LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

Por Rafael De Gasperín Gasperín
Para promover una vida buena con y para el otro, las instituciones deben ser justas Paul Ricouer

La pregunta es obligada ¿porqué hablar de la dignidad de la persona humana en el siglo XXI? ¿Qué ha sucedido con los significados de las palabras dignidad y persona humana que nos exigen volver sobre ellos para entender nuestro quehacer cotidiano? ¿Cómo estamos entendiendo a las instituciones que se exigen hablar de ética? Roberto Adorno, uno de los bioeticistas que más ha ahondado en la idea de la dignidad constata el carácter vago e impreciso de este vocablo, pero afirma que la palabra dignidad puede considerarse como uno de los valores troncales de las sociedades pluralistas[1] aunque no haya consenso sobre el término, al referirnos a la dignidad humana “hablamos de un valor único e incondicional que reconocemos en la existencia de todo individuo independiente de cualquier cualidad accesoria que pudiera corresponderle”[2] la dignidad es desde la identidad de cada ser humano el punto de partida donde cada uno se duele, tanto de sí mismo como del otro. El olvido de la dignidad humana conduce a trágicas consecuencias en el ámbito de la vida social, política, económica y cultural; una de ellas y la más

grave por cierto, es el propio olvido de la persona humana como tal. La dignidad humana dice Noëlle Lenoir “es la fuente de todos los derechos”[3] por ello los antecede y fundamenta, porque si bien podemos hablar de los derechos para todos, solo podemos hablar de la dignidad de cada uno. Es allí en la propia singularidad, intransferibilidad e irrepetibilidad de cada ser humano en donde reside la radicalidad de la condición humana a la que llamamos persona. Ser persona es un acto de digna singularidad. La dificultad de comprensión y uso adecuado de los términos dignidad y persona humana radican entre otras cosas en la escasa transferencia que de los mismos se ha hecho a otras ramas del saber que no sean la filosofía y la teología, y de allí se han derivado, por un lado; las pérdidas de los significados, y por la otra, la inutilidad de los términos en un contexto de pragmatismo y funcionalidad, por ello, entre otras peculiaridades, es por lo que el filósofo francés Alain Finkielkaut describe al siglo XX como el siglo de la pérdida de la dignidad humana o el siglo de la inhumanidad. La dignidad humana está fundada en la idea del alma racional. Esta noción es la que eleva a la condición humana sobre otras condiciones de vida y alza a lo humano sobre otras especies. Por ello, hoy volvemos sobre las nociones básicas, para volvernos a pensar a nosotros mismos, porque esta elevación llevó al hombre a tal suerte de racionalidad que justificaba cualquier acto desde su especie y que

terminó enfrentándolo consigo mismo y ha llevado a la construcción de las llamadas ontologías simétricas que una corriente de pensamiento que desde diversas fuentes y con distintos motivos ha propuesto un des-centramiento del lugar que nuestra peculiaridad humana tiene en nuestros esquemas conceptuales. “Se ha discutido si los griegos tuvieron o no una idea de la persona en cuanto “personalidad humana”. La posición que se adopta al respecto suele ser negativa, pero aunque es cierto que los griegos -especialmente los griegos clásicos- no elaboraron la noción de persona en el mismo sentido que los autores cristianos, se puede presumir que algunos tuvieron algo así como una intuición del hecho del hombre como personalidad que trasciende su ser “parte del cosmos” o “miembros del estado-ciudad” tal podría ser el caso de Sócrates. Además aunque es cierto que el centro de la meditación de los filósofos “helenísticos –estoicos, neoplatónicos, epicúreos, etc.” fue el “mundo” o el “ser” el foco de las discusiones, en muchos casos tal meditación estaba dirigida, conscientemente o no por una antropología filosófica en la cual el hombre disfrutaba de algún modo de alguna “personalidad”[4] es así como a partir de la cultura griega, como un ejemplo más se corrobora lo expresado en Fides et Ratio “es posible reconocer, a pesar del cambio de los tiempos y de los progresos del saber, un núcleo de conocimientos filosóficos cuya presencia es constante en la historia del pensamiento”[5]. Y allí la noción de dignidad humana tiene mucho que aportar. Ferrater Mora señala que “la noción de persona

