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as vacaciones estivales habían acabado, pero el calor aún no se había
marchado. Volver a la escuela después de lo que había vivido en aquellas dos semanas me pareció extraño: Rei, Misato, mi madre y Ritsuko…
Todo se había vuelto más complicado, más doloroso.
«Estás bromeando, ¿verdad?» se levantó abruptamente Yukino.
«Cálmate, ¿quieres que te oigan?» le tiré de la manga del uniforme
escolar. Era temprano, y las clases iban a empezar.
«¡Hoy al mediodía es la final de la competición regional! ¿Sabes qué
significa?» me miró impaciente «¡Que si ganamos pasaremos a las nacionales! ¿Te das cuenta?»
«Sí, ok…¿qué tiene que ver eso?»
«¡Que no puedes volver a casa con la delegada después de las clases!
¡Tienes que quedarte por Fujiwara!» se enfadó.
En ese momento, alguien a nuestro lado tosió y ambas nos giramos
hacia la recién llegada.
«Perdonad la intrusión» se adelantó Rei «Miyuki, si tienes problemas
hoy…» avanzó, pero antes de que pusiera acabar la frase, Yukino la interrumpió.
«¡Claro que tiene problemas!» le contestó de mal modo «Deberías saberlo. Es la final regional»
Rei abrió los ojos de par en par y yo me quedé paralizada, asombrada
ante la intromisión de mi mejor amiga.
«No importa. Esperaré a que acabe el partido» rebatió Rei mirándome
decidida «Si a ti te va bien, Miyuki»
«Sí, de acuerdo» concordé aún rígida. Rei, en ese momento, hizo un
pequeño movimiento con la cabeza y volvió a su sitio.
«Miyuki-chan» me llamó Yukino «¡No le hagas esto a Fujiwara, te lo
ruego!»
«Por favor, déjalo ya» me puse nerviosa.
«¡No! ¡Te estás equivocando y yo tengo el deber de hacértelo ver!» me
dirigió una mirada amenazadora «¿No ves que es la egoísta de siempre?
Y después, ganen o pierdan, la capitana te necesitará de todas maneras,
¿cómo es que no lo entiendes?»
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Tenía razón. Ante sus excusas no pude sino inclinar la cabeza.
A la hora del almuerzo decidí afrontar a Rei y la alcancé antes de que
entrara en la sala del consejo estudiantil.
«¿Tienes que decirme algo o… quieres comer conmigo?» enarboló una
sonrisa cuando me acerqué a ella «Si me das cinco minutos, dejó estas
carpetas y estoy contigo»
«No puedo volver a casa contigo» dije de un tirón.
«¿No?» cambió su expresión «Entiendo… entonces, lo dejamos para
otro día»
«Es por el partido» añadí apenada «Perdóname, pero no puedo hacer
otra cosa»
«Entiendo» cortó en seco Rei.
«Ok, gracias» sostuve su mirada, después percibí su indiferencia, su
resentimiento, pero no tuve las fuerzas para decir nada.
«Solo una cosa» se acercó a mi oreja provocando que mi corazón se
saltara un latido «Soy feliz de saber que has hablado de nuestros problemas con tu amiguita antes de hacerlo conmigo» concluyó desdeñosamente y se alejó dejándome de pie, en medio del pasillo como una estúpida.
“Hoy no hago sino coleccionar desplantes”, volví sobre mis pasos desconsolada balanceando mi almuerzo que ya no tenía ganas de comer.
«¡Oh, Miyuki-chan!» vi a Yamato correr hacia mí «Te estaba buscando» dijo con la respiración entrecortada.
«Por favor, no te metas tú también» pasé por su lado desconsolada.
«¡Espera, tengo que hablar contigo!»
«Lo siento, pero aún tengo que comer»
«¡Es por Misato!»
«¿Qué le ha pasado?» me detuve en seco.
«¿Ahora me escuchas, eh?» rió.
«¿Me estás tomando el pelo?» me puse nerviosa.
«No, no, ahora te explico todo»
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El calor asolaba la escuela y el aire en el gimnasio era irrespirable. A pesar de eso, las gradas estaban abarrotadas. Muchos estudiantes se habían
apiñado en lo alto, sobre las gradas y abajo, cerca de la barrera de protección. Como ya se sabía, era un partido donde ambas escuelas se jugaba
mucho.
«¡Qué calor!» me quejé estirando un poco el cuello del uniforme.
