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El realismo pictórico

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1. FACTORES DEL REALISMO

El Realismo Francés (1848-1870) es un movimiento que surge propulsado por las revoluciones que
provocaron el emperador francés Luis Felipe (anuló la libertad de prensa, de reunión, de expresión y ordenó
matanzas indiscriminadas en las barricadas parisinas). Muchos de los pintores realistas se sienten atraídos
por las ideologías surgidas de estas revoluciones. En pintura, el precedente más inmediato es el paisajismo
de la Escuela de Barbizon, a la cual se aproximó Millet de ahí sus cuadros con temas de labores campesinas
con más naturalismo que reivindicación social; aún así esto le obligó a emigrar para evitar represalias.
Respecto a la estética realista podemos ver se suma al detallismo y la verosimilitud, y se aleja de las
composiciones extravagantes. Los óleos pretenden ser claros y directos en la transmisión de su mensaje,
para lo cual se remiten a una perfecta captación de la psicología de sus personajes, así como de las
realidades materiales, recuperando en cierta medida la lección pictórica de realismo que ofrece el Siglo de
Oro español.

a. LA DEFINITIVA IMPLANTACIÓN DE LA BURGUESÍA


b. EL POSITIVISMO FILOSÓFICO DE AUGUSTE COMTE
c. LA CONCIENCIA EN LOS ARTISTAS DE LOS TERRIBLES PROBLEMAS SOCIALES DE LA INDUSTRIALIZACIÓN
d. EL DESENCANTO POR LOS FRACASOS REVOLUCIONARIOS DE 1848

2. PRINCIPALES PINTORES DEL REALISMO

a. JEAN FRANÇOISE MILLET

Jean-François Millet pintor francés nació en Gruchy (1814) y falleció en Barbizon (1875 Francia). Se le puede
adjuntar a dos estilos: Realismo francés e Impresionismo. Nació en una familia de campesinos de Normandía y,
gracias a una beca, pudo estudiar pintura en París, en el estudio de Delaroche. Sus primeros retratos y cuadros
mitológicos nada tienen que ver con sus posteriores obras de tema campesino, en las que se enaltecen la vida y
las ocupaciones diarias de las gentes que trabajan en el campo. La primera de estas creaciones, a las que está
indisolublemente unido el nombre de Millet, fue El cribador, presentado en el Salón de 1848, al que más tarde
siguieron Las espigadoras, El Ángelus, sin duda su obra más conocida, y El sembrador, cuadros todos ellos de
figuras humanas definidas con vigor sobre un fondo de paisaje verídico. Con estas creaciones carentes de
retórica e imbuidas de un profundo sentido de lo cotidiano, abrió el camino al realismo pictórico y dejó un modelo
en el que se inspiró, entre otros, Courbet. En 1849, se estableció en Barbizon, donde permaneció el resto de su
vida; aunque propiamente no perteneció a la famosa escuela de pintores de Barbizon, sí encarnó, como ellos, el
deseo de huir de la vida urbana. A partir de 1863 y bajo la influencia de su amigo Théodore Rousseau, se dedicó
con mayor intensidad al paisaje (La primavera, El crepúsculo). En 1859, El Ángelus le reportó la fama y la fortuna
que no había logrado con sus obras anteriores, y ello le supuso salir por primera vez de la pobreza. Esta obra,
sin embargo, lo encasilló como un pintor de efectismo sentimentalista, lo cual perjudicó su imagen hasta fechas
recientes.

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Titulo: El Angelus, 1859-60
Autor: Jean-François Millet
Museo: Museo de Orsay
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 55´5 x 66 cm.
Estilo: Realismo Francés

El Angelus es la obra maestra de Millet y pone de manifiesto su adhesión al Realismo. Millet muestra a dos
campesinos orando y dando gracias a Dios por la cosecha obtenida con el sudor y el esfuerzo de muchos días.
El hombre y la mujer agachan piadosamente las cabezas, agarrando él su sombrero y llevando ella sus manos al
pecho. A sus pies contemplamos la cesta con los frutos y el apero de labor. La escena se desarrolla al atardecer,
quedando las dos figuras en zonas de luz y sombra respectivamente, en un contraste lumínico de gran belleza.
Este interés por la luz natural acerca a Millet al Impresionismo. Su pincelada es firme y segura al igual que el
dibujo, emplea colores suaves para el campo y más oscuros para los personajes, reflejando las vestimentas de
los campesinos a la perfección. La temática empleada por el maestro hizo que los críticos le tacharan de
socialista lo cual le trajo persecuciones. Consiguió transmitir la espiritualidad de los trabajadores en su faceta
más realista, alejada de tópicos.

b. HONORE DAUMIER

Pintor y caricaturista francés, cuyas obras, de gran crudeza y dramatismo, tratan lo cotidiano desde
una óptica muy marcada de protesta social. Daumier nació en Marsella y de niño se trasladó con su
familia a París. Trabajó en un tribunal de justicia y en una librería, y después estudió dibujo y pintura.
Comenzó su carrera artística dibujando para anuncios publicitarios. Fue empleado de la revista
cómica La caricature y adquirió fama por sus litografías de descarnada sátira política. Una de esas
caricaturas, publicada en 1832, mostraba al rey, Luis Felipe I de Orleans, como Gargantúa (el gigante
legendario de la obra de François Rabelais), lo que le valió a Daumier seis meses de cárcel. Más tarde
satirizó a la sociedad burguesa en una serie de litografías publicadas en el periódico Le charivari y
volvió a la sátira política durante la Revolución de 1848. Las esculturas de escayola (yeso) y bronce
que hizo para utilizar como modelos de sus dibujos de diferentes personas son muy valoradas por
coleccionistas y galerías. Daumier fue un dibujante de gran talento y muy prolífico, ya que realizó
alrededor de 4000 litografías, 300 dibujos y 200 pinturas. Entre sus principales obras, no fechadas, se
incluyen La República (1848), Los ladrones y el asno (Louvre, París) y El levantamiento (1860,
Colección Phillips, Washington). Daumier tuvo un gran número de imitadores, pero ninguno de ellos
alcanzó la profundidad y agudeza de su estilo.

EL LEVANTAMIENTO
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El vagón de la tercera clase

c. COURBET

Gustave Courbet es el máximo representante del Realismo francés. Nació en Ornans en 1819,
trasladándose a París con 20 años y realizando en esa capital su formación artística, copiando
obras en el Louvre y trabajando en la Academia Suiza. Caravaggio, Rembrandt, Velázquez y la
Escuela veneciana fueron sus maestros, desarrollando un estilo naturalista aunque adaptado al
siglo XIX, representando escenas de la vida cotidiana, retratos, desnudos o paisajes. Courbet
participó abiertamente en la Revolución de 1848, ganándose la reputación de artista peligroso,
tanto por su actitud como por su pintura. Siempre rechazó la idealización del arte, proclamando
que sólo el Realismo era genuinamente democrático, debiéndose tomar como modelos a los
campesinos y trabajadores. Al participar en la Comuna de París fue encarcelado y multado, por lo
que decidió exilarse a Suiza en 1873. Ejerció una notable influencia sobre los pintores
impresionistas por su intransigencia frente al academicismo. En Suiza se dedicó a realizar, junto a
una gran cantidad de colaboradores, paisajes suizos casi en serie para poder pagar al Estado
francés la multa impuesta. Pintor francés muy prolífico y de gran influencia que, junto a sus
compatriotas Honoré Daumier y Jean François Millet, fue pieza fundamental en el origen de la
escuela realista de pintura del siglo XIX. Hijo de una familia acomodada de agricultores del Franco
Condado, Courbet nació el 10 de junio de 1819. Llegó a París alrededor de 1840, según parece
para estudiar derecho, sin embargo, se dedicó a pintar, cosa que aprendió copiando las obras
maestras del Museo del Louvre. En 1850 expuso Los picapedreros (1849, en la Gemäldegalerie de
Dresde, destruida por un bombardeo en 1945), cruda representación de unos obreros arreglando
una carretera. En esta obra Courbet evita deliberadamente el elemento exótico, de gran carga
emocional, característico de la tradición romántica y no sigue las reglas de composición de la
pintura académica. Siguió escandalizando a los académicos con su obra de enormes proporciones
Entierro en Ornans (1850, Museo Orsay, París), en la que un friso de campesinos pobremente
vestidos rodea una tumba de grandes proporciones. El desafío a las convenciones se hace aún
mayor en otra pintura de colosal tamaño, El estudio del artista (1855, Museo Orsay), que subtituló
Alegoría real sobre siete años de mi vida artística. En el centro se halla retratado el propio Courbet
pintando un paisaje, con un niño, un perro y una voluptuosa mujer desnuda, a la izquierda, un
grupo de personajes con aire aburrido le ignora manifiestamente, a la derecha, una multitud de
amigos llenos de vida y entusiasmo admira su obra. En esa misma época publicó un provocativo
manifiesto en el que exponía con todo detalle su credo social y realista sobre el arte y la vida, que
le proporcionó una gran popularidad. Para entonces su estilo ya estaba totalmente maduro y se
caracterizaba por una técnica magistral, una paleta limitada aunque vigorosa, composiciones

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sencillas, figuras de modelado sólido y severo (como puede apreciarse en los desnudos) y gruesos
trazos de pintura muy empastada que a menudo aplicaba con espátula, lo cual se manifiesta sobre
todo en los paisajes y las marinas. Courbet, tan radical en política como en pintura, fue nombrado
por la revolucionaria Comuna de París en 1871 director de los museos de la ciudad, puesto desde el
que logró salvar las colecciones del Louvre del incendio de las Tullerías y del saqueo de las masas.
Sin embargo, tras la caída de la Comuna, Courbet fue acusado falsamente de haber permitido el
derribo de la columna triunfal de Napoleón ubicada en la Plaza Vendôme, fue encarcelado y
condenado a pagar la reparación. En 1873 fue obligado a expatriarse, se trasladó a Suiza y allí
continuó pintando hasta su muerte, el 31 de diciembre de 1877 en Verey.

