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¿Por qué la investigación teórica?


Porque con distintos conceptos se construyen distintos
mundos.

Ô  

Antes de proceder a emplear el concepto de       al estudio

económico de un determinado centro de educación superior se hace necesario aclarar, con

la mayor precisión y fundamento posibles, el significado que en esta investigación se le

otorga a dicho término, el nivel de análisis en el que se pretende aplicarlo, y los elementos

que lo configuran, con sus respectivas relaciones, conexiones o uniones.

Ñ Ñ  
 


 

Yn la actualidad, la      está ganando importancia en la literatura

económica, especialmente por influjo de los trabajos publicados por economistas de la

Yscuela de Chicago (vg. Stiglitz, Barr, Cullis, Jones), y en menor medida por los

economistas de la Nueva Yconomía Institucional (vg. Coase, North, Furubotn, Richter) y

de la Yconomía Constitucionalista (vg. Buchanan, Brennan), lo que ha determinado que la

temática se concentre en la evaluación de las intervenciones y de los gastos del sector

público y, por lo mismo, que predomine un enfoque macro.

Como problema económico, la calidad del gasto implica el desafío ± o mejor decir,

el escándalo ± de regresar a los economistas clásicos, en cuanto portadores de un

pensamiento ocupado en establecer los vínculos entre          


Y   y, al mismo tiempo, el asumir una posición crítica frente a los principios y

postulados neoclásicos y modernos de la         .

Yn su acepción más general, hace referencia a situaciones donde se requiere evaluar

si los recursos financieros-presupuestarios, económicos y sociales que demanda el

funcionamiento de una organización, encuentran o no justificación en los resultados que

ella obtiene o genera1. Yn otras palabras, el problema que se aborda a través del concepto

de       no es otro que el de   es decir, el problema acerca de la

capacidad o no que muestra una organización para dar existencia verdadera y efectiva a lo

que se propone.

Yl imperativo de evaluación que subyace en todo estudio sobre calidad del gasto

puede surgir bajo la forma de    como ocurrió entre 1750 y 1880, cuando las

diferencias de poder y riqueza entre los Ystados europeos generaron en cada uno de ellos la

exigencia de indagar sobre ³la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones´. Pero

también bajo la forma de  !  como sucedió entre 1970 y 2000, cuando el creciente

deseo por parte de grupos privados de captar recursos económicos que se encontraban bajo

el control de los gobiernos, les llevó a actualizar y radicalizar los planteamientos

neoliberales acerca de los fallos de mercado, vistiendo de ³objetividad´ los postulados

doctrinarios de la Yscuela de Friburgo (1937), a fin de proceder a evaluar la eficiencia

económica de la acción pública. 2

1
Cfr. Guillem López y Albert Castellanos, La calidad del gasto y la mejora de la eficiencia en el sector
público: una valoración del gasto funcional de las AA.PP desde una perspectiva multijurisdiccional,
oniversidad Pompeu Fabra, Yspaña, 2004, p. 2. Internet. www.ub.edu/ecopubBCN/ponencias/arch_ pdf/
lopez_castellanos.pdf. Acceso: 8, julio, 2008.
2
Para apreciar las implicaciones y consecuencias que tiene el trabajar un pensamiento económico desde la
lógica de la necesidad (creación de riqueza) o desde la lógica del interés (distribución de la riqueza existente),
léase: John Rae, Statement of some new principles on the subject of Political Yconomy: exposing the
fallacies of system of free trade and of some other doctrines maintained in the ³Wealth of Nations´,Hilliard,
Gray, & Co., Massachusetts, 1834. Internet. http://socserv2.socsci.mcmaster.ca/~econ/ugcm/3ll3/
rae/newprin.html. Acceso: 5, marzo, 2005. Así mismo, para conocer sobre los principios doctrinarios del
Yn cualquier caso, la actualización de la calidad del gasto denota siempre la

identificación de un déficit de racionalidad económica ± teórica o práctica ± al nivel del

ordenamiento y disposición de todo lo que funge como causa o factor productivo. Ysta

deficiencia, por afectar fines o propósitos buscados, requiere ser controlada o corregida, ya

sea mediante la incorporación de nuevas diferenciaciones que enriquezcan o

complementen las teorías o prácticas económicas, ya sea mediante la toma y subordinación

del orden jurídico a determinadas teorías o tratados económicos establecidos.

