El multiculturalismo: entre la tradición y la ideología

Por: Eduardo Pérez Fragozo

El fin de la Guerra Fría y la caída del Bloque Socialista permitieron al capitalismo ser considerado como la única opción viable de organización social, económica y política para el mundo. Pero a partir de ese momento, empezaron movimientos étnicos y separatistas a nivel mundial: las etnias empezaron a manifestarse y exigir el respeto a sus tradiciones culturales. La situación se agudizó con los ataques terroristas internacionales desatados especialmente a partir del 11 de septiembre del 2001. El sistema capitalista y la democracia liberal han sido considerados los culpables de esos enfrentamientos y sus críticos han manifestado que no tienen la capacidad para poder erradicar las diferencias y los rezagos económicos y sociales que provocan los movimientos violentos en busca de una supremacía étnica y de los diversos grupos sociales que se encuentran desplazados. De esta forma comenzó el debate entre dos tradiciones políticas y culturales, el multiculturalismo y el pluralismo. La primera, con la propuesta del respeto irrestricto a los usos y costumbres de las comunidades, así como a sus formas de gobierno e impartición de justicia, que manifiestan un acercamiento al llamado republicanismo. La segunda, con una reivindicación de la democracia liberal y el Estado de Derecho, así como la libre elección del individuo a integrarse a la sociedad o al grupo social que desée y, de la misma forma, la libertad de elegir a sus representantes y gozar del respeto de sus libertades fundamentales. Este fenómeno se presenta en todo el mundo. Algunos países latinoamericanos también atraviesan por dicha problemática. Casos como el movimiento independista de Puerto Rico o la división social en Bolivia y Venezuela. México no ha estado exento de este fenómeno. A la par con el inicio de la caída del bloque comunista, en México se puso fin al llamado: “Nacionalismo Revolucionario”, para dar paso al “Liberalismo Social”. El México mestizo y el Estado paternalista terminaban. Como respuesta a este cambio se presentó el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, el cual representó la mayor

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exigencia al respeto de los usos y costumbres de los pueblos indígenas, de igual manera significó un cuestionamiento a los resultados del proyecto del nacionalismo revolucionario recién abandonado, pues en la práctica se olvidó de las zonas más apartadas y en su totalidad de los pueblos indígenas. En el aspecto económico se pugnaba por abandonar el modelo neoliberal, pues durante el corto periodo en el cual se había aplicado, generó una inequitativa distribución de la riqueza y como consecuencia: la polarización de las clases sociales. Posteriormente a este levantamiento armado surgieron otros, como el del Ejercito Popular Revolucionario (EPR) en el Estado de Guerrero. También se presentaron problemas de desplazamiento de poblaciones en Chiapas, a causa de conflictos religiosos entre católicos y protestantes. En el Estado de Hidalgo han ocurrido enfrentamientos entre comunidades a causa de la posesión de tierras, sin olvidar el movimiento social más mediático de los últimos años: la oposición de los ejidatarios de San Salvador Atenco a la construcción de un nuevo aeropuerto para la ciudad de México en sus tierras, aparte de las manifestaciones ya cotidianas en esa ciudad, por la organización llamada “Los 400 pueblos” y otros muchos membretes políticos. En los últimos años el país ha sufrido cambios importantes en su estructura social, económica y política. Uno de esos cambios ha sido la apertura a la participación democrática de la sociedad. La democracia es considerada como la base de la creación de una sociedad justa y equitativa. Empero, el problema al cual se enfrenta el país en este momento es determinar cuál es la tradición más pertinente a su desarrollo político, social, económico y cultural. Si una democracia liberal o una democracia republicana, es decir, un Estado pluralista o un Estado multicultural. La historia de México, a partir de la Guerra de Independencia, se ha visto enmarcada por una constante lucha de proyectos de nación, se sabe que las ideas liberales y conservadoras mantuvieron un enfrentamiento ideológico y armado con el fin de implantar sus proyectos. Posteriormente, al finalizar la Guerra de Revolución se intentó establecer una cultura homogénea, para lo cual se instituyó la ideología emanada del propio movimiento, el “Nacionalismo Revolucionario”.