Obras representativas:

G. Courbet, El entierro en Ornans, c.1849-1850, óleo sobre lienzo, 314 x 663 cm,
Musée d´Orsay, París.
Con comentario.

G. Courbet, El taller del pintor, 1855, óleo sobre lienzo, 361 x 598 cm, Musée
d´Orsay, París.
Con comentario.

G. Courbet, Buenos días, señor Courbet, 1854, óleo sobre lienzo, Musée Fabre,
Montpellier.
Con comentario.

G. Courbet, Jóvenes a orillas del Sena, c.1856-1857, óleo sobre lienzo, Musée du
Petit Palais, París.
Con comentario.

G. Courbet, La siesta, 1866, óleo sobre lienzo, Musée du Petit Palais, París.
Con comentario.

G. Courbet, Mujer en las olas, 1866,65 x 54 cm, óleo sobre lienzo, The Metropolitan
Museum of Art, New York.

G. Courbet, La fuente, 1868, 128 x 97 cm, óleo sobre lienzo, Musee d'Orsay, Paris.

G. Courbet, Las bañistas, 1853, 227 x 193 cm, óleo sobre lienzo, Musee Fabre,
Montpellier.

G. Courbet, Trucha, 1872, 55 x 89 cm, óleo sobre lienzo, Kunsthaus, Zurich.

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The Meeting, or "Bonjour Monsieur Courbet"
1854
Oil on canvas
50 3/4 x 58 5/8 in. (129 x 149 cm)
Musee Fabre, Montpellier

El sueño

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Los picapedreros

El taller

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> Entierro en Ornans
Titulo: Entierro en Ornans, 1849-50
Autor: Gustave Courbet
Museo: Museo de Orsay
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 314 x 663 cm.
Estilo: Realismo Francés

La obra maestra de Courbet es el Entierro en Ornans, donde transmite con el máximo realismo
posible un funeral - posiblemente el de su propio abuelo materno - al que asiste toda la comunidad,
desde los representantes del ayuntamiento hasta las plañideras oficiales, pasando por los hidalgos
y la familia del pintor. Incluso un perro perdiguero no quiere perderse el evento y se presenta en
primer plano. Por comentarios del propio pintor sabemos que toda la población de Ornans, su
pueblo natal, quiso posar para el cuadro, resultando un conjunto de casi 40 personajes a tamaño
natural representados con enormes dosis de veracidad. Se puede decir que esta obra es un
panfleto del nuevo estilo artístico defendido por Courbet considerado como un arte científico,
naturalista, anticlásico, antirromántico, antiacadémico, progresista y social, cuya única fuente debía
ser la observación directa del natural. Las figuras forman un grupo compacto y se recortan sobre
las planas montañas de la localidad, representadas en diversas actitudes y posturas, siendo una de
las mejores galerías de retratos de la historia del arte. Las tonalidades empleadas son bastante
oscuras, siguiendo el cromatismo de los cuadros barrocos españoles y holandeses que había
contemplado en el Louvre durante su juventud. El estilo de Courbet es muy seguro, dominado por
un poderoso dibujo y un acertado estudio lumínico ligeramente inspirado en Caravaggio.
Desgraciadamente empleaba mucho betún para las tonalidades negras, lo que provoca problemas
de conservación en sus lienzos. Esperando obtener un sonoro triunfo en el Salón de París - como ya
había ocurrido un año antes al conseguir una segunda medalla - presentó su lienzo pero recibió
sonoras críticas y sólo alguna que otra alabanza, especialmente de los jóvenes pintores.

1. DE LOS PAISAJISTAS INGLESES A LA ESCUELA DE BARBIZON

a. LA ESCUELA DE BARBIZON

El Impresionismo nace como una evolución a ultranza del Realismo y de la Escuela paisajística
francesa de finales del siglo XIX. El preludio se encuentra en 1863, con la creación del Salon des
Refusés, a modo de contestación de los Salones Oficiales de Otoño, que mantenían un arte
estancado y carente de originalidad. El Impresionismo se corresponde con una transformación
social y filosófica; por un lado, el florecimiento de la burguesía, por otro, la llegada del positivismo.
La burguesía, como nuevo fenómeno social, trae sus propios usos y costumbres; unos afectan al
campo, que deja de ser lugar de trabajo para convertirse en lugar de ocio: las excursiones
campestres. Es el mundo retratado por Monet y Renoir. La ciudad, por el contrario, se convierte en
nuevo espacio para la nueva clase social: aparecen los flanneurs, paseantes ociosos que se lucen y
asisten a conciertos en los boulevards y los jardines de París. También cobra relevancia la noche y
sus habitantes, los locales nocturnos, el paseo, las cantantes de cabaret, el ballet, los cafés y sus
tertulias. Es un mundo fascinante, del cual los impresionistas extraen sus temas: en especial Degas
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o Toulouse-Lautrec. Porque para ellos se han terminado los temas grandiosos del pasado. El
positivismo acarrea una concepción de objetividad de la percepción, de un criterio científico que
resta valor a todo lo que no sea clasificable según las leyes del color y de la óptica. Según esto,
cualquier objeto natural, visible, afectado por la luz y el color, es susceptible de ser representado
artísticamente. El cuadro impresionista se vuelca pues en los paisajes, las regatas, las reuniones
domingueras, etc. Los impresionistas se agruparon en torno a la figura de Manet, el rechazado de
los Salones oficiales y promotor del Salon des Refusés. Ante el nuevo léxico que proponen, de
pincelada descompuesta en colores primarios que han de recomponerse en la retina del
espectador, el público reacciona en contra, incapaz de "leer" correctamente el nuevo lenguaje. Pero
el Impresionismo cuenta con el apoyo de dos fuerzas sociales emergentes: la crítica de arte, que se
encargará de encauzar el gusto del público; y los marchands, los vendedores de arte, que colocan
sus cuadros en las mejores colecciones del país. Las tertulias, los Salones extra-oficiales y el propio
escándalo se convirtieron en vehículos propagandísticos del nuevo estilo. Dicho estilo cuenta como
precedente con los paisajistas de la Escuela de Barbizon, dependiente del último Realismo francés.
Corot y Millet son las referencias más inmediatas en Francia, apoyados por la innovación de los
paisajes de Turner. Esta tendencia paisajista la desarrollaron los integrantes del denominado Grupo
de Batignoles, llamados así por vivir en el barrio del mismo nombre. Éstos son Monet, Boudin,
Renoir... También toman referencias, especialmente de color y composición, del Siglo de Oro
español. El japonismo, una moda de la época, añadió su parte a través de grabados que enseñaron
a los artistas una forma nueva de ver el espacio y de utilizar los colores planos, sin intentar
falsificar la realidad del cuadro con la tercera dimensión. Por último, la fotografía fue otro enlace,
aunque no está claro si la espontaneidad de la captación del momento la aprende el Impresionismo
de la fotografía o, más bien, ésta es la alumna de aquél. En cualquier caso, el resultado es una
pintura amable, ligera, frecuentemente de paisaje, llena de luz y color, con pinceladas muy cortas
que a veces dejan entrever el blanco del lienzo. No son cuadros grandes puesto que responden a
encargos privados. Están alejados de cualquier compromiso social (casi todos los impresionistas se
fueron de vacaciones al campo o a Inglaterra durante la represión de los movimientos obreros de la
década de 1880) y no tardaron en ser refrendados por una amplia aceptación social, de esta
burguesía que se veía retratada en los lienzos impresionistas, al modo en que el mundo
noctámbulo parisino se refleja en el espejo de La Barra del Folies-Bergère de Manet.

i. CAMILLE COROT

> Corot, Camille


Nacionalidad: Francesa
París (1796) - (1875)
Estilo: Romanticismo Francés

Jean-Baptiste Camille Corot nace en París en 1796. Sus primeros años de aprendizaje fueron
dentro del academicismo imperante, pero en 1825 se traslada a Italia, instalándose durante dos
años en Roma. La campiña romana se convertirá en su lugar de inspiración, interesado por la luz y
los valores tonales. Los bocetos realizados son espontáneos, a diferencia de los paisajes
compuestos en el estudio. Desde Francia realizó numerosos viajes, volviendo a Italia en varias
ocasiones. Hacia 1850 la pintura de Corot sufre un importante cambio, variando hacia un estilo
más nebuloso y artificial, que provoca una mayor aceptación entre el público y la crítica. Sus
retratos y estudios están libres de este nuevo tratamiento. Siempre se preocupó por ayudar a los
jóvenes artistas, pero su humanidad no quedó ahí: ayudó a Daumier cuando se quedó ciego o a la
viuda de Millet. Corot falleció en 1875.

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ii. THEODORE ROUSSEAU

París, 1812 - Barbizon, 1867

Romanticismo

Pintor paisajista francés. La orientación no académica de su obra hace que el Salón rechace
su pintura por lo que Rosseau se instala en Barbizon de manera permanente en 1848. Allí
entabla amistad con Díaz de la Peña, Millet Daubigny y Corot. Inspirado por los paisajes
ingleses así como por los delicados de Corot, Rousseau se convierte en uno de los
integrantes más importantes de la Escuela de Barbizon: interesados en la naturaleza y con
un deseo sincero de representar las diversas caras que ésta les ofrece, responden cada uno,
y de manera individual, a los estímulos que de ella reciben. Las pinturas de estanques y de
árboles de Rousseau se caracterizan por sus colores apagados, presentando un todo
armonioso que aun así goza de cierta individualidad o particularidad. El efecto inacabado de
las pinturas de los de Barbizon, influye notablemente en los impresionistas.

iii. DAUBIGNY

> Daubigny, Charles François


Nacionalidad: Francia
París (1817) - París (1878)
Estilo: Escuela de Barbizon

Entre los paisajistas del siglo XIX francés destaca la personalidad de Daubigny, miembro de una
familia de artistas. Muy joven se trasladó a Italia para iniciar su formación, continuada en el
estudio de Delaroche a su regreso a París, iniciándose dentro del Romanticismo imperante.
Interesado por el paisaje, se relacionó con los miembros de la la Escuela de Barbizon, de la que
formaría parte, especialmente con Corot, siendo atraído por el paisaje. Sus obras destacarán por su
naturalismo luminoso y la novedad del planteamiento, trabajando directamente del natural,
anticipándose al Impresionismo. Entre sus amigos estaba Monet, por el que tomó partido como
miembro del jurado de selección del Salón de París, donde participó casi sin interrupción desde
1838. Daubigny también se interesó por el grabado, realizando obras de gran belleza como
imágenes de las catedrales francesas con las que obtuvo un considerable éxito.

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iv. JONGKIND

> Jongkind, Johan Barthold


Nacionalidad: Holanda
Lattrop (1819) - La Còte-Saint-André
(1891)
Estilo: Realismo Francés

Jongkind creció en una localidad cercana a Rotterdam llamada Vlaardingen, trabajando como
escribiente de un notario. Al fallecer su padre inicia estudios de dibujo en la Escuela de La Haya
como alumno del paisajista Schelfhout, siguiendo al maestro en sus primeros cuadros. En 1843
obtiene una beca y participa en la exposición de Amsterdam donde vende un cuadro. Animado por
estos éxitos, decide trasladarse a París, estudiando en los talleres de Isabey y Picot, entablando
amistad con Courbet, Stevens y Troyon. Cinco años después de su llegada a París se traslada a Le
Havre y a Normandía, donde su virtuoso estilo inicial empieza a transformarse. El color y la luz le
llaman la atención, especialmente en sus acuarelas, interesándose por paisajes a la luz de la luna
que tendrán un importante éxito entre el público. Tras pasar cinco años en Holanda por problemas
psicólogicos, regresa a París donde vive en la más absoluta pobreza, como un bohemio, llegando a
organizar sus amigos una subasta a su favor. En 1862 conoce a Monet y Boudin, pintando con ellos
en Le Havre, mejorando su situación económica gracias a la venta de cuadros con fuertes
tonalidades. Sus desgracias aumentan en 1870 cuando es detenido bajo la acusación de espionaje
dentro de la psicosis provocada por la Guerra franco-prusiana. Su rechazo del Salón en 1873
provoca la retirada a La Côte-Saint-André donde fallecerá, debido a sus problemas psicológicos que
le llevaron al alcoholismo. El estilo de Jongkind se irá simplificando con el tiempo a la vez que su
paleta se aclara más; curiosamente nunca pintó sus óleos directamente del natural sino que
tomaba bocetos y dibujos a "plein air" para acabarlos en el estudio, obteniendo atractivos
resultados cercanos al Impresionismo, siendo uno de sus precursores.

