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DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA
4 de julio de 1776

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los
vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e
igual a que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio
de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son
dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la
búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los
gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera
que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a
reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus
poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y
felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios
gobiernos de antiguo establecidos; y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad
está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las
formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida
invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo
absoluto, es su derecho, es su deber derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su
futura seguridad. Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; tal es ahora la necesidad que las
obliga a reformar su anterior sistema de gobierno La historia del actual Rey de la Gran Bretaña es una
historia de repetidos agravios y usurpaciones, encaminados todos directamente hacia el establecimiento
de una tiranía absoluta sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un
mundo imparcial.

(Aquí los colonos exponen Unos 25 agravios concretos de que acusan al monarca británico.
Entre otras cosas... se ha negado a dar su asentimiento a las leyes necesarias para el bien
público; [nos ha impuesto] "contribuciones sin nuestro consentimiento", etc.)

En cada etapa de estas opresiones, hemos pedido justicia en los términos más humildes: a nuestras
repetidas peticiones se ha contestado solamente con repetidos agravios. Un Príncipe, cuyo carácter está
así señalado con cada uno de los actos que pueden definir a un tirano, no es digno de ser el gobernante
de un pueblo libre.

Tampoco hemos dejado de dirigirnos a nuestros hermanos británicos. Los hemos prevenido de tiempo
en tiempo de las tentativas de su poder legislativo para englobarnos en una jurisdicción injustificable.
Les hemos recordado las circunstancias d e nuestra emigración y radicación aquí.

Hemos apelado a su innato sentido de justicia y magnanimidad, y los hemos conjurado, por los vínculos
de nuestro parentesco, a repudiar esas usurpaciones, las cuales interrumpirían inevitablemente
nuestras relaciones y correspondencia. También ellos han sido sordos a la voz de la justicia y de la
consanguinidad. Debemos, pues, convenir en la necesidad, que establece nuestra separación y
considerarlos, como consideramos a las demás colectividades humanas: enemigos en la guerra, en la
paz, amigos.

Por lo tanto, los Representantes de los Estados Unidos de América, convocados en Congreso General,
apelando al Juez Supremo del mundo por la rectitud de nuestras intenciones, en nombre y por la
autoridad del buen pueblo de estas Colonias, solemnem ente hacemos público y declaramos:

Que estas Colonias Unidas son, y deben serlo por derecho, Estados Libres e Independientes; que
quedan libres de toda lealtad a la Corona Británica, y que toda vinculación política entre ellas y el
Estado de la Gran Bretaña queda y debe quedar totalmente disuelta; y que, como Estados Libres o
Independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concertar la paz, concertar alianzas, establecer
el comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados independientes.

Y en apoyo de esta Declaración, con absoluta confianza en la protección de la Divina Providencia,
empeñamos nuestra vida, nuestra hacienda y nuestro sagrado honor.

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DECLARACIÓN DE DERECHOS DE VIRGINIA
12 de junio de 1776

I. Que todos los hombres son, por naturaleza, igualmente libres e independientes, y poseen
determinados derechos inherentes de los que, una vez habiendo ingresado en el estado de sociedad, no
pueden, bajo ningún pacto, ser privados o desposeídos en el futuro; a saber, el goce de la vida y la
libertad, con los medios para adquirir y poseer la propiedad, y perseguir y alcanzar la felicidad y la
seguridad.

II. Que todo el poder pertenece y, en consecuencia, deriva del pueblo; que los magistrados son sus
mandatarios y sirvientes, y en todo momento responsables ante él.

III. Que el Gobierno es, o debe ser, creado para el común beneficio, protección y seguridad del pueblo,
nación o comunidad; que de los diversos modos o formas de gobierno, la mejor es aquella que sea capaz
de generar el mayor grado de felicidad y seguridad así como de protegerse efectivamente frente al
peligro de la mala administración; y que, cuando se considere que un gobierno es inadecuado o
contrario a estos objetivos, una mayoría de la comunidad tendrá un indiscutible, inalienable e
imprescriptible derecho a reformarlo, cambiarlo o abolirlo, en la manera que se juzgue más conveniente
para el bien público.

IV. Que ninguna persona o grupo de personas tienen derecho a recibir emolumentos exclusivos o
especiales o privilegios de la comunidad, salvo en consideración a la prestación de servicios públicos; los
cuales no serán transmisibles, como tampoco serán hereditarios los cargos de magistrado, legislador o
juez.

V. Que los poderes legislativo y ejecutivo del Estado deben estar separados y diferenciados del judicial; y
que para impedir que los miembros de los dos primeros incurran en opresión han de sentir las cargas
del pueblo y participar de ellas, recuperando cada cierto tiempo su condición privada al volver al cuerpo
del que procedían, supliendo las vacantes mediante elecciones frecuentes y regulares en las que, todos o
parte de los antiguos miembros, podrán ser de nuevo elegibles o inelegibles, según lo que establezcan
las leyes.

VI. Que las elecciones para las asambleas de los representantes del pueblo deben ser libres; y que todos
los hombres, habiendo suficiente constancia de su permanente interés en la comunidad y de su
vinculación a la misma, ostentan el derecho de sufragio y no pueden ser sujetos a gravámenes o
privados de su propiedad para usos públicos sin su consentimiento o el de sus representantes elegidos
para tal fin, ni obligados por ninguna ley que no hayan, de la misma forma, consentido, para el bien
público.

VII. Que el poder de suspender las leyes o de ejecutarlas por cualquier autoridad, sin el consentimiento
de los representantes del pueblo, es lesivo de sus derechos y no debe ejercerse.

VIII. Que en todos los procesos penales o por pena capital la persona tiene derecho a conocer la causa y
naturaleza de la acusación para confrontarse con los acusadores y testigos, a practicar pruebas en su
favor, y a un juicio rápido por un jurado imparcial de su vecindad, sin cuya unánime decisión no podrá
ser considerado culpable, y tampoco podrá ser obligado a declarar contra sí mismo; y que nadie será
privado de su libertad sino en virtud de la ley del país o del juicio de sus iguales.

IX. Que no se podrán exigir fianzas excesivas, ni imponer multas excesivas; ni infligir castigos crueles e
inusuales.

X. Que los mandamientos generales, en virtud de los cuales se encomiende a un oficial o delegado el
registro de lugares sospechosos sin prueba de la comisión del hecho, o el arresto de persona o personas
innominadas, o cuya falta no esté suficientemente identificada o probada, son ofensivos y oprimentes y
no deben ser autorizados.

XI. Que en los litigios sobre propiedad y en los pleitos entre particulares, el antiguo juicio por jurado es
preferible a cualquier otro y debe conservarse como sagrado.

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XII. Que la libertad de prensa es uno de los mejores baluartes de la libertad y no puede ser nunca
restringida más que por un gobierno despótico.

XIII. Que una milicia bien ordenada, compuesta del conjunto del pueblo, adiestrada en el uso de las
armas, es la defensa adecuada, natural y segura de un Estado libre; que los ejércitos permanentes en
tiempo de paz deberían evitarse por ser una amenaza para la libertad; y que, siempre, los militares
deben estar estrictamente subordinados al poder civil y gobernados por éste.

XIV. Que el pueblo tiene derecho a un gobierno uniforme; y que, en consecuencia, ningún gobierno
separado o independiente del gobierno de Virginia, puede ser erigido o establecido dentro de sus
límites.

XV. Que ningún gobierno libre, ni las bendiciones de la libertad pueden preservarse por un pueblo sin
un firme compromiso con la justicia, la moderación, la templanza, la frugalidad y la virtud y recurriendo
con frecuencia a los principios fundamentales.

XVI. Que la religión, o el deber que tenemos para nuestro Creador y el modo en que lo reconocemos,
han de guiarse por la razón y la convicción, y no por la fuerza o la violencia; y por ello, todos los
hombres tienen igual derecho al libre ejercicio de la religión, de acuerdo con los dictados de su
conciencia; y que es un deber mutuo de todos practicar la benevolencia cristiana, el amor y la caridad
para con todos.

(Trad. José Miguel Vidal).

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Los Artículos de la Confederación

Los Artículos de la Confederación y la Unión Perpetua, conocidos como los
Artículos de la Confederación, constituyeron el primer documento de gobierno
de los Estados Unidos de América. Fueron aprobadas por el segundo Congreso
Continental el 15 de noviembre de 1777, después de varios meses de debate. Fue
una directriz no obligatoria hasta su ratificación cuatro años después, el 1 de
marzo de 1781. Los Artículos de la Confederación son considerados uno de los
cuatro documentos fundacionales de la nación norteamericana.

Los Artículos formaron una confederación débil que unía a las Trece Colonias
británicas norteamericanas, con la capacidad de gobernarse casi solamente en
tiempos de guerra y emergencias. Tras el fin de la Guerra de Independencia y el
comienzo de nuevas prioridades, sus limitaciones se hicieron evidentes. Este
documento fue reemplazado por la Constitución de los Estados Unidos después de
su ratificación el 21 de junio de 1788.

Ratificación de los Artículos de la Confederación

El Congreso buscó la ratificación de los Artículos que había aprobado desde 1777,
para que cada estado "... lo revisara cándidamente bajo la perspectiva de la
dificultad de combinar en un sistema general los diversos sentimientos e intereses
de un continente dividido en tantas comunidades soberanas e independientes, y
bajo la convicción de la necesidad absoluta de unir todos nuestros consejos y toda
nuestra fuerza para mantener y defender nuestras libertades comunes..."[1]

Este documento, sin embargo, no sería efectivo sin la ratificación de los trece
estados. El primer estado en ratificarlo fue Carolina del Sur, el 5 de febrero de
1778. El proceso se alargó 3 años más ya que algunos estados se negaban a
renunciar a sus reclamaciones territoriales hacia el oeste. Maryland fue el último
estado en hacerlo, ya que se negaba a unirse si Virginia y Nueva York no
renunciaban a sus reclamaciones territoriales del valle del río Ohio. Finalmente,
Maryland ratificó el documento el 1 de marzo de 1781.

Los Artículos

El documento consistía en 13 artículos, una conclusión y una sección para las
firmas.

