DIAGNÓSTICO EN REHABILITACIÓN DE EDIFICIOS

El diagnóstico de edificios

ÍNDICE
3 EL DIAGNÓSTICO DE EDIFICIOS............................................................. 3
3.1 DIAGNÓSTICO CONSTRUCTIVO .....................................................................................4 3.1.1 Caracterización constructiva .................................................................................................4 3.1.2 Estudio patológico................................................................................................................5 3.2 ESTUDIO DE LESIONES......................................................................................................6 3.2.1 Lesiones físicas ....................................................................................................................7 3.2.2 Lesiones mecánicas............................................................................................................10 3.2.3 Lesiones químicas ..............................................................................................................14 3.3 TOMA DE DATOS...............................................................................................................17 3.3.1 Identificación .....................................................................................................................17 3.3.2 Datos constructivos ............................................................................................................18 3.3.3 Datos históricos. Estudios documentales, artísticos, arqueológicos y arqueométricos ...........19 3.3.3.1 Edificios sin interés histórico.....................................................................................19 3.3.3.2 Edificios Históricos ...................................................................................................20 3.3.4 Datos ambientales ..............................................................................................................21 3.3.5 Datos específicos................................................................................................................24 3.3.5.1 Toma de datos en lesiones físicas...............................................................................24 3.3.5.2 Toma de datos en lesiones mecánicas ........................................................................26 3.3.5.3 Toma de datos en lesiones químicas...........................................................................28 3.4 3.5 IDENTIFICACIÓN DE CAUSAS........................................................................................30 EL DIAGNÓSTICO PROPIAMENTE DICHO ..................................................................32

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3 EL DIAGNÓSTICO DE EDIFICIOS
Podemos definir el diagnóstico como “el estudio de un edificio, o de una parte del mismo, que se realiza para identificar su realidad constructiva, junto con los procesos patológicos que haya sufrido, así como las lesiones consiguientes, sus causas y su evolución, además de evaluar su funcionalidad y sus valores históricos y artísticos, y todo ello con vistas a intervenir en él para conservarlo (repararlo y rehabilitarlo) además de restaurar sus valores culturales”. De hecho, todo edificio presenta unas características arquitectónicas (constructivas, funcionales y estéticas) que le son propias, adaptadas al fin para el que ha sido proyectado y realizado; son lo que hemos llamado la funcionalidad constructiva del edificio. Esas características suelen sufrir un proceso de modificación con el paso del tiempo, generado por diferentes agentes (acciones externas) proceso que se inicia desde el mismo momento en que finaliza su construcción. En este sentido la conservación tiene como objetivo básico el preservar las características originales del edificio, lo que, dada la existencia de ese proceso de deterioro o alteración inevitable, exige, en determinados momentos de su vida, la intervención en el mismo para restablecerlas. En cualquier caso, el objetivo de toda intervención es la conservación del bien inmueble, con sus características originales o mejoradas, lo que implica, en cada caso, y según lo comentado más arriba, su reparación global o puntual, su rehabilitación, para recuperar, mejorar o variar su funcionalidad, y finalmente, la restauración de sus valores históricos o artísticos.

Por otra parte, toda intervención sobre el patrimonio construido debe sustentarse en unos estudios previos de indagación diagnóstica (diagnóstico) desde el análisis histórico hasta el estudio funcional, pasando por el escrutinio de los procesos patológicos que le han sobrevenido, con la identificación puntual de las lesiones consiguientes y las causas del deterioro, hasta los aspectos medioambientales que inciden en su conservación y mantenimiento. Estos estudios previos constituyen la fase del conocimiento preliminar, anterior a la intervención, y su importancia radica en la necesidad de considerar el edificio y su entorno como un sistema integral, en el que interactúan diversas acciones. Por lo tanto, el conocimiento del estado actual de un edificio y de sus deficiencias requiere el estudio de: las actuaciones realizadas desde el inicio de su construcción y a lo largo de su existencia, sobre el mismo y su entorno, los distintos tipos de materiales y la compatibilidad entre ellos, según se trate de cerámica, piedra, madera, acero, morteros, etc., los productos fabricados in situ o industriales, los agentes externos de distinta naturaleza, biológicos, físico-químicos, medioambientales, etc. que han puesto en acción los distintos procesos patológicos, y la localización espacio-temporal de las lesiones en los distintos sistemas constructivos y partes del edificio.

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Asimismo, un diagnóstico correcto requiere el uso de los métodos instrumentales de auscultación y de monitorización para caracterizar los materiales y sistemas, y cuantificar los daños. Por otra parte, cuando se trate de bienes de relevante significado histórico, cultural, documental o paisajístico, el estudio deberá completarse con los aspectos históricos, de forma que conduzca a un diagnóstico que permita adoptar una intervención responsable. En definitiva, el resultado de estos estudios previos de diagnóstico del edificio será la base sobre la que se sustente la naturaleza y alcance de la intervención a acometer. A partir de los mismos se estará en situación de recomendar el estudio y aplicación de los materiales y técnicas adecuadas en las actuaciones de reparación, rehabilitación, restauración y mantenimiento, con la finalidad de asegurar la detención de los procesos de deterioro o su reversibilidad. Para un análisis más detallado, podemos distinguir entre dos tipos de estudios previos para el diagnóstico, a saber, - estudios técnicos (diagnóstico constructivo) - estudios históricos (diagnóstico cultural)

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DIAGNÓSTICO CONSTRUCTIVO

Para un correcto diagnóstico constructivo, debemos llevar a cabo dos fases claras: Caracterización constructiva del edificio y sus partes. Estudio patológico del mismo.

3.1.1 Caracterización constructiva
Tiene como objetivo principal conocer técnicamente el edificio y cada uno de sus elementos constructivos en su estado actual, para saber su funcionalidad constructiva real, es decir, su integridad ante las acciones externas previstas, su funcionalidad para el uso al que vaya a ser destinado y la permanencia de sus valores culturales. Para ello, son necesarios, por lo menos, los siguientes pasos: descripción de los materiales, técnicas y sistemas constructivos del edificio que va a ser objeto del diagnóstico, de la forma más completa posible, abarcando los distintos sistemas y elementos que lo componen, descripción del entorno y ambiente en que se encuentra el edificio, descripción de los antecedentes constructivos del edificio.

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En cada uno de dichos pasos se pueden establecer unos condicionantes mínimos, a saber: Materiales, técnicas y sistemas constructivos; en cada uno de ellos, y con carácter general, se deberían indicar los siguientes aspectos: criterio estimado de diseño en su concepción, planos explicativos (plantas, alzados y secciones)

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elementos y unidades constructivas que componen los distintos sistemas, materiales constitutivos, detalles constructivos más representativos, estado general de conservación, que se completará con el estudio patológico, - normativa aplicable en el momento de la construcción, - fotos ilustrativas de todo lo anterior. Naturalmente, si existe documentación técnica (proyecto de ejecución) se puede aprovechar el mismo, incluso aportarlo, indicando las variaciones de obra sobre el mismo. Si no existe, no habrá más remedio que dibujar los planos y detalles necesarios para un correcto entendimiento de la situación. Entorno y ambiente en el que se encuentra el edificio; se deberá describir con el objeto de analizar su influencia (acciones externas) en el estado constructivo anterior, así como en el previsto, analizando los siguientes aspectos: geográficos (rural, urbano, edificaciones, parque, etc.) climáticos (temperatura, humedad, lluvia, etc.) contaminación (atmosférica, acústica, etc.).

Antecedentes constructivos del edificio, que deberán estar coordinados con los estudios históricos que se describen más adelante en función del valor cultural del edificio, y donde se deberán incluir si cabe, los siguientes datos: fechas de la construcción, modificaciones del edificio y su entorno, cambios de uso.

3.1.2 Estudio patológico
Sea cual sea la necesidad de intervención que se plantee en un edificio y el alcance de la misma, dicha intervención afecta a un objeto físico que habrá sufrido un envejecimiento y deterioro más o menos acusado, que puede haberse producido por: Falta del adecuado mantenimiento, ya sea de elementos constructivos o de las instalaciones. Reparaciones incorrectas, bien por limitarse a eliminar la lesión sin atacar la causa, bien por el uso de materiales de reparación incompatibles con los originales existentes. Adaptación a nuevos usos que resultan incompatibles con la estructura o las condiciones constructivas. Causas accidentales (sismos, incendios, etc.).

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Por ello, resulta obvio que cualquier intervención ha de ir precedida de un estudio patológico, entendido como un análisis exhaustivo de los procesos patológicos con objeto de alcanzar el diagnóstico que permita proceder a la reparación de los elementos afectados. En este sentido, podemos establecer los siguientes pasos y condiciones generales necesarias para un correcto estudio patológico, a saber:

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Estudio de las lesiones y su tipología, lo que se desarrolla con cierto pormenor en el siguiente capítulo. Toma de datos, lo que requerirá el análisis de la documentación técnica existente o generada en los trabajos de caracterización, además de una serie de estudios “in situ”, desde un simple examen visual, hasta la realización de ensayos o la aplicación de técnicas experimentales específicas para cada caso. Identificación de las causas que provocan los procesos patológicos y sus variables, a partir del análisis de los datos del apartado anterior, y teniendo en cuenta el tipo de lesión de que se trate. Ello nos permitirá confirmar o descartar las hipótesis previas y, en su caso, establecer otras nuevas para, finalmente, evaluar la situación de la unidad constructiva estudiada y prever su comportamiento futuro.

