PERIPLO • AGOSTO 2010 • Vol.

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About Us
PERIPLO somos un grupo de jóvenes, que por diversas circunstancias de vida, nos hemos visto envueltos en un periplo. Un periplo es un viaje, una circunnavegación y así, una exploración. Una revista es una propuesta literaria que sostiene un diálogo, a la manera antigua, que profundiza poco a poco en un océano virgen. Es la propuesta de un itinerario digital y bimestral en el que las letras naveguen con los vaivenes de nuestro tiempo. PERIPLO será, efectivamente, una tentativa de reconocer los mares que surcamos, uno a uno. Es nuestro objetivo abordar distintas temáticas que serán la columna vertebral de cada número, desde las más diversas disciplinas humanistas, con el desafío de ser transversales en el tiempo y en el espacio y con una óptica integradora. Somos cosmopolitas por surgir y habitar ciudades de todo el mundo: nuestros orígenes son diversos pero nuestra lengua es una y nuestra palabra plural. PERIPLO es además hijo de la posmodernidad por estar comprometido a dar testimonio al siglo que vive; considerando la trayectoria histórica de la humanidad, buscará reflejar el pensamiento de un tiempo y sus dudas, sus posibilidades, sus inspiraciones y bloqueos. En una época de cierta incertidumbre cultural, PERIPLO pondrá de relieve las inquietudes de unos cuantos; curiosidades de muchos que, como nosotros, buscan ver el otro lado de las cosas. En la medida en la que no huimos, nuestra pequeña embarcación literaria será un viaje que irá dejando rastro y huella por si, en algún punto, queremos regresar a una costa conocida. Viajar también es perderse; he aquí una brújula por escrito para aquellos que no teman desprenderse de sus raíces y busquen profundizar en nuevos mares. Las expediciones de los antiguos dejaban evidencias instructivas documentadas en sus περίπλους (periplous), porque cuando la humanidad quiere dejar asentado algo que considera importante, lo escribe. Nosotros aprendimos el gesto, y sin conocer el destino final de nuestro periplo, decidimos dejar testimonio de nuestro recorrido.

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PERIPLO • Víctor Bermúdez

Cul de sac
PERIPLO se propone en este cuarto número abordar el tema de los héroes y antihéroes. Los interrogantes irán apareciendo -algunos sin respuesta- a medida que descubran en cada artículo los mundos fascinantes que de ellos se desprenden. Existen tantas definiciones de héroes como personas intenten significarlo, pero hay una certeza: son construcciones mentales que las sociedades utilizan como depositario de sus ilusiones, anhelos y fracasos. Llevan en su frente las hazañas más admirables y su capa cubre las virtudes de un prócer. Pero, ¿quiénes son? ¿Dónde viven? ¿Por qué llegan al pedestal de la idolatría? Los héroes de carne y hueso, y no aquellos seres corpulentos vestidos de acero y dotados de cualidades excepcionales, son los portadores de las banderas más utópicas que una sociedad puede levantar. Y, a veces, esa idealización rompe los muros temporales y geográficos para convertirse en representantes diplomáticos de su comunidad en el exterior. La opinión pública, esa masa mediatizada sedienta de fe, es la que legitima a estos cuerpos todopoderosos y ellos actúan en consecuencia. Será este un viaje antropológico para saber qué hay detrás de ellos y cómo se escabullen en la vida cotidiana. A través de las diferentes visiones del arte y las humanidades indagaremos en la condición humana no sólo del héroe sino también de su contra cara y, a veces, su complemento: el antihéroe. Aquel ser quebrado, protagonista de los grandes sueños postergados, el eterno perdedor que jamás será alcanzado por el agua bendita del heroísmo. Ambas caracterizaciones, lejos de formar parte de un mundo onírico e intangible, tropiezan con los infortunios de la realidad. Lloran, aman, ríen, mueren. Los actores sociales del presente y del pasado no desaparecieron de la escena pública, siguen vivos, rondando el aire de la historia, sólo es cuestión de saber distinguirlos entre tanta máscara y traje grandilocuente. Algunos se han disfrazado de héroes, otros de villanos, pero ambos caminan a nuestro lado y nos hablan al oído.

Ilustr ación de portada: julio ríos
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¿Remas con PERIPLO?

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PERIPLO • JULIO RÍOS

PERIPLO • Víctor Bermúdez

solucítr a ed ecidnÍ

ÁGORA Maradona: ¿héroe o antihéroe? Fernando Pittaro y Víctor Bermúdez Cine en rama Buscando a Holden Fernando Massa Heroísmo en la fe Joaquín Bilbao SÍNDROME DE STENDhAL Héroes con piel de bronce Ángel Saiz MUSICANTROPÍAS Los cañones, el héroe y el vaso de whisky Luis Baeza
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ET CETERA Bill, te equivocaste Natalio Stecconi El día que el fútbol se devoró a un héroe Francisco Hernando Arri El Guisante Asesino: el antihéroe como recurso gráfico Joan Forner GAVIA Resignado sin causa: el detective manicomial de Eduardo Mendoza Ricard Olivé Roca Acercamiento al héroe en Viaje al fin de la noche Elisa de Arriba Martín Borges y una delgada línea Felipe Blaquier Cuando Cervantes se apoderó del mito Liliana Alemán Román LEGADOS Entre el esplendor y la tragedia: el caprichoso vaivén de las revoluciones Daniel Ruíz PANOPLIA Glosas sobre heroicidad Víctor Bermúdez PLUMAS LIBRES Héroe busca segundón Ricard Olivé Roca El río y su cajón Julieta Desmarás R Hedonism Cristina Blanco

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Joaquín Bilbao. Especialista en generalidades, vive fascinado por el baile de los planetas. Porteño cosmopolita, pasó por Bogotá, Bahía Blanca y Berkeley. Siempre que puede exclama que Paul es su Beattlefavorito. joaquinbilbao@revistaperiplo.com Cristina Blanco. Salamanca y alrededores. Psicóloga, viajadora, inquieta, creativa a tiempo parcial. Inventa mundos. Poeta ocasional, desde niña gustó de investigar con las palabras en juegos donde las cosas suenen redondas, suaves, nuevas, sencillas, pero caigan por su propio peso. Ángel Saiz. Historiador y crítico de arte vallisoletano. Nómada y desarraigado. Conversador pausado y enemigo de la perfección. Es un buscador de musas, ya que su amor por el arte nunca fue correspondido. angelsaiz@revistaperiplo.com Ricard Olivé Roca. Barcelona. Humanista sin ánimo de ejercer, lleva la “L” de ser humano en prácticas. Barcelonés estudioso del mundo épico del futbol y lo freaky, pretende especializarse en risas sin más, y con mucho menos. ricardolive@revistaperiplo.com
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PERIPLO • Mar ample

Natalio Stecconi. Joven argentino abstracto y polifuncional. Docente, director, redactor, ex músico y especialista en salsas frutti di mare. Recolector de imposibles, ilusionista del desasosiego.

Elisa de Arriba. Salamanca. Filóloga hispánica e inglesa, nadadora nostálgica y vigía de galerías de arte de la ciudad dorada. Musical por personalidad, filosófica por curiosidad, de simpatía engatusante y adictiva, Elisa muestra aquí su faceta de más analítica, que convive en la cotidianidad con su labor de profesora de español para extranjeros. Víctor Bermúdez. Humanista breve, teórico del té, la convicción humana y otras vicisitudes similares. Ha crecido en Mexicali y se ilustra en Salamanca, donde el autor aprende sobre los vicios, la avaricia y el fervor vacacional. victorbermudez@revistaperiplo.com Francisco Hernando Arri. Buenos Aires. Periodista, locutor. Más que nada un ciudadano del mundo, aunque porteño y pehuajense. Busca refugio en los viejos estaños de Buenos Aires, aunque ama cruzar el charco y encontrarse con la bella melancolía de Montevideo. Ama la radio y despunta el vicio de escribir. Daniel Ruiz. Mexicali. Comunicólogo y defensor de las causas perdidas. Pianista esporádico y lector de la línea sofisticada que frecuenta el coñac. Añora y reinventa el siglo XVIII y su iPod parece estar atrapado en los noventas. Escritor lento pero apasionado, atento siempre a los pequeños detalles que a menudo se olvidan. danielruiz@revistaperiplo.com Joan Forner. Barcelona. Publicista y diseñador gráfico. Joan es también un discreto guitarrista solitario, un bohemio jinete ocasional, analista de telediarios y un gran conversador. Nos muestra aquí su faceta más creativa como diseñador y narrador.

Luis Baeza. Zaragoza. Músico y periodista, escribe sin relecturas excesivas que corrompan el estilo. Apasionado de Truman Capote, Bukowsky, Cortázar. Observador atento de lo esporádico, los llantos, las lluvias, las desaventuras, la psicosis y variaciones humanas de la misma categoría. El Mediterráneo es su centro de operaciones. luisbaeza@revistaperiplo.com
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Julieta Desmarás. Buenos Aires. Poeta y redactora creativa. Ecléctica y mutante. De sus poesías puede brotar tanto un pochoclo como una flor. Amante de la buena música quiere bailar con David Gilmour su canción, quiere a Lennon con su piano blanco en su living y meditar con George. Fernando Massa. Asfixiado por la ley, encontró comprensión en Kafka, el rumbo en Hesse y el Norte en Cheever. Cronista melancólico y cinéfilo, hace pie en Buenos Aires, pero encontró su lei motiv en un stencil de Montevideo: consumir cosas bellas.

Fernando Pittaro. Periodista argentino. Nació en Córdoba, sobrevive en Buenos Aires. Buscador incansable de historias callejeras. Nómada declarado. Escribe mucho, escribe de todo, escribe siempre. Sus escritos son un aporte más a la confusión general. fernandopittaro@revistaperiplo.com Liliana Alemán Román. Puerto Rico. Escritora, pintora y soñadora de clóset. Nació en los campos frescos de Trujillo Alto. Es fanática sin remedio del arte clásico. Lilliana es estudiosa de la cultura visual, ergo, es presa de la semiótica, que invade todo aquéllo donde se posa nuestra mirada. Felipe Blaquier. Buenos Aires. Felipe es un amante de las letras, especialmente las griegas, latinas y germanas. Cree firmemente en lo clásico, aunque presiente que aún queda mucho por decir. Busca su voz escribiendo en gráfica y haciendo radio en Buenos Aires, donde trabajo de periodista.

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ÁGORA

MARADONA: ¿HÉROE O ANTIHÉROE?

mundiales. Él es un barrilete cósmico que POR FERNANDO PITTARO cayó vaya a saber de qué planeta lejano. No pidan respuestas “Maradona no es una persona cualquiera, mesuradas a un hombre apasionado. es un hombre atado a una pelota de cuero”. No esperen trancos largos y engorrosos -Andrés Calamarodel hombre del guante con forma de pie. No exijan coherencia a un ser l hombre se encierra durante horas en un vestuario que es lo más mortal. Aunque parezca inmortal, no lo es. No esperen realismo de alguien mágico. parecido al dolor. Cuando los héroes No esperen que Maradona deje de ser lloran, los hombres lo consuelan. Cuando el hombre llora, los héroes lo consuelan. Pero, Maradona. Dejen serlo, y será. Let it be, carajo. Si una persona te dice en voz baja que ¿qué pasa cuando el que llora es hombre y héroe al mismo tiempo? ¿Quién consuela eres Dios, creerás que tu interlocutor está loco. Si diez personas te dicen en voz alta a quién? ¿Quién abraza, quién seca las lágrimas, quién da palmadas en el hombro? que eres Dios, creerás que los locos son diez El destino, que no es otra cosa que un y que además no tienen vergüenza de ello. Pero, si millones de personas te gritan reloj adelantado que funciona con paradojas en lugar de pilas, quiso que el hombre que más en la cara -a toda hora y en cada lugar- que patadas esquivó en un campo de juego, recibiera eres Dios, lo más probable es que te lo creas. una más. Tal vez la más dolorosa. No hay peor Y que desde el altar de tu propio ego te caída para un héroe que tropezar con su propio conviertas en predicador de tu propia religión. Todos nos aferramos a algo. Hay ser. Para Maradona, ser es tropezar, es crecer. La persona es inseparable del personaje. una voracidad mística hasta del que ya Conviven, pelean, chocan, se contradicen, no cree en nada. El rezo lúdico en el altar pero conviven. Y es uno. Eternamente de las fantasías. Persignarse diez veces y uno. Maradona es él y sus circunstancias; con la mano izquierda. Soñar sus jugadas, es él y su pasado; es él y su presente. imitar sus gritos, callar sus miedos, ahogar Él no es de acá, ya lo dijo e el relator sus penas en un aliento ensordecedor. Todos somos más maradonianos que uruguayo Víctor Hugo Morales que le puso voz al gol más bonito en la historia de los Maradona. Para algunos es un delincuente

EL HÉROE INFINITO

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que se hizo pasar por héroe. Que la adicción a las drogas, que los hijos desparramados por el mundo, que la evasión impositiva, que el gol con la mano, que el ataque a periodistas… Para muchos es un ser de otro planeta. Que nació en el fango de una villa miseria, se calzó botines prestados y se topó con la fama a la vuelta de la esquina. Una de las pocas personas en el mundo que camina por cualquier rincón del Planeta y lo llaman por su nombre. Es cierto que Maradona es imparable cuando habla, pero más cuando juega. Su pierna izquierda es más pícara que su lengua. Su gambeta corta y su cintura huidiza seguirán siendo las mejores armas de ese cuerpo endiablado que sólo dispara incertidumbre. Es el héroe que más veces se cayó Y el que menos veces se calló. El que más veces tiraron. El que más veces amaron. El que más veces putearon. El que más veces recordarán. El que más veces extrañarán. El tipo que demostró que la fantasía puede ser eficaz y que Dios también convierte goles al margen de la ley. ¿Cómo se explica sino que 20.000 personas esperen la llegada del derrotado equipo argentino? La respuesta es obvia: por el amor incondicional al ídolo, al héroe, al mito. Creo que algo aprendimos: no todo se mide con la vara del éxito, esa droga de la que ya casi todos somos adictos irrecuperables. Su equipo perdió, fue goleado, y volvió a casa con las manos vacías. Pero el regreso que muchos anunciaban como el frío cadalso, se transformó en un aliento que edulcoró la amarga derrota. Es un desafío volver a entender que se trata de un juego. Es recomendable que volvamos

a leer más historias de superhéroes y menos artículos de periódicos que huelen a naftalina y a manual de moral y buenas costumbres. Juzguemos menos, juguemos y disfrutemos más. A los ídolos, a los héroes, a los mitos no se los condena. Se los ama o se los odia. Las emociones no se racionalizan, salen como una tromba de lo más profundo del estómago y terminan estallando en el aire. La justicia es una herramienta demasiada lenta para los mortales, pero demasiada veloz cuando se trata de sentar en el banquillo de los acusados a los seres de otro planeta. Cuando el héroe ya está tatuado en los brazos, en las camisetas, en los corazones, en la memoria colectiva de millones de almas sedientas de ídolos y hambrientas de mitos, es muy difícil derrotarlo. El diez ya hace rato que dejó de ser un número más. Es el número que llevan tatuados en el alma los héroes que deciden morir de pie, con los botines puestos y la garganta llena de gol.

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MARADONA: HÉROE DE PAPEL
POR VÍCTOR BERMÚDEZ

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n el extenso río que es la historia social de una nación existen vidas que complican todas las categorías humanas en las que se pueden dividir los personajes más simbólicos de un país. Hay personajes que se mantienen en banda, y son recordados siempre por su belleza, inteligencia y perspicacia; los hay que se colocan al otro extremo y son recordados por su crueldad, su
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detenernos a enumerar anécdotas y hacer juicios de valor a partir de ellas: los antihéroes operan guiados por su propia brújula moral. Quizás más útil –y tampoco tanto- sea explorar la naturaleza antiheroica de un personaje aclamado como héroe nacional, como leyenda de un continente y mito en toda una tradición hispánica deportiva desde sus años de gloria –tramposa- en el campo, hasta sus recientes aspiraciones –irrisorias- de director técnico. Las hazañas que llevaron a Maradona al Olimpo heroico argentino fueron desde su inicio indicios de una vaga sagacidad. La tan aplaudida “Mano de Dios” es botón de muestra de una heroicidad construida en la base de la trampa y el engaño. Es cierto que el trasfondo político de ganarle un partido a los ingleses en 1986 con una mano merece un debate más profundo, pero el gesto de triunfar a través del engaño es el primer indicio de una victoria vacía. El mejor jugador de toda la tradición futbolística argentina se inmortaliza por un gol tramposo que en el
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PERIPLO • Isabel Talleda

depotismo y su altaneria; y los hay que cruzan la delgada línea númerosas veces en una sola vida. Diego Armando Maradona pertenece a la clase de personajes que complican las categorías de heroicidad por los polémicos vaivenes de su vida pública y personal. Pero, a ojos de un servidor, Maradona encarna el un antihéroe que del siglo XXI. En Maradona es imposible desvincular la vida pública y la privada porque en ambas se gesta el personaje y ambas son reflejo y construcción de la figura, odiada o amada pero raramente ignorada. Todos tienen una opinión sobre él. Sería poco constructivo

fondo es un guiño a una cultura –latina, y no sólo latinoamericana- del engaño provechoso. Pero lo sustancial es que en realidad se trata de un autoengaño; no hubo un solo defensa inglés que no viera esa mano, y el triunfo fue

una revancha para la recientemente derrotada Argentina en las Malvinas. Y ningún argentino le reprochó a su mejor jugador hacer trampa para ganar un partido tan simbólico. Son los indicios de un héroe de papel. Es cierto que gran parte de los héroes occidentales se han construido dentro de los muros de un estadio, pero no cualquier figura aclamada por la multitud es legitimada por la sociedad como un héroe. Maradona marcó la historia del fútbol y en el camino se convirtió en leyenda idealizada; se inmortalizó gracias –seamos justos de paso- a su talento, y a su

capacidad de autopublicitarse y lograr ser aclamado por el público de seguidores que es en realidad a quienes debemos interrogar. Y es que ellos son la mágica grúa de la fama la que elevó a Maradona al altar idílico en el que

la cara al mundo exterior por su comunidad. Por eso los héroes no son nadie si no hay un grupo que los legitime. En tal caso, o bien Maradona representa sólo parcialmente a su comunidad, y, por tanto es un falso héroe, o bien debemos someter a interrogatorio a todo el regimiento de su club de fans. Maradona pertenece al penoso grupo de los héroes de papel, que se lleva el río de la historia en el que navegan hasta que un día el agua humedece su popa y se hunde la leyenda, el fervor, la adoración, y deja en la superficie el recuerdo de una presencia volátil, inútil para el código social. La sociedad no lo reclama como héroe porque no ofrece nada sustancial a la comunidad: no es un ejemplo. Debe haber ahí afuera decenas de blogs dedicados a odiar o amar a Maradona. Ambos extremos dan crédito de la importancia de la figura, exaltando o desmintiendo sus aciertos y errores. Pero lo cierto es que le dan al ex futbolista un lugar significativo en la sociedad y representativo de una porción de los valores morales revindicados. O bien Maradona no aporta nada significa al código social en el que surgió y por eso es un antihéroe de esa sociedad –ya que su triunfo es incuestionableo bien lo refleja parcialmente y entonces es un héroe hueco. Quizás esté llegando la hora de empezar a ignorar maradonas e inventar

fue colocado, fama que se encargó de inflar a golpe de espectáculos cada vez que veía desinflarse su figura en el panorama público. Los héroes son construcciones sociales que proyectan los valores de una sociedad. Ellos encarnan en un solo cuerpo las destrezas físicas e intelectuales más idealizadas por unos héroes más sólidos que el papel celofán. su comunidad: son ellos quienes logran representar lo mejor de un pueblo y por eso son alzados como individuos extraordinarios. Además, en ocasiones, los héroes -gracias a su habitual dinamismo y nomadismo- se convierten en un tipo de diplomáticos que dan + en www.blog.revistaperiplo.com
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BUSCANDO A HOLDEN

CINE EN RAMA

Por FERNANDO MASSA

Copa en mano, Eric lo agarra del hombro y le asegura que en Europa terminará con ese “asunto”. Pero, lo que Eric no sabe aún es que los padres de su amigo no cuentan con el dinero para el viaje, y que a James le espera un largo verano trabajando en Adventureland, el parque de diversiones de su ciudad. Tras las primeras escenas podría decirse que James Brennan, el protagonista del film Adventureland, aparenta ser un perdedor. Un antihéroe. Es torpe, es tímido, es virgen, le va mal con las mujeres, y en vez de estar durmiendo en hostales y haciendo estragos en la noche europea, se quedó en Pittsburg, en la casa de sus padres. Y como si esto fuera poco, durante el día se encarga de una caseta de juegos, donde se dedica a entregar muñecos de peluche a quienes logren sacarle el sombrero a los maniquíes o a quienes ganen la carrera de caballos de plástico. Y todo por unos míseros dólares que lo acerquen a cumplir su sueño de estudiar periodismo en Nueva York. Con el correr de los minutos, el
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muchachito desgarbado, de rulos adolescentes y camiseta ceñida al cuerpo nos genera cierta empatía. La risa burlona se esfuma, y nos comenzamos a preguntar: ¿Quién no ha soportado alguna vez un horrible trabajo de verano? ¿Quién no le ha grabado a su chica o chico un cassette con sus temas deprimentes favoritos? ¿Quién no dejó pasar esa oportunidad perfecta para romper el hielo del primer beso? ¿A quién no le han destrozado el corazón? Y James Brennan no está sólo en todo esto. Él es parte de una nueva generación de héroes cinematográficos defectuosos o antihéroes —depende el cristal con que se lo mire—, cuya mejor y tal vez única arma sea la sensibilidad. Con sólo echar un vistazo, entre ellos también podremos reconocer al Zack Braff de Garden State (2004), a la icónica

PERIPLO • película Lost in translation

iesta en una casa, a pocos días de la graduación. A James lo acaba de dejar su chica. Según su amigo Eric, pecó de sincero. Nunca debió haberle contado que todavía es virgen. Pero, no está tan seguro. “No me gusta mentirle a quienes me importan”, dice.