A este respecto, la insuficiencia de racionalidad económica que fundamenta los

estudios contemporáneos sobre la calidad del gasto tiene su base en la renuncia del

concepto de  "     orientada al mercado. Yste hecho, al decir de Hicks, 3

comenzó a evidenciarse formalmente a partir de 1926, cuando Piero Sraffa publica # 

#    
"   
!"   "  , mostrando la preponderancia que

tienen los costos de producción en la fijación del precio de los bienes ± lo que implica que

cada productor
tiene capacidad de incidir en los precios de mercado ± y la tendencia de

las organizaciones a trabajar dentro de una curva de costos decrecientes ± lo que permite

inferir que el problema principal de la organización individual no es la escasez de recursos,

sino la curva de demanda que enfrenta.4

La aceptación de que el común de las organizaciones funcionan en entornos

económicos que no son perfectamente competitivos, no sólo resquebrajó lo que Latsis

pensamiento neoliberal y particularmente de la Yscuela de Friburgo véase: Alfred Schüller y Hans-Günter


Krüsselberg, Conceptos básicos sobre el orden económico, Biblioteca de Yconomía, Ydiciones Folio,
Barcelona, 1997, pp. 97, 101-103.
3
J. R. Hicks, Y "     "$  "   %(1935) en: G. J. Stigler y K.
Y. Boulding, Ynsayos sobre la teoría de los precios,Aguilar Ydiciones, Madrid, 1963, p. 332.
4
Cfr. Piero Sraffa, #      "   !"   "  %(1926), en: G. J. Stigler y K.
Y. Boulding,    pp. 166-173.
denominó el núcleo del programa neoclásico de investigación,5 también puso en evidencia

que la mayor parte de ellas requieren construir sus propias curvas de demanda, tanto para

los productos que ofertan como para los factores que utilizan. Ysta característica, por

implicar el predominio de organizaciones que responden a ³mercados especiales´,6

condujo a la conclusión que su comportamiento es posible explicarlo si se concibe a cada

una de ellas como una suerte de monopolio7, o como un sistema funcionando en un entorno

de ³concurrencia modificada´.8 Sin embargo, para ambos casos la consecuencia es la

misma:  "         &    "   "  

 ' (9

A partir de este hecho se puede, entonces, expresar de mejor manera el déficit de

racionalidad económica que experimentan actualmente las organizaciones:     

 "            " "! )        


10
*             " (  No obstante esto, las organizaciones deben

seguir eligiendo, decidiendo, aun cuando sepan que los esquemas de racionalidad sobre los

que sustentan sus elecciones o decisiones carecen de suficiencia. Con esto se presenta la

pregunta: ¿cómo decidir dentro de un déficit de racionalidad económica?

5
Véase al respecto: Mark Blaug, La metodología de la Yconomía,Alianza Yditorial, Madrid, 1985, pp. 203-
207.
6
Cfr. Alfred Marshall, Principios de Yconomía,Aguilar Ydiciones, Madrid, 1957, p. 377.
7
Piero Sraffa,   pp. 175-176.
8
Heinrich von Stakelberg, "        %en: Revista de Yconomía Política,
primera parte, Yspaña, vol. VI, 2, mayo -agosto, 1955, pp. 356-358. Internet. http://www.cepc.es/
rap/Publicaciones/Revistas/11/RYCP_014_272.pdf. Acceso: 15, abril, 2007.
9
No se puede construir la curva de demanda neoclásica porque no es posible combinar las curvas de
demanda particulares de modo que formen una sola curva, dado que la tabla de demanda de cada productor
comprende un ordenamiento decreciente de los posibles compradores según el precio que éstos estén
dispuestos a pagar    "      y no         "     (Cfr.
Piero Sraffa,   pp. 175-176.
10
Cfr. Niklas Luhmann, +  % (1978) en: Organización y decisión. Aupoiesis, acción y
entendimiento comunicativo, oniversidad Iberoamericana ± Anthropos Yditorial, Barcelona, 1997, pp. 6 ± 7.
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Se dice que algo posee importancia cuando conlleva graves consecuencias para lo

que se está considerando. Ésta parece ser la propiedad que adquiere el término  al

momento de ser introducido en los análisis económicos como medio para compensar el

déficit de racionalidad que subsiste en las decisiones organizativas.

