Daniel Medvedov


ES S
l

entido

ecreto del

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Madrid
2010/2015

F

útbol

El fútbol es un juego secreto y como todo secreto, tiene su sentido privado al cual
accedemos a través del Internet antes de Cristo, - ello es la meditación contemplativa de
los números, de los ciclos, de las reglas, de los trayectos y de las figuras lúdicas que
proponen espontáneamente los jugadores. No estoy diciendo nada nuevo, pues todos los
juegos ostentan la categoría simbólica de juegos solares. En todos estos juegos de pelota,
el balón es el Sol, y las puertas son los puntos equinocciales. Los mayas tenian un juego
parecido, pero tocaban a la pelota con la cadera y el anillo era vertical, situado en el
mundo sagital.
Pero al decir Sol, estamos hablando del Ser.

¿Quién otro más que el Ser, tan zarandeado, tan golpeado, tan tirado? En el espacio ya no
se trata de un tablero, como en ajedrez, - estamos en un terreno de juego. Pero lo más
interesante es el juego numérico de los jugadores. Ya tenemos noticia, desde los antiguos,
de que el número 22 representa a los “arcanos mayores”, vale decir a los grandes
misterios.
En realidad, el juego entero es la representación teatral de lo que ocurre en la vida
– un partido de dos tiempos – pues se trata de la juventud y de la vejez, - en una sola
persona, en un único individuo. En las gradas están los seres visinvisibles, prácticamente
todos aquellos que han muerto, nuestros fantasmas. ¡Cómo disfrutan!
La clave es el número veinte, cada uno de los dedos del cuerpo y los dos porteros
representan, cada uno, los dos mundos de la mano y del pie. El hecho de que la pelota –
el Ser – sólo se puede tocar con los pies y no con las manos, significa algo parecido a lo
que quiere decir la imagen de Cristo (El Ser) lavando los pies de los discípulos.
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El mar es mar hasta la orilla. El Ser está presente hasta en los pies, no solo en la cabeza.
Mejor dicho los pies están “dentro del Ser, no es el Ser quien está dentro del Cuerpo sino
el Cuerpo dentro del Ser, que es como una esfera de luz. Por otra parte, el tiempo de 90
minutos representa los 9 meses de gestación.
Y por tanto, cada vez que presenciamos un partido de fútbol somos espectadores
de un drama existencial.

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