CHE PEREYRA

EPITAFIO DE LA LIBIDO

Epitafio de la libido © Manuel García Pereyra

Editores: Dayana Riveaud, Manuel García Pereyra. Diseño y Diagramación: María José Sandoval V.

Impresión: Ediciones del Quiltro. Santo Toribio 630 A Fono: 8- 470 03 29 E-mail: edicionesdelquiltro@gmail.com Impreso en Chile / Printed in Chile

Diseño Logo: Malaimagen Web: www.malaimagen.blogspot.com

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–1–
El hombre es un dulce oximorón, ya lo dije una vez. Y el cantor tiene cierta razón: El cuerpo es sólo malegría. Acaso viste al alcance de tus dedos la no buscada sino perseguida felicidad, pero Ella estaba agujereada como esas bolsas de supermercado que suelen explotar hacia abajo en medio de la calle arbolada, esparciendo tus pocos alimentos por el asfalto seco y ensuciado. ¿Cuántas veces deseaste ser amado y no lo lograste? ¿Sabés qué? Para ello se debe amar primero. No soy dios pero sé todo de ti. Y recuerdo cuántos sábados reíste e hiciste reír a tantos para volver desilusionado por la silenciosa madrugada de sol a lo oscuro de tu cuarto. ¿Qué esperabas? Eras un adolescente y debías doler: Así son las reglas, si eras de ti mismo tu propio experimento. ............................................................... Hoy la felicidad te acompaña en tu hombro izquierdo. Mas en el derecho, la tristeza aun te jala la oreja y la cortesía es de ti un virtuoso defecto.

–2–
por qué sentir que la peor imposibilidad del Ser sea la de desear lo verdaderamente indeseado? por qué, si es el mundo quien dice que uno puede ser lo que realmente quiera, fallan los intentos? acaso es cierto que ya no exista el sufrimiento? se han solucionado los males, las tristezas, las hambres? yo no lloro, no lloro más y no recuerdo si lo hice alguna vez. pero sufro, duelo... me voy muriendo. un falso Ingeniero Pide Exige Grita Amenaza por la pena de muerte. yo sé que es un Loco Desquiciado de mierda. por qué nadie lo detiene? y sufro por ello. ya no lloro, no lloro más y no hay recuerdos de sal en mis mejillas.

camino por la calle y oigo una sentencia abominable: aun hay gentes que desean fervientemente regresen los saurios militares. por qué nadie se asusta, se le erizan las pieles? y sufro por ello. acaso sea yo mi peor enemigo por no dejarme llevar por la infección de estas aguas.

–3–
Veintiocho escamas perdidas por el camino un millón de dormires otro millón de despertares apenas diez mil saludares el viento entra a mi cuerpo desnudo el viento sale de mi cuerpo vestido

Veintiocho cortezas esparcidas por el camino mi vida es decir hola y adiós tranquilamente Veintiocho pieles perdidas por la avenida mi mundo es abrir la mano para perder el tiempo

–4–
Estoy en el vagón de las bicicletas. El Sol va quitándose la última estola del invierno. Voy quieto, enredado en el andar del tren. Frente a mí hay dos asientos... En uno de ellos va un joven morochón con el pelo teñido de rubio, durmiendo: Su vida es sólo sueño. En el otro asiento va un viejo gris, despierto, de pelo abundante y entrecano, con un rostro más joven que mis propios veintiocho años: Su vida, sin embargo, reposa en su bastón. El viejo me mira mientras voy escribiendo y sonríe con esperanza. El morocho despierta por un segundo, me observa y una mueca de fastidio abre sus labios secos: Tal vez piense que soy otro idiota en el mar de tanto Idiota. ¿Quién de nosotros podrá tener la razón? Yo sólo soy un extraño más, tirado en el suelo caliente de mediodía, en un vagón donde dos bicicletas flotan livianamente, donde un hombre se acerca a una ventana y observa la otra vía y su misterio y donde una mujer septuagenaria se frota las dolorosas várices de sus piernas viejas e inflamadas. ................................................................ Este espectáculo, por suerte, no vale más de 70 centavos.

–5–
Hoy, señores, doy gracias a la suerte por alejarme de lo perfecto. Porque perdí una costilla en la biblia y sólo me concentro en perseguir a la mujer.

–6–
Un hombre llora al besar su propia imagen en una vieja fotografía de color sepia. Albert Camus vio en la vejez la Ironía de la Vida. Yo veo algo peor: Su Nostalgia.

–7–
Parto de cierto precepto que reza que siempre habrá alguien más rico y más pobre que yo. Bien, por un rato me conformo... ¿Pero tanto cuesta siquiera un gramo de felicidad? Y no hablo de ese gramo. Pues de hacerlo no estaría aquí pensando sino saliendo a buscar al gnomo al fin del arco iris para robarle la olla... O, tal vez, y si él quiere, convidarle. Hablo de lo frágil de la sonrisa que no llega a pesar ese ni otro gramo, que casi no cuesta encontrarla a menos, claro, que la vida no le haga gracia. Ella es lo más sincero de uno. Mucho más que la conciencia, si esta Puta no puede cansarse de cierta verdad renacentista

-mejor decir que no puede dejar de colocar en nuestros rostros todas nuestras máscaras y la de los demás...-. A veces -y quiero decir entonces Siempresiento cómo mi labio superior comienza a erguirse con muchísima timidez. Y creo que va a suceder: ¡Al fin voy a sonreir! Pero todo acaba en una tensión nerviosa de musculatura alterada que va más allá de mí -mejor decir de mis intenciones o decisiones cerebrales activas-

y que no ceja de titilarme el cachete por largo rato. Me tapo la boca con una mano, frenéticamente, pero no detengo ni por milagro humano el exasperante temblequeo de mis labios. Y la sapiencia empieza a andar, descarriadísima: Pienso en la persona que justo en este momento está cruzando la calle y pienso en lo que ella pensará de mí.

Tiene un maletín negro en sus manos y noto que sus ojos se abren con molestia y desdén al verme, y una de sus manos aprieta con fuerza demencial la manija dorada de su oscuro tesoro.

Sé que sabe -ya que es inevitable darse cuenta cuando es el Otro quien sufre un desperfecto motrizy hasta sé, por la transpiración de su frente rugosa, que esta misma desgracia que me agarra desprevenido en plena avenida le ha sucedido a él alguna que otra vez... Y por ello mismo nunca podrá ayudarme: En este momento, asustado y todo, está recordando su nefasto episodio... Y ese recuerdo le duele y busca en su memoria y se sumerge intrépido dentro de ella a por otro recuerdo que choque de frente contra aquel y genere el codiciado olvido -como dos sonidos que al chocar producen un silencio-.

En fin... Sonreír es para mí simplemente una palabra que día a día va perdiendo su concepto, quedándome de ella su cadáver acústico. Y lo más mierda es que todo esto es muy abstracto... ¡Si cuanto menos fuera la felicidad una piedrita o una hoja que cualquiera pudiese levantar del suelo!