Boletín Güemesiano Digital

15 años difundiendo la más original y la menos conocida gesta emancipadora de América
18161816-2016: Gloria y honor a los Forjadores
Forjadores de la Independencia

Año 16 - Edición Nº 192- Mayo de 2016
Autora: Prof. María Cristina Fernández

Ricardo Moyano Ruiz de los Llanos (tataranieto de Bonifacio Ruiz de los Llanos; María C. Fernández
(autora del Boletín Güemesiano Digital), Gigliola Petrelli (especialista en turismo cultural) y Ofelia
Pedicone de Sal (tataranieta de Juan Manuel de Güemes). Gentileza: Gigliola Petrelli

Sumario:
* Güemes al servicio de la causa de Mayo, por Luis Oscar Colmenares
* El enérgico y valiente Güemes, por Hernando S. Fernández
* La Puna en el inicio de las actividades del Bicentenario en la Peña Cultural
El Cardón de Tucumán
* El protagonismo de los puneños en la gesta independentista inició el ciclo
de Conferencias de la Fundacion del Bicentenario en Tucumán
* El Clamor de la Puna en bibliotecas y medios de comunicación
* Libros recibidos
* Agenda Güemesiana Abril de 2016
* Palabras finales

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Forjadores de la Independencia

I. Güemes al servicio de la causa de Mayo

La Revolución de Mayo generó adhesiones y rechazos. La Primera Junta de
Gobierno fue aceptada por ciudades y pueblos de la Intendencia de Buenos Aires y de
las restantes la única Intendencia que la reconoció fue la de Salta del Tucumán. Las
del Alto Perú, Paraguay y la de Córdoba del Tucumán no lo hicieron. En Córdoba se
frustró el intento de una contrarrevolución con la ejecución de sus cabecillas. Las
cuatro Intendencias altoperuanas fueron incorporadas al virreinato del Perú, lo que
generó el envío desde Buenos Aires de una expedición para recuperarlas.
Feliciano Chiclana gobernaba la Intendencia de Salta y ante la urgencia de
evitar una acción conjunta entre rebeldes del Alto Perú y de Córdoba, ordenó el
control de la Quebrada de Humahuaca a Diego José de Pueyrredon (hermano de Juan
Martín). Pueyrredon dio a Güemes esa misión y desde agosto de 1810 el héroe
salteño se encontraba en Humahuaca. La partida a su mando no sólo impidió la
comunicación sino también el avance de contrarrevolucionarios, acción por la que
fue ascendido de Teniente a Capitán. Al llegar el Ejército Auxiliar del Alto Perú, al
mando de González Balcarce, Güemes y las fuerzas a su mando se incorporaron a la
vanguardia. A fines de setiembre Güemes partió hacia Tarija para organizar milicias
que se integraran a dicho ejército.
La victoria que sostuvo la revolución
Respecto al avance y al éxito inicial de la primera y única Expedición que logró un
triunfo contundente en el intento de recuperar el Alto Perú, expresa el Dr. Luis Oscar
Colmenares:
La avanzada del Ejército Auxiliar del Alto Perú quedó formada por tarijeños, salteños y
jujeños y comandada por Güemes. Desde Tarija partió directamente hacia Santiago de
Cotagaita, donde estaban atrincheradas las fuerzas españolas al mando del general
José de Córdoba. Allí llegó el Ejército Auxiliar del Alto Perú, comandado por González
Balcarce, el 27 de octubre de 1810. Después de varias horas de ataque sin poder
superar las trincheras, el Ejército Auxiliar decidió iniciar la retirada. Se encomendó a la
división de Güemes frustrar todo intento del enemigo de cortar la retirada del Ejército
Auxiliar y, a la vez, proteger la artillería, que avanzaba más lentamente. El Ejército se
retiró primero hasta Tupiza y luego hasta Nazareno, perseguido por el enemigo, que
era siempre hostilizado por Güemes y sus milicianos. El 6 de noviembre llegó la
artillería a Nazareno, encontrándose con el ejército que retrocedía. Entonces se decidió
enfrentar en Suipacha al general Córdoba, a cuyo efecto súbitamente las fuerzas de
González Balcarce detuvieron su marcha en retirada. Y el día 7 vencieron al enemigo.
La batalla de Suipacha fue una victoria completa del Ejército Auxiliar “…con la total
dispersión de todas las fuerzas enemigas y la toma de su artillería y cuanto llevaban;
