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GROENLANDIA NÚMERO OCHO WEB

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Octava revista de Groenlandia, correspondiente a los meses de Junio \ Septiembre del 2010.
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01/25/2013

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Ensayos En defensa del soporte digital… A propósito de vivir (III) La era del cáncer Buenas películas, malas películas

Desayunos en el Dial Benditos Malditos (III) Reseñas Habitantes Adolfo Marchena (Poemas) Luis Amézaga (Aforismos) Esperanza García Guerrero (Relato) Ángel Muñoz Rodríguez (Poema) Bárbara López (Relato) Eva Márquez (Relato) Luisa Fernández (Relato) Luis Sevilla (Poema y Relato) Escandar Algeet (Poema) Ana Patricia Moya (Poema y nanorrelatos) Visitantes Patxi Irurzun (Relato) Jorge Heras (Poemas) Gonzalo Patricio Vilo (Relato) J. Jorge Sánchez (Poema) Raúl Ariza (Relato) Jorge Manzanilla (Poemas) Gustavo M. Galliano (Relato) Mariela Loza (Poemas) Isaac Contreras (Poemas) Daniel García (Relato) José Ángel Conde (Poemas) Pepe Pereza (Relato) Elena Ortiz (Poemas) Velpister \ Mario Crespo \ Ana Patricia (Pintura y Poemas) Ada Menéndez (Poemas) Oscar Varona (Relato) Ana Laguna (Fotografía) María José Mures (Poemas) Fran García Parra (Poemas)
Groenlandia Vicedirectora Marchena Escandar Visitantes: (Pamplona), (Zamora), Manzanilla, Gustavo Ángel Edita: M. Muñoz número y ocho (Junio de la \ Septiembre 2010) – Directora: Ana Patricia Moya

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Rodríguez Bárbara Luis Patxi Mario Ortiz, Vilo Pablo –

administradora Andrés

Web: Bárbara (Toledo), García Fran J. Jorge Loza

López Eva

Mosqueda

– Portada y Muñoz, Bárbara Pepe Ángel

contraportada: Luisa López Conde

López

Mosqueda \ Ana Patricia Moya - Habitantes: Ana Patricia Moya, Enrique Fuentes-Guerra, Luis Amézaga, Adolfo (Vitoria), Algeet María Ada Isaac Raúl Ramón Pérez Márquez, Parra Ángel Fernández, Mosqueda (Madrid), Elena Serna Patricio (Logroño), Sevilla, – Irurzun Crespo Jorge (Chile), Morales (Madrid), José Mures Menéndez Ariza Esperanza (Córdoba), (Asturias), Mariela – José – Guerrero García Jorge Óscar (Sevilla), (Murcia), Ana Varona, García Laguna (México)

Pereza

Heras,

José

(Castellón), (Argentina) Juan

Velpister,

Sánchez, Daniel Ana

Laguna

(Barcelona), Gustavo Alejandro Carmen –

Contreras,

(México), Raúl

(Vitoria), Luis –

Galliano

Fotógrafos: Apoyos

Carmen Gaitán,

Guillén,

Sevilla, Flores,

Rodríguez,

Rodríguez,

Romero,

Ilustradores:

Velpister,

Revista

Groenlandia

morales:

Angustias

Añón

Serrano

2F e r n á n d e z ,

Kebrantaversos (la jefa os quiere un huevo de pato) – DEPÓSITO LEGAL: CO-686-2008

ISSN: 1989-7405

ay un dicho muy inteligente que dice que la carencia de medios agudiza el ingenio. Qué gran razón: hace dos años y pico me vi agobiada con la cuestión de la edición de Groenlandia pues, como escritora, quería una

decente revista en papel, pero al final opté por contar con lo poco que disponía – mis manos, mis conocimientos de informática y diseño, la cantidad de escritos que tenía escondidos y, por supuesto, los pocos artistas

competentes que se comprometen – y así nació Groenlandia, una publicación que, gracias a su carácter digital, llega a todas partes del mundo, es gratis, su elaboración no es costosa – eso no quita que no requiera tanto esfuerzo, al contrario, que no veas como nos lo curramos diseñadores y fotógrafos – y da espacio a todo tipo de artistas y modalidades que dominen. Hablando claramente: Groenlandia es digital porque soy más pobre que una rata, mis sueldos no dan para más, y como dice también otra frase, “quien algo quiere algo le cuesta”, me tuve que arriesgar yo solita – al principio, te sientes poco respaldada, los proyectos iniciales levantan escepticismo, ahora no puedo quejarme, que estoy rodeada de gente que vale muchísimo y sacrificar mi

tiempo, y un poquito de mi dinero, para poder sacarlo cada cuatro meses. No negaré que hubiera sido curioso ver el resultado en soporte físico, pero bueno, no me arrepiento del rumbo que he tomado. Claro que me gusta el papel: si cada vez que me publican un texto en fanzine o revista pego saltos de alegría, pero hay que admitir que, hoy día, el medio virtual se ha convertido no sólo en un aliado poderoso para muchos artistas – un blog o una página con la protección adecuada es una buena manera de mostrarse al mundo - sino también que publicar en una revista digital es tan importante como ver poemas o relatos impresos. Como se ha podido leer al inicio de esta página, ando cabreada: es cierto. Me harta la actitud cansina de muchos supuestos entendidos que consideran que este medio no es tan “digno”. “Yo no participo en esta revista virtual, esto no vale tanto como salir en una revista en papel”, etc, etc. Estupenda mi reacción: pasar de todo (como

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habitualmente hago con los artistas – paletos, que son peores, muchísimo peores, que los paletos de a píe; esos, al menos, les salva la bendita ignorancia); aparte de que la gente se pelea por publicar en una revista de papel - haciendo que las posibilidades de publicación sean mínimas pues somos demasiados, y la mayor parte, Fulanitos y Periquillas - hay que considerar que revistas de esta índole, hay pocas (sin embargo, proliferan los fanzines que, curiosamente, tampoco muchos quieren participar en estas humildes revistas por ser demasiado “simples”, claro, es que eso de fotocopias y grapas es tan de baja estofa… por el amor de Dios, muchos quieren cagar alto sin haber llegado a nada en esta puñetera vida) y la gente viene quejándose de que no hay espacio para publicar sus obras, y cuando se les ofrece el amplio catálogo de revistas digitales que existen (son muchísimas), o siguen en su plan “me quejo por quejarme y luego no muevo ni un dedo porque soy la leche y mis escritos de calidad no merecen estar en esos lugares tan cutres” o se resignan a la cruda realidad y optan por mandar algo a la dirección de correo electrónico, para ver si hay espacio. Queridos artistas acomplejados: vivimos en el siglo XXI, la informática domina muchos aspectos de la existencia y ya va siendo hora de que rompáis tabúes acerca de la edición digital, que el papel es caro y reservado a unos pocos. Groenlandia es un precioso catálogo de artistas, digan lo que digan los supuestos “puristas”. Qué sí, que a mí me gusta más el papel, soy escritora, ¡más que lógico!… pero claro, reitero mi regular situación económica, sin escatimar esfuerzos por dar también posibilidad a los lectores de leer también en papel (por eso, los proyectos del fanzine, en estudio, y de la edición segura de dos estupendas antologías). Por eso, a modo de conclusión, y siempre con el buen rollo que me caracteriza, aparto el enfado y os aconsejo: dad una oportunidad a las revistas digitales porque son el futuro de la literatura alternativa.

Ana Patricia Moya
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Uf con la religión, no hay brutalidad o generosidad que no haya sido hecha en su nombre! Cada vez que leo más sobre ella para documentarme, más ganas de vomitar me entran. Hay que partir de la base de que la iglesia es una creación humana, y por tanto, bastante defectuosa. Tiene tantos claroscuros que abruman a cualquiera. Por lo menos a cualquiera que se acerque lejos de cualquier fanatismo.

Voy a intentar verla por partes. En primer lugar, se nos dice que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos. Seguramente se refieran a una riqueza de tipo espiritual o mística, esa que el resto de los mortales no entendemos, pues yo, la mayoría de las personas religiosas que conozco, son ricas, pero en euros. Sobre todo los altos dirigentes de la iglesia y del Opus Dei. Los pobres no pueden perder el tiempo en tamañas zarandajas. Bastante tienen con sobrevivir. Deben alimentar antes al cuerpo que al espíritu. También nos dice que pongamos la otra mejilla, y cuando no te queden más mejillas, ¿qué haces?. Los pobres solamente son los que ponen la otra mejilla, y porque no tienen mas remedio. Pierden el préstamo, el trabajo, la vivienda… si no, te la devolvían. Te imaginas al Botín ese, el del Banco Santander, pidiendo disculpas. ¡Qué va, el dinero y el poder otorgan demasiada soberbia! Antes dije que sólo los suficientemente ricos podían permitirse ser unos buenos católicos, pero por otro lado nunca ponen la otra mejilla. Vaya problema.

Y del Papa que se puede decir… seguramente sea una buena persona, no me cabe ninguna duda, pero deja cierto sabor amargo verlo con sus ropas bordadas con hilo de oro, su guardia suiza, su residencia de verano, su ayudante de cámara, su portavoz oficial, su médico particular… y así hasta una interminable sucesión de “SUS”. ¡Coño, que en vez de ser un pastor de ovejas descarriadas, que es lo que debiera ser, parece un magnate tejano del

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petróleo! Y luego está lo que defiende : el sexo sólo permitido dentro del matrimonio. ¡Pero oiga!, ¿quiere usted que me case sin saber si a mi futura mujer le gusta el sexo?. Y si no es así no hay problema: a joderse eternamente. Fuerte. No conozco a nadie que deje esa probabilidad a la suerte. También está el tema de los preservativos. No quiere que se usen. Seguramente no haya oído hablar del SIDA. ¿Es que no se da cuenta que hay gente que le cree y muere por ello?. Me parece ver gato encerrado en todo esto. Aunque todavía no he descubierto dónde. Tal vez esté en los votos de castidad. ¿Votos de castidad? ¡Qué palabra más antinatural! (nota de la directora que permite el autor de este artículo: quien tiene rabo, rabea, y la que tiene coño, coñea). Y de los niños muertos antes de bautizarse, ¿qué me cuentan?. ¿Qué no van al cielo? (añadido de la directora: tampoco van al limbo, eso lugar intermedio ya no existe según ellos). Pues cuando yo muera quiero irme con ellos. No me gustaría acabar en un sitio en el que ellos no tengan cabida. Echarle la culpa de que una señora se comió una manzana hace taco de años… ¡vamos, vamos!. Cosa de locos.

Y así un rosario de actos, uno detrás de otro. Hay que tener mucha fe para creerse todo, o por lo menos haberse fumado algo. Además, por si todo eso fuera poco, te dicen que si no te crees todas esas normas a pies juntillas irás a un sitio donde arderás eternamente. Mal perder tienes, ¡joder!.

Hoy en día lo divino aparece antes como poderoso en vez de cómo bueno, y no es así. “Primero es la bondad y luego Dios dirá” (José Antonio Marina).

Enrique Fuentes Guerra
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stamos inmersos en una plaga. En los últimos años creo que no cabe persona alguna que no conozca o haya conocido de alguien que haya pasado o visto a un ser querido morir o padecer a causa de un cáncer. Quién no sabe de un vecino que tuvo un cáncer de páncreas y sólo le dieron dos meses de vida, o de un conocido de un amigo que sufrió un cáncer de colon, o de huesos, o bien de una tía, prima, hermana, o madre por cualquier otro tipo de cáncer, tumor, menguiomas, nódulos… y un sinfín de terminología médica que da lugar al coloquial término de Cáncer. El cáncer se ha convertido en el horror del siglo XXI.

Recientemente me está tocando vivir esta desagradable enfermedad a través de los ojos de mi hermana, y aunque lógicamente toda la agonía la sufren directamente los pacientes que luchan día a día con su propia desesperanza de no saber si podrán superarlo o terminarán antes o después con sus huesos bajo tierra; los familiares y los más allegados del paciente sufren en silencio sin saber qué pueden hacer para lidiar con tanto sufrimiento, sin encontrar la manera de ayudar a su ser querido y contagiarle las fuerzas para continuar un día más o bien disfrutar al máximo de los últimos que le quedan. Eso, sin olvidar, el siguiente paso tras superar esta enfermedad, que es la difícil adaptación a una vida seccionada en la mayoría de los casos o bien muy limitada en cuanto a una calidad de vida digna. Es cierto, se supera, se puede, pero, a veces, ¿a qué precio?

Es una ardua y difícil tarea a la que nadie estamos preparados y que siempre pensamos con desdén que este tipo de cosas nunca nos va tocar a nosotros, sino que les ocurre a los demás. No sabemos por qué, pero huimos de todo sufrimiento ajeno que pueda afectarnos en nuestra vida diaria, y somos cobardes al dar la espalda a todo aquello que no queremos ver. ¿No estaríamos hablando entonces de un cáncer de humanidad o de corazón en el centro de nuestra casa?

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Últimamente estoy escuchando un montón de tonterías sobre la razón de por qué a una persona se le desarrolla este tipo de enfermedad, siempre relacionada con la difícil vida que ha llevado hasta entonces, drogas, alcohol, stress… o bien por la genética que fluye en sus venas, que tras varias generaciones se ensaña con varias personas de la misma familia, o ya por última irrisoria razón ser el infortunado premiado de esa ruleta a la que llamamos “mala suerte”. Al fin y al cabo innumerables explicaciones ilógicas que nos damos a nosotros mismos para auto-convencernos de que a nosotros no nos va a ocurrir. Lo verdaderamente absurdo de estas explicaciones es el resultado activo que provoca en nuestras vidas, es decir: Resultado Nulo. Porque lo ilógico de verás es que a pesar de poder estar viviendo esta horrible experiencia a través de los ojos de otro, más o menos cercano, ello nunca hará que cambiemos algo de forma activa en nuestra vida diaria; aquéllos que fuman siguen fumando, los que beben sin consideración hacia su hígado siguen bebiendo, y todos aquellos que no hacemos una dieta saludable ni practicamos un deporte diario seguimos comiendo las mismas porquerías de siempre y haciendo la misma vida sedentaria, no haciendo ni tan siquiera un solo intento por facilitarle la vida a nuestro propio cuerpo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud publicados en

innumerables estudios todos los años (aunque vete tú a saber si son fiables o no, ya que la información se maneja al antojo de la sombra del señor dinero), el consumo de tabaco es la principal causa prevenible de mortalidad a nivel mundial, ocasionando millones de muertes al año. Diversos datos probatorios (siempre variables en función de la página informativa que se utilice), constatan que fumar es nocivo para casi todos los órganos del cuerpo. Es la causa del 90% de los casos de cáncer de pulmón y está asociado a muchos otros tipos de cáncer, como el cervical o el renal, así como con enfisema, bronquitis, asma y otras enfermedades respiratorias. Entre otros riesgos sanitarios asociados al consumo de tabaco figuran tipos de cáncer como los de boca, garganta y cuello, así como ataques cardiacos, accidentes cerebros vasculares, otras enfermedades cardiovasculares e infertilidad. Con todo esto

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no pretendo hacer una caza de brujas acusando directamente al fumador, también soy consciente, de que tendrán mucho que ver otros factores como la mala dieta, el exceso de contaminación en el aire, los productos adulterados o factores externos como las múltiples hondas (móviles, antenas, wifi) que circulan por el aire atravesando nuestros cuerpos, pero que por desgracia

hasta ahora, no se quiere ver o demostrar su implicación directa perjudicando nuestra salud.

Sin embargo, con respecto a los cigarrillos, hasta la fecha siguen siendo el único producto legal que mata casi a la mitad de sus consumidores regulares si se utiliza de la manera prevista por el fabricante, y no sólo a los consumidores de este tipo de droga sino también a todos aquellos que pasivamente respiran ese producto (fíjense en la incongruencia: legal – matar).

«El consumo de tabaco es el principal factor contribuyente a lo que hoy es una epidemia mundial de enfermedades crónicas», pero, ¿qué hace la gente fumadora ante tales datos, hartos de leerlos o escucharlos en los noticiarios de todas las cadenas? Pues siempre se dicen a sí mismos, que es imposible, que no será para tanto y “que de algo hay que morir”. ¿No es este el mayor cáncer existente hoy en día en nuestra sociedad? Cuánta despreocupación, no sólo por la vida propia sino por la ajena.

Resulta fácil infrav alorar aquello que tenemos hasta que un día cualquiera vemos que la vida se escapa de entre nuestras manos y somos incapaces de retenerla. Hacemos caso omiso a las advertencias o mensajes que nos envía nuestro cuerpo, haciendo exhibición de una misma premisa: si para uno mismo la salud carece de valor, ¿qué valía tendrá la vida de los demás? E igualmente, ¿para qué hablar de la salud de nuestro planeta?

