HABILIDADES DE TIERRA Las habilidades de la tierra permiten que podamos resolver nuestras necesidades básicas, y esto es imprescindible si tenemos

pensado vivir fuera de la civilización industrial. El desarrollo y la práctica de estas habilidades son predominantes en la vida de aquellos que viven en culturas pre-civilizadas. En nuestra búsqueda para desarrollar estas habilidades, tenemos que admitir que somos como niños. En lugar de adquirir conocimientos esenciales para poder vivir, tales como confeccionar herramientas a partir de materiales de la tierra, hacer ropas, identificar y preparar plantas para alimento o uso medicinal, nuestra educación nos ha convertido en seres débiles, participantes útiles del sistema capitalista global, alejándonos de nuestros deseos, haciéndonos dependientes de la tecnología industrial, devoradora de tierras y esclavizadora de animales, cuya maquinaria destruye a las culturas indígenas. Lo que continúa es una descripción sobre algunas habilidades de la tierra, básicas para un confort razonable en nuestra supervivencia fuera de la civilización. En cada descripción ofrecemos razones para desarrollar estas habilidades en un contexto anticivilización, ejemplos de como vienen sido practicadas por quienes están intentando escapar de la civilización o resalvajizarse. Vivienda No importa de qué material esté construida una casa contemporánea, siempre será ecológicamente explotadora. El comercio de la madera necesita talar árboles a nivel industrial; el hormigón necesita absurdos almacenes de combustible para calentar la cal y extraer piedra y arena; el aluminio utiliza cantidades masivas de energía que provienen de plantas nucleares, minas de carbón e hidroeléctricas. Los modernos materiales de construcción no sólo contribuyen a la extracción de recursos, sino también a la degradación de la salud humana debido a la contaminación del aire que respiramos. En oposición a la preocupante fabricación de materiales industriales, crear estructuras por y para

nosotros mismos, con materiales que recolectamos, nos posibilita envolvernos con la naturaleza. Muchos pueblos han creado incontables variedades de refugios durante la historia y la “prehistoria” con materiales de la tierra. La forma de las viviendas varía dependiendo del grado de nomadismo de cada comunidad, el clima en el que se encuentran y los materiales que son hallados con mayor facilidad a los alrededores. Estas estructuras toman forma de carpas, cabañas, hamacas, cuevas o tipis, y son confeccionadas con pieles, troncos de madera, hilos de lana, paja, arcilla, arena, ramas, hojas de palmeras, etc. Las formas que adquieren los ambientes en los que convivimos influencian nuestra psicología y, muchas de estas viviendas, nos envuelven con curvas en lugar de ángulos estridentes. Algunos consideran que estos ambientes inspiran un modo de pensar diferente. Actualmente existen muchas personas integrando algunos aspectos de las diversas habitaciones tradicionales para crear sus propios métodos. Al construir tu propia vivienda, considera los factores que acompañaron las antiguas tradiciones: la facilidad para recolectar materiales, la capacidad de transportabilidad, y la conveniencia de actividades y creaciones según los climas y necesidades de cada estación. Alimentación Los alimentos modernos no tienen vida. Inyectados con saborizantes artificiales y grasas cancerígenas, contribuyen a las innumerables enfermedades modernas. Incluso contienen lo que los nutricionistas suelen nombrar como “anti-nutrientes”: aceite hidrogenado, carbonatación y azúcar refinada. Los procesos de refinamiento utilizados en productos elaborados a partir de cereales eliminan la mayoría de las fibras y nutrientes que provienen de las cáscaras, y convierten a los carbohidratos en simples endulzantes. La misma ciencia moderna afirma que estos sencillos carbohidratos afectan el nivel de azúcar en la sangre de modo dramático, agotando la producción de insulina en el páncreas. Los cereales integrales afectan

