QUIÉN SOY YO vs QUIÉN ESTOY SIENDO

“Conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a sus Dioses”. (Adagio) Uno es la suma de todos los modos en todos los momentos. ¿Hay algo más absurdo que pasarse toda la vida con uno mismo y no llegar a conocerse? “Nuestra actitud común es “yo soy esto”. Separe tenaz y perseverantemente el “yo soy” de “esto” y trate de sentir lo que significa ser, simplemente ser, sin ser “esto” o “aquello”. (Sri Nisargadatta Maharaj) “El buscador es quien está a la búsqueda de sí mismo. Abandone todas las preguntas excepto una: ¿Quién soy yo? A fin de cuentas, el único hecho del cual puede estar usted seguro es que usted es. El “yo soy” es cierto. El “yo soy esto” no lo es. Esfuércese por descubrir que usted es realidad. (Sri Nisargadatta Maharaj) Descubra todo lo que usted no es: el cuerpo, los sentimientos, los pensamientos, el tiempo, el espacio, esto o aquello. Nada, concreto o abstracto que usted pueda percibir, puede ser usted El propio hecho de percibirlo muestra que usted no es eso que percibe. (Sri Nisargadatta Maharaj) “Una persona no sabe qué aspecto tiene mientras no se ve reflejada en un espejo, y esta simple verdad no sólo es válida para la realidad física, sino también para la psique”. (Liz Greene) “Los seres humanos formamos parte del todo al e llamamos Universo, una parte limitada del tiempo y el espacio. Nos vivimos a nosotros mismos, y vivimos nuestros pensamientos y sentimientos, como algo aparte de los demás; padecemos una especie de ilusión óptica de la conciencia, que se transforma en una prisión y nos restringe a nuestros deseos personales y al afecto de unas pocas personas, las más próximas a nosotros. Nuestra tarea debe consistir en liberarnos de esta prisión, ampliando nuestro círculo de compasión hasta abarcar a todas las criaturas vivientes y a la totalidad de la naturaleza en su hermosura.” (Einstein)

Francisco de Sales

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¿Quién soy yo? ¿Quién es yo? ¿Qué es Yo?

Responder a estas preguntas es una ardua tarea que nos ocupará toda una vida, para encontrar, en el mejor de los casos, una respuesta que ha de ser, como casi todas las respuestas, provisional. Y no provisional porque se dude, que siempre se dudará, sino porque es la única forma de dejar abierta y viva la pregunta, para que se vaya actualizando y siga buscando nuevas respuestas, ya que a medida que vayamos evolucionando como personas iremos ampliando o modificando las respuestas. Si fuéramos Seres Evolucionados, Grandes Místicos que han tocado el Cielo, Deslumbrantes Iluminados, no tendríamos ninguna duda, ni tampoco la necesidad de dar una respuesta, pero acertaremos respondiendo soy, o yo soy, o yo soy el que soy, o nadie, o nada, o ¿qué más da?, o la definición no va a cambiar mi esencia, o alma, corazón y vida, o dejaríamos la respuesta vacía porque no es necesario encerrarla y acotarla en una definición, ya que lo importante no es saber la respuesta sino saberse Uno Mismo. Pero aún no llegamos a tan alto estadio. Aún estamos en esa etapa en que no nos hacemos las grandes preguntas, porque son para gente muy Francisco de Sales

QUIÉN SOY YO vs QUIÉN ESTOY SIENDO inteligente, y por miedo a no encontrar la respuesta, o por no querer preguntar no vaya a ser que no nos guste la respuesta; o estamos en la etapa de estancarnos y posponerla porque en el primer segundo no aparece la solución como cuando nos preguntamos cuántas son dos más dos. Son preguntas latentes que se repiten aún en silencio, aunque no nos demos cuenta de ellas, aunque no tengan palabras que las delaten, porque a veces surgen de un modo clandestino y, aparentemente, son otras preguntas. Lo importante al responder una pregunta no es conseguir una sucesión de palabras bien ordenadas acordes con lo preguntado, sino sentir dentro de Uno Mismo, y de un modo irrefutable, esa respuesta, aunque uno no se sea capaz de definirla. Sepultados y escondidos por caretas, traumas, miedos, complejos, vicisitudes, conductas automáticas, autocontroles, llantos, represiones y otras dificultades de semejante calaña, si rebuscamos bien y desechamos muchas mentiras y errores, allí podemos encontrarnos. Lejos, muy lejos, y ocultos, muy ocultos. Desconocidos incluso para nosotros mismos. Eso sí, callada y ardientemente ansiosos de ser rescatados y sacados a la luz. Nos hemos conformado durante mucho tiempo con creer que somos ese que vemos a diario en el espejo, el que se despierta todos los días a la misma hora que nosotros, y el que se relaciona con una serie de personas que le reconocen, lo cual le da una relativa tranquilidad. Francisco de Sales