1. Establece el nombre de la confederación en "Los Estados Unidos de
América" y dice que es una "Unión Perpetua."
2. Afirma la prioridad de los estados separados sobre el gobierno de la
confederación. "Cada Estado conserva su soberanía, libertad e
independencia, así como todo su poder, jurisdicción y derecho no delegados
expresamente por esta Confederación...."[2]
3. Establece los Estados Unidos como una liga de estados unidos para "... su
defensa común, la protección de sus libertades y su bienestar mutuo y
general, y se obligan a auxiliarse unos a otros en contra de toda violencia...
o ataque que se les lance..."[2]
4. Establece la libertad de movimiento: todo el mundo es libre de transitar por
los estados, salvo los "indigentes, vagabundos y prófugos de la justicia".[2]
Todas las personas disfrutan de los derechos que les otorgue cada estado
en que se encuentren. Si se comete un delito en un estado y el autor huye

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hacia otro estado, será extraditado y será juzgado en el estado dónde se
cometió el delito.
5. Asigna un voto en el Congreso de la Confederación (llamado "Estados
Unidos en Congreso Reunido") a cada estado y una delegación entre dos y
siete miembros. Los miembros del Congreso eran designados por los
órganos legislativos locales; los miembros no podían ocupar el cargo por
más de tres de cada seis años.
6. Limita los poderes del gobierno central a dirigir las relaciones exteriores y
declarar la guerra. Ningún estado puede tener ni armada ni ejército y no
puede declarar la guerra sin permiso de Congreso.
7. Si un ejército se crea para defender la Confederación, los coroneles y los
rangos militares bajo el coronel serán nombrados por los congresos locales.
8. Los gastos de los Estados Unidos serán financiados con fondos recaudados
por los congresos locales de acuerdo con el valor de sus propiedades.
9. Define los derechos del gobierno central: declarar la guerra, establecer los
pesos y medidas (incluyendo las monedas) y autoriza al Congreso a ser el
árbitro final para cualquier disputa entre los estados miembros.
10.Define un Comité de Estados para gobernar cuando el Congreso no se
encuentre en sesión.
11.Require la aprobación de nueve estados para admitir nuevos estados a la
confederación; aprueba por adelantado la admissión de Canadá.
12.Reafirma que la Confederación acepta la deuda de guerra del Congreso
antes de la promulgación de los artículos.
13.Declara que los artículos son perpetuos y que sólo pueden alterarse con la
aprobación del Congreso y la ratificación de todos los órganos legislativos
locales.

Ya que todavía continuaba la guerra contra Gran Bretaña, los colonos no querían
establecer otro gobierno nacional poderoso. Con el celo de proteger su nueva
independencia, el Congreso Continental creó una estructura unicameral débil que
protegía la libertad de los estados miembros. Aunque el Congreso regulaba los
asuntos monetarios y militares, los Artículos no habían diseñado ningún
mecanismo para asegurarse de que cada estado cumpliese con las tropas y el
dinero que se necesitara. Ello debilitaba al ejército, como fue el caso en 1781 y
que George Washington haría patente en una carta al gobernador de
Massachusetts, John Hancock.

Función

Los Artículos daban apoyo al Ejército Continental y permitían que los trece estados
formasen un frente de unión ante los poderes europeos. Sin embargo, como
herramienta para construir un gobierno efectivo en tiempos de guerra, fue un
fracaso. El Congreso podía tomar decisiones, pero no tenía el poder para
aplicarlas. Quizás, el mayor contratiempo fue el requisito de aprobación unánime
de los 13 estados para modificar los artículos. Al mismo tiempo, el poder más
importante que le faltaba al Congreso era el poder de cobrar impuestos: sólo
podía solicitar dinero de los estados. Éstos, por su parte no siempre cumplían con
las demandas y el Congreso no contaba con los fondos necesarios para su
operación. Los estados y el Congreso se habían endeudado durante la guerra, y el
pago de éstas era un asunto de importancia nacional.

No obstante, el Congreso Continental tomó dos acciones muy importantes. La
Ordenanza de Tierra de 1785 estableció las provisiones de la tierra que se
utilizarían durante la expansión posterior del país. La Ordenanza de 1787
oficializó la renuncia de los trece estados originales de las tierras del

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oeste y, al mismo tiempo, permitió la entrada de nuevos estados a la
confederación.

Tan pronto como la unidad que demandaba la Guerra de Independencia se hizo
innecesaria, el Ejército Continental se disolvió, aunque se conservó una fuerza
muy pequeña para proteger los fuertes y defender a los estados de los ataques de
los amerindios. No obstante, cada estado tenía su propio ejército y 11 de los 13
estados tenían una marina. Las promesas de riqueza y de otorgamiento de tierras
que se harían durante la guerra no se cumplieron. En 1783, Washington apaciguó
la conspiración de Newburgh, pero los disturbios de los veteranos de Pensilvania
que no habían recibido sus pagos forzaron al Congreso a marcharse de Filadelfia el
21 de junio.

Revisión

En mayo de 1786, Charles Pinckney, de Carolina del Sur, propuso que el Congreso
revisara los Artículos de la Confederación. Algunos de los cambios que
recomendaba eran otorgar al Congreso el poder para regular el comercio interior y
exterior y proveer una estructura de financiación para recaudar dinero de las
tesorerías estatales. No obstante, se requería la aprobación unánime, y en aquella
ocasión no llegaron a ningún consenso.

En septiembre, cinco estados se reunieron en la Convención de Annapolis
(1786) para discutir sobre los ajustes para mejorar el comercio. El director,
Alexander Hamilton, invitó a los representantes de los estados a una
convención en Filadelfia para discutir sobre las mejoras en el gobierno federal.
Después de debatir, el Congreso presentó su plan de revisar los Artículos de la
Confederación el 21 de febrero de 1787.

Según los términos de la modificación, los Artículos serían vigentes hasta 1790,
hasta que cada uno de los 13 estados hubiese ratificado la nueva Constitución. El
28 de septiembre de 1787, el Congreso envió la Constitución a los estados para su
ratificación. El 2 de julio de 1788, el Congreso anunció formalmente la ratificación
de la Constitución, después de la ratificación del noveno estado, Nuevo
Hampshire, el 21 de junio de 1788. Finalmente, el 1 de abril de 1789 se reunió por
primera vez la Cámara de Representantes.

ARTÍCULOS DE LA CONFEDERACIÓN
(“Articles of Confederation”)
Ratificados el 1 de Marzo de 1781

A todos aquellos a quienes llegue el presente texto, nosotros, los Delegados de los Estados suscribientes,
enviamos nuestros saludos. Considerando que los Delegados de los Estados Unidos de América,
reunidos en Congreso en el decimoquinto día de noviembre del año de Nuestro Señor de Mil Setecientos
Setenta y Siete, y en el Segundo Año de la Independencia de América, acordaron determinados artículos
de Confederación y Unión perpetua entre los Estados de New Hampshire, Massachusetts bay, Rhode
Island y Providence Plantations, Connecticut, New York, New Jersey, Pennsylvania, Delaware,
Maryland, Virginia, North Carolina, South Carolina y Georgia; texto denominado “Artículos de
Confederación y Unión perpetua entre los Estados New Hampshire, Bahía de Massachusetts, Rhode
Island y Providence Plantations, Connecticut, New York, New Jersey, Pennsylvania, Delaware,
Maryland, Virginia, North Carolina, South Carolina y Georgia.

Artículo I

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El nombre de esta confederación será “Los Estados Unidos de América”.

Artículo II

Cada Estado mantiene su soberanía, libertad e independencia, así como todo poder, jurisdicción
y derecho que no haya sido expresamente delegado a esta Confederación a través del Congreso.

Artículo III

Por la presente, los mencionados Estados entran respectivamente en un lazo firme de amistad los
unos con los otros, a fin de procurar su defensa común, la seguridad de sus libertades y su mutuo y
general bienestar, obligándose a la mutua asistencia contra cualquier fuerza o ataque realizado sobre
todos o alguno de dichos Estados, y que se realice por razón de religión, soberanía, comercio, o
cualquier otra pretensión.

Artículo IV

A fin de asegurar y perpetuar la amistad mutua y la relación entre los pueblos de los distintos
Estados de esta Unión, los habitantes libres de cada uno de ellos, excepción hecha de los pobres,
vagabundos y fugitivos, tendrán en los distintos Estados todos los privilegios e inmunidades propios de
los ciudadanos libres; y los habitantes de cada Estado podrán entrar o abandonar libremente cualquier
otro Estado, disfrutando en el mismo de todos los privilegios referentes a negocios y comercio, con
sujeción a las mismas obligaciones, impuestos y restricciones que los habitantes de dicho Estado, sin
que tales restricciones puedan impedir la importación de propiedades procedentes de otro Estado del
que el propietario sea habitante; igualmente se dispone que ningún Estado podrá establecer impuestos,
tasas o restricciones sobre la propiedad de los Estados Unidos o de cualquiera de sus Estados. Si una
persona culpable o acusada de traición, felonía u otro delito grave en un Estado, huyese de la Justicia y
fuese encontrada en cualquier otro, éste deberá entregarlo al Estado que tenga jurisdicción sobre dicho
delito si así se lo solicitase el Gobernador o Poder Ejecutivo del mismo. Se dará fe y crédito en cada
Estado a los documentos, actos y procesos judiciales de los tribunales y magistrados de otros Estados.

Artículo V

Para una más conveniente gestión de los intereses generales de los Estados Unidos, se designarán
anualmente delegados por el mismo procedimiento que se utiliza en cada Estado para elegir a su
Legislativo; estos delegados se reunirán en Congreso todos los años el primer lunes del mes de
Noviembre, reservándose los Estados el poder de revocar a todos o algunos de sus delegados en
cualquier momento y sustituirlos por otros por lo que resta de año.

Ningún Estado quedará representado en el Congreso por un número inferior a dos miembros, ni por un
número superior a siete; y nadie podrá ser delegado durante más de tres años en el término de seis
años; igualmente, ningún delegado podrá desempeñar cargo alguno de los Estados Unidos, en virtud del
cual perciba salario, honorario o emolumento de cualquier tipo.

Cada Estado mantendrá a sus propios delegados en la reunión de los Estados y mientras actúen
como miembros del Comité de los Estados.

