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País

domingo 17 de abril del 2016

Una mirada dentro del Vraem

Un río de hojas de coca se expone al sol para su secado en las calles del distrito ayacuchano de Llochegua. En esta zona, se ubican varios de los mayores laboratorios de clorhidrato de cocaína en el Vraem.

Viaje al centro de la guerra

Conflicto ● Vizcatán del Ene y Llochegua son dos de los distritos más convulsos en la selva del valle de los ríos
Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) ● Aquí la presencia del terrorismo y el narcotráfico es parte del paisaje cotidiano.
Ricardo León
Dante Piaggio

Enviados especiales

Ene
Río

JUNÍN

Vizcatán
del Ene
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Llochegua
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Río

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—Los imperios de la coca—
‘Cuchipampa’, le llaman los lugareños a aquellos rincones
donde abundan los bares que en
realidad son burdeles. El ingreso al distrito de Llochegua es un
‘cuchipampa’ donde cada local
–paredes de madera, cortinas
de colores, mujeres desnudas
pintadas en la fachada, mujeres semidesnudas paradas en la
puerta– emite música en volumen más alto que el anterior. La
primera sensación que produce Llochegua es la de un pueblo
donde la ley la ponen otros.
Pero nadie quiere decir quiénes son esos otros, aunque la respuesta es obvia. En Llochegua
se ubican (en realidad se esconden) varios de los mayores laboratorios de producción de clorhidrato de cocaína en el Vraem.
El narcotráfico tiene aquí dos
ventajas: la presencia de columnas de Sendero Luminoso que
garantiza cierta libertad para
operar, y la existencia cercana
de pistas de aterrizaje de nar-

Ubicación

Río M

El bote sin nombre ni matrícula detiene la marcha, gira bruscamente sobre su eje y luego el
motorista acelera con fuerza.
Las turbulencias confirman que
este es el punto exacto en el que
la confluencia de los ríos Apurímac y Mantaro forma el caudaloso Ene, y da así el nombre
a uno de los territorios más inhóspitos y peligrosos del país,
el Vraem.
El destino final del bote es
Vizcatán del Ene, el último distrito creado por el Gobierno en
esta zona. Pertenece a la selva de
Junín, pero muy cerca de Cusco
y Ayacucho, y se ubica a apenas
un día de camino (suena lejos,
pero no lo es) de Vizcatán, una
agreste cadena de montañas
donde desde el 2008 las Fuerzas
Armadas han intentado desalojar a las columnas remanentes
de Sendero Luminoso. Más que
desaparecido, en realidad estas
se han dispersado. Antes, cuando Sendero tenía alguna especie
de perversa ideología, se decía
que “el partido tiene mil ojos y
mil oídos”. Ahora, ya sin ideología alguna, lo que tiene es mil
escondites.
Un distrito nuevo es como
una transición a medias. Aún
no hay alcalde ni presupuesto
propio, pero por lo menos los
adultos de este pueblo pudieron votar aquí mismo y no en
Pangoa, a varios kilómetros de
distancia. El local que funcionará como edificio municipal se
construyó en el 2009 a través del
sistema de reparaciones colectivas a este pueblo afectado, básica pero no únicamente, por la
violencia terrorista. ¿Hay ahora
senderistas cerca? Edgar Mauli,
el secretario municipal, dice que
no con murmullos. ¿Han pasado

por aquí recientemente? Más
murmullos.
Al regreso, otra vez el cruce de mareas en el núcleo del
Vraem. Desde este punto se puede ver en lo alto de una colina leve la base militar de Paquichari.
De aquí partió la patrulla que, el
21 de julio del 2015, se encontró
sorpresivamente con una columna de Sendero Luminoso;
un soldado murió y otro resultó
herido.
“El terrorismo hoy en día no
es una amenaza al Estado”, dijo
la semana pasada el presidente
Ollanta Humala desde Mazamari, poco después del ataque
senderista en Santo Domingo
de Acobamba (Junín) que dejó diez muertos. Quizá no sea
una amenaza al Estado, pero sí
es una presencia inquietante en
el Vraem como Vizcatán del Ene,
donde las turbulencias ya no son
fluviales sino de otro tipo.

Palmapampa
Ayacucho
AYACUCHO

En la mayoría de pueblos del Vraem la presencia militar y policial es continua. Son zonas en emergencia.

coavionetas.
Llochegua es quizá uno de
los lugares más temidos de todo
el Vraem. No muy lejos se ubica
el caserío de Pampas, donde en
agosto del 2013 una certera operación militar acabó con la vida
de Orlando Borda Casafranca
‘Alipio’ y Marco Antonio Quispe
Palomino ‘Gabriel’, dos cabecillas terroristas que dominaban
ampliamente la zona.

Los lugareños de Llochegua (Ayacucho) llaman ‘cuchipampa’ a los
rincones donde abundan los bares, que en realidad son burdeles.

Más datos
De alto riesgo
El Vraem comprende provincias de las regiones Ayacucho, Junín, Apurímac, Cusco
y Huancavelica. En este territorio viven 465 mil personas.
Nuevos distritos
A fines del 2015, el Ejecutivo

creó otros distritos: Roble y Pichos (Huancavelica), El Porvenir y Rocchacc (Apurímac) y
Chaca (Ayacucho).
Producción ilegal
Hay 20 mil hectáreas de cultivo de hoja de coca en el Vraem.
El 95% es para el narcotráfico.

“[En Llochegua] no hay
policía ni nada que se le
parezca, excepto un comité
de autodefensa que se
encarga de la seguridad”.
También está cerca el centro poblado de Mayapo. Para llegar hasta aquí se recorre
una sinuosa carretera rodeada
por cerros cubiertos de hoja
de coca; en un tramo se puede
ver, desde un mirador improvisado, el sector de Parupanco, donde el sábado 9 de abril
un hovercraft de la Marina de
Guerra fue atacado a balazos
desde el cerro (dos marinos
resultaron heridos).

A diferencia del nuevo distrito de Vizcatán del Ene, donde el Estado intenta de a pocos
acercar su presencia, en Mayapo
ocurre lo contrario. Aquí no hay
policía ni nada que se le parezca,
excepto un comité de autodefensa que se encarga de la seguridad y, si se puede llamar así, del
control político.
Marino Oré, la única autoridad local, reconoce que este es
un lugar de paso continuo de narcotraficantes que llegan, acopian
clorhidrato de cocaína y luego se
lo llevan. “Están unos días y se
van, pero arman desorden. Y no
hay cómo reclamar; aquí tú hablas y mañana ya no estás”, dice.
Aquí también abundan los
‘cuchipampa’, aunque Marino y
su comité han podido controlarlos. Ahora los burdeles funcionan en un paraje ubicado junto
al río, a unos 15 minutos a pie
por una trocha más o menos pareja. ¿Construyeron este camino
solo para llegar a los burdeles?
“No –aclara Oré–, esta era una
pista de aterrizaje clandestina”.
En el Vraem se gobierna con lo
que se tiene.