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La célula eucariota

La membrana plasmática
No sólo determina la composición diferencial entre citosol y el medio extra celular sino que
además es el instrumento fundamental mediante el cual las células se comunican entre sí y se
relacionan con las matrices extracelulares.
A la estructura de la membrana están asociadas dos importantes conceptos el de fluidez y el de
asimetría.
Composición molecular
Todas las membranas biológicas independientemente de su origen están constituidas por lípidos y
por proteínas. La mayor parte de estas también poseen glúcidos unidos a las proteínas y a los
lípidos. Los carbohidratos representan menos del 10% del total de la masa de la membrana y aún
pueden estar ausentes como en las membranas mitocondriales internas.
La relación lípidos/proteínas en ciertas membranas es de tres cuartas partes del peso en favor de
la proteínas (relación 1:3 en masa). En otra células, por ejemplo en la mielina, que está formada
por las membranas plasmáticas superpuestas de las células neurogliales, casi el 80% son lípidos.
La membrana del eritrocito humano está constituida por un 52% de proteínas, un 40% de lípidos y
un 8% de carbohidratos. Estos últimos en forma de oligosacáridos unidos a proteínas y a lípidos
por los que forman glucoproteínas y glucolípidos respectivamente.
Organización molecular
El modelo aceptado hasta la actualidad es conocido como modelo de mosaico fluido. En este
modelo los lípidos se disponen en una delgada lámina bimolecular, mientras que las proteínas
integrales están insertadas en la capa fluida de la que emergen hacia más superficie.
Una propiedad clave de la bicapa es que aunque constituye una estructura aplanada estable, su
fluidez le permite, tanto a los lípidos como a las proteínas considerables desplazamientos en dicho
plano estructural.
Una de las características importantes de la organización molecular de las membranas es la
asimetría de todos sus componentes químicos, lo que significa que en ambas mitades de la capa
los componentes se distribuyen de manera dispar. Esta asimetría es aún más evidente por el
hecho que las cadenas de oligosacáridos hacen saliencia sólo hacia la superficie extracelular de la
membrana plasmática, o hacia el interior del compartimiento de cisternas, vacuolas o vesículas en
el caso de las membranas internas.
Lípidos de la membrana
Fosfolípidos. Son moléculas anfipáticas. En los fosfolípidos, el glicerol está conectado por un
grupo fosfato con una de varias posibles moléculas hidrofílicas pequeñas (los grupos polares) y
con dos ácidos grasos en casi todo los casos. Estos últimos poseen un número par de átomos de
carbono, comúnmente entre los 16 y los 22 átomos. La viscosidad de la bicapa será mayor cuanto
más largas que sean las cadenas hidrocarbonadas. Otro factor importante que afecta la fluidez es
la existencia de dobles ligaduras en las cadenas, ya que los carbono no saturados imparten una
desviación a la cadena que impide que las moléculas se adosen estrechamente y aumenten su
viscosidad. Por lo general, en los fosfolípidos de las membranas uno de los ácidos grasos es
saturado y el otro no.
Los diferentes tipos de grupos polares y de ácidos grasos constituyentes determinan la existencia
de más de 100 tipos diferentes de fosfolípidos en las membranas.
La principal diferencia entre los fosfolípidos depende del grupo polar o cabeza hidrofílica. Los más
comunes son la etanolamina, la colina y la serina, que forman parte de la cefalina, la lecitina y la
fosfatidilserina, respectivamente. La esfingomielina posee colina, pero su alcohol no es el glicerol,
sino la esfingosina (un aminoalcohol).
A pH neutro los grupos polares de los fosfolípidos no poseen carga eléctrica, con la excepción
principal de la fosfatidilserina, que tiene carga negativa. Otros fosfolípidos menos abundantes,
como los fosfoinosítidos, la cardiolipina, el fofatidilglicerol y los sulfolípidos, también poseen carga
negativa, y en su conjunto se denominan fosfolípidos ácidos. Otros aún más raros pueden poseer
carga positiva.
Los diferentes tipos de fosfolípidos no se distribuyen por igual entre ambas hojas de la bicapa, ya
que la fosfatidiletanolamina y los fosfolípidos ácidos (cargados negativamente) tienden a ubicarse
en la hoja de la membrana en contacto con el citosol, con un intercambio de lípidos prácticamente
nulo a través de ambas hojas.
