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Arturo Alcayaga Vicuña

Las ferreterías del cielo
Reseña y selección de textos por Sergio Sarmiento

La literatura chilena nos ofrece, de vez en cuando, extrañas obras poéticas, libros con
malformaciones genéticas que el tiempo se encarga de cubrir con el apolillado manto del olvido.
No se trata, por lo común, de obras relevantes, sino de experimentos no logrados, experimentos,
párvulos lectores, que no obtuvieron una “carita feliz”, no aprobaron el curso, pero que merecen,
por lo menos, una tardía “revisión técnica”, a fin de identificar las causas del desastre, así como
posibles aportes. Tal es el caso de “Las ferreterías del cielo”, la intrincada obra que en febrero de
1955, en la ciudad de Valparaíso, publicase su autor, el pintor, poeta y médico Arturo Alcayaga
Vicuña (1920 – 1984), quien por ese entonces ya había dado a la luz pública su primera obra “La
descalcificación del caballero”, un poemario dedicado al IV centenario del nacimiento de
Cervantes.

Impresa en los talleres de la Cárcel de Valparaíso, “Las
ferreterías del cielo” fue compuesta por los reos porteños “con restos de linotipias y todas las
posibilidades de una imprenta próxima a las penas de muerte”, como dice su autor en “Ballet
Colofón”, texto que cierra la obra. Debido a esta singularidad, que lo transforma en un libro
irrepetible, sus páginas están salpicadas con distintos tipos y tamaños de letras, mezclándose
cursivas con negritas, mayúsculas con minúsculas, así como un variopinto arsenal tipográfico
(times, courier, futura, helvética, etc.). Párrafos del texto, además, están impresos en distintos
colores. Tales hechos transforman a “Ferreterías del cielo” en un libro objeto, tal vez precario,
pero que de alguna forma se anticipa a “La nueva novela”, otro experimento nacido en
Valparaíso tan difícil de encontrar como la obra de Alcayaga.
Desde el punto de vista de su temática, “Las ferreterías del cielo” es una especie de obra
retrofuturista que se desarrolla en medio de esperpénticas constelaciones: del Gallo, de la
Peluca, de la Espuela, de la Jaiba, del Estribo, de la Rueca, aunque también en las veredas
cotidianas y en parajes campesinos. Allí, una multitud de dioses grecolatinos redivivos, junto a

pese a su hermetismo. la principales vertientes de la poesía chilena de ese entonces. piqueros. tal vez ese fue su ambicioso objetivo. contratoros. Como los zepelins. En Vicente Huidobro. Sin embargo. Las correspondencias de este libro están más cerca. exaltado y sombrío. tal vez sobre la cavidad de una fosa de esas que se anuncian como perpetuas. en una farragosa sintaxis.Herreros y Ferreteros. como la creencia en los marcianos. escabeche). hoy lo recibimos en estas páginas para que después de 51 años vuelva a posarse en tierra. no llegó ese futuro. son protagonistas de algo parecido a una “Guerra de las Galaxias”. Juan Uribe Echeverría.” También se debe mencionar su proximidad con la poesía de Pablo de Rokha. Y aunque Alcayaga saltó al vacío con un paracaídas prestado. Sin embargo. máquinas modernas (relojes. helicópteros). es verdad. aviones. con frecuencia resuena el eco del Neruda depresivo y sexual de “Residencia en la tierra”: “Tú. Demasiado audaz Latorre. En tal escenario se mueve el hablante. A raíz de esto. tal literatura no fructificó. eso ya lo sabemos. Hay experimentación en Alcayaga. tanto por el uso de neologismos. se quedó en el ayer. navegando entreastros de penumbra. desmayada de hospitales y de hojas. sátiro a primera vista. además. ser sexual. principalmente. pienso. especie de barroquismo creacionista que no logra sintetizar. especialmente por su incontinencia verbal y el constante uso de elementos de la ruralidad chilena. terminología médica y religiosa. ahogada en sastrerías.. gente que tiene problemas con la claridad: Lezama Lima. Tal profusión. una variada fauna. Néstor Perlonger. armando una especie de hermética cazuela poética. Posee demasiados símbolos que no simbolizan. mares. elementos de la naturaleza (cordilleras. pero sin un norte que se entienda. o simplemente violador. uno de los presentadores del texto. Tal vez sobre una nueva pista de despegue. De fondo. compara a Alcayaga con Mallarmé. uno de los pocos críticos de la obra de Alcayaga. "Las ferreterías del cielo" es una obra nos recuerda que la poesía es también locura y atrevimiento. . hemos querido dar a conocer la obra de este poeta. además. Alcayaga no consigue la misma resonancia poética que sus inspiradores. es el problema de esta obra.. pues consideramos que además de su singularidad como libro objeto. en su momento señaló al poeta como un “antigravitacional piloto de prueba de una literatura del futuro”. señala el hablante. como por la concepción de la obra: “Así yo usaba de paracaídas este paraguas / como magno brujo que soy”. pues no permite que “Las ferreterías del cielo” se constituya como un todo coherente. / como siempre. utilizando un lenguaje que mezcla neologismos (paraviudas. sino una especie de verborrea inentendible y bastante cansadora. refundación o deformación del mundo en formato predigital. Mariano Latorre. símbolos atrapados. . artículos de quincallería y los signos del zodíaco. entrecrestas) con chilenismos (fritangas. diluvios). pues “Las ferreterías del cielo” recibe claras influencias de “Altazor”. donde seguramente convivirá con otros crípticos e incontinentes autores. Julio Molina.

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