Y todo ello con el objeto de alcanzar un correcto diagnóstico, que nos permita asegurar una correcta intervención, teniendo en cuenta la triple variante mencionada de reparación constructiva, rehabilitación funcional y restauración cultural. Podemos resumir esos objetivos del diagnóstico en el siguiente cuadro: Diagnóstico arquitectónico
ESTUDIO HISTÓRICO/ ARTÍSTICO FUNCIONAL DATOS Valor histórico/artístico Modificaciones Estilos Entorno Usos históricos Uso actual Lesiones Materiales y sistemas Causas PROPUESTA Restauración Conservación Demolición Rehabilitación Recuperación uso Nuevo uso Reparación Sustitución Protección

CONSTRUCTIVO

3.2 ESTUDIO DE LESIONES
Para entender mejor los diversos tipos de lesiones que pueden aparecer en un edificio, creo necesario hacer un repaso sobre su tipología, con un breve análisis de los aspectos más importantes en cada uno de ellos. Esto nos permitirá la identificación de los mismos en nuestros estudios, lo que resulta fundamental como punto de partida en cualquier estudio patológico, además de ayudarnos a orientar mejor la toma de datos y la instrumentación del edificio en general. Para ello, los procesos patológicos que expresan la vulnerabilidad, y las lesiones consiguientes, pueden agruparse en las tres familias mencionadas en el siguiente cuadro, lo que nos permite: entender el carácter del proceso, orientar la toma de datos, y dar una pauta del tipo de técnicas de intervención más adecuadas:

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Cabe advertir de que dichas familias se corresponden con las indicadas para las acciones externas, lo que tiene sentido toda vez que éstas son las que suelen iniciar los procesos patológicos a partir de las deficiencias de los materiales y elementos. Por otra parte, es también importante indicar que, normalmente, los procesos patológicos no se presentan aislados, sino varios juntos, a veces sin una relación directa de unos con otros, pero normalmente con interdependencia, siendo unos “primarios” (aparecen en primer lugar) y otros “secundarios” (aparecen como consecuencia de los anteriores y dependen de ellos). Cuadro general de lesiones
FAMILIA FÍSICAS LESIÓN Humedades Suciedad Erosión Deformaciones Grietas Fisuras Desprendimientos Erosión Eflorescencias Oxidación-Corrosión Organismos Erosión

MECÁNICAS

QUÍMICAS

Veamos las distintas variantes para cada una de esas familias de lesiones.

3.2.1 Lesiones físicas
Aquellas que son consecuencia de un proceso marcado por leyes físicas, que se inician a partir de acciones físicas como consecuencia de la vulnerabilidad física del material o elemento, y que afectan, sobre todo, a las características físicas de los mismos. Las más importantes son: Humedades; como presencia de agua líquida en algún elemento constructivo donde no estaba prevista, con diferentes tipos según su origen: De obra, en materiales porosos que se han colocado en obra aportando agua líquida al proceso (obras húmedas) como hormigón, fábrica de ladrillo, tendido de yeso, enfoscados, etc., y que no han podido alcanzar la humedad de equilibrio antes de aplicarse el acabado superficial. Ello suele provocar la acumulación de vapor de agua en la interfase entre acabado y soporte cuando el material intenta “respirar” sacando dicho vapor hacia el exterior, que acaba condensándose y provocando manchas generalizadas de humedad, incluso con eflorescencias y mohos. Capilar, en el arranque de muros de fachada y tabiquería, como consecuencia del ascenso por succión (fenómeno capilar) del agua contenida en el terreno que está en contacto. En realidad se asemeja al caso anterior ya que el agua ascendente está intentando alcanzar el exterior en un proceso de “transpiración” para lograr la humedad de equilibrio entre el suelo y el ambiente, y lo tiene que hacer a través del edificio que tiene encima. Las manchas que aparecen se asemejan a “nubes” que arrancan desde el suelo con mayor o menor continuidad en

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horizontal, en función de la uniformidad del muro por la que ascienden. La altura que alcancen dependerá de varios factores, entre los cuales los más importantes son la cantidad de agua que contenga el suelo, la capacidad de succión del material y la permeabilidad al vapor de agua de la cara exterior del muro afectado, de tal manera que si es poco permeable, la humedad sigue ascendiendo hasta poder salir al exterior. Las manchas suelen acompañarse también de eflorescencias y de erosiones físicas. De filtración, como agua de lluvia que entra a través de fachadas y cubiertas por distintas vías, a saber, por la estructura porosa de los materiales constitutivos del cerramiento, por las juntas constructivas entre distintos elementos y materiales, por las posibles roturas de los cerramientos (grietas) o de los acabados (fisuras) por las juntas de dilatación mal selladas, y por las uniones practicables de carpinterías de ventana. El riesgo es mayor en planos horizontales sobresalientes de la fachada (balcones, terrazas, molduras, cornisas, etc.) sobre todo en el encuentro de dichos planos con los verticales de la misma fachada, y en los sistemas de drenaje en cubiertas, es decir, canalones, sumideros y bajantes. Las manchas de humedad aparecen, tanto en el exterior como en el interior; en el exterior cuando la filtración no profundiza, pero se distribuye de forma paralela al plano de fachada, y en el interior cuando sí lo hace por la existencia de grietas o juntas de dilatación en mal estado. En el primer caso, pueden aparecer las manchas junto con eflorescencias, y provocar además erosiones físicas. En el segundo caso, la mancha por el interior no tiene por qué aparecer en la misma situación por la que entra, sobre todo en cubiertas, debido a las distintas capas o elementos constructivos que constituyen el cerramiento. De condensación, como consecuencia de alcanzar la temperatura de rocío el vapor de agua que transita a través de fachadas y cubiertas, desplazándose desde los locales donde se produce hacia el exterior, más ventilado. Depende, pues, de la cantidad de vapor de agua y de la impermeabilidad de los cerramientos. Caben dos situaciones tipo donde duele producirse la condensación, lo que da origen a dos lesiones claramente diferenciadas: condensación superficial interior, cuando se produce en la cara interior del cerramiento; supone que la presión de vapor es muy alta en el interior (baños, cocinas) y en cuanto se tropieza con la cara interior del cerramiento su concentración aumenta, mayor cuanto más impermeable es dicha cara, alcanzando la temperatura de rocío, produciendo manchas interiores de humedad, que facilitan la presencia de colonias de mohos, y

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condensación intersticial, cuando se produce dentro del espesor del cerramiento, especialmente en la cara fría de la capa de aislante, cuando se trata de un cerramiento multi-hoja; el vapor de agua que alcanza esta cara se puede encontrar con una temperatura estructural suficientemente baja como para condensarse; entonces las gotas de agua tienden a seguir su camino hacia el exterior provocando manchas con posibles eflorescencias y erosiones físicas, coincidiendo con las áreas donde se produce la condensación. En ambos casos las manchas aparecen en los puntos donde se produce la condensación, lo que suele coincidir con puentes térmicos, normalmente -

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lineales, provocados por la presencia de elementos estructurales que interrumpen las planchas aislantes. Accidentales, por rotura de tuberías incorporadas en cerramientos, que facilitan la salida del agua que contienen, empapando los materiales porosos que encuentran alrededor. Las roturas se suelen producir, bien por acciones mecánicas sobre las tuberías (tracción, cortante o punzonamiento) o como consecuencia de la corrosión de las mismas, y producen manchas de tipo circular alrededor del punto de rotura, lo que las hace fácilmente identificables. Aparecen tanto por el exterior como por el interior, y pueden ir acompañadas de eflorescencias y de erosiones físicas en el primer caso.

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Suciedad; en fachadas urbanas con materiales porosos, que reciben las partículas ensuciantes en suspensión en el aire, como consecuencia de la contaminación ambiental. En función de la forma de llevarse a cabo ese depósito, podemos diferenciar dos tipos de ensuciamiento: Por depósito, debido al “depósito” de las partículas ensuciantes en la superficie de las fachadas en zonas poco expuestas, bien por simple gravedad, o por efectos foréticos. Es más intensa cuanto menos expuesta al agua y al viento está la parte de la fachada en cuestión (arranque de fachada, debajo de elementos volados, etc.) y cuanto más rugosa y porosa es la textura superficial (revocos, ladrillo, piedra no pulida etc.). También es más notoria la suciedad cuanto más claro es el color de la fachada. Por lavado diferencial, como consecuencia de procesos espontáneos de lavado en zonas previamente sucias, por falta de control de la escorrentía del agua. De hecho, las partículas sucias depositadas en la superficie pueden ser succionadas por la estructura porosa superficial, incrustándose en el propio material, o ser arrastradas por la escorrentía del agua de lluvia hacia abajo. En el primer caso, la suciedad pasa de un simple depósito superficial a un depósito permanente. En el segundo, la escorrentía es capaz, incluso, de extraer las partículas sucias de los poros superficiales (más fácilmente cuanto más fuerte es dicha escorrentía) y marcar unos “churretones limpios” que destacan sobre el resto sucio del paño. Estos efectos aparecen, sobre todo, en los cambios de plano de la fachada sin interrupción (goterón) pasando de horizontal o inclinado hacia arriba, a vertical o, incluso, inclinado hacia abajo, sin un control de la escorrentía que haga que el agua salga despedida hacia fuera sino que, por el contrario, siga bajando adherida a la fachada aunque de forma irregular, marcando esos “churretones”.