2. LA PINTURA ROMÁNTICA ESPAÑOLA

a. FEDERICO MADRAZO

Hijo de José Madrazo y de madre alemana fue un pintor romántico académico de corte francés, que
cultivó tanto el género del retrato como de la pintura histórica. Atraviesa tres fases en su carrera. Al
principio, su etapa es purista, de gran detallismo. Más tarde suaviza los contornos y su pintura se
vuelve más espontánea. Finalmente retorna a la tradición. Su formación en el dibujo hace que
predomine en él casi siempre la línea sobre el color. Pinta retratos para la aristocracia, gozando por
ello de una situación social elevada lo que le introduce en ambientes privilegiados. Su pintura está
definida por medio de una pincelada prieta y muy brillante. Amigo de Ingres, trabajó en su taller
durante su estancia en París. En Roma estuvo en contacto con Overbeck y el grupo de los nazarenos,
quienes reforzaron su destreza innata para el dibujo. Fue pintor de cámara de la reina Isabel II y
director de la Academia de San Fernando y del Museo del Prado.

1841 - 26 años 1851 - 36 años


Don Álvaro de Luna en el Isabel II
patíbulo Material: Óleo sobre lienzo.
Material: Óleo sobre lienzo. Medidas: 204 x 131 cm.
Medidas: 24 x 27,5 cm. Museo: Museo del Ejército. Madrid
Museo: Museo Goya. Castres

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1855 - 40 años 1866 - 51 años
Estudios para una Manuel Rivadeneyra
Inmaculada Material: Óleo sobre lienzo.
Material: Óleo sobre lienzo. Medidas: 51.5 x 39.5 cm.
Medidas: 38 x 47 cm. Museo: Museo del Prado. Madrid
Museo: Casón del Buen Retiro. Madrid

b. ANTONIO ESQUIVEL

> Esquivel, Antonio María


Nacionalidad: Española
Sevilla (1806) - Madrid (1857)
Estilo: Romanticismo Español

Este pintor de origen sevillano trabajó durante toda su vida en Madrid. Participó en las corrientes
historicistas que predominaron durante el siglo XIX en Madrid, dentro del llamado movimiento
eclecticista. Estuvo integrado en los salones artísticos que solían celebrarse en las ricas mansiones
alto-burguesas, reuniones en las cuales participaban políticos, literatos, músicos y pintores, tal y
como se aprecia en su cuadro Lectura de Zorrilla en casa del pintor, colgado en el Museo del
Prado.Su formación corrió a cargo de las enseñanzas impartidas en la Real Academia de Bellas
Artes de San Fernando. Esta educación se basaba sobre todo en el dominio del dibujo y el
contorno, que primaba sobre el color y la luz. Esquivel combinó esta maestría dibujística con las
grandes composiciones de los maestros del Siglo de Oro español, así como con las técnicas de
iluminación desarrolladas durante el Romanticismo. De la síntesis realizada sobreviene el nombre
que se le otorga al período en el que trabajó, Eclecticismo, que trataba de aprovechar lo mejor de
otras épocas y estilos.

c. JOAQUÍN ESPALTER

d. VALERIANO DOMÍNGUEZ BÉCQUER

Hermano del poeta Gustavo Adolfo Bécquer, abanderado del movimiento literario del
Romanticismo, Valeriano fue su paralelo en la pintura. Formado en Sevilla, en el taller de su tío, se
trasladó con Gustavo a Madrid, donde podrían encontrar mejores oportunidades. Aprovechaban una
beca de su hermano, que enfermo de los pulmones, debía vivir en lugares elevados. De esta
manera consiguieron un piso en la capital, donde ambos trabajaron hasta la muerte del poeta.
Valeriano realizó una pintura de calidad relativa, gustando sobre todo de temas típicos del folklore
regional, como en el lienzo que se encuentra en el Museo del Prado, titulado Campesinos Sorianos.
Su estilo debe mucho al dibujo académico, pese a ser considerado como abanderado del
movimiento romántico. Su visión es estática e iluminada con homogeneidad. Sin embargo, prestó
atención a temas que los académicos hubieran despreciado, como son los trajes y las costumbres
de los diferentes pueblos españoles.

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e. EUGENIO LUCAS

> Lucas Velázquez, Eugenio


Nacionalidad: Española
Madrid (1817) - Madrid (1870)
Estilo: Romanticismo Español

Eugenio Lucas muestra en sus obras el costumbrismo de veta brava típico de la Escuela madrileña
del Romanticismo español, igual que harán Leonardo Alenza y Francisco Lameyer. Su atracción por
la pintura de Goya y Velázquez le convierte en uno de los mejores artistas del siglo XIX español.
Sus escenas - Condenado por la Inquisición o el Cazador - atraerán al propio Manet durante el viaje
de éste por España. Lucas nació en Madrid en 1817, formándose en la Academia de San Fernando,
aunque las copias en el Museo del Prado ejercerán mayor influencia en su arte. Realizó numerosos
viajes por Italia, París y Marruecos. Separado de su esposa, convivió con una hermana de Jenaro
Pérez Villaamil. Falleció en Madrid en 1870.

f. LEONARDO ALENZA

FICHA

> Alenza, Leonardo


Nacionalidad: España
Madrid (1807) - Madrid (1845)
Estilo: Romanticismo Español

Pintor romántico de la Escuela madrileña. Alenza vivió su infancia entre la guerra y la reacción
fernandina. Fue un muchacho enfermizo, sensible e introvertido. Estudió en la Academia de San
Fernando de Madrid con Juan Antonio Ribera, José Aparicio y José Madrazo, todos ellos pintores
neoclásicos al estilo de Jacques Louis David. El ambiente académico le llevó a hacer temas
históricos como Fernando VII llorando por las Artes y las Ciencias y La Proclamación de Isabel II;
ambas obras son de 1833, pero no se conservan. Su producción la constituyen óleos de pequeño
tamaño y dibujos de asuntos populares. Alenza se centró en escenas de la vida popular y suburbial
de Madrid. Su estilo costumbrista es sobrio y amargo, rasgo característico de la Escuela madrileña.
Rara vez es satírico, aunque alguna vez satiriza la manía al suicidio de algunos románticos. Alenza
se diferencia de otros pintores académicos en que él no dibuja las escenas sino que las mancha con
color. No perfila los contornos con una línea sino con luz. Alenza fue considerado imitador de Goya
porque su temática es la misma, sin embargo, más bien se le puede considerar discípulo de Goya
en el sentido de que por él se adentró en el mundo de la realidad, de lo popular y de la observación
directa de la vida. Alenza vivió la segunda etapa del Absolutismo fernandino alejado del arte oficial
pero también de la oposición liberal y romántica.

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g. JENARO PÉREZ VILLAAMIL El Ferrol (1807) - Madrid (1854)

Jenaro Pérez Villaamil es el mejor paisajista del Romanticismo español, poniendo de moda la
pintura de paisaje en la España del siglo XIX. Nació en El Ferrol en 1807, iniciándose en el dibujo
topográfico con su padre, profesor de la Escuela Militar de Santiago. A los 8 años obtiene el cargo
de profesor de perspectiva, quizá por el enchufismo típico del país. Continuó sus estudios en
Madrid, al trasladarse a la capital con su familia. Pronto ingresó en el Ejército, siendo herido en
1823 - cuando ostentaba el grado de alférez de Estado Mayor - en Cádiz, al repeler la invasión de
las tropas francesas del Duque de Angulema para reinstaurar el absolutismo de Fernando VII.
Exiliado en Puerto Rico, pasó dos años en la isla (1830-1832), decorando los techos del teatro de la
capital. En 1832 regresa a Madrid, realizando varios viajes por España en compañía del pintor
romántico inglés David Roberts, buscando los paisajes y escenas pintorescas que integrarían la
edición del libro titulado "España artística y monumental", acompañadas las láminas por textos de
Patricio de la Escosura. También realizó numerosos viajes a Francia y a Bélgica, residiendo durante
una temporada en Bruselas. En 1835 recibió la cátedra de paisaje en la Escuela de San Fernando,
llegando a ser director de la institución en 1845. Se relacionó con Isabel II, llegando a ser pintor de
cámara. Sus paisajes se caracterizarán por una neblina dorada que otorga un aspecto romántico a
la composición, el empleo de figurillas para dar mayor vitalidad al conjunto y el recurso de una
amplia perspectiva, como se aprecia en el Castillo de Gaucín del Museo del Prado. En la plenitud de
su fama, Villaamil falleció en Madrid en 1854, a los 47 años.

h. CARLOS DE HAES Bélgica (1829) - Madrid (1898)

Carlos de Haes fue el introductor del paisajismo en la pintura española, hasta el punto de que
detentó la primera cátedra de paisaje en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Sus
vistas están compuestas a la manera clásica, aunque con predominio de la tierra frente al cielo,
que suele estar reducido a un tercio de la superficie del lienzo. Creó una importante escuela de
paisajistas madrileños, en cuya tradición se formó, por ejemplo, Aureliano Beruete. Pero también
otros artistas, más lejanos al ámbito madrileño, disfrutaron de su influencia, como Darío de
Regoyos, próximo a la pintura impresionista. El Museo del Prado posee una importante colección de
paisajistas que no sólo incluye a Haes, sino también obras de sus seguidores, como los
mencionados Beruete y Regoyos, lo cual facilita al espectador comparar la evolución que el paisaje
experimentó a lo largo de las dos generaciones que representan.

3. LA PINTURA DE HISTORIA

El Eclecticismo constituye uno de los momentos menos brillantes de la pintura española. Los
modelos se han agotado y las innovaciones técnicas también. Frente a la atonía ibérica, en el resto
de Europa se incuban movimientos renovadores, como el Realismo o el Impresionismo, que sólo
muy levemente se dejaron sentir en España. El Eclecticismo toma este nombre de su intención de
aprovechar lo mejor de todos los estilos conocidos, amalgamándolo para conseguir una pintura
"muy bien pintada", pero sin la menor trascendencia. El tema favorito de los pintores eclécticos fue
la Historia de España, especialmente la de la Edad Media y el período Reyes Católicos. Los
momentos elegidos suelen ser anecdóticos, sentimentales, como el llanto de Juana la Loca ante el
cadáver de Felipe el Hermoso, el Testamento de Isabel la Católica o el discurso de Colón ante los
monjes de La Rábida para convencerlos de la existencia del Nuevo Mundo. Es decir, momentos
brillantes de la historia española pero vistos desde la perspectiva más cercana y humana posible,
recreándose en lo vulgar e intrascendente de la escena. Los autores que se dedicaron a este
género lo hicieron en enormes lienzos de varios metros de superficie, para dar importancia a lo que
no la tiene. Frecuentemente estaban alentados por organismos oficiales, como los Salones de
Otoño o la propia Academia, que pedía rigor en el dibujo y en la documentación histórica. Algunos
de estos pintores fueron Cano de la Peña, Gisbert y Casado del Alisal (exponentes del
enfrentamiento bipartidista del régimen político imperante) y Pradilla. El paisaje se decantó
definitivamente por la vía documental que se había inaugurado durante el Romanticismo español y
se aglutinó casi en exclusiva alrededor del belga Carlos de Haes, el primer catedrático de la
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Academia en pintura de paisaje. En paralelo, se desarrolló un foco catalán de paisaje urbano y
burgués, que desembocaría en el pre-impresionismo catalán que anuncian Rosales y Fortuny. Éste
último creó el tableautin, cuadrito de formato apaisado con un tema gracioso o agradable pensado
para adornar el interior del hogar.

a. ANTONIO GISBERT Alcoy (1834) - París (1902)

El alcoyano Antonio Gisbert (1834) se formó en la Academia de Bellas Artes de Madrid, obteniendo
una pensión para continuar sus estudios en Roma, donde permaneció por espacio de cinco años
(1855-60) El éxito por su cuadro de Los Comuneros (Madrid, Palacio de las Cortes) motivó su
dedicación a la Pintura de Historia, compitiendo con Casado del Alisal. Gisbert se especializa en las
escenas de carácter liberal, destacando los Fusilamientos de Torrijos y sus compañeros del Museo
del Prado. También destacó en la pintura de género. Gisbert falleció en París en 1902.

