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DIOS

-

PATRIA- FUEROS- REY

G*fi[I

ORGANO INFORMATIVO DEL CARLISMO TRADICIONALISTA-2."

TRIMESTRE 1e86 Apdo 1268 pAMPLoNA

La hora del Carlismo
S. ARELLANO

Erre que erre no nos cansaremos los españoles de dar coces contra el aguijón. No
nos sirven las lecciones del pasado ni las experiencías,todavía recientes, que advierten
sin remilgos lo que nos puede acontecer. Nada. Como si una mano misteriosa hubiese
borrado nuestros recuerdos, no queremos saber nada de nuestra historia; aunque tampoco nos atrevemos a alzar nuestra mirada hacia el porven¡r. Estamos, simplemenfe estamos, a Io que nos caiga encima o a lo que nos digan o a lo que nos salga, como jornalero en plaza ajena. A cambio de un trasnochado tópico ignoramos la verdad. Toda nuestra historia por un puñado de palabras huecas: modernidad, progreso o de lo contrario
oscurantismo y barbarie. Tríste acontecer para un pueblo como el nuestro: Ia leyenda
ttyg, d ta tr.t,, ,rccrtu rlts.ona coflarAna nues''}os potiti'cos aé aqutl sin téner neces¡a'aA'a'e
echar mano de los de allende, ¿para qué más testigos?

¿Hubieran vuelto los troyanos a confiar en
el caballo de madera que ofrecían en honor de
sus dioses sus enemigos, los griegos? De ha-

zactones, se ha convertido en Ia correveidile de

berles dado otra oportunidad, ¿no hubieran

mano de sus dirigentes, siempre ilustrados, ¡no
faltaba más!, haciéndole comulgar con ruedas
de molino, sea en nazi, en socialdemócrata, en
liber::l a eÍ'l comr tnis!. Tnl¡ -a^o, -a9l¡r-- si,
hisloria y su ser: la España tradiciortal.
En otros tiempos ur¡a voz se alzaba, treno o
valladar de las revolucic¡nes y profeta de las

reaccionado como un solo hombre ante aeuella estremecida voz que gritaba "temo a los
grieg¡os y a los dones que nos ofrecen"2 Han
transcunño casi tescienlos airos de prome..
sas que qc han Cado otros frutos eue el de discordias y divisjones, ruina económica de España. pérdida le tt paderío pclítico y del prestigic cultural, ¡-' todavía seguimos creyendo y
confie,ndo en los dones que nos protneten
como nuestra liberación! "¡Trmeo danaos"!...
los traiga quien los traiga.
Europa no se encuentra a sí misma. Se rebeló r-ontra su ser y ninguno de los tra¡es c ,n
que se disfraza Ie ajuslan adec¡tadamente. O
les sobra o les falta. Europa ha querido ccnstruirse contra su historia criginaria y así le va.
Se horrorizó de Ia intentona nazi y se estremece cuando le llegan los gemioos de los pueblos
ctel otro lado dei telón; quiere quedarse en social-burguesa y no puede confiar ni en ios que
firnan sus paclcs con el ánimo de los ¡nrcaderes en cohecho. Eu,opa es un cuerpo sin alnta.
Aspira al bienestar material como único senticio
de la vida y la revolución le viene mordiendo los

talones. ¿PoCrá rcner futuro? ¿Hasta cuándo?
Europa, madre de pueblcs y ;naestra de civili-

Ios poderosos, ccn mucha cortesía, eso sí,
pero nada más. ¿Y España? A Ia zaga de Ia

fnsres desilnos, el Carlismo. lmpresionantes
resuenan toCavía las palabras de nuestrct Rev
Dtn Carlos Vll cuando en 167 I afumaba: "No
hay más renrcciio que escoger: o los principios
católico-monárquicos que yo represento, únicos que pueden salvar a España y al mundo del
total Jataclismo que los amenaza, o el socialismo', las llamas, no bien apagadas, qtte hace
poco ponían espatlto y aún han de resurgir pavorosas, si Dios no lo remedia en la Babilonia
tnodernat'.
¿Ha pasado nuestra hora? ¿El mundo de la
Tradición no ha de encontrar eco en ningún español honesto, en ningúrr pecho cristiano? La
politica que reccnoce coi'no límite a Dios y al orden natural y niega que la soheranía de la voluntad Ce unos pocos o de muchos sea la única
fuente del derecho y de la justicia, ¿no ha de
encontrar su momento y sus defensores?
De sobra conocemos todos la imoortancia

POLIT'CO
Como ounto inicial vamos a

votos que obtienen, una muy escasa militancia. Ejemplo significativo
sería el del PSOE que con menos
militantes que el Partido Socialista
Italiano obtiene una mavo!' núrnero
de votos que aqué|.

ser la voz de la conciencia de todos, fiel a su

l{:l:""r,"

y

fiia su mirada en el hombre cte ma-

Pero ¿sabremos es¡ar a la altura cie nues-

Iras circunstanciaS? ¿Nuevos recelos, desalientos antigucts, roces y dintes y diretes de
siempre no frertarán o imposibilltarán nuestro
resurgir?
Aldabctnazo en nuestras co¡ciencias, invilación inexcusable para que todos y cada uno
reilexionemos sin que ninguno qtede exento
me parecen las palabras, no iibres de amargura, que escribió en su diario Carlos Vll:
"He dicho, v he dicho conc¡sarnente, cuál
es nuestra situación, cuáles los sínlomas, cuáIes las esperanzas, y tanhién he dicho dónde
están las esperanzas y también he dicho dónde está el triunfo, pero he guardado silencio so-

bre el resultado. Claro está que si no hubiese
tanro majadero, el triunfo sería seguro, pero la
particula si lo hace dudoso(...) Sí pensaba,
pero no veía tan claro como hoy. Como hoy
veía el triunfo, pero no creía que nos costaría
tan caro y que quizás lo pondrían en peligro
ambiciones bastardas y tonterías sobre
todo..."

Hoy como Ayer

CARLIS.MO Y ESPACIO

considerar algunos aspectos del
panorama polÍtico español. En é1,
lcs'¡artidos políticos mayoritarius
lienen, en relación al nún¡erc de

de la hora presente para el porvenir de España
y del mundo, y la necesidad que tiene nueslra
Patria de que se encuentre consigo misma, de
que se fundamente en su propio ser para remontar y alejarse de sus infortunios.
El Carlismo, pese a quien pese, marginado,
denigrado, feformada y escamoteada su historia hasta el olvido, es el único que puede y debe

nDurante el largo y accidentado período de mi vida, mil me-

Ahora bien, el control del votan-

te libre es mucho más frágil que el
dcl militante y ésto se traduce en

una amplia mayoría basculante
que ayer votó a UCD, hoy al PSOy nrairana, Dios sabe a quién. Reirenda la anterior consitjeración lo
que hemos podido observar elr el

pasado referéndum sobre

la

ces he oído decir en torno mío: pasó la ocasión; esta vez sí que
se hundió la Causa: todo se acabó. Y cada vez que lo oía, encogíame Ae nomOros. Una Causa como la mía, qu'e es Ia Causa de
España y del Derecho, no perece n.!nca, es inmortal. Los que se

hunden son los desalentados, los cobardes, los hombres de
poca fe, los que por intereses particulares, o sentimentalismos
del momento, se cobijan de paso bajo nuestra gloriosa enseña,
no tanto para defenderla como para ser defendidos por ella. Al
presenciar esos ciecaimientos, contestaba desde el Íondo del
alma: adelante, que tue la divisa de mis primeros años, como
hoy contesto : haz lo_qge_4ePeg-y_glgggAJg_que Dios qu iera,.
(cARLOS Vil)

ipasa a pag. 7)

Alqunas de las tentaciones
deT Carlismo actual
Carlismo ha salva-

Como las especies v¡vas' las colectividades políticás traspasan las fronteras de las épocas sr a un tlempo aclerián á aoaptárse Y a Permanecer' Una
evolución que no respetase las caracteiísiicas srótantivas de un grupo humano políticamente diferenclado, daría luáát-á rnu "mutación" desnaturalizadora

óel mismo; una fiiación integral que re¿" toda iniciativa renovadora lo
""iut"
a la escleros¡s y a una vlconclenaría
oencia puramente coyunluralista'
" El iarlismo ha llegado a sus ciento
cincuenta años largos gracias a naDer
loqrado combinar --no siempre en la
óñtima proporción- fidelidad y renovaci¿n, toi ingredientes básicos de la tradrción viva. Sus grandes tenlaclones
han consistido siempre en descompensar ese difícil equilibrio El contrapesar
,los exce-st-c cle 'qrr entorno ha afectado
frecuentemenle el peso específico de
las distintas corrientes que en la Comunión h"n confluido: Los períodos d¡ctatoriales han estimulado la potenciacion
de arqumentos y posturas de defensa
de tai t¡bertades; los abusos de otros
Inomentos en que la libertad se na lnterpretado preferentemente como cllma
peoroptcio a la subversión de valores
tanentes y como dimisión srslemát¡ca
de las responsabilidades del ejercicto

de la autoridad, han reforzado en

el

seno del Carlismo las tesis favorables a
poun el¿clivo ejercicio del poder y han
tenciado a los partidar¡os de hact)r valer
prtla fuerza de la tey sin concesiones a
u¡t"qiu¿o. ni al-borotadores En cualqu¡"lt a"to, cnfalizando uno u otro de
del ideal b¡nomro "l¡ber-

Its

elementos

guardado slemp-re la subordinación de
É oolítica a su fin: el hombre y de éste
al suvo: Dios.
Eita sobrevaloración de uno Y otro
polo se ha deiado sentir en el talante
del Carlismo no sólo en su proyecclon
exlerior y sus pronunciam¡entos respecto a los áconteceres' sino también en la
tónica de su funcionam¡ento Interno'
sus documentos públicos' etc " Cuando, a efeclos dialécticos' se recurre en
y
demasía al argumento de la autoridad
el prest¡g¡o moral de los documentos reqrs5 y los textos de los grandes teorlcos

