Método Natural de curación enseñado por Nuestro Señor Jesucristo

EVANGELIO DE SALUD DE SAN JUAN

226.5 B582e

Biblia. N.T. Evangelios Evangelio de salud de San Juan. - San José: Im prenta y Litografía Argentina, 19&9. 102 p. ; 21 cm .

ISBN 9977-9946-5-X

1. Biblia. N.T. Evangelios. I. Título.

PREFACIO EVANGELIO DE SALUD DE SAN JUAN (Método natural de curación enseñado por nuestro Señor Jesucristo)
Traducción del Áram eo por Edm ond S. Bordeaux Los primeros rollos del Mar Muerto fueron encontrados, por obra de la casualidad, por un niño beduino en el año 1947, e n el interior de una gruta. Moham m ed el Chacal, que así se llam aba e ste descubridor, no tenía m ás de 15 años de edad y pertenecía a la tribu de los Ta Em ire. En esa ocasión andaba buscan do una cabra que se le había extraviado. Arrojó una piedra en u n a cavidad y sintió que este proyectil golpeaba contra algo que em itió un ruido extraño y com prob ó que había chocado en greda; encontró así varias jarras o tinajas de e ste m aterial, las cuales contenían rollos forrado s en lino, que habrían de constituir el princip io de una serie sucesiva de hallazgos de igual naturaleza y uno de los tesoros arqueológicos m ás grandes de los últim os tiem pos. Moham m ed jam ás im aginó que su rutinaria labor de pastor lo conduciría a tan trascendental descubrim iento. La gruta en la que se encontraron las vasijas que contenían los rollos está ubicada en la costa noroeste del Mar Muerto, y por eso se le conoce por" este nom bre, cóm o asim ism o los encontrados posteriorm ente. Cuando este hecho llegó a conocim iento público, se desato una verdadera fiebre por encontrar m ás de estos rollos. Este afán fué estim ulado por el interés que dem ostró el Museo de Jerusalén en su adqu isición, pues pagaba por ello precios elevadísim os. Para lo s pastores nóm adas significaba el n e g o cio m ás lucrativo encontrar aunqu e fuera una pequeña p arte de dichos m anuscritos, ya que eran verdaderas fortunas las que obtenían por su venta. La im portancia del hallazgo hecho por e l niño Moham m ed consiste en qu e los rollos que en co ntró contienen escritura en pergam inos y lám inas de cobre oxidado , de m ás de dos m il añ o s de antigüedad, que encierran la historia, los conocimientos y las creencias de un grupo de judíos llam ados "esenios". De la prim era gruta, descubierta en 1947, se lograron sacar 7 m e tro s de pergam ino. Tres de estos fu e ron adquiridos por el Profesor E. L. Subenik, por cuenta de la Universidad Hebrea; los cuatro m etros restantes los com pró el Convento Sirio Jacobita San M arcos de Jerusalén y luego fueron llevados a Estados Unidos, de donde el Estado de Israel los adquirió en 1954 por la sum a de 250.000 dólares. Los beduinos, m ientras tanto, no cesaban de explorar los huecos del acantilado de esta prim era gruta. Al mism o tiem po, el R.P. Vaux y el dire ctor inglés del Servicio de Antigü edades de Jordania, C. Lankester Harding, organizaban, por sugerencia del oficial be lga Ph. Lippans, observador de la O.N .U., una expedición científica, que se e n cargaría de reconocer el lugar de ubicació n de la prim era gruta, a la que se som etió a excavaciones e n tre el 15 de

febrero y el 5 de m arzo de 19 4 9 , dando una extensión de 8 metros de largo por dos de ancho y tres de altura, y en ellas se encontraron 5 0 jarras con no m enos de 70 m etros de rollos escritos. E ntre el 24 de noviem bre y el 12 de diciem bre de 1951 se llevó a efecto una cam paña de excavaciones en Khibert Qum ran, que arro jó com o resultado el hallazgo de una serie de rollos. Entre el 21 de e n e ro y e l 3 de m arzo de 1952 se llevaron a cabo trabajos de exploración en las grutas del W adi Murabba'at, situadas en u n p u nto de m uy difícil acceso, 25 kilóm etros al su deste de Jerusalén y a casi 5 kilóm etros del M ar M uerto. El estudio que se hizo de los textos de estás grutas de m o stró que tenían un origen distinto a los encontrados en Qum ran. E n efecto, durante el seg u ndo levantam iento judío, ocurrido entre los años 132-135 d.C, las grutas de W adi Murabba'at sirvieron de guarida a los soldados de Bar Kokeba y entre lo s do cum entos hallados en este lugar figuran varias cartas enviadas por el jefe judío al com andante rebelde de la región. Los bedu in o s, por su parte, guiados por propósito s m uy diferentes al interés científico, seguían explorando para encontrar nuevas grutas en la costa del M ar M uerto. Hasta el 29 de m arzo de 1952 se h ab ían encontrado tres grutas con valiosos escritos. Las cam pañas organizadas de excavaciones term in aro n el 21 de m arzo de 1956 en Ain Fenkha, haciendo u n total de once grutas que encerraban tinajas de greda que contenían m anuscritos fragm entados los cu ales sum aban la cantidad de 600 m etros, m ás o m enos; de é stos, sólo once se conservaban com pletos. En estos rollo s hay un m anuscrito que se refiere al Levítico, Libro del Antiguo Testamento, escrito en caracte res hebreos antiguos; una colección de Salm os, correspondientes a los de la Biblia, pe ro con un ordenam iento diferente; un Targum de Job en aram eo; algunos fragm entos de un Targum del Levítico en aram eo, y un texto litúrg ico de carácter apocalíptico, escrito en he breo. El contenido de los rollos de la prim e ra

gruta, descubierta por Moham m ed, tiene relación con la Biblia. Dos de estos m an u scritos son co p ias del Libro Bíblico de Isaías y el tercero es un com entario de otro Libro de las Sagradas Escrituras, el de Habacuc. Los cuatro escritos re stantes han recibido, según su contenido , los siguientes títulos: "Regla o Manual del Génesis", "Reglam ento de la Guerra e n tre los Hijos de la Luz y los Hijos de las Tinieblas" e "Him nos". Al ser descifrado s algunos de los rollos encontrados en la costa del Mar Muerto dejaron al descubierto antecedentes geográficos para ubicar tesoros de oro y plata, centenares de vasos con substancias arom áticas, vestidu ras sagradas, etc., escondidos por los esenios. Los rollos de l Mar Muerto dem uestran que existió una ag rupación hum ana que depositó dichos m anuscritos en los lugares en que han sido hallados. E sta com unidad fué la de los "esenios", vocablo, que es la transcripción griega de un térm ino hebreo o aram eo que to davía no se ha podido identificar con ce rteza. En lo s textos de los rollos m ism os no aparece tal denom inación. S in e m b arg o , ellos -los e senios- se designan com o "Los N umerosos", "La Com unidad", "Los Hijos de la Luz", "Los Hijos de Zadoc". E l historiador Plinio El Viejo localiza esta secta con bastante precisión al decir qu e al occidente del M ar Muerto estaban instalados los esenios. Esta com unidad, se gún los historiado res Filón de Alejandría y Josefo, repudian los placeres com o un m al y tienen p o r virtud la continencia y la resistencia a las pasiones. Lo que hasta ahora se ha descifrado de los m anuscritos del Mar Muerto está relacionado con e sta secta; en forma precisa en los escritos titulados "La Regla", "El Escrito de Dam asco ", "El Reglam ento de la Guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de las Tinieblas", el de los "Him nos" y los "Com en tarios. •Bíblicos". Se dice que la com unidad "esenia" existió entre el últim o te rcio del siglo II a.C y el 68 d.C, lo que coincide con las fechas fijadas para los Manuscritos, de sp ués de diversas

pruebas científicas realizadas por los expertos. El rollo de Isaías data del año 100 a.C.; para las envo ltu ra de lino se fijó un período entre 168 a.C. y 233 d.C. Las vasijas qu e contenían los ro llo s son anteriores al siglo 1 a.C., o sea, pre–Herodianas. Fin alm en te, es de m ucha im portan cia de stacar que del estudio de los rollos del Qum ran se establece la existencia de un personaje perte n e ciente al sacerdocio, organizador de la secta de los "esenios”, de donde provienen los m anuscritos lo distinguen con el nom bre de M aestro de Justicia. Este personaje es de gran fuerza religiosa y constituye, a ju icio de las autoridades en la m ateria, uno de los resultados m as sensacionales de los hallazg o s del Qum ran, pues reveló una extraordinaria figura religiosa de la Hum anidad. Los textos de los rollos re latan que este “Maestro de Justicia” arrojado a prisión por los hom bres del “sacerdocio im pío”, que m encionan con frecuencia los com entarios bíblicos de los m anuscritos del Qum ran. Todo esto, es solam ente una parte del contenido de los rollos del Mar Muerto. Pues los científico s y estudiosos de la Universidad

Hebrea de Jerusalén están en la actualidad dedicados a la difícil tarea e reconstru ir gran parte de e stos textos. Algunos pedacitos de estos ro llos no son m ás grandes que una entram pilla; otros están indescifrables, porque la acción del tiem po los destruyó, haciéndolos casi ilegibles. Se ha recurrido a toda clase de m edidas para evitar el deterioro de estos m anuscritos. En esto sentido el Profe so r H. W right Baker de la Universidad de Manchester de Inglaterra inventó una pequeña m áquina, con la cual se pudieron co rtar los rollos con gran precisión, para luego proceder al arm ado de los trozos sin perder una sola letra. Han sido tan profundos y m inuciosos los trab ajos realizados por los científicos y se han adentrado tanto en el conocim iento de los rollos del Mar Muerto, que reconocen los que han escrito por una mism a m an o , en otras palabras, identifican a los escribas que intervinieron. El trabajo de ordenamiento y de restauración de estos textos puede de m o rar todavía algunas generaciones de paciente e inteligente labor.

PROLOGO

"Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar". (Juan 16:12) Con estas palabras Jesús hablaba a su s discípulos para advertirles sobre la profundidad y grandeza de su doctrina cuando se acercab a e l m om ento de la separación. Tal com o lo dem uestran lo s m anuscritos del Evangelio de Salud de San Juan , Jesús habló so b re la conveniencia de una vida pura y regulada su brayando la im portancia de una alim entación vegetariana a fin de tener una vida salu dable com o base indispensable para un desarrollo espiritual auténtico. De este m o do el Divino Maestro reveló los secretos de cóm o lo grar una vida larga y placentera, disfrutando a plenitud de las facultades físicas, m entales y psíquicas, sin enferm edades ni dolo re s, colm ados de bendiciones y de una im perturbable paz y equilibrio. En este libro, es el propio apóstol Juan quien n o s presenta en 45 capítulos condensados las extraordinarias y reveladoras enseñanzas de N uestro Señor Jesucristo, las cuales son de in calculable valor para aquellas alm as since ras qu e verdaderam ente desean avanzar por la "escala de Jacob" (perfección espiritual). "La ascensión de esta escala tan sólo ha comenzado, quedando aún muchos peldaños por trepar, muchos vicios por vencer y muchas virtudes por conquistar" (Cap. XLI). N unca antes habíam os encontrado un docum ento tan sencillam ente científico y esclarece do r relacionando a la persona de Jesús con estos temas. El presente volum en constituye aproxim a-

dam ente la octava parte del m anuscrito com pleto escrito en aram eo. Se espera que los futu ros hallazgos arqueológicos puedan revelarnos una nueva inform ación tan valiosa y sublim e com o la de esta parte. Los detalles so b re las leyes naturales que regulan la creación entera, las im plicacio n es de nuestras actividades vida tras vida, las causas de nuestro destino y la e xtraordinaria claridad con que se enfoca el tem a de la salud, estam o s seguros que sacará de su estancam ien to cultural y espiritual a toda la hum an idad, tanto creyente com o no creyente. La lectura de esta obra, de spejará las dudas de los escépticos, convencerá a los im píos, salvará a los inocentes y finalmente despertará a todos aquellos que por falta de inform ación so b re la Verdad, se habían autosepultado en el fanatism o doctrin al de sus propias especulaciones. Sabemos m uy bien que este libro causará u n a auténtica revolución -tan positivo co m o deseada- en todo el género hum ano que cansado de su frir se encuentra atrapado en el pozo oscuro de sus propias lim itaciones. Conscientes de la urgente necesidad de ayu da que tiene la hum anidad y del valo r incuestionable de la inform ación que brinda el Evangelio de Salud de San Juan, nos com p lacem os en presentar esta joya de libro que com o m edicina celestial contribuirá sin duda alguna a la regeneración total de la h u m anidad, exterm inando sus vicios y m alos hábitos, sus m iserias físicas y m o rales y todos los m ales que sufre de bido precisam ente a su desinform ación.

Q u e nuestro Señor Jesucristo nos dé a todos sus bendiciones, a fin de recibir los rayos del Sol de la Verdad que se encuentran en este libro para que desaparezcan por siem pre las densas brumas de la confusión,

codicia, envidia, prejuicios, errores y vanidades que cubren n u estros corazones y nuestras m entes.

Orden Samaritana Internacional

N ota.– La presente versió n ha sido revisada y autorizada por el Presidente de la Orden Sam aritana Internacional, D r. Victorino Alonso, en su sede de Santiago de C hile, casilla 1763.

Puede im prim irse y traducirse.

Para cualquier inform ación adicional en C osta Rica, pueden escribir al Apartado postal 166-1002 de San José.

EVANGELIO DE SALUD DE SAN JUAN (Método natural de curación enseñado por nuestro Señor Jesucristo) CAPITULO I

Enfermos suplican al Divino Maestro que les explique la causa por la que ellos enfermaban y sufrían dolores. Cristo les contesta diciendo: Os enfermáis y sufrís dolores, porque habéis desobedecido los Mandamientos de la Madre Natura.

En aquel tiem po m uchos enferm os acudieron a Je sús, preguntándole: Maestro, tú que sabes todas las cosas, dinos, ¿por qué nos enferm am os?, ¿por qué sufrim os ach aques y dolores?. Señor, sánanos para que no sufram os y seam os útiles a nosotros y a lo s dem ás seres hum anos. Tú que tienes el poder de sanarnos, en tus m anos tienes nuestra salud y nuestro b ie nestar. Señor, líbranos del pode r de Satanás, que nos está atorm entando. Maestro, ten com pasió n de nosotros, no nos abandones y sánanos. Cristo les respondió: Felices vosotros que tenéis sed y ham bre de sabiduría. Yo os satisfaré, dándoos agua de la vida que nunca m ás os dará sed; os daré pan del conocimiento que nunca m ás os dará hambre. Bienaventurados vosotro s que llenos de fe acudís a m í, g olpeando la verdadera y única puerta de conocim iento y sabiduría, la cual os abriré de par en p ar. Felices vosotros porque yo os liberaré de Satanás y os llevaré al Reino de los Angeles de vuestra Madre Natura, donde sólo hay goce y felicidad, p o rque Satanás no tiene acceso a ese reino. Los ham b rientos de sabiduría, ante todo

lo s discíp u lo s se lecto s en cabezados p o r Juan, que sie m pre estaban cerca del Divino Maestro para que no se les escapara n inguna palabra de sab idu ría que salía de su divina boca, escuchaban con toda atención sus enseñanzas y a veces le hacían preguntas, ¿Quién es nuestra Madre N atura?, ¿Q u iénes son sus Angeles y dónde está su m orada? Cristo les respondió: vu estra Madre N atura está dentro de vosotros y vosotros dentro de ella. Esta Madre os parió. os dió vuestro cu e rp o , os dió todo lo que sois, porque os dió la vida. E ste cuerpo que os dió vuestra Madre, algún día se lo tendréis que devolver. Felices vosotros porque experim entaréis una alegría inmensa al conocer a esa bondadosa Madre y a su Santo Reino Conoceréis a vuestra Madre tan pronto recibáis sus Santos Angeles, es decir, tan pronto obedezcáis las inmutables Leyes de la N aturaleza, porque cada Ángel representa una Ley, un do n D ivino, una virtud hum ana. Ahora os invito a que grabéis en vuestras m entes la Suprem a Verdad que dice: "El individu o que rigurosam ente obedece los mandam ientos de la Madre N atura, acatándolos

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todos los días, jam ás se enferm ará". Porque e l poder de la Madre N atura es infinito y o m nipotente Está lleno de misericordia, de sabiduría in finita, de belleza y de am or. Este com pasivo poder de la Madre N atura expulsa a Satanás que se adueñ ó de vuestro corazón, induciéndoos a la m aldad, al fraude, al crim en y hasta a m atar. P e ro una vez expulsado Satanás de vuestro corazón y habitado éste por un Ángel, cam biaréis radicalm ente de conducta; seréis bondadosos, correctos, hon-

rados, am aréis al prójim o com o a voso tros m ism os, incluyendo a los que os odian y asim ism o, am aréis a todas las criaturas que Dios ha creado en la faz de e sta tierra. Este om nipotente poder de la Madre N atura tiene dom inio absoluto sobre vosotros y vue stros cuerpos y tam bién sobre los cuerpos de todo s los seres vivientes y hasta sobre el Re in o Mineral, Vegetal y Anim al.

CAPITULO II Cristo explica que todos los componentes del cuerpo humano, es decir, todos los visibles, proceden de la Madre Natura, la Madre Tierra, y los invisibles proceden del Padre Celestial. (EI alma y el espíritu). Por lo tanto, el hombre debe su vida a la Madre Natura y al Padre Celestial a los que debe venerar y obedecer sus mandamientos. Vuestras carnes, vu e stros huesos, vuestras venas y arterías y la sangre que corre dentro de ellas, todo esto ha salido de la Madre Tierra: De sus minerale s, vegetales com o sus verduras y frutas, sus aguas, el aire, el S o l, todo esto se lo debéis a la bondadosa Madre Tierra. La luz de vuestros ojos, el oír de vuestros oídos, el olfato de vu e stras narices, todos estos dones nacieron de los colo res, los sonidos y los arom as provenientes de la Madre Tierra. La sangre que os da la vida tiene su orige n en e l ag ua , que es la sangre de la Madre Tierra y que la com penetra íntegram ente. Ella llena los m ares, lagos y ríos. El sol la e vap ora haciéndola subir a la atm ósfera com o n ubes que con sus rocíos m atinales y su s b e néficas lluvias hacen crecer la vegetación, las siem bras de trigales para vuestro pan cotidiano. Esta bendita atm ósfera nos com penetra hasta las profundidades de nuestro ser y nos envuelve com o el agua envuelve al pez, la tierra a la sim iente, o al aire a las avecillas del cielo. Esa bendita atmósfera form a policrom as nubes que adornan los cielos con herm osos paisajes, tornándose a veces, en tem p e stades con sus ígneos relámpagos y ensordecedores truenos que estrem ecen, rem ueven, reviven y despiertan la dorm ida capa terrestre, beneficiándola de m últiples m aneras. Todos los fen ó m enos de la naturaleza tie n en razón de ser, porque son útiles y necesarios, aunque el hom bre, po r ahora no lo com prenda. Esa bienhechora atm ósfera, con las difere n te s temperaturas de sus capas, causa im petuo so s vientos que rem ueven el aire viciado, oxigenándolo con sus frescas brisas qu e disem inan el polen, fecundando las flores, haciendo fructificar toda la vegetación. Este prim ordial elem ento de la N aturaleza -el Agua- que , re pito, es la vivificante sangre de la Madre Tierra, circula dentro de ella y en to do su contorno, en el aire con sus benéfi-

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cas lluvias y rocíos, en las profundidades con sus cristalinas vertientes, dando vida que palpita sobre la faz de este am eno planeta, llam ado Tierra; en sus eternas nieves, que tam bién son agua, p e ro sum ida en sueño, que ado rnan los picachos de los m ontes, de cuyas alturas ese bendito elem ento descie n de en puras y cristalinas gotas que luego unidas co n otras gotas, form an surcos, susurrantes arroyos y riachuelo s, para engrosarlos en im ponentes ríos, desembo can do finalm ente en lagunas, lagos e impetuosos m ares. De cierto os digo, sois hijos de la Madre N atura, de la Madre Tierra, porque de ella hab éis recibido todo lo que sois, todo vuestro cuerpo m aterial, igual com o habéis recibido vuestro cuerpo celestial de vuestro Padre Celestial. Este hecho es tan cierto e innegable, com o cierto es que el niño recién nacido es hijo de las entrañas de su m adre carnal. Polvo sois y en polvo os conve rtiréis, porque habéis salido de la Madre Tierra y a ella un día tendréis que volver, ya que sois una sola unidad con la Madre Tie rra, pues ella está en vosotros y vosotros dentro de e lla. De ella nacisteis, en e lla vivís y a ella algún día volveréis, po rqu e vuestro cuerpo materia es y en m ateria se convertirá. Guardad, por lo tanto, los sabios preceptos de la Madre Natura, porque nadie puede alcanzar una perfecta salud y una larga vida ni ser feliz, sino m ediante el fiel acatam iento de los M an dam ientos de la Madre natura, am ándo la y sirviéndola con todos vuestros esfuerzos, con todo vuestro entendim ie n to. Am arla y servirla significa practicar y vivir las grandes virtudes humanas. Vosotros estáis íntim am ente ligados a la Madre N atura, porque vuestro alien to e s su aliento; vuestro pulso es su pulso , vuestras em ociones son sus emociones. V u estra sangre es su sangre, vuestra carne es su carne, vuestros huesos sus huesos, vuestras entrañas sus entrañas. Tam bién vuestros ojos, oídos y olfatos son sus ojos, oídos y olfatos.

En verdad o s digo, si con vuestros vicios o m alo s hábitos ocasionareis algún daño a vuestro cuerpo, o a cu alquiera de sus órganos, infringiréis gravem ente lo s sabios preceptos de la M adre N atura y os haréis m erecedores de dolorosas sanciones, enferm edades, dolores y sufrim ientos. Porque el cuerpo que vosotros cre éis vuestro, no e s vuestro, sino tan sólo prestado por la Madre Natura, com o herram ienta e instrum ento de evolu ción, para que vuestra alm a con su auxilio pueda practicar en este Taller del Señor, adquirir experiencia, conocim iento y sabiduría. Cuando padecéis de alguna enferm edad o algún dolor, es señal segura de que h ab é is abusado de vuestro cuerpo y desobedecido los Mandam ientos de la M adre N atura. En cam bio, si en cualquier edad gozáis de una perfe cta salu d, pero ante todo en una avanzada ancianidad, es señal segura de que habéis obedecido los Mandam ientos de la Madre N atu ra, que ahora os prem ia con una larga vida y una buena salud. De cierto os digo que si abusáis de vue stro cuerpo estáis infringiendo gravem ente contra los M andamientos de la Madre N atura, y en tal caso no escap aréis del castigo, consistente en graves enferm edades, achaques, dolores y m uerte prematura. Be n ditos los hijos de la Madre Tierra que sumisamente la o b e de cen, porque serán m im ados y agasajados por ella, oto rg ándoles bienestar y felicidad, prosperidad m aterial y espiritual, una buena salud y una larga vida. Si estáis sufriendo graves achaques, enferm edades y dolores, os a-seguro que estos m ales se os quitarán com o por obra de e n canto si os incorpo ráis dentro de las Leyes N atu rales, o b e deciéndolas rig u ro sam e n te , cual prem io por haber vuelto al regazo de la Madre N atura. A i incorporarse dentro de la Ley N atural vuestra ancianidad se rá plácida, sin achaques ni dolores, gozando de u-na perfecta salud, y una larga vida, colm ada de felicidad y protegida de lo alto. Es el hijo pródigo que regresa sum iso al

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regazo de la Madre N atura, re cibiendo todo cariño y protección de ella; lo protege de acciden te s, asaltos de bandoleros, de picaduras de serpientes venenosas, de anim ales feroces, de incendios, inundaciones, m alas cosechas, terrem otos y de tantos riesgos y peligros que acechan a los hijos re b elde s que se mofan de su propia Madre al pisotear sus Mandam ientos. Pero, a pesar de esta rebelión, Madre Natura am a tiernam ente aún a sus hijos m alos, sacrificándose para cuidarlos cuando caen enferm os. Es que únicam ente la Madre Natura tiene el poder exclusivo de sanaros si estáis enferm os. Fuera de ella, nada ni nadie en el m u ndo puede sanaros, ni el m ás docto de los m édicos con su s re m e dios m ilagrosos y su s m enjunjes, porque las m edicinas y los rem edios jam ás curan, n i pueden curar. Lo único que cura y sana las enferm edades es el estricto acatam iento a la Ley Natural. E s por este m otivo, por infringir contra las Leyes Divinas, que jam ás sab io alguno hallará una droga milagrosa para sanar una enferm edad. Bienaventurados los obedientes y sum isos

hijos que aman- a la Madre N atura, porque serán agasajados por ella y protegidos y así, seguros reposarán e n su blanco regazo. Porque en verdad os digo, la Madre N atura n u n ca deja de amar a sus hijos, sólo que se entristece cuando ellos la desobedece n , se avergüenzan de ella, o la abandonan. Grande es el gozo que ella experim enta cuando el hijo p ródigo, sum iso y arrepentido vuelve a sus brazo s. Este es su mayor goce; m ás grande que las m ontañas, m ás gigante y m ás profundo que el m ás hondo de los m ares. A tale s hijos arrepentidos, ella los colm a con sus bendiciones, con sus dádivas y sus distinciones. Lo s cuida y los protege, com o la gallina cuida y protege sus polluelo s o la leona sus cachorros. Así, la am orosa Madre N atura afanosam ente protege a sus hijos, los cuida y salva de .tantos p e ligros que en el cam in o lo s asechan, si ellos con absoluta fe y confianza se entregan en sus brazo s, tal com o el niño confía en su m adre al entre g arse sin titubear en sus protectores brazos.