> El fusilamiento de Torrijos


Titulo: El fusilamiento de Torrijos, 1860 S. F.
Autor: Antonio Gisbert
Museo: Museo del Prado
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo

El Fusilamiento de Torrijos nos narra la ejecución de un importante personaje afín a los ideales
liberales del Partido Progresista en la España de la segunda mitad del XIX. Junto a Torrijos fueron
fusilados muchos de sus compañeros, que el pintor utiliza para mostrar la entereza y valentía del
ser humano ante la proximidad de la muerte. Torrijos, como el héroe que encarna, se niega a ser
vendado por sus verdugos y encara la muerte abiertamente. Este símbolo lo usó Antonio Gisbert,
representante de la pintura ecléctica española. El tratamiento de los capítulos históricos dentro de
esta corriente solía llevarse a cabo con extrema escrupulosidad, debiendo el pintor documentarse al
máximo para no errar lo más mínimo en el relato del episodio en cuestión. Una exactitud similar la
podemos encontrar en otro cuadro del siglo XIX, de parecido contenido político, Fusilamiento del
Emperador Maximiliano de México, realizado por Manet. Gisbert, al igual que Manet, realizó en la
composición de este cuadro, un estudio del famoso lienzo de Goya titulado Los Fusilamientos de
Príncipe Pío; no se trata de una lectura literal de aquel, sino de una interpretación libre del tema,
que se asemeja formalmente más en la disposición caótica de los cuerpos de los fusilados
inmediatamente antes. Gisbert concede gran importancia a la luz y el color del cuadro, en una

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gama de grises desleídos que acompañan a la fúnebre actividad allí desarrollada. Acompaña esta
sensación la lejanía de un paisaje desdibujado que se pierde en el fondo, como un telón. Gisbert
pertenecía a la Generación del 68, una generación de políticos, intelectuales, literatos y pintores.
Estaban divididos en dos facciones, siendo nuestro artista representante del Partido Progresista. En
respuesta a su cuadro, Casado del Alisal, autor del bando opositor, el Partido Moderado, presentó
La Rendición de Bailén.

b. JOSE CASADO DEL ALISAL Villada (1832) - Madrid (1886)

José Casado del Alisal es uno de los mejores exponentes de la pintura de historia española del siglo
XIX. Nació en la localidad palentina de Villada en 1832, trasladándose a Madrid donde fue discípulo
de Federico de Madrazo. Continuaría su formación en Roma - apreciando la obra de Rafael y Miguel
Ángel - y París. Su Rendición de Bailén, inspirado en Las Lanzas de Velázquez, cosechó un
importante éxito de público y crítica. Llegó a ostentar el cargo de Director de la Academia Española
en Roma. Falleció en Madrid en 1886.

> Rendición de Bailén


Titulo: Rendición de Bailén, 1863
Autor: Jose Casado del Alisal
Museo: Museo del Prado
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 338 x 500 cm.

Durante la primavera de 1863 Casado está en París continuando su formación artística - para lo
que recibe una pensión de la Academia de Bellas Artes de San Fernando - y trabajando en un gran
cuadro de asunto histórico, eligiendo el tema de la Rendición de Bailén donde resalta la heroica
jornada del 19 de julio de 1808, cuando las tropas españolas del general Castaños vencieron y
obtuvieron la rendición de los ejércitos franceses dirigidos por el general Dupont, suponiendo la
primera victoria hispánica en la Guerra de la Independencia. El artista recoge el momento de la
entrevista entre Castaños y Dupont para fijar las condiciones de la rendición. Así vemos al general
Castaños al frente de las tropas españolas, saludando con un gesto respetuoso al enemigo vencido.
Dupont, con gesto serio y orgulloso, responde al saludo de Castaños abriendo sus brazos en señal
de absoluta rendición. Junto a ambos generales, Casado coloca a otros militares que también
participarían en la batalla pero no en la capitulación, fantaseando ligeramente el episodio. La
composición está estructurada para rendir un homenaje a Las Lanzas de Velázquez, ubicando de

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forma similar los grupos de soldados para configurar un aspa, colocándose los franceses en la zona
de la derecha, en un plano inferior para indicar su derrota, mientras los españoles se sitúan a la
izquierda. En el centro hallamos a los dos generales, resaltando el papel generoso de Castaños
frente al gesto arrogante de Dupont y la actitud de Gobert, representados ambos con nobleza a
pesar de la derrota. Tras los grupos de primer plano se desarrolla una visión panorámica del lugar
de la batalla así como de las banderas, que refuerzan el recuerdo velazqueño. También se advierte
la influencia de los pintores franceses Gros y Gerard, especialistas en campañas napoleónicas. Las
tonalidades empleadas indican la maestría de la técnica de Casado, que recurre a una amplia gama
cromática de rica armonía, creando una espectacular sensación atmosférica que indica el ambiente
caluroso de un mes de julio en Jaén. El dibujo es muy firme y seguro destacando las actitudes y las
expresiones de los personajes, con excelentes detalles que recogen a la perfección las vestimentas
de ambos ejércitos, documentados excepcionalmente por Casado tanto en Madrid como en París.
La zona de mayor calidad podría ser el grupo de soldados españoles donde encontramos una
amplia gama de gestos y expresiones tomadas del natural, enlazando con el realismo imperante en
los círculos artísticos. El equilibrado colorido, las armas de primer término, las mieses cortadas, el
polvo que levantan las tropas vencidas, etc. son algunos de los elementos que hacen de esta obra
una de las mejores muestras de pintura de historia. El lienzo fue enviado a Madrid en 1864 nada
más ser concluido, exponiéndose en el recién construido Teatro Real donde obtuvo un importante
éxito de público, llegando a verlo los reyes Isabel II y don Francisco de Asís de Borbón. La reina
quedó tan entusiasmada con la obra que la compró y otorgó a Casado el título de Pintor Honorario
de Cámara.

c. EDUARDO ROSALES Madrid (1836) - Madrid (1873)

Artista español nacido en Madrid a comienzos del siglo XIX; se formó durante el Eclecticismo
español. Muerto a los treinta y seis años, la brillante carrera de Rosales prometía una obra de
enorme calidad. Iniciado en la pintura de Historia propia del Eclecticismo, evolucionó del rígido
academicismo exhibido en el Testamento de Isabel la Católica hacia la ligereza del pigmento y la
pincelada fluida del Impresionismo, como se aprecia en sus abundantes estudios, bocetos y
acuarelas. Una parte importante en su evolución se produjo en un viaje por Italia, que le descubrió
la importancia de la luz solar y sus efectos sobre la materia, un descubrimiento que aplicó en la
superficie blanda y húmeda de su último cuadro, Saliendo del Baño del Museo del Prado. El
principal valor de este lienzo, que es su espontaneidad y su aspecto abocetado, no se sabe si
atribuirlo a una evolución hacia la libertad de estilo o a que realmente quedó incompleto con su
muerte.

Testamento de Isabel la Católica


Titulo: Testamento de Isabel la Católica, 1864
Autor: Eduardo Rosales
Museo: Museo del Prado
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 287 x 398 cm.

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Durante el Eclecticismo se recuperaron los temas nacionales más característicos, en un intento de
reafirmar la personalidad cultural de España, puesto que, al menos en pintura, la decadencia
acosaba por todos los rincones. Políticamente el momento tampoco era bueno y la recuperación de
estos temas estuvo siempre teñida de cierta nostalgia. Este cuadro que contemplamos se considera
la obra cumbre de la pintura de historia española; en él se muestra a la reina Isabel I en el
momento de dictar su testamento el 12 de octubre de 1504 en el castillo de Medina del Campo
donde fallecerá, víctima de un cáncer, el 26 de noviembre de ese mismo año. La moribunda reina
se encuentra tendida en una cama cubierta por un elegante dosel rematado con el escudo de
Castilla. Doña Isabel reposa su cabeza sobre dos gruesos almohadones, cubriéndose con un velo
transparente sujeto al pecho por la venera y la cruz de la Orden de Santiago. Junto a la cama
encontramos al escribano sentado en su pupitre al que la reina ordena su última voluntad con su
enérgica mano. A la izquierda de la composición aparece el rey Fernando sentado, con gesto
decaído, mirada perdida y pensamiento distraído, dejándose caer en el sillón y apoyando los pies
en un grueso almohadón de terciopelo. A su lado hallamos a una dama vestida de negro,
apuntándose a su hija Juana llamada la Loca pero en 1502 estaba en Flandes por lo que podría
tratarse de una dueña. A los pies del lecho se sitúan otros fieles servidores de doña Isabel
encabezados por el cardenal Cisneros mientras que al fondo aparecen los marqueses de Moya, los
más sumisos vasallos y valedores de la reina moribunda. La gran protagonista del lienzo es la luz,
tratada soberbiamente por Rosales para crear una atmósfera densa y recargada, característica del
lugar cerrado que acoge a un moribundo, siguiendo así a Velázquez que para Rosales era el mejor
creador. De esta forma, esta pintura supuso el redescubrimiento por parte de los artistas españoles
decimonónicos del Barroco y de sus grandes figuras como Murillo o Zurbarán. La técnica utilizada
también corresponde al estilo del sevillano ya que construye sus figuras con un certero dibujo pero
emplea una pincelada ancha y diluida la hora de aplicar el color sin renunciar a las calidades de las
telas como observamos en las ropas de raso del cardenal, el gabán del noble o la seda de las
medias, obteniendo unos resultados impresionantes. Otro de los elementos de la obra que llaman
nuestra atención son las expresiones de los personajes, captando sus rostros con maestría,
mostrando sus sentimientos y las reacciones que provocan las palabras de la reina, especialmente
en su esposo Fernando, en quien se mezclan el abatimiento por la pérdida del ser querido y la
responsabilidad del político. El perfil de Cisneros recortado ante el cortinaje nos ofrece su carácter
astuto y sagaz, como buen estadista que fue mientras que los rasgos de fidelidad y afecto se
manifiestan en los marqueses de Moya, cuyos rostros quedan difuminados por el aire velazqueño
que envuelve la estancia. La composición está estructurada por dos aspas en profundidad,
culminando con las figuras de los marqueses y la esquina oscura de la estancia. Los planos
paralelos donde se ubican los personajes también otorgan profundidad a la escena mientras que el
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ritmo vertical está subrayado por las líneas del mobiliario, resultando un entramado geométrico de
gran dificultad pero aparente simpleza. Cada una de las figuras ocupa su puesto aparentemente
casual pero que demuestra el laborioso trabajo que llevó el maestro. Uno de los aspectos más
sugerentes del lienzo posiblemente sea la maestría en la construcción de los pesados ropajes y la
lencería del lecho real, destacando las calidades táctiles de cada una de las telas, especialmente la
indumentaria del joven cortesano que la luz resalta compuesta por un gabán de terciopelo brocado
con ancho cuello en piel, mangas de raso y medias de seda, ejecutado con una pincelada rápida e
imprecisa que aporta la más exquisita calidad y detallismo. Rosales presentó su espectacular
trabajo a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1864 consiguiendo una Primera Medalla a pesar
de que la crítica se ensañó con la pintura. El pintor no se amilanó y presentó su obra en la
Exposición Universal de París de 1867 consiguiendo la Medalla de Oro y la Legión de Honor
francesa concedida por el emperador Napoleón III. Rosales regresó a Roma con todos los honores
celebrando su triunfo en el Hospital de Montserrat donde fue ingresado debido a su tuberculosis
que pronto acabará con su vida.

