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INFORME ONTICO

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Gemelos, morochos,, placenta, etc.
Misterios y más misterios.
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Published by: Daniel Medvedov - ELKENOS ABE on May 06, 2010
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DANIEL MEDVEDOV

Informe óntico sobre las niñas siameses iraníes

MADRID 2010

Recuerdo con afecto a Heráclito, que nos emplaza, con razón, a no hacer conjeturas a la ligera sobre las cosas más importantes (F.47). Por tanto, cada vez que me permito escribir algo sobre cosas importantes, estoy consciente que mi declaración no es una conjetura, sino fruto de un saber. A todos nos es dado ser sabios y conocernos. No represento un caso especial. Pero, a raíz de la lectura actual de los fenómenos siameses, percibo con asombro que los científicos desconocen la razón de los nacimientos que sellan a los gemelos unidos en alguna zona de sus cuerpos.

En ciertos artículos míos anteriores, ("La Firma" y "100 Postulados sobre el Ser", publicados en el Parnaso Ediciones) evocaba, junto a otras consideraciones, el modelo del Ser, a través de tres esferas interferentes: la esfera de los pensamientos, la esfera de los sentimientos y la esfera de los movimientos. Cerebro y cabeza, tronco y corazón, cuerpo y sexo, son todas nociones familiares a la gente. Lo que no es familiar para casi nadie es concebir el Ser como una entidad cósmica pre-existente y eterna. Cada vez que un niño nace en el mundo, lo hace por designios cósmicos y naturales, y no por decisiones artificiales que los humanos puedan manipular.

Por más que existan los métodos de inseminación artificial, el nacimiento de un Ser es controlado por la energía cósmica. Los gemelos comparten el mismo código genético y por lo mismo tienen siempre el mismo sexo. No ocurre lo mismo con los mellizos: ellos son seres distintos que se han precipitado, en un instante común, en la matriz de la madre que los dará a luz. Los gemelos son el mismo Ser separado en dos cuerpos distintos y los informes existenciales de este caso óntico particular están llenos de datos asombrosos acerca de la similitud de sus aspectos y destino personal.

Este Ser que está abalanzándose

hacia la vida, está obligado a separarse y en ello participan las tres esferas antes mencionadas. ¿Por qué estoy abriendo ese piano que debería estar cerrado? Pues lo hago, a causa de la crasa ignorancia que domina nuestra sociedad científica regida por una teoría que considera al ser humano como una galleta horneada en la matriz de la madre, como si fuese un producto celular de una mera unión sexual de un hombre y una mujer. Las tres esferas comienzan a separarse desde la inferior, la esfera del cuerpo, hasta la superior, la esfera cerebral de los pensamientos, pasando por la esfera cardíaca de los sentimientos. Si todo está separado, nacen los gemelos. Cuando ese proceso no se realiza de modo completo, nacen los niños

siameses. Estamos frente a un enigma y como tal, necesitamos saber qué ha ocurrido. No recuerdo que alguien haya osado escribir sobre tales materias. Yo lo hago movido por el cariño que profeso a todos estos niños y me mueve el amor hacia los padres. Ellos son los primeros que deben saber el misterio y considerarlo con respeto y humildad cósmica. Los médicos, a su vez, se preguntarán en su fuero interno, qué ha ocurrido.

Separar a los siameses es una empresa digna de alabanza: nadie

incurre allí en un exabrupto: se hace lo que se puede, y este enderezar de un entuerto tiene los augurios benignos del conocimiento. No es que la naturaleza se haya equivocado: no ha dicho nada. ¿Es un error cósmico? No, no es un error, es un hecho. He aquí lo que ha ocurrido en el caso de las niñas siameses iraníes: su cuerpo, empezando por las piernas, se ha separado. Luego, su tronco se ha separado también, respetando los objetivos genéticos de la creación. Pero ha ocurrido algo: la esfera de los pensamientos, por mil razones secretas que no logramos entender, no ha podido hacer lo mismo y se quedado unida . El modelo teórico de este "tropiezo" cósmico es el siguiente:

La esfera de los Pensamientos Cerebro La esfera de los Sentimientos Corazón La esfera de los Movimientos Cuerpo La interferencia entre la esfera de los pensamientos y la esfera de los

sentimientos genera el Intelecto, cuyo centro es la Razón. Luego, la interferencia entre la esfera de los sentimientos con la esfera de los movimientos (el Cuerpo Físico) genera la Consciencia, cuyo centro es la Intuición. Esto explica lo ocurrido. El mismo Ser comparte las tres zonas, pero una de ella, la superior, está, aún unida, no se ha separado. La Voluntad es la línea que une a las tres esferas, en este caso particular, dos líneas unidas en la zona superior. ¿Qué pasa luego de la operación? Las tres esferas siguen tener la misma cercanía y unión, en el plano invisible de la existencia, pero están,

por fin, separadas en lo visible somático. No estamos frente a dos Seres, como ocurre en el caso de los mellizos. Los mellizos tienen placentas distintas, en cambio los gemelos son, como se dice y se sabe, univitelinos, compartiendo el mismo líquido amniótico y la misma placenta. La placenta, por su parte, es una criatura y es totalmente distinta de los niños que van a nacer y de la madre que los abriga en la matriz.

La vida de la placenta dura los meses de la gestación y en su agonía, esa criatura extraordinaria expulsa al

niño, o a los niños, hacia las aguas de la existencia visible. Pocos médicos realizan esta dimensión placentaria. Cada vez que nuestra sociedad, cuya teoría genética arrogante pretende manipular los nacimientos por selección y rechazo, cada vez que se enfrenta a casos como estos, calla. No hay nada que decir. Paracelso afirmaba, siglos atrás, que Dios mete su mano en el secreto forámen, la matriz, y mueve la vida a su antojo. Nadie tiene derecho de intrometerse en este lugar consagrado.

A posteriori, se le dio a los humanos la potestad de averiguar y, en la medida de lo posible, arreglar lo que

se puede arreglar, con la ciencia oftamológica, ortopédica, logopédica y demás especialidades. Celebro la operación de la separación de las siamesas. Espero ver el momento en el cual la ontología de nuestra actual ciencia corresponda a su epistemología. Sin una ontología que responda a los misterios de la existencia, la ciencia sólo tantea, como tuerto en el país de los ciegos. Y es por ello que la actual filosofía de la ciencia ostenta tantos lapsus, tantas faltas ontológicas a la verdad del Ser. Digamos que el problema es temporal: necesitamos madurar, despertarnos y sentirnos realizados. Y quien despierta es el Ser, no la Persona, mera máscara de los anhelos del Ser. Somos inmaduros, estamos

atados en la esclavitud de la arrogancia que genera la comodidad, y para más embrollo, aun estamos dormidos en el sueño de nuestra ignorancia existencial. Vendrá un día en el cual todos alcanzaremos conocernos a nosotros mismos y poseer el saber de las cosas. Pero hasta tanto, leemos con asombro estas palabras de Heráclito y nos callamos: "Aguárdanles a los hombres, al morir, cosas que ni esperan ni creen.". (F. 27). Pero la mayor parte de las cosas divinas escapan al conocimiento por incredulidad. (F.86) Podría responder a toda pregunta sobre la vida, con sólo usar los comentarios de Heráclito. Pero me

contento con empezar y con terminar este escrito, recordando sus palabras de oro. Una cosa más: Heráclito dice lo mismo que yo, no soy yo quien dice lo mismo que Heráclito. Si alguno de los maestros que ustedes aprecian, suele enseñarles lo mismo que yo enseño, está en lo cierto. No obstante, si dice lo contrario, está errado y debe despertar. ▲▲

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