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Esta doctrina se caracterizó por la exaltación de los héroes nacionales y de la veneración de las fechas que enmarcaban algún acontecimiento histórico relevante para la formación política de nuestro país; así como el énfasis en la llamada raza mestiza. Se implantó una Historia aprobada y escrita a petición de los gobiernos posrevolucionarios con la cual se buscó la legitimación del proyecto de nación y la creación de una identidad nacional que les permitiera a los ciudadanos identificarse y apoyar dicho proyecto. Actualmente existe el debate sobre los proyectos de nación y sobre la conveniencia de elegir el tipo de gobierno que mejor responda a las necesidades de las naciones; este fenómeno no sólo se presenta en nuestro país, sino en todo el mundo. En Europa nos encontramos con gobiernos socialistas y liberales. En el caso de América Latina vemos una creciente en los gobiernos de tipo socialista, al menos en el plano del discurso, los cuales se inclinan por el multiculturalismo y actúan bajo el discurso del comunismo y la estatización del mercado. Hallamos también gobiernos denominados de “derecha”, los cuales se inclinan por apoyar el pluralismo y la libre participación, tanto en los mercados locales como en el global. Resulta lógico pensar que cada país elige, como se mencionó líneas arriba, el proyecto económico, político y social que más se adecua a su desarrollo histórico y al bienestar de los ciudadanos que lo integran; haciendo posible compartir el proyecto por los ciudadanos y crear una identidad con el mismo, para la legitimación del proyecto de nación. En este momento de cambios relevantes en nuestro país existe el debate entre dos tradiciones: el pluralismo y el multiculturalismo. La finalidad de la presente ponencia es determinar hasta qué punto el multiculturalismo parece ser más próximo a una ideología del discurso político y más alejado de la tradición política. Ahora bien, empecemos por definir qué se entenderá por tradición. José Ferrater, en su Diccionario de Filosofía, dice que por tradición debemos entender el conjunto de normas, creencias, etc., las cuales pueden estar incorporadas a instituciones y a su vez ser tomadas en un sentido global y

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general.1 Por su parte, Michael Oakshott expresa: la tradición se conforma por prácticas, como el pensar, actuar y hablar; es por eso que las tradiciones son cambiantes, pero mantienen una continuidad a través del tiempo, sin la necesidad de girar en un punto central fijo, que soin embargo mantiene su identidad en la historia2. Ambrosio Velasco expresa que para el conocimiento político son fundamentales las tradiciones; es por eso que no deben comprenderse a través de métodos rigurosos, sino en las habilidades que permiten un dominio de la tradición con la que se simpatiza o pertenece, ya que el conocimiento político es un proceso formativo. Es indispensable, continua Velasco, conocer las tradiciones políticas ajenas, no sólo para aprender de ellas, sino también para conocer mejor la propia. La comprensión de otras tradiciones permite el enriquecimiento y la mejor visión de la propia.3 Alasdair MacIntyre afirma que las tradiciones están hasta cierto punto arraigadas, siempre con un carácter local, y formadas por las particularidades del lenguaje y el ambiento social. Debido a su arraigo social, la historia de una tradición no puede ser separada de la historia social y política.4 Ambrosio Velasco nos aporta cuatro argumentos acerca de lo que debe5 de entenderse por tradición: 1. Las tradiciones políticas están arraigadas política y socialmente, se desarrollan en periodos limitados y existen independientemente de aquéllos que las sostienen. 2. Las tradiciones no deben permanecer cerradas al debate y crítica ante otras tradiciones distintas y distantes, es más, el diálogo permite el desarrollo crítico y progresivo de las tradiciones. 3. Las tradiciones políticas se caracterizan por su pluralidad y flexibilidad, es por eso que están en constante cambio; la diversidad de interpretaciones y aplicaciones de la tradición permiten la pluralidad de la misma y evitan la

homogeneidad de la misma.
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CF. Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía. Alianza Editorial. Madrid. 1981. pp. 3296-3297. CF. Velasco Gómez, Ambrosio. Republicanismo y Multiculturalismo. Siglo XXI. México. 2006 Pp. 24-32. 3 CF. Loc. cit. 4 CF. Loc. Cit. 5 El subrayado es propio