que las consecuencias de esta acción fueron el declararse abiertamente a favor de la
causa las cuatro provincias del Perú y quedar enteramente abatidos los enemigos que
en ella residían…”, según declaró González Balcarce. El comandante del ejército
derrotado, general José de Córdoba, se dirigió al comandante vencedor diciéndole: “La
victoria de Suipacha, que vuestra señoría ha logrado ayer, es más completa de lo que le
pareció, pues solo ella ha decidido la suerte del Perú correspondiente al virreinato de
Buenos Aires”.
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Omisión de la actuación de Güemes
Colmenares destaca que en los partes oficiales de Castelli y González Balcarce no se
menciona la actuación de Güemes en Suipacha y expresa:
De los participantes en la batalla, quien menciona a Güemes es Lorenzo Lugones. Dice
así: “El valiente coronel Balcarce, jefe de nuestra vanguardia, rechazado en Cotagaita y
perseguido por los enemigos, hizo una rápida retirada hasta Nazareno, donde pudo
hacer pie con la reunión de dos o tres divisioncillas que marchaban a una misma
dirección, siendo la mayor de las que se replegaron la que mandaba el teniente coronel
de milicias de Salta, don Martín Miguel de Güemes: con este refuerzo volvió Balcarce
en busca de los que lo perseguían, les dio encuentro en Suipacha y los batió y derrotó
completamente”.
Güemes debe haberse distinguido en esta batalla al frente de las milicias tarijeñas,
salteñas y jujeñas para que Castelli le encomendara una importante misión dos días
después. El 10 de noviembre se dirigía a la Junta diciéndole: “Ayer he mandado
destacar y con efecto a las 12 del mismo día caminó a mi vista del Cuartel General de
Suipacha una partida de 150 hombres montados, armados y municionados, con sus
correspondientes oficiales, al mando del capitán don Martín Güemes con destino a
ocupar la cabeza del partido de Cinti, provincia de Charcas. No dudo del feliz éxito de
esta disposición cuando está a cargo del capitán Güemes (uno de los oficiales de las
provincias incorporadas al ejército) y manda tropas tarijeñas que son superiores”.
Pese a que Córdoba abandonó Cotagaita en la madrugada del 9 de noviembre, recién el
12 González Balcarce ocupó este lugar. El 28 del mismo mes Castelli estaba en Potosí.
Desde allí informó a la Junta del regreso de Güemes al ejército tras cumplir la misión
encomendada. El director del Archivo General de la Nación expidió un informe en 1874
diciendo que había una constancia donde se expresaba que Güemes “el 28 de
diciembre de 1810 se hallaba en Potosí con la División Tarija…”.
El 20 de marzo de 1811, en Oruro, el Ejército Auxiliar certificó que “el capitán don
Martín Miguel de Güemes no existe en este ejército desde el 8 de enero de 1811”. ¿Qué
pasó? De Güemes sólo se conoce que solicitó en Salta el 21 de febrero de 1811, que
“interín su reparación”, se le “entreguen 200 pesos a buena cuenta de sus sueldos para
su auxilio y subsistencia”. No hay información al respecto. Sí, múltiples conjeturas.
Dado que Güemes expresa en 1815 que fue “criminalísima” la demora en que incurrió
el Ejército Auxiliar después del triunfo en Suipacha, “lo que dio lugar a que Goyeneche,
que no tuvo más fuerza que la de cinco compañías, reforzase su ejército con siete mil
combatientes”. El autor de Güemes Documentado deduce que “el motivo de tal
alejamiento fue su no encubierta decepción porque sus jefes desaprovechaban
lastimosamente el tiempo…”.
Ni Castelli ni González Balcarce son los responsables de que el Ejército Auxiliar se
quedara en Potosí. La Junta había ordenado a Castelli que no avanzara más allá de la
frontera del ex Virreinato del Río de la Plata y que negociara en secreto con Goyeneche.
El resultado final de la demora en avanzar, primero, y del armisticio con Goyeneche,
después, fue la derrota del Ejército Auxiliar en Huaqui, en las proximidades del río
Desaguadero, el 20 de junio de 1811. Así se perdía todo lo logrado en Suipacha.

