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SÍNTESIS DE MODERNIDAD LIQUIDA

En su libro Bauman considera la modernidad liquida como representación de cambios y


transitoriedad. A través de la metáfora de lo que se considera solido o liquido, nos da a
entender que la época de aquello que dura y se conserva en el tiempo como el
capitalismo industrial y el Estado-nación se ha ido derritiendo permitiendo el
surgimiento de una modernidad liquida donde la realidad social y las interacciones que
en esta se dan son fluidas e inestables.
En modernidad liquida se especifican cinco temas que concretan lo específico del
pensamiento del autor, donde explora las propiedades de la sociedad moderna que han
persistido y aquellas que se han modificado.
En la modernidad liquida pocos individuos desean liberarse, y menos están dispuestos a
actuar para lograrlo; el mundo real es restrictivo, limitante y desobediente, y en el
sentirse libre implica alcanzar un equilibrio entre los deseos, la imaginación y la
capacidad de actuar, este equilibrio puede alcanzarse recortando el deseo y la
imaginación o ampliando la capacidad de acción.
Puede suceder que debido a la manipulación se dé un lavado de cerebro en el que uno
jamás llegue a poner a prueba sus capacidades objetivas y existe además la posibilidad
de lo que experimentamos como libertad no lo sea en absoluto y que las personas
satisfechas con su realidad no experimenten ninguna necesidad de liberarse.
En este contexto se pregunta si la liberación es una bendición o una maldición, la cual
tiene dos clases de respuestas, la primera duda que la gente común esté preparada para
la libertad y en la segunda los hombres dudaban de los beneficios que las libertades
disponibles pueden redituarles.
Desde estas repuestas se perciben a las personas reacias a asumir los riesgos y las
responsabilidades que son parte de una autonomía y una autodeterminación genuina,
mientras que las respuestas de segundo orden se sugiere que la libertad no es garantía
alguna de felicidad, sino que es más proclive a acarrear desdicha.
La libertad provoca miedo al fracaso y se ve como algo que no es garantía de felicidad
ni una meta por la que valga la pena luchar, otras filosofías nos dicen que la coerción
social es una fuerza emancipadora y la única esperanza razonable de libertad a la que
los humanos pueden aspirar.
No existe otra manera de alcanzar la liberación más que someterse a la sociedad y
seguir sus normas. Las pautas de comportamiento impuestas por la condensación de las
presiones sociales ahorran al ser humano la agonía de no saber que esperar de los
demás.
Lo que está mal en la sociedad en la que vivimos es que ha dejado de cuestionarse a sí
misma, no significa que nuestra sociedad haya eliminado el pensamiento crítico sino
que nuestra crítica es incapaz de producir efectos en el programa establecido para
nuestras opciones políticas.
La critica estilo consumidor ha venido a remplazar a su predecesora la critica estilo
productor, las causas del cambio tienen sus raíces en la gran transformación del espacio
público y más en general en la manera en la que la sociedad moderna funciona.
El principal objetivo de la teoría crítica era defender la autonomía humana, la libertad
de elección y autodeterminación y el derecho a seguir siendo diferente.
Ser moderno significa estar eternamente un paso delante de uno mismo y existen dos
características que hacen que nuestra forma de modernidad sea novedosa y diferente, la
primera es el colapso en la creencia de que el camino que transitamos tiene un estado
final de perfección y la segunda es la desregularización y privatización de las tareas y
responsabilidades de la modernización.
La modernidad de hoy es liviana en la cima luego de liberarse de sus deberes
emancipadores.
La sociedad moderna existe por su incesante acción individualizadora, así como la
acción de los individuos consiste en reformar y negociar diariamente los lazos mutuos
que llamamos sociedad.
La individualización sigue cambiando establece nuevos preceptos de comportamiento y
corre nuevos riesgos; la individualización consiste en transformar la identidad humana
de algo dado en una tarea y en hacer responsables a los actores de la realización de esta
tarea y de las consecuencias.
La necesidad de transformarse en lo que uno es constituye la característica de la vida
moderna.
Bauman compara dos clases de mundos el de Orwell y el de huxley, ambos compartían
el presagio de un mundo estrechamente controlado, en el que la libertad individual no