La presencia de estos lípidos cargados, en el lado citosólico es de fundamental importancia para
comprender los fenómenos de fusión de membranas que ocurren en los procesos de exo y
endocitosis. El catión calcio desempeña un papel fundamental en esto procesos, y provoca, entre
otros fenómenos, que estos fosfolípidos cargados negativamente se separen de los demás y se
agrupan en regiones en fase de gel, mientras que el resto de la membranas queda muy fluida,
enriquecida de fosfolípidos neutros y positivos.
Colesterol. La membrana plasmática tiene tantas moléculas de colesterol como de fosfolípidos,
entre las cuales se intercala. En la mayor parte de los procariotas el colesterol está ausente, y el
bajo contenido de este esteroide en las membranas mitocondriales (de alrededor del 4%) tal vez
refleje el origen procariótico postulado para las mitocondrias.
Este esteroide anfipático posee una pequeña cabeza polar (el oxhidrilo del carbono 3) dirigida
hacia la superficie acuosa, mientras que resto de la molécula es hidrofóbico y permanece
confinado en el interior de la bicapa. El anillo esteroide interactúa con la porción inicial de las
cadenas de los ácidos grasos, a las que inmoviliza parcialmente.
Esto hace que:
• Se incremente la impermeabilidad de la bicapa a las moléculas hidrofílica.
• Decrezca la flexibilidad y fluidez de la membrana a la temperatura central del organismo de
37 ºC.
Además ante eventuales disminuciones de la temperatura, la presencia de colesterol previene la
transición de fase de cristal líquido a gel, como ocurriría si la bicapa fuera enteramente
fosfolipídica.
En resumen, el colesterol aumenta la impermeabilidad de la capa lipídica, aumenta su viscosidad
a 37 ºC y mantiene la fluidez ante una disminución de la temperatura.
Proteínas de la membrana
Representan el componentes fundamental, desde el punto de vista funcional, de las membranas
biológicas. No sólo desde un punto de vista estructural, sino también en su permeabilidad, ya sea
como canales o como transportadores.
Las membranas plasmáticas de diferentes células (por ejemplo neuronas, fotorreceptores,
fibroblastos, etc.) muestran una composición proteica notablemente diferente respondiendo a las
diferentes especializaciones.
Proteínas integrales y proteínas periféricas. Las proteínas de la membrana se han clasificado
en integrales (intrínsecas) y periféricas (extrínsecas), de acuerdo con su grado de asociación a
ella.
En su mayoría las intrínsecas son transmembranosas. Casi invariablemente las transmembrano-
sas son glucoproteínas.
En los casos en que las intrínsecas no son transmembranosas están unidas de forma,
covalente a los lípidos de membrana del lado citosólico o del lado extracelular. Las intrínsecas,
representan, más del 70 % del total de proteínas de membrana.
Las proteínas extrínsecas se unen a la membrana mediante uniones débiles. Sus aminoácidos
hidrofílicos quedan expuestos en la superficie, mientras los hidrofóbicos quedan ocultos en el
interior de los plegamientos proteicos.
En las proteínas transmembranosas, los aminoácidos hidrofóbicos están expuestos en las
superficie molecular, por lo que deben permanecer en el interior de la bicapa, donde las
interacciones hidrofóbicas con los ácidos grasos los mantienen en su sitio, asomando, sólo las
partes hidrofílicas al medio acuoso de ambas superficies de la membrana. Las proteínas
extrínsecas o perisféricas no penetran en el interior hidrofóbico de la bicapa (no son
transmembranosas) y se asocian con la membrana por interacciones débiles (uniones iónicas
u otras) tanto con las proteínas integrales como con las cabezas hidrofílicas de los fosfolípidos, del
lado citosólico o del extracelular. Cumplen con sus funciones en la membrana o cerca de esta, y
algunas pueden disociarse de la membrana en ciertas condiciones de actividad celular.

Asimetría de las proteínas. Cada tipo de proteína de membrana posee una determinada
orientación en dicha estructura. Está asimetría otorga características diferentes a ambas
superficies de la membrana. El caso más evidente lo constituyen las glucoproteínas, en estas los
oligosacáridos están orientados hacia el medio extracelular o hacia su equivalente topológico en el
sistema de endomembrana. Como excepción podemos citar ciertas glucoproteínas de los
complejos de poros nucleares, cuyos glúcidos se proyectan hacia la superficie citosólica.
Si bien las proteínas pueden rotar sobre su eje y moverse lateralmente, no cambian de posición
dentro de la bicapa, vale decir que no pueden volverse de modo que el dominio externo pueda
pasar a ser citosólico y viceversa.
