En torno al Santuario Nacional del Corazón de María, de Madrid, se ha escrito una bella página de historia, hecha de trabajo

, de entrega apostólica y de amor al Corazón de María, que fue sellada con la gesta del martirio por parte de un número importante de sus protagonistas. La única manera de detener la obra del tiempo, que todo lo borra y olvida, es recoger y dar publicidad a unos hechos dignos de nuestro recuerdo y admiración. Estoy convencido de que la tarea más seria, detenida y minuciosa, realizada hasta ahora sobre el particular, es la que con paciencia y esfuerzo ha llevado a cabo el claretiano P. Ernesto Barca Amorena. Nos la ha ofrecido en un libro titulado: "Mártires Claretianos del Santuario del Corazón de María (Buen Suceso, 22. Madrid 1936)". Madrid, 2005. La intención que me propongo en este opúsculo es mucho más modesta. Quisiera exponer, con brevedad y claridad, al lector que muestre algún interés por esa ejemplar historia, algo de la rica herencia y del atractivo testimonio que nos ofrecen sus vidas. Al hacerlo, pienso de manera especial en toda esa amplia comunidad cristiana que sigue alimentando su vida y su fe en torno al nuevo Santuario y Parroquia del Corazón de María de Ferraz, a la que podemos considerar como la heredera nata de todo aquello. El P. Ernesto Barca, en el libro antes citado, ofrece suficientes referencias bibliográficas y testimoniales sobre los hechos y las personas. Complementariamente, ha reunido también un variado dossier a base de documentos extraídos de 2

los archivos oportunos, que podrán permitir un día abrir, en los tribunales eclesiásticos, la Causa que nos conduzca a la glorificación de aquellos a los que, en lenguaje popular, ya podemos considerar y llamar mártires. Aquí, sin embargo, prefiero liberar al lector de citas y comprobaciones, pero ofreciéndole la seguridad de que los datos y valoraciones están debidamente justificados. La gesta protagonizada por este numeroso grupo de Mártires Claretianos esconde una enseñanza que, sin duda, va a sorprender a más de uno. Espero que el lector sepa apreciarlo y se adentre en la lectura con la mejor voluntad. Si, con todo ello, algunos de los que sin duda oyeron hablar de aquellos acontecimientos o bien conservan suficiente capacidad de sorpresa se dejaran entusiasmar por cuanto aquellos hombres demostraron, me daría por bien pagado. P. Anastasio Canto Vicepostulador

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I.- EL SANTUARIO

DEL

CORAZÓN

DE

MARÍA:

Un poco de historia
El Santuario Nacional del Corazón de María, que hoy es sede de la Parroquia del Corazón de María, en Ferraz, ha celebrado, en el año 2002, sus Bodas de Oro. La mayoría de los fieles que hoy realizan su vida cristiana en torno a él, le han conocido siempre así: una hermosa iglesia, construida al final de la década de los cuarenta y comienzo de los cincuenta, en el encuentro de las calles Ferraz y Marqués de Urquijo.

Sin embargo, dicho Santuario tuvo un importante y más antiguo precedente. Ya en 1905, mientras se edificaba la nueva casa que los claretianos abrían en la calle de Buen Suceso – casa que cumplió su primer centenario en 2006–, se hablaba de construir a su lado una iglesia, a la que se otorgaba una proyección de alcance nacional: "Trátase de levanta,- en Madrid un templo completamente dedicado al culto del Inmaculado Corazón de María: un lugar de oración destinado de un modo especialísimo a solicitar sobre Madrid y sobre España entera las bondades del maternal Corazón; un recinto sagrado donde entren, como en casa propia, los millares de4 archicofrades y devotos del

Corazón virginal". Antes y después, los claretianos han ido levantando por todo el mundo centros de culto y oración, santuarios de vida cristiana y mariana, consagrados al Corazón Inmaculado de María: Guinea Ecuatorial, Pouso Alegre en Brasil, Barcelona, Bilbao, Tucumán y Córdoba en Argentina, Roma, Vigo, etc. No podía faltar uno en Madrid. Ese mismo año 1905 se adquiere un solar allí donde se empezaba a perfilar la calle de Buen Suceso. Y en lo que sería esquina de dicha calle con la de Juan Álvarez Mendizábal, se empezaba a construir, en Agosto de 1906, la Casa de los claretianos, e inmediatamente, a su lado, el proyectado Santuario) popular del Inmaculado Corazón de María. El día 3 de octubre de 1908, festividad de Nuestra Señora del Rosario, se consagraba solemnemente el nuevo Santuario. Conservamos del mismo sugestivas fotos, que nos permiten apreciar una construcción noble y digna al gusto ecléctico de aquellas fechas de principios del siglo XX. La inauguración fue excepcionalmente solemne, dándose cita con este motivo solemnes liturgias, presididas por diversos obispos españoles, sermones predicados por párrocos de la ciudad y celebraciones con presencia de religiosos de distintas comunidades. Desde el primer momento, la vida de la comunidad va a pivotar alrededor del Santuario: todos, según sus capacidades y posibilidades, colaboraban en el desarrollo de sus actos. El magnífico templo, atendido con mimo por la comunidad claretiana, pronto se convirtió en centro de atracción y vida religiosa para el barrio y aun para toda la ciudad. No sin apenas disimulado orgullo lo así uno de los que compartían ese servicio, el claretiano chileno P Félix A. Cepeda: "Pocos templos – escribía – habrá en la coronada villa de Madrid donde se celebren más funciones y los fieles encuentren más medios de satisfacer su piedad". 5

Y, seguidamente, añadía estos datos concretos: "Diariamente hay exposición solemne del Santísimo Sacramento desde las nueve de la mañana hasta las siete de la noche, no tanda jamás almas enamoradas de Jesús que le hagan la corte y lo desagravien por las injurias que se le infieren en todo él globo. Diariamente se celebran misas desde las cinco y inedia de la mañana hasta las doce. Se reparten anualmente más de 160.000 comuniones. El pan de la divina palabra se reparte con profusión. La catequesis a los niños los domingos y días festivos es concurridísima, celebrándose misa con cánticos a las nueve en la espaciosa sala donde reciben las 'instrucciones' una media de 300 niños; a otros tantos se les enseña la doctrina cristiana en la catequesis que se ha establecido en Nuestra Señora de la Piedad, en la Cercana calle de Blasco de Garay". Fruto y, a la vez, sólido impulso del movimiento religioso surgido en torno al Santuario, fueron en buena parte las asociaciones establecidas en el mismo, que alcanzaron repercusión en toda la ciudad de Madrid: - La Archicofradía del Inmaculado Corazón de María: Estaba formada por unos 2.000 socios, que se mostraron fervientes y activos. Eran los primeros en participar en fiestas y celebraciones. Entre éstas, alcanzó especial relieve la fiesta y procesión del Corazón de María: "El día de la fiesta, por la tarde, es llevada en procesión por las calles circunvecinas la imagen bendita de nuestra Madre, colocada en carroza automóvil convertida en jardín. La afluencia de gente de diversas categorías es inmensa. El orador de la novena les dirige patética exhortación desde los balcones de la casa que está en frente del santuario'". - La Asociación de San José de la Montaña, "con 1.500 miembros, que da culto espléndido al Santo Patriarca en su propio altar, situado en el crucero, cuya imagen es la más visitada todos los días del año". 6

- La Asociación del Santísimo Sacramento, integrada por 2.000 personas: mantienen la "exposición" diaria y se turnan en la adoración permanente. - La Asociación de Nuestra Señora de Lourdes, que convocaba especialmente a señoras y jóvenes de la alta sociedad. El Santuario que, al construirse, a no pocos pareció grande y espacioso, muy pronto resultó pequeño, insuficiente para ciar cabida a la gran afluencia de público que, sobre todo en domingos y fiestas, lo llenaba a rebosar. Les atraía el esplendor del culto y la abundancia y selección de los servicios, destacando el poderoso reclamo de la devoción al Corazón de María, así corno la belleza musical con que el órgano del Santuario y los diversos coros que allí funcionaban realzaban cada una de las celebraciones. En 1929, el crítico musical de. ABC, Ángel María Gasten, escribía: "Nunca olvidaré la mañana de un día de Navidad que fui a la Misa cantada en el templo de la calle del Buen Suceso. El maestro Larregla, admirador del P Iruarrízaga, me había ponderado la grandiosidad artístico-musical de las Misas en las que cantaban los coros creados y dirigidos por el inolvidable Misionero". El Santuario se convirtió en el centro vivo de la actividad de una comunidad, que año a año se veía desbordada, necesitando aumentar constantemente el número, la preparación y el prestigio de los misioneros destinados a ella.

II.- LA COMUNIDAD CLARETIANA

DE

BUEN SUCESO 22

En 2006, la Comunidad Claretiana de Buen Suceso (Madrid) cumplía sus primeros cien años de servicio a la Iglesia, un siglo glorioso de historia. Es de esperar que alguien asuma la tarea de escribirla. De las celebraciones que entonces se hicieron, recogiendo las conferencias dictadas por los historiadores Severiano Blanco y 7Juan María Laboa, entre otros,

nos ha quedado un librito conmemorativo como homenaje a todos los que, desde dicha comunidad, trabajaron embelleciendo el rostro de la Iglesia ("La Comunidad Claretiana de Buen Suceso, Madrid". Cien años de Servicio a la Iglesia, 1906-2006). La presencia de los claretianos en Madrid se había iniciado en 1877 en la calle 'Toledo buscando disponer de una casaprocuraduría; de allí se trasladarán a la calle Colegiata. En octubre de 1904 comenzaban las obras para la construcción de la nueva casa en la calle de Buen Suceso, que se terminó en un año. Fue un edificio concebido como convento, pero con criterios de modernidad v funcionalidad, desarrollado en torno a un amplio patio de luces; a él se trasladarán en 1906. Quienes se asomen a conocer su historia, no podrán por menos de quedar sorprendidos por la densa y rica aportación a la Iglesia, tanto local como universal, que ha venido prestando a lo largo de estos más de cien años. Dentro de una perfecta compenetración y colaboración de todos y cada uno de sus miembros, el amplísimo abanico de actividades y servicios especializados habla por sí mismo de un ingente esfuerzo colectivo. Para mejor poder hacernos una idea aproximada, parece oportuno subrayar algunos aspectos más significativos, que, dejando a un lacio la atención a las necesidades internas de la Congregación claretiana durante los 21 años en los que esta casa fuera la sede del Gobierno General de la misma, podrían coincidir con los siguientes epígrafes: al servicio de la Iglesia local; al servicio de la Vida Religiosa; al servicio de la "Buena Prensa"; al servicio de la Música Sagrada; proyección social. A través de este múltiple y fecundo servicio, iremos descubriendo el fondo humano y apostólico de sus protagonistas, ya que ésa fue la clave y garantía que nos explica el testimonio heroico que a un número importante de ellos les preparó y llevó hasta la prueba más decisiva del martirio. 8

