mecanismos de exclusión
y discriminación de género. Un ejemplo muy
ilustrativo es la arraigada creencia que el trabajo femenino en interior mina trae “mala suerte”
a los mineros. Dicha creencia se sostiene en una
pretendida rivalidad entre mujeres y Pachamama, a esta última le molestaría la presencia de
mujeres en los socavones debido a que es una
especie de amante de los hombres mineros a los que por celos les negaría disfrutar de sus riquezas(12). La autora rebate esta
creencia:
…es en función de las contingencias de la historia productiva y de los requerimientos de mano de obra que la creencia
campesina de una rivalidad entre la fertilidad de las mujeres
y la de la tierra puede surgir, o desaparecer, en el contexto
minero.
En la actualidad, el alejamiento de las mujeres del interior mina
permite a los trabajadores masculinos consolidar su dominación
y resguardarse de la competencia femenina en un contexto de
agotamiento de los yacimientos subterráneos. Desde un punto
de vista legal, nada impide a una viuda heredar el paraje subterráneo de su marido difunto y de explotarlo. Ante las presiones de
los hombres, las palliris prefieren, sin embargo, solicitar un lugar
de trabajo a cielo abierto. De esta manera, lo simbólico legitima
la dominación económica de los hombres, que se reservan la
explotación subterránea, ciertamente mucho más rentable: una
palliri gana entre seis y diez veces menos que un minero de interior mina (ABSI, 2009).
La rivalidad entre hombres y mujeres por la explotación de socavones casi agotados se trastoca en una disputa entre mujeres y
la deidad femenina, asunto en el que las mortales difícilmente ganarán. En el fondo, se trataría de la combinación y estructuración
de una cultura, a la vez extractivista y machista, que subordina
(12) Una descripción muy completa de los mitos mineros es realizada por Absi (2009).
Ella profundiza la relación entre la producción minera en el Cerro Rico de Potosí y la
relación sexual fértil de la Pachamama: el mito de la seducción a la montaña para poseerla y las creencias de por qué las mujeres no deben entrar a la mina.

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y justifica la depresión de los derechos de las
mujeres hasta en el campo cultural.

A través del tiempo, los mitos machistas han
enraizado complejos mecanismos de exclusión y
discriminación de género. Un ejemplo muy ilustrativo es la arraigada creencia que el trabajo femenino
en interior mina trae “mala suerte” a los mineros.

Otras mujeres son también afectadas por el
extractivismo en Bolivia. Debido a la diversidad
de regiones y territorios en los que se desarrolla la extracción de materias primas para la
exportación y a la amplitud de los impactos, se
trata de grupos humanos muy diversos, social, económica y culturalmente. De modo general, es posible advertir una depresión
generalizada de los derechos de las mujeres y sus comunidadessociedades sometidas al extractivismo.

En el caso minero, se han logrado identificar impactos diferenciados a nivel de salud (mujeres gestantes con niveles elevados
de metales pesados en sangre), violencia sexual (trata y tráfico),
sobre el rol productivo (afectaciones sobre actividades comunitarias sostenidas por mujeres como la ganadería) y, de forma
predominante, sobre medios/modos de vida tradicionales, especialmente de agricultura, aunque también se podría incluir las
silvopastoriles (cf. RODRIGUES et al., 2013: 57-58).
Los movimientos socioambientales han cobrado mayor protagonismo y, debido a ello, también sus agendas son las más visibles
en la actualidad(13). En sus reflexiones se apela con frecuencia a
la necesidad de vincular la crítica al extractivismo con el patriarcado y en sus reivindicaciones se apela a la defensa del cuerpo
de las mujeres, los territorios de sus comunidades y la Pachamama(14).

(13) En Bolivia, y en varios países, se han constituido grupos y colectivos de mujeres
feministas que luchan contra el extractivismo. El más notorio en el país es la alianza de
mujeres indígenas de tierras bajas y altas. En otros movimientos socioambientales el
liderazgo de las mujeres es evidente.
(14) Un ejemplo de esta perspectiva nos ofrece Aguinaga: “De igual manera invisibiliza
a la naturaleza misma como abastecedora de recursos naturales. A pesar de que estos
ámbitos constituyen el sustento sin el cual la acumulación capitalista no podría existir,
son invisibilizados en el discurso y las políticas económicas hegemónicas, y consideradas “gratuitos”. Esta invisibilización, según Mies, lleva a ignorar los costos ambientales y
sociales del desarrollo” (AGUINAGA et al., 2011: 69)”.

Violencia y Extractivismo

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Alejandra Ramírez Soruco
Licenciada en Sociología. Doctora en Desarrollo Humano
Sustentable por la Universidad Bolivariana de Santiago de
Chile, 2012. Es responsable del Área de Estudios del Desarrollo del Centro de Estudios Superiores Universitarios
de la Universidad Mayor de San Simón (CESU-UMSS).
Docente a nivel de grado y posgrado en diferentes unidades de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). Ha
investigado sobre temas de “Desarrollo Humano”, “Cultura, interculturalidad y políticas culturales”, “Identidades
y políticas de identidad en Bolivia”, ‘Descentralización y
ciudadanía”, y “Agencia ciudadana”.

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Violencia y Urbe

Es indudable que el incremento de hechos de violencia social
e inseguridad en una sociedad van cambiando las interrelaciones
que se dan entre los distintos individuos que habitan en ella –independientemente de su sexo o su pertenencia generacional-,
teniendo sus propias consecuencias en las forma de ejercer ciudadanías, consolidar regiones y construir escenarios con mejores o peores niveles de calidad de vida.
Según los diferentes estudios realizados, sobre todo en América Latina(1), a mayor sentimiento de inseguridad frente a la
problemática, menor percepción de calidad de vida y más alta
desconfianza y recelo frente a los “otros” (co-ciudadanos). Ello,
conlleva a un constante deterioro en el ejercicio de derechos
ciudadanos básicos, lo que se traduce en la propia configuración
del territorio en el que se asienta una sociedad: se cierran barrios, se privatiza el espacio público, se fragmentan los espacios
de convivencia colectiva, por dar algunos ejemplos.

teóricas, conceptuales y metodológicas en base a las cuales, en la
tercera parte, lanzaré algunas hipótesis sobre la violencia social
actual que predomina en la región metropolitana de Cochabamba.

1. Aclarando conceptos
La problemática de inicio planteada en este artículo busca relacionar tres conceptos básicos: la cuestión espacial, el tema del
ejercicio ciudadano y la violencia social. A continuación, paso a
detallar las formas en que estoy abordando los tres conceptos.