No podrá exigirse responsabilidad ante ningún tribunal o lugar distinto del Congreso por las
deliberaciones y discusiones realizadas en el mismo y sus miembros no podrán ser arrestados o
detenidos durante el trayecto o asistencia al Congreso, salvo en el caso de traición, felonía o
perturbación del orden público.

Artículo VI

Ningún Estado podrá enviar o recibir embajadores, confederarse, llevar a cabo acuerdos, alianzas
o tratados con ningún Rey o Estado, sin consentimiento de los Estados Unidos reunidos en Congreso;
ninguna persona que desempeñe un cargo o puesto de confianza de los Estados Unidos o de cualquiera
de sus Estados, podrá aceptar ningún presente, emolumento, cargo o título de ningún Monarca,
Príncipe o Estado extranjero; tampoco podrán otorgar ningún título de nobleza los Estados Unidos
reunidos en Congreso o cualquiera de los Estados.

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No podrán dos o más Estados celebrar tratados, confederarse o llevar a cabo alianzas entre ellos
sin el consentimiento de los Estados Unidos reunidos en Congreso y, en todo caso, expresando
claramente su finalidad y duración.

Ningún Estado podrá establecer impuestos o cargas que pueden interferir con las estipulaciones
de tratados celebrados por los Estados Unidos reunidos en Congreso con un Rey, Príncipe o Estado, de
conformidad con tratados ya propuestos por el Congreso a las Cortes de Francia y España.

Ningún Estado podrá mantener buques de guerra en tiempos de paz, excepto el número de los
mismos que el Congreso de los Estados Unidos determine como necesario para la defensa de tal Estado
o de su comercio; tampoco podrán los Estados mantener ejércitos en tiempos de paz salvo el
contingente que el Congreso de los Estados Unidos juzgue que se requiere para la defensa de dicho
Estado; sin embargo, todos los Estados podrán en cualquier momento mantener una milicia bien
reglada y disciplinada, suficientemente armada y equipada, así como proveer y tener listo para uso en
almacenes públicos, un número suficiente de piezas de campo y tiendas, una cantidad apropiada de
armas, munición y equipamiento.

Ningún Estado entablará una guerra sin el consentimiento de los Estados Unidos reunidos en
Congreso, a menos que dicho Estado sea efectivamente invadido por enemigos o tenga certeza de la
resolución de alguna nación de Indios de invadirlo y el peligro resulte tan inminente que no admita la
demora de esperar hasta que pueda consultarse al Congreso de los Estados Unidos; ningún Estado
otorgará comisiones a ningún barco o buque de guerra, ni patentes de corso o cartas de represalia, salvo
después de que los Estados Unidos reunidos en Congreso hayan declarado la guerra y, aún en este caso,
podrán hacerlo exclusivamente contra el Reino o Estado y sus súbditos contra quienes se haya
declarado la guerra, y conforme a la regulación que estipule el Congreso de los Estados Unidos, a menos
que el Estado referido se halle infectado de piratas, en cuyo caso los buques de guerra pueden equiparse
convenientemente para tal ocasión y mantenerse en tanto dure el peligro o hasta que los Estados
Unidos, a través del Congreso, determinen otra cosa.

Artículo VII

Cuando un Estado movilice ejércitos de tierra para afrontar una defensa común, todos los
oficiales con el rango de coronel o inferior habrán de ser designados por el Legislativo del Estado que
haya procedido a su levantamiento, o bien de la forma que determine dicho Estado, y todas las vacantes
se suplirán por el mismo Estado que designó a los vacantes.

Artículo VIII

Todas las cargas de la guerra y demás gastos que se originen en la defensa común para el
bienestar general y que se hayan admitido por el Congreso de los Estados Unidos, se costearán a cargo
del Tesoro Común, mantenido por los Estados en proporción al valor de su territorio, edificios y cultivos
en ellos establecidos, determinando dicho valor aquellas personas que designe periódicamente el
Congreso y conforme a los criterios que el mismo establezca. Los impuestos para pagar esta parte
proporcional se establecerán y recaudarán por la autoridad y dirección de los Legislativos de los
diferentes Estados en el plazo que haya determinado el Congreso de los Estados Unidos.

Artículo IX

Los Estados Unidos, reunidos en Congreso, tendrán en exclusividad el derecho y poder de
declarar la paz y la guerra, excepto en los casos mencionados en el artículo sexto; de enviar y recibir
embajadores; de celebrar tratados y alianzas, estableciéndose que no podrán celebrarse tratados de
comercio por los cuales se impida al Poder Legislativo de los respectivos Estados exigir a los extranjeros
los mismos impuestos y cargas a los que están sometidos sus habitantes, o bien tratados que prohíban la
exportación o importación de cualquier tipo de bienes o mercancías; de establecer reglas para
determinar qué capturas en tierra y mar son legales, y de qué manera se dividirán los tesoros
capturados por las fuerzas terrestres o navales al servicio de los Estados Unidos; de emitir patentes de
corso o cartas de represalia en tiempos de paz; de designar tribunales para el enjuiciamiento de actos de
piratería y felonía cometidos en alta mar, así como establecer tribunales para admitir y resolver en
última instancia apelaciones en todos los casos de capturas, no pudiendo designarse para tales
tribunales a ningún miembro del Congreso.

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Los Estados Unidos, reunidos en Congreso, serán también la última instancia de apelación en
todas las disputas y diferencias que en el presente o futuro se susciten entre dos o más Estados en
relación con sus fronteras, jurisdicción o cualquier otro asunto; esta autoridad se ejercerá siempre de la
forma que sigue. Cuando el Legislativo, la autoridad ejecutiva o el representante legal del Estado en
controversia con otro presente una petición al Congreso, declarando el asunto controvertido y
solicitando ser oído, el Congreso ordenará que se ponga en conocimiento del Legislativo o autoridad
ejecutiva del otro Estado en conflicto, y señalará día para que comparezcan las partes a través de sus
representantes legales, a quienes se les solicitará que se pongan de acuerdo en la elección de los
comisionados o jueces que han de constituir el tribunal competente para oírlos y decidir la cuestión;
pero si no llegasen a un acuerdo, el Congreso designará tres personas de cada uno de los Estados
Unidos, y de la lista resultante cada parte, comenzando por los peticionarios, marcará un nombre de
forma alternativa, hasta que el número se reduzca a trece; y de este número el Congreso determinará un
número no menor de siete ni mayor de nueve, que será elegido por sorteo en su presencia; las personas
que hayan resultado elegidas por tal procedimiento, o cinco de las mismas, actuarán como
comisionados o jueces, para oír y finalmente decidir la controversia; si cualquiera de las partes se
negase a comparecer en el día señalado sin exponer un motivo que el Congreso estime suficiente, o si,
hallándose presente, rehusase a la designación, el Congreso procederá a nombrar tres personas de cada
Estado, y el Secretario del Congreso marcará los nombres en lugar de la parte ausente o que hubiese
rehusado; y el fallo y sentencia dictados por el tribunal elegido de la manera antedicha tendrán carácter
final y conclusivo; si cualquiera de las partes rehusase someterse a la autoridad del citado tribunal o a
comparecer para defender su reclamación o causa, el tribunal procederá, ello no obstante, a dictar
sentencia o fallo, que tendrá de igual manera carácter final y decisivo, y que se remitirá, junto con las
restantes actuaciones al Congreso, y se archivarán entre los actos del Congreso para seguridad de las
partes en conflicto; se establece, por otra parte, que cada juez, antes de ocupar su cargo en el proceso,
deberá prestar juramento ante uno de los jueces del Tribunal Supremo o Superior del Estado donde se
sustancie la causa, y cuyo tenor será el siguiente: “Enjuiciaré y decidiré la causa de forma correcta y
verdadera, empleando para ello todo mi mejor juicio, sin parcialidad, favoritismo y sin atender a
recompensas”; se establece, además, que no podrá privarse a ningún Estado de territorio en beneficio
de los Estados Unidos.

Todas las controversias relativas al derecho privado de propiedad de la tierra que se funden en
distintos títulos de concesión otorgados por dos o más Estados, cuyas jurisdicciones puedan respetar
tales tierras, así como las controversias relativas a los Estados que hubiesen concedido tales títulos,
afirmándose al mismo tiempo que las mencionadas cesiones o una de ellas han originado un
antecedente para tal establecimiento de jurisdicción, serán finalmente resueltas, a petición de cualquier
parte al Congreso de los Estados Unidos, tan pronto como sea posible, del mismo modo en que se ha
prescrito anteriormente para decidir conflictos acerca de la jurisdicción territorial entre distintos
Estados.

Los Estados Unidos reunidos en Congreso tendrán también el derecho y poder exclusivo de
regular la aleación y valor de la moneda acuñada por su propia autoridad, o por la de los respectivos
Estados; de fijar los pesos y medidas iguales para todos los Estados Unidos; de regular el comercio y
dirección de todos los asuntos con los Indios que no sean miembros de cualquiera de los Estados,
estableciéndose en todo caso que el derecho del Legislativo de cada Estado dentro de sus fronteras no
puede infringirse o violarse; de establecer y regular las oficinas postales de todos los Estados Unidos, y
de exigir el franqueo de los documentos que circulen entre los mismos, como requisito para sufragar los
gastos de la citada oficina; de designar todos los oficiales de los ejércitos de tierra al servicio de los
Estados Unidos, con excepción de los oficiales de regimiento; de designar todos los oficiales de la
marina y de nombrar a todos los oficiales al servicio de los Estados Unidos; de dictar las reglas para el
gobierno y regulación de los citados ejércitos terrestres y de la marina, así como dirigir sus operaciones.