Al servicio de la Iglesia local La Iglesia, históricamente, se articula en ámbitos de comunión en torno a los Obispos que llamamos "iglesias locales o diocesanas". Es cierto que los religiosos, en función de su necesaria movilidad y eficacia, han mantenido una organización supradiocesana en lo jurídico. Pero ese hecho no ha podido disminuir su sentido de pertenencia psicológica y real a cada una de las diócesis en las que, de hecho, se mueven y trabajan. Esta comunidad de Buen Suceso es un magnífico ejemplo. El P. Mata, al ofrecer al obispo Sancha los servicios de la comunidad, señalaba que lo hacía como "quienes se sienten por vocación verdaderos coadjutores de los obispos". La primera prueba nos la ofrece ya el servicio de animación cristiana de todo el barrio y de amplios sectores de Madrid desde el trabajo pastoral realizado en el Santuario dedicado al Corazón de María, de que va hemos hablado. Pero el momento más significativo lo constituye el hecho de haber asumido la dirección espiritual del Seminario Diocesano desde las primeras fechas de su inauguración. Esta presencia en el seminario representó una dedicación exigente: permanente asistencia del director, pláticas semanales a las diversas secciones, ejercicios espirituales dos veces al año, además de los que había que celebrar con motivo de las diversas ordenaciones, las confesiones ordinarias, mucho más frecuentes entonces que en nuestros días, de los más de trescientos seminaristas, que exigían la presencia, al menos los viernes y sábados, de varios padres más. En alas de su celo, los claretianos ampliaron su presencia espiritual en el seminario implantando la Archicofradía del Corazón de María, el Apostolado de la Oración y de la Congregación de San Luis Gonzaga, y, en 1923, el P. Luis Iruarrízaga creó en el mismo seminario la Escuela Superior de Música Sagrada, abierta a todas las diócesis españolas. A las seis de la mañana de cada día, el director espiritual – 9

durante muchos años ejerció este servicio el ínclito P. Juan Postíus– se sentaba en el confesonario, dispuesto a escuchar, dirigir, animar y perdonar. Cuando el P. Postíus, en 1922, fue elegido consultor general y hubo en consecuencia de dejar a otro su puesto, ciento cincuenta seminaristas quisieron continuar teniéndole como confesor. Todo un dato. Conocemos los testimonios de algunos que fueron más tarde hombres eminentes de la Iglesia, como los cardenales Arriba y Castro y Bueno y Monreal, de Mons. Casimiro Morcillo, o del filósofo Juan Zaragüeta, que ponderaban su equilibrio, su buen juicio y su profundo sentido religioso. Esta asidua tarea, mantenida desde la fundación hasta el año 1934, supuso que la vida espiritual de gran parte del de-ro diocesano madrileño fuera modelada por los Claretianos. De ello se enorgullecían cuando escribía uno de ellos por estas fechas: "El clero secular de Madrid, gracias a los nuestros, está bien preparado". No menos elogiosas en este sentido fueron las expresiones de Mons. García Lahiguera, más tarde arzobispo de Valencia, que fue quien en 1.934 sucedió a los claretianos en esa callada y escondida tarea de formar a unos hombres para su dedicación al servicio del Reino. En 1934, con motivo de la Beatificación del E Claret, el obispo madrileño Eijo y Garay justificó la notable serie de actos celebrados en Madrid, dándoles el carácter de agradecimiento de la diócesis a los que tanto se habían esforzado por ella. La estatua del P Claret, erigida recientemente en la catedral de la Almudena, tiene sin duda la misma razón. Si fuera necesario concretar algunas otras aportaciones pastorales de la comunidad a la diócesis de Madrid y aun a otras del resto (le España, deberíamos detenernos un poco en algunos aspectos, en los que insisten los datos que tenemos de las casi frenéticas actividades de la comunidad, y que, por otra parte, reflejan las preocupaciones pastorales imperantes en la primera parte del siglo XX: Las visitas pastorales. Durante años, por propia iniciativa o 10

por sugerencia episcopal, los Misioneros Claretianos recorrieron las parroquias que iban a ser visitadas por el Obispo, predicando, enseñando y confesando para dar mejor forma y sentido a la visita. Esta preparación serviría sin duda para alejar en lo posible el aspecto folklórico de la visita del Obispo a un pueblo y darle más bien el sentido de un encuentro pastoral del mismo con una comunidad capaz de comprender su significado. Las misiones populares. Los claretianos, fieles a este medio de renovación cristiana popular heredado de su Fundador, lo ejercieron con un promedio anual de veinte misiones de una o dos semanas de duración, consiguiendo con frecuencia romper con la rutina y el aburrimiento religioso y dar el aldabonazo necesario para el logro de frutos insospechados. El estilo y la costumbre tendían a un planteamiento más bien defensivo, más apto para confirmar a los convencidos, que pudieran haberse vuelto negligentes, que para atraer a los alejados. La catequesis. Con el siglo XX surgió una nueva preocupación por los niños, por su acercamiento a la primera comunión y en general por su iniciación cristiana. Se fundaron Escuelas Dominicales, Asociación de las Doctrinas, Damas Catequistas... En esta casa se fundó la Congregación de la Doctrina Cristiana. Se organizó en tres secciones, que enseñaban el catecismo a más de 500 niños, extendiendo dicha actividad fuera del Santuario, a otras iglesias y colegios, incluidas las zonas marginales de la periferia. La práctica sacramental. Conseguir una práctica, más o menos asidua, de la confesión y de la comunión se convirtió en el objetivo pastoral de aquel tiempo. Los confesores del Santuario formaron un equipo permanente de doce, distribuidos en turnos de mañana y tarde. Cada poco tiempo, se distribuía la comunión. Las cifras de comuniones se daban con gran satisfacción: en un año se habían distribuido 220.000. El amor a la Eucaristía se completaba con devociones como las Cuarenta horas, la Adoración nocturna y la exposición perma11

nente del Santísimo. Resulta significativo que, en 1911, al celebrarse en Madrid el Congreso Eucarístico Internacional, se nombrara secretario general del mismo al P. Postíus. El Congreso resultó esplendoroso en actos y concentraciones, aunque siempre queda la pregunta sobre el efecto religioso real en la gente, a pesar de la exaltación y participación. Subrayando esta presencia eclesial de la comunidad, existen todavía datos curiosos como los que hablan de que la residencia de Buen Suceso "se honraba de ser el obligado hospedaje de la mayoría de los prelados que venían a Madrid". Para ellos existían siempre habitaciones reservadas. El cronista de 1934 alardeaba: "Hay épocas en el año en que esta casa parece el Hotel de los Obispos". Muchos, como los cardenales de Tarragona y Sevilla, se consideraban huéspedes habituales. En alguna ocasión, corno en 1927, la casa prestó sus dependencias para la reunión de metropolitanos. Al servicio de la Vida Religiosa Sin menoscabo de lo dicho hasta aquí, el principal, más permanente y eficaz servicio a la Iglesia, esta comunidad lo ha centrado en la atención a la Vida Consagrada, considerándolo como su mejor aportación a "la hermosura y el encanto de la Iglesia". Se inscribía esta tarea en una larga tradición que se remonta al mismo P Claret y de la que los Claretianos habían hecho gala desde el principio. A destacar, ante todo, el protagonismo personal del P. Postíus. Entra en 1916 en la "Comisión de Religiosos", creada a principios del siglo para tramitar ante el Estado asuntos de reconocimiento jurídico, de exención de impuestos, de servicio militar, etc. En ella ejercerá de presidente de 1923 a 1934. El pulso más fuerte lo mantuvo entre 1931 y 1934 para poder sobrevivir a la nueva legalidad creada por la República. Creó el SENIR (Secretariado Nacional de Institutos Religiosos), 12

llamado después SIRE (Secretariado de los Institutos Religiosos Españoles) para tramitar la legalización de órdenes y congregaciones y proteger sus derechos. Se proponía, además, publicar artículos periodísticos que mostraran la obra benéfica y social de los religiosos y reunir un buen equipo de abogados. Trabajaría en estrecha colaboración con la AFAR (Asociación de Familiares y Amigos de los Religiosos) y con la SADEL (Sociedad Anónima de Enseñanza Libre). Se podría reconocer a los precedentes de las actuales CONFER y FE-RE. El cronista anotaba: "Con este motivo, desfilan por los recibidores de nuestra casa religiosos y religiosas de todas las Órdenes, buscando orientación para ponerse dentro de la ley en estas circunstancias difíciles". Desde esta casa se lanzaron dos cargas de profundidad con incalculable impacto en los religiosos: las revistas "Commentarium pro Religosis" y "Vida Religiosa". La primera nace en 1920, bajo el impulso de la reciente publicación del Código de Derecho Canónico (1917) y el saber jurídico de hombres como los PP. Felipe Maroto, Arcadio Larraona y Siervo Goyeneche. Servirá de base para la creación del Instituto Jurídico Claretiano de Roma en 1939 con su valoradísima biblioteca especializada en Derecho de Religiosos. Desde 1938 se lanzó el proyecto de una revista menos académica, más divulgativa, y en castellano, que fraguó en 1944 con la aparición de la revista "Vida Religiosa". Con lenguaje del tiempo, explicaba que el fin que se propone es: "única y exclusivamente un anhelo de apostolado y de perfeccionamiento de esta porción escogidísima de la Iglesia, tan querida de Nuestro Señor cooperando así con los desvelos de los superiores por la buena formación y creciente santidad religiosa de sus súbditos". El éxito fue muy notable: en 1952 se acercaba a los 3.000 suscriptores y en 1990 pasaba de los 10.000. 13

La dedicación se fue intensificando. Algunos datos: entre 1943 y 1953 se dieron unas 451 tandas de ejercicios espirituales a religiosos y religiosas. Desde 1949, se organizaron, en Madrid y otras diócesis, "Semanas de oración y Estudio para superioras religiosas" con enorme asistencia. Se contribuyó con ponencias y comunicaciones al "Congreso Nacional de Perfección y Apostolado", que, alentado por el P Larraona, organizó la CONFER en 1956. Más tarde, al ritmo de los tiempos pero naciendo de la misma causa, surgieron iniciativas más complejas corno el Instituto Regina Virginum, la Escuela Regina Apostolorum y el Instituto Teológico de Vida Religiosa. Estos últimos continúan en pleno vigor. Constituyen parcelas muy mimadas de la actividad actual de la comunidad, pero desbordan claramente lo que pudo ser el protagonismo de nuestros Mártires de la Casa y Santuario. Al servicio de la "Buena Prensa" He aquí un apartado que, si en la actualidad mantiene una sólida importancia, tuvo, sin embargo, sus momentos más gloriosos coincidiendo con el quehacer de nuestros Mártires. La actividad publicista resultó espectacular. Unos datos por delante pueden dar una idea: en lugar destacado, El Iris de Paz, revista semanal (quincenal, después) con 15.800 suscriptores; llegó a ser la revista religiosa más moderna y atractiva de las existentes en el mercado. Le sigue Ilustración del Clero, que llega a 6.200 sacerdotes, semanal al principio, sacará luego tres números al mes (dos de carácter doctrinal y uno dedicado a la oratoria sagrada). Están también Tesoro Musical y Tesoro Sacro Musical, con tiradas de 1.000 ejemplares. El Misionero, Los Apóstoles de Guinea, El pequeño misionero, Estudios Marianos, Ehpemerides Mariologicae, Vida Religiosa, El legionario de la buena prensa... fueron otras revistas que contaron con miles de suscriptores. Se editan 14

asimismo los Anales de la Congregación, el Boletín de cultos del Santuario, series ilimitadas de hojas volanderas, unos 100.000 almanaques del Corazón de María y 10.000 para la Guinea. Para atender a tanta publicación nació en 1912 la editorial Corazón de María, que en 1932 se transforma en Coculsa, de la que es nombrado gerente el futuro mártir Agapito García. Pero más todavía que la obra editada habría que valorar el espíritu impulsor. Hacer frente a la cultura dominante del racionalismo, que, dada la ignorancia reinante, causaba gran impacto en el pueblo con publicaciones anticlericales y antierligiosas, se convirtió en una primera necesitad evangelizadora. Si alguien mereció y se ganó a pulso el título de "apóstol de la buena prensa" fue el benemérito y eficaz P. José Dueso seguido de cerca por el mártir P. Leocadio Lorenzo. Con su genial esfuerzo el P Dueso creó la agencia de noticias Prensa Asociada; como apoyo creó los Legionarios de la Buena Prensa (formaron 6.822 coros de once miembros que pagaban su cuota para soporte de la prensa católica). Los Contrarios acusaron el golpe: "Los neos –escribía El Radical– de la asquerosa laya del Dueso han conseguido causarnos inmensos daños". Y terminaba invitando a la lucha: "Es bochornoso que sabiendo por la voz fatídica de sus administradores que El Imparcial ha quedado reducido a la mitad de su antigua tirada, y que El Heraldo baja, y que el "Trust" tiene que atender, y nos consta, con los productor de El Liberal a esos dos colegas...: no le devuelvan al Dueso y a los neos las pedradas. Porque si quisieran esos tres colegas, sólo ellos tres, ¿adónde habría ido ya el Padre Dueso con su Urden, su Iris y sus tracumundanas difamatorias?". La energía creadora del P. Dueso la desplegó, en el ámbito periodístico, el batallador P. Leocadio Lorenzo, que hará famo15