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Yo no sé quién soy, pensamos, pero si lo saben los demás…
A veces, intuimos que tenemos que ser otra cosa distinta de lo que estamos siendo, y que nos gustaría ser de otro modo, y que esto de vivir tiene que ser algo más que llegar, sufrir y marcharse sin habernos enterado de qué va todo esto, y aunque negamos lo evidente y despreciamos lo sublime, tampoco nos entra una prisa urgente por reconocer que es un asunto prioritario, y lo vamos aplazando… lo vamos aplazando… lo vamos aplazando… Envidiamos a esos que pisan fuerte porque parecen saber quiénes son, los que son siempre el centro de atención donde quieran que estén, los que triunfan en la vida. Sólo en muy contadas ocasiones nos dejamos contagiar por nuestra verdadera esencia, que se encuentra desolada por ser la gran desconocida, y a veces se manifiesta como una tristeza de origen desconocido, como una pregunta, ¿qué me pasa, si no me pasa nada?, como un aire que cruza por delante diciéndonos algo sin voz, vamos, tienes que saber lo que es, soy yo, eres tú, te llamo, te llamas, búscame… Generalmente, cuando buscamos, lo que encontramos es una distracción, casi siempre un asunto material y terrenal: nos vamos de compras, ponemos la tele, llamamos a otra persona para hablar de nada… y todo, para no escucharnos. Cuando he preguntado a otras personas: ¿quién eres tú? me han contestado mil cosas distintas: “una parte de la divinidad que está perdida en este mundo extraño e Francisco de Sales

QUIÉN SOY YO vs QUIÉN ESTOY SIENDO inhóspito”, o bien “un ser que no recuerda su origen”, o también “una parte del cosmos encarnada en este pesado lastre de ser una persona y que luego retornará a las estrellas con su luz recuperada”… Nunca he oído decir a alguien que es la última encarnación del demonio. Todos tan espirituales y tan místicos. Todos tan apegados y aferrados a una definición que sirve de consuelo, aunque no estén seguros de ella. Todos necesitados de ser algo que se pueda definir. Yo he pasado algunos ratos, pocos, tratando de encontrar una respuesta y he llegado a un desenlace, quizás no acertado: no me importa quién soy en cuanto a ponerlo en palabras que expresen una idea. No me importa, porque considero que se pierde demasiado tiempo en llegar a esas palabras que no van a cambiar en absoluto lo que ya soy aunque no lo defina. Valoro más el sentimiento que tengo de mí. Aprecio más el concepto que tengo de mí, la relación conmigo, lo que me aporto, aunque no sepa qué o quién soy. No importa la definición porque yo no soy la definición, simplemente soy. Yo soy. Sin más. No necesito adjetivos ni explicaciones. Las palabras que añada no me cambiarán, porque por sí mismas no tienen la capacidad de hacerlo. Ya lo has oído muchas veces: la palabra agua no quita la sed; la palabra fuego no calienta; la palabra cuchillo no corta. Hay que ser, y eso es lo único que importa.

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QUIÉN SOY YO vs QUIÉN ESTOY SIENDO Para hacerlo, poco a poco, vamos a aclarar conceptos, vamos a poner las cosas en su sitio, y mirarlas con otro modo de ver; vamos a ser alquimistas, sabios, incrédulos, preguntadores incansables… y pacientes. Por tanto, habrás de estar dispuesto a modificar lo que consideres que es necesario para tu bien y tu crecimiento. Vas a ver quién eres tú, pero libremente, no en comparación con los demás. Te adelanto que responder a estas preguntas es ocupación de toda una vida, puesto que, el que aparentemente eres hoy no tiene nada que ver con el que eras con dos años, ni con el que serás en otro momento posterior, por eso la respuesta será provisional. Del niño de dos años sólo te queda el nombre, los apellidos y tu identidad. No tienes aquel pelo, ni los dientes, ni están ya las células que se han ido muriendo, ni el cuerpo… por lo tanto, eres algo más que el cuerpo. Vamos a ver quién soy yo a la luz de la psicología, que es la ciencia que estudia el comportamiento, los estados de conciencia, y todo cuanto atañe al espíritu. Todos, cuando nacemos, tenemos una identidad. Como niños expresamos esa identidad inmaculada e individual que uno es en ese momento. A medida que va creciendo irá dejando de ser yo y se dividirá en múltiples yoes, como verás en el capítulo de yo y yoes.