El Congreso de los Estados Unidos tendrán la autoridad para designar un comité que desempeñe
sus funciones fuera del período de sesiones del Congreso y que se denominará “Comité de los
Estados”, formando parte del mismo un delegado de cada Estado; para designar otros comités y
funcionarios civiles que puedan resultar necesarios para gestionar los asuntos generales de los Estados
Unidos; para elegir a uno de sus miembros a fin de asumir la presidencia, si bien nadie podrá
desempeñar el cargo de presidente por más de un año en el término de tres; para comprobar las sumas
de dinero que deben asignarse para el funcionariado de los Estados Unidos, y para asignar y aplicar las
mismas a la cobertura de los gastos públicos; para solicitar préstamos de dinero, emitir títulos de
crédito, transfiriendo cada medio año a los respectivos Estados una suma de dinero del dinero así
obtenido; para constituir y equipar una marina; para acordar el número de fuerzas terrestres y para
requerir a cada Estado que contribuya con la cuota que tiene asignada en proporción al número de

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habitantes blancos del mismo; esta requisición se llevará a cabo, e inmediatamente después el
Legislativo de cada Estado elegirá a los oficiales de regimiento, procederá a reclutar soldados,
uniformarlos, armarlos y equiparlos con cargo a los Estados Unidos, y los oficiales y soldados así
equipados se enviarán al lugar y en el momento que hubiese designado el Congreso de los Estados
Unidos. Pero si dicho Congreso, en atención a las circunstancias, consideran oportuno que un Estado no
reclute hombres o que los reclute en número inferior a su cuota, en tanto que otro Estado deba elevar el
número de reclutas que le corresponde, esta cuota extra se reclutará y equipará de idéntica forma que el
número que le debiera corresponder a dicho Estado, a menos que el Legislativo del mismo considere
que con toda seguridad no puede aportar ese número extra, en cuyo caso aportará el que juzgue que
puede proporcionar. Los oficiales y soldados así equipados acudirán al lugar y en el momento que haya
determinado el Congreso.

El Congreso de los Estados Unidos no podrá en ningún caso librar una guerra, conceder patentes
de corso o cartas de represalia en tiempos de paz, ni celebrar tratados o alianzas, acuñar dinero, regular
su valor, examinar las cantidades y gastos necesarios para la defensa y bienestar de los Estados Unidos
o alguno de sus Estados, ni emitir títulos o solicitar dinero con cargo al crédito de los Estados Unidos,
designar dinero o determinar el número de buques de guerra que hayan de construirse o adquirirse, o
elevar el número de fuerzas terrestres, ni designar un comandante en jefe de la armada o marina, a
menos que nueve Estados consientan en ello; tampoco podrá decidir ninguna otra cuestión sin el
concurso de los votos de la mayoría del Congreso, excepto para suspender las sesiones hasta un día
determinado.

El Congreso de los Estados Unidos podrá reunirse en cualquier momento del año y en cualquier
lugar de los Estados Unidos, y el período de sus sesiones no durará más de seis meses, publicándose
mensualmente el Diario de sus actuaciones, excepción hecha de las partes relativas a tratados, alianzas
u operaciones militares que a su juicio requieran secreto; y los votos nominales de los delegados de cada
Estado en cualquier cuestión que se suscite habrán de figurar en el Diario cuando así lo solicite
cualquier delegado; y a requerimiento de cualquier delegado de un Estado habrá de proporcionársele
transcripción del mencionado Diario, salvo de las partes arriba exceptuadas, para remitirlo a los
Legislativos de los diferentes Estados.

Artículo X

No hallándose reunido el Congreso, el Comité de los Estados, o nueve de sus miembros, están
autorizados para ejecutar aquellos poderes del Congreso de los Estados que éste le otorgue mediante el
consentimiento de nueve Estados; queda establecido que no podrá delegarse al citado Comité ningún
poder para cuyo ejercicio los Artículos de la Confederación exijan la aquiescencia de nueve Estados
reunidos en el Congreso.

Artículo XI

El acceso de Canadá a esta Confederación y su unión a las medidas adoptadas por los Estados
Unidos se aceptará, disfrutando de todas las ventajas de esta unión; pero no se admitirá ninguna otra
colonia a menos que lo aprueben nueve Estados.

Artículo XII

Todos los títulos de crédito emitidos, dinero solicitado y deudas contraídas por el Congreso o bajo
su autoridad, antes de la reunión de los Estados Unidos en el logro de la presente Confederación, se
asumirán y considerarán como cargas de los Estados Unidos, correspondiéndoles a los mismos su pago
y satisfacción, quedando la fe pública comprometida en este documento.

Artículo XIII

Cada Estado habrá de acatar las resoluciones del Congreso de los Estados Unidos en todas
aquellas cuestiones que sean competencia de la Confederación. Y los Artículos de esta Confederación
serán observados de forma inviolable por todos los Estados, siendo su unión perpetua; tampoco cabrá
alteración alguna en tiempos sucesivos, a menos que convengan en la misma en un Congreso de los
Estados Unidos y la decisión sea posteriormente ratificada por los Legislativos de cada Estado.

10
TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

Y Considerando que el Gran Gobernador del Mundo ha tenido a bien inclinar los corazones de los
Legislativos que representamos en el Congreso a aprobar y autorizarnos a ratificar los mencionados
Artículos de Confederación y unión perpetua. Sabed que los abajo firmantes, en virtud del poder y
autoridad que se nos ha concedido para tal propósito, por la presente ratificamos y confirmamos
enteramente en nombre de nuestros respetivos constituyentes cada uno de los citados Artículos de
Confederación y unión perpetua, y todas y cada una de las materias y cuestiones que contiene. Y damos
testimonio solemne y comprometemos la fe de nuestros respectivos constituyentes, de que acatarán
todas las determinaciones que resuelva el Congreso en materias de su competencia. Y que estos
Artículos serán inviolablemente observados por los Estados que representamos, y que la unión tendrá
un carácter perpetuo. En testimonio de todo ello hemos plasmado nuestras firmas en la presente.

Hecho en Filadelfia en el Estado de Pensilvania en el Noveno Día de Julio en el Año de Nuestro Señor de
Mil Setecientos Setenta y Ocho, y en el tercer año de la Independencia de América.

CONSTITUCIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA
17 de septiembre de 1787

NOSOTROS, el Pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer
Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general y
asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, estatuimos y
sancionamos esta CONSTITUCION para los Estados Unidos de América.

ARTICULO UNO

Primera Sección

Todos los poderes legislativos otorgados en la presente Constitución corresponderán a un Congreso de
los Estados Unidos, que se compondrá de un Senado y una Cámara de Representantes.

11
TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

Segunda Sección

1. La Cámara de Representantes estará formada por miembros elegidos cada dos años por los
habitantes de los diversos Estados, y los electores deberán poseer en cada Estado las condiciones
requeridas para los electores de la rama mas numerosa de la legislatura local.

2. No será representante ninguna persona que no haya cumplido 25 años de edad y sido ciudadano de
los Estados Unidos durante siete años, y que no sea habitante del Estado en el cual se le designe, al
tiempo de la elección.

3. (Los representantes y los impuestos directos se prorratearán entre los distintos Estados que formen
parte de esta Unión, de acuerdo con su población respectiva, la cual se determinará sumando al número
total de personas libres, inclusive las obligadas a prestar servicios durante cierto término de años y
excluyendo a los indios no sujetos al pago de contribuciones, las tres quintas partes de todas las
personas restantes). El recuento deberá hacerse efectivamente dentro de los tres años siguientes a la
primera sesión del Congreso de los Estados Unidos y en lo sucesivo cada 10 años, en la forma que dicho
cuerpo disponga por medio de una ley. El número de representantes no excederá de uno por cada 30
mil habitantes con tal que cada Estado cuente con un representante cuando menos; y hasta que se
efectúe dicho recuento, el Estado de Nueva Hampshire tendrá derecho a elegir tres; Massachusetts,
ocho; Rhode Island y las Plantaciones de Providence, uno; Connecticut, cinco; Nueva York, seis; Nueva
Jersey, cuatro; Pennsylvania, ocho; Delaware, uno; Maryland seis; Virginia, diez; Carolina del Norte,
cinco; Carolina del Sur, cinco y Georgia, tres.

4. Cuando ocurran vacantes en la representación de cualquier Estado, la autoridad ejecutiva del mismo
expedirá un decreto en que se convocará a elecciones con el objeto de llenarlas.

5. La Cámara de Representantes elegirá su presidente y demás funcionarios y será la única facultada
para declarar que hay lugar a proceder en los casos de responsabilidades oficiales.

Tercera Sección

1. El Senado de los EE.UU. se compondrá de dos Senadores por cada Estado, elegidos por seis años
por la legislatura del mismo, y cada Senador dispondrá de un voto.

2. Tan pronto como se hayan reunido a virtud de la elección inicial, se dividirán en tres grupos tan
iguales como sea posible. Las actas de los senadores del primer grupo quedarán vacantes al terminar el
segundo año; las del segundo grupo, al expirar el cuarto año y las del tercer grupo, al concluir el sexto
año, de tal manera que sea factible elegir una tercera parte cada dos años, y si ocurren vacantes, por
renuncia u otra causa, durante el receso de la legislatura de algún Estado, el Ejecutivo de éste podrá
hacer designaciones provisionales hasta el siguiente período de sesiones de la legislatura, la que
procederá a cubrir dichas vacantes.

3. No será senador ninguna persona que no haya cumplido 30 años de edad y sido ciudadano de los
Estados Unidos durante nueve años y que, al tiempo de la elección, no sea habitante del Estado por
parte del cual fue designado.

4. El Vicepresidente de los EE.UU. será presidente del Senado, pero no tendrá voto sino en el caso de
empate.

5. El Senado elegirá a sus demás funcionarios, así como un presidente pro tempore, que fungirá en
ausencia del Vicepresidente o cuando éste se halle desempeñando la presidencia de los Estados Unidos.

6. El Senado poseerá derecho exclusivo de juzgar sobre todas las acusaciones por responsabilidades
oficiales. Cuando se reúna con este objeto, sus miembros deberán prestar un juramento o protesta.
Cuando se juzgue al Presidente de los EE.UU deberá presidir el del Tribunal Supremo. Y a ninguna
persona se le condenará si no concurre el voto de dos tercios de los miembros presentes.

7. En los casos de responsabilidades oficiales, el alcance de la sentencia no irá más allá de la destitución
del cargo y la inhabilitación para ocupar y disfrutar cualquier empleo honorífico, de confianza o
remunerado, de los Estados Unidos; pero el individuo condenado quedará sujeto, no obstante, a que se
le acuse, enjuicie, juzgue y castigue con arreglo a derecho.