Lo expresado por el Dr. Colmenares, quien estudió por más de cinco décadas la
gesta Güemesiana, deja en claro –entre otros aspectos- que la batalla de Suipacha
salvó la revolución de Mayo de 1810. Esta batalla impidió que la revolución fuera
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sofocada en su seno, apenas iniciada. Lo obtenido en Suipacha –la única que logró
recuperar las cuatro Intendencias del Alto Perú, objetivo de las tres Expediciones- se
perdió por decisiones no adecuadas a las circunstancias. La derrota del Ejército
Patriota en el Desaguadero abrió las puertas a la invasión realista que Suipacha había
cerrado. Luego, ya en el actual territorio argentino, los patriotas triunfaron en
Tucumán (setiembre de 1812) y Salta (febrero de 1813). No obstante, la importancia
de Suipacha –a la luz de los documentos- es indubitable. Que Suipacha no pertenezca
hoy a la República Argentina no le quita el mérito de lo acontecido en su momento
como tampoco se lo quita a la actuación de Güemes a quien –como se viotempranamente se intentó omitir. La omisión fue salvada por otros partícipes de la
batalla.
Extrañamente, el relato histórico selecciona permanentemente lo que desea
mantener en la memoria. La omisión de la categórica participación de Güemes en
Suipacha y su gloria al ser el primer jefe patriota que avanzó hacia el territorio
altoperuano –consolidando los ideales de Mayo- llegando hasta el mismo Potosí,
constituye lo que un autor calificó como el primer obstáculo en su luminosa vida. Sin
estos recortes, omisiones que sacralizaron y favorecieron el ingreso de algunos
protagonistas al Panteón de los Héroes excluyendo a otros, no sería necesario pugnar
hoy por un reconocimiento nacional para Güemes. Tal reconocimiento comprende,
además de sus representaciones simbólicas, el estudio curricular en todos los niveles
educativos. Así se dejaría de escuchar la constante reflexión de docentes, alumnos y
argentinos en general: ¿por qué esto no se enseña en las instituciones educativas?
Esta pregunta la hizo recientemente una pedagoga en Tucumán, luego de una
conferencia sobre la Gesta Güemesiana. Quizás quienes recortan la historia exaltando
a unos en detrimento de otros tengan la respuesta.
II. El enérgico y valiente Güemes
En el año 1986 el Dr. Hernando S. Fernández publicó el artículo Güemes y los
guerrilleros del Oriente de Bolivia en el que caracteriza a los líderes naturales de las
Republiquetas. El término Republiquetas fue dado por Bartolomé Mitre a los grupos
armados que defendieron su territorio ante el avance de los ejércitos realistas,
especialmente en el Alto Perú. En su escrito, el Dr. Fernández expresaba:
Nada nuevo se dice al sostener que Güemes concentra en su persona y en su acción la
dirección de las operaciones bélicas de la Patria, así en el norte argentino como en las
provincias septentrionales del vierreinato rioplatense, durante la época que corre entre
las semanas de repliegue de las tropas que comandaba el general Rondeau hasta el día de
la desastrada muerte del salteño. Esta concentración, que se aproxima a la unificación de
los mandos guerrilleros regionales y propende a la acción conjunta y a la operación en
grande, se deja advertir mayormente en el campo de lucha de aquellas provincias
septentrionales, a las que se daba el nombre genérico del Alto Perú.
Producidas las rebeliones populares de 1809 y 1810 e iniciada la lid de esas revueltas, el
poderío real hubo de imponerse a breve tiempo, mediante la ocupación de pueblos y
ciudades por tropas del ejército regular español y la vuelta al régimen colonial,
momentáneamente interrumpido. Las exacciones y los atropellos siguieron a la
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reposición realista, y con ellas la irritación del pueblo que las sufría y la decisión de
insistir en la demanda y proseguir en la lucha, apelando a nuevos y más expeditivos
medios.
De los centros urbanos la acción derivó entonces a las áreas rurales. La población
insurrecta ganó las sinuosidades y las asperezas de la campiña, que venían a resultarle
propicias. Mas no pudo hacerlos ni en forma ordenada ni constituyendo grupos de
cuantía. En este o aquel apartijos de la campiña y singularmente en las quiebras de las
montañas, asentáronse partidas de hombres, así en busca de asilo como en procura de
