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El Dolor…

Este si que ha sido tema durante siglos y siglos.... y me atrevo a hablar de él, pero con mucho respeto ya que la última persona que pretendió hacer una gran teología del dolor a nivel teórico tubo que experimentarlo, posteriormente, de manera vivencial para poder comprenderlo bien.... (leer la biografía de C.S.Lewis) Generalmente, cuando atravesamos experiencias dolorosas aflora inmediatamente una daga punzando nuestro corazón... la infame pregunta "¿por qué?"... ....¿y por qué a mi?... ....¿¡y por qué justo ahora!?... ....¿y por qué tanto?... ....¿y por qué no se va este sentimiento?...

Cuando nos acercamos a las escrituras descubrimos que mucha gente pasó por experiencias altamente dolorosas... es el caso del ejemplar Job, o de la singular Noemí, o del gran José.... ....y que me dicen del ciego de nacimiento al que Jesús sanó?? o la mujer que su hija fue poseída por un demonio?? o el pobre gadareno que le llegaron a decir "endemoniado"?? o (para coronar) el 38 años paralítico, que teniendo una fuente de sanidad cercana no lograba sanar?? No se trata del “por qué”… Resumiendo el escrito anterior, generalmente en situaciones de dolor nuestra tendencia natural es a buscar el “por qué” de la situación, la raíz del problema, su génesis… con la esperanza de que la hallarlo podamos, de alguna manera, darle remedio. Y es normal, porque en el común de los casos buscar el origen de los problemas nos permite .solucionarlos Sin embargo, cuando entramos en las situaciones de dolor irremediables (como la muerte de un ser querido), la búsqueda de una explicación no es el camino indicado… por lo menos no bíblicamente. Se que no tengo estudios de teología para solventar lo que aseveraré… solo lo haré con temor de Dios y, por supuesto, abierto a ser rebatido. “Nuestras experiencias de dolor extremo o inevitable no se sobrellevan a través de la búsqueda de un “por qué”… sino de un “para qué”. Observemos brevemente el caso de Noemí: Abandona su ciudad por la escasez de alimento; vive en tierra de Moab (abominable a los judíos) por espacio de 10 años;

mueren tanto su esposo como sus dos hijos, quedándose viuda y con dos nueras igualmente viudas. Cualquiera de nosotros caería fácilmente en depresión con tamañas pérdidas… y más aún considerando el penoso y sufrido futuro que nos esperaría por delante. Si tratáramos de buscar un “por qué” de esta situación, podríamos aventurar que “Dios los maldijo por habitar en tierra de paganos”… pero ese no es el objetivo del escritor del libro de Rut. No, mis queridos lectores. Muy por el contrario de nuestras ideas, el libro continúa con la descripción del cómo todos esos trágicos eventos desembocaron en el encuentro de Rut y Booz, y en la continuación de la genealogía del rey David y, futuramente, del mismísimo Mesías: Jesús. Pero, si el objetivo de Dios era que esta pareja se uniera… ¿habrá sido necesario tanto sufrimiento en la vida de esta pobre viuda para que se encontraran Rut y Booz?, ¿por qué no envió Dios a Rut “de una” desde Moab hasta Belén y nos ahorramos tanta tragedia? Eso me dice que hay más factores que no hemos analizado… pero eso, mis queridos amigos, es motivo de un post futuro. Por ahora quedémonos con esta gran verdad: “Nuestras experiencias de dolor extremo o inevitable no se sobrellevan a través de la búsqueda de un “por qué”… sino de un “para qué”… y ese propósito nos será revelado solo a Su tiempo”. …porque, aunque a momentos no lo parezca, “la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta” (Romanos 12). DLB!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Guille.