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CINE EN RAMA PERIPLO • película adventureland

Scarlett Johansson de Lost in Translation (2003), y hasta la genial Ellen Page en Juno (2007). Todos ellos tienen ciertos rasgos en común: son introspectivos, críticos e inconformistas; y creen que una persona, un libro o una canción les puede cambiar la vida. Se frustraron, se sintieron solos, fueron traicionados, se enojaron y lloraron. Son personajes que, conscientes de sus limitaciones, pero insatisfechos con los cánones de éxito del mundo moderno, miraron hacia adentro para luego ir en busca de algo más. Tal como en la década de los 50 hizo Holden Caulfield —el protagonista adolescente de El guardián entre el centeno de J.D. Salinger— en su largo viaje de apenas tres días en Nueva York, después de que lo expulsaran del colegio.

Greg Mottola. Narra una historia de amor adolescente entre James ( Jesse Eisenberg) y Em (la princesa de los vampiros descafeinados Kristen Stewart), ambientada en 1987 y acompañada de una adecuada selección de grandes éxitos acordes a la década, que van desde Pale Blue Eyes de The Velvet Underground, hasta Just Like Heaven de The Cure. Con su mejor amigo en Europa y el verano por delante en un patético parque de diversiones, James se las rebusca para matar el tiempo de trabajo con algún libro, fumando marihuana o en compañía de un simpático grupo de nerds. Entre ellos está Em, que también trabaja en la sección de juegos, pero que de nerd tiene poco y nada. Un verano memorable Sin saber que ella se acuesta a Adventureland, estrenada en 2009, es la escondidas con el rockabilly que arregla los tercer película del director estadounidense juegos —“un auténtico farsante”, como diría
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CINE EN RAMA

Holden Caulfield—, James, desnudamente enamorado, le graba una cinta con “canciones tristes llenas de desesperación”, respeta la decisión de Em “de ir despacio”, y le confiesa, cerveza de por medio, que una vez mientras leía a William Shakespeare se dio cuenta que no amaba a su ex novia y que entonces no tendría sexo con ella. Pero, lo inevitable llegó: James se enteró del affaire. Y con el corazón tirado y pisoteado sobre el pavimento se dio cuenta que “ser el chico más dulce y fabuloso no alcanza”. O tal vez, sí. Con esta película, Mottola dio un paso más allá de lo que había insinuado dos años antes en Superbad (2007), y decidió equilibrar lo cómico y lo dramático con una trama más profunda. De todas maneras, en Superbad, donde el quid de la cuestión pasa por la amistad, él ya había alejado la cámara de los personajes adolescentes arquetípicos, para contar la historia desde el ángulo de aquellos a quienes en el colegio las cosas no le resultan tan sencillas. Antihéroes para muchos, nuevos héroes para otros.

que está adormecido y necesita despertarse. Pero, ¿cómo hacerlo? Garden State es una película escrita, dirigida y protagonizada por Zach Braff —cara visible e invisible de la popular serie Scrubs—, muy premiada en el circuito de cine independiente de los Estados Unidos. Luego de nueve años, Andrew vuelve a Nueva Jersey, lugar donde creció, para el funeral de su madre. Para escapar del drama —y de su padre—, Andrew frecuenta a sus viejos amigos del secundario, un grupo de mediocres que parece haberse quedado en aquellos días. Ni bien llegado, en una visita al médico conoce por casualidad a Sam (Natalie Portman), una adorable mitómana que padece epilepsia y se avergüenza de ello. Apenas se conocen, ella le hace escuchar una canción de The Shins, New Slang. No obstante, antes de ponerle unos enormes auriculares en la cabeza ella le advierte: “Esta canción puede cambiarte la vida”. Sin saber que sería ella quien le cambiaría la vida. Así como Holden sale a descubrir el mundo por las calles de Nueva York, Andrew vuelve sobre sus pasos para redescubrir y reencontrarse con su ciudad natal, un viaje de redención en el que, a través de las cosas más sencillas y en compañía de Sam y su mejor amigo, logra despertarse y “volver a sentir”.

Vuelta a casa Andrew Largeman, el protagonista de Garden State, también se siente insatisfecho y solo, pero además, se ve obligado a resolver viejos y tortuosos conflictos familiares. Si bien a Largeman no le cabe el mote de “perdedor” —por el contrario, en su pueblo todos lo Por las calles de Tokio ven como un tipo exitoso por estar viviendo Alguna vez Sofía Coppola admitió que en Los Angeles y ser actor—, su trabajo en había mucho de su propia insatisfacción en un restaurante vietnamita y sus esporádicos ese inolvidable personaje que lució Scarlett papeles televisivos no lo llenan. Es consciente Johansson en Lost in Translation, que la hija de
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CINE EN RAMA

Francis Ford Coppola escribió y dirigió. Podría decirse que en esta película, filmada en Japón, hay dos protagonistas: Bob (Bill Murray), un actor en decadencia, que está haciendo un comercial de whisky, por el que le pagan una fortuna; y Charlotte, una joven recién graduada en Filosofía en la Universidad de Yale, que acompañó a su marido fotógrafo en un viaje de trabajo. Los dos están perdidamente solos en el mismo hotel de Tokio. Bob, porque la fama, los autógrafos y los flashes lo tienen cansado y aburrido. Charlotte, porque su marido trabaja todo el día y en los ratos libres, en vez de armar un plan con ella, prefiere reunirse con una actriz amiga suya, bastante superficial y difícil de digerir. A simple vista, parecería que él tiene todos los atributos de un héroe posmoderno: fama, dinero y mujeres. Mientras que ella parecería estar parada en la vereda de enfrente: es la esposa de alguien, que no tiene nada más interesante que hacer que buscar el propósito de su vida en una colección de discos compactos, encerrada en un cuarto de hotel. Como era de esperarse, no tardan en descubrirse, y entablan una relación simbiótica en la que salen a recorrer las calles de Tokio. Pero, en realidad es ella quien ya había tomado la iniciativa de romper con el estancamiento, para animarse a captar esa belleza dual que ostenta Japón tanto en la vorágine de la ciudad como en la quietud de los parques y monasterios. En definitiva, el protagonismo de Bob —cuya actitud burlona hacia los japoneses

convierte en un ícono, en “esa compañera de facultad linda, inteligente, sexy y misteriosa que casi nunca existe en la vida real”, que “no se deja seducir por músculos, una cara bonita, un auto de lujo o una billetera generosa”, sino que se siente atraída por chicos cultos “tímidos y balbuceantes”, según la precisa definición del periodista Hernán Iglesias Illa, en un artículo sobre Scarlett Johansson para la revista Cinemanía. Todos los caminos conducen a Holden Holden Caulfield es el mítico protagonista de El guardián entre el centeno, el primer y más popular libro del estadounidense Salinger, fallecido a principios de este año. Publicado en 1951, la novela presenta a Holden, un joven de 16 años, hermano menor de la Segunda Guerra Mundial, al que una vez más lo expulsan de un prestigioso colegio. Holden es apasionado e impulsivo, es empático con los más débiles, pero también mantiene una buena relación con los más populares. Pero eso sí, en ningún momento esconde su profundo desprecio hacia los farsantes, las malas personas y los pervertidos. Y con la misma sinceridad, expresa su devoción por los niños, en especial por su hermanita Phoebe y el ya fallecido Allie. Holden sufre constantemente, se hace mala sangre, trata de comprender, critica, se enoja, fuma, pelea y llora. Pero, con la misma vehemencia se emociona, se enamora, se emborracha, se alegra, se ríe y disfruta. Tras su expulsión de Pencey, Holden elige

se torna por momentos desagradable— es no pasar sus últimos días allí, y antes de desplazado por el de Charlotte. Y así, ella se volver a casa de sus padres, se lanza por las
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CINE EN RAMA PERIPLO • película GARDEN STATE

calles de Nueva York durante tres días y tres noches, en una experiencia reveladora. No es difícil encontrar pedazos de los personajes antes mencionados en Holden. El es un poco de todos ellos, y también un poco de todos nosotros. Holden se rebela ante la autoridad de una generación que no lo comprende, al igual que James se rebela contra sus padres cuando, pese a no tener dinero, igualmente se va a vivir a Nueva York para cumplir su sueño de ser periodista, o cuando Em le arranca la peluca a su madrastra en señal de hartazgo, en Adventureland. Holden emprende un viaje de unos pocos días por una ciudad a descubrir, como también lo hace Andrew, en Garden State, y Charlotte, en Lost in Translation. Holden muere de ganas por tener relaciones sexuales por primera vez, pero asegura que “para conocer a una
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chica no hace falta acostarse con ella”, tal como lo afirma James, “que tuvo ocasiones”, pero sintió que “faltaba algo”. Holden sintió una felicidad enorme al ver cómo giraba y giraba su hermanita Phoebe sentada sobre un caballo en una calesita, mientras caía una lluvia torrencial sobre ellos. Andrew comprendió que las cosas se daban de una manera cíclica cuando enfrentó a su padre, y gritó de felicidad parado sobre una grúa amarilla, al borde de una profunda depresión natural, bajo una lluvia feroz, segundos antes de besar por primera vez a Sam. Para muchos, pese a todo, ellos seguirán siendo antihéroes. Para otros serán un fiel reflejo de ellos mismos.
________ Bibliografía SALINGER J.D.. El cazador oculto. Buenos Aires: Compañía General Fabril Editora, 1976. IGLESIAS ILLA, Hernán. “Scarlett Johansson”, Cinemanía. Vol. 26, Año 3, 2006: 44- 51

RESIGNADO SIN CAUSA: EL DETECTIVE MANICOMIAL DE EDUARDO MENDOZA

gavia

POR RICARD OLIVÉ ROCA “El verdadero héroe es siempre un héroe por error; que sueña con ser un cobarde honesto como todo el mundo.” Umberto Eco

PERIPLO • POLLYANNA ESCARCEGA

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on las historias de héroes observamos un mundo de valores, la propugna del bien y la justicia

como modelos a imitar y el acecho del mal como amenaza contra la que se debe luchar. Al héroe corresponde, como a los dioses y a los mitos, representar en cada época, en cada sociedad las creencias, las aspiraciones, los valores y los prejuicios del mundo que lo engendró, alzándolo como símbolo primero, y siguiéndolo cual oráculo, segundo. La frase “dime quién es tu héroe y te diré quién eres o en qué sociedad vives” resumiría el modo en que se manifiesta esta identidad que completa al individuo de a pie. Un héroe que es, al fin y al cabo, como un humano divinizado, como un superhombre, como alguien que simplemente tiene de lo que careces. El heroísmo, por supuesto, se reinventa según los tiempos que corren y, asimismo, se redefinen sus atributos. En este sentido, la España del siglo XVI y de la crisis del imperio, en la que se tambalean los valores éticos, religiosos y caballerescos, favorece la coyuntura para que nazca la figura del pícaro. Otro tipo de héroe. Así, si tradicionalmente se

superan las dificultades con fortaleza, y hay que conquistarlas para llegar a ser un buen caballero, ahora, en el pícaro, se trata de un protagonista dotado de fortaleza y sabiduría, sapientia et fortitudo, atributos que aparecen en casi todas las biografías medievales, pero esta sapientia et fortitudo medieval, en el pícaro son la maña (el engaño, la astucia, el truco) y la fuerza, como capacidad de aguante, resistencia y paciencia. “Válete por ti”, es la sentencia máxima porque nadie lo va a proteger, por eso el pícaro tiene esa capacidad de resistencia ante todo eso que confabula por acabar con él que, como veremos en el caso de las novelas de Mendoza, es la disposición de la misma sociedad. En las dos novelas de Mendoza “El
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misterio de la cripta embrujada” y “El laberinto de las aceitunas”, se narra la historia de un contradelincuente, surgido del sector menos favorecido de la sociedad (a diferencia del héroe clásico de procedencia o ascendencia divina o noble), un manicomio, en el que está encerrado durante años no tanto por su salud mental, sino por la lentitud burocrática del papeleo en la España de la Transición. Este antihéroe debe valerse por sí mismo y, debido a su condición de apestado social, aceptar la oferta del comisario Flores de resolver un caso de misterio a cambio de abrazar la libertad. A diferencia del héroe clásico, éste representa en sí mismo las virtudes más denunciadas y denostadas de la época. Además, bajo ningún concepto busca la justicia para el colectivo, sino su bienestar personal en la tan ansiada libertad. Una libertad menos bucólica que la imaginada desde el retiro en el manicomio, ya que sin ayudas de ningún tipo, sin ofrecerle dinero para las necesidades básicas, la Policía le suelta sin más, forzándole indirectamente, por razones económicas, a cometer un número determinado de hurtos y pillerías ilegales para proseguir la investigación para la que se le requiere. El escenario de este héroe que no dice ni su nombre, aunque hiperbólico, presenta el día a día de la Barcelona postfranquista; una coyuntura social descrita en “El laberinto de las aceitunas” por el doble de un Ministro, el actor Muscle Power, en estos términos: “El marxismo nos

blanco de terroristas, espías, agentes provocadores, especuladores rapaces, bucaneros, fanáticos, separatistas y algún judío de los que nunca faltan. Impera la violencia, cunde el pánico, la moral ciudadana se va al garete, el Estado surca galernas y las instituciones se asientan sobre arenas movedizas” (Mendoza, 1991: 19). Un contexto harto extraño para un ser desfamiliarizado del mundo actual y, precisamente por esto, capaz de parodiar el género de la novela negra en tanto que figura de reacción posmoderna a la desconfianza de la tradición, literaria y no literaria. Fundamentalmente, la novela policíaca surge de un juego intelectual, de un enfrentamiento entre enigma y razón o crimen y justicia, y es ya en esta primera fase donde las dos novelas de Mendoza muestran su satírica intencionalidad de jugar con los códigos del héroe de la novela negra, esto es, aquel detective que con su inteligencia resuelve el caso, aquel personaje por lo general atractivo (en las dos novelas no solo feo, sino asaz pestilente) que va a marcar la diferencia y a revelar la verdad ordenando, así, las cosas tal y como deberían ser. Ahora bien, sucede que los delincuentes de las dos novelas son de clase alta, burgueses catalanes cuyo modo de

acecha, el capitalismo nos zahiere y somos
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vida es, precisamente, la meta que persiguen la mayoría de personas y el motor que todo lo mueve. Esta inversión de patrones resultará la clave de la conclusión de Mendoza. La novela policíaca tiene una estructura que la distingue de las otras novelas y que consiste, en primer lugar, en “un hecho criminal (asesinato o delito), una investigación subsiguiente y el desvelamiento del hecho criminal” (Madrid, 1989: 14). Además de todo esto, hay una crítica social entre el argumento de solución del enigma, es decir, “al mismo tiempo que se descubre al criminal, se desvelan todas las lacras sociales, la explotación y la crueldad del mundo actual, donde el capitalismo y el gangsterismo utilizan los mismos métodos” (Madrid, 1989: 19). La literatura de tipo policíaco está hecha a medida del público al cual va dirigida y por eso refleja sus contradicciones, anhelos, angustias y mitos, aunque sea al estilo de Mendoza, con ese humor alienador. Gracias al distanciamiento humorístico nos encontramos múltiples mensajes subliminales con tres grandes focos de crítica: la Iglesia y su bajo clero; la Policía guardiana ya no del pueblo sino de la clase política; y la burguesía hacedora de sociedad. Mendoza recrea la figura del pícaro contemporáneo

registros que van desde el policía, la puta, el monje, el burgués, el empresario, el profesor de historia (sin dejar títere con cabeza) hasta el delincuente o contradelincuente, cuya única motivación es sobrevivir, aunque sea en la frontera de la legalidad, y que se presenta no como un contramodelo sino como un ejemplo de superación de dificultades que le han de llevar a una gloria irónica: resolver el caso y volver de regreso al manicomio. En lugar de ser venerado en la memoria colectiva como aquel héroe imprescindible, se le esconde en el anonimato, se le aísla de la sociedad y se le aleja de la ley que rige la ciudad. Es un extraño, un extranjero, un ser que está ahí, pero como viniendo de muy lejos, por eso el estilo absurdo que da alas a este antihéroe rompe la fijeza de los esquemas y los prejuicios (horizonte cultural de los cuales es el Franquismo), partiendo de ellos, porqué es inevitable estar ya ahí, y abriéndose a sí mismo a la reflexión y a la posibilidad de teorización al mismo tiempo que señala la realidad posmoderna. Pese a que la tradición acaba siempre imponiéndose, el humor, en todas las variantes que pueden observarse en la obra (absurdo, satírico, paródico, irónico o bajo la pura forma del chiste), acontece como