«¡Ikeda-san, comienza a calentar!» me avisó el entrenador. Seguí sus
indicaciones, arrepintiéndome enseguida del compromiso al que me
había sometido por culpa de Yamato:
«Nos hemos quedado sin la defensa titular. ¡Te lo ruego, Miyuki-chan,
ayúdanos! Misato no quiere ponerte en un compromiso, pero yo no puedo tener escrúpulos en un momento como este. ¡Nos jugamos la calificación para el campeonato nacional!»
Así que había aceptado.
«Entonces, ¿estás lista?» se puso a mi lado Misato, sonriente.
«Sí, ¿y tú?» le devolví la sonrisa.
«Más que nunca» lanzó la pelota, encestándola «Ven, hagamos unos
pases» me guiñó un ojo.
Era bonita la complicidad que tenía con ella, en la pista nos comprendíamos con una mirada y, como de costumbre, con ella me sentía tranquila y en seguridad. Cuando el árbitro silbó el inicio del partido, logré,
finalmente, alejar de mi mente lo que había pasado con Rei a la hora del
almuerzo. Estaba muy concentrada, quería de verdad la victoria, la quería
por Misato.
«Bien, así, ¡adelante!» exclamó la capitana mientras recuperábamos
nuestras posiciones.
Las adversarias eran, realmente, buenas, pero nosotras teníamos algo
más. En poco tiempo, habíamos cogido ventaja y aún teníamos muchas
energías que gastar. La capitana encestaba triples, la pivot no fallaba un
rebote y yo me deslizaba por el aire y tiraba a encestar cada vez que se me
podía por delante la oportunidad.
«¡Miyuki!» me lanzaron el balón. Nuestra escuela estaba ganando y yo
estaba a punto de aumentar esa puntuación. Me liberé, en un momento,
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de las dos adversarias que se me habían lanzado encima, pero, apenas
hube saltado para lanzar el balón hacia la canasta, recibí un violento golpe
en la cabeza y acabé en el suelo. Por un instante vi todo negro y sentí algo
deslizarse por mi ojo izquierdo.
“¿Qué ocurre?”, me toqué la caliente frente, intentando ponerme en
pie. Con gran esfuerzo, logré ver dos cosas: mi mano ensangrentada y a
Rei agarrada a la barrera de protección llamándome desesperada. En ese
momento, me derrumbé de nuevo, perdiendo el conocimiento y cuando
volví en mí, reconocí la enfermería de la escuela.
«¿Qué ha pasado?» intenté sentarme.
«Deberías ir con calma» me paro al enferma «Te has llevado un buen
golpe» explicó.
«¿De verdad?» me toqué la frente y noté un vendaje que me cubría
hasta parte de la ceja.
«Una chica de la otra escuela te dio un gran codazo» suspiró la mujer
«Ha ido bien. Unos centímetros más abajo, y ahora tendrías un ojo negro»
«¡Wow!» resoplé «¿Pero y el partido?»
«Algunas de tus compañeras están afuera, las hago entrar, pero no te
acalores demasiado»
Desde la puerta de la entrada, asomaron las cabezas de Yukino y Misato, que aún estaba vestida con el uniforme de juego.
«¿Qué haces aquí?» exclamé «¿Ya ha acabado el partido?»
«¡Qué me importa el partido!» vino hacia mí preocupada «¿Estás
bien?» me cogió la mano mientras se sentaba a mi lado.
«Yo sí… pero…» alcé la mirada «Yukini-chan, ¿cómo está la situación?»
«Aún tenemos ventaja» me aseguró.
«Ok, entonces ahora tienes que volver a la pista» dije dirigiéndome a la
capitana.
«¡Ni hablar!» se irritó ella.
«Yukino-chan, por favor, ¡llévala enseguida al gimnasio!» acudí en
ayuda de mi mejor amiga.
«Pero… yo…» intentó hablar Misato.
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«No perdonen, me han tirado al suelo a traición. ¡Debes vengarme y
ganar el partido!» la incité.
«Miyuki…»
«Estoy bien» sonreí «¡Vayan!»
Misato y Yukino se miraron un momento.
«¿Qué pasa ahora?»
«Miyuki-chan…» vaciló Yukino «Hay otra persona fuera» dijo en voz baja.
«Sí… entiendo» asentí «Me las sé apañar sola, no soy una niña» les hice
una señal.
«Ok, vámonos capitana» tomó aire mi mejor amiga, dando un golpecito en el hombro a Misato.
«¿No sería mejor si Yukino-chan se queda contigo?» insistió la capitana.
«No es necesario y no sería justo. Ella quiere ver ganar al equipo» le
sonreí apretándole un poco más la mano.
