You are on page 1of 1

Llamadas de ultramar

La globalización produce efectos indeseables, algunos de los


cuales perturban nuestras ansiadas vacaciones.

Ha sucedido por tercera vez en menos de una semana. En el sacrosanto período de la siesta
resuena estrepitosamente el teléfono fijo en todas las habitaciones de la casa, despertando a sus
traspuestos habitantes de su soporífero letargo, tan necesario como merecido. Concretamente a mí
me abducen desde mi más placentero sueño hasta el auricular donde escucho una voz de ultratumba
que me pregunta si soy yo mismo, con mi nombre y dos apellidos correctos (pero mal pronunciados),
y si mi teléfono es el que acaba de retumbar desbaratando toda la paz doméstica. Contesto que sí, y
sin pausa ni respiro me ofrecen un cambio de empresa de telefonía, por tercera vez y tercera
alternativa, cuando apenas han transcurrido unos días desde que me decidí por la actual Telefónica en
esta residencia de veraneo.

Esta vez, descendido abruptamente del Nirvana, acierto a preguntar quién me llama (un tal Ariel
no se qué), desde qué continente y si, entre todo lo que parece conocer de mí, sabe dónde demontres
me encuentro. Apenas balbucea una respuesta, cuando le interrumpo y le informo que aquí y ahora
(mar mediterráneo y cuatro de la tarde) respetan la siesta hasta… los vendedores ambulantes y los
mosquitos perseverantes. Añado que comprendo que, en Chile, deben estar en una tristona mañana
de invierno, pero que aquí la siesta estival es sagrada. Por último, les ruego a estas compañías
(Jazztel, Tele2,…) que abandonen estas agresivas, inoportunas y, supongo, infructuosas campañas de
captación de clientela porque nunca olvido a quien, sin necesidad, me desvela de una siesta
veraniega.

Mikel Agirregabiria Agirre


blog.agirregabiria.net

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2008/ultramar.DOC