Debo partir diciendo que la consolidación de una región urbana
metropolitana (proceso que hoy estamos viviendo en Cochabamba) conlleva varios desafíos socio-económicos, políticos, culturales y ambientales, que van desde la construcción de una infraestructura básica(2), el (re)establecimiento de las relaciones sociales
entre los habitantes, la readecuación económica
Esta dinámica de crecimiento de una
Tomando en cuentas estas ideas generales de
y emocional de contingentes migrantes dentro
partida, en este artículo, quiero reflexionar so- región, caótica en todas las dimensiones, del marco de un nuevo entorno, el manejo de
tiene sus consecuencias en las interrebre la relación que existe entre la violencia soun medio ambiente que se está reconfigurando
cial y el ejercicio de ciudadanía dentro del mar- laciones de las personas que co-habitan –cambio de paisajes rurales a unos, más o meco de una sociedad urbana que actualmente está en ese espacio y que van desplegando lo nos, urbanos- hasta, otros múltiples problemas
que aquí vamos a denominar sus agenen pleno proceso de consolidación. La pregunta
que, a grandes rasgos, tienden hacia la re-estruccias
ciudadanas.
a la que quiero responder es: ¿Cómo la violenturación de las relaciones sociales, culturales,
cia social está afectando las formas de ejercer
económicas en un territorio determinado que
ciudadanía en la región urbana metropolitana de
también va transformándose –en algunos casos
Cochabamba, repercutiendo en la configuración que ésta está
destruyéndose.
adquiriendo? Creo que, respondiendo esta pregunta, podemos
tener un marco de análisis general para abordar hacia el futuro la
Esta dinámica de crecimiento de una región, caótica en todas
relación específica que puede interesar en esta revista dedicada
las dimensiones, tiene sus consecuencias en las interrelaciones
a las relaciones de género, a saber: la situación de la mujer frente
de las personas que co-habitan en ese espacio y que van desplea este panorama de violencia social.
gando lo que aquí vamos a denominar sus agencias ciudadanas.
Entendemos a éstas como las diversas estrategias que las persoPara responder a la pregunta, dividiré el artículo en tres partes:
nas utilizan para ejercer sus derechos y obligaciones ciudadanas,
en una primera, a manera de aclarar la pregunta planteada y guiar
mediante las cuales intervienen directa o indirectamente en la
el artículo, explicaré las formas en que estoy trabajando los tres
definición de medidas públicas que hacen a la construcción de
conceptos básicos que sirven de eje para las reflexiones possu calidad de vida (cf. RAMIREZ, 2012). Estas estrategias pueden
teriores: ‘región urbana metropolitana’, ‘ciudadanía’ y ‘violencia
sustentarse en entramados armónicos inter-ciudadanos y/o ensocial’. En una segunda parte, presentaré algunas herramientas
tre ciudadanos y gestores públicos, o, al contrario, sobre relaciones conflictivas. En ambos casos, de lo que se trata es de actuar
(1) Según algunos autores, se trata de una de las regiones más violentas del mundo:
“ninguna otra región muestra tal variedad de diferentes tipos y formas de violencia” (cf.
IMBUSCH, MISSE Y CARRION, 2011: 88).

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(2) No sólo de caminos, viviendas, alcantarillas, electricidad; sino también de unidades
educativas, de salud -con sus propios ítems-, espacios de recreación, etc.

Violencia y Urbe

para influir en los tomadores de decisiones públicas encargados
de la construcción de lo que una/o percibe como su bienestar.
De ahí que estas estrategias pueden ser tanto destructivas –en
términos de las interrelaciones ciudadanas, sociales y territoriales en general(3) - como constructivas.Y son sobre estas agencias,
sobre las que se están construyendo las dinámicas de las violencias sociales que se dan en una sociedad. Aquí, siguiendo una línea
de análisis emprendida en un anterior documento (cf. RAMÍREZ,
2015), entiendo que el concepto de violencia social incluye a las
interacciones inter-ciudadanas violentas que van desde las acciones consideradas criminales, según criterios vertidos por reglas
y leyes en una sociedad -robos, asesinatos, ataques, raptos, violaciones, etc.(4)-, hasta las diversas formas de rupturas de contratos
de convivencia social armónica, no necesariamente sancionadas
jurídicamente(5). También forma parte de esta definición el ejercicio abusivo de los gobiernos hacia los ciudadanos sobre la base
del monopolio de la violencia física (coerciones, violaciones de
derechos ciudadanos –físicas o simbólicas- violaciones, robos,
asesinatos, etc.). La violencia social, en general, en sus múltiples
manifestaciones, se caracteriza por conllevar rupturas en las interrelaciones sociales ciudadanas en un territorio determinado.
... la violencia es fruto de la ausencia de cánones civilizatorios
de convivencia los cuales están
determinado por el establecimiento y cumplimiento de ciertos contratos sociales de respeto
mutuo y manejo racional de la
violencia por parte del Estado .

Estas tres definiciones me llevan a preguntarme: ¿Cómo se están dando las interacciones entre las tres variables? Concretamente ¿Cómo la violencia social está afectando al ejercicio ciudadano? ¿Cómo éste –en las múltiples dimensiones que asume en
tanto agencia- va profundizando los mismos procesos violentos?
Y ¿Cómo todo ello repercute en la fisonomía que está adquiriendo la región urbana que se analiza?
Para responder a estas preguntas, después de recuperar ciertas
herramientas teóricas y conceptuales que han sido desarrolladas
(3) Pienso, por ejemplo, en el manejo muchas veces irresponsable y poco sustentable de basura (botarla al río o a los lotes baldíos), la toma de tierras anteriormente
comunitarias, el manejo displicente de agua, es decir, todas aquellas situaciones en las
que las personas despliegan agencias que buscando mejorar su calidad de vida van en
detrimento de la de los otros ciudadanos. En el caso de las reacciones ciudadanas hacia
la violencia social y/o inseguridad, ello es más visible, como se verá posteriormente.
(4) Es decir, todas aquellas acciones que conforman la inseguridad ciudadana entendida
como los “fenómenos delictivos y de violencia [que redundan en] la fractura de las
sociedades y el deterioro del tejido social” (PALACIOS y SIERRA, 2014: 60). En este
sentido, la inseguridad ciudadana es una de las dimensiones de la violencia social.
(5) Por ejemplo, la violencia de ciudadanos de un barrio que mediante contrataciones
de guardias impiden la circulación de otros “extraños”, a través de sus fronteras.

36 - 37

para comprender el tema de la violencia, principalmente desde la sociología, voy a terminar planteando, desde los enfoques
priorizados, ciertas hipótesis sobre cómo se da la relación entre
configuración de la región, ejercicios ciudadanos y violencia.

2. Recuperando algunas herramientas teóricas y conceptuales
¿Cómo comprender la violencia? ¿Desde qué unidades de análisis y niveles? Durante mucho tiempo (cf. RAMIREZ, 2015) se ha
ido priorizando, ya sea el análisis de lo macro (las estructuras, las
desigualdades sociales, la pobreza, etc.) como el principal factor
que explica el fenómeno, o de lo micro (características individuales, ruptura de tejidos sociales, insuficientes procesos de socialización y cánones de relacionamiento dentro y fuera de la familia,
frustración de expectativas, etc.). Es recién a partir de la segunda
mitad del siglo XX que empiezan a aparecer explicaciones más
complejas, integrando niveles micro-macro/acción-estructura.
Una de las primeras propuestas innovadoras al respecto es la de
Norbert Elías (1994), quien argumenta que la violencia es fruto
de la ausencia de cánones civilizatorios de convivencia los cuales están determinado por el establecimiento y cumplimiento de
ciertos contratos sociales de respeto mutuo y manejo racional
de la violencia por parte del Estado(6).
En los últimos años, la mirada se ha ido dirigiendo hacia la agencia violenta de las personas, explicándolas ya sea como producto
de las instituciones (y, por lo tanto, regida de acuerdo a ciertos
código morales de una población(7)), o como reacciones, en mucho casos subjetivas (vinculadas a los imaginarios), frente a la
agencia de otros (cf. Wievorka, Tilly y Joas en ARTEAGA, LARA
y NIÑO, 2014).
Complementando este proceso de debate teórico-conceptual
sobre el tema, también se han ido desarrollando algunas propuestas metodológicas concretas. Entre ellas, recupero cuatro
miradas. Por un lado, el “Modelo Sociológico Multifactorial” de(6) Sobre los aportes de Elías al análisis de la violencia cf. Pamplona (2013).
(7) Desde esta perspectiva, Wilkstrom (2009), Felson (2009), entre otros, van a plantear que la acción violenta es un acto racional tipificado como tal según códigos de la
sociedad en la que se dan. Así algunos actores puedes ser considerados violentos en
un determinado contexto y no en otros. Un ejemplo es el castigo físico a un niño, que
en algún período histórico ha sido visto como parte de un proceso educativo mientras
que en otros si es caracterizado como violencia.