En las membranas plasmáticas se han descrito decenas de enzimas y para cada una de ellas su
sitio activo reside constantemente en una determinada cara de la membrana. Por ejemplo, la
actividad colinesterasa se halla en la cara extracelular.

Glúcidos de membrana. Se presentan en forma de oligosacáridos, o menos frecuentemente de


monosacáridos, unidos en forma covalente a lípidos (glucolípidos) o a proteínas (glucoproteínas)
de membrana. En ambas moléculas el compuesto hidrocarbonado es semejante.
Otros componentes glucídicos son los glucosaminoglucanos (GAGs) unidos a proteínas
(proteoglucanos). Los GAGs son polímeros lineales de subunidades de disacáridos, de los cuales
uno por lo menos es un aminosacárido. Además algunos de los GAGs son ácidos o sulfonatos.
Contribuyendo a la asimetría de la membrana, los glúcidos se ubican casi en forma exclusiva en la
hoja superficial de la membrana plasmática y en su equivalente topológico, que es la monocapa
interior del sistema de endomembrana. La abundancia de glucolípidos es mucho mayor en la
membrana plasmática y lo mismo puede decirse de las glucoproteínas.
Cubierta celular o glucocáliz. Las células proyectan hacia su superficie externa el componente
oligosacárido de sus glucolípidos y glucoproteínas intrínsecas, junto con las cadenas de
glucosaminoglucanos de los proteoglucanos integrales. En algunos casos también se pueden
adsorber glucoproteínas y proteoglucanos que fueron secretados hacia el espacio extracelular. El
conjunto de todas estas moléculas forma una cubierta celular denominada glucocáliz, de espesor
variable pero presente en todas las células. En la mayor parte de éstas su grosor va de 10 a 20
nm.
En unos pocos tipos celulares, como los enterocitos, el glucocáliz posee un espesor
excepcionalmente grande. Este se puede identificar con el microscopio óptico por su intensa
tinción con la reacción del PAS (ácido para-amino sulfónico o reactivo de Schiff).
A la cubierta celular se le atribuyen la siguiente funciones:
• Microambiente: modifica la concentración de diversas sustancias en la superficie celular.
• Enzimatica: en los enterocitos aquí reside la actividad enzimática digestiva terminal.
• Protección celular: protege del daño químico y mecánico (mantiene lejos ciertas sustancias).
• Reconocimiento celular: interacción celular, reconocimiento y adhesión celular.
Fluidez de la membrana, su importancia biológica. Este concepto hace referencia al hecho de
que tanto los lípidos como las proteínas pueden tener una considerable libertad de movimiento
lateral dentro de la membrana.
Los fosfolípidos tienen una gran libertad de movimiento dentro de su monocapa, pueden girar
sobre su eje, difundir lateralmente a una velocidad superior a 1µ m/seg, o balancear y flexionar
sus cadenas hidrocarbonadas. Por el contrario, la inversión o el traslado desde una de las
monocapas hacia la otra están severamente restringidos.

A pesar de su alta velocidad de difusión lateral, los fosfolípidos, en general no se alejan mucho
más de 0,5 µ m a 1 µ m en el plano de la membrana.
En cuanto los movimientos de las proteínas, estas también pueden girar sobre su eje y
desplazarse lateralmente. Como en el caso de los fosfolípidos, tampoco pueden voltearse dentro
de la bicapa para cambiar de orientación o de posición. La mayor parte de las proteínas poseen
movimientos de difusión laterales, pero estos están lejos de ser irrestrictos pues hay factores que
los limitan.
Existen numerosos procesos fisiológicos que dependen de la movilidad de las proteínas en el
plano fluido de la bicapa. Entre estos podemos citar procesos de transporte, agrupamiento de
receptores transmembranosos o su interacción con proteínas G en respuesta a un estímulo, la
adhesión y fusión de membranas en la endocitosis-exocitosis, o la actividad de enzimas
membranosas.

La fundamental importancia de una fluidez correcta de las membrana explica que la evolución
haya preservado los mecanismos necesarios para mantenerla dentro de niveles relativamente
constantes. En el caso de los procariotas, se ha demostrado que cuando crecen a bajas
temperaturas sus fosfolípidos son más insaturados que cuando lo hacen a temperaturas más
altas. Este mantenimiento de una fluidez constantes en circunstancias desfavorables se denomina
adaptación homeoviscosa y no es exclusivo de las bacterias, ya que en el caso de los animales y
vegetales sometidos a procesos de aclimatación a temperaturas diversas se observaron cambios
semejantes. En los animales hibernantes, durante la fase de sueño, en que su temperatura
corporal desciende más de 10ºC, la fluidez de la membrana se mantiene por cambios en los
ácidos grasos. Estos incluyen la metilación de la fosfatidiletanolamina por medio de
metiltransferasas de la membrana, que a su vez pueden estar reguladas por receptores.