Y es que, tomado   "   el concepto de calidad tiene dos posibles

acepciones. La primera, derivada del latín ,  o,  ha sido por siempre utilizada

para indicar la µcualidad¶, µmodo de ser¶ o µcaracteres que distinguen a una persona o cosa¶

frente a lo múltiple. La segunda, derivada del latín , y del inglés antiguo ,

en cambio, fue acuñada por los escolásticos (s. VI hasta el s. XIV), quienes arrogándose

estar en posesión de la verdad, la utilizaron para calificar la µaptitud de algo¶ o indicar la

µautoridad -  . de alguien¶ en el tratamiento de ciertos temas. 11 Posteriormente, a inicios del
s. XX, el significado escolástico será retomado por el denominado     /  para
de  y popularizado
determinar lo que ha de ser considerado ³conocimiento científico´ .12

Según la acepción de calidad que se utilice, las teorías y proposiciones económicas

se sustentarán, bien en principios de pluralidad y complementariedad, bien en principios de

homogeneidad, dando con ello lugar a dos posibles modos de concebir la universalidad que

las rige: a) como pretensión que permite construir teorías y proposiciones que contienen a

sus contrarios y a sí mismas, b) como certeza teórica y propositiva que ha de imponerse al

mundo.

Por otra parte, en su dimensión formal, la aplicación del concepto de µcalidad¶ a un

concepto cuantitativo transfuncional, como es el µgasto¶, obliga a que los análisis

11
Cfr. J. Corominas y J. Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Yditorial Gredos,
segunda reimpresión, vol. II, Madrid, 1989, pp. 257 ± 258.
12
Véase al respecto: Bryan Magee, Historia de la FilosofíaArt Blume, Barcelona, 1999, pp. 198-200.
económicos incorporen alguna noción de  de manera que, a partir de esta noción, se

pueda determinar la de una organización real respecto a lo que constituye su

 (determinación cualitativa) y la "de su nivel de gasto en relación con la

de elementos de gasto que ella considera (determinación cuantitativa), para luego,

a través de lo que se denomina "  realizar la unión de la determinación cualitativa y

la determinación cuantitativa.13

La medida se define como una" siendo propio de ella poseer un

carácter reversible, por lo que igualmente puede expresar la       que

realiza una organización o la    que ésta logra. No obstante, lo

que actúa como    "  permanece siempre arbitraria, no pudiendo, en

consecuencia, establecerse una relación simple de causa a efecto entre las variaciones

cuantitativas y las variaciones cualitativas.14

La arbitrariedad que contiene siempre la " hace que los estudios sobre calidad

del gasto puedan observarse como una suerte de movimiento por el cual, de alguna manera,

la Yconomía retorna al programa de investigación de los economistas clásicos, y por lo

mismo, se subordina a la Política para ponerse a su servicio. Sin embargo, esta µeconomía

política¶ o µeconomía de calidad¶ que ahora resurge, ya no se encuentra reducida

únicamente al ámbito del Ystado o de la acción pública, sino que puede, se requiere y está

siendo expandida a toda forma de organización.

Ciertamente, como señala Schumpeter (1954), una economía política nunca es

indiferenciada u homogénea, sino más bien el resultado de principios de diferenciación que

dan lugar a la inclusión o exclusión de sociedades, organizaciones e interacciones

13
Cfr. Georg Hegel,    %en: Lógica I,Ydiciones Folio, Barcelona, [1817] 2002, pp. 139-191.
14
André Noiray (dir.), La filosofía,Ydiciones Mensajero, Bilbao, 1974, p. 53.
humanas, según las posibilidades que tengan cada una de ellas para afirmarse en el

mundo. 15 Ysto obliga a tener presente que, al trabajar una economía sobre la base de una

concepción política o de calidad, existe siempre el riesgo de que al interno de las

interacciones humanas, organizaciones y sociedades involucradas, se introduzcan

subrepticiamente teorías u opiniones económicas que más que promover la autonomía o

participación activa de éstas, pretendan la instauración de relaciones de dependencia y

dominación que favorecen a determinados intereses particulares.16

Pero si se considera que, precisamente, es sobre la base de diferencias y no de

homogeneidades que se construye toda economía, denostar a la economía política clásica,

como lo hace el propio Schumpeter, por causa de las diferenciaciones que ella introdujo,

no parece del todo justo. Antes bien, esto debe considerarse su mayor virtud. Yl defecto del

pensamiento económico clásico, al igual que lo que ahora ocurre con las teorías

económicas neoclásicas y modernas, radica más bien en las limitadas posibilidades de

afirmación en el mundo que impuso a ciertas interacciones, organizaciones y sociedades.17