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que recorre el escenario de las distintas clases un excelente instrumento para experimentar sociales presentándonos una amalgama de y sobrepasar los límites en el laboratorio de
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la novela; un autorrelato verbalista en donde el héroe se alimenta de palabras produciendo un juego con los sentidos ocultos de éstas para conducir una sátira social que va de lo más sutil a lo más feroz. Según Mari Paz Belibrea: “En general, la utilización de formas literarias irónicas, deconstructoras, paródicas, que cuestionan la validez de lo recibido, responden también a un contexto de crítica y revisión de la herencia moderna (Tyras, 1996), que se materializa en la desestabilización del modo de representación realista y sus principios y objetivos. Los divertimentos de género de Eduardo Mendoza en la transición, El misterio de la cripta embrujada (1979), y El laberinto de las aceitunas (1982), están en esa línea”. (Belibrea, 2002: 116). El antihéroe de Mendoza, pues, inicia una hazaña mucho más grande de lo que imagina, cuando su particular lucha sigue en el terreno de la novelización, dejando entrever, así, entre otras cosas, la ineptitud de las autoridades al servicio de una
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sociedad errónea hasta la médula, protegida, como se ve al final, del maleante héroe detectivesco, que no es otro que su protector. Como consecuencia de la verdad descubierta el investigador vuelve al manicomio connotando que la sociedad no se mueve tanto por la justicia como por el poder de las clases dominantes y las estructuras sociales de la Transición. Juan Madrid indica que la novela negra es “una literatura que muestra a las claras el miedo y el terror que le produce a esa nueva clase la convivencia con las masas de desamparados, hoscos y tenebrosos, de los que no se puede esperar nada bueno” (Madrid, 1989: 16). Por ello, Mendoza, que se está valiendo del género y de los códigos que lo componen, escoge a un loco como detective heroico, un pícaro contemporáneo como catalizador de la historia que lucha contra el terrorismo, el delito, el desorden social, los delincuentes y

finalmente contra sí mismo. Porque así está la sociedad que desconfía y se defiende de un gran miedo. Un miedo que el comisario Flores intuye, pero no conoce, el miedo a un loco que, en su humildad y conciencia de posición, amenaza con ser más listo y ganar la lucha de cerebros, la batalla de la racionalidad contra el enigma, pero sobretodo amenaza la situación de la clase privilegiada que, en esta historia, es simplemente toda aquella gente fuera del manicomio y que gobiernan y determinan la cordura de la sociedad. “Ya no hay buenos ni malos, ya no existe la románt ica figura del detective. Todos luchan por sobrevivir en la jungla, en la nueva y despiadada ciudad” (Madrid, 1989: 20). Y gana el poder, la injusticia, lo irracional, eso que parece ser lo que no es… una burguesía que solo, inocentemente, sigue el camino que fluye del capitalismo moderno. Las autoridades descritas por Mendoza hablan en estos términos: si los buenos delinquimos tendremos nuestras razones, no preguntemos más, no nos pongamos entre las cuerdas cuando sería más fácil devolver a nuestro antihéroe al manicomio y aquí no ha pasado nada. Normalmente, el héroe contra el mundo acaba destruido hasta la médula, pero nunca derrotado. Nuestro

pícaro, en cambio, siempre acaba derrotado, pero bien entero, vivo, felizmente resignado… total, sin libertad no se está tan mal. Ante la injusticia no se alza cual bandolero social contra el rico y los opresores, ni tan siquiera abraza el sueño de acabar con sus arbitrariedades o de vengar algún entuerto personal. No quiere un mundo nuevo ni con visos de perfección, tan sólo se resigna para resistir mejor el futuro que se le avecina por vivir, sin más ideales que la supervivencia. Hijo de la impotencia que la coyuntura social le ha hecho preso, su problema es el de cómo adaptarse a la vida y por esto es tan cercano y conmovedor, por dar voz a una marg ina lidad que jamás ha podido contar su historia y, por eso mismo, la cita inicial de Umberto Eco acontece pertinente para el protagonista de estas historias de Mendoza: “El verdadero héroe es siempre un héroe por error; que sueña con ser un cobarde honesto como todo el mundo”.
Bibliografía BALIBREA, Mari Paz. “La novela negra en la transición española como fenómeno cultural: una interpretación”. Iberoamericana, II, 7, 2002. MADRID, Juan. “Sociedad urbana y novela policiaca”. En VV. AA. La novela policiaca española. Granada: Servicio de Publicaciones Universidad de Granada, 1989: 13-21. MENDOZA, Eduardo. El laberinto de las aceitunas. Barcelona: Seix Barral, 1991. MENDOZA, Eduardo. El misterio de la cripta embrujada. Barcelona: Círculo de Lectores, 1988.
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Plumas Libres

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Recuerdo tu poema de marilyn en los cielos, de marilyn en los cielos, de marilyn en los cielos y qué pena que lo quitases del guión a última hora. Y en este momento hoy, que apenas he dormido, que tomé buses, trenes, metros, incluso un avión -ahora que estoy en lo alto, y tú estás en lo alto, pero en aviones distintos y es de noche, y sólo veo mi reflejo tras el cristal y esas luces en la ventanillapienso una vez más ¿dónde estará de aquella manera, con su pose turbia, la mirada limpia? En los cielos, últimamente (sólo encuentro) sólo hay chicas con ojeras. marilyn en los cielos

Por Cristina Blanco

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Plumas Libres

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MUSICANTROPÍAS

LOS CAÑONES, EL HÉROE Y EL VASO DE WHISKY
Por Luis Baeza Andreu

uince minutos de una obertura bien pueden ilustrar el desarrollo de una guerra: el enfrentamiento entre la Grande Armée de Napoleón Bonaparte y el pueblo ruso. Y, como consecuencia, mostrar el dolor y el triunfo, los llantos y las
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augurios. La oscuridad se manifiesta en las alturas. Las disonancias y el aumento progresivo del ritmo movilizan a toda la ciudad. ¡Alerta! La masa orquestal se endurece. Los metales avisan, desgarrados, de lo que ven allá a lo lejos. Truena. Ahí están.

batallas de sus protagonistas. Todos estos acontecimientos tienen lugar de una forma especial y contingente: sólo se ven cuando se escuchan. Esto es: la música habla. Y lo hace, en este caso, gracias a la arquitectura musical que presenta Tchaikovsky en su 1812. Así es. Los violoncelos abren las grandes ventanas de toda una nación, y desde ahí se empiezan a ver las plazas y las calles. Tranquilas. Todo, absolutamente todo, plagado de una armonía que sólo es posible en medio de un silencio dramático que antecede a una gran desgracia. Y ésta es evidente. Detrás de dos minutos de tranquilidad, las nubes. El cielo es ya una red de malos
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Silencio dramático. La caja suena, prepara. La Marsellesa. Llegan los franceses. El ejército de Bonaparte despliega sus tropas al ritmo de un cliché que, posteriormente, será un estandarte de libertad para los pueblos y en los siguientes minutos la música va ganando intensidad. El himno cada vez se oye más. Eso es porque los invasores están cada vez más cerca. A partir de aquí, se suceden una serie de bloques musicales contrastantes. Por un lado, la calma: sonidos de panderetas, melodías sin demasiadas aspiraciones, niveles bajos de intensidad… Por otro lado, el desorden: sonidos estridentes, platos que se estrellan en el limbo, escalas que ascienden hasta explotar y otra vez La

Marsellesa. Van hundiéndose los vencidos poco a poco en los disparos ardientes. Se elevan los espíritus heroicos de los triunfadores. Y llega el desencadenante: una sucesión de notas interminable que es la humareda en el territorio bélico. Todos miran a su alrededor cegados por una inmensa nube de polvo, los resquicios del combate, a esperas de que terminen esos sonidos que siempre están bajando –para orientar al lector: minuto 12, aproximadamente.- como si quisiesen llegar a algún infierno remoto. O, quizás, a alguna suerte de horno calcinador de imágenes, de sonidos concretos que son personas y niños; ancianos, esclavos de algún pensamiento. La victoria es para el ejército ruso. ¡Repican desde todos los rincones las campanas! ¡Suenan los gritos de victoria y los cañonazos

puro, es cine. El heroísmo se sirve, en este caso, de la música. O la música del heroísmo. Aparece, en ocasiones, como un silencio inquietante. Otras, como una dificultosa escarpada de notas que se truncan en el abismo de un precipicio. Pero, también, como una cascada de golpes percutidos y millones de gritos y berridos de las cuerdas o como una gran disonancia a través de la cual fluye el dolor de una herida abierta. Y, también, como una amplia melodía que es el gozo de los liberadores. ¿Acaso un héroe no es el que desata a una población de sus yugos? Por eso, hemos de pensar, Ludwig van Beethoven también se fijaría en este aspecto. Y le dedicó a Bonaparte su tercera sinfonía, la Eroica. En un principio, no obstante, la sinfonía se denominaría Bonaparte, ya que el compositor sentía una gran

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jalean el triunfo! ¡Gloria para el pueblo ruso! Las admiración por el liberal francés y comulgaba trompetas, los trombones y todos sus semejantes con los ideales de la revolución. Sin embargo, insisten en el mensaje. Los héroes vencedores a Beethoven no le entusiasmó demasiado que trotan por las calles: el desfile de la victoria. el revolucionario se convirtiese en Emperador. Por eso, la obertura 1812 es heroísmo Por eso, decepcionado, le cambiaría el nombre.
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MUSICANTROPÍAS

De todas formas, es evidente el carácter majestuoso y brillante de la sinfonía: un inicio rotundo que presenta al héroe. Mírenlo, viste elegante. Respira profundamente porque sabe que conquistará mundos enteros. Sonríe delante de un espejo en el que se retuerce de vanidad. Piensa en las muchachitas de las alcobas que visitará y limpia su arma más preciada con el amor

alcanzan la fama, pueden tener en la vida una sensación de aislamiento: la carga de ser un héroe nacional”. Sea como fuere, su segunda sinfonía, por ejemplo, está llena de sentimientos patrióticos y para mucha gente transmite libertad. ¡El cuarto movimiento escupe un romanticismo indescriptible! Entren por aquí en esta ocasión, por favor. Y quédense largos minutos para descubrir

que se le ofrece a un hijo. cómo evoluciona el argumento Sin embargo, en la mientras su compositor se historia de la música, también refleja en ese vaso, en ese los hubo de otra casta: cubo amargo de hielos. unos seres más ceñidos a la Hasta entonces, PERIPLO • Jenny castellanos soledad y al propio devenir de su mala suerte. Bernstein sugiere algunos significados para “La vida se acaba pronto. Vendrán otros y me el final de la segunda sinfonía de Sibelius: “el superarán a los ojos del mundo. Nuestro destino regocijo después de una tormenta, la alegría es morir olvidados. Tengo que empezar a de escalar una montaña y llegar a la cima, economizar. No puedo seguir así”, decía Johan la alegría al ganar un juego, o al superar un Sibelius, el compositor finlandés del siglo XX, examen difícil, o al sentirse mejor después de refiriéndose a su actividad musical. Alcohólico una enfermedad…”. Aunque, asegura, para y menospreciado por muchos compositores, los finlandeses sólo tendrá un significado: entre ellos Ígor Stravinsky, fue el símbolo de ¡Libertad! Y, por otro lado, insiste en que la toda una nación. Fue un antihéroe, que con música no es la historia que pueda sugerir. La su música heroica, representó la voluntad música, en su última instancia, será eso: música. nacionalista de Finlandia. Se trataba de una Bibliografía BERNSTEIN, Leonard. El maestro invita a un doble revolución, como explica el famoso concierto. Madrid: Siruela, 2006. compositor y director Leonard Bernstein, ROSS, Alex. El ruido eterno: escuchar al siglo XX “contra la cultura sueca, por una parte, y a través de su música. Barcelona: Seix Barral, 2010. contra el poder político ruso, por otra”. Sin SANJUAN MÍNGUEZ, Ramón. La música embargo, estaba solo. O muy solo. Tal y como en los medios audiovisuales. España: Curso Universidad cuenta el periodista Alex Ross: “aquellos que Miguel Hernández de Elche, julio de 2009.
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BILL, TE EQUIVOCASTE
POR NATALIO STECCONI

inutos antes del final de la película Kill Bill Vol. II (2004), el director estadounidense Quentin Tarantino pone en boca de Bill (David Carradine) el siguiente monólogo: “(…) Encuentro fascinante toda la mitología que envuelve a los superhéroes. Elijamos a mi superhéroe favorito, Superman. No es un gran cómic. No está especialmente bien dibujado. Pero la mitología… la mitología no es solamente grandiosa, es única. Uno de los elementos principales de la mitología del superhéroe es que hay un superhéroe y hay un álter ego: Batman es en realidad Bruce Wayne, Spiderman es en realidad Peter Parker. Cuando ese personaje se levanta por la mañana, es Peter Parker. Tiene que ponerse un disfraz para convertirse en Spiderman. Y es ahí, en esa característica, donde Superman es único. Superman no se convirtió en Superman. Superman nació
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Superman. Cuando Superman se levanta por la mañana, él es Superman. Su álter ego es Clark Kent. Su traje con la gran S roja es la manta que le envolvía siendo un bebé cuando los Kent lo encontraron. Ésa es su ropa. Lo que lleva Kent -las gafas, el traje- es el disfraz. Es el disfraz que Superman lleva para integrarse entre nosotros. Clark Kent es tal como Superman nos ve a nosotros. ¿Y cuáles son las características de Clark Kent? Es débil, es inseguro, es un cobarde. Clark Kent es la crítica de Superman a toda la raza humana” Las palabras del viejo Bill son de una lógica demoledora. Quienes hayan visto el film y se detuvieron en la estupenda construcción de la escena que da lugar a este parlamento, seguramente recordarán un cosquilleo cercano al éxtasis. Y si no fue así, no importa. Las palabras del viejo Bill, a pesar de su brevedad, señalan aspectos que subyacen en el histórico debate analítico sobre los superhéroes y su relación con la cultura popular. Por citar

un ejemplo teórico de fundación -denme la los arcaicos mecanismos psicológicos de chance de hacerme el instruido-, medio siglo identificación proyectiva inherentes al atrás el semiólogo italiano Umberto Eco discurso mitológico de la cultura popular. exponía esta misma dualidad prototípica: Ahora vayamos a lo que importa. No es mi intención hacer una reseña de todo lo que “Superman vive entre los se ha escrito sobre el particular. Los textos de hombres, bajo la carne mortal distintas extracciones se cuentan por cientos y del periodista Clark Kent. están al alcance del curioso y del entusiasta. Y bajo tal aspecto es un tipo Mi fastidioso objetivo es reparar en la aparentemente medroso, accidental sutileza de que Kal-El (verdadero tímido, de inteligencia nombre de Superman en el planeta Kryptón) mediocre, un poco tonto, miope, goza de superpoderes gracias a la acción de enamorado de su matriarcal la atmósfera y gravedad de nuestro Planeta. y atractiva colega Louis Lane, Superman no nació Superman. Superman que le desprecia y que, en cambio, está apasionadamente enamorada de Superman. (…) Clark Kent personifica, de forma perfectamente típica, al lector medio, asaltado por los complejos y despreciado por sus propios semejantes; a lo largo de un obvio proceso de identificación, cualquier accountant de cualquier ciudad americana alimenta secretamente la esperanza de que un día, de los despojos de su actual personalidad, florecerá un superhombre capaz de recuperar años de mediocridad” (Eco, 1993: 227). En síntesis, una de las clásicas narraciones que perviven en la cultura occidental desde hace alrededor de tres mil años, y que se nutren de
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es tal y fantástica cosa en la Tierra. En su

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explotado planeta de origen, Kal-El, muy probablemente, sería uno más del montón de kryptonianos de bata blanca intentando llegar a fin de mes. Es decir que en Kryptón, Kal-El (y ya no Superman) acarrearía una vida tan ordinaria como la de Clark Kent en la Tierra, excepto por la circunstancia de que en su planeta Kal-El no podría haber elegido aparentar ser un timorato. En Kryptón, Kal-El sería (y no aparentaría ser) un timorato. En Kryptón, Kal-El sería (y no aparentaría ser) Clark Kent. Superman es un extraterrestre. Si ajustamos esta característica interplanetaria a una escala terrenal, Superman es equivalente al extranjero cuyo país de origen, a diferencia del país de arribo, está altamente cualificado y organizado según los dictámenes del progreso y de lo “civilizado”. Este precepto romántico de aplicada recurrencia en los productos de la industria cultural tiene su inicio en las cosmovisiones paridas por el Renacimiento europeo. Desde este enfoque, Kal-El es un “adelantado” que toca puerto en una región atrasada, exótica, irremisiblemente sujeta a sus bajas pasiones, compuesta por nativos prestos a rendir pleitesía a quien viene de muy lejos y carga con dones y capacidades que sólo pueden ser explicados por el primitivo pensamiento mágico. Entonces, reconociendo que Superman es un extraterrestre, ¿por qué suscribe a la máxima del viajero -extranjero- humano según la cual “allí donde fueres, haz lo que vieres”? ¿Por qué, simplemente, Superman no se relaja y acepta su condición de ser superior

para con nosotros y nuestras leyes se verían comprometidas si anduviera todo el día siendo lo que realmente es? ¿Por qué no evitar ese histérico y eterno jugueteo con una mujer enamorada de lo que realmente es mientras desprecia lo que aparenta ser? ¿Acaso Superman no se dio cuenta de que a diferencia de otros extraterrestres horribles, babosos y pastosos él es igualito a los humanos, e incluso más bello? Naturalmente, de exponerse tal y como es en verdad, al principio Superman debería soportar a fanáticos latosos y groupies chillonas en la puerta de su chalet, o a individuos de una cooperadora escolar que le reclaman una capa usada para la subasta de caridad, o melindrosas quejas gubernamentales sobre su entrometida conducta parapolicial y paramilitar. Pero eso ocurriría durante dos o tres meses. La fuerza de la costumbre (bien humana, extraño es que Superman no lo sepa) convierte la maravillosa excepción en un dogma para el bostezo. Superman podría ser Superman, pero no quiere ni se anima a serlo. Bill decía que Clark Kent es tal como Superman nos ve a nosotros. Mas al contrario, Superman es tal como Clark Kent (o mejor, su original y real álter ego Kal-El) nos ve a nosotros. Superman es el viajero que aterriza en un municipio primitivo cuyos hábitos y rituales provocan el temor del civilizado, incluso a sabiendas de su pretendida superioridad. Clark Kent no es la crítica de Superman a toda la raza humana. Superman es la crítica de Clark Kent (la raza humana) a todos los extranjeros, extraterrestres, extemporáneos

en medio de un hato de paramecios? ¿Acaso y adelantados Kal-Eles que camuflan su su paternalista abnegación y su solidaridad miedo y su impotencia bajo los ropajes de la
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filantropía y el desinterés. No hay peor soberbia que la falsa humildad; no hay cobardía más enorme que la jactancia del abnegado.

Fui el Clark Kent de mi propia impotencia. Fui el Superman de mi desazón. Fui la crítica cruel de una raza humana que se convirtió en el cómic que el viejo Bill, Y cuidado que yo soy quien soy aún después de muerto, transformó en arte. gracias a Superman. Tengo una docena Siempre fui menos que mi reputación. de fotos de mi infancia en las que aparezco vistiendo una capa y unas botas con las que creía volar y también obtener la justicia Bibliografía de los buenos salvajes que me rodeaban. ECO, Umberto. Apocalípticos e integrados. Fui un Kal-El de mi propio patio de juegos. Barcelona: Lumen, 1993.