Esqueleto membranoso. Es un sistema físicamente interconectado entre las proteínas integrales
y las del citoesqueleto, que controla la forma celular, la estabilidad de la membrana, la
organización de dominios membranosos y la adhesión celular.
El esqueleto de membrana mejor estudiado es el del eritrocito humano. Estos experimentan
continuamente una serie de deformaciones, en especial a lo largo de los capilares, muchos de los
cuales son de menor diámetro de que la células. Por ello es que sus membranas deben poseer
una estabilidad y una flexibilidad particulares.

Por debajo de la membrana del eritrocito subyace una malla de filamentos formada por espectrina,
cortos filamentos de actina-tropomiosina y otras proteínas asociadas. Toda esta red anclada a
proteínas integrales de membrana por medio de la ancrina y la proteína de banda 4.1.
La ancrina media la unión de la espectrina -que forma oligómeros pares- con el dominio
citoplasmático de la proteína de banda 3, glucoproteína transmembranosa de paso múltiple que,
además de poseer este papel estructural en el esqueleto de la membrana, funciona como canal
de intercambio aniónico de cloro-bicarbonato, fundamental en la citofisiología del eritrocito. La
abundancia de las moléculas de banda 3 se puede evidenciar con la microscopia electrónica de
transmisión por medio de la técnica de congelación-fractura y réplica.
La proteína 4.1 se une a la espectrina y a la actina, junto con otras proteínas asociadas, en los
llamados "complejos de unión", que son los sitios de entrecruzamiento de la red filamentosa
flexible submembranosa.
A su vez, la proteína 4.1 contribuye a la unión de este retículo con la membrana, uniéndose tanto
a la proteína de banda 3 como secundariamente a la glucoforina, que es el otro componente
proteico transmembranoso principal del eritrocito.
Pese a su abundancia en esta membrana, la función de la glucoforina es desconocida. Su papel
en el esqueleto de membrana es ciertamente secundario, ya que los eritrocitos que carecen de
glucoforina por un defecto genético, si bien poseen una forma elipsoidal, son por lo demás
normales. Es de destacar que, por el contrario, los defectos en la espectrina, la ancrina, la banda
3 o la banda 4.1 se manifiestan en el hombre por alteraciones de la forma y anemias por
incremento de la fragilidad de los eritrocitos.
Existen numerosas proteínas que no se unen directamente a la membrana del eritrocito, pero
contribuyen a la estabilidad de su esqueleto.
Se identificaron proteínas estrechamente relacionadas con la espectrina, la banda 3, banda 4.1,
banda 4.2, la ancrina, la aducina y otras, asociadas a las membranas de muchos tipos celulares
diferentes del eritrocito. En especial, la ancrina y la isoforma no eritrocítica de la espectrina
(fodrina) se concentran en ciertos dominios membranosos, especializados tanto en la estabilidad
mecánica como en la restricción de los movimientos laterales de las proteínas en el plano de la
bicapa, como por ejemplo en las densidades postsinápticas del cerebro o en los pliegues
basolaterales de células epiteliales. En estos otros tipos celulares las proteínas del esqueleto
membranoso están unidas a otras proteínas además de la de banda 3; por ejemplo, a los canales
de sodio regulados por voltaje en el cerebro, o a la bomba de sodio-potasio del dominio
basolateral de las células tubulares proximales del riñón.
Dentro de la familia de la espectrina se encuentra una proteína de gran tamaño (la mayor del
grupo) denominada distrofina. Se halla asociada a las membranas de las células musculares,
donde conecta lateralmente a los filamentos de actina con una glucoproteína transmembranosa e
induce el plegamiento ordenado y la estabilidad de la membrana durante la contracción. También
se expresa en neuronas y astrocitos, donde estabiliza las membranas postsinápticas y las de los
pies chupadores. Esta proteína es codificada por un gen del cromosoma X (en la región Xp21). La
ausencia congénita de esta proteína del esqueleto membranoso (en la distrofia muscular de
Duchenne) se manifiesta por roturas de la membrana, con inestabilidad osmótica e incremento del
ingreso de calcio en las células musculares que lleva a la degeneración celular, alteraciones
neurológicas, incapacidad y muerte del paciente a edad temprana.