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4. Las tradiciones políticas tiene el objetivo de influir en las actitudes, creencias, valores, prácticas e instituciones en la comunidad, apoyada en contenidos teóricos y discursos ideológicos enfocados hacia la solución de problemas prácticos. Ahora pues, para determinar qué se entenderá por ideología conviene revisar lo siguiente. El concepto de ideología es igualmente muy amplio y siempre se tiene como opuesto al de tradición. Michael Oakshott considera que las ideologías son esquemas abreviados y distorsionados de aspectos de una tradición6. En el contexto marxista la ideología designa una teoría falsa. La ideología se opone al conocimiento verdadero o a la ciencia real y positiva7. Para el marxismo, la ideología es un instrumento de dominación por parte de las clases sociales dominantes sobre las explotadas, considera que la ideología se forma como enmascaramiento de la realidad social: así, una clase social dominante enmascara u oculta sus verdaderos propósitos mediante ideologías.8 Dentro del marxismo “las ideologías representan los intereses de las clases dominantes, representan un reflejo invertido y truncado de la realidad; y tienen una existencia independiente que resulta coercitiva para las personas”9 y al igual que las tradiciones, la ideología, también trata de influir en las acciones de determinadas partes de la comunidad, en este caso: el proletariado. “Las ideologías sirven para fomentar la explotación del proletariado. Las ideologías determinan las acciones de los actores de la clase dominante, quienes, a su vez, influyen en los pensamientos y acciones del proletario”.10 Para Habermas, el concepto de ideología no está muy apartado de lo que determina el marxismo; para este último es la distorsión de la realidad, para el primero es la distorsión de la comunicación; por eso Habermas determina que “la ideología se expresa allí donde, en virtud de la violencia y de la dominación, se produce una distorsión de la comunicación, con la incomprensión consiguiente”.11
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CF. Velasco, op. cit. pp. 24-32. CF, Ferrater, op. cit. pp. 1610-1614. 8 CF. Loc. cit. 9 Ritzer, George. Teoría Sociológica Clásica, Mc Graw Hill. España. 2001. pp. 216-217. 10 Loc. cit. 11 CF, Ferrater, op. cit. pp. 1610-1614.

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Por su parte los pensadores críticos entienden por ideología los sistemas de ideas producidos por las élites sociales que suelen ser falsos y cegadores”12. De la misma forma y sin estar tan alejado de la cuestión marxista, Kart Mannheim dice que: “El concepto de ideología refleja el descubrimiento que surgió como consecuencia del conflicto político, esto es, el hecho de que los grupos dominantes puedan estar tan intensamente apegados a cierta situación de intereses, que ya no les sea simplemente posible ver ciertos hechos que socavarían su sentido de dominación”13. El concepto de ideología en Mannheim se utiliza para reestablecer el orden que impone y conviene a los intereses de la clase dominante: ideología como la percepción de que en ciertas situaciones el inconsciente colectivo de ciertos grupos obscurece la condición real de la sociedad, tanto para sí mismos como para otros y, por consiguiente, estabiliza tal situación.14 Mannheim también expresa: Una ideología es un conjunto de ideas que oculta el presente intentando comprenderlo en términos del pasado y estas mismas son utilizadas para proteger el orden social existente.15 Ambrosio Velasco establece que un problema grave consiste en tomar a las ideologías como los principios que efectivamente rigen o debieran regir el comportamiento político y los arreglos institucionales de una sociedad determinada.16 Es decir, las ideologías han sido utilizadas por grupos de poder para mantener el dominio sobre una parte de la comunidad. Luis Villoro habla de dos tipos de conceptos referentes a la ideología: al primero lo llama concepto noseológico y al segundo, concepto sociológico. Para el último refiere dos características: primera, un conjunto de enunciados que expresan creencias condicionadas, en último término, por las relaciones sociales de producción; y segunda, una serie de enunciados que expresan creencias que cumplen una función social: a) de cohesión entre los miembros de un grupo, y b) de dominio de un grupo o una clase sobre otros. Con base en lo anterior, Villoro define a la ideología, desde el aspecto sociológico, como un sistema organizado
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Loc. cit. Loc. cit. 14 CF. Ritzer, op. cit. pp. 446-452. 15 CF. Ibid. pp. 216-217. 16 CF, Velasco, po. cit. pp. 24-32.

