El proyecto de Dios Mirarse. Contemplarse en el espejo, identificar la luz. Somos luz, más allá de toda esperanza.

Hay tiempos de desconcierto y dolor. Tiempos en que las habitaciones se estrechan, en que el encierro es doblemente solitario, en que las canciones se llenan de polvo. En tiempos de angustia, uno se pregunta cuál es el proyecto de Dios para con nosotros. Más aún, uno puede incluso preguntarse si existe en verdad un proyecto, si existe en verdad un Dios. Mirarse. Acercarse al espejo como quien sabe que dentro de él está la continuación del espacio y del tiempo. Rozar su extensión de plata y mercurio. Apreciar el vaho de nuestra respiración contra la superficie que nos refleja. Mirarse, observar la maravilla de una creación sorprendente y poderosa. Es nuestro cuerpo el que, calladamente, nos observa del otro lado. ¿Qué hemos de decirle?. Tal vez que estamos cansados. Tal vez que el camino es innecesariamente amargo. La carretera arde bajo el sol, nada nos cobija, tierra y sed adelante. Es fácil decirle todo lo que nos provoque a ese que nos mira dentro del espejo. No tenemos más que contar nuestra historia, nuestra tristeza: no tenemos que mentir, no tenemos que convencer, no tenemos que buscar textos de auto-ayuda. Basta decirlo. Cansados, adoloridos, hartos. Basta decirlo. Lo que tengamos que decir, lo diremos. Sin embargo, me pregunto a veces algo distinto. En tiempos difíciles, en tiempos de pena irremediable, de resignación ante la desdicha, no me pregunto qué le diré a quien me mira en el espejo... me pregunto qué dirá él. Mirarse, contemplarse en el espejo. Y de pronto, observar que aquél frente a nosotros se crispa imperceptiblemente. Mueve los labios, articula palabras. Repentinamente, escuchar su voz. La voz de quien nos mira de vuelta. No tiene pretensiones. No trae consejos. No es una voz de compasión, no es solidaria con nuestra desgracia. Es una voz que defiende. Nos defiende. Hace un alegato, declama. Nos habla del viento que una vez sentimos en una playa lejana, nos habla del día en que la armonía existió, cuando menos un minuto, en nuestro corazón. Nos habla de la sosegada paz de una flor en ese jarrón de nuestra sala. Nos llama a recordar el aire que respiramos en el segundo previo a cada risa, a cada suspiro, a cada emoción. Es una voz que nos defiende. Defiende nuestro derecho a existir, nuestra trascendencia, nuestra permanente búsqueda de la felicidad. Defiende los grandes logros, defiende la maravilla de crear un hijo, defiende la arcilla con la que moldeamos nuestro corazón, defiende nuestra fe que no se quebranta. Y nos dice al final: “somos luz, más allá de toda esperanza”. Y nos invita a salir. A reposar la mirada en una nube, cualquier nube. Y apreciar su sombra, y no preocuparnos de su lluvia. Salir, caminar, patear una lata, girar nuestros cuerpos mirando

Del que nos recuerda cuánto valemos. que te estamos esperando. Saber que allá afuera. Quiero viajar por eones a través de galaxias. 4 de noviembre de 2005 . quiero ser la luz que brilla en los ojos de alguien que todavía tiene un corazón esperanzado. cuánto amamos y cuánto nos aman. La luz está cuando alguien la percibe y la acaricia. Del que declama la poesía de nuestra existencia. hacer crecer una flor. Mirarse. Saber que su luz es la nuestra. Y entonces encontrarte con nosotros. Quiero ser la luz que alumbra a las parejas en las calles solitarias.al cielo. lanzarse. se cuela. Arriesgarse. Y el tercero. Escuchar la voz del que nos mira al frente. Quiero ser luz. la recibe y la atesora. Dar el segundo paso. Mirarse. alguien necesita de nuestra luz. Lima. Y dar un paso más. Quiero ser la luz que se refleja en el rocío de las hojas en una madrugada húmeda. Y entonces. en el malecón donde el mar me llama con su voz de espuma y su canto de gaviotas. Dar el primer paso. Escuchar la voz silente de quien nos mira del otro lado. quiero ser la luz que despierta la alegría de un ruiseñor en primavera. contemplarse en el espejo. no rendirnos. No conozco el proyecto de Dios para con nosotros. contemplarse en el espejo. Y escuchar. Girar el pomo de la puerta. No estamos solos. La luz nunca está sola. calienta. pero sí conozco mi proyecto. Somos luz y la luz trasciende. Y reír. quiero iluminar y que me iluminen. llegar en mil años a otro planeta. morir en el intento. invade. Y tomar impulso.

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