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C n p r u l o 2 , N n n ADo RES

Y ABo cADo s

Quin es el demandante?
Yo, seor juez-, dijo el Pukupuku.
Dnde est el escrito? -pregunt.
Le entregu ayer. Usted lo puso sobre la mesa.
El juez busc y no lo encontr.
No est aqu -le clijo-. lJsteclno tiene copia?
S, debo tenerla -repllso con alguna esperanza Pukupr-rku.
Busc su atado y no hall la copia.
Se desesper el indio, pero no haba el papel.
Entonces el juez se dirigi al gallo y le interrog:
Dnde est el escrito? -pregunt.
Debe estar en sll mesa, seor juez,
El juez encontr inmediatamente el papel y lo ley:
Muy bien! -dio y prosigui.
lJsted ha dado las horas con exactitud y su recLlrso est en forma.
Y dirigindose al Pukr,rpuku le clijo:
Usted ha molestado con sus cantos a toda hora,, a pesar de mi advertencia. As son los indios que vienen del campo. Se emborrachan y fastidian. Adems no tienen sus papeles en sll lugar.
Entonces sentenci:

'En nombre de la ley el seor gallo es el que tiene derecho de dar las
horas con su canto sonoro, todas las maanas'.As perdi el pukupuku
su derecho legal a saludar la llegada del nuevo da.
Conforme a Ia tradicin aymara, desde que gan el juicio, el gallo vive
en la casa de la gente. Es muy bien cuidado, se alimenta con los mejores
granos, en tanto que el pobre Pukupuku ha sido desterrado al campo,
"abandonado en la intemperie, sin abrigo ni alimento seguro". Siguen cantando an muchos Pukupukus que esperan ei amanecer de un da muy
alegre. Acarician la esperanza de ver alumbrar el sol de la justicia para
todos. Concluye lafbula con un espritu de redencin: "iEse daha de llegar! No lo duden Ios Pukupukus del munclo".
A travs del relato reseado se transparenta el drama de la justicia
peruana. El Gallo correspondera aI acomodado litigante de tez clara; en
el Pukupuku, por el contrario, se afinca el indio pobre, sin medios ni
influencia social; el Ratn, por ltimo, sera el tpico tinterillo mestizo,
puente entre dos culturas; el juez, tal como ocurre en la mentalidad populaq inclina su balanza a favor del poderoso y niega justicia al dbil cobrizo. La frase de Scorza en una de sus novelas, "en el Per un indio nunca
ganar un juicio", adquiere aqu un reconocimiento plausible.
Conviene recordar en este recuento a Bismarck Ruiz, el atroz tinterillo
de El mundo es ancbo y ajeno, Ia clsica novela de Ciro Alegra. Ruiz, bajo
la falsa apariencia de defender a los comuneros, roba sus ttulos para que

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