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Erosión física (erosión meteorológica); que es consecuencia de la acción de los agentes atmosféricos, en fachadas y cubiertas, especialmente en las partes más expuestas de las mismas (cornisas, esquinas, molduras, balcones, etc.). En efecto, la presencia de agua en el interior de los poros superficiales del material facilita su destrucción (erosión) en el momento en que baja la temperatura lo suficiente como para que se convierta en hielo, dilatando un 9% y desmenuzando el material. El agua en cuestión puede aparecer como consecuencia de cualquiera de los tipos de humedad mencionados, por lo que esta lesión es siempre “secundaria”, es decir, consecuencia de una humedad previa o simultánea. Por otra parte, la lesión aparece principalmente en materiales porosos denominados “heladizos”, es decir, con una estructura porosa superficial de tipo capilar y con gran capacidad de succión, lo que hace que cuando entra el agua en esos poros superficiales, los colmata, y al dilatar

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por la helada, los rompe; por el contrario, si se tratase de poros alveolares, el agua infiltrada no llega a colmatarlos, y al dilatar por la helada no los llega a romper. Todas esas variantes de lesiones físicas quedan resumidas en el siguiente cuadro: Lesiones físicas
LESIÓN TIPO De obra Capilar De filtración De condensación Accidental Por depósito Por lavado diferencial Meteorológica

HUMEDAD

SUCIEDAD EROSIÓN

3.2.2 Lesiones mecánicas
Aparecen como consecuencia de procesos mecánicos, a partir de fuerzas externas o internas de cualquiera de los tipos indicados en 1.2.2., es decir, estructurales (peso propio, empujes, sobrecargas de uso, viento, cargas higrotérmicas, cargas reológicas) constructivas (cuelgues, apoyos, empotramientos) o de utilización (impactos, rozamientos). Afectan a las características mecánicas de los elementos constructivos, por lo que su reparación pasa también por actuaciones que mejoran su respuesta a las acciones mecánicas, es decir, refuerzos, aumentos de sección, prótesis, etc. Pueden considerarse las siguientes: Deformaciones; aparecidas como primera reacción de cualquier elemento a una fuerza externa, al modificar su geometría, aunque sea de una forma apenas perceptible, para tratar de adaptarse a las fuerzas actuantes; dentro de ellas distinguimos: Asentamientos, de elementos de la cimentación, como consecuencia de fallos en el terreno al que trasmiten sus cargas, o de falta de sección suficiente para el reparto de esas cargas. Es una lesión importante que suele conllevar procesos patológicos secundarios que afectan al resto de la estructura del edificio, provocándose otras deformaciones en ellos o, incluso, su rotura y colapso, además de los correspondientes agrietamientos de todo tipo de obras de fábrica del edificio en cuestión. Desplomes, de muros portantes o de contención, pilares, cerramientos de fachada, y cualquier elemento vertical que se vea afectado por fuerzas con componentes horizontales en la parte superior, o por asientos importantes en su parte inferior. Pierde su verticalidad, aunque puede mantener la estabilidad mientras la resultante vertical de las fuerzas que actúan sobre él no salga del núcleo central de inercia de su sección en la base. Es una lesión que suele afectar al aspecto general del elemento y del edificio, provocando además empujes en otros elementos adyacentes, con posibles lesiones secundarias, y cobra importancia, sobre todo, en elementos estructurales.

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Flechas, de vigas, forjados, cubiertas, y cualquier elemento horizontal que se vea afectado por una fuerza vertical, puntual o continua, en algún punto interior de los mismos. Suele afectar, sobre todo, a elementos estructurales, aunque no siempre provoca su colapso, dependiendo de la elasticidad de los mismos; sin embargo, sí puede tener consecuencias importantes en otros elementos que apoyan sobre aquellos, provocando también su deformación o, incluso, su rotura, como es el caso de paredes de fábrica que suelen agrietarse, o elementos horizontales como pavimentos o cubiertas, que se levantan y rompen del mismo modo. Asimismo, cuando sobre esa estructura horizontal se desarrollan actividades, la falta de horizontalidad provocada por la flecha puede ser un inconveniente importante, así como su posible vibración. Pandeos, de elementos verticales (pilares, muros, tabiques, acabados) excesivamente esbeltos para las cargas verticales a los que se ven sometidos. Si afecta a elementos estructurales, puede acabar afectando a la estabilidad de los mismos provocando su colapso, en función de su esbeltez y su rigidez. Asimismo, puede provocar empujes a los elementos de cerramiento o acabado adyacentes. Si los que sufren el pandeo son elementos de cerramiento o de acabado, puede significar que están sometidos a cargas verticales anómalas o que no tienen la sujeción suficiente a los elementos estructurales a los que se suponen anclados, lo que hace que su esbeltez sea excesiva. En esos casos, la deformación suele ser muy llamativa y obliga a su demolición. Alabeos, de elementos verticales superficiales (muros, tabiques, acabados) que sufren una combinación de fuerzas perpendiculares y paralelas a los mismos, que provocan su deformación aleatoria. Suele afectar, sobre todo, a elementos de fábrica que son capaces de deformaciones importantes gracias al desplazamiento relativo de unos mampuestos con respecto a otros, tanto si se trata de fábricas estructurales como si sólo cumplen una función de cerramiento. Suele ser corriente en muros en su encuentro en esquinas, o en aquellos con dimensiones longitudinales importantes donde las juntas de dilatación están muy alejadas entre sí, o son inexistentes.

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Roturas; como consecuencia inmediata del agotamiento de la capacidad de deformación del elemento constructivo, cuando sigue sometido a fuerzas externas (más fácil, cuanto más rígido es el material). Por el proceso patológico y su alcance, debemos distinguir entre grietas y fisuras: Grieta, cuando la fuerza exterior afecta al elemento constructivo como tal, dependiendo de su función, y por tanto la rotura alcanza a todo el espesor del mismo, dejándolo inútil para su posible función estructural o constructiva, y debilitado para la de cerramiento y protección, resultando partido en dos. Puede aparecer en cualquier elemento estructural o de cerramiento (pilares, vigas, muros, forjados, tabiques) y es más corriente en obras de fábrica, sobre todo cuando no están “estabilizadas”, es decir, sometidas a compresión como consecuencia de su misión estructural dentro del edificio. Suelen tener forma lineal, con una geometría que depende del tipo de fuerza exterior actuante y de la función constructiva, y que nos permite identificarla, toda vez que la rotura suele ser perpendicular a la dirección de la fuerza, cuando se convierte en una tracción, o paralela, cuando se trata de un esfuerzo cortante. Por otra parte, la dimensión de la

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grieta en espesor sufrido el conjunto la división habitual el tipo de acción entre: -

no es más que un indicio de la deformación que ha una vez producida la rotura, por lo que no tiene sentido entre grietas y fisuras en función de su abertura. Según mecánica que provoque la fuerza podemos distinguir

cargas, tanto peso propio (concargas) como sobrecargas de todo tipo, es decir, de uso, de viento, del terreno, sísmicas, reológicas, etc. dilatación-contracción, por variaciones higrotérmicas, especialmente en elementos próximos al exterior y zonas climáticas continentales.

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Fisura, cuando la rotura afecta exclusivamente al acabado superficial del elemento, suponiendo que exista tal acabado superpuesto. Suele deberse a: rotura del soporte, que se traduce en el acabado, especialmente en acabados contínuos sin ningún tipo de refuerzo, variaciones dimensionales del propio acabado, debidas a cambios higrotérmicos que afectan, sobre todo, a acabados exteriores de fachadas, e interiores de paredes, suelos y techos.

En el caso de elementos de hormigón armado, puede afectar a la capa de recubrimiento, siendo sus posibles causas, además de las variaciones higrotérmicas mencionadas, también estados tensionales de tracción y cortante, o la hidroxidación de las armaduras que provioca dilatación, con empuje hacia fuera de la capa de recubrimiento, lo que la fisura. Una vez aparecidas las fisuras, la filtración de agua, complementada con su posible helada, produce posibles ampliaciones de esas fisuras, además del desprendimiento del acabado en cuestión. Cabe mencionar el hecho de que un elemento constructivo sin acabado superficial (excepción hecha del hormigón armado ya mencionado, por poder considerar la capa de recubrimiento como diferente del núcleo armado y, por tanto, con características constructivas distintas) no se fisura; por ello, si tal elemento tiene fisuras, lo que pude ocurrir, por ejemplo, en las paredes de ladrillo visto, hay que suponer que son propias de la fabricación de dicho ladrillo y no del elemento constructivo que se ha ejecutado con él. Desprendimientos; son consecuencia de la separación, por pérdida de adherencia, de los acabados con respecto a los elementos soportes a los que está unidos. Dicha pérdida de adherencia puede producirse por diversas causas, normalmente mecánicas, que se traducen en: esfuerzos rasantes entre acabado y soporte, normalmente por variaciones dimensionales de este último, fuerzas de arrancamiento perpendiculares a la superficie afectada, bien por dilatación excesiva, bien por aumento de volumen de agua al helar, o por sales infiltradas en la interfase.

Según el tipo de acabado desprendido, podemos diferenciar entre: Acabados continuos, enfoscados, revocos, guarnecidos, enlucidos, estucos, pinturas, etc., donde se puede producir el fallo de la unión continua entre el soporte y el mortero, o entre una capa de mortero y la siguiente; suele tratarse de adherencia mecánica, basada en la rugosidad del soporte, y suele fallar por la aparición de esfuerzos rasantes provocados por

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retracción hidráulica durante la ejecución o por dilataciones y contracciones higrotérmicas, o fuerzas de arrancamiento por la presencia de humedad, que acaba helando en climas fríos, o sales cristalizadas (criptoflorescencias). Acabados por elementos, que, a su vez, pueden estar sujetos por dos tipos de adherencia:

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con morteros continuos, como los alicatados, que suelen fallar por los mismos motivos del punto anterior, empeorados en los casos en que las plaquetas se hayan recibido con “torta de mortero” en el trasdós y “junta a hueso”, lo que reduce sus posibilidades efectivas de adherencia y les confiere una gran vulnerabilidad. con anclajes metálicos puntuales, como los chapados de piedra o los empanelados de todo tipo, cuya vulnerabilidad depende del sistema de anclaje donde confluyen todos los esfuerzos, tanto rasantes, por variaciones dimensionales de los paneles como consecuencia de los cambios de humedad y temperatura, como de arrancamiento, generalmente debidos a los esfuerzos de succión del viento en zonas más expuestas; el riesgo más importante es el de la corrosión de los anclajes, además de su correcta unión al soporte y a los elementos de acabado, y las casas comerciales han desarrollado numerosas soluciones para ello, siendo preferible el uso de acero inoxidable y de esas uniones comercializadas, antes que los tradicionales “ganchitos” que deberían abandonarse definitivamente.

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Elementos sueltos y decorativos, de gran variedad de forma y dimensiones, desde farolas y carteles, hasta molduras verticales y horizontales, pasando por marquesinas y cornisas. Sus sistemas de adherencia también son múltiples, desde los empotramientos de ladrillos o “patillas” metálicas, recibidos con morteros, incluso de yeso, para diversas molduras y ornamentos metálicos, hasta los anclajes metálicos para todo tipo de elementos en voladizo, con el consiguiente riesgo de corrosión de aquellos, o de fallo mecánico si no están adecuadamente calculados.