so su seudónimo "Lorvent". Sus valientes campañas, su talento de escritor y su brillante narrativa, a través sobre todo de las páginas de El Iris, despertarán la más dura agresividad de los adversarios: "En la calle Buen Suceso – anidaron cuatro grajos – que a la plaza del Progreso – van echando sus gargajos... Aquel chico de la granja – conocido por Lorvent – ¿es caparra o es mosquito? – Es un chinche mal-olién. El Iris por lo que calla – el Iris por lo que dice –y la sal con que lo dice – el Iris es un canalla". Al servicio de la Música Sagrada También bajo este aspecto la contribución de varios de los Mártires del Santuario alcanzó los niveles más elevados. El impulsor fue el malogrado genio musical P. Luis Iruarrízaga. Llegaba a Madrid, a la casa de Buen Suceso, en 1916, cuando acababa de cumplir 2.5 años. Lo primero que se propuso fue organizar el culto musical en el Santuario: depurando la formación del coro, seleccionando programas, ajustándose a los moldes litúrgicos, alcanzó tal brillantez en las funciones que fue la admiración de toda la capital. Sus cualidades como compositor, cantor, organista, Director y profesor él las entendía y ejercía con pleno sentido apostólico. La música era su púlpito de misionero. En 1917, funda la revista Tesoro Musical, que alcanza luego su mayoría de edad con el título de Tesoro Sacro-musical, y empieza su dedicación a la Schola Cantorum del seminario, haciéndose cargo de toda la formación musical del mismo, y a la organización de grandes conciertos sacros en el Teatro Real y en otros lugares de dentro y fuera de España. En 1923 pone en marcha la Escuela Superior de Música Sagrada de Madrid. En 1928 moría el E Luis. En unos años, desde esta casa de Buen Suceso, había logrado cambiar la fisonomía de la música sagrada en España, 16

ayudando a un renacimiento sorprendente. La Congregación vio en su hermano Juan, nuestro futuro mártir, al sucesor que podía continuar los éxitos y dar plena realidad a los proyectos iniciados. A sus dotes naturales, al genio familiar, unió el P. Juan una esmerada preparación, que realizará en París de 1924 a 1926. La muerte de su hermano Luis le trae a Madrid como organista del Santuario del Corazón de María. Se distinguirá, sobre todo, como organista en la ejecución expresiva e impecable con la que confirmará la fama que ya tenía el Santuario. Continúa también la labor de estudio y composición de música religiosa, completada con la formación de coros. En el Santuario tenía a su disposición tres coros: el de voces blancas, el de voces mixtas y el gran Orfeón para las ocasiones más solemnes. Y colaborará estrechamente con otro futuro mártir, el P. Juan Manuel Fernández, que asume la dirección del Tesoro Sacro Musical. La figura y obra musical del mártir P. Juan Iruarrízaga fue creciendo con la admiración de cuantos le seguían. Los planes de Dios, sin embargo, fueron otros: a sus treinta y ocho años se le va a pedir y va a saber ofrecer el más sublime concierto con la entrega libre y voluntaria de su vida en homenaje de fe. Sus otros hermanos, los PP. Gervasio y Ruperto Iruarrízaga recogerán e intentarán, junto con otros, continuar aquella gran herencia musical. Proyección social Ya desde el principio la acción social de la comunidad se abrió a una serie de instituciones de protección y ayuda a diversos grupos de necesitados, además de la presencia asidua en diversos hospitales, en especial en el hospital provincial. El P. Juan Antonio Latorre fundó la Hospedería del Patrocinio de María para la protección de jóvenes obreras desplazadas a la capital. Su continuador fue el futuro mártir E Rosendo Ra17

monet, que logró llevar la institución a un bello y amplio edificio. Colocó la primera piedra en 191 I , con asistencia de SS. MM. la reina doña Victoria y la reina madre doña María Cristina y un importante número de la aristocracia. Las personas de la comunidad. Los Mártires Una tan rica y variada actividad requería la colaboración de un conjunto de notables personalidades, algunas realmente excepcionales, en las que brillaron, además, sólidas virtudes humanas y sobrenaturales.

Para quien conozca algo de esa historia, bastará un rápido recuerdo de algunos nombres para constatarlo; entre ellos viven y trabajan los que serán nuestros Mártires: el incansable y eficaz P. Pedro Mata; el polifacético P. Juan Postíus, conocido y admirado por los religiosos, por los Obispos y hasta por las jerarquías del Palacio Real; el santo profundo conocedor de la ascética y de la mística, P .Antonio Naval; el chileno, escritor y predicador, P. F. Alejandro Cepeda; el P. Ruiz Stengre, ingeniero militar; el emprendedor y humorista P. Dueso; el valiente 18

narrador incansable P. Leocadio Lorenzo; el eminente músico P. Luis Iruarrízaga y su hermano Juan; y tantos Otros. Mantener el ritmo de trabajo. la armonía comunitaria y el espíritu necesario para todo ello fue obra de la sabia dedicación de los superiores y de la labor escondida y enormemente valiosa de un grupo de abnegados y eficaces Hermanos coadjutores. Sobresalieron: Gregorio García Tello, Eugenio Aguirre, litigo Ramón Agudo, Eleuterio Arroyo, Conrado González, Agapito García, Pedro Vives, José Badía, Casimiro Oroz, Luis Garro, etc. Entre ellos se contaron también algunos que habían de coronar su vida con el martirio. En 1903 la Comunidad estaba formada por apenas siete personas. En 1913 eran va veinte, y no dejaría de crecer. En los primeros días de 1935, trasladado va desde el año anterior el Gobierno General a Roma, la composición de la comunidad contaba con veintisiete sacerdotes y ocho hermanos, un total de treinta y cinco religiosos. Con levísimas variantes será la comunidad que afrontará los trágicos días de Julio de 1936. En verdad que sabrá escribir la más gloriosa de sus páginas con el testimonio martirial de un buen grupo de sus miembros. Los acontecimientos producirán la dispersión de los individuos y la destrucción de la Casa y del Santuario del Corazón de María. La suerte que corrió cada uno fue muy desigual. Todos vivieron la angustia de la persecución y de la amenaza constante para sus vidas. La mayoría conoció y vivió las penalidades propias de las cárceles. Y trece de ellos sellaron con la aceptación de la muerte el hecho de mantener su identidad religiosa y sacerdotal, "no amaron tanto sus vicias que temieran la muerte", supieron ser testigos de su fe hasta el final. Sin querer adelantarnos al veredicto final de la Iglesia, y hablando simplemente en términos coloquiales, los podemos nombrar como los Mártires de Buen Suceso, si bien, con mayor propiedad, deberíamos darles el nombre de "MÁRTIRES DEL SANTUARIO". El Santuario del Corazón de María, situado en el cruce de la calle Mendizábal con Buen Suceso, fue el centro 19

alrededor del cual había pivotado su trabajo y la vida de toda la comunidad.

IV.- LA

PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN

MADRID

Todo lo anterior era necesario para conocer el ámbito personal en que se movieron y trabajaron nuestros Mártires del Santuario del Corazón de María de Madrid, valorando así su personalidad humana, claretiana y misionera. Pero para comprender lo que, en definitiva, va a constituir lo más valioso del testimonio de sus vidas, necesitamos dedicar también unas páginas a presentar el contexto histórico en que se produjo su muerte violenta, considerado! especialmente bajo el punto de vista socio-religioso. Ha sido muchísimo lo que se ha escrito sobre el particular. Señalar las causas, relatar los acontecimientos, buscar las culpabilidades, valorar las consecuencias se convirtió en un afán colectivo, en el que, a la búsqueda de la verdad histórica, se añadieron siempre intereses y necesidades de justificación. A estas alturas, a nadie puede sorprender que, en medio de tanto escrito y de tanta oscuridad, se vayan clarificando ideas y posturas, aun cuando se sitúen con frecuencia en posiciones extremas y contradictorias. No es cuestión de plantear aquí el debate. Para nosotros, ha hablado ya suficientemente la historia dejando en claro la realidad de una persecución religiosa de proporciones enormes, y, sobre todo, ha hablado la Iglesia. El proceso iniciado de beatificaciones de las víctimas de aquella persecución, a las que con toda razón hemos de considerar como mártires de la fe, está todavía abierto. Pero ha dado ya pasos decisivos. En ese mismo contexto se sitúan nuestros Mártires del Santuario. Lo que deseamos aquí es ayudar al lector a comprender la situación concreta de Madrid y las características persecutorias en las que se vieron envueltos para apreciar mejor su trayectoria martirial. 20

Primeros acontecimientos La persecución religiosa, que estallará en Madrid como tormenta arrasadora en Julio de 1936, amenazaba ya con desencadenarse desde 1931. En Mayo de ese año tiene lugar la quema de conventos e iglesias, iniciada en la Casa profesa de la Compañía de Jesús y en su iglesia de la calle de la Flor y extendida a más de once. A partir de ese momento, se vive en iglesias y comunidades en permanente ansiedad de espera de repetición de los mismos hechos vandálicos. En determinados momentos, comunidades enteras buscarán refugio fuera de la casa religiosa. En las comunidades religiosas empieza a vivirse la conciencia de la inminencia del martirio a corto plazo y con ella se despierta una auténtica espiritualidad martirial. En los ambientes más cristianos de toda España, señaladamente en el clero y en las comunidades religiosas, la seguridad de un peligro permanente de persecución, vivido con creciente evidencia desde 1934, había creado una intensa espiritualidad martirial. Los testimonios se podrían multiplicar largamente. La lealtad y el realismo más normales no podían menos que impulsar a presentar diáfanamente a los candidatos a la vida religiosa la perspectiva de persecución a la que se enfrentaban, al ingresar en los institutos religiosos. No se trataba simplemente de una información que resultaba en cierto modo superflua, por cuanto los mismos candidatos y sus familias tenían que captar perfectamente la situación, sino de una seria concienciación cristiana de la dimensión martirial que la situación presente confería a la profesión religiosa en España. Son muchos los testimonios que se encuentran acerca de esta conciencia de la inminencia de la persecución en toda España y que produjo un intenso movimiento de renovación cristiana en todos los ambientes. En las ordenaciones, que confería el Obispo de Madrid, Don Leopoldo Eijo y Garay en la monición que dirigía a los ordenandos de Subdliaconado, les advertía que su paso adelante, 21 como aceptación de sus compro-

misos clericales y del celibato, importaba también el de la disposición al previsible martirio. En la visita pastoral del Cardenal D. Isidro Goma, Primado de España, al Noviciado de Mohemando, ante la declamación de un novicio: "Esprimendo i comuni sentimenti per il martirio..., Sua Eminente rispose facendo notare che il martirio poteva veramente effectuarsi parló delle disposizioni con cui tutti dovevano accoglierlo. La detenninazione alla donazione suprema fi unanime da parte de tutti ed i commenti si prolungarono ed accesero ancor piú questa passione del martirio. Altretanto neli Esercizi Spirituali che precedettero inmediatamante lo scoppio della rivoluzione...". Los claretianos de Buen Suceso, desde 1931, y más habitualmente desde las elecciones de febrero del 36, se fueron acostumbrando a permanecer en vela durante parte de la noche, acompañados por fieles amigos como el comandante retirado D. Luis Franco, el Jefe de Armada D. Juan Viniegra (asesinado en la tarde del 20 de julio), el arquitecto D. Alfonso Calsina y el capitán D. Jesús Vélez. El último número de Iris de Paz, el 1 de julio, recogía el dramático discurso de Calvo Sotelo del 16 de junio, y se hacía eco de la total descomposición social que reinaba en el país. Ilustración del Clero, por su parte, concretaba: "Toda la vida católica de España se resume en las inquietudes de la hora presente". En la asfixia de aquel ambiente de desasosiego y nerviosismo vivieron la fiesta de la fundación de la Congregación el día del Carmen. Era casi una fiesta de despedida: "Dos días después aquella comunidad tan simpática, tan activa, tan polimorfa, tan acogedora, tan ilustre, era dispersada por el vendaval que había de aventar hasta las piedras de nuestra casa y Santuario". También levantaría hasta lo alto la gloria de sus hijos mártires. 22