Eva Marquez
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u a n d o h a b l é c o n A n a s o b r e q u é e s c r i b i r e n e s t a s p á g i n a s , a c o r d a m o s ( p o r c o n o c i m ie n t o s míos sobretodo) que trataría de cine. Estuve un tiempo pensando dedicar este artículo a cómo h a e v o l u c io n a d o e l c i ne e s t é t i c a m e n t e a r a í z d e l a u g e d e l m u n d o d i g i t a l , y c ó m o h a i n f l u i d o a nivel ya no solo visual sino también narrativo en las películas de unos años a esta parte. Lo t e n í a m á s o m e no s p e n s a d o , o c a s i , t e n i e nd o e n c u e nt a q u e s o y d e s o r d e n a d o e n c u a n t o a p e n s a m i e n t o s y d e o p in i ó n v a r i a b l e s e g ú n e l p i e c o n e l q u e m e l e v a n t e . P e r o e l v i e r n e s p a s a d o , c e r r a n d o c o n m i j e f e e l r e s t a u r a n t e d o n d e c u r r o , y e s t a nd o a l l í J a v i , c o m p a ñ e r o d e m i l b a t a l l a s j u n t o a l q ue e s t u d ié , añ o s h a , e n la e s c u e l a d e c i n e d e Po n f e r r a d a , m e e n z a r c é e n u n a d i s c u s i ó n q u e l l e v o m a n t e n i e n d o c o n p e r s o na s d e t o d a í n d o l e a c e r c a d e q u é h a c e q u e u n a p e l í c u l a l l e g u e a s e r b u e n a o m a l a , o m e j o r d i c ho ( d e c í a y o ) s e l a l l e g u e a d e n o m i n a r b u e n a o m a l a a m o d o c a s i o f i c i a l . E l c a s o e s q u e d e s c o s í l o s t r a z o s q u e h a b í a d i b u j a d o d e l a n t e r io r a r t í c u l o y a h o r a m e v e o u s an d o e s t a s p á g i n a s p a r a s a l i r a l p a s o d e u n a o p i n i ó n q u e m u c h a g e n t e d e f i e n d e y c o n l a q u e n o e s t o y e n a b s o l u t o d e a c u e r d o : q ue h a y p e l i s b u e n a s o m a l a s , a s í , p o r s í m i s m a s , s i n a d j u d i c a c i ó n n i n g u n a p o r p a r t e d e l o s e s p e c t ad o r e s q u e p u e d a n o t o r g a r l e d i c h o m é r i t o . S i m e r e m o n t o a t r á s e n e s t e t e m a, m e a c o r d a r é d e m í m is m o d i s c u t ie n d o a v o z e n g r i t o ( y a p o r a q u e l e n t o n c e s , a lo s 1 8 ) c o n la profesora de guión cinematográfico y defendiendo una

a f i r m a c i ó n q u e t o d a v ía a d í a d e h o y s u s c r i b o c o m o v á li d a : a l g o e s b u e n o c u a n d o t e g us t a , y m a l o c u a n d o n o . E s u n a o p i n i ó n q u e s i e m p r e h a s al i d o a l a p a l e s t r a a c o l a c i ó n d e l c i n e , p e r o e n verdad es aplicable a cualquier forma artística e, incluso, yo añadiría culinaria o, por qué no, e s t i l í s t i c a . C r e o q u e e l g u s t o m as i f i c a d o ( s o b r e t o d o m a s c u l i n o ) e n c u a n t o a b e l l e z a n o s h a h e c h o e m b o r r o n a r o d i f u m i n a r q u e m á s a l l á d e l o s c á n o n e s , l a b e l le z a e s u n p u n t o d e v is t a . U n g u s t o , y s ie m p r e s u b je t i v o . Cuando señalo que lo bueno es lo que me gusta y lo malo lo que no, no me refiero a un d i v e r t i m e n t o p u r o e i n t r a n s c e n d e n t e , p u e s m u c h a s v e c e s s e c o n f u n d e e n t r e t e n e r c o n g us t a r , y e s a e s l a p r i m e r a d i fe r e n c i a q ue h a y q u e t e n e r e n c u e n t a a l a h o r a d e e nt e n d e r e s t e p l a n t e a m i e n t o . E l q ue a q u í e s c r ib e e s u n f ie l s e g u i d o r d e p e l is d e s e r ie B c u a n d o n o Z , m e e n c a n t a n l a s d e t i r o s c o n p r o t a d u r o y m u j e r e x p lo s iv a , y p u e d o d e g u s t a r e n l a m i s m a t a r d e t o d a l a t r i lo g í a d e “ S c r e a m ” s i n d o r m i r m e e n e l i n t e n t o . A u n a s í s o y c o n s c i e nt e ( y s u p o n g o q u e u s t e d e s t am b i é n ) q u e n o e s i g u a l q u e v e r s e la t r i lo g í a d e l P a d r i n o , ¿ o s í ? P a r a m o j a r m e u n p o c o más y permitir la sacudida de tomatazos, quizá deba empezar con una afirmación tan rotunda c o m o l a a c a b o d e i n s in u a r : L a d i f e r e n c i a e nt r e e l s e r i a l c a s i p a r ó d ic o d e W e s C r a v e n y l a o b r a m a e s t r a d e C o p p o l a e s , a m i e n t e nd e r , l a i n f l u e n c i a , e l “ ca l a d o ” q u e h a t e n i d o e n e l e s p e c t a d o r c a d a u n a . P e r o s i c a m b i a m o s a l o s e s p e c t a d o r e s y , p o r e je m p l o , v i v ié r a m o s e n u n u n i v e r s o d e

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t e e n a g e r s o e n u n a s o c i e d a d t i p o l a d e “ L o s c h i c o s d e l m a í z ” , q u i z á e l s e l l o d e o b r a u n iv e r s a l fuese otorgado de otra manera. Quizá Scream fuera recordada por encima de los padrinos. ¿ Q u é e s lo q u e h a c e b u e n a u n a p e l í c u l a ? C r e o q ue t o d o s e s t a m o s d e ac u e r d o e n q u e l a f o t o g r a f í a , e s c e no g r a f ía o s o n i d o s o n c o s a s q u e n o l a s o s t i e ne n p o r s í s o l a s . I nc l u s o e l g u ió n , q u e t a nt a s v e c e s s e ha e n c u m b r ad o c o m o p a r a d i g m a d e e l e m e nt o b á s i c o p a r a u n b u e n f i l m p u e d e l l e g ar a s e r s e c un d a r i o e n m a n o s d e un b u e n d i r e c t o r . B r i a n d e P a l m a l o h a d e m o s t r a d o a l o l a r g o d e t o d a s u c a r r e r a . P e r o y e n d o u n p as o a n t e s , ¿ q u é c o n v i e r t e a u n a f o t o g r a f í a , u n a e s c e no g r a f ía , u n a b a n d a s o n o r a o u n g u i ó n e n “ m u y b u e n o s ” ? H a y r e g l a s , e s c i e r t o , q u e t e dictan como pasos a tener a cuenta a la hora de ponerte manos a la obra. Pero el seguirlas no c o n l l e v a r e s u l t a d o s ó p t i m o s d e p o r s í , n i e l n o h a c e r lo d e b a c l e s a r t í s t i c a s . ¿ E n t o n c e s a q ué a t e n e r s e p ar a s o s t e n e r q u é h a y o b r a s q u e t o d o s d e b e m o s r e c o n o c e r s i n n i n g u n a d u d a p o r q u e a s í s o n c a t al o g a d a s p o r l o s e x p e r t o s e n m a t e r ia ? E s u n a p r e g u n t a q ue s i e m p r e m e h e c h o . S u e l o d e s c o n f i a r d e la g e n t e q u e d i c e r e c o n o c e r c o m o b u e n a s p e l í c u l a s q u e “ a e l l o s n o l e s gustan” o c o m o m a l a s p e l í c u l a s q u e “ a u n a s í m e g u s t an ” . Y m e q u e d o p e n s an d o . P o r q u e s i ,

i m a g i n e m o s , s ó l o e x i s t ie r a u n a s o l a p e r s o n a e n t o d o e l m u n d o , s i t o d o e l p l a n e t a d e s a p a r e c i e r a a h o r a m i s m o y s o lo q ue d a s e u s t e d e n é l , y p u d i e r a d e s c u b r i r t o d o s l o s l i b r o s q u e n o h a le í d o e n s u y a e t e r n a s o le d ad , ¿ c ó m o d e c i d i r í a c u al e s s o n b u e n o s y c u a l e s m a l o s ? ¿ A c a s o s e p a r a r í a a p e n s a r “ e s t e e s c o jo nu d o , h a y q u e r e c o n o c e r q u e e s b u e n o , p e r o a m í n o m e g u s t a” ? ¿ O a l c o n t r ar i o d i r í a · ” q ué c o s a m á s c u t r e p e r o m e e n c a n t a ” ? E l h e c h o d e v i v i r e n s o c ie d a d , y q ue a q u í s e a m o s n o s e c u a n t o s m i l m i l l o n e s d e p e r s o n a s h a c e u n p e l í n m á s c o m p le j a s l a s c o s a s , p e r o n o t a n t o . J a v i m e h a i n s i s t i d o d u r an t e a ñ o s q ue l a g a l l i n a v a a nt e s q ue e l h u e v o , y q u e a l r e v é s “ s i a l g o g u s t a e s p o r q ue e s b u e n o ” . P e r o c o m o y a l e h e d ic h o a é l , J av i e s t á e q u iv o c a d o . L o q u e h e m o s h e c ho h a s i d o p o n e r n o s d e a c u e r d o a lo l a r g o d e l t i e m p o e n l o q u e n o s ha b í a g u s t a d o a m u c h o s p a r a c a t a l o g a r l o c o m o o b r a a c o n s e r v a r , r e t e ne r , n o d e j a r e n e l o l v id o . E l a d j e t iv o e s c o n s e c ue n c i a y n u n c a c a u s a . D a r l e m á s v a l o r q u e l a c o n j u n c i ó n d e o p i n i o n e s m e p a r e c e d a r l e una significación irreal a una obra que, no hay que olvidarlo, es producto del hombre. Y por el h o m b r e e s ju z g a d a . “ B u e no ” y “ m a l o ” e s un a e t i q u e t a, u n a f i r m i t a q u e n o s d a p o r p o ne r a l a s c o s a s , u n a f o r m a , e n e l f o n d o , d e e x p r e s a r q u e a l g o n o s h a l l e g a d o , t o c a d o , c a l a d o h o n d o . Y , s i p o r e je m p lo , l o s nazis hubieran ganado aquella Segunda Guerra Mundial, puedo asegurar sin mucho riesgo de e q u i v o c a r m e q u e l o s B a u d e l a i r e , P i c a s so o C h a p l i n q u e h o y a d m i r a m o s n o s e r í a n t a l . A u n q u e s u s o b r a s , c o m o t a le s , f u e s e n l a s m i s m a s , d a r í a i g u a l . N o h a y n i s i q u i e r a q u e t ir a r d e i m a g i n a c i ó n , b a s t a c o n i r s e a c u l t u r a s n o o c c i d e n t a le s p a r a e n t e n d e r q u e , lo q u e n o s o t r o s miramos con la boca abierta, otros bostezan o insultan nada más verlo.

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A s í , q u e d a e l a n á l i s i s , e l t r a b a jo p o r e l q u e p a g a n a l o s c r í t i c o s , e s o s s e r e s q u e , c o m o d e c í a Chandler, “se dedican a analizar 10 años después lo que hoy desprecian”. Quizá esa sea nuestra e n f e r m e d a d . E l h e c h o d e q u e h a y a g e n t e q u e s e a ( o p a r e zc a m u c h a s v e c e s ) m á s i n t e l i g e n t e q u e n o s o t r o s . Y c o r r a m o s e l r ie s g o d e d a r l e s l a r a z ó n a q u i e n n o l a t i e n e m á s a l l á d e s u p r o p io o l f a t o . E s c i e r t o q u e ha b r á v e c e s q u e c i e r t a s o b r a s n o t e g u s t a r á n p o r n o l l e g a r a s u g r a d o b á s i c o d e c o m p r e n s i ó n. E s l o q u e p a s a c o n “ E l Q u i j o t e ” q u e o b l i g an a l e e r e n l a s e s c u e la s . Y q u e c a d a c r e a c i ó n r e q u i e r e u n m o m e n t o / c o n t e x t o p a r a s e r a p r e h e nd i d a . P e r o m á s c i e r t o e s a u n q u e l a l í n e a q u e s e p a r a e l g u s t o d e l j u i c i o e n u n a o b r a d e a r t e e s y d e b e d e s e r i n d i v is i b l e . P o r q u e n o h a y n a d a m á s a l o q u e p o d a m o s a f e r r a r n o s a l a h o r a d e s o s t e ne r u n a o p i n i ó n . O correremos el riesgo de ser un testigo más de aquel traje invisible del emperador. E s i m p o s i b le q u e p u e d a s a b e r s i u n p l a t o d e a t ú n e s t á b i e n o m a l c o c i n a d o s i n o s o p o r t o e l s a b o r d e l at ú n . L o m á s a l o q u e p o d e m o s l le g a r e s a m a n t e n e r no s a l m a r g e n , a n o o p i n a r . Y esto quizá es un hándicap que debiéramos tener en cuenta muchas veces y casi nunca se tiene. L o s b o c a z as q u e c o m o y o d e c i m o s l o p r i m e r o q u e s ie n t e n u e s t r o p a l a d a r n o c o n t a m o s , e s v e r d a d , c o n e l h e c h o d e q u e h a y c o s a s q u e q u i z á , d e p o r s í , e s i m p o s i b l e q ue no s g u s t e n . A h í s í a d m i t o e l e r r o r . P o r q ue a d e m á s , y e s t o e s lo m á s i m p o r t a n t e d e t o d o , a l l a p i d a r c u a l q u i e r p l a t o p o r i n s i g n i f i c a n t e q u e s e a , s o m o s n o s o t r o s lo s q u e s a l i m o s p e r d ie n d o . C u a n d o a v e c e s m e h e v i s t o r o d e ad o d e a m i g o s q u e s e m o r í a n d e r i s a a n t e c o m e d i a s a m e r i c a n a s q u e m i r a b a c a r g a d o d e a b u r r i m ie n t o m e d e c í a a m í m i s m o : c a r a m b a , q u é e n v i d i a , o j a l á p u d i e r a v e r l a c o n s u s o jo s , y d i s f r u t a r e s t e m o m e n t o c o m o e l lo s e s t á n ha c i e n d o . D e s d e q u e t e n g o l a a f ic i ó n d e v e r p e l i s , l e e r , o d i s fr u t a r d e c u a l q u i e r c o s a q u e s e l e a s e m e j e ( m ú s i c a , a r t e , e t c é t e r a ) t r a t o d e h a c e r lo c o n l o s o jo s d e e s a s p e r s o n a s q u e s a b o r e a n a p a l a d a r a b i e r t o lo q u e e st á n d e g u s t a n d o . N o m e g u s t a q u e d a r m e c o n h a m b r e e n l a s c o m i l o n a s . Y t o d o , a b s o l ut a m e n t e t o d o , t ie n e a lg o d e b u e n o p o r m u y m a l o q u e s e a . C o m o d i jo a ho r a m i s m o n o s é q u i é n , “ n u n c a m e h e a r r e p e n t i d o d e a b r ir u n l i b r o ” . A n t e l a h o r d a d e d a r d o s d e l a q ue no s e n c a n t a v a n a g l o r i a r n o s , c r e o q u e e s e l m o m e nt o d e e m p e za r a d i s p a r a r l a n z a s a f a v o r d e t o d o l o q u e no s g u s t a y o l v i d a r no s d e l o que no. Al menos hasta que nos guste, si es que lo conseguimos. Y si no, tampoco darle más i m p o r t a n c i a , p u e s e l a r t e , d e s i e m p r e , s e h i z o p a r a s e r d is f r u t a d o . M e v ie n e a l a m e n t e l a “ O d a a l a c r í t i c a ” d e N e r u d a . Y t o d o s e s o s c r í t i c o s q ue r e t o r c i e r o n s u p e q u e ñ a p o e s í a p a r a l l e n a r s u s d e s v a n e s . S u s c e m e nt e r i o s . P e r o a l f i n a l , d e s p u é s d e t a n t o s a s p a v i e n t o s , a q u e l l o s 5 v e r s o s v o l v i e r o n d e d o n d e n u nc a d e b ie r an h a b e r s a li d o : d e l a g e n t e s e n c i l l a . Y a h a y s u d o k u s , m i s t e r io s y m a t e m á t i c a s p a r a c o m e r s e e l t a r r o . D e je m o s q u e e l a r t e s e a e s o q u e n o s g u s t a o n o n o s g us t a .

Escandar Algeet
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La vida consiste en la comprensión de la verdad León Tolstoi

esde que el uso de la radio se hizo popular, son muchas las personas que han heredado el hábito familiar de empezar el día, almorzar o cenar en compañía de los noticiarios. Yo debo reconocer que hace poco fui una de ellas. Era en el desayuno donde les prestaba más atención, me gustaba preparar el café y la tostada acompañada por el sonido del dial, esas voces de los informativos, se entremezclaban con el rumor de la cafetera, informaban sobre los hechos más importantes y formaban parte del inicio de la jornada diaria, eran como la mantequilla o el aceite para el pan. Escuchaba con atención sus comentarios, tertulias, datos… y creía salir a la calle con la seguridad de estar bien informada. Recuerdo que la mayoría de las noticias estaban cargadas de pesimismo, pero en conjunto se intuía un halo de esperanza, los tertulianos solían hablar con una voz nada cruenta para el oído, alternando aspectos positivos y negativos de los hechos en cuestión.

Poco a poco, sentí como la emisora que en aquellos días escuchaba se cargaba de pesimismo, parecía como si solo ocurrieran cosas nefastas en nuestra sociedad, y si sucedía algún hecho positivo, daban la noticia como si se tratara de un asunto sin relevancia, cambiando con rapidez de tema. Comenzaron a elevar más el tono de voz, y ese vocabulario antes seleccionado para informar, pasó a ser utilizado como un arma de doble filo, donde la principal función era atacar y pavonearse con sus

conocimientos. Era como si necesitaran luchar para hacerse oír, destacar sobre el resto de las emisoras e imponer su opinión. Cada vez me apetecía

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menos desayunar en casa, no conseguía dar el punto exacto al café, y las tostadas casi siempre se quemaban. Pero antes de desistir de tan exquisito momento, opté por ir cambiando de frecuencia, pretendía descubrir, (tal vez con bastante ingenuidad), un informativo donde el desayuno pudiera Descubrí como en todas

continuar siendo el toque apacible de la mañana.

las tertulias se había impuesto la misma norma, hablar era sinónimo de gritar, la audiencia era el único fin a alcanzar, y para lograrlo, tenían que sacudir bien con la guadaña, eran y siguen siendo consciente que el terror y el miedo es lo único que atrapa.

En la actualidad una misma noticia adquiere un matiz y una realidad distinta según el perfil político de la emisora. Y no es que mientan cuando retransmiten lo sucedido, pero sí tergiversan los hechos, mutilan la

información, la sesgan y sólo hacen llegar aquella parte que interesa a la cadena. Todo con el objeto de crear una opinión en común a ellos. Lamentablemente, creo que los profesionales de ahora no comunican con imparcialidad, tal vez porque para alcanzar esa objetividad es necesaria primero la independencia, y ello en el día de hoy es casi imposible.

Continué varias semanas con este deambular por las ondas, hasta desistir de oír los informativos, no puedo iniciar la jornada con esa carga de pesimismo, donde todo es inestabilidad jurídica, inestabilidad política, inestabilidad económica… donde la desdicha supera a la dicha y donde el titular casi siempre está teñido de negro.

Con esta actitud, no pretendo aislarme de la realidad, sé que las noticias tienen alas y siempre llegan a su destino… pero cuando el sabor del café es muy amargo, hay dos opciones, lo suavizamos con algo de azúcar o no lo tomamos.

Esperanza Garcia Guerrero
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s el rey de la serie “B” hispana. Su carrera profesional se inicia en 1964 cuando realiza su primer film: el documental “VIDA Y PAZ”, habiendo desempeñado antes otros trabajos como cámara de informativos. En 1972 crea ALMENA FILMS, su propia

productora. El año 1976 es el punto de partida de su obra cinematográfica, adaptando la novela de Julio Verne “VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA”, a la que se puede considerar la primera película con “efectos especiales” de la historia del cine español. Su siguiente incursión cinematográfica fue mucho más valiente y arriesgada: nada menos que “SUPERSONIC MAN” (el film más

bizarro de todos los tiempos). “MIL GRITOS TIENE LA NOCHE” es nuestro “VIERNES 13” particular y está especialmente conseguida en sus efectos gore. En “MISTERIO EN LA ISLA DE LOS

MONSTRUOS” trabaja con actores de talla internacional como PETER CUSHING y TERENCE STAMP. Aparece aquí una jovencísima ANA OBREGÓN. Coprodujo con Estados Unidos “SLUGS”, una sobre babosas asesinas que arrasan la ciudad (y por la que obtuvo un premio Goya por los mejores efectos especiales en 1987). En “LA GRIETA” un submarino militar se topa con “problemas” en los fondos marinos. Aquí aparece, en un Cameo, POCHOLO, sin su mochila. Otros films dirigidos por PIQUER han sido: “LA MANSION DE CTULHU”, “GUERRA SUCIA” (que firmó bajo el seudónimo de

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ALFREDO CASADO), “LOS NUEVOS EXTRATERRESTRES” y ”LOS DIABLOS DEL MAR” . JUAN PIQUER SIMÓN es un director valiente, injustamente maltratado por la crítica, capaz de sacar adelante proyectos arriesgados con poco presupuesto. Ha recibido el PREMIO LUIS BUÑUEL y diversos homenajes por sus producciones fílmicas. Como anécdota final te informo que PIQUER compró un poblado del Oeste en la provincia de Madrid, donde se rodaron importantes películas de la historia del cine.

Si eres un poco “freak” su cine te encantará. Descúbrelo.