medios para defenderse del enemigo, si es que no para acosarle.
Empero las partidas eran cortas en individuos componentes y menos aún en recursos
para sostener una lucha. Carecían de armas, de disciplina y de preparación adecuada para
la acción guerrera, pero estaban animadas de valor, de pujanza y de rencor contra el
adversario.
Como no podía menos de ser, las autoridades realistas se echaron a fondo contra tales
partidas. Columnas de tropas regulares idas en su alcance, no pudieron con ellas y fueron
derrotadas. La emboscada, el ataque sorpresivo, la acción violenta, pudieron más que el
orden, la disciplina y el uso metódico de las armas. Los vencedores, envalentonados,
aumentaron entonces sus efectivos con el aporte de los desertores del otro bando, los
nuevos alistamientos y los recién decididos por la causa.
Así nacieron y perecieron los grupos de combatientes por propia cuenta y así surgieron y
maduraron las guerrillas. En adelante fueron conjuntos de gente que se daban por
libérrimas, combatían sin descanso por seguir siéndolo y formaban sociedades dotadas de
cierta organización política. Sus autoridades, nacidas del consenso popular, ejercían
funciones políticas y administrativas en el territorio que ocupaban y dentro del cual
actuaban. Para tales sociedades, poseedoras de jurisdicción y en funciones de guerra, el
gran historiador argentino Mitre, acuñó el término de republiquetas.
De 1812 en adelante fueron apareciendo sucesivamente en el llamado Alto Perú, varias
republiquetas. Vale citar alguna de ellas: la de las comarcas limítrofes entre los actuales
departamentos bolivianos de La Paz y Cochabamba, en algún avance sobre parte del de
Oruro. Esta fue conocida más con el nombre de una de sus comarcas principales: Ayopaya.
La de los valles de Cinti, donde se impuso por años, rigió a su leal saber y entender y
anduvo triunfante hasta 1817, el bravo guerrillero José Vicente Camargo. La del partido
de La Laguna, que en ocasiones se extendía hasta la “frontera de los Chiriguanos” y estaba
mandada por la legendaria pareja de Manuel Ascencio Padilla y su mujer doña Juana
Azurduy. La de los valles de Tarija que contaba con denodados jefes como Méndez, Rojas y
Avilés, sobre cuya generalidad imponía en paz y guerra su férrea voluntad el caudillo
Uriondo. En los llanos de Santa Cruz gobernaba por determinación de Buenos Aires y
ejercía mando de guerra el valiente coronel porteño D. Ignacio Warnes, hasta el día que
fue vencido y muerto y cayó con él la republiqueta. Hubo muchas más. Unas cuantas de
ellas desaparecieron al ser vencidos sus caudillos. En otras, los mandos se sucedieron con
ejercicio de medidas violentas. Fueron muy pocas las que subsistieron a los ataques de los
soldados del rey y vieron llegar el día de la Independencia.
Medido el hecho de que ciertas republiquetas se mantuvieron sin entrar en contacto unas
con otras, de más está decir que vivieron y actuaron al margen de toda unidad. En los
doce o trece años de su existencia y vigencia no hubo caudillo que se impusiera sobre los
demás y menos que llegara a perfilarse como jefe superior. Pero llegó el día en que la
necesidad de esta superioridad se hizo patente y los hechos juntaron razones para
procurarla. De la necesidad común surgió la idea y los acontecimientos se encauzaron de
conducirla hasta el punto de entrar en los comienzos de su efectividad. El ideal de la
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acción común guerrillera había de concretarse, si no una sólida unidad de mando, por lo
menos una forma de acción coordinadora bajo principio de autoridad. Tal era el propósito
que alentaban y la necesidad que sentían los guerrilleros altoperuano, desde los que
operaban en las quebradas de Inquisivi y Ayopaya hasta los que discurrían en las vegas de
San Lorenzo. Mas, como quiera que entre ellos, por muchos y muy valiosos que fueran sus
méritos, no había alguno de personalidad lo suficientemente poderosa para atraer a los
demás y proyectarse sobre ellos, su estimación hubo de detenerse en alguien enérgico,
valiente y de extracción popular y practicante de la guerra en la forma que ellos la
practicaban. Ese era Güemes, que había detenido el avance de los españoles hacia la
capital del virreinato y había posibilitado las campañas victoriosas de San Martín.