CAPITULO III
Madre Natura ama tiernamente a sus hijos aunque ellos no la amen. Ella ama y protege aún a los más malos. Siendo la ignorancia la raíz y la causa de todos los males, Madre Natura se esfuerza de enseñar y aleccionar a sus hijos. A los m ás ap licados y obedientes, ella los premia prodigándoles buena salud, m ientras que a los rebeldes, ella los castiga con enferm edades y dolores. N o me canso en repetiros, que M adre N atura am a tiernam ente a sus hijos. Am a aún a los m ás m alos y los protege afanosam ente en su desgracia. N o n iega su am orosa protección au n a los que la insultan, la huyen y desdeñan. Con m étodos am orosos, su aves y p ersuasivos, les habla m ediante la voz de la co nciencia y el rem ordim iento, tratando de convencerlos a que se incorporen en su co nfortable regazo , es decir, al cam ino del recto vivir. Pero cuando sus b uenos consejos fallan y tam bién todos sus esfuerzos persuasivos, entonces la faz a-m orosa y sonriente de la

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Madre N atura se torna seria, dura y severa. Sin compasión-entrega a su s h ijos desobedientes y rebeldes al m aestro dolor, al severísim o ángel dolor, que m ediante suplicios duros y a veces persuasivo s, sabe hacerlos llevar a una vida decente y decorosa, al e je rcicio de las grandes virtudes hum anas, em pezando por el esforzado y honrado trabajo. Ángel dolor, sim bolizado por la figura de un diablo simpático de rostro atrayente, agradable y siem pre a-legre, de m aneras afables, pero que en el fon do es perverso, m alo, crim inal. Por esto se le llam a Belcebú, que es el príncipe de los dem onios, es decir, el m ás m alo de los m alo s. Es m aestro en tender tram pas a los hum anos, tejer fin as redes com o las arañas, para hacerlos caer en ellas com o m oscas. C o m o cebo y anzuelo em plea las propias tendencias e inclinaciones de cada cual, sus p ro p io s ale g res vicio s, e xp o n ié n do l o s a doloro-sas experiencias que jam ás son veng ativas, sino altam ente aleccio n ado ras e instructivas, qu e en el fondo son inspiradas por el m as puro amor. A sus pupilos los expone a serios peligros, a grave s accidentes y calam idades sin fin, para hacerles palpar y ver los efecto s de sus propios vicios y así persuadirlos de dejarlos, de odiarlos y de volver al cam ino del recto vivir. Este príncipe del m al, vistiendo elegantes y atractivos ropajes, sabe deslum brar y seducir a cada cual, aprovechándose de los p ro pios gustos e inclinaciones arraigadas en su corazón. Así, algunos pupilos caen m ejor en su tram pa poniendo e n ella deslum brantes riqu e zas, el brillo del oro o la plata, fantásticos castillos con lu josas servidum bres; otros, en cam bio, caen mas fácilmente tentándolos con el poder, el m ando, la cele bridad, el lujo, títulos nobiliarios, la fam a, la gloria...; a otros los tienta con bellas damas, orgías am orosas, deleites del opio, del juego, casino, carrerasCegados ante tan espléndidos halago s, tanto b rillo, belleza y gloria, pronto se enredan e n las telarañas tendidas por Satanás. E ntonces

ya enredados, Satanás le s deja gozar un corto tiem po con toda su plenitud en sus de se n frenos naturales. Pero, cuando llegan al colm o sus deleites, Satanás los de ja caer en lo m ás hondo de lo s abism os. Les quita todo lo que le s halaga, riquezas, oro, plata, castillos, lujo, fam a, m ujeres y hasta la salu d, haciéndo lo s rodar cuesta abajo, de tum bo en tum b o, hasta los abism os de la m ás espantosa depravación moral, a la fornicación, em briaguez, vicio del opio, juego de azar, vida disolu ta del holgazán, para finalm ente caer como basuras y desechos sociales, en hospitales, h o sp i c i o s , m a n i c o m i o s , p r e s i d i o s - T a n t o s vicios han envenenado sus organism os convirtiéndolos en piltrafas hu m anas. Sus cuerpos están llenos de abom inables suciedades a causa de sus desorden adas e inm undas com idas, bebidas em briagantes, drogas calm an tes. Sus órganos digestivos están sucios con grandes acum ulaciones de alim entos indigestos, convertidos en basurales e n los que pululan gusanos, lom brices y u-na infinidad de microorganism os infecciosos, causantes de mu chas enferm edades com o el cáncer y la gangrena, que degeneran e n lepra. Sus evacuacion es son irregulares, con nauseabundo olor. Esta suciedad co agula la sangre convirtiéndola en una especie de grasa negra, espesa, hedion da, com o el agua detenida y podrida de un pantano. La sangre inm unda dispersa sus venenos e inmundicias por todo el organism o, infectándolo íntegram ente; las carnes, los huesos, nervios, venas y los órganos m ás nobles que em piezan a fallar. Los h uesos pierden su solidez, se tornan frágiles, nudosos, quebradizos. Su respiración se hace difícil, se ahogan frecuentem ente. Es que sus p u lm o nes están perforados y ya no respiran norm alm ente. Dentro de sus entrañas todo h u ele m al, lo que se m anifiesta en una m aloliente respiración y evacuación. Sus o jo s se tornan turbios, vidriosos, sin vida ni brillo. Finalm ente se apagan, sobrevin iendo una ceguera parcial o aún total. Tam poco el oído funciona correctam ente, ya qu e

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el pus invade esa delicada cavidad. Finalm ente, se ponen com pletam e n te sordos. Por la m isma cau sa pierden la capacidad del olfato. De esta m anera Madre N atura quita sus dones al hijo rebelde e incorregible: aliento, sangre, carne, huesos, entrañas, ojos, oídos, olfato, sueño. Finalmente le falla el cerebro, sobrevin ié n dole la dem encia y la locura. Tal es el castigo que sufren lo s malos hijos que se portan insolentes con su M adre N atura. S in em bargo, si este hijo testarudo, a últim a hora se arrepiente de sus pecados y sumiso vuelve al seno de la Madre N atura, ella, con gran regocijo, lo recibe y lo perdo n a. Le basta que retorne a una vida honesta del honrado trab ajo y del recto vivir, sin vicios ni m alos hábitos, y, ante todo, observar las Le yes N aturales y los preceptos de la Madre N atura, para librarse de las garras de su verdugo, e l im placable Satanás y de sus torturas, rechazando en el fu turo todos sus tenta-

dores halagos.Al com probar Madre N atura que éste hijo pródigo realm e n te torna en serio la vida y se e sfu erza en regenerarse, ella, en su inm enso am or, le presta toda ayuda. Para esto ella le envía todos sus ángeles para que lo aleccionen y lo guíen en el sendero del recto vivir. Luego, el hijo pródigo al verse libre de las torturas de Satanás, recon o ce con gran alegría que la única m anera de librarse de su verdugo, ha sido el correr hacia el regazo am ab le y seguro de su amorosa Madre, la Madre N atura y obedecerla en to do lo que ella m andaba. Para ser m ás claro, dejar de pecar, abandonando los vicios y m alos hábitos, significa correr al regazo de la Madre N atu ra, donde no se atreve a acercarse el diablo, o sea, los vicio s y m alos hábitos del hijo arrepentido. Es que nadie puede servir a dos señores, a Dios y al diab lo, a la Madre N atura y a Belcebú.

CAPITULO IV
Cristo contesta a los fariseos preguntas acerca de la interpretación de las Escñturas,exhortando: No busquéis la verdad en viejos papiros ni en escrituras ancestrales; son letra muerta, escritas por hombres muertos en vida, hombres falibles. Buscad la Verdad en la letra viva, que palpita en la Naturaleza viviente,donde ella se manifiesta en infinitas form as, habiéndonos por miles de bocas. Ante todo buscadla dentro de vosotros mismos y tratad de comprenderla y obedecerla. De esta manera habréis encontrado el inapreciable elixir de una larga vida, de una buena salud y una verdadera dicha de vivir.

Todos los presentes escuchaban atónitos sus sabias enseñanzas, ante to do, sus discípulos selectos, encab e zados por Juan, que siem pre estaba cerca de El. Es que sus en señanzas eran llenas de sabiduría, de espíritu y hondo contenido m oral, de autoridad y poder, sin las vacilantes e inseguras afirm aciones de los sacerdotes y

escribas.Tanto era el poder de Cristo de atraer hacia sí las m uchedumbres, qu e éstas, aún a la puesta del Sol no se retiraban, sino que sentadas a su derredor seguían escuchando y preguntando. Le suplicaban: Maestro, enséñanos explicándonos las Leyes de la vida, p o rque desea-

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m os vivir en arm onía con la Madre N atura, observando sus m andam ientos, a fin de no enferm am os y vivir felices una larga vida. Jesús les co n testó: En verdad os digo, nadie puede ser "sano n i feliz, si no cum ple con los severo s m andam ientos de la Madre N aturaleza. Y algunos escribas y fariseos allí presentes re sp o n die ro n : N o so tro s o b e d e c e m o s lo s Man damientos de las Leyes de Moisés, nuestro m áxim o Legislador, según están e scritas estas leyes en las Sagradas Escrituras. Y Je sú s, levantando algo el tono de su voz, expresó: N o b u squéis la Ley en vuestras escrituras. Las escrituras son tan sólo letra m uerta y la Ley es vida palpitante . Debéis saber que Moisés no re cib ió la Ley escrita, sino de voz viva. R e p ito , la Ley es la palabra viva , del Dios viviente, dirigida a profetas vivientes, a hom bres -vivos. La ley está e scrita en letras indelebles en toda la naturaleza viviente, en todo lo qu e p alpita vida, de donde ella nos habla por m iles de bocas. Vosotros podéis escuchar y leer e n el libro abierto de la naturaleza viviente, en las plan tas, que nos hablan por m edio de sus flores y sus arom as; en las arboledas con sus deliciosos frutos; en las, vertientes cristalinas, en los riachuelos e im ponentes ríos; ella nos hab la con sus ag u as vivientes y su eterno m urmullo. En los mares con su fluctuante respirar de alta y baja m area y su s vio lentos oleajes. Aún en las rocas más duras hay palpitante vida, sin cuya vibrante cohesión ellas se desintegrarían en polvo. En verdad os digo, la vida nos habla desde las duras rocas, los vibrantes m inerales, desde e l reino vegetal y anim al, desde lo m ás hondo de los m ares co n sus peces de insospechadas form as, tam años y colores; nos habla desde las alturas del firm am ento, desde las arbole das, con el m aravilloso cántico

de las avecillas del cielo. En verdad os dig o, buscad la Ley en la palpitante vida, an te todo en vosotros m ism os y tratad de com prenderla y obedecerla, pues, sólo así conservaréis la buena salud y seréis felices. En verdad os digo, que todas estas palpitantes m anifestaciones de la vida están m ás cerca de Dios, que todas las escrituras m uertas, inertes y sin vida. Dios, en su inm ensa sabiduría, ha cre ado e l m ilagro de la naturaleza viviente y todo lo que en ella mora, vive y palpita, para qu e ella, por m iles de bocas y por sus infinitas m anifestaciones hable a lo s hom bres y les revele y enseñe sus sabias leyes. A su vez, Dios ha dotado a los hom bres de la razón, de la inteligencia y de la sabidu ría, al concederles parte de su Divin o e spíritu, para que así, ilum inándolos, puedan le e r el libro abierto de la naturaleza, conocer sus le ye s y acatarlas. De allí que los hom bres deben esforzarse en em plear ésta su in te ligencia y en escrudiñar la natu raleza, porque así, únicam ente, podrán descubrir sus sabias Leyes, e scritas en cada detalle de su obra. ¡Ay del hom bre que cierra sus ojos para no ver la realidad de la vida! y ¡ay del hom bre que cierra sus oídos para n o escuchar el im petuoso rodar de incontenible progreso!. Una vez m ás os digo, las escrituras son obras del hom bre falible, sujeto a erro re s de interpretación, m as la letra no escrita, m anifestada por la viviente naturaleza es infalible, sin error, porque es obra de D ios, es su auténtica palabra, su idioma universal. ¡Ay del hom bre que prefiere escuchar la letra muerta contenida en anacrónicos papiros y añejos m anuscritos, a escuchar la fresca y viviente p alabra que Dios habla a través de la palpitante naturaleza, susurrándole a lo s oídos por m ile s de bocas y hasta el propio corazón, su cerebro y su conciencia.

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CAPITULO V
Prosigue Cristo diciendo: Si obtenéis conocimiento sólo a través de las escrituras, que repito, son letra muerta, y no a través de la palpitante naturaleza que es letra viva, en perpetua renovación, estáis muertos en espíritu; sois lámpara apagada por falta de aceite que no da luces de entendimiento, ni lucidez, ni comprensión, por lo cual no poseéis sabiduría ni verdad. Los escribas y los fariseos decían: Maestro, nuestros Padres nos e n señaron a conocer la Ley sólo de las escrituras. De ahí que leer la Ley en las manifestacio n e s de la naturaleza e s algo huevo para nosotros, ya que no h e m os heredado ni apre n dido tal interpretación de nuestros m ayores. De ahí que te suplicam os que no s e n se ñes la Ley de que nos h ablas porque, aprendiéndola, sum isam ente la obedecerem os, serem os sanos y así nos dignificarem os ante Dios. Cristo les respondió: Habiendo escudriñado vosotros tan sólo las escrituras que son letra m uerta, estáis m uertos en espíritu, apagado vuestro entendim iento, andáis com o ciegos, a oscuras, tropezando. Por lo tanto, no podéis vislum brar las palpitantes m anifestaciones de la naturaleza viviente. En verdad os digo, no habéis ganado nada al escrudiñar tan sólo la letra muerta, los libros añejos y rancias escrituras, despreciando el libro abierto de la naturaleza viviente siem pre fre sca, en perpetua renovación. La letra m uerta, sin vida, m antiene m ue rto vuestro corazón. N o hizo surg ir en vosotros ningún brote fresco de hum ana virtud, ningún m érito que adorne vuestra personalidad, que la dignifique ante los ojos del Padre Cele stial. Pues leo en vuestras alm as tan sólo bajas em o cio nes que os arrastraran a bajas pasiones, a graves pecados contra la m oral, com o la fornicación, la em briaguez, la glotonería, la m entira, el e g o ísm o y la avaricia de acum u lar m ás y m ás riquezas, usurpándolas aú n a pobres, viudas, inválidos, an cian os y huérfan o s, cuyas alm as clam an justicia del cielo, para que sean castigados los usureros. Y ¡ay de vosotros lo s e scribas y fariseos!, no escaparéis del justo castigo. E l suprem o m andamiento dice: no fornicarás... y habéis fornicado; no m atarás y h abéis m atado; no mentirás y habéis m e ntido; no odiarás y h ab é is odiado, no sólo a vuestros enem igos sino hasta a vuestros herm anos. ¡Ay de vosotros los fariseos y e scribas!, que no escaparéis del justo castigo. En verdad os digo , vu estro cuerpo está destinado a ser el Sagrado Tem plo de Dios y vuestro corazón su santo Tabernáculo. Pero si este tem plo está de saseado y convertido en una cueva de deshonestas co n versaciones y de abom inables prácticas, el Señor rehúsa habitar en él. Si queréis que Dios habite en vuestro co razó n y lo acom pañe toda la corte celestial, debéis asear prolijam ente vuestras entrañ as, vuestro Tem plo, es decir, debéis llevar una vida honesta, altam ente pura y m oral, sin vicios ni m alos h ábitos y dedicaros al honrado y esforzado trabajo, al ayuno y la oración.

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CAPITULO VI
Sólo con oraciones, súplicas, ayunos y con una alimentación vegetariana -sin beber vino-, podéis despertar a vuestro espíritu de su letárgico sueño y así conquistar la suprema Verdad y la Sabiduría. Resistid las tentaciones de Satanás, es decir, vuestras bajas p asiones. Debéis luchar enérgicam ente contra ellas y desarraigarlas de vuestras bajas em ociones, pensando en la virtud opuesta al pecado que os apasiona. Si es la em briaguez, pe nsad que vuestra salvación radica en la abstinencia y sobriedad. Si es la fornicación, debéis meditar acerca de los beneficios que aporta la p u re za y la castidad, etc. Para e sta lucha pedid fuerza y amparo al Señor y El os protegerá, si suplicáis con ferviente oración y fe. Purificad vuestro cu erpo m oral m ediante la abstinencia de vicios y m alo s hábitos, em pezando por los m ás groseros, com o lo son la fornicación y la em briaguez. Rigurosos ayunos y fervientes oraciones os ayudarán m ucho en e sta vuestra titánica lucha contra Satanás. Porque, en verdad os digo, Satan ás y sus aliados sólo pueden ser arrojados de vuestras entrañas m edian te la oración y el ayuno, que son com o el radiante sol que hace huir el frío. Huid a la sole dad del cam po, donde es m ás fácil ayunar, orar y m editar. Allí, e n la verde cam piña m editad acerca de la gran dio sidad de la naturaleza, de la tierra, de lo s cielos y la sabidu ría inm ensa de Dios que ha creado toda esta m aravilla... Pero m editad, ante todo en las grandes virtudes hum an as de que os hablaré m ás adelante." Y Dios, que ve en el se creto de vuestro corazón, verá la sin ceridad de vuestros propósitos. Experim entará una gran alegría al ver vuestros esfuerzo s de ser buenos y al veros practicar, las grandes virtudes hum anas. E l os ayudará, bendecirá y os concederá una plena salud, prosperidad, honores y una inefable felicidad. Debéis convenceros de que la m ás poderosa arm a capaz de arrojar lejos de vosotros a Satanás, es la ferviente oración y u n prolongado ayuno. Con estas dos arm as ve n ce réis todo lo m aléfico y asearéis vuestro cuerpo físico y espiritual, haciendo a vuestro T e m plo digno de ser habitado por el Señor, con toda S u corte celestial de ángeles, que se esm e rarán en serviros. Porque en verdad os digo, sin ayuno ni oración, no seréis jam ás libre s de Satanás, es de cir, de vuestros vicios y "m alos hábitos, de vuestras e n fe rm e dade s, dolores y graves preocupaciones. Porque sólo el ayuno y la oración son capaces de asear vuestro Tem plo, de ayudaros a vivir una vida honesta, h onrada, santa y pura, dedicada al esforzado trab ajo, promoviendo el progreso. El Padre Celestial, que com placido observa vuestros e sfuerzos, desparram ará sobre vosotros todas sus bondades y bienaventu ranzas, que os llenarán de gozo y felicidad. A sí pues, os exhorto, ayunad y orad con fe rvo r, pues ésta es vuestra salvación de todos vuestros conflictos y aflicciones de esta vida, tanto materiales, m orales, am orosos y tantos o tro s que suelen afligir a los hum anos. Entonces el espíritu de Dios descenderá sobre vosotros y habitará en vuestro corazón. Os ilum inará con Sus celestes luces y Sus divinos ángele s os ayudarán a encontrar los elem entos fundamentales de la natu raleza, p ortadores de salud del cuerpo y del alm a. Ante todo buscad al Ángel del aire, e l aire fresco y puro de los campos, de las arboledas, m ontañas y playas. En verdad os digo, el aire es el principal alim ento del hom bre. Muchos días podéis soportar sin com er, m as unos pocos segundos sin aire, bastan p ara que os m uráis.

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Descalzad vuestros pies y desvestid vuestro cuerpo, p ara que el aire puro bañe vuestra piel. Este baño de aire debéis tom arlo lo m ás frecuentem ente posible, pues, desde el principio del m undo, la piel está habituada a ser bañada por el aire . Respirad larga y hondam ente, para que el Ángel del aire pene tre "en vuestros pulm ones y cargue vuestra sangre con la energía vital y con sus saludables co m ponentes. Debéis saber que el Ángel del aire lim pia vuestra sangre y todas vuestras e ntrañas, elim inando las toxinas e im pure zas, qu e son la causa precisa de las enferm edade s y dolores que os aquejan. Así com o el

aire y el fuego quem an las m alolientes basuras, así el aire y el calor quem an dentro de vosotros las fétidas im purezas, tornándose el fétido aliento en perfum ada fragancia. En verdad o s digo, ningún hom bre puede llegar jam ás a la presencia de Dios si el Ángel del aire no le perm ite el paso. Es decir, si no se h a som etido previam ente a una prolija depuración física y m oral. Así, inm aculadam ente lim pio de cuerpo y alm a, el hom bre puede prese n tarse dignam ente en-la Co rte Celestial, ante el Trono del Rey de los cielos.

CAPITULO VII
Los poderosos Angeles del.-aire y del agua ayudados por el poderoso estimulante del sol, ayudan al hombre a despertar a su aletargado espíritu.

Después del Án g e l del aire, buscad el Ángel del agua. Descalzad vuestro s pies, desnudad vuestros cu e rpos y sum ergiros en el líquido elem ento, para que el Áng e l del agua bañe toda vuestra piel, con benéfica in fluencia sobre todos los órganos internos. De cierto os digo, que el Ángel del agua aseará todo vuestro cuerpo, quedando lim pio de m anchas e im purezas hasta las profundidades de los poros. Así como las veloces aguas del río lavan la suciedad de la ro pa, de la mism a m anera la viva corrie n te del agua, lim pia y asea vuestro cu e rpo de todas las m anchas e im purezas. Pues grande es el poder del Ángel del Agua, cuando no esté estan cada y detenida en m alolientes charcos de aguas insalubres, sino corriendo librem ente en ve loces arroyos y ríos, donde ella se oxigena, san tifica y depura al chocar de continuo co n obstaculizantes rocas y atajantes piedras, para ofrecerse com o la m ás sana de

las bebidas al hom bre, prestán dole, adem ás, sus din ám icas fuerzas para m over sus m olinos, los cuales m uelen el trigo de vuestro pan cotidiano. Pero no es suficiente que el Ángel del Agua os asee "só lo exteriorm ente; el aseo interno es m ás importante. En verdad os digo, así com o el Ángel del ag u a asea y estim ula el cuerpo externo, de esta m ism a m an era el agua fresca y pura, refresca y asea e l cuerpo interno. Debéis beberla en abundancia y preferirla ante cualquier otra b e bida, pues el agua es preparada por Dios y jam ás puede ser sup e rada por ninguna bebida artificial hecha por el hom bre. E l agua pura y cristalina no sólo os apaga la sed, sino tam bién os alim enta y estim ula por los numero sos ingredientes que contiene. Adem as, os refresca, lava y asea vuestros órganos digestivos, norm alizando la tem peratura interna, evitando la fieb re interna, estim ulando la digestión y la pronta evacuación.

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Esta explicación os convencerá: más importante es el agua pura y fresca por adentro que por afuera, pues, las im pure zas internas del cuerpo son m ucho m ayore s que las externas. De allí que aquel que sólo asea el cuerpo exterior y deja sucio el interior, se asemeja a aquellos se p u lcros blanqueados, lim pios po r afuera y sucios por adentro, llenos de inmundicias y abom inaciones.Pues, es preciso que el Ángel del Agua os bautice tanto por afuera com o por adentro, para que estéis com ple tam ente lim pios y libres de focos infecciosos, causantes de grave s e n fe rm e dade s. E s m u y co n ven ie n te , pues, que periódicamente os hagáis lavados intestinales mediante delgados caños o so n das, unidos a u n recipiente colgado en lo alto, por donde el agua penetre con facilidad dentro de vuestras entrañas. El agua debe ser lim pia y si es posible entibiada al so l. P u ede agreg árse le un poco de m iel de abejas que es m uy curativa y desinfectante por ser el extracto de hierbas m edicinales. Para facilitar la penetración de la sonda en el o rificio del recto, conviene aceitarla con óle o o untarla con grasa. Dejad perm anecer el agua un buen rato adentro del intestin o p ara que alcance a ablandar, aflojar y despegar los excrem entos adheridos a las superficies intestinales, suplicando al Ángel del Agua para que asee prolijam ente vuestras entrañas y desaloje de ellas to das las im purezas que, al perm an ece r aden tro , in fe ctarían toda vuestra sangre, vu e stros órganos m as nobles, que no tardarían en funcionar m al, ocasionándoos enfer-

m edades, dolores y una m uerte prem atura. Luego dejad que el agua se desalo je de vuestras entrañas y arrastre consigo todas las m alolientes inmundicias. Entonces, asom brados podréis contem plar con vuestros ojos y oler con vuestras n arices las abom inables inm undicias que ensuciaban vuestras entrañas. Aprove ch ad los dom ingos para ayunar y ese día repetid el lavado intestinal, pues éste es el secreto de una larga vida, de una plena salud hasta la m ás avanzada vejez y de una in e fable felicidad. Si observáis que las elim inaciones son m alolientes y sucias, debéis repetir el lavado, hasta que la elim inación salga clara, lim pia y sin m al olor. Luego, arrodillaos agradeciendo al Señor por habero s enviado al Ángel del Agua, el cu al os ha librado de vuestro desaseo inte rn o y externo, lo cual quiere decir que el Se ñ or tuyo m isericordia con vosotros y que os ha perdonado vu e stros pecados que habéis com etido contra la Madre N atura. Así, lim pios y depurados de cuerp o y alm a, el Ángel del Agua os co ncederá plácidam ente el pase, para que p o dáis p re sentaros dignam ente an te el Trono del Altísim o. Si tenéis la fu e rza de voluntad de ser perseverantes en vuestros propósitos de no pecar m ás con tra la Madre N atura, los divinos Angeles del Aire y del Agua os servirán durante toda vuestra vida, la que se desenvolverá plácidam ente, gozando de una buena salud, de pro speridad, de una larga vida y de una inefable dicha de vivir.

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CAPITULO VIII

La inm ensa importancia de los baños de sol para vigorizar al cuerpo y encender las apagadas luces de vuestro espíritu, para que brille como un pequeño sol. Pero para vuestra felicidad, Madre N atura os tiene reservado o tro Ángel que os servirá: el Ángel del Sol. En verdad os digo, que los An g e le s del Sol, Aire y Agua son hermanos inseparables e iguales en su acción bienhechora. Exponed comple tam ente desnudo vuestro cuerpo a los rayos del sol, em pezando p or un rato m uy corto, para prolongarlo cada día siguiente. Durante el baño haced respiraciones profundas, lle n ando los pulm ones con aire soleado y así incorporaréis considerable energ ía solar a vuestra sangre, que os fortalecerá y depurará vuestro s m alos olores. Y así com o la oscuridad de vuestras entrañas desaparecerá al incorporar energía solar dentro de vuestro organism o, porque entonces cada célula que com pone vu e stro cuerpo vibrará e irradiará una lum inosa aura que reflejará vuestra gran vitalidad y vuestra fuerte salud. Los días de vuestros ayunos áprovechadlos para tomar baños de sol, porqu e con el estóm ago vacío podéis tom arlos a cualquier hora; en cam bio, con el estóm ago lleno debéis tom ar los baños solo do s horas después de com er y una hora antes de com er. En verdad os digo, no podéis prese n taros ante el Trono del Señ o r, si el Ángel del Sol no os concede el pase para ello.

CAPITULO IX
Los Agentes Divinos del Aire, Agua y Sol, asean, restauran e iluminan las entrañas del cuerpo humano, convirtiéndolo en un Templo, en cuyo Tabernáculo -el corazón- mora Dios. En verdad os digo, aquel cuerp o defendido por las tres flam eantes espadas de esos tres severos Angeles: Aire, Agua y Sol, quedará tan protegido, que Satanás huirá despavorido de él, porque una m orada lim pia, aseada, asoleada y perfum ada con buenas o b ras del alm a que habita dentro de este cuerpo, sig n ifica la m uerte de Belcebú, com o el caluroso Sol significa la m uerte para la nieve. Cuando los tres Angeles, Aire, Agua y Sol tom en posesión de vuestro cuerpo, com pletarán el aseo interno hasta en sus últim o s rincones y pondrán to do en un perfecto orden, porque reinarán en él con verdadera autoridad de am os y señores. Entonces, tal como lo s ladrones huyen precipitadamente de la casa que habían asaltado al verse sorprendidos p o r la policía, escapándose unos por las ventanas, otros por el tejado y otros por la tapia, de la m ism a m anera huirán, al aparecer esos tres Angeles guardianes, los dem onio s que se habían adueñado de vuestro cuerpo, dem onios que no son otra cosa que vu e stras m alas accion e s, vuestros errores y pecados que habéis com etido contra la Madre Natura, en perju icio de vuestro cuerpo. H uirán por todas las puertas y ventan as, es decir; las im purezas y los tóxicos saldrán afuera de vuestro cuerpo por todos los poros

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de vuestra piel, por todos lo s conductos y vías elim inatorias de vuestro organism o. La firm e y enérg ica escoba barrerá lejos las basuras que ensucian vuestras entrañas, a las que infectan y contam inan con tóxicos y sus m alos olores, quedando vuestro organism o, después de este aseo general, inmaculadam ente lim pio y perfumado com o con flores del jardín. Enton ce s la sangre de vuestro cuerpo quedará tan inm aculadam ente pura, clara y lim pia y cargada de vibrante energía vital, com o la sangre de la Madre N atura, qu e e s e l ag u a cristalina y pura del espum eante arroyo, que murm uran do se precipita de las m ontañas ofreciéndose a los humano s com o la más saludable de las bebidas que la vida les puede ofrecer. Entonces vuestras e n trañas quedarán p erfectamente aseadas lo cual repercutirá m uy favorablem ente sobre vuestra salu d. Vuestro cuerpo reflejará una vibrante salud y energía vital; vuestro aspecto será saludable, rosada la piel com o las lozanas frutas que se asom an de entre las verdes hojas de las arboledas, exhalando aromas com o las flores frescas del campo. Luego notaréis u n fenóm eno m uy grato que ocurre a vuestra cansada vista, que empezará a m ejorar notablem ente. E s que vuestros ojos están unidos p o r m edio de una delicadísim a red de nervios, ín tim a e inseparablem ente con el conjunto de to do vuestro

organism o y si éste está lim pio y sano, tam bién los ojos estarán lim pios y sanos, debido a la sapientísim a intervención del médico interno, con que cuenta todo organism o vivo. Y al revés si vuestro cuerpo está su cio , funcionará m al, se e n fermará, y en consecuencia tam bién vuestra vista funcionará m al, se apagará, seréis m iopes y hasta cataratas os podrán aparecer y cegar totalm ente vuestra vista, cataratas qu e no son m as que la acum ulación de im purezas en el cristalino o la m em brana de vuestros ojos. En verdad os digo que, estando vuestro cuerpo sucio por adentro , lo será tam bién vuestra vista, porque ella es una p arte inseparable del conjunto. En tal estado, ningún elixir, ni rem edio alguno, aplicados localm ente a los ojos, jam ás podrán m ejorarlos, al contrario, los em peorarán, íntim am ente un prolijo aseo general de todo e l cuerpo interno, es capaz de restaurar vuestra vista. Entonces totalm ente depurado vuestro cuerpo, tam bién vuestra alm a quedará purificada, porque ella está íntim am ente ligada al cuerpo físico. Entonces, los santos Angeles de la Madre Natura os vestirán con la m ás blanca de las túnicas, para que os podáis presentar, dignam ente, ante el Trono del Altísimo.