Violencia y Urbe

sarrollado por Briceño-Leon (2007), que plantea que para comprender la violencia se deben entremezclar en el análisis los
tres niveles que hacen al fenómeno: lo macro constituido por
los “factores que lo originan”(8), lo meso referido a los elementos “que lo fomentan”(9) y lo individual que está constituido por
los componentes “que facilitan el comportamiento violento”(10).
Para comprender las dinámicas del fenómeno se deben analizar
los diferentes niveles de manera integrada, ya que solamente con
esta mirada multifactorial podemos comprender el problema en
su complejidad.
Una segunda propuesta es la que plantea Beck (2011), quien
propone ver la violencia social como un proceso triangular que
involucra un performador, un objetivo (la/el víctima) y un(os)
observador(es), mostrando, a partir de las tres miradas, que existen formas cambiantes de experimentación de la problemática.
La visión desde la tercera parte resulta fundamental ya que: “las
consecuencias sociales de la interacción violenta dependen de la
forma en que el incidente es observado y juzgado por el público”
(BECK, 2011: 347), y así, el observador puede inclinar hacia uno
u otro lado el desenlace del hecho violento. De ahí que, cuando
se quiere comprender a la violencia social, resulta necesario no
sólo preguntarse quiénes interfieren directamente en los hechos
(los(as) performadores y los(as) víctimas), sino quiénes y cómo
los observan y los van definiendo. Esto resulta importante, porque muchas veces son éstos –los observadores- los que van a ir
construyendo socialmente nuevas formas de violencia.
En esta dinámica triangular, los datos empíricos (número y tipo
de hechos) no importan en sí mismos, sino en el sentido en que
aportan a la comprensión de la visión del observador. Esta idea
se puede sistematizar en la pregunta siguiente ¿Qué realidad se
está construyendo a partir de los informaciones interpretadas
(8) En este nivel se incluirían variables como incremento –histórico- de las desigualdades urbanas, mayores niveles educativos en escenarios con menores posibilidades de
empleo, transformaciones de estructuras familiares y de su capacidad de control social,
cambios en aspiraciones frente a una ineficaz capacidad de satisfacerlas; disminución del
poder emocional de la religión, por ejemplo, católica.
(9) Éstos tienen que ver con situaciones específicas, tales como: la segregación y densidad urbana (vinculadas a la migración y al asentamiento caótico, así como a los cambios
físicos territoriales), el predominio de una cultura de masculinidad, el incremento del
mercado local de drogas, la impunidad y corrupción, el racismo, la incapacidad estatal
para proteger ciudadanos, etc.
(10) Por ejemplo, el acceso a posesión de armas de fuego, el consumo de alcohol, la
incapacidad de expresar verbalmente los sentimientos, etc.

38 - 39

por las/los observador(es)? En general, concluye la autora, la
perspectiva triangular conlleva “un cambio en la forma de concebir la violencia: desde una percepción en la que la violencia es
empíricamente evidente hacia concebirla como construida socialmente” (BECK, 2011: 354); por lo tanto. lo que también hay
que investigar es “cómo estos procesos son observados, descritos y juzgados por una tercera parte” (BECK, 2011: 354).
Otro enfoque que aporta elementos novedosos para encarar el
tema, es el de Bakonyi y Bliessermann (2012), quienes proponen
trabajar con la metáfora de “mosaicos de violencia”. Esta metodología supone un estudio interrelacionado entre detalles (etnográficos) y contexto (general) en el que los hechos violentos
se producen. Desde esta metáfora, si no se entiende cada uno
de los elementos, no se aprehende el conjunto, pero viceversa,
si no se analiza lo global, no se aprehende el retazo. La idea es
ir tejiendo un análisis que vaya del estudio etnográfico de casos
de violencia hacia la comprensión del conjunto, a la vez que el
conjunto sirve de marco referencial para entender cada hecho.
Si durante los primeros años del Estado de 1952 la violencia era más bien la política (estatal); la puesta
en marcha de un modelo neo-liberal, durante la década de 1980, ha ido introduciendo otro tipo de violencia social como la económica que, actualmente, está siendo vinculada a la intrafamiliar.

Por último, la cuarta propuesta es la planteada por Artega, Lara
y Niño (2014) quienes, recuperando el concepto de “paisajes de
sentido de violencias”, proponen ir más allá de las explicaciones
solamente focalizadas en el sujeto y su agencia, para construir
explicaciones interpretativas de las violencias sociales; lo cual implica “considerar que la acción violenta no puede deducirse de la
mera reacción de los sujetos a una situación, sino que debe ser
entendida como un hecho social dotado de sentido que apunta
a ciertas redes de códigos en contextos que permiten su expansión y, por ende, su reproducción, pero sobre todo que hablan
de la constitución de valores propicios a la violencia” (ARTEAGA et. al, 2014: 37). Ello, metodológicamente, conlleva a partir
de preguntas acerca de “la manera en que participan en estos
paisajes actores y grupos y a la red de códigos que comparten y
cómo ello permite la reproducción y modificación de mundos de
vida” (ARTEAGA et. al, 2014: 37); es decir, supone comprender
la experiencia de los individuos y grupos sociales a través de la
Violencia y Urbe

contextualización de los sentidos profundos que para ellos tiene
la acción violenta y, en este sentido, “dibujar los paisajes de sentido” que los sujetos, según los contextos en los que se mueven,
dan a la acción y situación concreta.

los derechos ciudadanos de los otros. Como plantea Cruz, la
inseguridad “convence a muchos ciudadanos de la necesidad de
restringir ciertas libertades civiles e incluso políticas ganadas en
la democratización” (CRUZ, 2000: 138).

En resumen, las nuevas propuestas metodológicas para comprender la violencia, ponen el énfasis en su característica multifacética, su funcionamiento en términos de mosaico, la dinámica
triangular que incluye y los paisajes de sentido que se generan.
La pregunta que sigue es ¿Cómo comprender, recuperando estas
lecturas y metodologías más complejas que integran diversos niveles, las dinámicas de violencia social que se están dando y forman parte de la construcción de la región urbana metropolitana
de Cochabamba?

Por otro lado, estas percepciones también inciden en el tipo
de política pública que desde las organizaciones estatales se va
a priorizar. No es gratuito que éstas tiendan hacia el control y la
aplicación de sanciones junto con el fortalecimiento del protagonismo de la policía nacional (cf. RONCKEN y CHACIN, 2014).
Ello tiene que ver con la importancia que lo que se considera
criminalidad adquiere en el marco de las decisiones políticas estatales: a mayor peso, mayor incidencia en el protagonismo policial y en la sanción. A su vez, esto provoca un círculo vicioso, ya
que una política controladora y punitiva lleva siempre hacia una
mayor violencia poblacional (cf. KARSTEDT y EISNER, 2009).

3. Hipótesis sobre la violencia social urbana en la región
El constante bombardeo de los medios de comunicación respecto a los hechos de criminalidad en la región nos llevan a plantearnos como sociedad una serie de preguntas tales como: ¿Somos verdaderamente una sociedad tan violenta? ¿O se trata más
bien de una etapa histórica de máxima violencia social? Lo que,
a su vez, nos obliga a pensar ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué tipo de
sociedad nuestros hijos tendrán? Cómo reflexionábamos en un
anterior artículo (cf. RAMÍREZ y CAMACHO, 2015), aunque nos
pudiéramos consolar retomando el argumento de algunos autores según los cuales la violencia es más un mito que una realidad
empírica (cf. VÉLEZ, 2000).
Lo cierto es que, por un lado, la percepción que la gente tenga
frente al tema(11) es la que, a la larga, marca sus agencias frente a
los otros y a la sociedad, definiendo las estrategias de acción (defensivas, agresivas, conflictivas u armónicas) que van a elegir. Ello
está directamente relacionado con el tema de ciudadanía, ya que
acceder a una seguridad ciudadana (estar libre de violencia interpersonal en nuestras vidas cotidianas) forma parte de uno de
los derechos básicos del ejercicio ciudadano. Así, si uno se siente
inseguro, sus derechos ciudadanos se ven vulnerados y, por lo
tanto, se tiende hacia el desarrollo de estrategias individuales que
permitan alcanzarlos, lo que muchas veces pasa por vías poco
democráticas y violentas que, a su vez, pueden ir en contra de
(11) A saber, sentirse inseguro o seguro, tener miedo o no.