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Acercamiento al héroe en Viaje al fin de la noche

Gavia

Por Elisa de Arriba Martín

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l nunca había dicho nada y, de este modo, se estaba configurando uno de los antihéroes de nuestro tiempo. Ferdinand Bardamu, el doble literario de su creador, Louis-Ferdinand Céline, es el protagonista sufriente, indecoroso y un tanto pusilánime de Viaje al fin de la noche (Voyage au bout de la nuit), una novela de supervivencia, de exploración de la vida en una agobiante, y, sobre todo, banal realidad de la que nada se espera. Publicada en 1932 fue acogida con gran entusiasmo tanto por el derechista Léon Daudet como por el bolchevique Trotski, hecho excepcional si se tiene en cuenta el antisemitismo y feroz rechazo al comunismo del que hizo gala este novelista y médico francés. Quizás esta insólita aceptación refleje la genialidad de este “escritor maldito”, puesto que el suyo fue un intento de forjar un protagonista en la valiente tarea de sondar la sombría imagen humana y convertir a su personaje y por ende, a él mismo, en una figura totalmente contemporánea. Su estilo telegráfico (incluso molesto) lleno de puntos suspensivos, directo y descarnado roza el cinismo para ilustrarnos una sociedad caótica, degradada y degradante de la Primera Guerra

Mundial, que ha sido desnaturalizada por los bombardeos y los paisajes de la muerte. En un mundo envilecido moralmente, Bardamu se mueve (su nombre está compuesto por las voces francesas “barda” que significa “fardo” y “mu” del verbo “mouvoir”, “mover”) a la deriva con toda su existencia a cuestas hallando la angustia de la realidad “vivir por vivir, ¡qué trena! La vida es una clase cuyo celador es el aburrimiento” (Céline:431:2002). Ramón J. Sénder, uno de sus más grandes admiradores, califica los libros de Céline como “un heroico intento de ordenación, exposición y glosa de la miseria moral de nuestro tiempo, tarea necesaria para afrontar el más alto problema de la cultura: la definición del mal” (Ressot, 2006: 132) y eso mismo es lo que Bardamu hace. Tras alistarse en el ejército de manera fortuita, Bardamu relatará su visión de un mundo apocalíptico y lleno de personajes agónicos en el devenir de la existencia. La experiencia en el frente modelará un Bardamu completamente antiheroico y apático a cuestiones sobre valentía y honor. Cobarde declarado no tiene ningún pudor en exagerar su herida de guerra (es alcanzado por un obús) para alejarse de la guerra y poder esquivar su
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miedo más intenso, la muerte. El personaje que configura Céline recuerda al ideario de los poetas de la Primera Guerra Mundial como Siegfried Sassoon o Wilfred Owen, para los que el conflicto sanguinario, frío y mecánico se tiñe de irracional del mismo modo que no es capaz de formar héroes sino que denuncia la crueldad de una guerra que ya no sirve para ensalzarlos sino para destruirlos. La ausencia de valores que el conflicto armado ha provocado evoca una pérdida

el libro. Como un gran actor de la vida, Bardamu se convierte en un héroe fingido capaz de enarbolar y fomentar el heroísmo, pero ajeno a todo su maquinismo. Del terrorífico mundo de la guerra, Céline nos lleva de la mano al mundo no menos terrible de las colonias francesas en África. El motivo del viaje es esencial a la hora de entender el desarrollo de la novela. El viaje siempre predispone a un conocimiento, a una exploración y

de la trascendencia y en última instancia subraya la banalidad de complementaria, a la vida que sólo puede un crecimiento vital impulsar la incapacidad que en Viaje al fin de la de acción; la no noche predispone a un acción como doctrina conocimiento vital nulo vital. Sin embargo, la pero necesario: “El viaje sociedad todavía parece es la búsqueda de esa PERIPLO • ELENA HONTANGAS demandar héroes y nulidad, de ese modesto castigar a aquellos que no posean o demuestren vértigo para gilipollas…” (Céline:266:2002) capacidades para serlo como así indica el desde luego, toda una declaración de protagonista: “exigían héroes y quienes no lo intenciones. Una introspección personal y eran del todo debían presentarse como tales o casi un camino a la locura el de Bardamu en bien preparase para sufrir el más ignominioso África que recuerda sonoramente al héroe de los destinos.” (Céline:115:2002). De este caído Kurtz de Conrad en En el corazón de las modo, Bardamu hace gala de un discurso tinieblas. La idea de enfermedad, muerte y patriótico que únicamente puede ser enfocado horror en El corazón de las tinieblas se traslada a hacia un humor satírico, de crítica a un la novela de Céline. La continua presencia de falso heroísmo donde la palabra adquiere la fiebre, la suciedad, la diarrea, el canibalismo connotaciones histriónicas, pomposas que de los nativos no hacen más que acentuar la parecen saciar el alma del público además de soledad del ser e ilustrar el desengaño de la abrir las puertas para el éxito. La teatralidad vida que el protagonista ya había empezado subyace a la palabra y a la existencia en todo a sentir durante guerra. Es la crítica de una
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colonización que sólo ha generado avaricia y descontrol y que no ha provocado más que la miseria humana. Bardamu comienza a definirse así como un personaje nihilista de corte contradictorio al cuestionar los valores pero sin ninguna intención de generar otros nuevos que contribuyan a mejorar su situación o la de los demás. Agotado por la degenerante y opresiva situación en las colonias africanas, Bardamu vuelve a embarcarse de nuevo en un viaje, esta vez con un destino prometedor: América. La realización del sueño americano se fragua en este viaje. Allí, en Nueva York y Detroit, tierras de ensueño y de mujeres guapas, Bardamu va desplegando sus ilusiones para acabar descubriendo que la americanización es sólo otro modo de soledad y horror no muy distante del consumido mundo de las colonias. La globalización genera uniformidad y desencanto; vaya donde vaya o encuentra la muerte o la locura. Siempre en movimiento, regresa a Francia donde sufrirá los heladores inviernos parisinos trabajando como médico en un barrio periférico y más tarde como director de un psiquiátrico. La miseria y la avaricia de la sociedad vuelven a estar presentes, si bien se convierten en los temas centrales de su discurso. La muerte de su sombrío compañero de viajes, Robinson Léon, preconizará el absurdo que más tarde ampliará y adaptará Camus en El extranjero. El sentimiento casi ni se percibe, es “como una casa adonde sólo se va de vacaciones. Es casi inhabitable” (Céline:599:2002) mientras que la nada acecha implacable.

Gavia PERIPLO • ELENA HONTANGAS

vida. Céline concede al lector un Bardamu con una agonía penetrante e inexorablemente empujado a una actitud heroica que le sobrepasa puesto que es incapaz de afirmarse a sí mismo y mucho menos de afirmar héroes. “¿Cuántas vidas me harían falta a mí para hacerme una idea así más fuerte que todo en el mundo? ¡Imposible decirlo! ¡Era un fracaso!” (Céline:603:2002.)

-----------Bibliografía LOUIS-FERDINAND, Céline, Viaje al fin de la noche. Buenos Aires: Edhasa, 2002. RESSOT, Jean-Pierre. Escritores, Viaje al fin de la noche llena su nihilismo editoriales y revistas del exilio republicano de 1939. con una loa al placer y a los peligros de la España: Editorial Renacimiento, 2006.
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Glosas sobre heroicidad
Por Víctor Bermúdez

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Hesíodo plantea diferentes etapas para la humanidad que irían desde el oro hasta el hierro en una degradación paulatina que daría lugar al hombre actual, pero justo antes de éste, habría existido una generación de seres semidivinos que se postularían como ejemplos a heroicidad está en las raíces más para las comunidades de humanos ordinarios. profundas de la Humanidad. Todos Por otra parte, el héroe representa los pueblos, antiguos o modernos, también la potencialidad del futuro, está primitivos o sofisticados, bárbaros o más cargado de esperanzas y utopías, y proyecta bárbaros, postulan para sí a unos personajes su grandeza a través de su capacidad para heroicos que son los depositarios de sus valores lograr algo extraordinario, para cumplir fundamentales. El héroe es un sujeto al que su misión. Son personajes anclados en le gusta la acción, es un hábil guerrero o un la idea de un –mejor- futuro posible. agente secreto, pero también es un letrado, inteligente, aprendiz curioso y sabe combinar Los atributos del héroe la pluma y la espada según la ocasión. L’unico tema poetico e il ristoro del mondo El héroe es un personaje que, bajo Wu Ming, L’eroe imperfetto determinadas circunstancias, encarna un ideal que le viene exigido y atribuido por Los héroes son necesarios porque su comunidad y que es anterior a él mismo; cumplen distintas funciones, responden a un sostiene un mito. Sus acciones obedecen a un código social. Es interesante observar cuáles paradigma anterior a él que le otorga su sentido son las cualidades que la sociedad califica y su significado. El héroe ahí sólo cumple una de heroicas, ¿para qué sirven los héroes? función idealizante con un peso enorme. Pueden No es mía –pero sí apoyo- la idea de que también existir héroes de venganza impulsados los héroes son en el fondo agentes de civilización. por un afán individual pero son siempre Al ser depositarios de los paradigmas humanos, legitimados por sus acciones en la comunidad. proyectan en sí mismos un mundo ideal, Para Hesíodo los héroes son seres destruyen monstruos, parásitos, bombas, hacen intermedios entre los dioses y los mortales, justicia o simplemente reestablecen el orden: que surgen en un tiempo histórico-mitológico L’eroe arriva in una terra selvaggia o concreto: justo después de la Edad de Hierro. esposta a una grande minaccia, e la libera,
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El origen del héroe “Por eso eres un héroe, porque fuiste engendrado en el desequilibrio del amor.” Juan Antonio González Iglesias, Himno

uccidendo il mostro, riportando l’ordine, eliminando la bestialità, le forze primitive della terra. Sono molti i precedenti che si potrebbero citare nel ruolo di stranieri salvatori: Teseo, Perseo, Giasone, Eracle… Solo l’eroe straniero può compiere questa impresa “civilizzatrice”, perché gli indigeni non sono capaci di agire da soli, sono vittime della propria decadenza o selvatichezza, hanno bisogno di essere riscattati o sospinti al riscatto. (MING: 25: 2010) Así, los héroes se vinculan a la ordenación del mundo, al diseño legítimo de la realidad, llegando en ocasiones a ocupar cargos políticos en sus comunidades (Teseo, Perseo, Edipo). Incluso los detectives, por ejemplo, son portadores de cierta heroicidad que, a través de una filosofía de la causalidad, logran descifrar el misterio del crimen y ajusticiar al criminal. Reestablecen un orden.

El héroe es además una figura fatalmente solitaria, que va en su misión consigo mismo y suele ser admirado pero incomprendido: nadie alcanza el nivel de sensibilidad del héroe. Pero hay ocasiones en que sí existen acompañantes, llámese Patroclo, Yolao, Hefestión, Sancho Panza, Watson, Robin, el héroe –y algunos antihéroes- necesita una figura a la sombra que los secunde en su misión y lo haga parecer “menos desequilibrado”. El héroe no sólo está marcado por un ideal de fidelidad al servicio, sino que lo heroico es a menudo inversamente proporcional a las posibilidades de éxito. De ahí que las hazañas menos ordinarias se traduzcan en una mayor cualidad heroica. Y a veces los héroes se ayudan entre sí: los superhéroes de Marvel fueron derrotados por separado por los extraterrestres, y decidieron de que sólo unidos podrían defenderse. Luego de hacerlo

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formaron un grupo al que llamaron Liga de la Justicia, liderado por Superman, que en realidad no es más que la recuperación del mito de Jasón y los argonautas, que es quizás la primera iniciativa de unificación de diferentes héroes de distintas comunidades. Fuerza e inteligencia son dos atributos fundamentales de la heroicidad que subyace en todo paladín, pero en distintas proporciones. Hay héroes que son más fuertes que listos y otros que son más listos que fuertes. Los mejores están en el punto medio. Así, héroes como Heracles, Aquiles, Roland, Superman, Wolverine (X-men) o Hulk son los fuertes, rudos, rubios, viriles, temidos. Y héroes como Edipo, Odiseo, Héctor, Batman, Sherlock Holmes, Cyclops (X-men) o Ironman, son los listos, discretos, afeminados, astutos y sofisticados. Un debate importante tiene que ver con los atributos extraordinarios, los “súper poderes”. Diferenciaríamos personajes con súper poderes y personajes cuya heroicidad está construida en base a su inteligencia -y algunas herramientas útiles-. Pero en cualquier caso, sean atributos físicos o mentales los que construyen la extraordinariedad del héroe, son siempre atributos que fascinan a la sociedad, y lo importante no está en el origen -ficticio o factible- de sus poderes, sino en su función social, en qué hacen y cómo usan esos atributos. La belleza es otra cualidad heroica que no debemos subestimar, porque en ella subyacen los paradigmas estéticos de la Humanidad. La función que cumplió la escultura primero y la pintura después, como instrumentos

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maniquíes son los depositarios de los ideales estéticos de la posmodernidad. Ahí está la belleza, en los spots, los billboards, los maniquís, detrás de los cristales -cada vez más gruesosdel capitalismo. Esto no significa que no pueda haber héroes feos, pero sí que lo tienen más difícil porque aún nos cuesta mucho disociar la hermosura de la cualidad personal. Contradicción es también una de las características del héroe. Quizás la que mejor explica el surgimiento del antihéroe. Lo ejemplifica Robin Hood que roba a los ricos para dar a los pobres, y hace el mal para el bien. Es un prototipo de antihéroe que se toma la justicia por su mano. El carácter semidivino es uno de los atributos esenciales del héroe clásico que se asemeja aquí más a un dios. A menudo responde –como los dioses- a habilidades puntuales que surgen de la naturaleza. Suelen ser príncipes, estar emparentados indirectamente con alguna divinidad -a veces relacionada con su localidad- y todas sus hazañas se convierten así en tributo a ese dios y a esa comunidad. Sin embargo, pueden ser astutos y hábiles, pero también pueden incurrir en la arrogancia, la hybris griega, y sentirse invencibles, intocables. Muestra excelente del componente humano que poseen estos semidioses. la debilidad del héroe Il campo di battaglia e la parola magica Mu Wing, l’eroe imperfetto Pareciera que los héroes son paladines

de exaltación, ahora la cumple de manera invencibles que usan sus cualidades físicas e antagónicamente efímera la publicidad. Los intelectuales sin protesta ni potestad. Pero
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basta un breve vistazo a su trayectoria para encontrar una dulce debilidad que es a menudo el origen de su fin: la femme fatale. La femme fatale es un personaje dotado de una potente sexualidad, astucia, prudencia y oralidad. Seduce siempre sin entregarse del todo y es ella quien establece los límites, los ritmos y las maneras de todos los encuentros cercanos. Es exótica, ajena y peligrosa. La femme fatale rompe con una visión de la sexualidad en la que la belleza se vincula a la reproducción y comienza otro ciclo en el que la sexualidad se vincula al placer. Pero también la sexualidad establece patrones; la

del tacto, de la intimidad, hay un deseo potente que hace desvariar a los más fuertes: hay una perversa relación de atracción y repulsión. Esto nos dice que el héroe es débil desde lo sensorial: no sólo se yuxtaponen dos modelos de mujer en base a los cuales se construyen arquetipos, la dulce y linda mujer proveedora y la peligrosa y letal femme fatale, si no que además, es este segundo el que resulta ser decisivo en la vida del héroe. Pero pongamos algunos ejemplos. Los ejemplos de esta letalidad femenina existen desde la antigüedad. Circe y Odiseo; al llegar a la isla de Egea, Odiseo envía a la mitad de su tripulación a explorar, quedándose

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mujer suele estar relacionada con el crimen, el “otro bando”, o es simplemente un enemigo secundario al que hay que superar porque tiene alguna pista importante. A veces es enviada por el jefe para neutralizar al héroe. Toda la estética construida alrededor la femme fatale nos aproxima a un plano de intimidad, de cercanía: dan ganas de tocar. Es la magia del close up. Pero ante la imposibilidad

él en el barco. Circe se hace anfitriona de los marineros con un banquete envenenado con posiciones, que los transforma en cerdos después de haberse atiborrado de comida. Por su parte, Deyanira es la responsable de la muerte de su esposo Heracles, al darle a vestir a él la túnica envenenada por la hiedra venenosa de la cual la había rescatado Hércules. Helena de Troya es la provocación inmediata de la
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guerra mítica más colosal de la antigüedad, a raíz de un amorío con el príncipe Paris. Climtemestra asesina en venganza a su esposo Agamenón. La diosa griega Ártemis convierte a Acteón en venado y luego le envía sus perros de caza, por haber cometido la imprudencia de mirarla desnuda, de romper su pudor. Cleopatra seduce al general romano Marco Antonio, con quien la historia de amor culmina en el suicidio de ambos: la fatalidad del amor. También la historia de Judith y Holofernes del Antiguo Testamento, en la que ésta entra de noche a la tienda del general invasor para cortarle la cabeza y así salvar a su pueblo. Más adelante, en el siglo XVIII, el marqués de Sade con su Juliette es también un ejemplo escrito de los triunfos de la seducción femenina. Este libro tiene por título –no lo olvidemos- L’histoire de Juliette, ou les Prospérites du vice; Sade participa de esta estética de la femme fatale desde Justine ou les Malheurs de la vertu y La Philosophie Dans le boudoir donde se

educa a la quinceañera Eugénie en las artes de Venus y el “bien hacer” de la mujer astuta que usa sus talentos naturales para conseguir sus objetivos: La destinée de la femme est d’étre comme la chienne, comme la louve: elle doit appartenir à tous ceux qui veulent d’elle. (Sade: 82: 1795) Klimt, Délacroix y Oscar Wilde van a inmortalizar a la femme fatale en el siglo XIX. Con Edgar Allan Poe se explota también la alegoría de la mujer-vampiro que sustrae la fuerza y la voluntad de sus víctimas, héroes masculinos. Más recientemente Buffy, the vampire slayer (1997-2003) es la serie de televisión estadounidense en la que la heroína toma los atributos de oscuridad, peligrosidad y dinamismo que construyen a un personaje seductor, ágil y letal, que a través de una estaca en el corazón es capaz de desvanecerte en polvo. En el cine reciente mexicano Arráncame la vida (2008) es la trama en la que Catalina Guzmán se convierte en una femme fatale antiheroica que defenderá su

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orgullo, dignidad y libertad con el asesinato. En el mundo del cómic la Hiedra Venenosa es un personaje ficticio enemigo de Batman que obedece a toda la estética de la femme fatale. Parece que la Hiedra Venenosa tuviera un máster en botánica aplicada porque su seducción viene justificada con el argumento biológico, tiene clorofila en lugar de sangre, usa toxinas de plantas para lograr sus crímenes y puede incrementar sus feromonas para sacar partido de su seducción. Es la naturaleza la que interviene en esta mujer por la que Batman y Robin caerán en la fascinación y la disputa. La Hiedra Venosa es el personaje cuyos labios letales son destino final del héroe. Así, la femme fatale es la criptonita cuya mirada, voz y exotismo constituye el acabose del héroe, el talón de Aquiles de los héroes desde Hércules hasta Batman.

El destino del héroe Vivere bene o morire bene, questo è il dovere dell’uomo nobile. Sofocles, Ayax vv.479-480 La trayectoria del héroe está marcada por el cumplimiento de un destino, sagaz e imprudente simultáneamente, hermoso y fatal. Es el cumplimiento de su misión lo que justifica su existencia; sin su misión, no hay razón para permanecer en el mundo. Esto explica, al menos parcialmente, que el héroe muera amenudo en el cumplimiento de su objetivo. Sirva de ejemplo el detective inglés Sherlock Holmes y su enemigo James Moriarty. La imperfección del héroe es lo que constituye la mayor desilusión. Desequilibrio infinito que se traduce en desesperanza. Sólo alguien extraordinario podría construir una mejor realidad y ese alguien está destinado
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a la muerte para cumplir su misión: “la Lo heroico de lo posmoderno existencia de los héroes, según nos la cuentan, La posmodernidad, incrédula e inestable, es simple; como una flecha, va en línea también posee héroes acaso más efímeros y recta a su fin” (YOURCENAR: 25: 2008). universalizables, pero jamás aspirantes a la totalidad. La posmodernidad postula como La heroicidad es en el fondo una forma héroes a los deportistas de élite, a los músicos de desequilibrio, exaltación extrema que legendarios, a los políticos de último rescate, deshumaniza al héroe, que es el depositario a uno u otro ídolo fílmico y a algún que otro de una capacidad extraordinaria. Esta forma maniquí que la publicidad puso en la cima de desmesura es lo que acerca al héroe moral. Ahora no llevan capa, pero siguen a lo divino, distante de lo vistiendo excéntricamente ordinariamente terrenal: y pasando horas los grandes hombres construyendo su se caracterizan personalidad precisamente p ú b l i c a . por su posición L a extrema; su heroicidad heroísmo está posmoderna en mantenerse no está en ella toda exenta de la la vida. Son nuestros polos fragmentación o nuestras de lo actual a n t í p o d a s y lo inmediato. (YOURCENAR: 25: Los héroes son 2008). Héroe es entonces ahora más que nunca el que logra mantener su universales y sin embargo posición extrema, pero, en su son más que nunca segmentarios. soledad, en su lucha y en su desmesura, l’eroe Lo que es un héroe para unos es motivo de non può sopravvivere a se stesso (MING: 85: 2008). risa para otros. Pero eso no impide que existan Parece que los héroes aspiran a tener ídolos con pretensiones universalizables que una bella muerte, a veces ellos, y quienes los legitiman, buscan cumplir esto a través de complejos rituales ceremoniosos que exaltan la heroicidad. Así, Aquiles se encarga del lleguen al éxito y reflejen valores sociales y signifiquen luchas o paradigmas para muchos. Es en los estadios en donde surgen los nacionalismos más extremos, ya no son las funeral de Patroclo, como Príamo lo hace guerras, ni los soldados –sino los futbolistasde Héctor. El destino del héroe es morir. los portadores del honor nacional. Y ninguna
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adolescente sabe quien es el Ministro de Defensa de su país, pero cuelga en su puerta el último póster del número uno de MTV. La posmodernidad sigue alabando la extrema habilidad, velocidad, destreza, y propone a Michael Jordan, Maradona o Michael Phelps. También sigue construyendo leyendas vivas a través de la expresión artística, y alaba entonces a Elvis Presley, los Beatles, los Rolling Stones, Bob Dylan, Fran Sinatra, Kurt Cobain, Madona o Michael Jackson. Y algunos de verdad se lo creen. Y sigue siendo idealista, esperanzada y utópica cuando postula a revolucionarios como el Che,

esperar de un tiempo en el que los héroes se construyen en una caja brillante que habla todos los idiomas y transporta una sola cultura?