Estalla la situación. Panorama general Apenas conocido en Madrid el Alzamiento del Ejército en Marruecos, el 18 de Julio, antes de cualquier definición de su carácter político y antes de la revolución, que desborda a las autoridades del Estado de la República, la persecución religiosa se cobra ya las primeras víctimas en Madrid. El primer acto violento con una víctima mortal por motivos religiosos del que tenemos referencia es particularmente execrable, dentro de lo que representa cualquier atentado contra la vida humana de un inocente, pero muy significativo para nuestro propósito. Tuvo lugar en la mañana del sábado 18 de Julio de 1936, y fue el asesinato a sangre fría de un niño, hijo del sacristán de la Parroquia de San Ramón, en el Puente de Vallecas. "El día 18 de Julio, a las nueve de la mañana, las hordas asaltaban la iglesia después de violentar las puertas a golpes. El templo fue saqueado en un segundo. Al penetrar los desalmados, un niño se esconde en uno de los rincones del templo. Sus ojos reflejan el espanto que le producen aquellas escenas, y extático y mudo no se atreve a moverse. De pronto, uno de los desalmados repara en el niño inmóvil. –¿Quién eres tú y qué haces aquí? –le pregunta. El niño no responde. Sólo clava sus ojos, hondos y tristes, en el rostro patibulario del verdugo. –¿Pero no Me oyes? ¿Quién eres tú? ¡Contesta! Atraídos por las voces de aquel salvaje acuden otros camaradas. Uno de ellos le reconoce: –¡Anda ¡Pero si es un fascista Es el hijo del guardián. Uno de esos de la Acción Católica. No hace falta saber más. Una descara cerrada abate al pobre niño, que, bañado en su sangre, expira como un 23

ángel, dulcemente, sin exhalar una queja". Es de notar que ya para el domingo 19 de Julio los diversos comités se reconocían recíprocamente jurisdicción y competencia como para juzgar y como para remitirse los IMOS a los Otros a los detenidos que consideraban que eran "súbditos" de otro comité distinto. Y juzgaban atribuyéndose el derecho incluso de infligir la última pena. Y, por mucho que pudieran correr las noticias para entonces, ni se conocía oficialmente que el alzamiento del ejército de África hubiera tenido consecuencias fuera de Marruecos, ni podía estar claro, en Ventas o en Hortaleza, lo que podría estar sucediendo en Campamento o en el Cuartel de la Montaña. Todo ello contribuye a hacer pensar que la persecución religiosa fue cualquier cosa menos improvisada, y que las noticias –vagas, de momento– sobre la situación militar sirvieron únicamente como detonante de lo que ya estaba minuciosamente proyectado. Inmediatamente comienza el incendio de conventos y de iglesias y la prisión y asesinato de sacerdotes, de religiosos y de monjas. La primera andanada es ya aterradora, la misma tarde del 18, pero sigue implacable la quema de todo lo sagrado: cuarenta y tres parroquias y doscientas setenta y seis iglesias y oratorios. Solamente doce iglesias se salvan de la destrucción total. Enseguida se desatara una persecución planificada y concienzuda, pero desde el primer momento "este género de persecución religiosa anárquica", que no cesará en su intensa actuación sañuda, simultaneándose con la más metódica y eficaz de checas y tribunales populares, se hace omnipresente y pronta a atisbar el menor indicio de presencia de personas consagradas o reconocidas como especialmente católicas. Así, hasta la víspera misma de la entrada de los nacionales en la ciudad el 25 de Marzo de 1939, en que es asesinado por el SIM el movilizado Víctor Bádenas Nebot, seminarista de la diócesis de Barcelona. Los primeros momentos son de total zozobra e inseguridad 24

en los grandes centros religiosos, que no han podido buscar refugio adecuado. Noviciados, teologados, grandes residencias y comunidades femeninas, quedan indefensos y sin amparo ante lo indiscriminado de los ataques e incendios de que son objeto por parte de grupos heterogéneos y abigarrados, hordas de hombres y mujeres. Durante la noche del 19 al 20 de Julio, en Madrid, fueron incendiadas cincuenta iglesias. Resulta indiscutible que en el lunes 20 de Julio, día en el que sobre las once de la mañana se culmina la conquista del Cuartel de la Montaña, son asesinados en Madrid diecisiete, entre sacerdotes, religiosos y religiosas, a los que hemos de sumar los dos Hermanos Paúles, que dados por perdidos ya el día anterior, fueron vistos con vida en ese día, y el Párroco de Meco, Cecilio Hernández Caballero, fusilado al amanecer del mismo día 20. La persecución persigue de modo radical a la Iglesia. No discierne entre sacerdotes y religiosos, entre hombres o mujeres, entre conventos o iglesias, entre instituciones culturales o de enseñanza y de caridad y asistencia pública. Se suprime total y radicalmente a la Iglesia. En el ámbito de Madrid, como en el de toda la España dominada por los rojos, la Iglesia deja de existir. El balance es verdaderamente terrible: Comenzando por la Catedral de San Isidro, totalmente asolada por el fuego, todas son incendiadas o devastadas y convertidas en servicios militares o públicos, con la sola excepción de seis, que permanecían cerradas como patrimonio del Estado. La Diócesis de Madrid cuenta, en la causa de declaración de martirio iniciada y en las de diversas congregaciones religiosas, con mil ciento cincuenta y dos víctimas martiriales: Sacerdotes y seminaristas, 497. Religiosos y religiosas, 184. Seglares, 447. Muertos en cárceles, etc., 24. Entre los religiosos y religiosas cuyas causas promueven sus Institutos suman varios centenares más. Son notables los asesinatos de veinte Adoratrices, de siete Salesas y de quince hermanas de la Caridad. Pero 25 puede afirmarse que de millares

de los asesinados en Madrid durante la dominación roja la única causa determinante fue su práctica cristiana. De las novecientas mujeres asesinadas esto puede afirmarse con total seguridad. Las mujeres de significación política en esos años en Madrid se reducen a muy pocas decenas. La persecución no terminó con la supresión de la Iglesia en Madrid, de todas sus formas de vida y de todos sus miembros visibles, sino que se continuó con una campaña de difamación y de calumnias, sañuda y pertinaz, a lo largo de los tres años de dominación sobre la ciudad. Algunos detalles de la persecución y martirio en Madrid En Madrid, la persecución religiosa fue fundamentalmente anárquica, aunque compleja. El estado de derecho y sus distintas instituciones unas veces se mostraron pasivos y consentidores con esa anarquía y otras veces crearon sus propias formas de actuación persecutoria, moviéndose siempre en un contexto revolucionario netamente sectario y antirreligioso. Al fervor revolucionario de las masas, a las pasiones desbordadas, en un clima de completa indisciplina social, se unió la voluntad de los políticos. La calle queda en manos de turbas armadas, que son las milicias del Partido Socialista, de la UGT y de la CNT. Lo primero fue el asalto, saqueo e incendio de iglesias; enseguida, una desatada furia a la búsqueda de sacerdotes y religiosos, sin otro objetivo que su extinción directa. En los primeros días, sobre todo, son frecuentes los casos de ejecución de las víctimas en plena calle sin más complicaciones. Como sombra y pretexto de organización surgen las checas, más de doscientas; su común distintivo será el terror.

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Desde la Dirección General de Seguridad se llevan a cabo algunos esfuerzos de moderación y de control. Se intenta, entre otras cosas, poner en funcionamiento viejas y nuevas cárceles con un mínimo de apariencia de legalidad. En el interior de las mismas, sin embargo, se impone la voluntad de la persona o grupo dominante. Actúan a su libre albedrío, dueños de la libertad y de la vida de las personas. Una de las más tristes figuras que se irá imponiendo es el de las "sacas". No se puede negar que estaban amparadas e impulsadas por la Junta de Defensa, creada en la ciudad al huir a Valencia el Gobierno, con el intento de controlar su defensa y su administración. Las dificultades de la vida en Madrid Y el enorme aumento de presos en las cárceles hicieron que no pocos pensaran en la eliminación sistemática de éstos. Las actuaciones, a veces, eran directas, sin ningún tipo de rubor; otras, las más, se camuflaban bajo la orden engañosa de un traslado a otras cárceles. Pero terminaban en la soledad de un recodo de la carretera, junto a las tapias de un cementerio o en las fosas comunes de Paracuellos. Para cada fecha prevista, y eran frecuentes, se preparaba una lista con los nombres elegidos, a los que se añadía corno apostilla la sarcástica frase: "En libertad". Al amparo de la 27

noche, se obligaba a los presos a adelantarse cuando eran nombrados, se les amontonaba en unos vehículos bien protegidos y se les llevaba a la "libertad", precedida del tiro de gracia. Grupos de trabajadores estaban previstos para abrir las zanjas, echar la cal y cubrir los cadáveres amontonados.

V.- NUESTROS MÁRTIRES

UNO A UNO

A) Los CUATRO primeros, fusilados en Retamares-Carabanchel.

1. P. ANTONINO MARÍN LÓPEZ (18921936) Superior de la Comunidad y organizador de sus actividades

Nace el 12 de junio de 1892 en Cuzcurrita del Río Tirón (La Rioja). Muere mártir el 25 de julio de 1936 en los Cuarteles de Retamares (Madrid) Con 46 años, el P Antonino Marín se encontraba en la plenitud de la vida. Había nacido en Cuzcurrita del Río Tirón (La Rioja), el 12 de junio de 1892. Por aquellos pueblos fue a predicar una Semana Santa el P José Bruned, Claretiano de Calahorra, quien con su simpatía se ganó a un pequeño grupo de niños, que aspiraban a ser Misioneros. Antonino tenía doce años y fue 28

uno de ellos. Empieza su camino hacia el sacerdocio en el seminario claretiano de Alagón (Zaragoza). Pasa después a Barbastro (Huesca), aunque será en Cervera (Lérida) donde profesará en la Congregación claretiana en 1908 y cursará la mayor parte de sus estudios eclesiásticos. Al final, volverá a Alagón, donde será ordenado sacerdote en 1916. Su vida activa como sacerdote y misionero la inicia en Aranda de Duero. Allí los claretianos atendían un pequeño colegio de primera enseñanza. El P. Antonino, además de dirigir la Congregación mariana, los Infantes del Corazón de María y la catequesis de toda la ciudad, da clases en el colegio y lleva la administración del mismo. Su espíritu emprendedor hace que pronto establezca la segunda enseñanza y abra un internado. Cuando en 1934 es destinado como Superior a la casa de Buen Suceso, en Madrid, no se ve capaz de asumir un cargo tan comprometido, intenta renunciar, pero acepta por obediencia. El nuevo destino suponía una gran responsabilidad. Puede dar una idea de ello lo que por entonces se escribía acerca de dicha comunidad: "Representa en Madrid el mayor- centro de irradiación y de convocatoria de piedad y de culto, de predicación y de publicaciones, de coordinación de las órdenes y congregaciones religiosas de toda España, y está siendo en estos momentos sede frecuente de la asamblea de metropolitanos" [antecedente de la actual Conferencia Episcopal]. Aquí es donde va a ejercer su ministerio y donde el P Antonino va a concluir su trayectoria apostólica coronada con el testimonio del martirio. Su cometido como superior es la atención a las personas y la organización y coordinación de las actividades. De él depende un total de 35 claretianos, muchos de ellos hombres de gran preparación y reconocido prestigio, 29

multitud de actividades de todo tipo como centro, el mantenimiento del culto en el Santuario del Corazón de María. Pronto los problemas de cada día pierden relieve y protagonismo ante la situación social y política. Su tarea de superior se ve violentamente interrumpida. La zozobra de los últimos meses desemboca en la tragedia de la dispersión de la comunidad y de la devastación de la casa y del Santuario. El 20 de julio de 1936 el P. Antonino se refugia en un piso de la calle Marqués de Urquijo. Allí intenta mantener, en forzado retiro, la comunicación con su comunidad y la tensión espiritual, celebrando cada día la misa. Pero las cosas se van a precipitar con enorme rapidez. A pesar de las precauciones, el día 25, de forma rápida y violenta, es asaltada la casa y el P. Antonino con dos de sus religiosos (el P. Leocadio Lorenzo y el anciano II. Conrado González) es subido por la fuerza a un camión, en el que se encontraba ya detenido otro miembro de la comunidad, el H. Agapito García. Alguien que contemplaba la escena desde la casa de enfrente, cuenta cómo no faltó un grupo de mujeres y niños que enardecían a los milicianos insultando a los religiosos. El camión se dirige hacia la Casa de Campo. No conocemos bien más detalles. Pero ese mismo día, tras los barracones militares de la zona de Retamares (Carabanchel) aparecerán los cuatro cadáveres, que fueron perfectamente identificados, tal y como queda demostrado en la relación escrita que hizo el Ayuntamiento de Carabanchel. Los datos allí consignados concuerdan exactamente con los datos de cada uno de los cuatro mártires. El que corresponde al P. Antonino, describiendo su cadáver, dice así: "b) 25-7-36. Retamares, por bala, de cuarenta y tantos años. Sexo masculino, grueso, moreno y pelo negro". Fue enterrado en el cementerio de Carabanchel.