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de creencias irracionales, destinado a dirigir a los individuos, con vistas a una acción de dominio. Finalmente nos dice que el concepto sociológico de ideología puede aplicarse libremente sin estar condicionado a que los enunciados sean falsos o verdaderos.17 Una vez considerado todo lo anterior, resulta oportuno aclarar cuáles son las características que determinan a la tradición política del multiculturalismo. El multiculturalismo es una tradición política que tiene presencia ante el sistema liberal. La etapa actual que estamos viviendo, conocida como globalización, es la principal oposición al liberalismo y en los últimos años se está adoptando como sistema político de gobierno en muchos países del mundo. El multiculturalismo, vía el republicanismo, se sostiene sobre los siguientes postulados: 1. En el multiculturalismo la teoría democrática tiene ante todo una orientación crítica y normativa, como consecuencia del reconocimiento a la diversidad de las culturas que lo integran. 2. La participación democrática de los ciudadanos no es únicamente a través del voto, sino también de otras formas más directas. 3. El ciudadano no es un mero elector; no cuenta únicamente como un voto, sino que participa de manera continua y responsable en las decisiones que afectan la vida de su comunidad. Para el multiculturalismo son primordiales los debates plurales y públicos entre ciudadanos. 4. La representación política es un sustituto necesario de la participación directa de los ciudadanos, siempre y cuando todos los componentes de la comunidad estén representados equitativamente, tanto a nivel local como nacional. 5. Los mecanismos políticos institucionales se sustituyen por la participación y expresión política de la ciudadanía, tales como asambleas, referendos, consultas populares, etc. 6. El reconocimiento de las identidades culturales diversas se sobrepone a la igualdad de derechos universales, propios de la democracia liberal. 7. Los derechos, la legislación y el ámbito de competencia del poder político se deben adecuar a las identidades culturales, es decir, deben reconocerse y
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CF, Villoro, Luis. El Concepto de Ideología. F.C.E. México.2007. pp. 15-37.

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respetarse los usos y costumbres de cada uno de los grupos culturales que integran a la sociedad. 8. El multiculturalismo se basa en la descentralización del poder político y relega la responsabilidad de gobierno a cada comunidad, centrándose nuevamente en los usos y costumbres. 18 Las características anteriores se ven reflejadas en las exigencias de los movimientos de la sociedad en acciones alternativas a la política liberal mundial. México y el mundo son totalmente pluriculturales. No existe lugar donde no haya relación de por lo menos dos culturas distintas. La migración en busca de mejores condiciones de vida ha provocado que aparezcan culturas que jamás se pensaron fuera de su lugar de origen. La dispersión de grupos sociales ha generado la proliferación de grupos minoritarios en todo el mundo, los cuales han sido objeto de discriminación y del nulo respeto por sus costumbres, por su forma de organización política y su impartición de justicia. La marcada polarización económica ha generado en los grupos más desprotegidos la búsqueda de nuevas formas de organización económica, o bien, el regreso a sus prácticas ancestrales y en el peor de los casos, el surgimiento de grupos armados que miran a la violencia la única forma de lograr una mejora en su situación económica. La actual situación mundial representa un excelente panorama para que el multiculturalismo se pueda establecer como base ideológica de un gobierno que permita prestar pronta solución a los problemas no corregidos por el “modelo neoliberal”. Se presenta la oportunidad ideal para poder implementar todos los puntos considerados por el multiculturalismo como tradición política y que ya fueron mencionados previamente. El liberalismo es criticado por su marcada explotación de los grupos minoritarios y desprotegidos. Los grupos

multiculturalistas dirían que la democracia liberal es una falsa ideología cuyo fin es el dominio de la clase sustentante del poder económico sobre aquellos que no lo tienen.

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CF Velasco, op. cit. pp. 52-56.

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Ahora bien, mencionaré algunas de las manifestaciones políticas de los grupos multiculturalistas en México. A partir de diciembre de 1988 se integra por primera vez el congreso con tres fuerzas políticas, lo cual generó la oportunidad de debatir las propuestas para lograr un mejor desarrollo del país; y desde ese entonces son comunes los constantes abandonos de las sesiones por parte de la llamada izquierda mexicana, ante la crítica y la posibilidad del diálogo, faltando así al principio del debate plural. Si el multiculturalismo se basa en el reconocimiento de la diversidad de culturas, resulta prioritario saber el por qué de las manifestaciones de rechazo a todas aquellas expresiones distintas a sus propios puntos de vista. Tal pareciera que sólo se acepta aquello que sea igual al objetivo planteado. En ocasiones, el multiculturalismo es tajante ante cualquier posición en contra, lo cual mueve a pensar que su teoría es algo muy alejado de su práctica y que adolece y carece de los más elementales principios liberales, que no neoliberales. En su discurso tampoco son tomados en cuenta los grupos de poder, pues, se les considera como culpables de los problemas económicos y la discriminación a éstos está permitida. Entonces ¿dónde queda el respeto a la diversidad de culturas? Para él, el rechazo a todo aquello que tenga alguna relación con la democracia liberal y con las instituciones emanadas de ella es habitual. Es muy posible encontrar en las manifestaciones multiculturales no sólo la negación al respeto a culturas externas, sino también el desconocimiento de los derechos individuales básicos y debidos a todo actor político y social. La tradición multicultural reivindica con acierto el no considerar al ciudadano como un mero voto y que el único momento de participación democrática y política sea elegir a los representantes en cargos de elección popular, lo que sabemos que ocurre periódicamente. Según esta tradición, después de la jornada electoral nunca más se vuelve a cuestionar a los ciudadanos, sino hasta el próximo proceso. Además, los representantes no son evaluados durante su cargo. Ante ésto el multiculturalismo propone una participación directa de los ciudadanos en la elección de sus representantes y en las decisiones que se relacionen con el desarrollo de la comunidad; para ello plantea la realización de asambleas,