solo estaba hecha añicos sino que ofendía gravemente a la gente entrenada para
obedecer y seguir rutinas prefijadas. Así entonces, el mundo nos reserva menos libertad
y más control, supervisión y opresión, donde existen hombres y mujeres sin poder de
decisión sobre sus propias vidas.
En ese mundo todo tiene un propósito, aun cuando no esté claro, no hay espacio para
actos sin propósito y ningún acto útil se consideraría un propósito, para ser reconocido
debe servir a la conservación y perpetuación del todo ordenado.
Así entonces las ideas de las clases dominantes tienden a ser las ideas dominantes.
El fordismo fue la autoconciencia de la sociedad moderna en su fase pesada y
voluminosa o inmóvil arraigada y solida, su presencia se revela en visiones tan
distantes como en el sistema social parsoniano autorreproductor, gobernado por el
conjunto de valores centrales y en el que el proyecto de vida sartreano funciona como
idea conductora del esfuerzo que lleva toda vida de construcción de la realidad.
El capitalismo pesado estaba obsesionado con la masa y el tamaño y por ese motivo
también con sus fronteras, con la idea de hacerlas precisas e impenetrables.
En su etapa pesada el capital estaba tan fijado a un lugar como los trabajadores que
contrataba.
Los fines de las acciones humanas se preocuparían casi exclusivamente por los medios,
cualquier otra racionalización cuya naturaleza estaría decidida de antemano consistiría
meramente en un ajuste y perfeccionamiento de los medios.
Otro tipo de acción con objetivo es el valor racional donde los valores son de naturaleza
ética, estética o religiosa, es decir, pertenecientes a una categoría que el capitalismo
moderno degradaba e incluso dañina para la conducta racional calculadora que él
promovía.
Lo que ha ocurrido en el paso del capitalismo pesado al liviano es que han desaparecido
los invisibles politburós capaces de absolutizar los valores de las cortes supremas
autorizadas a emitir veredictos inapelables sobre los objetivos dignos de ser
perseguidos.
Todo recae ahora sobre el individuo. Solo a el le corresponde descubrir que es capaz de
hacer, ampliar esa capacidad al máximo y elegir los fines a los cuales aplicar esa
capacidad ósea aquellos que le produzcan una mayor satisfacción.
Al individuo le corresponde domesticar lo inesperado para convertirlo en
entrenamiento; vivir entre opciones aparentemente infinitas permite la grata sensación
de ser libre de convertirse en alguien, de esta forma la desdicha de los consumidores
deriva del exceso, no de la escasez de opciones.
El capitalismo liviano, amistoso con los consumidores, no abolió las autoridades
creadoras de la ley ni las hizo innecesarias, simplemente dio existencia y permitió que
coexistieran una cantidad tan numerosa de autoridades que ninguna de ellas puede
conservar su potestad durante mucho tiempo.
En la modernidad el asesoramiento que se brinda es sobre la política de vida, donde se
indica que es lo que las personas asesoradas pueden hacer por sí mismas, no que
podrían lograr hacer todas juntas para cada una si reunieran fuerzas.
Así entonces surgen filosofías que nos dicen que nada se gana haciendo el trabajo por
los otros, que eso solo serviría para distraer la atención de las cosas que únicamente uno
puede hacer. De esta manera la orientación se refiere a cosas que la persona deba hacer
por ella misma, aceptando toda la responsabilidad de hacerla correctamente y sin culpar
a nadie de las consecuencias desagradables que podrían atribuirse a su propio error.
Cuando nos damos cuenta que de nosotros mismos depende nuestra calidad de vida y la
búsqueda de los recursos para lograrlo dependen también de nuestra propia habilidad,
valor y esfuerzo entonces nos resulta vital saber cómo han hecho otras personas pare
enfrentar el mismo desafío.
Buscar ejemplos o consejos se convierte entonces en una adicción, y estos no cumplen
su promesa de provocar satisfacción, además dejaran de ser utilizables y serán
disminuidos y devaluados por la competencia de ofertas nuevas y mejores.
Hoy la seguridad es lo más importante y una comunidad que no tenga de que
preocuparse. Anteriormente esa seguridad y control estaba a cargo de los ojos lenguas y
manos humanas, hoy a cargo de las cámaras de TV pues las personas demandan que sea
de este modo pues se consideran a sí mismas como víctimas de una posible
conspiración.
Se presentan entonces personas que buscan una lógica a su desdicha y humillante
derrota en la responsabilidad de las malévolas intenciones de otros. Aunque creerse
víctima no es novedoso, lo novedoso es inculpar a los merodeadores y otros personajes