A este respecto, se puede afirmar que hoy, al igual que ayer, los pensamientos y

teorías económicas son fuente de restricciones para la conservación y desarrollo de

distintos sistemas socio-culturales, no tanto por las proposiciones que ellas contienen, sino

por el concepto de &    "    que las orienta y al que aspiran. Pues,

siendo propio de los planteamientos económicos convencionales mostrarse revestidos de

justeza total, validez única y determinismo absoluto, cuando logran introducirse en

sociedades, organizaciones e interacciones que no tienen suficiente disposición sobre sí

15
Cfr. Joseph Schumpeter, Historia del análisis económico, Yditorial Ariel, segunda edición, Barcelona,
1994, p. 75.
16
Precisamente este riesgo constituye la cuarta justificación que ofrece Adam Smith para su investigación
sobre la riqueza de las naciones (Cfr. Adam Smith, La riqueza de las naciones, Ydiciones Folio, tomo I,
Barcelona, 1996, p. 47). Para una versión actualizada del tema: Roberto Ysposito, Immunitas: protección y
negación de la vida,Amorrortu editores, Buenos Aires, 2005, pp. 9 ± 33.
17
Cfr. Alfred Marshall,   pp. 5 ± 6.
mismas, las proposiciones económicas provocan irremediablemente una pérdida de

identidad y especificidad en las actividades y economías de éstas, incluso si con ello se

obtienen resultados ³exitosos´.

Ysta idea de universalidad, que ha resultado particularmente perniciosa para la

sostenibilidad y transformación de los países denominados     se ha visto

fortalecida, desde mediados de la década de 1980, por la difusión de criterios de calidad,

sea bajo la forma de estándares o sea bajo la forma de normas, que no pretenden tanto

reconocer particularidades como imponer homogeneidades en el consumo o vector de

gasto de las organizaciones, incrementándose con ello el riesgo de que las condiciones

humanas, organizativas y sociales de pueblos enteros, continúen estando subordinadas y

muchas veces determinadas por fuerzas extrañas.18

No obstante estos riesgos, la se mantiene como una alternativa válida para

compensar el déficit de racionalidad económica, porque, al igual que el "  al interno

de las organizaciones actúa como mecanismo de asignación de recursos. Con esto no se

afirma otra cosa que, al nivel de las organizaciones, la reviste interés económico en

tanto actúe como equivalente funcional del "  (

Pero, si la calidad puede ser entendida como un equivalente funcional del mercado,

¿bajo qué condiciones contribuye a una asignación eficiente de recursos al nivel de una

organización?

18
Al respecto, piénsese los efectos que tiene en las organizaciones educativas el criterio por el cual, el nivel
de calidad (aptitud, autoridad, acreditación) de una universidad se mide por la proporción de docentes que
han obtenido el grado académico de doctor en Ystados onidos.
Ñ     
  

Se puede decir que la  contribuye a una asignación eficiente de recursos al

nivel de una organización cuando la deja operar racionalmente y no la condena a un

esquema de división del trabajo.19 Yn otras palabras, la  se convierte en un

equivalente funcional del "  si posibilita que la organización produzca decisiones

eficientes y no la reduce a un simple actuar.

Ysta hipótesis no sólo fortalece la opinión acerca de lo pernicioso que resulta para

las organizaciones adoptar un concepto de calidad basado en el principio de universalidad

homogénea. También permite aligerar la carga de la presente investigación, eliminando

todo aquello que tenga relación con lo que se denomina  !(Pues,

tanto la una como la otra, al introducirse en las organizaciones, funcionan como fuente de

acción y no de decisión. Siempre que se presentan, lo hacen bajo la fórmula: ³se ha

decidido, sólo resta actuar´.

La eficiencia que muestra el mercado para posibilitar decisiones de producción o

decisiones de consumo se expresa en la   0 en términos de

Jevons - que reviste la información de precios que genera. Según Gregory Bateson, la

información puede ser definida como ³la diferencia que hace una diferencia´.21 Ysta

capacidad informativa presenta los precios siempre que registran acontecimientos o

situaciones de mercado que tienen el potencial de modificar los estados de una

organización, provocando en ella la necesidad de decidir.

19
Cfr. Niklas Luhmann,   1997, p. 7.
20
Véase al respecto: William Stanley Jevons, La teoría de la economía política,Ydiciones Pirámide, Madrid,
1998 [1871], pp. 101-103.
21
Gregory Bateson, ?     Y     citado en: Niklas Luhmann, Sistemas sociales:
lineamientos para una teoría general,Anthropos Yditorial, segunda edición, Barcelona, 1998, p. 61.
De esta manera se explica mejor la diferencia que existe entre las   o

    que presuponen siempre una decisión y por lo mismo sólo pueden ser

consideradas como dadas o esperadas, y los   , que sólo encuentran su identidad

cuando poseen  " que permite a las organizaciones configurar conjuntos de

alternativas  la decisión.

La utilidad potencial de los precios se origina en el hecho de que éstos indican

posibilidades de intercambio de      en términos de    el cual, siendo

también una µcosa escasa¶, cumple además la función de µmercancía patrón¶ o "    

 " ""    + (

A este respecto, se dice que algo es una µcosa escasa¶ cuando es útil y limitada, esto

es, cuando algo responde a una necesidad o deseo pero que no puede ser empleado a

discreción.22 Y se afirma que algo cumple la función de µmedio de comunicación

simbólicamente generalizado¶, cuando posee similar sentido o significación para un

conjunto de sistemas heterogéneos, posibilitando entre ellos un relacionamiento por

homogeneidad o paridad, es decir, haciendo posible lo imposible.23

Yn consecuencia, se puede establecer que la  actuará como equivalente

funcional del mercado en tanto se constituya en fuente de comunicación a partir de la cual,

la organización acceda y produzca información y al mismo tiempo logre que dicha

información sea percibida como útil y delimitada para su  operativo(24

22
Cfr. León Walras, Ylementos de economía política pura (o teoría de la riqueza social),Alianza Yditorial,
traducción de la cuarta edición [1900], Madrid, 1987, pp. 155-156.
23
Cfr.: Ignacio Izuzquiza, La sociedad sin hombres: Niklas Luhmann o la teoría como escándalo,Anthropos
editorial, Barcelona, 1990, pp. 219 ± 224, y Antonio Villar, Curso de microeconomía avanzada: un enfoque
de equilibrio general,Antoni Bosch Yditor, Barcelona, 1996, pp. 1 ± 2.
24
Yl incumplimiento de esta condición es, precisamente, lo que marca los límites de los planes estratégicos
convencionales y lo que determina la imposibilidad que ellos encierran.
Pero el hecho de introducir un concepto de  que actúe como fuente de

comunicación interna, no implica que la información que a partir de ella se genera

conduzca a decisiones de producción o decisiones de consumo eficientes, por lo que esta

condición, siendo necesaria, no es suficiente.

Por definición, toda información es eficiente en virtud de su capacidad para incidir

en la determinación de un conjunto de decisiones u operaciones, al igual que lo es el agua

por su capacidad potencial de satisfacer un conjunto de necesidades o deseos, y lo son los

precios por su capacidad de configurar producciones o consumos. Yntendido así, el

concepto de eficiencia hace relación con cierta capacidad real o potencial que presenta una

cosa, dadas las propiedades o características que la identifican y que permiten relacionarla

con otra cosa o conjunto de cosas.25

No obstante, así como ocurre al nivel de los bienes y de los precios, ninguna

información aparece conteniendo un mismo grado de eficiencia para todo propósito u

objetivo, ni dentro de toda circunstancia posible. Por tanto, no basta que una cosa sea

eficiente para ser útil, o mejor decir, no basta que una cosa tenga la capacidad de

relacionarse con otra cosa para adquirir ( Pues, para lograr ello, es preciso que

dicha relación o eficiencia se encuentre    por algo que le otorgue sentido, y

justamente por otorgarle sentido, la especifique y regule en conformidad con las

condiciones de tiempo, lugar y personas que prevalezcan. 26

La relevancia del concepto de    no ha sido valorada debidamente en

las teorías económicas. Así, en las teorías neoclásicas usuales, su consideración sólo se ha

25
Cfr. Carl Menger, Principios de economía política, Ydiciones Folio, Barcelona, 1996, p. 47, y Kelvin
Lancaster, 1 &   ,      " (1966), en: Manuel Quintillán y José Fernández
(eds.), Lecturas de microeconomía y economía industrial,Ydiciones Pirámide, Madrid, 1998, pp. 69-71.
26
Yste enunciado ± a criterio personal ± corrige y completa los enunciados dados acerca de la utilidad por los
economistas marginalistas William Jevons,   pp. 97-98, y Carl Menger,    p. 48, al tiempo que
clarifica aquellos dados por León Walras,   pp. 155-156, 164-165.
dado bajo la forma de restricciones que actúan como variables exógenas (vg. presupuesto,

dotaciones de recursos). Ysta posición no ha sido fortuita, como se constata a través de los

artículos acerca del  " "     " % escritos por Ydward Mishan (1961)

y Amartya Sen (1973). Antes bien, dicha negligencia ha respondido a la necesidad de

mantener los axiomas de racionalidad que sustentan la teoría del consumidor y legitiman el

uso del cálculo diferencial.27

Hay que reconocer, sin embargo, que en la década de los años 1960, los trabajos de

Gary Becker (1965), Kelvin Lancaster (1966) y Richard Muth (1966)28 dieron lugar al

desarrollo de la denominada 2 &    " provocando una innovación en las

teorías neoclásicas al considerar el  " como una variable endógena que condiciona

los comportamientos de las unidades domésticas. Yn esta teoría, el tiempo regula la

relación entre la demanda de mercancías y la producción de los llamados bienes-Z que

configuran la función de utilidad de los hogares. Cabe señalar, no obstante, que la teoría

que permitió a Becker obtener el Nobel de Yconomía de 1992 fue desarrollada, en la

década de 1920, por el economista ruso Alexander Chayanov. 29

Por el lado de la denominada Y  "    + las corrientes

institucionalistas y neo-institucionalistas, influidas por el modo en que Ronald Coase

concibió el origen de las empresas,30 han reducido el concepto de condicionalidad a la

27
Yl concepto de    al relativizar los axiomas de ³completitividad´, ³transitividad´ y
³racionalidad´, hace del concepto de algo contingente. Véase al respecto: John Green, La teoría del
consumidor, Alianza Yditorial, Madrid, 1986, pp. 19 ± 27.
28
R. Muth,           "   "   % (1966), citado en: Allan Low,
Agricultural development in South Africa: farm-household economics & the food crisis,James Currey, First
paperback edition, London, 1989, p. 13.
29
Alexander Chayanov, La organización de la unidad económica campesina, Ydiciones Nueva Visión,
Buenos Aires, 1985.
30
Cfr. Ronald Coase, # +  "  %(1937) en: G. Stigler y K. Boulding (eds.),   pp.
303 ± 321.
forma de un contrato que regula las transacciones "  "  , en orden a reducir

costos, evitar comportamientos oportunistas o eliminar asimetrías en la información.31

Yn contraste con lo expuesto, la autodenominada   "     0

  liderada por James Buchanan, ha logrado desarrollar una clara noción del

concepto de condicionalidad al nivel institucional, convirtiéndolo incluso en su objeto de

estudio. Así, en el libro #+   " se declara:

Si las reglas influyen en los resultados y si algunos resultados son «mejores»


que otros, se sigue que en la medida en que las reglas pueden ser elegidas, el
estudio y análisis de las reglas e instituciones comparativas se convierten en
el objeto propio de nuestra reflexión.32

Pese a esto, la excesiva ascendencia que ejerce en ellos el pensamiento de los

economistas clásicos y el deficiente humanismo de los economistas neoclásicos, les ha

impedido diferenciar entre   y + limitando con ello su reflexión a la

relación entre  * e &    ( Ysta limitación, aunque de distinta

manera, ha hecho que incurran en la misma falta que critican a los economistas

neoclásicos, al no lograr tampoco ellos explicar cómo los individuos edifican o construyen

la sociedad.33

La situación descrita impide esperar que desde la Yconomía se alcance un

adecuado entendimiento de la importancia que reviste el concepto de   "  

para el estudio de la calidad del gasto en las organizaciones. De ahí que esta disertación

proponga regresar la mirada y aprovechar los aportes de la 3         " 

31
Cfr. Clara García, Análisis económico de las organizaciones: enfoques y perspectivas, Alianza Yditorial,
Madrid, 2001, pp. 55 ± 76.
32
G. Brennan y J. Buchanan, La razón de las normas,Ydiciones Folio, Barcelona, 1997, p. 40.
33
 " pp. 39, 108 ± 109.
como en su momento lo hizo Alfred Marshall con aquellos aportes de la 3    

&      para comprender el fenómeno organizativo(34

Yn esta línea obligada de indagación, adquiere especial relevancia la noción de

+ dada por Ross Ashby (1968), al entenderla como un fenómeno que emerge

cuando         4  5         &  

    %(35 Ysto implica que una organización surge cuando los elementos que

configuran una situación no pueden relacionarse     % debiendo recurrirse a

procesos de   lo cual, socialmente, sólo puede acontecer si las relaciones se

encuentran mediadas por elementos de sentido (sistemas inteligentes).

Lo notable de la conceptualización ofrecida por Ashby radica, a nuestro criterio, en

su capacidad para explicar el origen y la naturaleza de toda organización, sin requerir para

ello de la existencia previa del mercado como lo exige la propuesta de Roland Coase,

entendiéndola como un fenómeno situacional y selectivo que está obligado a constituir su

identidad sobre la base de condicionamientos o delimitaciones de sentido. Ys decir, desde

esta óptica no es dable concebir y analizar un hogar, una empresa, una universidad o

cualquier forma organizativa a partir de su materialidad o , sino sólo desde la

unidad de las relaciones que cada organización establece con su entorno y con ella misma.

Ysto significa, por ejemplo, que la eficacia que logra una universidad en la sociedad

no depende tanto de la infraestructura, equipamiento o número de docentes que dispone,

como del   que guía efectivamente sus operaciones internas y los programas y

relaciones que mantiene con su entorno. Con ello, lo único que se afirma es lo inapropiado

que resulta esperar una alta correlación entre el nivel de gasto universitario y la eficacia
34
Alfred Marshall,   p. 44, 203 ± 209.
35
Cfr. Ross Ashby, ›    ?  +?  "%Y:CO, volumen 6, núm. 1 y 2, pp. 255-256.
Internet. http://www.ak.tu-berlin.de/fileadmin/a0135/onterrichtsmaterial/Di_Scipio/Ash_by.pdf. Acceso:
20, junio, 2007.
universitaria, dado que no existe una relación simple y directa entre lo que se gasta en

educación y los resultados educativos que se obtiene.

Yl  constituye el principio y fundamento de toda organización. A partir de él

las organizaciones seleccionan las informaciones que captan del entorno, y al mismo

tiempo, ordenan y especifican los propósitos, programas y operaciones que las configuran

a lo largo del tiempo.

Yn consecuencia, la  actuará como equivalente funcional del mercado y

conducirá a decisiones de producción o consumo eficientes, en tanto en cuanto, la

información que a partir de ella se genere contenga condicionamientos o limitaciones de

sentido para la organización en que se aplica.

Así, cuando una universidad establece como elemento de calidad o modo de

proceder que:  *"           " ') 

    ,                "  

 + % lo que hace esta organización es regular la utilidad de sus decisiones

acerca de la demanda de docentes y la oferta de matrículas, sin por ello determinarlas. Pero

no sólo ajusta esas demandas y ofertas, pues, utilizando aún el ejemplo, se hace evidente

que un mismo condicionamiento de sentido sirve de medio de comunicación (al igual que

el dinero en el mercado) para regular la utilidad de otras decisiones (vg. seguimiento,

infraestructura, publicidad, costos, liquidez etc.), y por lo mismo, otras ofertas y demandas.

Se puede decir entonces, a modo de corolario, que mediante condicionamientos de sentido

las organizaciones no sólo producen decisiones eficientes, sino también logran enlazar

unas decisiones con otras y traer a la unidad lo que por su naturaleza es múltiple y diverso.
La correspondencia que guarda la definición de + de Ashby con la

    "  expuesta por Hegel en su     ? 67 y con la

conceptualización de la  hecha por Jevons, Menger y Walras, permite definir el

concepto de calidad como:  "       +   

  (

Hay que enfatizar que desde ésta, nuestra conceptualización, no se habla de 

modo», sino de  modo» en singular, para significar que sólo la propia organización ± y

no otro ente externo ± puede establecer condicionamientos de calidad que produzcan

decisiones eficientes. De igual manera, se usa el término   y no el término

por considerar que el potencial de una organización se encuentra en su capacidad

para ser reconocida socialmente como una    -   .y no tan sólo, como

lo plantea Alfred Marshall, una causa productiva -   ..37

Pero, si se ha de entender el término  como el modo que tiene una

organización de especificar su identidad para ganar eficiencia, ¿cómo especificar ese modo

de especificación organizativa en términos del gasto?

Ñ  

   
   
     

Se puede decir que la   es el resultado de una distinción que pone de

manifiesto un problema y el requisito para su solución. Así, en el s. XVIII, la diferencia

entre  "    planteó el problema del  "  lo que hizo de la  

" & de bienes y servicios un requerimiento, que la Yconomía pudo responder

36
Ver   p. 5.
37
Como    &, la función de una organización es introducir artificios humanos en el mundo
confiriendo utilidad a los medios que emplea, sin considerar las consecuencias que derivan de este hecho, en
tanto que, como      la función de una organización es posibilitar ± no determinar - la
existencia y continuidad de poblaciones humanas a partir de lo que produce. Véase al respecto: François
Jullien, Tratado de la eficacia,Ydiciones Siruela, Madrid, 1999, pp. 21 ± 22, y de manera particular, Hannah
Arendt, La condición humana,Ydiciones Paidós, Tercera reimpresión, Barcelona, 1998, pp. 173 ± 177.
concibiendo el "   como un proceso de autorregulación, alcanzando con ello

identidad propia dentro de las ciencias sociales, particularmente en relación con el