¿Quién soy yo? ¿Quién es yo?
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¿Qué es yo? Es que es un follón esto de meterse en el mundo de lo profundo y lo esotérico, con todos los timos y falsedades que hay, y peor aún ir al psicólogo, que yo no estoy de atar, y si le cuento a un amigo esta inquietud me va a decir que me deje de chorradas, que al mundo se viene a vivir y a disfrutar y no a preocuparse, y que a esa voz que reclama de vez en cuando se le emborracha y se calla. Y es peor el remedio que me acaban de dar mi amigo, porque ahora me han pegado una etiqueta de homínidus raris que me va a condicionar. Mejor me olvido. Va a ser verdad lo de mi rareza.
TRABAJA TÚ ¿Si averiguo quién Soy Yo voy a tener que cambiar y ser otra persona?... te preguntas con pavor. No vas a ser otra persona, vas a ser Tú Mismo, te responde en tu interior una sabiduría misteriosa. Sí, pero ¿Quién soy yo? Creo que antes de obsesionarte con la pregunta, y con adjudicarle una respuesta académica, deberías aprender a convivir contigo mismo, sin adjetivos ni distracciones, sólo estar en silencio, atento a tus latidos, a las posibles voces, a los sentimientos, a darte ligeros caprichos como una tumbada en el sofá y una música suave de fondo, y dejar pasar el tiempo sin prisa, en armónica convivencia. Redescubrirte y amarte es un buen comienzo. Y es bueno que te preguntes ¿qué siento? y es bueno no angustiarte con las definiciones, que la pregunta no es para definir lo que sientes, sino para darte cuenta de lo que sientes: cosquilleos, una ligera brisa de preocupación, un vacío insondable, inquietud…

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QUIÉN SOY YO vs QUIÉN ESTOY SIENDO No importa. No tienes que asustarte ante la avalancha de sensaciones o respuestas. En realidad todo eso estaba ya ahí aunque antes no te hubieses parado a escuchar, y negarlos no va a hacer que desaparezcan. Sigue en el sentimiento. ¿Qué siento a solas conmigo? ¿De qué modo me siento a mí? ¿Me soporto bien? ¿Me encuentro a gusto? ¿Me siento bien en esta experiencia nueva? ¿Alguna vez pensé quién o cómo quería ser? ¿Soy el que quería ser? ¿Soy el que quiero ser? Quietud, no inquietud. Ahí estás. No hay prisa ni en este momento importa el tiempo. Puedes seguir esta noche o mañana, puedes aprovechar el viaje en el autobús, el tiempo de subir en el ascensor, o el momento de la ducha (¿cuánto tiempo hace que no tomas consciencia al ducharte de cómo es el cuerpo o cuánto hace que no te acaricias?)

MIS PENSAMIENTOS Hasta ahora no he tenido tiempo de atenderme, o no he tenido la suficiente rabia o cordura como para dejarlo todo quieto y esperando, porque puede esperar; en mi escala de valores ahora soy primordial, y no deseo seguir aplazando el encuentro. ¿Quién soy? No lo sé. “Quién soy yo” implica ser persona y no sé si soy persona ni si eso es importante. “Quién es yo” me da un punto de observación distinto: me permite ver a ese yo desde fuera, como si no fuera yo, y no me implica. “Qué es yo” me hace sentir un científico o un filósofo, y me aleja aún más del sujeto que es yo. Aún no lo sé. Quizás no lo sepa nunca, pero a pesar de todo voy a repetirme las preguntas, y no a la búsqueda obsesiva de sus respuestas sino como preguntas abiertas que sean el prólogo de otras muchas, o el
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comienzo de divagaciones mentales que me acaben llevando a lo que realmente me importa en este momento.
VISTO DE OTRO MODO Quién soy yo es una pregunta que propone un reto casi adictivo a nuestro intelecto. Creo que ni siquiera a nosotros mismos. El hecho de querer encontrar una respuesta a la altura de la pregunta, o sea, brillante y sorprendente, que sea nueva y definitiva, que no haya pasado antes por ninguna otra cabeza, es frustrante y frena el proceso de auto-conocimiento. Es peor de lo que parece, porque uno se obsesiona con ella y se estanca, ya que busca la solución en la cabeza, y no es ahí donde está. Y puede pasar algo que es peor aún, y es el hecho de encontrarle una respuesta y conformarse con ella, creyendo que por el hecho de tenerla ya está todo resuelto. Esto no es cierto. Responder a esta pregunta con una frase, por muy intelectual que sea, aunque se pueda enmarcar y formar parte de los libros de frases célebres, nada aporta al desarrollo personal. La pregunta debe empujar a un proceso en el que no importe quién soy, sino quién o cómo no quiero ser, o quién intuyo que soy, o, más directamente, cómo estoy siendo. Mejor sería comenzar por todo un proceso de auto-conocimiento que comienza por averiguar por qué estoy siendo así. O bien: ¿Cómo me siento a mí mismo? No quién soy yo, sino quién debería ser o quién he de ser yo o también quién podría llegar a ser yo, o te puedes montar tu propia pregunta, la que vaya mejor con tu forma de ser y te abra más caminos. Te lo pongo fácil, dejo un espacio entre dos signos de interrogación y tú metes dentro tu propia pregunta: ¿…………………………………………..?

