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lorenzo garcía vega

 
Mi amigo Lorenzo
Carlos M. Luis
Miami (Playa Albina) Lunes 10 de Octubre, 11 a.m. Lorenzo y yo nos encaminamos a
la Asociación Lacaniana que se encuentra en la calle Flagler. Por el camino mient
ras nos quejábamos del tupido tráfico y del insoportable calor, nos reíamos también por
esa nueva aventura que estábamos a punto de emprender. Una aventura más de las mucha
s que hemos intentado en un Miami nada proclive a ofrecer sorpresas al estilo de
la que esperábamos encontrar en dicha Asociación. No hacía mucho que en compañía del Fern
ando Palenzuela habíamos acudido en una noche lluviosa (y calurosa como siempre) a
la biblioteca que se encuentra en Coral Way a una reunión que prometía ser interesa
nte: esta vez se trataba de una asociación dedicada supuestamente al estudio de Gu
rdjieff. Fracaso total. Los componentes de dicha asociación no demostraron el meno
r interés en aquellos temas que nos llevaban a asistir a dicha reunión: específicament
e la obra del poeta René Daumal y la relación de Gurdjieff con el compositor De Hart
man. Salimos de aquella charla con la misma frustración que siempre hemos experime
ntado cada vez que se nos ha ocurrido integrarnos a alguna aventura albina de ca
rácter cultural. Es por eso que por el camino hacia la Asociación Lacaniana nos reíamo
s pensando en que todo iba a parar en lo mismo. Felizmente no fue así y salimos de
ese primer encuentro satisfechos de habernos encontrado, al fin, con algo que t
enía visos de seriedad. La risa volvió después, primero cuando a la salida de ese llam
ado ''cartel'' lacaniano (dirigido por una profesora y analista Argentina) nos e
ncontramos de nuevo en la calle Flagler. En ese instante el principio de realida
d volvió a apoderarse de nosotros contrastando con la atmósfera intelectual propia d
e otra ciudad que le sirviera de marco apropiado. Pero la verdadera risotada se
produjo cuando se nos hizo patente la edad nuestra y los años que llevamos andando
juntos siempre en búsqueda de un nuevo pedazo de conocimiento que alimente nuestr
a curiosidad. ¡A estas alturas! pues ni Lorenzo ni yo hemos perdido ese entusiasmo
a pesar de los años de desengaños y esfuerzos (a veces baldíos) que hemos transcurrid
o juntos. Es por esa razón que he preferido comenzar por el final, por lo que nos
sucedió hace poco, porque la aventura lacaniana lleva el peso de más de cincuenta años
de amistad con todo lo que esa relación conlleva.
La Habana, finales del año 1951. Calle Trocadero 162 bajos, donde habitaba José Leza
ma Lima. Hacia ese sitio (que algunos jóvenes de aquel entonces teníamos como una es
pecie de lugar sagrado) dirigí mis pasos tras haber hecho cita con Lezama el día ant
erior. Había sido Roberto Fernández Retamar a la sazón amigo mío, que me había puesto en c
ontacto con el llamado ''Etrusco de la Habana Vieja'', pero a última hora se excusó
de acompañarme y en su lugar Lezama le pidió a Lorenzo García Vega que acudiera a la c
ita. Fue de parte de Lezama una elección que resultó ser para mí venturosa pues ese día
se inició no sólo mi relación con el poeta de Enemigo rumor sino mi amistad con el tam
bién poeta de la Suite para la espera. Durante el tiempo transcurrido en la sala d
e la casa lezamiana se barajaron toda suerte de temas como siempre solía ocurrir c
on el poeta. Lorenzo recuerda aún que hablé de Paul Klee y Mondrián y que Lezama habló d
e todo lo humano y lo divino, mientras que él, Lorenzo, permanecía silencioso con es
os silencios suyos que a pesar del paso del tiempo a veces se hacen difíciles de d
escifrar.
Cuando terminó la entrevista salimos Lorenzo y yo por la calle Industria vía San Raf
ael donde íbamos a tomar el tranvía. Así lo hicimos y en el mismo nos encontramos con
Marta la que era mi novia y hoy es mi esposa. No recuerdo lo que hablamos por el
camino, posiblemente porque una novia atrae más la atención que una conversación de c
arácter intelectual. Pero el hecho fue que allí quedó sembrada la semilla de una amist
ad, en aquella Habana de los cincuenta bajo el relajo auténtico (que era un auténtic
o relajo) y los nubarrones que habrían de traer meses más tarde un terrible golpe mi
litar. A pesar de ello La Habana nos ofrecía (contrario a Miami) las posibilidades

