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Días después de Sol Negro

No hay manera de contar lo que me he propuesto escribir más que atenerme a los hechos. El 6
y 7 de agosto de 2055 fuimos testigos de la manera en que el hombre trascendió los límites del
horror. Las guerras, los atentados, nada se compara con lo que vimos. Ese día, la lucha sentó
una de sus facetas más oscuras que cicatrizará la memoria de toda la humanidad de una forma
nunca antes vista. Eran las 8:15 cuando el destello apareció. Eran las 8:15 cuando mi madre
preparaba el desayuno. Eran las 8:15 cuando mi pequeña hermana se preparaba para la
escuela. Eran las 8:15 cuando se desató con furia la fuerza de los hombres y consumió los
cimientos de todo lo que conocía, licuando y carbonizando a más de 166.000 personas en el
acto. Congelando en un infierno de fuego nuestros ojos, nuestras familia, nuestra vida. La
guerra se extendió a todo el mundo, ya casi no queda nada.

Días después de Sol Negro
La fuerza de la Alianza fue quién dio la orden para que se atacaran las ciudades de la
República, El antiguo Estados Unidos, líder de la Alianza puso fin a la guerra cobrando millones
de vidas. Yo no estaba en la ciudad ese día. Mi hija sí. Mary estaba preparándose para la
escuela, mi madre tenía que estar con ella. Afuera de nuestra casa ya no queda nada. No hay
cimientos, ni el pino que sembramos para el séptimo cumpleaños de Mary. Dicen que la
explosión fue de 2.000°C, que dejó las marcas calcinadas de hombres, mujeres y niños en las
paredes, igual a una mancha negra. Manchas negras de niños por las calles, por las rejas. A
veces miro el piso de lo que fue mi casa. Busco la silueta de un fantasma, pero no veo nada. La
Sombra nuclear. No hay nada para mí aquí, o para el resto de las personas que volvió. Pero no
hay a donde ir, la guerra no terminó, fue recién el comienzo.

Días después de Sol Negro
Viví toda mi vida en el centro, junto al metro y a los supermercados. Mi padre trabajaba por la
noche y mi madre por las mañanas. Nunca estaba solo. Yo estaba a las afueras de la ciudad
ese día. Teníamos campeonato de softball en la escuela al día siguiente. Entrenamos toda
algunos trucos que Marcos insistió en enseñarme. Su casa está rodeada de árboles en un
radio de 120 kilómetros a la redonda. Enormes árboles, inmensos, todos en llamas rojas y
amarillas. Yo no iba caminando junto a él, como siempre hacia. Unos metros más atrás se me
habían caído mis zapatillas. Marcos corrió para ganar una carrera imaginaria, yo reí… Fueron
10 segundos, quizás menos. Marcos ya no estaba. Los árboles ardían y un enorme hongo gris
se alzaba por encima de los árboles.
La mitad de mi rostro se perdió ese día. No sé cómo me moví ese día. El 80% de las personas
terminaron como Marcos. Incinerados hasta el punto de la carbonización súbita. Borrados de la
faz de la tierra. Todos juntos. Ahora siempre estoy solo.
Días después de Sol Negro

nadie en la historia puede decir que presenció el infierno. nadie tuvo tiempo de enterrar su cadáver. Aquellos que apenas pudieron sobrevivir -con los ojos quemados y la piel calcinada y ulcerada. los médicos que prestamos nuestros servicios no podíamos más del asombro. pero no podía pararlo. “Tienes que estar lista”. Escuché las descripciones de lo que había pasado antes de llegar. pero sus pieles se pudrían al contacto con la aguja. Vomité y caí docenas de veces por el asombro.Llegué a las afueras de la ciudad como voluntaria. Y creí estarlo. las maquinas se apagaban. algunas leves. secuela de tan sólo caminar por los escombros. Habían pasado unos 13 días desde el estallido. Ahora. La gente venía arrastrándose por quemaduras. Sin razón aparente. día tras día. Ni una sola nube amortiguaba los rayos del sol de ese día de agosto. ¡ Los curamos a todos! ¡A todos los que vinieron! Pero iban cayendo uno tras otro de formas misteriosas e inexplicables. Nadie más que nosotros. Todo fue en vano. brillando inmisericorde en ese treceavo día después del estallido. siendo diagnosticado con cáncer terminal de duodeno. Días después de Sol Negro Tenía 33 años cuando me enviaron como fotógrafo oficial a la ciudad Negra. leucemia.¡Incluso los más sanos!. El ejército y los Gobiernos de la República deseaban información icónica que respaldara sus sospechas. malformaciones. Allí. decían… ¿Pero qué? Y entonces el Cáncer apareció. otras gravísimas.deambulaban apoyándose en palos para poder sostenerse esperando ayuda. caía enfermo de forma súbita. Todos estamos cayendo. el primer atentado antes de que la guerra se esparciera. Di gracias no ser uno de ellos. cataratas. dijeron. Los hombres y mujeres se licuaban por dentro y morían. cadáveres y pequeñas llamas aún encendidas y tomé todas las fotos que pude. Hasta que la guerra estalló en todas partes. con apenas 33 años de edad. no había nada que pudiese ser descrito. cientos de tipos distintos. Era en verdad el infierno en la tierra. Les inyectábamos vitaminas. Ningún médico había visto nada igual. Podía verlo. el mundo entero es un infierno. Me enviaron a mí. “¡Algo acaba con los Glóbulos blancos!”. pero por alguna razón los satélites no funcionaban. como conejillo de indias. rodeado de escombros. . El 18 de noviembre falleció. Aún enfermo veo por la televisión como el mundo se desmorona. Caminé durante horas.comenzaban a deteriorarse. El 26 de agosto. Pero con cada día que pasaba el horror no hacía más que cobrar nuevas formas.

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