> Saliendo del Baño


Titulo: Saliendo del Baño, 1868
Autor: Eduardo Rosales
Museo: Museo del Prado
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 185 x 90 cm.

No son numerosos los desnudos en el catálogo de Rosales por lo que esta mujer al salir del baño
que contemplamos se convierte en una de las más acertadas muestras del artista. Aparentemente
parece que está sin concluir pero se trata de una obra final, posiblemente realizada en una sola
sesión de la modelo. La mujer está vista de espaldas, inclinándose hacia la izquierda para secarse
las piernas, resultando un escorzo de gran calidad. Se recorta ante el fondo oscuro donde destaca

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la cortina verde, impactando la luz en sus redondeadas y sensuales formas. El maestro ha
destacado las líneas de los contornos con la misma tonalidad que el fondo mientras que ha aplicado
el color con rapidez y fluidez, con toques de pincel seguros y magistrales, acercándose al
Impresionismo de Degas o Renoir y manteniendo el contacto con la pintura de Velázquez. La
sensación de volumetría y perspectiva es otro gran logro del maestro, resaltando un movimiento
muy atractivo. La pintura fue adquirida por el Museo del Prado en 1878 por 3.500 pesetas.

d. MARIANO FORTUNY Reus (1838) - Roma (1874)

Nadie cosechará tanto éxito con los cuadros de gabinete como Mariano Fortuny i Marsal, no sólo en
España sino también en París y Roma, alcanzando la fama y obteniendo una considerable fortuna
que le permitirá tener varias casas abiertas en diferentes ciudades. Por desgracia, su temprana
muerte no le facilitó el ocupar un puesto destacado entre los grandes maestros de la pintura
española, que le corresponde sin ninguna duda. Mariano nació en Reus (Tarragona) el 11 de julio
de 1838, en el seno de una modesta familia que tendrá tres hijos más. Su padre, también llamado
Mariano, era propietario de un pequeño taller de carpintería mientras que su esposa, Teresa, se
dedicaba a cuidar de la familia. La epidemia de cólera que asoló Cataluña en la década de 1840 le
dejó huérfano de madre a los once años, siendo recogido - tras emigrar el padre a Barcelona - por
su abuelo, llamado "Marianet de les Figures", hábil ebanista que poseía un teatrillo con el que se
ganaba la vida por los pueblos de la comarca. La relación entre abuelo y nieto fue muy estrecha,
existiendo entre ambos una química especial. El abuelo se entusiasmó con los dibujos del pequeño,
que ya había despuntado como un mal escolar, sintiendo Fortuny gran afición por el dibujo y la
pintura. Marianet consideró que su nieto debía completar su formación artística - llevaba acudiendo
a la Escuela de Dibujo de Reus desde los nueve años - por lo que le envió al taller de Domingo
Soberano, quien le enseñó el manejo del óleo y la acuarela. También aprende con un platero
miniaturista llamado Antonio Bassa, que le enseñará la minuciosidad que caracteriza su pintura,
trabajando en un amplio número de exvotos. La enseñanza artística se compaginaba con el estudio
de las primeras letras en la escuela de don Simón Fort. El abuelo es consciente de que la formación
del pequeño ha tocado techo en Reus; piensa que en Barcelona puede recibir una educación
artística más completa y sin dudarlo emprenden el viaje. Al carecer de recursos económicos
tuvieron que realizar el trayecto a pie, posiblemente ganándose la vida como titiriteros con los
muñecos y los platillos. En el mes de septiembre de 1852 llegan a la Ciudad Condal, donde es
protegido por el escultor Domingo Tallarn, colaborando en la ejecución de obras religiosas,
familiarizándose con el dibujo y el empleo del óleo. El propio Tallarn, contento con los avances del
joven, le gestiona una pequeña pensión de la Obra Pía y la matrícula gratuita en la Escuela de
Bellas Artes de La Lonja, donde recibirá por primera vez formación oficial. Sus maestros en la
Escuela serán Pablo Milá i Fontanals, Luis Rigalt y Claudio Lorenzale, miembros del llamado
Nazarenismo Catalán que tenía puesta la mirada en la historia de Cataluña y en el Quattrocento
italiano. Acudirá también al estudio particular de Lorenzale, siendo este maestro el que más
marque al joven artista. Durante los cinco cursos que permaneció Mariano en la Escuela aprendió
un riguroso dibujo, una soberbia ejecución compositiva y las cuestiones relacionadas con el oficio.
Trabajaba incesantemente, realizando croquis, caricaturas, dibujos, ayudándose económicamente
con la elaboración de xilografías y litografías devocionales, dibujando en el campo junto a su amigo
José Tapiró e ilustrando algunas novelas como "El mendigo hipócrita" de Dumas o el "Quijote".
Tanto trabajó que cayó enfermo, siendo trasladado a Berga por su abuelo para que se recuperara.
Los trabajos de este primer periodo están dedicados a la temática histórica, sagrada o mitológica,
manifestando una acentuada influencia de los nazarenos, especialmente Lorenzale. Gracias al
cuadro sobre Ramón Berenguer III en el castillo de Foix consigue una pensión de la Diputación de
Barcelona para trasladarse a Roma. Obtiene 8.000 reales anuales para completar su formación
artística durante un periodo de dos años, teniendo que enviar a cambio algunos trabajos para
mostrar sus progresos a la entidad. El 19 de marzo de 1858 llega a la Ciudad Eterna, siendo su
primera impresión absolutamente negativa; escribirá que "Roma me ha producido el efecto de un
vasto cementerio visitado por extranjeros". Acude habitualmente la Academia Giggi donde se
dibuja del natural, coincidiendo con Eduardo Rosales y Dióscoro de la Puebla, animándose algo
más. Los tres frecuentarán el Café Greco y visitarán las iglesias, palacios y museos romanos.
Fortuny sentirá una especial admiración por la pintura de Rafael, maravillándose con el Inocencio X
de Velázquez. Pero también se interesa por las novedades como los macchiaioli florentinos -
interesados por la pintura al aire libre rechazando temas académicos - o los paisajistas napolitanos.
Mariano trabaja infatigablemente, estudiando del natural, dibujando, elaborando acuarelas. Sus
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trabajos empiezan a ser considerados en el ambiente romano, vendiendo algunas obras con
bastante facilidad, sin olvidar los trabajos que debe enviar periódicamente a la Diputación que le
pensiona. En octubre de 1859 estalla la guerra entre España y el sultán de Marruecos. En los
desiertos africanos uno de los principales protagonistas militares es el general Juan Prim, oriundo
también de Reus, que está obteniendo importantes éxitos al mando de los voluntarios catalanes. La
Diputación de Barcelona piensa en Fortuny como el cronista que capte las hazañas de los soldados
catalanes, cubriendo la institución todos los gastos de la estancia tanto de él como su ayudante,
Jaime Escriu. A Mariano le debió entusiasmar el encargo ya que en pocos días hizo los preparativos
necesarios para emprender el viaje. El 12 de febrero de 1860 llegan a las playas de Tetuán, sin
oportunidad de presenciar las batallas de los Castillejos y Tetuán. Mariano sí llega a tiempo de
contemplar la batalla de Wad-Ras realizando un buen número de apuntes, bocetos y notas cuyo
objetivo será ejecutar una serie de grandes lienzos donde deje constancia de las victorias
españolas. África va a suponer un nuevo aire para Fortuny, al sentirse encandilado con los
ambientes, las luces y los personajes, llegando a aprender el árabe para integrarse mejor. Se libera
de convenciones y academicismos sintiéndose atraído intensamente por lo oriental, enlazando con
las obras del francés Delacroix. Al firmarse la paz entre España y Marruecos (1860), tras dos meses
y medio de estancia en tierras marroquíes, Fortuny vuelve a Barcelona, pasando por Madrid donde
visita el Museo del Prado, interesándose por Velázquez, Ribera y Goya. Durante este tiempo que
pasó en la capital de España conocerá a Federico de Madrazo y a su hija Cecilia, su futura esposa.
A su regreso a Barcelona presenta los diversos estudios para los cuadros de batallas a la Diputación
de Barcelona, obteniendo un éxito insospechado, de tal manera que se piensa en dotarle de una
pensión para que viaje por Europa y estudie las obras de los más insignes pintores de batallas. En
esta coyuntura viaja a París donde contempla las obras de los museos del Louvre, Versalles y
Luxemburgo, interesándose por Horace Vernet, Eugène Fromentin, Alexandre-Gabriel Decamps y
especialmente Eugène Delacroix, ampliando sus conocimientos y abriéndose un nuevo periodo en
la pintura de Fortuny. Atrás queda el periodo de formación. Desde 1860 Mariano se abre camino en
los circuitos comerciales aumentando rápidamente su prestigio. En 1861 está de nuevo en Roma,
donde empieza a cosechar un importante triunfo con acuarelas y cuadritos, relacionándose con los
"macchiaioli" y trabajando en la Batalla de Tetuán por encargo de la Diputación. Los cuadros de
batallas - que debían ser seis en total - se le atragantan y regresa a Marruecos en 1862 para
reavivar sus impresiones. En tierras africanas permanecerá dos meses, vistiéndose como un árabe
y aprendiendo la lengua para poder desenvolverse mejor en la zona. Las sensaciones que le
emocionaron dos años atrás vuelven al espíritu del maestro, aunque no se inspiró lo suficiente para
ejecutar los cuadros encargados. Se inicia ahora una época de continuos viajes entre Roma, París,
Barcelona y Madrid conociendo a diversos artistas: Domenico Morelli, Martín Rico, Paul Delaroche,
Gerôme, firmando un contrato con el marchante Adolphe Goupil para vender los cuadros que
elaborase el joven artista, tomando una temática orientalista junto a cuadros de "casacón" o
gabinete, siguiendo a los franceses Antoine Watteau y Ernest Meissonier y al alemán Adolf Menzel
cuyos trabajos estaban alcanzando elevados precios en Europa. Con estos cuadritos - llamados
"tableautin" en Francia - de asuntos intranscendentes, realizados con un estilo minucioso y
detallista, interesado por la luz, el dibujo y el color, Fortuny arrasará en el mercado europeo. Su
fortuna crece a medida que le llueven los encargos. En Madrid entablará relación con Cecilia
Madrazo, belleza rubia que encandilará al artista desde el primer momento, contrayendo la pareja
matrimonio en la madrileña iglesia de San Ginés el 27 de noviembre de 1867. Las frecuentes
visitas al templo le servirán de inspiración para realizar La vicaría, su obra maestra. El viaje de
novios les lleva a Granada, donde se siente hechizado por la luz y el ambiente musulmán de la
ciudad. La pareja vivirá a caballo entre Roma y París, coleccionando cerámicas, cuadros y objetos
metálicos. Durante 1868 se instalan en Granada pero pronto abandonan la ciudad andaluza debido
al estallido de la Revolución contra Isabel II. Roma será la ciudad elegida para vivir, abriendo un
estudio al que acudían todos los artistas romanos y extranjeros mientras Fortuny pinta
incansablemente cuadritos y acuarelas que se vendían con suma facilidad y aumentaban su
fortuna. En el estudio iba acumulando una espléndida colección de armas, tapices, cerámicas,
vidrios y mil caprichosos objetos debido a su faceta de coleccionista, animado por la moda de la
época. En 1869 tiene su primer acceso de malaria, año en el que el marchante Goupil le hace un
sensacional ofrecimiento: la construcción de un gran taller en París a cambio de establecerse en la
capital francesa. Mariano aceptó el reto y se traslada con su familia a París en julio de 1869. En la
Ciudad de la Luz todos los literatos, artistas y aristócratas se disputan su amistad, llegando a decir
su cuñado Raimundo de Madrazo: "Nada exagero si afirmo que la reputación creciente de Fortuny
se hizo asunto de moda, y no había jamás primado ni ministro que haya tenido a su puerta más
carruajes de pretendientes y admiradores". En la primavera de 1870 se inaugura una exposición en
la Galería Goupil que servirá para confirmar su éxito sintiendo el agasajo de la capital donde se
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marcaban las pautas del gusto de la época. Antes de estallar la Guerra Franco-Prusiana los Fortuny
regresan a España pasando por Madrid y Sevilla para instalarse en Granada donde nace Mariano,
su segundo hijo, en mayo de 1871. Durante dos años el pintor residirá casi permanentemente en
Granada, sintiéndose tremendamente feliz. Allí pinta, hace cerámica, adquiere numerosos objetos
para sus colecciones, admirando la luz y el color andaluz. Durante estos momentos se manifiesta
por primera vez el debate artístico que definirá sus últimos años: Fortuny se encuentra metido en
un increíble negocio que le resta mucha libertad creativa, ciñéndole a un determinado tipo de
pintura sin problemas y de éxito fácil, deseando salir de ese círculo vicioso pero el nivel de vida
alcanzado le impide romper con el estilo que tanto éxito le trae. Por eso, en sus últimos años cae
en una depresión que motiva la realización de obras como el Corral o el Paisaje, que suponen para
él una vía de escape. Fortuny deseaba abrir nuevos caminos con su pintura pero los encargos que
le hacen son obras de "casacón" y él necesita dinero para vivir. Se encuentra en un callejón sin
salida. En el otoño de 1871 regresa a Marruecos acompañado por su amigo Tapiró y en mayo de
1872 vuelve a Roma con la intención de terminar sus encargos e instalarse definitivamente en
Granada; dará los últimos toques a La vicaría, la Elección de la modelo o el Ensayo en el jardín de
los poetas Arcades - destruido en la Guerra Civil Española - alcanzando en la venta de cada uno de
ellos precios jamás obtenidos por un pintor moderno, llegándose a pagar 90.000 francos por la
última obra. Durante el tiempo pasado en la Ciudad Eterna, en la Villa Martinori, recibe la
admiración y adulación de todos; cualquiera de sus apuntes alcanza altísimos precios en el
mercado. Pero Fortuny iba cayendo progresivamente en un abismo de hastío y tristeza del que sólo
sale pintando. Cada vez se aísla más llegando a decir de él un personaje romano: "Es una lástima
que el señor Fortuny, que tanto talento ha derrochado en sus cuadros, no haya reservado un poco
para la conversación". Mariano había caído en la depresión porque no estaba contento consigo
mismo, porque tenía sensación de fracaso al sacrificar el genio que apuntaba en sus esbozos
marroquíes y en sus paisajes granadinos para satisfacer el gusto de los burgueses. Intentando
animarle un poco, su amigo el barón Charles Davillier le prepara un viaje a Londres donde visitarán
numerosas colecciones, museos y talleres entre ellos los de Alma-Tadema y Millais. El verano de
1874 lo pasará en la villa napolitana de Portici animado por su paisaje marino y la luz
mediterránea. Los trabajos elaborados en estos meses se llenan de alegría, enlazando casi con el
Impresionismo como se aprecia en el Desnudo en la playa. En octubre regresa la familia Fortuny a
Roma cayendo enfermo el 14 de noviembre; Fortuny fallecerá en Roma el 21 de noviembre de
1874, víctima posiblemente de la malaria, complicada con una dolencia gástrica motivada por el
vicio de chupar los pinceles de la acuarela. Su entierro fue una auténtica apoteosis siendo
sepultado en el cementerio romano de San Lorenzo Extramuros con su paleta, sus pinceles y su
último dibujo. En el cortejo se pudo ver a una multitud de artistas llegados de todas partes; los
directores de las Academias de Francia y Nápoles y el embajador de España acompañaron el
cadáver, siendo reproducido el momento en las mejores revistas ilustradas de la época. En abril de
1875 los tesoros que Fortuny había reunido fueron subastados en el Hotel Drouot de París,
alcanzando precios desorbitados. A pesar de sus 36 años, su estilo y su obra le definen como un
auténtico genio que pudo revolucionar la pintura española. Como bien dice E. Lafuente Ferrari, la
culpa de que no lo hiciera "no sólo fue de él, sino de la sociedad de su tiempo". Y de la muerte, por
supuesto.