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2. P. LEOCADIO (18921936)

LORENZO

VENTOSA

Apóstol y defensor de la Buena Prensa

Nace el 9 de diciembre de 1892, en Ventosa de la Cuesta (Valladolid). Mucre mártir el 25 de julio de 1936, en los Cuarteles de Retamares (Madrid). El P. Leocadio era vallisoletano, nacido en Ventosa de la Cuesta, el 9 de diciembre de 1892. Su padre, maestro de escuela, le inculcó muy pronto el gusto por la lectura y una inclinación curiosa por nuevos inventos, que calaron en su temperamento imaginativo y que seguirían sugestionándole toda su vida. Su formación sacerdotal la lleva a cabo en los seminarios claretianos de Segovia, Cervera (Lérida) y Alagón (Zaragoza). Ordenado sacerdote, vuelve a Segovia, ahora como profesor. Y allí empieza también lo que será su vocación de gran escritor y periodista. En 191 I lo encontramos ya en Madrid, en la casa de Buen Suceso, colaborando en el "culto esplendoroso" del Santuario del Corazón de María y sobre todo, en el apostolado de la pluma. Pronto se hará famosa su firma con las iniciales de sus dos apellidos "Lorvent". Primero como redactor jefe y luego como director de la Revista "El Iris de Paz". Al lado del P. Dueso, gran apóstol de la buena prensa, fundador de la Agencia Prensa Asociada, creada bajo la protección de los Obispos y de la Cofradía de los Legionarios de la Buena Prensa, se emplea a 31

fondo en una sucesión de campañas de actualidad que contribuirán a elevar al "Iris de Paz" a la máxima altura entre las revistas de su tiempo. El P. Leocadio, dotado de gran talento y de enorme personalidad que anidaban en un cuerpo más bien endeble y de precaria salud, desplegará sus grandes cualidades de escritor prolífico y batallador y se convertirá en auténtico apóstol de la prensa. Todo ello sin olvidar el cultivo de una fina espiritualidad, demostrada en gran número de conferencias, de ejercicios espirituales, en sus Intervenciones en Radio España, e incluso en sus largas horas de confesionario tanto en el seminario de Madrid como en el Santuario del Corazón de María. Su valentía hizo que gran parte de los insultos y ataques que la prensa antirreligiosa lanzaba contra la Iglesia fueran dirigidos contra el buen P Leocadio. Le consideraban culpable principal de sus pérdidas y fracasos. Desde la proclamación de la República, y especialmente desde el triunfo del Frente popular en Febrero del 36, el ambiente sociopolítico y religioso se había ido cargando de nubes de tormenta e inquietud. El 1 de Julio el P. Leocádio publicaba el último número de "Iris de Paz". El estallido incontenible se produce a partir del 18 de Julio. Ese mismo día se inicia en Madrid una desatada furia de asalto a las iglesias y persecución de sacerdotes y religiosos. La comunidad claretiana de Buen Suceso no puede permanecer en su casa e inicia su dispersión el día 20. El P. Leocadio Lorenzo se refugia en casa de su hermana Cecilia, en la calle del Norte. Casualmente, en la tarde del 25, acude al número 2 de la calle Marqués de Urquijo. Había ido a actualizar, junto a su Superior, la lista de direcciones de refugios en los que se han repartido los miembros de la comunidad y a organizar, en lo posible, las ayudas oportunas. El asalto de un grupo de milicianos no le deja escape. Correrá la misma suerte que los demás: esa misma tarde será asesinado tras los barracones militares de Retamares, en Carabanchel. 32

Los detalles que recoge la relación del Ayuntamiento sobre los cadáveres que aquel día se encontraron son precisos y coinciden con otros datos que tenemos, "aquel espíritu grande actuaba en un cuerpo endeble. La cabeza un poco abultada por un lado". La descripción de los cadáveres recoge así sus datos: "25-7-36. Retamares, por bala, de cuarenta y tanto años, sexo masculino, estatura mediana, moreno, cabeza voluminosa". Era el P Leocadio, el indomable defensor de la "Buena Prensa".

3. H. CONRADO GONZÁLEZ DE ANTONIO (1865-1936) Cuidador solícito del Santuario

Nace el 19 de febrero de 1965, en Aldea-nueva del Campanario (Segovia). Muere mártir: 25 de julio de 1936, en los Cuarteles de Retamares (Madrid). Nace el H. Conrado González el 19 de febrero de 1965, en Aldea-nueva del Campanario (Segovia). Una esbelta espadañacampanario apoda al minúsculo pueblo segoviano de Aldeanueva, en tierras de Sepúlveda. A su sombra, creció el H. Conrado, el de mayor edad de nuestros mártires del Santuario, mientras recibía de sus padres una firme herencia cristiana y una sólida formación. Apenas iniciada su juventud, Conrado marcha a Segovia intentando abrirse paso como 33 aprendiz de algún oficio. Allí se

le abren nuevos horizontes para su espíritu inquieto y generoso. Con 18 años, dispuesto a dar un nuevo sentido a su vida, ingresa en el Noviciado de los Misioneros Claretianos. Una vez profeso, la obediencia le va llevando por diversas comunidades: primero, a Pamplona; después, a Calahorra; de nuevo a Segovia y; finalmente, a Madrid, a la casa de Buen Suceso, Santuario del Corazón de María. Lo suyo es servir a los hermanos con aquel acento especial que él ponía de cordialidad y de afabilidad: la sastrería y la lavandería, la enfermería y, si hay lugar para ello, como en Calahorra, también la huerta; por la noche tiene todavía tiempo para ciar clases nocturnas a trescientos jóvenes obreros que desean mejorar su preparación. Ya en Madrid, un servicio más agradecido para el H. Conrado: atender la sacristía del Santuario del Corazón de María. Servicio agradecido por lo que significaba, pero ímprobo y agotador a causa de la intensidad de los cultos, de la fuerte afluencia de fieles y de la enorme variedad de asociaciones y actividades. Había que multiplicarse para llegar a todo y a todos. Tres acontecimientos, celebrados en el Santuario durante esos años, le exigieron un plus importante de trabajo: las Fiestas de la Beatificación del R Claret en 1934, los Funerales por Sor Ángela de la Cruz, presididos por el nuncio y el obispo de Madrid, y las bodas de plata del Santuario. La eficacia, la discreción, la calidad humana y la piedad destacaban en su presencia continua dentro del Santuario desde las cinco y media de la mañana en que daba comienzo la primera misa hasta las horas de la tarde en que se reunían las asociaciones. Ningún esfuerzo le parecía excesivo con tal de mantener la dignidad de aquel lugar santo. ¿Quién le iba a decir a él que sería pronto profanado como sala de espectáculos rastreros y terminaría por ser totalmente devastado? Pero allí fue gastando su vida y realizando su vocación. El 20 de julio de 1936 el H. Conrado tenía 71 años bien 34

cumplidos. Disuelta la comunidad, no le era nada fácil marchar él sólo por las calles de Madrid. Se refugió, junto con su Superior, en la calle Marqués de Urquijo. Allí fueron a buscarle el día 25 y, junto con los otros, fue obligado a subir a un camión. Muchos testigos los vieron; algunos se compadecieron al ver cómo empujaban a la fuerza y sin ninguna consideración a aquel anciano; otros, en cambio, se mofaban y gritaban "que los maten". El camión enfiló hacia la cercana casa de campo, donde fue fusilado al lado de sus otros tres hermanos de comunidad al llegar a los cuarteles de Retamares. El Ayuntamiento de Carabanchel, en la relación y descripción de los cadáveres encontrados aquel día, nos ofrece un testimonio fehaciente de su muerte manida': "25-7-36. Retamares, por bala, de unos 60 años, sexo masculino, delgado, pelo blanco, estatura mediana". Es el aspecto del H. Conrado, aun cuando su edad era mayor.

4. H. AGAPITO GARCÍA PÉREZ (19021936) Un buen religioso y Gerente fiel de la Editorial

Nace el 28 de noviembre de 1902, en Moral de la Reina (Valladolid). Profesa claretiano: 9 -9-1921. Muere mártir el 25 de julio de 1936, junto a los Cuarteles de Retamares 35

(Madrid). El hermano Agapito García nació el 28 de noviembre de 1902 en Moral de la Reina (Valladolid), población cercana a Medina de Rioseco. Allí pasó los primeros años de su infancia con la normalidad que corresponde a un hijo de labradores de mediana posición, ricos en sentimientos cristianos. A los 14 años deja el pueblo natal y se traslada a Medina de Rioseco para entrar al servicio de un comerciante. Su afán por aprender lo lleva a solicitar clases en la comunidad claretiana que hay en Medina. El E Emilio López Ganuza, que será después compañero de comunidad y de martirio, va a ser su profesor en temas de comercio y teneduría, y, más que eso, se convertirá en su amigo y en el anzuelo del que se valdrá el Señor para atraerlo a la vida religiosa. Marcha Agapito a Valladolid para iniciar los estudios de Magisterio, pero, a los dos años, abandona éstos para ingresar en el noviciado de Salvatierra, siguiendo los consejos del E Emilio. Hecha su Profesión religiosa, es destinado a Segovia para ejercer como maestro, tarea que desempeñó durante 11 años "con la mayor diligencia y con el espíritu de verdadero apostolado". Nos han quedado no pocas referencias laudatorias de su trabajo y de su benéfica influencia sobre sus alumnos, uno de los cuales escribe: "gracias a él he tenido la oportunidad de situarme en la vida". Su actividad educadora y la del propio colegio de Segovia se ven interrumpidas bruscamente a fines de 1931, al imponerse las nuevas orientaciones educativas dictadas por la República, que impedían la acción de la Iglesia y de los religiosos. El hermano Agapito se verá conducido por las circunstancias a la comunidad de la calle Buen Suceso en Madrid. Allí volverá a encontrar al E Emilio López Ganuza, y al hermano Conrado González, con los que compartirá el martirio. En febrero de 1932 inicia su cometido como Gerente de la editorial Coculsa, sociedad anónima que daba continuidad, de acuerdo con la nueva legislación republicana, a la editorial del Corazón de 36