III. La Puna en el inicio de las actividades del Bicentenario en la
Peña Cultural “El Cardón” de Tucumán
El inmueble donde funciona la Peña Cultural El Cardón es uno de los más
antiguos de San Miguel de Tucumán y posee un alto valor patrimonial ya que data del
año 1772. En esta propiedad se dieron cita los personajes más destacados de la época
colonial y, entre otros sucesos importantes, fue asistido –en 1826- Gregorio Aráoz de
la Madrid, cuando resultara herido, tras la derrota de El Tala. La institución es
considerada un centro irradiador de cultura, según el Dr. Páez de la Torre. Allí se
dieron cita las artes plásticas, el teatro y la música; nacieron libros, se dictaron cursos
y conferencias sobre variados temas. En la sede, ubicada en Las Heras 50, funciona la
Biblioteca Dr. Antonio Torres.
En tan importante casa el sábado 30 de abril se dio inicio a la agenda del
Bicentenario de la Peña El Cardón con la exposición La Puna, sostén de la
Independencia, a cargo de la Prof. María Cristina Fernández.
La apertura estuvo a cargo del Arq. Domingo Miguel Moreno, miembro de la
Comisión Directiva, quien realizó una breve caracterización de la casa para luego
presentar al coro de la Peña. El coro comenzó interpretando el Ave María y luego El
león duerme en la selva y La cumbia del pescador.
La conferencista fue presentada por el Dr. Luis Horacio Yanicelli, Pdte. del
Instituto Belgraniano de Tucumán, quien convocó a participar en la actividad.
A la conferencia asistieron dos descendientes de próceres, lo cual le dio un
matiz de gran relevancia, sumado al Ave María que perduró en el recinto como
réquiem dedicado a quienes murieron luchando por la Independencia. Bonifacio Ruiz
de los Llanos estuvo en el lugar en la presencia de su tataranieto, Ricardo Moyano
Ruiz de los Llanos mientras Ofelia Pedicone de Sal llevó a su tatarabuelo Juan Manuel
de Güemes, cabildante salteño, hermano de Martín Miguel. Fue una noche poblada de
emociones que desbordaron en los ojos de don Ricardo que definió con la palabra
Amor lo vivenciado.
IV. El protagonismo de los Puneños en la Gesta Independentista inició
el Ciclo de Conferencias de la Fundación del Bicentenario
Coordinado por Leticia Pacheco, miembro de la Fundación del Bicentenario y
a través de la Cátedra Libre Suramericana del Bicentenario, se desarrolló en
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Tucumán la Conferencia El protagonismo de los Puneños en la Gesta Independentista
el lunes 2 de mayo en San Juan N° 190. La misma estuvo a cargo de la Prof. María
Cristina Fernández. Con ella se dio inicio al Ciclo de Conferencias de la Fundación del
Bicentenario.
En la oportunidad se expuso sobre los Bicentenarios de la jura de lealtad a la
nueva Nación en El Moreno; el Combate de Colpayo y el martirio de Yavi, en la
Provincia de Jujuy, protagonizados por pobladores originarios de la región en el año
1816.
A la conferencia asistieron Jorge Atilio Mendía, Pdte. de la Fundación del