CAPITULO X
La meta cumbre del hombre es la unión con Dios.

En verdad os digo que, únicamente, con la irrem plazable ayuda de la Madre N atu ra, es decir, con el Naturism o Integral, podéis alcanzar la suprema m eta de vuestras asp iracio-

nes, que es la unión con el Gran Todo, con Dios. Esto lo com prenderéis m ás fácilm ente al contem plar y analizar vues : tro propio creci-

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m ie n to . Recién nacidos, vuestra am orosa m adre se hace cargo de vuestra crianza. Os am am anta, asea, baña y envuelve en pañales, os mece en la cuna, enseñán doos a andar los primeros pasos. Cuando ya crecido s, vuestro padre se hace cargo de vosotros, os lleva consigo a sus faenas, ya sea al cam po o a su taller, y os enseña, tal com o a él, a su ve z, le enseñó su padre, para qu e seáis expertos y hábiles en los trabajos que él hace. Y cuando el padre se convence de que sus hijos aprendieron sus lecciones y ejecutan co rre ctam ente sus trabajos, les entrega sus posesiones y propiedades, en heredad perm anente, para que continúen la obra de su padre. Algo parecido sucede a los hijos del Padre Celestial. La Madre N atura los cría, cuida de ellos y les enseña, alecciona, los prem ia y los castiga. Y cuando ya grandes los entrega al P adre Celestial para que se haga cargo de ellos, el Divino Padre los m anda a Su taller, Su escuela, qu e es toda la superficie de este planeta. Es la Universidad del Padre Celestial en la cual El edu ca y gradúa a Sus hijos. Y cuando ellos dem uestran p oseer la suficiente preparación y madurez, les entrega Sus posesiones en el infinito espacio cósm ico, para que sigan la obra de su P adre Celestial, llegando por este camino, a su s m ás. anheladas aspiraciones qu e son la unión del hijo con el Padre Celestial. Tal es la culm inación de la sabia Ley de la e-volución humana, que ase gura que la cadena de la vida jamás se corte o interrum pa, sino que siem pre gloriosa y triunfante, siga eternam ente. Y bendito el hijo que, sum isam ente, obedece a su m adre, siguiendo, fielm ente, sus co nsejos y lecciones, porqué así, m ás pro n to se acercará a su Divino Padre. Y b endito el hijo ya adolescente, que su m isam ente obedece a su padre y cu m p le con sus sabios consejos de ser un asiduo trabajador, un ciudadano m odelo, recto y honrado, servicial, caritativo, bondadoso y noble. P ues así el hijo cum ple con el prin cipal m anda-

m iento: honraba tu padre y a tu madre, para que en premio, vivas m uchos años y la prosperidad y felicidad lo acom pañen. Una vez m ás os exhorto a que, en cum plim iento de este gran Mandamiento, obedezcáis y honréis sie m pre a la Madre N atura, respetando sus sabias Leyes. Este es el único camino de aseguraros una larga vida, llena de fe licidad, prosperidad y bendiciones del Cielo. Al honrar vosotro s a vuestra Madre N atura, de este m odo queda honrado el Padre Celestial, que com placido os observa de sde Su altísim o Tro no, enviándoos Sus bendiciones. Tened presente que el Padre C e lestial es el m áxim o poder del m undo. Es el m ayor de to do s los padres y la Madre N atura, la m ayor de todas las m adres. En verdad os digo, m ás am an el Padre Celestial y la M adre Natura a Sus hijos, que los padres hum anos, padres cam ales, son capaces de am aros. En verdad o s digo, inm ensam ente m ás sabias son las palabras del Padre Celestial y los Mandam ientos de la Madre N atura, que las palab ras y leyes de los hom bres y de las m adres de e sta tierra. De allí que inmensam ente m ayor es la herencia que el Padre Celestial y la Madre N atura tienen re servado para sus obedientes hijos en el Reino de los Cielos, que la herencia que los padres hum anos pueden dejar a sus hijos en esta tierra. Tam bién os exhorto, am ad a vuestros herm anos, advirtiéndoos que vuestros verdaderos hermanos son los que cum plen con lo s m andam ientos y la Voluntad del Reino Celestial y de la Madre N atura, y no aquellos que se m ofan de sus Leyes y las desp recian, aunque estos herm anos fuesen vuestros herm anos carnales. Repito, vuestros verdaderos herm anos n o son vuestros he rm anos carnales, sino los que cum plen con la Ley, es decir, con la voluntad del Padre Celestial y de la Madre N atura. Estos herm anos espiritu ale s os am arán m ucho m ás sinceram ente que vuestros propios herm anos carnales, rebeldes e n cum plir los

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m andam ientos del Señor. Porque desde los días de Caín y Abel, en que los h e rm anos de sangre quebrantaron la Ley de D ios, fue quebrantada tam bién la verdadera herm andad de sangre. Ahora los herm anos de los m ism o s padres se suelen odiar, aborrecer y tratar peor que a extraños.

Por lo tanto, os exhorto, am ad m ucho m ás a vuestros herm an o s espirituales que cum plen con la vo lu n tad de Dios, que a vuestros herm anos carnales que no la cum plen.

CAPITULO XI
La suprema Ley de la vida, la Ley del Amor, convertirá esta Tierra en una Estrella de Amor. En verdad os digo, la le y de l Am or es la m ás grande y la principal de todo el Universo. A ella está som etido todo lo que es y existe. Dios es todo am or y Madre N atura es am or y sus hijos tam bién son am or. Todo el Universo, la Tierra, Lunas, S oles, Estrellas, Astros, todo e sto es una unidad inseparable, porque sólo debido a esta unidad puede existir y tener vida el Universo, ig u al que vuestro corazón, estóm ago, hígado, pulmones, la sangre, la carne, los huesos, todo esto es una so la unidad inseparable, para poder existir y te ner vida vuestro cuerpo, siendo Ley del Amor, que hace posible esta unidad. Es que el Padre Celestial, los Arcángeles, los Angeles, todas las jerarquías celestes y toda la hum anidad que vive en esta tierra y en los planetas, son una sola unidad, aglom erada por la potente atracción y cohesión del m agneto amor. El Padre vive en los hijos, los hijos viven en los Padres. El un o n o p uede existir sin el otro. El Padre existe porque el hijo existe y el hijo existe po rqu e existe el Padre. Siendo Dios amor, lo e s tam bién el hom bre, p orque el espíritu del hom bre es una p artícula de Dios. Para poder actuar el espíritu del hom bre en la m ateria, en el plano físico, se reviste de la m ateria del plano en qu e de sea actuar. Así, al querer actuar en el plan o de esta tierra, se reviste de un cuerpo com puesto de m ateria terrestre, qu e , en su integridad, se compone de substancias de la Madre Tierra. Siendo, pues, el amor ley suprema, cum plid con ella con todas vuestras fuerzas y con todo vu estro entendim iento. Am ad al Padre Celestial com o El os ama a vosotros, y am ad al prójim o com o a vosotros m ism os, pues am ar al Padre Celestial, significa amar al prójimo. Am ad tam bién a vuestra Madre N atura, tal com o ella os ama a vosotros, porque ella os crió , o s am am antó, os enseñó a andar los prim eros pasos en esta vida y os proporcionó todo lo que sois. Amad tam b ié n a toda la humanidad, cualqu ier color que tenga su piel y a cualquier nación a que pertenezca, porque esto se llam a am ar a Dios y a la Madre Natura. En verdad os digo, cuando los hom bre s de esta tierra se am en m utuam ente, com o Dios los am a, habrá bajado el cielo a esta tierra, que ya no será el Valle de Lágrim as, sino el Valle de Dich a y de intensa alegría de vivir. Porque desaparecerá todo odio, toda m aldad, las luchas y las guerras y prevalecerá la p az p o rque existirá la buena voluntad entre los hombres. Cada individuo, para dem ostrar palp a-

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blem e n te su buena voluntad y para cum plir con la Ley del amor, buscará la m anera de cóm o hacer un favor al prójim o, a u n vecino, a un am igo, y aún m ás, a un enem igo. Buscará de agradarlo, de hacer u n servicio desinteresadam ente, con lo cual esta tierra se convertirá en una estrella de amor. Entonces los hom bres se habrán espiritualizado, con lo cual, m uch o s de ellos adquirirán dones sobrehum anos, porque con su com p ortam iento habrán despertado algunos órganos internos, qu e , laten es, dorm itan en todo cue rp o hum ano, esperando que la m adurez del alm a los despierte y se sirva de ello s, com o por ejem plo, la visión astral, que perm ite ver a los m uertos y conversar con ellos. Los m ás avanzados tendrán libre acceso al m undo del m ás allá. Vivirán tan to en este m undo com o en el otro. Debido a su avanzada evolución, después de su m uerte no ne ce sitarán volver a esta tierra en la que ya habrán aprendido todo. Entonces seg u irán su evolución en el plano superior de la vida, llam ado Cielo. Gozoso el Padre Celestial los recibirá como m iem bros permanentes del cielo y les entregará la heredad que les tenía reservada en Sus infinitas posesiones del interm inable espacio cósm ico.-

Porque por am or cría el Padre Celestial a sus hijos; por am or les enseña y los pre p ara para la vida superior, la vida del m ás allá. Por am or los acoge en S u Reino y por amor les conce de una sem piterna vida, dicha y gloria. Porque el amor es el m otor que m ueve todos los m undos. Es el más potente y el m ás se g u ro de los motores que nunca fallan, porque es el único m otor de eterno y perp e tu o m ovim iento. Para que tengáis una visión m ás co m pleta de esta vida, os di un som ero vislumbre del más allá. S in duda son enigm as para vosotros, que sólo com prenderéis m ás adelante. Mientras tanto sólo necesitáis fe, m ucha fe y creer en mis palabras, p o rque com o p o rtavoz del Padre Celestial, sólo palabras de verdad pueden brotar de m is labios. En verdad os digo, cuando estéis en p re sencia de l Padre Celestial se os caerá la venda de vue stros ojos y entonces com prenderéis los m isterios de la tierra y de lo s C ie los. Entonces ya no necesitaréis fe, ya que ésta será remplazada por la convicció n personal de lo que antes tan sólo habéis creído y puesto vuestra fe en ello.

CAPITULO XII
El hombre sólo puede conocer la verdad y adquirir sabiduría, después de haber despertado y afin ado sus instrum en tos in tern os de investigación y de comprensión, que, aletargados dormitan en todo organismo humano, esperando ser despertados con el progreso del alma. Com prendo que gran parte de enigm as para vosotro s. N o los m is enseñanzas son m isterios .y podéis com prender, p o rque sacáis vuestra sabiduría de libros, de las escrituras que, rep ito, son letra muerta. Fueron escritas por hom bres m uertos espiritualm ente y son interpretadas y explicadas, tam bién, por hom bres m uerto s en vida cuyas alm as habitan cuerpos impuros, intoxicados, materialistas, hom bres sin fe ni la m enor visión

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espiritual. Sin em bargo, vosotros podéis com prender perfe ctamente el lenguaje de estos hom bres, porque también vosotros habitáis cuerpos im puros, im p regnados de tóxicos, de m aterias extrañas, qu e os impiden la visión espiritual, tal com o un a e spesa nube negra im pide ver el Sol. De allí qu e todos vivís en el error, no conocéis la verdad. Tenéis por guías a ciegos que guían a otros ciegos, siendo esta la razón del porqué sufrís enferm edades, dolores y sin fe andáis po r la senda del pecado. Para sacaros de esta calam idad, el Padre Celestial m e ha e n viado, para encender las luces dentro de vosotros, luces del cono cim iento de la fe, la esperanza y la verdad. Mas por ahora, aún no estáis preparados para poder soportar tan b rillantes luces, porque vuestra vista, está acostumbrada a la obscuridad, a las tinieblas, por lo cual, os cegaría la deslum brante b rillantez de la luz que irradia el Padre Celestial. Por lo tanto, para que podáis com prender m is enseñanzas, os enviaré m is Angeles para que preparen vu e stros órganos del entendim iento y de la com prensión, porque entonces estaréis capacitados para soportar las deslumbrantes luces de la ve rdad, sin cegar ni encandilar vuestra vista. Así qu e p o r el generoso auxilio de los Angeles de la N aturaleza, llam ados Ángel del Aire, del Sol, del Ayuno, Lavado Intestinal, etc., vuestros organism os quedarán lim pios, depurados, fortalecidos y sensibilizados p ara poder entender m is palabras, para vosotros, trascendentales enseñanzas.Entonces, p odréis intentar fijar vuestra m irada en el Sol sin encan dilaros. Sin em bargo, al principio, debe réis tomar m uchas precauciones para hacerlo, pues de lo contrario podéis dañar vu e stra vista y aún quedar cie-

gos por m ucho tiem po. Al principio m irad el Sol tan sólo bien tem prano a su salida y bien tarde cuando se pone. En el resto del tiem po m iradlo tan sólo un brevísim o instante, en el abrir y cerrar de ojos. Cuando tengáis vuestro cuerpo perfectam ente lim p io en sus entrañas y desintoxicado, entonces podréis soportar m ás tiem po la m irada ardiente del So l sin cegaros. Entonces estaréis preparados p ara soportar la otra visión m uch o m ás difícil, la de fijar vuestra m irada sobre la augusta faz del Padre Celestial, que es m iles de veces m as brillante que cientos de soles juntos. Sin una prolija depuración de vuestros cuerpos, el cuerpo físico y e l cuerpo m oral, es decir, del cu erpo y del alm a, no debéis intentar de m irar el Sol, porque, repito, p odéis dañar gravem ente vuestra vista. Si me creéis que soy enviado de l Padre Celestial y te n éis Fe en m is enseñanzas, y adem ás, os servís de "los generosos benefactores de la N atu raleza, que son los Angeles antes señalados, os veréis libres para sie m pre de en ferm edades y dolores y gozaréis de una perfecta salud, de paz y felicidad y de una larga vida. Porque el Padre Celestial am a a aquellos hijos que, arrepentidos y sum isos, vienen a El, suplicándole salud y consejos para solucionar sus graves problemas. A tales h ijo s el Padre Celestial lo s colm a de bondades, porque desea prem iar su fe que le s h izo venir a E l. Les resuelve sus problem as, porque lo qu e es difícil y parece imposible a los hom bres, es posible y fácil para la omnipoten cia de Dios. Para restaurar vuestra salud on enviará Sus m e nsajeros divinos, Sus Angeles para que os sirvan y os guíen por la senda del recto vivir.

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CAPITULO XIII
Después de enseñar Cristo todo el día, al atardecer se transfiguró, brillando su cuerpo como un sol y, ante las atónitas miradas del pueblo, se elevó por los aires, desapareciendo entre las nubes. Durante todo e l día Jesús enseñó a la m uchedu m b re qu e le rodeaba en estrecho círculo, porque todos qu erían estar cerca de él, para beneficiarse de sus divinos dones y de la Paz y Felicidad que irradiaba su brillante aura. Con esto se hizo de noche. Asom óse la luna de entre las fugaces nubes, cuyos plateados rayos bañaban la cara del Señor. Cristo se puso de p ie y, para m ayor asom bro de los concurrentes, se transfiguró, elevó se sobre la tierra y su rostro resplande cía com o un sol. N adie se atrevió a pronunciar palabra ni a m overse ; estaban com o clavados en el suelo y atónitos m iraban la augusta faz de Cristo. Así transcurrían horas que parecían segundos, porque se les había su sp endido la noción del tiem po. E n tonces, Cristo, extendiendo sus brazos decía: "La Paz sea con vosotros". E n seguida se elevó hasta las nubes y depare ció ante las atónitas m iradas que lo observaban. Y todo e l cam pamento fue sumido en un profundo sueño. En la aurora del día siguiente los dorm idos despertaron m aravillados por los celestes sueños que habían tenido, los que fortalecieron aún m ás su fe en Cristo. Fue m aravilloso despertar, por que una suave y m elodiosa m úsica que venía del cielo, inundaba todo el am biente, llenando a todos de una indescriptible felicidad. Luego uno decía al otro: "Qué noche más m aravillosa, ojalá que fuese eterna". O tro s decían: "Qué feliz se está aquí". Y otros decían: "En verdad es un enviado de Dios, porque sólo El nos llena de felicidad, de una inefable paz y nos asegura el advenimiento de días mejores". Cuando despu é s de una m aravillosa aurora apareció el radiante Sol en el horizonte con sus rayos calurosos que invitaban tom arse un baño de Sol, todos sintieron e l convencim iento, en sus corazones, de que ese Sol era u n astro de esperanza de un m agnífico m undo por venir, un m undo de paz, de concordia, de justicia y amor. To do s se levantaron contentos y felices encaminándose a u n cercano riachuelo que portaba aguas cristalinas, que invitaban a bebería. Allí les esperaban los An g e les del Señor para ayudarles en su aseo m atinal.

CAPITULO XIV
Prolijo aseo externo e interno del organismo y su notable robustecimiento, conseguidos con el auxilio de los divinos agentes: Agua, Aire, y Sol, a los que ahora se agrega el poderoso agente Tierra. T o d o s s e re u n iero n e n la o rilla de l riach u e lo, cuyas cristalinas aguas se precipitaban de las alturas, dispersándose en una m agnifica ducha. A la n o ticia de que Cristo predicaba en ese barrio, acudía m ucha gente de los alrededores y tam bién de lejos para qu e C risto la sanara. Cristo les hablaba y aleccio n aba, invitándoles a que se quitaran las sandalias y ve stim entas, y a que ayunaran y so m etie ran sus cuerpos a la benéfica acción de lo s A n geles del Aire, Sol y Agua. Todos se tom aron la fre sca ducha, que ruidosa caía de lo alto,

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para, en seg u ida, acostarse y revolverse en las tib ias arenas deja playa, tom ando baño de Tierra y Sol. De esta m ane ra los Angeles de la Madre N atura em pezaron su m agnífica o b ra depuradora, aseadora y de robustecim iento de estos cuerp o s débiles y raquíticos. Los enferm os quedaron asom brados al ver cóm o elim inaban su s cuerpos inm ensas porciones de inmundicias que tenían acum uladas en sus entrañas, experim entando una grata sorpresa al quitárseles, al m ism o tie m p o , los dolores y achaques que les atorm entaban. Algunos despedían alientos nau seabundos, que olían a putrefacción cadavérica, insoportable para ellos mism os. Otros vo m itaban abundantem ente y padecían de diarreas de insufrible dolor. Los maravillosos efectos de los Angeles depuradores se hacían cada vez m ás notables, al sobrevenir a los pacientes, elim inaciones hasta por las narice s, lo s ojos, oídos y la g arganta, aliviándoles mucho los persistentes dolores de cabeza. Muchos sudaban por todos los poros de la piel, sudor que era fétido a tal punto, que los vecinos huían de ellos. A m uchos le s ap arecían úlceras supurantes en la piel, que elim inaban sangre podrida y pus de m al olor. Muchos orinaban ag uas de fétido olor, de color a sangre; otros orinaban pus, sangre con arenillas y piedrecillas. Algunos despedían gases por lo s intestinos y por la boca de fétido olor. Los lavados in testinales producían resultados asom brosos. H acían estos lavados con

agua fresca del cristalino arroyo, entibiada al Sol. M an tenían el agua en los intestinos e l m ayor tiem po posible para expulsarla p o r el recto , junto con abom inaciones duras y blandas de insufrible olor, que estaban adheridas a las paredes intestinales durante m uch o s años, infectando la sangre del paciente y todo su organism o, sie n do la causa precisa de m uchas enferm edade s in fecciosas, de intensos dolores y m odestos achaques. Muchos botaban con estos lavado s horribles gusanos y lom brices de to do tam año, algunas m uy largas, que se retorcían e n e l suelo bajo los ardientes rayos del Sol. Todos tem blaban de terror al ver estas horribles abom inaciones que habían tenido alojadas en sus cuerpos y ahora, al tener limpias las entreñas y sin ardor ni dolor in te rno, comprendían que fueron estos repulsivos alojados la causa precisa de su perm anente m alestar. Todos ellos dieron la gracias al Señor p or haberles enviado a estos bondadosos Angeles, para que expulsaran de sus entrañas a los dem onios atormentadores que tenían allí alojados. Sin em barg o , no a todos se les quitaban los dolores. Estos, desilusionados, iban en busca del Maestro p ara exponerle sus lamentaciones, suplicándole para qu e su poder expulsara de sus entrañas a los demonios que llevaban adentro.

CAPITULO XV
Cristo enseña con la maravillosa parábola del hijo pródigo. Y cuan do ellos iban en busca del Maestro, vieron co n asombro y gran regocijo que Cristo ya venía hacia ellos, sabiendo que ellos, urgen te m e n te , lo n e ce sitaban. Cristo les saludaba: La paz sea con vosotros, y le s dijo: ya conozco la causa del porqué m e buscáis. Ellos arrojándose a sus pie s respondieron: Maestro, sán anos de los intensos dolores tan persistentes que con nada se nos quitan, haciéndonos sufrir horriblem ente.

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Cristo les con testó por m edio de parábolas, qu e ellos escuchaban atentam ente, y quedaban atónitos de su sabiduría. Les decía: vosotros sois com o el hijo pródigo, qu e p or m uchos años abusó de la paciencia de su padre . Faltó a sus m ás sagradas obligaciones y deberes, porque en vez de trabajar, prefería divertirse en festines y libertinajes, en alegre com pañía de a-m ig as y am igos, com iendo y bebiendo y divirtiéndose todos a su costa. Y sin conocim iento del padre incurría en deudas, pidiendo dinero prestado que despilfarraba con su a-legre com parsa. Los usureros con buena voluntad le prestaban dinero, porque su padre era rico y siem pre, con buen a voluntad y paciencia, cancelaba las deudas de su hijo. El padre, en vano, con buenas y persuasivas palabras am onestaba a su hijo , m as este siem pre pro m etía m ejorar su conducta, pero seguía de m al en peor. In ú tilm ente, el padre lo seguía amonestando que deje su vida libertina y licenciosa y lo ayude en sus trabajos del cam po, vigilando a lo s o b reros en sus faenas. Siem pre el hijo prom etía enmendarse y el padre cancelaba sus nuevas deudas. Pero enseguida reincidía en sus vicios, faltando a la p ro m esa de enmendarse que había hecho a su p adre . Y así por siete años seguía la vida licenciosa. Pero al fin el padre se cansó. Perdió la paciencia y no pagó m ás las deudas de los usu reros. Se decía: "Si sigo pagando siempre, pierdo m i di r ñe ro y m i hijo; si m e niego a pagar, gano a los dos". Luego los usureros al verse defraudados" en su esperanza, llevaron al hijo al Juez, el cual lo entregó a ellos com o esclavo, para que con su trab ajo , durante siete años, pagara la deuda. Tan severa era la Ley y costum bre en aquellos tiem pos. Con esto term inó la vida licenciosa del hijo tunante. D e sde la salida hasta la puesta del Sol fué obligado a trabajar duram ente, a re m o ver la tierra, a lab rarla, regarla y sem brarla. Ahora, por prim era vez en su vida tenía qu e g an arse

el pan con el sudor de la frente. N o acostum b rado a estos duros trabajos, luego los m úsculos de sus brazos le flaqueaban y le dolían. En las m an o s se le form aron duros callos y tam bién en la planta de los pie s. Por prim era vez en su vida sentía ham bre, porque sólo pan y agua era su a i m entó. Después de siete días de tan dura labor dijo a su am o, que m ás bien era su verdugo: "Ya no puedo soportar m ás tan dura faena, porque no estoy acostum brado a ella. Mira, m is m anos están llenas de callos que m e im piden tom ar el azadó n ; m is pies están hinch ado s y con dolorosos callos en sus plantas que m e im piden cam inar. M is fuerzas están agotadas, e stoy hecho una piltrafa hum ana. Ten co m pasión conm igo, no m e atorm entes m ás. Sin em bargo, el am o le contestó duram ente y sin m iram ientos, diciendo: Cuando hayas cu m p lido siete a-ños en m i servicio satisfactoriam ente, habrás cancelado tu deuda y entonces quedarás libre. ¡Y aho ra a trabajar! Y el hijo regalón, entre súplicas y lágrim as respondió: a duras penas pu de soportar estos siete días y ya estoy abatido y sin fu e rzas por la fatiga del desacostum brado trabajo. Ten piedad de m í; m is m anos están llenas de callos sangrantes, m is pies hinchados no m e perm iten andar. Pero el in flexible usurero, sin com pasión, lo ap uraba más aún diciendo: Si siete años desperdiciaste en desenfrenadas diversiones de día y de noche, haciendo g randes deudas, ahora tam bién debes trabajar siete año s para p agar esas deudas. N o te perdonaré hasta que m e hayas cancelado con tu trabajo el últim o dracm a. Com o el verdugo am enazab a hasta con azotes y latigazos en el casa de ne g arse a trabajar, al h ijo pródigo no le quedó otro recurso que obedecer y seguir su duro trabajo forzado. Debido a su extrem a debilidad no soportó m ás e l duro trabajo y entonces tom ó una re solución extrema, la de ir a pedir perdó n a

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su padre y reconciliarse con él. Tam bale ante llegó h asta el padre y, arrojándose a sus pies, le suplicó: padre m ió, perdónam e por última vez m is o fe nsas hechas contra ti. Te juro que, de sde ahora, seré un hijo m odelo, hijo bueno, porque reconozco m i error. Padre am ado, sálvam e de m is verdugos. Pero el severo padre n ada respondía. Desconfiaba de sus prom esas. Tantas que no había cum plido. Entonces el hijo con m ás insiste ncia le suplicaba entre lág rim as a-margas, diciendo: Padre m ío, no endu re zcáis vuestro corazón, m irad m is callos sangrantes, debido al m anejo del azadón, de la guadaña y de la hoz. Mirad m is pies hinchados con duros callos; com padeceos de vuestro hijo arrepentido. Esta sincera súplica de su hijo ablandó el corazón del padre. Sus ojos se hum edecieron de dulces lágrim as de alegría y le vantando a su hijo, lo a-brazó tiernamente diciendo: Regocijém osnos, porque m e has traído hoy una gran alegría: he encontrado a m i querido hijo que se había perdido. Y vistió a su hijo con sus m ejores g alas y todo el día hubo fiesta y reinaba gran ale g ría en la casa paterna. Al día siguie n te e l padre dio una bolsa de plata al hijo para que fuera a. can ce lar la deuda del usurero y así quedar libre de la obligación de servirle com o esclavo. Al regresar el hijo, le dijo su padre: ves, hijo mío, qué fácil es incurrir e n deudas durante siete años, viviendo una vida licenciosa y deshonesta; y qué difícil es cancelar esta deuda con el trabajó personal durante siete años de trabajos forzados. Es cierto, padre mío, porqué a duras penas y sólo du rante siete días pude soportar tan pesadas faenas. Hijo m ío, por esta sola y últim a vez he perm itido pagar tu deuda en solo siete días, en vez de pagar tú, durante siete añ o s. El resto te h e p e rdonado, a condición de que dejes para siem pre la vida lice nciosa y no contraigas m ás deudas. Y el D ivino Maestro siguió diciendo: En

verdad os digo, sólo el padre y nadie m ás puede perdonar lo s pecados de sus hijos y siem pre que ellos, con profu n do arrepentim iento y rem ordim iento por habe r p ecado, le pidan perdón haciendo actos de contrición en su corazón y to m en el firm é propósito de no reincidir en el vicio. Hijo m ío, dijo e l padre, si yo no te perdonara habrías sido obligado a trabajar duram ente en trabajos forzados com o esclavo durante siete años, según m anda nuestra ley. Respondió e l hijo: padre m ío, te agradezco profundam ente tu b u en corazón af perdonarm e, y te prom eto ser, en el futuro, un buen hijo m odelo , respetuoso de tus m andam ientos. Nunca m ás incurriré en deudas, ya que he probado en carne propia, cuan difícil es pagarlas. Y el hijo cum plió con sus buenos pro p ó sitos, pues dejó sus vicios y se dedicó de lleno a ayudar a su padre en sus obras y faenas de cam po. Y cuando el padre vio que su hijo cum p lía am pliam ente la solemne promesa y se portab a com o un buen hijo durante num erosos años, haciendo prosperar la hacienda, se la entregó en heredad, con todas sus tierras, herram ientas, casas y animales. Y cuando el hijo, ya dueño de la h acie n da, revisaba las cuentas pendientes de los deudo re s, las perdonaba a aquellos que no podían pagarlas, pues, recordaba que, tam bién a él, le había sido perdonada u-na deuda cuando no la podía pagar. Y tal com o el padre carnal, así tam bién el Padre Celestial bendijo a este b u e n hijo, concediéndole una larga vida, una buena salud, u na digna esposa, m uchos y buenos hijo s y una abundante fortuna, gozando de una' paz inefable y de fe licidad hasta una avanzada vejez y todo esto, com o prem io por h aberse regenerado y po r e l buen trato que daba a su personal, a sus anim ales y hasta a las avecillas del cielo.

