You are on page 1of 10

En el XXX aniversario del Congreso de la Unidad Carlista

30 AÑOS DE SIEMBRA
La verdad es que impone un poco esto de tener que pronunciar un
discurso de esos que alguien tiene que preparar una vez cada treinta
años. Aunque por otra parte para nosotros, que somos muy
conscientes de las limitaciones de nuestra pequeña-gran Comunión
tampoco es cuestión de echar la casa por la ventana solo por que
hayamos cumplido en esta última etapa un pequeño número redondo
de tres décadas dentro de una historia de casi dos siglos de política
provisional.
Y digo provisional a propósito porque todo el mundo sabe que los
carlistas solamente estamos aquí, desatendiendo a nuestras familias y
dejando nuestras ocupaciones cotidianas, en tanto y en cuanto no
venga el rey legítimo de España a la corte de Madrid.
Y todo el mundo sabe que cuando venga nos iremos cada uno a lo
nuestro.
Cuando un carlista dice "qué hay de lo mío" normalmente no está
pidiendo un ministerio sino que está deseando volver a casa.
Así pues hay que reconocer que somos un poquito incoherentes por el
hecho de celebrar este evento. Por supuesto que pensamos que si no
existiera esta Comunión habría que inventarla. Pero no es propio de
nuestra proverbial reciedumbre darnos tanta importancia. Es como si
el pueblo de Moises se hubiera parado a celebrar sus treinta primeros
años en el desierto ¿se lo imaginan?. Nosotros no sabemos si nos

quedan aún otros diez años de travesía... o si nos quedan cien. Pero ya
ven: dentro de esta ligera incoherencia nos encontramos relativamente
contentos, moderadamente satisfechos del camino realizado.
Hace 30 años se produjo un hecho importante y no podemos tener más
que palabras de agradecimiento hacia todos aquellos que lo hicieron
posible. A quienes alentaron las conversaciones, a los que vencieron
las desconfianzas, a los que se esforzaron por escuchar al otro y por
encontrar soluciones al problema de la unidad del carlismo; que es un
problema difícil porque es el típico problema que supone trabajar por
la unidad de un cuerpo sin cabeza. Y sin embargo lo consiguieron.
Aquella generación, la de Domingo Fal-Conde, Juan Casañas, Vicente
Febrer, Eloy Landaluce, Javier Lizarza, Jose María Cusell, Angel
Onrubia, Miguel Garisoain... (y de verdad que me da miedo citar
nombres porque no me gustaría dejar de mencionar a nadie)...
consiguieron ese pequeño milagro porque el Carlismo, como España
misma, puede que no tenga una cabeza suprema. Pero tiene un
corazón, tiene un alma. Así que aunque el problema era grave,
aquellos hombres no se arrugaron y designaron, para llevar el timón
de una dirección provisional, -siempre provisional- a una Junta de
Gobierno. Sistema imperfecto y mejorable... ¡por supuesto! Pero es
que estamos hablando de política. Y la política no es una religión
perfecta sino que, a veces, consiste simplemente en hacer con
humildad lo que se pueda.
Después, en el capítulo de agradecimientos, tenemos la obligación
moral de incluir también a todos los que se fueron incorporando a
nuestra Comunión a lo largo de los años. Unos cuando el sol estaba en
lo alto. Otros en la hora del atardecer. Jóvenes o mayores, cada uno
sabe su trayectoria.