«Fujiwara-san, está la enfermera con ella. Miyuki-chan no estará sola»
me apoyó Yukino.
«De acuerdo» se resignó finalmente Misato, poniéndose en pie.
«¡Te lo pido, saca la pantera que hay en ti!» le sonreí.
«Sí» me miró decidida «¡Ganaremos!» se inclinó sobre mí y me dio un
beso en la mejilla. Cuando retrocedió, me acordé de Rei que estaba esperando apoyada en el marco de la puerta.
«Hasta después, Miyuki-chan» se despidió una última vez Yukino antes de salir de la estancia junto a la capitana. Solo en ese momento Rei se
acercó.
«¿Estás bien?» preguntó con un hilo de voz, sentándose en la silla que
estaba al lado de la cama en la que me encontraba.
«Sí, ahora mejor» respondí sentándome lentamente.
«Han dicho que has perdido mucha sangre por culpa del calor»
«Probablemente es así»
«Me asusté muchísimo…» bajó la mirada.
«Lo vi» dije pensando en la imagen de Rei desesperada en la barrera.
«¿De verdad?»
«Sí, poco antes de perder el conocimiento»
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Caló el silencio. De las ventanas entraba un brisa caliente y solo se
escuchaba el cantar de las cigarras.
«Chicas» nos llamó la enfermera «Me voy a ausentar un momento, tengo que ir al despacho del director. Por favor, tranquilas hasta que vuelva»
nos sonrió, dejándonos solas.
“Muy bien, ¿y ahora?”, me agité sin saber qué decir. De improviso, recordé el ridículo hecho ante Rei unas horas antes. Como un impulso, sentí
la necesidad de aclarar las cosas con ella, sin embargo ella se me adelantó.
«Perdóname por lo de antes»
«Eso, yo… estaba a punto de decirte lo mismo» admití, apretando un
poco más las sábanas entre los dedos. Solo en ese momento me di cuenta
que llevaba puesto una camisa blanca de media manga.
«Te han cambiado. Estabas llena de sangre por todas partes» dijo Rei
como si hubiese leído mi pensamiento.
«No debí dar un bello espectáculo» comenté tristemente «Otro gran
ridículo»
«La que ha quedado mal ha sido la chica que se te echó encima de aquel
modo. Ha sido expulsada» explicó resentida.
«Bien, se lo tiene merecido, ha sido algo incorrecto» pensé en el fuerte
golpe que recibí a traición «Por cierto…pensaba que habrías regresado a
casa. Cuando te vi en las gradas, creí que era un milagro» reí.
«En realidad, estaba a punto de marcharme, pero escuché a unas chicas hablar de tu presencia como titular en lugar de otra de las chicas que
ha tenido que ausentarse» aclaró «No podía perderme verte jugar» dijo
visiblemente turbada. Yo me quedé en silencio, conmovida por aquella
información.
«Miyuki…» me aferró la mano, igual que había hecho poco antes Misato. «Sé que no es el momento ni el sitio apropiados, pero… querría hablar
contigo»
«Sí, te escucho» tragó en seco, intentando mantener la calma.
«Antes reaccioné de aquel modo porque… estoy celosa» confesó.
«Rei» crucé mi mirada con la suya «Yo también quería hablar contigo,
créeme» intenté tranquilizarle, pero ella sacudió la cabeza.
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«No, no entiendes» me apretó más la mano, mirándome intensamente
«Te amo»
«R-Rei…» noté cómo el corazón estallaba en mi pecho.
«Es así» se acercó, y me acarició los cabellos con sus estilizados dedos
«Quiero romper el compromiso»
«¿De verdad?» desorbité los ojos.
«Sí, hablaré con mi padre y con mi madre. Lo he decidido» hizo una
pausa «He estado realmente mal, tenía tanto miedo a perderte y… hoy me
he derrumbado» dijo con voz temblorosa mientras sus maravillosos ojos
azules se llenaban de lágrimas «Y después… tú me hiciste aquella pregunta, ¿recuerdas?»
«¿Qué pregunta?» le acaricié instintivamente la mejilla.
«Me preguntaste si escondo algo más»
«Sí, en el spa» recordé «Y tú… no respondiste»
«Exacto» continuó con sus ojos clavados en mí «quiero que lo sepas
todo» dijo tan decidida y tan seria que casi me dio miedo.
«Bien, te escucho»
«Es una larga historia, no me bastará con diez minutos»
«Entonces, ¿cómo hacemos?» rumié.