Andres Ramon Perez Blanco
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Reseñas
Firmin (Sam Savage) Novela. Siempre a tu lado \ Hachiko (dirigida por Lasse Hallström) Firmin no es una rata cualquiera: lee libros. Criado él y sus Película lacrimógena, pero Película.

hermanos por su madre en una vieja librería, de el esta pequeño tierna

correcta, sobre la fidelidad de los canes, basándose en una

protagonista

novela vive con pasión el mundo de la literatura: devora páginas (al principio, literalmente por el hambre, luego, por colmar su espíritu curioso) de todo tipo de libros poesía, decide humana – ensayos -, la científicos, hasta que

leyenda japonesa sobre un perro que esperaba todos los días a su dueño, un reputado profesor de universidad, en la estación de tren. El director adapta a la una

historia

trasladándose

clásicos aprender

pequeña ciudad de EEUU, con Richard Gere como segundo

naturaleza contactar

intentando

protagonista pues es Hachiko, un perro de raza Akita, la

con las personas, deseoso de transmitir adquiridos peculiares los y conocimientos compartir sus Este

verdadera estrella de este film destinado montonazo a de derrochar pañuelos un (esta

experiencias.

precioso cuento urbano, con la ciudad de Boston como telón de fondo, amor narra a la una historia y de de de la

humilde servidora reconoce que no paró de llorar durante una hora y pico). No es la mejor producción fílmica del mundo, demasiado pastelosa; es muy

literatura

amistad,

pero el

también mundo de

desencanto:

posible que agrade más a un público amante de los animales, pero no se puede negar que es una lección que las personas

gente no es tan ideal como lo reflejan los libros, es la dura lección que aprende la

inteligente – pero ilusa - ratita Firmin. Una lectura breve, pero entretenida y muy, pero que muy entrañable.

deberíamos aprender: si todos fuésemos igual de leales que

nuestros compañeros caninos, la vida nos iría mucho mejor.

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Todo Paracuellos (Carlos Gímenez) Cómic, Editorial DeBolsillo.

Up! (por Disney \ Pixar) Película.

Ver una película de Disney \ Pixar es un con los acontecimiento el paso del se

Después

de

la

Guerra

Civil,

revelador: tiempo

muchos huérfanos y críos con problemas atendidos familiares en los fueron de

animadores

superan, dando como resultado un extraordinario producto, con los sellos que le hacen ser los más auténticos en animación

hogares

Auxilio Social, colegios internos donde no era como todo afirmaba tan la

maravilloso

digital: súper original, divertida y muy, muy especial. Y no, no exagero: si no te cansas de ver un film en el cine una y otra vez, será por algo estén (aunque a las

propaganda franquista: hambre, malos tratos y enfermedad era lo habitual en la existencia de unos niños sometidos a una

educación severa, estrictamente militar y fanático-religiosa. Este cómic de claras – el referencias Carlos muchos

entradas

horribles

precios estratosféricos). A tener en cuenta: un anciano nostálgico y gruñón como protagonista, un niño con un preocupante

biográficas Gímenez,

autor,

permaneció

años en diversos centros de esta índole – es, sin duda, una obra que trata fielmente sobre una parte, algo olvidada, de la

problema de verborrea, una casa que vuela gracias a un montón de globos de colores, un

aventurero resentido que vive en un dirigible con curiosos perros que hablan por y las con cierta un

historia de España durante el franquismo, esto es, sobre la

vida de los niños desamparados de la posguerra. de un Estupenda seis libros

debilidad pájaro nombre

ardillas,

legendario hembra con de macho… mágica. Y, es, lo una

recopilación creados por

estupendo

simplemente, mejor, el

dibujante, entre 1977 y 2003, en un formato cómodo, a un precio más que ajustado. Igualmente, no hay que perder la pista de este gran autor con y la su obra

toque

adulto:

emotiva historia de amor, los primeros minutos de la película, magistrales. Y sí, ¡he disfrutado como una enana con esta obra maestra sombrero! para quitarse el

comprometida que más duele.

realidad

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Man Ray. Libro de arte. Taschen.

El mundo de Mortadelo y Filemón (Miguel Fernández

Taschen vuelve a sorprender con la edición de estupendos libros de arte; con motivo de su Los

Soto). Ensayo. Medialive.

archiconocidos

personajes

veinticinco aniversario, crea un catálogo, la colección Icons,

de cómic español Mortadelo y Filemón: dos auténticos héroes cuya fama se ha extendido por todo el mundo; este libro,

trilingüe, que cuenta con títulos tan interesantes como el

dedicado al controvertido Man Ray, fotógrafo que desarrolló

creado con motivo del cincuenta aniversario, estudio de es la un obra completo clave de

gran parte de su obra en el Paris bohemio de los años treinta,

Francisco Ibáñez, que repasa la historia del tebeo español y

innovador en las nuevas técnicas fotográficas; aunque jamás

también todo lo concerniente al universo de estos simpáticos

admitió pertenecer a las diversas corrientes artísticas de su época, él mantuvo amistad con muchos artistas diferentes: cubistas, dadaístas, etc. El

pero torpes detectives: orígenes, evolución, resúmenes de la

mayoría de álbumes publicados, galerías de todos los personajes (incluyendo Rompetechos, a los Pepe geniales Gotera y

surrealistas,

libro, en castellano, portugués e italiano, destaca por la gran

cantidad de páginas donde se muestra la mayor parte de su obra: autorretratos, desnudos,

Otilio, el Botones Sacarino, etc), las diversas producciones tales como películas o series de

retratos de sus amistades y sus amantes, famosos experimentos fotográficos etc. Sin (los duda, de rayogramas), una a buena buen

animación, curiosidades diversas (por ejemplo, el éxito, en otros países europeos), etc. Estupendo libro con dos DVD´s de regalo, que incluyen videos con los

elección,

calidad,

precio (cinco euros nada más), una delicia de libro que

mejores momentos de estos dos protagonistas. Un buen regalo para los y amantes también del para buen los

encantará a los aficionados a la fotografía y a los amantes del arte en general.

cómic…

nostálgicos empedernidos.

Ana Patricia Moya

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Adolfo Marchena \ Luis Amézaga \ Esperanza García \ Ángel Rodríguez \ Bárbara López Mosqueda \ Eva Márquez \

20 Luis Sevilla \ Luisa Fernández \ Escandar Algeet \ Ana Patricia Moya

Adolfo Marchena (Vitoria, 1967). Codirige la revista “Amilamia”, junto a José Luis Pasarín Aristi, con quien publica, en 1992, el libro de poesía “Cartapacios  de  Lucerna” (Ediciones Libertarias / Prodhufi). Ha publicado en revistas literarias impresas y digitales, como “Cuadernos  del  Matemático”,  “Río  Arga”,  “Groenlandia”,  “Turia”,  “Los  Cuadernos  del  Sornabique”, “Letralia”, “Océano”, “Haritza”, “El cuervo”, etc. Ha publicado el libro de poesía “Proteo;  el  yo  posible”. Sus poemas han sido traducidos al alemán, francés, euskera y árabe. Ha publicado recientemente dos libros digitales: “La  reconstrucción  de  la  Memoria”  (Groenlandia, 2008) y “Planta de Neurocirugía” (Editorial Remolinos, 2008).

Callejón sin luz de la aritmética En el recodo de la barra también Encuentras filosofía del subsuelo. Una copa de más no está de menos Cuando alguien proclama falsas Libertades y tú te tomas la tuya Asesinas a la rémora y te acercas Con el bidón al surtidor de gasolina.

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Cinco. El amoniaco esparcido en la tiniebla. Cuatro. La palabra que desdice el poema. Tres. Nenúfar, nenúfar, nenúfar. Dos. El número inteligente afeando alabanzas. Uno. No hay cuenta atrás.

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Escribir para decir la verdad o mentir para que la boca del túnel te sumerja en la oscuridad de la nada. Lobos olfateando el aire, el carbón en la estación de las señales, adelante la locomotora de una ciudad que un día pudo matarte. Travestirse en la página de la mente, después del sueño, el desgaste que supone el agua helada en la médula. Ese es el tiempo, la periferia, el engranaje en las arterías del laberinto, la cosecha recia del trigo en un cuadro sin molinos.

Adolfo marchena
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Luis Amézaga (Vitoria, 1965). Colabora en diversas revistas literarias, así como en distintas antologías de relatos y poesía. Autor de “El  Caos  de  la  Impresión” (Madrid, Vitrubio), “A  Pesar  de  todo…  adelante” (Canarias, Baile del Sol), “Dualidad:  onda  \  partícula” (Premio Literario Café Mon 2008), “Bolsa  de  Canicas” (premio de la Revista Literaria Katharsis 2008), “El  Gotero” (Revista Groenlandia) y “La  mitad  de  los  cristales”, escrito de forma conjunta con el poeta Adolfo Marchena. Aparece en las antologías groenlandesas de poesía y narrativa.

Cuando algún asunto me apasiona desmesuradamente, me receto la visualización del espacio que ocupa la vida de un ser humano en el cómputo global de la existencia.

Enseguida se me pasa.

El ahora es un breve entusiasmo que se esfuma tras un velo de desapego.

Aunque vuelvas a leer la frase, ya se fue.

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Los nuevos pobres se esconden. Sienten que no hay vida fuera del sistema. Hasta ahí llega el autoengaño.

Luis amézaga
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Esperanza García Guerrero (Sevilla). Forma parte del proyecto Fahrenheit 451 (Las Personas Libro). Sus poemas aparecen en diversas antologías: “Poemas  para  un  minuto” (Editorial Hipálage, 2007), “Girapoemas” (2009). Ha participado en diversas revistas, como “Hoja  de  Papel”,  “Groenlandia”  y algunas páginas Web de Literatura. Ha formado parte del ciclo “Versos Sumados”, dentro del Festival Cosmopoética (Córdoba, 2009).

Soy Olimpia Galera Cote, tenía ocho años cuando mi madre falleció; se fue y me dejó llamándola a gritos por la ventana. Dicen los conocidos que, a raíz de ese hecho, fue cuando comencé a desarrollar un comportamiento muy peculiar. Desde ese día, cada vez que una amiga o familiar intentaba marcharse en un momento que yo no creía oportuno, manifestaba mi disconformidad sancionándolos con algún acto, unas veces les escondía la cartera, otras les daba una patada, un pellizco, un tirón de pelo… En una ocasión incluso llegué a vaciar un vaso de aceite sobre la cabeza de una amiga, el motivo fue porque decidió irse antes de finalizar un juego. Afirman que a continuación los miraba con autoridad, señalaba la puerta de salida extendiendo el dedo índice y con voz de ultratumba gritaba:

- ¡Fueeeraaa…!
Esta manía que en principio achacaron a la temprana edad, y a una necesidad de llamar imperiosamente la atención, fue derivando en algo más serio, pues la complejidad de las sanciones, así como las huellas que dejaban, aumentaron en calidad con el paso de los años. Paralela a esta actitud, en la celebración de la mayoría de edad, comencé con otra costumbre también bastante peculiar. Ese día los hechos no se desarrollaron como tenía previsto, y fue tal la rabia al no poder imponer mis deseos que abandoné la fiesta, salí a la calle y comencé a correr sin dirección alguna. Cuando por fin detuve la huida, me encontré frente a la estación de trenes. Accedí al interior con la respiración entrecortada, compré una botella de agua con una moneda que encontré en el pantalón, bebí hasta la última gota, busqué el banco más apartado, me senté, elevé instintivamente la vista y al ver el panel de los viajes programados, elegí uno destino al azar, luego cerré

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los ojos… El olor a centro público, la fricción de las ruedas de las maletas sobre el suelo, la musicalidad de la megafonía y los gritos de despedidas, ayudaron a imaginarme viajando hacia ese lugar. La sensación de lejanía fue tan cautivadora que durante años, cuando las cosas no se desarrollaban según los planes previstos, actuaba de la misma manera. Fue en una de esas escapadas donde conocí a Klaus; apareció igual que un Adonis vestido de blanco. Se encontraba desvalido como un animal fuera de su hábitat, llevaba todas sus pertenencias sobre los hombros y apenas chapurreaba el español, pero el idioma no fue un impedimento para iniciar una conversación, de ahí pasamos a tomar un café, y entre vocablos mal pronunciados, explicó que había venido de Alemania a perfeccionar el castellano y conocer el país de su abuelo paterno. Desde ese primer encuentro comenzamos a salir con cierta continuidad, a las pocas semanas todas las viejas costumbres pasaron a ocupar un lugar irrelevante, ahora mi único interés pasó a ser su compañía. A los tres meses de conocernos, abandoné el hogar paterno con la intención de iniciar una vida en común, y empleé mi sueldo de cajera en alquilar un pequeño piso donde él impartía clases de idioma. Yo no había tenido demasiada experiencia con el sexo opuesto, no sé si por la hostilidad de mi comportamiento o por la extremada delgadez, pero ninguno de esos detalles le importaron a Klaus. Repetía una y otra vez que había dejado una huella indeleble en su existencia, que trazaríamos un mismo camino, que ahora todo tenía sentido, que nunca me abandonaría... En ningún momento me extrañaron tantos juramentos en tan poco tiempo, estaba falta de buenas promesas, y reconozco que habría creído a quien me hubiese ofrecido la primera sonrisa. Soportaba sin rechistar sus continuas llegadas a altas horas de la madrugada, las borracheras de fines de semana, o las escapadas para practicar alpinismo. Todo con tal de oírle decir:

- Ich verde zurückkommen…
La palabra volveré pronunciada en su idioma era el mejor juramento, y Klaus consciente de su poder, la utilizó tantas veces como creyó oportuno. Pero la vida no siempre nos lleva por el camino deseado, un día sin previo aviso, las ofrendas terminaron, al poco tiempo lo vi abrazado a una desconocida, y en ese instante descubrí como el dolor del engaño supera al abandono. El hallazgo de este hecho fue un revulsivo de los viejos instintos, no necesité oír un adiós para saber que terminaría marchándose, y ante eso debía actuar, no quería quedarme gritando su nombre por la ventana.

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Esa misma noche me puse su vestido preferido, el negro de amplio escote. Para cenar preparé crema de calabacines, patatas asadas, filetes de sajonia, flan casero aderezado con una buena dosis de somníferos y como digestivo, una generosa copa de un licor alemán preparado a base de hierbas llamado Abteilikoer. El efecto de la sobredosis de benzodiazepina fue inmediato, en pocos minutos se desvaneció sobre el sofá. A la mañana siguiente nadie diría que estaba muerto… parecía tan dormido

Esperanza garcia guerrero
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Leganés (Madrid, 1977). Licenciado en Historia del Arte. Fotógrafo y poeta. Ha participado en diversos recitales y colaborado en diversas publicaciones literarias (“LaFanzine”,  “Deshonoris  Causa”,  “Poe+”,  “Delirio”, etc). Ha publicado el poemario “Ya no leo tebeos de Wonderwoman” (Groenlandia, 2010).

Si de mí dependiese volver a pasearme en ropa interior por el pasillo de casa danzando al son de la Bohême de Aznavour y pillarte por sorpresa de la cintura para que me hicieses compañía en ese chiflado baile antes de terminar jadeándonos en la entrepierna y vertiendo el sudor en el cuenco de tu ombligo

sabes

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que si de mí dependiese

la tregua en nuestro vocabulario no tendría cabida

pero a ver cómo le explicas a la cabrona de tu jefa que salir a las diez no te va a suponer beneficio alguno

porque de todos

es conocido

que las cenicientas

deben abandonar

el baile

llegada la medianoche

Ángel rodríguez
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Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Salle (León Guanajuato, México). Dibujante e ilustradora, escritora y diseñadora gráfica. Ha trabajado como informática, en una empresa de traducción, profesora de inglés en la universidad, dando clases de dibujo, ha dirigido un departamento de telemarketing, y ha sido asistente ejecutiva de una figura pública (todoterreno, como la jefa de Groenlandia). Romántica empedernida, adicta a la cafeína y al queso fundido. Adora el cómic, la literatura erótica y fantástica, forma parte del movimiento literario escombrista (impulsado por Deneck Inzunza, cuyo libro, “Rosas Vivas”, fue ilustrado por ella).

Todos los días eran grises. El aire era sucio y las calles sombrías. Por las mañanas, cuando salía muriéndome de frío para tomar la primera corrida de autobús, los perros callejeros vagaban frente a mi oxidado portón y dejaban su suciedad, que las vecinas barrían descuidadamente, siempre buscando dejarle la basura a la de al lado. A nadie parecía importarle nada, y si las cosas eran así, yo también tenía decidido que esa sería mi actitud. Al fin y al cabo, en la rutina diaria nadie parecía tomar en cuenta mis palabras, nadie parecía percatarse de mi voz, o de mi llanto, o de mi cansancio en la escuela o en el pequeño y hacinado local al que mis jefes, casi irónicamente, le llamaban “oficina”. Nadie me sonreía por un trabajo bien hecho; sólo me llovían exigencias absurdas, desplantes y tiempos de entrega imposibles de parte de los clientes. La escuela no era mejor. Los días carecían de toda luz y todos los días miraba a través de la ventana del autobús que me llevaba al trabajo, preguntándome si todo ese esfuerzo al final tendría algún sentido. Repetidamente pensaba que nada cambiaría si yo muriera, y que nada hubiera cambiado si yo no hubiera nacido.

¿Qué sentido tenía la vida entonces? Sentía que empujaba algo con todas mis fuerzas, pensando tontamente que se trataba de una piedra grande y maciza, cuando

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lo que tenía en frente era un muro. Inamovible. Gris. Gris como mis días. Suspiraba y volvía a la ventana y a lo mismo de siempre. Mis padres estaban ausentes todo el día, buscando la manera de terminar con las impagables deudas de la casa. Lo que yo ganaba era una ayuda miserable y eso me hacía sentir de la misma manera. Pero el tiempo había hecho que dejara de extrañarlos y añorar su presencia.

No sólo los días eran grises, mi corazón también lo era: había dejado de ser carmesí y la sangre transmutó en tinta y cenizas. Nada me sorprendía, nada me alegraba y quizá lo más terrible es que ya nada me entristecía. En el camino diario y rutinario del sucio recinto que era el autobús, todos esos pensamientos me asaltaban. Y odiaba eso. Odiaba que la poca reflexión, el poco tiempo que me permitía pensar, fuera en un lugar lleno de personas tosientas, axilas hediondas y humo negro.

Todo me era despreciable. Hasta que vi esa pequeña cosa.

Un pedazo rosa de papel en el piso pegajoso y sucio del camión. Podía haber sido cualquier trozo más, uno de tantos que se le caen a la gente al subir o al bajar. Pudo haber sido cualquier simple y pisado retal, pero llamó mi atención. Probablemente fue el color, mi vista y mi mente ya no percibían fuera de la escala de grises. Estaba tirado justo debajo del asiento que, en mi monótona rutina, siempre ocupaba hasta atrás en el autobús. Lo levanté con curiosidad y al decidirme a examinarlo me olvidé de quienes estaban alrededor de mí. Con perfecta caligrafía y ortografía impecable, estaba escrita en unas pocas líneas, una hermosa carta de amor. Por supuesto, eso de “hermosa” fue una mera impresión personal: probablemente algún conocedor de las letras hubiera criticado severamente el cursi trámite que ahí iniciaba. No decía de quién era ni a quién iba dirigida, y a juzgar por lo que leí, parecía que había caído de la libreta de alguna soñadora estudiante. Pero algo en esas dulces líneas, en el papel adornado con corazones y calcomanías multicolor golpeó mi mente al punto que no noté cuando el camión se llenó de gente y de no

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ser por el apestoso perfume de una señora que siempre descendía donde yo lo hacía, se me hubiera pasado la bajada.