Éuriit't"t, se corre el grave riesgo de

adormec¡m¡ento e incluso de atrofia de
la creatividad, de la capacidad de respuesta original y aiustada a una clrEuñstancia"¡n¿diia, a una problemática
actual. En este sentido' el repertorio de
"recelas" y "soluciones" arch¡vadas, Interpretada¡ como definiciones dogmát¡cas (cuando en su mayor¡a surgleron
como determinactones prudenciales en

covunluras concretas) pueo'e coán'ar
.7t or" estimular: "in extremis"po-el
"resoeto beato" a la fórmula hecha

í;;r;';;;.;";;ni"t*

v

han estudiado^tres
'"n'r.ou" es absurdo que tengan las mismas atr¡buciones quienes
por el que nos gobernael
sistema
es
rr¿iu?ó.á"i
¡Absurdo
ñá"t
qriá"á.
poner remiendos a una

ql"
"oo:ii!
mos! Es con el s¡slema con ó'" h"v
"l
telaqr€ se roqpe porJ:Í3:'3:i::

Lo demás es

"cabar'
*ciedad lo quele hausurpado' insenieros técnrcos

expoñdrán,ante quien eierza el po9"-r^:::'':
v suoeriores, debidamente representaOos,
eouitativa La acruar sróuéo"n ¿'erimita.l¿.s¡pÍanera
perito
y no traoa¡an' tiene que acabar' Pero no es un
que
uno",,rtun,
en
tuac¡ón
ponerla rin'

I#5.;'ril;;iáiliiin""i"-|.iá.
la persona
;;;i¿;l;;;ñ; inleresada-"o-ñ'áñ

adeóuada para

de LAB' Como es saHace unos día hablábamos con un destacado-s¡ndicalista
las posturas de Herri Batasuna. El decia:
bido, este sindicato est¿ ¡ieit'ir¡""áo tón
al poder yo me paso a la opoles dile en la reunián t en cuanto ltegiuemos
-"Ya io'¿os los gobeinantes son unos chor¡zos"'
s¡ción.'duéi
Yo le fepliqué:
óroaorga
los carl¡stas:
que .^^r-ñ-ñ^c
reclamamos tñc
^artistas:
saberlo, tÚ estas pidiendo lo mismo
a los abusos del
límite
poner
un
pueda
-"Sin
to"¡"|
nos mediante los cuales
"i'"J"ipóson incaiaces de hacerlo"'
Los partidos poiii.s
oobierno.
de distinguir-la soberanía
- cada vez
t;;;;;iiüü
se u" .¿.
NUNcA- Podrá ser
"ecesidad
nunca
última
"l"roií
Esrb
póLjircá'
."i';;;i;;;ódá-iiá
-reDetimos extrayéndolo de su
poiiá
at.goubrnante
áelir
pueblo.
i""¡r"
eierc¡da por el
a gobernar'
"]
l"ébto' tán pronto comienzaque
seno. Pero el qu"
se critica
pan^a pór los chaqués,
¿"
'o'-t6"'p5ñé?á
táll-.
"nt".
camüifi;üi
el
pueoro.
deia de ser
era'algo inevitable' Lo
soc¡alistas'
ltroy
goUernántesdirigentes
los
sin razón a
o mahon'
pu"o-tí do-¡"'nár vistiendo de pana' estameña
absurdo es creer que
"t
hoy no^se-enseñq- 9'e
Existe en la Casa de Juntas de Guernica un cuadro -que
la
áb. ó;;ó;iil aá la Junta de Merindades del señorío Llama

,"pr-ÁJni"""r'i"-ü¿o

atención. en el primer
caíno de la éPoca.

coro de nostálgicos reivindicadores. del
réqimen anterior, el cual -es obvlo-

la publicística de un partido
aquejado de este misoneísmo derlva
mente,

hacia la retór¡ca y la apologét¡ca' A la
comunidad errada -Y cercada- que
de ella se nutre se le recalca el carácter

esencialista, transcendente, eterno y

hasta sobrenatural de la Causa: una es-

casos,

de

contrapesar Inoperancla

de unos cuadros de mando que, Por
convicción o por comodidad' actÚan

como capataces de una empresa que
no es de este mundo", ajenos a la intel¡qibilidad de su lengua¡e y habituados al
irremisiblemente testimonial de
óapel
i'Don Tancredo" de la Política.
Esle aleiamiento de los Problemas

tanoibles puede alumbrar espellsmos
de áutonedención Uno de ellos es el
cle o-eel" su'¡-aa'ada ,b cqLsl" 'r¡lerJu3 al

chando el cañamazo de unos efect¡vos
vínculos de comunidad y eliminando de
raíz prur¡tos "fulanistas" o "anti-menga-

por
me ha requerido la.firma para-protestar
Como parle interesada en la cuestión se
veamos por que
rvr" he nesado. rotundamgl!-r]lTar'
por un.parlamento eleoldo Por el pueblo Por un
La ley en cuestión ha srdo apóbada
poriii"o vigente' me-representa a mí ¿Cómo
narlamento que, oe acueroo cJñ"-í".[]Jriá
í;;;'i.";;;ü;i;i áecisiones oe mis reoresentantes?
consituciÓn. Debemos eslar conformes
Todos estamos
ley es la ex"onto'rnuI""ánlállo"'r"
P-ues bien' según la Constitución' la
oues fuera de ella "solo nay oárOarie"
técn¡cos son mayorla
ingenieros
Los
f
ru.áyáriu.
.arquiteclos
óresión de la voluntad de
que ellos qute'
u,qui"áü"iup"tioÉt ¡Es nátural que sea lev lo

plan";;;;;""1";taviado

con el atuendo típico de labrador viz-

del

oráctica v fracaso en Ia arena de la lutna oolitica o el vacío o la mediocridad

instrumento de salva-

ción-. v eriqe aquél como guard¡án y fiscat de ta ortodoxia de ésta. Congruente-

v adaolacion.
El exagerado Plrrismo conlleva la
tendencia á Ia fosilización en los planteamientos políticos, en las estrategias

Lá,ii" Áii¡i,"'óná

la futura estrategia

tratagema, no consciente en muchos

ia iolesia como

dría ilevar a una situación esperpéntica
similar a la de un establecim¡ento de
óptica que solo luviese a la venta gafas
vá ora¿uadas o una tienda de prendas
áoníecc¡onadas sin sección de sastrería

de actuacióñ e incluso en la afecciÓn dinástica. Provoca un desplazamiento del
centro de interés de los temas a lralar
de lo oropiamenle polítrco a lo teolÓg¡co
v metafíéico, racionalizado por una auíosugestión narc¡sista que atribuye al
Carlismo como empresa histÓr¡ca y gru-

maestras de

Carlismo, acomodando en él los trasvasados de otras inlciativas frustradas y
convirtiéndolo en puerto de acogida de
la "derecha ant¡constitucional" La tendencia de la generosidad en la política
de "brazos abiertos" implica el pel¡gro
de diluciÓn del ser carlista en un "totum
revolutum" s¡mplemente reaccionario,
muv respetable en sí mismo por otros
conceptos, pero que perturba la imagen
del Carlismo vinculándola, en tanto que

simple englobamiento en una sola ent¡¿ad de d'lferentes grupos afectos de
síntomas similares sobre la base de solemnes abstracciones y ambigüedades
Benditos todos los esfuerzos en pro oe
la unidad, pero hay que trabajar en sus
cimientos estimulando al máx¡mo el mu-

LA SOBERANIA POLITICA
Y LA SOBERANIA SOCIAL
r"

Do humano fines que son exclusivos de

tuo conocimiento, tejiendo

y

ensan-

nistas".

La constatación de co¡nc¡denclas
con otros grupos enfrentados al sislema
imperante, lugares comunes lorzaoos a

iuna de las Fuerzas Nacionales",

mucho de encarnar los ¡deales tramaltrató ind¡simuladamente a dir¡gentes y militantes de la Co-

¿¡ió

dicionalistas

y

munton.

En una tentación similar caYo re-

cientemente otra de las facclones carlistas al cifrar los objet¡vos prlorltarlos
de su política en el hostigamiento al
franouismo en sus últimos años y en la
competición demagógica con los "compañéros de viqie" de la ¡zquierda-en la
l'transición". La búsqueda de un forzado margen de coincidencia con luerzas
ocasionálmente enfrentadas al mismo
adversario llevó a un importante seclor
del Carlismo no sÓlo a silenciar los puntos diferenciales y específicos de su
Droqrama, sino incluso a renegar oe
blloé etpr"s"tente Los resultados de
tal proceder están a la vlsta y su.enumeiación sería masoquismo estéril'
Moraleja común a ambas "tentaciones": No vale la pena buscar aplausos
interesados, exlremar zonas de contacto v camuflar m¡méticamente lo prlvatlvo. las prop¡as señas de identidad' st' a

ménudo oor ia dinámica de oposición'
puede inducir a otros carlislas a cons-

iruir sobre las mismas las

al

Paredes

(pasa a Pá9. 7)

en las poltronas de los gobernanles'
Y es oue los ropales populares que desenlonan
tienen un'lugar adecúado en los escaños de los lunteros'
plgleje^n ¡mpos¡bles' No malg-aste'
No nos deiemos enganar por quienes n9s
podfemos
política que

iamás
p"r.ig[i"rüo una soberania
la soberanía social que es lo
alcanzar. Dediquemos nu"""l'o" afanes a recuperar
nuestros derechos. Y cufiosamente
il?iiá. m-ediá-i-llé elia po¿ümóshacer vater
carlistas'
los
nosotros,
salvo
ocupa,
se
J.áiro n"ai"
Todos
y es que hoy está oe moi""n-Jolli¿ó'liuertad sin saber en qué consisle.
de la soberanía polít¡ca. Y asi
señuelo
tius
cii.l'""¿o
t¡ipnot¡zaoos
como
andan
"r que cometan toda clase de abusos y

mos nuestras fuerzas

;;üil;;;;5ii¡te"
arbitrariedades

a

ioJgobernantes para

c. rBAñEz

AUTORIDAD

LA UNIDAD

POLITICAY

FGARRALDA

SOBENANN SOCIAL EN EL CARLISMO

DEL
CARLISMO

Autori'
En toda Comunidad es indispensab¡e una
dad que coordlne las voluntades particulares oe sus
.lé.'úto" v aplique los medios de que disponga' a

iá'"oñsé"r"¡ón del bien común que constltuye su

Tema viejo como la Propia existencia del Cárlismo y tan estudiado

indispensable es el elemento de Autori-

"u¡"tJiian
ááü, órJ ia docti¡na escolást¡ca la concePtúa como
;""ú"1-rott"l", sin la cual la Comunidad ni siquiera

como el Carlismo mismo' al que

venqo, pobre de mí, sin otra autori¿adquó la del cariño a la Causa'
¿ianta división haY?, ¿es-Posible la unidad?, ¿es necesaria? Claro que haY división' Porque su germen es innalo con la misma naturaleza humana: Pero también en ella

d;Jrü.i¡it.nó¡a, disgregada en las divergentes dide encontradas voluntades'
recciones
'--1" Áuioiioád,
en el carlismo, vino asumida por la