María, que funcionaba en la calle de Guzmán el Bueno, 22. Cuantos le conocieron en esta etapa hablan de sus grandes cualidades, de su buen hacer para el mejor desarrollo de la editorial y, sobre todo, de su "religiosidad profunda, tierna y matiza". Era, dicen, "una verdadera joya del Instituto", "un verdadero santo", y nos hablan de una intensa vida de oración y de trabajo, que hicieron del hermano Agapito un ejemplo de vocación religiosa y misionera laical. Su trayectoria martirial va ser muy paralela a la que vivieron los PP. Antonino v Leocadio y el H. Conrado. Es el P. Arturo Tabera quien nos da los datos Más precisos. En la dispersión de la comunidad producida el día 20 de julio, el hermano Agapito ha encontrado refugio en la casa de Dña. Hipólita Hernández. El día 25, sábado, día de Santiago, por la mañana, menospreciando los incendios de iglesias en Madrid, acude a ayudar a misa y comulgar al piso de la calle Toledo donde todavía se mantienen algunos claretianos. Hacia las tres de la tarde, fiado de su buena documentación como gerente de Coculsa, se dirige a las oficinas de la editorial en Guzmán el Bueno, muy cerca de su refugio. Es el momento en el que aparece un camión, con un grupo de milicianos armados, capitaneados por Fortunato Rico, que había sido antiguo empleado de la editorial. Detienen a todos, les obligan a subir al camión y parten en dirección a Rosales. Parece ser que el camión se detuvo en una checa de la calle de la Encomienda, de donde les remitieron a la calle de la Luna, sede del Comité Central de la CNT. Allí varios de los detenidos fueron puestos en libertad, quedando preso únicamente el hermano .Agapito. Con él al fondo de la caja del camión, se dirigen con rapidez hacia la calle del Marqués de Urquijo 2. Allí efectúan breve parada; lo suficiente para obligar a subir a sus tres compañeros de comunidad y de martirio: los PP. Antonino y Leocadio y el H. Conrado. Y, desde allí, el camión enfilará hacia el lugar donde fueron asesinados los cuatro, junto 37 los barracones militares de a

Retamares, en el término municipal de Carabanchel (Madrid). En la descripción de los cadáveres abandonados en aquel lugar, hecha por el Ayuntamiento, aparece esta nota: d) "25-7-1936. Retamares, por bala, de treinta y tantos años, sexo masculino, estatura mediana, pelo negro, delgado". Datos concisos que coinciden totalmente con la figura del hermano Agapito García Pérez. En una misma fosa común, en el cementerio de San Sebastián de Carabanchel, según recoge el Diario de fallecidos del mismo, fueron enterrados los restos de estos cuatro primeros mártires de la comunidad de Buen Suceso. B) Los CINCO Mártires de Paracuellos

1. P. JUAN ECHEVARRÍA MAURULAGOITIA (1886-1936) Apóstol de la palabra hablada y escrita

Nace el 10 de noviembre de 1886, en Meñaca (Vizcaya). Profesa: 15-8-1903. Sacerdote: 16-7- 1911. Muere mártir el 24 de noviembre de 1936, en Paracuellos del Jarama (Madrid). El P. Juan Echevarría nace en la villa vizcaína de Meñaca, el 10 de noviembre de 1886. Vasco por los cuatro costados, hereda también un profundo 38 sentido cristiano. Su hermano

Tomás, ocho años mayor que él, ha ingresado en la Congregación claretiana, en la que llegará a brillar, como figura destacada, como misionero y escritor. Juan, a los trece años, sigue sus pasos. Cursa con excelente aprovechamiento sus años de formación sacerdotal en los Colegios de Valmaseda, Segovia, Cervera, Santo Domingo de la Calzada y Aranda de Duero. Inicia su vida pastoral y misionera en Segovia como profesor del colegio postulantado, destacando por su influjo orientador, su gran talento y buen gusto, centrados, sobre todo, en la enseñanza de la literatura y de la oratoria. Pronto, liberado de sus clases, empleará sus magníficas dotes en la tarea de predicador, primero en Segovia y después en Tolosa y Calahorra. Completa esta tarea desde muy pronto con la de escritor, manteniendo una asidua colaboración en las páginas de "El 1715 de Paz". Es lo que le llevará a ser destinado a la casa de Buen Suceso en Madrid. Aquí se encuentra va en 1921, y residirá hasta su muerte en 1936. Son años de madurez tanto en su faceta de orador sagrado como de escritor. Publica, entre otros escritos, dos libros: "Horas del corazón" y "Recuerdos del Beato P Claret", que alcanzaron varias ediciones. Su carácter alegre y expansivo le facilitó el gozar de amplias simpatías y amistades en la vida social. En 1934, el P Felipe Maroto, Superior General, en su visita a la casa de Madrid, resumía con acierto sus impresiones sobre el P. Juan: "Edad 44 años; robusto de fuerzas, brillantes dotes de inteligencia, predicador de nombradía, escritor competente, productivo y galano". El 18 de julio de 1936, el P Juan Echevarría se encuentra en Zafra, donde ha ido a predicar la novena de la Virgen del Carmen. La muerte de Calvo Sotelo, con cuya familia mantenía estrecha amistad, le impresionó enormemente a pesar de su optimismo, que le permitió predicar todavía el domingo 19. Ese mismo día cerraron la iglesia. Al día siguiente, un grupo de 39

milicianos se presentó en la casa donde residía; intervino el alcalde, amigo de la casa, y logró que le permitieran marchar a donde quisiera "menos a Sevilla". Vestido de seglar, tomó el tren hacia Madrid. Aquí encontró hospedaje en la calle de Luisa Fernanda, pero la sospecha de unos milicianos hizo que le condujeran a la checa instalada en el edificio de Bellas Artes en Alcalá. Con la ayuda de uno de los milicianos logró escapar, dirigiéndose a Argüelles. Aquí buscó refugio en casa de Dña. Ramona Álvarez en la calle Marqués de Urquijo. En el semisótano de su casa quedó instalado, sin que se diera noticia de su presencia al P. Juan Iruarrízaga, al H. Casimiro Oroz y a algunos más, refugiados en la misma casa. Durante más de un mes se mantuvo la situación hasta que se produjo la denuncia de una joven que vivía frente por frente. El día 10 de octubre, un grupo de policías asaltaba la casa y se llevaba presos a todos los refugiados. El P Juan fue llevado, primero, a la cárcel de Ventas y, más tarde, a la de Díaz Porlier, donde compartirá su suerte con otros cuatro claretianos. La cárcel se había improvisado en el colegio de los PP. Escolapios; hasta el 2.5 de noviembre funcionará fuera de toda legalidad. Por ella pasarán, con desigual suerte, otros muchos venidos desde la cárcel Modelo v otras. En número muy superior a la capacidad del inmueble, en condiciones de inmundicia, de miseria, de hambre, y bajo un trato duro y desconsiderado por parte de los carceleros, acompañados de una total inseguridad y de la constante desaparición de personas a consecuencia de las misteriosas "sacas" o "paseos", así fue el ambiente en que vivieron hasta el final. En contraste, sabemos que el clima espiritual, basado en la conciencia del muy posible próximo martirio, en la oración frecuente y en la celebración a escondidas de la Eucaristía, era muy elevado y ayudaba a unos a sostenerse con el testimonio de los demás. En noviembre, con la voluntad no disimulada de reducir drásticamente el número de presos, se recrudece el 40

sistema de "sacas" nocturnas. La responsabilidad de las mismas parece fue compartida por muchos grupos, incluido el propio Gobierno. El hecho real fueron las famosas ejecuciones en masa ante las fosas del cementerio de Paracuellos. En una de esas "sacas", la del 24 de noviembre de 1936, formada por un total de doscientos cincuenta y dos, fueron llevados, fusilados y enterrados en fosas comunes cinco de nuestros mártires del Santuario: los PR Juan Echevarría, Juan Iruarrízaga, Juan Manuel Fernández José Joaquín Portero y el H. Casimiro Oroz. Una sencilla lápida recuerda sus nombres y su gesta en el lugar del martirio.

2. P. JUAN MANUEL GONZALO (1896-1936) Misionero, músico y mártir

FERNÁNDEZ

Nace el 8 de febrero de 1896, en Valladolid. Profesa: 15-81912. Sacerdote: 3-51920. Muere mártir el 24 de noviembre de 1936, en Paracuellos del Jarama (Madrid). El 18 de Febrero de 1896 nacía el P. Juan Manuel Fernández en Valladolid. A los pocos años, quedó huérfano de padre. Apenas había cumplido los 10, cuando solicita su ingreso en la Congregación de los Misioneros Claretianos. Débil de cuerpo, de aspecto delicado pero sano, de carácter dócil y franco, piadoso, con una madurez y discreción superiores a su edad, llamaba la atención por su talento práctico y sus variadas cualidades. Inicia sus estudios en el postulantado de Santo Domingo de 41

la Calzada (La Rioja), de donde pasa a Segovia y después a Beire (Navarra), para volver de nuevo a Santo Domingo. Aquí ultima sus estudios eclesiásticos y es ordenado sacerdote. Desde el principio, su vida misionera va a ir muy unida a su vocación de musicólogo. Es lo que le traerá a Madrid en 1926. Entre las múltiples actividades apostólicas que tienen su centro en la casa de Buen Suceso, están las relativas a las Revistas que allí se publican. El P. Juan Manuel asumirá la dirección efectiva del Tesoro Sacro Musical, que había fundado el P Luis Iruarrizaga, y colaborará en La Ilustración del Clero. El inesperado fallecimiento del P. Luis, dos años más tarde, ofrece al P Juan Manuel la oportunidad de publicar un número especial en su honor, que estará a la altura de los méritos de tan eminente músico. Su futura labor al frente de Moro Sacro Musical, a la que se añade la publicación de una brillante colección de artículos de divulgación de la música gregoriana y polifónica, convertirán al P Juan Manuel, a la zaga del P. Luis Iruarrizaga y de su hermano Juan, que será compañero de martirio, en el impulsor del nuevo renacimiento de la música sagrada que se despertó en España en aquellos años. Su dedicación musical no deja en la sombra su eficaz y asiduo servicio pastoral al Santuario del Corazón de María, tanto en la predicación como en la catequesis y a través del confesonario. Corno apoyo publicará el II Curso del Catecismo de Ripalda , que llegó a obtener gran aceptación. Los que le conocieron entonces hablan con elogio de su gran capacidad de trabajo, de su afán por el estudio y de su carácter emprendedor, embebido siempre en nuevos planes y proyectos. No pueden por menos de lamentar que su muerte, en la plena madurez de sus cuarenta años, nos haya arrebatado "un sinnúmero de ideales y de esperanzas". Las noticias, pocas, que sobre él nos han llegado de lo sucedido a partir de la disolución de la comunidad, nos llevan a pensar que el P. Juan Manuel fue el primero en ser detenido. Parece que lo fue a poco de abandonar la casa de Buen Suceso; 42

quizá debido a su sencillez e inocencia, no supo ni pudo disimular su condición de fraile. Debió de pasar por comisarías y cárceles hasta que le encontrarnos preso en la cárcel de Porlier. Al ser trasladado desde otra cárcel anterior, no aparece determinada la fecha ni otros datos de su ingreso, pero sí, aunque algo cambiado, su nombre: "Juan Manuel Fernández González" (en lugar de Gonzalo). De su estancia en la cárcel de Porlier tenemos el testimonio del P. Miguel Panadés, que afirma que ingresó el 19 de agosto, y la nota del P. Juan Postíus, quien dice haber recibido una carta del E Juan Manuel el 28 de ese mes. Allí tendrá tiempo de comunicarse con otros hermanos y amigos que corrían la misma suerte, v, en especial, con los cuatro claretianos de su misma comunidad, que serán también compañeros de martirio. Juntos viven semanas de miseria, de hambre, frío y maltrato, pero también de viva conciencia cristiana e incluso de cierta exaltación ante la perspectiva de un martirio más que predecible. Y juntos escucharon sus nombres escritos en aquella negra lista que determinaba quiénes formaban parte de la "saca" del 24 de noviembre de 1936. Sarcásticamente, en la lista de ingreso, detrás de su nombre, añadirán "en libertad el día 24 de noviembre de 1936". Liberado definitivamente para el Señor, su cuerpo fusilado quedó enterrado en una de las fosas comunes del cementerio de Paracuellos. Una lápida en el lugar nos lo recuerda.