Hay entre nosotros herederos felices que recibieron el Carlismo como
una especie de tesoro familiar, y a esos hay que agradecerles que
hayan sabido cuidarlo y poner a trabajar sus talentos. Hay otros que
han ido aterrizando en nuestras filas por convicción, a base de estudio.
Jóvenes universitarios inquietos que supieron ir encajando con
paciencia todas las piezas. E incluso los hay que han llegado al
Carlismo por eliminación, porque no se cansaron de buscar. O hasta
por conversión culminando también en el pensamiento político y
social su encuentro con una verdad más plena.
A todos ellos les damos hoy una muy cordial bienvenida, porque si no
se la dimos como Dios manda en su momento, se la damos ahora.
El Carlismo es, en cada momento, la organización concreta que
adoptamos los servidores de ese ideal de Dios-Patria-Rey. Se puede
dejar de ser carlista o al menos carlista militante, sí, por enfermedad,
por cansancio físico o espiritual, o por esa especie de cansancio
político que coloquialmente se llama "estar quemado". Es normal,
porque los desengaños o las decepciones en estas cosas de las políticas
del desierto pesan mucho en ocasiones. Pero nosotros, los que a día de
hoy por la gracia de Dios todavía mantenemos enhiesta la bandera de
esos principios, los que ahora estamos aquí reunidos, celebrando este
aniversario, les damos las gracias a todos, a los que aún están, a los
que han perseverado, y también a esos que se alejaron en uno u otro
momento de nuestra organización carlista. Dios les pagará los
servicios prestados porque no lo hicieron ni por el propio beneficio ni
por un mero bien partidista.
Esta clase de aniversarios como el que estamos celebrando son como
campamentos base, como descansillos en una larga escalera que nos
han de servir para tomar fuerzas, y también para echar la vista atrás.

Así que este es un buen momento para preguntarnos: ¿qué hemos
estado haciendo en estos treinta últimos años?
Ya sabéis que tenemos una Junta de Gobierno, una Permanente, llena
de hombres de acción. Gente que prefiere hacer antes que hablar. Así
que ellos han delegado en mí, y en María, para que seamos nosotros
los que contemos algunas cosas relativas a las distintas secretarías en
que nos solemos dividir los trabajos:
Tesorería,
¿Quién sabría calcular cuántos recursos económicos hemos puesto,
entre todos, en estos treinta años, a disposición de la Causa? Seguro
que no hemos sido del todo eficientes a la hora de aprovecharlos lo
mejor posible. Seguro. Pero a quienes piensan que mantener una
acción política coherente es cosa de coser y cantar habría que
explicarles que no se consigue de la noche a la mañana tener una
oficina en Madrid, una secretaría técnica atendida de forma
profesional, de lunes a viernes. Por ejemplo.
Todos los dineros invertidos en propaganda, publicaciones, campañas
electorales, etc. ¿Quién sabe hasta dónde habrán llevado nuestro
mensaje?
¡Y el logro de que no estemos endeudados! … Eso si que es un logro
destacable. Y que ninguno de nuestros tesoreros se haya largado a
Suiza...
Es el momento de dar las gracias a todos los que han aportado en estos
años y de animar a que mejoremos en todo lo que tenga que ver con
cuotas y suscripciones.

Organización,
Aquí habría mucho que hablar. A lo largo de estos treinta años hemos
trabajado sin descanso por construir, mantener, agrandar y mejorar
nuestra organización. A veces hemos centralizado para evitar la
dispersión de esfuerzos. En ocasiones hemos hecho cosas que nos
podían asemejar al típico partido político del sistema. Otras veces
hemos alentado la creación de iniciativas más espontáneas,
fomentando la inciativa particular, la “guerra de guerrillas”. En
materia de organización no existen dogmas. Yo siempre suelo decir
que hay muchas formas de acertar. Que lo único que hace falta es
elegir una.
Gracias a Dios tenemos una estructura, unas normas, unas directrices.
Y en este momento son esas las que valen y que se podrían resumir
en: una Junta de Gobierno, unos Consejeros, unas Juntas Regionales,
unos Círculos y unas Delegaciones. En este momento, quien quiera
encuadrarse tiene dónde hacerlo. No es necesario empezar de cero. Y
si alguien quiere hacer algo pero no sabe por dónde empezar... que nos
pregunte. Porque hay trabajo de sobra. Esa es la verdad.
Las nuevas tecnologías y ciertas cosas de la vida moderna han ido
cambiando nuestra forma de comunicarnos, algunas maneras y
costumbres a la hora de organizar, convocar y realizar los actos y
reuniones. En cualquier momento podemos tener, por ejemplo,
carlistas en Buenos Aires, o en Chile, o en Tejas haciendo más cosas
por el Carlismo que algunos carlistas de Pamplona. En cualquier caso
la base de nuestra organización será siempre la misma. Necesitamos
voluntarios, afiliados, militantes que aporten tiempo y dinero a la
Causa.