> Batalla de Tetuán


Titulo: Batalla de Tetuán, 1863-64
Autor: Mariano Fortuny
Museo: Colección Particular
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 23 x 62 cm.
Estilo: Eclecticismo Español

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La razón por la que Fortuny viajó a Marruecos en 1860 está vinculada con los éxitos obtenidos por
las tropas catalanas en la guerra que se libró en el norte de África durante 1859-1860. La
Diputación de Barcelona pensionó al artista para que elaborara diversos lienzos relacionados con
las diferentes batallas; Fortuny continuó su formación sobre estos asuntos acudiendo a París para
contemplar las obras de Vernet y Decamps, conociendo también los trabajos de Delacroix, Ingres y
Fromentin. Sin embargo, los cuadros de batallas serán para él como una pesadilla que nunca pudo
concluir, ejecutando numerosos bocetos como éste que contemplamos donde los personajes se
ubican alrededor de una loma presidida por la figurita del general Juan Prim, ofreciendo una vista
panorámica del lugar del encuentro militar. La escena se divide en diversos grupos a veces
inconexos, aumentando las dificultades cuando el pintor tenga que traspasar los bocetos a una tela
de gran tamaño, alejada de los pequeños formatos empleados por el artista donde su estilo rápido
y preciosista pueden brillar. Quizá el elemento más interesante de este boceto sea la iluminación,
ya que la luz africana será el detonante que provoque el primer cambio en la pintura de Fortuny.

> La vicaría
Titulo: La vicaría, 1870
Autor: Mariano Fortuny
Museo: Museo de Arte de Cataluña
Caracteristicas: Oleo sobre tabla 60 x 93´5 cm.
Estilo: Eclecticismo Español

La obra maestra de Fortuny se fue madurando desde su matrimonio el 27 de noviembre de 1867


por lo que realizó una primera versión sobre una tabla que adquirió en el Rastro madrileño; pronto
se dio cuenta de que la tabla era demasiado pequeña para el desarrollo que quería dar a la escena
por lo que su modelo Arlechino le proporcionó una puerta de nogal perfecta en un primer
momento, apareciendo la carcoma instantes después, siendo restaurada por el propio Fortuny. En
esta nueva tabla elaborará un cuadro que supondrá un auténtico revuelo cuando fue expuesto en
París, en la primavera de 1870, considerándose el acontecimiento del año, calificando la obra
Teophile Gautier de "boceto de Goya retocado por Meissonier - el creador en Francia de esta
temática costumbrista -", planteando Regnault que Fortuny "es el maestro de todos". La vicaría
representa el momento en que los testigos de una boda firman en la sacristía, separada del templo
por una magnífica reja que el pintor localizó en una iglesia romana, siendo el elemento culminante
del trabajo. Todos los invitados a la ceremonia están pendientes del acto mientras en la zona
derecha unos majos y un torero están ausentes del protocolo, al igual que los dos hombres de la
izquierda. La escena está ambientada en el siglo XVIII como los cuadros de "casacón" que tanto
éxito cosechaban en Europa, sirviendo como modelo la esposa del artista, Cecilia, para la mujer
que habla con la novia, la mujer rubia y la señora de espaldas; Arlechino sirvió para el torero y
Nicolina para la mujer que se abanica, siendo los demás personajes modelos profesionales que
Fortuny utilizaba en variadas ocasiones así como sus cuñados Raimundo e Isabel de Madrazo.
Meissonier posó para el general, existiendo un estudio previo sirviéndole al pintor como excusa
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cuando alguien le importunaba ya que alegaba: "Perdóneme, poso para monsieur Fortuny". El
pintor plantea la obra con una amplia concepción espacial, distribuyendo las pequeñas figuras en
los diferentes episodios que aparentemente están aislados pero forman un excepcional conjunto,
descentrando la escena principal. Las principales características de la obra de Fortuny se resumen
en esta obra: cuidado dibujo; minuciosidad y preciosismo; delicadeza y verosimilitud en los
detalles; amplitud espacial; gran sentido del color y estupendo estudio lumínico; perfecta captación
de los distintos tipos de telas y sus calidades descriptivas; interés por las expresiones de los
personajes que se convierten en auténticos retratos; pincelada rápida y fluida a la par que precisa;
interés por el estudio de los reflejos que provoca la luz blanca. La imagen es un perfecto retrato de
la sociedad española del siglo XVIII con su clérigo, su torero, sus damas encopetadas, sus majas,
el militar, hasta el demandadero de las ánimas del purgatorio, la extraña figura que con el torso
desnudo, la cabeza encapuchada y una bandeja en las manos otorga a la escena un aspecto
fantasmal. La ejecución de la obra fue lenta, motivando un buen número de retoques y repintes
que agobiaban al maestro. La tabla fue vendida por el marchante Goupil nada más exponerla a
Mme. de Cassin por 70.000 francos, un elevadísimo precio para su época, contrastando su pequeño
formato con las grandes "máquinas" de historia que se hacían en aquellos momentos como el
Testamento de Isabel la Católica de Rosales por ejemplo. Con este tipo de trabajos Fortuny
alcanzará la fama y la fortuna social y económica, llegando a una situación límite cuando se canse
de estas escenas pero el ritmo de vida que lleva le obligará a desperdiciar su verdadero talento.

