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EL AMOR DE UNA MADRE

Un muchacho se enamora de una doncella. Se enamora


perdidamente. Pero ella es malvada. No cree en el amor del
mozo. Acaso por vanidad, acaso por querer dominar a su
pretendiente, le exige al joven constantes pruebas de su
amor.

Un día nefasto, ella le dice: ¿Me amas? Por supuesto


responde él. ¿Cuánto? Te amo con toda mi alma. Ella aguza la
mirada. ¿Qué serías capaz de hacer para demostrármelo? Ya
lo sabes, lo que me pidas. Ella le observa fijamente. Entonces
arráncale el corazón a tu madre y tráemelo. El joven cae de
rodillas, desgarrado por la tormenta de lealtades que en su
interior se ha desatado. No, eso no… por favor… no me pidas
que haga eso. Entonces no me amas tanto como pregonas.

Por la noche, el joven se encamina hacia la casa


materna. Penetra en la humilde vivienda y se acerca
sigilosamente al lecho. Desenfunda la daga y sacando la
fuerza del aljibe del amor que sentía por la doncella, el joven
le abre de un tajo el pecho a su madre, hunde la mano en él y
le arranca el corazón. Acto seguido sale corriendo por el
campo hacia la casa de su amada.

Extasiado porque ella al fin le creerá pero aturdido por


la crueldad imperdonable de lo que ha hecho, el joven
tropieza y cae. El corazón ensangrentado rueda por el suelo.
Cuando se detiene, el corazón le habla: Hijo mío, ¿te has
hecho daño?

Esto me lo contaba mi madre de pequeño y es mi tributo para


desearles a todas las madres que conozco un muy feliz día.
Una forma humilde de recordar a mi madre que ya no la
tengo y tanto me dio.

Miguel Palma