Formación y programa,
Nuestros "productos estrella" en materia de formación son los
campamentos de Cruz de Borgoña así como las jornadas del Foro
Alfonso Carlos. Treinta años de acción política son treinta años de
actividades de formación, de reuniones, charlas, foros, jornadas,
conferencias, publicaciones de todo tipo... Treinta años suponen
muchas horas de estudio para aprender y actualizar las enseñanzas de
la Tradición española y del derecho público cristiano; para analizar la
trayectoria destructiva que las ideologías han seguido en nuestra Patria
y para buscarles antídotos y proponerles remedios. Nunca
agradeceremos lo sufiente a todos los carlistas que de una u otra forma
se han especializado en estos trabajos del estudio y la enseñanza:
Ponentes, monitores, consejeros, articulistas...
Si no se pudiera hacer otra cosa, los carlistas tendríamos esta
importantísima misión. Porque alguien tiene que transmitir el tesoro
que hemos recibido.
Comunicación y propaganda,
Pensemos ahora en Notas de prensa, boletines como Acción Carlista y
todos los boletines regionales, revistas como Ahora información,
folletos y publicaciones, presencia y actividad en internet y sus redes
sociales, carteles, pegatinas y calendarios. Materiales de propaganda
de toda clase para los Grupos de Propaganda. Audiovisuales,
presencia en los medios... Hasta aquí una rápida enumeración de todos
los esfuerzos que a lo largo de treinta años nos han empujado a salir
de nosotros mismos. Aunque a veces no seamos muy conscientes de
ello, todos estos elementos nos han dado una experiencia enorme para
saber en cada momento cómo hemos de dirigirnos a nuestros
compatriotas. Imaginad la cantidad de horas de trabajo que carlistas

anónimos han dedicado a la propaganda. Desde el que salió a poner un
cartel hasta el que se pegó la paliza de preparar cualquier envío
masivo por correo. Todos estos trabajos no tienen la épica literaria que
tiene el acto de asaltar una trinchera. Y sin embargo son también, o
pueden ser, actos heroicos si se ofrecen con generosidad.
Acción social y electoral,
No nos cansaremos nunca de insistir en que el objetivo de la
Comunión no es crear un club elitista para estar nosotros "a gusto"
sino que por el contrario nuestra razón de ser es la de servir a la
sociedad. Y eso, con todos los riesgos que conlleva, supone tener las
puertas abiertas de par en par y la mano tendida. Ha supuesto en estos
treinta años explorar, cuando ha sido posible, la acción electoral, y
establecer contactos y conversaciones con otros grupos, gentes
diversas, personas más o menos alejadas de nuestro Ideario. Grupos
provida, o católicos, o los grupos de la coalición Impulso Social, por
ejemplo.
No podemos dejar de mencionar la atención dedicada al problema
dinástico. Que como todos sabemos y sentimos es un auténtico
problema. En esta materia, sabiendo que no depende de nuestra
voluntad resolverlo hemos seguido con atención y prudencia cualquier
movimiento. Hemos hablado con quien había que hacerlo. Y nos
hemos mantenido sin movernos un ápice en un rechazo rotundo al
simulacro de monarquía representado don Juan Carlos y don Felipe.
Porque la monarquía es algo serio.
Y dicho esto, en relación a lo que nos encontramos al echar la vista
atrás. Ahora toca echarla hacia adelante. ¿Qué vamos a hacer a partir
de ahora? ¿Cómo vamos a desarrollar -todos juntos en unión- esta