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Bibliografía YOURCENAR, Marguerite. Memorias de Adriano. Barcelona: Edhasa 2008. GONZÁLEZ IGLESIAS, Juan Antonio. Del lado del amor. Visor Libros. 2010. HESÍODO, Las edades del hombre. Trabajos y días. WU, MING. L’eroe imperfetto. Milano: Tascabali Bompiani. 2010.

guerreros de la justicia como Nelson Mandela, LANE FOX, Robin. Héroes viajeros. Los restablecedores del orden como Super griegos y sus mitos. Crítica: Barcelona. 2009. Sarkozy, esperanzas astutas y frescas como FRANÇOIS DE SADE, Donatien Barack Obama, o renovación prometedora Alphonse. La Philosophie dans le boudoir. 1795. como Michelle Bachelet. Pero, ¿qué podíamos Gallimard: Barcelone. 2009.

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plumas libres

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plumas libres

HEDONISM Buscas una belleza perfecta como de Audrey en my fair lady aunque es posible que ni siquiera ella te parezca hermosa con sus vestidos de raso o su dicción perfecta. Por eso miras, buscas piesorejasbocasombligos porlasmañanasporlastardesporlasnoches y te das cuenta Por eso has elegido quedarte con la chica de la mirada triste, los pies pequeños decirle cosas al oído engañarla, para que entienda,
PERIPLO • Bárbar a Sánchez

de ti mismo. (entre medias de dos borracheras)

que tu mediocridad al lado de la suya os hace hermosos.

Por Cristina Blanco

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ENTRE EL ESPLENDOR Y LA TRAGEDIA: EL CAPRICHOSO VAIVÉN DE LAS REVOLUCIONES

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POR DANIEL RUÍZ
“El infortunio, el aislamiento, el abandono y la pobreza son campos de batalla que tienen sus héroes”. Víctor Hugo

a primera vez que leí sobre María Antonieta no pude evitar sentir pena: una niña de 14 años cautiva en el palacio europeo más absurdo y poderoso de su tiempo sin amigos ni familiares con quienes relacionarse. Traté de ponerme en su lugar y entendí lo abrumador que debió de haber sido arribar a la corte de Versalles en medio de un mar de pelucas empolvadas y colores pasteles que no le quitaban la mirada de encima. Imaginé las suntuosas fiestas hasta el amanecer repletas de duques y princesas borrachas, las interminables horas de monotonía pública en misa y en horas de comida, las superfluas y desgastantes pláticas en el Salón de los Espejos y la humillación de tener que volver de noche y sola a una cama que con el paso de los años se hacía más ancha y que a gritos le recordaba que la única función a la que había sido enviada como pieza de un tablero geopolítico, ni siquiera podía desempeñarla a medias. Y es que su matrimonio, al igual que su muerte, fueron decisiones políticas; como suele pasar durante las revoluciones, las razones de éstas últimas fueron las que permearon la impronta que sobre ella habría de quedar grabada en la memoria histórica. Si Francia creó y ajustició al chivo expiatorio por excelencia, la lógica de Rusia fue que, si el país habría de sobrevivir, la otra parte tendría que ser eliminada. Bajo

esta premisa no sólo se dictó la masacre de la familia real, sino la de todos los miembros de la familia Románov sobre los que pudieran echar mano los bolcheviques. A fin de cuentas las revoluciones terminan suprimiendo los símbolos del pasado y en Rusia, la creencia milenaria de que el Zar y el pueblo eran uno, reveló una disyuntiva que no tardó en solucionarse y que hoy día continúa haciendo eco entre aquellos personajes que irremediablemente fueron superados por las circunstancias; si algo hemos de reconocer es que los antiguos mitos persisten y frecuentemente las escabrosas imágenes gestadas durante las
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PERIPLO • SANDRA SÁNCHEZ

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revoluciones, terminan imponiéndose sobre la verdadera esencia de las personas en lugar de intentar entender y comprender la fatídica serie de acontecimientos que los presionó a actuar de la forma en la que lo hicieron. No es de extrañar entonces, que la última reina de Francia y el último emperador y autócrata de todas las Rusias hayan quedado para la posteridad como dos arquetipos de

y erradicación de explotadores capitalistas, entre otras. El líder de la procesión avisó un día antes y los ministros se apresuraron a traer tropas adicionales en caso de que las cosas se salieran de control. Pero el Zar se hallaba en Tsárskoye Seló y los ministros decidieron no informarle nada sobre la marcha ni la petición. La confusión desató la catástrofe cuando los cosacos que reforzaban el palacio creyeron

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monarcas ineptos e indiferentes que en su soberbia, despreciaron al pueblo y condujeron a la caída de sus propios imperios. En vida Nicolás II vislumbró este destino por primera vez en 1905 durante el conocido “Domingo Sangriento” en el que una procesión de 120,000 obreros (en protesta por la mala situación económica que la guerra con Japón estaba creando) marchó pacíficamente hasta el Palacio de Invierno en San Petersburgo para entregarle al Zar una serie de peticiones en nombre del pueblo ruso: una Asamblea Constituyente, la separación Iglesia-Estado, salario mínimo
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que ante el avance decisivo de la procesión, la posibilidad de violencia era inminente. En un momento espantoso los soldados abrieron fuego contra hombres, mujeres y niños. El saldo oficial fue de 92 muertos y cientos de heridos aunque las cifras reales probablemente fueron más altas. Nadie dio orden de disparar pero las implicaciones para el pueblo fueron obvias y a partir de aquel día Nicolás sería conocido como “Nicolás el Sangriento”. Hacia 1789 María Antonieta ya era una experta en estas cuestiones. Y es que para ese entonces, los sobrenombres ya formaban

parte de su vida diaria pues incluso desde antes de que pusiera un pie en Versalles, la corte ya se refería a ella como l’autrichienne, que literalmente significa “la austríaca”, pero cuya combinación fortuita en francés de “avestruz” (autriche) y “perra” (chienne) habría de proporcionar sustanciosas posibilidades a los caricaturistas de la época, además de enfatizar su cualidad de extranjera que más adelante la revolución utilizaría para acusarla de favorecer los intereses de Austria. La aversión hacia la reina alcanzó su punto álgido en el verano de 1787 cuando se le puso el apodo desdeñoso de “Madame Déficit”, origen de las versiones históricas sobre la soberana que ponen el acento en su desinterés por las masas empobrecidas de París. Aunado al escándalo del collar que dos años antes había desprestigiado a la corona (en el que se acusó falsamente a María Antonieta de comprar joyas con valor de más de dos millones de francos) y a la reaparición de la ya conocida anécdota en la que la reina instaba a los pobres para que, a falta de pan, comieran bollos (que ya se atribuía a otras princesas desde hacía cien años antes de que la archiduquesa llegase a Francia), la imagen de reina déspota, despilfarradora y malvada se había consolidado gracias a la proliferación de calumnias y libelos que sin dificultad alguna reemplazaron con cinismo a la realidad. Si bien la propia María Antonieta admitió durante su juicio que en relación a los costos del Petit Trianon “quizás se gastara más de lo que ella habría querido”, la verdad es que la corte entera cooperaba para hacer desaparecer millones en tan solo unos días. Ya desde los tiempos de Luis XIV la familia real era conocida por su extravagancia pródiga que les impedía caer en cuenta de la diferencia que había entre lo que gastaban y lo que debían gastar. Además, cada miembro de la realeza llegaba a contar con cientos de criados, llegando a la posición absurda en la que, aunque fueran familiares o vivieran en dependencias contiguas, ninguno de ellos accedía a compartir servidumbre.

Para solventar esto se aplicaron numerosos recortes en Versalles y se destituyeron cargos considerados poco importantes pero, como era de esperar, éstas medidas económicas no sirvieron para atajar la raíz del problema: un sistema tributario adecuado en el que la aristocracia contribuyera, así como un sistema administrativo para gestionarlo. Éstas y otras medidas fueron insuficientes para aplacar el odio que la imagen pública de la reina infundía a finales del siglo XVIII. Empero, Nicolás aún parecía tener oportunidad para mejorar la suya, o al menos así lo intentó en 1905. Después de aquel funesto domingo, el Zar quedó anonadado con la noticia e inmediatamente sus ministros le sugirieron disociarse públicamente de la masacre al declarar que los hombres habían disparado sin haber recibido órdenes. Pero contrario a la imagen débil y torpe que de él existe, Nicolás no era un cobarde y en este caso se negó rotundamente a echar esa mancha injusta sobre el ejército. En cambio, invitó a una delegación de obreros a Tsárskoye Seló en donde les explicó la situación, les ofreció té y les “impartió una lección como un padre a sus hijos sobre la necesidad de apoyar al ejército en acción y de rechazar los malignos consejos de los taimados revolucionarios” (Massie, 1983:130). Lamentablemente, la revolución ya estaba a la vuelta de la esquina y solo hacía falta la chispa pues para octubre de aquel año toda Rusia había quedado paralizada por una huelga general. Acaso llama la atención la volubilidad de los pueblos al borde del cataclismo, ya que apenas cinco años antes, Nicolás fue quien trató de evitar la Gran Guerra que en un futuro cercano habría de acabar con las vidas de más de 20 millones de personas. Los orígenes de esta heroica iniciativa evocan los malgastados años de juventud del entonces tsarevich, testigo del terrorismo que acabó con su abuelo el Zar Alejandro II, y víctima de la indiferencia de su padre que jamás se preocupó por preparar a su sucesor para toda la carga regia que
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cómo no, habría de heredarle. Lo cierto es que Alejandro III había dejado un legado de 13 años pacíficos, pero nunca consideró importante poner en contacto a Nicolás con la información básica relativa a la posición internacional de Rusia, y dicho sea de paso, ni siquiera sobre los aspectos fundamentales del futuro puesto. De esta manera llegó al trono sin preparación y se vio forzado a hacer el manejo administrativo bajo el método de ensayo y error. Fue tan sólo cuando aceptó la corona que el joven Zar se enteró de los términos de la alianza franco-rusa que habría de despertar en él una profunda preocupación por la paz mundial. El problema era que se mostraba contrario a confiarla únicamente a un binomio militar y por ello, en 1899 Nicolás II lanzó un dramático llamado a favor del “desarme y la paz mundial”. La extraña propuesta del nuevo Zar asombró a Europa pero no por respeto o admiración, sino por lo inhabitual de la idea que la “paz universal” representaba en aquellos tiempos. Aunque muchos compartieron la opinión del Príncipe de Gales, quien se refirió a la iniciativa de su sobrino como “la bobería y la idiotez más grande que jamás había oído”, la conferencia se reunió en La Haya en mayo de aquel año con la asistencia de 20 potencias

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europeas, junto con Estados Unidos, México, Japón, China, Siam y Persia. Las propuestas rusas de congelar los niveles de armamento fueron rechazadas pero se convino en ciertos reglamentos de guerra y se estableció la Corte Permanente de Arbitraje. Posteriormente esta corte sentaría las bases de las Convenciones de Ginebra, que son las que actualmente normalizan el Derecho Internacional Humanitario. Aquella osadía hizo que el Zar fuese aclamado en muchas partes como “Nicolás el Pacificador”. Pero, la Rusia de a principios del siglo XX, inflexible y tumultuosa, habría de encontrar un mejor sustituto en 1905... Algo parecido aunque más siniestro sucedió en Francia cuando los contradictorios vítores del pueblo revolucionario evidenciaron el perpetuo estado de incertidumbre que existía en el país. No en vano hacia 1792, la reina se mostraba escéptica ante las pocas muestras de cariño que aún le dedicaban. ¿Cómo interpretar los gritos de “¡Viva la reina!” minutos después de que una muchedumbre intentara masacrarla? La impopularidad de María Antonieta en aquellos momentos era tal que, como informó el embajador francés, “si la Asamblea Nacional la hubiese puesto en libertad, las turbas la habrían linchado” (Fraser,

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2006:482). Aún así las mismas ovaciones cualidades secundarias en nuestros dirigentes: siguieron escuchándose en varias ocasiones “La prueba de la grandeza de emperadores y en las que la reina tuvo que comparecer ante presidentes no se halla en sus vidas particulares los Estados Generales y los festejos de la nueva y ni siquiera en sus buenas intenciones, sino Constitución que ahora existía. Era como si en sus hechos”(Massie, 1983:15). Si aplicamos de repente todo el mundo hubiese recordado este criterio, necesario es reconocer que ni los actos individuales de benevolencia, Antonieta ni el zar fueron buenos monarcas. filantropía personal, y de profunda amabilidad Pero, es precisamente bajo esta premisa con con la que trataba a los franceses, tan solo la que se construye el mito de que la Historia para que de nuevo quedaran en el olvido. es solo el resultado de grandes decisiones La célebre atención que a los 18 años tomadas por personajes unidimensionales l’ autrichienne tuvo con cuyas vidas personales se un campesino que se mantienen al margen de los lastimó durante una acontecimientos. La verdad cacería, fue una imagen es que si nos atreviésemos tan difundida como a ver más allá de la constante pues no se trató superficie, nos daríamos de un incidente aislado, cuenta de que es en la sino de una compasión pequeña Historia en donde genuina y profunda que encontramos los móviles y durante toda su vida las causas que engendraron hizo patente con visitas la grande, aquella en a hospitales, apoyo a las donde las pasiones, las madres pobres, adopción desgracias, los rencores de niños desamparados, y los caprichos, detonan etc. Tan presente tenía las crisis y las guerras la vida de los pobres que desde el inicio de los que se rehusaba a tiempos han moldeado el pasar a caballo por los curso de la humanidad. PERIPLO • Isabel Guzmán maizales. Estos pequeños Lamentablemente las actos que en primera instancia parecen “pequeñas” cosas relegadas al ámbito personal insignificantes, lo eran todo para tres cuartos son fáciles de desestimar ante los mitos de la población y procedían de las cualidades históricos a los que hemos sido acostumbrados. personales de la reina que rápidamente De esta manera, lo que empezó como un conquistaron el corazón de los franceses. pequeño sangrado en el ombligo del heredero Sin embargo, al igual que con las de al trono ruso, terminó convirtiéndose en una Nicolás —las pruebas históricas de su encanto tragedia invisible que habría de cambiarlo personal, gentileza, el amor que tenía a su todo. La hemofilia de Alexis fue un doloroso familia, su profunda fe religiosa y su fuerte secreto desconocido fuera de la familia que patriotismo ruso son tan evidentes que no es pesó en el corazón de Nicolás por el resto posible negarlas—, terminaron disipándose de su vida. Por increíble que parezca, esta bajo la repercusión de las políticas. Robert K. enfermedad —que convirtió la vida de ambos Massie aludía a estos vaivenes en la imagen del padres en un verdadero calvario— fue una de Zar al reconocer que desafortunadamente las las principales causas de la caída del imperio virtudes que admiramos en la vida privada y pues hizo posible el fenómeno Rasputín y trajo que profesamos en la religión se convierten en como consecuencia el fatal aislamiento de los
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LEGADOS

soberanos, sumidos en la angustia permanente al no haber podido controlar a su esposa. de tener que esconder la verdad a todo el A fin de cuentas Nicolás II pagó por mundo: revelar el secreto en medio de la sus errores y murió como un mártir junto a su coyuntura rusa de a principios del nuevo siglo mujer y sus cinco hijos. Su amor por Rusia y solo hubiese ejercido nuevas presiones sobre su familia le permitieron salir adelante con la el Zar y la monarquía. Desafortunadamente misma dignidad con la que María Antonieta el misterio empeoró las cosas porque impidió afrontó el patético juicio al que fue sometida. que hubiese un blanco para la compasión Odiada, humillada y afrentada, nunca dejó de y la piedad, situación que rápidamente serle fiel a su segunda patria como lo demuestra minó el respeto por los su correspondencia de 1792 soberanos. Con el tiempo que refleja su obsesión por se formó un ciclo de evitar el desmembramiento desagrado y rechazo que de Francia a manos de finalmente se le imputó Austria (Fraser, 2006:503). al Zar pues incluso la Incluso a pesar del desastre discreción y el autocontrol de Varennes en el que que naturalmente finalmente participó, en tuvo que forjar hacia numerosas ocasiones la el exterior, a menudo reina se rehusó tajantemente fueron confundidos con a huir del país en razón de indiferencia y distracción. su concepto del deber: su La tragedia de lugar estaba junto al rey y así tener que vivir una doble permaneció hasta el final. vida entre las constantes La fortaleza, el vigilias (en las que Alexis ingenio y la mordacidad estuvo al borde de la con la que replicó a todas PERIPLO • Isabel Guzmán muerte) y las apariciones sus acusaciones —que de públicas a las que simultáneamente tenía que inmediato trae a la memoria la manera en la atender, fue una carga ineludible que Nicolás que tres siglos antes Juana de Arco se defendió llevó a todas partes. Con esto en mente, la ante sus propios jueces—, constituyen una revolución encima y el colapso militar que prueba innegable de la entereza e inocencia la Primera Guerra Mundial causó en 1915, de esta mujer que murió no por lo que había Nicolás II tomó la llamada “decisión fatal” hecho, sino por lo que representó en una época en la que asumió personalmente el mando del en la que la inercia social arremetió contra su Ejército Ruso. Estaba tan convencido de que pasado inmediato e inhabilitó toda forma de era su deber cargar sobre su persona todo el entendimiento y reconocimiento hacia el otro. peso de la responsabilidad por el destino de Ni una le perdonaron: prisionera en su celda Rusia, que no alcanzó a preveer las fatales le arrebataron a su único hijo de ocho años consecuencias que su alejamiento de la capital para poder acusarla de incesto. Como también tendría. Alejandra quedó al mando del era de esperar, el temple y la serenidad de gobierno y a su lado, Rasputín. Pero como quienes ocultan el dolor y la angustia ante Rusia jamás llegó a entender el poder que este un público expectante al sufrimiento, fueron curandero místico ejercía sobre la zarina y el interpretados como arrogancia y desdén. tsarevich, la culpa del desmoronamiento de la Hasta el patíbulo le siguió esta sombra. maquinaria gubernamental quedó en Nicolás, “Oh Dios mío, si tenemos culpas, el hombre débil y tonto que sacrificó el imperio sin duda ya las hemos expiado”, escribió
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LEGADOS

