EXPEDICIÓN: VALLE COLCA – MAJES – CAMANA De las alturas del Colca al mar.

Esta historia la he terminado de escribir el 6 de diciembre del 2010, al recordar en un momento dado el viaje que hice hace tres años en Diciembre del 2007, esto confirma varias cosas: que soy un poco olvidadizo, que he estado muy ocupado y que soy perezoso para escribir. Pero nunca es tarde y creo que leerla puede resultar entretenido útil e interesante para quien se anime a hacer un recorrido casi épico como este. Debo decir que la historia es larga, abundante en detalles descriptivos y en los recuerdos de las sensaciones vividas durante esa experiencia de viaje de aventura. Disfrútenla como yo lo hice. Hola todos. Del 9 al 14 de diciembre del 2007 hice el recorrido por el valle de Colca – Majes – Camaná, así en ese orden, pues así es como cambia de nombre el mismo río según se le vayan uniendo tributarios a lo largo de su recorrido. Unos días antes de viajar pedí por medio de las listas de correo de ciclismo, turismo, cicloturismo, etc., información sobre la ruta. Recibí de todo, comentarios a favor, otros en contra, ayuda, pesimismo e información, de todo eso lo útil fueron los datos que me orientaron y aclararon el itinerario, el cual finalmente quedó definido preliminarmente así: Arequipa (bus) – Patapampa (inicio de la cleteada) – Chivay – Coporaque – Yanque – Ichupampa – Lari – Pinchollo – Cruz del cóndor – Cabanaconde. En este último pueblo es gracias a los consejos de un señor oriundo de Corire y buen conocedor de la zona que me quedó confirmado la segunda parte del itinerario y que sí se puede llegar hasta el mar siguiendo las aguas del río del valle de los cóndores collaguas y cabanas siguiendo la ruta: Pedregal – Corire – Punta colorada – Sarcas – Toran – Sahuani – Paican – Orcos – Paloparado – Socso – Pisques – San Gregorio – Camaná, todo en bici, algunas partes caminando, otras porteando y otras vadeando el río. Domingo 9. El despertador sonó a las 4 am y empecé a disponer las cosas en la parrilla de la bicicleta y en la nueva y excelente mochila Hydrapak gentilmente auspiciada a precio de costo por Carlos Rojo, representante de la marca en el Perú: www.crdinternational.com.pe la bici durmió en el lobby del hotel y mientras acomodaba las cosas escuché que otro huésped preguntaba la hora y le dijeron 5:45, 5:45!! El bus a Chivay parte a las 6:00!! En tres minutos más salí y al toque (mi hotel estaba a tres cuadras) llegué al terminal de buses de Arequipa. Aquí vi el reloj de pared de la sala de espera que indicaba 4:50. Pucha que tal equivocación en el hotel. La hora extra de espera pasó rápido y a las 6 ya estaba saliendo de Arequipa rumbo a Chivay, pasando por Yura y ganando altura para pasar por las pampas de la Reserva Nacional Aguada Blanca y Pampa Cañaguas, mientras observaba por la ventanilla del bus algunas manadas de alpacas y vicuñas corriendo en las pampas de ichu como primer plano del paisaje altoandino.

A las 08:30 el cobrador abrió la puerta, me miró y me dijo: Patapampa señor! Bajaaa! y se puso a tirar mis cosas fuera del bus. Aquí me quedé solo con mis chivas. Lectura del altímetro en el nuevo navegador GPS Garmin E-trex Vista Cx: 4,900 m.s.n.m. Condiciones ambientales: Sol pleno, cielo azul, nubes blanquísimas, aire puro y enrarecido, viento frío. Siguió armar la bici y montar todo en la parrilla nuevamente. Todo esto bajo la atenta y curiosa mirada de un perrín, negro y peludo como oso, ocasional acompañante que apareció súbitamente y que olisqueó todas mis cosas mientras las acomodaba en la bici. Generalmente con los perros me llevo bien y tenemos buena onda, este me confirmó aquello y me hizo sentir la confianza de que todo iría bien en esta aventura en solitario. Algo curioso que he notado es que en casi todas las expediciones que he realizado, al comienzo, en los instantes previos al inicio de la travesía me encuentro en el lugar con algún animalito que me transmite un mensaje de bienvenida, saludo, ánimo y confianza, el cual hace desaparecer cualquier sensación de temor o aprehensión que es normal que sienta al emprender cada nuevo recorrido por terra incognita. Listo para partir, el perrín desapareció tal como apareció, inicié la pedaleada, a los primeros 50 metros ya había perdido el ritmo respiratorio y estaba agitado. Hummm.... despacio nomás loco, me dije a mi mismo y después de retomar el aliento proseguí, no muy lejos de ese lugar, de la carretera principal asfaltada se desprende una trocha carrozable que luego se convierte en el camino de herradura que baja por la quebrada hacia Chivay. Este tramo es un poco complicado, muy trabado y un tanto difícil de cletear, sobre todo si vas con carga. En una parada de