Dinastía, y estuvo esencial e inseparablemente vin'
de la legítima Autoridad
;;hü; ía reivindicaciónque'
en el Carlismo' sean
áe las Españas' De ahí
políti;;.;;póle¡'uet"o" "Autóridad" y "Gestión.
eviresu-lta
distinción
tal
y
de
óá". EÍ ientido alcance
de "So'
álni"'"p1i"""áó al Carlismo los conceptos
oáián¡á-p'ol¡tica" y "soberanía social" que la Doctri; üdidiútlaplíca a la Comunidady cívico-política:
i" oiirn"t", corrésponde a la Corona viene "de arri'
F"-" áu"¡ó", comb deriva de Dios; la segunda co-a
Nación orgánlcamente estructurada
it""ooñol,
"'la soclaleé naturales y va "de abaio a
i;;J&¡";rpos
arriba", como representativa de los diversos ¡nteresei Oe'aquettos ánte la Autoridad' Análogamente' en
ét C"tl¡"ti'to, el d¡spositivo político orgánica y rePre---r^r!..^É^árá óar;rr^rrrrain "dc abaio a arriba",
sentativamente estructurado "de abalo a arrlDa"'
desde las Juntas Locales a la Junta Nacional, contra
lo que profesa el dogma demo-liberal de la soberanía popular, no confiere a aquella la A-utoridad pro'
pia óe ia "soberanÍa política", sino la "Soberanía social", que además de representar ante la Autoridad

con iqual o mayor fuerza, eslá

el
sentid-o de la unidad. ¿Y en el Car-

lismo?
¿Qué es el carl¡smo?, hemos de
preguntarnos. En esPecial Para
buiénes no nos conocen, les diré
simplificando, que somos aquella
oarie del pueblo español que s¡ente
quiere informar la vida política de
v'Esbana
en los Principios del Derecnó Público Cristiano, plasmándolo'
en lo pos¡ble, en la vida social Y Política de nuestros Pueblos.
Si el Primer,PrinciPio es Dios Y lo
reconocemos como creador del
hombre, constituido en naturaleza

social, hemos de creer en Dios Le(pasa a pá9. 7)

los intereses y aspiraciones del Pueblo carllsta'
constituve, de una parte, uno de los límites-natura'

eficaz función
i; ;;;dü, y de ottá, desempeña una
d;;;oúáóón a la formación de las decisiones de

la Autoridad.
Esta cuestión' por su trascendencia, conviene
en cuenia en el actual proceso hacia la

""a-ten¡Oá de una Organización política única para
cónst¡tución
todos los carlista, que ásuma unitariamente la "gesiión'ipolítica del báusa, pero sin atribuir-a tal Organnác¡bl én que ha de cohcretarse la "soberanía soñi2-áclon én qfue na cre concretarre rd sv¡'tÉro¡¡rd¡r]cial" del Pueblo carl¡sta, funciones pr¡vat¡vas de la

"Autoridad" propiamente dicha. Confundir ambas

soberanías equivaldría a renunciar a las reivindicaciones dinástibas inherentes al Carlismo y a reducirlo a mero grupo político ideológico.

ldeario, Programa, Lengua¡e
Un triple reto para el Congreso Carlista
Del mismo modo que la Inmtnenc¡a
de unas maniobras militares o de una
acción bélica real induce a los respon-

sables de un eiército a la revisiÓn minuciosa de su operatividad a todos los niveles, a renovar material, a actualizar
tecnoloqia, a verilicar la preparaciÓn de
los homibres y la idoneidad de los dispositivos, una organización política que se
dispone a hacer acto de presencia, ser¡amenle, en el complejo escenario de
la España de las postrimerías del siglo
XX, debe pasar revista a sus recursos'
a sus efectivos, a su intendencia' y disponerlos y probarlos en funciÓn de los

bbjetivos lejanos, medios

y

próximos

que se hayan fijado. En el.caso del Car-

lísmo, que ahora, reunidos sus frag-

mentos dispsrsos, se apresta a volver a
la plena act¡vidad polftica, la tarea no es
fácil en absoluto; debe emPezar Por
construir sobre la base de lo indiscutido

e

ideas-fuerza
-lasy Reyla redefiniDios, Patria, Fueros
indiscutible

de

ción de su ideario para evitar en lo posible la coincidencia artificiosa y frágil en
tóD¡cos declamatorios. Urge aunar cr¡teriós y convenir fórmulas que plasmen fidelidad a las raíces y aPertura a nuevas
aportaciones actualizadoras, que contente, en la mayor proporción posible' a
la mayoría de los militantes. Y ello en
poco tiempo y en Poco Papel' 1o que
bignilica que el ideario, como tal, debe
restringirse al nÚcleo de los conceptos
permañentes y def¡nitor¡os del ser car-

lista, cuya revisión deberÍa abordarse
periódicamente.

'

Fuera del meollo doctrinal del ideario es necesario dar campo al pluralismo const¡tutivo del Carlismo, sin miedo
a la dilerenciación de posturas y a la l¡bre expresión de las mismas. Pero la

exteriorizaciÓn de discrepancias debe
tener sus cauces y sus reglas, enlre las
cuales, en su momento, está la disciplina y la discreciÓn, virtudes no demas¡ado arraigadas entre nosotros.
Fruto del análisis de la realidad y de
su conlunción con el idearlo, surge el
programa, como Proyección de la acción política interna Y externa.

El programa cont¡ene un

elevado
porcentaje de decisión personal de sus

autores, entraña un compromlso Y un

riesgo indudable de fracaso, que puede
deberse a error de planteamiento o cle
gestión. En cualquier caso el programa
ño es ni más ni menos que una declaración de intenciones susceptible de modificaciones, cuando la pertinencia de
éstas se evidencia.
lnteresa recalcar esta faceta de los
programas políticos: su delectibilidad y
consiquiente modificabilidad' Y aunque
esas iotas se dan en todo lo humano'
en lanto que humano, en el terreno politico es necesario llegar desde un firme
sent¡do de lo real y de los valores' a
aventurarse en el "arte de la conjetura",
en términos de Bertrand de Jouvenel. El
político debe hacer posible lo deseable
axiológicamente, pero lambién ha de di-

rigir su esfuerzo hacia metas razonablemente accesibles. Su prudencia le inducirá a medir, por una parte, el grado de
exiqenc¡a conveniente en el programa

lsu- maximalismo

o

minimalismo, su

aproximación o leianía respecto a los fines últimos de su partido), el nivel de
sus concesiones a los gustos de su h¡potética clientela y a la "filosofía" inheiente a las propias reglas del iuego del
sistema en que ParticiPa.
Para el Carlismo también aquí el terreno es espec¡almente pantanoso. Vis-

de "la polít¡ca"'
muchos destacados militantes se anorran las molestias del análisis, la reflexión, el estudio y la imaginación que ¡mpl¡can la toma de decisiones adoptando
gallardías, desplantes y pretend¡das actitudes testimoniales, que no son slno el
ropaje de inercias y pre.iuic¡os no aptos

ceralmente aleiados

como metodología operat¡va de una
fuerza política que no puede elegir el
tiempo y el esPacio en que tlene que

cumolir su misión. No es mérito la pureza incontaminada del que reduce su papel al de espectador Y crÍtico.
Tampoco el Programa es un ensayo
de teología, ética política o de economÍa, aunque lógicamente partic¡pe de
las aportaciones de esas y otras disciplinas.
La lejanía del "terreno de juego",
'comprensibie
históricamente y justificable a veces, se manifiesta frecuentemente en nuestros escasos y benemér¡tos ófganos de prensa en un conllnuado ejercicio de escalada a los grandes
principios y de invocación de supremas
premisas, tan olvidadas' al parecer' por
ios "jugadores" de la lid política. El proqrama, bien anclado en los supuestos
óoctrinales del ldeario, debe descender

hasta el ámbito de lo discrecional y

const¡tuir una propuesta alternat¡va de
las d¡sfunciones que desde nuestra opt¡ca lamentamos o denostamos.
El nivel de concentración de un proorama depende de su finalidad y su esóecificidaá. No requiere el mismo tono y
el mismo abanico de obielivos un pro-

grama pensado para unas elecc¡ones

parlamentarias que un programa-marco
de carácter general surgido de un conoreso con vócaciÓn de pautas d¡reclrióes de la acción del partido como organización. Comicios regionales o munici-