LEGADOS PERIPLO • Isabel Guzmán

la reina en octubre de 1790, una frase que encierra en ambos casos aquí expuestos la terrible realidad sobre las circunstancias en las que quedaron inmersos. Desde luego que ninguno de los dos está exento de fallas: la imagen frívola que la reina no intentó reparar durante sus años de juventud, y la ingenuidad e innegable falta de liderazgo del último Zar, fueron y siguen siendo históricas culpas suyas. Acaso las razones que expliquen éstas no sean suficientes para aquellos que insisten en ver la dialéctica histórica bajo un prisma político omnipresente que no da cabida al componente personal. Pero nada elucidamos con adoptar dicha postura; solo considerando las dimensiones trágicas inherentes a la vida que en la adversidad sacan lo mejor de nosotros, es posible reconstruir con humanidad a quienes al borde del abismo supieron salir airosos apostándole todo a sus convicciones. Quizás fue por eso que la primera vez que leí sobre Nicolás no pude evitar sentir respeto: un hombre común lleno de miedos luchando con todas sus fuerzas por mantener unidos a su país y a su familia. Imaginé los elegantes bailes de San Petersburgo inundados en terciopelo y diamantes, las ceremoniosas inspecciones de regimientos de húsares en el edén de la Crimea, la opresiva

incertidumbre al redactar declaratorias de guerra y los interminables días de suplicio al borde de otra cama que con el paso de las horas parecía hacerse más angosta. En éstas y otras cosas pensé mientras recordaba aquella azucarada burbuja de Versalles que poco a poco también fue perdiendo su sabor. Y así fue como empecé a reconstruirlos: recorriendo con tristeza los pasillos de mármol de algún palacio, perdidos entre terribles contrastes que dieron poco espacio para el ensayo y mucho para el error. Acaso conversando por primera vez con cierto starets, comprando joyas y telas para un nuevo vestido, defendiendo con valor y coraje a sus hijos o cuidando a niños desamparados en algún hospicio; viviendo la pequeña historia que a nadie le importaba pero que habría de cambiarlo todo. Y acaso también, aquella en donde para algunos podemos llegar a ser héroes.
----------Bibliografía
MASSIE, Robert Kinloch. Nicolás y Alejandra. Argentina: Javier Vergara Editor S.A, 1983. MASSIE, Robert Kinloch; SWENEY, Marilyn Pfeifer y VYRUBOVA, Anna. The Romanov Family Album. Italia: Grafiche Editoriali Ambrosiane SpA, 1982. FRASER, Antonia. María Antonieta. España: Edhasa, 2006.
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GAVIA

Borges y una delgada línea
Por Felipe Blaquier

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ómo nacen nuestros héroes y antihéroes? ¿Qué define que un hombre sea considerado un prócer o un villano? ¿Cuánto peso tienen las acciones de los personajes históricos relevantes, y cuánto la interpretación de la posteridad, en la memoria colectiva? “Antes de Agamenón muchos valientes vivieron, pero a todos, sin memoria ni llanto, larga noche los oprime, porque carecen de un sagrado vate”. (Horacio, 483-485) En estos versos, Horacio nos recuerda que las obras humanas, por más grandes que sean, quedan en el olvido si no hay un poeta que las cante. De hecho, es probable que Agamenón ni siquiera haya existido, pero gracias a la voz de Homero fue considerado el prototipo del líder poderoso durante toda la Antigüedad. La reflexión de Horacio puede aplicarse a los personajes históricos. Aunque un hombre haya realizado los más nobles servicios a su

patria, nada de ello permanecerá a menos que la interpretación posterior haga su trabajo para conservarlo en la memoria de la gente. El tema presenta más complicaciones: un villano puede ser considerado un héroe gracias a la actividad interpretativa, y un prócer puede ser tomado por villano bajo el influjo de los poetas e historiadores. Si, como es evidente, no podemos tener un contacto inmediato con los personajes influyentes del pasado: ¿qué certeza poseemos acerca de su actuación? ¿Hemos de confiar ciegamente en quienes nos cuentan acerca de sus acciones? ¿Cómo sabemos quiénes son nuestros héroes y quiénes nuestros villanos? *** Como en tantos otros escollos intelectuales, la obra de Jorge Luis Borges nos puede resultar sumamente fructífera, no tanto para aliviar nuestra desazón como para llevarla hasta sus últimas consecuencias. En su cuento Tema del traidor y del héroe, incluido en Ficciones, el escritor argentino juega con esta imposibilidad humana de conocer de modo directo y certero a los fundadores de las historias patrias. El cuento es atípico desde su inicio. El narrador nos dice que ha “imaginado este argumento” “bajo el notorio influjo de
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Chesterton…y del consejero áulico Leibniz Al profundizar en sus indagaciones, (que inventó la armonía preestablecida)” Ryan comienza a desconfiar de esta imagen (Borges, 1996: 189). La situación espacio- estereotípica de su bisabuelo. “Otras facetas temporal es igualmente artificial: del enigma inquietan a Ryan. Son de carácter cíclico: parecen repetir o combinar hechos de La acción transcurre remotas regiones, de remotas edades” (Borges, en un país oprimido y 1996: 190). La vida y muerte de Kilpatrick imita tenaz: Polonia, Irlanda, momentos de las de otros personajes históricos: la república de Venecia, Moisés, Julio César… Y la extrañeza va más allá: algún estado sudamericano o balcánico… Ha De esos laberintos transcurrido, mejor dicho, circulares lo salva una pues aunque el narrador es curiosa comprobación, contemporáneo, la historia una comprobación que referida por él ocurrió al promediar o al empezar el siglo XIX. Digamos (para comodidad narrativa) Irlanda; digamos 1824 (Borges, 1996: 189-190). Con motivo del centenario de la muerte de un heroico revolucionario irlandés, un bisnieto suyo realiza una investigación histórica en torno a su personaje. “El narrador se llama Ryan; es bisnieto del joven, del heroico, del bello, del asesinado Fergus Kilpatrick… cuyo nombre ilustra los versos de Browning y de Hugo, cuya estatua preside un cerro gris entre ciénagas rojas” (Borges, 1996: 190). Las palabras de Borges son elocuentes: junto a adjetivos exageradamente románticos y casi infantiles sobre la figura de Kilpatrick (“del joven, del heroico, del bello, del asesinado”), el autor agrega el ensalzamiento que los luego lo abisma en otros laberintos más inextricables y heterogéneos: ciertas palabras de un mendigo que conversó con Fergus Kilpatrick el día de su muerte, fueron prefiguradas por Shakespeare, en la tragedia de Macbeth. Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible… (Borges, 1996: 192). Siguiendo esta línea de pensamientos, Ryan se entera de un hecho más que sugestivo: James Alexander Nolan, el más cercano colaborador de Kilpatrick, había traducido los principales dramas de William

poetas (Browning y Hugo) y un monumento Shakespeare. A esta altura, la invasión de hicieron sobre él durante la posteridad. la literatura a la historia era una sospecha
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más que fundada, y las fronteras entre lo ficticio y lo real pendían de un hilo. Finalmente, Ryan “logra descifrar el enigma” (Borges, 1996: 193). A poco de completar su tarea, los liberadores de Irlanda habían descubierto la existencia de un traidor entre ellos. El culpable no era otro que su líder, Fergus Kilpatrick. Luego de resolver condenarlo a muerte, “Nolan propuso un plan que hizo de la ejecución del traidor el instrumento de la emancipación de la patria. Sugirió que el condenado muriera a manos de un enemigo desconocido, en circunstancias deliberadamente

de la múltiple ejecución; tuvo que plagiar a otro dramaturgo, al enemigo inglés William Shakespeare. Repitió escenas de Macbeth, de Julio César” (Borges, 1996: 194). La expresión clave es “otro dramaturgo”: en este pasaje, Borges nos hace ver que aquellos que planean la historia son creadores en la misma medida que los artistas. El cuento cierra con las siguientes palabras: En la obra de Nolan, los pasajes imitados de Shakespeare son los

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dramáticas, que menos dramáticos; se grabaran en Ryan sospecha la imaginación que el autor los popular y que intercaló para que apresuraran la una persona, en el rebelión” (Borges, porvenir, diera con la 1996: 194). verdad. Comprende Kilpatrick asintió que él también forma participar de la parte de la trama de iniciativa que Nolan… Al cabo de “le daba ocasión tenaces cavilaciones, PERIPLO • ELENA HONTANGAS de redimirse” resuelve silenciar el (Borges, 1996: 194). descubrimiento. Publica un Así, el traidor fue convertido en héroe en libro dedicado a la gloria una trama en la que “de teatro hizo también del héroe; también eso, tal la entera ciudad, y los actores fueron legión…” vez, estaba previsto (Borges, (Borges, 1996: 193). Por sofisticada que fuera, 1996: 195). la representación no perdió verosimilitud: “Las cosas que dijeron e hicieron perduran en *** los libros históricos, en la memoria apasionada En Tema del traidor y del héroe, Borges de Irlanda” (Borges, 1996: 194-195). realiza un procedimiento que caracteriza a Con el tiempo en su contra, Nolan “no su obra literaria: profundiza en un dilema supo íntegramente inventar las circunstancias intelectual, sin detenerse ante nada, hasta
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desembocar en el paroxismo absoluto. Mientras muchos encararían el problema del conocimiento histórico desde el punto de vista de la interpretación postrera, el autor de Ficciones va más allá y muestra que la acción creadora puede comenzar incluso antes de los hechos. La figura de Jesús no está empañada solamente por la Biblia, la de Julio César por sus comentadores, y así sucesivamente… La distorsión bien puede haber empezado con anterioridad a sus acciones. Así las cosas, no podemos evitar preguntarnos: ¿conocemos mejor la Segunda Guerra Mundial que la legendaria Guerra de

tenemos de Aquiles y Odiseo? Aquello en lo que hondamente creemos y ante lo que se inclinan los pueblos: ¿tiene más entidad que las fábulas de los poetas? ¿Conocemos las verdaderas causas por las que el género humano libró guerras durante tanto tiempo? La historia, ¿es realmente más verídica que la literatura?

Bibliografía BORGES, Jorge Luis. Ficciones. Buenos Aires: Emecé Editores, 1996. HORACIO. Odas. Buenos Aires:

Troya? ¿En qué se diferencia nuestra percepción Losada, 2005. de Winston Churchill y Roosevelt de la que

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HÉROE BUSCA SEGUNDÓN
En Soldados de salamina un ficticio Javier Cercas le pregunta a un ficticio Roberto Bolaño qué es un héroe y este responde: “No lo sé. Alguien que se cree un héroe y acierta.”

PLUMAS LIBRES

POR RICARD OLIVÉ ROCA

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n un foro cualquiera, de una Web No, no... no soy un héroe, sólo un cualquiera de Internet alguien ha ciudadano hiperhormonado del montón. abierto un nuevo asunto: “héroe_ Algunas veces trabajo de pitonisa: “dime quién batman_69” dice: “se busca un Robin”. es tu héroe y te diré quien eres”. O dime tu Se busca compañero de fatigas para héroe. Que sepa un poco de todo y de nada. ¡Vamos! que sea útil, pero que no supere al maestro. Educado en la escuela de la vida, léase pícaro. Bachillerato optativo, se valorará más que nada por si quiero matar el rato no hablando de tunnings o pegatinas para coche. A continuación mis credenciales: En primer lugar, me gustaría destacar que soy de porte viril: tengo tetas, sí, pero son muy peludas. Incluso si me depilara seguiría mi camino de machote. Groucho Marx dijo: “nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína”. Suerte que nadie le toma en serio. Hoy en día si no tienes unos pechos de talla superior a la media de las mujeres eres un don nadie. Al revés eres un don Juan. nombre y acabamos antes. Esa es mi filosofía. ¿Algún defecto? Demasiado perfeccionista con mi bíceps (cuando aprieto el músculo sonríe a los enemigos desalentándolos antes

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PERIPLO • María Ramos

PLUMAS LIBRES

de empezar el duelo… así no hay quien trabaje). ¡Autoestima que no falte, invito yo! Sólo falta que la sociedad me homenajee con su incomprensión. Y con un compañero a mi altura, que no le duela ceder esa bienamada savia nueva porque este texto ya se queda sin ideas cuando aún no he terminado ni la presentación. También tengo un archienemigo: al carecer de materia por ser metafísico acostumbro decir que es algo más allá del bien y el mal, en sentido extra moral. ¿Y su compañero de fechorías? La Ortografía. Qué tipo de héroe soy, os preguntareis. Todo empezó, si mal no recuerdo, con un trauma infantil que me causó el no saber escribir según la convención gramatical, por lo que me hicieron repasar sintaxis cada día después del colegio en lugar de machacar el balón como un niño normal. Y aquí estoy, cual ave fénix renaciendo de sus propias cenizas, publicando mi primer artículo, dando mis primeros pasos heroicos, si Dios y el sumo Corrector de Periplo quieren. Por fin, se ven los frutos del entrenamiento de mecanografía, disciplina en la que visto cinturón marrón, no por nada lo que hasta ahora han leído se ha escrito en un abrir y cerrar de ojos. No, no... Tampoco soy un superhéroe. Me conformo con afrontar el peso de las propias decisiones y, como el héroe de a pie, en asumir plenamente mis condiciones. Mi especialidad es aporrear el teclado y mi disfraz, el desnudo integral. Mitad humano y mitad mutante. Los malhechores saben que

vestido pierdo carisma. ¿Por qué soy un héroe, pues? ¿Porque yo lo valgo? en parte, si y no. Y viceversa. El más avispado se dará cuenta, y sino ya os lo digo, que escribir este artículo viene siendo una hazaña más grande de lo que me imaginaba, pero sin dificultad la victoria sabe a moco (*poco). Quien me mandaría a mí meterme... además del imperativo de mi conciencia, quiero decir. Soy del parecer que la revolución se empieza sosteniendo una cerveza tras el ordenador y la paz, paradójicamente, cuando mi tío Jaime ronca, lo que le imposibilita disparar perdigones cual proyectiles, pero de aquí a llevarlas a cabo en solitario hay un abismo. ¡A ver si te animas, segundón! Te doy total libertad para escoger el nombre hortera que más te pegue. Y ya puestos piensas uno para mí. Como habréis visto, el contenido del texto, en este caso, mi heroicidad, va de la mano de la forma. Mi estilo narrativo épico debe estar a la altura de la gesta que relato: por el momento, describir-me a mí, un ser indescriptible (y lo digo como alabanza, no como insuficiencia de atributos). Aunque me temo que si me pierdo demasiado en la forma no levantaré cabeza de la cama ni de las turgencias isomórficas, para mayor gloria de la simetría, que me acompañarían. No te engañes “Robin”, por mucho que trabajes la fama con las féminas, esa vana consoladora me la llevo yo. Inscribirse implica aceptar esta única y venerable cláusula.

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PLUMAS LIBRES PERIPLO • pablo díaz

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El día que el fútbol se devoró a un héroe
Por Fr ancisco Hernando Arri

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uando aquella señora lo cruzó en un mercado de Río de Janeiro, él hacía años que ya no jugaba más al fútbol. Mucho tiempo. Más tiempo, sin embargo, había pasado desde aquel 16 de julio, fatídico, triste, cuando el silencio, sólo el silencio, da cuenta de la caída de un gigante. Mudo, certero, impactante. La mujer, entre frutas y verduras, lo señaló y le dijo a su nieta: “Por este hombre, lloró todo un país” y se fue sin decir nada. Barbosa, a secas, tal como había pasado a la historia triste de un pueblo que se canta feliz, ya estaba acostumbrado al desprecio, a vivir una muerte. Hasta esa tarde de julio, Moacyr era un hombre feliz. Se dedicaba a su verdadera pasión, ya desechados sus estudios incipientes de química. Y era un héroe. Un pueblo futbolero lo aplaudía, lo alentaba… algo así como un dios negro, ángel protector de los tres palos. Ese pueblo que lo convirtió en villano, le hacía estatuas, canciones, pinturas… y hasta coreaba su nombre en la música más maravillosa para los oídos de un futbolista: el canto de la tribuna. Un partido de fútbol es, en sí mismo, una acción dramática. Está dotado de un significado unitario, finalmente termina siendo
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una cadena coherente de de acontecimientos (aunque una supuesta incoherencia, tanto en el resultado como en el desarrollo es propio de la “lógica coherente” del fútbol) y está regida, obviamente, por las leyes de la sucesividad (Villanueva, 1995: 181-201). El fútbol tiene su propia manera de contar, de enunciar, de decir, y para ello, también reconoce los mismos actantes que identifica la narratología para estudiar cualquier relato. Hasta esa tarde de julio, Barbosa era el héroe, el protagonista de una historia que tenía como cierto al Brasil campeón mundial de 1950. El destino escapaba de su condición inexorable, que le trazaron los trágicos griegos, e inevitablemente seguía un sólo camino. Las banderas, remeras e inscripciones vaticinaban a Brasil campeón. Hasta el propio discurso de Jules Rimet, presidente de la FIFA por aquel entonces, ya saludaba el primer título mundial de la verdeamarelha. Ese héroe se propone conseguir ciertos objetivos que, finalmente, llevarán felicidad. Y los oponentes, actancialmente definidos como aquellos que obstruyen el objetivo del héroe… eran casi, los de menos. En la historia previa de aquel Uruguay del cincuenta se cuenta a un equipo con poquísima preparación física y que contaba con

un técnico que, de tan endeble, era “interino”. El destino de Brasil, y del héroe Barbosa, comenzaría a escribirse definitivamente en un momento claro dentro del relato. En un instante preciso de esa enunciación, en un párrafo que finalmente signó la historia: el minuto número 66 de un relato de 90. El agresor, como diría el folclorista ruso Vladimir Propp, es Gigghia, que puso el 2 a 1 definitivo de Uruguay sobre Brasil. Y el héroe
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se transforma en el villano y pierde su categoría, al decir del lingüista ruso Mijail Bajtin: “su posición ético-cognoscitiva debe ser indiscutible, o más exactamente, no se sujeta a discusión” (Bajtín, 1997: 155). Sin embargo, se produjo exactamente lo contrario. Para Bajtín “se habría aportado el momento de culpa y responsabilidad, y la unidad artística del destino se destruiría. El héroe quedaría libre, podría estar sujeto a un juicio moral, carecería

ET CETERA

Barbosa, lo cuenta: de carácter “Llegué a tocarla necesario” (Bajtín, y creí que la había 1997: 156). desviado al tiro A nivel de esquina, pero discursivo, quizás escuché el silencio la singularidad del del estadio y me tuve momento en el que que armar de valor Ghiggia convierte para mirar hacia el segundo y atrás. Cuando me decisivo gol di cuenta de que la uruguayo, marca pelota estaba dentro el momento único del arco, un frío que trasciende a paralizante recorrió la enunciacióntodo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada partido: aquella que escapa al momento de todo el estadio sobre mí” (Araujo Vélez, 2010). lúdico y que transforma al actante-héroe, en En ese momento del partido-relato, persona de carne y hueso que es un villano. de la enunciación, que como tal es única Curiosa característica del fútbol: e irrepetible en una final de la copa del el héroe lo es mientras cumple su papel mundo, Moacyr descubre el sonido del dentro del pacto comunicativo del partidosilencio, que en una multitud, se hace relato. Sin embargo, cuando aparece la más grande, más pesado, más denso… culpa y la responsabilidad, como dice Barbosa, con el gol de Ghiggia Bajtín, puede transformarse en villano.
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ET CETERA