descanso noté que el GPS ya no estaba montado en la barra del timón de la bici!! No puede ser!! Es nuevo, primera vez que lo uso!! Algo colgando de una pita amarilla me devolvió la alegría de no haber perdido mi juguete nuevo. Esa pita se la puse para colgarlo del cuello en las caminatas pero para montarlo en la bici es innecesaria, sin embargo en vez de retirarla, volverla poner sería tedioso, se me ocurrió enrollarla al timón y amarrarla ahí. Sabia decisión, la base para montar el GPS Garmin al timón tiene el seguro a presión muy débil, las fuerzas que se generan con el peso del aparato más las vibraciones vencen la fuerza del seguro y el navegador se suelta y se cae inadvertidamente, si no era por la pita esta historia hubiera tenido una carga de tristeza y desazón.. Dos horas después más abajo, este singletrack se cruza con la carretera. Desde este cruce se sigue rodando cuesta abajo sobre la serpiente negra de asfalto donde se alcanzan peligrosas altas velocidades. Poco antes de llegar a Chivay, en una curva con bonita vista panorámica del valle, un grupo de mujeres y niñas venden artesanías a los turistas. Aquí después de una amena y alegre conversación y bastante regateo me llevé un lindo sombrero cabana primorosamente bordado por 35 soles. Para mí es lo más representativo del Colca. Fueron 29 km de Patapampa a Chivay Chivay. Chivay me recibió pidiéndome plata para ingresar al valle del Colca en el puesto de control turístico a la entrada al pueblo: S/ 17.50 turista nacional, los otros pagan más. Foto aquí frente al portal del pueblo. La verdad, la verdad, Chivay no me gustó para nada, se trata de un pueblo que hace las veces de metrópoli del valle, una especie de Asia andina, con muchos establecimientos comerciales: restaurantes, bares, discotecas, negocios de todo tipo, hoteles, hotelitos y hotelazos, ambulantes, muchedumbre, etc. Chivay exhibe a los ojos del visitante un gran deterioro paisajístico con el estilo arquitectónico chicha de las nuevas construcciones de

ladrillo y concreto (parece el mercado de Vitarte) que rompen con el contexto andino, autóctono y auténtico del valle. El pueblo estaba de fiesta, la Wititiada, la danza del amor, habían coloridos arcos de madera decorados con muñecos, espejos y banderas, bullanguera banda de músicos y grupos de danzantes collaguas y cabanas recorriendo las calles, borrachos y harta gente por todas partes: lugareños, foráneos nacionales y extranjeros y también ladrones como suele suceder en estas fiestas multitudinarias. Almorcé con mucha aprehensión cuidando mi bici cargada con el equipo de viaje, terminé y salí del pueblo de inmediato rumbo a Coporaque, ubicado sobre la margen derecha del valle. Fueron 7.5 km de Chivay a Coporaque Coporaque. Pueblo tranquilo y acogedor que me devolvió la sensación de estar en la sierra cuando al pasar la gente te saluda sin conocerte y te miran a los ojos a través de los cuales se puede ver su alma transparente como el aire y el cielo del valle y los niños corren detrás de la bici preguntando como te llamas? de donde vienes? y a donde vas?. Bonita plaza, amplia, iglesia clásica antigua y detalles auténticos que hacen encantador el lugar. Respiré profundo, respiré paz. Pregunté y me dijeron que Yanque, el próximo pueblo, está cerca, pero sobre la margen izquierda y que hay un puente para pasar al otro lado. Y así fue, ya atardecía cuando vi el puente, abajo sobre el río, bajé y cuando lo cruzaba ya la noche extendía su manto oscuro tachonado con estrellas. La subida al otro lado fue caminando cuesta arriba como tenía que ser. Fueron 5 km de Coporaque a Yanque Yanque. La llegada al pueblo al anochecer por sus calles empedradas tuvo esa sensación especial de cuando estás en un lugar por primera vez, las primeras impresiones son esas que nunca olvidarás: iluminación tenue, calles estrechas, poca gente, plaza amplia, bonita iglesia, todo cerrado. Excepto la Municipalidad donde la señora a cargo del teléfono comunal me presentó a Natalio, lugareño que muy amable me ofreció hospedaje. Si es bueno, bonito y barato, vamos le dije. Claro que si, contestó, sígame. Y fuimos a unas dos cuadras del lugar. En la entrada decía Sumaq huayta wasi en relieve tallado en madera (la casa de la bella flor), efectivamente es una casa donde hay una bella flor y un bonito jardín de ingreso y todo lo demás que ofrece es bueno, bonito y barato. Una excelente habitación con baño privado S/. 10.00 y una rica cena + un buen y variado desayuno S/ 10.00. Los valores agregados que ponen a este lugar en el nivel de encantador son: la generosa hospitalidad de Natalio, dueño del lugar y de un gran don de gentes, excelente anfitrión, además de poseer talento para cantar huaynos en quechua y tocar guitarra matizando la interesante conversación que tuvimos mientras cenábamos. La ambientación del lugar es rústica, natural y de muy buen gusto. Quedé gratamente sorprendido al haber hallado este sitio para mi primera noche en el Colca. Realmente vale cien veces más que lo que he pagado. Altamente recomendable,