Bicentenario, integrantes del Concejo Deliberante de la Ciudad de San Miguel de
Tucumán, legisladores y asesores de representantes tucumanos. Esta importante
presencia permitió exponer la necesidad de reivindicar y reconocer el sacrificio de
los puneños al contribuir a que el Congreso pudiera reunirse y sesionar mientras la
región era azotada por las invasiones realistas. Luego de declarada la Independencia
continuaron defendiendo la región, como brazo armado de Martín Miguel de Güemes.
Al final de la exposición el legislador Rubén Edgardo Chebaia hizo entrega a la
disertante de un cuadro de importantes dimensiones con el texto del Acta de la
Declaración de la Independencia.
V. El Clamor de la Puna en Bibliotecas y medios de comunicación
En San Miguel de Tucumán fueron entregados ejemplares de El Clamor de la
Puna a la Biblioteca Popular Dr. Antonio Torres, de la Peña Cultural El Cardón; a la
Federación de Bibliotecas Populares; a la Biblioteca de la Universidad Santo Tomás
de Aquino; a la Dirección de la Casa de la Independencia; al Área Extensión Cultural
de la Casa Histórica; a la Dirección de Patrimonio Cultural de Tucumán; al Ente
Provincial Bicentenario de Tucumán 2016; al Instituto Belgraniano de Tucumán; a la
Fundación del Bicentenario; a la Dirección de la Casa Belgraniana; a la Biblioteca del
Centro Cultural Rougier; a la Fundación Miguel Lillo; a la Biblioteca Provincial Juan B
Alberdi; a Radio Nacional “Mercedes Sosa”; a Canal 8; a la Cooperativa de Remiseros
Benjamín Matienzo; etc.
En Buenos Aires pasó a integrar el patrimonio bibliográfico de la Biblioteca
Nacional; de la Biblioteca del Congreso; de la Escuela de Gendarmería Nacional
Martín Miguel de Güemes; del Museo Histórico de Gendarmería Nacional; del
Instituto de Formación de Suboficiales de la localidad de Mercedes; Biblioteca
Nacional de Maestros; Coordinación Nacional de Educación Interbilingüe; Academia
Nacional de Historia; Instituto Inmaculada Concepción; Instituto de Formación
Superior Beato Angélico e Instituto Nacional Belgraniano.
El Clamor de la Puna fue expuesto en la 42ª Feria Internacional del Libro en
Buenos Aires (stands de la editorial Autores de Argentina, de las Provincias de Jujuy,
Tucumán y Salta). En dicha Feria se conoció a Enrique Martínez y Ana Berselli,
lectores del Boletín Güemesiano Digital y a Carolina Cala, posible descendiente de
Diego Cala –héroe y mártir jujeño de la Independencia.
En Córdoba, fue enviado a la Biblioteca de la Escuela de Suboficiales Cabo Raúl
Remberto Cuello.
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En Jujuy, fue enviado a Educación Rural; a coordinación del Área Intercultural
Bilingüe; Comisión Municipal de Yavi y Escuela Primaria de Yavi.
En Salta forma parte del patrimonio bibliográfico del Instituto Güemesiano; de
la Biblioteca Popular de San Antonio de los Cobres; es fuente de consulta en Radio
Nacional y diario El Tribuno, entre otros medios. (Puede adquirirse en Catamarca 67
a costo de impresión).
VI.