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(Más adelante, cuando hayas sanado el alma, y seas una persona íntegra, y no un personaje, cuando te sientas pleno y sin resquicios, y más como un juego que otra cosa, puedes retomar la pregunta). ¿Quién estoy siendo? Esta pregunta está mejor encarrilada. Se aproxima perfectamente a tu realidad, porque casi nunca se es el que realmente se es, sino el que actúa, el que no sabe que es o no sabe quién es, el que ha llegado hasta el momento actual del modo que ha podido, siempre con la mejor voluntad y casi nunca con sabiduría. Eres una cosa, que no sabes, pero estás siendo otra cosa que, en realidad, tampoco sabes. Te mueves en un mundo de desconocidos. Convives contigo sin saber quién eres. Ergo… mientras no descubras quién eres, no podrás llegar a serlo. ¿Estoy siendo el que Soy o el que creo ser? En el capítulo de yo-yoes tienes muchas pistas para responder esta pregunta. ¿Quién tengo que ser? Vaya pregunta más tonta. Tienes que ser el que realmente eres, y no el que estás siendo (porque si estás leyendo esto es porque no estás siendo tú mismo, porque si no fuera así, estarías haciendo otra cosa con mucha tranquilidad). La respuesta ha de ser personal, tuya, aunque coincida con otras, pero es imprescindible que haya salido de ti. Creo que no has de conformarte con otra por muy bien redactada que esté o por muy inteligente que aparente ser. Si no es tu respuesta no la vas a sentir como tuya; aunque no te des cuenta, siempre te va a parecer una orden que viene de fuera, algo que te pretenden imponer, o te va a parecer que la has robado o tomado prestada, pero seguirá sin ser la respuesta interior que satisfaga y acalle a la pregunta interior.
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Para la pregunta esa no será su respuesta, sino otra respuesta más, y seguirá reclamando la que auténticamente le complazca, porque es a ti a quien ha hecho la pregunta y no a otro. Ten cuidado, lo repito otra vez, de no conformarte con una respuesta para salir del paso y dar por terminado el interrogatorio. No te conformes con una definición porque no eres una definición Y es casi definición. mejor un silencio por respuesta, mientras esperas la buena, que una de compromiso. Cuidado con quedarte sólo en las palabras, porque las palabras son sólo palabras. Recuerda eso que ya has oído muchas veces: la palabra cuchillo no corta, la palabra fuego no calienta… No te quedes aferrado a la idea que tienes de ti, sino que investiga, observa, atiende, fíjate, siente, razona… no te quedes con el que te identificas, porque ese no eres, y ese es el que te impide ser. No te asombres al tener que reconocer que, aunque no siempre eres igual, en tu esencia siempre eres igual. Y no te sorprendas al descubrir quién no eres, y acoge bien, cuando le descubras, al que realmente sí eres. ¿Quieres un poco más de información? mira en el capítulo yo-yoes. yo-yoes

ATENCIÓN ¿QUIÉN SOY YO? Cierra los ojos. No temas esa falta de ver la cosas porque, a partir de cerrar los ojos es cuando empiezas tú. Eso eres. Lo que ves con los ojos abiertos es lo ajeno, es lo demás, es lo otro. Lo importante es lo que queda detrás de los párpados. Ese silencio denso y tenso, a veces; esas preguntas incontestadas; los nervios, el temor, la inseguridad, la duda de poder seguir adelante. Todo eso eres tú.