Lunes 10 Amanecer andino 5 am. Desayuno rico, abundante y caliente. Fotos y despedida con Natalio y su esposa. Siguió una rápida visita a la plaza central, que a esa hora ya estaba ocupada por las señoras que venden artesanías y que se toman fotos con los turistas junto a dos hermosos halcones por algunas monedas. Fotos, una vuelta a la plaza y partida rumbo a los baños termales. A 2 km del pueblo hacia la salida a Ichupampa se hallan los baños termales de Yanque, con 2

piscinas, una de ellas techada, duchas y vestidores. Todo muy bien puesto, limpio y agradable. La ducha caliente, riquísima. La piscina también, no da ganas de salir, sino hasta que sientes que te estas arrugando. Costo: S/. 0.50 para lugareños, S/. 1.00 turista nacional, S/. 5.00 turista extranjero. Fotos y partida rumbo a Ichupampa. Fueron 5 km de Yanque a Ichupampa. Ichupampa. Lo que ofrece el valle del Colca al visitante son intangibles: bellos, bellísimos paisajes, sensaciones gratas, paz, aire puro, hospitalidad, amabilidad, tranquilidad. Ichupampa forma parte del paisaje y de los intangibles. Aquí don Jorge Cáceres se me acercó en la plaza mientras tomaba fotos y conversamos, me contó de las fiestas de los pueblos del valle, las cuales habían empezado en Chivay el 8 de diciembre con la de la Virgen de la Inmaculada Concepción. Sigue la Wititiada en Coporaque el 16 de diciembre, la Octava de la Concepción. Sigue en Yanque, el 25 de diciembre, Navidad. Sigue en Achoma, el 6 de enero, Bajada de Reyes. Sigue en Lari, el 12 de enero, Octava de Bajada de Reyes. Sigue en Pinchollo, el 20 de enero, San Sebastián. Sigue en Madrigal, el 28 de enero, Virgen de la Candelaria. Sigue en Ichupampa, Maca, Cabanaconde y Tapay el 2 de febrero, Virgen de la Candelaria. También me contó que en Ichupampa abunda la planta de la flor de la cantuta, en la temporada de floración hay millones de flores y se pueden ver también millones de colibríes volando, libando el néctar de las flores, un espectáculo único después de las lluvias (Abril – Mayo). Después del breve descanso siguió la pedaleada hacia Lari. Los bellos y contemplativos paisajes del valle de Colca forman parte del recorrido, hasta que una fuerte subida arenosa ofreciendo mucha resistencia al avance te hace despertar y obliga a caminar y empujar un poco la bici hasta cerca de Lari. Lari. Lari recibe al visitante con su portada y el camino de ingreso ancho y empedrado. Era mediodía, el sol a plomo y abrasador. Aquí un descanso y toma de fotos de la amplia plaza de armas, de su bonita y bien cuidada iglesia que luce bien igualmente cuidados jardines floridos. Poca gente en la plaza, mucho silencio y tranquilidad. Buena oportunidad de reabastecimiento en la bodega surtida a unos metros de la plaza: plátanos, pan, agua, chocolates, etc. Era la hora de la salida del colegio, una bandada de colegiales invadiendo las calles, la plaza y la tienda le dio a esa hora su especial sensación, muchos de ellos curiosos ante mi presencia preguntaban sobre todo aquello que les parecía extraño y les llamaba la atención: el GPS montado en el timón de la bici, los mapas, el equipo de viaje, etc. La visita a Lari fue más bien breve pues todavía faltaba un buen trecho por recorrer hasta Pinchollo, donde sería la última parada de la jornada. La salida es hacia el puente Lari – Maca, que está a unos 5 km de pura bajada. Lo que sigue es la contraparte, es decir, una fuerte subida casi vertical de otros tantos 5km hasta llegar a la carretera afirmada sobre la margen izquierda del valle. Extenuante tramo, hecho una parte pedaleando en las relaciones de piñones 1-1 y 1-2 y el resto caminando empujando cuesta arriba, lo mejor era hacerlo despacio, el secreto está en hacerlo a un ritmo lento que se pueda sostener largo tiempo, sin agitarse ni tener que parar; después de todo no había ningún apuro, hasta que finalmente apareció la carretera afirmada de la margen izquierda del valle. Hasta aquí fueron 10 km desde Lari. Desde este punto la ruta parece más suave por la bien afirmada carretera, la pendiente es variable y ciclable, con el avance van apareciendo los miradores Antahuilque y luego el Wayrapunku, desde donde se tienen buenas vistas panorámicas del valle. La tarde avanzaba, las sombras se alargaban hacia el este y la cuesta continuaba, parecía