40 - 41

En general, una primera idea que se puede lanzar es que la
violencia social en la región tiene que ser entendida desde la
dinámica triangular planteada por Beck (2011): más allá del dato
empírico(12), es en la interrelación entre performadores (y hechos
violentos en sí), víctimas y observadores (el énfasis el tema que
pone la prensa o las autoridades públicas), que se genera la forma que asume el fenómeno en el espacio y en la ocupación del
mismo. Así, es esta percepción de inseguridad la que va a llevar
a la gente a encerrar físicamente sus barrios, amenazar con carteles o muñecos colgados a todas aquellas personas externas al
mismo, o contratar guardias que limitan el libre paso de los otros
ciudadanos por las calles. Es decir, conllevando al desarrollo de
iniciativas que dan forma y moldean el mismo crecimiento físico
de la región metropolitana.
Ahora bien, ello no es estático; así como los agentes involucrados en la violencia (desde esta perspectiva triangular) cambian,
los hechos y las realidades violentas también se transforman. Si
durante los primeros años del Estado de 1952 la violencia era
más bien la política (estatal); la puesta en marcha de un modelo
neo-liberal, durante la década de 1980, ha ido introduciendo otro
tipo de violencia social como la económica que, actualmente, está
siendo vinculada a la intrafamiliar. Destaca dentro del marco de
(12) Resultados preliminares de una encuesta llevada a cabo en la región metropolitana
de Cochabamba, dentro del marco del Proyecto Violencia e Inseguridad ciudadana en
procesos urbanos, nos muestra que si bien más del 53% de los encuestados considera
peligroso su municipio, sólo alrededor de 19% ha sufrido un hecho de violencia en sí.

Violencia y Urbe

esta forma de violencia el feminicidio que caracteriza a la región
como uno de los espacios geográficos más violentos en términos
intrafamiliares del país. De hecho, una encuesta de Cochabamba
nos Une (cf. ZEGADA (Coord.), 2015) muestra que en la región
76% de los encuestados consideran que los hechos de violencia
ocurren en el hogar.
Frente a ello, surge la pregunta: ¿Realmente ése es el rasgo primordial de esta sociedad? O ¿Existen otros elementos que permiten comprender las violencias sociales y su relación con el
ejercicio ciudadano y el crecimiento de la región urbana metropolitana de Cochabamba? Creo que, si recuperamos una lectura
que ponga el énfasis en las diferentes dimensiones que hacen a
la violencia, una conclusión básica es que, en general, la sociedad
que se está construyendo a la par de la configuración territorial
de la región metropolitana es absolutamente violenta y está marcada por las características que menciono a continuación.
... las agencias ciudadanas
específicas que emergen como
respuesta a la ruptura institucional y al descreimiento en la
eficacia del monopolio de la
violencia en el Estado, también
provocan violencias,

Identifico como primer rasgo, el entretejimiento de tres niveles
en los que se producen las violencias sociales en la región. (a) Un
nivel macro, constituido por el incremento de movimientos poblacionales hacia la región, vinculado a la creciente pero caótica
urbanización que estamos viviendo. Migrantes que llegan a lugares
donde no cuentan con una infraestructura básica mínima, debiendo re-estructurar sus relaciones sociales, adaptarse o chocar con
distintos patrones culturales y donde los nuevos desafíos que enfrentan –físicos y psicológicos- los llevan, en muchos casos, hacia
una actitud hostil predispuesta al conflicto y a la agresividad. A
ello hay que sumar los flujos migratorios transnacionales, y entre
ellos, específicamente la feminización de la migración que asume
la forma de proyectos individuales sin políticas de apoyo social,
económico y, mucho menos, emocional; y que tiene sus propias
consecuencias sobre la creación de nuevas formas familiares que,
al estar en proceso de emergencia, aún provocan ajustes que se
traducen en actos violentos, por ejemplo, entre jóvenes(13). (b)
A nivel meso, el incremento del narcotráfico y, en general, de
la economía subterránea (que incluye, entre otros, también al
contrabando) produce, como toda actividad ilícita –que ya forma
parte de las mismas estructuras institucionales de la sociedad-,
brotes constantes de violencia tanto individual como comunal.
(13) El fuerte desarrollo de pandillas durante los últimos años, está muy vinculado a estos procesos migratorios transnacionales junto con la creciente utilización de las TIC’s.
La aparición de Maras Salvatruchas es uno de los ejemplos.

42 - 43

(c) A nivel individual (micro), las agencias ciudadanas específicas
que emergen como respuesta a la ruptura institucional y al descreimiento en la eficacia del monopolio de la violencia en el Estado, también provocan violencias, como se planteó anteriormente.
Ello nos lleva a plantear una segunda característica respecto
a las violencias sociales que vemos en la región; pareciera que
estamos viviendo una dinámica histórica en la que: (a) Las instituciones sociales que buscan pacificar las interrelaciones se han
ido rompiendo y nos encontramos en un momento de re-construcción de las mismas, que está dando lugar a la emergencia
de actitudes autoritarias inter-ciudadanas (amenazas, control y
sometimiento del otro, etc.) (b) Frente a la des-protección ocasionada por la ineficiencia de las instituciones legales(14) se acentúa el culto al líder mesiánico (presidente, gobernador, dirigente
barrial, u otro), que es visto como el único capaz de proteger. (c)
La perspectiva de un futuro en común, el sentimiento de pertenencia y la construcción de una meta que da sentido a la vida, son
elementos que están en crisis, ocasionando vacíos que también
provocan reacciones violentas. sobre todo, entre los jóvenes. A
saber, siguiendo a Elías (1994), a la par del crecimiento territorial
y la consolidación de la región urbana, se han ido desestructurando los cánones civilizatorios que regían en este espacio cuando
la sociedad era más pequeña.
Esta crisis se manifiesta también en los paisajes de sentidos que
se crean y recrean frente a los acontecimientos y escenarios de
violencias. El hecho de que, como muestran datos preliminares
de la encuesta del Proyecto sobre violencia e Inseguridad Ciudadana, cerca del 50% de la población esté de acuerdo con la pena
de muerte, 71% con la castración en caso de violaciones, y 44%
con el linchamiento, está mostrando paisajes violentos de sentidos que son los que están marcando no sólo las interrelaciones
sociales sino, sobre todo, las formas de asentamiento y circulación que se están configurando en la consolidación territorial de
la región.
Ya concluyendo, lo que he querido hacer en este artículo es,
partiendo de reflexiones teóricas y metodológicas, ir proponiendo pautas para comprender las violencias sociales que se están
(14) Según la encuesta de Cochabamba nos Une, cerca de 60% de la población desconfía absolutamente de la policía, institución encargada de la Seguridad Ciudadana (cf.
RAMÍREZ y CAMACHO, 2015: 107).

Violencia y Urbe

generando en la metrópolis de Cochabamba, viendo cómo las
mismas están íntimamente relacionadas con el tipo de ejercicio
ciudadano predominante de sus habitantes, los cánones civilizatorios que rigen en las interrelaciones sociales y la misma configuración que asume territorialmente la región. La pregunta que
queda por hacerse en una revista que busca un espacio para el
análisis crítico de la problématica de género, es ¿Cómo estas características de la violencia en la región afectan específicamente
a las mujeres y sus situaciones –interrelaciones con los otros- en
la región? Por ejemplo, ¿Forma parte el incremento de lo que se
clasifica como feminicidios de este escenario de violencias que se
están dando en la región?
Tratar de comprender el caso específico de la relación violencias sociales y mujeres, desde miradas más complejas en las que
se interrelacionen no sólo diferentes niveles (macro, meso, individual), sino también lo subjetivo con lo objetivo (los datos) y, sobre todo, las diferentes visiones y participaciones en los hechos
(performadores/víctimas/observadores) tal vez nos dé nuevas
luces no sólo para denunciar, sino para explicar y, por lo tanto,
actuar sobre la problemática.