Lógicamente, en el fútbol cada jugador cumple su papel pero dentro de los criterios de verosimilitud en el discurso, no deja de ser, en definitiva, una persona. Barbosa, tal como el fútbol, trasciende el aspecto lúdico para encarnar, sobre todo en un país con tradición futbolística como Brasil, la derrota nacional, el dolor de un país entero que, en su propia tierra, ve escapar la ilusión de obtener por primera vez una copa del mundo. El Maracaná, un monstruo recién construido y más de 220,000 almas le hicieron a Barbosa tener el triste privilegio de vivir su propia muerte, o morir en vida. Supo, inclusive, de algo peor que el ostracismo griego. Aquel mecanismo ateniense, consistía en privar de ciudadanía y desterrar de la ciudad a algún ciudadano. El gran monstruo, convertido de repente en una gran Asamblea, condenó a Barbosa al sufrimiento… aunque él nunca pudo irse de Río, al menos para poder olvidarlo. Casi como una jugada, o una gambeta, mejor dicho, irónica del destino, Moacyr pasó gran parte de su vida cortando el césped del Maracaná… reviviendo, instante a instante, con su mirada al arco, aquella jugada de la final del cincuenta que lo condenó para siempre. Alguna vez lo contó el periodista Ariel Scher: “Barbosa, que merecía los derechos de un individuo corriente, se volvió esclavo de esa circunstancia durante el medio siglo completo que transcurrió desde el instante en el que aquella pelota tocó la red hasta la hora en la que él respiró el último de sus aires. Se lo señalaron en las veredas modestas de Río de Janeiro en las que parecía haberse quedado
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sin sitio, en los ómnibus en los que viajaba con las miradas de los otros astillándole la piel y en las tribunas desagradecidas que antes le habían aplaudido hasta los tiros que tapaba con las uñas” (Scher, 2010). Cuentan que en el mundial de los Estados Unidos en 1994, Barbosa llegó hasta la puerta de la concentración de la selección brasileña, que a la postre sería la campeona, pero no lo dejaron entrar. Según dijeron, Barbosa sólo podría traer mala suerte. Moacyr murió hace más de diez años. A su velatorio y entierro, no fue prácticamente nadie: no había otros jugadores, ni autoridades, ni famosos. Su muerte definitiva, pasó casi inadvertida para la prensa. Sin embargo, a Barbosa, el destino, ese que para los griegos era inexorable, volvió a sorprenderlo con una paradoja. Un cantautor popular uruguayo, Tabaré Cardozo, lo recordó en una canción. Esa letra, ilustró la sentencia, la esclavitud que vivió Barbosa tras la fallida final del cincuenta y el gol de Ghiggia: “La condena del Maracaná, se paga hasta morir”. ------Bibliografía ARAÚJO VÉLEZ, Fernando. “Barbosa, el arquero maldito”. El Espectador: http://blogs.elespectador.com/ mundial2010/2010/04/barbosa-el-arquero-maldito/. Publicado el 16 de abril de 2010. BAJTÍN, Mijaíl, Estética de la creación verbal. Madrid: Siglo XXI Editores, 1997. CARDOZO, Tabaré. Barbosa. SCHER, Ariel, “Moacir Barbosa, el hombre que hizo llorar a todo Brasil”. http://www.newwebstar. com/noticias/89582-moacyr-barbosa-el-hombre-que-hizollorar-a-todo.html VILLANUEVA, Darío. Comentario de textos narrativos: la novela. Gijón: Ediciones Júcar, 1995.

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PERIPLO • VÍCTOR BERMÚDEZ 70 • PERIPLO • AGOSTO 2010 • Vol. IV

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PERIPLO • VÍCTOR BERMÚDEZ

Síndrome de Stendhal

Héroes con piel de bronce
POr Ángel Saiz

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esde tiempos remotos, el ser humano ha tendido a glorificar aquellas hazañas o personajes célebres que enaltecen la historia de su pueblo o nación. La fama alcanzada por estos protagonistas en vida se acrecentaba con la transmisión oral y aquellos hechos que en inicio fueron reales, pronto alcanzaron la categoría de mito. En un principio, destaca la exaltación a través de la vertiente literaria, con grandes poemas épicos en los que se ensalzaban las virtudes del héroe. Sin embargo, pronto fue necesaria la creación de una imagen visual y material que proyectase hacia la eternidad los valores de ese personaje y que pudiesen servir de ejemplo para las generaciones venideras. Al hilo de lo analizado en artículos publicados con anterioridad en esta sección, se comentó cómo la realización de monumentos conmemorativos en piedra o bronce impedían que un personaje que había gozado de fama en vida cayese en el olvido del tiempo1. Para ello se buscaba la realización de la obra en materiales tan bellos como imperecederos. La belleza del mármol presenta el problema de su fragilidad, por lo que nunca respondió con eficiencia al objetivo de perdurabilidad. El material que
1 SAIZ, Ángel. “La semblanza del poder”. Revista Periplo, Vol. III: 16-25.
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mejor responde a estos fines es, sin lugar a dudas, el bronce. Capaz de resistir no sólo las inclemencias del tiempo, sino también la rudeza de episodios bélicos o actos vandálicos. Por esta misma razón, los grandes héroes han de ser siempre representados en bronce. El auge de la escultura conmemorativa tiene lugar en la época de la Ilustración y de las grandes revoluciones. Es en ese momento cuando se hace una relectura de la historia y del momento presente, adaptándola a los nuevos ideales liberales y tomando a sus héroes como ejemplo para los ciudadanos, constituyéndose en algunos

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casos en los auténticos padres de la patria. De esta manera, las plazas de las más importantes ciudades se plagaron en tan sólo unas décadas de grandes monumentos de exaltación nacional, en los que destacaba principalmente la presencia del héroe sobre un pedestal. Según la importancia del efigiado o las posibilidades económicas de la ciudad, podía ir acompañado de un complejo programa iconográfico que reflejase los episodios más importantes de su vida y un simbolismo tomado del mundo clásico, que ayudasen a comprender mejor la ejemplaridad de sus hazañas. La elección del personaje representado era estudiada con suma delicadeza, puesto que debía representar los valores de todos los ciudadanos y no sólo los de una tendencia política o ideológica determinada. En muchos casos, se financiaban mediante suscripción popular, es decir, eran los propios ciudadanos, los que mediante pequeñas aportaciones económicos sufragaban la erección del

monumento. Gracias a ello, la estatua ayuda a crear una conciencia de unidad social, de pertenencia a un colectivo fuerte que se asienta sobre unos profundos cimientos, a la vez que proyecta hacia el exterior esta misma idea. Para exaltar el carácter heroico y de distanciamiento con respecto al ciudadano de a pie, era fundamental la elevación de su figura sobre un pedestal. Este elemento arquitectónico conseguía marcar una distancia y obligaba al ciudadano a elevar su mirada hacia el cielo en gesto de admiración, pareciéndole inalcanzable y consiguiendo de esta manera, un aura casi divino, convirtiéndose en auténticos altares paganos donde se veneraban a los nuevos dioses de la patria. No obstante, hasta esta época, la mayor producción de escultura era de temática religiosa, aunque la progresiva secularización de la sociedad y el Estado terminaron por relegar ésta al interior de los templos, reservando el espacio público para estos nuevos personajes. De hecho, al igual que sucede con la escultura religiosa, pensada para instruir mediante imágenes al pueblo iletrado, incapaz de aproximarse al mensaje sagrado por sí mismo, la escultura pública responde igualmente a una función didáctica, ejemplarizante y moralizadora, constituyéndose en un auténtico tratado histórico que recoge a los personajes más encumbrados. La labor pedagógica del monumento propiciaba mayor gloria para el presente exaltando el pasado y mostrando las virtudes destacables que habrían de proyectarse hacia el futuro. Los protagonistas representados se pueden dividir en varias categorías. En primer
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Síndrome de Stendhal

Síndrome de Stendhal

PERIPLO • POLLYANNA ESCARCEGA

lugar destacan personajes históricos de todas las épocas, desde la Antigüedad, pasando por la Edad Media, hasta el momento presente. Aunque una de las condiciones esenciales para ser considerado un héroe es el hecho de haber muerto, sí que se dieron casos de personajes como políticos o reyes que fueron loados con un monumento conmemorativo en vida. Por norma general, no obstante, se solía esperar al momento inmediatamente posterior a su muerte para llevar a cabo estos homenajes. El segundo grupo fundamental es el de personajes relacionados con el mundo de la cultura. Destacan sobremanera los literatos y poetas, aunque también es frecuente encontrar monumentos a importantes músicos o pintores. No obstante, han sido ellos los que han dejado un testimonio material de la grandeza de un pueblo mediante sus creaciones. Por último, cabe destacar aquellas hazañas que debido a su carácter grupal no caen en el individualismo y están destacados todos aquellos héroes anónimos que las hicieron posible. En general están dedicados a batallas o guerras ganadas donde el poder del colectivo bajo una causa común es el hecho verdaderamente destacable y objeto del homenaje. Aunque en un principio las ciudades optaron por elogiar a los grandes héroes nacionales, en un segundo impulso cobraron importancia también los grandes héroes locales, que con sus diversas actividades marcaron el devenir histórico y cultural de una ciudad y su entorno. Militares, caballeros, fundadores o eclesiásticos que, sin ser nunca reconocidas figuras de la

historia, sí tuvieron una importancia para los ciudadanos que decidieron homenajearles. Es de destacar el poder de transformación urbana que tenían estas esculturas. La elección del emplazamiento no era casual, sino que solían estar presentes en las principales plazas de las ciudades, algunas de fuerte raigambre histórica, pero en otros casos se ubicaban en nuevos barrios burgueses, vinculando la figura del efigiado a la idiosincrasia de esta clase social. Lo más habitual es que existan conexiones con edificios preexistentes, como colocar artistas junto a un museo, políticos frente a un ayuntamiento, santos o eclesiásticos junto a una catedral o intelectuales entorno a una universidad. Centrándonos en el caso español, podemos observar cómo existen algunos personajes cuya importancia fue tal, que fueron varias las ciudades que decidieron construir un monumento para conmemorarlo. Es de destacar sobretodo la figura de Cristóbal Colón, que a pesar de ser de origen genovés, es considerado todo un héroe nacional (de hecho, es la única personalidad no española a la que se dedicaron

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monumentos en el siglo XIX, lo que es una muestra del marcado localismo existente en la revitalización monumental de la historia). La importancia de sus acciones trasciende todas las fronteras, superando con creces la consideración local para ser estimado como un auténtico héroe universal. Pocos casos existen en el mundo de tal número de monumentos conmemorativos dedicados a un único personaje, a excepción, claro está, de aquellos países que desde sus modelos de Estado totalitario exigen una exaltación de la figura del líder, pero estaríamos hablando de una manera de proceder muy distinta, impuesta desde el poder y no cómo emanación y orgullo del propio pueblo. Tan sólo en España contamos con la existencia de decenas de represent aciones colombi na s, d e s t a c a n d o sobremanera las de Barcelona, Madrid, Valladolid y Salamanca, ciudades en las que sucedieron hechos importantes en la vida del héroe. Pero, no son los únicos casos, ya que en multitud de países americanos como Argentina, México,

Estados Unidos de América o República Dominicana también existen numerosos ejemplos. Otros países europeos como Portugal, Italia, Reino Unido o Alemania también quisieron representar al marinero dando luz verde a su consideración como héroe universal. El segundo grupo de esculturas más destacado es el relacionado con los héroes y batallas derivados de la Guerra de la Independencia Española (1808-1814). El hecho de que el pueblo español levantado en armas contra el ejército francés, el más moderno y organizado del momento, consiguiese expulsar al enemigo de nuestras fronteras se tomó como perfecto ejemplo de la unidad nacional española y el nacimiento del Estado moderno. Decenas de monumentos conmemorativos, de mayor o menor envergadura, se desplegaron por toda la geografía nacional a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX. Algunos conmemoraban acontecimientos como las Cortes de Cádiz, el levantamiento del Dos de Mayo, los Sitios de Zaragoza o importantes batallas como la de Vitoria. Otros, sin embargo, elogiaban a personajes concretos que tuvieron una importancia en el transcurso del combate, sobretodo militares, destacando las figuras de Luis Daoíz y Pedro Velarde. También, fueron habituales los monumentos dedicados a aquellos héroes anónimos cuyo nombre nunca será recordado, pero que contribuyeron con su granito de arena a la consecución de la victoria, como los dedicados a los Defensores de los Sitios en Gerona, los Héroes de Tarragona

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Cuba, Puerto Rico, o los Héroes del Dos de Mayo en Madrid. Bolivia, Venezuela, A mucha distancia en número de
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Síndrome de Stendhal

representaciones sigue Miguel de Cervantes, autor del Quijote, la más célebre obra literaria en lengua castellana y por tanto personaje de relevancia internacional. Cinco estatuas se erigieron en el período que estamos estudiando, siendo el verdadero símbolo cultural nacional y representante del poder que la lengua tiene en una nación, como se estudió en el número anterior de esta publicación2. Salvo estas contadas excepciones, debo concluir esta reflexión destacando el excesivo localismo a la hora de seleccionar los personajes dignos de reconocimiento en el panorama escultórico español, aunque esta

reino, concentra no sólo un mayor número de monumentos, sino que los personajes efigiados trascienden la importancia local para ubicarse en la cabeza del orgullo nacional.
Bibliografía GAYA NUÑO, J. A.. “Arte del siglo XIX”. Ars Hispaniae, Vol. XIX. Madrid: Editorial Plus Ultra, 1966. MARÍN_MEDINA, J.. La escultura española contemporánea (1800-1878). Historia y evaluación crítica. Madrid: Edarcón, 1978. MARTÍN GONZÁLEZ, J. J.. El monumento conmemorativo en España (1875-1975). Valladolid: Universidad de Valladolid, 1996. REYERO, C. y FREIXA M.. Pintura y escultura

situación es bastante similar en la mayoría de en España 1800-1910. Madrid: Cátedra, 1995. países europeos. Mención especial debe tener REYERO, Carlos. La escultura el caso madrileño, que, por ser la capital del conmemorativa en España. La edad de oro del monumento
2 BERMÚDEZ, Víctor. “Las lenguas del poder”. Revista Periplo, Vol. III: p. 47-51.

público,

1820-1914.

Madrid:

Cátedra,

1999.

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Plumas Libres

EL RÍO Y SU CAJÓN El río azul cadaveriza la mitad de mí. Y el sol lo intenta todo friéndome un pezón. Confundiéndolo con los ojos de un suicida. Y él lo intenta todo como buen cabrón. La corriente no arrastra su barba con restos de otoño; la corriente tira de mi pelo, tira y tira, hasta arrancar todo un verano enredado. Me quiere tanto que pica una cebolla por mí. Mientras yo, petrificada, casi como una muertita, cuento piedras como azulejos de baño. Excluida y espantada, casi como una lauchita. Él lo intenta todo, el fuego y la risa. Él lo intenta todo, heroico y descalzo, rescata mi ojota del río y su cajón. El río azul cadaveriza la mitad de mí. Ya soy de la corriente… Y él lo intenta todo.

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PERIPLO • MARÍA RAMOS

Por Julieta Desmarás

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Cuando Cervantes se apoderó del mito

Por Lilliana Alemán Román

a literatura caballeresca, que en España se inicia gloriosamente con el Amadís de Gaula y cierra de manera definitiva e implacable con El Quijote, llena un siglo fundamental de la cultura europea”. Esta cita de Ángel Rosenblat, que aparece en la presentación de una edición de Amadís de Gaula, impresa en 1963, sirve como preámbulo para la explicación de lo que es un mito y de lo que conlleva su destrucción y re-significación según Roland Barthes. Pues, Cervantes cerró una era, cuando creó un signo, un símbolo, un mito y a un héroe. Un héroe escuálido, sin doncellas, sin gloria y sin batallas ganadas, pero que conquistó a sus lectores a destiempo. Rosenblat no es la primera, ni será la última persona en establecer una relación inseparable entre Amadís de Gaula y Don Quijote de la Mancha. Su relación es ineludible, por los intentos de Alonso Quijano de imitar a un caballero. Sabemos que su principal modelo es Amadís, cuando utiliza el sobrenombre “De la Mancha”, “acordándose del valeroso Amadís no solo se había contentado con llamarse ‘Amadís’, a secas, sino que añadió el nombre de su reino y su patria, por hacerla famosa”. La estrechez entre ambas obras
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aumentó cuando Amadís de Gaula fue el único libro de caballerías que se salvó de la hoguera durante el escrutinio del cura y el barbero, a los libros que causaron la locura de Don Alonso Quijano. “No, señor –dijo el barbero-, que también he oído decir que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar”. Y así, el Amadís de Gaula, se libró del fuego, del mismo modo que se libró de pertenecer al Index Librorum Prohibitorum. El paralelismo entre ambas obras maestras tiene numerosas dimensiones. Sin embargo, aquí interesa la significación de ambas obras como mitos globales. Su relación no es antitética, porque no son contrarios, ergo, no es una relación paradigmática; es sintagmática. Cervantes no sólo cambió el concepto de “héroe”. Cervantes transformó la Literatura con la creación, de lo que Barthes llamó, un “mito artificial” a través del mimetismo caballeresco de Don Quijano. Es importante hacer hincapié en que la definición de mito, según Barthes, emerge del estructuralismo semiótico, y no se limita a la ficción fantástica que vemos en La Odisea, por ejemplo. De hecho, para Barthes, el mito

es un sistema semiológico, compuesto de tres cadenas que se explicarán más adelante. Este sistema se presta para deconstruir discursos y encontrar en ellos significados adicionales al origen natural de un signo. La obra de Amadís de Gaula mitifica al caballero noble en armadura, a las doncellas y a los villanos.

lo que somos y lo que queremos ser, pero que nos avergüenza apalabrar. Cervantes dio esa voz a sus lectores a través de Alonso Quijano. Pero, ¿cómo se deconstruye el discurso para encontrar sus mitos? En Mitologías, Barthes habla sobre tres cadenas semiológicas. La primera, es la estructura básica del signo;

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PERIPLO • BÁRBARA SÁNCHEZ

Mientras que El Quijote de la Mancha crea un nuevo mito al transponer los elementos que componen los libros de caballería. El honor, el respeto, el amor, la pasión por aventuras y la hidalguía no son valores exclusivos del caballero en corcel, sino que trascienden la armadura. Estos son valores que habitan al ser, aunque dormiten en el hipotálamo y cobren vida en la imaginación. Cervantes complicó a sus personajes con virtudes y debilidades, tropiezos y triunfos, celebrando así la imperfección del ser humano, al escribir

que estipula que el signo está compuesto de un significante y un significado. El significante es el fonema asociado a un referente que percibimos a través de los sentidos. El significado, es lo que le da sentido al significante. La percepción de ambos es simultánea a través de los sentidos y su codificación dependerá de las circunstancias sociales y culturales de cada individuo o colectivo. En esta primera cadena semiológica, la palabra “héroe”, sería el significante y “varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes”, es uno de sus significados.
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En la segunda cadena semiológica, el signo “héroe” abandona su significado natural y adopta las significaciones culturales de quienes usen el concepto. Es por esto, que Claude Lévi-Strauss, primer fue el primer semiólogo en atribuirle importancia al mito en el estudio de la antropología. El mito no explica nada sobre la naturaleza y el mundo de lo real, pero estudiar los mitos de civilizaciones y grupos sociales ayuda a entender la psiquis colectiva de estos. En la cultura europea, por ejemplo, la novela caballeresca duró tres siglos, desde sus comienzos en el siglo XIV, pero sus mitos, que hoy día disfrutamos a través del cine, no dejan de fascinar a las masas. Amadís de Gaula, como dijo Rosenblat, comienza una gloriosa era de novelas caballerescas al introducir el mito del caballero andante; apuesto, valiente, brioso, robusto, disciplinado e irresistible. “Diez años – vuelve a decir Juan de Valdés -, los mejores de mi vida que gasté en palacios y cortes, no me empleé en ejercicio más virtuoso que en leer estas mentiras, en las cuales tomaba tanto sabor, que me comía las manos tras ellas”. Esta cita explica la fascinación casi herética por las aventuras de Amadís, el doncel del mar. Pero la ficción, no es un conjunto de mentiras, es un conjunto de posibles realidades. Es un mosaico de fragmentos del mundo de lo real, pedazos de un espacio infinito, a la finitud del papel. El mito es producto de la reducción metonímica de un sujeto u objeto. En el caso de Amadís de Gaula, fue desprovisto, por su escritor, de cualidades inaceptables y, de tener algunas, son justificables.