En el trabajo ya no podía concentrarme. Todo el tiempo tuve a mi lado ese mal recortado papel lleno de sentimiento, y cientos de preguntas asaltaban mi cabeza: ¿quién habría escrito esa carta? ¿Cómo sería? ¿Qué aspecto tendría aquel que había inspirado tal cosa? Era bastante improbable que lo adivinara siendo que lo encontré en el piso de un autobús, y sabía que jamás iba a obtener la respuesta. Incluso me reía cuando pensaba que era un cliché asumir que estaba dirigida de una mujer hacia un hombre. Después de todo, no sólo ellas escriben cartas románticas. Bueno, yo jamás lo había hecho. Ni siquiera lo había considerado. Aún más allá, nunca me había interesado en alguien y dada mi personal miseria no sentía ilusión alguna por tener a alguna persona a mi lado. Sin embargo, las frases simples, los “te quiero”, los “todos los días pienso en ti” me conmovieron incomprensiblemente y fue entonces cuando deseé que ese alguien hubiera escrito la carta para mí.

Lo que en algún otro tiempo me hubiera parecido el pensamiento más patético y risible se fue convirtiendo en una suerte de ilusión febril. Soñaba despierto que alguna princesa había venido a rescatar al que fuera su mancebo en desgracia; una princesa con brillante corona de colores, los mismos colores de las estampitas, que había escrito esa carta para salvarme de la infelicidad en la que yo mismo decidí permanecer. Súbitamente, hasta los desabridos tacos que comía siempre en la esquina, supieron deliciosos. Los árboles lentamente recobraban el verde de sus hojas y las risas y voces de los niños al salir de la escuela en la tarde me sonaban como pequeñas campanitas celestiales. Los sabores, olores, incluso las texturas volvían a mis sentidos, ya lánguidos después de tantos años.

Al día siguiente del singular hallazgo, me di a la tarea de observar detenidamente a todos los que subían al primer camión de la mañana, es mismo que yo siempre

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tomaba. Confieso que jamás lo había hecho, aún y a pesar de que siempre eran las mismas personas. Sabía dónde bajaban y quienes de ellos tomaban en qué esquina el transporte. Admiré sus cabellos, unos sucios, unos llenos de gel, otros muy peinados y otros con la huella de la almohada; los uniformes escolares, los zapatos sucios y las bolsas de las mujeres. Pareciera que todo siempre había sido extraño, hasta ese día. Como si alguien hubiera quitado una venda de mis ojos. Concentré mi atención particularmente en las mujeres que subían, la forma en la que unas arrastraban los pies en los escalones, el movimiento de sus faldas, sus vestidos y sus pantalones. Notaba los diminutos aretes de unas y la pretenciosa bisutería de otras, y de pronto las encontré a todas bonitas. ¿Cuál de ellas sería la princesa de la corona de estampitas? Ya los perfumes me eran agradables y el olor dulzón me impedía reconocer lo horrible del autobús y sentir el frío en mis pies. ¿Sería mi princesa de los colores la chica del escote que leía el periódico? Quizá era la estudiante de secundaria técnica que escuchaba música de los Cramberries a todo volumen en su celular, o tal vez era la gordita de lentes que se sentaba siempre en el mismo lugar hasta adelante. Las miraba a todas, buscando alguna señal, alguna mirada, algo que me indicara quién era la dueña de la carta.

Transcurrieron

varios

días

desde

la carta.

Durante

esa

semana

de

intensa

observación, sin proponérmelo, le encontré gusto a las canciones románticas de la radio y nunca supe cómo terminé tarareando temas de Luis Miguel, a quien aborrecía. Sin embargo, no había asomos de la autora. Por las noches no podía dormir. La curiosidad me consumía. Cubría mi cabeza con la almohada pensando en que jamás llegarían a mí las respuestas y que no era posible que una simple carta me produjera tal malestar. Malestar…

No, esa carta no había hecho más que volver a colorear mi mundo, y a pintar y a resanar las agrietas, enmohecidas y podridas paredes de mi corazón. Más días pasaron, las estampitas comenzaron a despegarse de la carta, que ahora era un

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accesorio dentro de la bolsa de mi camisa, y la dueña de la carta no apareció. La soñaba, con girasoles en la mano, sin rostro; ya más como un fantasma que como siquiera una posibilidad. La posibilidad de la existencia de alguien que tuviera algo que decir, algo importante, a alguien que significaba mucho para ella. Ante el inevitable paso del tiempo, poco a poco fui olvidándome del asunto, aunque la huella de esos colores permanecía dentro de mi mente y en la corona de mi princesa imaginaria.

Tras un par de meses en los que la carta rosa sólo era un recuerdo entre mis carpetas, una mañana volví a dirigir la mirada al piso. Casi tiro mi mochila al ver ahora un pedazo de papel azul, en el mismo lugar en el que había encontrado el primero. Volteé a todos lados para ver si alguno de los que ya habían subido hacía algún ademán, algún movimiento que delatara a mi fantasma, pero todos estaban muy entretenidos en sus propios asuntos.

Nervioso, tomé el papel y lo desdoblé casi con euforia. También había estampitas, como las que coronaban a mi dama.

Mi querida flor de luna:

Hace mucho que no recibo tus mensajes y debido a que el último de ellos nunca lo vi, pensé que ya no deseabas seguir escribiendo, o que ya quizá ya no me querías. Solamente deseo repetirte que todos los días pienso mucho en ti y que te amo.

La sensación que se despertaron esas letras, tan diferentes a las de la mi tierna infanta en mí, es algo que aún no puedo describir. Entonces supe que yo no había sido más que un mero testigo de lo que justo debajo de mi asiento se desarrollaba; no había sido más que un espectador, que miraba una película de amor y que de pronto se sintió el protagonista.

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No obstante, el sentimiento no fue terrible, ni desolador. Sonreí y con mucho cuidado deposité nuevamente el papel en su lugar original. La sonrisa permaneció en mi rostro por mucho tiempo, más del que puedo recordar. Una pequeña pincelada de los colores que esos dos humildes amantes, que habían escogido el asiento de un autobús como improvisado correo, me había tocado. Eso bastó para que todo cambiara.

Dos días después, descubrí que la única que subía antes que yo, era la chica de lentes, y vi que depositaba con suavidad un papelito rosa bajo mi asiento. Cuando notó mi mirada, volteó y me sonrió, y fue entonces, que la imaginé otra vez con la corona de calcomanías: la corona de colores.

Bárbara López mosqueda
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Eva Márquez (Madrid, 1974). Licenciada en Derecho por la Complutense de Alcalá de Henares. Sus poemas han aparecido en diversos blogs así como en revistas y fanzines, digitales e impresos, de España e Hispanoamérica. Miembro del REMES, tiene su espacio en Las Afinidades Electivas. Preparó la antología literaria “Esnifando  Letras” y ha aparecido en la antología poética “Póker  de  Reinas”.  “Cosas  que  nunca  te  diré”, publicado por Groenlandia, es su primer poemario. Bohodón Ediciones ha editado su segundo libro de poesía, “Retales de Estrógenos”.

La chica subió al autobús. Al habitual. Y sin aliento, como siempre. De lunes a viernes el mismo recorrido. ¿Cuánto había pasado ya? Tres meses, tal vez algo más. Con el estómago vacío y esa extraña sensación que la acompañaba en los últimos meses subió al autobús con dirección a su facultad, como malamente conseguía hacer cada día laborable. No había sitio para sentarse. Como siempre. Se quedó de pie, junto con otros cuerpos de trabajadores y estudiantes sin sitio. Con una mano se sujetó al apoyacabezas del asiento que estaba pegado a su cuerpo, y con la otra mano dio rienda suelta al baile. Su baile. Sin darse cuenta comenzó con su manía cotidiana, chascar y juguetear tontamente con sus uñas. No las solía tener largas, nunca llegaba a eso. Antes de llegar a lucir unas uñas dignas de una mano de pintura ya se las había arrancado de cuajo, bien por la debilidad anímica de su cuerpo o bien por los nervios acuciantes de los que hacía gala últimamente, siempre terminaban siendo pasto de su boca. Y otra vez, de nuevo, estaba haciéndolo. Sin darse cuenta estaba haciéndolas chocar unas contra las otras, sin poder evitarlo. Sin ser consciente de su desagradable sonido, aunque apenas fuera audible, a oídos

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de otros.

De repente la señora que estaba sentada echando una cabezadita durante el viaje, la llamó la atención con una mueca extraña de disgusto. Apenas pudo escuchar con claridad que le decía debido al ruido de la conducción del viaje, por eso se recostó para escuchar bien a la señora:

- Perdone, ¿me decía algo, señora? (preguntó cortésmente) - ¡Te importaría meterte las uñas en el culo! ¡Me estás jodiendo el oído!

Con perplejidad y entumecida por la sorpresa, paró de inmediato sus movimientos con los dedos, y tan sólo le dedicó una mirada de odio profundo y de asco a la mujer maleducada. Podría haber sido más educada, no era necesaria esa gratuidad de grosería para una petición tan simple como esa. El primer impulso habría sido devolverle con creces tamaña burrada, y

responderla con un símil: "hago con mis uñas lo que me sale del coño, y si le

molesta bajase del autobús en la próxima parada y váyase andando". Sin
embargo, ella no era capaz de semejante contestación. No sólo no estaba en su código moral, sino que, además, desde que se marchó de casa por la fuerza, siempre la embriagaba la misma sensación de miedo y pánico al prójimo. Era una extraña autoinfección de inseguridad hacía sí misma, que ser revertía en la imperiosa necesidad de apartarse de todo el mundo. Sentía auténtico terror a la reacción de cualquier persona. Ya fuera hombre, mujer o niño, no podía fiarse de nadie. Todos eran susceptibles de girar de repente su mirada y empuñar el puño en contra de ella. Y golpearla de nuevo. Y de sentirse indefensa, frágil. nuevo,

- "Miedica, miedica” – (se decía a sí misma.) No puedes acojonarte de ese

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modo cada dos por tres. Cada nueva ocasión en que alguien te mira mal, o te dice algo bonito o fuera de lugar. No puedes seguir así, encerrada en ti misma sin relacionarte con nadie…

Este y otro tipo de razonamientos se los decía y repetía para sus adentros. Pero nada. De nada servían.

Giró la mirada hacia el lado opuesto al de la perspectiva de la señora maleducada. No podía desplazarse dentro del autobús, ni para adelante ni para atrás. El autobús estaba hasta los topes. Lleno de personas cansadas sin asiento libre, con ganas en el rostro de llegar a su destino. Tendría que limitarse a mirar hacia otro lado, de tal manera que su mirada y la de aquella mujer no se cruzaran en ningún momento. Sólo volver a ver su rostro la hacía temblar.

Y de nuevo, recordó el comienzo de sus males. El comienzo de su macabra dolencia. Le llegaron de golpe, sin avisar, como siempre le ocurría desde hacía tres meses. El recuerdo de los golpes, de los puñetazos directos hacia su cara, como esos derechazos de boxeo que se ven en las pelis. Todos provenían de la misma derecha de su agresora. Lo peor, era recordar la estampa. Y sobre todo, saber quién era. Era todo tan irrisorio, aquello no podía haber ocurrido. No tenía que haber sido de ese modo. Pero ya habían pasado tres meses desde aquel suceso, y desde que al día siguiente con una mano delante y otra detrás tuvo que largarse precipitadamente de su casa; la que había sido su hogar familiar, para no volver jamás. Porque si de algo estaba ya segura, era que no habría vuelta atrás. Si tras las primeras discusiones y dejar pasar un par de semanas a que el ambiente estuviera menos caldeado, la respuesta de su madre había sido cambiar la cerradura de la puerta, eso significaba que no habría retorno alguno. Su madre no solo había tomado partido en aquella absurda

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pelea de gallinas hermanas; no, había sido algo más. Ahora lo entendía. Ella, su propia madre había sido la instigadora para que su hermana pequeña le propinase una paliza haciendo que saliera huyendo de la casa. No podías ser de otro modo. Su hermana pequeña y ella nunca habían tenido una relación de hermanas intimas, pero jamás se habían peleado la una con la otra. No podía entender porqué, así, por una chorrada, de repente su hermana hubiera perdido el control y la arrastrara de los pelos para golpearla sin descanso hasta que pudo zafarse.

Sí, ahora lo veía claro. Desde que su madre traspaso la frontera de la irresponsabilidad y ella se negó a seguir justificándola, a ojos de su madre, dejo de ser rentable. Si ya no era útil para su planificada vida de madre ausente, entonces, debía largarse de casa y buscarse la vida. Y que mejor forma para largarla del hogar familiar y hereditario que conseguir que fuera ella misma la que decidiera irse por su propio pie. Por aquella razón, durante los primeros días tuvo que refugiare en casa del padre y de su novio; y, después, buscarse un piso de alquiler; bueno, una cama mas que un piso, compartida con otras con cinco chicas desconocidas entre sí, todas ellas con historias pintorescas y tristes donde las hubiera. Tuvo que buscarse tres trabajos simultáneos y tratar de coordinarlos con el horario de sus estudios. Llegar a la facultad a tiempo era todo un logro. Lo peor de todo, era sentirse expatriada de los suyos; de sus hermanos y hermanas, a los que extrañaba mucho más de lo que nunca hubiera podido imaginar. Pero nada podía hacer, le había sido cerrado el acceso a ellos con un portazo en la cara y, además, era consciente de que para todos ellos, ella siempre sería la bruja mala del cuento. Había sido ajusticiada y condenada sin defensa alguna.

Y sin darse cuenta, enfrascada en sus agrios recuerdos y en las razones que la

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estaban convirtiendo en una estudiante amargada de cara lánguida y anoréxica, volvió de nuevo a realizar aquel sonido con sus uñas. La estúpida señora giró con brusquedad su cara, lanzando cuchillos de odio en forma de ojos. Al verla, paró de inmediato dicho movimiento provocándole una arritmia en ascenso. Se serenó, y pensó:

- “Está bien, bruja de mierda, si tanto te jode el sonido de mis uñas, te las

llevarás de recuerdo.”

Y con disimulo y paciencia fue arrancándose con los dientes todas y cada una de sus uñas. Primero las de una mano y después las de la otra. Las fue guardando en la palma de la mano con sumo cuidado. Y en cuanto vislumbro un hueco del cuello de aquella mujer destapado por el jersey rojo que llevaba puesto, fue expulsando de dos en dos los restos de sus uñas impregnadas en babas.

Llegó a su parada. Antes de bajar, se armó de valor, se recostó hacia la mujer y la dijo:

- ¡Que tenga un buen día señora!

Eva márquez
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Madrid. Escritor, poeta y fotógrafo. Mantiene un blog con poemas y textos: http://www.lacasaenpenumbras.blogspot.com.

I

En el Hotel Penumbras hay visillos rojo oscuro, Un recepcionista viejo que fuma Carabelas sin filtro, Una alfombra que vendían los moros por mil pelas En bares de mala muerte: Los borrachos se reunían alrededor de sus alfombras plegadas en su hombro. Vendía relojes, collares más feos que su boca sin dientes, Y sueños Que se anudaban al vaso de tubo con hielo, A una mesa donde jugar al mus, Huir de un matrimonio infeliz, De unos hijos que no comprenden. Todos le llamaban “paisa”. Como si eso significara algo. Entonces eran pocos, Algo exótico que visitaba los bares de los borrachos Con su ventilador girando grasa de cortezas durante más tiempo del que puedes recordar.

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Su ropa huele a aceite quemado, a cacahuetes, a noches en las que el alcohol te hacía respirar demasiado fuerte durante la cena, con una mujer que te insulta, hijos que no te hablan, viendo programas en color como la novedad del siglo. En el Hotel Penumbras vuelves atrás en el tiempo, El viejo recepcionista vende barata una noche en una habitación, O quizá necesites unas horas para follar con tu amante, O con la puta de la rotonda que ves todos los días. Tal vez quieras escribir algo romántico en su espalda, Hacerle una decena de fotos Y gritar por ahí: “Ey, ¡es mi amante!”. Ella te preguntará cosas extrañas: “¿Qué hace un hombre tan guapo con una mujer como yo?” Te encogerás de hombros y no dirás la verdad, Te mirará, Y mientras te hace un precio extra por los besos, te dice: “Si no tienes ninguna enfermedad te lo haré todo sin preservativo”. El recepcionista que fuma Carabelas sin filtro no hace preguntas, No busca respuestas, Aunque mientras te registras con tu puta cuyo verdadero nombre ignoras, Te cuenta viejas historias sobre borrachos que compraban alfombras como la que pisas, Partidas de mus, Y hombres perdiéndose en el asfalto.

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- Me había acostumbrado a ti. - No te prometí nada. - Sé que no lo hiciste, sin embargo, me gustaba verte. - Apenas tomamos café, apenas hablamos de nada. - Sin embargo, intimamos algo. - Bebimos mucho y nos abrazamos un par de veces. - ¿No nos acostamos? - No. - ¿Ni siquiera escuchamos un par de canciones? - Solamente un par. - ¿Y bailamos? - Te enseñé a bailar, algo: eres torpe. - ¿Te pisaba? - Querías estar tan cerca que frente a mí sentía tu aliento en mi nuca. - Entonces nos sentamos. - Nos sentamos, mis ojos se perdían en el mostrador. - Los míos en ti. - Sentía tu mirada, por eso miraba al camarero hacer cosas con sus manos. - Pensabas en mis manos. - Pensaba que nos sentaríamos, beberíamos unas copas. - Nos abrazamos. - No, aún no. - Bebimos unos sorbos. - Tropezamos. - ¿No estábamos sentados? - Con una canción. - Una canción. - Una canción: no llegabas nunca tarde, ni siquiera a mi vida. - Quise hacerte sentir exultante. - Estábamos insultantemente solos, pero fingíamos que no era así. - Yo no fingía. - ¿No? Por eso hacías esos chistes malos, y me mirabas como si quisieras conocerme: buscabas un recoveco por el que entrar en mí.

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Si hubieras querido echar un polvo no tenías que mirar dentro de mí. - Lo admito. - Lo admites. - Sí, lo admito: alguna vez he llegado tarde, otras lo pensé demasiado, y rara vez fui espontáneo, o cuando lo fui, rara vez entendieron que todo eso era producto de la espontaneidad. - Levanté mi copa entonces, aparté la mirada de la barra: me golpeé con la tuya. - ¿Chocamos las copas? - ¿Cómo no beber una noche así? Estábamos tan solos que sólo el alcohol nos liberaría de nuestra prisión. ¿Lo imaginas? Decenas de presos borrachos la noche de San Juan: sus barrotes convertidos en Puck, echando polvos mágicos de su pequeña bolsa sobre las judías del alcalde, que al despertar se enamora de los barrotes: “Tantos años frente a ti, amor mío, tantos días, tantas horas, tanta esperanza retenida entre tus hermanos, alineados como en un desfile: ¿cómo no amaros, negros, tan erguidos, tan hermosos?” - Se abrazaba a ellos. - Lo hacía. - ¿Cómo tú te abrazas a mí? - Tú no eres un barrote. - Soy el otro lado de ti. - No lo eres. - Estamos tan unidos que da vértigo pensarlo. - Sólo bebimos unas copas. - Bebiste de mi vaso cuando el tuyo estaba a medias. - Quise hacerte reír, te veía tan solo. - ¿Solo? - Como ausente, como si cargaras en tus espaldas una madre muerta cuyo único interés fuera seguir muerta, ir al dentista, sacarse un par de muelas, quejarse de mil dolores, y escuchar tu voz de vez en cuando para no sentir culpa por su muerte. - Me hiciste reír, aunque te viera perdida, como si ningún lugar fuera el tuyo, como si mudarte tuviera como objetivo saber que no perteneces a ninguna parte. ¿Cuántas veces cambiaste de casa? Quizá tantas como de amantes. Tal vez hubo más casas que amantes.