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CAPITULO XVI
Cristo explica a sus oyentes el porqué les enseña con parábolas. Entonces, volviéndose Cristo a los enferm os, dijo: Os hablo con parábolas, p orque así podéis entender y com prender m ejor la palabra de Dios y Sus m andam ientos. Los siete años de glotonería, de em briaguez y de una vida lice n ciosa, representan los pecados com etidos en el pasado co n tra los Mandam ientos de Dios, que im ponen la ob ligación ineludible de obedecer las Leyes N aturales de la vida, sim bolizadas por los Angeles de l Sol, del Aire, A-gua, Ayuno, Aseo Intestinal, Recto Vivir, Oración, etc. El m alvado acreedor y usurero es sim bolizado por el siniestro Satanás, figura ficticia, inexistente, porque, en realidad, lo representan vuestros propios pecados, vuestros vicios y m alos hábitos: en resum en, vue stra ignorancia, ya que el sabio cum ple estrictam e nte con los Mandam ientos del Señor, y, por lo tanto, no se enferm a ni sufre dolor alguno. Las de udas son vuestras enferm edades que habéis contraído debido a vuestra ignorancia, la que os hizo desobedecer las Le yes N aturales de la vida. Los trabajos duros representan vuestros dolores, vuestros achaque s que os afligen y fatigan m ás que cualquier esfuerzo hecho en el trabajo. Y el hijo pródigo sois vo sotros m ism os, por haber desob edecido los Mandam ientos del Padre Celestial es decir, las Leyes N aturales de la vida. E l pago de la deuda contraída contra la Ley m oral, consiste en desalojar de vuestro carácter vuestros vicios y m alos hábitos, limpiando así vuestra alm a, co n lo cual, autom áticam ente, se os quitarán vuestras enfermedades y vuestros dolores que padecéis, p o rque la enferm edad del cuerpo significa que vuestra alm a ha pecado, ya que el cu e rp o, que es m ateria, no puede pecar. Y la b o lsa de plata recibida del padre, sim boliza el prem io que recibís del Padre Celestial, o sea una sólida salud y larga vida por haberos regenerado y haber vuelto al camino del recto vivir. El Padre Celestial es Dios, Jehová, autor de todo lo que es y existe en el universo. Sus sie rvos son sus santos ángeles, sim bolizados por sus agentes, Sol, Aire, Ayuno, Virtudes, Oraciones, etc., todo lo cual acerca al hom bre cada vez m as al Padre Celestial, hasta identificarse con Dios m ism o. Las posesiones del Padre están sim bolizadas por todo lo que existe en el Universo: C ielos, Soles, Tierra, Astros, Planetas, don de sobra espacio para todos los hijos de Dios. Todo esto, o sea el U n iverso entero, es el cam po del Padre Celestial y reciben sus prem ios y recom pensas, si, sum isam ente, obedecen las Leyes N aturales aquí en la Tierra. Ahora, m is am ados, yo os pregu nto, ¿N o es acaso m ás cuerdo y m ás sensato obedecer a vuestro Padre, ayudándolo en sus faenas, ganándoo s con el honrado trabajo el pan vuestro, que desob ede ciéndolo y ser un inútil holgazán, que pide dinero pre stado a m alvados usurero s que lo explotan inicuam ente, al no poder cancelar la deuda, haciéndoos trabajar duram ente durante siete años com o esclavos?. A sim ism o, ¿no es m ás sabio, acaso, ob e decer a Dios, colaborando en Su obra, gozan do de buena fortuna, de buena salud; un a vida larga, llena de gozo y felicidad, que desobedecerlo, viviendo en m ise ria, ach aco sos, andrajosos, enferm os, doloridos, am argados y desdichados?. Vosotros m ism os, con vuestro com portam iento, o s labráis vuestro destino, vuestra dicha y desdich a, vuestra salud y enferm edad, e l prem io y castigo, pues, cada cual cosecha lo que siem bra.

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CAPITULO XVII
Todos los enfermos que, arrepentidos de sus malas obras, piden perdón a Dios y no vuelven a pecar, recuperan la salud, porque toda enfermedad tiene su origen en el alma.

En verdad os digo, grandes y num erosos son los pecados y las ofensas que habéis cometido al de sobedecer a la Madre N atura. Durante a-ños habéis pecado en vergonzosas francachelas contra la decencia y la m oral, es decir, contra las Leyes N aturales de la vida. Habéis vivido en desacuerdo con estas Leyes, al gozar en glotonerías, em briagueces, fo rn icaciones y en tantos otros vicios qu e sería largo nom brar. De esta m anera habéis m anchado vu e stra alm a y envenenado vuestro cuerpo, convirtiéndolo en u n a piltrafa, debido a las m últiples enferm edades qu e h abéis contraído a causa de vuestros vicios. Ahora, tenéis que sufrir las consecuencias de vuestros errores y pecados com etidos contra vuestra M adre N atura. Sin em bargo, no os desanim éis, porque grande es la misericordia del Padre Celestial con S u s h ijos pródigos, que, sum isos y arrepentidos, vuelven suplicando perdón. Venid, p u e s, con sumisión y hum ildad a la

presencia de l Padre Celestial y suplicadle perdón y El os perdonará las ofensas que hayáis cometido en Su contra. P u e s grande e infinito es el am or del Padre C e lestial para co n sus hijos arrepentidos que piden perdón. A l P adre C e le stial lo conmueve vuestra hum ilde sum isión, vuestra súplica y el arrepentimiento con que venís a Su presencia y acepta que paguéis vuestra deuda en solo siete días en vez de siete años en fatigosos trabajos forzados com o esclavos, si p e dís perdón y dem ostráis sincero arrepentim iento al Padre Celestial, que os está observando. Y si p e cam os siete veces siete años, ¿también nos. perdonará el Señor?, preguntó uno de los enferm os. A ú n a estos hijos, si están sinceram ente arrepentidos, el: Padre C e lestial les perdona sus pecados contraídos en siete ve ces siete años, a-co rtándoles las penas, para que las paguen en siete veces siete días.

CAPITULO XVIII
Los pensamientos que emite el cerebro humano, automáticamente se graban en el libro de la vida que cada hijo de Dios tiene abierto en la eterna memoria de la Naturaleza, donde pueden ser consultados aun después de miles de años y así saber el hombre cómo en ese tiempo remoto obró, pensó y vivió. Felices los que no desm ayan en el cam ino de su perfeccionam iento y co n paso firm e y resuelto m archan h asta la m eta triunfal, para recibir los laureles de la victoria. Todas las caídas y levantadas que habéis experim entado en esta pe n o sa m archa y todos vuestros errores y aciertos, quedan grabados para siem pre en la memoria de la natu raleza, co-

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m o ete rn o recuerdo indeleble de vuestra conducta durante vuestras pasadas vidas. Están grabados en vuestro propio cuerpo y vuestra alm a que, com o un libro abierto, están expuestos a la m irada del Señor que, con pasm osa fidelidad, le e en ellos toda la historia de vuestras pasadas vidas. Aú n vu estros pensam ientos m ás secretos se graban automáticam ente en dicho libro de la ete rn a m em oria, donde, indeleble s, perduran los siglos de los siglos, desde el principio del m undo hasta la eternidad de los tiem pos. De allí, que cuando os presentéis ante el Padre Celestial -lo que sucederá inevitablem ente cuando os m uráis aquí en la Tierra-, S u escrudiñadora m irada leerá en este libro vuestro pasado com p ortam iento-, alegrándose de vuestras buenas obras y entristeciéndose ante vu e stras caídas, vuestras m alas acciones. Tan perfecta es la - exactitud de las anotaciones de vuestro libro de vida, que no se escapa ni el m as m ínim o detalle . Podéis escapar a la justicia hum ana, pero a la justicia Divina no escaparéis jam ás. Pero si os arrepentís a tiem po de vuestros pecados y solícitos buscáis a los bondado so s agentes de la N aturaleza, qu e son los Angeles Tutelares de la Madre N atura, com o los Angeles del Sol, Aire, Agua Ayuno, Oración, etc. y si practicáis las grandes virtudes hum anas basadas en el a-mor, entonces, autom áticam ente, se os borrarán los estigmas de vuestro cuerpo y vuestra alm a y las consiguientes anotaciones de vuestro libro de vida. Por cada día que ayunéis, no com iendo absolutam ente nada, sino bebien do agua pura y acom pañando vuestro ayuno con fervientes oraciones pidiendo perdón por vuestros pecados y ayuda del cielo para n o pecar m ás, se borrará un año de vuestra cuenta de pecados anotados en vuestro libro de vida. Y cuan do haya sido borrada hasta la

últim a página de vuestras pecam in osas anotaciones y se hayan lim piado todos los e stigm as que m an chaban vuestro cuerpo y vuestra alm a, entonces habrá un gran regocijo en el cielo, porque seréis recibidos en audie n cia especial por el Padre Celestial. El Padre Celestial experim entará una gran ale gría en Su corazón, al ver que el hijo p ró dig o vuelve arrepentido y sum iso al hogar paterno. Lo recibirá con todos los honores y se regocijará inm ensam ente al leer en vuestro Libro de Vida, cóm o habéis triunfado sobre todos los escollos que os im pedían trepar hasta vuestra celestial m orada y cóm o habéis borrado hasta el últim o pecado anotado en ese libro. Entonces el Padre Celestial p remiará vuestros esfuerzos, otorgándoo s una larga vida en esta tierra, sin enferm e dades ni dolores, sin achaques ni sufrim ientos, además, una imperturbable paz y un a inefable dicha. Todo os saldrá bien , p orque Dios os enviará sus ángeles del cielo y sus agentes de la N atu raleza, para que os cuiden de todo m al y os procuren todo bien posib le . Y si en seguida os dedicáis a ejecutar obras de bien público y tam bién al prójim o, entonces el Altísim o os ascenderá en jerarquía al rango de servidores auxiliares divinos, gozando de dones y poderes especiales. Y de spués de m orir aquí en esta Tierra, seréis adm itidos para siem pre en el Reino de lo s Cielos, donde gozaréis de una inefable dich a y una vida eterna. Felices aquellos que, con perseverante em puje y tenaz esfuerzo, se conquistan el derecho de entrar e n e l Reino de los Cielos, porque ahí no hay sufrim iento, ni enferm edades, ni dolores, ni vejez, ni m uerte, sino una vida eterna, u na perfecta salud y una plena alegría de vivir.

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CAPITULO XIX

Los maravillosos efectos de los baños de barro, que siendo un prodigioso compuesto de tierra, agua y energía solar, los prepara la diligente Madre Natura para aliviar a sus hijos de los males que les suelen aquejar. En seguida, Jesús, extendiendo sus brazo s bendijo la inm ensa concurrencia que le rodeab a, diciendo: la paz sea con vosotros. Lu e go dirigió sus pasos hacia un grupo de inválidos qu e , echados en el suelo, apenas se arrastraban. Clam aban: Maestro, Maestro, ten piedad de nosotros, sánanos de nuestros achaques. Dinos, ¿qué debe m os hacer para sanar de nuestros achaques e inm ensos dolores?. Le m ostraron sus pies hinchados y doloridos, algunos con los huesos salido s de las coyunturas; otros tenían la piel enteram ente con úlceras y erupciones y otros con m anchas rojas, m anifestaciones externas de im p u rezas internas, qu e se exteriorizan con erupciones cutáneas. Cristo, lleno de com pasión, les in spiró ánim o dicie ndo: De cierto os digo, vuestros achaques serán sanados si perseveráis en el ayuno du ran te m ás de los siete días, dada la gravedad de vuestros m ales que os han sido im puestos por vuestras graves faltas. N o os de sanim éis, tened plena fe. Para curar vuestros m ales invocaré auxilio de otro ángel, el poderoso Ángel tierra. Acto seguido les m ostró un pantano al borde del río, com puesto de barro y lodo sem iespeso. Le s dijo: Sum ergid vuestros cuerpos desnudos en ese barro , dejando sólo la cabeza afuera y esperad pacientes y confiados la acción cu rativa del prodigioso ángel tierra, que obra como barro, en conju n to con el ángel agua y el podero so ángel sol que entibia él barro y lo carga de sus energías solares. Los enferm os así lo hicieron. Luego, algunos m anifestaron la satisfacción y agrado que sen tían al verse envueltos por este suave y tibio elem ento, que casi al instante se m anifestó por el gran bienestar que se n tían al quitarles sus ardores de estómago y sus abrasadoras fiebres internas. Así, ayunan do y orando, perm anecieron los días enteros en este tibio y agradable baño m edicinal, escuchando devotam ente las consoladoras pláticas del Divino Maestro, que para ellos fueron el más nutritivo de los alim entos, el alim ento espiritual. Lu e go, a grandes voces decían algunos: Maestro, ya se m e quitó todo dolor, qué me atorm entaba tantos años. Otros llenos de júbilo m anifestaban que sus hin chazones se les estaban bajando, y otros, que ya se les deshinchaban totalm ente y que no sentían los agudos dolores de antes. Lu ego, otros a grandes voces exclam aban que al deshinchárseles los pies, los huesos salidos habían buscado su s centros y por sí m ism os penetraron en las coyunturas, pudiendo ahora andar. Para demostrarlo, jubilosos salieron del barro y cojeando y algo dé b iles se dirigían al M aestro. Y finalm ente, otros que tenían la piel cubierta de úlceras y erupciones, sentían desde el prim er día una n o table m ejoría, cicatrizando rápidam ente las llagas, para después de u nos días, aparecer la piel sana, lisa y lozana, lo que m anifestaban a grandes voces al salir del baño de barro. Y e l Maestro m andó a todos los que estaban saliendo del barro, que se dieran una ducha debajo de un ch o rro de agua cristalina que caía de las alturas de una vertiente, formando lluvia to rrencial. Bastaba un breve instante para quedar com pletam ente lim pios del barro, presentándose ante el M ae stro con sus cuer-

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pos lim pio s y su piel sana y lozana, perfectam ente cicatrizada. Después de observar ate n tam ente el estado de cada paciente, les m andó que se secaran sus cuerpos húm edos en las tibias arenas de la playa, revolcándose en ellas. Esto lo hacían los pacientes con sum o agrado, perm aneciendo largos ratos en este agradab le baño de arena, entibiado por el ardiente Sol. Y, cuando estaban enteram ente secos, se presentaban jubilosos de n u evo ante el Divino Médico, para darle las gracias. Y con sincera em oción de agradecim iento, se echaban a su s p ies para besarlos en reconocim iento de tan m ilagro sa curación. Y todos los concurrentes que por m illares habían acudido de los alrededores, desde los m ás hum ildes hasta los m ás encum brados, jefes y gobernantes, farise os, escribas y sacerdotes, todos ellos, algunos con envidia y otros con satisfacció n , pudieron inform arse de las m ilagrosas curaciones hechas por el M aestro. Como últim o en salir del barro fu é un joven cuyos herm anos lo habían traído arrastrando

ya que estaba sin conocimiento y su piel era negra com o carbón, diciendo a sus herm anos que una serpiente m uy ve nenosa lo había picado. Por indicación de Jesús, los herm anos lo in trodujeron en el barro y allí lo cuidaban todo el tiempo hasta que desp e rtara del desm ayo y m anifestara que se se n tía perfectam ente sano. Luego, al salir del barro y tom arse la ducha de aseo, todos veían asom brados com o la piel n egra había tom ado color rosado de aspecto sano. Después de haberse secado en la tib ia aren a, se presentó sano y salvo ante el Divin o M ae stro y echándose a sus pies, lloraba de felicidad y tam bién sus herm anos. Jesús, visiblem ente em ocionado, dijo: N o m e deis g racias a m i, sino a m i Padre, qu e m e ha enviado para curaros de vuestros m ale s. Ahora, volved a vuestro pueblo y en todas partes proclam ad las bondades de los divinos Ángeles el Sol, Aire, Agua; Ayuno, Oración, Tierra, Barro, etc.

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CAPITULO XX
El Divino Maestro explica cómo el ayuno, la oración, la alimentación vegetariana y además, la fe y el recto vivir, ayudan poderosamente al hombre a conquistarse una perfecta salud, prosperidad material y espiritual y una intensa dicha de vivir. Y h abían m uchos otros enferm os que, a pesar de sus ayunos y o-raciones, seguían con sus achaques, sufriendo horribles dolores. Pero lle n o s de fe en las prom esas de Jesú s, perseveraron en sus ayunos y oraciones. Algunos de estos enferm os tenían el m al en la cabeza, por lo cual sentían vértigos, que les hacían cae r al suelo, cada vez que intentaban levantarse para acercarse a Jesús. Entonces, Jesús, lle n o de com pasión, se acercó a ellos para consolarlos, dicíendoles que si se guían con plena fe ayunando y orando, su curación se produciría con seguridad. Entonces, uno de los postrados, expresando su desaliento, decía: Maestro, habiendo sanado tantos otros, ¿porqué nosotro s seguim o s enferm os, a pesar de que hem os ayunado, orado y nos hemos bautizado?. Cristo respondió: Vuestro m al e s m ás grave que el de los que ya han sanado, porque habéis pecado m ás tiem p o; m ás tiem po habéis de sobedecido los Mandam ientos de la Madre natura, por lo cual ah o ra, tam bién m ás tiempo tenéis que sufrir enferm os. Pero no os desanim éis, te n e d fe y perseverad en vuestros ayunos y o raciones, pues, por este único cam ino podéis recuperar la salud. Para que com prendáis la necesidad e im portan cia del ayuno y de la o-ración para vuestra curación, os explicaré de* que m anera obran estos bondadosos y benéficos ángeles, a-gentes ejecutores de la volu n tad de la Madre N aturaleza.Al ayunar se m odifica toda la econom ía funcional dentro de vuestro organismo, orientán do se h acia una total curación y lim p ieza de vuestras entrañas. Los m illones de cé lulas de que se com pone vuestro cuerpo y cuya m isión corriente es transform ar el alim ento en energía vital, esas células, al no recibir alimento se dedican a curar y reparar los órganos enfermos. Otras célu las se dedican al aseo de la sangre, de los tejidos y órganos y de todas vuestras entrañas. Las cé lulas aseadoras proceden a elim inar y barrer fuera del cuerpo por las puertas y vías naturales, las basuras acum uladas en vuestro interior. Pero si las cantidades de basuras son excesivas, entonces a-bren p u ertas de escape adicionales en la superficie de la piel, consistentes en granos supurantes, úlceras, llagas, apostem as, etc., por donde dan salida a e ste exceso de substancias extrañas. De manera que dichas llagas, úlce ras y m anchas, no constituyen una enfermedad en sí, sino que representan un proceso eliminatorio, depurativo, curativo y de saneamiento del cuerpo interior, prom ovido por el sapientísim o m édico interno, que todo organism o tiene en su interior. N o estorbando con m edicam entos a este m aravilloso m édico, se obtienen las m ás adm irable s cu racio n e s. Cuando este m édico ha term inado su obra curativa y depurativa, dejando sanas y lim pias las entrañas, p rocede a cerrar las puertas de escape de la piel -úlceras, llagas, etc.que lu e go se cierran y cicatrizan en una piel lisa y lozana. Tal es la m aravillosa obra del sapientísim o m édico interno, uno de los Angeles de la Madre N atura, que espontáneam ente lim pia y pura prolijam ente vuestras entrañas, sin curanderos, ni m édicos, ni m edicinas. Toda e sta m aravillosa restauración de vue stro cuerpo ha sido posible debido a que Os habé is so m etido a un riguroso ayuno. De m anera que el Angél de l Ayuno ha term ina-

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do exitosam ente su m isión y vosotros podéis em pezar a comer de nuevo. Em pero, los prim eros días después de un prolongado ayuno, com eréis m uy poco, para aum entar poco a poco la ración cada día siguiente, hasta llegar a la norm al.' Después de h aberos explicado la importancia que ejerce el ayuno en vuestra curación, os explicaré la im portantísim a función que de sem peña la oración en el restablecim iento de vuestra salud. Al orar fe rvientem ente, lanzáis luminosos rayos que conectan vuestra alm a Con Dios, la gran Alm a Cósm ica, qu e todo lo abarca y que es un vibrante núcleo de sabiduría, energía vital, dinam ism o, fuerza, salud, bondad y am or.

Si vuestra fe rviente oración es sostenida y la acom pañáis con el recto vivir y adem ás con buenas obras de caridad, bondad y am or, dentro de una inquebrantable fe, entonces vu e stra alm a se identifica con Dios y El se une, y por e ste conducto fluye a raudales de ese gran depósito de salud, u n torrente de e nergía vital a vuestro escuálido cuerpo, cargándolo de vitalidad, fuerza y vigor, lo que prontam ente restaura vuestra salud, tanto del cuerpo com o del alm a. De' esta m anera quedaréis persuadidos de la inm ensa importancia de la oración acom pañada de buenas obras y del recto vivir.

CAPÍTULO XXI
Es un grave error y falta de veracidad el hacer creer al pueblo que una m edicina puede sanar una enferm edad. Las enferm edades son pecados del alma y no del cuerpo, que es materia inconsciente, incapaz de pecar. También la m edicina es inconsciente materia que obra tan sólo dentro de la m ateria y no tiene acceso a los mundos sutiles del alma, que es raíz, causa y origen de toda enfermedad. ¿Puede, acaso, lim piarse de este lado una mancha de un vidrio, si esta mancha está ubicada en el otro lado del vidrio?. Es este el imposible que los empíricos tratan de realizar, al querer curar una enfermedad de este lado, el lado material, estando la causa ubicada en el otro lado, el lado moral y espiritual. Por esto, la Madre Natura, sólo otorga salud al mérito, a la virtud, que actúan en el otro lado, el lado moral y espiritual y no concede salud por efectos de una droga, que sólo obra en el lado material. En verdad os digo, nadie puede gozar de b u ena salud, ni recuperarla, si la había perdido, si no se som ete a las Leyes N aturales. Sin em bargo, hay hijos desorientados que, van am ente, buscan la salud por cam inos equivocados de las drogas, despreciando las generosas fuentes naturales de donde la salud brota a raudales. Es que e sto s hijos están ceg ados por la deslum brante propaganda de los curanderos, que, apro vechándose de la ig n orancia del pueblo, explotan en provecho propio esa ignorancia y la enferm edad, co m o el m ás lucrativo de los negocios m ilagrosos e infalibles para sanar enferm edades, lo que, au nque sea falso, es creído por la gran m asa del pueblo. Por lo tanto, una vez más os prevengo: N adie p u e de sanar con una m edicina, porque esto sig n ificaría anular las sabias Leyes del Creador, que sólo otorga salud al mérito, pero jam ás a una droga. El p u eblo adquiere m éritos ante Dios, obedeciendo sus Manda-

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m ientos. Entonces, uno de lo s o yentes, que se sentía aludido porque era curandero, interpeló a Jesús diciendo: Maestro, has dicho que los rem edio s jam ás curan enferm edades. Sin em bargo, yo disp o n go de m edicinas que no sólo hacen desap are cer las úlceras y llagas de la piel, sino que tam bién quitan los do lo res de cabeza, de m uelas, reum atism os, etc. Maestro, tened a bien de esclarecer esta incongruencia entre lo qu e tú sostienes y yo afirm o. Jesús replico: Ya os di je que todo organism o vivo tiene, en su in te rior un sapientísim o m édico, que constitu ye la más poderosa defensa natural del organismo humano. E sta defensa la com pone un inm enso núm ero de células, cuya m isión es m antener sano y lim pio el interior de vuestro cuerpo. Estas células son organism os vivos, intelige ntes, com pletos, do tados de rápida m ovilidad y agilidad, siendo tan pequeñas qu e no las alcanzam os a ver a sim ple vista. Sin em bargo, podem os adm irar su m aravillosa obra cu ando nos zurcen una herida y la cicatrizan con tanta perfección que ¡guala a la piel sana. Hay num erosas clases de células, p e ro las que aquí nos interesan son las células curativas, aseadoras y mensajeras. E stas últim as nos avisan cuando ocurre un accidente en el interior de nuestro cuerp o . Este aviso nos llega a nuestra conciencia p o r m e dio del dolor que sentim os en lá parte afectada. Si por ejem plo, una com ida os cayó mal, sentiréis en el estó m ago un agudo dolor. Si en ese instante pudierais asom aros con vuestra penetrante m irada al interior de vuestro estóm ago, veríais allí las células defensivas en una febril actividad. Así veríais có m o las células mensajeras, m ediante una finísim a red de nervios, avisan a la central de vuestro cerebro, la e xistencia del m al. El cerebro, a su vez, da la alarm a que se m anifiesta en un agudo dolor del estómago e n el punto am agado. De esta manera estáis conscientes del m al que sufrís y podéis ayudar a una pronta m ejoría, dejando de com er unos días. Es decir, ayuna-

réis rigurosamente, hasta qu e la indigestión sea curada. Durante el ayuno, naturalm ente, no com eréis absolutam ente nada. Tom aréis sólo agua pura, para lavar y re frescar adentro. Asim ism o, veréis cóm o las células defensivas se esfuerzan en curar, zurcir, cicatrizar y m ejorar la afección, haciendo una o b ra perfecta. Al quedar reparado el daño, desapare ce rá el dolor, lo que os servirá com o se ñal de que podéis com er dé nuevo. Al perm anecer con vuestra penetrante m irada observando la m aravillosa obra del Creador, veréis cómo las células aseadoras, se e sm eran en limpiar prolijam ente el interio r, transportando hacia afuera todas las substancias extrañas, echándolas encim a de la piel, en la cual habían abierto puertas de escape, consistentes en úlceras, erupciones, apostem as, granos, etc. En estos mom entos críticos e s cuando tales enferm o s deben ser sabiam ente aconsejados, preferiblem ente por sacerdotes-médicos que han e studiado a fondo el proceso curativo natural, aquí som eram ente m encionado y que -de acuerdo con el Mandam ientoatienden por caridad, por amor al prójimo, pero jamás por dinero. Sólo en estas condiciones el m ism o Padre Celestial acude a curar a vuestros pacie n tes, lo que se m anifestará en éxitos asombrosos. Al ser los pacientes sabiamente aleccio nados, se evitará qu e caigan en m anos de inescrupulosos cu ran dero s que abusivam ente explotan la ignorancia, la enferm edad y el dolor del pueblo para hacerse inm ensam ente ricos. Pero a falta de tales m édicos sacerdotes, los enferm os suelen cae r en m anos de tales Magos Curan deros inescrupulosos que, por buena paga, les proporcionan sus m ixturas qu e , al m om ento, suelen adorm ecer al Médico interno, con lo cual se calm a el dolo r y desaparecen las m anifestaciones de la e n ferm edad, incluso las erupciones de la piel. Entonces tales pacientes se sienten fe lices ante tan m aravillosa curación, creyendo que, realmente, habían sanado. N o se cansan de