«La enfermera ha llamado a tu madre. Dentro de poco vendrá a buscarte» dijo «Podría ir a tu casa a verte y nos encerramos ahí, ¿qué te
parece?»
«¿Quieres decir a dormir?» noté de nuevo el corazón agitarse.
«Si para ti no es un fastidio»
«No, no lo es» me di prisa a decir «Pero, ¿qué dirás en tu casa?»
«Diré que te han herido y quiero estar a tu lado»
«Tu madre podría enfadarse»
«No me importa» se acercó «Después de lo que ha pasado, cuando te vi
en el suelo llena de sangre, yo…» cerró los ojos «Creí morir de miedo»
«Rei…» me acerqué yo también «Ahora todo está bien» le rocé la mejilla
con un beso y por un momento en nuestros ojos se encendió de nuevo el fuego.
***
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«¡Ha estado increíble, Miyuki-chan! ¡Debías verla, la capitana no ha fallado una canasta!» concluyó la narración Yukino, eufórica: el equipo de baloncesto había logrado ganar el partido para la calificación a las nacionales.
«Estoy feliz de que haya acabado así» sonreí a Misato.
«Después de lo que te ha pasado, todo el equipo se propuso dar el doble de sí mismo» explicó la capitana «Las chicas están aún en el vestuario
cambiándose, pero te mandan un saludo» me miró con dulzura.
«Ni siquiera te has lavado el pelo» noté.
«Oh, eso… quería verte antes de que te marchases»
Aquellas palabras hicieron que me sintiera culpable. Me llevé la mano
al pecho intentando mantener el control.
«¡Qué dulce!» comentó mi madre a mi lado «Miyuki-chan se quedará
en casa durante unos días. Quiero llevarla al hospital para que le hagan
unas pruebas para quedarnos más tranquilos, pero son bienvenidas cuando quieran»
Misato y Yukino hicieron un pequeño asentimiento. Me despedí de
ellas y subía al coche con mi madre.
«¡Qué día, tesoro!» suspiró ella sentada al volante «No habría imaginado que fuese un deporte más peligroso que aquel te enseñó tu abuelo»
«Pero, ¿qué dices? El Aikido no es para nada peligroso, es genial para
la autodefensa»
«Piensa lo que quieras. Volveremos a hablar cuando tengas hijos» suspiró ruidosamente.
«Mamá…tengo que pedirte un favor» dije en ese momento.
«Dime tesoro, ¿de qué se trata?»
***
Cuando llegamos a casa, Rei ya estaba por fuera de la cancela esperándonos. Mi madre fue enseguida a su encuentro.
«No te preocupes, yo hablaré con Ritsuko» la tranquilizó.
«Gracias, Eriko-san» inclinó ligeramente la cabeza Rei, después entramos todas en casa y mi madre rápidamente llamó a su querida amiga.
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«No tenías que haber molestado a tu madre» dijo Rei sentada en el
salón, ante una humeante taza.
«No te preocupes por eso» dije despreocupadamente mientras bebía
un sorbo de té.
«Ya estoy aquí» entró mi madre, y se sentó al lado de Rei «Todo resuelto» le sonrió.
«Gracias, lo siento por crear problemas» bajó la mirada Rei
«¡No lo digas ni en broma!» exclamó «Para mí eres como una hija,
recuérdalo siempre» le sonrió dejándonos a ambas atónitas «el hecho es
que… han crecido tan rápido» se conmovió de repente.
«Mamá…» me preocupé, al saber sus sentimientos.
«Oh, no es nada. Solo un momento de melancolía» se recobró «Entonces, ahora vuelvo a la pastelería a echar una mano a las chicas. Miyuki,
¿puedes tú preparar la cena para las tres de nosotras?»
«Ok, pero entonces…»
«Sí, tu padre tampoco estará esta noche, pero le he contado lo que
ha pasado en la escuela. Cuando acabé el turno de trabajo, vendrá a
verte»
Me enfadé súbitamente. Esta vez su aventura parecía una cosa seria.
Mi padre llegó poco después, preocupado. Ni siquiera se había quitado la
camisa del trabajo.
«¿Pero cómo no has visto que la chica se te echaba encima?» preguntó
tocándome el vendaje de la frente.
«Me estás haciendo daño» lo esquivé «No la vi, estaba concentrada en
lanzar el balón y llegó desde atrás»
«¡Pedazo de loca!» soltó «Mañana tu madre te llevará a ver al médico,
¿ok? Por seguridad»
«No es nada, solo un corte»
«Mejor» se puso en pie «¿Esta noche harán un fiesta del pijama?» rió.