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Erosión; entendida como pérdida de material superficial provocada en este caso por acciones mecánicas. Podemos distinguir, en consecuencia, dos grupos de causas: Impactos y rozamientos, debidos al uso habitual, que provoca desconchones puntuales y desgastes en las partes bajas accesibles, siendo más vulnerables las esquinas por su mayor nivel de exposición, lo que exige soluciones más resistentes en ellas. El resultado es el desgaste de materiales porosos o las abolladuras en materiales elásticos de poco espesor, como las chapas metálicas. Eólica, en puntos altos y más expuestos de las fachadas (coronaciones y esquinas) provocada por la acción de las partículas pétreas arrastradas por el viento en zonas descampadas y próximas a áreas arenosas.

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Todas esas lesiones mecánicas quedan, asimismo, resumidas en el siguiente cuadro: Lesiones mecánicas
LESIÓN TIPO Asentamiento Desplome Flecha Pandeo Alabeo Por cargas Por dilatación-contracción Por soporte Por acabado Acabados continuos Acabados por elementos Elementos sueltos Impactos y rozamiento Eólica

DEFORMACIÓN

GRIETAS FISURAS DESPRENDIMIENTOS EROSIÓN

3.2.3 Lesiones químicas
Son consecuencia de reacciones químicas entre los propios materiales de los elementos constructivos (normalmente materiales pétreos en fachadas) y los elementos atmosféricos (agua, aire) o los productos contaminantes contenidos en el ambiente circundante (lluvia, aguas freáticas o de saneamiento, etc.) o debido, también, a la presencia y el posible ataque de organismos vivos, tanto hongos como plantas como animales; podemos considerar las siguientes: Eflorescencias; son la consecuencia de la cristalización de sales solubles contenidas en alguno de los elementos constructivos por donde puede pasar el agua que las disuelve y las arrastra hacia el exterior; exigen, pues, la existencia de esas sales solubles y de una lesión simultánea de humedad. Si la sal no llega al exterior y cristaliza en alguna cavidad previa a la superficie, se produce una “criptoflorescencia” que provoca un efecto erosivo complementario por dilatación de la sal al cristalizar. Según el proceso químico podemos distinguir dos variantes: Directas, como consecuencia de la cristalización de sales solubles contenidas en los materiales; suelen ser sales alcalinas de color blanquecino que destacan sobre superficies más oscuras, aunque en ocasiones aparecen sales ferrosas de color pardo. Las más comunes son las que aparecen en las paredes de ladrillo, provenientes del propio elemento cerámico o del mortero que lo une, especialmente cuando se ha utilizado árido calizo; también aparecen en mamposterías de piedra caliza. Indirectas, al formarse las sales por reacción de componentes propios del elemento constructivo con agentes atmosféricos, como es el caso de la formación de carbonato cálcico a partir del óxido cálcico de las pastas cementosas, cuando se humedecen excesivamente antes de fraguar.

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Oxidación; considerando como tal la oxidación superficial de elementos metálicos exteriores, principalmente de acero; ese óxido, cuando se sigue humedeciendo pasa a hidróxido (herrumbre) que puede sufrir diversas

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transformaciones patológicas, desde el aumento de volumen, que facilita el desprendimiento de cualquier otra capa constructiva que tenga encima, hasta su disolución formando churretones que se infiltran en los poros superficiales, difícilmente limpiables. Corrosión; que supone una pérdida de material metálico a partir de una pila electroquímica que se forma entre dicho elemento metálico y otro material próximo; suele aparecer como consecuencia de un proceso de oxidaciónreducción y afecta a todos los metales, especialmente a los férricos y, concretamente al acero por su contenido en hierro. Aparecen diversas variantes según el proceso: Oxidación previa, sobre todo del hierro que contiene, que sufre fácilmente la oxidación en contacto con el aire o el agua y que, si sigue en contacto con la humedad, se hidroxida. El hidróxido, facilitan la aparición de una pila electroquímica y la consiguiente corrosión del elemento de acero, y eso ocurre, tanto en elementos estructurales, como, sobre todo, en elementos de cerrajería o auxiliares de los cerramientos, sin la protección suficiente e imposibilitados de ventilación y secado. En los elementos de cerrajería exterior, aparece en plataformas horizontales y en los rincones y encuentros entre elementos, que facilitan la acumulación de agua. Aireación diferencial, que aparece en aquellas zonas de las piezas metálicas en las que existe una humedad continuada, adyacentes a otras más fáciles de secarse; las partes húmedas forman pila con las secas y se corroen. Aparecen muy a menudo en chapas metálicas superpuestas a otros elementos, en las que después de mojarse, la cara exterior se seca al ventilarse, mientras que la interior queda húmeda; o en piezas tubulares que se han humedecido por el interior y está secas por el exterior; o en patillas empotradas en las que la parte oculta se humedece por el agua infiltrada por la junta constructiva, mientras que la parte sobresaliente se seca, produciéndose la corrosión en la línea divisoria. Inmersión, por situación de humeada prolongada con formación de hidróxido de hierro que se disuelve en función del pH del agua, perdiéndose material. Es un caso de corrosión sin formación de pila electroquímica, corriente en depósitos metálicos, jardineras, rincones en cerrajería y patillas de barandillas empotradas en vertical en su parte inferior. Par galvánico, que aparece en elementos de estructura, cerrajería y carpintería, cuando se establece contacto entre metales de distinto potencial eléctrico, con corrosión puntual del más electronegativo. También aparece en elementos metálicos en contacto con morteros alcalinos, y en tuberías de distinto material (hierro y cobre, por ejemplo). En los casos de metales de potencial eléctrico similar, como es el caso del hierro y el aluminio, la corrosión la suele sufrir el que presenta menos masa; es lo que ocurre en las barandillas de acero con pasamanos de aluminio, donde se acaba corroyendo éste.

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Organismos; cabe considerar dos opciones, por un lado la presencia no deseada de organismos en algún elemento constructivo y, por otro, el ataque

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de los mismos a los materiales constitutivos. En función del tipo de organismo distinguimos: Animales, que pueden dañar al elemento constructivo de diversas formas: - asentamiento, como en el caso de las aves, provocando sobrepeso en cubiertas los nidos de las de gran tamaño (cigüeñas) o suciedad las pequeñas (palomas) incluso cierta agresión en materiales pétreos los ácidos de sus excrementos, o el simple mal aspecto de falta de mantenimiento por los nidos de vencejos, golondrinas, etc. en aleros - erosión mecánica, por parte de los animales domésticos (perros, gatos, caballos, etc.) por roces, mordeduras y arañazos en puertas y zócalos - destrucción, como en el caso de los insectos xilófagos que anidan y se alimentan de la madera de los elementos constructivos, dejándolos sin la integridad suficiente, como hacen las diversas variantes de carcomas, polillas y termitas, afectando tanto a elementos estructurales como de carpintería de puertas y ventanas o de acabados interiores, cuando las condiciones de humedad y temperatura son las adecuadas. Plantas, cuyo simple asentamiento en molduras y cornisas o en canalones, ya dificulta la correcta escorrentía del agua y su drenaje, facilitando filtraciones, además del inevitable deterioro por las raíces que se introducen en grietas y fisuras, agrandándolas. Ocurre con las gramíneas de semillas arrastradas por el viento, con los musgos y hasta con algunos líquenes, cuyos ácidos, además, pueden afectar a los componentes minerales de algunas piedras. Los puntos más frecuentes de presencia de plantas suelen ser: encuentro de acera con fachada, molduras y cornisas, balcones y terrazas, canalones y faldones de teja. Hongos, con dos tipos diferenciados: Colonias de mohos en materiales porosos, en zonas poco asoleadas y ventiladas, tanto en exteriores como en interiores (sobre todo rincones y armarios); colonias que dan aspecto de abandono, acumulan humedad, producen malos olores y segregan ácidos perjudiciales Hongos de pudrición, en elementos de madera, que la acaban destruyendo al alimentarse de la celulosa o de la lignina y la hemicelulosa, tanto si son estructurales como si se trata de elementos de acabado y carpintería

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Erosión; por la acción de la contaminación ambiental (iones sulfuro, ácidos, monóxido y dióxido de carbono, partículas metálicas, etc.) que provocan alteraciones de diverso tipo en algunos componentes mineralógicos de los materiales pétreos al reaccionar químicamente con ellos, a saber: Pátinas, en la superficie de los elementos, de consistencia porosa o, incluso, blanda, que facilitan la retención de humedad y el ennegrecimiento Costras, que alteran visiblemente la textura exterior del elemento en cuestión, con cierta fragilidad, y con la posible formación de alveolos que facilitan la penetración del agua de lluvia Lixiviación, de los materiales cementantes en piedras areniscas, que provocan la pérdida progresiva del material.

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Quedan, finalmente, resumidas en el siguiente cuadro: Lesiones químicas
LESIÓN EFLORESCENCIAS OXIDACIÓN CORROSIÓN TIPO Directas Indirectas Oxidación superficial Oxidación previa Inmersión Aireación diferencial Par galvánico Presencia y ataque de animales Presencia de plantas Presencia y ataque de hongos Por contaminación

ORGANISMOS

EROSIÓN

3.3 TOMA DE DATOS
Una vez identificadas las lesiones se hace necesario entender los procesos patológicos que las producen. Para ello, hace falta proceder a su observación y a la toma de los datos (organolépticos y físico-químicos) que nos permitan, por una parte, la confirmación del tipo de lesión y, por otra, las pautas de la evolución del proceso y su importancia. Se trata de un paso fundamental en el diagnóstico, ya que de él se deberán deducir las técnicas de intervención más adecuadas para la conservación o la reparación de las unidades constructivas afectadas. Por ello resulta crucial que esta toma de datos esté adecuadamente orientada y se lleve a cabo por parte de personal especializado. De hecho, la obtención de datos erróneos o una mala interpretación de los mismos, puede cambiar el diagnóstico e, incluso, ser contraproducente. Piénsese en lo que podría ocurrir si se equivocara un análisis de sangre o no se analizaran los órganos adecuados en una enfermedad de nuestro organismo. En este sentido, y con carácter general, podemos establecer los siguientes pasos en la toma de datos:

3.3.1 Identificación
Se trata de identificar las distintas lesiones que nos podemos encontrar en el edificio, a partir de los tipos enumerados, aunque sea de una forma provisional a confirmar posteriormente. Ello nos permitirá establecer una primera ficha por cada una de las lesiones, tomando, tanto los datos generales del edificio y su entorno, como los específicos de la misma. Pero, sobre todo, nos permitirá dibujar un “mapa de lesiones”, donde pueden aparecer todas ellas, o agruparlas por familias, que resultará un documento básico en el diagnóstico, ya que nos permitirá relacionar unas con otras, identificando posibles dependencias (lesiones primarias y lesiones secundarias) incluso periodicidad y estado actual de cada una de ellas.