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cantar glorias a tan porte n tosa m edicina y al Mago que la proporcionó. Pero poco durará la felicidad del pacie n te, porque luego, la enferm edad volverá con caracteres m ucho más m alignos. Es qu e la m edicina había suprim ido tan sólo los efectos del m al, pero em peoró e l m al m ism o. Ha interrum pido un m aravilloso proceso curativo natural del Médico internó, agravando la cau sa del m al. La autocuración espontánea del organismo fue interrum pida, tornándose en una enferm edad crónica, m aligna, m uy difícil de curar. De esta verdad os convenceréis, al asom aros con vuestra pen e trante m irada, de nuevo al interior de vuestro estóm ago y observar atentam ente, la parte afectada. Entonces experim entaréis la m ás grande de las sorpresas, porque allí, donde m om entos antes habíais visto un enjam bre de células en diligentísim a actividad curativa y depurativa, veréis ahora montones de cadávere s de células muertas, aniquiladas, algunas aún con vida, aletarg adas, arrastrándose pesadam ente . ¿Qué es lo que ha pasado? Fue la funesta droga, esa m ixtura del curandero, que envenenó las célu las defensivas (al Médico in te rno), ya que todos estos rem edios, unos más, otros m enos, tienen por lo general como base, el aniquilam iento de las defe n sas naturales. El prim er efecto de este aniquilam iento de las Defensas N aturales, se hace notorio entre las células m e n sajeras, que dejan de transmitir alarm as, o sea de causar dolor lo que es muy grave po rqu e entonces el paciente, al no sufrir dolor se cree totalm ente sano y com e de todo,; arruinando su estóm ago, que crea úlceras sangrantes las cu ales degeneran m ás tarde en cáncer, cau sándole una repentina m uerte. Las células curativas, ese sap ientísim o m édico intern o , no han podido evitar este desastre, ya que tam bién ellas yacen heridas y m uchas totalm ente aniquiladas. Lo m ism o pasa con las células aseadoras que , por el m ism o m o tivo , qu e daro n im p o sib ilitadas para desem peñar su función de lim p ieza. Al

interrum pirse el aseo y al no apare ce r las células aseadoras en las puertas de escape de la superficie de la piel, con su acostum brada carga de basuritas, las células porteras creen que habían term inado el proceso aseador en el interior del cuerpo y proceden a cerrar las puertas de escape, o sea las erupciones cu táneas, los granos, úlceras, apostemas, etc., cicatrizando la piel en una sana, lisa y lozana. E s que las células porteras, tan distantes de la corriente sanguínea, reciben de últim o el im pacto de la ve n enosa droga asesina, de m anera que pueden actuar hasta el últim o m om ento, aunque con dificultad. Si ahora nos asom áram os de n u e vo al interior de este cuerpo e n venenado por las drogas, qu edaríam o s e spantados ante el horrible cuadro de cadávere s de células m uertas, en putrefacta y m aloliente descom posición. Luego la sangre se e ncarga de esparcir estas inm undicias por todo el organ ism o, envenenando los órganos m ás nobles, que em piezan a fallar. La pulsación se altera, la presión interna sube, provocando desvanecim ientos, ceguera, sordera, dificultad en el respirar y an dar, lo que generalm ente term ina co n un colapso cardíaco, una parálisis parcial o total y una m uerte prem atura. Tal es, pues, el efecto de las drogas, los calm antes y m e dicinas en general, que por unos instante s alivian, para m atar después. Y dirigiéndose el Divino Maestro al curandero, le dijo: Tal es la respuesta al enigm a que m e has planteado para que lo dilucidara, p ara que te convenzas de que la. m edicina qu e Ia tanto pregonas es tan tóxica que no cura, sino envenena. No trae salud sino una enferm edad m ás grave, porque convierte una b e n igna autocuración, en una dolencia m aligna, com o la tuberculosis, reum atism o cró nico, diabetes, cáncer y hasta la lepra. E n verdad os digo: los efectos curativos , de algunas medicinas son en realidad tan prodigiosos, qu e con razón deslum bran y fascinan a aquellos investigadores que desconocen la cura-'ción natural de las enfermedades. Los

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que la co n o cen saben perfectam ente que se trata de pura ilusión, que ace pta las apariencias com o realidades. Los naturistas expertos saben qu e , según las Leyes Biológicas, .ninguna m e dicina es capaz de sacar de raíz una enferm edad. Lo que realm ente hace la m edicin a es transm utar y transform ar una enferm edad leve en otra m ás g rave; un m al benigno, .en otro m aligno; una e n ferm edad fácil de curar, en otra incurable. R e specto a la inm unización, en verdad o s digo que no existe ning u n a m edicina de efectos in m u n izan te s qu e lib re vu e stro s cuerpos de futuros contagios con enferm e-

dades infecciosas. El único inm unizante real y efectivo es la sangre inm aculadam ente pura. Otro inm unizante no h ay ni se hallará jam ás, porque el inm unizar es antinatural, debido a que se opon e a los principios fundam entales de la Biología. N inguna droga inmu niza sino tan sólo -repito- cam bia un m al benigno por otro m alig n o , porque sólo adorm ece y encona, suprim iendo de que existe inm unización, cuando po r algún tiem po las defensas naturales, lo que entonces, da la im presión de que existe inm unización, cunado en realidad sólo e xiste una paralización de las autodefensas.

CAPITULO XXII
Cristo explica la maravillosa organización celular que existe dentro del cuerpo humano, diciendo qué es la obra más perfecta de toda la Divina Creación. Los concurrentes escuchaban adm irados estas m aravillosas en se ñanzas que por vez prim era llegaron a sus oídos. Algunos suplicaron: Maestro, enséñ anos algo m ás acerca del funcionam iento de nuestras entrañas, para que al conocer el orde n in terno, podam os cu idar m ejor nuestra salud y así no depender de los curanderos que, aprovechándose de nuestra ignoran cia, por dracm as de plata n os venden m enjunjes, m ás dañinos que la enferm edad m ism a. Cristo accedió a esta súplica diciendo: En verdad os digo, tan infinitas co m o lo son las estrellas del cielo, son las células de que se com p o n e vuestro cuerpo. Sin em bargo, todas ellas son indispensables para ase g u rar el correcto funcionam iento de vuestro organism o. Estas células son entidades vivas, ágiles y dinámicas, in teligentes y razonadoras. Ellas tienen algo de parecido a los seres hum anos, porque nacen, crece n, com en, se reproducen, trabajan, gozan, sufren, am an, odian, enveje cen y mueren, siendo reem plazadas por otras células jóvenes. En hom bres sobrios, abstemios de vicios y obedientes de la Madre N atura, prevalece entre las células una perfecta disciplina y el m ás riguroso orden, dentro del sabio régim en de los mejores y m ás aptos. La Ley Universal, según la cual la N aturale za ata al ignorante y da poder al sabio, tam b ié n rige dentro de l cuerpo hum ano, este pequeño m icrocosm os, considerado com o un resum en del Universo entero. D entro de este rígido orden, las células se van agrupando en jerarquías, conforme a sus aptitudes naturales, tendencias específicas, sus afinidades y m utuas sim patías. Las células m ás vigorosas, las m ás activas y de m ás em puje, las más inteligen te s, autom áticam ente se imponen, ascendiendo a posiciones de m ayores responsabilidades y m ás altas jerarquías. Así, las células m ás afe ctuosas, las m ás se n sib les, las m ás sabias y las

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m ás inteligentes, form an el corazón, y el cerebro de vuestro cuerpo, m ientras qu e las dem ás células fo rm an el resto de los órganos, como el estóm ago, hígado, inte stinos, ríñones, bazo, pulm ones, sangre, h uesos, pelo, etc. Las células de cada ó rgano efectúan con esm ero m áxim o su propia labor, esforzándose en m antener e se órgano en óptim as condiciones de funcionam iento y su m ás alto ren dim iento, pero no para su propio y exclusivo provecho, sino siem pre con m iras a serw 'r lo mejor posible a los demás órganos, con los que están ligadas en estrecha e inseparable interdependencia. Todos los órganos unidos form an a su vez un arm onioso co n junto de órganos, o sea, un gran órgano, que e s vuestro cuerpo, siendo éste vuestro cue rpo, a su vez, una célula del organism o m ás grande, que constituye la humanidad entera Este sabio orden cooperativo dentro de nuestro cu erpo desaparece sin em bargo en individu o s qu e de sobedecen ios Mandam ientos de la M adre N atura, entregándose de lleno a los placeres m undanos, a vicios y m alos hábitos. Las bebidas em briagantes, los tóxicos del tab aco y de las dem ás hierbas, adorm ideras y narcotizantes, la desquiciadora fornicación, la com ida desordenada que cu lm ina en gula, a-dem ás los rem edios y calm an tes, todo esto enferm a, debilita y degenera las células de vuestro cuerpo, aniquila sus autodefensas y su energía vital. En tal cuerpo, la conciencia directriz federal p ierde su soberanía sobre las células insubordinadas, fas que entonces form an focos subversivos llam ados enfermedad, la cual suele degenerar hasta estados m ás g raves, com o la tuberculosis, tisis, raquitismo, diabetes, cáncer, reum atism o crónico, gangrenas, lepra, etc., que son los estados m ás avanzados de degeneración celular y significan la ruina total de vuestro organism o. E sta lección os enseña que vuestro bie-

nestar depende de vosotros m ism o s. Si obedecéis lo s m andamientos de la Madre N atura os aseguraréis u n a perfecta salud, prosperidad m aterial y espiritual, p az y felicidad. Si la desobedecéis, tendréis que sufrir tales e nferm edades, m iserias y calam idades sin fin . Adem ás, os enseña esta lección, que debéis tomar com o ejem plo el co m p ortam iento de las células de vu estro cuerpo y tratar de im itarlas, p o r ser la organización m ás perfecta de toda la creación. Este perfecto orden cooperativo de convivencia hum ana, poco a poco, será adoptado por todos los pueblo s a m edida que ellos vayan acercándose a las cum bres evolutivas hum anas. Para poder vosotros cooperar eficazm ente den tro de esta severa disciplina social, debéis trabajar intensam e nte en vuestro propio perfeccionam iento, tanto físico, m oral, com o e spiritual, pero no únicam ente para vuestro exclusivo y personal provecho, sino siem pre Con m iras a servir lo m ejor posible a toda la colectividad, tal como las células de vu estro corazón sirven a todo vuestro cuerpo, el cual en el acto sucum biría si esas células, deliberadam ente, se negaran a trabajar. De ahí que co m o no cabe una paralización deliberada de la actividad celular dentro de vuestro cuerpo, así tam poco cabrá tal paralización de ntro de una organización social hum ana, cuando ella se eleve a sem ejante perfección, siendo ta! perfección la Suprema m eta de los pueblos y su inelu dible destino; destino de e scalar eternam ente la avalancha evolutiva hum ana, esas altas cu m bres superhum anas, en su acercam iento hacia el cielo. De m anera qu e, en el futuro, será calificado com o el pueblo más culto y civilizado del m undo, aquel que, dentro del libre albedrío, ejerza la m áxim a justicia social, sin necesidad de recurrir a la fu erza, a la paralización deliberada del trab ajo, y que con todo em peño y la, m ejor buena voluntad, coo p e re con los dem ás pueblos, especialm ente con los m ás atrasados.

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CAPITULO XXII a)
Cristo insiste en que la atención médica debe ser gratuita; que la parábola del Buen Samaritano debe servir de ejemplo a los médicos acerca de la manera en que ellos deben atender a los enfermos . Y dirigiéndose Jesús, exclusivam ente a sus discípulos les dijo: Vosotros que os esm eráis en aprender los secretos de san ar a los enferm os, debéis saber có m o m anejar este don y conservarlo una vez obtenido. Es que es m uy fácil perderlo al abusar de él, por ejemplo, si explotáis la enferm edad com o negocio, com o lo hacen algunos curanderos oficiales, hacién do se in m e n sam e nte ricos con el dolor ajeno y la desgracia del prójim o. S in em bargo, vosotros no procederéis así. Al estar en presencia de un enferm o, im ploraréis al Altísim o suplicando que acuda a sanarlo. Es qu e vosotros jam ás podréis curar por vosotros mism os a un enferm o, sino únicam ente con el auxilio del Padre Celestial, que és el artífice creador de los organism os, y, por !o tanto, sólo El con o ce las enferm edades y la m anera de sanarlas. Debéis im itar el ejem plo de l Bu en Samaritano, que se condolió del que yacía al borde del cam ino, gravem e nte herido por bandoleros: le curó las heridas, lo transportó a la posada y no le cobró nada por estos valiosos servicios. Al contrario, tam bién pagó de su bolsillo los gastos de su restable cim iento. Tal es el médico m odelo que debe servir de ejemplo para los médicos de todos los tiem pos. Sin em bargo, si alguno de vosotros, o lo s que os sucedan, se tienta de cobrar salario por la atención de sus enferm os, ya sea dinero, dádivas u otras prebendas, pierde el don de sanar a enferm o s porque entonces Dios no acude en su ayuda. Tal médico se to rn a e n un m ago, en un curandero, que so lo fracasos y am arguras cosechará en su inhum ana profesión. Cada denario que cobre en la explotación de la enferm edad, com o n egocio, se convertirá en una dolorosa espina que perm anentem ente le re-, m orderá la concie n cia, quitándole toda la aleg ría de vivir. Ante la Ley Inmaculada -que es Ley Divina-, e ste m é dico es un reo y com o tal, co n de nado a sufrir en su próxim a reencarnación la m ism a m iseria, an g u stia y el m ism o dolor que él hizo sufrir a sus pacientes, p o rque le será aplicada con todo rigor la Ley que dice : Con la misma vara que midas, serás medido.

CAPITULO XXIII
Cristo expulsó del cuerpo de un desvalido una enorme lom briz que lo atormentaba durante muchos años y lo tenía reducido a una piltrafa, sin emplear purgantes ni o-tros remedios, sirviéndose tan sólo del ayuno y del vapor de la leche.

En seguida, Juan, el Discípulo am ado de Cristo, qu e sie m pre estaba a su lado, dice al

Mae stro: Señor, hay entre la m uchedum bre un enferm o yacente en el suelo debido a su

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de bilidad, que ni gateando con el auxilio de

las m anos alcan za a a ce rcarse a ti y con su

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débil voz desde lejos clam a: Maestro, sáname, porque sufro m ucho Jesús, acercándose al e nferm o que estaba en el su e lo, lo observó atentamente un largo rato, co m o si, con su penetrante m irada hacia el interior del cuerpo enferm o, quisiera establecer el diagn óstico exacto del m al que padecía. El cuerpo del enferm o estaba tan dem acrado, qu e se parecía a un esqueleto. S u p iel estaba am arilla com o las hojas caídas de un árbol otoñal. El enferm o, al ver la presencia de Cristo, quiso incorporarse, pero su debilidad se lo im pedía. Con la m irada fija en el dulce Maestro le suplicaba: Señor, ten piedad de m í, sánam e. Sé que eres un Mensajero de Dio s y que posees el poder de enderezar m is m iem bros torcidos y arrojar de mi cuerpo al Satanás que m e está atorm entando. M e m uerde las entrañas, me oprim e la garganta, m e ahoga, no dejándo m e respirar. Entonces un fam iliar del enferm o, que lo acom pañaba, dijo: Maestro, he visto con m is propios ojos que tie n e m etido el m ismo dem onio en su cuerp o , pues lo vi al asom arse este dem onio por la boca del enferm o cuando duerm e. Vi su horrible rostro que era redo n do, tenía enorm es ojos y un g ran b igote alrededor del hocico. Cristo, asintiendo con la cabeza, co m o que com prendía de qué se tratab a, se acercó a Ju an y al selecto grupo de discípulos -a los que estaba aleccionando en los secretos de sanar e n ferm os- y les dijo: N o es un espíritu m aligno o un Satan ás lo que tiene m etido dentro de su cuerpo, sino una enorm e lom briz. Este gusano penetró en su cuerpo hace años co m o un pequeño m icrobio, con las abom inables com idas con que el e nfermo se alim entaba. Esta lombriz se anida, preferiblem ente, en el tubo digestivo, nutriéndose con lo m ejor de las com idas del enferm o. Con los años, esta lom briz creció enorm em ente dentro de sus entrañas y suele llegar a un larg o de cuatro codos. (1.70 m etros). Ah o ra, al ayunar el en fe rm o durante varios días y no darle com ida al gusano, éste, atorm entado

por el ham bre, se torna m aligno, batiendo y retorciéndose dentro de su vientre. Con sus fauces de pulp o, muerde y pellizca las paredes de los intestinos y del estóm ago, llegando hasta la boca en busca de alim entos, chupando y succionan do los residuos de los alim entos añejos qu e suelen quedar pegados en los intestinos. Al no encontrar ya nada que com er en el inte rio r del cuerpo, la lom briz se asom a hasta afu era de la boca, tap an do con su volum inoso cuerpo los conducto s respiratorios, lo que ahoga y asfixia al e n fe rm o . El pueblo no sabe de qué se trata, y llam a a este gu san o S atanás y con este nom bre te n dré que seguir llam ándolo tam bién, para hacerm e com p re n der mejor por la muchedumbre. Y dirigiéndose Jesús directam ente al enferm o, le dice : El ayuno de varios días a que te has som etido está com enzando a dar buenos resultados. Pues al n o com er tú, tam poco com e Satanás que tienes com o indeseable huésped alojado e n tus entrañas. Este huésped, tam bién tuvo que ayunar contig o y ahora tiene m u cha ham bre, por lo cual te atorm enta. Por tu ignorancia com iste alim entos inm undos qu e h an infectado tu cuerpo y lo convirtieron en una cueva de S atanás, en vez de ser un tem p lo sacrosanto en que habita Dios. Pero no tem as, Satanás será aniquilado antes que él te aniquile a ti. Porque m ientras tu ayunas y oras, los Angeles de Dios protegen tu cuerpo, para que la ira de S atanás no lo aniquile, po rque Satanás es im potente ante el poder de los D ivinos Angeles. Entonces, los concurrente s, m uy im presionados ante las reve laciones del Divino Maestro, se arrodillaron frente a El y le suplicaron diciendo: Maestro, ten piedad con este pobre desvalido, porque sufre m ás qu e todos nosotros. Si no arrojas pronto a Satanás de su cuerpo, tem em os que no viva hasta m añana. Cristo respondió: Grande es en verdad vu e stra fe y será hecho com o pedís. Luego veréis vosotros, cara a cara, a Satanás y su extraño rostro y entonces os convenceréis del poder de los Angeles de Dios, al expulsar-

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lo de las entrañas de este enfermo. En seguida, Jesús h izo sacar leche de una burra que e staba pastando cerca, y un recipiente co n esta tibia leche -que evaporaba un agradable arom a a leche recién sacada- lo colocó delante de la boca y las narices del e nferm o, diciendo: Los tres Angeles del Señor intervendrán ahora en el milagro que enseguida veréis con vuestros propios o jo s, pues e l Ángel del Agua com pone lo esencial de la leche; el Ángel del Sol la calentará y evaporará y el Ángel del Aire se e ncargará de llevar este vapor por la boca y las narices a los p u lm o n es del enferm o y también hasta el hocico del dem onio, a quien le gusta m ucho la leche fresca. Así sucedió efectivamente, porque el vapo r de la leche, calentada y evaporada por el ardiente sol, em pezó a levantarse abundante m ente, llenando todo el am biente con su grato arom a a leche fresca recién sacada. Cristo, que m antenía la cabeza del postrado en su regazo , apoyada en sus m anos, acercó aún m ás la palan gana a sus narices y le dijo: Aspira, ah ora, fuerte, hondam ente el vapor de la leche, para qu e los Angeles del Agua, Sol y Aire, penetren en tu cu e rp o y atraigan afuera a Satanás. El postrado aspiró hondam ente el vapor de la leche que, blanquecin o , salía de la palangana. Cristo, para dar ánim o al p ostrado a sus pies, le de cía: N o te desesperes y ten fe, porque luego Satanás saldrá afuera de tu cuerpo p o r tu boca, ya que está ham briento porque tú lo obligaste a ayunar. Atraído por el aro m ático vapor que despide la leche fresca y caliente , S atanás saldrá afuera, an sio so de satisfacer su hambre con su alim ento predilecto, que es la leche. Entonces, el cuerpo de l enferm o se estrem ecía con tem blo ro sas convulsiones y hacía esfuerzos para vomitar, pero no podía. Boqueaba para tom ar aire , m as, no podía, porque había algo que im pedía su resp iración, por lo cual se desm ayó, manteniendo Jesús firm e la cabeza del desm ayado en su s m anos,

la cual rem ecía para procurarle aire. Ahora Je sús, señalando la boca del enferm o, am pliam ente abierta, dijo a Juan: Mira adentro de la boca para que veas que Satanás ya está saliendo lentamente afuera. Entonces, to dos los que le rodeaban podían ver con terror y asombro a Satanás, qu e salía de la boca abierta del desm ayado, dirigiéndose lentam ente hacia la leche. Jesús aprovechó esta circunstancia para arrancar la cabeza del gusano y aplastarla con una piedra. Acto seguido sacó afuera de las entrañas del paciente el resto de la lom briz, que era más larga qu e el alto de un hom bre. Cuando el enferm o se hubo librado de este abom inable anim al, que lo estaba atorm entando tantos años, recob ró su aliento, respiró hondam ente y lloró de alegría. Con alguna dificultad se incorporó sobre sus piernas y luego dio alguno s pasos. Estaba feliz al constatar que podía andar de nuevo. S us fuerzas em p ezaban a recuperarse, su nublada vista se em pezaba a aclarar, lo que le perm itía, ah ora, ver m ejor a su bienhechor, a Cristo, que con afectuosa sonrisa lo m iraba. Jesús, m ás com placido con su paciente, le dijo: Mira esta enorme bestia que tenías alojada e n tus entrañas, está gorda, bien nutrida, porque se com ía lo m e jor de tus alim ento s, dejándote flaco y desnutrido, sin fuerzas para trabajar. Para que no te suceda alg o semejante, desde ahora dejarás de alim entarte con com idas abom inables, para que así tu cuerpo sea puro y limpio, co n virtiéndose en un tem plo del Señor, tu Dios, que hab itará en el Tabernáculo de tu corazón. Y todo s los concurrentes estaban felices y adm irados de la sabiduría de Cristo y le decían: Maestro, en realidad tú eres Mensajero enviado del Altísim o, ya que conoces todos los secretos de las enferm edades y de la salud. E l recién sanado, a altas voces, pregonab a con alabanzas la sabiduría de Jesús. Se postró, le besó sus pies y lloró de alegría y con él todos los concurrentes.

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CAPITU LO XXIV

Cristo som ete a todos los concurrentes enfermos a fervientes oraciones y a un riguroso ayuno por el plazo de 7 días, sanando la mayoría de sus achaques. Y Cristo partió diciendo a Juan: D e jo a tu cuidado este rebaño. Volveré al sé ptim o día de ayuno y o ración, para celebrar a los que perseveraron ayunando y orando los siete días. Ante esta exhortación, m uchos de los e n ferm os perseveraron en el ayuno y oración hasta com pletar los siete días. Y cuando terminó el séptim o día de ayuno y oración, grande fué la re co m pensa que recibieron del Cielo los que perseveraron ayunando hasta los siete días. Pues todos sus achaques y dolores le s habían desaparecido com o por obra de encantam iento , lo cual pregonaban a grandes voces los convalecientes. E l últim o día de ayuno y oración fue ce le brado con especial solem nidad, alegría y regocijo. Hasta una m agnífica aurora vino en ayuda a este solem ne recogim iento. N inguna n u b e o b scurecía el cielo. El Sol salió con m ás brillo y esplendor. Y cuando e l astro Rey em pezab a a levantarse en el horizonte, todos vieron atónitos cóm o Cristo bajaba de las altas m ontañas y cóm o, flotando en el aire, se dirigía hacia ellos, con el esple n do r de un Sol, irradiando todo su cuerpo una brillantez que cegaba m ás que el Sol. Cristo, al estar entre ellos, e irradiando su augusta faz una inm ensa alegría, levantó los brazos diciendo: La paz sea con vosotros. N adie se atrevió a pronunciar palabra. Todos se p ostraron ante él y besaban el borde de su vestimenta, en señal de profunda adm iración, respeto y gratitud por haberlos sanado de sus m ales. Les decía: N o m e deis gracias a m í, sino al Altísim o que m e ha enviado. El creó to do lo que es y existe, incluso a la Madre N aturaleza y tam b ié n a los Angeles, para que os sirvan, si sum isos y arrepentido s, con ayunos y oraciones solicitáis sus servicios. Acto seguido, Cristo despidió a la gente para que se fuesen a sus casas. Bendicién do les, les dijo: Idos en paz y no pequéis m ás contra la Madre N atura, porque sólo así estaréis sanos, sin dolores ni enferm edades. Em pero, m uchos resp o n dieron: Maestro, ¿adonde ire m o s, cuando estam os tan bien aquí?. N o querem os alejarnos de ti, porque tú irradias paz y felicidad, lo que nos eleva el ánim o y nos da alegría de vivir. Maestro, dinos, ¿cuáles son los pecados capitales contra la Madre N atura, que debemos e vitar para m antenernos sanos? Cristo respondió: En verdad, vu e stra fe m e conm ueve. Hágase conform e p edís. Acto seguido se sentó entre ellos y les habló acerca de las virtudes qu e los hom bres deben practicar y los p e cados que deben e-vitar para vivir felices, sin e n ferm edades ni dolores, una larga vida aquí en la Tierra.

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CAPITULO XXV
Cristo da lecciones acerca de la creación del Cosmos, de ¡os primeros padres, de las razas, de su color y de los grandes Mandamientos.