«¡Papá!»
«Ok, ok, disfrutad de la situación para cogeros algunos días de vacaciones. Y no le digas a tu madre que te lo he dicho» me guiñó un ojo.
«¿Sales también esta noche?»
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«Sí, he quedado con unos amigos» bajó la mirada, quizás porque se
sentía culpable «ahora, perdóname, voy a cambiarme» se despidió de nosotras educadamente.
Rei y yo nos quedamos solas en la sala.
«Voy a empezar a hacer la cena» me levanté, tomando aire.
«¿La situación ente tus padres no va bien?» preguntó Rei, comprendiendo inmediatamente la situación.
«No» dije mientras me ataba a la cintura el delantal.
«Lo siento»
«No lo sientas» me giré hacia ella «Debemos pensar en nosotras, ¿no?»
«Sí, es verdad»
«Entonces, ¿de qué querías hablarme?» pregunté poniendo las verduras en el poyo de la cocina. Inmediatamente sentí los brazos de Rei rodeando mi cintura y su frente apoyada en mi hombro.
«Quiero contarte mi pasado» dijo despacio «Solo que… tengo miedo
de tu reacción»
Ante aquellas palabras, me giré hacia ella, y la miré a los ojos.
«Perdóname por lo que he hecho. Tenías razón, me comporté mal y no
debería haberme desfogado con Yukino» apoyé una mano sobre su mejilla «Ya no te fías de mí, ¿es eso?»
«No, no es eso» entrecerró los ojos por un momento «Es solo que… se
trata de mi lado oscuro y… tengo miedo de que tú, cuando sepas toda la
historia, decidas no tener nada que ver conmigo» apretó los labios y sus
ojos rápidamente se hicieron más brillantes.
«Rei, nunca haría algo como eso» intenté darle ánimos, aunque por
dentro percibía que la confesión que la chica que amaba me iba a hacer
sería mucho más estremecedora de lo que podía imaginar.
Al final, decidimos que hablaríamos en la habitación después de la
cena, con tranquilidad y sin arriesgarnos a ser interrumpidas. Me duché y
dejé el baño a Rei, tras haberle prestado un pijama para la noche. Cuando
volvió a la habitación, la encontré adorable.
«Ese pijama te sienta mucho mejor a ti» le sonreí admirándola con ese
conjunto veraniego.
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«¿De verdad?» preguntó mientras se acercaba «Los pantalones están
perfectos, pero la camiseta…» la movió ligeramente «Es demasiado
suelta para mí» sonrió con una chispa de malicia, haciendo que me sonrojara.
«Ven aquí» le dije golpeando el colchón con la mano «¿Te apetece proseguir por donde fuimos interrumpidas?»
«Bien» asintió Rei, sentándose donde le había indicado «Pero primero
quiero explicarte por qué en el balneario te dije todas aquellas cosas feas»
se mordió los labios «Yo… creo que he comprendido que no soy la única
por la que sientes cosas» me hizo pedazos.
«¿Qué tiene que ver ahora Misato?»
«Sé que te gusta. He notado cómo la miras» frunció el ceño «También
hoy durante el partido… yo estaba feliz, orgullosa al verte correr por la
pista y encestar una tras otra, pero…» se detuvo.
«¿Se puede saber qué quieres decir?»
«Tienen química. Tú y Fujiwara juntas son bellísimas… perfectas» admitió a duras penas «Y yo no estoy a su altura» bajó la mirada.
«¡Qué estupideces!»
«¡Es así!» rebatió «Estoy a cada momento luchando contra mí misma
porque sé que no te merezco»
«¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?» intenté abrazarla, pero ella
me rechazó.
«Estoy sucia, Miyuki… soy un monstruo»
«¡Cállate ya!» me asusté «No puedes decidir por mí, ¿lo entiendes?» la
sacudí por los hombros.
«¿Quieres realmente saber cómo soy de verdad?» preguntó deglutiendo, y una mirada en sus ojos que se habían vuelto profundos y vacíos
como una noche sin estrellas.
«Sí» tragué en seco «Quiero saberlo todo de ti»
«De acuerdo» respiró profundamente y comenzó aquella narración
terrorífica. Su voz era monocorde, como si estuviese leyendo un libro
poco interesante, como si aquello que estaba revelando fuese, en realidad,
la historia de cualquier otro.