oales exiqirán incorporar al programa
broOlemad y aspectos de la realidad

contexlual diferentes'.. lncluso cabe Incluir en esta calegorización un proyecto
de estructuración y organizaciÓn ¡nternas, un plan de proselitismo o difusión
en un determinado sector social o área
geográfica o un estudio para la puesla
en marcha de una rev¡sta...
En este hito histórico para la supervivencia y ulterior desarrollo del Carl¡smo, iunto a la necesidad de reformular
el ideario y atfevefse a componer a paftir de él los programas que resuman su
"oferta polÍtica", urge reparar en la ¡doneidad del lenguale y la "tÓnica literar¡a" que solemos utilizar, en funciÓn de
nueslro "rol" de --guste o no-- oe partido. Delicada y resbaladiza empresa la

de loqrar una cierta

correspondencia
entre éntidad y lenguaje, por una parte'
y conseguir ser entendidos cuanto me-

nos por las gentes de "nuestro espa'
clo politlco" y su contorno. Difícil tarea
cuarido en este PaÍs Y en estos d¡as
cada cual toca el instrumento que me-

nos domina y dirige su serenata a quien
menos le ¡nteresa. ¿CÓmo no hablar cle
ciertos temas con lenguaje de lglesia' si
los obispos callan o dis¡mulan, salvo
honrosas excepciones? ¿Y cÓmo no ro-

zar o chocar ion el lenguaie "eclesial"

cuando desde baluartes clericales se

oontifica sobre cuestiones estr¡ctamenie seculares y desde puntos de vista
distorsionados? A pesar de ello aunque
sólo fuera por imporativo estét¡co o por
pragmatismo publicitario nos convlene
nuesJé una opinión- reconsiderar
tro lenguajé polÍtico, desde los .temas'
hasta el estilo. Adecuar para m€lor ser-

vrr'

J. M'

'RTS

Próxima la celebración de un Congreso para la unidad del Carlismo,
cuando se está realizando un esfuerzo extraordinario por ir de la disgregación a la unidad y de ésta a la acción política, preguntamos a carlistas de
diversas regiones y diferentes militancias y afectos:

1.- ¿Cómo ve la situación de EsPaña?
Z.- ¿Existe, tras ese panorama, un espacio político para el carlismo?
3.- ¿Cree necesaria la unidad del carlismo?
+.- ¿aue estaría dispuesto a hacer por esa unidad?
S.- ¿Oue pediría a los carlistas cara a ese Congreso para la unidad?

FRANCISCO ASIN REMIREZ DE ESPARZA
1) Plena de teóricas libertades. Agobiada por un poder que lo controla

todo a través de unos medios dé comunicación que "pretenden ser de
todos". Con unos representantes que sólo lo son de unos partidos y no
del pueblo, pues de aquéllos y no de éste depende su nueva presentación en las i¡stas. Con una economía muy deteriorada pese al alivio de

3) Evidentemente. Necesaria e insoslayable.
4) Todo, en la medida de mis modestas posibilidades.
5) Que dejasen de lado cualquier consideración personal, egoísta o sectaria e hiciesen un esfuerzo común en pro de la unidad, olvidando y ladeando todo lo que nos separa y dando paso a todo lo que nos une, dentro de los inmutables principios de nuestro Tetralema, pero soslayando
cualquier planteamiento totalitario o intolerante

la bajada del dólar y el petróleo. con una planificación de la educaciÓn y

!a cultura al servicio del más puro materialismo, etc. etc'

JUAN CASAÑAS BALSELLS
religiosa y patrótica que inspi) La desvirtuación del espíritu de cruzada
18 de Julio, iniciada ya durante la

2)' Sí, si sabe presentar un carnino ¡nverso al anterior y slempre que pre-y
programa atractivo, que dé la cara sin miedos ni complelos

1

sente un

y unitaria'
óu" áo"nia. ionsiga una organización dinámica
a¡ Ñun." sin la unidád conseguirá fuerza, ni espacio, ni fiabilidad'

¡o
Sacrificar un poco de lo qué veo y quiero para comprender y adoptar
que otros ven y creen en lo que se refiere a aspectos prácticos' organlzativos y de funcionamiento político'
5) Que demuestren que quieren al Carlismo'

+j

ANTONIO BARRAU GARCIA
1)Peorimposib|e,pocasVecessehanVistotanba|ostodos|oSestamen.
'
tos fundamentales para el perfecto funcionamiento de España como son,

religión, ejército, justicia, er:onomía, autoridad,.etc'
un'espació politico to que ei Carlismo oÍrece, lo cual seríe entrar
para Esen el juego liberal, lb que ofrece el Carlismo es la Única solución
frente al liberalismo-capitalista y al marxismo.
gran
ampiitud
óán"'én".u
-ñecesar¡a
ño, fundamental e inadmisible e intolerable la división.
e)
+) Como Oficial del Requeté lo que se Íre ordene'
Oue se deiasen de protagon¡smos y de puritanismos, que todos vamos
Si
-'¿é
orun" intención pues si no, no seríamos carlistas y que Dios y la Patria nos lo demandará el día de mañana'

Zl ño'"a

ROBERTO G. BAYOD PALLARES
1) De desesperación, por la descomposición moral, religiosa y política'
'Como
diríá Joaquín bosta "está paralítica y regida por eunucos"'
2'l La doctrina tradicionalista puede ser el único medicamento, porque'

pofque.es
como he escrito muchas veces, el "carlismo no puede mor¡r,
la
o
sociedad
que
España
es
enfermo,
que
nueslro
es
ícil
Lo
dif
inmorlal".
española, tome el medicamento, porque carecemos de nredios (prensa'
etc.).

S) lmórescindible. La falta de unión o de comunión la considero una traición a la Causa.

4)Prescindirde|nombrede|aorganizaciÓnpolíticaa|aquepertenezco'

siempre que dé idea de a dónde vamos o de dónde partimos o de su
doctrina permanente.

5)

a) Que prescindan de personalismos b) Que olviden rencillas o enem¡s-

tades anteriores. c) Que no discutan (comentar, sí) temas que Puedan
dividir y que sean accesorios.

TOMAS BARREIRO

1) Que tiende a la socialización, cualquiera que sea el grupo político en el
poder, ya que los no socialistas siguen el mismo criterio' aunque con

btro nombre, tanto por la cantidad dé empresas públicas o semipúblicas,
por la intervénción del Estado en la vida, en todos sus órdenes..
como
-Et
tomando como base los cuerpos sociales naturales, en el
cai¡¡smo,
Z)
-'aipecto
económico-social, debe lanzarse a la vida política, para sustitu.ir
el iistema creado por el capitalismo en el siglo XVlll y.comienzos 'l!il XIX
y et intervencionismo del Éstado, acentuado en el siglo presente' El marxismo es una vulgar dictadura.
3) ó* unidad o sinilla, el Carlismo debe lanzarse a la calle política, con
su lema y sus cuerpos sociales naturales. Debe hacerlo un grupo ioven
lo mejor es la unidad de todos
óára qr"'lo" demád le sigan, pues si bien
ior gtirpot, como esto eé muy difícil de consegu.¡r, hay que !13f1-,
+) pre-stáría toda mi colaboración al grupo que Se lanzase'en nompre Oel
Carlismo-Tradicionalista.

5)OuedeienlosgruposyseunanalosjÓvenes,sobrelabasedeDios,
Patria y'Fueros y cuerpos sociales naturales. Más una regencia'

JULIO BRIOSO

1)' caótica. No hay solución dentro del arco parlamentario ni dentro de

confrontación tradicional derechas-izquierdas'
2\ Tal vez. Pero sin unidad, todo es inútil.

la

ró en sus comienzos el Álzamiento del
guerra y continuada por el Régimen que detentó la Victoria, ha conduciáo gradiat, progresiüa e insenéiblemente a una situación análoga a la de
la liRepública,-o más grave si cabe, por cuanto el ataque a las esencias
católicás y patrióticas de la Nación Española es menos frontal o violento
que entonces, aunque no por ello menos- demoledor, con el agravante de
que precisamente por su áisimulo, dificulta que se prod-uzca reacción: es
s¡ntomáilco que, a diferencia de la decidida actitud del Episcopado frente
a la legislación laicizante de la ll República' hoy los Obispos apenas sepan halblar más que de "reconciliación" (¿reconciliación con la implantabiOn det divorcio, la despenalización del aborto, la tendencia al monopolio estatal y laico de la enseñanza, la inmoralidad en los medios de comunicación, el intento de expoliar a la lglesia de templos y monumentos,
imágenes sagradas y obietos de culto a pretexto de Patrimonio Artístico
Nacional, etd'/), y só empene en silenciar el testimonio de fe, sin igual
en la Historia, que tantos religiosos y seglares dieron con la ofrenda de
sus vidas ante lá persecuciónenZona roja, m¡entras que la memoria de
los entonces perseguidores es públicamente exaltada por sus secuaces

de hoy.