Permeabilidad de Membrana. La permeabilidad de las membranas es fundamental para el
funcionamiento de la célula viva y para el mantenimiento de condiciones fisiológicas
intracelulares adecuadas. Esta función determina qué sustancias pueden ingresar a la célula,
muchas de las cuales son necesarias para mantener los procesos vitales y la síntesis de
sustancias. También regula el pasaje de agua y la salida de productos de desecho que deben
ser eliminados de la célula.
La presencia de membrana establece una neta diferencia entre el líquido intracelular y el extrace-
lular en que está inmersa la célula. En los organismos unicelulares que crecen en los ríos o en los
mares, el líquido extracelular es el agua dulce o salada, respectivamente. En los organismos multi-
celulares el líquido interno, en especial el denominado líquido intersticial, es el que está en
contacto con la superficie externa de la membrana celular.
Una de las funciones de la membrana celular consiste en mantener la constancia de su medio
intracelular, incluido el equilibrio osmótico con el líquido intersticial.
La función reguladora del equilibrio hidroelectrolítico de la membrana plasmática normal se
aprecia mejor considerando ciertos defectos de la permeabilidad que ocurren por depleción de
ATP o por activación de fosfolipasas como consecuencia de una serie de situaciones patológicas.
La membrana plasmática también puede dañarse directamente por el ataque de linfocitos
citotóxicos (con inserción de perforinas), por activación del sistema del complemento, por toxinas
bacterianas o por una multitud de agentes químicos o físicos. En todos estos casos la lesión
celular inicial característica es la tumefacción o edema celular agudo, con aumento del volumen
celular por ganancia de agua, dilatación de los componentes del sistema de endomembranas y de
mitocondrias, junto con alteraciones más complejas que llevan con el tiempo a la muerte celular.
Existen dos tipos muy diferentes de pasaje de sustancias a través de las membranas celulares. En
uno de ellos, que analizaremos primero, los iones o las moléculas relativamente pequeñas son
transportados por diferentes mecanismos a través de las membranas sin que éstas experimenten
deformaciones evidentes. En el segundo caso, denominado transporte en masa, las macromolé-
culas o partículas aún mayores son incorporadas a la célula (o eliminadas de ella) por
mecanismos que incluyen cambios visibles en las membranas, como es el caso de la fagocitosis,
la pinocitosis y la exocitosis.
Permeabilidad de las membranas a moléculas pequeñas. La permeabilidad es pasiva si sólo
obedece a las leyes de la física, como en el caso de la difusión simple. Es conocimiento
común que si se coloca en un recipiente con agua una solución concentrada de una sustancia
soluble (por ejemplo, azúcar), se produce un movimiento de difusión del soluto siguiendo el
gradiente de concentración. Sin embargo, si se interpone una membrana lipoprotéica del tipo
de las membranas biológicas, el movimiento de difusión se modifica considerablemente y la
membrana actúa como una barrera para el paso de ciertas sustancias.
El pasaje de iones o moléculas pequeñas a través de las membranas biológicas puede ocurrir a
favor o en contra de su gradiente de concentración químico o electroquímico.
En el caso del transporte a favor de gradiente, éste se puede realizar sin gasto de energía
(permeabilidad pasiva). En ocasiones, esta permeabilidad pasiva ocurre por difusión simple a
través de la bicapa lipídica, mientras que para todos los iones y para una gran cantidad de
moléculas son necesarias, en la membrana, proteínas transportadoras especiales (canales iónicos
y permeasas). Se habla en este último caso de difusión facilitada. Cuando el transporte debe
hacerse en contra del gradiente de concentración, es necesario emplear energía. Esta energía
puede provenir de la utilización directa de ATP por medio de las proteínas transportadoras, como
es el caso del transporte activo primario (mediado por diversas categorías de bombas). Un
ejemplo lo constituye la bomba de sodio-potasio.

En otros casos el transporte activo es secundario o indirecto, ya que una molécula o un ion son
transportados en contra del gradiente sin consumo directo de ATP. En este caso la energía
proviene del cotransporte de un ion o molécula diferente que atraviesa de manera simultánea la
membrana a favor de la concentración. La disipación de ese gradiente favorable es utilizada como
energía por la proteína transportadora para motorizar el pasaje desfavorable en el mismo sentido
(simporte) o en el opuesto (antiporte).