no pertenecientes al lugar donde aparecen.
Los merodeadores se han convertido en asunto de miedo que acosa a nuestros
contemporáneos, inclusive ya se ha destinado dinero público para localizarlos y
atraparlos con el propósito de comprar protección estimulando así el crecimiento de la
industria y de la seguridad privada.
Hoy la cultura publica es la política del miedo cotidiano, lo que le impide a la gente
procurarse las artes y oficios necesarios para compartir la vida pública. Así entonces los
merodeadores y vagabundos son promovidos al rango de enemigos públicos numero
uno.
En este contexto de inseguridad un encuentro entre extraños no se parece a un encuentro
entre familiares, amigos o conocidos, es comparativamente un desencuentro. El
encuentro con extraños es un acontecimiento sin pasado y con frecuencia un
acontecimiento sin futuro.
La vida urbana exige entonces una habilidad llamada civilidad para proteger
mutuamente a las personas y que no obstante les permita disfrutar de su mutua
compañía, su esencia es la utilización de mascaras para una sociabilidad pura cuyo
propósito es proteger a los demás de la carga de uno mismo.
Usar una máscara es un acto de compromiso y participación y no de descompromiso,
una retirada del verdadero yo.
Una categoría de espacio público pero no civil está destinada a prestar servicios a los
consumidores, o más bien a convertir al residente en consumidor como los sitios de
shoppings y cafeterías donde no se mantiene ningún tipo de interacción social. La tarea
aquí es consumir y el consumo es un pasatiempo absoluto e irremediablemente
individual y por atestados que estos lugares de consumo colectivo estén no hay nada
colectivo en ellos.
Los lugares de consumo deben gran parte de su magnético poder de atracción a su
colorida y caleidoscópica variedad de sensaciones sensoriales y ofrecen lo que ninguna
realidad real puede ofrecer afuera un equilibrio casi perfecto entre libertad y seguridad.
Dentro del tempo de consumo la imagen se convierte en realidad, las multitudes se
aproximan tanto como es posible a la comunidad la idea imaginada que no conoce la
diferencia importante que requiera confrontación, enfrentamiento con la otredad del
otro. Por tal razón esa comunidad no exige ninguna negociación, ningún trato, ningún
esfuerzo por entender, solidarizarse ni conceder.
Estar dentro de esta clase de comunidad forma una nueva comunidad de creyentes,
unificados por los fines y también por los medios, por los valores que respetan y por la
lógica de conducta que adoptan.
Para enfrentar la otredad de los otros se dan dos estrategias la primera es la
antropoémica donde se expulsa a los otros extraños y ajenos mediante la prohibición del
contacto físico y el intercambio social. Hoy esta estrategia es el encarcelamiento, la
deportación y el asesinato. La segunda es la antropofagia que consiste en ingerir y
devorar cuerpos y espíritus extraños para convertirlos por medio del metabolismo en
cuerpos y espíritus idénticos como el canibalismo y las guerras de exterminio.
Las dos clases de espacios urbanos públicos pero no civiles derivan de la flagrante
ausencia de hábitos de civilidad. Los no lugares que desalientan cualquier idea de
permanencia, imposibilitando la colonización o domesticación del espacio, un no lugar
es un espacio despojado de las expresiones simbólicas de la identidad, las relaciones y
la historia.
Los espacios vacios están vacios de sentido, podríamos decir que son los lugares
sobrantes que quedan después de que se ha llevado a cabo la tarea de estructuración de
los espacios que realmente importan, son vacios aquellos lugares en los que nos
sentiríamos perdidos y vulnerables y un poco asustados ante la vista de los otros seres
humanos.
Mantener la comunidad se transforma en un fin en sí mismo y la purga de todos
aquellos que no pertenecen a ella se convierte en la tarea de la comunidad.
Es nuestro trabajo, el trabajo de nosotros que vivimos en el presente y la única historia
que cuenta es la todavía no hecha pero que está siendo hecha en el momento.
La confianza en uno mismo propia de la modernidad le dio a la eterna curiosidad
humana acerca del futuro un cariz totalmente nuevo. El futura era creación del trabajo y
el trabajo era fuente de toda creación.
Hacia adelante era el destino de toda sociedad, el futuro y el trabajo era el medio que
nos llevaría hasta allí ahora esta idea de progreso y futuro se ha ido modificándose,
derritiéndose como muchos otros elementos que conformaban la modernidad solida.