Elección de la modelo
Titulo: Elección de la modelo, 1874
Autor: Mariano Fortuny
Museo: The Corcoran Gallery of Art, Washigton
Caracteristicas: Oleo sobre tabla 50 x 80 cm.
Estilo: Eclecticismo Español

Junto a La vicaría, la Elección de la modelo es el cuadro más famoso de Fortuny, dentro del estilo
preciosista con el que alcanzará tan elevada fama. Se trata de un cuadro muy estudiado, existiendo
varios bocetos preparatorios y dibujos relacionados con la obra, llegando el propio pintor a sentirse
agotado debido a la inmensa cantidad de retoques que requirió ya que el cliente que encargó el
trabajo - W. H. Stewart, rico coleccionista norteamericano propietario de una empresa de
ferrocarriles - era muy aficionado al estilo preciosista, pagando por la tabla 60.000 francos, siendo
vendido en 1898 por 210.000 francos. La escena presenta a un grupo de académicos seleccionando
a una bella modelo. Para los académicos posaron algunos amigos del pintor como el actor
L´Heritier, el escultor D´Epinay, Delatre o Cuggini, eligiendo a Marieta la "organettera" para la
joven modelo. Existe una anécdota relativa a esta elección, que narra cómo otra modelo llamada
Maria Grazia cuando se enteró de que su rival había sido la elegida se presentó en el estudio de
Fortuny y se desnudó para que el propio maestro comprobara sus formas. Algunos estudiosos

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consideraron durante un tiempo que la joven desnuda sería Adelaida d´Afry, duquesa consorte de
Castiglione-Colonna ya que el espacio donde se desarrolla la acción es el gran salón de fiestas del
Palazzo Colonna, retocado con algunos motivos ornamentales del Museo del Prado, de las
Colecciones Vaticanas y de la propia colección de Fortuny. Los académicos se sitúan en la zona
central de la composición, dispuestos en perspectiva para servir de punto de fuga mientras la
modelo ocupa el lugar derecho de la estancia. Subida a una mesa, sus redondeadas formas reciben
un foco de luz que baña su silueta, apreciándose a sus pies sus vestidos y zapatos. Parece ser que
originalmente junto a la mesa estaba sentada la madre, que evitaba cualquier intento de acoso a la
joven, pero esta figura desapareció en la obra final. Las figuras de los académicos aparecen
vestidos a la moda dieciochesca, tratándose pues de un cuadro de "casacón" que presenta las
características fundamentales de la pintura de Fortuny: esmerado dibujo; minuciosidad preciosista;
exquisitez detallista; interés hacia la luz; colores brillantes; expresividad en los rostros;
anecdotismo, como observamos en el académico que se agacha; etc. Una pequeña obra maestra
con la que Fortuny obtendrá aún más éxito en el mercado comercial europeo, que deseaba
abandonar para trabajar en asuntos menos recargados protagonizados por la luz, acercándose así
al Impresionismo.

> Desnudo en la Playa


Titulo: Desnudo en la Playa, 1874
Autor: Mariano Fortuny
Museo: Museo del Prado
Caracteristicas: Oleo sobre tabla 13 x 19 cm.

Posiblemente sea este Desnudo una de las obras más interesantes de las realizadas por Fortuny,
quien en sus últimos años anduvo en un fuerte debate interior: la vida de lujos, viajes y diversión
le parece maravillosa pero la pintura que hace no le agrada; podría dar un giro a su obra, sin
embargo teme no tener éxito y perder el tren de vida al que tan apegado se siente. Este debate
interno le lleva a realizar escenas muy distintas a las que nos tiene acostumbrados, para su propio
disfrute, como el Corral. Es decir, tiene dos tipos de pintura: la personal y la de los clientes. El
Desnudo mezcla ambos tipos, ya que es la silueta de uno de sus hijos, tumbado al sol en la playa
napolitana de Portici. La minuciosidad con que está realizada la imagen, si se tiene en cuenta que
tiene el tamaño de una postal, demuestra la altísima calidad del artista, con un excelente dibujo y
una pincelada minuciosa y precisa. No en balde, aprendió con un miniaturista platero del que
heredaría esta facilidad para realizar obras tan diminutas sin olvidar ningún detalle. El iluminado y
dibujado cuerpo de la muchacha contrasta con la superficie de alrededor, más oscura y menos
trabajada. La luz y el color, inspirados en el Impresionismo, ponen en relación esta obra con las
que posteriormente realizará Joaquín Sorolla. Aun utilizando el mismo estilo que en los cuadros de
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casacón con los que obtuvo tanto prestigio y fortuna, el tema, más natural, hace esta imagen más
atrayente al espectador.

4. LA ESCULTURA EN EL SIGLO XIX


a. CARPEAUX

El romanticismo permitió a los escultores del siglo XIX liberarse de los modelos del pasado, creando obras
nuevas basadas en la imaginación y en las emociones. Carpeaux es un artista tardo-romántico, en él
encontramos el paso al Realismo. Busca captar el movimiento e introducir la acción. Rehuye del modelado liso
del neoclasicismo y propone las superficies ásperas y el gesto grandilocuente.

Su aspecto realista no está en la temática, sino en la técnica y en la intención realista. Continúa la línea de lo
barroco y de lo complicado. Logra un realismo pictórico lleno de vivacidad, preocupado por reflejar vivamente la
expresión de la naturaleza. Muestra una atención más detenida de la realidad, una concepción más verista del
arte. Su modelo es nervioso e intuitivo, y se aprecia el interés por reflejar el juego incesante de luces y sombras.

Jean-Batipste Carpeaux nace el 11 de Mayo de 1827 en Valencinnes. Su vocación artística comenzó muy
temprano, desde niño realizaba figuras con yeso. A los dieciséis años modela en barro y talla en madera dos
frontones para una casa de su ciudad natal.

Sus estudios comienzan con un riguroso aprendizaje artístico. En 1842 se traslada a París para estudiar en la
Escuela Real de Dibujo y Matemáticas. De Rude recibe la enseñanza de la escultura romántica, gracias al cual
se apartó del academicismo y acuñó un estilo personal libre y vivaz.

En 1854 consigue el Premio de Roma, lo que le permite completar su formación en Italia estudiando la escultura
de a antigüedad romana y del Renacimiento, y en particular la figura de Miguel Ángel.

El grupo de Héctor y Astyarax muestra todavía cierta frialdad académica. Sin embargo, El conde Ugolino y
sus hijos es el reflejo de la admiración que siente por Miguel Ángel y aquí resume todos los conocimientos
adquiridos durante su formación. Para las figuras de los hijos se inspira en el Laooconte y para el padre, en el
Pensiodoro. Esta obra causó gran admiración por su fuerza dramática y le sirvió de inspiración a Rodin para
concebir su Pensador. A través del bronce, el material preferido por los escultores románticos, Carpeaux muestra
la expresividad de sus figuras, la marcada gestualidad de los rostros.

Al poco tiempo expone en la capital francesa Niño pescador cogiendo una caracola, otra de las obras
realizadas durante su estancia en Italia y se observa la influencia de Rude y su Niño de la tortuga. Debido a la
gran acogida que tiene esta obra y movido por intereses económicos, realizará variantes entre las que destaca el
Pescador napolitano.

En muchas esculturas, Carpeaux, capta el movimiento del cuerpo humano, al igual que sus colegas, pero
además, hará que el gesto transmita o permita visualizar el dinamismo. Es una escultura de acción, a veces
contenida. Esto le hace abrir las libertades que más tarde alcanzará las obras de Rodin y de otros escultores
contemporáneos.

En el retrato El príncipe imperial y su perro Nero busca plasmar el contorno y el volumen final de la pieza. Las
facciones del príncipe reflejan la dulzura heredada de su madre, la emperatriz Eugenia, que con gesto protector
apoya el brazo en el perro Nero y lo acaricia. Capta la apariencia de vida y el movimiento del retratado.

En los bocetos que realiza para Watteau, pintor del siglo XVIII, intenta representar lo más característicamente al
personaje, sus facciones, su ropa. Dinamiza la escultura imprimiéndole la fuerza psicológica, que da la sensación
de movilidad frenada, ya que a primera vista puede parecer una figura estática.

Carpaux es un escultor conocido en la Corte de Napoleón III y por ello es invitado a participar en proyectos
públicos que contribuyan a monumentalizar el Imperio. Trabajará entonces en las labores de ornamentación del
pabellón de Flora del Louvre y en la Ópera de París.

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Charles Garnier fue quien le encargó La danza, uno de los cuatro grupos escultóricos que junto con El drama
lírico, La música instrumental, y La armonía, forman parte de la fachada principal dela Ópera de París. Se trata
de un relieve que representa un baile de ninfas alrededor de un genio alado. La obra de Carpeaux, se diferencia
de las otras tres, rígidamente simétricas. El personaje principal, desnudo, desplazado ligeramente a la izquierda,
tiene a los pies a un niño juguetón que anima a bailar a un grupo de jóvenes, casi desnudas, en torno a él.

La obra contiene un gran dinamismo y las figuras, tratadas con gran naturalidad, expresan gran alegría, mediante
rostros y miradas llenas de picardía.

Encontramos influencias de La Marsellesa de su maestro Rude, pero abandona el tono épico y se decanta por
actitudes más relajadas y juguetonas próximas al rococó francés.

Este relieve causó un gran revuelo en la época porque se consideraba un tema indecoroso y por el tratamiento
excesivamente realista de los personajes.

En Fuente del Observatorio, trata el cuerpo femenino con más pudor, más acorde con los gustos que imperan.
Cuatro mujeres que representan las razas humanas giran lentamente alrededor de una esfera zodiacal.

Realizará también retratos, en los que capta la personalidad de sus personajes. Son obras llenas de vida, como
el Retrato de la Marquesa de la Valette.

El estilo de Carpeaux es muy personal, se caracteriza por tener una excelente calidad técnica, ser alegre y
dinámico. Sus obras rompen los modelos creados por la Academia. No tiene discípulos directos, pero va a ser
muy copiado hasta el surgimiento de la escultura modernista francesa, que será uno de sus progenitores.

UGOLINO Y SUS HIJOS

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LA DANZA
1869. 420 x 298 cm. Piedra.
Musée d'Orsay, París.

b. FRANÇOIS RUDE
i. LA MARSELLESA

The Departure of the Volunteers of '92 ("La Marseillaise"), 1833-36

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NAPOLEÓN EN BRONCE

NAPOLEÓN ALCANZANDO LA INMORTALIDAD


1845-47
Bronze, width 251 cm
Parc Noirot, Fixin-lés-Dijon

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ii. MUSEO DE ORSAY

> Museo de Orsay


Teléfono: 33-1 40 49 48 14
1, rue de la Légion d'Honneur -
75007 Paris
París
Francia
http://www.musee-orsay.fr/

Las obras que posee el museo datan de la segunda mitad del siglo XIX, desde 1848 hasta 1914.
Las salas están divididas en: escultura, pintores particulares como Daumier, Ingres o también se
divide por estilos como puede ser el Impresionismo, que ocupa una sala con obras de muy
diferentes autores como Monet, Manet o Degas. La escultura representada en el museo abarca los
periodos de 1850 a 1870 con obras como "El Genio de la Patria", obra romántica en donde se
deforman los objetos para expresar una idea o un sentimiento. También es interesante destacar la
obra de Carpeaux como, por ejemplo, su Ugolino, que ya no responde a temas bíblicos o
mitológicos, como hacían los pintores en su misma época, sino que se interesaba directamente por
la naturaleza. La sala de Ingres plantea una obra que se encuentra a caballo entre dos épocas: el
Clasicismo y el Romanticismo; la Fuente, del año 1820-1856, puede servir como ejemplo. También
se encuentra en el museo bien representada la pintura de historia de los años 1850-1880, en la
que el pintor Alexandre Cabanel ofrece una de sus mejores obras, La Muerte de Francesca de
Rímini y Paolo Malatesta, del año 1870. Otro autor muy conocido fue Daumier, quien se interesó
tanto por la pintura como por la escultura, el dibujo y la litografía. Otro autor que ocupa un amplio
espacio es el pintor Gustave Courbet, que destaca por sus dotes como retratista, paisajista, pintor
de naturalezas muertas y por su sensibilidad a la hora de pintar el cuerpo femenino. Otra sala la
ocupan los pintores impresionistas y Manet; en este museo se encuentra una de sus mejores
obras, Olimpia. Finalmente, hay artes aplicadas e industriales.