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- Hubo más amantes que casas, y más cosas destruidas que creadas. A veces creo que los creadores son otros y que soy una burla de todos ellos, como si el primer papel de bufón femenino me lo hubieran otorgado en un certamen de perdedores. - ¿Nos abrazamos? - No. - ¿Por qué no? - Hablamos de películas. - Me gusta hablar de películas. - Me di cuenta. - A ti te gusta hablar de lo que descubres, a veces te aterra tu habitación. - No me gustan las sábanas como icebergs, fantasmas que te rodean en la oscuridad. - Seguimos bebiendo. - Bebimos, pedimos un par de rondas más. - ¿Sonaron esas canciones? - Siempre suenan buenas canciones en noches así, ¿no crees? - Es lo único que nos queda. - Nos levantamos y fuimos a la barra a pagar. Es escote, dije. A escote, respondiste aún buscando entrar dentro de mí con esa mirada tan intensa. - A veces intimida. - Nunca me había sentido tan desnuda. - ¿Te molestó? - Nunca nadie me había desnudado. - Salimos entonces a la calle. - Y hacía un frío de mil demonios. Ni siquiera me habías dicho tu nombre, ni yo tampoco te confesé el mío. Se movía mi pelo y el aire entraba por las ranuras de los botones de mi abrigo. - Nos besamos. - No. - ¿No? - Hablamos, de cosas intrascendentes. Paseamos. - Paseamos. - Eso dije: paseamos. - ¿No nos besamos?

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- Te morías por besarme. - Tú te morías porque te besara. - ¿Por qué esperamos siempre a que el otro adivine? - La vida es un juego, supongo, como esa historia en la que él se sienta a ver como una mujer duerme, y cree que sueña con un hombre que la ve dormir. En realidad su sueño no tiene nada que ver con lo que él piensa. Se inventa una vida, ya sabes: despierto y te veo, me miras como si me quisieras, y nunca me miraron así, y siento curiosidad, y tu inteligencia me erotiza. - Las cosas giran por otro lado: son una tragedia griega: la atracción por lo inevitable, y ese abismo como charcos junto a las aceras. - Caminamos durante una hora. - ¿Tan lejos vivías? - Dimos un rodeo, me sentía bien, segura. - ¿Y qué sucedió? - Que me había acostumbrado a ti. - ¿A mí? Pero, si tampoco te prometí nada. - Y me sentí asquerosamente sola, como si hubiera llegado tarde a alguna parte. - ¿Y? - ¿Y? - Sí, ¿y qué sucedió? - Me abrazaste.

Luis Sevilla
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Madrid. Escritora, poeta, ilustradora y pintora. Sus relatos y poemas han sido publicados en diversas revistas digitales e impresas. Ha escrito novelas y poemarios, inéditos. Ha ganado diversos premios literarios por sus textos.

La primera vez que te vi, pensé que eras lo más precioso que habían visto jamás. Llevabas un vestido azul cortado a la cadera con un ancho lazo de raso y mangas de farol que dejaba ver tus brazos perfectos. Tus zapatos eran blancos como los de comunión, y tus medias caladas. Recuerdo que al agacharte a recoger la moneda que se te cayó, se te vieron las bragas. También eran blancas, y un diminuto encaje asomó al dobladillo de tu falda. Tengo grabado a fuego tu pelo castaño claro sujeto por unas trenzas y tus ojos dorados. Jamás he vuelto a ver ojos como los tuyos. Ni verdes ni castaños; oro líquido brotando de un rostro bronceado de callejear. Era domingo, y el sol estaba alto en el cielo. Me dijiste:

- ¿Está cerrado? - tu voz era cristal.

Y te miré como se mira el mar cuando se descubre por primera vez, con la pasión salvaje de un náufrago que ignora que se verá devorado por él.

-

Lo está. Es la hora de comer - te dije intentando que mi voz no se quebrara por la emoción - . Pero para ti está abierto. Ven, entra.

Sonreíste. Y tus dientes brillaron blancos, purísimos. No dudaste un segundo, y a un gesto de mi mano escuché tus pasos rítmicos acercándose

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hasta mí. Pero no me mirabas. Tus preciosos ojos se perdían en el cartel anunciador que tenía clavado en el cerco del puesto. Se movían ansiosos a través de las fotografías de los helados. Tu dedo se detuvo en una de ellas.

- Quiero uno de limón - indicaste, mostrándome la moneda -. ¿Cuánto vale? - ¿Cuánto tienes? —sonreí. - Un duro. -¿Sólo un duro? - No tengo nada más - enarcaste las cejas, creo que desalentada.

Me levanté despacio.

- Ven, acércate - susurré.

Te mordiste el labio nerviosamente.

- Si quieres, podemos hacer un trato. ¿Cómo te llamas? - Laura Ortega Vivas… - dijiste de carrerilla, acunándote como si tu nombre fuese la letra de una canción infantil. - Llevas un vestido muy bonito, Laura. - Me lo ha hecho mi madre.

Y toqué su trama suave con un hormigueo en mis dedos. Un escalofrío me recorrió la espalda. Abrí la cámara frigorífica y saqué el polo de limón. Te lo enseñé y me senté de nuevo en la banqueta. Luego le quité el papel y te lo ofrecí.

- Ven aquí, Laura.

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Obedeciste echándote el pelo hacia atrás. Parecías una pequeña Helena griega.

-

Toma. Te lo regalo, pero con una condición.

Tus ojos se iluminaron y asentiste con fuerza al tiempo que cogías el helado con gesto rápido.

- Tienes que tomártelo aquí. No quiero que nadie sepa que te lo he dado. Si alguien se enterara, vendrían a pedirme. Mira, - te dije, señalando la puerta - voy a cerrar con pestillo para que no puedan verte. ¿Te parece bien?

Asentiste de nuevo, mientras tu lengua lamía el hielo adherido al polo. Luego volví a sentarme en la banqueta y te atraje hacia mí con delicadeza. No quería que te espantara el tacto de mis manos ásperas por debajo de tu graciosa falda. Y pensé que me recordabas demasiado a mi hija Anita. Demasiado.

Luisa fernández
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Poeta. Amante del cine, y causante del fanzine literario “Pro‐vocación”. Hace poco publicó su primer poemario, “Alas  de  mar  y  prosa” (Editorial Ya lo dijo Casimiro Parker) y ha participado en diversos recitales poéticos. Mantiene el blog: http://escandar-algeet.blogspot.com.

No quiero sonar prohibido aunque sólo hable de amor, ni cansado de algo, ni aburrido de moneda, no quiero aprender palabras como en cuadernos de ortografía ni mirar letras por su entonación o declive, el mundo de mármol que piso no es tan frío si tras mis pasos oigo un crujir de madera, una risa de niño, una raíz que besa la tierra a la espera de salpicar frutos, de suavizar asperezas aunque sea comprando un paisaje de metro a las tú y yo de la mañana, dos de nosotros, un año como cualquier otro pero no como otro cualquiera y aun así quizá más hermoso. No quiero soñar perdido aunque sólo el café duela, aunque en las paredes crezcan siluetas y gritos y el tumulto ya no se vea como esa bandera que iba a arrastrarnos con las mareas a un mundo tan desconocido que sólo podía ser bueno y bonito pero jamás barato, aunque en las plazas los únicos cantos de sirena sean de neón azul

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y las ventanas se cierren porque prohibieron la música con la excusa del ruido, no quiero mirar al suelo y fingir que así no miro a otro lado, no quiero estar dispuesto a poner cepos y no llamarlos por su nombre de trampa, por su olvido de mierda, por su logro de nada. Sólo hablo de amor para no estar tan podrido por dentro como esa caja de música que era un nido de grillos enjaulados. Miro. Y todos seguimos con el puño cerrado, sí, y con las manos en los bolsillos. Preguntándonos.

Escandar algeet
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Ana Patricia Moya Rodríguez \ Periquilla Los Palotes (Córdoba, 1982). Estudió Relaciones Laborales y es Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba. Actualmente, estudia Master, sigue pluriempleada y es directora \ editora de Groenlandia. Ha publicado un poemario, titulado “Bocaditos  de  Realidad” (Groenlandia, 2008), y en breve, aparecerá su primer libro de relatos, “Cuentos de la Carne”. Sus poemas y relatos han aparecido en diversos fanzines y revistas, impresas y digitales, de España e Hispanoamérica. Ha participado en los Talleres Literarios de Creación Eutopia 2007, Festival de la Creación Joven de Córdoba. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al catalán y al italiano. Forma parte del REMES (Red Mundial de Escritores en Español) y tiene su espacio en las Afinidades Electivas y Narrativas.

“ Triste murmullo un poema que quiere cambiar el mundo”.

(An dré s Ram ón Pé rez Bl an co)

Peleemos en igualdad de condiciones, en un ring con las manos desnudas. Te partiré el hígado y el orgullo. Mi victoria, es segura: porque soy más grande y fuerte que tú, mis puños son rabia primitiva, urgente, y honesta. Pero vivimos en la tierra de los cobardes que señalan con el dedo, empujados por los elegidos: la batalla está perdida

y mis manos, serán testigos de la resistencia.

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I ¿Me quieres? Claro. ¿Entonces por qué te has liado con otra? Te confundí con ella, mi amor.

II - ¿Crees que el amor existe? - Claro. Reside oculto en tus calzoncillos.

III ¿Me amas? No. La verdad escuece. No te escocerá tanto cuando estás con tu amante.

IV - Cariño, dime algo bonito. - Vale. Bájate las bragas.

VI - Nena, dime algo bonito. - ¡Goooool!

Ana Patricia Moya
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Patxi Irurzun \ Jorge Heras \ Gonzalo P. Vilo \ J. Jorge Sánchez \ Raúl Ariza \ Jorge Manzanilla \ Gustavo M. Galliano \ Mariela Loza \ Isaac Contreras \ Daniel García \ José A. Conde \ Pepe Pereza \ Elena Ortíz \ Velpister \ Mario Crespo \ Ada Menéndez \ Óscar Varona \ Ana Laguna \ María José Mures \ Fran García Parra 55

(Pamplona, 1969). Autor de los libros: “Cuentos  de  color  gris”,  “Cuentos  sanfermineros”,  “La  polla  más  grande  del  mundo”,  “Ajuste  de  cuentos” (relatos y cuentos); “Odio  enamorado”,  “Cuestión  de  Supervivencia”,  “Ciudad  Retrete” (novelas). Ha participado en diversas antologías (“Golpes,  Ficciones  de  la   Realidad  Social”,  “Tripulantes”, etc), ha coordinado algunas (como “Hank  Over  \  Resaca”) y también ha colaborado en diferentes medios (“El  País”,  “ADN”,  “Vinalia Trippers”, “Fábula”, etc). Ha obtenido diversos premios literarios.

Todavía

hoy,

después

de

tanto

tiempo,

cuando

me

levanto

de

madrugada para ir a la fábrica y te veo ahí, tumbado a mi lado, cuando veo tu espalda desnuda hinchándose y deshinchándose, me cuesta creer que te haya tenido a mi lado durante toda la noche, y pienso que eres como un pequeño planeta que respira e insufla con su respiración la mía. Miro tu pelo desordenado y todo se ordena en mi interior, me acerco a tus labios y huelo tu aliento, y descubro en él el olor de las cosas pequeñas, domésticas, que se hacen grandes porque las compartes conmigo: el último cigarro, el último café antes de acostarnos, esa muela podrida que podías ir de una vez a sacarte, cabrón, las bufas que te tiras y que hueles, metiendo tu cabezota debajo de las sábanas.

Dicen que una pareja está verdaderamente unida cuando supera "la

prueba del pedo", cuando uno de los dos miembros de la misma tiene la
suficientemente confianza para tirarse el primer y sonoro pedo. Tú

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debes de pensar que no hay nadie en el mundo tan unido como nosotros.

Recuerdo cuando te conocí, aquel verano, en la playa, cómo entonces ya cada mañana espiaba tus rutinas y pensaba que ello me hacía formar parte de ellas, cómo te veía llegar por el malecón, desenredándote el árbol pulmonar con las caladas del primer cigarrillo, cómo escupías sus esquejes podridos al mar, cómo extendías tu toalla sobre la arena y te rascabas los huevos antes de quitarse la camiseta. Y recuerdo que entonces todo aquello me gustaba, quizás porque a continuación, cuando te desnudabas, yo imaginaba que lo hacías sólo para mí, que si yo lo deseaba podría acercarme, apoyar mi cabeza sobre aquel torso moreno, y que tú atusarías mi cabello de manera que con cada una de tus caricias todas mis preocupaciones se esfumaran.

En aquella época de mi vida tenía la sensación de estar siempre esperando algo que nunca llegaría, a alguien que me amara... Tal vez por eso cuando quise despejar la duda de saber si tú podrías haber llegado a fijarte en mí lo hice de una manera tan rocambolesca. Hubiera sido tan fácil acercarme hasta ti, en aquella playa y preguntártelo... Pero busqué alguien que conociera a alguien que conociera a alguien que te conociera, y así conseguí tu dirección, y te escribí, y esperé, por pura rutina, porque pensaba que tú nunca responderías y esa sería una forma más de seguir esperando.

Tú, sin embargo, respondiste.

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- Me gustó que hicieras complicado algo que podía ser tan aburridamente sencillo - dijiste.

Y la verdad es que sí, que a ti te encanta complicar las cosas, siempre te las arreglas para que te echen de todos los trabajos, o para mear en la tapa de la taza, o para seguir durmiendo a pierna suelta mientras yo me levanto para ir al trabajo.

Creo que, de todas maneras, incluso si no tuviera que levantarme cada mañana para ir a la fábrica, si no tuviera que soportar a todos esos borrachos que regresan tambaleándose a casa y me piden fuego mientras espero tiritando al autobús, me levantaría igualmente de madrugada y miraría tu espalda, que lo haría sólo para sentir ese agradable hormigueo que me provoca pensar cuánto te quiero y cuanto te odio, cuanto me

gustaría asesinarte con un beso en la nuca, recostarme sobre tu torso desnudo y comerte el corazón, que lo haría para acompasar mi respiración con la tuya y sentir que sigo viva, que todavía tengo paciencia para esperar a que alguien me ofrezca un poco de su amor.

Patxi irurzun
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Jorge Heras García (Madrid, 1981). Licenciado en Filosofía por la UCM. Sus poemas han aparecido en diversas revistas literarias: “Palabras  Malditas”,  “Revista  Voces”,  “Escáner  Cultural”,  “Alex  Lootz”,  “Revista  Almiar”,  “Dulce  Arsénico”, “Palabras Diversas”, “El cuervo”, etc.

“ Oh escritura, cúrame de la vida

De la vida que despide mal olor ”.

L eo po l do Ma r í a P an er o.

El poema se reconoce en la rugosidad del sapo Anuncia el grito del niño que verá la excoriación en su sexo andrógino por viejo porque el poema es una máquina del grito y no hay revestimiento para la economía de la arruga El poema se sabe desecho de explotación y director de la orquesta del grito Grita loas al gusano Se prostituye a la arqueología del gusano Encontré el poema haciendo de posavasos en una mesa del Moose.

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Estaba sin blanca Apuraba los vasos de cerveza caliente de las mesas antes de que los recogiera el camarero Salí a la calle a pedir y después de una hora me dieron casi para una pinta Hacía mucho frío Entré de nuevo en el Moose y deambulé mirando al suelo por si encontraba unas monedas Una colilla espachurrada Aún humeante Se extinguía en el suelo El filtro tenía una mancha de carmín El humo era retirado de su ascua como una prostituta vieja del burdel y como una atracción anticuada de la feria Me sentí igual que cuando miré las Giant Fagends de Claes Oldenburg.

Jorge Heras garcía
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Nacido el cinco de Febrero de 1980. Estudió Traducción en la Universidad de la Serena. Actualmente, vive en Coquimbo y está a punto de titularse como profesor de inglés en el mismo centro.

Todos los días, desde muy temprano en la mañana y hasta que se va el sol, vemos un acto sublime, una representación mítica, excelsamente teatral de un personaje de leyenda y del que todos hemos escuchado mas de alguna vez su nombre. Aquel es el hombre invisible.

Sus intérpretes son varios actores repartidos y distribuidos alrededor del centro de la ciudad y todos dan lo mejor de si, preparando sus trajes, sus artilugios y lo más importante de todo, sus expresiones, sus gestos, que son el motor principal para llevar a cabo su rutina.

De ellos, claro está, solamente tengo buenos comentarios, y sólo puedo decir que son actores excelentes, de categoría, y además, curtidos lo suficiente en la indiferencia del público como para no esperar más que unas cuantas monedas regaladas con desgano, como única gratificación para su espléndido arte. En realidad, ya no sé si llamarles actores, confieso que ya me parece hasta pequeño el adjetivo, quizás ya merezcan otro, uno mas grande, artistas, o… ¿qué se yo? Artífices de un milagro, autores de una creación pura y fabulosa, digna de aparecer en cualquier libro que se precie de decir algo valorable. Bueno, algo por el estilo, ustedes me entienden.

Dentro de esta gama de prolíficos virtuosos, sin embargo, hay uno que se destaca con luces propias. Su nombre es Ernesto (sí, amigos, aunque ustedes no lo crean,

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al igual que nosotros, simples mortales, él también tiene un nombre) y todos los días prepara su acto con gran profesionalismo y esmero.

Él, pese a sus setenta años y a la falta de una de sus piernas, tiene una gran pasión por el teatro y se deja llevar por su personaje, al punto de ser casi una sombra, un hálito espectral que nos fulmina con su talento. Claro, he dicho a propósito la palabra casi, porque, la verdad, la mayoría de nosotros en realidad puede verlo, pero, siendo tan cultos conocedores del teatro, pretendemos no verlo, seguimos el juego y nos dejamos engatusar por su representación, hasta el punto de parecernos invisible.

Más de una vez en todo caso, aparece uno que otro (nunca faltan) que deshacen el hechizo y cándidamente le profesan su afecto, su atención, sin darse cuenta que con ello interrumpen su esplendida performance. ¡Qué incultura! ¡Qué falta de conocimientos artísticos! Pero saben, no los culpo, no puedo hacerlo, simplemente me es imposible responsabilizarlos de tamaña vulgaridad. Y es que, la verdad, hay que considerar que no todos hemos sido educados de la misma manera, ni todos tampoco hemos sido bendecidos por esta apreciación artística brillante, que nos hace valorar como un tesoro aquella pieza, aquel acto teatral que vemos todos los días. Sólo puedo compadecerlos, y también a aquellos que, durante la noche, no diré quienes, intentan llevarlo a un mal llamado refugio, con la idea de que evite el frío, o vaya a saber que otra estupidez parecida, sin darse cuenta que para Ernesto el frío no es más que otro lugar común en su

obra. Aghhh, todo eso me sulfura, se me hace demasiado aberrante. En realidad, lo único que puedo hacer cuando me topo con ese tipo de situaciones, es dar vuelta la cabeza y cambiar de calle, estúpidamente avergonzado por algo ajeno a mi persona.

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Pero eso, claro está, no sucede muchas veces. Vivimos en una ciudad plenamente desarrollada, madura al máximo, que sabe como reaccionar frente a espectáculos artísticos como éste, y cuyos ciudadanos, si bien aún no tan sensibles como para apreciar o agradecer este tipo de interpretaciones, tienen al menos la capacidad intelectual para diferenciar la realidad de la ficción, el real sufrimiento de un acto teatral, el cual, pese a ser perfectamente ejecutado, es solamente eso, una simple representación.

