En Miguelandia, el Agente X.99 empezó a dar órdenes para derribar el plan malvado de su archienemigo Miguel: ¡¡¡Destruir el Planeta Tierra!!!

Pero a los Migueles no les gustó nada. Nada de nada. Así que decidieron ponerle una trampa al Agente X.99 y desbaratar sus planes. Su objetivo era hipnotizarlo y destruir todas las pruebas que había ido recopilando. Para ello contaban con la ayuda del Científico Loco, que preparó una pócima para hipnotizarlo. Como sabían que la bebida favorita de X.99 era la Coca Cola, decidieron mezclar la pócima con esa bebida y colarse en la nave espacial del agente para dar el cambiazo. Con tan mala suerte que aquel día, el Agente X.99 estaba tan cansado que olvidó beberse su Coca Cola. Esa noche, X.99 tuvo un sueño muy peculiar: alguien le decía la contraseña del laboratorio de los Migueles. Sin pensárselo dos veces, se levantó, se dirigió hacia allí y comprobó que la contraseña de su suelo era la verdadera. En el laboratorio descubrió el arma secreta de los Migueles: un laser desintegrador que rápidamente desactivó con su navaja multiusos. Contento por haber desactivado el plan de los Migueles, el Agente X.99 se fue a buscar a su cabra Cascabel y juntos celebraron una gran fiesta.
Agente X.99. Cuentos y versos del espacio. Gianni Rodari. Curso 2010—11. Biblioteca CP San Roque