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Homenaje y mi dedicatoria a Mercedes Iribarren Gorostegui, su Esposa y

mi Ama

Mis manos quieren hablar

Son mis manos las que quieren hablar, y pidiéndoles permiso, dicen,
queremos hablar de todo lo que hemos visto, oído y sentido en
nuestra travesía
y queremos hacerlo usando un lápiz, porque estos traen borrador, así
podremos borrar aquello que no sea agradable en esta travesía.

Porque somos nosotras las manos, quienes hemos sentido las manos
de mi Ama y de Aita, en mis primeros años, en la placita Varela de la
hermosa Montevideo, el lenguaje de las manos de mi Aita tomando
las mías. En una fotografía, reflejan un mundo que solo nosotras
entendemos.

Porque somos nosotras las manos, quienes hemos leído y leeremos


muchos libros, pero mi primer libro Leoi Kumea, lo he leído muchas
veces con mis manos, hay libros que se leen con las manos.

Porque somos nosotras las manos, las que hemos sujetado el


manubrio de mi primera bicicleta, con la cual iba orgulloso a el
colegio de Montevideo; somos nosotras, las que nos llevaban y nos
dirijían por las calles, esa libertad que solo la podemos entender
nosotras las manos.

Porque somos nosotras las manos, las que hemos sentido las aguas
del Atlántico que mojaban las barandillas del barco que me llevo a
Barcelona, nosotras tocábamos las gotas saladas, creyéndonos
capitanes de mar, visitando muchos puertos.

Nosotras vimos y nos sorprendimos del Pan de Azúcar, desde su


mirador, y nosotras tocamos los vividos colores de Bahía con sus 365
iglesias.

Porque somos nosotras las manos, quienes tocábamos la tierra del


monte Ulía, en Donosti, cuando hacia excursiones, a veces
escapándome del colegio, y hemos tocado las gotas del mar en la
desembocadura del río Urumea, cuando las galernas golpeaban.

Porque somos nosotras las manos , que hemos dominado las


vibraciones de mi primera motocicleta en Caracas, que se mostraba
con su incipiente crecimiento urbano, a través de sus múltiples
urbanizaciones, mayormente en sus alrededores, creyendo nosotras
descubrir remotas cuevas, nuevos caminos para mí, pero eran viejos
caminos andados y desandados por mulas, que solas, sabían llevar y
regresar con sus cargas ... Todo eso lo palpamos nosotras desde el
manubrio; nosotras tenemos imaginación, guardamos recuerdos y
por eso escribimos, y nos llegaban los diversos aromas que nos
regalaban las casas de campesinos con su cafecito recién colados,
con su molienda de caña en trapiches de altas chimeneas, caminos
salpicados de bodeguitas, sitios de encuentro, de aprovisionamiento y
de las mas exquisitas empanadas de carne molida, con su infaltable
café negrito; a nosotras, las manos, nos gusta escribir de estas cosas
sencillas, pero grandes para quien las sepa entender.

Porque somos nosotras las manos que hemos sujetado el volante de


mi primer jeep en la Gran Sabana, por agrestes caminos de tierra
rojiza de la mas antigua formación geológica de la tierra, fuimos
nosotras quienes tocamos esa tierra y a las que nos invitaron a
tendernos en el suelo en la noche a ver las estrellas en el cielo, el
mas lleno de estrellas, y constelaciones, dicen porque no hay
contaminación en esas vastas sabanas, pero nosotras lo entendimos
de otra manera, la distancia entre las manos y el corazón es muy
corta.

Porque somos nosotras las manos, que hemos visto las densas selvas
de Guatopo, encontrando antiguas haciendas cafetaleras
abandonadas, con sus barracas para peones y con su propia moneda
para la compra de bienes dentro de ellas, en su propia tienda, que
aun conservaba los letreros despintados de lo que vendían, así como
de las estanterías de madera desvencijadas, pero con mucha historia
de las conversaciones, y sueños de aquellas personas, todo eso lo
hemos tocado nosotras, no hay sensación como esa, palpar mas que
tocar, una historia contada por los muros, recubiertos por musgo,
hiedras y raíces de la selva, pareciera que la selva, le quiere dar otra
vida abrazándolo todo.

Porque somos nosotras las manos, que hemos acompañado en


muchos paseos a Aita por los campos de golf de Caracas, entre las
casas mas adineradas, recolectando deliciosos mangos de esos
árboles frutales traídos desde la India, con los que Ama hacia
mermelada, esa mermelada en su sabor, tenía las conversaciones de
Aita conmigo

Porque somos nosotras las manos, que hemos sentido la mano de mi


hijo en paseos desde la calle Iturrama, hasta la parte vieja de
Pamplona, solo nosotras sabemos mantener ese dialogo.

Porque somos nosotras las manos, que hemos visto, conocido,


sentido y enamorado a la mujer que amo, compañera de mi vida en
Caracas, en un lenguaje que solo las manos son capaces de decir,
hacer y entender.

Porque somos nosotras las manos, que acampamos, con la


compañera de mi vida, solos los dos, los 31 de diciembre de cada
año, en los fríos páramos de los Andes de Venezuela, rodeados de
frailejones, envueltos en mantos de la niebla, que todo lo esconde, a
unos 2 grados centígrados; somos nosotras las manos, quienes
padecemos del frío, pero otras manos nos dan cobijo, calor y amor.
Esta sensación recoge una intimidad, que como un lenguaje solo se
puede escuchar en la soledad y silencio de estas montañas.