interminable por el lento avance, hasta que a la distancia apareció la portada de Pinchollo, frontera de la nación cabana. Fueron 5 km más desde la última lectura del odómetro. Pinchollo. Pueblo pequeño, el paisaje arquitectónicamente muy deteriorado, parece pueblo joven de Vitarte, la plaza de armas rodeada de casas de ladrillo a medio construir unas, otras con vidrios polarizados y arquitectura chicha, todo rompe con el entorno natural del valle. A partir de aquí algo curioso se puede apreciar en las iglesias de los pueblos de la nación cabana, su ubicación no es la típica con la fachada frente a la plaza, sino que de costado, frente a una calle lateral, hacia la plaza solo hay una puerta secundaria lateral. Eran casi las 5pm, hacía frío y corría fuerte viento. En los dos hospedajes del pueblo no había atención, ni tampoco donde comer algo. En una bodega frente a la plaza había para comer cualquier cosa, galletas, frugos, chocolate. En Pinchollo nadie sirve ni prepara nada. Hasta que apareció la encargada del hotel frente a la plaza, S/ 10.00 la noche, con baño privado, modesto, limpio, un poco desordenado, la señora hace lo que puede por ser amable con los limitados recursos que dispone. El hotel tiene teléfono Nº (054) 774725, también hay señal celular en algunos puntos elevados del pueblo, desde el techo del hotel puede hablar a mi casa en Lima. La cena fue preparada con el equipo de camping, la cocinilla MSR funcionó perfectamente, harto spaghetti a lo Alfredo para reponer las calorías consumidas y contar con una buena reserva para la siguiente jornada. El cansancio del día y el sueño llaman temprano a dormir. Martes 11 Cruz del cóndor. Despertar tempranero, 4:30am, preparar el desayuno fue un fracaso total, la MSR no funcionó para nada por más que intenté de todo, esto consumió el tiempo hasta las 6 am. Ni modo, desayuno frío forzoso, frugos y galletas. Hora de partida 7 am., estaba con una hora de atraso para llegar a la Cruz del Condor a tiempo para observar el vuelo de los cóndores. La carretera afirmada y variada con largas subidas y rápidas bajadas y algunos miradores panorámico pasa por un control de acceso para los turistas, aquí verifican el pago del ticket de ingreso al valle. Si has pagado verás cóndores volando, si no pagas no hay cóndores. Poco después se llega al mirador Cruz del Cóndor. 9:00 am. Fueron 10 km desde Pinchollo. El lugar estaba ocupado por muchos turistas, nacionales, extranjeros, escolares, etc., de toda edad y en la plazuela que rodea lugar hay un colorido mercadillo de artesanías, comidas y bebidas. Los guardaparques son amables e informativos. Hasta esa hora todavía no se habían avistado cóndores, estaban atrasados probablemente también tuvieron problemas con su cocinilla para el desayuno, el dato era que si no aparecían hasta las 9:30 o 10:00, ya no aparecerían y se tomarían el día libre. Todos los que estábamos ahí estábamos a la expectativa con los ojos puestos en el cielo. A lo lejos se vieron los dos primeros, muy lejos para ser una buena vista. Todos seguían mirando hacia arriba y nadie se había dado cuenta que habían dos cóndores volando encima de nuestras cabezas y otros planeando en círculos debajo de nosotros, nadie sabe de donde vinieron. El espectáculo duró como media hora. Tomar fotografías de un objeto en movimiento y a distancia variable no es cosa fácil, lo mejor es tomar todas las fotos que se pueda y después revisar lo que lograste, de lo contrario puedes perder las buenas oportunidades que se dan en cualquier instante de conseguir una buena foto. Los cóndores se perdieron en la distancia y la altura y con ellos se fueron todos los turistas del lugar, unos rumbo a Chivay y otros rumbo a Cabanaconde. Cabe notar que en este lugar hay servicios higiénicos, limpios y en buenas condiciones. Partida a Cabanaconde, 11:00am, sigue la misma carretera con sus subidas y bajadas. Las vistas espectaculares del valle y su paisaje se suceden una tras de otra con Madrigal y Tapay colgados en las escarpadas laderas decorando la vista de la margen derecha, hasta que Cabanaconde aparece tras una vuelta del camino y se aproxima rápido al final de la bajada que