dentro del pensamiento cristiano fue elaborada - al principio - en términos teológicos y por analogía, con términos o conceptos antropológicos”[6] “Boecio se refirió al sentido de Persona como “máscara”, pero puso de relieve que este sentido es sólo un punto de partida para entender el significado último y proporcionó la definición de persona que fue tomada como base por casi todos los pensadores medievales: Persona est naturae rationalis individua sustancia – la persona es una sustancia individual de naturaleza racional - La persona es una sustancia que existe por derecho propio, sui juris, y es perfectamente incomunicable.”[7] “Santo Tomás trato de la noción de persona en varios lugares de sus obras; (1 sent., 29 1 c. Cont. Gent., III, 110 y 112 y sobre todo, S. Theol., I, q. XXIX.) y recuerda asimismo la definición de Boecio y manifiesta que la individualidad se encuentra, propiamente hablando, en la sustancia que se individualiza por sí misma. Esta intelección abstractiva en la cual se implican el ser y el conocer, puede ser profundamente alterada, como pasa con Occam en el nominalismo, y que hoy en día se observa con afirmaciones tan genéricas como pueden ser “material biológico”. En un abuso nominalista se ha banalizado el sustrato propio de cada ser, esto es, se ha identificado la sustancia con la esencia y toda realidad con los accidentes: Por lo primero, el ser se transforma en una noción vacía que “llena” la razón que se piensa a sí misma; por lo segundo, como los accidentes sólo se muestran en la experiencia

sensible, se funda una especie de fenomenismo empirista: esto ha llevado a la pérdida del ser y, con él, paradójicamente, del singular.[8], esto es de la persona humana. Kant no deja de lado la noción, sino por el contrario habla de “un ser humano dotado de dignidad (Würde) en virtud de su naturaleza racional”[9] y la sitúa en “el corazón de su teoría política y moral”[10] influido por las nociones del estoicismo, el cristianismo y de Rousseau; Kant afirma que el ser humano “debe siempre llevar una vida digna de su situación de ser humano viviente en un universo natural.”[11] Y adjudica a la autonomía humana el lugar de residencia para la dignidad. Peter Kemp sintetiza la propuesta kantiana en torno a la dignidad de la persona de este modo: “La dignidad consiste en reconocer que cada hombre es irremplazable”[12] Por su parte Federico Schiller (1793) en su texto Gracia y dignidad señala: “La naturaleza no tiene que temer ninguna innovación en este su negocio orgánico. Su modo de manifestarse depende de su modo de sentir y querer, es decir, de estados que determina él mismo dentro de su libertad, y no la naturaleza según su necesidad. Si el hombre fuera un mero ser sensible, la naturaleza daría las leyes y a la vez determinaría los casos de la aplicación; de hecho, comparte el mando con la libertad, y a pesar de que sus leyes siguen en vigencia, es, sin embargo, el espíritu quien decide sobre esos casos”[13]. Por ello,”la dignidad es la libertad que confiere el

espíritu, es el dominio sobre los instintos…la dignidad exige y se demuestra en el padecer (phatos) la dignidad es la expresión de la resistencia que el espíritu autónomo ofrece al instinto animal”[14] “Sólo el hombre, entre todos los seres conocidos, tiene, en cuanto persona, el privilegio de intervenir por voluntad suya en la cadena de la necesidad, irrompible para los seres meramente naturales, y hacer partir de sí mismo una serie totalmente nueva de fenómenos. El acto por el cual, lo lleva a cabo, se llama, de preferencia, una acción, y únicamente aquellas de sus realizaciones que resultan de una de esas acciones, se llaman obras suyas. Así, pues, sólo por sus obras puede el hombre demostrar que es una persona”[15]…“Así como la gracia es la expresión de un alma bella, la dignidad lo es de un carácter sublime.”[16]. J. G. Fichte en su texto sobre la dignidad humana menciona: “Cuanto más ser humano se es, tanto más profunda y ampliamente se obra sobre los seres humanos; y lo que conlleva el verdadero sello de la humanidad, jamás será desconocido por el género humano; cada espíritu humano y cada corazón humano se abre a cada derramamiento puro de humanidad…¡Romped la cabaña de paja en la que vives!”[17]. Puesto que lo que dignifica al ser humano es su actuar humano en el mundo. Por ello entenderemos a la dignidad en sus tres dimensiones: - La dignidad ontológica - La dignidad ética - La dignidad teológica