vocación política que, de una u otra forma, más o menos, todos
nosotros tenemos?
Para ordenar esa acción tenemos una herramienta que es el Programa
Político. Programa que revisamos y actualizamos en cada uno de
nuestros congresos y que os invito a leer y a estudiar.
Nuestro Programa Político se contiene en este pequeño folleto, nada
que ver con esos manuales prolijos de los partidos del sistema que son
como libros de instrucciones, llenos de recetas mediante las cuales los
políticos prometen solucionar, de arriba hacia abajo, todos nuestros
problemas.
Por el contrario nuestro programa es breve y tiene dos partes
claramente diferenciadas. Cada vez que hablamos de programa
tenemos dos clases de propuestas:
En primer lugar están lo que podríamos llamar tareas de limpieza. Hay
leyes que sobran, o que directamente hacen daño, que sería urgente e
imprescindible derogar, abolir o cambiar. Pero España es una nación
ocupada, somos una auténtica colonia, en estos 30 años hemos visto
como cada vez con más descaro, los sucesivos inquilinos de La
Moncloa y de La Zarzuela han sido los servidores fieles de ideologías
contrarias a nuestra Tradición, agentes sumisos de intereses
extranjeros o del llamado nuevo orden mundial. No será nada fácil
darle la vuelta, limpiar y liberar a España, a toda la Hispanidad, de
esta tiranía. Empecemos por soñar con ello. Hagamos y tengamos al
día la lista de las cosas que están mal. Que son muchas, pero que no
son infinitas. Y mantengamos la esperanza porque este gigante al que
nos enfrentamos es un gigante con los pies de barro.

La otra parte de nuestro programa, lo que hay que hacer, tiene mucho
que ver con lo que haga la sociedad y no tanto con lo que haga el
gobierno. Con lo que sean capaces de hacer las familias, las partes
sanas y conscientes de la sociedad. Y esto es una muy buena noticia
porque quiere decir que no hace falta ganar unas elecciones para
empezar. Que cada uno de nosotros en su barrio, en su pueblo, en su
ciudad, apoyándose en la ayuda que pueda brindar nuestra Comunión
allí donde sea posible, tiene un trabajo apasionante por delante.
Seamos constructores de una sociedad que sea capaz de vivir y de
crecer, independientemente de quien esté en el gobierno.
Incluso bajo la incomprensión o hasta con la persecución del
gobierno.
Hace unos días le dije a mi padre, Miguel, que iba a estar aquí, con
vosotros.
¿Qué crees que les tengo que decir? -le pregunté-.
Que digan siempre la verdad – me dijo- inmediatamente y sin dudar.
Me sorprendió, porque resulta que mi padre, que por cierto fue el
primer presidente de la primera Junta de Gobierno en el año 86, tiene
alzheimer. Pero mira por dónde esa idea, la de que hemos de ser ante
todo verdaderos, no la ha perdido. Y quien dice verdaderos dice
auténticos, sin doblez. Y quiere decir partidarios de la confesionalidad
política, la de la Monarquía católica, que consiste en confesar a la
Verdad. Y quiere decir testigos, o sea, mártires. Y también quiere
decir humildes, porque humildad es andar en la verdad. Conscientes
de nuestras limitaciones, sabedores de la desproporción de la tarea,
pero soñadores y servidores de la verdad como son los niños.

Así pues ¿qué vamos a hacer en los próximos 30 años? Si
dependiéramos de las encuestas, de los planes de marketing o de la
cuenta de resultados estaríamos tirándonos de los pelos.

Pero somos carlistas. Seamos lo que somos.

Hagamos lo que sabemos hacer. Sigamos sembrando esperanza.

Por Dios, por la Patria, por el Rey. ¡Adelante!

* Discurso pronunciado por el Secretario General de la CTC en el acto
de celebración del XXX aniversario. En Madrid, hotel NH Zurbano,
21 de mayo de 2016
(http://javiergarisoain.blogspot.com.es/2016/05/en-el-xxx-aniversariodel-congreso-de.html)