La verdad, me es difícil siquiera imaginar como una persona en su sano juicio pueda confundirse de tal forma, como si sólo aquellas ropas ajadas, aquel vestuario humilde, rotoso que ocupan estos actores o aquellos rostros famélicos, desfallecientes, o esos gestos sin expresión que nos miran suplicantes fueran los únicos signos inequívocos de la miseria ¿Qué inocentes mentes podrían llegar a esa conclusión? No saben acaso que el maquillaje hace milagros hoy en día, que esos gestos, que esas posturas, fueron aprendidas después de días y días de ensayos. Bah, pero qué saco con decirlo, sería como explicar un chiste.

En realidad, creo que sólo la gente de esa calaña puede ser así de superficial, sólo gente con esa ignorancia puede creer que la miseria, que la pobreza puede ser reconocida de inmediato y de manera tan somera, frívola y trivial. No, aquello no es más que una representación teatral, una muy buena en todo caso, porque, en realidad, la verdadera pobreza, la verdadera miseria, está oculta debajo de cofres de acero, de cajas fuertes inexpugnables que muchos de nuestros ciudadanos poseen con el fin de resguardar sus corazones, y que son los mismos que no tienen la sensibilidad para apreciar el arte, para no dar más que unas cuantas monedas a estos genios del escenario, o que ni siquiera tienen la capacidad de regalarles un aplauso para reconocer su estoicismo y su voluntad, o al menos para hacer algo siquiera que los redima de su culpa.

Gonzalo patricio vilo
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J. Jorge Sánchez (Barcelona, 1964). Licenciado en Filosofía, Doctor en Humanidades y Profesor de Enseñanza Secundaria. Ha publicado diversos artículos sobre filosofía, política y teoría de la Literatura y prologado obras de Jack London o Guy de Maupassant. Editor de “Dunas  en  la  playa:  reflexiones  en  torno  al  poder” (La Catarata, 1996); en el campo de la poesía ha publicado “Del  Tercer  Reich” (Germania, 2002), y “Filosofía  de  la  minucia” (Bartebly, 2008). Ha participado en los volúmenes colectivos: “La  paz  y  la  palabra,  Letras  contra  la  guerra”,  “11‐M:  Poemas  contra  el  olvido” y “Voces  del  Extremo  XI‐XII”. Sus poemas han aparecido en diversas revistas: “Mar  de  Poesías”,  “Es  Hora  de  Embriagarse  con  Poesía” y “Hilos  de  Araña”. Participó en el volumen de relatos “Tripulantes: Nuevas Aventuras de Vinalia Trippers” (Eclipsados, 2007).

Para David González

En el poema de Carver " His bathrobe pockets stuffed with notes " ("Los bolsillos de su albornoz llenos de notas") puede leerse:

"«Nos han hecho daños de consideración, pero todavía somos capaces de maniobrar». Spock al capitán Kirk."

Tras leerlo pensé que, si hacía caso al título, esta nota correspondía a un poema que Carver tenía en el propósito de escribir.

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Evidentemente, podría suceder que se agotara en la simple relación de posibilidades, en la enumeración de notas inconexas. Que esa fuera su forma y su materia.

Pero opté por creer que se trataba del primer verso, de la apertura de un desarrollo que hubiera sido, seguramente, demasiado áspero para mi gusto de trekkie .

Hasta hoy no he caído en la cuenta de que tal vez fuera el cierre, el final de una retahíla, igualmente seca, de frases.

Si es así, puedo imaginarme qué marca había producido los daños.

j. jorge Sánchez
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Raúl Ariza Pallarés (Benicássim, Castellón, 1968). Abogado de profesión y escritor vocacional. Ha colaborado en revistas literarias y jurídicas, ha publicado en periódicos de ámbito provincial así como en diversas revistas digitales relatos, artículos o crónicas, que van desde la crítica literaria hasta la cinematográfica. Gran aficionado al cine clásico, su otra gran pasión junto con la literatura. Autor del blog El Alma Difusa. En breve publicará su primer libro de relatos, “Elefantiasis”.

Maribel anda con pasos cortos y prestos. Y de su mano, casi a rastras, viene colgado Tito. El crío tiene las mejillas en carne viva; cortadas a contrapelo por el rigor de este invierno seco y antipático. Por culpa de los guantes de lana que le ha calzado al chaval y los de piel que también lleva puestos ella, el niño se le va escurriendo según avanza. Los ojos azules de Maribel se han encendido más o menos a la misma hora a la que lo han hecho las farolas de la plaza. Sonia y Ricardo cargan con una botella de butano. A ella le cuesta horrores seguirle el paso. No hace mucho que se casaron. Se adoran. Pero el noviazgo fue demasiado largo, y a veces tienen la fugaz impresión de que entre ellos ya está todo dicho. Sonia es hermosa. Rubia, de ojos negros y pechos enormes. En conjunto le falla un poco la voz, que la tiene un tanto machorrada. Pero esa peculiaridad, le hace incluso un poco más deseable. Sepultado bajo un espeso gorro de lana y una bufanda infinita, Pepe vocea desde la esquina. Es pequeñajo y por eso grita mucho. Pepe es la mar de gracioso y cuenta unas historias divertidísimas que nunca son ciertas. Media tarde. La calle huele a azaleas. Desde alguna de las ventanas abiertas se desparraman las sugerentes notas de un chelo. Daniel sale de la taberna negando con la cabeza. Viste mono azul de faena y uñas negras. Se dirige hacia el portal de su casa con el talante descompensado. Las manos inquietas ora sí, ora no- en los bolsillos. Apenas da cuatro o cinco pasos, y se detiene reflexivo para negar de nuevo y reanudar un segundo más tarde su inconstante marcha. Daniel es un tipo cordial, pero un poco cabezón.

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Hoy la taberna estaba llena. Entre quinto y quinto de cerveza, la concurrencia se ha enzarzado en una apasionante discusión que giraba entorno al controvertido tema de la supuesta influencia que han tenido en la literatura universal contemporánea, autores americanos de la talla de Faulkner o Dos Pasos. Daniel no se ha pronunciado. No se ha atrevido. Pero mentiría si no digo que se ha ido con las ganas de dar su opinión que, por cierto, divergía sustancialmente de la que sostenían con tanta vehemencia, Paco el electricista y aquel forastero atildado. Llega ahora al portal. Se detiene un instante avergonzado por su pobre empuje. Abre la puerta y se recoge. Pepe divierte a todo el mundo menos a Concha su mujer, a la que de un tiempo a esta parte tiene frita con la temeraria tesis - está empecinado en ella - de que la verdadera pasión de Puccini, era la cartografía. A Pepe las palabras se le escapan de la boca, como a un collar roto las cuentas. Es infatigable. Los días ventosos como hoy, esas palabras vuelan caprichosas por el barrio y algunas de ellas se filtran al azar por las rendijas de las puertas y de las ventanas de las casas. Hace un rato en la mía se ha colado la palabra allegro , y desde mi atalaya, celoso, he visto como en el dormitorio de Maribel, que queda más o menos enfrente del mío al otro lado de la plaza, flirtea furtiva con su almohada la palabra tómbolo . Otra más que no adivino, díscola ella, se ha quedado pegada a la ventana del comedor de Daniel, y dos de sus cinco hijos junto a Whitman el perro, juegan divertidos a comérsela a través del frío cristal. Pepe está algo delicado de salud. Ya no trabaja de albañil. Ahora se dedica a ser erudito y a llevarnos a todos la contraria. Todo el mundo sabe, que un día no muy lejano se nos va a morir. Él también lo sabe, claro. En la esquina que forman los dos lados más largos del triángulo isósceles que es mi plaza, en una y otra acera, y enfrente la una del otro, hay una carpintería y un taller mecánico. El carpintero se llama Luís y el mecánico, también se llama Luís. Ambos comparten públicamente la misma pasión. Ambos, más o menos a la vez, descubrieron que su verdadera vocación era la astronomía y, desde entonces, a pesar de los tímidos remilgos de los padres del primero y de la esposa del segundo, que lo consideran una pérdida de tiempo, se reúnen tres o cuatro veces por semana para representar plásticamente cuerpos celestes y constelaciones. Luís el carpintero tiene una máquina que fabrica virutas del tamaño y la forma que sobre la marcha él decida conferirles. Luís el mecánico, entre ruedas,

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compresores y tornos, tiene un extraño artefacto que suelta las chispas más luminosas y con los colores más dispares que uno pudiera imaginarse. Son las diez de la noche. Ante un público expectante, los dos luíses han sacado sus curiosos mecanismos a las puertas de sus negocios. Entre medias, justo en el punto medio de la línea que los separa, se ha puesto Jesús el pintor con su máquina de echar gota. África, la hija mayor de Daniel, que está a puntito de terminar la carrera de música, les acompañará con su chelo desde una distancia prudencial. El experimento de hoy se llama: Tannhäuser . La noche apresura la impaciencia. Hay murmullos de inquietud, conversaciones a punto de zanjarse y ojos como platos. Tras el gesto convenido, las manos de África rasgan con suavidad el velo nocturno. A Pepe la música le evoca instantes sólo soñados. Como hace siempre que está nervioso, Daniel cruza los dedos y recita a modo de conjuro unos versos de Longfelow . Siempre los mismos. Todo ha adquirido de repente un tono de grave calma. Con una precisa coordinación, las máquinas se ponen en armonioso funcionamiento. Alentadas por la brisa, las virutas copulan con las chispas y ambas retozan entre la celestina textura de la pintura, mezclándose en una comunión incandescente que nos tiene a todos entre atónitos y maravillados. Cómplice de estos movimientos orgiásticos, el viento aumenta o disminuye su fuerza formando con el conjunto un efectista torbellino de color y de luz. He aquí, en suspenso sobre nuestras cabezas, el inicio de la vida, la marabunta de las esencias, la nebulosa que dio origen al barrio. Pienso. Doce espectaculares minutos más tarde termina el experimento. El chelo emite un último sollozo, tras él, un emocionado silencio que se mantiene firme hasta que desde alguna de las ventanas se comienza a quebrar el éxtasis con unos tímidos aplausos. Al instante, todo el barrio despierta y rompe en una sonora ovación. Los artistas salen al centro de la plaza y saludan. Los bravos y los olés no cesan. La gente se abraza, Sonia y Ricardo se besan queriéndose querer, y Germán, desde la puerta de su taberna, anuncia con alejandrinos en la boca, una ronda a cuenta de la casa. Oculto en la penumbra de mi habitación, creo ver como Maribel dirige una última mirada hacia mi ventana. Sonrío.

Raúl ariza
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Nacido en Mérida (Yucatán, 29 de Enero de 1986). Actualmente radica en Mochitlán, Guerrero (desde el año 2003). Actualmente es estudiante de Literatura en la Unidad Académica de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Guerrero. Es miembro de la catarsis literaria “El  Drenaje”, impartida por Adán Echevarria. Miembro de REMES. Participa en el taller Ki´bok de Chilpancingo (Guerrero). Ha participado en talleres impartidos por Rafael Ramírez Heredia, Héctor de Paz, Jorge Lara y José Vicente Anaya. Ha colaborado en diversas publicaciones: “México  Gótico”, en el periódico de Chilpancingo “La  Trinchera”,  “Isla  Negra” (Argentina), “Revista  Remolinos” (Perú) y “Groenlandia”. 

De la anguila ciega, la campanada esférica viscosa red fluvial, flor de ruinas y otras imágenes que derrapan.

La multitud del canto lame el follaje con larvas hechas polvo.

Se funde el paisaje con los muertos. La hiel del horizonte, es parte de la lumbre.

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Viene el fuerte golpe del regazo antropológico. Débil cordura del bicéfalo que eructa la rabia, el alimento de las uñas, la erosión sexual, y la hormiga que lleva el bosque en su espalda.

Crisantemos cromados de hiel, elixir del faisán que llora la tos que alguna vez existió.

- Mi tímpano se divide en siete segundos.-

Tengo el tiempo suficiente para escupir algodones, e inyectarme sábila en la oreja, donde llueve la nube de mis poros. El alacrán burla milésimas de veneno mientras mira las galaxias oculares de la araña; y saborea la humedad perpetua del cenote. con el diente rocoso del murciélago.

Cuatro segundos quedan en el aguijón y mis cabellos se entierran en el cráneo.

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Ahora rompo el follaje de la música, extirpo glándulas y hojarascas de mi ceja.

El potro salvaje cabalga mi hombro Hasta derretir el paladar de la noche. Tres, dos, uno El día comienza cuando la oscuridad bosteza.

Jorge manzanilla
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Escritor, poeta, docente universitario. Reside en Rosario (Santa Fe, República Argentina). Se desempeña como corresponsal especial de la revista internacional de Arte y Literatura Cañasanta (Toronto, Canadá), y columnista de la publicación de Cultura y Arte en RCM (Florida, USA). Colaborador habitual de importantes publicaciones de España, USA, México, etc. Forma parte del REMES, Poetas del Mundo, y de la Sociedad de Escritores y Escritoras Argentinos (SEA). Sus escritos han sido seleccionados y publicados en prestigiosas revistas y antologías literarias internacionales, traduciéndose al inglés, italiano, francés, búlgaro, rumano y portugués. Su primer libro de narrativa breve, “La cita”, fue publicado en el año 2009 por la Editorial Aries. Actualmente, está trabajando en su poemario “Ocultos  tras  la  bruma” y una novela breve, “Un dragón en el acuario”.

No pude controlarme más. Esa noche tenebrosa discutimos acaloradamente, más de la cuenta, y lo confesé sin tapujos ni reparos. Sabía muy bien que la ofendería, se sentiría humillada, bastardeada. Que no lograría superarlo ni perdonarme jamás.

Pero estaba realmente harto. Hastiado. Ya no toleraba sus celos infundados, sus persecuciones dialécticas. Sus falaces acusaciones plagadas de malicia. Que revisara en cada madrugada mi agenda, mi teléfono, mis bolsillos, mis recuerdos, hasta mis sueños por soñar. Siempre tratando de capturarme “in

fraganti”.

Exploté como un volcán incontenible y colocando mi rostro muy cerca del suyo, se lo confesé gritando. Gritando a rienda suelta. Gritando desde lo profundo del alma. Mi esposa irrumpió en llanto, en convulsiones, en reproches entrecortados. Su histriónica histeria se desplegó en chillidos, chirridos, gemidos, pataleos. Se babeaba furiosa cual hiena desorientada, mientras balbuceaba frases como: “Mi madre siempre me previno… que eras

un degenerado… un desgraciado infiel… un pervertido”.

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Me serví un trago, respiré profundo y me senté en el sillón. Sinceramente gozaba contemplando su desquicio. Su andar de fantasma errática. Frenética. Despeinada. Gocé de mi vodka doble, tridestilado, con zumo de naranja y observé el ir y venir por la sala de sus pasos incoherentes, inconexos.

Poco a poco fue recobrando la calma, y se dirigió hacia nuestro cuarto; preparó sus maletas y se marcho en silencio, regalándome un estruendoso portazo, que tronó de maravillas. Se llevó nuestro auto.

Suspiré aún más profundo, feliz, relajado. Me serví otro trago. Resultaba un enorme alivio haberle confesado mi pecado, aquella culpa que me corroía en silencio. Y aquél fue el momento apropiado. La síntesis del éxtasis en el génesis.

Era imposible continuar callando. Ya no podía seguir ocultando, que allá, por el sexto grado, portando mis once años, me enamoré de mi maestra.

Imposible continuar callando.

Gustavo marcelo galliano
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Mariela Loza Nieto (México, 1977). Colaboradora de la sección “Literatura  y  Derechos  Humanos”, de la revista antropológica “Homo  Homini  Sacra  Res” (España). Autora del poemario “Nuestra  América:  el  dolor  pariendo  a  la  esperanza”. Ha publicado en diversas revistas literarias, de España e Hispanoamérica: “Letralia  \  Tierra  de  Letras”,  “Konvergencias  Literatura”,  “La  Hojarasca”,  “Proyecto  Sherezade”,  “Gotas  de  Tinta”,  “Creatora”,  “Sagarana”,  “Ariadna”,  “Arena  y  Cal”,  “Letras”,  “Tántalo”,  “Lapilászuli”,  “Cinosargo”,  “Pliego  Suelto”,  “Palabras  Diversas”, etc. Miembro de REMES y de la Unión Hispanoamericana de Escritores y Poetas del Mundo.

N o con f undi r , s om os poe ta s q ue e s c ri b i mo s de s de l a c lan de st i n i d ad e n q u e vivi mos , n o s om os , pue s, có mo do s e i m pun e s anoni mi sta s , de cara estamos fren te al enemigo . ( Ro q ue Da lt on)

A la montaña me trajo el dolor, el himplar que se extingue de un jaguar, el alarido en la quebrada, los desgarrones de los días, sollozos de niña por el camino, huellas de mujer por las veredas. A la montaña me trajo el dolor, la noche que noche no es, un lamento desbordante en la cañada, la espalda del uyar ztotzok, el rezumar de primavera desterrada. A la montaña me trajo el dolor, el llamado entristecido de la muerte, lontananza menstruando el sufrimiento, arrebatada una sonrisa, la milpa sumida en desolación.

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El dolor me trajo a la montaña, martirizada la luna, destazado el arco iris en la tierra, no llegó el beso del girasol. A la montaña me trajo el dolor, los versos libres despojados al nacer, saqueadas las alas, zarandeado el cuerpo, roto el pincel. Descalza, desnuda, zaherida por la espalda la esperanza. A la montaña me trajo el dolor, buscando el rugido en la mirada, hurgándole a las piedras un retazo de alegría, la ternura que quedó despellejada. Como al desplazado, como la que sufre eterno exilio, como un maldecido lagarto chorreando sangre por los gemidos. Como la mariposa se revuelca en la red del cazador. Así me trajo a la montaña. Me trajo a la montaña el dolor.

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… t an al ta es su digni d ad en l a b ú sq ue d a del t i em p o en q ue flo re z ca l a ti err a por lo s q ue han ido cayen do en que v eng a l a al egría a la va r el suf ri mi ento… ¡Dal e, que la marcha es len ta, pe ro sig ue si endo ma r cha ! (A l í P ri mera)

Tormentosas contracciones, inconcluso el parto, y sin embargo, entre los escombros y la sangría, abre brecha la esperanza: el vientre de la tierra está preñado, y a pesar de los pesares, nacerá como arco iris la alegría.

Mariela loza
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Isaac Contreras (Mexicali, Baja California, 1989). Escritor, poeta y estudiante. Mantiene en la red el blog personal: www.unamenteobsesionadacon.blogspot.com. Tiene poemarios inéditos.

El cuarto lleno de ese espeso humo En la parte superior de este pequeño cuarto Buscando una salida para llegar al cielo, Admiro ese humo y las formas que toma Como trata de huir de este lugar, Y ella se ríe tan fuerte burlándose De ese temeroso humo, sabiendo Que no hay salida, Y fuma su cigarro y arroja mas humo En el cuarto, Divirtiéndose con ello Deleitándose con ese sádico juego, Mientras que el humo Empieza a entrar en pánico Buscando urgentemente una salida, Podría decirle que dejara de molestar al humo Abrir una rendija para que pudiera escapar el humo Pero cuando ríe es tan bella Que dejo a ese humo atrapado Que busque su propia salida Yo también formo parte de este sádico juego.

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Un copo de nieve En mi mano está

Y aún en la oscuridad Es tan blanca Tan, pero tan blanca

Y me pregunto Por qué la nieve Es blanca

Pero antes de obtener Una respuesta

La nieve se funde Ante un inmenso sol Y se pierde Entre mis venas

Y siempre de un inmenso sol Viene una oscuridad Que a veces dura Más de una noche

Y espero aterrado En la oscuridad Volver a ver esa nieve Tan, pero tan blanca Y espero… Y espero…

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Pero dentro de mí Me pregunto si en verdad Algún día volveré A ver esa nieve Tan blanca

Es que llegará Se que llegará Es que debe de llegar

Pero siempre de un Inmenso sol Viene una oscuridad Y con ella una soledad Que mi nombre lleva

Y en esta oscuridad Trato de descifrar El por qué la nieve Es blanca, tan blanca…

Pero a pesar de todo que difícil Es pensar así en soledad Y creo que no saldré De esta oscuridad Porque….