12
TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

Cuarta Sección

1. Los lugares, épocas y modo de celebrar las elecciones para senadores y representantes se prescribirán
en cada Estado por la legislatura respectiva pero el Congreso podrá formular o alterar las reglas de
referencia en cualquier tiempo por medio de una ley, excepto en lo tocante a los lugares de elección de
los senadores.

2. El Congreso se reunirá una vez al año, y esta reunión será el primer lunes de diciembre, a no ser que
por ley se fije otro día.

Quinta Sección

1. Cada Cámara calificará las elecciones, los informes sobre escrutinios y la capacidad legal de sus
respectivos miembros, y una mayoría de cada una constituirá el quórum necesario para deliberar; pero
un número menor puede suspender las sesiones de un día para otro y estará autorizado para compeler a
los miembros ausentes a que asistan, del modo y bajo las penas que determine cada Cámara.

2. Cada Cámara puede elaborar su reglamento interior, castigar a sus miembros cuando se conduzcan
indebidamente y expulsarlos de su seno con el asentimiento de las dos terceras partes.

3. Cada Cámara llevará un diario de sus sesiones y lo publicará de tiempo en tiempo a excepción de
aquellas partes que a su juicio exijan reserva, y los votos afirmativos y negativos de sus miembros con
respecto a cualquier cuestión se harán constar en el diario, a petición de la quinta parte de los presentes.

4. Durante el período de sesiones del Congreso ninguna de las Cámaras puede suspenderlas por mas de
tres días ni acordar que se celebrarán en lugar diverso de aquel en que se reúnen ambas Cámaras sin el
consentimiento de la otra.

Sexta Sección

1. Los senadores y representantes recibirán por sus servicios una remuneración que será fijada por la ley
y pagada por el tesoro de los EE.UU. En todos los casos, exceptuando los de traición, delito grave y
perturbación del orden publico, gozarán del privilegio de no ser arrestados durante el tiempo que
asistan a las sesiones de sus respectivas Cámaras, así como al ir a ellas o regresar de las mismas, y no
podrán ser objeto en ningún otro sitio de inquisición alguna con motivo de cualquier discusión o debate
en una de las Cámaras.

2. A ningún senador ni representante se le nombrará, durante el tiempo por el cual haya sido elegido,
para ocupar cualquier empleo civil que dependa de los Estados Unidos, que haya sido creado o cuyos
emolumentos hayan sido aumentados durante dicho tiempo, y ninguna persona que ocupe un cargo de
los Estados Unidos podrá formar parte de las Cámaras mientras continúe en funciones.

Séptima Sección

1. Todo proyecto de ley que tenga por objeto la obtención de ingresos deberá proceder primeramente de
la Cámara de Representantes; pero el Senado podrá proponer reformas o convenir en ellas de la misma
manera que tratándose de otros proyectos.

2. Todo proyecto aprobado por la Cámara de Representantes y el Senado se presentará al Presidente de
los Estados Unidos antes de que se convierta en ley; si lo aprobare lo firmará; en caso contrario lo
devolverá, junto con sus objeciones, a la Cámara de su origen, la que insertará integras las objeciones en
su diario y procederá a reconsiderarlo. Si después de dicho nuevo examen las dos terceras partes de esa
Cámara se pusieren de acuerdo en aprobar el proyecto, se remitirá, acompañado de las objeciones, a la
otra Cámara, por la cual será estudiado también nuevamente y, si lo aprobaren los dos tercios de dicha
Cámara, se convertirá en ley. Pero en todos los casos de que se habla, la votación de ambas Cámaras
será nominal y los nombres de las personas que voten en pro o en contra del proyecto se asentarán en el
diario de la Cámara que corresponda. Si algún proyecto no fuera devuelto por el Presidente dentro de 10
días (descontando los domingos) después de haberle sido presentado, se convertirá en ley, de la misma
manera que si lo hubiera firmado, a menos de que al suspender el Congreso sus sesiones impidiera su
devolución, en cuyo caso no será ley.

13
TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

3. Toda orden, resolución o votación para la cual sea necesaria la concurrencia del Senado y la Cámara
de Representantes (salvo en materia de suspensión de las sesiones), se presentará al Presidente de los
Estados Unidos y no tendrá efecto antes de ser aprobada por el o de ser aprobada nuevamente por dos
tercios del Senado y de la Cámara de Representantes, en el caso de que la rechazare, de conformidad
con las reglas y limitaciones prescritas en el caso de un proyecto de ley.

Octava Sección

El Congreso tendrá facultad:

1. Para establecer y recaudar contribuciones, impuestos, derechos y consumos; para pagar las
deudas y proveer a la defensa común y bienestar general de los Estados Unidos; pero todos los
derechos, impuestos y consumos serán uniformes en todos los Estados Unidos.

2. Para contraer empréstitos a cargo de créditos de los Estados Unidos.

3. Para reglamentar el comercio con las naciones extranjeras, entre los diferentes Estados y con
las tribus indias.

4. Para establecer un régimen uniforme de naturalización y leyes uniformes en materia de
quiebra en todos los Estados Unidos.

5. Para acuñar monedas y determinar su valor, así como el de la moneda extranjera. Fijar los
patrones de las pesas y medidas.

6. Para proveer lo necesario al castigo de quienes falsifiquen los títulos y la moneda corriente de
los Estados Unidos.

7. Para establecer oficinas de correos y caminos de posta.

8. Para fomentar el progreso de la ciencia y las artes útiles, asegurando a los autores e
inventores, por un tiempo limitado, el derecho exclusivo sobre sus respectivos escritos y
descubrimientos.

9. Para crear tribunales inferiores al Tribunal Supremo.

10. Para definir y castigar la piratería y otros delitos graves cometidos en alta mar y violaciones
al derecho internacional.

11. Para declarar la guerra, otorgar patentes de corso y represalias y para dictar reglas con
relación a las presas de mar y tierra.

12. Para reclutar y sostener ejércitos, pero ninguna autorización presupuestaria de fondos que
tengan ese destino será por un plazo superior a dos años.

13. Para habilitar y mantener una armada.

14. Para dictar reglas para el gobierno y ordenanza de las fuerzas navales y terrestres.

15. Para disponer cuando debe convocarse a la milicia nacional con el fin de hacer cumplir las
leyes de la Unión, sofocar las insurrecciones y rechazar las invasiones.

16. Para proveer lo necesario para organizar, armar y disciplinar a la milicia nacional y para
gobernar aquella parte de esta que se utilice en servicio de los Estados Unidos; reservándose a
los Estados correspondientes el nombramiento de los oficiales y la facultad de instruir conforme
a la disciplina prescrita por el Congreso.

17. Para legislar en forma exclusiva en todo lo referente al Distrito (que no podrá ser mayor que
un cuadrado de 10 millas por lado) que se convierta en sede del gobierno de los Estados Unidos,
como consecuencia de la cesión de algunos Estados en que se encuentren situados, para la
construcción de fuertes, almacenes, arsenales, astilleros y otros edificios necesarios.

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TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

18. Para expedir todas las leyes que sean necesarias y convenientes para llevar a efecto los
poderes anteriores y todos los demás que esta Constitución confiere al gobierno de los Estados
Unidos o cualquiera de sus departamentos o funcionarios.

Novena Sección

1. El Congreso no podrá prohibir antes del año de mil ochocientos ocho la inmigración o
importación de las personas que cualquiera de los Estados ahora existentes estime oportuno admitir,
pero puede imponer sobre dicha importación una contribución o derecho que no pase de 10 dólares por
cada persona.

2. El privilegio del habeas corpus no se suspenderá, salvo cuando la seguridad pública lo exija en los
casos de rebelión o invasión.

3. No se aplicarán decretos de proscripción ni leyes ex post facto.

4. No se establecerá ningún impuesto directo ni de capitación, como no sea proporcionalmente al censo
o recuento que antes se ordeno practicar.

5. Ningún impuesto o derecho se establecerá sobre los artículos que se exporten de cualquier Estado.

6. Los puertos de un Estado no gozarán de preferencia sobre los de ningún otro a virtud de
reglamentación alguna mercantil o fiscal; tampoco las embarcaciones que se dirijan a un Estado o
procedan de él estarán obligadas a ingresar por algún otro, despachar en el sus documentos o cubrirle
derechos.

7. Ninguna cantidad podrá extraerse del tesoro si no es como consecuencia de asignaciones autorizadas
por la ley, y de tiempo en tiempo deberá publicarse un estado y cuenta ordenados de los ingresos y
gastos del tesoro.

8. Los Estados Unidos no concederán ningún título de nobleza y ninguna persona que ocupe un empleo
remunerado u honorífico que dependa de ellos aceptará ningún regalo, emolumento, empleo o título,
sea de la clase que fuere, de cualquier monarca, príncipe o Estado extranjero, sin consentimiento del
Congreso.

Décima Sección

1. Ningún Estado celebrará tratado, alianza o confederación algunos; otorgará patentes de corso y
represalias; acuñará moneda, emitirá papel moneda, legalizará cualquier cosa que no sea la moneda de
oro y plata como medio de pago de las deudas; aprobará decretos por los que se castigue a determinadas
personas sin que preceda juicio ante los tribunales, leyes ex post facto o leyes que menoscaben las
obligaciones que derivan de los contratos, ni concederá título alguno de nobleza.

2. Sin el consentimiento del Congreso ningún Estado podrá imponer derechos sobre los artículos
importados o exportados, cumplir sus leyes de inspección, y el producto neto de todos los derechos e
impuestos que establezcan los Estados sobre las importaciones y exportaciones se aplicará en provecho
del tesoro de los Estados Unidos; y todas las leyes de que se trata estarán sujetas a la revisión y
vigilancia del Congreso.

3. Sin dicho consentimiento del Congreso ningún Estado podrá establecer derechos de tonelaje,
mantener tropas o navíos de guerra en tiempo de paz, celebrar convenio o pacto alguno con otro Estado
o con una potencia extranjera, o hacer la guerra, a menos de ser invadido realmente o de hallarse en
peligro tan inminente que no admita demora.

ARTICULO DOS

Primera Sección

1. Se deposita el poder ejecutivo en un Presidente de los Estados Unidos. Desempeñara su
encargo durante un término de cuatro años y, juntamente con el Vicepresidente designado para el
mismo período, será elegido como sigue:

15
TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

2. Cada Estado nombrará, del modo que su legislatura disponga, un número de electores igual al
total de los senadores y representantes a que el Estado tenga derecho en el Congreso, pero ningún
senador, ni representante, ni persona que ocupe un empleo honorífico o remunerado de los Estados
Unidos podrá ser designado como elector.