Permeabilidad de una capa bilipídica. Difusión simple. Es posible construir en el laboratorio
una bicapa que cierre la comunicación entre dos compartimientos acuosos (membranas
artificiales). En un sistema como éste se puede estudiar el pasaje de diversas sustancias en
membranas lipídicas con ausencia de proteínas transportadoras. La figura anterior
esquematiza el comportamiento de diferentes sustancias frente a una bicapa, en condiciones
de gradiente favorable.
Las pequeñas moléculas no polares (vale decir, hidrofóbicas) difunden rápidamente a través de
las membranas. En general penetran más rápidamente cuanto menor es la molécula y mayor su
liposolubilidad. Pasan por difusión simple a través de la bicapa los gases, el benceno y ciertos
medicamentos liposolubles.
Las moléculas hidrofílicas también pueden difundir, con la condición de que no estén cargadas y
de que posean pequeño tamaño. De esa manera pasan rápidamente el metanol, el etanol y el
glicerol. También el agua puede atravesar la bicapa, aunque en la célula esto representa menos
del 10% del total del pasaje acuoso a través de la membrana. Las moléculas hidrofílicas mayores,
del tamaño de los monosacáridos en adelante, no atraviesan las bicapas en ausencia de
proteínas. Es importante destacar que todas las partículas cargadas, por pequeño que sea su
tamaño (como el caso de un protón), son incapaces de atravesar la bicapa lipídica, dado que
atraen moléculas de agua (que son dipolares) y se rodean constantemente de una capa acuosa, y
esta capa de hidratación o nube acuosa es de considerables dimensiones.
Permeabilidad de las membranas celulares. Como en el caso de las membranas bilipídicas
artificiales, las membranas biológicas permiten la difusión simple del mismo tipo de moléculas
que aquéllas. Sin embargo, en las membranas celulares también ocurre el pasaje de iones,
aminoácidos, monosacáridos y aun moléculas hidrofílicas mayores. Esto se debe a la
presencia, en todas las membranas biológicas, de proteínas transportadoras especiales. En
general son proteínas de paso múltiple, vale decir que la cadena polipeptídica recorre el
espesor de la membrana varias veces, lo cual determina un interior acuoso en su estructura
que aísla del interior hidrofóbico de la membrana a la sustancia transportada.
Cada una de las proteínas transportadoras es específica, en el sentido de que transporta
solamente un tipo de molécula y es capaz de discriminar incluso diferentes tipos de aminoácidos o
de monosacáridos entre sí.
Transporte pasivo o difusión facilitada. Este tipo de transporte se hace siempre a favor del gra-
diente electroquímico, y las proteínas transportadoras pueden ser de dos clases: canales iónicos o
permeasas.
Una diferencia fisiológica fundamental entre la difusión simple y el transporte pasivo lo constituye
su cinética.
En la difusión simple la velocidad de pasaje es siempre proporcional a la diferencia entre las
concentraciones a ambos lados de la membrana, mientras que en el transporte pasivo (o difusión
facilitada) la velocidad de transporte aumenta rápidamente con la diferencia de concentraciones,
pero se llega a un tope (Vmax) cuando todas las proteínas transportadoras de la membrana están
funcionando al máximo de su velocidad. Se dice entonces que el sistema está saturado. Esto vale
tanto para las permeasas como para los canales iónicos.
Canales iónicos. El primer grupo de proteínas transportadoras que consideraremos está
constituido por los llamados canales iónicos. Estos forman poros o conductos hidrofílicos que
recorren el espesor de todas las membranas celulares y permiten el flujo pasivo de iones a través
de éstas. Son altamente selectivos, por lo que en general facultan el paso de un solo tipo de ion.
Los canales iónicos son teóricamente saturables, aunque no en condiciones fisiológicas. Existen
canales que permanecen siempre abiertos, mientras que otros se abren y cierran regulados por
señales químicas, eléctricas o mecánicas que provocan cambios conformacionales en las
proteínas del canal.
Los canales regulados, de importancia fundamental en células musculares, secretorias, neuronas
y otras, comprenden múltiples isoformas con diferentes tipos de regulación, selectividad iónica o
velocidades de apertura o cierre, que se expresan de manera diferencial en distintos tipos
celulares a lo largo del desarrollo.