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3. P. JUAN IRUARRÍZAGA AGUIRRE (18981936) La música acerca a Dios

Nace el 21 de noviembre de 1898, en Yurre (Vizcaya). Profesa: 15-8-1915. Sacerdote: 26-5-1923. Muere mártir el 24 de noviembre de 1936, en Paracuellos del Jaranea (Madrid). El P. Juan Iruarrízaga Aguirre pertenecía a una gran familia de músicos. Grande por su número. Y grande por la calidad de su fe y el genio de su música. Siete hermanos y dos hermanas; nueve en total. De ellos, seis serán religiosos claretianos. Los seis, músicos eminentes (Luis, Francisco, Gervasio, Juan, Crescencio y Ruperto). Del P. Juan, que hacía el número cuatro, diría su Maestro de novicios: "A pesar de sus aficiones musicales, es muy piadoso, humilde, sencillo, formal, prudente y sumiso a cuanto se le indica". Había nacido y crecido en Yurre, en el hermoso valle de Arratia. A los diez años pasa a vivir con un tío sacerdote en Bilbao, donde se inicia en el coro de tiples de los jesuitas. Ha visto ir marchando a sus hermanos a Valmaseda (Guipúzcoa) para ingresar en el postulantado que allí tienen los Misioneros Ciare-danos. Y, a los doce años, decide seguir su camino. De Valmaseda, primeros estudios de Humanidades, pasa a Segovia para hacer el noviciado. Luego será Beire y Santo Domingo de la Calzada. 44

Terminada la carrera sacerdotal, el conjunto de buenas dotes humanas, religiosas y musicales observadas en el P Juan hace que sea destinado a París para proseguir su formación musical. Fue una magnífica oportunidad, completada por largas horas de estudio y profundización antes y después. Permaneció allí dos años, iniciando va una intensa colaboración en las páginas de la Revista Tesoro Sacro Musical. Su hermano Luis había abierto el camino y lo había situado a gran altura. La inesperada muerte de Luis deja un enorme vacío con grandes proyectos iniciados. Juan será el encargado de continuarlos. Es destinado a la casa de Buen Suceso, en Madrid, en la que ocupará el puesto de su hermano en el órgano del Santuario del Corazón de María y se responsabilizará de la edición de textos musicales en el Tesoro Sacro Musical. En Madrid, y concretamente en el Santuario del Corazón de María, desarrolla sus magníficas cualidades de organista. Sumamente expresivo e impecable en la ejecución participa en constantes celebraciones y armonización de misas, como era costumbre del tiempo, dando suelta a su afición por la música de los grandes organistas. Completa su trabajo con la composición de música religiosa y la dirección de coros. En el Santuario nacen bajo su dirección tres coros: el de voces blancas, un pequeño grupo de siete voces, educadas con la mejor técnica de voz infantil, que era su especialidad; el de voces mixtas y el gran Orfeón, para ocasiones solemnes y conciertos. Testigos competentes afirman: "No se cantaba en iglesia alguna de dicha capital tan bien, tan ajustadamente y con tanta unción sagrada como en el Santuario del Corazón de María. Muchos artistas acudían a él atraídos por la belleza del canto y la suavidad del órgano". De él mismo se escribía también: "Como religioso y sacerdote era un modelo. De la música hacía su culto, era el misionero artista..., músico que empa45

paba de misticismo las funciones sacras con su arte soberano". Ante la negra situación que se veía venir, en la tarde del domingo 19 de julio, el E Juan Iruarrízaga y el H. Casimiro Oroz buscan refugio en la casa que Dña. Ramona, generosamente, ha puesto a su disposición en la calle Marqués de Urquijo. Allí acudirán algunos más por el mismo motivo. La situación se prolongó incluso más de lo que podía parecer posible. Al final, y al parecer por denuncia de una vecina, el 10 de octubre, "policía motorizada y de a pie", que rodeó toda la manzana en que estaba el edificio, se apoderó de los refugiados en el sótano, entre ellos el P. lruarrízaga y el H. Casimiro Oroz. Para el día 12, ambos aparecen entre los ingresados en la cárcel de Porlier por orden de la Dirección General de Seguridad. Los datos no dejan lugar a duda, aunque los apellidos estén mal transcritos: "Juan Izuarrizanga (sic) Aguirre. Hijo de Ignacio y Casimira, natural de Yurre (Vizcaya), de 37 años, soltero, religioso". Allí compartirán con tantos otros las penalidades propias de una prisión improvisada, llena a rebosar, falta de los más elementales servicios de limpieza y de alimentación. Pero conocemos que también participaron de un clima colectivo, que intentaba sobreponerse al temor y la incertidumbre ante una muerte próxima con la oración, la Eucaristía y la conciencia martirial que sostenía a muchos. Su ficha de la cárcel termina irónicamente con el añadido: "En libertad, el 24 de noviembre de 1936". Era la auténtica libertad de quien moría dando testimonio de su fe y de una vida entregada al servicio de. Dios, cayendo fusilado junto a las fosas del cementerio de Paracuellos. Una fosa común recogió los restos de aquel Misionero que, habiendo dado en la tierra gloria a Dios con el arte de la música, pasaba a cantar eternamente las maravillas del Señor. 46

4. P. JOSÉ JOAQUÍN PORTERO MARTÍN (1902-1936) Misionero, Artista y Mártir

Nace el 6 de mayo de 1902, en Ciudad Real. Profesa: 19-31923. Sacerdote: 14-6-I 930: Muere mártir el 24 de noviembre de 1936, en Paracuellos del lamina (Madrid). El E José Joaquín Portero Martín es natural de La Mancha. Nace en Ciudad Real el 6 de mayo de 1902. A sus 34 años era uno de los dos más jóvenes del grupo de la comunidad destinado al martirio. Contaba 11 años cuando sus padres se trasladaron a Madrid para regentar un establecimiento comercial. A los 14, siente la llamada sacerdotal e ingresa en el seminario de los Santos Justo y Pastor de Alcalá. Es un muchacho nervioso, de carácter muy sensible, de constitución fina y delicada, piadoso, en el que apuntan, además, claras inclinaciones artísticas. De Alcalá pasará al seminario de San Dámaso. Nuevas inquietudes, sin embargo, le llevan al noviciado claretiano de Salvatierra (Álava). Antes de profesar, una enfermedad le obliga a volver un tiempo a casa de sus padres. Superada la enfermedad, reingresa en los Claretianos, ahora en el noviciado de Jerez de los Caballeros (Badajoz). En la cercana ciudad de Zafra completará sus estudios de Filosofía y Teología y será ordenado sacerdote en Cádiz, en 1930. Tras leves estancias en Sigüenza y Úbeda, en 1934 llega 47

destinado a la casa de la calle Buen Suceso (entonces llamada Roso de Lima). Se le encomienda la dirección artística de la revista "El Iris de Paz". Su bautismo de fuego lo tendrá con el número extraordinario y monográfico editado para festejar la primera fiesta litúrgica del recién proclamado Beato, Antonio María Claret. Será un número casi totalmente gráfico, a dos colores, en offset, a la. altura de las mejores revistas de entonces. Desde entonces, la mano del P. José Joaquín se hará notar en las portadas y en el interior. Como diseñador y artista, se le encomienda la capilla que en el Santuario del Corazón de María de Madrid se dedica al R Claret y otros trabajos similares en Aranda de Duero. Estas tareas son sólo una parte de su vida sacerdotal y misionera. Colabora como los demás en los ministerios comunes de cada día en el Santuario, en las catequesis y en la atención ministerial a diversas comunidades religiosas. Disuelta la comunidad claretiana de Buen Suceso, el P. José Joaquín Portero encuentra fácil refugio en casa de su hermano Ricardo, en la calle de Larra, número 15. Para mayor seguridad se agencia un carnet de la CNT Tal vez debido a la fecha reciente de emisión de dicho documento, motivo suficiente de sospecha, o su propio aspecto, que mal disimulaba su condición de sacerdote, o bien a causa de uno de los registros sistemáticos que empezaron a practicarse desde primeros de agosto, el hecho es que el 22 de agosto es detenido en casa de su hermano y llevado a la cárcel de Porlier, como lo confirmará su hermana Julia al final de la guerra. En la lista de ingresados en dicha cárcel se dice: "José Joaquín Portero Martín. Natural de Ciudad Real, hijo de Pedro y Joaquina, de 34 años, dibujante, soltero. Ingresa el 22 de Agosto de 1936... En libertad el 24 de Noviembre de 1936". Esta coletilla sarcástica significaba la fecha en la que se incluía a un preso en una de las frecuentes "sacas". Una vez en la cárcel de Porlier, sigue la suerte de los otros hermanos 48

claretianos de comunidad. Fueron tres meses de sufrimiento continuo debido a las condiciones inhumanas en que vivían. Tres meses sostenidos por la fuerza de la asidua oración, de la celebración frecuente de la Eucaristía y del vivo testimonio de fe que flotaba en aquel ambiente de terror y de amenaza constante. Los que habían mantenido durante todo ese tiempo lazos fuertes de comunión y de fraternidad podrán al final sentir el apoyo y el consuelo espiritual de oír uno tras otro, en la misma noche del 24 de Noviembre, sus cinco nombres. Los cinco responderán "oído", y se adelantarán para formar parte de la misma "saca" y ser conducidos hasta la entrada del cementerio de Paracuellos. Unos a otros se dan la absolución sacramental. Unos disparos acaban con sus vidas y una fosa común acoge sus cuerpos martirizados.

5. H. CASIMIRO OROZ IDOATE (18941936) Misionero trabajador, alegre y fiel hasta el final

Nace el 17 de noviembre de 1894, en el Valle de Egüés (Pamplona). Muere mártir el 24 de noviembre de 1936, en Paracuellos del Jarana (A4adrid). El H. Casimiro Oroz Idoate es oriundo de Navarra. En el valle de Egüés, cerca de Pamplona, nace el 17 de Noviembre de 1894. Pertenece a una familia numerosa y patriarcal, que vive en una casona blasonada. Tres de los siete hermanos, 49

Ulpiano, Miguel y Casimiro, profesarán como claretianos. Ulpiano muere a los veinticuatro años en Antofagasta (Chile), dejando una estela de hombre piadoso y trabajador. Miguel fue el primero en profesar. Destinado a Argentina, allí dio un giro a su vida abandonando la Congregación, pero no su servicio a la Iglesia, pues llegó a ser presidente de la Acción Católica Nacional. Casimiro, el más joven, ingresa en el noviciado de Segovia en 1909. Tiene quince años, pero es ya un joven apuesto y bien desarrollado. Hecha la Profesión, permanece en Segovia hasta 1920, trabajando en las múltiples tareas que la atención a la sastrería de aquella numerosa comunidad requería. En 1920 es destinado a Beire (Navarra) con una misión análoga. Mientras tanto, su reconocida profesionalidad, la bondad de su carácter y su buen humor hacen que sea reclamado para que ofrezca sus servicios en la comunidad de Buen Suceso de Madrid, a la que llega en Agosto de 1921. Una comunidad de 38 individuos, incluido el Gobierno General de la Congregación, con frecuentes transeúntes, cuenta con no poco trabajo para el encargado de la sastrería y del servicio de habitaciones. No se limita a ello su actividad, ya que, dada su generosa disponibilidad, se extiende también a otros servicios comunes, como la portería, colaborando incluso en campañas de publicidad de las revistas y de la editorial Coculsa, servicios que lleva a cabo con su proverbial simpatía e inalterable buen humor. De 1934 tenernos una nota del P. Felipe Maroto, Superior General, que visita la comunidad: "H. Casimiro Oroz. Edad cuarenta años. Sano, robusto, trabajador Es sastre y lleva bien su trabajo; es bueno y afable; religioso observante". Su vida muestra una trayectoria de perfecta continuidad, dentro siempre de esa jovialidad con la que desempeña su trabajo y con la que colabora a hacer más fácil y agradable la convivencia fraterna. 50

El P. Arturo libera, que por entonces era joven sacerdote de la comunidad, y después será Obispo y Cardenal de la Iglesia, recordaba más tarde el protagonismo del H. Casimiro en las horas de descanso y de distensión, en las que su sastrería se convertía en amena sala de tertulia, donde de alguna manera se olvidaban las horas de tensión que tenía que vivir aquella laboriosa comunidad. Cuando llegó el momento de la dispersión, aquel 19 de julio de 1936, el H. Casimiro acompaña al P. Juan Iruarrízaga al refugio ofrecido por Dña. Ramona Álvarez en el semisótano de su cercana casa de Marqués de Urquijo. Allí vivirán escondidos, en permanente zozobra, cuidados en las más urgentes necesidades por un hermano de Dña. Ramona, hasta el asalto producido el 10 de octubre. De allí fueron llevados a la Dirección General de Seguridad. Y ambos aparecerán, el 12 de octubre, en la lista de ingresados en la cárcel de Porlier, con el segundo apellido deformado, y con la consabida coletilla final: "Casimiro Oroz "Idrauti". Natural de Egüés (Navarra), hijo de Fermín y Segunda, de 41 años, soltero, con domicilio en Madrid, Mario Raso de Lima 22. Ingresa el 12 Octubre de 1936 por orden de la Dirección General de Seguridad. En libertad el 24 de Noviembre de 1936". Desde ese momento sigue los dolorosos pasos de sus otros hermanos de comunidad, los PP. Juan Iruarrízaga, Juan M. Fernández, Juan Echevarría y José Joaquín Portero. Con ellos comparte la dura situación de una cárcel con tantas deficiencias. Cerca de ellos ve pasar los días y las noches, llenos de sobresalto, que suponemos haría más soportables su innato optimismo. Junto a ellos participa en los momentos de oración y de celebración eucarística, que son los que confortan su espíritu. Al final, compartirá también con ellos el viaje sin retorno hasta el cementerio de Paracuellos, donde alcanzará la verdadera "libertad". 51

C) ASESINADOS EN LA CALLE

I. P. ROSENDO (1866-1936)

RAMONET

GATUELLAS

¡Qué poco vale la vida de un cura!