3. El Congreso podrá fijar la época de designación de los electores, así como el día en que deberán emitir
sus votos, el cual deberá ser el mismo en todos los Estados Unidos.

4. Solo las personas que sean ciudadanos por nacimiento o que hayan sido ciudadanos de los Estados
Unidos al tiempo de adoptarse esta Constitución, serán elegibles para el cargo de Presidente; tampoco
será elegible una persona que no haya cumplido 35 años de edad y que no haya residido 14 años en los
Estados Unidos.

5. En caso de que el Presidente sea separado de su puesto, de que muera, renuncie o se incapacite para
dar cumplimiento a los poderes y deberes del referido cargo, este pasará al Vicepresidente y el Congreso
podrá preveer por medio de una ley el caso de separación, muerte, renuncia o incapacidad, tanto del
Presidente como del Vicepresidente, y declarar que funcionario fungirá como Presidente hasta que
desaparezca la causa de incapacidad o se elija un Presidente.

6. El Presidente recibirá una remuneración por sus servicios, en las épocas que se determinarán, la cual
no podrá ser aumentada ni disminuida durante el período para el cual haya sido designado y no podrá
recibir durante ese tiempo ningún otro emolumento de parte de los Estados Unidos o de cualquiera de
estos.

7. Antes de entrar a desempeñar su cargo prestará el siguiente juramento o protesta: "Juro (o prometo)
solemnemente que desempeñaré legalmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos y que
sostendré, protegeré y defenderé la Constitución de los Estados Unidos, empleando en ello el máximo
de mis facultades".

Segunda Sección

1. El Presidente será comandante en jefe del ejército y la marina de los Estados Unidos y de la
milicia de los diversos Estados cuando se la llame al servicio activo de los Estados Unidos; podrá
solicitar la opinión por escrito del funcionario principal de cada uno de los departamentos
administrativos con relación a cualquier asunto que se relacione con los deberes de sus respectivos
empleos, y estará facultado para suspender la ejecución de las sentencias y para conceder
indultos tratándose de delitos contra los Estados Unidos, excepto en los casos de acusación por
responsabilidades oficiales.

2. Tendrá facultad, con el consejo y consentimiento del Senado, para celebrar tratados, con tal de que
den su anuencia dos tercios de los senadores presentes, y propondrá y, con el consejo y sentimiento del
Senado, nombrará a los embajadores, los demás ministros públicos y los cónsules, los magistrados
del Tribunal Supremo y a todos los demás funcionarios de los Estados Unidos a cuya designación no
provea este documento en otra forma y que hayan sido establecidos por ley. Pero el Congreso podrá
atribuir el nombramiento de los funcionarios inferiores que considere convenientes, por medio de una
ley, al Presidente solo, a los tribunales judiciales o a los jefes de los departamentos.

3. El Presidente tendrá el derecho de cubrir todas las vacantes que ocurran durante el receso del
Senado, extendiendo nombramientos provisionales que terminarán al final del siguiente período de
sesiones.

Tercera Sección

Periódicamente deberá proporcionar al Congreso informes sobre el estado de la Unión,
recomendando a su consideración las medidas que estime necesarias y oportunas; en ocasiones de
carácter extraordinario podrá convocar a ambas Cámaras o a cualquiera de ellas, y en el supuesto de que
discrepen en cuanto a la fecha en que deban entrar en receso, podrá suspender sus sesiones, fijándoles
para que las reanuden la fecha que considere conveniente; recibirá a los embajadores y otros ministros
públicos; cuidará de que las leyes se ejecuten puntualmente y extenderá los despachos de todos los
funcionarios de los Estados Unidos.

Cuarta Sección

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TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

El Presidente, el Vicepresidente y todos los funcionarios civiles de los Estados Unidos serán separados
de sus puestos al ser acusados y declarados culpables de traición, cohecho u otros delitos y faltas graves.

ARTICULO TRES

Primera Sección

1. Se depositará el poder judicial de los Estados Unidos en un Tribunal Supremo y en los tribunales
inferiores que el Congreso instituya y establezca en lo sucesivo. Los jueces, tanto del Tribunal Supremo
como de los inferiores, continuarán en sus funciones mientras observen buena conducta y recibirán en
períodos fijos, una remuneración por sus servicios que no será disminuida durante el tiempo de su
encargo.

Segunda Sección

1. El Poder Judicial entenderá en todas las controversias, tanto de derecho escrito como de equidad, que
surjan como consecuencia de esta Constitución, de las leyes de los Estados Unidos y de los tratados
celebrados o que se celebren bajo su autoridad; en todas las controversias que se relacionen con
embajadores, otros ministros públicos y cónsules; en todas las controversias de la jurisdicción de
almirantazgo y marítima; en las controversias en que sean parte los Estados Unidos; en las
controversias entre dos o mas Estados, entre un Estado y los ciudadanos de otro, entre ciudadanos de
Estados diferentes, entre ciudadanos del mismo Estado que reclamen tierras en virtud de concesiones
de diferentes Estados y entre un Estado o los ciudadanos del mismo y Estados, ciudadanos o súbditas
extranjeros.

2. En todos los casos relativos a embajadores, otros ministros públicos y cónsules, así como en aquellos
en que sea parte un Estado, el Tribunal Supremo poseerá jurisdicción en única instancia. En todos los
demás casos que antes se mencionaron el Tribunal Supremo conocerá en apelación, tanto del derecho
como de los hechos, con las excepciones y con arreglo a la reglamentación que formule el Congreso.

3. Todos los delitos serán juzgados por medio de un jurado excepto en los casos de acusación por
responsabilidades oficiales, y el juicio de que se habla tendrá lugar en el Estado en que el delito se haya
cometido; pero cuando no se haya cometido dentro de los límites de ningún Estado, el juicio se
celebrará en el lugar o lugares que el Congreso haya dispuesto por medio de una ley.

Tercera Sección

La traición contra los Estados Unidos sólo consistirá en hacer la guerra en su contra o en unirse a sus
enemigos, impartiéndoles ayuda y protección. A ninguna persona se le condenará por traición si no es
sobre la base de la declaración de los testigos que hayan presenciado el mismo acto perpetrado
abiertamente o de una confesión en sesión pública de un tribunal.

2. El Congreso estará facultado para fijar la pena que corresponda a la traición; pero ninguna sentencia
por causa de traición podrá privar del derecho de heredar o de transmitir bienes por herencia, ni
producirá la confiscación de sus bienes más que en vida de la persona condenada.

ARTICULO CUARTO

Primera Sección

Se dará entera fe y crédito en cada Estado a los actos públicos, registros y procedimientos judiciales de
todos los demás. Y el Congreso podrá prescribir, mediante leyes generales, la forma en que dichos actos,
registros y procedimientos se probarán y el efecto que producirán.

Segunda Sección

1. Los ciudadanos de cada Estado tendrán derecho en los demás a todos los privilegios e inmunidades de
los ciudadanos de estos.

2. La persona acusada en cualquier Estado por traición, delito grave u otro crimen, que huya de la
justicia y fuere hallada en otro Estado, será entregada, al solicitarlo así la autoridad ejecutiva del Estado

17
TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

del que se haya fugado, con el objeto de que sea conducida al Estado que posea jurisdicción sobre el
delito.

3. Las personas obligadas a servir o laborar en un Estado, con arreglo a las leyes de éste,
que escapen a otros, no quedarán liberadas de dichos servicios o trabajo a consecuencia
de cualesquiera leyes o reglamentos del segundo, sino que serán entregadas al
reclamarlo la parte interesada a quien se deba tal servicio o trabajo.

Tercera Sección

1. El Congreso podrá admitir nuevos Estados a la Unión, pero ningún nuevo Estado podrá formarse o
erigirse dentro de los límites de otro Estado, ni un Estado constituirse mediante la reunión de dos o más
Estados o partes de Estados, sin el consentimiento de las legislaturas de los Estados en cuestión, así
como del Congreso.

2. El Congreso tendrá facultad para ejecutar actos de disposición y para formular todos los reglamentos
y reglas que sean precisos con respecto a las tierras y otros bienes que pertenezcan a los Estados Unidos,
y nada de lo que esta Constitución contiene se interpretará en un sentido que cause perjuicio a los
derechos aducidos por los Estados Unidos o por cualquier Estado individual.

Cuarta Sección

Los Estados Unidos garantizarán a todo Estado comprendido en esta Unión una forma republicana de
gobierno y protegerán a cada uno en contra de invasiones, así como contra los disturbios internos,
cuando lo soliciten la legislatura o el ejecutivo (en caso de que no fuese posible reunir a la legislatura).

ARTICULO CINCO

Siempre que las dos terceras partes de ambas Cámaras lo juzguen necesario, el Congreso propondrá
enmiendas a esta Constitución, o bien, a solicitud de las legislaturas de los dos tercios de los
distintos Estados, convocará una convención con el objeto de que proponga enmiendas, las cuales, en
uno y otro caso, poseerán la misma validez que si fueran parte de esta Constitución, desde todos los
puntos de vista y para cualesquiera fines, una vez que hayan sido ratificadas por las legislaturas de las
tres cuartas partes de los Estados separadamente o por medio de convenciones reunidas en tres cuartos
de los mismos, según que el Congreso haya propuesto uno u otro modo de hacer la ratificación, y a
condición de que antes del año de mil ochocientos ocho no podrá hacerse ninguna enmienda que
modifique en cualquier forma las cláusulas primera y cuarta de la sección novena del artículo primero y
de que a ningún Estado se le privará, sin su consentimiento, de la igualdad de voto en el Senado.

ARTICULO SEIS

1. Todas las deudas contraídas y los compromisos adquiridos antes de la adopción de esta Constitución
serán tan válidos en contra de los Estados Unidos bajo el imperio de esta Constitución, como bajo el de
la Confederación.

2. Esta Constitución, y las leyes de los Estados Unidos que se expidan con arreglo a ella, y todos los
tratados celebrados o que se celebren bajo la autoridad de los Estados Unidos, serán la suprema ley del
país y los jueces de cada Estado estarán obligados a observarlos, a pesar de cualquier cosa en contrario
que se encuentre en la Constitución o las leyes de cualquier Estado.