Canales regulados por voltaje. Existen canales regulados para sodio, potasio y calcio. Los
canales de sodio de las células musculares, por ejemplo, permanecen cerrados cuando la
membrana plasmática mantiene su potencial de reposo que es negativo para el interior celular con
una diferencia de voltaje de unos −90 mv, cuando se despolariza un punto de la membrana de
estas células, el campo eléctrico modificado de la membrana influye sobre regiones cargadas de
las proteínas del canal, provoca su apertura. El sodio, más concentrado en el exterior de la célula
que en el interior, penetra por diferencia de gradiente electroquímico y contribuye aún más al
cambio de potencial, pues hace que se abran canales de sodio más alejados y causa así la
propagación de la despolarización a lo largo de la membrana.

Canales regulados por ligando. Se trata de canales-receptores que, al unirse con su ligando
específico experimentan un cambio conformacional que determina su apertura. Un ejemplo lo
constituye el receptor de acetilcolina, canal de sodio regulado que en la sinapsis se encarga de
iniciar la despolarización de la membrana postsináptica. Los ligandos pueden unirse al lado
extracelular del canal como, por ejemplo, los neurotransmisores o, en algunos casos, al dominio
citosólico, como ocurre con el AMPc u otros mensajeros intracelulares.
Canales regulados mecánicamente. Se abren regulados por el estiramiento de las membranas.
Se piensa que la tensión es transmitida a las proteínas del canal por elementos del citoesqueleto.
En el caso de las células neuroepiteliales del oído interno las fuerzas que actúan sobre estos
canales se transmiten a través de fibrillas insertadas en la cara extracelular.

Permeasas. El segundo tipo de proteínas para el transporte pasivo lo constituyen las permeasas
o transportadores (a veces denominadas carriers según su nombre en inglés). También son muy
específicas, ya que discriminan incluso entre isómeros, como es el caso de la glucosa y la
galactosa, que si bien difieren solamente en la posición de un oxhidrilo en el carbono 4, requieren
dos permeasas diferentes. En todos los casos la molécula transportada debe unirse a un sitio
específico de la permeasa la que sufre una serie de cambios conformacionales para finalmente
trasladar al soluto a la cara opuesta de la membrana sin gasto de energía. Estos procesos limitan
la velocidad del transporte, que es más lento que para el caso de los canales iónicos. En la figura
anterior se representa el mecanismo propuesto para el transporte selectivo por medio de
permeasas.
Otro de los mecanismos postulados para la difusión facilitada, el del translocador móvil, es muy
improbable desde el punto de vista termodinámico. El único caso de transportadores móviles
conocido es el de ciertos ionóforos de uso experimental, como la valinomicina o el A23187. Otros
ionóforos utilizados, como el antibiótico gramicidina, forman canales convencionales.
Transporte activo. En algunos casos las proteínas transportadoras deben mediar el pasaje de
iones o de moléculas en contra del gradiente electroquímico. En estas circunstancias se requiere
el uso de energía y se habla de transporte activo.
Existen dos tipos de transporte activo: el primario (mediado por ATPasas) y el secundario (media-
do por proteínas cotransportadoras). En ambos casos, directa o indirectamente debe consumirse
energía, y ésta proviene sobre todo de la fosforilación oxidativa en las mitocondrias. Como conse-
cuencia de ello, el transporte activo está acoplado a la respiración celular.
Transporte activo primario. Las permeasas especiales que utilizan ATP directamente como
fuente de energía para el transporte activo se denominan bombas o ATPasas. Las bombas (o
ATPasas de membrana) comprenden varias familias de proteínas. Algunas están formadas por
múltiples cadenas polipeptídicas asociadas, y todas tienen en común la característica de que
transportan (y a veces cotransportan) un determinado tipo de ion en contra del gradiente
electroquímico con utilización de ATP En algunos casos, como el de la P-170, la molécula
transportada no es un ion. Analizaremos varios ejemplos de bombas o ATPasas de membrana.
Bombas de protones. Existen varias clases, algunas de ellas asociadas a las membranas
plasmáticas y otras a organoides membranosos, como lisosomas, endosomas, gránulos
secretorios y vacuolas de células vegetales y de eucariotas inferiores. En el interior de los
endolisosomas determinan una concentración de iones hidrógeno que lleva el pH a valores
inferiores a 5.
Las ATPasas de clase F de los procariotas, cloroplastos y mitocondrias también son bombas
protónicas, pero en el caso de las mitocondrias suelen funcionar en reversa sintetizando ATP.
Bombas de calcio. Existen en las membranas plasmáticas y en las membranas internas como
del retículo sarcoplasmático. En ambos casos el calcio es removido del citosol hacia el exterior de
la célula o hacia el interior del compartimiento citoplasmático secuestrador de calcio. Ambos
mecanismos, junto con un sistema de antiporte sodio-calcio, que analizaremos más adelante, son
responsables de que el calcio se mantenga unas 4.000 veces menos concentrado en el citosol
que en el medio extracelular.
