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Abbagnano Nicolas Historia Filosofia Vol 3

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Aun utilizando algunos resultados de la sociología de Comte y aceptando
el nombre de la ciencia que Comte había inventado, Spencer modifica
radicalmente el concepto de la misma. Para Comte, efectivamente, es la
disciplina que, descubriendo las leyes de los hechos sociales, permite
preverlos y guiarlos; el fin de la sociología es la sociocracia, la fase de la
sociedad en que el positivismo se habrá convertido en régimen. Para
Spencer, en cambio, la sociología debe limitarse a una tarea puramente
descriptiva del desarrollo de la sociedad humana hasta el punto a que ha
llegado hasta ahora. Puede, desde luego, determinar las condiciones que el
desarrollo ulterior deberá satisfacer; pero no las metas y los ideales del
mismo. Determinar las metas, establecer cuál deba ser el hombre ideal en
una sociedad ideal, es misión de la moral. La sociología y la moral, que
constituían una sola cosa en la obra de Comte, son distinguidas así
claramente por Spencer.
La sociología determina las leyes de la evolución superorgánica y
considera la misma sociedad humana como un organismo, cuyos elementos
son, primero, las familias, y, después, los individuos particulares. El
organismo social se distingue del organismo animal por el hecho de que la
conciencia pertenece solamente a los elementos que lo componen. La
sociedad no tiene un sensorio como el animal: vive y siente sólo en los
individuos que la componen. La sociología de Spencer está netamente
orientada hacia el individualismo y, por tanto, hacia la defensa de todas las
libertades individuales, en contraste con la sociología de Comte y, en
general, con la orientación social del positivismo. Uno de los temas
principales, tanto de los Principios de sociología como de las demás obras
complementarias (El hombre contra el Estado, 1884; Estática social, 1892),
tema que domina de un extremo a otro la sociología dé Spencer, es el
principio de que el desarrollo social debe ser abandonado a la fuerza
espontánea que lo preside y lo impulsa hacia el progreso y que la
intervención del Estado en los hechos sociales no hace otra cosa que
perturbar u obstaculizar este desarrollo. A la objeción de que el Estado debe
también hacer algo para quitar o disminuir la miseria o la injusticia social,
Spencer responde que el Estado no es el único agente que puede eliminar los
males sociales, por cuanto existen otros agentes que, dejados en libertad,
pueden conseguir mejor este objetivo. Además, no todos los sufrimientos
deben ser prevenidos, ya que muchos sufrimientos son curativos, y
prevenirlos significa prevenir el remedio. Además, es quimérico suponer que
todo mal pueda ser eliminado-, existen defectos de la;naturaleza humana que
obran de manera que, con un pretendido remedio, el mal sólo cambia de

sitio y queda reforzado con el cambio (Social Statics, edición 1892, p. 308).
El homore contra el Estado tiende a combatir "el gran prejuicio de ía época

EL POSITIVISMO EVOLUCIONISTA

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presente": el derecho divino del Parlamento, que ha sustituido al gran
prejuicio de la época pasada: el derecho divino dé la monarquía. Un
verdadero liberalismo debe negar la autoridad ilimitada del Parlamento,
como el viejo liberalismo negó el ilimitado poder del monarca (The man
versus thè State,
ed. 1892, p. 369, 292). Por otro lado, la creencia en la
omnipotencia del gobierno es la que engendra las revoluciones, que
pretenden obtener, por la fuerza del Estado, toda clase de cosas imposibles.
La idea exorbitante de lo que el Estado puede hacer, por una parte, y los
resultados miserables a que el mismo Estado llega, por otra, engendran
sentimientos extremadamente hostiles al orden social (Social Statici,
p. 131).

El concepto de un desarrollo social lento, gradual e inevitable, hace a
Spencer extremadamente ajeno a las ideas de reforma social que habían sido
acariciadas por el positivismo social, comprendiendo en él a los utilitaristas y
a Stuart Mill. "Del mismo modo que no se puede abreviar el camino entre la
infancia y la madurez, evitando el enojoso proceso de crecimiento y
desarrollo que se opera insensiblemente con leves incrementos, tampoco es
posible que las formas sociales inferiores se hagan superiores sin atravesar
pequeñas modificaciones sucesivas" (The study of Soc., 16.°, Conci.). El
proceso de evolución social está de tal manera predeterminado que ninguna
doctrina o disciplina puede hacerle traspasar el límite de velocidad que le es
asignado por la modificación orgánica de los seres humanos. Antes de que se
puedan verificar en las instituciones humanas cambios duraderos, que
constituyan una verdadera y propia herencia de la raza, es menester que se
hayan repetido hasta el infinito en los individuos los sentimientos, los
pensamientos y las acciones, que son su fundamento. Por esto mismo, todo
intento de apresurar las etapas de la evolución histórica, todo sueño de
visionarios o de utopistas, tiene como único resultado retardar o
descomponer el proceso natural de la evolución social.
Esto no supone, según Spencer, que el individuo deba abandonarse
pasivamente al curso natural de los acontecimientos. El mismo desarrollo
social ha determinado el paso de una fase de cooperación humana impuesta
y obligada a una fase de cooperación más libre y espontánea. Es éste el paso del
régimen militar, caracterizado por el prevalecimiento del poder estatal sobre
los individuos, a los cuales impone tareas y funciones, al régimen industrial,
que está fundado, en cambio, en la actividad independiente de los individuos, a
los que determina a reforzar sus exigencias y a-respetar las exigencias de los
demás, robusteciendo la conciencia de los derechos personales y decidiéndoles
a resistir contra los excesos del dominio estatal. Con todo, Spencer no
considera definitivo el régimen industrial (en el que, por lo demás, apenas ha
entrado la sociedad actual). Es posible prever la posibilidad de un tercer tipo
social, el cual, aun estando fundado, como el industrial, en la libre cooperación
de los individuos, imponga motivos altruistas en vez de motivos egoístas, que
rigen el régimen industrial; o, mejor aún, concilie el altruismo y el egoísmo.
Pero esta posibilidad no puede ser prevista por la sociología, sino únicamente
por la ética.