Siempre de un inmenso sol Viene una oscuridad Que a veces dura más De una “simple” noche…

Isaac contreras
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Vitoria, 1983. Escritor y lector de Bukowski, Palahniuk, Puertas, Kerouac, Dovtoieski, Fante, Reverte, entre otros. Colabora en varias páginas, revistas, fanzines y blogs.

Hacía un día de perros, un intenso frío y una densa neblina flotaba suspendida en el ambiente. Aparqué mi coche de un volantazo, invadiendo el carril contrario y frenando a duras penas en un área de descanso situada a pocos metros del pantano de Garcigrande. Coloqué con firmeza el freno de mano hasta que oí el carraspeo progresivo de la palanca. Por fin había llegado; observé a través del cristal del coche unas mesas de picnic con un reducido grupo de familiares almorzando, bebiendo y cantando. - Qué domingueros - pensé. Eran las nueve de la mañana; abrí el maletero del coche y me coloqué mi gorra repleta de moscas de diferentes colores y tamaños. Comencé a sacar mis aparejos para la jornada de pesca: cañas, carretes, sedal, peces artificiales, anzuelos, etcétera. Cargué la mochila a la espalda con las cañas y los carretes mientras sostenía en las manos la caja de aparejos y la silla. - ¡Mirad a aquel hombre, parece un espantapájaros! - gritó un gordo desde el fondo de la mesa mientras los otros reían. Parecía mimetizarse con el paisaje. - ¿Le parece gracioso? - repliqué. - No, tranquilo, discúlpeme. Giré la cabeza con un gesto de desaprobación. - Menudo boquirroto- mascullé. - Que tenga un buen día y si le sobra algo ya sabe... aquí tenemos una barbacoa. - Descuide. Me disponía a bajar por el terraplén de piedras sueltas y matorrales que divide el puente de la presa, cuando empieza a sonar mi teléfono móvil. Fuese quien fuese en ese preciso instante era imposible atender: tendría que esperar. Las piedras tenían unos cantos cortantes y afilados, y a cada pocos pasos, sentía una nueva rozadura a la altura de los tobillos; siempre que llegaba a casa me remangaba las perneras para

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ver las secuelas del día; me producían una sensación de escozor insoportable al absorber el agua oxigenada. Siempre me ha gustado ir solo, sobre todo a pescar. Había llegado a duras penas a mi puesto de faena y comencé a abrir la silla y desenvainar las cañas, comprobé que todo estaba bien: el hilo sin roturas aparentes, las anillas alineadas entre sí... Desde mi posición, no se atisbaba a más de veinte metros en el horizonte. El agua estaba calmada y muy fría. Pensé que los peces estarían en el fondo en aguas más tibias y apacibles, así que plomé la línea mordiendo los pequeños perdigones para sellarlos. Este pantano siempre me había dado ciertas satisfacciones pero jamás había pescado en un día tan gélido. Apretaba los dientes para que no me castañeasen mientras frotaba las manos para entrar en calor. Anzuelé a duras penas un pez artificial simulando una trucha arco iris de pequeño tamaño. La mayoría de pescadores tenemos cierta fe en nuestros señuelos que en más de una ocasión nos han dado abundantes capturas o al menos unas cuantas picadas. Últimamente corría el rumor de que un buzo había avistado una pareja de siluros, particularmente no lo creía. Las especies más abundantes eran el lucio, la carpa, la perca, alguna trucha esquiva y para de contar. Si bien es cierto que de la primera especie se habían obtenido capturas de un peso y talla respetable. Abrí el guiahilos y dejé libre el sedal de la bobina. Apreté ligeramente el filamento sobre el cuerpo de la caña a modo de gatillo y lo lancé con todas mis fuerzas en un movimiento coordinado. La tanza se perdió en la frondosa niebla, llegó lejos puesto que sólo alcancé a ver el chapuzón del engaño hundiéndose. Inicié el movimiento paulatino de recogida con la manivela del carrete haciendo movimientos irregulares; a veces recogía rápido y otras, contaba hasta tres y daba un ligero tirón con la caña para hacer que el señuelo imitara a un pez errante y herido. Iba recogiendo gradualmente cuando vislumbré a unos cinco metros una silueta oscura y alargada que iba siguiendo velozmente el señuelo. Mi corazón empezó a palpitar fuertemente, podía sentir el bombeo. Seguía recogiendo hilo y ya lo tenía cerca de la orilla. - Por todo lo que mas quieras, pica, por el amor de Dios- farfullé. Ahora lo podía apreciar en todo su esplendor, asomaba el lomo ligeramente sobre la superficie del agua mostrando desafiante sus pintas circulares y zigzagueaba con su hermosa cola rojiza emulando a un bailarín. Era un lucio enorme. Cual fue mi sorpresa que teniéndolo a escasos centímetros de mis botas... ¡Zas! Engulló vorazmente el señuelo, emprendiendo una carrera vertiginosa; era una auténtica locomotora, sacaba el hilo de la bobina a un ritmo bestial, los rodamientos zumbaban furiosos. Traté de ajustar el freno pero fue en vano. La caña comenzó a retorcerse. - ¡Hijo de la gran puta! - aullé. El eco retumbó en las paredes rocosas de la presa.

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Oponía cierta fuerza con mi mano sobre la bobina en un intento de frenarla, pero no dio resultado. Nunca había tenido el placer de tener a un pez de ese tamaño peleando al otro lado de la línea.

- ¡Crash! - se rompió el hilo - ¡Esto es increíble, qué desgraciado soy! - grité.
Me sentía abatido: una pieza de ese tamaño y el filamento no pudo resistir. Dejé la caña recostada sobre el suelo y me senté en la silla con las manos apoyadas en la sien. - Esto sólo me podía ocurrir a mí - me lamentaba - ¿Dónde habría ido a parar? Ese bicharraco debía de pesar unos nueve o diez kilos, sin duda. Estuve un largo tiempo meditando el fracaso, miré el reloj, las manecillas marcaban las 12:39. Desistí lanzar una vez más. Me dispuse a recoger mis tratos y aparejos cuando oí que alguien me estaba hablando. - Buenos días señor, ¿cómo le va la pesca? Me giré y lo examiné, era un viejo pescador conocido en la zona, le llamaban “La Grulla”. Era alto y delgado, con un rostro inexpresivo, una barbilla prominente, una nariz puntiaguda y unas piernas esqueléticas acorde a su fisonomía. - Mal, muy mal- afirmé desanimado. - Otro día será - dijo. - Sí, otro día... Pasó por detrás de mí y me quedé atónito; de su espalda se deslizaba una cuerda que mantenía suspendido por las agallas a un gran lucio de cola roja.

Daniel garcía
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Madrid, 1976. Licenciado en Comunicación Audiovisual, actualmente trabaja en el medio televisivo, también como ilustrador y diseñador freelance. Ha aparecido en las antologías “Mañana Luminosa” (Centro de Estudios Poéticos), “Cuentos Selectos  Volumen  VI” (Editorial Jamais) y “El  tamaño  del  tiempo” (Anroart Ediciones). Obtuvo un accésit en el V Certamen de Literatura Aenigma. Ha participado, con sus ilustraciones y textos, en diversas revistas: “Letras  anónimas”,  “Enfocarte”,  “Shiboleth”,  “Ariadna”,  “Gotas  de  tinta”,  “Narradores”,  “Divague”,  “Poesía+Letras”,  etc. En el 2009 publicó el poemario “Fiebres Galantes”, de mano de la distribuidora libre de textos Shiboleth.

Nuevos grados de existencia, nuevas clases de frío. La prosperidad es el desarme, la moral es ahora la recarga adaptándote al lenguaje del nuevo organismo creciente. La belleza era antes la armadura mostrando princesas incluso entre los guardias. La soldadura la derrite, cambiando la temperatura. El frío viste la conducta y las mandíbulas escupen chispas en la fricción dolorosa de las conversaciones, moviendo la estructura simbionte por situaciones prototipo mil veces repetidas por siempre,

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tu futuro de años-luz, tu presente eterno de realidad cibernética, en el que todas las relaciones sean circuitos libremente controlados por la no-inteligencia. La lágrimas no existen o son tornillos como junturas de la cara artificial, mientras pruebas el amplificador con conversaciones hacia el espacio.

Programa de existencia activado.
Acaso la nieve sea la carne pródiga, la única que queda en unos círculos polares imposibles.

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En la ducha eres una muñeca, agachándote y resplandeciendo, la catarata en miniatura del agua cayendo del destello del grifo y haciendo surgir los dorados en tu piel de porcelana, cientos de diamantes que cambian de forma con tus ligeros movimientos. Los ojos cerrados de cristal, largas pestañas negras haciendo sombras chinescas hacia tus mejillas de seda, llenas de extraños torrentes. Tu boca me succiona sin apenas moverse, conceptualizando la humedad en un instante, y las perlas del agua de nuestros cuerpos se mezclan...

Que a veces dura más

Jose ángel conde
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Pepe Pereza (Logroño). Ex – actor, guionista, poeta, escritor y director. Sus relatos han aparecido en diversas revistas y fanzines como  “Narrativas”,  “Lafanzine”,  “Al  otro  lado  del  Espejo”,  “Agitadoras”,  “Cruce  de  Caminos”,  “Groenlandia”, así como en diversos blogs: “Crónicas  para  decorar  un  vacío” (de Xen Rabanal), “Hank  Over  \  Resaca” (Vicente Muñoz Álvarez y Patxi Irutzun), “Esto  no  es  una  película,  amigo” (David González), etc. Ha publicado el libro de relatos “Putas” (Ediciones Groenlandia). En breve, publicará: “Amores  Breves” (Editorial Baile del Sol) Participa en la antología de narrativa groenlandesa. Publicó, hace tiempo, un poemario en una editorial de provincias.

Eran un par de snobs, una pareja de “poetas” maduritos que mantenían una vana conversación mientras tomaban unos Bloody Mary en una terraza de moda. Ambos llevaban gafas de sol (de marca), a pesar de ser de noche. Él se hacía llamar Ataulfo Anilinas y ella La Reina de la Sinrazón. Se creían estupendos por vestirse a la última y por haber sido mencionados unas cuantas veces en las páginas de eventos literarios del diario local. Ataulfo se jactaba de haber publicado una obra de teatro. A su estreno acudieron más de doscientas personas pero antes del descanso sólo quedaron una decena, la mayoría amigos y familiares que no tuvieron más remedio que aguantar hasta el final. Un tremendo bodrio, según la crítica. Por su parte, ella alardeaba de ser la poeta más incisiva y minimalista del planeta. Había escrito varios libros de poemas pero ninguno se había publicado. Quizá ambos tenían cierto talento, pero lo exagerado de su estupidez lo eclipsaba por completo. La conversación discurría tal que así: - Muérdeme entre las piernas si quieres verme llorar – dijo él aspirando exageradamente del pitillo que estaba fumando. - Encontré tus lágrimas escondidas en el cajón de mis compresas – respondió ella, mientras daba manotazos al aire tratando de deshacerse del mosquito que la merodeaba desde hacía un buen rato. - A ambos lados de mis orejas, se extiende el infinito – siguió él, expulsando el humo del cigarro. - Todos los caminos terminan en mi boca.

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- Conserva largas tus uñas si quieres atraparme, lagarta. - Me duele la espalda de tanto follar; decía un castrado a su loro. - Si quieres que te coma el coño, mejor será que lo saques del lodo. - Adivina cuantos pelos hay en mis sobacos y te dejaré entrar. - Estornudé mi pasado en una copa de tinto y salpiqué tu escote con mis pecados. - Cuenta conmigo para lo que no quieras hacer… Cerca de su mesa, pasó una gitanilla de unos cinco años que tarareaba la letra de un anuncio de la tele. Ambos la observaron en silencio y no sin cierta repugnancia. Cuando finalmente la niña se alejó, La Reina de la Sinrazón siguió con el juego y, muy digna, exclamó: Los gases de tu vientre no siempre son la causa de mi desconsuelo. Seamos claros: comerse las palabras no es de hambrientos. El hambre acalla las palabras. Tus palabras se disfrazan de excusas mutiladas. Después de un gatillazo, siempre vienen las excusas.

Hicieron otra larga pausa. Él bebió de su vaso, ella le puso una larga boquilla a un cigarro y le prendió fuego. - ¿Seguimos? – preguntó Ataulfo sin demasiado entusiasmo y más preocupado de mantener una postura elegante que de continuar con el juego. - Regresa con un ramo de cuervos y una receta venenosa tatuada en tu lengua – dijo ella con la voz engolada, a la vez que agitaba las manos tratando de espantar al dichoso mosquito. - Usaré mi lengua como afilado puñal y te chuparé profundamente la garganta – continuó él, quedando muy satisfecho con el resultado de la frase. - Con tus entrañas tejeré una sombría mazmorra y arrojaré tus sueños dentro. - Mis sueños no saben de fronteras. - Mis fronteras no cobijan sueños. - Almorzaré migrañas salteadas y de postre tomaré una idea equivocada. - Escaparé de tus celos y echaré raíces en el viento taciturno de una noche amarga.

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- Escupiré todas tus mentiras y tornaré mis pasos hacia un fértil camino que no sea el tuy… - él no pudo acabar la frase. El mosquito se había posado sobre la mesa y La Reina de la Sinrazón, aprovechando su inmovilidad trató de aplastarlo con un libro del genial David González. Pero no calculó bien y el golpe hizo que las bebidas saltaran por los aires y se derramaran sobre ellos. - ¡Joder, tía!... ¿Pero qué coño haces? – dijo Ataulfo malhumorado. - ¡Oh, no!… Mi chaqueta Coco… Coco Chanel- balbuceó ella, al borde del llanto.

“A veces, la estupidez humana es ilimitada ” - pensó para sus adentros un
abuelo que estaba sentado a la vera de una mesa cercana a la suya y que, desde hacía un buen rato, escuchaba anonadado la absurda conversación de la pareja.

Pepe pereza
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Elena Ortiz Muñiz (México). Licenciada en Ciencias de la Comunicación, egresada en la Universidad Franco-Mexicana. Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES), de la Unión de Escritores Hispanoamericanos y de Escritores Latinoamericanos. Participó en la antología “Mejores  Textos” (2008), editada por el Rincón de los Escritores y en la antología “Iwith” (Bubok, 2009). Sus poemas han aparecido en “Voz  del  Pueblo”,  “Katharsis”, “Revista Cultural Archivos del Sur”, “Arena y Cal”, “El Puro Cuento”, “Ariadna”,  “Artesanías  Literarias”,  “Letras”,  “Tántalo”, etc. Recibió accésit y mención de honor en el I Concurso de Relatos Convocados por la Revista Literaria “Katharsis” y finalista del II Concurso de Microrrelatos para abogados. Actualmente, es subdirectora de la publicación literaria “Molino de Letras”.

La vida es un constante adiós. Un manojo de despedidas en tonos infecundos que van desgarrando el alma, flagelando lentamente el espíritu y poblando la existencia de silencios tan sosegados y dolorosos, que hacen insoportable la recién llegada calma.

La partida inesperada del amigo, una ausencia intolerable, el abandono de un amor, el libro que la foto sepia guarda. La puerta del hogar que se cierra sombría al emigrar. Aplasta, derriba, entristece, derrota...ensordece con su feroz clamor. Más, es inevitable vivir sin ausencias, siempre hay alguien a quien añorar.

Comenzando a andar un pañuelo se agita con dolor, paso a paso a medida que el sendero devora el paisaje conocido, se seca una flor. Al morir, junto al puñado de tierra, el tañer de las campanas en los cenobios participan del duelo y con melancólico repique cantan: Adiós.

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Y preparé la tierra con obcecado tiento, las semillas cayeron, la esperanza crecía como la magia grandiosa de aquel viejo cuento olvidado y añejo en mi lejana infancia.

Entre las grietas, valientes, las rosas brotaron no altivas, no gloriosas, no fecundas, no hermosas. Ojos que, al verlas, de infinito dolor lloraron: manchadas de lodo, pálidas...pero orgullosas.

Resistiendo silenciosas en el barro infértil. Tan valiosa proeza se torna de pronto inútil el suelo seco, vacío, estéril, casi sin vida.

Un grito contenido hace erupción en mi sino no es solo el terreno infértil...¡es la fe perdida!. La inmundicia que rompe la paz del camino.

Elena Ortiz
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Jens Peter Jensen Silva (gallego nacido en Barcelona, en 1970, de padre danés). Estudió Geografía e Historia en Ourense, Ciencias de la Información en la Complutense de Madrid y piano en A Coruña. Músico, pintor, poeta y escritor. Ha realizado diversas exposiciones artísticas – incluyendo recitales de música y poesía - en diferentes lugares de Europa. Ha codirigido y coordinado espectáculos multidisciplinares (que mezclan música, danza, teatro y pintura). Actualmente trabaja en MUSICOPLASTIDRAMA. Zamora, 1979. Licenciado en Historia del Arte y en Documentación por la Universidad de Salamanca. Completó su formación en la Universidad de La Sapienza (Roma) y en el Park College de Leeds (Inglaterra). Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional de España. Ha escrito y dirigido los cortometrajes “Odio” y “Sin  título”; ha colaborado en el diario La Opinión de Zamora y publica regularmente en revistas literarias. En breve, aparecerá en dos antologías. Su blog personal: www.mariocrespo.blogspot.com.   El primer poema que acompaña al óleo del pintor pertenece a Ana Patricia Moya.

La lección que ninguno quiere aprender: para llegar al corazón de una mujer no hay que buscar el acceso por el coño.

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Pones pie a tierra blanda porosa y respiras aire fresco puro sin contaminación urbana que a veces y digo sólo a veces es sana porque en el aire viajan también las influencias novedades experiencias y cosas que aquí en el campo me temo no es posible conocer y por eso vacilas insistes porque en el fondo deseas salir de tu cárcel y respirar el aire contaminado que a mí me sobra

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Palpas con tu mano y no encuentras. No estoy. Aún no me he metido dentro, pero sabes que estoy cerca. Vienes, te sientas a mi lado, me abrazas. No eres consciente de nada. Duermes. Pero me sientes, a tu lado, como siempre. Buenos días, Sigo aquí.

Velpister, mario crespo, ana patricia 93

X i x ó n , A s t u r i a s ( 1 9 7 2 ) . Poeta y escritora. Actualmente, reside en Madrid. Comenzó muy joven a escribir, ha obtenido diversos premios literarios (Primer Premio Relato Corto Escritores Jóvenes José María Franco Delgado, Cádiz, 2006; Segunda Finalista del Certamen de Microrrelatos de la Cadena Ser y Escuela de Escritores en 2006; finalista en el Certamen de Poesía Una Voz en el Abismo, Lima, Perú, 2007; finalista del I Premio de Poesía Fernando Gil Tudela, Murcia, 2008) y ha editado dos libros de poesía: “El  desvestir  del  Pulgar” (Ediciones Vitruvio, 2008) y “Abierta  de  Piernas” (Bohodón Ediciones, 2009). Actualmente, está preparando un libro de poesía erótica (como coautora), una obra de literatura infantil ilustrada y también un taller artístico literario, Little  Becky. Participa en recitales poéticos y tiene su espacio en las Afinidades Electivas. Mantiene el blog: http://www.gotasdelcantabrico.blogspot.com. 

A l dis f ra z de l v eneno .