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Así pues, como datos de identificación general tendremos: El tipo de lesión, que obtendremos de entre los indicados más arriba después de una observación visual o, incluso, organoléptica. Debemos ser conscientes de que hay algunas lesiones que se pueden confundir con otras, como es el caso de una suciedad por depósito con una erosión química, o de una grieta con una fisura. También hay que recordar que las lesiones secundarias requieren de una primaria que las provoque, por lo que tenemos que asegurarnos que identificamos las dos, como puede ocurrir con una eflorescencia (secundaria) que siempre tenemos que relacionar con una humedad (primaria) dentro del mismo proceso. Por último, cabe mencionar que esta primera identificación se deberá confirmar con la toma de datos físicoquímicos posterior, especialmente en las lesiones consiguientes (primaria + secundaria) Secuencia temporal de la lesión, lo que incluye la fecha de aparición, si es posible, y la periodicidad de la misma, con el objeto de encontrar más fácilmente las causas originen de la

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Estos datos tienen que constituir la cabecera de una ficha que debe ser individual para cada una de las lesiones, y nos tienen que permitir levantar uno o varios planos de las mismas, situándolas en plantas, en alzados y en secciones, de forma que se puedan entenderse los procesos patológicos que afectan al conjunto del edificio, así como el estado patológico general del edificio. A continuación tienen que recogerse los datos específicos, tanto de carácter constructivo como de carácter ambiental:

3.3.2 Datos constructivos
Recopilación de todos los datos técnicos y constructivos que nos permitan completar la identificación y detectar el proceso patológico, entre los que hay que incluir, por lo menos: Documentación técnica actualizada del edificio en estudio, si existe, o por lo menos la original, si se puede obtener, conteniendo planos, descripción de materiales y sistemas, detalles constructivos, cálculos estructurales y de acondicionamiento, etc. Elementos constructivos afectados por la lesión, sean estructurales, de cerramiento de fachada o cubierta, de acabados interiores, de instalaciones, etc. Materiales afectados por la misma lesión, incluso caracterización de los mismos. Detalles constructivos de las zonas afectadas por la lesión, para comprobar la disposición geométrica de los elementos y su relación de interdependencia, acompañados de fotos aclaratorias. Muestras de los materiales y elementos afectados que permitan su caracterización en laboratorio para completar la toma de datos.

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3.3.3 Datos históricos. Estudios documentales, artísticos, arqueológicos y arqueométricos
Se trata de llevar a cabo un estudio histórico del edificio en el que se reflejen los resultados de distintos procesos de construcción, ruina y reconstrucción que pueden haber aportado cambios estructurales, constructivos y formales. Así se conocerá mejor la datación de la construcción y de cada uno de sus elementos; se deben reconocer los usos que tuvo el edificio; se define el valor de los restos conservados; la antigüedad de las lesiones, con sus fechas de aparición, causas y secuencias; las reformas realizadas, los cambios funcionales que han afectado a la estructura y a la habitabilidad, así como las obras realizadas en el entorno del edificio. Todo ello convierte este estudio en un eficaz instrumento para la redacción de los proyectos de conservación y rehabilitación. Los estudios históricos, en general, sirven como instrumento para la intervención en edificios que posean elementos procedentes del pasado, y que sean fuente de información para las distintas actuaciones. En este sentido, podemos dividir los edificios a intervenir, de un modo genérico, en edificios sin interés histórico, y edificios históricos.

3.3.3.1 Edificios sin interés histórico
A pesar de su carácter no histórico, en ciertas circunstancias, algunos edificios deberán acompañarse también de estudios de carácter histórico de menor rango, un sencillo informe con los datos imprescindibles documentales y de clasificación (fecha, autor, año, etc.). Se trata de edificios no declarados BIC ni encuadrados en otros grados de protección, que sólo ofrecen elementos constructivos pertenecientes a su etapa original, o reformas que no suponen su reorganización. Sin embargo podemos encontrar algunas excepciones que merecen consideración aparte, como son aquellos casos en que, bien por los autores, bien por la tipología formal, funcional o constructiva, bien incluso por su vinculación a acontecimientos históricos, cabe un estudio algo más pormenorizado, sobre todo con aportación documental. También cabe una consideración especial en aquellos casos en los que existen alteraciones constructivas importantes, o en aquellos otros en los que el edificio está situado sobre un yacimiento arqueológico datado. Entonces, son necesarios algunos estudios arqueológicos específicos para asegurar su reconocimiento. La siguiente tabla, obtenida de la Tabla 1 del Informe AENOR, UNE 41805 IN sobre Diagnóstico de edificios, resume esa toma de datos:

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Toma de datos en edificios sin interés histórico
GRUPO 1. Generalidad DEFINICIÓN Sin importancia histórica - Por su autoría. - Por tipología constructiva o decorativa. - Por su vinculación a acontecimientos históricos. - Por haber sufrido fuertes reformas que desvirtúan su carácter original. - Por estar construido sobre yacimiento arqueológico. CLASE DE ESTUDIOS HISTÓRICOS Datos básicos de fecha, autor y modificaciones funcionales o constructivas - Documentales (véase apartado B.1) - Artísticos (véase apartado B.2) - En ambos casos, dirigidos a la relación del edificio con los caracteres que le definen dentro de este grupo.

2. Excepciones

- Arqueológicos, para diferenciar la obra original y los distintos momentos de las reformas (véase apartado B.3.4.4) - Arqueológicos del yacimiento (véase apartado B.3.4.3)

3.3.3.2 Edificios Históricos
Se trata de los edificios que conservan datos que son fuente de información para la Historia y sus disciplinas, y que pueden presentar reformas y distintas etapas constructivas que afectan a su estado. En general, los sistemas de construcción, como conjuntos coherentes de elementos constructivos, proporcionan información técnica e histórica relativa al edificio. Su correcta comprensión resulta imprescindible para poder llevar a cabo, con éxito, los trabajos de intervención. Por ello resulta importante este estudio desde el punto de vista de su evolución a lo largo de la historia del edificio. Serán, pues, objeto de estudio en este caso, tanto los llamados edificios históricos, como lo que podríamos llamar ciudades históricas. Entre los primeros podemos englobar los siguientes: Edificios protegidos (declarados BIC, o que gocen de otros grados de protección según normativas autonómicas o municipales, como las de planeamiento). - Edificios singulares, por constituir ejemplos representativos de su época, autoría, situación, cualidades, relación con acontecimientos históricos, etc. - Edificios que presentan secuencias históricas, o sea, transformaciones históricas significativas con respecto a su situación original (del tipo: construcción / destrucción / reconstrucción / ampliación). Como ciudad histórica consideraremos aquellas áreas urbanas históricas que se han producido como los edificios históricos y están conformadas por ellos. Entre los objetivos principales de la toma de datos figuran: - Consideración y conocimiento del edificio como documento histórico y como construcción a lo largo del tiempo. - Valoración de las técnicas, sistemas y materiales de construcción existentes (ya sean originales o añadidos posteriores) como parte de los elementos históricos fundamentales del edificio.

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Recuperación y registro de toda la información histórica y constructiva que conserve, previamente a cualquier tipo de intervención en él que provoque su transformación o desaparición. Estudio de todos los aspectos historiográficos, documentales, arqueológicos, arqueométricos, constructivos, tipológicos y estilísticos. Conocimiento de todas sus transformaciones y su patología y de las causas y circunstancias a que se debieron o que las provocaron, incluyendo sucesos extraordinarios como seísmos, desastres naturales, acciones bélicas, etc.

Para ello, consideramos cuatro tipos de estudios básicos, que se describen en el capítulo 4. La memoria histórica, además de estar recogidos en las tablas 2 a 7 del informe AENOR, UNE 41805 IN sobre Diagnóstico de edificios: Estudio histórico-documental Estudio histórico-artístico Estudio histórico-arqueológico Estudios arqueométricos

La siguiente tabla resume estas actuaciones: Toma de datos en edificios históricos
OBJETO DE ESTUDIO
Edificio histórico
Edificio protegido (BIC) Conocimiento del edificio como documento histórico y como construcción a lo largo del tiempo Históricodocumentales Edificio con secuencias históricas Aspectos Recuperación historiográficos, Valoración de y registro de documentales, las técnicas, toda la arqueológicos, sistemas y información arqueométricos, materiales de histórica y constructivos, construcción constructiva tipológicos y estilísticos HistóricoHistórico-artísticos arqueológicos Edificio singular

Ciudad histórica

OBJETIVOS

Conocimiento de todas sus modificaciones y su patología

ESTUDIOS

Arqueométricos

3.3.4 Datos ambientales
Que nos permitirán conocer las condiciones ambientales próximas, incluso de detalle, para completar la identificación de la lesión y el propio proceso patológico. Debemos considerar, por lo menos: Localización de la lesión, tanto en planta como en alzado, para su correcta ubicación en los mapas correspondientes. Orientación general del edificio, y de la fachada en particular, en los casos en que se trate de lesiones situadas en el exterior o próximas. Nivel de exposición de la fachada y, concretamente, de la parte de la fachada donde se localice la lesión. Este nivel de exposición de puede medir de distintas formas, aunque aquí proponemos una clasificación basada en los criterios del CSTB, que considera dos parámetros básicos: la altura con respecto al nivel de la calle (H) y la distancia a la que están ubicados los edificios más próximos (D). De esta forma tendremos cuatro niveles de exposición suficientemente diferenciados que nos permitirán identificar la importancia de los mismos en los procesos patológicos en cada caso, a saber:

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Ex1, Ex2, Ex3, Ex4,

H<10 – D<15 H<10 – D>15 H>10 – D<30 H>10 – D>30

Nivel de contaminación ambiental, especialmente para todo el conjunto de lesiones que se pueden producir en la fachada, midiendo especialmente los contaminantes más representativos en las ciudades, a saber, SO2, producido por la combustión de calefacciones, fábricas y tráfico de coches, CO, sobre todo por tráfico de coches, Partículas metálicas y minerales, por la presencia de algunas factorías próximas de diversos tipos.