2)'plica
La eéencia del Carlismo es la misma esencia de las Españas Esto exsu pervivencia durante siglo y medio' pues mientras España sea

Éspaña, en la Clandestinidad, en el marco político legal o en los campos
de batalla siempre habrá espacio para el carlismo. Ahora bien: en un s¡tema político parlamentario de democracia inorgánica, por contrario a.la
tradici'ón histórica de las Españas, no cabe augurar un triunfo masivo del

Carlismo en las urnas, y su misión, más que la de aspirar a gobernar
,,partido" político mayoritario ha de ser la no por ello menos ef¡caz
como
de grupo testimon¡al, que en no pocas ocasiones perm¡te-"gobernar.desde íuera" y actuar en conyunturas extremas como "catalizador" o "percutor" de lá conciencia nacional, función que ya está visto no pueden desempeñar ni tendencias "ultras" ya fracasadas en la Historia reciente, ni
nost'álgica 20-N, ni cambiantes conservadurismos de derecha o centro l¡beraleé y aburguesados, ni posiblemente bienintencionados intentos de
nueva cieación a base de un patr¡ot¡smo más o menos difuso pero sin
raigambre histórica ni un cuerpo completo de doctrina política'
3) Ef Carlismo es uno, como una es la verdadera ReligiÓn' auque haya
quienes, excusable o inexcusablemente, permanezcan separados de la
unidad. Por ello, más que de unidad del carlismo estimo ha de hablarse
de unidad de los carlistas. Y esta unidad ha de lograrse en torno a los
principios doctrinales permanentes y. al acatamiento a una única Autoribad, iunto este especialmente difícil dada la ausencia de Príncipe que
asumá con inequívoca eficacia las responsabilidades políticas y dinásticas y cuya solución requiere examinar con extrema objetividad y 99sapasiánamiento los avatares del Carlismo desde la muerte de S.M. Alfonbo Carlos l. Lo que queda claro es que los carlistas, ni individual ni por
delegación en una Junta de la organización política, pueden ser Autoridad óe sí mismos: esto equivaldría a admitir el principio liberal de la "soberanía popular".
4) Cuando'el'18 de Julio, tenía diez años. Ahora voy por los,sesenta y.no
sé si en circunstancias análogas tendría valor para empuñar un fu-sil o
confesar con la oblación de mivida la fe católica y española que.profeso.
Aunque hoy no se trata de aportar, por ahora, a la Causa un ptecio tan
alto,'pero éí en cierta manerá más costoso: el esfuezo personal.constantb, desinteresado, incomprendido y criticado a veces, con sacrifico de
,n" rayor dedicación a la'propia actividad profesional y de sus. consi'
ouienteé rendimientos económicos, de un tiempo que se roba al descanéo, a los gustos y aficiones particulares e incluso a la familia'
S)
Sú oarticioación,-imbuídos dé una idea fundamental: que todos los car'
-'ti;ta¡
áre'se mantienen fieles a la oñodoxia doctrinal sea cual fuere el
grupo ó tendencia de que proceden, actuaron de buena fe, y por.lo tanto
éon dignos de respeto y edtima, sinque a ninguno de ellos haya de pedir-

se cuentas o retractaciones por sus actuaciones pasadas'

HERMENEGILDO GARCIA LLORENTE
1) Mal.
2) Sí.
3) Sí.
4) Trabajar.
4) Honradez en las actuaciones. sencillez en las exposiciones. Espíritu de
sacrificio. Afirmación de los principios que nos unen. claridad y lealtad
en las discrepancias.

RAFAEL GAMBRA CIUDAD
1) En trance de no haber ya "situación de España',.
2) De "espacio político" sólo puede habrarse tratándose de partidos libera-

les que obran sobre un "pluralismo', parlamentario. El Carlismo o es el
retorno de España a sí misma, o no es nada.
3) La creo necesaria para una eficaz acción politica.
4) En un pasado crecano hice cuanto estuvo en mi mano.
5) Q9e sepan que no bastaría con unidad: será preciso que esta unidad se
edifique sobre su auténtico cimiento, y éste no es otro que la unidad católica y la confesionalidad del Estado.

ALVARO D'ORS
1)

La situación de España me parece la más lamentable de los últimos srglos. Esto se debe principalmente a que er mundo se haila dominado hoy
por un poder.sinárquico, fundamentalmente económico y tecnológico,
que ha decidido ra conversión de España en un aprovechable reducó de
consumidores, enervados por el hedonisrno democrálico y renegador de
todo su pasado y de su misma personalidad histórica.
2) El e-spacio que queda para er carrismo no es tanto porítico cuanto moral. consiste la conducta posible en mantener viva una doctrina política
ejemptar, no sóto como reserva para un trturó
Je i"cñ#;;#Jiil:
sino sobre todo para dar paz y serbnidad, aunque
sea contra corr¡ente, a
tas conciencias. La lealtad a la Tradición iegitrma pueoe
punto de
apoyo para toda la constelación de las otás v¡rtüOes ser un
móia
3) La unidad der carrismo no sóro u" n""""áráun er sentido
de ser conveniente, sino también inevitabre, pr.cis".éÁiu por
ta nutaposiu¡i¡i"J o"
alcanzar actualmenie una parceia cle poder.
4) Predicar con el ejemplo.
5) Orvidar.ras anriguas disidencias, y ros posibres errores que
todos havaggdid.o tener, para aunarse en uná reartao oe óóótr'i"á i"iit,i,i"
1os
v
moral fundada en Ia Religión.

el fundamento cristiano.que pervivía en la sociedad española y en el as-

p_ecto económico perjudicar o destruir ra pequeña y mediana'empresa.
^. creo que
2)
er carrismo puede tener espacio pórítico ói se dan tas siiuientes circunstancias:
-Unidad del Carlismo.
-Adaptar sus principios a las circunstancias actuales.
-Aceptar totarmente la doctrina der concirio Vaticano il y ras consecuenc¡as que de él se derivan.
3) Sl. Sin unidad no hay posibitidades.
4) Lo que mis pocas posibilidades me perm¡tan.
5) Que se actualice la doctrina. eue se eviten las "capillitas" y las desconfianzas. Que se dé paso a ra juventud que es ra que ha oe attüár e ¡ncruso darles paso en la responsabilidad de la dirección.

ANTONIO DE URZAIZ GUTIERREZ DE TERON
1) Desmoralización de

la sociedad y en sus relaciones. La clase política ha
perdido toda noción de honradez asÍ como sufre una amnesia aguda.
2) como abanderado der pensamiento tradicionar españor, tiene rñucho
que decir. En concreto: comprorniso católico, region'alismo, principio de
subsidiariedad, autarquia...
3) No necesario, imprescindible.
4) Todo lo que esté al alcance de mi mano.
5) una gran dosis de torerancia y comprensión hacia todas ras posturas,
para lograr la discrepancia dentro de ra unidad y no creando grupúsculos.

JOSE M.'CUSELL MALLOL
1)

BaJo una capa de aparente mansedumbre y modernidad. oueden
sps,v,,rv rrrqrroeuuilrutE y iltuueililuao, pueogn
,.. ,.,:
toeiltttcarse
innegables avances de la Flevolución.
avances, no empezaron en los últimos años más recientes.
.Las.trsros
bases de. que partieron, se establecieron en 1gg7.
HOy' no sóro se regisra de espardas a Dios, sino incruso
contra ra Ley

de Dios.

.

En lo sociar, aunque se eruden ros enfrentamientos
descarados, está
v¡va y se fomenta la rucha de crases. cada vez es mayor
ra inseguridad
ciudadana y son constantes ros actos de tárrorsmo que
no t¡enen ra réplica adecuada.
En el orden político, bajo las apariencias de ecuan¡m¡dad,
anidan el
despot¡smo y er espíritu de revancha. Además de un
notorio favorit¡smo,
se rncu.mplen las promesas electorales con todo cinismo.

.

ANGEL ONRUBIA RIVAS
1) caótica -en sus

asp.ectos porÍtico, sociar, económico y rerigioso
dominados todos ellos por et confusionismo ioeor'ogico y po,
á
üái_
tidista y personal-.

t)

'3)

"p.i,tr"i.*"
qr" abrirto y conquistarto con fe, con decis¡ón,
,Pl,:11l1t-1:l,qy
iluston y conslancia en el esfuerzo.

con

Necesaria e imprescindible; sin ella será vano todo
intento y estéril todo
esfuerzo.
4)
cualquier cosa, menos ta integridad de ninguno de sus prin_
cptos y sus aplicaciones concretas básicás.
-, uu entusrasta coraboración
c)
económica y personar, Firmeza en ra fe de
nuestro ldeal. Esperanza en ra misericoidia de Diós p"rióon
erpán-"
Caridad para con todos.

2)

:q:lfi:Ii1

IGNACIO DE ORBE TUERO
1) La veo que camina

2)

ar caos y pienso, aciemás, que un tr¡unfo de la llamada "derecha" no variaría nádá, tunóamentáiáente, la
casa.

Pienso que ra única sorución, con todas ras ienovaciones
lue hagan fatta, sólo la presenia hoy el Carlismo.
-.
3) lmprescindible, pero entiéndase bien del cARLlsMo, no de todo
aqué.
que dice representarlo.
4) Todo lo que esté a mi alcance.
5) Primero encomendarlo todo y cada uno al Señor, y perseguir y pedir
en
,
mucha oración, con humildad, fidelidad a la Verdád
objet-iva.,

IGNACIO SALAZAR AYERRA
1) lrrecuperable como Sociedad de rnoral cristiana.

4 f?r.a el Cadismo y para cualquiera

q.ue

,éfáá""ptur. y

apticar tas reglas
del juego político de ese
-. creo necesaria ra unión engendro liamadb democracia.
3)
de-homóres¿aú;"r, responsabres, honrados
gglslgo mismos, leales a unos principio's que partien¿o Oef ñnOn
Siñ
Dtos, sean capaces de desarrorar urio-'i piiñó¡ó¡o" ióáórá¡br,';ñ;:
tivo-s, tradicionaristas y a mayor abundamiento,
MEJoR ,i J;'cÁñirsTAS,

4)

.Ejercita.r capacidad, responsabilidad, honradez conmrgo mismo, lealtad
(como siempre) a ros principios carri¡tas, esforzarme
en er desarroilo de
su- condición societaria, corporativa y Tradicionarista.

coN Dtos!

Hacerro ToDb

5) Que

demo.srraran que
:on CAHLTSTÁS_(Cosa difícil de ser). eue estudiaran, anatizaran y conteccionaran,
ENThE Íóóóé,;;
tico con TODO EL CARISMA que son
o" proporctonar nuestros
PRINC|P|OS. Casi nadie at aparato ""p"-""
¡ruÁbÁ-Slr.¡ olOSl

Éüñññií_

FERNANDO TODA GARCIA
1) A part¡r

der fin de ra Dictadura, que tanto daño hizo ar
carrismo, se vivió
unos momentos esperanzadores, pero enseguida ta
situacién füñ¡dil;
degenerando y el régimen de sanas l¡bertaÉés que
se esperaba se ha
transformado en ribertinaje e inseguridad, con ienoencia
a socavar todo

Mal.