En este museo hay obras realistas e impresionistas. Una de las obras que se pueden encontrar en
el museo son las cerámicas de Enrique II, de gran refinamiento. También se pueden ver obras de
esculturas como las Tres Gracias del año 1872-1874 de Jean-Baptiste Carpeaux, donde las tres
figuras de mujeres se resuelven en una gran armonía. Cézanne, gran pintor que cierra el
Impresionismo e inspira a otros artistas a desarrollar un nuevo estilo, el cubismo, tiene en este
museo también un retrato de Ambroise Vollard, marchante muy conocido en París. Corot pintó la
Mariette en 1843, gran desnudo femenino, uno de los primeros que creó al final de su vida. De
Courbet, pintor realista francés, ofrece este museo una de sus mejores obras, Demoiselles de la
Seine, donde la riqueza de los empastes y el relieve que se da a la carne hablan de la alegría de
vivir. Courbet también pinta a P.J. Proudhon y a sus hijas; es una pintura moral y simbólica en la
figura del filósofo pero también familiar en la representación de las dos niñas. Monet fue uno de los
mejores pintores impresionistas e hizo el retrato de Théodore Duret donde el fondo tiene una
variada tonalidad de grises. Odilon Redon muestra en el museo 24 obras, que dominan por su
simbolismo. El museo tiene incluso obras de Rembrandt: alguno de sus famosos autorretratos.

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5. LA ESCULTURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XIX

a. JOSE GRAGERA

ESCULTURAS. GUILLERMO SCHULZ

Guillermo Schulz (1898)


Autor: Grajera y Herboso, José
Año: 1898
Situación: C/ Independencia

El 26 de agosto de 1898 el Ayuntamiento aceptó el ofrecimiento de la Diputación Provincial para disponer del busto en bronce
esculpido en honor del geólogo Guillermo Schulz por José Grajera y Herboso(Laredo,1818).

Entonces se aprobó su colocación sobre la columna meteorológica existente en la plaza de Riego, que permanecía inservible
desde hacía seis años, convirtiéndose así en improvisado pedestal. Posteriormente se cedería el busto del Geólogo alemán a
la Universidad de Oviedo para ser colocado a la entrada de la Escuela Superior de Minas.

Schulz nació en Alemania en 1800.Tras visitar Asturias en 1833 quedará vinculado a la región a través de los estudios que ha
firmado :"Mapa topográfico de Oviedo" y "Descripción geológica de Oviedo"

b. PONCIANO PONZANO

Nació el 19 de enero de 1813 en Zaragoza. Recibió en Roma lecciones de Thorwaldsen y


Tenerani. El gran escultor dinamarqués intervino en un bajo relieve de Ponzano, quien
años después colaboró en obras de Tenerani a su vez. Una de sus obras más
reconocidas es el frontón del Palacio del Congreso de los Diputados de Madrid. Se
negaba a esculpir animales en mármol alegando que traía mala suerte. No pudo negarse
a hacerlo cuando recibió el encargo de esculpir dos leones para decorar la fachada del
Congreso de los Diputados madrileño con el bronce fundido de los cañones tomados en
la guerra de África del año 1860. Falleció repentinamente el 15 de septiembre de 1877
sin haber acabado de esculpir los leones.

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c. JERÓNIMO SUÑOL

Jerónimo Suñol, fue un escultor catalán, nacido en Barcelona en 1840 y fallecido en


Madrid, el 16 de Octubre de 1902.

Entre ambas fechas median cuarenta años dedicados a la escultura. Ciertamente su


memoria se ha perdido casi por completo, aunque algunas de sus obras son
contempladas a diario por millares de ciudadanos que las ven sin sentirlas,
acostumbrados a pasar los ojos sobre lo que al ser cotidiano, forma parte de nuestro
entorno y se convierte en un hábito que no atrae una segunda mirada.

Parece difícil en estas fechas en que la escultura adopta tantas y tan peculiares
formas, considerar a un artista de su talla como innovador dentro de su arte. Pero es
cierto que lo fue y sacó su trabajo del límite neo clásico imperante en la segunda
mitad del siglo XIX.

Su obra es grande, pero menos extensa de lo que habría sido de no prestar tan
cuidadosa atención a cuanto trabajo realizaba. Un siglo después de su muerte se ha
perdido tanta información, tantos recuerdos, que cualquier intento de hacer una biografía esta llamado al
fracaso. Esta pagina, trata de recuperar lo que sabemos de él, por medio de la transcripción fiel y exacta
de los documentos cuyo estado de conservación lo permite. Solo se hacen puntualizaciones en los
errores evidentes, debidos a los imperfectos sistemas de documentación del siglo pasado, que le
atribuyen determinadas obras no salidas de su mano. Reflejan opiniones particulares, que tienen el valor
por su diversa procedencia de arrojar un fondo de claridad a los testimonios que, sumados permiten
extraer la verdad de como era Suñol. Y vienen a presentarnos un hombre culto, de modestia y sencillez
extremas, gran artista, buen catalán y digno español. Es justo reconocerlo y aportar nuevos datos que
puedan ir saliendo a la luz en el futuro.

CRISTÓBAL COLÓN

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d. RICARDO BELLVER

(* Madrid, 1845 — † Madrid, 20 de diciembre de 1924), escultor español.

Biografía
Fue alumno en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y terminó su formación de
escultor en Roma pensionado por el Estado.

Fue en 1878, cuando empezó a tener reconocimiento a través de su obra, el Ángel caído, el único
monumento dedicado al diablo. Fue entonces cuando obtuvo la Primera Medalla en la Exposición
Nacional de Bellas Artes y de nuevo, más tarde, en 1885, en la Exposición Universal de París. Se
trata de una estatua de indudable originalidad y era tanto el interés que suscitaba a las masas que
el Museo Nacional del Prado la donó al pueblo de Madrid, y actualmente decora la plaza homónima
del Parque del Retiro. A raíz de todo este éxito fue nombrado académico y acabo como director de
la Escuela de Artes y Oficios de Madrid.

Se conservan otros trabajos de Ricardo Bellver en la Basílica de San Francisco el Grande, en la


Iglesia de San José, en la Iglesia Pontificia de San Miguel y en el edificio del Ministerio de Fomento
del paseo de la Infanta Isabel.

Obra
• Entierro de Santa Inés (bajorrelieve).
• El Ángel caído, estatua situada en los Jardines del buen retiro de Madrid.
• La muerte de Santa Ágata, bajorrelieve (1888).
• Talla de San Expedito (1916), ubicada en la San Vicente Martir de Abando (Bilbao).
• Estatua de Juan Sebastián Elcano (1888) en la plaza del Ayuntamiento de Guetaria (Vizcaya).
• Puertas neogóticas de la Catedral de Sevilla.
• San Bartolomé y San Andrés, en San Francisco el Grande, Madrid.
• Monumento a Donoso Cortés, cementerio de San Isidro, Madrid.
• El sepulcro del Cardenal Silíceo.

e. MARIANO BENLLIURE

Mariano Benlliure (en el suelo) acompañado de Don Segismundo Moret (en la silla) días antes de que falleciera este
último.
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Mariano Benlliure y Gil (* Valencia, 8 de septiembre de 1862 — † Madrid, 9 de noviembre de
1947), escultor español.

Biografía
Uno de los más famosos escultores españoles. Nació en el Grao de Valencia de una familia de
artistas modestos y murió en Madrid. Su padre, pintor decorador, fue su primer maestro. Víctima
de mudez, no empezó a hablar hasta la edad de ocho años. Desde muy niño mostró sus
excepcionales disposiciones artísticas. Se presenta a un concurso con su primera obra hecha con
tan sólo 6 años. A los nueve años expuso su primer modelado de barro en la Nacional. Durante la
juventud cultivó con predilección los temas taurinos, de los que ha dejado realizaciones admirables.
Su dedicación principal, sin embargo, era entonces la pintura, que siguió cultivando en París al lado
de su maestro Domingo Marqués. En 1879 fue a Roma, donde, fascinado por Miguel Ángel,
abandonó los pinceles para dedicarse exclusivamente a la escultura. En 1887 se estableció
definitivamente en Madrid, donde, en la Exposición Nacional de dicho año, obtuvo primera medalla
por la estatua del pintor Ribera. Su nombre pronto adquirió fama. Los bustos y monumentos
públicos que realizó son numerosos; entre estos últimos destaca el del general San Martín, en
Lima. Caracteriza su estilo un naturalismo detallista y minucioso, un impresionismo espontáneo, de
modelado nervioso, tan rápido y vivaz que queda patente en el barro la huella manual del artista.
En este orden alcanzó una maestría prodigiosa. Alfonso XIII le encargó trabajos para la Casa Real.
Obras importantes suyas son los monumentos de Castelar, Gayarre, María Cristina de Borbón,
Velázquez, Fortuny y Joselito. Ha dejado una producción vastísima. En 1895 obtuvo la medalla de
honor por la escultura del poeta Trueba, instalada en Bilbao, ciudad para la que también hizo la
estatua de su fundador, don Diego López V de Haro. Cultivó además la imaginería religiosa. Poseía
ilustres condecoraciones extranjeras, como la de la Legión de Honor, de Francia, y la medalla
especial del emperador Francisco José.

Obra

Monumento a Emilio Castelar

• Monumento funerario a Joselito el Gallo, en el cementerio de San Fernando, Sevilla.


• Monumento funerario -mausoleo- al tenor Julián Gayarre en Roncal (Navarra).
• Monumentos a Sagasta y Canalejas en el panteón de hombres ilustres.
• Estatua ecuestre de Alfonso XII (1922).
• Monumento a Diego López V de Haro, que en su día se instaló frente al Ayuntamiento de Bilbao y hoy está en
la Plaza Circular.
• Retratos de la familia de Joaquín Sorolla y Bastida, hoy en la Casa Sorolla, en Madrid.
• Monumento a Goya (1902), frente a la entrada del Museo del Prado, en Madrid. (ver monumento)
• Monumento a Emilio Castelar, inaugurado en 1908.

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Obra religiosa para la ciudad de Crevillente

• Nuestro Padre Jesús Nazareno,


• María Magdalena,
• Virgen Dolorosa,
• Stmo. Cristo de Difuntos y Ánimas,
• Las Tres Marías y San Juan,
• Stmo. Cristo Yacente,
• Entrada de Jesús en Jerusalén,
• San Juan de la Tercera Palabra de la Cruz

MONUMENTO A GOYA, 1902

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MONUMENTO A DIEGO LÓPEZ, BILBAO.

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