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QUIÉN SOY YO vs QUIÉN ESTOY SIENDO Ahora aprende el oficio de escucharte. Vacía tu mente. Deja a un lado las ansias de crecimiento material. No escuches a tu consciencia, sino a tu conciencia. Escucha a ese lo que sea que te habla con frases mudas. Quita la carga de tus pensamientos. Permite que hable tu sabiduría. Confía en ella. Déjala que te recuerde todo lo que ya sabes. Deja que te recuerde los dones que Dios te dio. Para encontrarte contigo puedes dejar los ojos cerrados o abrirlos hasta que te duelan; quemar inciensos o aspirar el humo de los coches; apagar las luces o ponerte de cara al sol; sentarte en tu silla de respaldo recto o caminar entre el tráfico. Nada debe ayudarte o distraerte, sino que debes estar en una actitud de atención constantemente. Estate atento a tu interior cuando reclame tu atención. Atento a cuando veas, llores, sientas, sufras, sueñes, vibres... búscate cuando estés a solas, no te niegues: existes. Eres. Creces. Vives. Enfréntate. Pregúntate. No temas la vaciedad de tus monólogos inexpertos, deja que nazcan las primeras respuestas sinceras, aunque suenen pobres o cortas.

DESDE UN PUNTO DE VISTA MÁS ESPIRITUAL ¿Y si la pregunta es sólo un koan? ¿Y si es sólo el modo de derivar hacia otras preguntas más profundas que quién soy yo? ¿Y si la respuesta no es racional, sino emocional? ¿Y si no hay que responderla, sino solamente sentirla? ¿Y si es la duda de quién soy yo, y no la respuesta, la que me mantiene activo? Porque se pueden dar muchas respuestas que probablemente sean ciertas: el espermatozoide que ganó la carrera, un ser galáctico incorporado al planeta Tierra, una porción de luz cósmica, polvo, un pobre desgraciado, nadie, el que se perdió, una miniatura de Dios, etc… etc… Francisco de Sales

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No es mala idea tratar de identificarse con el alma, la parte más noble y sincera en nosotros, porque el cuerpo, la mente y las emociones sirven para manifestarse, pero son cambiantes, y uno no es ninguna de esas cosas.

MIS PENSAMIENTOS El día que no haga caso a mis miedos y sus gritos, estaré siendo Yo. El día que me rompa sin importarme luego, estaré siendo Yo. El día que no me preocupe por el paso de los años porque estaré pendiente sólo de vivir mi vida, estaré siendo Yo. El día que no crea en los calendarios, ni en las metas, ni en los triunfos, ni en que debo seguir siendo cautivo, estaré siendo Yo. El día que me vuelva sordo a los elogios y los aplausos, estaré siendo Yo. El día que comience a buscar a Yo, estaré siendo Yo. Mientras llega el día, preparo un lugar en mi conciencia, un nido en el corazón, ensayo una sonrisa para que se vaya convirtiendo en perenne, y voy preparando un vacío para que cuando Yo llegue encuentre todo tal como lo dejó el día que yo mismo le eché.
VISTO DE OTRO MODO Quizás no es importante saber “quién” soy yo. Quizás la pregunta apropiada es “qué” soy yo. Ese quién parece referirse a una persona, y es evidente que no somos persona, aunque aparentemos y creamos serlo. La pregunta requiere esclarecimientos o explicaciones, mientras que yo simplemente soy, nada más soy. En cambio, la respuesta a “qué” no exige tanto texto como la otra, sino que se puede responder solamente con sentimientos, con una fe y una certeza que no admiten discusión, con el Francisco de Sales

QUIÉN SOY YO vs QUIÉN ESTOY SIENDO convencimiento cimentado profundo de saberse una realidad que escapa a las definiciones y que no las necesita; Uno es algo rotundo que está ahí y lo siente con una firmeza indestructible en el alma. Uno es, y ya está, no hace falta seguir con las palabras. ¿Lo sientes así? NO SOY Muchas veces resulta más fácil responder a una pregunta complicada que requiere un sí, eliminando lo que no. Si averiguo todo lo que no soy, el resto es lo que sí soy. No soy el tiempo, el espacio, la nube, el árbol… Quizás tampoco soy nada de lo que puedo llamar mi o mío: no soy mis pensamientos, no soy mi cuerpo, no soy mi mente, puesto que “algo” se da cuenta de ellos. Ese “algo” que se da cuenta, ese soy yo.

RESUMIENDO Quién soy es algo que siempre estarás intentado averiguar, porque eres interminable y tienes miles de aspectos por descubrir, pero eres la esencia, lo idéntico, lo puro, lo divino, el humano… eres mil cosas. Quién estás siendo es más notable, más fácil de ver. Eres el que se está manifestando hoy, el que está sobreviviendo, el que hace lo que puede, el que no se preocupa de ser él mismo, el fruto de una triste ineducación… el que ves ahora... Sólo un proceso de Descubrimiento y Realización hará brotar al que eres en el lugar del que estás siendo.

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