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COMUNIÓN TRADICIONALISTA CARLISTA

LOS MÁRTIRES MARCAN EL NORTE
Un nuevo año volvemos a Bocairent a cargar baterías. En los momentos
en que vemos más niebla que camino, necesitamos recurrir a la Tradición, para
redescubrir el sentido de nuestro peregrinaje, el porqué y el para qué nuestra
misión.
Venimos a preguntar a los Mártires de la Tradición la justificación de su
sacrificio. De su lección hemos de sacar luces y aliento para proseguir la tarea
que ellos dejaron sin terminar.
Porque no nos resignamos a ser restos fósiles de un pasado mitificado.
Nos resistimos al fatalismo de los llamados vientos de la historia. No
somos la fase terminal de una manera de entender la vida condenada
superada por los acontecimientos.
Somos meros rescoldos de lo que un día fue hoguera. Pero no tenemos
vocación de ceniza sino de brasas que esperan el soplo de oxígeno que las
hagan convertirse en llamas voraces.
Por eso nosotros sí que tenemos memoria histórica. No la memoria de
llevar cuentas del mal, no la memoria de acumular odio, no la memoria de
preparar la revancha, no la memoria de censurar la realidad que no nos gusta y
sustituirla por una ficción en que la victoria y el éxito corresponden a nuestra
tribu.
Nuestra memoria histórica nos hace rechazar fórmulas fracasadas que
se nos presentan como proyectos sugestivos. Nuestra memoria histórica nos
advierte del destino cruel de los caminos que se anuncian como nuevos.
Nuestra memoria histórica se llama Tradición y es simplemente la escuela del
escarmiento.
Somos tradicionalistas en el sentido más claro.
Ser tradicionalistas no significa tener miedo del futuro. Quiere decir creer
que el porvenir no viene determinado por fuerzas ajenas a la libertad de los
hombres.
Ser tradicionalistas nos hace ejercer la libertad sin dejarnos arrastrar por
la corriente que no controlamos hacia supuestos progresos sin términos
conocidos.

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COMUNIÓN TRADICIONALISTA CARLISTA

Ser tradicionalistas es sentirnos herederos, vástagos de una familia,
transmisores de una cultura. No somos producto de un laboratorio. No somos
un pueblo-probeta.
Somos lo que somos porque nuestros padres fueron lo que fueron.
No somos simples reproductores de modos de pensar y de vivir. Nuestra
cosmovisión cristiana nos da modelos claros. Creemos en el “Dios con
nosotros”. De ahí nuestra consideración a la dignidad del hombre. Nuestro
rechazo a homologarlo con los animales. Nuestra rebeldía a que se expulse a
Dios del espacio público y de las conciencias.
Somos españoles del siglo XXI. Y no concebimos ni una España indigna
de sí misma ni una España rota. Nos negamos a asistir resignados a su
suicidio y a su entierro.
Levantamos la bandera de los Fueros. Que cada cuerpo social rija su
vida en la medida que le sea posible. Y que todos se ayuden mutuamente en
un proyecto común. Foralidad implica solidaridad y lealtad a una autoridad
legítima.
El nacionalismo es el egoísmo tribal que corroe el funcionamiento de la
empresa común. No podemos reducir la nación ni a la lengua, ni a la raza ni a
la ideología.
Somos monárquicos en cuanto somos carlistas. Pero no aspiramos a
una legitimidad congelada, alejada de la vida real ni a una legitimidad asimilada
al sistema.
Los Mártires de la Tradición nos obligan a imitarlos. Las Víctimas del
terrorismo nos interpelan para que no consintamos que sus asesinos lleguen al
poder. Los cristianos perseguidos hoy a causa de su fe nos dicen con su
ejemplo que sólo hay un Dios verdadero y fuera de sus caminos no hay
salvación posible ni para los hombres ni para los pueblos.
¡Gloria a los Mártires de la Tradición!
¡Respeto a las víctimas del terrorismo!
Nuevos Mártires de Cristo: Rogad por nosotros.
José Miguel ORTS TIMONER (Valencia)
Consejero nacional de la Comunión Tradicionalista Carlista. Discurso en el Aplec de Bocairent 2016, ante
el túmulo de los caídos en la batalla del Pla de Camorra en 1873.

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