El Padre Celestial ha creado la Tierra, el Cielo, los Astros, los Soles, los Planetas y todo lo que es y existe. Cuando la tierra estaba m adura para recib ir vida hum ana, Dios creó la prim era pareja y la ubicó en un delicioso Edén, llam ado Paraíso terrenal, dónde los hijos, sin necesitar trabajar, se alim entaban de los exquisitos frutos de u n a exuberante arboleda. Este Paraíso estaba ub icado ca del N ilo. Corría a cargo de Mensajeros divinos, que apadrinaron a esta prim era p areja. Para la etern a m em oria erigieron en m edio del Edén una enorm e estatua que tenía el cu e rpo de León (Reino Anim al) y la cabeza de mujer (Reino Hum ano). Simboliza la ascensión del alm a de un Reino inferior a un Reino superior, del Reino anim al, al Reino humano. ¡Es el anim al que se hum aniza!. Luego esta pareja se m ultiplicó y se dispersó sobre toda la faz de la tierra. El color de la p ie l de estos prim eros pobladores de la tierra era co brizo, que es el blanco ligeram ente tostado po r el Sol. Pero este co lo r se alteró en aquellos pueblos que em igraron a zonas frías, de hielos y nieves, y se tornó blanco, por constituir este color la m ejor defensa contra el frío. E n cam bio, la piel de lo s pueblos que em igraron a las zonas Calurosas de Sol abrasador, poco a poco se tostó tom ando el color negro , que es el color que m ejor defiende contra el quem ante calor. E s que tanto el calor com o el frío qu em an, form ando el frío pigm ento blanco (nieve) y el calor pigm ento negro (carbón). El Padre Celestial que am a tiernam ente a sus hijos, cualquier color que tengan, les envió sabios guías, m ensajeros, profetas, para que los instruyeran. El prim er gran Mandam iento que recibie-

ron fué el sig u ie n te: "Am arás al Señor, tu Dios, con todas tus fuerzas, con todo tu corazón y con toda tu alm a". El segundo g ran Mandam iento que recibieron dice así: "Am arás al prójim o com o a ti m ism o". Con la palabra p rójim o debe entenderse a todo ser viviente en la naturaleza, por ser una creación de Dios qu e debe ser respetada y protegida p or el hom bre. Aún a vuestro peor e nem igo debéis am arlo, porque sólo el am or extingue el odio en e l co razón que os odia, tornán do lo en am or. Pero si lo seguís odiando, agrandaréis el odio en el corazón del prójim o para no extinguirse jam ás, perjudicando gravem ente a los dos. Debéis am ar a todos los h o m bres y pueblos, porque son herm anos, hijos de Dios y de los m ism os Padres, Adán y Eva, aunque el color de su piel se a diferente al color de vuestro cutis, sea cobrizo, negro, b lanco o am arillo. Repito, debéis am ar a vuestros enem igos, considerándolos com o los m ejores am igos vuestros; debéis bendecir a los que os m aldice n , hacer bien a los que os hacen m al, qu e rer a los qu e o s ab o rrecen, dar pan a los que os echan piedras, orar por los qu e os odian, u ltrajan o persiguen, pues todo esto significa am ar a Dios y al prójimo como a sí mismo!. Muy importante tam b ién es el siguiente Mandamiento: ."Amarás a tu padre y a tu madre, para que vivas m uch os años sanos y felices sobre la tierra". Otra gran Mandam iento que recib ieron dice así: "No matarás". Es que la vida dada por el Altísim o ningún h o m bre tiene la autoridad de quitarla sino sólo Dios! El que quita la vida al prójim o, au n que fuese Rey, juez o un enem igo, es u n m alhechor y un reo ante la Justi-

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cia inm inente, la cual tarde o tem prano le hará cancelar esta cuenta, anotada con letras indelebles en la eterna memoria del Vibro de la vida. El que quita la vida al prójim o e n re alidad la quita a sí m ism o, pues una m uerte sem ejante se pre p ara para sí m ism o. Y si m ata anim ales para com erse sus carnes, estas carnes se tornarán veneno e n su cuerpo, envenenándolo, produciendo dolorosas e nferm edade s, una vida llena de achaques, angustias y una m uerte torm entosa. Por el dolor, la angustia, el m iedo y el terro r que el hombre ocasiona a los anim ales en el m om ento de sacrificarlos, tarde o tem prano tendrá que sufrir la m ism a sem ejante angustia, conform e a la eterna Ley de Justicia y Amor, expresada en la siguiente sentencia: "Con la misma vara que midas serás medido". La carne es un alim e n to abom inable, un veneno en potencia que envenena hasta la últim a gota de vuestra sangre, ocasionándoos, tarde o tem prano, dolorosas enferm edades y u-na angustiosa y prem atura m uerte. Porque el anim al en los m om entos de ser sacrificado, sufre u n m iedo m ortal, tirita, bram a, sobreviniéndole un terror tal que le produce un sudor frío, llamado sudor de la muerte, que es un poderoso veneno cadavérico, raíz y causa de las m ás gran des enferm edades que acechan al hom bre, porque trastorna todo funcionamiento fisiológico en sus entrañas. La consecuencia fatal e s la alteración de las facultades psíquicas que a veces llegan hasta una dem encia to tal. Luego se altera tam bién el fun cionam iento del corazón/del estóm ago, los órganos dig estivos, de la vista, oído, olfato, etc. La nariz pierde todo su control olfativo sobre los alim entos, lo que podéis comprobar en un sim ple ensayo:

si, por ejem plo, el olor de algunos vegetales (cebolla, ajo, culantro, etc.) os repu gna, es señal segura de que vuestro olfato es anorm al, desco m puesto, ya que la naturaleza jam ás produce alimentos con olores repu g nantes, sino siempre con arom as gratos, para qu e sean atrayentes al paladar. Es que el organismo olfatorio perfectam e n te sano, énsu pleno y norm al funcionam iento, halla deliciosos los arom as de esos vegetales. Además, las . vibraciones bajas del anim al, las em ociones y sentimientos, propios de su e sp ecie, se transfieren al hombre al consumir sus carnes, contagiando su vida psíquica, rebajando sus sentim ientos, sus em o ciones y sus gusto s a la categoría de ese anim al, portándose el hom b re a veces peor que un anim al en su fiereza y agresividad, pues no tiene escrúpu lo s e n m atar y aún en provocar una sangrienta m atanza. La m ayoría de lo s conflicto s bélicos son provocados por tales hom bres. Ento nces un discípulo preguntó: Maestro, si prohíbes com er la carne com o alim ento, ¿qué com erem os? Cristo respondió: El Padre Celestial ha dicho: O s do y toda clase de hierba que crece en el campo, todas las le g u m bres y verduras que producen vuestros huertos y también toda fruta de vuestras arboledas, para que os sirvan de alim entos; adem ás, la leche de vuestros animales y todo s sus subproductos y derivados. Pero resp e taréis la vida de esos anim ales, no los m ataréis, n i com eréis sus carnes ni su sangre, pues, así no quebrantaréis la su p re m a Ley de N o M atarás.

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CAPITULO XXVI
Dice el Divino Maestro que el am or im pide m atar para com er, pero perm ite al hom bre m atar una fiera peligrosa qu e lo ataca, con lo cual no infringe la Ley de no m atarás, pero sí al m atarla sin que ella lo ataque.

Después de estas palabras todos perm anecieron silenciosos, meno s uno, que preguntó: Maestro, ¿qué haré si un fe ro z anim al salvaje en plena selva ataca a m i herm ano y está a punto de desgarrarlo?. ¿Dejaré que m i herm ano perezca o m ataré a esta b e stia feroz?. Muéstram e, Maestro, si al matar yo a la bestia feroz, quebranto el Man dam iento de no m atarás. Cristo respondió: Desde el p rincipio del m undo o s fué dicho: de todas las criaturas que m oran en la tierra, Dios cre ó sólo al h ombre a Su imagen. Por lo tanto las b estias son subordinadas al hom bre y no e l h o m bre

a las b e stias. Luego, no quebrantaréis la Ley al m atar a esa bestia salvaje para salvar a vuestro herm ano. Pero el que m ate a un anim al, aun qu e éste no lo ataque y sólo por el m orboso placer de m atar, o p or la carne, su piel o sus colm illos, éste sí quebranta la Suprem a Ley de no m atarás. En verdad os dig o , e ste asesino de inocentes víctim as, tarde o tem prano recibirá su ju sto castigo, pues sel alm a del anim al asesin ado lo ace ch ará p a r a v e n g a r s e y e n cualquier reyerta arm ará con un puñal la m ano de un asesino para que lo m até, tal com o él lo m ató.

CAPITULO XXVII
Cristo contesta la pregunta del porqué él prohíbe comer carne lo cual Moisés permitía. Otro de los presentes dijo: Maestro, me asalta una duda acerca de la alim entación a b ase de carne, porque Moisés, el m ayo r de Israel, perm itía a nuestros padres com er la carne de los anim ales lim pios y sólo prohibió comer la carn e de los anim ales inmundos. Maestro, te suplico m e saques de la du da acerca de la alim en tació n carn ívo ra. Tú p ro h íbes com er la carne de toda bestia y Moisés lo perm ite. Dim e, ¿cuál Ley viene de Dios, la tuya o la de M oisés? Jesús respondió: El Padre Celestial, por in term edio de Moisés, dictó diez Mandamientos para la obediencia de vuestros padres. Fueron leyes severas, sab ias, inm utables, concebidas para pueblos de avanzada m adurez evolutiva. Pero el pueblo de Israel aún no estaba m aduro para comprender -y m enos obedecer- estos Mandam ie n to s. E n to n ces Moisés dijo al Altísim o Señor: Mi corazón está lleno de angustia, porque m i pueblo es com o los niños pequeñ o s, de- cerebro infantil, incapaz de com pre n de r tus diez Mandamientos, ni en su letra y m enos en su espíritu. P or lo tanto, permítem e, Señor, que le aclare estos diez Mandamientos, con explicaciones que estén al alcance de su capacidad m ental

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para com prenderlos y atenuarlos, para que los pueda e n tender, practicar y cum plir, y cuando haya progresado a m ayor nivel evolutivo y m ayor com prensión y m adu rez, entonces entenderá y obedecerá los diez Mandam ientos de tu Ley, en to da su integridad, en su letra y espíritu. Por esto, Moisés rom pió las tablas de piedra en que estaban escritos estos diez Mandamientos y por cada Ley dictó diez explicaciones aclaratorias m ás fácilmente com prensibles y m ás fáciles de realizar en el diario vivir por estas m entes infantiles y obtusas. O sea, dio diez veces diez Mandam ientos. P orque m ientras m ás alejado está un pueb lo de Dios,

tanto m ayo r núm ero de Leyes necesita, es de cir, m ayor número de peldaños para llegar a Dios. Al revés, mientras m ás cerca está de Dios, m enos Leyes necesita, o sea, m enos núm e ro de gradas para llegar hasta el Altísim o, para finalm ente no necesitar ninguna Ley, ninguna grada, cuando ya haya escalado hasta Dios. Todos escuchaban asom brados su s sabias lecciones y, al callar Jesús, le suplicaron: Maestro, continúa, estam os ansiosos de con ocer los m isterios de la vida que nos estás revelando.

CAPITULO XXVIII
Cristo sig u e explicando el porqué en tiempo de Moisés se perm itía com er la carne, lo cual ahora está prohibido. Jesús continuó diciendo que en estas diez veces diez Mandamientos, también e l Mandam iento no m atarás había sido aten uado en sus severas dispo siciones. Este Mandam iento, aunque prohibía la m atanza de todo ser viviente, sin em bargo, en este caso excepcional y de em ergen cia, por hallarse el pueblo en su incipiente grado evolutivo se le pe rm itía transitoriam ente matar anim ales, pero no a hom bres. Entonces un discípulo pre guntó: Maestro, ¿hay aparte de e sta razón que m e diste para m atar anim ales, o tra razón que perm ita desobedecer la Ley de no m atarás? Cristo respondió: Efectivam ente, e xiste esta otra razón, qu e enseguida os explicaré. La vida se rige por ciclos y etapas. Por un ciclo de vida se entiende por ejem plo, la infancia de un niñ o que vive feliz en el hogar pate rn o y que sin necesidad de trabajar, halla com ida, abrigo, juegos, afecto s. Pero, al crecer, termina el ciclo de la infancia y em pieza el ciclo siguiente, el ciclo de la adolescencia. Entonces, tiene que aban do nar el dichoso h ogar paterno, para ir a trabajar afuera y ganarse el pan por sí m ism o, con el sudor de la frente. Algo sem ejan te com o sucede en la vida de los niños, sucede tam bién en la de los pueblos-niño. Así, los p rim eros habitante s de la tierra vivían felices su infancia en el Paraíso Terrenal y. sin nece sidad de trabajar, hallaron la m esa siempre puesta. Pero cuando lle garon a su adolescencia evolutiva, tenían que, en cum plim iento de la Ley de ciclo s, abandonar el Edén, para ir a poblar y cultivar la tierra, que Dios había aparejado para este objeto y ganarse el pan cotidiano, con el sudor de la frente. Pero e l recuerdo de su Divino Origen, que era tan dulce y grato, y que perm itía fam iliarizar y platicar con e l Padre Celestial, com o los hijos carnales platican con su padre carnal, este recuerdo lo tenían tan arraigado, que no lo podían olvidar. Adem ás, el otro recuerdo de su estadía dicho sa y feliz era que, sin la necesidad de trabajar, siempre

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tenían la m esa puesta, lista para com er. Estos dos tan graves recuerdos se les hacían inolvidables y les pro ducía una nostalgia tal, que, sollozando, pedían al Padre Cele stial que los hiciera regresar al Paraíso en el qué tan feliz infancia habían vivido. Pero, com o po r e l otro lado, estos siem pre rem em orados recuerdos les hacían im posible concentrarse en sus faenas terrestres y m en o s hacer frente a la dura lucha por lasubsistencia y el cultivo de la tierra, el Padre Celestial, e n su omnisciente sabiduría, les hizo olvidar estos recuerdos perturbadores, sum iendo a toda la hum anidad en p ro fu ndo sueño, que les hizo olvidar su D ivino Origen y su glorioso pasado. Para esto fué preciso sepultar el espíritu Divino en una envoltura material hum ana m ás com pacta, m ás de n sa. Esto se consigue densificando, aún m ás, el organism o hum ano mediante una apropiada alim entación. Y la alimentación densificadora del cuerpo humano la constituye por excelencia, la carne y las bebidas embriagantes. D e esta m anera el E sp íritu Divino fué sepultado en una envoltura hum ana tan de n sa, que no pudo m anifestarse en su conciencia su p e rior, sino tan sólo en la inferior, qu e e s la m aterialista. Los fuertes narcotizantes, com o son el vino y la carn e , form an, pues, una brum a tan espesa alrededor del espíritu, que no dejan pasar n i un rayo del Sol e sp iritual, para vivificar el espíritu sepultado. Esto tuvo por conscu e ncia que la eterna

personalidad divina del hom bre se tornara, poco a poco, una transitoria personalidad hum ana, u-na entidad puram ente terrenal. De esta manera el hom bre perdió la visión integral de la vida y hasta los vislum bres del m ás allá, de ese m agnífico m undo ce le stial, que ha de habitar después de su m uerte física. Sin el freno del Yo Superior y sin la luz espiritual, su m entalidad era a-hora, exclusivam ente terrenal, sub-hum ana, con todas sus fallas del ser in ferior, con sus odios, egoísm os, rencores, guerras, orgullos, vanidades, vicios y m alos hábitos, que son las características de la perso n alidad hum ana, profundam ente sepu ltada en la materia. Con la m ayor den sificación de la envoltura que sepultó al espíritu dentro de la espesa m ateria, el Altísim o consiguió, plenam ente, sus objetivos, pues la humanidad había olvidado su divino origen y ya no sufría n o stalgia, ni lloraba para regresar al Paraíso Terrenal. Ahora, aún negaba la existencia del tal P araíso y lo aceptaba tan sólo com o una herm osa fáb u la. Por el otro lado, el p ueblo a-hora se encontraba plenam ente en las faenas terre n ales, en el cultivo de la tierra, el fom ento de la ganadería, la pesca, etc. Al dejar de hablar Jesús, uno de lo s discípulos le preguntó: M aestro, ¿qué esperanzas hay para el próxim o futuro de la hum anidad?

CAPITULO XXIX
Cristo da a conocer la trascendental noticia de que con el Siglo Veinte, termina el ciclo materialista de la vida, y con esto, también termina el descenso del espíritu dentro de la densa materia, comenzando el gran regreso hacía arriba, es decir, comienza la rueda cíclica del ascenso hacia los luminosos mundos sutiles del cielo, que es él m aravilloso Mundo Espiritual, el verdadero y permanente hogar del hombre hecho ángel.

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C risto respondió: El Padre Celestial me h a enviado para daros la buena nueva de que el Reino de lo s Cielos se ha acercado. Para que seáis adm itidos en este m agnífico R e ino, debéis lavar vuestras túnicas, para que sean in m aculadam ente lim pias cual nieve fresca o lirios en flor. En otras palabras, debéis m ejorar vuestra conducta y orientarla dentro de los Mandam ientos del Seño r. Debéis hacer bu enas obras y arrepentiros de vuestros errores, pues sólo así seréis adm itidos en el Reino de los Cielos. En verdad os digo, la rue da cíclica de la evolución hum ana, ya m arcó el punto m ás bajo en su descenso a las profundidades de la m ateria y ahora e m p ieza el feliz retorno hacia las alturas, hacia el Paraíso Celestial, la casa paterna de| espíritu. Para esta ascensión precisa aligerar los organism os hum anos, librándo los de su ahora inútil lastre. Lastre que fué necesario para facilitar el descenso, p e ro ahora, para el ascenso, precisa sacarlo para volver la b arca más ligera. Es decir, precisa desm aterializar y desde n sificar los organism os hum anos, y este procedim iento se hace al revés de lo que se hizo antes para m aterializarlos y densificarlos. Si antes fué necesario y conveniente el comer las carnes y beber vino, ahora, en este ciclo de vida es inconveniente y perjudicial hacerlo, porque este lastre precisa sacarlo para aligerar la barca humana, para quitarle peso, para su m ás fácil ascensión. Así, desdensificando y sutilizando los hom bres sus cuerpos, quedan aptos para realizar el ciclo siguiente de la vida, el ciclo espiritual, fijado para la presente oleada evolutiva hum ana. Repito, ahora precisa de spojar y librar el espíritu de la espesa m ate ria, de la pesada envoltura física, es decir, de sm aterializarla, desdensificarla, a fin de alivianarla, sutilizarla, porque sólo de esta m anera se puede elevar y rem ontar a las alturas espirituales y

regresar a la casa paterna de la que h a salido para adquirir conocim ientos y experiencia en las profundidades de la vida. Desdensificar la capa del e spíritu significa, en prim er lugar, no com er la carne ni sus subproductos. En resum en, no debéis m atar ningún ser viviente para com eros los despojos de sus cadáveres. Com o ya os m anifesté, debéis alimentaros de vegetales y frutas. Tam poco debéis beber bebidas em briagantes. El ju g o de uva no ferm entado es una excelente bebida natural que fortalece y no em briag a com o el jugo ferm entado que se torna en em briagante alcohol. Pero la m ejor de las beb idas es el agua pura, porque esta bebida natural jamás podrá se r su perada por ningun a bebida artificial hecha por el hom bre. De esta m anera iréis utilizando vue stro organismo y paralelam ente vuestro espíritu irá desp e rtando de su m ilenario sueño, en que, p ara vuestra propia conveniencia, os ha sum ido el Padre Celestial. Con esta alim entación dep u radora, exclusivam ente ve getariana, em pezaréis a tener vislum bres ocasionales del m ás allá, de este m aravillo so m undo en el que el Padre Celestial recib e y agasaja a sus hijos que, cargados de experiencia, conocim ientos y sabiduría retornan a la casa paterna. Entonces dirigiéndose Jesús especialm ente al discíp u lo que pedía una aclaración del p o rqu é Cristo prohibía com er carne, lo que Moisés perm itía, y cuál de las Leyes, la de Jesús o la de~ Moisés, venía de Dios, dijo: Despu és de la extensa explicación que os di acerca de este pu n to , habréis com prendido que las dos Leyes vienen de Dios, tanto la de Moisés com o la m ía, só lo que están destinadas para dos distintas épocas, o sea, una Ley para el descenso a la m ate ria (la de Moisés) y otra Ley para el ascenso de la materia (la mía).

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CAPITULO XXX
Juan pregunta al Divino Maestro en qué se conoce a un verdadero Profeta.

Todos quedaron atónitos ante tan sabia contestación que dio el Divino Maestro . S e h izo un gran silencio que Juan aprovech ó para hacerle una pregunta a Jesús. Maestro, según tus sabias enseñanzas,, a un verdadero y auténtico Mensajero Divino se le conoce no sólo por las sabias enseñanzas que divulga, sino tam bién p o r lo que come y bebe; si come Carne y es bebedor de bebidas embriagantes y se dice mensajero, según mi modo de ver es un farsante, un hipócrita, un im postor, com o Sim ón e l Mago. Maestro, ¿es correcta esta interpretación?. Cristo respondió: Bien has interpretado m is enseñanzas. Ya el Sagrado Texto confirm a esta verdad. Cuan do Jehová designó a Daniel y a sus com pañeros com o Mensajeros ante e l Rey N abucodonosor, les inspiró en su co razó n, que no aceptasen la suculenta com ida ni lo s m anjares exquisitam ente sazonados a base de excitantes condim entos de carnes ni tam poco las em briagantes bebidas de la generosa desp e n sa del Rey, sino tan só lo com ieren una frugal com ida a base de legum bres y frutas com o único alim ento y el agua pura com o única bebida. Ellos cum plieron estrictam ente co n esta Divina inspiración, y de esta manera ellos contam inaron sus organism os, m anteniéndolos suficientemente puros, vigoro sos y sensibles para no perder la conciencia supe-

rio r, y así poder captar los m ensajes del m ás allá. De esta m anera ellos conservaron sus dones espirituale s y la conexión con el Altísim o , convirtiéndose en los sabios m ás pro m inentes de la épo ca, e n Mensajeros Divinos y Profetas que asom braron a todos los sabios de su tiem po. Estos Mensajeros Divinos conservaron sus org an ism os físicos y espirituales tan inm aculadam ente lim pios, puros y ag udos, que percibían clara y nítidamente los Mensajes del Altísim o y los interpretaban correctam ente. E sta facultad de que ellos gozaban no so lam ente se debía al hecho de ser vegetarianos puros, sino a que com ían los vegetale s crudos, tal com o la Madre N atura los adereza, sin desvirtuarlos con la cocción. Com o ya sabéis, Daniel y sus com pañeros fueron elegidos com o Mensajeros Divinos por haber obedecido estrictamente los Mandam ientos del Altísim o, pues únicam ente la práctica de las grandes virtudes hum an as, es decir, llevar una vida sobria de recto vivir, sana y pura, dedicada al asiduo trabajo y al em puje del progreso espiritual y m oral, concede los m é ritos para poder optar por tan alto galardón de ser ungido m ensajero y con fidente del Altísim o. Com o este cam ino del suprem o sacrificio es

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extrem adam ente e n gorroso, largo y fatigoso, para alcanzar tan elevada m eta, por dondequiera surgen falsos profetas y m ensajeros fingiendo ser confidentes de l Altísim o, valiéndose para dem ostrarlo de las m alas artes de la m agia negra. Para e sto evocan espíritus de ultratum ba, con cuyo auxilio provocan golpes, lam entos, m ueven m uebles y otros objetos, a fin dé atraer incauto s e

im presio n arlos para que crean que realmente poseen poderes ocultos. Sin em bargo, sólo los espíritus inferiores, las alm as-niño, algunos esp íritus de la naturaleza de la categoría hum ana, se prestan a esta farsa, pero jam ás los espíritus respetables y justos. Por el hecho de tener estos espíritus cuerpos etéreos sum am ente sutiles, son incapaces de efectuar m anifestaciones de cu alquier especie en este m undo m aterial. Para poder hacerlo se vale n de los cuerpos de los asistentes a estas reuniones, succionándoles sigilosam ente y sin qu e las víctim as se den cuenta de ello, un inmenso caudal de su fluido vital, que es la savia vital que da fu e rza y e n ergía al hom bre. Con el auxilio de esta energía los invisib le s e sp íritus efectúan dichas m anifestaciones espirituales. Así com o el árbol se m archita, se seca y m uere al quitársele la savia, así tam bién el hom bre se m uere al extra erle su fluido vital. De ahí que es m u y peligroso asistir a tales sesione s espiritistas, porque con la pérdida de su fluido v it a l, l o s a s i s t e n t e s que dan tan extenuados com o si hubieran efectuado un pesadísim o trabajo o hecho un enorm e esfuerzo escalando una em pinada m ontaña. Si persisten asistiendo a

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tan peligrosas se siones, pueden perder toda su savia vital, tornándose dem entes, paralíticos, idiotas o lo cos. Y aún otros peligros no m enos graves acechan a los incautos am igos del espiritism o. Los traviesos espíritus les siguen a sus respectivos hogares, tornándolos tenebrosos y h asta inhabitables. Allí se regocijan con los obje tos m ás valiosos y apreciados, juegan con ellos, destrozándolos y gozando m ás m ie ntras más daño hacen. Hay casos en que estos espíritus se introducen en los cuerpos de los animales dom ésticos -g ato s, perros, cabras, etc., haciéndolos andar en dos patas -delanteras o traserascomo si fuesen p e rsonas, m olestando a los hum anos. Aún pueden invadir vuestros p ro pios cuerpos sin qu e vosotros lo podáis impedir, haciéndoos efectuar actos deshonestos y repugnante s contra vuestra propia voluntad. Sin em bargo, hay m aneras de echarlos. Estos espíritus son sum am ente tím idos, com o los niños. Se asustan, especialm ente de las arm as blancas, cortantes y punzantes, como los cuchillos, puñales, lanzas, pero ante todo, de la espada, el espadín, el sable, etc. Basta esgrim ir un sab le, haciendo con él unas enérgicas pasadas por el aire como atacando a un enem igo invisible, vociferando: "Afuera, espíritus malignos", para que ellos huyan despavoridos de esa casa. P ero si los espíritus ya están dem asiado arraigados en ese hogar, cuesta m ucho m ás para echarlos. En tales casos hay que recurruir al poder m áxim o que

m anda a todos los esp íritus, para obtener resultados seguros. Ese p o der m áxim o es Dios. Todos los m oradores de ese hogar in vadido por espíritus m alignos, deben ayunar unos días, h aciendo oraciones continuas, y con m ucha fe pedir auxilio del Padre Celestial y, si persisten en esta política, el Espíritu m áxim o los hará huir. Dios ha puesto puertas infranqueables entre éste y el o tro mundo y estas pu e rtas no deben ser forzadas por los indignos, los hum anos no maduros. Pue s, ellas solas se abren a los dignos que poseen las llaves del cielo, llaves que un día todos tendréis, y tanto m ás pronto cuanto más os em peñéis en efectuar buenas obras en esta vida y os com portéis tal com o os enseñé. Volviendo Cristo a hablar acerca del alim ento crudo, dijo: E s que en los vegetales crudos se hallan las m ás delicadas esencias de la naturaleza que vienen del Sol, del Aire y del Agua y que son tan sutiles y se nsibles que se destruyen y volatizan al hervirlo s, privando así a los hum anos del indispensable alim ento m ental y espiritual, contenido tan sólo en los vegetales crudos que precisam ente es lo que establece la conexión con el m ás allá. Es que los alim entos cocidos alim entan tan sólo el cuerpo físico, e n cam bio los crudos alimentan a ese cuerpo y, ante todo, al cuerpo espiritual, al cerebro, la m ente donde radica la inteligencia, la sabiduría y las grandes ideas que traen el progreso.

CAPITULO XXXI
Cristo profundiza sus explicaciones acerca de los alimentos, y el porqué los cocidos están muertos, sin vida ; la vida sólo viene de lo vivo.