termina en su portada. Hasta aquí fueron 14km desde Cruz del Cóndor. Cabanaconde Pueblo grande, bonito en los alrededores, feo y deteriorado su paisaje y arquitectura en el centro, la plaza de armas y calles aledañas también muestran al visitante el gran auge alcanzado por la arquitectura chicha, las construcciones en casco de ladrillo crudo a medio terminar y con ultramodernos vidrios espejados a color en las ventanas, tal parece que el estilo arquitectónico Ceres de Vitarte es contagioso y la idea de romper con el entorno es una práctica muy popularizada. La iglesia ubicada como ya se dijo anteriormente, al estilo cabana. Aquí la oferta hotelera es variopinta, el rango es de S/. 10.00 hasta U$100.00 la noche. Hay algunos lugares para comer igualmente variados. En los alrededores hay algunos sitios de interés que no visité. La tarde transcurrió tranquila con algunas ocupaciones como, enderezar y ajustar la parrilla dañada durante el viaje, cambiar una funda del cable de freno, reparar la cocinilla MSR, ordenar y reorganizar el equipaje y una reparadora siestecita. A eso de las 7 un bus aparece estacionado en la plaza y ví como varias personas se le acercaban, más pudo la curiosidad y me acerqué para ver de que se trataba. Era el bus a Huambo y Pedregal, el único medio de transporte disponible para salir del pueblo a las 4:30am no había otro hasta el día siguiente. Ese era mi bus!! Y hay asientos libres? Solo queda uno. Ese es mío!!, así que los reservé y fui a cenar algo ligero y a dar una vuelta por el pueblo lo que me condujo hasta la puerta de la iglesia, entré atraído por las luces encendidas y la voz del cura haciendo misa, el interior de la iglesia es deslumbrante para el que la visita por primera vez. En la misa solo había 2 feligreses y el cura, entre los 3 la hacían con todos los rituales, oraciones, cantos y letanías. Yo me limité a un respetuoso silencio y recogimiento hasta el final y me retiré con el pleno convencimiento de que Dios escuchó esta misa. A dormir temprano Miércoles 12 Partida tempranera 4:30 am en el bus a Huambo, la bici la acomodaron en el techo sobre la carga, el bus se llenó totalmente rápido hasta con pasajeros que iban parados y partió haciendo sonar su estruendoso claxon hasta que salimos del pueblo. En el camino la gente bajaba y subía alternadamente, hasta que pasado cierto tiempo el bus quedó medio vacío. La mayoría de pasajeros son gente que va a trabajar al campo. El paisaje ahora cambia del bello panorama del valle de Colca al árido y agreste escenario del páramo serrano. El camino es esencialmente una larga subida con sus altibajos hasta llegar a Huambo a las 7:30 para tomar desayuno. Huambo. Pueblo de la nación cabana, con su iglesia en plena reconstrucción ubicada al estilo que le es propio en la zona. El pueblo luce su identidad autentica, afortunadamente la arquitectura chicha no ha llegado hasta aquí. Su limpia, amplia y bien cuidada plaza ofrece buena sombra bajo sus añosos árboles para la espera hasta las 9am, hora de la partida rumbo a El Pedregal. El viaje continuó a través de territorio desolado y calcinado por el ardiente sol. Saliendo de Huambo pasamos cerca de una sección del canal del Proyecto de Irrigación Majes por donde el agua ingresa por el túnel excavado a través de las entrañas de la montaña para salir 30 km

más adelante rumbo a las tierras de las pampas de Majes, Verdaderamente una obra monumental. 2pm, llegamos a El Pedregal, donde el bus hace escala para almorzar y luego seguir su itinerario hacia Arequipa. Para mí la última parada y momento de tomar decisiones, las opciones eran: quedarme en un hotel y partir al día siguiente temprano o dado que aún era temprano partir de inmediato rumbo a Corire vía el antiguo camino del desierto que según mapas y vistas satelitales de Google Earth aún existe. Los sentimientos estaban OK, el ánimo también y la excitación “in crescendo”. Así que ya me hallaba alistando todo de nuevo, comprando algunos abastecimientos para una posible noche en el desierto. Inmediatamente después de revisar el mapa, hacer los ajustes al GPS, considerar la distancia teórica estimada de las lecturas, la hora en ese momento y estimar la velocidad promedio para hacer esos “25k” antes del anochecer, emprendí la marcha. En El Pedregal se reinició el pedaleo de búsqueda del antiguo camino que atraviesa el desierto y conduce hasta el valle de Majes. Con los datos del mapa y la facilidad del navegador GPS ubiqué el inicio del camino a unos 15 km del lugar, en el extremo oeste de los campos cultivados del proyecto majes. La breve travesía fue entretenida y permitió admirar y comprender la magnitud y los alcances del proyecto. Una vez en el sitio, donde se supone que se inicia el camino no habían sino parcelas de alfalfa. Pero levantando la vista un poco más allá de las parcelas cerca del horizonte se veía el trazo serpenteante casi imperceptible – borrado por la arena y las dunas, de lo que parecía un camino que se internaba en el desierto, para llegar a él hubo que pasar atravesando las parcelas pidiendo permiso al dueño quien a su vez me confirmó que ese era el antiguo camino al valle de Majes. Eran las 3:30pm., ya una vez en el camino y avanzando un poco más quedó confirmado claramente su trazo, ancho como de 3 o 4 metros, recto, tal como dice la descripción