La luz atraviesa mi ventana y me dispongo a la vida sana, en este cómodo sillón y leyendo a Platón.

El tiempo no existe como tal y vivo un momento sin igual, los cálidos rayos me atraviesan y mi ser y mi cuerpo ya no pesan. Un regalo me digo sonriente con cruasán en un diente, un placer para mis sentidos en estos momentos vividos. Mis ojos me llevan lejos como si fueran dos catalejos en esta mañana suave de cantos de ave. El filósofo me da de comer y agradezco su buen hacer, sus lejanas enseñanzas me sirven en mis andanzas. El Sol ya esta en su vertical y yo sigo atemporal, acompaño mi paz y mi lectura con vino de buena catadura.

Que más puedo escribir sin dejar de sonreír, que más puedo sentir si así es mi latir.