los niveles de azúcar en la sangre de un modo mucho menor y son ricos en nutrientes esenciales como la vitamina E; pero son difíciles de digerir en grandes cantidades y requieren de complejos sistemas de cosecha, procesamiento y transporte. El valor calórico del combustible que se gasta en cultivar el trigo para producir y transportar un solo pan, necesita más que el doble de las calorías con las que este cuenta. La alimentación basada en cereales fue desconocida por la especie humana hasta el surgimiento de la agricultura. Los cereales silvestres fueron importantes para una parte pequeña de la dieta en la Edad de Piedra, y en la actualidad son alimentos altamente domesticados. Los productos derivados de la soya, que forman parte de la dieta vegetariana, son totalmente dependientes de procesos industriales. Debe ocuparse una gran cantidad de tierra para cultivar soya, obtener tofu, y todo lo necesario para mantener un cuerpo vegan hambriento de proteínas. Mientras tanto, la carne salvaje puede obtenerse en la propia naturaleza y no en supermercados ni granjas domesticadoras. Muchos de nosotros hemos adoptado y disfrutamos de la alimentación vegetariana pero deberíamos desafiarnos, cuestionando las relaciones ecológicas y sociales de un sistema alimentario dependiente de la agricultura y la industria comercial. Una manera importante de independizarnos de las instituciones que promueven la agricultura puede ser familiarizarnos con alimentos no domesticados, que no dependen del sistema agrícola industrial. Los seres humanos que pudieron ser alimentados sin la intervención de la agricultura por millones de años son nuestro mejor ejemplo, y su óptima salud es una evidencia de que su modelo de dieta básica puede ser útil para nosotros en el presente. Los estudios antropológicos sobre dietas primitivas han confirmado lo que puede ser instintivamente cierto para muchos de nosotros: que la ausencia de obesidad debido a la pureza de las fuentes de carne, y el contenido de nutrientes superior a los que las plantas silvestres poseen, ayudaron a la especie humana a mantener una excelente y vigorosa salud durante el 99% de la existencia de la especie humana. Es sólo en los últimos 10 000 años que las plantas y los animales domesticados, por razones desconocidas,

han sido insertados en la alimentación de algunas de las culturas humanas. Las dietas primitivas que han sido estudiadas en la actualidad han demostrado mayor nivel de nutrientes, como el calcio, que las dietas modernas, sin el uso de cualquier producto lácteo. La abundancia de verduras y hojas verdes en las dietas primitivas suplementan los niveles necesarios de calcio y otros innumerables minerales; y, debido a la ausencia de procesos de refinamiento y “anti-nutrientes” como el azúcar, la cafeína y la carbonatación, tales vitaminas son absorbidas por el cuerpo, a diferencia de las dietas occidentales modernas. Del mismo modo, las culturas nativas de América del Norte, donde las proteínas de animales silvestres constituyen gran parte de la alimentación, no han demostrado problemas relacionados a la salud arterial o enfermedades del corazón, que son comúnmente asociadas con la grasa animal del mundo moderno. Se ha teorizado demasiado sobre los problemas sociales que surgieron debido a la abundancia del almacenamiento de comida utilizados por las primeras culturas agrícolas: la excesiva cantidad de grasas consumida por mujeres agricultoras de comunidades sedentarias ha sido relacionado como una de las causas principales de la sobrepoblación debido a la híperfertilidad, mientras que el activo estilo de vida de los cazadores recolectores es comúnmente comprendido como la clave para un buen estado de salud física. Un libro excelente sobre este tema es “La Prescripción Paleolítica”, aunque el título suene ridículo. www.paleodiet.org es también un buen recurso. Agua En la sociedad industrial, al agua se le impide realizar una importante actividad en el ecosistema. Luego de ser clorada, fluorada, y totalmente dañada, es utilizada para enfriar reactores nucleares y regar campos de golf, cultivos con fertilizantes y herbicidas altamente tóxicos. La pureza del agua, que todos los seres vivos necesitamos, está en peligro porque la salud de un ecosistema determina, y es