“La dignidad ontológica - dice Adorno – es una cualidad inseparablemente unida al ser mismo del hombre, siendo por tanto la misma para todos”[18] esto hace que sea imposible la reducción de lo propiamente humano a cualquier adjetivo, clasificación o función que se pretenda poner sobre su naturaleza. Por dignidad ontológica el ser no puede ser reducido, sino tiene que ser educido. Educir todo lo que el ser humano es y llevarlo a la máxima expresión de sus capacidades es lo que construye instituciones a la altura de lo que el hombre merece en y para el respeto de su propia dignidad ontológica. La dignidad ontológica es la dignidad del ser. Es la dignidad de la Persona. Por su parte, la dignidad ética es aquella que se refiere al carácter oblativo del ser humano, es la dignidad que se expresa en relación al otro, aquella que partiendo desde el respeto irrestricto a la dignidad ontológica no se entiende sin el otro, sin la dignidad del otro y para la dignidad del otro. Es la dignidad del quehacer, del obrar común, de la relación basada en el diálogo, del acordarnos los unos a los otros lo que cada uno es. Es la dignidad de la decencia –como afirma Gomez Pin – esto es, “la dignidad de la manifestación”[19] La dignidad ética es una dignidad de relaciones, basada en las mismas y que solo se entiende bajo su propio paradigma. Dignidad para la ética aplicada a las profesiones y ética aplicada a las profesiones para la dignidad humana. Por otra parte la dignidad Teológica menciona Kart Rahner -teólogo alemán- consiste en que “dentro

de una comunidad diferenciada, dentro de una historia espacio-temporal, este hombre, conociéndose espiritual y orientándose libremente hacía la inmediata comunidad personal con el Dios infinito puede y debe abrirse al amor”[20] Esta dignidad sólo se hace posible en y desde la apertura al amor. No sólo basta ser hijo de Eneas e Iris y ser educado como médico por Diódoro en el culto al “Dios desconocido”… La dignidad teológica pueda dar nombre a ese Dios y sentido al hombre para ser testimonio de acogida, escucha, comprensión, confort, consejo consuelo; es decir compañía y ayuda. Esto sólo será posible en, desde y para la Persona humana Parafraseando una célebre frase de Malraux, podemos afirmar que “el hombre del siglo XXI conquista su dignidad o fatalmente pierde su humanidad”[21], “así lo confiesan – también – los mejores antropólogos del siglo XX. Max Scheler y Martín Heidegger, no tienen rubor en afirmar que nunca supimos tantas cosas sobre el hombre como sabemos ahora merced a las ciencias del hombre, pero la verdad es que nunca el hombre ha ignorado, como en nuestro siglo XXI, lo que en verdad es el ser humano”.[22] Hoy en día, la existencia de un Estado de Derecho implica en los ciudadanos y, más aún, en la clase dirigente el convencimiento de que la libertad no puede estar desvinculada de la búsqueda y respeto de la dignidad humana. Las evidencias actuales muestran como “La antropología moderna, encerrada en el estrecho recinto de la inmanencia, es capaz de plantear el problema, pero no tiene capacidad de resolverlo.