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VÉLEZ, Luis Fernando.
46 - 47

Mujer
& Ciencia
Violencia
y Urbe

Renato Rosaldo
Profesor de Antropología emeritus en la Universidad de Nueva York.
Es de ascendencia mexicana. Recibió la licenciatura y el doctorado en
Harvard. Fue elegido miembro de la Academia Nacional de Artes y
Letras en Los Estados Unidos. Sus libros incluyen Ilongot Headhunting:
1883-1974. A Study in Society and History, Cultura y Verdad (AbyaYala), y Renato Rosaldo: Ensayos de antropología crítica. Su primer
poemario, una colección bilingüe, Prayer to Spider Woman/Rezo a la
mujer araña, ganó el American Book Award el 2004. Su poemario más
reciente es The Day of Shelly’s Death (Duke University Press, 2014).

Fábula
del Caído

(1)

(1) Estoy en deuda con el Stanford Humanities Center por su apoyo durante el periodo en que escribí este
ensayo. José David Saldívar alentó mi proyecto y sugirió, de inicio, que leyera a Sandra Cisneros, a Denise
Chávez y a Alberto Ríos. Kathleen Newman y Mary Louise Pratt también hicieron útiles comentarios sobre
este ensayo.

48 - 49

Violencia y Cultura

La ética de la “pureza” con
frecuencia produce formas
culturales duraderas a partir
de un orden patriarcal
primordial.

En inglés, mi nombre quiere decir esperanza. En español, demasiadas letras. Quiere decir tristeza, quiere decir espera. Es como
el número nueve. Un color lodoso. Es los discos mexicanos que mi
padre toca los domingos por la mañana cuando se rasura, canciones como sollozos.

Era el nombre de mi bisabuela y ahora es mío.También era una
mujer caballo, nacida como yo, en el año chino del caballo –que
se supone que es de mala suerte si naces mujer- pero creo que es
un cuento chino porque a los chinos, como a los mexicanos, no les
gusta que sus mujeres sean fuertes.

Mi bisabuela. Me hubiera gustado conocerla, un caballo salvaje
de mujer, tan salvaje que no se iba a casar hasta que mi bisabuelo
le echó un costal sobre la cabeza y se la llevó, así, como si fuera
un candelabro elegante. Así lo logró.

Y cuenta la historia que jamás lo perdonó. Miró por la ventana
toda su vida, como tantas mujeres asientan su tristeza sobre el
codo. Me pregunto si sacó el mejor provecho dadas sus circunstancias, o si estaba apesadumbrada porque no podía ser todo lo
que quería ser. Esperanza, he heredado su nombre, pero no quiero
heredar su sitio junto a la ventana.

En la escuela pronuncian mi nombre de manera graciosa, como
si las sílabas estuvieran hechas de latón y lastimaran el paladar.
Pero en español mi nombre está hecho de una cosa más suave,
como la plata, no tan grueso como el nombre de mi hermana,
Magdalena, que es más feo que el mío. Magdalena quien al menos puede llegar a casa para volverse Nenny. Pero yo siempre soy
Esperanza.

Me gustaría bautizarme con otro nombre, un nombre más como
mi yo verdadero, ese que nadie ve. Esperanza como Lisandra o
Maritza o Zeze la X. Sí. Algo como Zeze la X estaría bien
(Cisneros, 1988: 12-13).
“Mi nombre”, del grupo de cuentos cortos de Sandra Cisneros, The House on Mango Street, ejemplifica la experimentación
y logros de la narrativa chicana reciente. Al ensayar con formas
nuevas, las escritoras chicanas han desarrollado una visión fresca
del yo y de la sociedad; han abierto un espacio cultural alternativo, un mundo heterogéneo, dentro del que sus protagonistas ya
50 - 51

no actúan como “sujetos unificados”, pero se mantienen seguros
de sus identidades. Al moverse por un mundo entretejido con
pobreza, violencia y peligro, Esperanza actúa de manera confiada
y festiva. Prospera, y no sólo sobrevive, conforme virtualmente
baila por su vida con gracia e ingenio.
Esperanza cuenta un relato de llegada a la edad adulta que toca
un hilo distintivo de la herencia chicana. Más matriarcal que patriarcal, su perspectiva llega al pasado, hasta su bisabuela, y avanza
hasta Zeze la X. Sin embargo, su juego constante y su engañoso
parloteo infantil subvierten los opresivos puntos de coherencia
y fijeza cultural patriarcales.
Esperanza habita una zona límite poblada por múltiples subjetividades y una pluralidad de lenguas y culturas. Al moverse entre
el inglés y el español su nombre cambia de tamaño (de cuatro
letras a nueve), de significado (de esperanza, a tristeza y espera),
y de sonido (de ser tan cortante como el latón a ser tan suave
como la plata). Habiendo inicialmente aceptado su matrimonio,
su nombre, Esperanza, se rehusa después a tomar el lugar de su
bisabuela, al lado de la ventana. Al concluir su relato, una vez más
desbarajusta las cosas al bautizar a su ser real, invisible, con el
nombre de Zeze la X.
Como su bisabuela, Esperanza es una mujer caballo, pero no la
contraparte femenina del guerrero hombre caballo, el jinete o
el hidalgo. No, ella nació, entre todas las posibilidades, en el año
chino del caballo; en su mundo cultural heterogéneo, lo chino y
lo chicano se entretejen fácilmente. Tanto los chinos como los
mexicanos están de acuerdo, dice, porque ninguna de estas culturas acepta que sus mujeres sean fuertes. Su narrativa camina
como por eslabones de una cadena de asociación libre, y la bisabuela Esperanza sufre una metamorfosis de supuesta cabalgadora, la mujer caballo, a la bestia misma, un caballo salvaje de mujer.

Antecedentes patriarcales y cultura
“auténtica”
La perspectiva chicana de Cisneros se ha acuñado contra narrativas anteriores, pero aún vitales, de autenticidad cultural. Tales narrativas sostienen un ideal de “pureza”, una pureza en la
que la cultura es autónoma, homogénea y coherente. La ética de
Violencia y Cultura

Miró por la ventana toda su
vida, como tantas mujeres asientan su tristeza sobre el codo.
Me pregunto si sacó el mejor
provecho dadas sus circunstancias, o si estaba apesadumbrada
porque no podía ser todo lo
que quería ser. Esperanza, he
heredado su nombre, pero no
quiero heredar su sitio junto a la
ventana.

la “pureza” con frecuencia produce formas culturales duraderas
a partir de un orden patriarcal primordial.
Repasemos una versión épica, medio en broma medio en serio,
de un ritual de llegada a la edad adulta bajo el orden patriarcal
primordial. En esos días de alta solemnidad mimética, se eligió a
un joven para que adquiriera la potencia espiritual y física de una
figura ancestral. Durante un sueño profético, con su atmósfera
de verdad culturalmente innegable, el patriarca fundador pasó
lista de sus sucesores en un linaje dinástico que culminaba con el
joven “elegido” (cf. ROSALDO, 1978). Así, en el pasado mítico, el
joven recibía su patrimonio, su nombre y sus “objetos sagrados”,
que consistían en una espada y escudo majestuosos.
De manera alternativa, repasemos un precedente patriarcal
mucho más ligado al presente, como Pocho (1959) de José Antonio Villarreal. De manera similar a Barrio Boy (1971) de Ernesto
Galarza, esta es una historia
En su visión poética introductoria, la sociedad mexicana del sur de de irse “al norte”. Entre otras
Texas, desde los 1750 hasta después de la invasión anglo-texana de cosas, la novela trata de los didespués de 1848, se representa como un medio pastoril, igualitario y lemas que se presentan entre
patriarcal. Sin embargo, esta versión temprana de la sociedad mexi- la resistencia y la asimilación.
cana del sur de Texas parece demasiado armoniosa como para ser
El personaje principal, Richard
cierta. Aún si fuera cierta, no obstante, su orden patriarcal debiera,
Rubio, parece estar atrapado
después de más de quince años de estudios feministas, ser criticada. en la tensión irresoluble entre
lo que percibe como las tres
maneras disponibles de ser en
el mundo: la del héroe guerrero heredada del pasado irrecuperable, la pérdida absoluta que representa la asimilación, y la corrupción del pachuquismo. La ambigüedad de lo que percibe como su
situación, evita que Richard Rubio se establezca inequívocamente
en una posibilidad única, o que desarrolle su propia visión alternativa.
Richard presenta a su padre, Juan Rubio, como el héroe guerrero del pasado irrecuperable. En una escena paródica, evocadora
de una película mexicana vuelta cliché, Juan entra a una cantina,
elige a una adolescente e insulta deliberadamente a su pareja
para después matarlo a tiros. Cuando los soldados que lo arrestan descubren su identidad de héroe revolucionario, lo llevan con
su general. Al conversar los dos soldados, Juan habla de dignidad,
hombría y honor:
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“Si un hombre ha sido hombre, siempre lo será. Yo sé que lo
seré. Jamás olvidaré lo que creo que está bien. Debe haber un
sentido del honor o el hombre no tendrá dignidad, y sin dignidad, el hombre está incompleto. Siempre seré un hombre”.
“Ojalá”, dijo el General.
“Por el momento”, dijo Juan Rubio, “voy a pastar el ganado
de tu gringo, pero sólo porque prefiero hacer eso que trabajar de peón en el campo. Después de todo, soy un jinete”
(VILLARREAL, 1959: 15).
Al insistir en su identidad de jinete o de hidalgo, Juan Rubio, de
hecho, asume la identidad masculina tan diestramente manejada
por la mujer caballo, Esperanza. Con una dicción que parece una
mala traducción del español, se introduce al mundo de la historia
oficial castellana habitada, por ejemplo, por los españoles épicos
de Américo Castro quienes, por sobre todas las cosas, valoran
su honor y dignidad.Villarreal así proyecta al héroe guerrero Juan
Rubio hacia el pasado irrecuperable. Para Richard, su padre parece representar un estándar de conducta particularmente inalcanzable.
De manera similar, otra obra pionera de fines de los cincuenta,
With His Pistol in His Hand (Con su pistola en la mano) (1958),
crea de manera imaginativa una cultura patriarcal “auténtica”. Su
obra coloca al centro a un héroe guerrero. En su visión poética
introductoria, la sociedad mexicana del sur de Texas, desde los
1750 hasta después de la invasión anglo-texana de después de
1848, se representa como un medio pastoril, igualitario y patriarcal. Sin embargo, esta versión temprana de la sociedad mexicana
del sur de Texas parece demasiado armoniosa como para ser
cierta. Aún si fuera cierta, no obstante, su orden patriarcal debiera, después de más de quince años de estudios feministas, ser
criticada. La noción de un orden patriarcal justo y estable envuelve los conflictos internos y las contradicciones inherentes a las
desigualdades entre los hombres (cf. MONTEJANO, 1987).
Para que no haya confusión, mi propósito al subrayar la calidad
mítica de la poética caracterización que hace Paredes de la sociedad mexicana temprana del sur de Texas, no es menospreciar su
obra. Gregorio Cortez fue una figura crucial de resistencia para
el imaginario mexicano del sur de Texas a lo largo de los años
cincuenta y hasta entrados los sesenta. En ese entonces, la supremacía blanca anglo-tejana era incluso más virulenta de lo que es
Violencia y Cultura

hoy día, y el movimiento chicano aún no hacía su aparición. De
hecho, si fuera a tener un santo patrón para estos menesteres
intelectuales (cosa que no pienso hacer), ése sería Américo Paredes y no, por ejemplo, Fredric Jameson.
Dejando de lado su visión poética de la sociedad del sur de
Texas, Paredes ha desarrollado una concepción sofisticada de la
cultura que toma en cuenta la historia, la política y las relaciones
de desigualdad (cf. ROSALDO, 1985). Ve a la cultura como atada por sus circunstancias en constante cambio e internamente
diversa. Su meta no es totalizadora, sino contextualizante. Más
que delinear un patrón estático, muestra las interconexiones entre cultura, poder e historia. Cuando uno pregunta, por ejemplo, sobre las llamadas etiquetas étnicas de auto-identificación
(mexicano, chicano, etc.), Paredes replica con astucia, no con una
“auto-designación” única, sino con una miríada de nombres.Todo
depende, dice, de quién le habla a quién y bajo qué circunstancias.
¿Se trata de personas íntimas o distantes? ¿Se trata de una relación igualitaria o de una de dominio y subordinación?

El desvanecimiento del héroe guerrero
La transformación del héroe guerrero en otras formas y figuras
de resistencia se ha desarrollado bastante desde fines de los años
cincuenta. Considere, por ejemplo, la representación que Edward
James Olmos hizo de Gregorio Cortez en la versión cinematográfica del libro de Paredes, The Ballad of Gregorio Cortez. Como
sabemos por Zoot Suit y por Miami Vice, Olmos puede interpretar
al extravagante tanto como al tipo rudo y taciturno, pero en la
película interpretó a Cortez como un campesino humilde que de
casualidad estaba en un mal lugar en un mal momento. Su resistencia le fue impuesta debido a una mala traducción. No nació
héroe, se hizo héroe.
De manera similar, el héroe guerrero se ha desvanecido en el
siguiente pasaje del poema reciente de Reyes Cárdenas, Nunca
fui militante chicano:
Jamás disparé
contra una corte federal
como Reies Tijerina
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pero sé
que las frustraciones
no se quedarán
encerradas para siempre.
Nunca fui
un verdadero pachuco
pero entonces vi lo que aún veo hoyque no vamos
a ningún lado,
que todo
está peor
de lo que estaba
en los cuarenta
y los cincuenta.
(1987, 43-44)
Reyes Cárdenas apoya las metas del movimiento chicano,
pero se distancia deliberadamente de su anterior rimbombancia masculina, no del todo moribunda. Ha allanado el terreno para las nuevas figuras y modos de resistencia, aún por
definirse. En lo que sigue, exploraré una política de la cultura
que surge inscrita, entre otros sitios, en la obra de Denise
Chávez, Alberto Ríos y Sandra Cisneros.
El espejo y la danza
En la búsqueda de definiciones frescas de la cultura de la resistencia, tomemos en cuenta no a la novela, sino a su pariente
pobre, el circuito del cuento corto. En un ensayo al respecto,
Mary Louise Pratt (1981) sugiere que la marginalidad formal de
tales circuitos les permite ser arenas de experimentación, de desarrollo de visiones alternativas y de introducción de mujeres
y adolescentes como protagonistas. De este modo, los géneros
marginales son, con frecuencia, el sitio de innovación política y de
creatividad cultural. Ése ha sido el precedente, por ejemplo, en la
obra de Tomás Rivera.
La siguiente argumentación sobre Chávez, Ríos y Cisneros ampliará el paradigma, presentada de manera juguetona pero en serio, ya introducido en la primera fase: el paso de generación en
generación del patrimonio (o, como en los casos siguientes, del
matrimonio) que con frecuencia sucede en estados de ensueño,
y se concretiza en “objetos sagrados” culturalmente apropiados.
Violencia y Cultura

... los géneros marginales son
con frecuencia el sitio de innovación política y de creatividad
cultural.

La segunda fase es el despertar de la sexualidad adolescente, tanto con sus promesas como con sus peligros. ¿Cómo encuentran
las protagonistas maneras de sobrevivir conforme se enfrentan
a un mundo amenazante? La tercera fase reside en el descubrimiento de la elegancia o la potencia que permite a las protagonistas prosperar en mundos peligrosos.
El libro The Last of the Menu Girls (La última de las muchachas
del menú(1)) (1986) de Denise Chávez, consta de siete relatos
que varían mucho en tamaño –de siete a cincuenta y un páginas-.
En uno de ellos, Chávez “cruza al otro lado” de manera experimental al usar dos narradores, una de ellas anglo-americana. A lo
largo de la obra juega con la dicción y la voz de un modo tal que
sus historias se vuelven prácticamente dramas. Sus relatos siguen
a una protagonista central, Rocío Esquibel, quien aparece en el
mundano medio del trabajo como ayudante de enfermería, como
maestra y como escritora.
Matrimonio. El linaje de Rocío Esquibel procede de una matriarca. Cuando se encuentra en
un estado como de sueño, al despertar de una
siesta, ve el rostro de una mujer fuerte, bella y
elocuente:

misma (63).
El linaje retrocede, vía femenina, hasta su abuela. Su matrimonio
(por oposición a patrimonio) no consiste de objetos o nombres,
sino de su propio cuerpo, su carne, alma, poros y posturas. Todo
se hace visible ante el espejo en que Esquibel se mira y encuentra
a su hermana mayor, a su madre y a su abuela.

