SEMINARIO

Extraño aquel lugar donde varias de mis almas se reflejaron en lagos
impolutos; extraño el verbo del rock and roll gritando, que hace las vidas posibles;
aunque me falte otra alma perdida, aunque la intemperie me roa las espaldas; y las
grietas existenciales de dolor me laceren los estigmas, fríos estigmas que merezco,
“otra vez perdido esta noche”.
Seminario. Ramada en pleno estío, parra añeja sobre arenal surtiendo granos
invisibles, temporales, para la sed de este perro espíritu suicida. Seminario, surtidor
en pleno desierto de verdes algas marinadas con el ensueño de energía y el oleaje más
grande en el pecho.
Muero de ser y aquí estoy, verde, Charly; muero de sed y aquí, sobre esta
tumba color brandy, mi ánima noctambula en negro sobretodo, a ser Edgar Allan
Poe, tragando verdes flamas interiores; sumiéndome en lírico delirio, Revólver.
Cuando la tristeza te traga, ese pulpo de pasto riéndose de cansancio volátil;
cuando aquello sucede, uno ya no tiene más fuerzas. Se agosta, hablando por su
bandera libertaria: el alma fría nocturna de la mujer más puta y bella que la noche
más pito, te traga, como la tentación en la que caes por propia voluntad y deceso.
Los colores estridentes, a veces suaves, pasteles, de un Curt Cobain pasado,
se quedaron en otra farola. Baños empapelados con obras de arte.
¡A la Solemne Flor de Lis yo me Adhiero! Símbolo del arte.
Más allá de luces de neón se gestan poemas a la puta libertad que cuesta
reemplazar el miedo por el todo que uno da para no tener nada; siempre empezar
nuevamente; elegir el costo de la vida maravillada, como César Moro.
“Las palabras fueron avispas...”, aúlla Bunbury. Las palabras fueron el vino.
Cuando amarilla te da en los ojos la mañana. Aterrizar no es más que el bello inicio
de partir otra vez, por la libre determinación del ser que se junta, a años luz de
distancia, con la magia de la barra del bar esperándote siempre.
Cuerdas veloces de inaudible guitarra desvelan el impreciso rostro de Mi
Musa remota al exilio de la pena.
Un lugar que ya no está. Lejano resulta, ánima volada. Fumando la gracia
ajena, existir por semejante más puro explica que a alguien le juegues un sol para
completar una birra. Se sienta a orar poesía que se mea en las calles y escribe con
tinta indeleble sobre las paredes: Mañana hemos lanzado.
Y reír de todo y morir de nada. Esta felicidad compartida con aquellos
semejantes más puros que Forrest Gump imantando la pluma blanca de un ángel que
te abraza… al volar en esta birra, al volar…
Jack Farfán Cedrón
Caxamarca, 28/05/2016; 12:07 a.m.