determinado, por ella. La salud de los ecosistemas con los que nos relacionamos es determinada por lo que ocurre río arriba o, tal vez, por la lluvia ácida generada por el aire contaminado. El recorrido del agua nos conecta con nuestros vecinos y amigos. Se podría decir que muchas culturas primitivas se han interesado en el curso del agua. La atención que tuvieron fue bastante práctica, porque sus vidas dependían del agua. Fuera del sistema industrial podemos comprender las complejidades necesarias para transportar el agua o hacer de ella un líquido seguro para el consumo diario. Se emplean tuberías de plástico que contienen sustancias que imitan el estrógeno, con el riesgo de causar desórdenes hormonales. Si alguien piensa abandonar por completo los materiales de origen industrial, debe tener en cuenta la enorme cantidad de sacos de cuero utilizados actualmente para transportar agua e irrigar los cultivos. Esta comprensión también puede generar un cuestionamiento sobre la necesidad, o no, de una agricultura dependiente de irrigación. Las plantas silvestres, los peces y otros animales son encontrados a los alrededores del agua, porque ella es necesaria para sus vidas. Por lo que, en términos de autonomía, el curso del agua no es solamente una fuente de agua, sino también un alimento natural. Los ríos no son sólo fuentes para beber, también albergan abundante comida silvestre. En nuestra experimentación con lo salvaje, o nuestra integración en un ambiente silvestre, podemos empezar comprendiendo el fluir del agua a través de nuestra alimentación y el paisaje. Contenedores Los contenedores son esenciales para mantener tus cosas junto a ti y hacer más fácil la recolección de alimentos. Los tapers, las bolsas de plástico, e incluso las bolsas de papel, son producidos industrialmente y significan llenar nuestras vidas con desperdicios. Estos productos invaden nuestro organismo a través del aire y el agua, causando previamente trastornos desconocidos para los sistemas inmunológicos y endocrinos.

Las bolsas de plástico han sido introducidas recientemente a nuestro medio. Hasta hace muy poco tiempo los materiales usados como recipientes de poca duración estaban hechos de vegetales (actualmente, tamales y deliciosas comidas son envueltas y transportadas en hojas de maíz o de plátano), y posteriormente propiciaban una óptima composta. Los contenedores artesanales hechos a mano no requieren de tecnología o especialización. La propia naturaleza de sus formas nos conecta con el resto de la red de la vida. En un contexto salvaje, los contenedores suelen tener características sencillas para ser transportados sin dificultad; sin embargo, en épocas de sedentarismo han llegado a ser más elaborados o decorativos. Estos recipientes pueden tomar forma de jarros u ollas hechos con materiales animales, vegetales, como las calabazas, o con arcilla. La piel de animal y los tejidos de las plantas son usados para crear carteras y bolsas. Las canastas pueden ser elaboradas con de hojas de pino, paja, parra o kudzu, unidas con otras fibras vegetales como la corteza de árboles, como los abedules, o sus ramas. Para las personas que conviven en armonía con la tierra y un entorno de abundancia, la variedad de materiales que pueden encontrar ofrece ilimitadas posibilidades para desarrollar autonomía y creatividad. La comodidad que ofrece la vida moderna ha convencido a nuestra especie a consumir productos industriales para adaptarse a su complejo ritmo industrial. El ritmo de vida necesario para sentarse a hacer canastas o mochilas puede crear oportunidades para generar una mayor conciencia de nuestro entorno y apoyar los lazos comunitarios. Podemos adquirir un poco de tal ritmo, en nuestras vidas cotidianas, practicando la agradable y útil habilidad artesanal de confeccionar nuestros recipientes. Fuego Es prácticamente imposible hablar sobre recolección de comida y vivir de modo salvaje sin haber mencionado el fuego. El fuego es muy

importante en la vida de todos; tanto en la vida primitiva, o salvaje, como en la hiperestéril prisión moderna de la civilización industrial. En esta última, el fuego es presentado como un producto garantizado, mientras que en nuestra práctica salvaje, es valorado en una relación mucho más íntima. Siempre hemos prendido el fuego para cocinar nuestra comida, para calentar nuestros cuerpos, para crear herramientas y, quizás lo más importante, para que al final del día podamos, reunidos a su alrededor, narrar historias, bailar y cantar. En las sociedades civilizadas, el calor que emana de las relaciones de una comunidad saludable y amorosa es reemplazado por el lavado de cerebro, y la destrucción de la mente, a través de los rayos luz provenientes de televisores y computadoras. El fuego es una impresionante fuerza que se relaciona en la naturaleza, y la manera en como nos beneficiamos de él también juega una importante función ecológica. Los incendios forestales provocados por la naturaleza han provisto un elemento de limpieza sin el cual sería imposible la sucesión natural de efectos de un ecosistema. Su supresión en la sociedad moderna ha dado lugar a una disminución en la diversidad de especies y un retraso en el desarrollo de la salud de los ecosistemas, por no hablar de una posible acumulación de material inflamable que es el combustible de catastróficos incendios que vemos hoy. La vida de este planeta no podría existir sin la nutrición y alimentación de una gran bola de fuego: el sol. Aunque el cuerpo humano es capaz de digerir y procesar una dieta completamente cruda, todos los cazadores-recolectores que siguen viviendo en la actualidad utilizan fuego para cocinar, al menos, algunos de sus alimentos, especialmente en climas fríos. Cocinar hace que nuevas fuentes de alimentación sean disponibles. Algunos alimentos crudos no son comestibles y, muchas veces, es biológicamente necesario cocinarlos debido a los cambios del clima o en épocas de pocos alimentos. Obtener fuego en la naturaleza sin utilizar herramientas industrializadas, como los fósforos, es un gran paso para aprender a