Lezama fue el gran mentor para Lorenzo como lo fue para mí. En este último país y a pesar de sus contacto s con la vida intelectual del mismo. una ciudad que a pesar de lo difícil que se nos hacía sobr ellevar su vida cotidiana. En más de una oc asión le acompañé a instituciones culturales que se suponía tenían interés por la cultura cu bana y en todas la respuesta siempre fue la misma: Lorenzo García Vega no existía pa ra esa gente. Miami pues. Este último continúa siend o el blanco de su imaginación así como también lo han sido Marcel Duchamp o John Cage. Exilio. Fue así que entramos en contacto con autores que Lorenzo leyó ávidamente como Norman O. y mucho más. Miami año 1978. por lo demás. Aparenteme nte no estaban seguros si Lorenzo sabía escribir. Un buen día Víctor decidió po nerle fin a la misma como había hecho antes con otra de menor calidad. se abría a toda suerte de retos intelectuales. En una de éstas le pidieron su ''curriculum'' como si fuese un desco nocido mientras que en otras le exigieron una prueba de sus escritos. pero además la presencia de Lezama servía como una especie de puente que nos permitía encontrarn os.de los encuentros y las caminatas. se convirtió e n su última parada transformándose en su Playa Albina. Fue así que se estableció la costumbre de vernos en esos bares. o bodegas y cafés donde a raíz de un buen ''habitanteo'' por la ciudad solíamos continuar una convers ación sobre temas que nos interesaban. Freud y Marx en parte y seguramente nuestras re spectivas neurosis. Allí apareció Lorenzo llegado de España. con sus cafés y librerías donde podíamos ir a care nar. Con el correr del tiempo todo eso. el que más le afectó. dejando atrás (y de paso a su recién nacida hija) un mo do de vida al cual estaba acostumbrado. se aclaró una ve z que el torbellino castrista nos separó por unos pocos años y después hizo que nos vo lviésemos a encontrar primero en New York y más tarde en Miami. de la cual Lorenzo y yo habíamos formado parte. Brown o artistas que lo deslumbraron como Edward Hopper o Joseph Cornell. New York fue. Uno de éstos fueron los años en que la revolución le obligó a asumir un destino que él no quería para sí. De todo eso Lorenzo dio cuenta en un libro que aún causa re squemores (y que le provocó la ruptura con más de un origenista o pseudo/origenista paniaguado): Los Años de Orígenes. pero que siempre despertaban en nosotros la curiosidad hacia lo nuevo. Un buen día se le ocurrió lanzar una r evista. me unían a Lorenzo otros intereses que Lezama no compartía de l todo: el surrealismo sin duda. Lorenzo que gracias a la cerrazón castrista había perdido contacto con la vanguardi a. libro de cuya dolorosa gestación fui testigo. tuvo que ver con su relación con Lezama y el desengaño que sufrió con todo lo que tuvo que ver con el ''origenismo''. volvió a retomarla con avidez y ésta le ha servido como engranaje para su creativ idad. su estancia tocó fin tras experiencias con tr abajos absurdos tal y como le había ocurrido en New York. Más a pesar de su av asalladora influencia. El mis mo Lorenzo de siempre pero cargando sobre sí unos recuerdos que se le hacían difíciles de sobrellevar. Todo terminó en el Publix donde Lo renzo por unos años trabajó de bag boy. Mientras nos veíamos y caminábamos adonde podíamos. Desde Miami también llegó a New York Marta. New York en plena década de los sesenta. Durante las dos visitas que hiciera a La Habana en 1994 y 1995 me puse en contacto con una serie de jóvenes (hoy la mayoría fuera de Cuba) que habían descubierto a Lorenzo gracias a una feria del libro venezolano donde pudie . A Miami vine a parar con mi familia y Lorenzo llegó poco tiempo desp ués de estancias en Chicago y Venezuela. revista que a pesar de su corta duración obtuvo el e ntusiasmo de los medios intelectuales latinoamericanos. El otro. F ue durante esa época que invitado por Octavio Armand pasó a tomar parte del consejo de redacción de la revista que éste dirigía: Escandalar (subvencionada por Víctor Batist a) revista que alcanzó reconocimiento en toda Latinoamérica. La Habana se prestaba para ello. Ujule. A pesar de todo Lorenzo no había sido olvidado. la que ha sido su compañera de años. Transcur ría la década de los sesenta y las modas iban y venían muchas superficiales. con Carlos Díaz. Desde la primera entrevista que tuve con él no cesó de relatarme lo que significó para él un cambio radical de perspectiva con respecto a Lezama y a la entrega de muchos origenistas capitaneados por Cintio Vitier y Eliseo Diego a l castrismo más radical. Aquí en medio de la confusión y l a ignorancia reinante Lorenzo no tuvo éxito en los medios académicos.

Posted on Sun. Sucede que. A partir de entonces su obra va siendo cada día más leída y reconocida: homenajes en México. la música experimental. 2005.ron ''adquirir'' mediante el hurto sus Años de Orígenes y su Rostros del Reverso. Nuevo Herald. Buenos Aires y Caracas así lo atestiguan. De regreso de Cuba así se lo hice saber. Deleuze. Y así l os días van pasando: hoy bajo el temor de un ciclón. en fin de todo. Miami Octubre 19. Lorenzo y yo nos encaminamos esta vez a Las Américas Shopp ing Center lugar que nos sirve como un marco con aire acondicionado para nuestra s caminatas. nuestras neurosis y fobias. Quejándonos del calor y de las mediocridades que hay que enfrentrar día a día caminamos como dos viejos pánicos por ese lugar rodeado de tiendas que ofrece n todas suerte de bisuterías. la poesía visual. 13. entre ellos Carlos Agu ilera quien dirigió la revista Diásporas donde Lorenzo y yo contribuimos. los patafísicos de Buenos Aires a cuya org anización pertenecemos. Nov. l os que saben leer han podido descubrir que su obra es una de las más originales qu e se han escrito en nuestro idioma en estos últimos tiempos. De repente Lorenzo se convirtió en un culto para estos jóvenes. En medio de ese extraño collage nuestras conversacione s van desde Lezama (a pesar de todo siempre presente) a nuevas lecturas: Derrida . 2005. Ahora en España le han publicado sus memorias El Oficio de Perder. como siempre hemos estado acostumbrados a hacerlo. . mañana planeando ir de nuevo al c artel ''lacaniano'' a ver qué aprendemos de nuevo. al fin. los jóvenes poetas argentinos.

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