SALA EN ESPERA

OCTUBRE 2010
Firme Capó

Ι Juan Villalobos

Para un país miserable, empleos miserables. En México, uno puede morirse de hambre y aburrimiento (cuando bien le va) en una maquiladora de Ciudad Juárez; vender afores, dar clases por treinta pesos la hora, tener un puesto secretarial, ser la “muchacha” de una casa decente, o de plano, si la vida no da para más, meterse al ejército y pasar las de Caín, a cambio de un sueldo amoral. El sufrimiento ligado a nuestras obligaciones patrias es cosa de toda la vida por estos lugares. A muchos de nosotros nos habrá tocado padecer esas largas jornadas bajo el rayo del sol, formados en el patio de la primaria, escuchando interminables y sosos discursos de algún esbirro del SNTE, acerca de la valentía de los héroes nacionales, del amor a la Patria y del valor que, como niños adquiríamos sólo por estar en la edad exclusiva para ostentar el membrete de “Futuro del mundo”. Desde luego que lo anterior no nos exentaba de ver cómo el niño (más) pobre del salón azotaba a la mitad de la ceremonia (ese día no hubo para desayunar torta de huevo con frijoles negros), alarmando a la maestra (cualquiera con nombre de terminación “ita”) y distrayendo al esbirro, aunque fuera brevemente, de su henchida perorata. Esta combinación terrible de trabajos y actos ceremoniosos es lo que se muestra en pantalla durante los casi diez minutos del cortometraje Firmes (2010), del mexicano Yordi Capó, que ya tiene por lo menos dos reconocimientos notables. El corto muestra a un soldado raso en plena formación durante un acto cívico. Firme bajo el sol y con fusil en mano, el personaje ve pasar la vida en la figura de varias personas con las que de manera furtiva cruza miradas (con un chavo hasta hace el esfuerzo por sonreír tímidamente), mientras en algún altavoz se escucha la voz de un presidente bronco y ranchero que promete el paraíso en la tierra.

El gran mérito del corto es su narrativa en primera persona, pero atendiendo al espectador, quien puede ver desde fuera y desde la perspectiva del militar; sumergirse en el tedio y marearse con la monserga del altavoz. Son diez minutos muy disfrutables, en los que no pasa nada y pasa de todo; donde cada cuadro está visual y auditivamente muy cuidado, y donde queda claro que el diálogo (forzado) y las actuaciones (malas) no son un elemento obligatorio en un cortometraje. Habrá que ver (y esperar) el trabajo de Capó en largo, y confirmar si puede llegar a él con la misma mano firme.
URL: http://www.salaenespera.mx/2010/09/firme-capo-juan-villalobos.html

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