en el libro de Hyslop sobre los caminos andinos ancestrales que atraviesan desiertos arenosos. Aquí nuevamente ocurrió ese encuentro mágico y subliminal con habitantes naturales del lugar, una pareja de lechuzas de los arenales que me miraban y no se inmutaban ante mi presencia, quietas me observaban mientras se establecí la comunicación conmigo, el mensaje recibido fue claro y tranquilizante: “hola, sigue nomás, este es el camino que buscas, todo tranquilo, nada te va a pasar, es buena hora para recorrerlo, ve, alucínalo y disfrútalo…”. Según el mapa son unos 20km, estimé que llegaría al atardecer, así que emprendí la marcha. La textura del camino es variable, algunos tramos duros y firmes, otros arenosos, otros pedregosos, en muchos tramos la arena ha invadido el camino y no se puede avanzar pedaleando, a veces fue posible pedalear por el terreno paralelo al camino cuando era lo suficientemente firme. La diferencia entre las cotas del inicio y del final del camino indica que es en bajada, la verdad es que es variado, hay subidas y planos con predominio de las bajadas largas y suaves. La travesía en solitario en horas de la tarde fue una experiencia particularmente especial, única, muy introspectiva y contemplativa, una de las mejores de mi vida, realmente alucinante e inolvidable. El paisaje del desierto andino de Arequipa es casi lunar, la dunas, las figuras y relieves que forma el viento con la arena son únicos, los efectos de la luz dorada de la tarde y las sombras hacen el ambiente mágico. La tarde avanzaba y las sombras se alargaban hacia el este y los matices de colores del cielo en activo cambio y movimiento viraban hacia el añil. La hora crepuscular del desierto tuvo de extraordinario mucho y de espectacular todo. Una señal y referencia de avance en el camino es la antena de comunicaciones que tal como figura en el mapa es

vista a la distancia e indicaba la proximidad del fin del tramo caminero del desierto. Lo que realmente estaba a la vista es la nueva antena, que no figura en el mapa, la antigua, la del mapa estaba aún un mucho más allá, sobre el borde de la pampa desértica en la altura desde donde se divisa abajo el valle de Majes. El camino termina exactamente donde hay una pequeña construcción arqueológica en ruinas, antiguo marcador o señal que prueba el origen ancestral del camino. Fueron 32 km, no 25. Ya anochecía y abajo, a lo lejos, al fondo se encendían las primeras luces de los pueblos. La joven e incipiente luna creciente iluminó poco menos que nada y por muy poco tiempo. En este mismo punto empieza la bajada más emocionante que he hecho en mi vida. Según el mapa son 8 km. Así que calculé que rodando despacio llegaría abajo en una hora. La realidad fue otra, el camino baja serpenteando la ladera. Los derrumbes, los tramos tapados con arena y los bloquedos con piedras son tan innumerables como las curvas y desarrollos. Rodar cuesta abajo en la oscuridad en ese camino era medio complicado y difícil pero no imposible. Por un momento pensé en quedarme a pasar la noche ahí para reiniciar la marcha al amanecer. Pero decidí continuar y llegar a Corire esa noche y para lograrlo la clave estaba en ir despacio y con el máximo cuidado para no accidentarme y hacerlo en forma segura. Así que con paciencia y sin ningún apuro remonté todos los obstáculos del camino, según se presentaban: pedaleando, rodando, empujando, cargando, etc. El más difícil fue un tramo derrumbado y cubierto de arena de unos 100m que tuve que pasarlo porteando la bici. A medida que avanzaba y descendía el camino iba mejorando y los tramos ciclables se hacía más frecuentes y más largos. En todo el trayecto tuve una sola caída leve en un pozo de arena ya casi al final, así continué hasta que súbitamente me encontré con el asfalto de la carretera. Fueron 16km, no 8. El tramo carretero hasta Corire fue un relajo de 12km rápidos y suaves pasando por Punta Colorada donde pregunté por comida, estaba hambriento, a esa hora todo ya estaba cerrado, así que apuré la marcha. En Corire hallé movimiento y casi todo abierto, eran las 9pm. Una opípara comida y tres Kolas Escocesas fue el cierre de la jornada y poco después una ducha y una buena cama para dormir en un hotel local. Jueves 13 Corire. Pueblo con movimiento, gente, comercios, etc. Corire es la metrópoli del valle, hay de todo. El desayuno fue un reconstituyente jugo surtido en el mercado, lugar apropiado para informarme del pueblo, su gente, sus cosas, etc. Lo que siguió fue un mantenimiento a la bicicleta, lavado y engrase pues la arena de la jornada del desierto del día anterior y muy nociva para los piñones, cadena y cambios hacía urgente y necesaria la limpieza, a media cuadra del mercado conseguí esto. De ahí el plan de viaje continuaba, recogiendo las cosas del hotel para ir a Toro Muerto y de ahí a Punta Colorada y proseguir aguas abajo rumbo a Camaná. Toro Muerto El ingreso a Toro Muerto está a 1.4 km de Corire, es un camino de tierra de 1.8 km hasta la caseta de información donde cobran el ingreso S/. 