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referendo, consultas populares, etc., las cuales permiten una constante consulta a la ciudadanía y una calificación permanente a los representantes. El gran riesgo, por supuesto, es que estos mecanismos de la democracia directa resulten, al final de cuentas, muy poco democráticos, por que con gran frecuencia menoscaban la libertad y los derechos elementales de los participantes en dicha democracia “participativa”. El problema al cual se puede enfrentar el multiculturalismo es el

desconocimiento de ciertas propuestas de valía. La variedad de culturas permitiría el mismo número de proposiciones y sin querer llegar a ello estarían dejando en el desamparo a los grupos minoritarios dentro de las propias minorías. Si ante pocas alternativas la ciudadanía muestra cierta dificultad para ponerse de acuerdo, mayor será el aprieto cuando se trate de toda la gama de propuestas. En algunos casos, los partidos de izquierda con principios republicanos y en firme apoyo al multiculturalismo no se han puesto de acuerdo en la elección de sus representantes internos; entre ellos mismos se acusan de maniobras fraudulentas y de favoritismo a los grupos con mayor poder al interior de los partidos y la discriminación a los representantes de sus minorías. Dentro de los grupos minoritarios existen grupos de poder que controlan y mantienen cierto predominio indebido e ilegítimo. Asimismo, la representación inequitativa de todos los grupos que conforman a la comunidad conduce al problema en el cual ha caído, supuestamente, el liberalismo, es decir, habría grupos con una menor representatividad y otros con una mayor o desmedida, quienes, por lo tanto, serían los que tomarían las decisiones. Entonces, podría tener lugar al surgimiento de representantes autonombrados o impuestos, los cuales se den a la tarea de prometer la solución a las necesidades básicas de la comunidad, constituyendo falsas

representaciones basadas en el populismo. El paternalismo de gobierno se extendería sobre los grupos minoritarios y carentes de una economía estable, mientras los sectores productivos verían afectadas sus formas de producción y terminarían abandonando su actividad económica.

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En la democracia liberal se instituyen leyes racionales. El castigo a un determinado delito debe de tener, por lo menos en teoría, la misma pena. Claro que la corrupción permite penas menos severas y en algunos casos, el desconocimiento total del delito a aquellos que cuentan con el respaldo económico para poder hacer olvidar el daño social que han cometido. Por su parte, el multiculturalismo reconoce los usos y costumbres de las diversas culturas que conforman a la comunidad, permitiéndole a cada una la aplicación de su propia impartición de justicia. En ciertas comunidades el delito de violación a menores desaparece con la promesa de matrimonio por parte del agresor e igualmente son normales los linchamientos y el problema se dilata mucho cuando los gobiernos multiculturalistas permiten la impunidad de los agresores, bajo el obligado respeto a los usos y costumbres. “Con las costumbres del pueblo no hay que meterse”. Finalmente, el multiculturalismo debe presentarse como una tradición política, es decir, actuar bajo sus principios y formulándose como una opción real de gobierno, pues corre el riesgo de caer en los mismos errores que ha atribuido al liberalismo. Debe tener cuidado de no ser presa de intereses personales con fines políticos. El multiculturalismo debiera aceptar en su interior las clases económicamente estables y admitir que su voz también deba ser escuchada. Tampoco debe de olvidar que sus líderes pertenecen a los grupos privilegiados económicamente. La representación equitativa ha de ser una obligación sin llegar al exceso de proponer a líderes de taxis piratas o a líderes de comerciantes informales para cargos de elección popular. El multiculturalismo tiene una ardua tarea, que de inicio es la de no convertirse en un mero discurso ideológico con el fin de manipular a las minorías que representa. Sus constantes manifestaciones deberían estar validadas en referendo y consultas reales, así como reconocer a la mayoría, la cual, en su término simple es la mitad más uno del total, y no sólo a unos pocos que tengan la oportunidad de opinar. Sobre todo y por último, debe de reconocer que aunque se esté trabajando con la verdad y buscando el bien de toda la comunidad, también se corre siempre el riesgo de perder y de equivocarse.

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