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«Se dice que las niñas sufren el complejo de Edipo en la relación con sus
padres, pero en mi caso no fue así. Yo estaba enamorada de mi madre y ver
destruida la imagen que tenía de ella me conmocionó» apretó los labios.
Me quedé en silencio mientras Rei continuaba.
«De pequeña era muy vivaz y aquel día había decidido gastarle una
broma a Yumiko-san. Estaba en tercero de primaria, apenas había acabado de hacer los deberes con mi profesor particular y me había escapado de
mi habitación para esconderme en el armario de la habitación de invitados. Estaba segura de que allí el ama de llaves no me encontraría» sonrió
de modo extraño «El armario de aquella habitación me gustaba porque
era grande, tenía buen olor y sobre todo tenía rejillas de madera desde las
que podría ver sin que nadie se diera cuenta»
«¿Qué pasó?» pregunté curiosa.
«De repente, vi entrar en la habitación a mi madre y al profesor» se pasó
una mano por el rostro «Pensé que mamá quería enseñarle la habitación
porque pensaba darle hospedaje a él y a su mujer un fin de semana, pero
después… mi madre comenzó a desabotonarse la camisa. Mientras, él se
había sentado en la cama y la miraba. Mi corazón empezó a acelerarse de tal
manera que me dolía y comencé a repetirme que estaba malinterpretando
todo, que, seguramente, aquello era una estúpida broma de los grandes»
la cara de Rei se contrajo dejándome estupefacta «No podía tolerar ver las
manos de aquel hombre sobre ella, pero al mismo tiempo no lograba cerrar
los ojos. Habría querido llorar y salir fuera de aquel armario para golpearlo,
pero mi madre lo alentaba y no solo… le decía cosas en una jerga de la que
yo ignoraba su existencia. ¡Estaba asqueada!» Rei se alteró.
«¿Cuánto te quedaste ahí?» busqué su mano.
«Me quedé estática, bloqueada en aquel armario hasta que acabaron y
decidieron vestirse y salir de la habitación»
«Pero… ¿nadie se dio cuenta de ti?»
«No» sacudió la cabeza «Obviamente fue tal el shock que me llevó a
encerrarme en mí misma. Dejé de jugar en casa y hacer bromas. Perdí la
sonrisa» concluyó provocándome un pinchazo de dolor en el corazón al
imaginarme a la pequeña Rei sola y destrozada.
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«¿Nunca has hablado con ella?»
«No, nosotras… no hablamos» dijo en un suspiro «Por supuesto mis
padres se dieron cuenta de mi cambio, pero pensaron que se trataba de
algo normal debido a la edad. Desde ese momento, comencé a tener horribles pesadillas que aún hoy, de vez en cuando, sigo teniendo»
«¿Qué tipo de pesadillas?»
«Sueño que soy una niña, junto a mi madre que me arrastra hacia un puesto aterrador y me abandona allí, sin que yo pueda hacer nada» tuerce la boca.
Repentinamente, me viene a la cabeza la vez que la había despertado
en la terraza cuando se quejaba en sueños, rogando para que no la dejaran. En su momento, creí que su tomento tenía que ver con Yamato.
«¿Y qué fue de aquel profesor?» intenté continuar la conversación, a
pesar del tomento ocasionado.
«Creo que rompió con mi madre ese mismo verano. Tuve otros tutores
y algunos de ellos se convirtieron en sus nuevos amantes. Tras ese incidente, comencé a prestar más atención, a sopesar sus sonrisas, las miradas cómplices… el odio que escondía dentro de mí se transformó, poco
a poco, en otra cosa» volvió a mirarme de manera extraña «¿Cómo hacía
para volver locos a esos hombres? Si el amor era un cuento irreal, el sexo
entonces no podía sino ser… el poder»
Me estremecí ante aquellas palabras y finalmente comprendí lo que quiso
decir con la frase dicha poco antes: «Estoy sucia, Miyuki… soy un monstruo»
«A los doce años conocí a un chico. Era el hijo de un cliente de mi
padre, venía de vez en cuando con sus padres cuando organizaban cenas
los fines de semana. Siempre era amable conmigo, pero percibía su hastío
al estar en mi compañía. Pensándolo ahora, era algo totalmente normal,
nos separaban seis años y a esa edad, eso era mucho. Sin embargo, eso me
irritaba y en mi mente se insinuó una extraña obsesión…» se paró.
«¿Qué quieres decir?» le apreté delicadamente la mano que se había
vuelto fría como el hielo.