vivir salvajemente. Afortunadamente, existen muchos métodos para producir fuego a través de la fricción y el contacto. Frotar una madera contra otra, produce calor, y eventualmente una brasa comienza a brillar para que, a continuación, se encienda un grupo de leña seca. Estos métodos pueden parecer dificultosos, pero con práctica y paciencia pueden ser aprendidos y desempeñados con facilidad. Un aspecto interesante es que no todos los cazadores-recolectores saben hacer fuego a través de la fricción. Por ejemplo, los Pigmeos en África llevan a todo lugar un brasa ardiente rodeada de un conjunto de palos y pastos secos. No se puede afirmar si saben cómo hacer fuego por fricción. Sin embargo, ellos viven en un clima tropical, y si alguna vez pierden el fuego, su supervivencia no depende de ello. A través de la historia, las personas y el fuego han vivido armoniosa y simbióticamente. A donde sea que hayamos ido, hemos llevado fuego. Por cientos de miles de años fuimos aprovechando y alimentando su poder y, en respuesta, el fuego nos alimentó y dio calor. Ahora que la tierra está siendo cubierta por la civilización, los aspectos purificadores del fuego no deben ser olvidados. Vestimenta La manera de vestirse y adornarse de las personas revela sus tradiciones culturales, lo que piensan que es bello, y a qué dedican su tiempo, es decir, quiénes son. Dentro de la economía global, nuestra forma más visible de expresión personal es controlada por diseñadores especialistas y manufacturada en condiciones laborales extremadamente crueles. Los materiales con los que es cosida la ropa contemporánea provienen de una variedad de recursos y fuentes perjudiciales. El algodón tejido aún se encuentra empapado de pesticidas y defoliantes inherentes en la escala del monocultivo; la lana, seda, cuero y pieles están, inexorablemente, relacionadas a la crueldad y los desperdicios de la industria agrícola; los hilados sintéticos son extraídos del petróleo proveniente del interior de la Tierra.

La vestimenta primitiva es práctica y, por lo general, no vegana. Las pieles de los animales, con los pellejos para contener el calor, la flexibilidad y la transpiración, constituyen la base de la vestimenta primitiva. El proceso de suavizado de pieles para que sean flexibles, y no rígidas, es conocido como curtido. Con las pieles curtidas se hacen cordeles, hilos para costuras de ropa, pasadores, ropa interior, camisas, faldas, vestidos, mocasines, bolsos, joyas, y mucho más. El uso de partes de animales en la vestimenta, o como adorno, no es impedido por el curtido de pieles. Las pieles de cerdo no curtidas son usadas para hacer cordones; la dentadura, los huesos y las garras de muchos animales son utilizados en botones, collares, piercings, punzones de coser y otros instrumentos. El pelo, la lana y las pieles de animales como las llamas, cabras y ovejas son usados por los pueblos nómades para hacer mantas y vestimentas. Los materiales vegetales también han sido usados tradicionalmente para hacer bolas y botones, sombreros, zapatos, faldas de hierbas, y ropa de fibra de yuca. Volver a la vida salvaje significa tomar responsabilidad de nuestras necesidades. La confección de ropa y adornos sin la utilización de materiales industriales puede permitirnos expresar nuestras relaciones íntimas con las plantas y con los otros animales. Herramientas Muchos se preguntan “¿Cuál es la diferencia entre una herramienta (primitiva) y la tecnología?”. Ambas surgen para facilitar las tareas, o para ejecutarlas más rápido. Una forma de comprender la diferencia es preguntarse si esta herramienta puede ser hallada fácilmente, o elaborada a mano, sin el uso de procesos industriales o productos que requieran de extracción de “recursos” de la tierra. ¿Puede ser producida sin recurrir a más extracción o al conocimiento de una élite que sostiene los “derechos de propiedad intelectual” sobre el resto de nosotros? ¿Puede ser abandonada cuando ya no se necesite y, luego, retomada en alguna otra parte? Las herramientas simples hechas con huesos, madera, fibras vegetales y minerales son utilizadas para realizar una actividad y la armonía