Sexualidad y peligro. Enfrentada al peligro, la muerte de su tía
abuela Eutilia, Rocío, de trece años, danza su sexualidad adolescente. Mientras la tía abuela Eutilia huele y exuda su muerte,
Rocío responde con baile y canción:

Al bajar los escalones salté ante la conciencia desvanecida
y nebulosa de Eutilia donde remolineé y bailé y canté: soy tu
carne y la carne de mi madre y tú eres… eres…
Eutilia me miró fijo. Me volteé.

Pensé en amar a mujeres. Su belleza y
sus dudas, su dulce y segura claridad. Sus
insondables profundidades, sus carnes y
almas unidas al misterio.

¿Quién era esa mujer?
Yo misma.

Bailé alrededor de la cama de Eutilia. Me abracé
a la puerta con mosquitero, mis senos marcados
en la trama del alambre. En la oscuridad Eutilia
gemía, mi cuerpo húmedo, su cuerpo seco. En
vapores estábamos, y plenas de oración (14-15).

El matrimonio de Rocío provee de una conexión corpórea, sexual, con su tía abuela, cuya muerte amenaza a su persona misma.

Pensé en amar a mujeres. Su belleza y sus dudas, su dulce y
segura claridad. Sus insondables profundidades, sus carnes y
almas unidas al misterio.

Me paré, miré al espejo y pensé en Ronelia, mi hermana mayor, que siempre fue la mujer mayor para mí. Fue ella a quien
seguí por último. Fue su vida la que inspeccioné y absorbí
como propia.

Mi despertar fueron los poros de mi hermana, sus posturas
que fueron mis maestras, su carne, con y sin ropa, y su rostro
que era la imagen misma, como de espejo, de mi rostro al
crecer. Mirarla era ver a mi madre y a mi abuela, y ahora a mí
(1) N. de la T.- Este es el título de la obra traducida al español por Liliana Valenzuela.
El título hace referencia a una joven sin preparación que entrega los menús a los pacientes de un hospital para que escojan sus alimentos. Agradezco a Renato Rosaldo la
búsqueda del título preciso y la aclaración de su significado.

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Gracia. El cuerpo de Rocío, así como su ser, son uno con los de
su madre, su abuela, y la hermana de su abuela. Rocío danza vaporosamente su naciente sexualidad en respuesta al certero peligro de la pérdida devastadora. Más que negarlo o retraerse a la
muerte, Rocío encuentra su ruta con movimientos de remolino y
en el abrazo erótico que deja su marca en la pantalla de la puerta.
Poder pedorro
La reconstrucción de la hombría se tematiza en el grupo de
cuentos cortos de Alberto Ríos, The Iguana Killers. Twelve Stories
of the Heart (Los mata iguanas. Doce relatos del corazón)(1984).
Si Chávez experimenta al introducir a una narradora anglo, Ríos
lo hace en uno de sus cuentos al hacer que su narradora sea
una joven adolescente. Cada cuento tiene un narrador diferente y un elenco de distintos personajes. Esta dispersión narrativa
Violencia y Cultura

Al describir su llegada a la mayoría de edad, Esperanza entreteje su sexualidad, sus caderas que se curvan, con automóviles.Y como un auto, está
pulida y lista para partir (¿a dónde?). Al ser “mala” se mueve hacia las orillas sensuales, amenazantes, del mundo.
contrasta con el “sujeto unificado” que organiza las sagas de los
extravagantes actos masculinos. La colección de cuentos cortos
de Ríos se unifica, más bien, entre otras maneras, por el clásico
relato de ida al norte, desde México, y por una exploración del
despertar sexual adolescente.
Con una longitud que va de diez a veinte páginas, los cuentos
cortos tienen una resonancia de aquellas fábulas cuyos personajes centrales son animales. Sapito o “Frog” es el protagonista del
primer cuento, y Pato o “Duck” es la figura central de otro relato. El reino animal aparece cercano a la superficie en el conjunto
inicial de fábulas, ubicadas en México, y se atenúa conforme la
colección procede.
Matrimonio. De manera similar a como lo hace Esperanza en
el relato de Cisneros, Sapito, que vive en Villahermosa, Tabasco,
sigue su ascendencia hasta una matriarca, su abuela que vive en
Nogales, Arizona. Su vínculo con la matriarca se vuelve ritualmente real a través de la entrega de “objetos sagrados”, no una
espada y escudo reales, sino un par de objetos más paródicos
aunque igualmente fálicos: un bat y una pelota de béisbol. Los
objetos sagrados llegan por correo como regalos del Día de los
Reyes Magos:
Abrió los dos paquetes de Nogales para encontrar una
pelota de béisbol y un bat. Sapito sostuvo ambos regalos y
sonrió, aunque no estaba tan seguro de qué eran. Sapito ni
había nacido en los Estados Unidos ni había ido jamás de
visita, y no tenía idea de lo que era el béisbol. Estaba seguro
de reconocer y admirar la pelota, y sabía para qué servía. Sin
duda podría utilizarla. Pero miró al bat de béisbol y quedó
confundido durante algunos segundos.
Era un palo mata-iguanas. “¡Mira mamá! ¡Un palo para matar iguanas!” Era precioso, un sueño. Era perfecto. Su abuela
siempre sabía qué le gustaría tener (2).
Esta descripción alude burlonamente a sueños rituales más elevados durante los que las personas, en una atmósfera de verdad
culturalmente innegable, reciben su sagrado patrimonio.
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Un poco después de que Sapito recibiera los objetos sagrados
de la matriarca, se involucra en el remedo de decapitación de
un patriarca. Sapito y sus amigos encuentran una caguama, una
tortuga de mar gigante, que el narrador describe de la siguiente
manera: “La caguama parecía enorme cuando los chicos la jalaban, luchando con fuerza desde el agua, pero sólo medía como
un metro cuando finalmente respiraron y la vieron. Sin embargo,
estuvieron de acuerdo, esta caguama estaba muy gorda. Seguramente ya era abuelo” (9). Un poco después, un hombre le corta
la cabeza. Hasta ahí llegó el patriarca.
Sexualidad y peligro. La historia del despertar sexual cruza las
posibilidades adolescentes. En un extremo, los chicos preadolescentes no pueden imaginar tener que vérselas con chicas. Cuando Joey, por ejemplo, oye hablar de relaciones sexuales, sabe que
no puede ser verdad porque no se siente bien: “Es más o menos
como la escuela. Justo como la escuela” (35). En otro ejemplo,
Ríos experimenta al hacer que una niña sea su narradora-protagonista, una pequeña que lleva un romance con un chico desconocido recibiendo y enviando notas atadas a una vaca. En este relato pastoril, tiernamente paródico, las vacas huelen mal: “Como
cuando hueles un zorrillo –de seguro sabes que estás vivo” (61).
Para los protagonistas adolescentes de Ríos, los peligros para sus
personas sexuales emergentes se hacen evidentes más a través
de elaborados actos de supresión, que a través de habilidosos
momentos de expresión explícita.
Potencia. La potencia de la floreciente sexualidad de los protagonistas surge del cuerpo. Es “bio-poder”. Sapito tiene ojos
abultados. Pato es gordo y sudoroso: apesta. Tonio resume estas
potencias corporales en sus pedos:
Fue un buen almuerzo. Debe haber sido, porque explotó.
Fuerte. “¿Otro pedo?” gritó su padre desde la sala. “Al menos
salte de la cocina, Tonio, ¡por favor!” No lo estaba pidiendo
de buen modo, pero a Tonio no le importó.Ya no, no cuando
finalmente se dio cuenta. Este pedorrearse significaba poder,
“poder pedorro” le llamaba Jaime, su hermano, y era algo que
valía la pena hacer (85).
Violencia y Cultura

