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CSI San Francisco

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San Francisco, una alegre ciudad, es testigo de un homicido perturbador. El último caso del detective Francis Deloitte pondrá a prueba sus recursos. Usted podría adivinar quién es el asesino... ¡sino fuera tan cretino!
San Francisco, una alegre ciudad, es testigo de un homicido perturbador. El último caso del detective Francis Deloitte pondrá a prueba sus recursos. Usted podría adivinar quién es el asesino... ¡sino fuera tan cretino!

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Published by: Fabián Gatti on May 19, 2010
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San Francisco, una alegre ciudad, es testigo de un homicidio perturbador...

El último caso del detective Francis Deloitte pondrá a prueba sus recursos. Usted podría adivinar quién es el asesino... sino fuera tan cretino.
Fabián “Lo Macho Animal” Gatti

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"Fui arrollado por ser gay". El barrendero reproducía así por séptima vez las últimas palabras de Johnny Velázquez. Los inspectores de la Policía de San Francisco tomaban nota e intercambiaban inescrutables miradas. A solo unos metros aún podía verse como Johnny dejó este mundo con una incomprensible expresión de satisfacción, como habiendo creído que aclaró su situación con ese sencillo epitafio. Lamentablemente, conocer el motivo no es suficiente para resolver una investigación si la casualidad nos juega una mala pasada. Mr. Moreno, el barrendero, lo recordaba practicando el mismo ritual desde hace años. Volvía a su casa cada mañana a las 6.30 tras correr unos siete kilómetros. Las veces que hacía su ronda un poco más tarde, lo veía despedirse de su mujer, irse al trabajo en su Chrysler color berenjena. Un hombre casado, no había dejado descendencia. La viuda estaba en su casa cuando todo sucedió. Practicaba pilates con ESPN a todo volumen. No escuchó el impacto. Luego, el sonido de la ambulancia la hizo mirar por una ventana. Tres pasos fuera de la puerta de calle, se desmayó. Un hombre arrollado, solo eso. No era la clase de caso que atraía la atención pública. Cada día se dan decenas de casos de atropello y fuga. La prensa no lo consideraba noticia. Sin embargo, las últimas palabras de Johnny convertían lo que podía haber pasado por un homicidio culposo en, muy probablemente, un homicidio premeditado. Los motivos expuestos hacían de este crimen un asunto personal para el inspector Francis Deloitte. Tal como sucede en las malas películas policíacas, su último caso habría de ser también el más duro. No dejaría una mancha en una carrera intachable. Para cualquier otro hombre hubiera sido muy fácil archivar el caso en una estantería. Pero Francis sabía que podía seguir una pista hasta el final. Siempre había una huella, un rastro, una insignificante evidencia que delataría al culpable. Los indicios estaban allí, solo necesitaba aclarar su mente una vez más. No llegó hasta donde estaba siguiendo los manuales: " La intuición es una perra" solía decirle a Templeton. "Si quieres encontrar a los cabrones, hay que seguir a la perra". Sabía que podía contar con su compañero para dedicar todo el tiempo y los recursos posibles a descubrir a él o los culpables. Ahora Templeton Peck interrogaba a los vecinos de la cuadra. Nadie vio nada. Sólo dos personas se percataron de que había ocurrido algo extraño: una anciana que creyó escuchar un vehículo pesado, "tal vez un camión" y el señor 2