Jesús prosigue diciendo: El Mandam iento de no m atarás com prende tam b ién el no

m atar los alim en tos que han sido servidos p ara nutriros y daros, además de la fuerza

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m uscular, tam bién fuerza m ental, con una m ente clara, despejada, que capta fácilmente las ideas, da lucidez, facilitando la com prensión y la inventiva. Debé is p ues, com er alim entos vivos, porque ellos os vivificarán el cu e rpo y el alm a, agudizando el espíritu y, e n resum en, os darán fuerza física e intelectual. Los alim entos vivos os quitarán el aburrim iento, el m al hum or, el m al carácter y el pesim ism o, introduciendo un sol de n tro de vue stras entrañas que al apagado le da lucidez, al triste la alegría, al te rco la cordialidad y jovialidad, ál rencoroso y odioso lo convierte en un am istoso, since ro y servicial am igo, al pesim ista, en o p tim ista, en fin, el alim ento vivo da vida y alegría de vivir. En cam bio los alim entos m uertos o s introducirán una som bría noche en vuestro cuerpo, apagándoo s la vista espiritual, veréis todo obscuro, puras tinieblas, tornándoos pesim istas, aburridos, de m al hum or, agresivos, hirientes, guerreros, que no dejan vivir e n paz a los vecinos; finalm e nte, os enfermarán haciéndoos sufrir do lo res y ocasionándoos una p re m atu ra m uerte. Es que una sabia Ley de la Madre N atura dice: La vida sólo viene de lo vivo y la m uerte viene de lo m uerto. Es que todo lo que m ata vuestro alim ento , m ata tam b ié n vuestro cuerp o , y todo lo que m ata vuestro cuerpo m ata tam bién vuestra alm a, obscurece la m ente y sepulta el espíritu. Po r lo tanto no

com áis nada que el fuego, la e scarcha o el h ie lo hayan destruido, porque los alim entos quem ados, asados, helados o podridos, quem arán tam bién vuestro cuerpo, os helarán la sangre y os m architarán cóm o un árbol regado co n agua hirviendo. N o seáis com o aquel agricultor insensato que sem bró trigo hervido. N o salió nada y perdió la siembra. Sed com o el agricultor sensato que sem bró sem illa viva, que luego brotó en vigorosas plantas y gordas espigas, producien do ciento por uno. Com ed pues alim ento vivo, como so n todas las frutas de las arboledas, los vegetale s del huerto y la leche fresca de los anim ales, sin hervirla, porque la inm ensa sabiduría del Señ o r creó vuestros cuerpos y tam bién los alim entos adecuados para alim entarlos. Porque todas las frutas e n su e stado m aduro son m ás sanas si se co men crudas. Es que el Creado r e s el mejor cocinero que cocina todo al calor del So l, que no quem a los vegetales, sino tan sólo los vitaliza, los tuesta y dora, cargándolos de energía solar, la cual se convierte en energía vital, que im pulsa vuestros cuerpos, haciéndolos fuertes y resistentes. Los elefantes, los cam ello s, toros, etc., que son los anim ales m ás fuertes que pisan la tierra y que com en generalm ente pasto crudo, ¿no son acaso una confirmación de esta verdad?

CAPITULO XXXII

Cristo explica cómo cocer el pan sin destruirle la vida.

Entonces, varios concurrentes p reguntaron al m ism o tiem po: Maestro, ¿cóm o cocerem os nuestro pan cotidiano?. Jesús respondió: el S o l e s la principal

fu en te de calor, de energía, salud y vida. Sin S o l e sta tierra sería una bola de hielo y nieve. E ste Sol dispone tam bién, del calor preciso para cocinar vuestro pan. Poned pues, aten-

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ció n en cuál es el procedim iento de cocer e l pan al Sol. Remojad una porción de grano, que puede ser trigo, cebada, centeno , etc., en una palangana para que el Ángel del Ag u a penetre adentro de los granos y los ablande. En seg u ida poned la palangana al Sol, para que los Angeles del Sol y del Aire com penetren el grano con sus benéficos eflu vios, los vivifiquen, y despierten su fuerza germ in ativa, que duerm e late n te en todas las sem illas. Mantened este grano húm edo al Sol hasta que germ ine y eche brotes verdes. Estos b ro tes tienen un agradable dulzor a m iel y como son vegetales brotados, le agregan un m ayo r poder nutritivo al grano así germ inado. Enseguida pro ce ded a m oler este grano sobre una piedra con otra piedra, hasta que se convierta en u na pasta. De este am asijo haced delgaditas tortas, tal como hicieron vuestros padres cuando salieron de su cautiverio de Egipto. Estas to rtas ponedlas al Sol de sde su salida, y cuando el Sol llegue a su m ayor altura en el cielo, volteadlas al otro lado, para que tam bién el reverso sea abrasado por el Ángel del Sol y dejadlas allí hasta la m adrugada siguiente, para que el sereno de la noche y el ro cío matinal com plem enten la obra, dando a las tortas un agradable sabor a hojuelas con m iel y una suave blandura al paladar al m asticarlas, blandu ra suave producida por el rocío. Si está nublado con escaso Sol, puede prolongarse la cocedura por

otras veinticuatro horas. Es in du dable que los Angeles del Cielo, que hicieron crece r y germ inar el grano dentro de una espiga dorada, poseen tam bién el poder para adere zar el pan vuestro de cada día.Para vuestras fiestas haced pan especial, enriquecié ndolo con uvas frescas (pasas), anís arom ático y m iel para deleite de vuestros invitados. Tal es el p an que vuestro Padre Celestial y vuestra M adre Natura os brindan en su hospitalaria m esa, ate n die n do vu e stra sú p lica hecha oración: "Padre nuestro, danos el pan de cada día". Este p an es el maná del Cielo, porque es cocido por los Angeles del Cielo. Es un pan vivo, alimento com pleto, porqu e el fuego del Sol no le arreb ató sus sutiles y delicados ingredientes que, por lo tanto, perm an e cen intactos, vivos y activos, dando fue rza, vigor y salud, además de una larga vida a los hijos que se alim entan con este pan integral, integral porque contiene todos los ingredientes y principios nutritivos que el cuerpo n e cesita. Es el m ism o pan que m antuvo vigoroso a Matusalén durante cientos de añ os (969), el m ism o pan que durante prolongado tiem po alim entó a vuestros Padres e n su éxodo de Eg ip to , y el m ism o pan que dio fuerzas inm ensas a m illares de esclavos que arrastraban y levantaban eno rm es bloques de piedra para la construcción de las pirám ides.

CAPITULO XXXIII
Cristo enseña que el pan integral, con la cascara del grano, es más sano, pues asegura una buena digestión, asimilación y evacuación. Al callar Jesús, uno de los asistentes preguntó: Maestro, ¿porqu é a veces el pan cae m al produce dolores de estóm ago y detiene la digestión y la evacuación? Jesús contestó: Esto se debe a m uchas causas. La principal causa es la ig n orancia del que así sufre. Pues el pan preparado e n la form a com o os enseñé, no provoca tales

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trastornos, porque tiene todos los ingredientes necesarios para producir u na perfecta digestión, asim ilación y evacuación. Para que compren dáis m ejor, echem os una m irada con vuestra im aginación al in te rior de los órganos digestivos. Asom é m osnos al interior de vuestra boca, donde el pan es triturado por vuestra dentadura. Allí deb e ser insalivado lentam ente y con toda p rolijidad, hasta que el bocado alcance a licuarse y tom ar un gusto grato al paladar. Durante este proceso la saliva disuelve el bocado espeso en uno sem iespeso, que, poco a poco, se va -escurriendo por la garganta al estóm ago, donde se efectúa la digestión y m u tación del alim ento en sangre y fuerza vital. Mientras m ás prolija sea la m asticació n en la boca, tanto m ás fácil y m ás perfecta será la digestión y asim ilación en el estómag o . Jam ás debéis engullir un bocado sin triturar, in salivar y m asticar p rolijam ente, para evitaros trastorn o s digestivos y aseguraros una buena digestión con el aprovecham iento total del bocado en vuestra nutrición. Pero , aún los alim entos blandos, los sem iblandos y los líqu idos, com o por ejem plo, la leche, los debéis insalivar prolijam ente revolviéndolos en la boca antes de engullirlos, porqu e solam ente así, el o rganism o los puede a-provechar en toda su inte g ridad, convirtiéndolos en salud y fuerza vital. Del estóm ago p asa el bolo alim enticio a los intestinos, don de gracias a la cascara del grano, se form a u-na coherente arm azón, dando una consiste n cia esponjosa y sém icompacta al bolo, el cual, de esta m anera, m antiene abierta la cavidad del intestino , contribuyendo a una pronta y fácil asim ilación y evacu ación. Es preciso advertir que, sin esta cascara, n o se alcanzará a form ar dentro de los intestinos ese bolo sem icom pacto, si-, no tan sólo una m asa sem ilíquida, que se peg a y adhiere a las paredes intestinales y no avanza para adelante, hacia la evacuación, por m ucho que el intestino em puje para evacuar este engrudo pegajoso, pro duciéndose por este m otivo, ferm enta-

ción y putrefacción en los intestinos, fétidos g ase s, indigestiones, dolores y un estreñim iento crónico . A dem ás, la cascara del grano con el que amasó el pan, tiene que cum plir otro im portante rol, contribuyendo, eficazm ente al buen funcionam iento intestinal. En su paso a través de los in te stinos, la cascara desem p e ña el rol de rastrillo que, cual escoba, rasp a, barre y pule, lim piando prolijam ente la pared intestinal, dejándola aseada de adherencias y residuos alim enticios. Esto t i e n e u n a im p o rtan tísim a co n se c u e n c i a , pues produce una sangre lim pia y pura y, además, una norm al y pronta evacuación, sin alm orranas y sin estreñim iento. La cascara del grano contiene además, esencias oleaginosas, cuyo rol es aceitar las paredes intestinales, dejándolas suaves y resbaladizas, p ara asegurar una fácil y place n tera evacuación. Este óleo balsám ico es, adem ás, antiséptico, curativo y desinfectante, que cura, cicatriza y sana posibles irritaciones, ulceraciones, lesiones y alm orranas. Al p asar por la boca el m encionado óleo antiséptico de sinfecta la cavidad bucal, h ace segregar saliva, tan im portante para la digestión no rm al, dando un gusto grato al paladar así com o un aliento, agradable. La cáscara del grano, a su vez, raspa suavem ente la dentadura sin dañarla, quedando é sta blanca y brillante, sin picaduras, ni caries, ni dolores de m uelas para toda vuestra vida. Tam bién impide este óleo antiséptico, la ferm entación y putrefacción de los alimentos en los intestinos evitando así las altas tem peraturas intestinales, o sea, la fiebre inte rna. Con este óleo antiséptico los intestinos quedan perfe ctam ente desinfectados, sin producir malos olores, lo cual perm itirá tam bién una evacuación sin m al olor. Cuando una evacuación huele m al, es síntom a seguro de que en las entrañas de donde procede, todo h u ele m al, a causa de la ferm entación y putrefacción de los alim entos im propios o in com patibles entre sí, o m al insalivados. Esto am enaza vu e stra salud, porque envenena vuestra san g re , co n g érm e nes

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patógenos, causantes de infecciones, irritaciones, úlceras, alm orranas, tum ore s cancerosos, etc. Tal como ciertas aves acuáticas, cisnes, patos, gansos, etc., aceitan co n su lengua pro lijam ente sus plum as con un óleo que segrega una glándula, lo cual perm ite que sus plum as no se m ojen o se llenen de barro cuando se sum ergen en sucios pantan os o lodos (em ergiendo siem pre inmaculadamente limpias), de la m ism a m anera, ese óleo contenido en la cascara de los granos, unta y

aceita las paredes de las vías digestivas, convirtiéndolas en contrarias a la adhesión de los alim entos, residuos o excrem entos, perm aneciendo así, siempre aseado el organism o digestivo y abiertos los poros de dichas paredes para el paso a la san g re de las substancias nutritivas, lo cual perm ite m antener una sangre inmaculadam ente lim pia y pura, sie n do esto de por sí la base fundam ental para una buena salud.

CAPITULO XXXIV
Cristo explica que en la mesa fam iliar debe bendecirse el pan nuestro de cada día, comer sólo si hay ham bre y que el buen humor y la alegría deben prevalecer en la mesa familiar, para asegurar una buena digestión; que deben evitarse los alimentos incom patibles entre sí, y además, debe evitarse la glotonería, para no tener un abdomen abultado y un exceso de peso. A continuación, Cristo prosiguió sus lecciones acerca de l pan, haciendo énfasis ahora, en la reverencia con qu e debe ser tratado en la m esa fam iliar. Dijo: N unca com áis sin ham bre. N o o s sen téis a la m esa antes de que os llam e e l Á n g el del Ham bre. La sensación de ham bre la producen las células alim enticias cuando están libres y listas para recibir una nueva ració n de alim entos. El no tener apetito, quiere decir que e sas células aun están atareadas en digerir la com ida anterior. S i coméis en estas circunstancias provocaréis una indige stión, dolor de estóm ago y diarrea. A la m esa fam iliar debéis sentaros siem pre contentos, joviales y de buen hum or. Desalojad de vuestros pensam ientos todas vuestras preocupaciones graves, pu es esto contagia y entriste ce a los dem ás fam iliares y el alim ento ingerido en estas circunstancias suele convertirse en veneno. Que de vuestra m ente sólo su rjan herm osos pensam ientos de belleza, perdón y am or, que -cual ram illete de perfum adas flores- con que adornen la m esa fam iliar. Repito, n u n ca debéis sentaros a la m esa tristes, irritados o de m al humor, pues estas e m o cio n es satánicas os descom pone n la sangre y los ju g o s gástricos, envenenando vuestras entrañ as, lo cual puede ocasionaros la parálisis y hasta la m uerte re p e ntina. Tened pues presente, que la m e sa fam iliar es un Altar, y el co m edor un Tem plo donde se oficia la más sacrosan ta de las cerem onias com o es la de convertir el alim ento en salud, fuerza y vida. Por lo tanto, adornad vu estra m esa familiar com o un A ltar, con perfum adas flores del jardín y con bellos pensam iento s que florezcan en vuestro corazón. En una m esa tan gratam e nte dispuesta, el jefe del hogar procederá con el cerem onial de bendecir el pan vuestro, para que nunca os falte cada día. Con las m anos limpias, tom aréis el pan levantándolo para que los congregados lo

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puedan contemplar y adopten así una solem ne disposición. E stablecida una devota quietud y calm a, el jefe del hogar agrade ce rá al Señor el pan que, tam bién ese día, les fué concedido. Después suplicad al Señor para que este pan, una vez ingerido, se transform e en una sangre pura y os conceda salud, paz y ale g ría de vivir y tam bién sabiduría para obrar siem pre bien, con rectitud, justicia, honradez, caridad y am or. Para que el Señor bendiga el pan y os acom pañe en vuestra m esa fam iliar, debe prevalecer en ella una perfecta arm onía, m utuo perdón, la paz y el am or entre el grupo fam iliar, pu es las em ociones puras de cada u n o e levan la alegría y la felicidad de todos, lo que agrada al S e ñor, cuyo espíritu estará e n tre vosotros. Porque donde hay arm onía, paz y am or, allí está Dios, dado que Dios es arm onía, Dios es paz, Dios e s am or. Y donde está Dios están todos Sus ángeles y entre ellos el Ángel del gozo , qu e hinchará vuestros corazones con júbilo, placer, felicidad y una intensa dicha de vivir. Y Jesús siguió con sus lecciones, ahora acerca de la cantidad qu e se debe com er. El dijo: Aunque en la m esa h ayan m uchos m anjares, com ed tan sólo unos pocos y únicam ente la porción precisa e indispensable para satisfacer vuestra hambre. Es una preciosa co stum bre el no com er nunca en exceso, pues el vicio de la gula, adem ás de haceros m al, quebranta los Mandam ientos del S e ñ or. Es preferible para vuestra salud que seáis m oderados siem pre, sin com er m ucho ni poco, guardando un perfecto equilibrio. Adem ás, no debéis com er m uchas m ezclas de m ucho s y variados m anjares. Debéis serviros tan sólo unos pocos m anjares durante la m ism a com ida, porque los m anjares variados y distinto s, p o r lo general, no se toleran entre sí, ni se asocian. Al co n trario, se repelen, se rechazan, haciéndose la guerra entre sí, provocando in dig estiones y dolores de estóm ago. La causa de este fenóm eno radica en el hecho de qu e cada alim ento requiere un tiem po determ inado y diferente para ser

digerido, absorbido, asim ilado e incorporado a la econom ía del organism o hum ano. Algunos alim entos ya digeridos tienden a trasladarse en seguida, del estóm ago al intestino, arrastrando con sigo en este trayecto, a los alim entos aun no digeridos. Esto pro voca ferm entación y putrefacción intestinal, gases fétidos, úlceras, alm orranas, estreñim iento y una evacuación tardía y m aloliente. Una sabia lecció n sacam os de todo este deso rden, es decir, que aún los alim entos m as sanos p ueden provocar indigestión al com erlos juntos con o tros que requieren un tiem po distinto para ser digeridos. Para evitar este m al, com e d hasta hartaros ú-nicam ente una sola clase de frutas de la m ism a especie, o a lo sum o, dos o tre s clases distintas ya probadas que se toleran entre sí, p o rque en ocasion e s anteriores no os provocaron m alestar alguno. En verdad os digo, si m ezcláis m uchos alim entos juntos en la m ism a comida hasta hartaros, e s m uy probable que el conjunto de estos m anjares os caiga m al, pues la intolerancia e incom patibilidad de los unos con ios otros (de estos alim entos antagónicos), los hará descomponer a todos, den tro de vuestras entrañas. Así pues, n o seáis glotones que com en por vicio, com o aqu e l criado que, invitado a la m esa del Señor, en su insaciable g lotonería, engulló su s propios guisos y los de los dem ás, quedando tan repleto, que luego lo vom itó todo. Este desatino disgustó tanto al Señor, que lo echó de la m esa de su casa para no invitarlo m ás. Así pues, no devoréis precipitadam ente vuestra comida. Comed lenta y pausadam e n te, pues así evitaréis la excesiva g ordura, con un abdom en abultado, pues tal estado es anorm al y antinatural, signo de enferm edad causada por una excesiva glotonería, lo que se llam a co m er por vicio, o vivir para com er y no com er para vivir. N o com áis com o los pagan os que se hartan apresuradam ente, intoxicando y m anchando sus cuerpos con toda clase de abo-

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m inaciones. Ade m ás, al com er lenta y pausadam en te m an jares selectos y ade cu ado s para vuestro bienestar, necesitáis m ucho m enos cantidad, porque el cuerpo aprovecha en toda su integridad lo s alim entos bien triturados, bien insalivados y lentam ente m asticados. En cam bio los alim entos apresuradam ente engullidos, el cuerpo a-provecha a ve ces m enos de la m itad y el resto inaprovechado, es elim inado con los excrem entos m al olientes. Triturad p u e s, co n vuestra dentadura, lenta y pausadam ente cada bocado, in salivando y m asticando prolijamente, hasta que quede perfectam ente licuado, para que el Ángel del Agua lo co n vierta en sangre, una san g re pura, sana, vibrante de energía, salud y fuerza vital. Otro factor que contribuye a la buena digestión y asim ilación, es la respiración profunda, ya que el aire e s el principal alim ento del hom bre. Podéis vivir m uchos días sin com er, pero en pocos m inutos os m oriríais si os faltara el aire. Po r lo tanto, debéis tom ar com o buena costum bre de respirar siem pre h o n dam ente, pues el Ángel del Aire que es tan indispensable para digerir vu e stro alim ento, com o lo es para quem ar la leña en una estufa. Al faltaros el aire, la digestión se hace dificultosa, apro vechándose tan solo -repito-

una pequeña parte de la co m ida y el resto se pierde en los excrem entos, quedando dentro del organism o abundantes residuos que lo ensucian y abultan , produciendo una falsa gordura. T ened presente que la falsa gordura la arrastráis perm anentem ente con vo sotros, com o un pesado fardo, de l cu al solo os podréis librar m ediante un severo régim en alim enticio, a base de ayunos, vegetale s y frutas, es decir, una com ida vegetariana. Está com p robado que la excesiva gordura sig n ifica una traba en el desem peño de nu m erosos trabajos y oficios, en los ejercicios y deportes. Esto pone en m anifiesta infe rioridad al gordo con respecto al flaco. La belle za del cuerpo hum ano no la constitu ye la gordura, sino una estatura ligeram ente llena de carnes. Es en la gordura m ín im a donde radica la fuerza m áxim a del hom bre; rinde m ás en el trabajo, no se cansa en grandes cam inatas ni en trepar altas m ontañas, ni se fatiga en prolongados esfuerzos m entales e intelectuales. Vosotros, m is am ados discípulos, podéis hacer m ucho bien a las person as obesas, aconsejándoles el ayuno y la alim entación vegetariana y ayudándoles a realizar y poner en práctica este ré g im en, que es el único que puede quitarles la g o rdura excesiva y concederles una gallarda silueta y estatura norm al.

CAPITULO XXXV
Muy importante es el número de com idas que os sirváis durante el día. Es aconsejable comer tres veces al día, para disminuir poco a poco las raciones a dos comidas, para finalmente, llegar a una comida diaria, que es el ideal de la alimentación del hombre. Tal régimen asegura una perfecta salud y una verdadera dicha de vivir durante más de cien años. En verdad os digo, según lo qu e co m áis, así será vu e stro carác t e r , e s d e cir vu e stro com portam iento, vu estras accio n es y reacciones en vuestro diario vivir. Si com éis carne, que son cadáveres en cierto grado de descomposición y putrefacción, anim alizaréis vuestro carácter, porque esa carn e está im pregnada con las em ociones de

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ese anim al m uerto. Estas e m ociones bajas contagian vuestros sentimientos, rebajándolo s insensiblem ente a un nivel que se acerca al m undo anim al. Es un m undo triste, penoso, extraño a la dignidad del alm a hum ana, pues endurece vuestro corazón, h acié n do o s cap ac e s d e o d i a r , e n v id i ar, insultar y aún herir y m atar al prójim o, convirtiéndo os en crim inales, en pesim istas, egoístas, avaros, m aterialistas ateo s, sin Dios ni Ley. En cam bio, si com éis co m ida viva, com o lo es la vegetariana, hum anizáis vuestro carácter, ascendiendo a n iveles superiores de cultura, pues os acercaréis al m undo Divino, que es todo alegría, belleza y am or. Tan elevadas e m o c i o n e s d ig n ifican vu e stra c o n d u c t a , hacié n do o s incapaces de odiar, envidiar, insultar y m enos aú n , de herir o m atar. Todos vuestro s actos serán nobles, pues seréis c a r i t a t i vo s, h o n rado s, re cto s y v e r a c e s , ciudadanos m o de lo s, se rviciales hasta la a b n e g ac ió n , p acifistas, espiritu a list a s, creyentes en Dios y obediente s de su s Mandam ientos, pues así de radical y de cisiva e s la influencia y el poder del alim ento sob re el carácter y la conducta del hom bre. Pero aún com iendo alim ento vivo podéis alim entaros mal, si no sabéis com e r, por lo que se hará necesario el daros algunas instrucciones acerca del correcto comer. Debéis com er con el convencimiento de que coméis para vivir y no vivís para com er. N o deberé is ser am igos de la gula. Seréis parcos en com er. N u n ca co m áis h asta repletar vuestro estóm ago. La regla áurea, en el comer e s qu e dar siem p re co n algo de ham bre. Tres veces al día comeréis; al salir el Sol, al elevarse al punto m ás alto y al ponerse. Fuera de e stas horas no com áis ni el m á s lig e ro b o c a d o , p u e s e st e b o c a d o significaría com er por vicio. Com ida fuera de la hora, os caerá m al, porque interrum pe el proceso digestivo de la comida anterior, tornándose toda indigesta. Adem ás, com er desordenadam ente fue ra de hora significa

glotonería, q u e la Le y D ivina castiga severamente. Debéis p rocurar com er tan sólo dos veces al día, elim inando la prim era com ida de la m añana, para I legar finalmente al ideal de la alim entació n hum ana, que es com er tan sólo una vez al día, cuando el Sol está en el cenit. Si ten é is indigestión, dolor de estómago o de cabeza, o no tenéis apetito, no deb é is com er las comidas siguientes, sino ayunar, hasta qu e el estóm ago se com ponga y desaparezca e l do lo r de cab e za. P ara co m p o n e r e l estó m ago sólo beberéis agua pura, pero no hay inconveniente en agregarle algo de m iel o jugo de limón. Esto refresca vuestras entrañas y las desinfecta, siendo la miel altamente curativa, porque se com pone de flores m edicinales. El calor del estó m ago, que sig n ifica fie b re in tern a, co m b atidlo tomando abundante agua fresca, pue s el fuego se ap aga con agua. Aparte del agua, no tom aréis otro remedio para el e stóm ago, ya que vuestro m édico interno elaborará dentro de vosotros el rem edio p re ciso para cu rar vuestro m al. Todo rem edio que un cu randero os puede proporcio n ar es desacertado y tan sólo perturba la acción curativa y sanativa de e se sap ien tísim o m édico interno. Vosotros no podéis ver a e ste m é d ico , pero podéis adm irar su m aravillosa obra al cicatrizaros una herida. El régim en alim enticio m encionado, junto co n e l a y u n o , l e jo s de de b ilitaro s, o s fortalecerá, asegurándoos una sólida salud hasta vuestra avanzada vejez. P u es el Padre Celestial, autor de vu e stro cuerpo, sabe perfectam ente el n ú m ero de com idas que os conviene y las cantidade s que necesitáis para manteneros sanos, en una perfecta salud física, m ental y espiritual. Com ed co n p re fere ncia las frutas y los vegetales de la época que se dan en vuestros huertos y cam pos, pues ésta e s la m ás adecuada alim entación, de acuerdo con la zona y época en que vivís.

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CAPITULO XXXVI
El trabajo es supremo deber del hombre, fuente inagotable de satisfacciones, de sabiduría, progreso y felicidad. Debéis trabajar de Sol a Sol, durante los seis días de la sem ana y el séptimo día lo consagraréis al Padre Celestial, solemnizándolo y santificándolo con rigurosos ayunos, oraciones y meditación, acerca del contenido de este texto u otras obras espirituales. Deb é is trabajar de Sol a Sol durante los seis días de la se m ana, porque el trabajo es suprem o deber del h om bre y su m ejor m aestro e ducador. Durante estos días os alimentaréis con una com ida vegetariana, m as el sép tim o día lo consagrareis al Padre Celestial, ayunaréis, to m ando nada m as que agua p u ra. Este séptimo día de ayuno lo dedicaré is a la oración, m editación y estudio del Sagrado Texto de obras espirituales y del presente texto . Tom aréis tan sólo alim ento espiritual, pues no sólo de pan vive el hom bre, m as con cada palabra del Padre Celestial. Si os es posible, retiraos ese séptim o día al campo, lejos de l m undanal ruido, y allí orad, ayunad y meditad sólo en com pañía de los Angeles del Sol, del Aire y de l A gua, y ante todo , de l Ángel del Gozo y del Ayuno. De esta m anera esos Santos Angele s os preparan aquí e n la tierra para que podáis entrar, después de vuestra m uerte, en e l Reino de los Cielos.

CAPITULO XXXVII
Durante el profundo sueño, el alma sale del cuerpo para visitar el Reino de los Cielos, donde es acogida con todo afecto por los Santos Angeles Instructores, que la aleccionan acerca de las maravillas del más allá. Cuan do habéis trabajado con el sudor de vuestra frente durante el día, a la p uesta del Sol, os sentiréis cansados y deberéis reposar. Entonces el P adre Celestial, os enviará el Ángel del Sue ño, que os fortalecerá, brindándoos un sueño reparador. Para que tengáis sueño de n o ch e, no debé is dorm ir durante el día, porque el día es para trabajar y la noche para dorm ir. Cuando dorm ís profundam ente, vuestra alm a sale de vuestro cuerpo para visitar el R eino de los Cielos, donde es acogida cariñ o sam e nte por los Angeles instructores, que la aleccionan acerca de las m aravillas de l m as allá. En verdad os digo, sólo cuando cum plís fielmente con los Mandam ie ntos de la Madre N atura, ella os otorgará e l pase para que podáis entrar en ese m aravilloso m undo celestial. Durante la presencia de vuestra alm a en el m ás allá, el Padre Celestial la bendice, lo cual la fortifica, llenándola de fuerza vital. Am anecerá llena de felicidad y optim ism o, lo cual la hará m ás feliz y volverá m ás acertadas las tareas durante ese día y los siguientes.