Poseía las cualidades que todas las mujeres deseaban, pero se guardaba para su Oriana. Así, se crea el mito del caballero andante, capaz de derrotar a cualquier oponente. Esto, de manera bien breve, es el mito, la reducción de un todo complejo a sus partes más obvias, a la simplificación de un ente holístico. La tercera cadena semiológica que Barthes menciona, y a lo que él se refiere como “el mito como lenguaje robado”, no debe confundirse con paradigmas. Si así fuera, entonces el contrario de Amadís de Gaula sería El Lazarillo de Tormes. El primero, nacido de la reina Elisena y el Rey Perión y aunque fue tirado al río por su madre, por ser concebido fuera del matrimonio, fue criado por reyes, convertido en caballero, adorado por quienes creían en el bien, odiado por sus adversarios, revestido de decoros, muerto con honor y con el amor fiel de Oriana. El Lazarillo de Tormes, por el contrario, presenta una mirada pesimista a la vida y muestra a los personajes que son justos en el Amadís de Gaula, como los tiranos. El autor de El Lazarillo, no se apodera del mito de Amadís de Gaula, lo destruye para crear un nuevo mito. Lázaro, al igual que Amadís, pertenece a la segunda cadena semiológica de Barthes. Quizás la mejor definición para entender esta tercera cadena semiológica de Barthes es usar la misma definición que ofrece en Mitologías. “Realmente, la mejor arma contra el mito es, quizás, mitificarlo, a su vez, producir un mito artificial: y este mito reconstituido será una verdadera mitología” (1999, p.139). Para Barthes, la lengua es una presa fácil del

Amadís seducía a sus lectores con la mito. Pone muy poca resistencia y es maleable perfección de sus hazañas, porque era inmutable. a la conveniencia de sus usuarios. Dentro de la
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lengua, que de por sí, padece de ser vulnerable, está la literatura. La literatura, podríamos decir que salta hacia la segunda cadena semiológica o pasa con fugacidad por la primera cadena. “Normativamente, esta literatura es un sistema mítico caracterizado” (1999: 135), escribió

se terminó con la exclusividad de la gloria. La mayor contribución de Don Quijote, es su espíritu de asumir responsabilidad individual para mejorar al mundo y sacar a la luz que hay batallas en las que todos podemos ser héroes.

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PERIPLO • BÁRBARA SÁNCHEZ

Barthes. La literatura está llena de sentido, de historia, pertenece a su propio universo de significación y nace de su escritor. La literatura, “es la parte privada del ritual, se eleva a partir de las profundidades míticas del escritor y despliega fuera de su responsabilidad” (1997). Con estas palabras Barthes sentencia al personaje ficticio a su mitificación inevitable. Al final, Cervantes se apodera de tres siglos de lenguaje caballeresco y se los regala a

Don Quijote, quien revive estas hazañas en un escenario sin límites; su imaginación. En 1605, En Amadís de Gaula, Buenos Aires: Losada, 1963.

Bibliografía ANÓNIMO. Amadís de Gaula. Buenos Aires: Losada, 1963. BARTHES, Roland. El grado cero de la escritura. Recuperado el 9 de julio de 2010 en http://www. cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Roland%20 Barthes.pdf BARTHES, Roland. “El mito, hoy”. En BARTHES, Roland. Mitologías. Buenos Aires: Siglo XXI, 1999. DE CERVANTES, Miguel. Don Quijote de la Mancha. España: Real Academia Española, 2004. ROSENBLAT, Ángel. (1963). “Presentación”.

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cine en rama

Heroísmo en la fe: El sacrificio de Bess McNeil
Por Joaquín Bilbao 1.

A

principios de los setenta, en una religiosa comunidad del norte de Escocia, Bess McNeil, una inexperta e ingenua joven, se enamora y casa con Jan, un danés que trabaja en una plataforma petrolera. Bess no soporta su ausencia y reza a Dios para que regrese a casa cuánto antes. Y Dios parece oírla, porque Jan regresa, pero con el cuello roto por un accidente laboral. Ahora Bess y Jan ya no pueden mantener relaciones sexuales, su mayor manifestación de amor del uno por el otro. Entonces Jan sorprende a Bess pidiéndole que busque el sexo con otros amantes y le cuente detalles. Bess acepta y, mientras sus encuentros sexuales aumentan, también lo hace su creencia en que es Dios, a través de palabras que sólo ella escucha, quien guía sus acciones que mejoran la salud de su marido. Esa es, brevemente, la trama de Rompiendo las olas (Breaking the Waves, 1996) del director danés Lars von Trier. Las acciones de Bess, su protagonista, derivan de la convicción y certeza en que dialoga con Dios,

mencionadas por el ensayista conservador escocés del siglo XIX, Thomas Carlyle. La fuerza de la creencia de Bess consiste en un firme asentimiento en su religión, vivida con plena conformidad y creadora de su mundo interior. Carlyle esclarece el significado de la religión para esta clase de héroes: “…lo que un hombre en realidad de verdad cree (y esto basta muchas veces sin que lo afirme ni a sí mismo y mucho menos a los demás); lo que un hombre guarda realmente en su corazón y tiene por verdadero, en cuanto a sus relaciones vitales con el Universo misterioso y a su deber y destino en él, que es, en toda ocasión, lo principal para él, y creadoramente determina todo lo demás” (Carlyle, p. 35). En efecto, esta fe es la que dirige sus acciones, abriendo el camino desde lo interior a lo exterior. La característica fundamental del convirtiéndola en una suerte de heroína del heroísmo es el libre tránsito hacia fuera de las tipo religioso, según algunas características ideas y sentimientos alojados en la conciencia. Es
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la potencia de una idea noble convertida en acto noble, que no teme a las amenazas del exterior. “Los pensamientos que tendrán ellos serán causantes de sus acciones; sus sentimientos, los de sus pensamientos; lo invisible y espiritual en ellos será lo que

que un Templo en el Universo’ […] ‘y es el Cuerpo del Hombre. Nada más sagrado que esta forma superior. Inclinarse ante el hombre es como reverenciar esta Revelación en la Carne. Tocamos el cielo cuando ponemos la mano en un cuerpo humano.’” (Carlyle, p. 43).

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determinará lo exterior y efectivo; -su religión, como digo, será lo más importante de ellos”, dice Carlyle (Carlyle, p. 35). Bess dialoga con Dios y, poniendo su fe en acción, el espectador es testigo del mayor acto de heroísmo posible: el sacrificio. Von Trier decide poner en boca de Dios el martirio que debe sufrir nuestra heroína para que su esposo pueda seguir viviendo. Ella deberá entregar su cuerpo a los hombres más despreciables del pueblo, para dar aquello que había guardado para Jan y que sólo ellos dos habían disfrutado. A través de este sacrificio, que finalmente será mortal, Bess demuestra su amor por Jan y su fe en Dios. El gran acierto de Rompiendo las olas es que es irrelevante si Dios habló en verdad con Bess o no; lo que realmente importa es asistir a la construcción de una heroína, cuyo sacrificio en cuerpo es la prueba más grande de su amor y de su fe.

Von Trier logra escandalizar con la naturaleza de los actos heroicos de Bess, porque tiene plena conciencia del valor simbólico del cuerpo humano. La disposición al ultraje del mismo hace que Bess pueda parecer completamente loca e indecente para los habitantes del pueblo. Pero aquí la entrega carnal es, en verdad, una ofrenda a Dios para salvar al prójimo, aunque nadie pueda reconocerlo. Sin embargo, al morir Bess, Jan se recupera milagrosamente y el sacrificio parece haber tenido sentido. La incredulidad y los juzgamientos que sufrió la heroína se revelan como ofensas de una estrechez de corazones. Dice Carlyle: “No puede darse una prueba más triste de la propia pequeñez de un hombre que su incredulidad para con los grandes hombres” (Carlyle, p. 46). Las escenas finales son explicitan la presencia trascendental de Bess: Jan, ya

Citando a Novalis, un poeta alemán de finales recuperado, se encuentra en la plataforma del siglo XVIII, Carlyle escribe: “´No hay más y escucha, con evidente felicidad, el redoble
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de unas campanas en medio del mar. La cámara nos lleva al cielo y, aunque cueste creerlo, aparecen sonando entre las nubes. “Los grandes hombres, con su libre fuerza dirigida por la propia mano de Dios, son este rayo. Su palabra es la palabra inteligente y salvadora en que todos pueden confiar” (Carlyle, p. 46). Jan lo ha entendido y por eso sonríe. Nosotros también.

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Sonreímos ante aquellas campanas nítidas del final, dibujadas por computadora, porque contrastan en su belleza con la composición visual austera que la película presenta hasta este final. Rompiendo las olas se caracteriza por una imagen difusa, borrosa y, en ocasiones, fuera de foco. Con cámara en mano, los encuadres se buscan constantemente (lo que no implica necesariamente improvisación). La película fue pasada de 35 mm a video, probablemente para manipular mejor el color y contraste a criterio del director. El objetivo de Von Trier es la búsqueda de una imagen que proyecte una sensación de realidad, casi de documental en video. De esta manera obliga al espectador a enfrentarse a los episodios que recorre Bess de la misma manera que lo hacen el resto de los personajes. Así es más difícil creer que está dialogando con Dios.

heroicos bajo esta luz. El formato cinemascope amplía una imagen de poca nitidez para que la inmersión en ese mundo sea total. Estos detalles visuales dan más fuerza a las palabras de Carlyle: invitan a preguntarse si, a lo largo de la película, no hemos caído en la pequeñez de la incredulidad porque no dábamos crédito a la versión de una escocesa que se nos hacía más una demente que una santa. Es que para filmar el amor y el heroísmo en la fe, Von Trier se desliga de las imágenes convencionales del cine clásico. Frente a lo brillante, prioriza lo gris (edición en video); frente a lo potente, lo tímido (expresiones faciales de Bess); frente a la virginidad (blanco), el sexo (negro); frente a la música emotiva, la carencia de ella; y frente a una imagen perfecta (puesta en escena, encuadres), una imagen descuidada (cámara en mano y estilo casi documental). Von Trier entendió que para contar la historia del salto de fe kierkegaardiano de una heroína escocesa de los setenta, el cine debía limitarse a recrear un parco registro de los hechos. Sutileza que avala, en el final, unas campanas celestiales confirmando nuestra aproximación a lo trascendental.

Bibliografía Carlyle, Thomas. Tratado sobre los héroes. Sus actos se vuelven más escandalosos y menos Barcelona: Editorial Iberia, 1946.
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El guisantE asEsino: El antihéroE
como rEcurso gráfico Por Joan fornEr

ace unas semanas, un viejo amigo y redactor de este magazine, me pidió una pequeña colaboración en este número, después de haber visto mi portafolio por Internet. Hace ya un par de años que puse punto y final a mi carrera con una breve pero intensa estancia en Salamanca, antes de aventurarme en el mundo de la Publicidad y el Diseño Gráfico. Cuando creé mi propio book virtual, reinventé un pequeño personaje que acompañaría cada una de las secciones del portafolio, que no es más que un pequeño tributo a un antihéroe creado por Javier Royo (su marca, Javirroyo). Llegados a este punto, mi misión empieza a complicarse: “Joan, nos gustaría que nos contaras tu opinión personal, que nos hablaras un poco de lo que es para ti el término ‘antihéroe’, y cómo aparece en el mundo del diseño”. ¿Antihéroes, y diseño gráfico? ¿Por qué? ¿De qué se tratará? Bien, lo primero, como en toda deducción, es definir las premisas. Un antihéroe, como es lógico, es la antítesis de un héroe. Otros lo han llamado “el héroe moderno”… Algo que desde el Quijote de Cervantes, no se había planteado. Un personaje que puede querer el bien, o el mal… que adopta las formas de un héroe, sus principios
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y valores, pero no elige siempre el final feliz… Que da pie al fracaso, a la frustración… a su ridiculización. Es, en definitiva, una crítica a esos ideales y modelos de sociedad que siempre han llevado consigo los héroes. El antihéroe pierde el carácter divino e invencible de su contrario. El antihéroe es terrenal y puede ser malo, malévolo, desafiante, terrorífico… o simplemente, un “pringao” que no tiene remedio y al que todo le sale mal. La idea pues, es quemar un tópico, transgredir o romper esquemas, algo que busca constantemente la vanguardia del diseño gráfico y, por supuesto, todos los métodos de comunicación persuasiva. Aquí encontramos el link entre “antihéroes”, y “diseño gráfico”, o eso creo. He

leído por ahí que se suele usar la figura de un antihéroe para explotar el inconsciente colectivo por parte de publicistas, cineastas, políticos, etc... En publicidad, encontramos desde los personajes nerd de Vodafone, el mismo “Yo no soy tonto” de MediaMarkt, hasta el caricaturesco

pero patoso de Obélix… Todos ellos son parodias de un héroe, tienen barriga, beben cerveza y aunque “políticamente correctos”, llevan una importante carga de crítica social. En otro paquete pondría los creados por otra generación de ilustradores y diseñadores,

ET CETERA

rey de Burguer King. Todos ellos sacan de su estupidez un beneficio para el comprador. En cuanto al tratamiento gráfico, yo me limito sólo a destacar aquellos que nos han traido los dibujantes cómicos: pondría en el mismo paquete a Super López, de Juan López… una especie de Superman

como es el caso de Javirroyo o Juanjo Sáez. Tratan sus personajes llevando dicha ridiculez a un extremo: dibujos cuyos trazos recuerdan más a un garabato que a otra cosa… A menudo, de apariencia infantiloide, plasmando aún más esa intención de desenfado, de “me la suda todo y más”, así lo defino yo… A menudo, abandonan

de gran torpeza; junto con los Mortadelo y el realismo, y se sumergen en la paranoia. Filemón de Ibáñez y el inocente, bonachón Es el caso de la Cebolla Asesina,
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ET CETER A

que inspiró mi book virtual. De ahí saqué el Guisante Asesino. La Cebolla Asesina es una incomprendida y se revela contra el mundo. Arrasa todo lo que encuentra, no soporta el juicio de los demás y sólo hace el mal por el mal… Pero, a todos, nos saca una sonrisa. Pues bien, sin más, os invito a que os adentréis en los trabajos de estos ilustradores, que a mí me sirvieron para dar presentación a mis

ideas, a crear una metáfora sobre la creatividad publicitaria. Fue, simplemente, una excusa. No es una historia cerrada, no es un librito de cómic, sinó un intento de llamar la atención a que alguien se fije en mis trabajos. Con un antihéroe. Él pone los principios, tú pones el final. www.elguisanteasesino.com

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PERIPLO • Jesica Ruth

tr as bambalinas

Isabel Talleda. Barcelona. Pasión a flor de piel, Isabel fotografía por curiosidad, por risas y por ganas de inventarse un mundo propio con la peculiaridad del observador paciente. Además de alegría invencible destaca por su empatía y cercanía humana, poder de convocatoria con el que dirije al equipo de ilustración de Periplo. isabeltalleda@revistaperiplo.com Jesica Ruth. Córdoba, Argentina. En búsqueda del placer visual, nos deleita con imágenes al más puro estilo retro. Con un tacto peculiar fotograma a fotograma, así como con sus dibujos, Jessi muestra su hipersensibilidad declarada y perdida en una eternamente corta infancia. Adora los vestidos a lunares y el triste sonido del clarinete . jessicaruth@revistaperiplo.com Mar Ample i García. Valencia. Maga de los colores y las formas, Combina una femenina sensibilidad con una mirada vital de la realidad y deja relucir un estilo que roza lo mágico y el terreno de la irrealidad con gracia. marample@revistaperiplo.com
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Jenny Castellanos. Salamanca. Vivaz en sus creaciones, combina a la perfección desde el diseño gráfico hasta la pintura al óleo. El poder de la imaginación al mando para darnos a conocer un universo de colores y formas donde realidad y sueño se funden para dar lugar a sus ilustraciones. jennycastellanos@revistaperiplo.com Pablo Díaz. Mexicali, México. Sus premisas son la paciencia, la calma y la felicidad y eso es lo que le gusta transmitir a través de lo que dibuja. No sobra nunca el entusiasmo como herramienta para enfrentar los vaivenes de la vida cotidiana. pablodiaz@revistaperiplo.com Pablo Doratti. Cauteloso observador de la antigüedad clásica y sus continuidades. Deambula a menudo por las ciudades y pueblos de la república Argentina, y es el tipo serio que ves en los cafés escribiendo en una montañita de hojas amarillas. pablodoratti@revistaperiplo.com Elena Hontangas. Valencia. El arte y la abstracción fluyen en todo su ser proporcionando calma, viveza y un sinfín de sentimientos agradables con cada uno de sus trabajos. Elena posee el don de conciliar abstracción y concreción en un solo producto visual. elenahontangas@revistaperiplo.com Sandra Sánchez. Sevilla. Sandra es la voz tibia, a veces tímida a veces contundente que muestra a través de su pluma y lienzo su nítida mirada de la realidad. En su faceta fotográfica trasluce una sensibilidad hacia lo dinámico, lo móvil, lo vivo que deja la sensación de respirar aire fresco en un desierto caluroso. sandrasanchez@revistaperiplo.com Carlos Martínez Rivera. Periodista puertorriqueño residente en España. Analista minucioso del presente, corrector, diseñador hispanista, politólogo y cómico a tiempo parcial, es un hombre orquesta. Cafetero empedernido que es sin duda el rigor de nuestro barco. carlosmartinez@revistaperiplo.com Julio Ríos. Salamanca. Ilustrador emotivo o publicista inusitado Julio filtra la realidad con un talante humorístico en donde se puede entrever una creativa filosofía de vida y una sorpresiva abstracción visual que no conoce límites. juliorios@revistaperiplo.com
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Pollyanna Escárcega. Mexicali, México. Desde la ciudad que atrapó el sol y siempre sonriente y carismática, Pollyanna dedica a Periplo su cálculo de exactitud suiza para la administración. pollyannaescarcega@revistaperiplo.com

Saray González Valiente. Santander. La fortaleza hecha ilustración Saray deja ver una profunda reflexión a través del dibujo., que no respeta cánones ni fronteras. saraygonzalez@revistaperiplo.com

Isabel Guzmán. Dibujar es una inquietud, y a ella le gusta experimentar, pintar, sacar fotos para no olvidar, crear mundos, diseñar y ñoñar... ah, y escuchar mucha música de colores y chicas gritonas. isabelguzman@revistaperiplo.com Marta Llorens. Barcelona. Con los pies en el suelo y trazos sutiles en blanco y negro Marta se adentra en Periplo para mostrar una faceta a la vez caótica y magnética de su trabajo. martallorens@revistaperiplo.com

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PERIPLO • VÍCTOR BERMÚDEZ

Ilustr ación

Administr ación
pollyanna escárcega

I M J J S E M P J S
SABEL TALLEDA AR AMPLE esica Ruth ar ay González

Dirección de ilustr ación
Isabel Talleda

enny Castellanos

corrección gener al
Carlos Martínez river a

lena Hontangas arta llorens ablo Díaz ulio Ríos a ndr a Sánchez

Pablo Dor atti JOAQUÍN BILBAO LUIS BAEZA

Redacción

Consejo editorial
Ángel Saiz Fernando pittaro Víctor Bermúdez

dirección gener al Víctor Bermúdez Fernando pittaro

P
Periplo, revista bimestr al ISSN 1989-8924 Paseo san antonio 7-11, 4ºB Salamanca, España tel.: 923 26 57 99
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