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Humedad relativa del medio en el que aparece la lesión, sobre todo para aquellos procesos patológicos condicionados por la humedad.

Todo lo anterior queda resumido en el siguiente cuadro: Toma de datos generales
OBJETIVO IDENTIFICACIÓN (Cada lesión de forma independiente) DATOS CONSTRUCTIVOS (Los datos generales pueden ser comunes para todas las lesiones de un edificio o parte de él) DATOS HISTÓRICOS (Los datos suelen ser comunes para un mismo edificio) Tipo de lesión Secuencia temporal DATOS Fecha de aparición Periodicidad

DATOS AMBIENTALES (Los datos pueden ser comunes para un mismo edificio o una misma fachada)

Mapas de lesiones Documentos técnicos Elementos constructivos afectados Materiales afectados Detalles gráficos, incluso fotos Muestras para ensayar Tipo de edificio, cronología, propiedad, autor Datos histórico-artísticos, arqueológicos Intervenciones realizadas Localización de la lesión Orientación (fachadas) Ex1, H<10 – D<15 Nivel de exposición (fachadas) Ex2, H<10 – D>15 Ex3, H>10 – D<30 Ex4, H>10 – D>30 Nivel de contaminación SO2 ambiental CO Partículas Humedad relativa ambiente

Asimismo, se incluye una propuesta de ficha general del edificio donde se recogen las distintas lesiones para obtener un panorama general del mismo, al modo de mapa esquemático:

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3.3.5 Datos específicos
Además de los datos mencionados de carácter general, cada lesión en particular y cada edificio y situación específicas, puede requerir una serie de datos para un diagnóstico más preciso. En el estudio de los distintos procesos patológicos se mencionarán los datos específicos necesarios para un correcto diagnóstico. No obstante, cabe ahora hacer un recorrido por los tipos de datos específicos más importantes, así como la forma más adecuada de obtenerlos, agrupados por familias de lesiones e indicando, por un lado, los datos y detalles constructivos a obtener y, por otro, los tipos de pruebas y ensayos a llevar a cabo. Veamos.

3.3.5.1 Toma de datos en lesiones físicas
Humedades; siguiendo la misma secuencia utilizada en la tipología, tenemos: De obra; será necesario identificar la solución constructiva empleada en el cerramiento y acabado donde ha aparecido la humedad, así como conocer el proceso constructivo seguido y la fecha de aparición. Asimismo, puede ser muy útil conocer los datos de absorción y succión de los materiales componentes y obtener los datos de la humedad ambiente en el local donde aparece la lesión. Cabe recordar que se trata de una lesión que sólo aparece después de una intervención constructiva “húmeda”. Capilar; conocer la solución constructiva del arranque del paramento afectado a partir de la cimentación resulta crucial para entender el proceso, así como la presencia de drenajes, láminas impermeables, cámaras de aire, etc. Asimismo, es necesario conocer la existencia de posibles focos de humedad próximos, tales como redes de saneamiento horizontal, pozos, etc. En cuanto a datos físico-químicos, necesitaremos obtener el contenido de humedad de los componentes del paramento, dibujando mapas de líneas de humedad, así como identificar el coeficiente de absorción y la succión de los materiales componentes, además de identificar la posible presencia de sales higroscópicas originales o arrastradas por la capilaridad. También puede ser muy útil obtener la humedad ambiente en el entorno próximo a las zonas húmedas, lo que nos permite identificar el o los focos del origen del agua. Finalmente, la termografía puede ser también un buen aliado en la identificación de los focos de humedad. De filtración; por la amplitud de situaciones y circunstancias que se pueden presentar es imposible analizar todos los datos posibles, no obstante, los más destacados son los datos constructivos de los encuentros en las zonas afectadas entre paños verticales y plataformas horizontales, así como con los elementos estructurales que soportan el cerramiento, si existen. Asimismo, conviene identificar la escorrentía de agua en las zonas afectadas comprobando los solapes, las inclinaciones, los vuelos, la existencia de goterones, etc. En lo que se refiere a los materiales, necesitamos conocer el coeficiente de absorción de los que constituyen las plataformas horizontales, y la capacidad de succión de los que forman los paños verticales. Por último, puede ser conveniente realizar ensayos de

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estanquidad in situ para comprobar la presencia de filtración en las juntas constructivas entre materiales y elementos. De condensación; de nuevo necesitamos la composición de la fachada, especialmente en las multicapa, con los espesores y situación relativa de la de aislante, y especialmente los puntos de interrupción de ese aislante para estudiar la posible presencia de puentes térmicos (encuentro con estructura vertical y horizontal, embocaduras de ventana, etc.). Asimismo, necesitamos estudiar el gradiente higrotérmico de la fachada, tanto en el paño ciego como en los posibles puntos conflictivos, para lo cual debemos identificar previamente las características fisicoquímicas de los materiales componentes. Por último, la termografía puede ser también muy útil para identificar posibles condensaciones intersticiales. Accidentales; en este caso lo primordial será identificar la situación de conductos con agua en las proximidades, y su sujeción a elementos estructurales o de cerramiento, para identificar el punto de salida del agua. Cabe recordar que estos suelen localizarse en el centro de las manchas de humedad.

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Suciedad; necesitamos conocer, principalmente, la escorrentía del agua en la fachada, así como el coeficiente de succión de sus materiales exteriores, además de los niveles de contaminación en la zona, tanto de gases como de partículas. Erosión; como quiera que se trata de una lesión secundaria, provocada a partir de una humedad previa, deberemos identificar primero la humedad que constituye la lesión primaria del proceso. También necesitaremos conocer el coeficiente de absorción del material afectado y su capacidad de succión pero, sobre todo, su heladicidad.

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El conjunto de esas medidas quedan recogidas en el siguiente cuadro:

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Toma de datos de lesiones físicas
LESIÓN Humedad de, De obra Detalles constructivos - Sistema constructivo del soporte y del acabado superficial - Proceso constructivo seguido Pruebas y ensayos - Medidas de humedad en materiales y en el ambiente - Coeficiente de absorción y succión de soporte y acabado - Medidas de humedad en materiales y en el ambiente - Coeficiente de absorción y succión - Presencia de sales higroscópicas - Termografía

Capilaridad

De filtración

De condensación Accidental

- Encuentro de fachada con cimentación, terreno y acera, indicando: - Drenajes - Láminas impermeables - Cámaras de aire - Posibles focos de humedad de instalaciones urbanas y saneamiento - Encuentros entre paños, plataformas y elementos estructurales en zonas afectadas - Identificación y análisis de la escorrentía del agua por la fachada - Composición y de fachadas multicapa - Presencia de puentes térmicos - Situación de conductos - Identificación y análisis de la escorrentía del agua por la fachada

- Coeficiente de absorción y succión de los materiales - Estanquidad al agua de lluvia de juntas constructivas - Estudio del gradiente higrotérmico del cerramiento - Termografía

Suciedad

- Tipos de partículas ensuciantes y de contaminación ambiental - Coeficiente de absorción y succión de los materiales Heladicidad de los materiales

Erosión

- Identificación de la humedad que origina la erosión

3.3.5.2 Toma de datos en lesiones mecánicas
Deformaciones; necesitamos conocer el sistema constructivo afectado y su composición, tanto si se trata de elementos estructurales como si son de cerramiento o de tabiquería; en esos últimos casos, resulta necesario, además, la relación con la estructura del edificio. También es importante identificar la existencia de juntas de dilatación, tanto en estructura como en fachadas, por su posible incidencia en la dificultad de movimientos de los elementos constructivos. En cuanto a muestras y ensayos, necesitamos conocer las características elásticas y mecánicas de los elementos afectados, y debemos instrumentar y seguir los posibles movimientos que sigan sufriendo los mencionados elementos, lo que podemos hacer por medios ópticos (taquímetros) como digitales (fotogrametría, escáner tridimensional, etc.). Grietas; cuando se trata de roturas, resulta muy importante identificar su geometría, ya que ello nos facilita conocer su origen y, por tanto, llevar a cabo el diagnóstico adecuadamente; para ello se deben reflejar en un “mapa de

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grietas”, tanto en plantas como en alzados y secciones. Por otra parte, también son importante las identificaciones indicadas en el párrafo anterior, es decir, sistema constructivo afectado y su composición, relación con la estructura del edificio y existencia de juntas de dilatación. En cuanto a ensayos, son también necesarios los indicados anteriormente, o sea, instrumentación y seguimiento de los posibles movimientos de las grietas, tanto perpendiculares como paralelos (normalmente mediante puntos fijos a ambos lados de las roturas y comparadores) aunque también podemos utilizar los medios ópticos o digitales mencionados en el punto anterior. Asimismo, necesitamos las características elásticas y mecánicas de los elementos afectados y coeficientes de dilatación por humedad y temperatura para identificar roturas por retracción. Fisuras; como quiera que nos referimos exclusivamente a la rotura de acabados superficiales, será importante la identificación constructiva del cerramiento, con soporte, acabado y sistema de adherencia, sobre todo la posible existencia de discontinuidades en el soporte que se reflejan en el acabado, y la existencia de juntas de dilatación-retracción propias del acabado. Asimismo necesitamos conocer las características elásticas y mecánicas de los materiales de soporte y acabado, así como sus coeficientes de dilatación higrotérmica. Desprendimientos; al tratarse de la pérdida de unión de un acabado con su soporte, será necesario conocer la composición constructiva del conjunto de la fachada y del sistema de adherencia, así como de la existencia de juntas de dilatación propias del acabado que faciliten su variación dimensional sin introducir tensiones. De hecho, los desprendimientos pueden ser lesiones secundarias a partir de otras primarias tales como humedades o fisuras, por lo que, en ese caso, habrá que identificar también esas posibles lesiones primarias. Además necesitamos conocer las características mecánicas y elásticas del acabado, su coeficiente de dilatación higrotérmico y, en función del sistema de adherencia, la resistencia al arrancamiento del acabado respecto del soporte, realizando los ensayos suficientes directamente “in situ”. Erosión; provocada directamente por golpes y rozamientos, necesitamos conocer la composición constructiva del acabado y, sobre todo, en las esquinas que son los puntos más vulnerables. En cuanto al material, necesitamos conocer su resistencia a la compresión, al impacto y a la abrasión.