Nace el 12 de febrero de 1866, en Solsona (Lérida). Muere mártir el 18 de agosto de 1936 entre la Plaza de España), el Cuartel de la Montaña (Madrid). El P. Rosendo Ramonet nace en Solsona (Lérida). Profesa como religioso claretiano en Barcelona y completa sus estudios eclesiásticos en Santo Domingo de la Calzada. Es destinado a México, y en Toluca permanece unos años como profesor y misionero. Sin embargo, en 1902 le encontramos en Madrid, donde transcurrirá el resto de su vida hasta 1936, al servicio de la casa y del Santuario del Corazón de María. Fiel siempre a su ministerio sacerdotal, realiza múltiples actividades; sobresale en la de predicador, que le lleva por todas las regiones de España. El tiempo que le dejaban sus viajes misioneros, lo dedicó con todo entusiasmo a tres obras: la Asociación de Nuestra Señora de Lourdes, radicada en el Santuario, que convocaba especialmente a señoras y jóvenes devotas de la alta sociedad, la Hospedería del Patrocinio de la Santísima Virgen María y la restauración de la Congregación de las Misioneras Claretianas. La hospedería era una obra social, iniciada por el P A. Latorre, que acogía a jóvenes empleadas y obreras que, al llegar a Ma52

drid, eran fácilmente, dada la fragilidad de su situación, víctimas de errores y engaños. El P. Ramonet le dio un impulso extraordinario, con nuevas y amplias instalaciones. En la restauración de las Claretianas, secundó la labor iniciada por el P. Felipe Maroto, haciéndose cargo de la dirección formativa del noviciado de Vicálvaro. En 1933, al cumplir 50 años de vida religiosa, sus hermanos de comunidad le dedican un pequeño homenaje, resumiendo así la trayectoria de su vida en las páginas del "Iris de Paz": "Ha sabido llenar muy cumplidamente ese medio siglo con su labor de Misionero, que le ha hecho popular, primero en México y después en Madrid, campo principal y dilatado de sus actividades desde hace muchos años. No querernos ofender su modestia ponderando sus méritos... ¿Quién hay que en Madrid no conozca al P Ramonet?". El desenlace martirial de su vida no pudo ser más directo y rápido, y tuvo mucho que ver con esa popularidad del P. Ramonet. Al disolverse la comunidad de Buen Suceso, había encontrado cobijo en la calle Bailén junto a un anciano y su hija, a los que había dirigido espiritualmente. Provisto de una cédula, proporcionada por un amigo, se creía a salvo de cualquier amenaza. ¿Para qué andar con demasiadas precauciones? Su temperamento y su deseo de hacer el bien le llevaron a ejercer un intenso ministerio: decía misa, confesaba, llevaba la comunión a numerosas familias y grupos de religiosas escondidas, se interesaba por sus hermanos de comunidad presos. 'Vencido el miedo, actuó corno un auténtico héroe, pues no ignoraba los peligros. Un día, en la calle Quintana, una mujer lo reconoció y dijo: "ése es un fraile del corazón de María". Otra que lo oyó añadió: "voy a seguirle, para ver dónde se mete". Lo que muchos temían ocurrió el 18 de agosto de 1936. Siguiendo los que eran sus pasos habituales que conocemos, podemos recomponer la trayectoria de aquel día. A las siete de 53

la mañana se dirige al Asilo de las Mercedarias de la Caridad en calle Ayala para celebrar la misa como otras veces. Nunca llegó. Y es que esta vez ocurrió algo nuevo. Por cierto nada sorprendente en aquellas circunstancias, pero que no deja de ser curioso y significativo. Trajeado con un sencillo traje gris, sombrero grande color café, botas negras y un bastón, con sus setenta años, podía muy bien dar la imagen de un médico que de mañana va en busca de la casa de un paciente. Esa mañana se cruza con unas niñas que le conocen, y que le saludan jovial e ingenuamente: "¡Adiós, P Ramenet". No se necesitaba más. Quedaba identificado como sacerdote. Un miliciano que lo oye se le echa encima; acuden otros, y arrastrándole entre golpes e insultos lo llevan hasta la explanada cerca del cuartel de la Montaña. Sin más juicios, un tiro en la cabeza acaba con su vida. Allí, en medio de la calle, queda su cuerpo desangrado. Tenía 70 años. A quien le había avisado del peligro, él le había respondido: "Si me cogen diré: ¡Bendito sea Dios, bendita sea la Virgen". Seguramente, ni le dio tiempo. Una ambulancia recoge, más tarde, de la calle su cuerpo muerto. No se supo más.

2. P. EMILIO LÓPEZ GANUZA (1884-1936) Larga y penosa odisea hasta el martirio

Nace el 5 de enero de 1884, en Echarren de Guilguillano (Navarra) Muere mártir la noche del 2 al 3 de octubre de 1936 en el Km. 7, Carretera de Vallecas (Madrid). De padres alaveses, Emilio López Ganuza nace en Echarren 54

(Navarra), donde su padre ejercía de maestro y sacristán. Niño aún, ingresa en el seminario claretiano de Valmaseda (Guipúzcoa). Continuará luego sus estudios en Cervera (Lérida) y los culmina en Magón (Zaragoza). Se ordenará sacerdote en 1907 festejando el primer centenario del nacimiento del P. Claret. Celebra su primera misa en Madrid, en la iglesia del Caballero de Gracia, con la presencia de un íntimo amigo del P Claret, el marqués del Arco, con quien una hermana suya había emparentado al casarse con el nieto y futuro heredero del marqués. Su primer destino misionero fue Córdoba, en Argentina. Pero muy pronto la muerte de su hermana fuerza su vuelta a España; el marqués del Arco le nombra defensor de sus seis bisnietos que han quedado huérfanos de madre. Le espera una rápida sucesión de destinos: Segovia, como profesor y luego director del colegio; Medina de Rioseco, Bilbao, y ya en 1922, la casa de Buen Suceso en Madrid, con el cargo de administrador. Aquí llevará el duro trabajo administrativo propio de una casa, que, aparte de dirigir una Editorial y varias Revistas, cuenta con otras muchas actividades. El P. Emilio colabora en las revistas, llegando a actuar de secretario y redactor jefe de alguna. Además, ofrece su ayuda constante en el Santuario del Corazón de María, atiende como confesor a varias comunidades de religiosas y religiosos y es capellán del colegio de niños de San Rafael. En 1934, destacará especialmente su actuación con motivo de los actos con los que la comunidad quiere resaltar en Madrid la Beatificación de San Antonio María Claret. Cuando los acontecimientos de julio de 1936 provocan la dispersión de la comunidad, podría pensarse que el P. Emilio era uno de los privilegiados: tenía familiares muy próximos en Madrid que disponían de dinero y buena situación. Sin embargo, enseguida empezará para él una auténtica odisea que terminará en muerte violenta. Se refugia en casa de su hermana 55

Carmen, pero, en un registro, es detenido y llevado a la Dirección General de Seguridad. De momento, el tener carnet. de Maestro, fechado años antes en Segovia, y el decir que estaba de vacaciones con su hermana hacen que salga en libertad. Para entonces conoce va la suerte de los cuatro primeros mártires de la comunidad, sabe de la angustia de otros claretianos que, rechazados en varios sitios, se encuentran sin refugio. El P Emilio decide cederles su propio refugio familiar y trasladarse, a primeros de agosto, a una pensión en la calle de la Montera. Se llama la pensión Loyola, regentada por Dña. Avelina del Hierro. Llevada de sus sentimientos cristianos, acogía sin dudarlo a sacerdotes y religiosos hasta desbordar ampliamente su capacidad de hospedaje. Allí se refugiará, entre otros muchos, el P. Enrique Saiz, rector del colegio salesiano de Carabanchel, con bastantes integrantes de su comunidad. Algunos fueron pasando a otras pensiones, aunque, como ocurrió al P. Enrique Saiz, volverá para compartir con nuestro P. Emilio el martirio. También llegó por entonces a la misma pensión el P. Saturnino González, Superior Provincial de los claretianos de Bética. Será una gran ayuda para el P. Emilio, quien había ido derivando su carácter resuelto y optimista hacia un creciente pesimismo, fruto de la situación y de las noticias que iban llegando y viviendo cada día. La falta de otras esperanzas hacía larga la espera en la pensión, siempre bajo el presentimiento de una muerte próxima. Con la inestimable ayuda del P. Saturnino, organizaron un sistema de vida de fe y oración asidua, apenas interrumpida por la pequeña evasión de unas clases de inglés que impartía el P. Saturnino. De aquellas semanas tenemos el testimonio del P. Miguel Puig que compartió la pensión, pero, en el último momento, logró librarse al cambiar a otra; cosa que no consiguió hicieran con él los PP. Saturnino y Emilio. La búsqueda y detención de dos religiosas, una de ellas pri56

ma de Dña. Avelina, en cuya pensión se hospedaba, llevó a los milicianos a registrar y revolver toda la pensión, llevándose detenidos a todos los que les infundían sospecha de ser sacerdotes o religiosos. Era el 1 de octubre. Fueron llevados a la "checa de Fomento" (antes conocida como de 'Bellas Artes'), una de las más activas y temidas de aquellos meses a base de juicios sumarios y de ejecuciones inmediatas. Al P. Emilio le falta todavía experimentar el dolor añadido de ver el arma y la intención homicida en manos de un "amigo": Fortunato Rico. Le había casado un par de años antes; era empleado de la editorial Coculsa. Más tarde se vanagloriará de "haber matado al cura que lo casó". Desde la checa, va de noche, en varios coches, son conducidos hacia la carretera de Vallecas, que los milicianos irán sembrando de cadáveres, hasta un total de 12. El P. Emilio quedará tendido junto al kilómetro 7. Al día siguiente, de madrugada, el juez municipal, dejará escrita la diligencia oportuna sobre los cadáveres encontrados sobre las seis de la mañana; entre ellos: "Séptimo: Otro hombre sin identificar de unos 40 años de edad, estatura aproximada 1'60, complexión regulan pelo negro y calvo, vistiendo americana _y pantalón gris oscuro, camisa a rayas marrón, camiseta blanca, calzoncillo blanco y corto con las iniciales marcadas en encarnado 'E. L.', calcetines grises y zapatos negros". Era el cadáver del P. Emilio López Ganuza; en casa de su hermana le habían marcado de ese modo su ropa. El cadáver fue depositado en el nº 450 del patio de la Paz, sepultura 439, 1" cavidad, chapa 288, talón 706, del cementerio de Vallecas.

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