3)

En lo econórnico. la presión fiscal ha baticto todos los récords
imagrnabtes, así como el endeudamiento público p"ráfét.
sóro un cambio totar de criterios y prantbamientos puede arumbrar
una solución, no exenta de sacrificios. '
Sí.

El Carlismo es la ú.nica fuerza que constituye un valladar
contra el
avance de la Flevolución.
es así porque las tá.cticas de los partidos con ettquetas de
.Y
conservadores, democráticos.y riberares, partén de ra tesis revolucionarias
menos avanzadas, pero hijas de la Revolución al fin, y er progáina
á;ii;;lismo, es el establecimiento del orden social cristiano.
Sí.

Para ofrecer a ros españores ra sorución que ras Españas
necesitan,

4)

5)

l?V 9y" hacerto partiendo, de una Unidad dé Doctr¡ná,
Disciplina, y de una Unidad de Acción.

;"; ú;,dJ;"

Todo.

Sin renunciar a ninguno de los principios.
Llevamos tiempo aportando cuanto está a nuestro alcance para
la
preparación de este próximo Congreso del que ha
de partir iá i""6nqr¡r-_
ta social y política de la patria.
Generosidad.

La misma que tuvieron ros carristas ar ir a ra cruzada o ar martirio.

E!-OY LANDALUCE
1) Social y políticamente no veo solución, sino camino a la ruina y a
una

situación irremediabre de inestabiridad. La intervención der Estácío
eñ ro
económico corno en ros demás aspectos de ra vida es incontestabre.
n¡ol
ral y religiosamente deduzco se siguen unas consignas de
ra Revorución
con toda fidelidad.
2) Sí existe espacio porítico, pero visto desde una óptica
diametrarmente
orsanla' renernos en frente con toda su porencia ar riberarismo
en sus ramas políticas y económicas y ar socialiimo, que con una careta
de social-democracia avanza inexorable por ros prebios de ra intervenc¡on
éitatar. Er carrismo debe mostrar su autenticiüa¿ ranzándáse á r" ;ü;
ñrrt¡ca mostrándose como rearmente es, ant¡tét¡co a esos s¡stemas. Los
Cuerpos Sociales naturales, los Fuero's a todás las R;gio;;; Mrnñ;
p¡os y la justicia social potenciada desde esos Cuerpos jo"¡"teíi
árt¿.,ti
ca representación y única verdadera democrac¡a.
3) La unidad del Carlismo es imprescindible, pero sin imposición a los oru_
pos. ldentidad en la doctrina, una autorídad'prestigiosá áir¡oá
vl" ,iüá..
glrpo jqto e ta mayor coiaboráción
e" p'rá_
:,"jl"iq{
_d",
Tq1
crso que a grupos como el partido Carlista se les demuestie
"on¡*í".
que el óar_
lismo es antitético ar sociarisrno, aún con ciertas coincidenciaó
soc¡aléÁ.
Porque siendo er hombre ro más grande, es además sociar por
ñátri"ié:
.ze y en el Carlismo encaja de lleno.
4) fraba¡ar lo más posibre d'esde er propio grupo y en ra un¡crad. considero
importanc¡a enconrrar a unás peréonas de verdadero pres_
Í:,FIT|11
rgro en cuanto a ortodoxia y dignidad personar, activas y ro más jóv'enes
posíble, para que desde todos los punios se reconozcan
como autoridad
con el mayor respeto.

5) Reconocimiento explícito y categórico de nuestros Principios sintetiza-

dos en nuestro Lema y que nuestra actitud sea de la máxima responsabilidad, arrinconando protagonismos demasiado frecuentes. Mirada especial a los jóvenes de ambos sexos y mayor protagonismo a la mujer
dentro de la Causa.

LUIS LUNA
1) Caótica pero del cuadro surrealista que podrÍa pintarse, conv¡ene destacar la atonía de nuestro pueblo, la merma de su capacidad de reacción,
su caída en la masificación, frutos del desencanto, de la falta de ilusiones y de esperanzas, de la sensación de impotencia ante un Estado absorbente, dirigista y totalizante, manelado hasta la arbitrariedad por unos
políticos profesionales, partid¡stas y teorizantes, divorciados de nuestra
Sociedad y de sus realidades.
2) Si por espacio político se entiende otro lugar más entre los partidismos,
la respuesta es NO. Pero la respuesta es Sl, si por espacio político entendemos un campo de lucha para que la Sociedad reaccione, recobre
su pulso, sus ilusiones, sus esperanzas y desempeñe el papel que en
justicia le corresponde en el orden político-social y, al mismo tiempo,
para lograr que el Estado se ajuste a su verdadero fin de órgano cumbre
de la Sociedad organizada y garantizador de las libertades y del bien común.

3) El Carlismo siempre ha estado unido, porque el Carlismo es único

y

nunca ha habido dos Carlismos. Las discrepancias han surgido entre los
carlistas, pero debe salvarse en todos la absoluta buena voluntad. Ha de
hablarse más propiamente de unidad de los carlistas para contestar con
un Sl rotundo, puesto que nuestra unidad es hoy más que necesaria, imprescind¡ble y urgente para que el Carlismo recobre la plenitud de su
luerza.
4) Todo lo que fuera menester y alcanzaran mis fuerzas, con la ayuda de
_D_iqs. Petsonalmente, como todos, he tenido mis altibalos, mis optimismos y pesimismos, pero debemos enfrentarnos al momento actual con
t¡n "alti" esperanzado, pidiendo fervientemente al Sagrado Corazón nos
conceda a los carlistas la disposición de ánimo necesaria para marchar
unidos "siempre p'alante".
5) La superación de los formalismos discrepantes que aún persistan y el
reconocimiento Dleno de lo fundamental que nos une, sentando al mismo tiempo las bases de lucha política y social para recuperar el peso
específico del Carlismo en el quehacer diario de España. En conciencia, no podemos segutr discutiendo si son galgos o podencos mientras
los perros de los sin Dios, de la amoralidad, de la injusticia, del desorden, de la confunsión, se ensañan con la España que otrora fuera hila
predilecta de la lglesia v en esa predilección hallaran stl grandeza
nuestros oueblos.

ALFONSO TRIVIÑO DE VILLALAIN
1) Francamente mal, pero no peor que anteriormente.

Desgraciadamente,

esta España es heredera de la política segu¡da en los años precedentes.

Se escribió, por casualidad o no, que la heredera legítima del franquismo
era la izquierda y por lo que se ve, en eso estamos. Tras la dictadura de
Primo de Rivera surgió un socialismo relorzado; tras Franco, con aquel
Franco o comunismo, lo que vivimos.
2) Desde luego que sí. Para todo español que no comulgue con el liberalismo ni con su brazo derecho e izqu¡erdo que es la Revolución, el futuro
de una España estable pasa por un retorno a su Tradición. El Carlismo,
si ac¡erta a mostrarse como es, será la solución tan buscada por el pueblo.

3) Totalmente. Sin ella no haremos

4)
5)

n¡ seremos nada.

Lo que fuera necesario. Todo, excepto consentir una nueva unificaciÓn

a costa de nuestro propio ser polÍtico.

Unidad ante todo. Creo sinceramente que el Carlismo no está fra_g.mentado. Somos nosotros, los carlistas, los que estamos divididos. Siendo
esto así, transigir en lo accesorio, mostrarnos intransigentes en la doctri-

na. Unirnos de una vez para ser carlistas por encima de todo'

SALVADOR FERRANDO CABEDO
Muy grave, por la total desorientaciÓn, falta de principios morales y políticos, atonía social, pérdida de credibilidad y confianza en las instituciones sociales básicas, criter¡os meramente pragmáticos y positivistas y
falta de ideales.
2) Desacreditadas todas las demás doctrinas polít¡cas, el Carlismo es el
único que puede levantar una bandera limpia y atraer a sí lo que quede
de sano en la sociedad española.
3) Absolutamente necesaria para una ta¡ea elicaz.
4) Proseguir el camino iniciado hasta lograrla plenamente.
5) Que olviden sus querellas pasadas y se unan en torno a los eternos
principios de la Tradición española.

1)

JOSE LUIS LOS ARCOS ELIO
Panorama español actual. Una sociedad que parece haber roto con su
pasado y carece de otras motivaciones que no sean las puramente materiales. Un orden pÚblico rayano en el caos y que el estado se niega a
defender alegando que eso forma parte de las concepciones totalitar¡as
del poder y que su única misión es la protección de los derechos humanos. Un marco constitucional del¡beradamente ambiguo, manipulado por
un Dart¡do marxista de voluntad totalitaria. Una red de medios de información en la que lo que no está al servicio inmediato de la propaganda
marxista se dedica a destruir las escasas defensas naturales de la socie-

1)

dad que está quedando desarmada moral y materialmente. Una oposi'
ción de centro-derecha que ha sido hasta ahora incapaz de definir un
programa mfnimo común para la defensa de la sociedad y del Estado co-

rroída por personalismos y cuya base social demuestra una atonÍa y urra
falta de sensibilidad aparentemente insuperables. Una Patria atom¡zada
por culpa de unos Gobiernos que han sido incapaces de comprender
otra fórmula que el tránsito de un centralismo cerril al reconocimiento de
unos nacionalismo de corte post-colonial y tercer mundista. Un estado
en manos de unos Sindicatos que se consideran con derecho aoaralizar
al país cuando así les convenga o convenga a quienes los manejan, etc.,
etc., etc.
2) Espacio político para el carlismo. En primer lugar habría que definir qué
debe entenderse por "Carlismo". Creo que para nosotros significa el
punto histórico de convergencia de una ideología y de una dinastía y
unas gentes que lo dieron todo por defenderla. No es el momento de hacer una historia del Carlismo ni de analizar su evolución ¡nterna. Baste
decir que durante la primera guerra era todavía y ante todo una realidad
social de la que fue desprediénclose una filosofía política que alcanzó su
plenitud en tiempos de D. Carlos Vll y que fue cristalizando en unos principios heredados por el Carlismo del s. XX de los que fue depositario
hasta la guerra de 1936 manteniendo sus líneas esenciales. Tradicionalismo y Carlismo han sido términos sinónimos, conservando el segundo
todo su valor incluso después de desaparecida la dinastía que le dio
nombre. Terminada la guerra, la falta de un monarca tradicionalista a la
cabeza del Estado fue la causa de que aquellos principios no desempeñaran en la nueva etapa el papel decisivo que les correspondía y que hubiera cambiado la marcha de las cosas. Solo parcialmente fueron ten¡dos en cuenta aunque adulterados, desvirtuados y combatidos incluso
por el mismo aparato estatal que de mala gana les dio un lugar mezquino.