Kuznetsov, un tipo en sus cincuenta, de complexión mediana, que aún estaba atónito por el incidente. Dijo ver un furgón grande, gris, probablemente un GMC, que estaba aparcado a media calle. Esto fue a las 6.15, cuando volvía de una buena noche de pesca. A las 6.30, cuando sintió el impacto y se asomó a la calle, el furgón ya no estaba allí. Eso era todo. Al volver en sí, la viuda se increpó ante la delicada pregunta del inspector Deloitte. Que ella supiera, su marido nunca la había engañado. Muchísimo menos con un hombre. No importa. Eso piensan todas, se dijo. La mujer es siempre la última en saber. Pero alguien debía saber. No puede ocultarse una predilección sexual a todo el mundo. Seguramente tenía otro círculo social, al otro lado de la ciudad. Una vida paralela. El primer vínculo entre estos dos mundos: el automóvil. La perra lo tiraba hacia el garage. Sabía qué buscar: recibos de parquímetro, tickets de restaurants, cualquier indicio de dónde pasaba su tiempo cuando no estaba trabajando ni en su casa. Los primeros meses de la investigación resultaron agotadores. La evidencia apuntaba a la chica de un chulo, presunta pareja de Johnny. Fue una pista falsa. La chica no podía estar en dos lugares al mismo tiempo: una cámara del subterráneo la había registrado a las 6.30 de aquel día en un acto por el que fue, de todas maneras, condenada por atentado violento al pudor. Conforme la situación se hacía más indiscutible para los investigadores, la viuda tuvo que ceder ante la evidencia. Linda Evans se vio sumida en sentimientos encontrados. Todo este tiempo había sido engañada por el hombre que amó. Johnny se veía a escondidas con hombres. Sin embargo, se sorprendió al saber que su esposo le había dejado una importante suma a través de una póliza de seguros. Después de todo sí pensaba en ella. Procesó toda esa información como mejor pudo. Finalmente el despecho pudo más... Salía cada fin de semana a bares en busca de compañía masculina, pero no era mujer de una noche y no tardó en involucrarse sentimentalmente con alguien. Kuznetsov se había portado muy amable con ella durante los primeros meses de ese invierno maldito. Él terminó por enamorarse de sus ojos azules y ella de sus ocurrentes proverbios rusos. Su compañía era agradable y, en su sencillez, jamás le reprochaba nada. Johnny, en cambio, que se ofuscaba si no encontraba sus camisas Van Heusen bien almidonadas. Al inspector Deloitte le reconfortaba saber que Linda estaba rehaciendo su vida. Pero por otra parte se 3

preguntaba por qué Johnny se había atado a ella durante tanto tiempo. Quizás creía que era insustituible. Los hombres tienden a creerse más necesarios de lo que realmente son. Sus visitas a la viuda durante la pesquisa habían mejorado su relación, que había comenzado con mal pie, pero conforme Linda pudo apreciar su genuino interés en resolver el caso, se fue transformando, gradualmente, en una buena amistad. Finalmente Templeton encontró un informante dispuesto a intercambiar nombres por una reducción en su condena. Describió con precisión el furgón, y señaló a sus tripulantes. Era todo lo que necesitaba Deloitte para arrestarlos. El resto puede leerse en el San Francisco Chronicle: "Una peligrosa banda de criminales homofóbicos fue puesta tras las rejas por la oportuna intervención de los agentes Deloitte y Peck. El grupo actuaba desde las sombras. Su misión: desterrar a la comunidad homosexual de San Francisco. Ya habían cometido un asesinato y planeaban una masacre a gran escala, como atestiguaban las fotos en las habitaciones de estos tres cuarentones que aún vivían con sus respectivas madres. En febrero pasado arrollaron con una furgoneta a Johnny Velázquez. Si bien no pudieron encontrarse rastros del accidente en la camioneta, el testimonio de un jefe de taller fue fundamental para la decisión del jurado. Los criminales llevaron la camioneta a su negocio los últimos días de febrero. El paragolpes fue abollado supuestamente por un perro que habían atropellado en los suburbios. " El fiscal era un pitbull famélico y feroz. Logró una condena rápida e implacable. Los oficiales fueron condecorados. Finalmente tras un año de notable esfuerzo, Deloitte puede retirarse a disfrutar de su pensión. Compraría un bote para pasar las tardes en la bahía. A pesar de su ánimo festivo se va de su fiesta de despedida temprano, al día siguiente debía levantarse a las cinco para acompañar a sus amigos al aeropuerto. Tras la boda, Linda convenció a su flamante esposo viajar a Moscú para conocer a su familia. Siempre había querido conocer Europa y ahora que el dinero no era un problema podía darse el lujo de cambiar de ambiente y volver a empezar su vida. Se despidieron de Francis y abordaron el Boeing. El señor Kuznetsov dejó la ciudad de buen talante. Con una leve sonrisa en los labios, recordó las palabras que le dijera su madre cuando era apenas un mocoso que iba de pesca por los muelles de Stalingrado y soñaba con conocer América: "El hombre que hace su fortuna en un año debería ser ahorcado doce meses antes. No lo olvides, Sergei" 4

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