Quizá esta impotencia de la moderna subjetividad, es la que traumatiza de tantos modos nuestra cultura. El Aquinate advertía ya en su tiempo la angustia profunda de los grandes ingenios a no tener una clave para solución de los problemas.”[23] Esto ha sido “consecuencia de que algunos científicos, carentes de toda referencia ética, tienen el peligro de no poner ya en el centro de su interés la persona y la globalidad de su vida.”[24] “En la Cultura actual, el hombre ha dejado el camino de la libertad responsable o de la virtud y por ello no logra madurar en su realidad humana. La gran tarea de la promoción, en el alba del tercer milenio, es, sobre todo de índole ética, la cual refluye en todas las demás actividades y dinamismo del hombre en cuanto hombre.”[25] Entre ellas la salud del propio ser humano. La dignidad es inherente al hombre y es al mismo tiempo una difícil conquista, un auténtico reto que el ser humano no puede dejar sin respuesta. El tema de la dignidad es el tema del futuro del hombre. Ahora bien ¿Qué hace la dignidad humana en las Instituciones? y ¿cómo estamos entendiendo a las instituciones que se exigen hablar de ética? Paul Ricouer define a las Instituciones como “el vivir juntos en una comunidad histórica”[26] y ello es lo que nos tiene reunidos el día de hoy…el hecho de vivir unos con otros en una misma comunidad. Lo que buscamos en el contexto de la ciudad del

conocimiento es el acuerdo mediante contratos. Mismos que acordados y consensuados por las partes sean generadores de nuevas y mejores condiciones de justicia, porque “la justicia – dice Ricoueur - es más extensa que el cara a cara”[27] por esto hoy se deben aproximar las relaciones hasta este ámbito en donde “la intencionalidad ética es la intencionalidad de la vida buena con y para otro en instituciones justas”[28] No pongamos en los fines la manipulación de lo medios que terminen favoreciendo intereses personales y de grupo, ya que, eso atasca la norma, rompe el contrato y hace que la ética tenga que poner a la dignidad como centro de discusión en los foros científicos.

Fuente: Ponencia leída en el Primer Simposium Internacional de Ética en Instituciones de Salud Monterrey, Nuevo León. Mayo 2006.

[1] Francesc, Torralba. Dignidad humana. p.53 [2] Francesc, Torralba. Dignidad humana. p54

[3] Lenoir B Mathieu, Lae normes internacionales de la bioétique, PUF, París, 1998, p.110 [4] Mora, Ferrater, Diccionario de Filososfía.p.2550
[5] K, Woytila, Fides et Ratio

[6] Mora, Ferrater. Diccionario de Filosofía.p.2551 [7] Mora Ferrater. Diccionario de Filosofía.p.2552 [8] Caturelli, Alberto. La metafísica en el pensamiento occidental. p.50

[9] Cf. I. Kant. Fundamento del la metafísica de las costumbres, II Ak. IV, 434-435 [10] Francesc, Torralba. Dignidad humana. p.69 [11] Francesc, Torralba. Dignidad humana. p.69 [12] P. Kemp, L´irremplacable, Le Cerf, París, 1991, p.33 [13] F. Schiller. De la gracia y la dignidad. p.22 [14] Francesc, Torralba. Dignidad humana. p.78 [15] F. Schiller. De la gracia y la dignidad. p.39 [16] F. Schiller. De la gracia y la dignidad. p.67 [17] J. G. Fichte Acerca de la dignidad del ser humano p.2 [18] Francesc, Torralba. Dignidad humana [19] V. Gomez Pin, La dignidad, p.30 [20] K. Rahner, Escritos de teología II.p.248
[21] Lobato, Abelardo.O.P. La promoción de la dignidad humana .p.1 [22] Lobato, Abelardo. O.P. La promoción de la dignidad humana. p.8 [23] Lobato, Abelardo.O.P. La promoción de la dignidad humana.p.9 [24] K.Woytila. Fides Et Ratio (46) [25] Lobato, Abelardo.O.P. La promoción de la dignidad humana.p.21 [26] Ricoeur. Sí mismo como otro.p.202 [27] Ricoeur. Sí mismo como otro.p.202 [28] Ricoeur. Sí mismo como otro.p.176

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