Esta es una buena prueba de que si bien Tradicionalismo es el nombre genérico y auténtico de nuestro ideario, si no vive en comunión con
lo que en su día ha sido el Carlismo, está destinado a degradarse y a
desaparecer. Hubo tradicionalismos isabelinos y alfonsinos que no pasafon oél bampo qd ¡d lllÜst¡¡lá fjoll(lca y rtu Puulglulr rlourrrrúdr Purque er'
marco político aceptado por las dinastías a las que quisieron seguir siendo fieles hacía imposible el arraigo de aquella doctrina.
Ahora bien, tampoco los carlismos desgaiados del tronco tradicionalista e injertados en otras ideologías y otros movimientos han podido
conservar de "carlistas" más que la falsa etiqueta, pues han rolo la comunión con los principios que la dinastía carlista defendiÓ.

Responsable en último término de la situación actual es la sociedad
española. No parece que haya querido esto pero ciertamente no ha quer¡do otra cosa. Toda ella está tan impregnada de materialismo que en la
práctica los españoles que no encuentran una vía para sus ambiciones
personales actúan como meros pasotas.
El liberalismo, acorralado en un laberinto de tópicos y tabús y desarmado en el terreno político no ac¡erta a econtrar una salida válida. Frente
a é1, el marxismo, con una ideología, un designio colectivo y una estructura que desde luego, demuestra por el liberalismo y las libertades el
más profundo desprecio, se coloca por encima de las leyes y de las inst¡tuciones y trabaja eficazmente para la destrucción de la sociedad actual.
Los medios de informaciÓn cuando no están directamente al servicio del
marxismo, lo están indirectamente en cuanto colaboran sin descando en
todos los órdenes a demoler todo cuanto queda en la sociedad que pudiera ser obstáculo a la penetración de aqué|.
Es triste reconocer que en la actual coyuntura, aunque el Tradicionalismo tenga respuesta a los problemas actuales, sus posibilidades de
darla a conocer a la sociedad y de ser oído con respeto son muy esca-

sas y lejanas.

3) Creo que

en esta elemental exposición se ha llegado a un punto crucial.

Si el Tradicionalismo quiere ser oído y respetado tiene qe recuperar su
un¡dad. Solo a ella puede atraer de nuevo a su campo a muchos anti-

guos militantes dispersos, a muchos simpatizantes que descof ían de que
el ideario tradicionalista sea otra cosa que una pura entelequia. Sin ella
al carlista de buena fe solo le queda actuar honestamente en su campo
de acción inmediato y refugiarse individualmente en sus recuerdos y fidelidades, ya puramente simbÓlicas.
Sería urgente e ind¡spensable llegar a la definición de un programa
mínimo com¡n que permit¡era a todos los actuales grupos que se recla'
man del carl¡smo, aclarar sin ambigüedades su pertenencia al Tradicionalismo histÓrico y doctrinal. Y en una primera fase trabalar ya iuntos en
establecer un plan conjunto de acción en extensión y en profundidad en
la sociedad, al menos en los grupos más afines. Pero esto es utópico si
ouienes están llamados a servir de levadura no terminan sincera y gene'
rosamente con su actual desintegración y con sus personalismos que a
veces les han llevado a ser aliados obietivos de los mayores enemigos
de nuestro ideario.
Un solo carlismo que tenga autoridad para arrancar etiquetas a los

que doctrinalmente estén fuera de é1. Una buena puesta en común de todos los medios disponibles. Un órgano de prensa que recoja y unifique el
esfuerzo de las publicaciones que actualmente proliferan con poco provecho. Mientras no se dé este primer paso, la actual imagen del carlismo
será el mayor obstáculo para que su respuesta a los problemas de la sociedad española encuentre eco. Circunstancias semejantes se han dado
ya y se superaron. Hizo falta una amenaza tremenda para dar aquel
pas'o que fue decisivo. A partir de é1, el Tradicionalismo se convirtió en
un polo de atracción que rebasó todas las esperanzas.
4) No me parece que ningún tradicionalista que se precie de tal pueda regatear su apoyo para terminar con este momento de escandalosa desorientación que atraviesa la Comunión. Pero naturalmente la primera palabra la tienen, no los que están situados al margen de los actuales com'
partim€ntos sino los que desde el interior de ellos t¡enen autoridad y posibilidad para decidir el reencuentro final de todos, al servicio de una
causa común.

Con diez millones de votos
de resentidos o ingenuos,

ROMANCE DEL

ganaron las elecciones
y entraron en el Gobierno,
unos pillos socialistas
que se llamaban obreros
sin tener un solo callo
en la yema de los dedos.

La Corte de los Milagros

CIEGO

salió del túnel del tiempo
y volvieron los mendigos,
los parados, los hambrientos
por miles las prostitutas
con sus chulos al acecho,

fuese un país europeo;
demócrata, libre, culto,

pero, sobre todo, serio.
Gran revuelo entre las gentes
causó el acontecimiento,
hubo bailes y charangas
entre la gente del pueblo,
Y levantaban el puño
en forma de macetero
con un capullo de rosa
preso en un guante de hierro.

Pasaron algunos rneses
y al llegar al año y medio
las rosas ya estaban secas
entre los puños de hierro
y sus promesas volaron

cual hojas que lleva el v¡ento,
(Promesas electorales,

no se cumplen, según Tierno).
AI pie del puño florido
hicieron su juramento.
Con la rosa por test¡go
los ministros prometieron
dar trabajo, hacer justicia,
predicar con el ejemplo
y levantar las alfombras
del Palacio del Gobierno
por barrer todos los polvos
de anteriores trapicheos,
con cien años de "honradez"
converlidos en .plumero.

Para que al fin esta tierra

tramposos, trapi sond i stas,
mangantes y presos sue/tos.

Todo se llenó de pícaros,
trepadores y mastuerzos,

políticos sin gramática,
donjuanes de medios pelos,
tragaldabas, tragaperras,
trag acargos, trag asue I dos,
y en menos que canta un gallo
nos dejaron medio en cueros.
Las calles y plazas públicas,
tos mercados y,Pgggg_s,,

invertidos, maricones,

zorras de pelaje nuevo
y ambulantes de la droga
de esos que llaman "camellos".
En calzón van pensionistas,
en perneras los obreros,
empresar¡os en pelotas,
contribuyentes en cueros.
Los ladrones a la calle,
los tontos al Ministerio
los ministros en Mercedes,
los electores al huerto.
lndultos a terroristas
y guardias al cementario
pues mientras el pueblo llora
el Gobierno entierra muertos.
De mirar tanta desd¡cha
un día me quedé ciego

/ fflE v8{ {ifr{s €frftifrt

se llenaron de chorizos,

OTAN: una clara falta de disciplina
electoral, tanlo en el espectro del
PSOE como en el de Ap. De todo

lo anterior se deduce que exisle un
gmplio sector de la población española sin opciones políticas definidas que se inclina más conlra aloo
que a favor de algo
tan cacá-el quién?).
reado voto útil- (¿para
Lo que sí parece claro es lo que
la mayoría del electorado no quiere. La gente evidentemente busca

Algunas de las tentaciones
del Carlismo actual
(viene de pá9. 2)
cambio de la consecución de ciertas co_
tas de problemático interés eskatégico,
se sacrifica a la postre lo esencial ! se
compromele el logro de las metas áefin¡tivas al arriesgar la supervivencia misma_ del Cadismo como grupo y Causa
nrs¡onca, que, pese al tópico, carece,
en cuanlo lal, del carisma de etern¡dad.

Tampoco eslamos exenlos de la
lentación de "incordiar al próximo" y

cuanto más proximidad, más enconadó
y frecuente incordio. y eso que sabe_
mos del ant¡doto de la caridad... Tierno

Galván, cuando aún dirigía su prooio
parlido, el P.S.P., fue ,,picado',
ior'un
penootsta para que fustigara a Felipe

uonzatez, su competidor en el p.S.O.E.
El "viejo profesor" le respondió que él
reservaba su artillería para sus enemigos, los de enfrente. Es una lección que
conviene. aprovechar, aunque venga de
alguien de... enfrente.
. Ante la nueva etapa, es más impor_
lante .el destino que el origen, y nadie
uene ¡ttutos para dar o negar patentes
de carlismo. Ya vendrán las autoexclu_
siones y los ultramontanismos de lodo
srgno por decantación, pero la actitud
propic¡adora de una unidad consistente
es la. humildad y la cordialidad. por ellas
Dnncfamos y rogamos fortaleza contra
éstas y otras tentaclones.
J. M. ORTS

que se presenló a las elecciones
como heredero del franquismo,

Fuerza Nueva, como quienes lo hi-

cieron con el apellido marxista o
comunista obtuvieron un notable
fracaso. Es más, en su momento
UCD hubo de hacer pública su renuncia de toda connotación franquista y el PSOE en un accidenta-

do congreso hubo de hacer lo propio con el término marxista que desapareció de su programa. Tanto
Suárez como Felipe González se
vieron obligados a poner en juego
sus personas para obtenerlo. eue_

dó eso sÍ en el PSOE, más que
todo a título testimonial y táctico,

esa corriente de lzquierda socialista cada vez más desplazada del
poder socialista, pero que, sin embargo, en un momento concreto
podría resquebrajar la estructura

del Partido.
AP, mezcla enmascarada de li-

beralismo conserwador

quismo vergonzante,

y

Fran-

aparece
como la única opción alternativa al
PSOE pero todos reconocen sus limitaciones. Es una opción frente al
PSOE pero nada más, difícilmente

puede contactar con las masas
obreras del país y en su seno reproduce las viejas fórmulas de la

oligarquía y el caciquismo. Todas
eslas evidencias dejan claro que
en España sí existe un espacio político.