3. Los Senadores y representantes ya mencionados, los miembros de las distintas legislaturas locales y
todos los funcionarios ejecutivos y judiciales, tanto de los Estados Unidos como de los diversos Estados,
se obligarán mediante juramento o promesa a sostener esta Constitución; pero nunca se exigirá una
declaración religiosa como condición para ocupar ningún empleo o mandato público de los Estados
Unidos.

ARTICULO SIETE

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TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

La ratificación por las convenciones de nueve Estados bastará para que esta Constitución entre en vigor
por lo que respecta a los Estados que la ratifiquen.

Dado en la convención, por consentimiento unánime de los Estados presentes, el día 17 de septiembre
del año de Nuestro Señor de mil setecientos ochenta y siete y duodécimo de la Independencia de los
Estados Unidos de América.

Fuente:
Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de EE.UU // U.S.
State Department's International Information Program
http://usinfo.state.gov/espanol/constes.htm

LAS DIEZ PRIMERAS ENMIENDAS
BILL OF RIGHTS
15 de diciembre de 1791

ENMIENDA I

El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba
practicarla libremente, o que coarte la libertad de palabra o de imprenta, o el derecho del pueblo para
reunirse pacíficamente y para pedir al gobierno la reparación de agrarios.

ENMIENDA II

Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el
derecho del pueblo a poseer y portar armas.

ENMIENDA III

En tiempo de paz a ningún militar se le alojará en casa alguna sin el consentimiento del propietario; ni
en tiempo de guerra, como no sea en la forma que prescriba la ley.

ENMIENDA IV

El derecho de los habitantes de que sus personas, domicilios, papeles y efectos se hallen a salvo de
pesquisas y aprehensiones arbitrarias, será inviolable, y no se expedirán al efecto mandamientos que no
se apoyen en un motivo verosímil, estén corroborados mediante juramento o protesta y describan con
particularidad el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o
embargadas.

ENMIENDA V

Nadie estará obligado a responder de un delito castigado con la pena capital o con otra infamante si un
gran jurado no lo denuncia o acusa, a excepción de los casos que se presenten en las fuerzas de mar o
tierra o en la milicia nacional cuando se encuentre en servicio efectivo en tiempo de guerra o peligro
público; tampoco se pondrá a persona alguna dos veces en peligro de perder la vida o algún miembro
con motivo del mismo delito; ni se le compeliera a declarar contra sí misma en ningún juicio criminal;
ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni se ocupará la
propiedad privada para uso público sin una justa indemnización.

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TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

ENMIENDA VI

En toda causa criminal, el acusado gozará del derecho de ser juzgado rápidamente y en público por un
jurado imparcial del distrito y Estado en que el delito se haya cometido, Distrito que deberá haber sido
determinado previamente por la ley; así como de que se le haga saber la naturaleza y causa de la
acusación, de que se le caree con los testigos que depongan en su contra, de que se obligue a comparecer
a los testigos que le favorezcan y de contar con la ayuda de un abogado que lo defienda.

ENMIENDA VII

El derecho a que se ventilen ante un jurado los juicios de derecho consuetudinario en que el valor que se
discuta exceda de veinte dólares, será garantizado, y ningún hecho de que haya conocido un jurado será
objeto de nuevo examen en tribunal alguno de los Estados Unidos, como no sea con arreglo a las
normas del derecho consuetudinario.

ENMIENDA VIII

No se exigirán fianzas excesivas, ni se impondrán multas excesivas, ni se infligirán penas crueles y
desusadas.

ENMIENDA IX

No por el hecho de que la Constitución enumera ciertos derechos ha de entenderse que niega o
menosprecia otros que retiene el pueblo.

ENMIENDA X

Los poderes que la Constitución no delega a los Estados Unidos ni prohíbe a los Estados, queda
reservados a los Estados respectivamente o al pueblo.

Fuente:
Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de EE.UU // U.S.
State Department's International Information Program
http://usinfo.state.gov/espanol/constes.htm

MARBURY vs. MADISON
24 de febrero de 1803

“En el último período, en Diciembre de 1801, William Marbury, Dennis Ramsay, Robert Townsend
Hooe, y William Harper, a través de su abogado… solicitaron de la Corte que requiriera a James
Madison, Secretario de Estado de los Estados Unidos, para que justificara porqué no debiera expedirse
un mandamiento ordenándole que remitiera a aquéllos sus respectivos nombramientos como jueces de
paz del Distrito de Columbia…

El 24 de febrero, el Magistrado Presidente expresó la siguiente opinion del Tribunal…

De acuerdo con el orden en que el Tribunal ha analizado este caso, se han suscitado y resuelto las
siguientes cuestiones.

Primera. ¿Tiene el demandante derecho al nombramiento que solicita?

Segunda. Si tiene ese derecho y el mismo ha sido violado, ¿le otorgan las leyes del país un remedio?.

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TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

Tercera. Si así es, ¿el remedio consistiría en un mandamiento que haya de expedir este Tribunal?

(En cuanto a la primera cuestión)… hay que entender que el Sr. Marbury había sido designado para el
cargo desde que su nombramiento fue firmado por el Presidente y sellado por el (antiguo) Secretario de
Estado; y como la ley que crea el cargo confiere el derecho a desempeñarlo durante cinco años, con
independencia del Poder Ejecutivo, el nombramiento no puede ser revocado…(y)…por tanto, la
retención de éste es un acto que la Corte estima no sólo no autorizado por la ley, sino además lesivo de
un derecho legalmente adquirido…

(En cuanto a la segunda cuestión) …la esencia misma de la libertad civil consiste en el derecho que tiene
cualquier individuo de demandar la protección de las leyes siempre que sufra un perjuicio… Una de las
primeras obligaciones del Estado es proveer esa protección… El Gobierno de los Estados Unidos ha sido
enfáticamente calificado como un gobierno de leyes y no de hombres. Y dejaría ciertamente de merecer
tan alto apelativo si las leyes no previesen remedios ante la lesión de derechos adquiridos.

Si esta circunstancia se diera en la jurisprudencia de nuestro país habría de justificarse por las
peculiares características del caso. Nos corresponde entonces indagar si hay en este caso algún
ingrediente que lo exima de investigaciones jurídicas o prive a la parte perjudicada de un remedio
legal… ¿Acaso el acto de remitir o retener el nombramiento deba ser considerado como de naturaleza
estrictamente política, de competencia exclusiva del Poder Ejecutivo, para cuya realización nuestra
Constitución deposite en éste una entera confianza, y si se produce un perjuicio el ciudadano que lo
padezca quede privado de reparación?. No cabe cuestionar que se puedan dar casos así, pero no hay
porque aceptar que siempre que recaiga un deber sobre alguno de los grandes departamentos del
Gobierno estemos ante uno de ellos…

…el problema de cuándo la legalidad de un acto realizado por el responsable de un departamento puede
o no ser examinada por un tribunal de justicia dependerá siempre de la naturaleza del propio acto…

…la conclusión… es que, cuando los responsables de los departamentos son agentes políticos o de
confianza del Ejecutivo, limitándose a ejecutar la voluntad del Presidente, o, en general, actuando en
casos en los que el Ejecutivo dispone constitucional o legalmente de un ámbito de discrecionalidad,
nada puede estar más claro que estos actos son sólo políticamente fiscalizables. Pero cuando la ley
establece un deber específico y existen derechos individuales que dependen del cumplimiento de ese
deber está igualmente claro que el ciudadano que se considere perjudicado tiene el derecho de apelar a
las leyes de su país en busca de una reparación…

(En cuanto a la tercera cuestión)…depende de, primero, la naturaleza de la resolución que se solicita, y,
segundo, de la jurisdicción de este tribunal.

La naturaleza de la resolución… Es verdad que el mandamiento (mandamus) que ahora se solicita no
tiene por objeto la realización de un acto expresamente contenido en la ley. Éste consiste en la entrega
de un nombramiento, sobre la cual las leyes del Congreso guardan silencio. (Pero) esta peculiaridad no
afecta a la solución del caso. Ya se ha concluido que el demandante tiene, en relación con ese
nombramiento, un derecho adquirido del que el Ejecutivo no puede privarle… La ley del Congreso,
ciertamente, no ordena al Secretario de Estado que lo envíe, pero si el nombramiento se pone en sus
manos es para que lo reciba quien tiene derecho a él, y aquél no puede retenerlo más legalmente que si
lo hiciera cualquier otra persona… Éste es, por tanto, un caso claro en el que procede el mandamiento…
y sólo queda por dilucidar… si puede ser expedido por este tribunal.

La ley que establece los tribunales de los Estados Unidos habilita a la Corte Suprema para “dirigir
mandamientos, en los casos en que proceda de acuerdo con los principios y costumbres del Derecho, a
cualquier tribunal nombrado, o a personas que ocupen un cargo, bajo la autoridad de los Estados
Unidos”.

El Secretario de Estado, siendo una persona que ostenta un cargo bajo la autoridad de los Estados
Unidos, se encuentra nítidamente incluido en la letra de la descripción legal, y si este Tribunal no está
legitimado para dirigirle una mandamiento ha de ser porque la ley es inconstitucional, y, en tal sentido,
absolutamente incapaz de conferir la autoridad y asignar los deberes que sus palabras pretenden
conferir y asignar, respectivamente.

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TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

La Constitución deposita la totalidad del poder judicial en una Corte Suprema y en tantos tribunales
inferiores como el Congreso ordene establecer a lo largo del tiempo…

A la hora de distribuir este poder se afirma que “la Corte Suprema poseerá jurisdicción originaria en
todos los casos que afecten a embajadores, otros dignatarios públicos y cónsules, y en los que algún
Estado sea parte. En todos los demás, la Corte Suprema ejercerá jurisdicción de apelación”.

Se ha sostenido durante el juicio que como la atribución constitucional de jurisdicción, a la Corte
Suprema y a las inferiores, es general, y la cláusula que asigna la jurisdicción originaria a la primera no
contiene términos negativos o restrictivos, el legislador mantendría la facultad de asignar dicha
jurisdicción a la Corte en otros casos además de los ya especificados en el artículo de referencia, siempre
que esos casos pertenezcan al Poder judicial de los Estados Unidos.

