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El dilema, de Jair García-Guerrero

El dilema, de Jair García-Guerrero

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cuento mío
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05/09/2014

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Papeles de la Mancuspia

MOCOS COLORADOS / Ricardo Martínez Cantú
A un año de la muerte de papá, falleció uno más de sus ocho hermanos, el tío Ramón. Ayer estuve en su velorio. Saludé a una multitud de tíos, primos y sobrinos, aunque no logré ubicarlos a todos pues la familia por el lado de papá es muy grande y la vida y la acelerada expansión de Monterrey nos han ido separando. Platiqué un rato con Carolina y Alba, hijas del difunto, cincuentonas ellas como yo, y que se me presentaron como dos primas independientes, siendo que hasta ayer yo pensaba que Alba Carolina era una sola persona. Incluso hubo un anciano, no sé si pariente o amigo de la familia, que cuando ya me retiraba me dio el pésame a mí, supongo que confundiéndome con Mayo, el hijo mayor del tío Ramón. A Mayo no lo vi mientras estuve en la funeraria, o no lo reconocí, y al anciano no lo saqué de su error por no apenarlo, y hasta le describí cómo había muerto el muerto, repitiéndole lo que acababan de relatarme Alba y Carolina. Cuando eran niños, Rodrigo, mi padre, entró a la primaria con un año de retraso por esperar a Ramón, que era un año menor, y ahora han muerto los dos a la misma edad, con un año de diferencia. Papá siempre fue serio y cumplidor, apto desde entonces para hacerse cargo de un hermanito juguetón y travieso, como lo fue el tío Ramón toda su vida. Alba nos contó una anécdota que jamás escuché de boca de papá y que Carolina tampoco conocía. Una vez, camino de la escuela, Ramón quiso regresarse a la casa porque una gota de sangre le escurría de la nariz. Rodrigo le dijo: —Eso no es sangre. También hay mocos colorados –y no le permitió regresar.
La obra de arte es un acto de locura de su creador. Disfrazar el pensamiento sería eliminar la única alegría de

MONTERREY, N.L., MÉXICO NÚMERO 75

EL DILEMA / Jair García-Guerrero
Las cataratas siempre han sido mis favoritas. Voltear (como hacia el fondo del mar), sumergirte y observar el reflejo de la luz, rojo e intenso como el mismo sol, me hace sentir a todo dar. Una vez me asomaba al fondo de su alma, y observé espantado cómo el monstruo negro se asomaba. Hemorragia subretiniana. Rápidamente cerramos las cortinas. Todo se perdió. Pasé un mes de explicaciones, insomnio, visitas al templo y consuelos maritales. La nueva cíclope me perdonó y bendijo. El dilema llegó cuando me interrogó: “Doctor, ¿Cuándo me opera el otro?”

OCTUBRE DE 2006

Tío Ramón fue viudo durante once años y últimamente vivía en la casa de Carolina. Fue ella quien nos contó que durante los últimos meses su papá ya no sabía bien a bien en dónde estaba ni tampoco distinguía a los vivos de los muertos; que decía que había ido a visitarlo el tío Efraín, al que las reumas ya no lo dejan salir de su casa, o el tío Emiliano, que desde hace quince años está viviendo con los gemelos en Mazatlán. También nos contó Carolina que, pocas horas antes de morir, el tío Ramón la había llamado para decirle: “Por ahí anda tu tío Rodrigo, ofrécele algo de tomar.” —Tío Rodrigo no pudo esperar a papá para irse al otro mundo, como lo esperó para entrar a la primaria... pero vino por él –dijo Carolina. Y se lo llevó a pesar de la gota de sangre que le escurrió de la nariz al expirar.

¡Oh! estoy llena de temas que jamás abordaré. Vivo de ellos, entretanto. A veces mi silencio me lleva a provocar personas que, sin saberlo ellas, me darán la palabra clave.

LLORAR A LA GIRONDO / Daniel Maldonado
Llorar con la tarde sumida en cloacas de tragedia llorar con los golpes de péndulos cabales llorar en las bolsas de los supermercados envinada la compra con ebriedad dolida agolparse los ojos y exprimirles su jugo su jerga de estropajo aguado y tosco su raspar de garganta desvestida de orgullo llorar en un edén acuoso como un abandonado incapaz del suicidio. Hervir en el llanto sagrado de los cirios informar los dolores con lamentos telegráficos llorar y seguir llorando hasta secarnos el sonido.

DESEO / Guillermo Berrones DELIRIOS DE UN ÁNGEL / Julio César Félix
¿Debe retornar siempre la mañana? ¿no tiene fin la fuerza terrestre? Desventurada agitación consume la llegada celeste de la noche.
NOVALIS

A mi muerte, tan inminente como inapelable, le sobrevivirá el recuerdo. No es un alarde de la soberbia. Es el firme deseo de mi conciencia. Partiré precipitadamente sin despedidas ni abrazos. Los libros serán retazos de mi vida, como mis discos y retratos. Los amigos tendrán un trago más en la botella y un queso añejo más amargo. Mis hijos, por su parte, el afán de dispensar mis actos. Y tú, mentándome la madre, dirás que fui un ingrato.

TARDE fiebre las alas amoratadas del ángel languidecen en peorvenir incierto de un caer infinitamente hacia un aire que deteriora a las almas las quebranta las deshace. Queda un martes esperpéntico tatuado en la memoria de este ángel delirante

ILUSTRAN ESTE NÚMERO DETALLES DE PERSONAJES DE LA OBRA GRÁFICA DE AUBREY BEARDSLEY 1872-1898

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