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CAPITULO XXXVIII
El deber suprem o de los sacerdotes-m édicos es combatir el alcoholismo, sobre todo en sí mismos. Deben ser antialcohólicos a toda prueba. Su sagrada meta familiar jamás será desvirtuada por bebidas embriagantes, asesinas del espíritu pero sí santificada por la mejor bebida que es el agua pura. Los m édicos sacerdotes serán los

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propulsores de una intensa campaña antialcohólica que empezará desde la escuela, donde se inculcará a los niños que el enemigo número uno del hombre es el alcoholismo. Sin duda este niño al hacerse hombre llevará inoculada en su corazón la antipatía contra este terrible enemigo, y será antialcohólico. Y hablando Jesús a sus discípulos, encabezados por Juan, les decía: Vosotros que aspiráis a ser sacerdotes-m édicos, siem pre debéis predicar co n el elevado ejem plo de vuestra prop ia vida. Jam ás deberéis tom ar bebidas em briagantes. El m édico-sacerdote debe ser antialcohólico a toda prueba. En su m esa fam iliar jam ás habrá ni una g o ta de bebida em briagante, p e ro sí agua cristalina y pura. En vuestras reuniones y cerem onias religiosas rechazaréis toda bebida em briagante que se os o freciere. Siem pre b rillaréis con el m ás elevado ejemplo de vuestra vida, exhibie n do las m ás altas virtudes hum anas. Como es difícil enderezar un árbol viejo que crece torcido, así de difícil es tam bién, enderezar a un alcohólico consu e tudinario. Pero podéis evitar que los arbolito s crezcan to rcidos, am arrándolos firm em ente desde chico s con sólidos puntales. Es decir, podéis evitar que el hom bre se alcoholice , si desde niño le servís de puntal, de buen consejero, predicán dole con el elevado ejem plo de vuestra propia vida y aleccionándole acerca de lo s estragos que provoca esta satánica bebida en la fam ilia hum ana, de m anera qu e cuando estos niños se hagan hom bre s conservarán en sus corazones vuestras sabias enseñanzas y a su vez, las inculcarán a sus hijos y serán los m ás sólidos puntales de ellos. nicamente de esta manera podréis arrancar de raíz este terrible vi ció de las inveteradas costum bres del pueblo y así forjar una nueva raza, abstem ia, sobria, san a, fuerte y feliz.

CAPITULO XXXIX
Los m édicos-sacerdotes deben desem peñar el rol de buenos samaritanos. Las cárceles deben ser reformatorios obligatorios de la regeneración hum ana. Deben hacer saber a los reos que todo crimen siempre es descubierto y castigado, porque no hay crimen perfecto ni crimen sin castigo. Vosotros que aspiráis a ser m édicos-sacerdotes deberéis ser valientes lidiadores que sin tre g ua ni reposo com batan los vicios de lo s hom bres y perm anentem ente fustiguen su s malos hábitos, tal com o os señalé en la lucha antialcohólica. Ante todo com batiréis los terribles vicios del opio, del tabaco, del juego de azar, de la prostitución, etc., pues todo s estos m alos hábitos significan caídas del hom bre en su fatigoso trepar hacia las alturas de su perfeccionam iento, a cuyas blancas cim as sólo pueden llegar los hom bres totalm ente depurados de sus im perfecciones. Los peregrinos de este afanoso trepar h acia las lum inosas cum bres, suele n ser asaltados en el cam ino por m alvados bandoleros, dejándolos m alheridos y tirados al borde del cam in o . Pero en este caso m e refiero a bandole ro s, no de carne y hueso, sino a otros qu e suelen ser peores: me refiero a los propios vicios que albergan en su alm a, que a veces suelen de-

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jarlos m ás m altrechos que los verdaderos bandoleros. Corresponde a vosotros, com o buenos sam aritanos socorrer a e stos desam parados echados al borde del cam in o de la vida. Curar sus heridas m orales y físicas y prestarles vuestro fuerte brazo de apoyo para conducirlos a la posada de su regeneración. Donde hallaréis un gran núm e ro de tales botados al m argen de esta vida, es en las cárceles, adonde debéis acudir para ayudar a la regeneración de estos enferm os m orales. Ante todo les inculcaréis la Suprem a Verdad de qu e no hay crim en perfecto ni puede haber un crim en sin castigo. Es im p rescindible que sepan que tienen un Ángel Tutelar qu e aunque invisible siem pre los vigila, prem ia sus buenas obras y castiga las m alas. Es u rgente que los reos sepan qu e en el mism o m om ento de planear su fechoría, en ese m ism o instante ya están descubiertos, porque su propio p ensam iento los delata. Es que este su pensam iento, en el m ism o instante de ser engendrado en su cerebro, au tom áticam e n te se graba e im prime en el archivo de la eterna m e m oria de la naturaleza, donde su Ángel Tutelar, al instante se inform a de las torcidas intenciones de su pupilo.

Como esta vida es una escuela experim ental en la que, echando a perder se aprende, el invisible Á n g e l Guía e Instructor perm ite que su pupilo ponga en práctica su s torcidas intenciones que, aunque se an perversas, le servirán de lección, de am arga experiencia y escarm iento, y le inducirán al arrepentim iento y rectificación de su conducta. Entonces e l Ángel Tutelar le deja en libertad de acción para que com eta su fechoría, pero al m ism o tiem po dispone que la Justicia lo atrape y lo condene, recluyéndolo e n un reform atorio. Varias de tales am argas experiencias, que pueden repetirse en varias vidas, fin alm ente regeneran al m ás recalcitrante crim inal. De allí que todo reo debe se r recluido en un reform atorio de forzada regeneración, donde se le instruye, educa y disciplina y ante todo, se le enseña un oficio para que pueda ganarse honradam ente la vida, al salir en libertad. Es que el Padre Celestial ama tiern am e nte a sus hijos y m ás se com padece de lo s caídos. No quie re su destrucción y m enos su m uerte; quiere que vivan para que te n g an la oportunidad de regenerarse y educarse, haciéndose m iem bros útiles de la fam ilia hum ana.

CAPITULO XL
Crimen Castigo. En la época espiritual, que ya com ienza, la pena de muerte será abolida y reem plazada por la condena a la regeneración obligatoria del delincuente, ya que la pena de muerte se opone a la Suprema Ley de " n o matarás", porque sólo Dios tiene derecho de quitar la vida. La condena de muerte significa odio al prójimo y cruel venganza al aplicar el odioso castigo de ojo por ojo y diente por diente.

La ley del odio es ley caduca y es reemplazada por la ley del amor, ley máxima en todo universo, porque es ella la que hace posible su existencia. Esta ley hace servir sin mirar a quién, como aquel samaritano que se compadeció del

herido tirado al borde dei camino. La ley del amor significa compasión, misericordia y perdón, que al enfermo le produce salud, al caído lo levanta, al ignorante lo instruye, educa y disciplina, enseñándole una profesión para que pueda

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ganarse honradamente la vida con su propio trabajo. La regeneración obligatoria hace el prodigio de vaciar las cárceles, disminuir el número de jueces y policías, y mermar la ignorancia de las bajas esferas sociales, elevando su nivel cultural. Porque el criminal regenerado a fondo, generalmente nace en su próxima reencarnación como un ciudadano honesto, decoroso, honrado y trabajador, que trae consigo un inmenso caudal de conocimientos prácticos, creadores de industrias, de artes y oficios. Es un factor de progreso general! En cambio, por cada criminal no regenerado y condenado a muerte, renacerá un criminal más en la próxima vida, que junto con tantos otros no regenerados, llenarán las cárceles, las casas de juego y prostitución, los fumaderos de opio, los manicomios, etc. Es un factor de retroceso general! De manera que la equivocada justicia que condena a muerte aumenta artificialmente la criminalidad del mundo, llenándolo de malos

ciudadanos e incrementando hasta los topes la población carcelaria, siendo una rémora para el progreso. También el juez que condenó a muerte recibirá una saludable lección. Porque con esa fatal condena, encadenó férreamente su propia persona con la del condenado, que en su próxima reencarnación nacerá como su hijo. Y el ex-juez deberá poner todo su empeño en regenerarlo, educarlo e instruirlo, lo cual logrará finalmente, después de ingentes sacrificios, convirtiéndolo en un ciudadano útil, honrado y bueno, que contribuirá al progreso social y económico del país. Esto le servirá de lección al ex-juez, para que, si nuevamente llega a desempeñar la magistratura, trate a todos los que deba juzgar, con la misma consideración como si fuesen hijos suyos, condenándolos a la regeneración obligatoria y no a la pena de muerte, porque sólo así no se encadena con el reo, ya que no lo atrasa si no que favorece su evolución.

CAPITULO XLI
Suicidio

En el caso de quitarse un individuo la propia vida, comete el acto más horrible y el mayor desacato a la Autoridad del Señor.
Cualquier problema que lo haya empujado a tomar tan extremada decisión es insignificante comparada con la del monstruoso daño que él mismo se infiere con tan repudiable acto. Porque el problema que se suscitó, en realidad tenía el objeto de favorecerle y jamás el de perjudicarle. Seguramente fué uno de aquellos exámenes acerca de su grado evolutivo a que la ley inmanente periódicamente suele someter a un individuo, para conocer su madurez evolutiva, a fin de corregir sus tareas hechas y asignarle una calificación y colocarlo frente a nuevas responsabilidades, en las que pueda progresar más rápidamente. De manera que con valor y alegría debería haberse sometido a tal útilísima prueba destinada a beneficiarlo. Pero si en vez de desesperarse y recurrir al suicidio, recurre al Padre Celestial y en un humilde coloquio suplica auxilio para este difícil trance, el Dios misericordioso en el acto le envía sus ángeles auxiliares que le harán pasar airoso y triunfante la difícil prueba. Los suicidios ocurren tan frecuentemente porque los suicidas no están informados del terrible castigo que les espera en el otro mundo, castigo que es mucho más penoso que sobrellevar aquí cualquier situación difícil. Generalmente creen poder escapar cobardemente de este

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mundo a una vida mejor del más allá, pero están equivocados, porque allí les espera una vida peor. Allí están condenados a repetir todos los días el angustioso acto del suicidio y a experimentar de nuevo los mismos dolores, la misma amargura, y la terrible agonía de la muerte. Además, tienen que sufrir los lamentos de los suyos y soportar las maldiciones de los perjudicados con su huida. Este suplicio perdura en el más allá hasta el día en que se habría producido su muerte natural aquí en la Tierra. En seguida los suicidas renacen aquí en la Tierra, pero en condiciones muy penosas. Como habían menospreciado su cuerpo físico hasta el punto de mutilarlo deliberadamente, renacen ahora en cuerpos semejantes, es decir mutilados, ya sea cojos, ciegos, mudos, sordos, paralíticos, dementes, etc., o arrastrando aquí su triste "vida como idiotas o locos. Son rebajados hasta el último grado evolutivo y tienen que escalar dé nuevo la empinada cuesta hasta llegar, después de eones, a la misma altura en que se resbalaron, cayendo a los abismos. Sin embargo, los accidentados no quedan abandonados a su propia suerte. El infinito amor del Padre Celestial no les abandona ni un instante en este difícil trance. Les envía sus Angeles Auxiliares, para que los asistan y los consuelen, prestándoles su fuerte brazo de apoyo para ayudarlos a trepar de nuevo la difícil cuesta. Todo este mal les sobrevino a los suicidas porque habían jugado peligrosamente con el

inmenso poder que es el pensamiento en su tendencia negativa, destructora, cavilando persistentemente sobre quitarse la vida, o suicidarse, cuando les sobrevino un asunto difícil y desagradable en la vida. En verdad os digo, que es el pensamiento premeditado durante mucho tiempo, el que os arrastra finalmente al suicidio. De allí os digo: nunca penséis que queréis suicidaros, por ser este pensamiento muy peligroso. Al contrario, pensad que queréis morir de muerte natural y sobrellevar valientemente la carga de la vida, por muy pesada y amarga que fuese. Oportunamente les vendrá el premio con creces por vuestra obstinada perseverancia en el recto vivir. Vuestro pensamiento siempre sea optimista, constructivo, con tendencia al noble y virtuoso comportamiento, porque en lo que penséis con preferencia en esto os tornaréis tarde o temprano. Es ley de la vida que el hombre se convierta en lo que piensa. Si piensa en virtudes será virtuoso, y si piensa en pecados se volverá pecador. Si al pensamiento sobre el suicidio le dais albergue en vuestra mente, éste poco a poco se adueñará de vuestra conciencia, hasta tal punto que este enemigo mortal interno, con el tiempo será más fuerte que la resistencia de vuestra voluntad de rechazarlo, y en cualquier crisis nerviosa implacablemente os arrastrará al suicidio.

CAPITULO XLI

b)

El destino del hombre es subir la escala de Jacob hasta Dios mismo. Trepar tal escala significa vencer un nivel inferior, subiendo a uno superior. Por ejemplo, si el trepador permanece en un peldaño llamado odio, debe esforzarse en desarraigar este defecto de su carácter, procurando subir al peldaño más alto llamado amor. Y si se halla en un peldaño que se denomina fornicación, debe luchar contra este grosero vicio, subiendo al peldaño superior marcado con la pureza.

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Entonces un escribano preguntó: Maestro, si el tabaco y los productos de la vid y la amapola provocan tantos estragos entre los hombres, ¿por qué el Padre Celestial permitió que tan perniciosas plantas crecieran? Jesús respondió: El destino del hombre es evolucionar hasta las mismas alturas de Dios, ascendiendo peldaño por peldaño en la inmensa escala de Jacob, hasta llegar al magnífico trono del Altísimo. Cada peldaño significa un grado evolutivo, grado de madurez y de perfeccionamiento que el hombre debe adquirir para poder subir al peldaño más alto. Así, los primeros peldaños están marcados con los vicios más groseros, como son el alcoholismo, tabaquismo, opio, etc., vicios que el hombre debe vencer totalmente en su propia persona para poder trepar al peldaño más alto. Pero el individuo que en vez de luchar porfiadamente contra sus vicios se deja arrastrar por ellos, abandonándose de lleno a sus pasiones, este hombre es como un pez muerto arrastrado por las aguas. Es un vencido sin fuerza ni voluntad para luchar contra sus enemigos: los vicios y malos hábitos, por lo cual la ley inmanente lo entrega a la regeneración forzosa en manos del maestro dolor. Este maestro, aunque severo, obra con bondad, inteligencia, persuasión y amor. No le suprime bruscamente sus vicios, al contrario, le permite que de una manera más intensa goce de sus vicios predilectos hasta que lo hostiguen y así les tome fastidio y odio y los abandone por sí

mismo. Pero si el individuo siguiera impertérrito en la senda de sus vicios, entonces el maestro dolor se pone severo y lo hace recluir en un reformatorio forzoso hasta que se regenere. El Ángel Tutelar ayuda de una manera decisiva a su regeneración,, consolándolo y aconsejándolo a través de la voz interna de la conciencia. Esta íntima voz le habla constantemente, remordiéndole la conciencia, y haciéndole ver que fueron sus propios vicios la causa precisa de su derrumbe fatal. Es entonces cuando con toda la voluntad de su alma adopta la resolución suprema de dejar sus vicios. Así, de esta caída fatal el hombre se levanta redimido, glorioso, detestando ahora los vicios que antes agasajaba. Vencerse a sí mismo es el más grande de los triunfos que el hombre puede conquistar en la tierra, por lo cual, este victorioso vencedor de la más difícil prueba la de vencerse a sí mismo es laureado con la más codiciada de las coronas, llamada sobriedad, que es una de las más bellas virtudes humanas. Tan alta distinción se otorga sólo a los héroes vencedores de los más temibles azotes sociales llamados tabaquismo, opio, alcoholismo, y es por este motivo que el Altísimo hizo surgir estos vegetales para que los hombres pudieran ejercitarse en estos vicios y luchar contra ellos, y adquirir la fuerza de voluntad para vencerlos.

CAPITULO XLII
Así, sucesivamente, debe vencer todos sus vicios y malos hábitos y conquistar todas las virtudes, lo que quiere decir que arribó triunfalmente hasta el excelso Trono del Padre Celestial.

La lucha entre el bien y el mal, entre la virtud y el vicio, suele ser larga y durar algunas vidas terrestres, pero finalmente siempre vence el bien, la virtud y el amor, quedando

derrotados los vicios. Pero la ascensión de la escala de Jacob tan sólo ha empezado, quedando aún muchos peldaños por trepar, muchos vicios por 69

vencer y muchas virtudes por conquistar. El siguiente vicio por vencer es el juego de azar. La Suprema Ley de Dios ordena que sólo del trabajo viva el hombre y jamás del juego. El trabajo, aparte de la riqueza material, trae también la riqueza espiritual, que se exterioriza y manifiesta en la experiencia y sabiduría que acumula el hombre trabajando. Además, el trabajo es ejercicio y el ejercicio es salud, tesoro mucho más grande que todas las riquezas materiales. En cambio, el juego tan sólo trae la riqueza material sin la espiritual. El juego de azar es pura

suerte que no hace acumular sabiduría ni inteligencia al hombre, ni conquistar salud ni felicidad. Es un dinero mal habido sobre el cual no gravita la bendición de lo Alto; por esto sólo trae la desgracia, las enfermedades, la miseria y el dolor. Es proverbial que el pueblo que más juega, mayor número de gente distrae en la ociosidad sin trabajador lo cual tal pueblo, a la larga se arruina. De allí que el hombre debe luchar valientemente consigo mismo, para desarraigar de su carácter ese vicio denigrante de la especie humana, para poder dar un paso más alto en la escala de las virtudes, y acercarse a Dios.

CAPITULO XLIII
Jesús concede, especia! importancia a la pureza de Jas costumbres, ante todo a la pureza sexual. Recalca que la pureza sexual es indispensable para forjar una raza humana superior. La fornicación degenera la raza, engendrando hijos enfermos, enclenques, con las taras hereditarias de la tuberculosis, parálisis infantil (poliomielitis), una raza en decadencia en la que prospera el aspecto negativo de la vida: los vicios como el alcoholismo, el tabaquismo, opio, juegos de azar, prostitución, lo que hace necesario un exceso de médicos, hospitales, clínicas, manicomios, y cárceles cuyos gigantescos edificios junto con el inmenso cuerpo m édico gráficamente reflejan la enorme miseria moral que aflige a ese pueblo. Para term inar estas leccio nes, m e queda por m encionar todavía, la excelsa virtud de la pureza, a la pureza sexual, m e refiero. La procreación e s una Suprem a Ley de la vida, im puesta por el Padre Celestial para perpetuar la raza hum ana. Es un acto sublim e, sacrosanto, que debe ser respetado religiosam ente, y ejecutado con inm aculada pureza. Ejecutada la procreación com o Dios m an da, dentro de la más escrupulosa pureza, los padres se aseguran un premio del Padre Cele stial, consistente en una de sce n de n cia sobresaliente. Es que entonces, las alm as m ás evolucionadas que m oran e n el m ás allá y que les to ca volver a esta tierra para proseguir su evolución, estas alm as que buscan afanosam ente cuerpos puros en que encarnarse, y p refieren naturalm ente los cuerpos engendrados por padres de in m aculada pureza sexual. Este hecho asegura el n acim ie n to de hijo s e xtrao rdin ariam e n te herm osos, de cuerpos esbeltos, dotados de una sólida salud y sobresaliente inteligencia de notables cualidades espirituales y m orales. A hijos de tan inm aculada cuna, el m ism o Padre Celestial los apadrina, derram ando sobre ellos todas Sus bendiciones y bienaventuranzas, lo cu al asegura un brillante porvenir para tales hijos y con stituye la m ayor felicidad de los padres. Para co n se guir un nacim iento en tan óptim as condiciones, los padres antes de efectuar el acto sexual, de-

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ben depurar y fortalecer su s cuerpos. Esto lo consiguen ante todo, con una ade cuada alim entación. La alim entación apro piada para los padres en vísp eras de la procreación de un hijo, es la vegetariana, a base de legum bres y frutas, comida cruda. Es que sólo en estado crudo los vegetale s conservan toda la fuerza vital. Deben excluir de su alim entación la carne y todas las bebidas alcohólicas y, lo que es m uy im portante, suprim ir el fumar, porque estos vicios excitan los bajos instintos del hom bre, inducié n do lo a la fornicación. En cam bio, el ve getarianism o despierta la parte elevada y divina en el h o m b re, induciéndolo a la vida sexual pura. La inm ensa im portancia del crudivorism o ve g etariano, para la procreación de hijos extraordinarios, lo revela el Sagrado Texto al referirse al nacim iento de Sansón. A la m adre de Sansón se le apareció un m ensajero divino, anuncián dole que tendría un hijo muy sabio y el m ás fuerte que jamás haya pisado la tierra. Pero existía una exigencia que la fu tu ra m adre debería cum plir, para que esta extraordinaria prom esa pudiera realizarse. La exigencia era que la fu tura madre debería ponerse en un estricto régim en alim enticio, comiendo nada m ás que com ida vegetariana cruda, y bebiendo nada m ás que agua pura. Que debería elim inar totalm ente la carne y

las bebidas embriagantes. Ella cu m plió estrictam ente con esta exigencia y el hijo qu e nació fué tan robusto y fuerte, que a los catorce añ o s p eleó con un león que lo atacó, destrozándolo sólo con sus m anos. Más tarde, lu ch ó contra m il filisteos que lo atacaron; los venció y m ató a todo s. Debido a su extraordinaria inte ligencia fué elegido juez y rey de los israelitas. De m anera que los padres que desean ten e r hijos extraordinarios, deben im itar a los padres de Sansón . Deben som eterse a tan estricto régim en po r lo m enos durante tres m eses antes de realizar el acto sexual, y la m adre debe seguirlo durante todo el tiem po hasta que nazca e l hijo y deje de m am ar, pues el hijo participa de los alim entos de la m adre. Durante estos tres m eses, esta pareja debe vivir una vida pura, sosegada, y en lo posible , e n e l aire puro del cam po o la playa. Repito, sin com er carne, sin beber bebidas em briagantes y sin fum ar, comiendo tan sólo com ida vegetariana, bebiendo agua pura y respirando profundamente aire puro , com o tam bién tom ando baños de Sol. Únicam ente de esta m anera, im itando a esta pare ja sobre todo a esa m agnífica m adre que Dios hizo surgir para que sirva de mo delo a las m adres de to dos los tiem pos esta pareja puede esperar confiada el nacim iento de un robusto niño, que puede resultar otro Sansón.

CAPITULO XLIV
Procreación, fornicación, sodomía. La procreación en su m áxim a pure za la practican los an im ales, com o los venados, corzos, vacunos, caballo s, cam ellos, elefantes, etc., pue s e l m acho sólo busca a la hem bra y e lla a él en la época del ardor am oroso de ce lo y fuera de esta época ellos se rechazan sexu alm ente, aunque conviven en una filial arm onía. Cuando los seres hum anos se incorporen dentro de esta Ley Natural que los anim ales con tanto rigor respetan, habrán alcan zado el grado m ás alto de civilización y cultura. Pero cuando el acto sexual de g e nera en vicio, en un placer sensu al, entonces ya no se llam a procreación, sino fornicación, que significa la m ás abu siva relajación de esta sagrada función procreadora. Cuando el acto sexual degenera hasta los abism os de la sodomía (hom osexualidad) y fallan todos los medios de regeneración, entonces la justicia inm anente condena a tales depravados incorregibles a ser que-

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m ados vivos, com o fueron quem ados los habitantes de Sodom a, Gom orra, Saboim y Adam s. Ju n to con estas ciudades barrió la divina escob a la basura hum ana del m undo entero , para quem arla junta en un sólo m ontón y una sola hoguera, S in em bargo, tales depravados pueden salvarse de ser quem ado s vivos, si a tiem po se arrepienten de todo corazón y em piezan a combatir enérgicam ente su terrible vicio, hasta desarraigarlo totalm ente en sus últim as raíces, que se en cu en tran en el cerebro y e n el corazón. De ahí que ceben rech azar enérgicam ente los pensam ientos y em o ciones que invitan a este vicio. En esta titánica lucha los sodomitas deben servirse de las m ás eficaces armas com o el prolongado ayuno, la alim entación vegetariana y ante todo , de la oración, pidiendo au xilio del cielo, que

es la m ás eficaz de las arm as. Com o es verdad que la suprem a m eta del hombre en la tierra es alcanzar las m ás altas cimas de pureza, dignidad y cultura, tam bién es verdad qu e la sodomía es el polo opuesto, o sea, el más profundo abism o de im pureza, indignidad e incultura hum ana. Por esto hasta la Madre Tierra se negó a darles sepultura a las ce nizas de tales depravados, ab rié ndoles en el lugar del siniestro un profundo abismo, que se lle n ó de aguas tan pútridas y salobres que m atan a todo germ en viviente, pues ninguna vida prosp era e n ellas, por cuyo m o tivo ese tenebroso lago se llam a Mar Muerto, para que sirva de eterna advertencia a los pueblos de que la so dom ía los exterm ina hasta la m ás absoluta esterilidad.

CAPITULO XLV
Podéis acelerar vuestra ascensión suplicando al Padre Celestial que os envíe los ángeles auxiliares que Jacob vio cómo bajaban y subían por la inmensa escala con que soñó. Debéis orar no tan sólo al Padre Celestial, sino también a la Madre Terrestre, para que también ella os envíe sus ángeles, para que os presten su fuerte brazo de apoyo, ayudándoos a trepar. Muchos son los peldaños que te triunfantes hasta e l Trono del Padre neis que trepar p ara poder llegar Celestial. Que os sirva de consuelo el hecho de que vuestra victoria está asegurada si trepáis con fe. Los peldaños siguientes están m arcados con las excelsas virtudes hum anas, que, entre m uchas otras, debéis adquirir para tener franco paso al Trono del Altísim o. La fraternidad es una de estas virtudes; otra, el servicio desinteresado, la perseverancia, la honradez, la rectitud, la devoción, la oración, la fe, el am or y ante todo la hum ildad, la m ás grande de todas las virtudes humanas. Esta fatigosa ascensión la podéis hacer m ás fácil y placentera, pidiendo auxilio al Altísim o, que co m placido os está observando desde las alturas y que, gustosam e n te , os m andará sus ángeles au xiliares si los pedís en vuestras súplicas. Debéis suplicarle de la siguiente m anera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nom bre, ve n ga a nos Tu reino. Hágase Tu voluntad así en la tierra co m o e n el cielo. El pan nuestro de cada día, danos hoy y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonam os a nuestros deudores y no nos dejes caer en tentación, m ás líbran os de este m al, porque T u yo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos, am én. También a la Madre Tierra debéis su p licar para que os envíe sus ángeles au xiliares que os faciliten vu e stra ascensión. A la Madre Tierra le oraréis así: Madre nuestra que estás sobre la tierra, santificado sea tu nombre. Venga a nos tu reino.. Que tu volu n tad sea

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h e cha en la tierra, para lo cual te prom ete m os colaborar y obedecer tus m andam ientos. Como tú nos envías tus san to s ángeles auxiliare s, envíalos tam bién, en este día de hoy para que nos ayuden a pe rfe ccionarnos. Perdon a n uestros pecados que contra tí hem os com etido, prom etiéndote no pecar m ás. Si debido a nuestra ignorancia caem os en la tentación, líbranos de este mal, porque tú tie n e s el poder y la sabiduría, ya que m andas tanto en la tierra como dentro de nosotros, dispensándonos salud y vida, am én. Con e sto Cristo dio por term inadas sus m aravillosas enseñanzas y se despidió del pueblo con el acostu m brado saludo: "La paz sea con vosotros". Ahora, ¡dos a vu e stros hogares y no pequéis m ás. Como el sem brador que siem bra buena sem illa, que luego germ ina y crece dando ciento por uno, así vosotros seréis sem bra-

dores de la sem illa de m is enseñanzas, sem brándola en buena tierra para que germ ine, crezca y se extienda sobre toda la tierra, form ando pueblos fuertes, buenos y fe lices, que luego prosperarán m ediante el esfo rzado trabajo y el recto vivir. Así, Cristo se despidió de su num erosa concurren cia que arrodillada, lloraba de em oción. Enseguida, Cristo se transfiguró, b rillando su cuerpo como un Sol (im posible m irar sin encandilarse), se elevó por los aires, desapareciendo en una vaporosa nube, ante las m iradas atónitas del pueblo. Así el pueblo se quedó por mucho rato en éxtasis, mirando, la luz, hasta que se extinguió en lontananza. En seguida, el pueblo empezó a dispersarse, despidiéndose de Juan y de los demás discípulos, para regresar feliz y contento a sus hogares, contando a los suyos las maravillas. que había presenciado.

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