«Comencé a pensar en qué sucedería si hubiese sido mi madre. Cómo
ella lo habría seducido para tener su atención, cómo habría sido hacer…
aquellas cosas» terminó con la mirada en un punto fijo a su frente.
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«Rei…»
«Pedí tener a Ichiro-kun como profesor para ayudarme con los deberes y mis padres consintieron. Era un gran estudiante y ya había tenido
experiencia como profesor. Ichiro-kun aceptó de buen grado la propuesta,
pero siempre se mostraba esquivo y severo conmigo» hizo una pausa. Las
luces de la lámpara de la mesilla de noche se reflejaban en su rostro privado de expresión «Era un gran enseñante, no había nada que reprocharle.
Mis notas mejoraron, pero su comportamiento me hería terriblemente.
Así que, el día antes de las vacaciones de verano, decidí lanzarme y llevé a
cabo un gesto atrevido. Me giré, de improviso, hacia Ichiro-kun y lo besé
en los labios»
«¿Qué?» balbuceé.
«Él se quedó inmóvil, en silencio. Después, como si nada, retomó la
explicación»
«¿Te gustaba aquel chico?»
«Sí, me gustaba mucho» dijo frunciendo los labios «Fue un beso inocente en realidad, en aquel momento no había malicia. Estaba disgustada
por no verlo durante dos semanas»
«Claro» intenté esconder mi fastidio por miedo a que Rei pudiese sentirse juzgada.
«Durante aquellas vacaciones, Ichico-kun no dio noticias y yo interpreté
aquel silencio como un rechazo. Pensé que me había equivocado al hacer
aquel gesto y tuve miedo que dejara de ser mi profesor. Así que, cuando
retomamos las clases, me excusé y le prometí que nunca más haría algo
tan idiota. Pero, para mi gran sorpresa, Ichiro-kun me abrazó: «He pensado mucho en ti, Rei-chan» me dijo antes de besarme repentinamente en la
boca, dejándome conmocionada» el rostro de Rei pareció perder el color
«Aquel beso no era como el que le había dado yo… era un beso de adulto»
«Oh, Rei…» busqué de nuevo sus manos que se habían alejado.
«Me dijo que no había dado noticias ese tiempo porque no podría pedirme salir como hacía con las chicas con las que se veía, aunque yo… le
gustaba más, mucho más que todas ellas…»
«¿Te lo dijo así?»
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«Sí, y yo en ese momento le dije que si el problema era nuestra edad
nos podríamos ver a escondidas»
«¿Y él te apoyo en eso?» sentí la rabia apoderarse de mí.
«Ichiro-kun se entusiasmó» bajó la mirada «En mi interior sabía que
era algo erróneo, pero no podía dejar de reflejarme en los ojos oscuros de
aquel chico y complacerme con el hecho de que, finalmente, me estaba
mirado de otro modo. Ya no era más una niña para él, me daba cuenta
claramente de su deseo»
«¿Querías emular a tu madre? ¿Era eso?»
«Algo parecido… creo»
«Entonces no solo se trató de un beso» la miré asustada.
«No, fuimos más allá y en ese momento comenzó el descenso a los
abismos» rehuyó mi mirada.
«Rei, era ese chico el monstruo, lo entiendes ahora, ¿verdad?»
«No lo sé, al final yo lo alentaba» apretó sus manos sobre las rodillas
«Lo que Ichiro-kun me enseñaba me atraía y me daba miedo al mismo
tiempo. Sin embargo, no podía dejarlo»
«Es normal» le aferré le rostro entre las manos, obligándola a mirarme
de nuevo «Querías su afecto, eras frágil e indefensa… pero él se aprovechó
de eso. ¡Se comportó como un gran bastardo!» me enfurecí.
«Miyuki…» suspiró Rei «¿Sabes? Es extraño cómo ahora todo aquello que
pasó está tan lejos, tan difuminado. Cuando te miró a los ojos, solo siento calor»
«Estoy feliz de que digas eso» llevé su mano a mis labios, y la besé.
«La historia con Ichiro-kun me cambió profundamente. Me enseñó
cómo dar placer a un hombre» retomó la palabra penosamente.
“Si me encontrara con aquel malnacido, no sé qué sería capaz de hacerle”, pensé apretando los dientes, intentando mantener la calma «¿Cuánto
duró esa historia?» pregunté.
«Hasta los quince años, en ese momento me alejé de él» me dijo aún
con tono neutro «Lo que sentía por Ichiro-kun se apagó de repente. Yo
seguía siendo su preferida, pero no era la única. Muchas veces intentaba
ponerme celosa contándome lo que hacía con las otras chicas» se mordió
los labios «Un día, así, de improviso… ya no sentí nada»
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«Tenía que ser un chico muy atractivo para tener tantas chicas» dije
asqueada.