BIBLIOGRAFÍA
Modernidad liquida. Sygmunt Bauman, 2003

_ MODERNIDAD

Concepto de modernidad

La modernidad como concepto filosófico y sociológico, puede definirse como el


proyecto de imponer la razón como norma trascendental a la sociedad. Se trata de un
proceso de carácter global -de una realidad distinta a las precedentes etapas históricas-
en el que lo económico, lo social, lo político y lo cultural se interrelacionan, avanzan a
ritmos desiguales hasta terminar por configurar la moderna sociedad burguesa, el
capitalismo[1] y una nueva forma de organización política, el Estado-nación[2].

Características

Los antecedentes de la modernidad son la Revolución industrial, Revolución Francesa y


la Revolución Científica. Se presenta entre el siglo XVIII y principios del siglo XX, en
la sociedad industrial en Europa occidental, inspirada y fundamentada en el
pensamiento de Descartes (racionalismo), sacando de allí sus ideas básicas. Se puede
decir que es de carácter global y acumulativo (desarrollo de técnicas, conocimientos,
instrumentos, clases, ideologías, instituciones, etc.): la nueva clase burguesa se fue
constituyendo y consolidando junto con el proceso global de acumulación, en medio de
luchas y enfrentamientos contra la nobleza y el sistema feudal, favoreciéndose como un
papel activo y revolucionario.
Con la industrialización, se da el triunfo del racionalismo de la existencia, de la razón
propagando sus luces, de la creencia en la evolución y el progreso, (llegó a hablarse de
la razón como si fuera una diosa). Este pensamiento fue marcado por el surgimiento de
grandes ensueños sociales, políticos, económicos, culturales, tecnológicos, industriales,
etc.
En la base de legitimidad[3] socio-política, el poder condensado en el Estado se vuelve
impersonal y está definido por instituciones y constituciones. De lo concreto se pasa a lo
abstracto; de lo transparente a lo opaco; de lo inmediato a lo mediato; de lo diferente y
variado a lo homogéneo.

La modernización capitalista se mundializa (mediante un complejo proceso de


integración-desintegración de las culturas a las que domina). Se impone sobre las
formas precapitalistas existentes en los territorios conquistados destruyéndolas, o bien
subordinándolas, transformándolas y utilizándolas. Es a veces más aparente que real o
reviste un aspecto superficial y/o desigual.
En esta etapa el advenimiento del capitalismo significa el momento de ruptura y
negación, en el que se privilegia el valor de cambio (mercantil) en lugar del valor de
uso, y la uniformización homogeneizante de la diversidad cultural. Surgiendo así un
cambio, se transformó de sociedades fundamentalmente agrarias a sociedades urbanas.
La mayoría de la población activa se ubica en el sector secundario (industria),
destacándose el basamento tecnológico energético. La producción se realiza en grandes
series (forma masiva), pero hay pocos modelos, ya que son elaborados para “durar toda
la vida”. En esta sociedad productiva prevalece la exaltación del ahorro.
En el pensamiento y en las acciones surge la idea de la emancipación de la humanidad.
El sujeto moderno se emancipa del medio familiar y social. Hay ausencia de
transcendencia religiosa y la vida consagra a un ideal (laico) con importancia de los
valores morales; existe una imagen rigorista de la libertad.

Concepto de post modernidad

La expresión “posmodernidad” ha empezado a utilizarse para determinar un nuevo


periodo histórico: el periodo en el cual estamos viviendo a partir de la 2ª mitad del siglo
XX. Esta designación alude a una nueva realidad de los países centrales. Terminada la
Segunda Guerra Mundial, se manifestaron en ellos cambios en la vida social, cultural y
económica. El prefijo “pos” indicaría la nueva época sucesora de la modernidad. Existe
entonces, la pretensión de que el termino “posmodernidad” funcione como un
“concepto periorizador”, cuya función es la de correlacionar los nuevos rasgos formales
en la cultura con la emergencia de un nuevo tipo de vida social y un nuevo orden
económico, lo que a menudo se llama modernización, sociedad de consumo o
postindustrial, la sociedad de los medios de comunicación o del espectáculo o del
capitalismo multinacional.” Jameson, F.

Características

Sus antecedentes son la Primera Guerra Mundial, La Segunda Guerra Mundial y la


caída del Muro de Berlín. La postmodernidad se da en la segunda mitad del siglo XX
hasta la actualidad, en Sociedades postindustriales de países desarrollados. Se
caracterizan por un Capitalismo tardía o avanzado transnacional. Surgen las empresas
multinacionales.

La producción es automatizada y cibernética. Hay una obsolescencia por la innovación


tecnológica constante, exigiendo a los hombres adecuaciones y aprendizajes constantes.
Hay una gran variedad de productos pero son de poca durabilidad. La mayoría de la
población activa trabaja en el sector terciario (servicios). La comercialización se da en
shoppings y grandes supermercados según el conocimiento y la satisfacción de los
deseos de los clientes.
Es considerada la época del desencanto. A diferencia de la modernidad, finalizan las
utopías (ausencia de grandes proyectos). Además la idea de emancipación entra en crisis
y mueren las ideologías; dando lugar al individualismo hasta el egoísmo. Hay ausencia
de trascendencia religiosa y de ideales laicos, prevalece la exaltación del cuerpo.
La sociedad posmoderna es muy plural y diversa; considerada una sociedad de
consumo, existe una fuerte estimulación del crédito que facilita el consumo: “soy lo que
tengo”;”valgo por lo que tengo”. Se deja de lado la ética y la moral, por la simple idea
de busqueda del placer.