4.00. Aquí el encargado es un hombre mayor llamado Esteban Vargas, este tipo se mostró “amable y comunicativo” y me dio “un consejo personal” dibujando con lapicero sobre el croquis que figura en el reverso del boleto una línea que se desvía y se aleja del camino principal hacia la derecha y que hace un gran rodeo “por donde hay figuras nuevas y más bonitas” y asimismo me recomendó repetidas veces que deje mi bicicleta, que estaba

cargada con todo el equipo de viaje, en la caseta llamada “refugio” que según él está a unos 200 metros de los geoglifos y que todo está a la vista e insistió que ahí mi bicicleta estaría segura y que nada le pasaría y que con confianza la dejara ahí, porque nadie pasa ahí sin pasar por su control, y además porque todo es de subida y arena y no se puede ir en bicicleta, etc., etc. Todo este cuento me pareció muy raro y sospechoso. Salí de la caseta de información y seguí el sendero el cual no tiene señalización, excepto una sola flecha indicando el camino a seguir, más arriba no hay señal alguna, y las huellas y caminos son un tanto confusos, siguiendo el camino principal se halla el llamado “refugio” el cual no es otra cosa que dos habitaciones de forma rectangular en estado ruinoso y muy parecidas a lo que se ve el croquis y siguiendo cuesta arriba se halla el desvío señalado por Vargas el cual lo seguí según sus indicaciones, excepto que no dejé mi bicicleta y equipo de viaje en el lugar que el me dijo sino que seguí cuesta arriba pedaleando hasta donde se puede y seguí empujando hasta que había recorrido 2.5 km y no hallaba nada excepto arena y el camino que se alejaba cada vez más y más. Mirando hacia atrás no se veía absolutamente nada solo el camino de arena. Decidí regresar rodando cuesta abajo lo andado y volver al camino principal y seguir su trazo el cual me llevó muy fácilmente hasta una construcción semicircular con una glorieta y muy cerca de ella habían salpicadas sobre la pampa cientos de piedras de sillar de diversos tamaños sobre las cuales están grabados los petroglifos. Todo lo anterior hasta aquí me demoró como 3 horas que perdí y que pude emplear para visitar el sitio, ya eran las 4pm así que solo pude hacer un recorrido breve y tomé todas las fotografías que pude de los petroglifos que hallé en los alrededores. Es evidente que lo que Vargas hizo fue tramar un ardid y engaño muy astuto para que yo deje mi bicicleta y equipo de viaje en “el refugio” y me aleje de ellos por un camino que me llevaba a ningún sitio y desde donde mi bicicleta y equipo quedaban fuera de mi vista. A las 5pm terminé esa visita a Toro Muerto y pasé nuevamente por la caseta de información, cuando Vargas me vio llegar pedaleando no supo disimular su asombro y me preguntó sospechosamente cómo me había ido y si había visto a algunas personas por ahí en una camioneta. Yo le contesté que el debería saberlo y no yo, pues tal como me dijo más temprano, nadie ingresa sin pasar por su control. Me replicó que algunos se pasan rumbo al cementerio. No serían acaso los que se supone robarían mi bicicleta y equipo de viaje en esa camioneta? Y obviamente nadie hubiera visto nada. Esto se lo dije directamente a Vargas, además de increparle el haberme mandado al desvío, el tipo no supo qué decir al comienzo y luego al verse descubierto pretendió disimular diciendo que yo no había entendido bien sus “recomendaciones”, para luego tornarse iracundo y descortés. ADVERTENCIA: Mucho cuidado cuando visiten Toro Muerto. El tío Vargas les puede hacer el perro muerto. El trazo del recorrido que hice en este lugar quedó grabado en la memoria del GPS y lo pondré a disposición de todos los interesados y el reporte de este incidente a las autoridades competentes para que tomen las medidas necesarias para que no se vuelva a repetir un incidente como este y para que se señalice convenientemente el sendero para los visitantes en Toro Muerto. Salí del lugar de Toro Muerto y me dirigí a Punta Colorada al atardecer a comer un excelente plato de tortilla de camarones en el famoso restaurante El Errante, lugar por donde han pasado una variopinta pléyade de personajes de la vida pública y política del Perú. Aquí pregunté y hallé que ya era tarde para continuar la marcha por la margen del río, había perdido medio día en Toro Muerto, gracias a Vargas, así que tuve que regresar a Corire a pernoctar pues en este sitio no hay hospedaje.