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Todas estas medidas se incluyen, asimismo, en el siguiente cuadro:

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Toma de datos de lesiones mecánicas
LESIÓN Detalles constructivos - Composición constructiva de la unidad estructural - Encuentro de fachada y estructura - Existencia de juntas de dilatación - Mapas de grietas - Composición constructiva de la unidad estructural - Encuentro de fachada y estructura - Existencia de juntas de dilatación - Composición constructiva de fachadas y acabados - Encuentro de fachada y estructura - Juntas de dilatación propias - Composición constructiva - Sistema de adherencia - Encuentro de fachada y estructura - Existencia de juntas de dilatación - Identificación de lesiones primarias - Composición constructiva de fachadas y acabados - Solución de esquinas Pruebas y ensayos - Instrumentación y seguimiento de deformaciones - Módulo de elasticidad de los materiales - Instrumentación y seguimiento de grietas y deformaciones Resistencias mecánicas de los materiales y elementos - Coeficientes de dilatación higrotérmica - Resistencias mecánicas de los materiales - Coeficientes de dilatación higrotérmica - Resistencias mecánicas de los materiales y elementos - Coeficientes de dilatación - Resistencia al arrancamiento - Resistencias de los materiales de acabado a compresión, a impacto y a la abrasión

Deformaciones

Grietas

Fisuras

Desprendimientos

Erosión

3.3.5.3 Toma de datos en lesiones químicas
Eflorescencias; al tratarse de una lesión secundaria dependiente de una humedad, lo primero que habrá que hacer es identificar dicha humedad, para lo que habrá que buscar los datos constructivos de la unidad afectada. En este caso especial, además, habrá que detectar las posibles sales solubles presentes en los materiales por donde pasa la humedad que provoca la lesión, así como la existencia de posibles pseudoeflorescencias, generadas por la reacción de álcalis presentes en los materiales con ácidos contaminantes. Asimismo, será bueno identificar la posible existencia de criptoflorescencias. Corrosión; la toma de datos se debe centrar en los elementos metálicos, tanto estructurales (principales o auxiliares) como de cerrajería, analizando la posible existencia de alguno de los tipos de corrosión enumerados más arriba. Asimismo, al poder ser una lesión secundaria provocada por humedades como lesiones primarias, habrá que identificarlas previamente. Por último, habrá que estudiar la posible progresión de la corrosión, sobre todo en elementos ocultos (armaduras de hormigón, estructuras auxiliares de cerramientos, etc.) normalmente mediante estudios de velocidad de corrosión, así como definición de las secciones remanentes para considerar la funcionalidad constructiva de los elementos metálicos afectados.

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Organismos; ante la variedad tan amplia de organismos posibles, mencionamos los datos más elementales. Con carácter general, habrá que conocer la composición constructiva de la unidad afectada, identificando la presencia de elementos orgánicos, especialmente leñosos, que sirvan de alimento a los organismos xilófagos, así como la posible acumulación de polvo y tierra que permita el crecimiento de vegetales. Asimismo, al ser normalmente lesiones secundarias a partir de humedades previas, hay que identificar también dichas humedades. En cualquier caso, hay que establecer el daño producido, bien sea estético por simple asentamiento, bien se trate de una pérdida de material por agresión mecánica o química, bien sea la penetración de raíces que destruye los acabados superficiales o, incluso, elementos estructurales de fábrica o de hormigón. En cuanto al organismo, hay que identificar su clase y género para establecer su antídoto. Erosión; se trata también de una lesión secundaria provocada por humedades previas, por lo que de nuevo habrá que identificar dichas lesiones previas, además de conocer la composición constructiva del elemento afectado y, sobre todo, su composición química, así como los niveles de contaminación ambiental en la zona. En cuanto a los materiales, será conveniente realizar estudios petrológicos (petrofísicos y petrográficos) para conocer la susceptibilidad de agresión química por parte de los contaminantes ambientales en la zona, y su alteración. Toma de datos de lesiones químicas
LESIÓN Detalles constructivos - Composición constructiva de fachada - Identificación de humedades como lesiones primarias - Existencia de sales solubles en los materiales de la unidad - Presencia o proximidad de elementos metálicos estructurales o auxiliares - Identificación de humedades como lesiones primarias - Composición constructiva de fachada - Identificación de humedades como lesiones primarias - Identificación concreta del daño - Composición constructiva del elemento afectado - Identificación del deterioro - Identificación de humedades como lesiones primarias - Niveles de contaminación ambiental Pruebas y ensayos - Tipo de sal cristalizada - Presencia de criptoflorescencias - Presencia de seudoeflorescencias - Profundidad y velocidad de corrosión - Secciones remanentes en elementos estructurales afectados - Tipo de organismo - Daños mecánicos concretos - Profundidad de penetración de raíces - Composición química de las alteraciones - Estudio petrológico

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Eflorescencias

Corrosión

Organismos

Erosión

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3.4 IDENTIFICACIÓN DE CAUSAS
La identificación de las causas de los procesos patológicos es, desde el punto de vista constructivo, el objetivo fundamental del diagnóstico, toda vez que la reparación del daño se tiene que realizar a partir de la anulación de las causas que lo provocan. Para ello son fundamentales los datos tomados, no sólo los propiamente constructivos, sino también los ambientales e, incluso, los históricos, que nos dan una visión de su origen, evolución y consecuencias a lo largo del tiempo. En efecto, no tiene ningún sentido la sola identificación de la lesión, ya que ello no nos permite la eliminación del proceso patológico sino que, en todo caso, la reparación provisional de dicha lesión, lo que si se hace sin la anulación de la causa, provoca la aparición de nuevo de la lesión, normalmente con mayor intensidad y, por tanto, con más dificultades para su reparación definitiva. Se conocen muchos casos en los que ese error de reparar sólo el síntoma, han provocado procesos patológicos posteriores más complejos. Véase como ejemplo el caso de la colocación de “vendas” en grietas de muros y tabiques sin eliminar la deformación que causa su aparición, que hace que vuelvan a manifestarse, ahora duplicadas (a ambos lados de la venda). Por ello, debemos insistir en la importancia de diagnosticar no sólo la lesión (el síntoma) sino, sobre todo, la causa que la origina, lo que nos da una visión global del proceso patológico y nos permite definir la actuación de intervención en dos fases elementales: anulación de la causa origen del proceso, reparación de la lesión, eliminando el síntoma del deterioro.

Las causas de los distintos procesos suelen corresponder al carácter de los mismos, en el sentido de que si se trata de procesos físicos, la causa suele ser física, si de procesos mecánicos, la causa será también mecánica, y si de procesos químicos, estaremos, normalmente, ante causas químicas. Como consecuencia, nos encontramos con esos tres tipos de causa origen de los procesos patológicos, a los que tenemos que añadir las lesiones primarias como posibles causas de otros procesos patológicos secundarios, tal como hemos ido viendo más arriba. Pero esas causas de las que estamos hablando pueden calificarse como “causas directas”, es decir las que suponen el punto de partida del proceso patológico propiamente dicho. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la mayoría de esas causas responden a acciones exteriores habituales, la mayoría de las veces inevitables dada la función constructiva de cada uno de los posibles elementos y unidades lesionados. Por tanto, habrá que considerar, además, la propia vulnerabilidad de los elementos como origen complementario de esos procesos. En efecto, si una acción externa sobre un elemento provoca el inicio de un proceso patológico, significa que las características fisicoquímicas de dicho elemento no eran las adecuadas para sufrir esas acciones, lo que implica una cierta vulnerabilidad del elemento ante las mismas. Si las acciones exteriores son extraordinarias, puede pensarse que la vulnerabilidad era imprevisible, pero si se trata de acciones ordinarias, dicha vulnerabilidad tiene que considerarse como un defecto de calidad del elemento en cuestión. En cualquier caso, la presencia de dicha vulnerabilidad, considerada como defecto de calidad, puede considerarse también como una causa complementaria del inicio del proceso patológico, por lo que las llamaremos “causas indirectas” del mismo. De