El poder deja a Tonio sintiéndose apenado, pero le da algo que
ningún otro chico del rumbo tiene: una habitación propia. Lo
protege de ciertos peligros.
Sexualidad, peligro, elegancia
En The House on Mango Street, de Sandra Cisneros, uno no encuentra mudanzas “desde México, rumbo al norte”, nada como la
trama de obras tales como Barrio Boy de Ernesto Galarza (1971).
En lugar de ello, las protagonistas permanecen en un vecindario
de Chicago, que cambia en torno a ella conforme madura. La colección de cuentos cortos de Sandra Cisneros contiene cuarenta
y cinco relatos que van de una a cinco páginas de extensión.
Matrimonio. “Mi nombre”, el cuento con el que empieza este
ensayo, versa sobre la recepción y juguetona redefinición del matrimonio –por oposición a patrimonio- de Esperanza como mujer-caballo, pero no como una mujer que ve por la ventana toda
su vida. Incluso jugueteó con su nombre, su sonido y significado
en inglés y en español, hasta que se bautizó a sí misma, “Zeze la
X”. Esperanza se hizo a sí misma, con imaginación y capricho, a
partir de una tradición viviente, cambiante.
Sexualidad y peligro. Si Chávez escribió casi dramas, los relatos
de The House on Mango Street son casi poemas. Su juego en torno
a temas de sexualidad y peligro sucede al interior del parloteo
de una dicción precisa e “infantil” que con frecuencia imita canciones de cuna:
Del otro lado de la calle frente a la taberna un vagabundo
contra el poste.
¿Te gustan estos zapatos?
El vagabundo dice, Sí, pequeña. Tus zapatitos de limón son
tan lindos. Pero acércate. No veo bien. Acércate. Por favor.
Eres una niña bonita, prosigue el vagabundo. ¿Cómo te llamas nena bonita?
Y Rachel dice Rachel, así nada más.
Y ya sabes que hablar con borrachos es una locura y decirles tu nombre es peor, pero cómo culparla. Es chiquita y
está mareada de oír tantas cosas bonitas en un día, incluso
cuando son las palabras de whiskey de un vagabundo las que
se escuchan.
60 - 61

Rachel, eres más bonita que un taxi color amarillo. Ya lo
sabes (39).
Los ecos de “Caperucita roja” se hacen evidentes cuando el
vagabundo le pide que se acerque, virtualmente diciendo, “para
verte mejor”. Su presencia amenazadora hace eco de las advertencias vueltas cliché de los padres a sus hijos:“No recibas dulces
de gente extraña”. En lugar de dulces, el vagabundo ofrece palabras de sacarina y la llama nena bonita con zapatos lindos. Pasado
un tiempo le ofrece un dólar por un beso.
La protagonista Esperanza cuenta la historia de su despertar
sexual, un proceso sensual y peligroso a la vez. “Caderas” empieza así: “Un día te levantas y ahí están (tus caderas). Listas y en
espera como un Buick nuevo con las llaves en el encendido. Listas
para llevarte ¿a dónde?” (47). En un relato posterior, Esperanza
revienta: “Todo contiene su aliento en mi interior. Todo espera
estallar como las navidades. Quiero estar nuevecita y brillante.
Quiero quedarme largo afuera, en la noche, mala, un joven rodeándome el cuello y el aire bajo mis faldas” (70). Al describir su
llegada a la mayoría de edad, Esperanza entreteje su sexualidad,
sus caderas que se curvan, con automóviles.Y como un auto, está
pulida y lista para partir (¿a dónde?). Al ser “mala” se mueve hacia
las orillas sensuales, amenazantes, del mundo.
En esta articulación entre deseo y peligro, Esperanza hace frente a las amenazas al avanzar con elegancia. Si su sexualidad se
asemeja a un auto nuevo, sus zapatos y su baile representan su
elegancia: “Y mi tío me hace girar y mis brazos flacos se doblan
como me enseñó y mi madre mira y mis primitos ven al chico
que es mi primo de primera comunión mirando y todo mundo
dice, guau, quiénes son esos dos que bailan como en las película,
hasta que me olvido de que llevo sólo los zapatos comunes y corrientes, cafés y blancos, como los que mi madre compra para la
escuela cada año” (46). Las amenazas que combate con su gracia
implican violencia masculina la mayoría de las veces, y esfuerzos
tanto literales como figurativos por confinar y subordinar a las
mujeres.

Rehacer las culturas de la resistencia
Las colecciones de cuentos cortos de Chávez, Ríos y Cisneros
han abierto panoramas frescos en aquello que Américo Paredes
Violencia y Cultura

vio de manera tan clara como los reinos inextricablemente entremezclados de la cultura y la política. Lo que la cultura pierde en términos de coherencia y “pureza”, lo gana en alcance y
compromiso. La política de la cultura que se encuentra en estas
colecciones recientes de cuentos cortos se mueve hacia el territorio de las fronteras, espacios que incluyen, sin dificultad, a
africanos, estadounidenses, anglos, escuelas, lugares de trabajo, y
a vecindarios heterogéneos que cambian.
Las y los protagonistas de Chávez, Ríos y Cisneros viven con
gracia, de su ingenio, improvisando. Sus mundos están cargados
de lo impredecible y de peligros, pero sus figuras centrales tienen
enormes capacidades de respuesta ante lo inesperado. La muerte
es ocasión de un baile erótico, un bat de béisbol se vuelve un
palo mata-iguanas, y un nombre se contorsiona hasta llegar al
final de su alfabeto, “Zeze la X”. Con el tiempo, sin duda, las y los
protagonistas de tales relatos crecerán y mudarán sus despertares sexuales adolescentes hacia mundos adultos con sus tramas
de formas duraderas de intimidad, amistad y antagonismo, en los
que las relaciones sexuales son tanto heterosexuales como homosexuales.

Infante-Promoción Integral de la Mujer y la Infancia desde sus orígenes ha basado su accionar y su dimensión financiera en la captación de recursos mediante la figura de la cooperación externa. Estos recursos
financieros han permitido sostener toda la actividad de la institución con una orientación de corto y mediano plazo.
Los cambios de tendencia en el apoyo de la cooperación externa, debido a la situación de crisis económica
mundial como al cambio de las prioridades geográficas de la cooperación, contribuyen también a un replanteamiento sustancial del modelo de captación de fondos de Infante-Promoción Integral de la Mujer y
la Infancia. De esta forma, vemos necesario transitar desde un modelo económico de captación de fondos
basado prioritariamente en la cooperación externa a otro de captación de fondos desde el involucramiento
de las empresas y de personas particulares, por un lado, y desde la oferta de servicios, por otro, en el marco
de las capacidades institucionales, donde la capacidad de ejecución, con calidad, coherencia y profesionalidad, marque la dimensión óptima de la estructura financiera que puede gestionarse adecuadamente.
Infante-Promoción Integral de la Mujer y la Infancia viene diversificando las fuentes de ingresos con que se
financian las actuaciones, reduciendo al máximo su vulnerabilidad ante cambios del entorno.
En este sentido, Relaciones Públicas es el Programa que se encarga de las acciones estratégicas de la institución con la finalidad de lograr sostenibilidad financiera para los diferentes programas con los que contamos.
Para ello, se han diseñado diferentes estrategias que involucran a distintos públicos, como empresas del
medio y personas particulares, a quienes se les informa de nuestra labor, se busca su apoyo y fidelización en
acciones presentes y futuras sumándose, de esta manera, en una lucha conjunta contra la violencia hacia la
niñez y la mujer.

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Mujer & Ciencia

COMUNIDAD MONTESSORI
Una educación para niñ@s sin que dejen de ser niñ@s

EGES
ESCUELA DE GENERACIÓN DE SABERES

www.infante.com.bo
secretaria@infante.com.bo
Infante - Promoción Integral de la Mujer y la Infancia