Un pañuelo encadenado alrededor del cuello Miente No es muro Sino piedra Cuyas ansias por enlazar Se clavan sobre el chamizo

Un pañuelo Sobre el cuello de un judas Una soga En la viga de casa Una palabra En la garganta del muerto

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Me habían puesto a cuatro patas del lado izquierdo y al derecho del revés por arriba por abajo sobre desde encima y tras

Pero lo que nunca habían hecho fue invitarme a un banquete mirando hacia las estrellas como cuando tú me bebes y me comes.

Ada Menéndez
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Óscar Varona es un escritor que nadie piensa que lo sea; un bibliotecario que no se siente como tal; un perdedor… de tiempo que ha publicado un libro de relatos titulado “Trémolo”, un bicho raro que ha publicado algunos relatos en sitios tan dispares como Argentina, Estados Unidos y España; un fumador enfermizo que nació en Madrid hace 36 años y que no ha visto mucho mundo todavía. Ha publicado en Bubok libros de relatos.

Levanto la cabeza de debajo de la toalla, después de haber estado un tiempo prudencial aspirando vapores medicinales que consigan aliviar este catarro que se ha estancado en mi pecho durante semanas. Miro a mí alrededor, observando con desidia las paredes negras de mi habitación y las cuatro puertas que hay en cada una de ellas. Viejas puertas que han aparecido de la nada y sin que me plantee demasiado su existencia. Al menos allí no estaban cuando hundí mi cabeza en la oxidada cacerola donde se cocían las hojas de no sé qué árbol. Es más, cuando veo que un rayo de luz sale de la cerradura de una de ellas, me levanto de la silla desvencijada en la que me he sentado y muevo mi enjuto y desnudo cuerpo hacia allí, pegando el ojo en el frío hierro. Veo. Observo. Veo una habitación que no conozco y en la que nunca antes he estado. Tiene todos los visos de ser una habitación de mujer, pues los adornos que en ella descansan y la luminosidad que encierra así me lo indican. No pasan más de treinta segundos antes de comprobar que no me equivoco. Una mujer en la frontera de los cuarenta, de roja melena y piel blanquecina, entra en la habitación restallando los tacones de sus zapatos contra el suelo. Se la ve cansada, abatida, después de lo que supongo ha sido una dura jornada de trabajo. Oscuras sombras se dibujan debajo de sus ojos, aunque eso no le hace perder un ápice de la belleza que atesora. Mi corazón bombea a toda velocidad, como un motor desbocado, al ver que comienza a desnudarse, a quitarse ese traje-chaqueta negro que dibuja sus formas aunque no las potencia. Cuando se queda en ropa interior, la erección que emerge en mi entrepierna duele tanto que creo que mi pene vaya a estallar de un momento a otro, y cuando esa ropa interior se desliza suave por el aire hasta caer al suelo, no puedo reprimir un gemido que ahogo como puedo entre mis manos, no vaya a ser que me oiga. La mujer se acuesta desnuda en la cama y apaga la luz, quedando mi visión totalmente a oscuras. Me siento en el suelo, temblando de pies a cabeza, atónito y excitado ante lo que mi ojo ha contemplado. Hacía tiempo que no veía un cuerpo femenino desnudo, y menos de tal belleza y cuasi perfección, pues incluso los detalles más imperfectos,

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consigo apreciarlos y excitarme con ellos. Por eso, cuando un nuevo rayo de luz emerge de la cerradura de la puerta situada a mi izquierda, arrastro mis rodillas por el oscuro y sucio linóleo tan deprisa como mis piernas me lo permiten, sin apenas sentir la abrasión que me produce el roce de mi piel contra el suelo. Abro bien el ojo, rebotando en el la claridad que despide el otro lado, y observo en silencio. La misma habitación, la misma mujer, esta vez sentada en la cama y con un vestido distinto al anterior, pero de tonalidades igual de grises. Recoge su pelo en una cola de caballo que cae lacea por su espalda. Mi boca se seca al instante. La mujer parece estar llorando, aunque reprime sus lágrimas como puede. Suspira y se levanta de la cama secándose las escasas lágrimas que han escapado de sus expresivos ojos. Abre el armario y comienza de nuevo a desnudarse, colocando cuidadosamente cada cosa en su sitio, mientras muestra su cuerpo, blanquecino y tentador, sin saber que alguien la observa. Es como una muñeca de porcelana, frágil, en la que el color de su cabello contrasta con la palidez de su piel. Veo esos pechos de medida perfecta, cuyas aureolas se elevan por el frío de su desnudez; ese pubis rojizo como una hoguera en la que me gustaría arder por siempre jamás. Y paseo la lengua por mis labios cortados sin ser consciente de ello. La mujer se mete en la cama, apaga la luz y escucho de nuevo los suspiros y llantos que en mitad de la oscuridad ya no puede reprimir. Otra vez me quedo con un calor abrasante quemando mis venas transparentes y haciendo hervir mis entrañas. Toda imagen que tengo en mi mente es el recuerdo de su cuerpo, su rostro. Entonces, un nuevo hilo de luz sale de la tercera puerta, y no es necesario decir que me vuelvo a dejar las rodillas en el suelo, sin importarme, sin darle mayor importancia, sin dolor, y con el corazón y los pulmones a punto de salir por mi boca. Pego mi ojo irritado en la cerradura. Veo, observo, y apenas me muevo. Y esta vez la escena es totalmente distinta. La mujer está acostada en la cama, durmiendo, supongo, descansando al menos, cuando entra un hombre cuyo rostro no consigo adivinar, pues es como si estuviese difuminado, como si sus rasgos se hubiesen borrado o mi ojo no fuese capaz de verlos, distinguirlos. El hombre se acerca lentamente a la cama, procurando no hacer ruido, mientras su mano empuña un cuchillo de cocina de punta redondeada. Tiemblo ante lo que veo. Me temo lo peor. Entonces, el hombre tapa la boca de la mujer en un movimiento rápido y violento, lo que hace que ésta se despierte asustada, presa del pánico, sin saber qué está ocurriendo, y cuando es consciente de la situación, recibe la primera puñalada en el pecho, haciendo que la sangre roja emerja de un cuerpo que he deseado hasta hace unos segundos. Me aparto de la puerta aterrado, llevándome la mano a la boca, ahogando un alarido que envenena mi garganta. Me levanto del suelo y pese a mi desnudez y una erección que ha bajado casi de inmediato, intento abrir la puerta sin conseguirlo, dando fuertes golpes a la madera, castigando mis pies contra ella, sin obtener ningún resultado positivo. Me dirijo entonces a la cuarta puerta, la cual se abre de inmediato, y corro a través de pasillos oscuros en los que a punto estoy de dejarme el rostro contra las paredes por la escasa visibilidad que hay. Veo

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una luz al fondo y me desplazo tan deprisa como puedo hacia ella, aparcando mis pulmones enfermos en algún momento de la intensa carrera. Cuando traspaso el arco que da directamente a la habitación de la mujer, la luz se incrusta en mi cuerpo. La sangre del suelo, de la que no me percato en un primer momento, hace que resbale de tal forma que caigo al suelo en un estruendoso y violento golpe, dejando mi cuerpo desnudo maltrecho y totalmente manchado de sustancia roja pegajosa. No puedo hacer otra cosa que gritar aterrado, asqueado ante la visión de una habitación cubierta de sangre y un cuerpo, el de la mujer, apenas reconocible por la violencia con la que el hombre se ha ensañado en él. Me levanto como puedo, sin poder evitar resbalar un par de veces más y caer de nuevo al suelo. Y cuando me quiero dar cuenta, observo, con el miedo pinchando en el centro mismo de mi sistema nervioso, cómo alguien me observa a través de la cerradura de la puerta. El ojo desaparece en el mismo momento en el que se da cuenta de que ha sido pillado. Me acerco a la puerta, con el cuerpo temblando, con la mente en blanco, sin saber, sin comprender, y tiro del picaporte, abriéndola de par en par, encontrándome de frente a un policía que me apunta directamente a la cabeza con su arma. Afuera llueve, mientras una multitud curiosa se agolpa para observar mejor qué ha pasado. Levanto los brazos al salir y notar que la lluvia golpea mi cuerpo desnudo, limpiando mi piel ensangrentada, enfriando la fiebre que me atenaza. Entonces, el policía me tira al suelo y coloca uno de sus pies en mi espalda, sin dejar de apuntarme y dispuesto a disparar en cualquier momento, ante cualquier movimiento. Cierro los ojos y apoyo la cabeza en el pavimento mojado, no comprendiendo nada, no sabiendo nada.

óscar varona
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Ana Laguna Mateo (Barcelona, 1969). Comenzó sus estudios de Fotografía a los 19 años, realizó tres años en la Escola Industrial de Barcelona, dentro del Departamento de Estudis Fotografics. Al trasladarse a Londres estudia la Licenciatura en Photographic and Electronic Imaging Science (Universidad de Westminster). Al regresar a su ciudad natal, en el 2001, completó la Licenciatura de Bellas Artes (especialidad en Imagen). Durante años se ha dedicado al reportaje social, a la fotografía publicitaria, retrato, galerías, etc. Ha trabajado para los mayores músicos del Reino Unido.

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100 Ana Laguna

Fernán Núñez (Córdoba, 1970). Diplomada en Educación Especial por la Universidad de Córdoba y habilitada en Educación Infantil por la UNED. Directora adjunta de Revista  de  Feria;  sus versos han aparecido en revistas literarias tales como “Alhucema”,  “Baquiana”,  “Arique” (Cuba), “La  Pájara  Pinta”,  “Caños  Dorados”,  “Pan  de  Trigo”, etc. Ha publicado los libros de poesía “Antes  del  Amor”,  “Zahorí”  y  “Cambalache”. Socia de Honor del Ateneo de Almagro. Segundo premio de poesía en Alfafar (Valencia), por su poemario “Zahira”; en 2007 su obra “Entre  la  Espada  y  tú,  amor”, ganó el V Concurso Nacional de Poesía Caños Dorados. Incluida en la antología de poetas de Fernán Núñez (2006).

La impresión en A3 sonríe todavía quien se congela es mi rostro metido en este Tetrabrik de paredes devuelve mi naturaleza muerta, no, no estoy en donde parezco, este brick es un bodegón sin vino estoy metida.

Ya sé quien eres, no te conozco. ¿Quién rebota en el espejo…?

¿seré yo, maestro?
Me he traicionado. Conmixtión de recuerdos frente a frente. Todo puede ser otra cosa.

101

Cuidado con el terror que no salga de aquí que no ocurra como con el H1N1 lleva con el silencio medias verdades inacabadas soluciones, problemas perfectos. Tocan las ocho, ¿de qué hora son las ocho? Si no vas a venir hoy las ocho de qué día lleno de horas difuntas. Nunca conozco el fin del dolor, si me quito los fantasmas quedo desnuda, en sombra. Quién soy… ¡He dicho: cuidado con el terror! ¡Qué no salga…! Pandemónium.

102

Ella durmió desnuda pero… a quién contarlo que no la tomen por…, las putas duermen desnudas, como yo, - como ella, quise decir -, ellas se desnudan pero no duermen, hay una pequeña diferencia, ellas se van, y ella quedó sin cliente dormida, ambas hicieron bien su trabajo, una sobre todo la que bajaba la mano como una araña sin hilo buscando su sexo y su cuerpo se tensaba como el arco que salvó a Penélope.

María José mures
103

Francisco García Parra (Murcia, 1976). Filólogo. Reside actualmente en Barcelona. Ha publicado cuentos y poemas en diversas revistas literarias de España, Francia, Argentina e Israel. Colabora eventualmente como creativo y fotógrafo en producciones audiovisuales así como con artistas plásticos. Editor de la plataforma digital “Toreteo”, Revista de Inquietudes.

1

Estoy apareciendo, Cielo tardío. Piel, cuerda y huella. Estoy acariciando: Signo, fuerza y danza.

2

Piensa Que mañana la luna Ya será de otros.

3

Es porque te pienso Por lo que no quiero Que te quedes conmigo.

104

4

Libre el verso en la cintura del tiempo.

5

Hay Flujo vaginal Por todas partes.

6

En un agujero de la Luna Inscribí por primera vez Mi nombre. Mientras divagaba Me acordé del Colmenar Y de sus sombras vestidas de Blanco. Sentí Que era el mismo Lugar Donde ya había encontrado al Verbo. Donde estaba lo que yo no podía Exigir Las ventanas abiertas del Rastro.

105

7

Y no puedo seguir estando Unido con el barro.

8

Bailaré por ti Si sigue el silencio De tus pechos en el aire.

9

Sepas que el poema Empieza en tu piel, No en tus ojos.

Fran garcia parra
106

Groenlandia, Revista de Literatura, Opinión y Arte en General número siete (Junio \ Septiembre 2010) Todos los textos e imágenes pertenecen a sus respectivos autores. Todos los contenidos de esta revista, desde el número cero, están protegidos. Junto con esta publicación, se presenta el suplemento de Groenlandia correspondiente. Para su diseño se han utilizado obras de artistas consagrados, que son Paul Strand (página 23), Néstor (30), Richard Estes (41), Brassai (65, 106), H.R Giger (71), Ronald Bowen (43), Hooper (73), Matisse (76), Alyssa Monks (85), Paul Delvaux (88), Bill Brandt (95), Edward Weston (98), Josef Sudek (102103); así como ilustraciones y fotografías de Bárbara López (portada y contraportada), Luís Sevilla (21, 28 y 79), Pablo Morales de los Ríos (58, 63), Velpister (91, 92 y 93), Carmen Guillén (31, 47), Ana Laguna (99 y 100) y Ángel Muñoz Rodríguez (2, 20, 25, 36, 52, 54, 60, 68, 82, 90, 107 y 111). Groenlandia respeta las opiniones de sus colaboradores – las cuales son de su total responsabilidad – y defiende la autoría de sus obras. Groenlandia expresa que, para proteger nuestra cultura, es esencial proteger las ideas originales de sus autores porque las mismas son un trabajo de imaginación y esfuerzo únicos. Groenlandia aboga por la total libertad de expresión sin censuras. Groenlandia es, desde el número cero, una publicación cultural gratuita que no busca lucro. Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de alguno de sus contenidos en cualquier medio.

www.revistagroenlandia.com http://www.scribd.com/RevistaGroenlandia

yosoyperiquillalospalotes@gmail.com tierra.verde.de.hielo@gmail.com revista.groenlandia@gmail.com

DEPÓSITO LEGAL: CO-686-2008 I S S N : 1 9 8 9 -1070 5 74

8L YA DISPONIBLES: La reconstrucción de la memoria (Adolfo Marchena) Poesía

Bocaditos de Realidad (Ana Patricia Moya) Poesía

El Gotero (Luis Amézaga) Aforismos

El agua y las horas (Saúl Ariza) Poesía

Groenlandia edita los primeros poemarios de Eva Márquez y Jens Peter Jensen (Velpister), “Cosas

que nunca te diré” (con prólogo de Begoña
Leonardo, epílogo de Yolanda Sáenz de Tejada y
La conspiración de la sirena (David Morán) Poesía Autorretrato sin óleo (Pablo Morales de los Ríos) Poesía

portada de Aída García Corrales) y “Transeúntes

del Olvido” (prólogo de Vicente Muñoz Álvarez y
epílogo de Alfonso Xen Rabanal, portada de Luisa Fernández). Ya disponible en la Web y en el SCRIBD de Groenlandia.

En preparación: Ya no leo tebeos de Wonderwoman (Ángel Muñoz Rodríguez) Poesía

“La carretera roja”, de David González “Materia Oscura”, de José Ángel Conde “Bocaditos de Realidad” (segunda edición), de Ana Patricia Moya

Putas (Pepe Pereza) Narrativa breve \ Relatos

“Te lo verso a la cara”, de Ada Menéndez “Cuentos de la carne”, de Ana Patricia Moya

108

Recomendable

libro

antológico

que

recoge

poemas

de

cuatro

mujeres, cuatro poetas: Eva Márquez, Ada Menéndez, Yolanda Sáenz de Tejada y Ana Patricia Moya. Con prólogo del gran Andrés Ramón Pérez Blanco. La versión digital de este proyecto poético se puede encontrar en las páginas Webs de sus autoras, en diversos blogs y también en el Scribd de Groenlandia:

http://www.scribd.com/doc/25908612/Poker-de-Reinas-Definitivo-y-Final

109

Recomendable revista de Arte, dirigida por el poeta chileno Daniel Rojas Pachas.

www.cinosargo.cl.kz

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Aguijón del desastre que es el funeral del Hombre El funeral al que nadie irá Sino la peste a la que llaman Hombre La peste de existir Como una sombra sobre la página Como la sombra de mí mismo Eternamente borrada por la página Por la página que cae Como la ceniza del cigarrillo sobre la mano.

(Leopoldo María 111 Panero)

112

Ana Patricia Moya – Rafael Benítez – Rafael Infantes – Bárbara López Mosqueda – Sonia Sainz – Pablo Morales de los Ríos – Saúl Ariza – Verónica Moreno – Ángel M. Remis Saucedo – Carmen Moreno – Ángela María Romero – Mario Jorge Piro – María Teresa Fernández – Angustias Añón Flores - María Carmen Serrano Adolfo Marchena – Michel Pérez Rizzi –

Luna Miguel – José Daniel García – Nacho Montoto – Alejandro Serna – Manuel Guerrero Cabrera – Antonio J. Sánchez – Esperanza García Guerrero – Luis Amézaga – Juan Carlos Hidalgo – Yamila Greco – Jesús Taguas Ruíz – Francisco J. Serrano de la Vega – Carlos Ardohain – Juarma López – Jorge Santana – Omar Elvir – Christian Pérez Bobadilla – Ignacio Tomás – Leticia Vera – David Morán – Andrés Ramón Pérez Blanco – Javier Das – Lilian Bastó – Eva Cabo – Luis M. Hermoza – Carmen Guillén – Luis Sevilla – Juan Pablo Herencia – Daniel Sergio Pardo – Raúl Gaitán – Juan José Romero – Cecilia Gris – Fernando Sánchez Sabido – Javier Ventura Mullor – Gustavo M. Galliano – Silvia Loustau – Ulises Varsovia – Enrique Fuentes Guerra – Salvador Moreno Valencia – Roberto Arévalo Márquez – Jorge Manzanilla – Rebeca Martín Gil – Daniel Rojas Pachas – Teresa Iturriaga – Mauro Morgan – José Ángel Barrueco – David González – Pepe Pereza – Eva Márquez – Gsús Bonilla – Luisa Fernández – Federico Ocaña – Jesús Suárez Fernández – Álvaro Guijarro – Óscar Varona – Aída García Corrales – Enrique Morales – Sergio Pinto Briones – Antonio Huerta – Andrés Portillo – Isaac Contreras – Daniel García – Javier Aguirre – Ángel Muñoz Rodríguez – Milagros Puebla – Begoña Leonardo – Pau Roig – Vicente Muñoz Álvarez – Patxi Irurzun – Adriana Bañares – Marlene Pasini – Rolando Revagliatti – Silvia Rodríguez – Manuel Jubera – Ana Pérez Cañamares – José Ángel Conde – Paz Hernández – Yolanda Sáenz de Tejada – Jorge Heras García – Ana Laguna – Mariela Loza – Elena Ortiz – Ada Menéndez – J. Jorge Sánchez – Gonzalo P. Vilo – Raúl Ariza – Velpister – Mario Crespo – Francisco Parra - Daniel Pulido Ortiz – José Luis Gutiérrez - María José Mures - Raúlo Cáceres – Escandar Algeet – Verónica García – Miriam Palma – Roberto Ferrer…

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