Viernes 14 Amanecer en Corire y salida tempranera. Desayuno en Punta Colorada. El inicio de la jornada es pasando por debajo del puente y siguiendo por la trocha carrozable sobre la margen izquierda del valle de Majes. La pedaleada es tranquila y muy agradable entre los campos sembrados de arroz. Lentamente van pasando algunos pueblitos en el camino: Infiernillo, Sarcas, Pampablanca, Torán, Charahuayo, Sihuaní y Paicán. En este último lugar termina la trocha, hasta aquí llegan los carros, lo que sigue es un camino de herradura a través de los arrozales y varias cruzadas a uno y otro lado del río algunas a través de rústicos puentes de palos o “pasamanos” (en total 5) y otras simplemente vadeando a veces con el agua hasta las rodillas. Imposible olvidar los gratos encuentros con la gente del lugar, Juan Pablo de sonrisa amplia y generosa y con Edgar Caballero, muy locuaz e informativo. Esta parte de la expedición es también una de las que mejor experiencias ofrece, el camino es virgen para el cicloturismo de aventura y muy variado pues alterna tramos por la orilla del río, a través del monte ribereño y trepadas y descensos por la ladera del cerro. Algunos tramos son ciclables y otros para portear la bici. Los tramos por la orilla y el monte pasan por varios ranchitos de pescadores de camarones, gente buena y amable que me recibió con hospitalidad y curiosidad, definitivamente que para ellos yo era un aparecido raro que despertaba su total interés por saber de donde venía, que hacía por ahí, adonde iba y cuanto tiempo andaba viajando, etc., la sopa de camarones que me invitaron Gerardo Calloapaza y Jorge Paucara en el ranchito de Orcos, estaba deliciosa. Aquí me entero un poco de sus vidas, de la señora comerciante que viene a caballo desde Camaná a las 4am para comprar los camarones frescos y llevarlos al mercado, también como conservan los camarones secos y salados, etc. Las vistas del paisaje del valle de Majes son espectaculares e inolvidables, el río, el monte y todo lo demás. El límite de las provincias de Castilla y de Camaná está perfectamente señalizado por una marca natural llamada “Paloparado”, esta marca consiste en un afloramiento intrusivo de color negro y posición casi vertical en la roca de la ladera del cerro sobre la margen izquierda, que a lo lejos se ve como un palo quemado parado. A partir de este punto el río cambia de nombre a río Camaná y el camino se hace un tanto menos complicado pero no menos duro, sobre todo en los tramos arenosos. La huella del tractor es lo que me dijeron que siga a través del monte hasta Socso. A Socso llegué como a la 1pm., fueron 8 horas de viaje hasta ese momento, el rehidratante ya se había acabado hacía rato. El tramo desde Paloparado fue largo y agotador bajo el sol abrasador, después de atravesar el denso monte ribereño apareció el último “pasamano” y un poco más allá dos kioskos de madera cerca de un bus ahí estacionado y medio maltrecho. Ahí es Socso, me dijo el lugareño con quien me encontré y me acompañó en la última parte del camino y que también iba al mismo lugar. Llegamos al mismo tiempo que estaban llegando las dueñas de los kioskos del lugar para vender bebidas, frutas, galletas, etc. Agua!! Gracias a Dios!! Aquí me reabastecí de agua que mezclada con el Vitamax obraron maravillosamente en mi organismo, que en ese momento ya no quería dar un paso más, fue increíble, después de unos 20 minutos, me sentí totalmente revitalizado y con ganas de seguir, pues poco antes, cuando recién llegué casi desfallecía y había pensado terminar aquí la expedición y embarcarme en ese viejo bus a Camaná, sin embargo, después de escuchar que a partir de aquí el camino de bajada por el valle es bonito y buena carretera afirmada que se pasa por varios pueblitos no lo dudé más y me dispuse a continuar.

Lo que siguió fue un tranquilo y poco esforzado camino mayormente de descenso por el valle hermoso donde la naturaleza ha conjugado todo su saber creando la más increíble variedad de tonos de verde en los campos de arrozales que cubren extensamente las tierras del amplio y generoso valle. Fue una casi interminable sesión de descenso contemplativo. Hasta llegar a San Gregorio donde el curioso estilo mojinete de sus casas le da al lugar un aspecto muy interesante. Ya estamos en tierras moderadamente civilizadas, la sensación de estar lejos en un pueblito remoto del Perú ya desapareció. De aquí solo falta llegar a Camaná, comprar el boleto de bus a Lima y comprar algunos productos locales para llevar a la familia en Lima que siempre espera mi llegada de las expediciones con alguna novedad o cosa rica para compartir. A partir de aquí esta aventura se convierte en historia, en el gratificante recuerdo de uno de los viajes más alucinantes de mi vida.

Anibal Paredes www.perucycling.com Las fotos las pueden ver en http://www.worldisround.com/articles/341781/index.html

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