«Sí, lo era» dijo Rei mirando un punto fijo «Tenía un bello rostro y se
vestía siempre a la última moda. Incluso en sus modales era elegante y
sabía muy bien cómo doblegar a uno a su deseo. Sin embargo, después
de ese momento comencé a sentir fastidio solo de besarlo, así que decidí
terminar»
«Imagino que él no se lo tomó bien»
«No, de hecho no» el rostro de Rei se endureció «Pero a mí ya no me
importaba nada. Dije a mis padres que ya era grande y no necesitaba un
profesor para estudiar. Amenacé a Ichiro-kun con revelar todo nuestro
secreto si continuaba buscándome»
«¿Y él?»
«No dio señales de vida, obviamente» soltó una risita irónica «Por desgracia, aquello que me había dejado dentro no podía borrarlo y al final,
explotó y cayó sobre quien llegó después…» bajó la mirada «Me había
transformada yo misma en Ichiro-kun, comportándome con los chicos,
en su primera vez, como él lo había hecho conmigo» volvió a mirarme
indiferente.
«No digas eso. Sencillamente necesitabas afecto sincero» rebatí.
«Miyuki» continuó Rei «Tú fuiste la que me liberaste, la que me has hecho comprender que amar a alguien significa pelear y luchar. Poner la felicidad de quien amamos por delante de la nuestra» sus ojos resplandecieron.
«Rei…» sentí un nudo en la garganta.
«Nunca he sentido nada parecido, créeme» dijo con voz ronca «Sé que
he sido cruel y que te he hecho sufrir, pero no sabía cómo comportarme
contigo. Por un lado te quería, mi naturaleza se rebelaba y deseaba aquello
que siempre había obtenido. Por otro, no quería herirte, ni mancharte…
había algo en ti que nunca había visto en nadie y cuando te besé en la terraza, cuando te estreché en mis brazos… fue la primera vez que aparte de
mi cuerpo se encendió mi corazón» me miró con dulzura «Eres especial.
Siempre lo has sido para mí, desde que éramos niñas y creo… sí, creo que
siempre te he amado» admitió al final.
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«También yo te amo…» me conmoví. Abrí el cajón de la mesita y saqué
la foto de Rei que había guardado ahí tiempo atrás «Mira» le sonreí «Haremos otras fotos y las pondremos todas en un hermoso álbum, juntos a
las de cuando éramos pequeñas, ¿te parece?»
«Sí, sería maravilloso» dijo con voz rota.
Sus ojos resplandecieron como dos zafiros en la penumbra, después hundió su rostro en el hueco de mi cuello, soltando todo lo que llevaba dentro.
La besé y la mantuve abrazada toda la noche. No permitiría que nadie
le hiciera daño, nunca más
***
A la mañana siguiente, nos despertamos de esa manera, aún abrazadas,
la una en los brazos de la otra.
«Buenos días» le sonreí con mi nariz pegada a la suya.
«¿Cómo va la herida?» me preguntó mirándome algo preocupada.
«Mejor, pero tendré que ir con mi madre al hospital» resoplé «Querría
estar un poco más contigo» me acurruqué mejor entre sus brazos
«¿Qué te parece si voy con ustedes?»
«¿Y las clases?»
«Llevaré una justificación» respondió tranquila «Además… querría
hablar con nuestras madres»
«¿Q… qué quieres decir?» me sobresalté.
«Miyuki… ¿ha cambiado algo después de lo que te conté anoche?» preguntó titubeante.
«¡En absoluto!» me aparté de ella, resentida «¡Qué estupidez!»
«Entonces… ¿quieres ser mi novia?» se sonrojó y yo la encontré adorable.
«¿Me los estás pidiendo de verdad?» un fuerte calor me invadió. «Claro
que sí» me incliné sobre ella.
No querría levantarme nunca de esa cama. Habría sido mucho más
feliz si hubiera podido pasarme todo el día abrazada a ella, besándole cada
milímetro del cuerpo, con la ilusión de borrar con mi amor cada cicatriz
que aquel horrible pasado le había dejado, que había intentado transformarla en una muñeca sin alma.
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Orange Cream

escrito por Scarlett Bell
con los dibujos de Aeryn Sun
***
Traducción: Natalia Trujillo Rodríguez
www.fanfiction.net/u/5685127/franchiulla
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CONTINUA...
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