Dafne

La mirada de Apolo enamorado la tocó como un rayo. Su alma fue llamada a una isla de luz su cuerpo se transformaba en verdes ramas cantantes ebrias de puro ser. Conoció el arrebato de nubes indescriptibles y la felicidad de nadar entre hojas de diamante. Una mirada de fuego la sostenía sobre el abismo. Moraba en la alegría de una fiesta de niños y racimos. La vida era un paso de danza hacia el cerúleo mar resplandeciente. La acompañan memorias encendidas dalias de fuego un viento hecho de pájaros. Déjala reposar entre fulgores no temas por su muerte. Graciela Maturo

Deshabitado
Esperando que vengas, como un pálido tronco impaciente por la primavera, me dejo ser, crepuscular y escuálido, con mi sangre pintándose de ojera. Bajo mis pies el tiempo es como un barro que me amorata, manosea y moja. Pasa la sombra a tumbos como un carro. Siento un adiós caer como una hoja. Tu vestido murmura como un rubio río callando, como un agua suelta. Suele tornarte luz, como un efluvio, y flotarme la piel, como disuelta. Quieto en la noche, aspiro tu memoria. Espero y tiemblo con la voz vaciada. La luna es una sábana mortuoria sobre mi soledad de planta helada. A veces llegas con tu aroma en vilo, con tu peso de polen, con tu aliento. Ahora, con sus cuernos, con su filo, me desparrama tu color el viento. Te escribiré de nuevo, con la pluma como empapada en humedad de beso, porque aun perdida - nave, brillo, bruma sigues creciendo en mí, hueso tras hueso. Osvaldo Guevara

Sin consuelo
El mundo viejo impuso su tristeza y hay demasiadas cosas con las que no sé qué hacer.

Si estuviera en mi patio de chico quizás podría (con las expensas al día) esperar en algún rinconcito como si todo aún por suceder.

Jorge Prieto

El árbol me dice
Detrás de la irrealidad del horizonte veo el inconcluso crepúsculo cuando todos pasan camino a la noche.

Mi vida entera siempre en el mismo lugar casi indiferencte a la mirada de la gente la que no ve mis cambios de ropaje en fechas precisas, no escucha mis murmullos por la lluvia la hoja y la flor.

No obstante me aferro al suelo, prodigo mi sombra hasta ir del silencio al silencio sólo alterado por los pájaros.

María Esber

XXV

Yo, el Toro

Yo, el Toro, el Hombre y la Mujer en mi bramido, la yugular del hijo con los ojos hirviendo y la espada en el vientre de la tierra: Yo, el Toro, soy una aguamarina en la veta del sueño, el minero que cava su propio corazón para que el tiempo exhale su ultimo quejido, el brazo de mi pueblo, arcilla, barro alucinando, tizne del universo, palabra que perfora la memoria. y a los pies de mi madre se acurruca, Yo, el Toro, templo y esperma, cabalgo la Libertad, me voy con ella, voy a la grieta de su espejo roto a derrumbar los huesos de la cruz y del ángel, yo sé que se desgaja mi sombra, se dispersa, que en la quietud del niño y en la mano del padre, se junta, huele, se hunde en su mirada y resplandece. Yo, el Toro, el unicornio, la llaga en el camino por donde pasa el Hombre. Yo, El Toro. Hugo Francisco Rivella

Oro y espacio
Granado, higueras, viñas: el aire vivo de las sierras. un diálogo producido por el viento, la vara solar, los pajonales y las plantas. Con la serenidad de un Dios en penitencia, a veces se cierran, como una flor en la noche, tus ojos perdidos, fatigados.

Los Hornillos - Cba. Jorge Vazquez Yofre

Exilio
Al cerrar el negocio mis padres se sentaban en la vereda del Panamericano a mirar el desfile. Mi padre sonreía con la misma serena tristeza, repetida, tantos años después, en la fila de cajones abiertos hacia el crematorio, más oscuro, con los párpados quietos, entero, intacto, esperándome. Así dio su perdón, así recibió el mío. Acompañaba la fiesta con la mirada suave del que ha danzado, inocente, sobre los barcos del exilio. Cuando pregunté en el Registro de su país la íntima caligrafía sentenciaba “desertor”. Cómo explicar que tenía dos años al partir, que nunca se había ido, que cada mañana ascendía las calles amarillas de Maalula mientras levantaba las persianas. Susana Cabuchi

Siesta
Ciudad del silencio en la siesta. Después del cenit, se adormecen las voces, y los pasos presurosos de la calle, de pronto, desaparecen. Todo queda vacío, las veredas que ensordecían con su rumor urbano, son corredores habitados de fantasmas que se reflejan en las vidrieras. Apariciones, peregrinos, en la callada hora, la de la indulgencia de los seres y las cosas, ahora dormidas, esperando… Gabriela Bayarri

Ajedrez
Enfrentados en la pequeña mesa se miran largamente intentando descifrar lo que el tiempo no borró. Papá y el abuelo saben que cada palabra es una guerra. Juegan. Mueren de a poco, callados. En el borde del tablero, confío que alguno me prefiera y oculte un alfil en mi mano. Que alguno olvide, para que sus batallas no sean la mía.

Daniel Mariani

Desde el bar (Amadeus)
a los poetas de Asueto
Allí van ellos, los otros, caminantes anónimos frente a la vidriera del mundo. Ellos, los demás, apresurados y solos, grave muchedumbre, desamparo. Mientras nosotros, adentro, considerando destinos distintos, divagando. Mientras nosotros adentro, expectantes con el desorden del planeta en una mesa . Alfredo Lemon

Página de la memoria

Motivo de otoño
En cestillo de plata brindas, otoño colector, el fruto jugoso, almibarado: ¡la carnuda delicia que deshace su corazón en aguanieve; el vivo panal de forma cincelada que abre su corazón de almendra; el ya postrero néctar que aumenta su dulzura herido por el fúnebre anuncio! Así la muerte mezcla al vino de amor su gota hermana, y el hombre pasajero sacia su sed de eternidad, amando con un ansia mayor lo que perece. ¡Embriágueme tu fruto sensual! Sangre la maca dolorida su miel, nunca más dulce; y en la ablandada intimidad, ya dócil al roedor que desmorona el túnel de su constancia, déme consuelo y fuerza tu licor, otoño, ¡dime, maestro, tu lección preciosa! Rafael Alberto Arrieta

Otras instrucciones
“Lo impoético: cuéntalo en relámpagos. Nombra las imperceptibles nuevas cosas del mundo en el que ahora estamos inmersos. Y los versos estén atentos a lo común, a la prosa que cuidas. Y a la ardiente marea de impresoras, ya que el canto es fuerza de memoria y sentimientos, y hoy no otra cosa que el fragmento pareciera nos es dado por instantes, aún inténtalo, si puedes, como tantos durando un poco por sobre este viento...” Gianni D`elia Versión de Esteban Nicotra

Altre istruzioni
“L´impoetico: raccontalo a lampi. Nomina le nuove impercepite cose del mondo in cui ora siamo inmersi. E siano i versi attenti al comune, alla prosa che servi. E all´arso cicalio delle stampanti, poi che canto è forza di mempria e sentimento e oggi nient´altro che il frammento sembra ci sia dato per istanti, tu pure tentalo, se puoi, come tanti durando un poco oltre quel vento...”

Esteban Nicotra: (Villa Dolores, Córdoba, 1962). Ha publicado el libro La vida que se vive (2006); y en ensayo La realidad en la palabra - escritores italianos de nuestros días (2005). Es Profesor de la cátedra de Literatura Italiana en la Universidad Nacional de Córdoba.

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