Mis manos quisieran tocar una obra en un piano imaginario, con sus
88 teclas, con sus combinaciones infinitas, para dar cabida a todo lo
que han visto, leído, sentido y escuchado, es tanto.... que a veces
nosotros las manos, quisiéramos borrar, reducir, pero mi alma no nos
da permiso para borrar, por que ella dice, que es muy fácil
deshacer ... lo difícil, es escribir sobre algo que deje huella.

Y a nosotras las manos, nos gusta al viajar ver, mirar a otra manos,
hemos visto otras manos, las manos de campesinos haciendo a mano
las tejas de barro, sobre sus propias rodillas para darle la forma que
permita que toda el agua de lluvia escurra, sobre los techos.

Y porque nosotras las manos, hemos visto otras manos, las manos de
las doñas de los caseríos y en pequeños pueblos, amasando la masa
de maíz, para hacer las arepas,

Y porque nosotras las manos, hemos visto otras manos, las manos
que ordeñan a las vacas, con un cancionero muy particular para
amansar. En una comunión muy especial, pocos trabajos se pueden
entender o hacer, a mano, si no lo acompañamos de sensibilidad.

Y porque nosotras las manos, hemos visto otras manos, que recogen
las cosechas, solo a mano se puede hacer la recolección de ciertas
cosechas en viñales o en campos de cultivo.

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, tocar el


arpa y el cuatro, acariciando las cuerdas, solo como nosotros
sabemos hacerlo. Nosotras al estar muy cerca del corazón, sabemos
que esa música llega al corazón de aquellas muchachas y
muchachos, que se engalanan en las fiestas patronales de pueblo.

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, las de una
anciana que desde muy niña aprendió a tejer en el telar de la casa
paterna, hecho a mano de madera local, y a cardar, también a mano,
la lana de oveja, tradición y costumbre de muchos años, en un
pueblito de los Andes venezolanos,

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, construir


los bloques de tierra cocida, secados al sol, como en panelas, así
hacen sus casas de muros desde tiempos de sus padres, y estos de
sus padres, el lenguaje del orgullo de hacer sus casas a mano, es lo
que dicen sus rostros, sin necesidad de que ellos nos hablen.

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, recoger los
granos del aromático café, cultivados a mano en frondosas montañas
altas, café de sombra, así lo llaman, luego lo llevan a trillar a mano y
luego lo secan, bajo al ardiente sol, en los techos y patios de sus
casas, esparciéndolos, como queriéndolos barrer con una especie de
pala amplia, todo a mano, No hay cafecito negrito de mas sabor, que
aquel que en humildes fogones de leña, se cuela, con aroma del
amor de las manos que lo cosecharon y cuidaron de él. Ni detalle
mas dulce que el azúcar morena extraída de la caña de azúcar, así la
llaman por su color; cafecito con papelón, así lo ofrecen en humildes
tacitas de peltre.
Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, ofrecernos
cobijo y alojamiento, en humilde casa de campesinos, sin mas interés
que el ofrecer amparo, cobijo y comida, ante un palo de agua, en
plena montaña, que nos dejó varados en el camino, compartiendo en
la cocina la cena que la doña de la casa tenia preparada para ellos,
nosotras, no hemos conocido cena mas deliciosa que aquellas
cachapas hechas a mano, por aquellas manos que podían contar
muchas historias en la dura vida de las montañas, habitadas por
casas con paredes de bahareque, humeantes por sus hornos de leña.
Esas personas no nos conocían, ahora nosotros si conocemos esas
montañas con forma y calor humano.

Y porque somos nosotras las manos, quienes hemos sentido las


manos de Ama y de Aita, que nos acompañaron en nuestra travesia,
desde mis primeros años, en la placita Varela, hasta el momento en
las que ya las manos de Aita no estaban, vimos y sentimos como las
manos de Ama, sufrian, pero con temple, esas manos se dedicaron a
hacer una labor deliciosamente intima en honor y homenaje a su
compañero de toda su vida,

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, las manos
de Ama, acometiendo la extensa labor de recoger, reordenar y
preservar de este modo, y para todos nosotros, todos los articulos de
Aita, no publicados, dispersos en cajones , que de otro modo se
hubieran perdido, lo hizo en forma callada, sin esperar nada, dentro
de su dolor reciente, y encerrada en la bibiolteca de Aita. Nunca
incluyo su nombre o hizo alarde de esa labor, simplemente la hizo,
Ese baul en que ella encerro todo ese material ha servido como
fuente o material para publicaciones de todos nosotros sus hijos.

Y porque nosotras las manos y gracias a otras manos, las manos de


Ama, nos han permitido la Creación del Unico sitio en Internet, que
lleva el nombre de mi Aita, como el mas completo homenaje, e hito,
el cual permite la potencial difusion internacional de su vida y obra,
cerrando un ciclo que comenzo en 1901, siendo, de referencia
completa de su vida y su Obra, totalmente publicada en Internet,
Poesias, Articulos de Prensa, sus Libros, completando asi, y cerrando
todo lo que se habia escrito en libros sobre el y su vida

Y porque nosotras las manos queremos hablar, tomando un lapiz,.y


solo escribir que este homenaje en Internet, lo hemos hecho y
dedicado en homenaje a Ama, sin ella, este sitio en Internet, no
hubiera sido posible.

Y porque nosotras las manos, no hemos tenido que pedir permiso a


mi alma para borrar, No hemos tenido que usar la goma de borrar,
por que ella dice, que es muy fácil deshacer ... lo difícil, es escribir
sobre algo que deje huella.

Y porque nosotras las manos, sabemos que todo lo que se hace con
las manos, es el lenguaje que el alma tiene para hacer las obras del
hombre.

Xabier Iñaki Ametzaga Iribarren

Editorial Xamezaga -2010