propiciada por el “tomar y devolver” no perjudican el ecosistema. La sustancia usada no es convertida en compuesto biocida o en algo capaz de detener los poderes regenerativos de las formas de vida. Algunos ejemplos de herramientas primitivas son los cuchillos, los arcos, las flechas, piedras trituradoras, palos de excavación y recolección, lanzas, escobas, cordeles, tazones, tazas, redes y trampas. Los bordes afilados son esenciales para hacer herramientas y son extraídos de piedras como la obsidiana o el sílex y usados para cortar pieles y cordeles o para hacer cuchillos. Esta ancestral habilidad de la tierra puede hacer más fácil la vida sin el uso de tecnología. Podemos utilizar materiales silvestres para facilitar el hallazgo del sílex y la obsidiana. Con la tecnología, los fines a menudo justifican los medios. Los fines suelen ser excesivas ganancias financieras para un pequeño grupo de personas. Las consecuencias de la actividad industrial, con frecuencia, son escondidas de nuestro conocimiento o desplazadas a lejanas poblaciones que ni siquiera necesitan de productos industriales. Mientras más dependemos del sistema tecnológico, menos capaces de desarrollarnos somos y más alienamos las fuentes de vida. Perdemos conciencia de nuestras limitaciones ecológicas, reducimos a la red de la vida como un producto que debe ser usado y controlado, en lugar de comprenderla y respetar nuestras relaciones dentro de ella. El antropocentrismo nos ha aislado de la vida: nos ha hecho perder nuestra identidad ecológica. Somos como máquinas. La convivencia de nuestra especie no ha necesitado de tecnología industrial y se ha desarrollado óptimamente durante el 90% de nuestra existencia. Esto demuestra que la humanidad necesita comprender la importancia de los ciclos de la tierra y el resto de especies. Sin embargo, la mayoría de nosotros, en el mundo moderno, parecemos preferir la velocidad y la complejidad antes que la simplicidad y el ritmo humano. La comodidad que ofrece la sociedad moderna no es necesaria en un mundo cuya existencia es mucho más sencilla. Es sólo cuestión de rechazar el camino del “progreso” y que tengamos la voluntad de vivir, nuevamente, como miembros de la red de la vida. Juego

El juego es predominante en todas las partes del mundo animal. Perros, mapaches, delfines, mariposas, lobeznos y humanos juegan, se divierten. La civilización ha desvirtuado el juego. En lugar de participar activamente en la creación de nuestra propia alegría, nos hemos convertido en espectadores que acuden a estadios y centros de diversión pagada o se duermen sentados frente a televisores, computadores y video-juegos. El entretenimiento y la distracción han sido extraídos de la simulación de actividades que han sido relegadas a la función de los profesionales. El imperio ha eliminado los ingredientes básicos del juego, el contacto físico y exploración, y los ha reemplazado por la tecnología y el espectáculo. A lo largo del tiempo, las personas han hecho música, bailado y participado en juegos físicos e intelectuales. La variedad de materiales que podemos usar para divertirnos es interminable: las pelotas pueden ser hechas de cuero; los tambores, de pieles y troncos; las flautas, de cañas; la pintura para el cuerpo, de plantas y minerales; y los simples juegos de mesa se pueden jugar con los guijarros en la tierra. Retornar a lo salvaje significa encontrar placer en todos los aspectos de nuestra vida. Significa participar en la creación de nuestros propios juegos, bromas cotidianas, improvisaciones de mimo con caras pintadas o usar pieles, ramas y cuernos para disfrazarnos de animales y acudir a celebraciones que honran lo salvaje en nosotros y en el mundo que nos rodea.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful