P. 1
CONSUMIDORES Y CIUDADANOS. Nestor garcía canclini

CONSUMIDORES Y CIUDADANOS. Nestor garcía canclini

|Views: 90|Likes:
Published by B_Ita

More info:

Categories:Topics, Art & Design
Published by: B_Ita on Jul 19, 2010
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

05/22/2013

pdf

text

original

Dicen que cuando le preguntaron a Jack Lang, entonces ministro
de cultura francés, qué entendía por cultura, respondió que era todo
aquello para lo que tenía una Dirección General. La mayor parte
de las políticas culturales que aún realizan los gobiernos en América
Latina parece instalada en esta inercia burocrática. O, para decirlo
rápidamente, son ruinas de un tiempo perdido.
Las críticas a las acciones de los gobiernos y los análisis de los
cambios socioculturales contenidos en este libro buscan razonar la
incapacidad de las políticas para hacerse cargo de lo que está ocurrien-
do en la sociedad civil. Cuarenta años después de que los medios
electrónicos de comunicación se apropiaran de la escena pública y se
convirtieran en los principales formadores del imaginario colectivo, los
ministerios de cultura siguen consagrados alas bellas artes. En el mejor
de los casos, se ocupan un poco de cultura popular tradicional, pero
casi nunca dicen ni hacen nada respecto de las culturas urbanas
modernas: el rock, las historietas, las fotonovelas, los videos, o sea los
medios en que se mueven el pensamiento y la sensibilidad masivos.
Se desentienden, por lo tanto, de los escenarios de consumo donde se
forma lo que podríamos llamar las bases estéticas de la ciudadanía.1

1

Sobre este tema, véanse los análisis de Renato Rosaldo, Cultura y verdad, especialmente
el capítulo "Las cambiantes narrativas chicanas", México, Grijalbo-Consejo Nacional para
la Cultufa y las Artes, 1991; y de George Yúdice, Jean Franco y Juan Flores (eds.), On edge.
The crisis of contemporary Latín American culture,
Minneapolis y Londres, University of
Minnesota Press, 1992.

185

186

CONSUMIDORES Y CIUDADANOS

Las estructuras burocráticas de los aparatos culturales estatales
tienen aún los énfasis, el estilo retórico y las estrategias comunica-
cionales de la época en que la literatura, la pintura y la música
proveían los códigos y las claves con las que se podía interpretar el
mundo. Carecen de áreas institucionales dedicadas al video y la
informática, y lo que queda del cine y de producción televisiva
—luego de las privatizaciones — ocupa exiguos rincones del presu-
puesto. Los políticos que aprendieron en las últimas décadas la
importancia de administrar en las comunicaciones electrónicas sus
imágenes masivas manejan el presupuesto de cultura como si fueran
líderes del siglo xix, aquellos para los cuales la forma más rotunda
de consagración era la escultura en bronce.
Tampoco se trata simplemente de dejarse seducir por los medios
electrónicos y la masividad del rating. Por supuesto, no estoy sugi-
riendo que nos olvidemos de Brahms y Joyce, de Alfonso Reyes y
Villalobos, porque ahora tengan pocos clientes. Cuando señalo que
los Estados dan respiración artificial a las salas de conciertos y a las
revistas de arte y literatura, estoy cuestionando que sólo se dediquen
a ellas y que además se dediquen poco: dándoles apenas el aliento
que les permita sobrevivir. Soy de los que piensan que aún necesi-
tamos las tradiciones cultas y populares del arte preindustrial para
encontrar la memoria de lo que nos ha hecho como somos y una
manera no simplemente fascinada, menos ingenua y menos irres-
ponsable, de preguntar si este viaje por la cultura tecnológica y los
mercados masivos vale la pena.2
La cultura contemporánea vive en esta tensión entre la moder-
nización acelerada y las críticas a la modernidad. Los cuestiona-
mientos más radicales y lúcidos de la década de los noventa a la
sensibilidad, el pensamiento y el imaginario posindustriales son
enunciados hoy por quienes atravesaron la experiencia tumultuosa
de rupturas, renovaciones y desengaños de esta segunda mitad del
siglo xx. Ofrezco dos ejemplos, entre muchos que podríamos citar.
Primero el de Robert Hughes, crítico de arte de Time y The New

2

Ha tratado bien esta cuestión José Jorge Carvalho, op. cit.

CÓMO HABLA HOY LA SOCIEDAD CIVIL

187

York Review ofBooks: en el libro en que reúne los artículos con que
siguió las alianzas entre arte, televisión y mercado, el balance
conjunto de cómo fueron transformándose lo culto y lo masivo le
permite explicar "el entumecido eclecticismo" del arte de los años
ochenta en Nueva York. "Su sequía imaginativa recuerda un triste
chiste ruso: hoy en día puedes pedir un filete por teléfono, y reci-
birlo por televisión". Sólo con una perspectiva de largo plazo,
nutrida en la historia del arte, es posible darse cuenta de que los 200
mil artistas que podrían considerarse "actuales" en Estados Unidos
no tienen más importancia en el desarrollo cultural "que, digamos,
la clasificación de Charles Jenck de un subgrupo de neopaladianos
japoneses que no habían sido catalogados por la historia de la
arquitectura". No se puede esperar más, dice Hughes, de una época
en que lo producido por los artistas, apremiados por el mercado, se
reduce a condensar las tendencias de moda, rechazar "cualquier
ideal de lenta maduración" y aprovechar "cualquier recurso estilís-
tico que llame la atención, sin preocuparse de lo estéril que puede
resultar a la larga".3
Junto con la homogeneizacióny las premuras mercantiles, la otra
gran amenaza que Hughes descubre sobre el arte estadunidense es
su enjuiciamiento desde prescripciones morales y concepciones
dogmáticas de la ciudadanía. Me interesa, por eso, cómo su último
libro 4

enfrenta el moralismo puritano y racista de quienes censura-
ron las fotos de Mapplethorpe o suspenden los fondos de la radio-
televisión pública y, a la vez, el multiculturalismo populista cuando
justifica cualquier exhibición de "kitsch farragoso" o el apoyo a
grupos étnicos que sólo hacen artesanales "hobbys inocentes". Ni el
rechazo a la diferencia ni su reivindicación ilimitada contribuyen a
que las artes desempeñen las funciones estéticas de "desafiar, refi-
nar, criticar" y "buscar la excelencia", que son los modos encontra-
dos por los artistas modernos para ayudar a los espectadores a no
ser ciudadanos sumisos. Hughes apuesta a que las exploraciones del

3

Robert Hughes, A toda crítica, Barcelona, Anagrama, 1992, pp. 11-41.

4

Robert Hughes, La cultura de la queja. Trifulcas norteamericanas, Barcelona, Anagra-

ma, 1994.

188

CONSUMIDORES Y CIUDADANOS

arte continúen siendo recursos para escapar de las ilusiones nivela-
doras, abstractas, de la democracia occidental. Pero sostiene que
estas posibilidades se frustrarán mientras los artistas se dejen disci-
plinar por el mercado, o por las buenas intenciones de un multicul-
turalismo homogeneizador. Las búsquedas estéticas pueden ser el
lugar donde sigan vibrando las diferencias de calidad e intensidad,
de perspectiva y experimentación, donde recordemos que la coexis-
tencia de etnias y culturas, su hibridación desigual, es algo muy
distante de una gran familia mundial apacible.
Sin embargo, no todo el arte que se produce ahora muestra esta
incapacidad para vincularse con las conflictivas formas actuales de
ciudadanía. Pienso, en contraste, en lo que en el jazz-rock actual se
llama "los desenchufados". Después de que Eric Clapton grabó su
"Unplugged" y encontró a millones de seguidores que preferían el
disco en que volvía a interpretar algunos de sus éxitos en la nueva
versión de guitarra acústica, la MTV comenzó a promover, desde
1990, conciertos sin electrónica, con los menores arreglos y simula-
ciones posibles. Otros músicos que habían logrado celebridad apro-
vechando elplayback y el clip, decidieron recuperar la experiencia
de las pequeñas sesiones acústicas, las improvisaciones y los riesgos.
Sinéad O'Connor y Joe Satriani, Gilberto Gil y Stevie Ray Vaughan,
y cien más tras ellos, están grabando unplugged y promueven sus
discos ya no en estadios sino en salones íntimos. El mercado es
demasiado vigoroso y astuto como para perderse la oportunidad de
usar esta recuperación de la experiencia directa entre músico y
audiencia a fin de revitalizar las ventas; ya sabíamos por la moda
retro en la ropa, en el cine y en el diseño gráfico que el regreso a lo
antiguo puede impulsar negocios nuevos. Pero quizá lo que más
interesa sea la disponibilidad de músicos y oyentes para reencontrar
la evocación del momento en que se compone, una simplicidad
interpersonal sin retoques.
En las artes plásticas, en la música y en cualquier creación cultu-
ral siempre necesitamos oscilar entre la integración y el desenchufe.
Es indispensable tener información internacional, no sólo para estar
actualizados tecnológica y estéticamente sino también para nu-

CÓMO HABLA HOY LA SOCIEDAD CIVIL

189

trir la elaboración simbólica en la multiculturalidad de las migra-
ciones, los intercambios y los cruces. Pero además hay momentos
en que necesitamos replegarnos en lo propio, sea la peculiaridad
nacional o étnica, las interacciones personales en los espacios do-
mésticos o la modesta búsqueda individual.
La integración y la competencia con otros pueden ser estímulos,
pero siguen existiendo necesidades locales en medio de la globali-
zación. Sé que no se puede juntar fácilmente en un mismo paquete
la dinámica de la creación artística con las exigencias de autonomía
de los grupos sociales, sobre todo de las etnias oprimidas. Pero las
preguntas de algunos jazzistas y rockeros que eliminan intermedia-
ciones — entre ellas, las electrónicas— y buscan el sabor de las
músicas africanas y latinoamericanas, tienen coincidencias con los
movimientos indígenas y populares que se levantan y preguntan
para qué y para quiénes sirven los procesos de integración comer-
cial transnacionales cuando ellos carecen de las carreteras, la edu-
cación, el transporte, o sea los recursos básicos para encontrarse con
sus semejantes.

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->