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hecho, a la hora de decidir la intervención de reparación de los elementos dañados, la anulación de la causa se suele dirigir a la eliminación de esos defectos de calidad, bien sea con refuerzos, bien con protecciones de esos elementos, que permiten reducir o eliminar su vulnerabilidad. A su vez, esos defectos de calidad pueden haberse introducido en cualquiera de las fases del proceso constructivo, lo que suele ser necesario de identificar. Así, pueden tener su origen en el propio proyecto, por un diseño geométrico incorrecto, o por una errónea definición de sus características fisicoquímicas, o por una mala elección del material o elemento en cuestión. Puede también tener su origen en la producción del material o elemento constructivo, por algún error en la fábrica. Puede, asimismo, deberse a un error en la ejecución de la obra, bien por mala colocación, bien por tratarse de una unidad realizada “in situ”, sin las medidas y los procedimientos adecuados, o sin el control de calidad necesario. Puede, por fin, deberse a una falta de mantenimiento del edificio o del elemento constructivo en concreto, que hace que pierda su calidad, reduciendo el nivel de las características fisicoquímicas e, incluso, geométricas, con las que estaba previsto en el proyecto o durante su ejecución. En todos esos casos, la reparación deberá empezar con el intento de recuperación de esas características, ya que de lo contrario, se mantendría la vulnerabilidad del elemento y, por tanto, el riesgo de que el proceso patológico vuelva a aparecer de nuevo. En definitiva, el estudio patológico deberá propiciar el diagnóstico de todas esas causas, tanto las directas como las indirectas, para que se puedan tomar las decisiones apropiadas en cuanto a la intervención necesaria para anular las causas y repara la lesión. Para ello la toma de datos debe llevarse a cabo con la mayor precisión, pues de ella depende el correcto entendimiento del proceso patológico. El siguiente cuadro resume los tipos de causas mencionadas: Cuadro general de causas
TIPO DIRECTAS Acciones que inician el proceso patológico y marcan su “carácter”. Suelen ser consecuencia de la propia funcionalidad constructiva del elemento INDIRECTAS Errores del proceso que favorecen la vulnerabilidad del elemento constructivo. Sobre ellas hay que actuar, tanto en prevención como en conservación, para darle la durabilidad adecuada (mejorar su calidad, fisicoquímica y geométrica) CAUSA Físicas Mecánicas Químicas Lesiones previas (Para lesiones secundarias) Proyecto Elección del material y diseño constructivo Material Ejecución En taller y en obra Mantenimiento

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3.5 EL DIAGNÓSTICO PROPIAMENTE DICHO
Una vez terminada la toma de datos, estamos en disposición de llevar a cabo el diagnóstico propiamente dicho. Es posible que exista algún tipo de “prediagnóstico”, incluso hecho por nosotros mismos en una primera inspección visual. Ahora es el momento de confirmarlo a partir de los datos tomados. El diagnóstico tiene que ser preferentemente “global”, es decir, alcanzar a todo el edificio y considerar los tres tipos de datos tomados, a saber, constructivos, históricos y ambientales, con el objeto de que sea útil, tanto para las reparaciones constructivas necesarias, como para la rehabilitación del edificio o parte de él, como, si cabe, para su restauración. De hecho, podemos afirmar que la interpretación integral de los trabajos previos al diagnóstico es la parte más compleja en el estudio del patrimonio arquitectónico, porque en cada disciplina se realizan interpretaciones aisladas de los resultados y difícilmente los responsables se reúnen para hacer un tratamiento integral del conocimiento alcanzado y redactar unas conclusiones generales. Por otra parte, el diagnóstico tiene que ser lo suficientemente claro como para ser interpretado correctamente por el que vaya a ser responsable de su utilización, bien para llevar a cabo un dictamen sobre el edificio en cuestión, bien para definir las actuaciones de reparación, rehabilitación o restauración necesarias, especificando las técnicas de intervención más adecuadas para cada caso; ello dependerá, como hemos visto, de las causas de los procesos patológicos que haya que anular, de las reparaciones de lesiones a efectuar, y de las medidas de rehabilitación necesarias para adecuar la funcionalidad del edificio. Para ello, en el informe del diagnóstico habrá que especificar el desarrollo y evolución de los procesos patológicos, y su correlación con las calidades de los elementos constructivos, con el uso que haya tenido el edificio y con su historia, incluidas las transformaciones que haya podido sufrir. A partir de ahí, y de acuerdo con el Informe AENOR, UNE 41805-3 IN Diagnóstico de edificios – Parte 14, el informe contendrá, por lo menos, los siguientes apartados: Antecedentes Identificación del edificio y de quién encarga el estudio, las razones por las que lo hace y cuál es el problema a estudiar y el alcance previsto del mismo. Se deberá incluir la mención específica, en su caso, al informe preliminar realizado, y la descripción del enfoque y alcance del estudio planteado a partir de esa inspección e informe preliminares. Incluirá la memoria descriptiva desarrollada preferentemente según lo expuesto en el capítulo 4 de UNE 41805-3 IN Diagnóstico de edificios – Parte 3 - Estudios constructivos y patológicos. En su caso se deberán especificar las limitaciones que hayan sido impuestas por el solicitante del estudio (de acceso, de contaminación acústica, etc.). Información previa Este apartado debe detallar tanto la información de partida con la que se contase al hacer el informe preliminar como la conseguida con posterioridad, de acuerdo con el Plan de Inspección efectuado. Incluyendo toda la documentación que se haya podido conseguir como consecuencia del los estudios arqueológicos, históricos, funcionales y constructivos. El informe solo debe incluir el listado de dicha información y un resumen con los aspectos significativos de la misma. Las copias de los propios documentos deben incluirse en Anejos al informe.

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Descripción de los trabajos de toma de datos Esta descripción debe incluir la descripción de los trabajos de toma de datos realizados, detallando, en el caso de ensayos, los métodos y equipos empleados, la fecha de realización del ensayo y las condiciones ambientales existentes en ese momento. Asimismo deben quedar perfectamente identificados los puntos de realización de ensayos o calas, o de toma de muestras. Deben indicarse, asimismo, las normas o recomendaciones seguidas en cada ensayo. En el caso de procedimientos especiales de ensayo no normalizados, la descripción del procedimiento completo deberá quedar recogida en un anejo. Asimismo deben quedar identificados los técnicos encargados de las diferentes operaciones de toma de datos, especialmente si son distintos de los redactores del informe, así como los laboratorios que hayan intervenido en la realización de los ensayos. Resultados de los trabajos de toma de datos Deberán contener la caracterización completa de daños y lesiones y los resultados de los ensayos realizados. Habitualmente lo más práctico es reflejarlo en unos croquis. Es recomendable partir de un catálogo de daños estructurado de manera sencilla y reflejar en planos (alzados, secciones, plantas, croquis de detalle) los deterioros más significativos, apoyándose también en fotografías. Los modernos sistemas de manejo y almacenamiento de la información permiten combinar ambas cosas (planos de levantamiento de daños con fotografías ilustrativas insertadas) lo que resulta muy práctico y cómodo a la hora de confeccionar los informes y de analizar y estudiar los desperfectos. En estos mismos planos o croquis, o en otros semejantes, deberán reflejarse las observaciones realizadas a través de calas. Esta caracterización completa de los daños debe quedar recogida en uno o varios anejos, reflejando en el texto principal del informe un resumen de los resultados o aspectos más significativos. La caracterización de los daños debe permitir la identificación de zonas más expuestas y zonas con mayores daños aparentes. Se recuerda la importancia que tiene, de cara a la durabilidad de la estructura, una adecuada caracterización de la agresividad ambiental real a la que pueda estar sometida la estructura por parte de agentes físicos, químicos o biológicos. Asimismo se recogerán en anejos los informes correspondientes a los diferentes ensayos llevados a cabo con indicación de todos los resultados obtenidos, incluso aquellos en los que por alguna circunstancia se dude de su validez, hecho que se hará constar en el informe exponiendo las razones de tales dudas. Análisis de los datos En esta parte del informe se recogerán las consideraciones y análisis llevados a cabo sobre los datos obtenidos. Estas consideraciones o análisis podrán ser de muy diversos tipos: Análisis de los datos de daños en sí mismos evaluando su extensión, importancia, distribución, etc. Estimación de la causa o causas que han dado origen a esas lesiones, detallando las razones que incitan a establecer esas hipótesis y los datos objetivos que las corroboran. Análisis de los resultados de los ensayos efectuados y evaluación de los mismos por comparación con los criterios que se establezcan en las normas que los regulen. Evaluación de las consecuencias de los deterioros observados sobre la funcionalidad o la seguridad del edificio o la unidad constructiva de que se trate, etc. Las hipótesis de partida y los métodos empleados para realizar esta evaluación deben quedar claramente reflejados.

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Por otro lado, esta evaluación del edificio deberá incluir como deficiencias determinadas circunstancias que pueden incidir de forma directa en los procesos patológicos o en la futura funcionalidad o seguridad del mismo como pueden ser la falta de accesibilidad, de planes de mantenimiento, de sistemas adecuados de protección contra incendios o de prevención de situaciones de riesgo. Conclusiones Deben ser claras, concisas y completas estableciendo, por lo menos: Resumen del estado del edificio. Propuesta sobre la necesidad o no de actuación ante la situación existente. En caso de que sea necesaria algún tipo de actuación, tipos de actuaciones posibles, plazos en los que deberían acometerse y valoración de las mismas. Normalmente los tipos de actuación posibles pueden ser: Realización de inspecciones periódicas (monitorizaciones) para analizar la evolución temporal de las lesiones observadas. Realización de estudios específicos de mayor alcance o profundidad. Actuaciones de mantenimiento Actuaciones de reposición o sustitución. Actuaciones provisionales y urgentes de apeo, apuntalamiento, restricción de uso, etc. Actuaciones de reparación, rehabilitación, refuerzo, etc.

Recomendaciones Se describirán con detalle las actuaciones recomendadas de entre las posibles enumeradas en las conclusiones. Asimismo se establecerán las posibles precauciones de utilización que se estimen necesarias incluyendo prescripciones y prohibiciones en su uso. Se detallarán las operaciones de mantenimiento a realizar, indicando si deben ser efectuadas por el usuario o por personal especializado.

Se trata, en definitiva, al igual que ocurre en medicina, de posibilitar una toma de decisión con suficientes garantías de acierto. El siguiente cuadro trata de resumir ese informe final del diagnóstico constructivo: Cuadro resumen de diagnóstico constructivo
SISTEMA CONSTRUCTIVO ESTRUCTURA (Distintos elementos) FACHADAS (Distintos partes y orientaciones) CUBIERTAS (Distintos tipos) TABIQUERÍA (Distintos tipos y alturas) INSTALACIONES (Distintos tipos) LESIÓNES físicas mecánicas químicas ESTUDIOS in situ laboratorio CAUSAS directas indirectas

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