(Pero) Si se hubiera pretendido dejar a la discreción del legislador el reparto de la jurisdicción entre la
Corte Suprema y los tribunales inferiores habría sido sin duda innecesario ir más allá de definir el Poder
Judicial y los tribunales en los que éste habría de depositarse. La parte restante del artículo sería
superflua, carente de sentido, si tal fuera la interpretación procedente…

…No es posible presumir que una cláusula constitucional haya querido dejarse sin efecto; esa
interpretación resulta, por tanto, inadmisible salvo que las mismas palabras del texto la requieran…

…Entonces, para que este tribunal pueda expedir un mandamiento debe demostrarse que se está
ejerciendo jurisdicción de apelación…

…La característica esencial de la jurisdicción de apelación es que revisa y corrige los procedimientos de
una causa previamente creada, no crea la causa. Por ello, aunque cabe dirigir un mandamiento a los
tribunales, cuando éste se dirige a un funcionario público para que haga entrega de un documento es
realmente como si se planteara una acción originaria para obtenerlo, y, en este sentido, parece
pertenecer a este tipo de jurisdicción y no a la de apelación. No siendo necesario tampoco, en un caso
como éste, habilitar a la Corte para ejercer su jurisdicción de apelación.

Por tanto, la autoridad atribuida a la Corte Suprema, por la ley que establece los tribunales de justicia en
los Estados Unidos, para dirigir mandamientos a funcionarios públicos, no parece ser reconocida por la
Constitución, y se hace necesario indagar si es posible ejercer una jurisdicción así conferida.

La cuestión acerca de si una ley contraria a la Constitución puede convertirse en derecho aplicable en el
país es de un gran interés para los Estados Unidos, pero, afortunadamente, su grado de complejidad no
alcanza la medida de ese interés. Para resolverla sólo parece necesario reconocer determinados
principios que se supone bien arraigados.

Que el pueblo tiene un derecho originario a establecer, en aras a su futuro gobierno, aquellos principios
que mejor conduzcan a su felicidad es la base sobre la que se erige el edificio americano en su totalidad.
El ejercicio de este derecho originario comporta un esfuerzo muy grande, que no puede, ni debe,
repetirse con frecuencia. De ahí que los principios así establecidos se reputen fundamentales. Y como la
autoridad de la que proceden es suprema, y rara vez se exterioriza, están destinados a ser permanentes.

Esta voluntad originaria y suprema organiza el Gobierno, y distribuye funciones entre los diversos
departamentos. Puede detenerse aquí, o bien establecer, además, ciertos límites que no pueden ser
franqueados por esos departamentos.

El Gobierno de los Estados Unidos pertenece a esta segunda categoría. Las funciones del Poder
legislativo están definidas y limitadas, y para que esos límites no se confundan u olviden la Constitución
es escrita. ¿Qué sentido tendría limitar a los poderes, y cual que se haya hecho por escrito, si luego las
limitaciones pueden ser ignoradas en cualquier momento por aquellos a quienes se pretende
constreñir?… Resulta demasiado evidente como para ser cuestionado que, o bien la Constitución se
impone sobre cualquier disposición legislativa que le sea contraria, o bien el legislador puede cambiar la
Constitución mediante una ley ordinaria.

Entre estas alternativas no hay término medio. O la Constitución es una norma superior y suprema,
inalterable por medios ordinarios, o se encuentra al mismo nivel que las leyes ordinarias, y, como
cualesquiera de ellas, puede modificarse cuando al legislador le plazca.

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TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

Si la primera alternativa es verdadera, entonces una disposición legislativa contraria a la Constitución
no es derecho; si lo es la segunda, entonces las Constituciones escritas son absurdos intentos por parte
del pueblo de limitar un poder por su propia naturaleza ilimitable.

Ciertamente, aquéllos que han elaborado constituciones escritas las consideran como el derecho
fundamental y supremo de la nación, y, en consecuencia, la teoría propia de cualquier Estado de este
tipo ha de ser la de que las normas del legislativo contrarias a la Constitución son nulas.

Esta teoría está esencialmente vinculada a la idea de Constitución escrita y, por ello, el tribunal ha de
considerarla como uno de los principios fundamentales de nuestra sociedad. Y, consecuentemente, no
puede perderse de vista en el ulterior tratamiento del presente caso.

Si una ley contraria a la Constitución es nula, ¿vincula a los tribunales y les obliga a darle efectos a pesar
de su invalidez?. O, en otras palabras, aunque no sea derecho, ¿constituye una regla tan operativa como
si fuera propiamente una ley? Esto supondría arrumbar en la práctica lo que se estableció en la teoría y
parece, a primera vista, demasiado absurdo como para insistir en ello. La cuestión, sin embargo, va a ser
objeto de un análisis más detenido.

No cabe duda de que es competencia y deber del Poder Judicial decir qué es derecho. Aquellos que
aplican la norma a los casos concretos tienen, necesariamente, que explicar e interpretar esa norma. Si
dos leyes entran en conflicto, son los tribunales los que deben pronunciarse sobre la eficacia de cada
una de ellas.

Así, si una ley se opone a la Constitución, si tanto la ley como la Constitución son de aplicación a un
determinado caso, de modo que el tribunal ha de resolver ese caso conforme a la ley, desechando la
Constitución, o conforme a la Constitución, desechando la ley, el tribunal tendrá que determinar cual de
las dos normas en conflicto rige el caso. Esto forma parte de la esencia misma de la tarea de juzgar…
Por tanto, aquellos que discuten el principio de que la Constitución debe ser considerada, por los
tribunales, como la norma suprema, tienen necesariamente que admitir que éstos han de cerrar sus ojos
ante la Constitución y mirar sólo a la ley.

Esta doctrina subvertiría los fundamentos mismos de toda Constitución escrita. Supondría afirmar que
una ley enteramente nula de acuerdo con los principios y la teoría de nuestro Gobierno, es, sin embargo,
en la práctica, completamente obligatoria. Supondría afirmar que si el legislativo hace lo que está
expresamente prohibido, la ley resultante de ello sería en realidad, a pesar de la expresa prohibición,
eficaz. Se estaría atribuyendo al legislativo una omnipotencia real y práctica, al mismo tiempo que se
profesa restringir sus competencias dentro de estrechos límites. Sería tanto como establecer los límites
y declarar a la vez que se pueden saltar a placer.

El hecho de que así quedaría reducido a la nada lo que hemos considerado el mayor avance en el terreno
de las instituciones políticas, una Constitución escrita, debería ser suficiente en América, donde las
Constituciones escritas han sido vistas con tanta reverencia, para rechazar esta tesis. Pero, además, las
propias expresiones de la Constitución de los Estados Unidos proporcionan argumentos adicionales a
favor de tal rechazo.

El Poder judicial de los Estados Unidos alcanza a todos los casos que surjan al amparo de la
Constitución. ¿Pudo, acaso, haber sido intención de los que confirieron tal poder la de que al ejercerlo
no debería tomarse en cuenta el propio contenido de la Constitución? ¿Que un caso que surja al amparo
de la Constitución debería resolverse sin que ella misma sea examinada?

Esto es demasiado extravagante para que pueda sostenerse.

En algunos casos, por tanto, los jueces deben indagar el contenido de la Constitución…
…(Por ejemplo) en ella se proclama que “no podrán gravarse con ningún impuesto o carga los artículos
que se exporten desde cualquiera de los Estados”. Supongamos que se impone una tasa sobre la
exportación del algodón, o del tabaco, o de la harina, y se ejerce una acción judicial para recuperar lo
pagado. ¿Debe recaer un pronunciamiento judicial en tal caso? ¿Deben los jueces cerrar los ojos a la
Constitución y mirar sólo a la ley?.

La Constitución proclama que “no podrá aprobarse ninguna ley penal que imponga una condena
individual o que sea retroactiva”. Si, a pesar de ello, una ley como éstas se aprobase, y se procede contra

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TEXTOS REVOLUCION AMERICANA

alguien de conformidad con la misma, ¿debería el tribunal condenar a muerte a personas a las que la
Constitución se ha propuesto proteger?.

“Nadie podrá ser condenado por traición –dice la Constitución- si no es sobre la base del testimonio
prestado por al menos dos testigos en relación con el mismo hecho, o de una confesión pública realizada
ante el tribunal”.

En este caso, el lenguaje de la Constitución se dirige especialmente a los órganos judiciales. Ella
prescribe, directamente para éstos, una regla de prueba de la que no se pueden apartar. Si el legislador
modificara la regla en cuestión, estableciendo que un solo testigo o una confesión fuera del tribunal
fuesen suficientes para imponer la condena, ¿debería la norma constitucional ceder frente a la ley?.

De estos textos, y de otros muchos que se podrían seleccionar, se deduce que los redactores de la
Constitución contemplaron a ésta como una norma vinculante tanto para los jueces como para el
legislador…

…¿Por qué motivo juraría el juez desempeñar sus funciones de conformidad con la Constitución de los
Estados Unidos si luego ella no fuese una norma llamada a disciplinar efectivamente su actividad, si
hubiera de permanecer cerrada y no pudiese ser examinada por él?

Si éste fuera el estado real de las cosas sería algo peor que una solemne burla…

…Por otra parte, tampoco carece de valor el hecho de que la Constitución al declarar cual será la ley
suprema del país se mencione a sí misma en primer lugar, y de que al referirse a las leyes de los Estados
Unidos, no lo haga en general, sino atribuyendo sólo esa condición a las que se elaboren de acuerdo con
ella.

De modo que los propios términos de la Constitución de los Estados Unidos confirman y refuerzan el
principio, que se supone inherente a todas las Constituciones escritas, de que una ley contraria a la
Constitución es nula, y de que los tribunales, como los demás poderes, están vinculados a la misma.

La petición del demandante debe ser rechazada.

Fuente:
Marbury v. Madison (1, Cranch, 137, 1803).
Selección y traducción de extractos de la sentencia
para "Materiales de Derecho Constitucional " a cargo de J.M. Vidal..

El federalista
http://www.librolibre.org.ni/DocPo./educ/const/feder/feder1.html#t4

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