Glucoproteína P (P-170). Comprende una variedad de isoformas de proteínas
transmembranosas que se expresan en las membranas plasmática de los hepatocitos, enterocitos
y células del epitelio renal. Intervienen en la excreción hacia la bilis, el intestino y la orina de una
serie de toxinas hidrofóbicas del metabolismo normal, a las que transportan contra gradiente al
exterior de las células con consumo de ATP. A este tipo de molécula también se la llama ATPasa
de resistencia a multidrogas, dado que ciertas células tumorales sobreexpresan esta proteína, que
extrae rápidamente del citoplasma a las drogas citostáticas y torna inefectiva la quimioterapia
antitumoral.
Bomba de sodio-potasio. Es de fundamental importancia para el metabolismo celular. Está
constituida por un tetrámero de dos subunidades transmembranosas α y dos β . En el dominio
citosólico de la subunidad β reside el sitio catalítico para a hidrólisis del ATP y el sitio para la
unión de tres iones sodio. En el dominio extracelular existe el sitio de unión de dos iones potasio;
este sitio puede ser ocupado por la ouabaína, que es un glucósido digitálico que inhibe el
funcionamiento de la bomba.
La concentración de sodio es característicamente unas 15 veces mayor en el líquido extracelular
que dentro de la célula, mientras que la situación inversa se da para el potasio, que es
preferentemente intracelular. Estas concentraciones son mantenidas por la actividad de la bomba
de sodio-potasio, que cotransporta ambos iones en contra de sus gradientes. Dado que se debe
hidrolizar una molécula de ATP por cada tres sodios que se extraen y cada dos potasios que se
introducen, para mantener las concentraciones iónicas normales el consumo de energía es muy
alto, y varía según los tipos celulares desde un 10% hasta un 65% del consumo energético total.

Como consecuencia de la actividad de la bomba de sodio-potasio, la célula puede mantener su


balance osmótico y estabilizar así su volumen. En algunos casos de anoxia o lesión celular, la
producción de ATP está disminuida y la energía disponible no es suficiente para el funcionamiento
normal de la bomba de sodio-potasio. Como ya vimos, en estas circunstancias la lesión celular
inicial característica es la tumefacción o edema celular agudo con aumento del volumen celular
por ganancia de agua, junto con alteraciones más complejas que culminan en la muerte celular.
Se dice que la bomba de sodio-potasio es electrogénica, vale decir que tiende a crear un potencial
eléctrico de membrana, con el interior negativo, dado que por cada tres cationes que extrae de la
célula introduce solamente dos. Las propiedades eléctricas de la membrana se considerarán en
detalle más adelante.
Transporte activo secundario. Utiliza la energía potencial contenida en el gradiente favorable de
la sustancia cotransportada. El elemento más importante que motoriza el cotransporte a través de
la membrana plasmática es el sodio, cuyo gradiente favorable, a su vez, debe mantenerse con
gran gasto de energía. En algunas ocasiones la sustancia cotransportada es introducida contra
gradiente junto con el sodio (simporte), como en uno de los tipos de transportadores de glucosa
de los enterocitos o del epitelio renal. En otras células la entrada de sodio se utiliza para extraer al
otro elemento (antiporte), como el intercambiador de sodio-calcio de los cardiocitos. A propósito
de este último ejemplo, recordemos que los glucósidos digitálicos, como la ouabaína, inhiben la
bomba de sodio-potasio. Este es justamente el mecanismo de acción de los digitálicos en la
terapia de la insuficiencia cardiaca congestiva: alterar el gradiente de sodio, de modo de interferir
en su cotransporte con el calcio; el consiguiente aumento de la concentración de éste en los
cardiocitos incrementa su contractilidad.
Permeabilidad de las membranas a macromoléculas y partículas. Las macromoléculas y las
partículas de nivel supramolecular, algunas de ellas de gran tamaño, pueden ser introducidas
en la célula (o extraídas de ella) por un mecanismo completamente diferente de los que
acabamos de analizar. En sentido estricto, estas partículas nunca atraviesan las membranas,
sino que por un proceso de deformación y fusión de membranas se produce el llamado
transporte en masa, que incluye las diversas formas de endocitosis (pinocitosis y fagocitosis)
si el material se incorpora a la célula; si el material es eliminado al exterior se habla de
exocitosis.