La ética de Spencer es, sustancialmente, una ética biológica, que tiene por
objeto la conducta del hombre, esto es, la adaptación progresiva del hombre
mismo a sus condiciones de vida. Esta adaptación implica no sólo una

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LA FILOSOFIA DEL ROMANTICISMO

prolongación de su vida, sino también su mayor intensidad y riqueza. Entre la
vida de un salvaje y la de un hombre civilizado no hay únicamente una
diferencia de duración, sino de extensión: la del hombre civilizado implica la
consecución de fines mucho más variados y ricos, que la hacen más intensa y
extensa. Esta creciente intensidad es lo que se debe entender por
felicidad. Puesto que es bueno todo acto que se adapta a su fin, la vida
que se presenta, en conjunto, mejor adaptada a sus condiciones es
también la vida más feliz y placentera. Por esto, el bien se identifica con
el placer; y la moral hedonista o utilitarista es, en cierto aspecto, la única
posible. Spencer, sin embargo, no admite el utilitarismo en la forma que
había adoptado en la obra de Bentham y de los dos Mill. El motivo
declarado y consciente de la acción moral del hombre no es ni puede ser
la utilidad. La evolución social, acumulando con la herencia un enorme
número de experiencias morales, que permanecen inscritas en la estructura
orgánica del individuo, suministran al individuo mismo un a priori moral,
que es tal para él, aunque no lo sea para la especie. Se debe admitir
que el hombre individual obre por deber, por un sentimiento de
obligación moral; pero la ética evolutiva da cuenta del nacimiento de
este sentimiento, mostrando cómo nace de las experiencias repetidas y
acumuladas a través de la sucesión de innumerables generaciones.
Experiencias que han producido la conciencia de que el dejarse guiar
por sentimientos que se refieren a resultados lejanos y generales es,
habitualmente, más útil para alcanzar el bienestar que dejarse guiar por
sentimientos que deben ser inmediatamente satisfechos y que han
transformado la coacción externa política, religiosa y social en un
sentimiento de coacción puramente interior y autónomo.
Pero esta misma consideración evolutiva demuestra también que el
sentido del deber y de la educación moral es transitorio y tiende a
disminuir con el aumento de la moralidad. Aún ahora sucede que el
trabajo que debe ser impuesto al joven como una obligación, es una
manifestación espontánea del hombre de negocios sumergido en sus
asuntos. Así, el mantenimiento y la protección de la mujer por parte
del marido, la educación de los hijos por parte de los padres, no tienen,
las más de las veces, ningún elemento coactivo, sino que son deberes
que se ejecutan con perfecta espontaneidad y placer. Spencer prevé, por
esto, que "con la completa adaptación al estado social, aquel elemento
de la conciencia moral que se expresa con la palabra obligación
desaparecerá del todo. Las acciones más elevadas, requeridas por el
desarrollo armónico de la vida, se harán tan comunes como lo son
ahora las acciones inferiores a las que nos impulsa el simple deseo"
(Data of Ethics, § 46). Esta fase final de la evolución moral no implica
el prevalecimiento absoluto del altruismo a expensas del egoísmo. La
antítesis entre egoísmo y altruismo es natural en la condición presente,
que se caracteriza por el prevalecimiento indebido de las tendencias
egoístas y en la que, por tal motivo, el altruismo reviste la forma de un
sacrificio de estas tendencias. Pero la evolución moral, haciendo coincidir
cada vez más la satisfacción del individuo con el bienestar y la felicidad
de los demás (en lo que consiste propiamente la simpatía), provocará el
acuerdo final entre el altruismo y el egoísmo. "El altruismo que deberá

EL POSITIVISMO EVOLUCIONISTA

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nacer en el futuro —dice Spencer— no es un altruismo que esté en
oposición con el egoísmo, sino que, finalmente, acabará coincidiendo con
éste en una gran parte de la vida; y exaltará las satisfacciones que son
egoístas en cuanto constituyen placeres gozados por el individuo, aunque
sean altruistas con respecto al origen de estos placeres" (Data of
Ethics,
apénd.).

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