Libros recibidos

Recientemente se recibieron los libros publicados por Jorge Camacho Ruiz:
Predicando Patria en tiempos de Bicentenarios; de Carlos María Romero Sosa: Papeles
con mi padre; de Enrique Fermín Gonzalez: Historia de la UCR Tucumán y del Instituto
Nacional Belgraniano: Manuel Belgrano, los ideales de la Patria.
VII.

Agenda Güemesiana Abril de 2016

M. Cristina Fernández desarrolló en San Miguel de Tucumán la siguiente
agenda:
29 de abril:

participó en la misa celebrada en la Catedral en memoria del
Gobernador de Tucumán Miguel Campero y del Cnl My Juan José
Fernández Campero en el marco del Encuentro de la familia Campero.
En el patio de la Casa Histórica, luego de las palabras alusivas
pronunciadas por Ariel Campero y por Javier Campero, aludió al
Regimiento Peruano que actuó en la Puna desde 1814 a 1816, en
homenaje a los puneños y su gesta olvidada, en el marco del
Bicentenario de la Independencia. En la oportunidad hizo entrega a la
Jefa del Área Extensión Cultural del Museo de la Casa Histórica de la
Independencia, de una placa que recuerda la Jura de la Independencia
en El Moreno (Provincia de Jujuy, 30 de agosto de 1816).
Asistió a la disertación del Dr. Carlos Paez de la Torre, sobre la figura
del Gobernador Miguel Campero. Posteriormente entregó al disertante
ejemplares de El Clamor de la Puna destinados al Ente del Bicentenario.

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30 de abril:
2 de mayo:

Disertó en la Peña Cultural El Cardón, actividad convocada por el Dr.
Luis Horacio Yanicelli, Pdte. del Instituto Belgraniano de Tucumán.
Fue entrevistada por Radio Nacional Tucumán Mercedes Sosa y por
C5N. Visitó la Casa Belgraniana, guiada por la Lic. Gigliola Petrelli,
especialista en Turismo Cultural.
Disertó en la Fundación del Bicentenario, actividad convocada por el
Dr. Jorge Mendía y Leticia Pacheco, ante una importante cantidad de
asistentes.
Palabras Finales

La visita a San Miguel de Tucumán deparó momentos de profunda alegría al
compartir emotivos momentos con la familia Campero; ser partícipe del acto
desarrollado en la Casa Histórica; conocer a Ricardo Moyano Ruiz de los Llanos;
celebrar la amistad de Ofelia “Chichita” Pedicone de Sal y su familia; conocer a Dilma
Toconás, recorrer la casa Belgraniana junto a Gigliola Petrelli; dialogar con Mercedes
Aguirre, Directora de Patrimonio Cultural, entre otras gratísimas vivencias.
Iniciar el ciclo de Conferencias preparatorias a la celebración del Bicentenario
de la Independencia llevando a Tucumán la memoria de los integrantes del
Regimiento Peruano fue posible gracias a la apertura de Luis Horacio Yanicelli, Jorge
Mendía y Leticia Pacheco.
En las Conferencias se difundió y compartió el reconocimiento a los puneños en
su protagonismo, tema que encierra una de las grandes deudas hacia una región por
la que aún retumban los cascos de miles de caballos y los pasos de cientos de héroes.
Metafóricamente, puede decirse que doscientos años después el Regimiento Peruano
llegó, tras larga espera, a suelo tucumano. Pero no se detuvo allí, siguió su avance
hacia Buenos Aires donde arribará los primeros días de junio al IV Congreso
Internacional de Historia Militar Bicentenario de la Independencia. Allí quedará
registrada su presencia con la ponencia: El Regimiento Peruano, su aporte a la
emancipación en el temario Historia de los Ejércitos Iberoamericanos nacidos como
consecuencia de la guerra de emancipación. De esa manera se romperá el silencio que
por doscientos años envolvió su existencia.
Buenos Aires, 20 de mayo de 2016
Prof. María Cristina Fernández - martinmiguelguemes.com.ar
mariacfernandez@speedy.com.ar - macachita@gmail.com

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