Si lo único que nos planteásemos como meta fuese un partido
que buscase prioritariamente la

loma del poder habría que buscar
el perfil de un partido ,,|Íder', que
p.udiera ser aceptado por la mayoría. Habría que utilizar el marketino

polÍtico realizando los estudioi
adecuados. Pero nosotros tene-

mos ya un Partido entre las manos.

Que nadie se asuste por el térmi-

no, es el que todo el ilruncio enlien_
de y el mal, en todo caso, no estaría en el lérmino utilizado sino en el
contenido que encerrase.
A lo largo de la ya larga historia
del Carlismo, éste siempre obtuvo
representación parlamenlaria desde que la polít¡ca de Nocedal hizo

que el Carlismo se presentase a

las urnas. Con la excepción de los
perÍodos bélicos, desde 1g69 hasta el franquismo, el Carlsimo siempre tuvo una mayor o menor representación en las Cortes.
¿Qué ha ocurrido para que hoy

esto ya no ocurra? Creo que es
algo de todos sabido: Falta una autoridad única, el Carlismo está fraccionado en una serie de pequeños

grupos, hace años que no se en_
grasa ta maquinaria política del
carlismo, fallan unos órganos de

expresión propios. Sobran empecinamientos en discordias viejas de
"personas viejas", al margen de la
edad, y faltan ganas para dedicar

nuestros esfuerzos y sacrificios a
consegutr cuanto nos falta y a ac_
tualizar nuestro programa haciéndolo atractivo para aquellos que

aún creen "que las Españas son
cosa de todos" y que caben mejores soluciones que las del pasotismo, la desesperanza y el mal menor.

g¡slador Supremo de toda soc¡edad
humana, cumplan o no éstas con
esa Ley divina.
Queda así afirmada una primera
ind¡sculible unidad del pensamiento carlista: somos carlistas
para mejor servir a Dios en la políti-

e

Amamos profundamente a España a la que reconocemos y sentimos formada hislóricamente en ser-

vicio de aquella Fe y en el desarrollo histórico de su ingente variedad
política, en unidad viva que se ha
ido formando con el tiempo y que
en el futuro esperamos conservar,
bien que las modalidades concretas
polít¡cas irán adecuándose a las ne-

cesidades de ese devenir que hoy
desconocemos.

Todo cafista, con mayor o menor conocimiento real lleva dentro la
realidad jurÍdico-política de los Fueros, pues éstos no son en última
instancia más que el derecho posilivo surg¡do por el mutuo diálogo y
servicio del pueblo y el Rey, uno y
otro buscando y respetando la con.lugación de la libertad y el bien comun.
¿Y del Rey, qué hemos de decir?: Nació el Carlismo como realidad histórica moderna, en la defenr

TOGA

algo que no es al marxismo ni el
franquismo. Tanto el único partido

(vlene de pá9. 3)

' 'Vvv'

CARLIS.MO Y ESPACIO POLITICO
(viene de pá9. 1)

CARLISMO

.

'qt

sa de unos derechos

de verdad que lo prefiero.

robaperas, descuideros,

LA UNIDAD DEL

existe espacio político, sí

er I rq ugrCt

zás, las que sirvió con nobleza v

generos¡dad el pueblo llano. peró
s¡empre una lÍnea constanle e invariable: la legitimidad dinástica.
El pueblo carlista busca siemore
,,posibilis-

la "legitimidad" y no el

mo", pues bien sabe que en la priTgra hay sacrificio Real en garantía

del bien común, mientras que en el
segundo solo hay el triunfo efímero
de unos líderes, con sacrificio de la
libertad popular.
Eslas connotaciones dan conleslación a las preguntas del inicio:

No hay en el Carlismo división
esenc¡al, s¡no accidental, aunque

como en las peleas de familia, aparezcan un poco escandalosas.
Es claro que hay unidad de pensamrenlo; donde de verdad es ne-

cesaria la unidad. El pueblo llano

sabe poco, pero sabe bien; conoce
porque le brota de su propio vivir, lo
fundamenlal del Carlismo, deiando

a los "doctos" que discutañ

los

"punlos y comas", que aviados van
a cumpl¡r la función que les corresponde.

¿Es necesaria la unidad? ¡claro
que sÍ!, pero ¿unidad en qué?: Claridad y firmeza en los principios; libertad y variedad de criterios en lo
accidental y aún más en lo coyuntural, que de aquí provienen las divis¡ones y "anatemalizaciones".

Si me permite, amable

lector,

hay claro rechazo de marxismo y
franquismo, lugares en los que el

concluyo: Creemos en Dios y procuramos serv¡rle en la política, buscando el bien común, que no el pro-

que sepamos comprender que no
hay tradición sin progreso ni progreso s¡n tradición, huyendo tanto
de inmovilismos como de pérdida

nuestra doctr¡na, c¡ertos de encontrar en ella y con lenguale de hoy,
tas sotuciones que España necesita. Y con igual fe cierta, sabiendo lo
que nueslro grito de libertad y legiti-

CARLISMO no se ubica. Solo resta

de identidad. Aún hay lugar para la
esperanza.

pio beneficio. Profundicemos

en

midad significa, digamos una vez
más: ¡Carlistas, adelante. ¡Viva el
Rey!

F. ASIN

t-

sucesorios.
Mas no por defender a una persona, sino porque en esa sucesión legítima estaba la garantía de la liberlad del prop¡o pueblo español. ¡y el
t¡empo nos ha dado la razón!
Tema difícil hoy, más difícit que
nunca, en la realidad del Carlismo.
cuya solución hemos de ver con espec¡al sentido providencialista.
"El hombre propone y Dios dispone". Anle tal coyuntura, ¿está dividido el Carlismc?: Unas puJiei-on
ser las soluciones ieóricas, frías.
aséfticas de los teór¡cos del Derecho; otras las soluc¡ones que aconsejó la prudencia política: otras ou¡-

Domlngo Fal-Contle

Del 1 al Mayo de 1986 en El Escorial
UN CONGRESO PARA LA UNIDAD
Llamada a los carlistas para la
Unidad de Doctrina
Unidad de Disciplina
Unidad de Acción
SIN TRADICION NO HAY PROGRESO

NADA SIN DIOS
MAS SOCIEDAD Y MENOS ESTADO

Organizado por la Comisión Gestora para la Unidad del Carlismo y avalado pgr-Comunión Óatólica Monárquicil, Comunión Tradicionalista-Carlista y Unión Carlista, el Congreso para la unidaclde los carlistas se celet¡,rará entre los días 1 y 4 de Mayo de 1986 en
el Escorial

SAN TOAENZO OE
€L ESCOFIAL

Lugar: SAGRADOS CORAZONES-RESIDENCIA SAN JOSE
a la estación del ferrocarril)
permanecerán, preferentemente, en
participantes
Los congresistas compromisarios
régimen de internado.
El precio de la pensión completa, sin IVA; es de 1.700 ptas. siendo la comida suelta
725 y la cena 400 Ptas.
C¡-RvOa. de los Reyes Católicos 12 (próximo

INFORMACION: Puede requerirse información más amplia en las Juntas locales o
regionales de las organizaciones políticas citadas, así como llamando entre 10 y 1 1 de las
noche a los teléfonos:
(91) 2760908. De 17 a 19 horas, en MADRID
(976) 227957. De 22 a 23 horas, en ZARAGOZA
(gs) zgzg099. De 17 a 19 horas, en BARCELONA

UN CONGRESO Lpara qué?
Tras la dispersión y el confusionismo consecuencia de causas sobradamente conocidas, es un hecho el resurgir del Carlismo a partir de
la decidida voluntad de unión manifestada por el Pueblo carlista y secundada con abnegada comprensiÓn y tenaz empeño por los responsables de caracterizados GruPos'
La unidad ya lograda es esperanza de una reactivación del Carlismo como "percutor de la conciencia nacional" frente a la crítica situación por la que en todos los órdenes atraviesa nuestra Patria.
Pero tal reactivación Presupone:
-Clarificar conceptos, porque no todo lo que se presenta como
Carlismo lo es auténticamente.
-Ofrecer soluciones prácticas y de posible realizaciÓn' porque con
sólo Principios Doctrinales no se resuelven los problemas.
-Estabiecer una Organización operativa, porque sin ella, en las actuales circunstancias, no sería posible influir en la política nacional.
-Trazar un plan de acción eticaz para difundir nLlestros Principios
ideológicos y nuestros Programas polfticos, porque,la regeneración de
Españá exije atraer al Carlismo a todos los españoles de buena voluntad.

I

I

M. GARISOAIN

De ahí la necesidad de un Congreso Nacional que, con representatividad de todas las fuerzas auténticamente carlistas, tenga por objetivos:

-Determinar con precisión, en el plano ideológico, sin ambigüedades que puedan dar lugar a diversidad de interprelaciones, el significado del permanenle Lema "Dios, Patria, Fueros, Rey"'
-lnúestigar, en el plano programático y de acción política, el grado
y forma de áplicabilidad actual de los Principios ideológicos del Carlismo en función correctora de las realidades sociopollticas presentes.
-Dar forma jurídica a la unidad del Carlismo, mediante una reglamentación de la estructura y funcionamiento de la Organización que
en el marco actual es imprescindible para la presencia del Carlismo en
la polftica nacional.
-Adoptar la estrategia de acción más apropiada a fin de lograr la
máxima difusión y aceptaciÓn del ldeario y Programa carlista en todos
los niveles y sectores de oPinión.
En definitiva, un Congreso como punto de partida para la reconquista del auténtico ser de las Españas.