Derecho.38

on tipo de distinción como ésta no es evidente al querer tratar el tema de la

identidad organizativa desde una perspectiva económica. A parte de que el estudio de la

economía de las organizaciones no ha logrado mayor relevancia desde la década de 1960,

la influencia del sesgo administrativo ha sido fuerte en los análisis económicos,

induciéndolos a concebir la unidad organizativa a partir de la diferencia entre    y

(

Yl inapropiado uso de la distinción administrativa para el estudio económico de las

organizaciones ha provocado que la  sea considerada como el principal

problema por resolver y que, por lo mismo, el adecuado establecimiento de ) & sea el

requisito para lograr una solución. Ysto se observa claramente en Gérard Debreu (1959) al

enunciar que la tarea de cada productor es ³elegir un plan de acción completo, es decir,

determinar la cantidad de su input y de su output para cada mercancía´, en tanto que la

tarea del consumidor es concebida como el acto de ³elegir un plan de consumo

completo´.39

Yn contraste con esta tendencia, Alexander Chayanov (1924), a partir de sus

estudios sobre la economía de las unidades domésticas campesinas rusas, planteó por

primera vez concebir la organización como una   "      " 

38
Cfr. Robert Ykelund y Robert Hébert, Historia de la teoría económica y de su método, McGraw Hill,
Tercera edición, Madrid, 1992, p. 15. Alfred Marshall,   p. 73.
39
Gérard Debreu, Teoría del valor,Antoni Bosch editor, Yspaña, 1973, p. 49 y 65.
contraponiéndose a la usual división analítica de clasificar las organizaciones como

unidades de producción o como unidades de consumo(8

Al considerar la diferencia entre  y   " como unidad de análisis,el

problema de la organización deja de ser la planificación, pasando a ser sustituida por la

  lo que conlleva a que su sostenibilidad quede supeditada a la  que

muestran los productos que introduce en su entorno.

Ystos dos elementos,   y  pueden ser tematizados por la propia

organización si su comportamiento y funcionamiento responde a lo que se denomina

  "     ( Ysto ocurre cuando la organización puede operativamente

permanecer abierta a su entorno y al mismo tiempo cerrada en sí misma, o empleando otros

términos, cuando la organización puede diferenciar las relaciones que mantiene con su

entorno de las relaciones que mantiene consigo misma.

Yn este esquema conceptual, como se ha anotado anteriormente, la    no

mantiene necesariamente relación directa con la  &pero sí con las propiedades

que poseen o adquieren los productos mediante procesos de transformación. Ystas

propiedades, y no los productos en sí, son las que permiten relacionarlos con la satisfacción

de necesidades o deseos que experimentan individuos u organizaciones que se encuentran

en el entorno de una determinada organización

La    por su parte, tiene relación con la incorporación efectiva de los

productos que oferta una determinada organización dentro de los vectores de gasto que

consideran los individuos u organizaciones que se encuentran en su entorno. Al igual que

40
Véase: Alexander Chayanov,   
con los bienes y servicios procedentes del entorno que ella utiliza en las operaciones y

procesos que realiza, en miras a satisfacer sus propias necesidades o deseos.

Finalmente, el término

  
hace referencia a la capacidad que

tiene una organización de describirse a sí misma como unidad y poner en relación consigo

misma toda información que captura o genera. Por expresar la disposición que tiene la

organización sobre sí misma, el concepto de sistema autorreferencial constituye el lado

operativo del concepto de  existiendo una relación simétrica entre ellos, y por

tanto, una equivalencia funcional con el concepto de "  (

Como se sabe, un mercado describe cantidades ofertadas y cantidades demandadas

de un bien, y mediante la comparación de dichas estructuras establece un precio de

equilibrio. De modo similar, por autorreferencia, una organización se describe a sí misma e

incorpora esa descripción en sí misma, para luego, mediante comparación de estructuras,

verificar en qué medida las propiedades de su operación y el modo de relacionarse con su

entorno responden a esa descripción inicial, logrando con ello emitir información

especificada que fortalece su identidad.41 

41
Cfr. Ignacio Izuzquiza,   pp. 105 ± 109.
p 
         
     


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