La alegría de ser cofrade

Mucha veces nos podemos preguntar, ¿Qué es ser “cofrade”?. Si nos atenemos a lo que dice el diccionario, cofrade es toda persona que pertenece a una cofradía. Según esto, seguimos sin saber cual es su significado o, al menos, muy superficial y tenemos que buscar el significado de “cofradía”: (De cofrade). f. Congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad. || 2. Gremio, compañía o unión de gentes para un fin determinado. || 3. ant. Vecindario, unión de personas o pueblos congregados entre sí para participar de ciertos privilegios. Ahora ya sabemos algo más acerca de ello pero, no sé, se me antoja aún muy superficial todo esto, siento que es demasiado técnico, falta salsa. Pues bien, si me lo permiten, les contaré a ustedes lo que para mí significa ser cofrade. Sentir que cada día es único e irrepetible para hacer feliz a los demás. Sentirse cada día más útil para los demás. Sentir que para que todo funcione, se es más imprescindible contar con el eslabón de la cadena de la cual se forma. Sentir que el trabajo realizado se encauza en el camino correcto. Hacer partícipe de todos la labor que se está realizando. Lo anteriormente expuesto es referente al todo de la definición, pero en lo que principalmente me ocupa en estos momentos, es en relación a lo religioso, que para mí es ayudar a mis hermanos en todo para lo que sea solicitado y esté en mi mano poder realizar. Ver que es Dios quien en realidad dispone los acontecimientos. Velar todo el año para que el trabajo realizado sea agradable a todos. Intentar causar la menor de las molestias a los que nos rodean y apoyan. Compartir con todos, en la medida de lo posible, la alegría que supone ser conocedor de parte de la Verdad Suprema. Para mí es una alegría pertenecer a la hermandad que pertenezco y trabajar todos los días para conseguir, no sólo ver a nuestros Titulares en la calle de procesión en la tarde del Miércoles Santo, que también, sino ver que cada día mi hermandad es más grande espiritualmente, se hacen los trabajos casi sin molestar al pueblo y ver que toda esta labor no es “calor de un momento”, sino que nos estamos asentando firmemente entre todas las hermandades del pueblo y de la comarca como “responsables y sabedores de lo que tenemos entre las manos”. Eso, es para mí ser cofrade. Esa es mi alegría.

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Manuel J. Almonte Hijón